Las divas no van al infierno Capítulo 22: Fuerte

Conoce este capítulo al ritmo de: Stronger

Para Charlene, el programa del miércoles había pasado sin mucha trascendencia, ya que las votaciones más bajas fueron Darla, Karin y Carla, y la favorita del público fue Joanna, lo que dejaba a todas las otras en una zona intermedia, sin estar en la cima ni en el fondo.
Ese jueves iba llegando a clases con una gran disposición, pero de entrada Jaim las sorprendió a todas con una prueba por demás inesperada.

—Hoy van a poner a prueba su habilidad de una forma nueva, y estoy seguro de que les encantará; lo que están viendo es una pasarela suspendida por cables metálicos desde el techo, sobre la que tendrán que caminar por supuesto, ayudándose por las manillas que están a una altura apropiada. Como es lógico, tienen que hacerlo en tacones.
—Pero nos vamos a matar —exclamó Esmeralda, con cara de pánico.
—Cómo crees, es sólo cuestión de actitud —replicó él.

Valeria estaba pensando seriamente en decirle que si pensaba que era fácil hacerlo, que lo hiciera él, pero como si estuviera leyéndole la mente, el estilizado hombre se acercó a la pasarela de cinco metros de largo y que estaba suspendida a sesenta centímetros del suelo, y haciendo uso de gracia y estilo se subió en ella.
Se hizo el silencio en el lugar, mientras todas aguardaban aterradas lo que fuera a suceder; sin embargo, Jaim mostró su excepcional talento montado en tacones de doce centímetros, avanzando con una cadencia que hacía moverse la pasarela de forma similar a un puente colgante, mientras alternaba una mano y otra en las argollas. Lo que en alguien con menos talento habría parecido un avance simiesco, él lo convirtió en un desplazamiento elegante, que evocaba el movimiento de un avezado trapecista. Sobre el final, se sentó en el borde, enfrentando a todas con una amable sonrisa.

—Como pueden ver, esto es perfectamente posible. Quiero que salgan de su zona de comodidad y hagan esta prueba mostrando su talento, fuerza y determinación, porque cuando lo hagan van a comprender muchas cosas. Pero esto no es todo.

Nubia estaba feliz por volver, pero no pudo reprimir un ahogo por la prueba que estaba siendo planteada. Al escuchar que él decía que no era todo, no quiso seguir escuchando.

—Me han dicho que pronto habrá nuevos auspiciadores, y uno de ellos tiene un regalo —se bajó dando un elegante saltito—. la chica que lo haga mejor se llevará este hermoso par de zapatos de Christian Louboutin.

Enseñó una caja blanca que contenía un par de la exclusiva marca, que resplandecían con decenas de brillos en colores dorados y plateados.

—Oh por dios.

La increíble factura de los zapatos quedaba en evidencia; cada detalle había sido cuidado en su máximo, mostrando toda la elegancia y valor del cotizado modelo que remataba en una punta aguda con un pequeño listón cromado.

—Son un sueño.
—Así es, y será de la que mejor lo haga —observó el maestro, cerrando la caja—. Tienen media hora para practicar, ensayar y elongar, así que no pierdan tiempo.

2


Vicenta estaba en la reposadera, disfrutando de un descanso para ella muy merecido. Del otro lado de la piscina, Alberto subió al trampolín e hizo un perfecto clavado, para luego continuar nadando; el hombre sabía que su marcada y trabajada musculatura en bañador llamaban la atención, y enseñar sus aptitudes frente a todos siempre alimentaba su ego, haciéndolo sentir más poderoso y fuerte. Salió de la piscina impulsándose solo con los brazos y caminó hacia ella.

—El agua está fantástica, deberías venir.
—Ahora no, prefiero reposar —replicó ella mirándolo de arriba a abajo— ¿No crees que ese bañador es de una tela demasiado delgada? Se te marca todo.

El se miró a sí mismo con una fingida expresión de sorpresa.

—¿No te gusta lo que ves?
—Sí —contestó ella con gesto amable—, pero preferiría que no se rompa con alguna de tus flexiones y hagas un espectáculo.
—No te preocupes, sólo haré espectáculos para ti.

La mujer, que en ese momento llevaba un traje de baño negro que resaltaba su silueta, tomo el vaso largo con infusión Frutal bebió un poco; Alberto era un premio adicional a su trabajo y no iba a desperdiciarlo, pero tampoco podía desviarse de sus labores.

—Tengo que ir a dar clases en media hora. ¿Cómo van las cosas con los bailarines?
—Perfecto, de a poco las chicas están aceptando a varios como amigos o conquistes; la única difícil es Margara.
—Dile a uno disponible que tiene que ser servicial y sumiso hasta parecer idiota, y con eso lo conseguir: sin problemas.
—Vaya, tienes una imagen muy clara de ellas — observó él.
—De todas —replicó ella—, además no es naba difícil. Como sea, ya sabes qué decirle, ahora ponte algo encima y ve al gimnasio, seguro los otros estarán por ahí y necesitas recoger esos informes.

El se arrodilló junto a ella y la miró con expresión divertida.

—¿Qué?
—¿Nos vemos a la noche? —murmuró él, a un milímetro de tocarla—. Creo que tengo algunas buenas ideas.
—Pues habrá que ver si eres tan ingenioso como bueno para hacer ejercicio —replicó con tono cómplice—. Espero un buen rendimiento.
—Todo el que tú quieras.

El hombre se secó, y tras dejar la toalla en uno de los canastillos adecuados al costado de la piscina, fue a su casillero para tomar una remera de tirantes y cambiar el bañador por unos pantalones deportivos; estaba terminando de vestirse cuando una especie de sexto sentido le dijo que alguien estaba observando.

—Nigel —pronunció con voz sin emoción, mientras volteaba.
—Entonces te bronceas sin bañador, eso es muy europeo —observó el otro hombre, apoyado en el umbral.
—Sí, bueno, me gusta mi color de piel ¿Dónde están los demás?
—Repartidos entre el baño de vapor y las máquinas de pesas.

A Alberto no le molestaba en realidad la insistente presencia de Nigel; estaba seguro de sus gustos y de quién era, por lo que era absurdo sentirse presionado. Lo que le incomodaba era que eso pudiera perjudicar el trabajo de todos.

—¿Y no ejercitas?
—Tengo sueño, me acosté tarde anoche.

Bien, tendría que recurrir a otro método para asegurar que no hubiera problemas.

—Nigel, estás un poco desconcentrado en estos días, ¿No lo crees?

El otro hombre sabia que era así, y sabia que Charlene tenía que ver con eso. Más allá de sus objetivos reales, él disfrutaba de esa amistad y la forma honesta en que ella se comunicaba con él; después que simulara entregar datos sin darse cuenta para que ella pudiese copiar la idea de presentación de Lisandra, la rubia se comportaba como una amiga, y eso era algo que estaba afectando su concentración. Se estaba sintiendo culpable por haber descubierto que ella tenía una colaboración con un hogar de niños y filtrado esa información a la producción del programa.

—Sólo es un poco de sueño.
—Sabes que no hablo de eso —repuso Alberto, con seriedad—. Ayer llegaste al límite de la hora, en el último ensayo cometiste errores y lo sabes; que yo no esté bailando con ustedes no significa que no sepa lo que está pasando.
—Está bien, de acuerdo —hizo un gesto de paz con ambas manos, para detener las críticas—, es cierto que he estado un poco bajo, pero lo voy a solucionar.
—Recuerda que el acuerdo en todo esto es por una buena paga, pero hay que hacer todo bien o pueden descubrirnos. Tú mismo dijiste que tu primera prioridad era el dinero.

Nigel se dio un instante para ponerse sentimental; de nada servía y estaba consciente de ello, pero quería hacerlo.

—Me gustaría que esa preocupación por mí no fuera solo por el negocio en el que estamos.
—Nigel —Alberto se llevó las manos a la cara, pero se calmó—, escucha, tú eres el único que queda del grupo original. ¿Recuerdas cuando estábamos en la academia de danza? Nosotros somos los que quedamos, por supuesto que me importa lo que pase contigo; tal vez no sienta lo mismo que tú, pero podemos hacerlo, podemos ser amigos.

Nigel pensó en los débiles nexos entre los que se debatía, y asistió, sonriendo.

—Gracias.

3


Al principio pensó que él la estaba evitando, pero cuando fue el momento de almorzar, Nubia vio a Nick entrando al casino: estaba junto a los demás y llegaron en su dinámica habitual de tomar muchas cosas y salir rápido como era la instrucción que les habían dado.
Y bastó un microsegundo y una mirada para que se transmitiera el mensaje; momentos después recibió un mensaje con un texto breve pero muy poderoso.

«Qué bueno verte aquí.»

Eso bastó para que quedara claro; por supuesto, él tenía que actuar como siempre, como si cualquier eliminación diera igual, y de ningún modo se alegrara de que ella regresara.

—Nubia, hola.

Lisandra se aceró a ella con una botella de agua en las manos, la que movía con cierto nerviosismo en esos momentos.

—Hola.
—Hola —respondió con calma.
—Pues nada, solo quería decir que me alegra que estés de vuelta, hay que estar para grandes cosas.

No era solo un cambio de imagen; Nubia había supuesto que la Lisandra que conoció al principio había muerto, pero ahora que lo comprobaba se sentía muy decepcionada, porque ella era una de las pocas de quien esperaba algo dentro de las participantes. Al mirar hacia atrás, todo parecía un espectáculo bien montado.

—Yo voy a hacer mi mejor esfuerzo, se supone que de eso se trata.
—Sí, y es fabuloso como empiezan a llegar los premios —replicó Lisandra como si no percibiera el cambio en el tono de su interlocutora—, no veo la hora de que Jaim revise el video y diga quién ganó los zapatos, son un sueño hecho realidad.

¿Adonde quería llegar? Nubia casi sintió ganas de reírse, como si todo eso no fuera más que un teatro o algo armado por alguien más. Una puesta en escena preparada por alguien, que exhibía todo lo que pasaba ante espectadores anónimos.

—Espero que ganes tú, sinceramente.
—¿En serio? Gracias, eso es muy gentil de tu parte.
—Es un premio brillante —Nubia se encogió de hombros—, y estoy segura de que tenerlo te haría muy bien, porque eso es lo que quieres. Espero que consigas todo lo que quieres.


4


Valeria había estado aguardando el momento indicado para escabullirse entre los aparadores en donde se guardaban los elementos para las presentaciones; tenía muy poco tiempo, ya que debía volver a seguir preparando su presentación para ese viernes 23.
Había decidido desterrar de su mente los conceptos que tenía acerca de lo que estaba bien o mal; desde que optó por seguir en competencia, aceptó que debería seguir las instrucciones de Sandra sin protestar. Después de todo, si perjudicaba a las otras para que sufrieran accidentes ¿Acaso eso no la beneficiaba? A la larga, si esos tropiezos ajenos despejaban el camino, ella continuaría en competencia por más tiempo y tendría asegurado el triunfo que tanto ansiaba.
Encontró uno de los vestidos que Rebeca iba a utilizar en su presentación, y que sería perfecto para provocarle problemas ese día: estaba hecho de muchos trozos de tela que estaban adheridos con unos broches a presión; sacó de un bolsillo unas pequeñas pinzas y dañó el broche del torso, un poco por arriba de la cintura, y luego lo volvió a ajustar en su sitio.
A simple vista e incluso al moverlo, el broche permanecía en su lugar, pero Rebeca tenía la costumbre de moverse mucho y hacer contorsiones exageradas en sus presentaciones, de modo que cuando lo hiciera, el broche cedería, y con un poco de suerte, al intentar taparse arruinaría su presentación. Estaba guardando las pinzas cuando sintió voces y tuvo que ocultarse en un rincón.

—¿Supiste que se integra un auspiciador de lencería?
—No ¿Cómo te enteraste?

Eran Esmeralda y Mayre. Valeria se quedó en completo silencio para no ser descubierta.

—Escucha esto, no es oficial, pero me di cuenta que la cuenta del programa en Veeter sigue solo a los auspiciadores del programa; el punto es que ahora está siguiendo a Ectoria, y estoy segura que es porque la van a agregar ¿Te lo imaginas?
—Es divino, esos regalos serán maravillosos. Aquí está el pañuelo, vamos.

Así que un nuevo auspiciador. Se le ocurrió que como recompensa por su trabajo extra podría decirle a Sandra que le consiguiera uno o dos obsequios extra.

5


—Damas y caballeros, tengo que hablar con ustedes de un asunto muy importante.

Aaron Love estaba serio, aunque eufórico ante el público en esos momentos; por fin, después de meses al aire, el programa sufriría un cambio y la carnicería entre las participantes estaría garantizaba.

—Me han permitido este espacio antes de comenzar el programa de hoy para resolver una serie de dudas que todos ustedes han planteado en nuestras redes sociales a lo largo de estas emocionantes presentaciones en vivo.
Para comenzar, quiero reafirmar, a nombre del programa, el compromiso serio de todos los involucrados con la transparencia; planteamos ser pioneros en la televisión nacional en dejar que sea el público quien decida qué participante gana premios, quién es la favorita, y quién es la eliminada de la semana, funcionando este espacio como una vitrina para el talento y el carisma.
Lo primero que hicimos fue dejar en manos de las propias participantes su espectáculo: les decimos cuál es el desafío del día y ponemos a su disposición el vestuario, maquillaje, producción y personal para que sean ellas quienes elijan lo que funciona mejor. Pero esto siempre ha ido acompañado de clases continuas en donde nuestros maestros en distintas áreas les dan los mejores consejos para conseguir subir siempre el nivel.
Como segundo punto, mostramos a nuestro público una transmisión en línea del proceso creativo de las chicas antes de subir a escena; ustedes pueden verlas escoger su maquillaje y atuendo, decidir el fondo y preparación de escenario, conociendo su esfuerzo y sabiendo que todas están en igualdad de condiciones.
El tercer punto es no permitir que las chicas hagan publicidad o pidan votos en sus redes sociales. ¿Por qué? Porque la decisión acerca de quién sigue y quién no continúa debe ser por talento y no por peticiones de votos, y eso ustedes lo pueden ver.
El cuarto y último punto es el acceso total a las estadísticas de nuestro programa. Las votaciones en el estudio se hacen a través de un hashtag exclusivo, y las que ustedes hacen en sus casas a través de los que promocionamos en cada emisión; si bien todo eso es público, quisimos ir un paso más allá y disponer de un equipo de analistas de datos que actualizan las gráficas donde se reúnen estos datos, mostrando el número exacto de votos por cada participante y cargando todo esto en el sitio web oficial del programa. Cualquiera puede revisar estos datos y hacer las preguntas que quiera.

Kevin estaba en la sala de dirección, mirando el programa y la practicada declaración de principios del conductor, mientras en la tablet comprobaba que una vez más eran primera tendencia nacional en las redes sociales. En esos días el programa subía durante las tres horas previas al programa, y sin falla se mantenía primero cuando las luces se encendían. Todo seguía de acuerdo con el plan.

—Hemos sido los primeros en ser transparentes, y los primeros en dejar las decisiones en manos de quienes importan, que son ustedes.
Por supuesto, a veces hay contratiempos. A muy poco empezar descubrimos que comenzó a aparecer algo indeseable en los programas donde se utilizan las redes sociales: me refiero a los perfiles falsos; sería sencillo eliminar esos votos o reportar las cuentas para permitir que sean eliminadas, pero eso podría provocar que estos mismos usuarios denunciaran una supuesta manipulación de datos.

Aaron había ensayado esa parte, por lo que adoptó la expresión perfecta de molestia y consternación: lo que estaba diciendo representaba una afrenta para su programa tan querido, y no podía menos que mostrarse alterado.

—¿Cómo enfrentar algo como eso? No podíamos permitir que unos pocos con malas intenciones y demasiado tiempo libre decidieran por sobre la gente real, pero tampoco podíamos permitir que nuestro programa fuera acusado de eliminar votos o cuentas de usuario; así que la producción dispuso que el equipo de analistas de datos, que cada día filtran este tipo de información, tenga la tarea de estar quitándola del grueso de votos auténticos de ustedes, pero sin eliminarlas, para que todos puedan comprobar que esto sucede.
Renovamos día a día nuestro compromiso con la transparencia.

Hizo una nueva pausa, antes de ir con la parte final de su discurso: era el momento exacto en donde todo cambiaba para siempre.

—Ha pasado el tiempo; hemos visto a nuestras fabulosas chicas bailar, cantar, hacer piruetas, las hemos visto volar y brillar. Nos hemos emocionado con su esfuerzo y conmovido con su triunfo, así como hemos sufrido con cada una de las despedidos.
Pero hoy, tras semanas de ardua competencia, de de transmisión al aire y una cantidad muy superior de horas de transmisión a través de nuestras redes sociales. Estamos en la recta final de este programa, y quiero anunciar a las ocho finalistas de su programa siempre divas. Ellas han preparado una presentación especial en grupo, para deleitarlos con su talento y con todo lo que han aprendido durante este tiempo; esta presentación ha sido preparada en conjunto con la producción del programa, y tiene como objetivo demostrar el gran nivel de profesionalismo de estas ocho bellas chicas. Hoy viernes, es su viernes.

Después de esta presentación el público aplaudió, y el escenario se fue a negro de inmediato. Las ocho chicas aparecieron entonces, vestidas con pantalones negros, un top a juego y una peluca rubia con anteojos que impedían saber quién era quién. Cada una traía una silla, que dejó en la parte frontal del escenario, mientras daba una mirada en abanico hacia el público, con gesto desafiante.

—Calla, solo detente.

La que dijo estas palabras se sentó, dando la espalda al público y demostrando que la estrofa sería cantada a partes por todas.

—No hay nada que puedas decir —dijo la segunda.
—He tenido suficiente —agregó la tercera.
—No soy tu propiedad desde ahora —pronunció la cuarta.

Los movimientos eran secos y determinados, practicados con fuerza y estilo; el público aguardaba.

—Tú pensaste —agregó la quinta.
—Que yo no podría hacerlo sola —dijo la sexta.
—Pero ahora soy —anticipó la séptima.
—¡Fuerte! —gritó la octava.

Una vez que todas estuvieron sentadas, se pusieron de pie con determinación, y con la música de fondo silenciada, marcaron ocho pasos hacia el fondo, todas a un tiempo; tras voltear, hicieron algunos pasos de baile, y marcando una perfecta coordinación, avanzaron hasta el borde del escenario, en donde lanzaron la silla de un golpe con el tacón.

—Soy fuerte, y más que ayer. No me importa nada excepto mi propio camino; la soledad no va a matarme, nunca más, porque soy fuerte.

Sandra observaba el espectáculo desde un lugar apropiado al costado del escenario; había sido necesario que todos los maestros trabajaran en esa presentación y que Vicenta fuera especialmente dura con ellas para que todo saliera como estaba planeado.
Ninguna de las chicas se había dado cuenta de lo que importaba esa presentación para el programa: no era sobre mostrar un espectáculo, era sobre enviar un mensaje; ninguna de ellas era más valiosa que el programa, ninguna tenía una identidad por sobre el nombre del espacio, y ninguna habría llegado hasta ahí de no ser por ellos.
Eso era todo, el principio y el fin del asunto, por mucho que nadie lo notara; a fin de cuentas, durante estos meses habían sido moldeadas y entrenadas para obedecer a un estereotipo funcional a la industria: una para cada público, una para cada tipo de auspiciador.
Sin embargo, ella se sentía frustrada por no haber descubierto en todo ese tiempo quién era la elegida de Kevin; ella había usado sus artimañas para conseguir que su seleccionada avanzara hasta la final, pero seguía sin saber cuál de ellas era la escogida por él para llevarla al estrellato.
Pero cuando la canción terminó y todas se quitaron la peluca y los espejuelos, simplemente lo entendió. Nunca había sido acerca de triunfo y ascenso, era sobre otra cosa.
Ya sabía quién era ella.


Próximo capítulo: Mundo de mujeres

Contracorazón Capítulo 25: Camino al pasado




—Tenías razón —dijo Martín, sin salir de su asombro.
—No puedo creerlo.

Un vendedor se había desocupado y se aproximó a ellos.

—¿Puedo ayudarlos en algo?
—Sí —replicó Martín—. Esa foto ¿Son trabajadores antiguos de esta tienda?

El chico, que a lo sumo tendría diecinueve años, pasó la vista de ellos a la imagen y de regreso a ellos, a todas luces sorprendido de la pregunta.

—No lo sé; supongo, el uniforme se parece al de nosotros, pero yo llevo muy poco trabajando aquí.
—Claro ¿Y sabes quién podría saberlo?

El muchacho ladeó la cabeza, haciendo un esfuerzo.

—Supongo que el jefe; es decir, no el jefe de la tienda, porque es él —Indicó alguien más en el lugar—, digo el jefe de arriba.
—Comprendo ¿Y cómo podemos ubicarlo?
—¿Por teléfono? —Replicó el joven, algo superado—. Si quieren se los puedo dar ¿Por qué quieren saber todo eso?
—Es un asunto de gente mayor —Replicó Rafael—, estamos tratando de reunir a una familia.

De vuelta en el exterior, Rafael marcó el número y se contactó con el hombre indicado.

—¿La fotografía? —Replicó una voz ronca del otro lado de la conexión—. Sí, fue personal de la tienda ¿Por qué quiere saberlo?

A Rafael no se le había ocurrido ninguna excusa para ese momento; por suerte a Martín sí, y le hizo gestos para que le pasara el móvil.

—Buenos días, disculpe. La verdad es que todo esto lo estamos haciendo por mi madre; ella es una persona de una edad muy, muy avanzada y estamos tratando de reconstruir una parte de su historia familiar.
—Creo que no comprendo.
—A ella se le van un poco las ideas o los nombres —Respondió con evasivas—. El punto es que hay un trabajador de esa librería, estamos casi seguros, que murió hace treinta años, y necesitamos recuperar toda la información que podamos.

Se estaba agarrando a un clavo ardiendo y lo sabía; Rafael no respiraba, a la espera de la respuesta que podía decidir todo en ese momento.

—¿Joaquín Mendoza? Sí, el murió en el atentado, pero no sabía que él tenía más familia.

Los dos voltearon hacia el memorial, en donde el nombre coincidente permanecía ahí, congelado desde hacía tantos años.

—No es familia directa, pero estamos conectados —Replicó con mucha seguridad—. Por casualidad ¿Usted tendrá algún dato de su familia?
—No, ninguno —la voz del hombre sonaba cansada, acaso triste también—. Yo trabajaba ahí en esa tienda en esos años; Joaquín era muy amable, era excelente con el público, pero era muy reservado. Creo que solo tenía un amigo o dos, y después ocurrió este atentado, fue una tragedia.

Seguramente era reservado para no permitir que nadie descubriera su verdad; Rafael se preguntó cuántas veces, en ese mismo lugar, ese hombre tuvo que saludar con reserva o con distancia a la persona que amaba, cuánto miedo y frustración habría sentido.

—Fue una tragedia, es verdad —Confirmó Martín—. Perdone por la molestia, y le agradezco por la información.
—Por nada —replicó hombre—. Si llega a encontrar a su familia, solo dígales que lo siento mucho.
—Yo se lo diré. Gracias.

Cortó la comunicación, y ambos se quedaron expectantes ante aquellas palabras.

—Bueno, aparentemente sabemos algo —dijo Rafael al cabo de un instante—, pero todo esto me suena demasiado débil.
—No, en realidad es la punta de una madeja —Reflexionó Martín—, con un poco de trabajo podemos encontrar algo más; la información de Joaquín es de hace treinta años, pero tiene que estar en alguna parte. A través de eso podemos llegar a sus padres, si es que aun están vivos. ¿Qué pasa?

Rafael se había quedado perdido en oscuro color de la piedra; cuántas veces se habrían mirado con temor, cuántas veces tuvieron que callar un abrazo o un simple te quiero, porque existían en un mundo que se negaba a dejarlos vivir. Él apenas había visto algo de eso en su vida, pero podía intentar entender esa angustia y dolor tan antiguo y que permanecía hasta el presente.

—¿Cómo podemos vivir en un mundo donde el amor sea un delito? —murmuró, impotente—. Realmente hay tan pocas cosas que cambiar, pero es como si las murallas todavía estuvieran aquí, porque personas como ellos nunca tuvieron justicia.
—Pero el atentado no fue por ese motivo —Observó Martín.
—No, pero sucedió aquí —replicó Rafael—¿Te lo puedes imaginar? Ellos estuvieron aquí.

En esa ocasión no tuvo ninguna visión o recuerdo, pero entendió todo, las conjeturas previas de Martín y todo lo demás.

—Claro, por supuesto.
—¿Qué? —Preguntó Martín, confundido.
—Ahora entiendo, ya sé lo que pasó.
—¿Viste algo? —Preguntó el trigueño en voz baja.
—No, pero ahora tiene sentido; ellos murieron aquí, todo eso sucedió en este mismo lugar, pero la relación de ellos era un secreto, nadie podía saberlo. Entonces murieron juntos, tendrían que haber seguido así, pero seguramente los separaron al llevarlos con sus familias; los sepultaron separados, y nadie pudo despedirlos o hacer algo en sus nombres.

Un obsequio; recordaba algo relacionado con un objeto, un regalo mutuo, que ambos se hicieron en la débil intimidad que los protegía, y que era un símbolo de amor y unión; ese regalo debió quedar guardado o abandonado en algún cuarto, relegado a una caja de pertenencias o desechado, perdido en el tiempo y en la ignorancia.

—Entonces es eso lo que no deja que descansen en paz.
—Miguel lo ha estado buscando todo este tiempo —Rafael no se dio cuenta de cuando su voz había comenzado a temblar por la emoción—, por eso es que siempre sentí ese dolor y esa angustia, porque Miguel ha estado intentando alcanzarlo, pero sigue sintiéndose perdido, y solo.

Martín apoyó una mano en su hombro para animarlo.

—Tienes que calmarte; ya tenemos algo, vamos a ocuparnos de eso primero ¿De acuerdo?
—Sí, tienes razón; sólo espero que podamos.

2


De vuelta en el departamento, Rafael preparó café mientras Martín volvía a la laptop; en un principio, revisó los antecedentes que tenía disponibles.

—Vamos a ordenar esto. Insisto en buscarle un lado lógico, aunque no entiendo la mitad de lo que está sucediendo.
—Si eso te ayuda, creo que está bien.
—Listo, entré al archivo digitalizado de periódicos de la época.
—¿Hay algo de esos años en la red? —Preguntó Rafael acercándose con dos tazones.

Martín indicó la pantalla del ordenador mientras recibía el tazón.

—La biblioteca de la nación ha estado digitalizando periódicos antiguos desde hace tiempo; no es muy completo, pero para salir de dudas es más rápido que ir a leerlos. Esta es una efeméride, así que me fue un poco más fácil: esto es interesante, el atentado ocurrió hace casi treinta años, exactamente en...
—Febrero —murmuró Rafael—, fue en febrero.
—¿Cómo lo supiste?
—Solo lo supe —Se sentó a su lado—. En fin, decías que fue treinta años.
—Sí —replicó Martín—. Según lo que dice aquí, el ataque fue adjudicado por un grupo anarquista, fue el peor atentado en una década.

Rafael había visto en las redes la información del atentado en donde él había estado, y no se sorprendió demasiado de confirmar que las primeras indagatorias apuntaban a un grupo de características similares. Al menos esta vez no había muertos, esa parte de la historia no la habían repetido.

—¿Tienes algo más?
—Sí, le pedí a un amigo que tiene un conocido que me pasara unos datos. Y tengo la partida de nacimiento de Joaquín Mendoza: supongo que no debería ser una sorpresa que tenía mi misma edad cuando sucedió todo esto —Reflexionó suspirando—. Y le pedí a un conocido que me averigüe sobre los otros fallecidos, porque no son veinticinco, son seis en total.

Rafael frunció el ceño; la información en el memorial le había hecho pensar que el número de víctimas era mucho mayor.

—Qué raro, me pregunto por qué estarán todos los nombres.
—Los otros son heridos en el lugar; ignoro por qué, pero tal vez había alguna organización de derechos de las víctimas o algo parecido que sugirió que se incluyera a más personas y no solo a los fallecidos. De todos modos, tiene sentido, los heridos de gravedad también sufrieron un trauma grave. Oh.

Rafael había estado muy atento, ya que Martín hablaba mucho más rápido cuando estaba gestionando esa información; lo quedó mirando a él en vez de a la pantalla cuando se quedó en silencio.

—¿Qué?
—Rafael, tuviste la clave todo el tiempo.
—¿Qué clave? —Preguntó, extrañado.

Martín desplegó en la pantalla un registro del servicio civil de la nación.

—Miguel. Dentro de los fallecidos hay un hombre que se llama Miguel Ballesteros, y tenía aproximadamente tu edad.

Rafael se quedó perdido en las letras en la pantalla, en donde figuraba el nombre completo. Había pensado en un nombre para esa figura que aparecía en su mente, pero nunca lo imaginó como algo real; para él era solo un modo de separar esos recuerdos de los suyos, no como un nombre completo.

—Entonces ese sí era su nombre —Reflexionó al cabo de un momento—, nunca se me pasó por la mente que fuera así. Entonces eran Miguel y Joaquín, ahora sabemos sus nombres.

Martín bebió un largo trago de café; en ese momento parecía como si todo fuera tan sencillo como localizar datos en la red, pero en realidad había todo un mundo detrás de eso.

—Y ahora ¿Qué?
—Tenemos que buscar a su familia —Respondió Rafael.
—Pero ¿No has pensado que eso podría ser un error?
—No entiendo cómo podría serlo.

El trigueño se puso de pie y deambuló un momento por la sala; se trataba de algo que ambos habían entendido, pero que Rafael se negaba a aceptar como una posibilidad. Vio su actitud honesta y directa y supo cuánto de sí mismo estaba apostando en todo eso.

—Rafael, estamos hablando de personas que mantenían su relación en secreto, tú mismo lo dijiste ¿Qué crees que pensará esa familia cuando les digamos que sus hijos no solo eran gays, sino que estaban comprometidos?

El moreno se reclinó en el asiento; sí, él mismo había estado hablando de eso muy poco atrás.

—Sí, tienes razón; me dejé llevar por la emoción, es sólo que estamos tan cerca que parece increíble, siento como si ahora que tú estás en esto, fuera mucho más sencillo.
—No estoy haciendo nada especial —Objetó Martín—, y tampoco creo que se trate de algo que tenga que ver conmigo; creo que es porque los dos estamos juntos en esto. Así tiene que ser.

En eso estaba de acuerdo, pero no solucionaba el asunto de fondo. Habían conseguido descifrar las identidades de ellos ¿Y entonces? La posibilidad de hablar con esas familias no era para nada fácil.

—Tiene que haber alguna manera. Primero ¿Hay forma de saber si tienen familiares vivos?
—Dame un segundo.

Además de hablar muy rápido, otro cambio en Martín al gestionar datos era que trabajaba a toda velocidad; antes que él terminara la frase, ya había vuelto a sentarse y estaba buscando información. Sus dedos volaban por el teclado y sus ojos leían más velozmente de lo que parecía.

—No, sí, espera, qué extraño.
—¿Qué?
—Joaquín tiene a su padre vivo, su madre murió algún tiempo atrás. Sobre Miguel, es raro, tengo la información de su madre, pero no logro dar con la referencia del apellido paterno. Ah —exclamó como si eso lo explicara todo—, el padre debe haber muerto hace mucho tiempo, sólo sé que ella es viuda.
—Encontraste muchísima información, es sorprendente.
—No es para tanto —replicó el otro estirando los brazos—, en realidad, muchas de estas cosas están en la red en los servicios públicos, solo hay que saber cómo buscar, o a veces usar un truco o dos.
—Bueno, tenemos a un padre y una madre —Reflexionó Rafael—, ahora, tiene que haber alguna forma de resolver todo esto, estaba pensando que debería haber alguna clase de objeto que podamos obtener; tengo la imagen de ellos dándose un regalo, y siento que era importante para los dos.

Pero el hecho de ser importante para una pareja secreta no significaba que lo fuera para sus deudos, y ambos sabían eso. Además, el paso del tiempo convertía todo en algo mucho más complejo, porque era posible que los objetos ni siquiera existieran.

—¿Por qué dijiste que el padre debe haber muerto?
—Lo saqué por conclusión, la verdad —replicó Martín—. Si esto fue hace treinta años y Miguel tenía veinticinco, cuando él tenía cinco años coincide con un cambio grande en el sistema de registro civil —Explicó citando los datos—. Fue una ley de la república que cambió el sistema de registro de documentos de recién nacidos, matrimonios, defunciones y muchos otros. El punto es que en esos años mucha de esa información se hacía a mano, y pasó que hubo documentación que quedó en papel, en archivadores, esperando a que algún día se traspasara. Después con los procesos digitales se supone que todos esos datos antiguos pasaron a la red, pero dicen que en realidad hay muchos que no, o que los ingresaron mal por una letra o algo. Si pasa eso, no lo puedo encontrar.

Otro dato perdido en el tiempo; Rafael se dio cuenta en ese momento de la hora que era.

—Bueno, es una lástima. En fin, no había visto la hora y hay que almorzar, pero no tengo nada ¿Te parece si encargo una pizza?
—Cierto, es una buena idea. ¿Tienes gaseosa? Estás con medicamentos así que no puedes beber.
—Sí, tengo —replicó Rafael revoleando los ojos—, por alguna razón sabía que me ibas a decir eso, pero como no compré cerveza tampoco podrás tomar.

Martín negó con la cabeza mientras iba hacia la puerta de salida.

—No señor, tengo una por lo menos en mi departamento así que no caeré en esa trampa. Pide la pizza mientras voy por ella.

Mientras su amigo salía, Rafael encargó la pizza con un listado genérico de ingredientes, ya que no se le había ocurrido preguntar si había algo que no le gustara. Estaba en la cocina, sacando platos y vasos cuando su móvil anunció una llamada de su hermana; se alegró de contestar estando en casa, ya que no pretendía decirle que había salido el día siguiente del accidente.

—Magdalena, buenos días.
—Buenos tardes —Corrigió ella, con voz alegre — ¿Cómo te sientes?

Tuvo una punzada de culpa por no decirle que estaba haciendo toda esa investigación, pero realmente no tenía opción; había sido difícil ocultar todo lo que pasó antes, pero al menos tenía la experiencia y eso era una suerte de alivio.

—Bien, no me duele el golpe.
—Eso según mi traductor de hombres es que te duele un poco pero no lo suficiente como para preocuparte por eso.
—Sí, un poco. Ahora vamos a comer una pizza con Martín.
—Bien, pero nada de alcohol —Indicó ella con tono determinado.
—Sí, ocurre que mi otro enfermero ya me advirtió lo mismo —replicó él con fingido cansancio—, así que no tienes de que preocuparte. ¿Estuvieron hablando a mis espaldas sobre cómo vigilarme todo el tiempo?
—No —dijo ella con una risa—, pero no es mala idea.

Mientras hablaba, había dispuesto todo en la mesa y sirvió gaseosa para él, resignado a que Martín no lo dejaría beber. En ese momento entendía lo agotado que estuvo Mariano luego de la herida que sufrió.

—Por suerte el accidente no fue más grave —comentó con ligereza—, o me habrían tenido amarrado a una camilla y comiendo gelatina sin sabor.
—Eso no lo dudes —replicó ella—. Bien, estoy en un pequeño descanso, pero ya tengo que volver.
—¿Cómo va tu día? —Preguntó él.
—Bien, tengo casi seguro un gran cliente, sólo tengo que disponer del plan de seguros perfecto y podré sellar el trato.
—Te felicito por eso; espero que todo salga bien. Gracias por llamar, pero en serio estoy bien, y tengo a Martín aquí por cualquier cosa.
—Está bien, descansa. Hablamos.

Por la tarde retomaron lo de la investigación; Martín consiguió localizar los datos de una dirección que correspondería al padre de Joaquín, mientras que la dirección de trabajo de la madre de Miguel no fue muy difícil, ya que era la dueña de una empresa de gestión de maquinaria para la pequeña empresa.

—Ya tenemos los datos —Observó Martín—, pero necesitamos pensar en cómo vamos a hacer las cosas.
—Es cierto, no podemos cometer errores ahora; pero, para ser sincero, no tengo la más remota idea de qué decir.
—Pensemos primero en el objetivo central de todo esto; estamos pensando que el centro de todo esto es que Miguel y Joaquín no pueden descansar porque sus alnas no están juntas.

Se llevó las manos a la cabeza, por un segundo incrédulo de lo que estaba diciendo, pero más por sentir que todo eso tenía sentido.

—¿Qué ocurre?
—Nada. Como sea, hay que pensar en algo que funcione, no podemos ir por la vida diciendo “señor, señora, tenemos una especie de conexión espiritual con su hijo muerto”
—Es verdad. Me gustaría decir que se me ocurre algo, pero para ser sincero, cualquier excusa que pienso se me hace demasiado débil. ¿Y si dijéramos algo como que somos de una organización de ayuda a las víctimas?
—Rafael, eso suena pésimo, además ni siquiera sé si es ilegal.

Rafael suspiró.

—Tienes razón, además yo mismo no creería si alguien apareciera después de treinta años para decirme algo como eso. No lo sé, tal vez hay que descansar un poco de todo esto, ha sido un día pesado. Gracias.
—No me des las gracias, esto es algo que vamos a hacer los dos, ya lo acordamos. Pero tienes razón, es bueno tratar de despejarse un poco. Hablando de otra cosa ¿Puedes quedarte solo mañana? Tengo un par de ventas de productos.

Rafael lo miró con las cejas levantadas.

—Martín, estoy bien; me gusta que estés aquí pero no estoy herido de muerte ni nada por el estilo; mañana solo haz lo que tengas que hacer y es todo.
—Está bien, pero descansa y no te vayas a ninguna parte.
—Prometido.

Por la noche, Martín llamó a su hermano; había decidido pasar por alto todo el asunto de Miguel y Joaquín, pero Carlos se había mostrado muy preocupado por el accidente de Rafael y quería mantenerlo al tanto de todo.

—¿Cómo estás?
—Bien —Respondió el chico, con su habitual indiferencia hacia ese tipo de preguntas—. ¿Cómo está Rafael?
—Bien, estuvo descansando y me aseguré de eso; almorzamos pizza y estuvimos charlando de muchas cosas importantes.
—Qué bueno.
—Hasta lo tengo controlado para que se tome el anti inflamatorio y no beba alcohol. ¿Cómo van tus diseños?
—Bien, estuve hablando con un par de personas que quieren algo, pero todavía no se deciden; creo que no confían en mí porque soy muy joven.

Martín había pensado que eso podría llegar a suceder, pero evitó decírselo a su hermano menor porque no encontró un modo de decirlo que no sonara alarmista o sobreprotector; ahora que había sucedido, solo le quedaba apoyarlo.

—Bueno, los negocios a veces son complicados ¿Pensaste hacer una prueba y publicarla en Pictagram?
—Pero ya subí bocetos y trabajos terminados —Indicó el joven.
—Lo sé, pero lo decía por una remera terminada de un diseño cualquiera. Quizás si muestras otro trabajo listo, eso puede demostrarle a esa gente que lo que haces va muy en serio; si quieres te puedo enviar una foto de la mía.
—No lo había pensado —Comentó el chico, reflexionando—. Cuando entregué el trabajo que hice guardé una foto, pero lo hice para archivarla, no se me ocurrió que pudiera servir. Gracias por la idea.
—Nada que agradecer —Martín sonrió en el teléfono—. Me gusta ayudar en lo que pueda.
—¿Puedo hacerte una pregunta?

El trigueño se dijo que poder ayudar a su hermano, aún en cualquier tipo de situación, era algo que nunca quería dejar de hacer.

—Claro que sí, solo dilo.
—¿Solucionaste tus problemas con Rafael? Con lo del accidente pensé que no era momento para preguntarlo, pero tengo esa duda de todos modos.
—No era un problema en sí, fue un malentendido —replicó Martín—, pero respondiendo a tu pregunta, sí, está todo resuelto. Rafael es mi amigo y simplemente teníamos que arreglarlo, así que lo hablamos y todo está bien ahora; tenías razón en lo que me dijiste sobre eso, porque lo solucionamos todo.
—Me alegra que eso sea así.

Después de finalizar la llamada, se quedó pensando en las similitudes que podían existir entre dos hechos a simple vista muy distintos: la dedicación y preocupación mutua que había entre él y su hermano menor era algo parecido a la decisión que había tomado de ayudar a Rafael a desentrañar esa historia antigua.
Se trataba de desconectar un poco de los problemas y situaciones personales para preocuparse de alguien más, incluso involucrándose con dos personas que ya no estaban, y a quienes nunca había conocido; curiosamente, desde el momento en que aceptó esa realidad, supo que era lo correcto, y estar luchando por hacer algo en el lugar de ellos dos lo hacía sentir bien. De algún modo era intentar hacer justicia en nombre de alguien que no podía hacerlo por sí mismo, y era reconfortante pensar en que, en alguna parte y de alguna forma, algo de lo que sucedía en vida sobrevivía a pesar del tiempo.

3


Cuando llegó la noche, Rafael no sabía muy bien qué pensar acerca de todo lo sucedido; por un lado, estaba feliz de contar con el apoyo de Martín, ya que haber recuperado su amistad era algo muy importante para él. En realidad, nunca lo había perdido, pero ese lapso en el que las cosas estuvieron mal fue difícil de aceptar, y se dio cuenta aún más de lo relevante que era para él su cercanía, así como el valor de sostener esa amistad sobre la base de la confianza y la honestidad.
Por otro lado, el avance que hicieron juntos demostraba que ambos podían conseguir cosas que separados no; era como si además de estar siendo testigos de una historia pasada, fueran los encargados de asegurar que tuviera un buen fin. Parecía que estaban tan cerca, que bastaría con hacer unas llamadas o acercarse a visitar a ciertas personas, pero la realidad con la que chocaban estaba cubierta de años de silencio y secreto.
Cuántas veces calló su voz, cuántas veces sus pasos los guiaron por rutas separadas, obligándolos a mentir y esconder un sentimiento puro y auténtico ante un mundo hostil. Ese secreto pesaba ahora, quizás no tanto como en ese lejano pasado, pero se había convertido en parte de las murallas de un complicado laberinto, del cual ellos solo tenían algunas pistas leves.
Apagó la lampara y se dispuso a reposar; y por primera vez, pensó en sumergirse de nuevo en esos sueños con un sentimiento distinto, pidiendo encontrar algo, alcanzar un recuerdo que le permitiera iluminar ese camino manchado de incógnitas.

—¿Recuerdas?
—Sí.

Era un sentimiento puro y poderoso que provenía de ambos; no estaban en el mismo sitio, pero lo recordaban mientras hablaban de ello, transportándose a esa misma emoción que los embargó un día.

—Si algún día ya no estuviéramos juntos.
—No digas eso.

El temor a perderlo era instantáneo; pero, en realidad, no se trataba de eso, sino de pensar en una posibilidad. Era sobre cómo conectarse de todas las formas posibles.

—Escúchame; yo tampoco quiero separarme de ti, y me gustaría que siempre estuviéramos juntos, pero quiero que prestes atención a esto. Ese lugar es el más importante para nosotros ¿No es así?
—Sí, lo es.
—Solo quiero decir que nosotros no tenemos un hogar, no hemos podido tenerlo y seguramente no podremos en el futuro. Pero no importa.

Si tan solo consiguiera ese ascenso en la tienda, podría decirle que tenía una idea, que quería proponerle que comenzaran a vivir juntos; pero, por desgracia, mientras no hubiera un cambio en su trabajo no podía hablar, estaba obligado a esperar hasta que todo se diera a su tiempo, si es que sucedía.

—Ese es nuestro hogar.
—¿Tú crees?
—Sí. El hogar no es un lugar físico, es ese sitio en donde uno se siente pleno, donde está todo lo que necesita; mi vida está contigo, y siento que nunca fuimos tan libres y felices como ahí, aunque haya sido poco tiempo. Me gusta pensar que ese es nuestro lugar, que, si algún día estuviéramos separados por la razón que sea, podemos encontrarnos ahí pase lo que pase; ese siempre será nuestro lugar en el mundo.

Era cierto; al pensarlo, era verdad, se trataba de algo que no se refería a un lugar físico, sino a los sentimientos que nacieron ahí.
Pensar en ese lugar y pensar en él era una misma cosa, y hacerlo era bueno para él.
Ese sería su lugar, donde podrían ser ellos sin mentiras y sin máscaras.


Próximo capítulo: Último paso

Las divas no van al infierno Capítulo 21: Tu cuerpo




Cuando comenzó el programa del miércoles, el ambiente estaba enrarecido en la zona de trabajo; como nunca, las chicas pusieron el máximo esfuerzo en todo el proceso de producción del espectáculo, y se pudo notar un afán de colaboración mutua, incluso entre las que habían tenido algún tipo de desencuentro anterior. Esto era porque al haber salido por lesión una de las competidoras, todas sabían que existía una enorme posibilidad de que integraran a una nueva, alguien quizás del proceso de selección inicial que estuvo a punto de ingresar y, por ende, una competidora fresca y que habría tenido tiempo de observarlas a todas.
Por supuesto, nadie dijo una palabra al respecto.
Cuando comenzó el programa, Aaron Love esperó a que pasara la intro del programa y en seguida entró en el escenario; después de su trabajada expresión de congoja por la salida de la anterior participante, ahora se mostraba chispeante y alegre.

—Y comenzamos con el programa de hoy amigas y amigos; como saben a través de la transmisión on line y nuestras redes sociales, sufrimos el abandono por lesión de una de nuestras queridas participantes.

Querida no era la palabra que Charlene tenía en mente; se dijo que ya que estaba adoptando el modo de heroína, tal vez podría ir a visitarla y llevarle uno de esos arreglos de flores o una canasta de panecillos para quedar como la competidora perfecta. Las redes harían el resto, y solo tendría que averiguar un poco de ella para hacer como que le interesaba.

—Sin embargo –estaba diciendo el conductor—, el programa debe seguir adelante y no podemos detenernos. La producción del programa pensó muy arduamente en todo esto, y llegaron a la conclusión de que sería muy inapropiado incorporar a una chica que viniera de fuera, porque tendría a su haber un factor de ventaja – desventaja sobre las otras, siempre hemos planteado que en este espacio son ustedes quienes deciden.

Valeria estaba tranquila esa jornada; durante la mañana había hablado con Jorge, y él dejó un poco de lado su mal humor, dándose tiempo a escucharla; aún cuando ella no le había dicho nada sobre el chantaje, de momento le causaba alegría saber que él no se había alejado del todo. Pero al escuchar la forma en que Love se expresaba, se inquietó un poco; sintió que él iba a anunciar algo, y que en realidad entraría una nueva competidora.

—Así que hemos revisado las estadísticas de nuestras redes sociales, porque como siempre, la decisión la tienen ustedes; de acuerdo con estas mediciones, hemos llegado a una conclusión, y quiero que vean por sí mismos el resultado de todo esto ¡Vamos a verlo!

Se retiró del escenario, y en seguida este se oscureció. Una luz azul bajó desde el techo, y una mujer cubierta por una capa y con antifaz y peluca de colores pastel caminó hasta el frente.

¿Ya la había llevado al programa? Márgara se dijo que eso estaba muy mal, porque si iba a haber una nueva, lo lógico era que llegara al final, no intentando robarse el protagonismo.

El público aplaudió; comenzó a sonar la música, y varios bailarines en bañador y con el cuerpo manchado de purpurina aparecieron haciendo complicadas piruetas, mientras ella permanecía en el centro, inmóvil e inalcanzable.

Lisandra apenas estaba poniendo atención; en ese momento estaba pensando en todos los métodos posibles para resaltar más, y mientras tomaba nota mental de cada cosa que se le ocurría, se dijo que esa semana de ninguna manera iba a estar cerca de la eliminación; su etapa de perdedora había terminado para siempre.

La voz sintetizada de la mujer no permitía identificar de quién se trataba, pero se escuchó fuerte y claro decir las palabras correctas mientras un bailarín adicional aparecía en el escenario.
El hombre llevaba un diminuto y ajustado bañador color piel, que creaba la ilusión de completa desnudez; se quedó al centro del escenario, simplemente de pie, en actitud relajada y de entrega mientras los otros formaban un semi círculo tras él, cada uno con un bote de purpurina de distintos colores.

—No necesito saber tu nombre ni dónde has estado –dijo ella con una voz sensual y determinada—, no necesitas hablar ni decirme nada, solo es importante estar aquí.

Los acordes rítmicos y los pulsos de estilo electrónico siguieron por todo el lugar, mientras ella caminaba hacia uno de los bailarines y tomaba un puñado de purpurina; ese era su día, su presentación, su todo.

—Todo lo que quiero hacer es amar tu cuerpo.

Sus palabras vinieron al son de la música, al tiempo que arrojaba la purpurina contra el torso de él; mientras le decía que esa noche sería su noche de suerte, tomó otro color, siguiendo poco a poco con ese espectáculo de polvo de color y luces vibrantes, convirtiéndolo a él en una estatua viviente, un cuerpo colorido sin facciones propias, solo un elemento superfluo y divertido.
Unos momentos después se quitó la capa, revelando un vestido ajustado, multicolor como la peluca, y junto a los otros bailarines hizo algunos pasos de baile, justo antes que todo terminara y el escenario se llenara de luz.

—Una presentación impactante, sugerente y llena de ritmo –dijo el conductor del programa mientras ingresaba al escenario y los bailarines salían_, estoy seguro de que todos en sus casas estarán ansiosos por saber quién se integra a la competencia.

La chica caminó hacia él, y mientras lo hacía se quitó la peluca y el antifaz. En la zona de trabajo, Charlene tuvo que hacer un gran esfuerzo para que no se notara lo sorprendida que estaba.

—Así es damas y caballeros –decía Love—. Tengo el agrado de informar que quien se reintegró al programa es Nubia.

La chica lucía radiante, con el cabello de un tono un poco más oscuro que antes, cercano al color miel con muchos reflejos, y un maquillaje colorido que destacaba sus ojos.

—Seguramente todos se están preguntando cómo es que pasó esto. Pues se los explicaré mientras en pantalla podrán ver el detalle de lo que les estoy contando; la producción revisó las estadísticas, vale decir la cantidad de veces que fueron mencionadas usando el hashtag correspondiente, las dos eliminadas del programa hasta ahora: Carol y tú, y concluyeron que la más solicitada eres tú, de modo que eso te ha dado la posibilidad de volver y ocupar el puesto que por desgracia ha tenido que dejar Ivonne. Por favor, un aplauso para nuestra bella Nubia.

El público aplaudió; en tanto, las chicas en la zona de trabajo estaban lo bastante sorprendidas como para dejar lo que estaban haciendo; se trataba de una situación que ninguna esperaba.

—Nubia, es un placer tenerte de vuelta –continuó el conductor_. Cuéntanos cómo te sientes.
—Muy contenta y agradecida –replicó ella—. Durante estos días recibí mucho cariño del público en las redes sociales y esta oportunidad la veo como un regalo de todos ustedes.
—Así es _concluyó él_, y para todos nosotros es una alegría también tenerte de vuelta. Un aplauso nuevamente y ve por favor a la zona de trabajo, para que te reúnas con tus compañeras y puedas prepararte, porque estás en igualdad de condiciones y eso significa que debes hacer una presentación hoy con la luz como concepto central al igual que las demás chicas. Pero antes, regálame un segundo para que el jurado nos ilumine con su punto de vista.

La luz enfocó a Jaim, quien asintió con elegancia.

—Jaim, como todos saben, eres el maestro de pasarela ¿Qué te parece la reincorporación de Nubia al programa?
—Es una gran oportunidad, sin duda –comentó él—, por supuesto, tiene un punto a favor porque ha tenido unos días para descansar, pero al mismo tiempo ha perdido el ritmo.
—¿Qué consejo le darías?
—Que use sus mejores tacones y camine con la frente en alto para enfrentar este desafío.

Aaron Love sabía que las otras debían estar echando chispas; por el audio le dijeron que hiciera una pregunta más.

—Muchas gracias Jaim. Vicenta ¿Qué consejo le darías a Nubia?

Que se cuidara del veneno de víbora, fue lo primero que pensó ella, pero no lo dijo.

—Le diría que tendrá que trabajar el doble o el triple para recuperar el terreno perdido, y que de seguro esta oportunidad no se repetirá.
—Así es, gracias Vicenta. Y ahora Nubia, el tiempo corre, y ustedes en sus casas, no pierdan detalle porque el programa de hoy será infartante.

En la sala de dirección, Sandra estaba viendo en la tablet esa parte del programa; la medida dispuesta de incorporar a Nubia al principio del programa había resultado en sintonía, lo que le daba a ella un gran punto a favor porque fue su idea hacerlo. Las estadísticas al momento indicaban que el regreso de esa chica y las caras de sorpresa de las otras vendían bastante, pero además reforzaba la idea del apoyo de la transmisión por la red antes del inicio del programa como una fuente de interés para el público seguidor. Desde ese momento en adelante no importaba mucho si la chica seguía en el programa o la volvían a sacar, porque su cometido ya era una realidad.

—Sigan menos a Nubia, enfócate en Alma y en Márgara.

Kevin había guardado silencio mientras el circo romano se llevaba a cabo; se trataba de un acto tan humano y básico que resultaba divertido que nadie en realidad sospechara. A fin de cuentas, lo que causaba las explosiones de rating y las discusiones en las redes era el morbo de ver cómo se sacaban el cabello a jalones con tal de ganar; era una arena de combate, y cada elemento estaba programado para enaltecer más al público.
Se había puesto de pie mientras Sandra daba instrucciones, y miró en el móvil un mensaje que le llegó y que nadie debía ver salvo él.

—Ya estoy en mi casa.
—Perfecto –escribió en respuesta–. Lo hiciste muy bien.
—Lo sé, pagaste muy bien por esta actuación.
—Sí, solo asegúrate de sostenerla; tienes que seguir fingiendo que todo es real.
—Tranquilo, nadie sabrá la verdad.

Guardó el móvil en el bolsillo; Ivonne había hecho una actuación perfecta, el resto era solo pagar médicos y exámenes para que esa farsa pudiera ser una realidad sólida. Se trataba de un secreto absoluto, algo que incluso Sandra no sospechaba ¿Por qué hacerlo? Porque podía.

2


Algunos minutos después, Sandra había trasladado algunos deberes para estar disponible en caso de algún informe sorpresa; la idea de reintegrar a Nubia había sido suya, y Kevin estuvo de acuerdo en ello gracias al respaldo de las redes sociales. En esos momentos era importante marcar un punto de inflexión para todas, porque hacía que se sintieran inseguras ante el futuro; una lesión era algo imprevisible, pero si en el futuro volvía a pasar, cada una de ellas sabría por anticipado que alguna de las eliminadas podría volver.
Descansada, recargada y dispuesta a vengarse, muy probablemente.
Nubia era una víctima y desde ahora, seguramente pasaría uno o dos programas en la cima de las votaciones, para luego empezar a caer por su falta de experiencia como artista en general y como persona en particular; tal como ella lo tenía previsto, Lisandra estaba convirtiéndose más rápido de lo que parecía en una loba, lo que de seguro pondría los ojos del público en ella y prendería todas las alertas en las otras.
La noticia de Nubia terminaría por ser una anécdota, y cuando volviera a ser eliminada, realmente a nadie le importaría.
Ya era el momento de empezar a utilizar a Valeria para cumplir sus planes; después de haber arreglado que recibiera los tratamientos de belleza que necesitaba para aparentar que era joven, sabía que estaba en su poder y que tendría que hacer todo lo que fuera necesario.
Era importante comenzar a sabotear las presentaciones de las otras, desde detalles muy pequeños, para poder influir en las opiniones del público real; si bien Kevin podía decidir en cualquier momento quién sería eliminada, él tendría que acatar las decisiones que fueran demasiado evidentes por parte del público o que reflejaran detalles reales de las presentaciones. No tenía un pelo de tonto, y no podía dejar que alguien sospechara de la manipulación de las votaciones.
En ese momento recibió una llamada; era el contacto que coordinaba la información que recibían los bailarines.

—¿Qué sucede? –preguntó con voz desprovista de emoción.
—La madre de Marina tiene que someterse a una cirugía mañana; ella no se lo ha dicho a nadie.

Un drama personal; la forma de manejarlo sería hacer que el conductor del programa citara algún comentario fraterno de las redes sociales para tocar esa fibra.

—¿Alguna novedad de ese caso especial?
—Un poco, está muy protegida _explicó el hombre del otro lado de la conexión—. Todo indica que está trabajando con alguien, pero todavía no lo dice.
—¿Y cuál es la noticia?
—Que está colaborando con un hogar de menores –apuntó él—, aparentemente lo tiene como una carta bajo la manga, pero no parece tener pensado usarlo todavía.

La productora se detuvo y tomó la tableta, para revisar en el apartado de videos algunos que había separado por ser curiosos. El momento en que Lisandra tuvo un ataque de histeria y atacó a Charlene era interesante, porque por el contrario de lo que parecía de forma común, ella no tuvo una reacción agresiva, sino que se las dio de mártir; en un momento en particular ella hacía como que iba a hablar de alguien o explicar esa ridícula presentación que parecía de día de los enamorados en versión pobre. Entonces se trataba de eso, ya tenía planeado mostrar en algún momento esa faceta de benefactora del pueblo para sensibilizar a la gente; para haber ingresado casi por accidente al programa, estaba muy bien preparada.
¿Un asistente?
Quizás el asunto de fondo era que no estaba sola en eso, y tenía a alguien entendido en televisión y espectáculo dando las ideas para mantenerse vigente. Pues bien, quizás ella podía ayudarla a subir tan solo un poco, y usarla como un arma para desequilibrar a las otras; si eso la ayudaba a llegar más lejos o no, no era realmente importante.

—Bien, dile a Nigel que haga todo lo posible por averiguar acerca de eso.
—Como digas —respondió Alberto del otro lado de la conexión—, lo que tú digas.
—Y una cosa más: ahora que Nubia volvió, dile a Nick que retome los planes. Eso es todo por ahora, sigan trabajando bien.

Alberto finalizó la llamada y dejó el móvil a un costado; en ese momento estaba en una sesión de masaje, disfrutando del aroma de los óleos y la excelente mano de su masajista de siempre.

—¿Cómo sientes la espalda? —preguntó el experimentado hombre.
—Como si fuera de algodón —replicó el joven, volteándose boca arriba—. deshiciste esos nudos sin dificultad, eres el mejor.

El fornido masajista continuó con el tren inferior, empezando por flectar su pierna izquierda.

—Ops, eso dolió.
—Parece que aumentaste el peso en el gimnasio ¿No es así? —comentó el otro—. Te he dicho que debes ir poco a poco.
—Lo sé, lo sé, es sólo que es como si fuera una droga, ya sabes, pero sin los efectos secundarios de inyectarse cosas; me veo en el espejo, comparo con los resultados del mes pasado, y es como si la adrenalina subiera por un cable hacia arriba. Además, hay alguien que aprecia mucho mi fuerza.
—Ah, claro, esa misteriosa mujer que te usa como un juguete—observó el otro, divertido.
—Ella.
—¿Y es tan secreto, eres una especie de amante infiel?
—Nada de infidelidad. Es solo un secreto, hay asuntos de trabajo, es solo eso.

3


Después de hacer su presentación al inicio del programa, Nubia fue de inmediato a la zona de trabajo, para preparar su presentación al igual que las demás; en principio, no se sorprendió de los saludos corteses, pero para nada amistosos de las otras chicas, ya que era lo primero que se esperaba al momento de llegar.
Desde el momento de ser eliminada del programa pasó por muchas emociones; primero, la sorpresa y decepción de no haber podido avanzar más, luego una terrible sensación de tristeza y vacío, y finalmente la resignación ante lo inevitable. Había decidido volver a ver el programa para quitarse de la cabeza la persistente idea de haber fracasado, y enfocarse en analizar todo desde un punto de vista objetivo, e intentando divertirse, como si no se tratara del mismo producto que tan poco tiempo antes había sido su sueño.
No había funcionado para ella como lo esperaba, pero estaba intentando hacerlo poco a poco, hasta que recibió la llamada de la producción un par de días atrás, preguntando si estaba disponible para regresar al programa para una etapa de repechaje, o en el caso de un alargue de la emisión. Lo primero que pensó fue decir que no, que había tenido suficiente con una decepción, pero en realidad su pensamiento de fondo era otro; haber conocido el mundo del espectáculo y la televisión era una de las mejores cosas que había vivido.
Dijo que estaba disponible, y le respondieron que debía estar atenta, ya que tan pronto como recibiera una llamada, el tiempo volvería a correr para ella.
Se trataba de una propuesta sin fecha y sin un concepto claro, pero que removió todos sus sentidos; la posibilidad de volver a pisar el escenario, de crear y construir una presentación con la presión del tiempo era algo casi sublime, pero escuchar el saludo y aplauso del público era definitivamente incomparable.
Nick había mantenido contacto con ella, y ahora que estaba de regreso, sabía que en algún momento, quizás ese mismo día, volverían a encontrarse entre los pasillos y las personas trabajando a toda máquina; ansiaba volver a verlo, ahí junto con ella o a tan sólo unos pasos, pero lo que más ansiaba era saber que volverían a encontrarse en secreto, y que sería un motivo de alegría por su regreso, no un modo de estar esperando un consuelo de su parte.
Buenas cosas esperaban para ella, estaba segura de eso.


Próximo capítulo: Fuerte

Contracorazón Capítulo 24: Nunca volverá a pasar




Magdalena entró en la urgencia a paso rápido; localizó con la vista el mesón de informaciones y torció en esa dirección, pero vio a Martín y giró de nuevo hacia donde se encontraba él. El hombre se puso de pie al notar que ella se acercaba.

—¿Dónde está mi hermano? ¿Qué fue lo que sucedió?

Había un inconfundible tono de reproche en su voz, aunque el principal era de alarma; a Martín no se le había ocurrido que quizás ella estaba al tanto de los detalles de su discusión con Rafael, pero descartó esa idea al instante; Rafael era noble, e incluso después de cómo lo trató, no habría hablado de eso.

—Magdalena, tranquilízate.
—No me quiero tranquilizar, quiero saber qué fue lo que le pasó a mi hermano.

La mirada de ella decía mucho sobre su estado; Martín la había visto pocas veces, pero había conocido su faceta amable, divertida y agradable. Sin embargo, en ese momento estaba angustiada, y además, de seguro preocupada por el estado de su hermano; también era probable que sospechara que había ocurrido algo extraño entre Rafael  y él. ¿O sólo era una idea suya por el estrés que estaba viviendo?

—Lo están controlando, pero en la ambulancia dijeron que estaba fuera de peligro.
—Dime qué fue lo que pasó.

La exigencia de ella era lo menos que se merecía en un momento como ese; de alguna forma, él mismo se había estado sintiendo culpable por todo eso.

—Estaba en el centro comercial donde fue el atentado explosivo.

El rostro de la chica se tensó al escuchar esas palabras, y contuvo sin querer la respiración; durante un eterno segundo no habló, perdida en el horror de imaginar a su hermano en medio de ese infierno.

—¿Qué le pasó? —Exigió, con voz ronca—, no me mientas.
—El personal que lo atendió dijo que sufrió un golpe en la cabeza, y un corte.
—¿Tiene quemaduras?
—No —Respondió de inmediato—, no sé exactamente cómo fue todo, pero parece que lo que lo golpeó fue la onda expansiva.

Mariano había llegado casi corriendo tras Magdalena tras estacionar el auto, y se quedó de pie junto a ella; había escuchado lo suficiente y sabía que en ese momento no tenía mucho que agregar.

—¿En qué habitación esta?
—No lo sé, llegamos hace muy poco; todavía no lo he visto.
—Cariño, deberíamos sentaros ahora —Intervino Mariano—, seguro que en un momento nos darán alguna noticia.

El rostro de Magdalena se contrajo por la emoción, y con un gesto casi espasmódico secó una única lágrima que escapaba por el rabillo del ojo. Estaba determinaba a no quebrarse mientras Rafael la necesitara, y mantendría esa actitud a cualquier precio.

—Martín, quiero que me digas exactamente lo que sucedió.

Había algo de lo que él no podía hablar con ella; estaba seguro de que Rafael no le había contado acerca de esos presentimientos, y si estaba en lo cierto, él solo causaría problemas al mencionar aquello.

—Nosotros —Dudó un instante; tendría que mentirle y confiar en que todo se solucionara después—. Nosotros íbamos a reunirnos al mediodía.
—Pero mi hermano debería estar trabajando a esa hora —Refutó ella.
—Es cierto, fue algo repentino, en realidad él no me dijo por qué era que iba a estar ahí, me lo diría cuando hablaremos en persona —Sentía que su mentira era frágil y débil, pero la iba a mantener—, y yo estaba por esos lados porque tenía que vender un producto.
—¿Y estabas ahí cuando…?
—Cerca, yo estaba justo del otro lado de las boleterías de la estación de metro cuando pasó —replicó él, adelantándose a la pregunta—; después comenzaron a llegar los equipos de emergencia y nos trajeron hacia acá.
—Ya veo.

Había un motivo por el cual se sentía culpable, y en ese momento frente a ella, a pesar de no poder decirlo, sintió la urgente necesidad de hablarlo de algún modo.

—Magdalena, yo… quisiera haber hecho más, haber evitado que…
—No digas tonterías —Lo interrumpió la mujer, con voz ahogada—, era imposible que supieras lo que iba a pasar; estuviste ahí y lo acompañaste, eso es todo lo que importa.

2


Cuando Rafael abrió los ojos, sintió algo parecido al dolor generalizado después de una gripe fuerte, solo que mucho más intenso; después de unos momentos de que su mirada vagara, logró fijarla en quien estaba sentada a su lado. Magdalena lo miraba con cariño y atención.

—Magdalena.

Sintió su voz débil y trató de aclararse la garganta, pero le resultó imposible.

—Estoy aquí, tómalo con calma ¿De acuerdo?

No tenía realmente energías para discutir eso, de modo que dejó que pasaran unos segundos antes de volver a intentarlo; el dolor se focalizó en la cabeza.

—¿En dónde estoy?
—En una urgencia —respondió ella, con voz calma—, tuviste un accidente.

Entonces recordó. El sonido, la sensación de ser arrojado sin control, y luego el olor a metal y plástico y metal quemado, el humo y los gritos.

—Martín. ¿Dónde…?

Intentó incorporarse en la camilla, pero el dolor en la cabeza se lo impidió; su hermana se apresuró a sujetarlo para evitar que lo intentara.

—Está bien, tranquilo. Martín está bien, sabía que ibas a querer verlo por ti mismo, pero quería verte yo primero. Quería asegurarme de que estabas a salvo.

Eso significaba que alguien la había llamado a ella para darle aviso de lo sucedido; vio su expresión fuerte y determinada en ese momento, pero la conocía demasiado y podía identificar muy bien la angustia oculta tras esa máscara de fortaleza, porque sería lo mismo que sucedería con él si la situación fuese a la inversa.

—Perdón por asustarte.
—Está bien, no importa —replicó ella, con ternura—, sólo descansa, te pondrás bien en un momento.

Se puso de pie y salió del pequeño rectángulo que separaba esa camilla de las otras; en el pasillo se reunió con Mariano y le hizo un gesto a Martín para que entrara en el lugar.

—¿Cómo está? —Le preguntó él.
—Disculpándose por preocuparme y queriendo saber si Martín estaba bien —respondió ella—, es decir que está bastante bien, se comporta como siempre.

Mariano la abrazó tiernamente; en ese momento lo único que podía hacer era servir como un apoyo moral para ella.

—Todo va a estar bien.
—Sí, estoy segura.

En el interior del lugar, Martín se aceró a la camilla, mirando con cierta aprensión a Rafael; tenía un parche en la nuca y lucía cansado y demacrado.

—Martín.

Se sentó al lado de él, queriendo decir tantas cosas, pero esperó a que fuera el momento apropiado.

—Hola.
—Hola.

Intuyó que Rafael iba a preguntarle si estaba bien; porque esa era una de las características de su amigo, estar siempre ocupándose de los demás.

—Pasaste un golpe fuerte ¿cómo te sientes ahora?
—Como si me hubiera chocado un camión —replicó Rafael.
—Te golpeaste la cabeza, pero no fue algo grave —Intentó sonar divertido—, tienes la cabeza dura ¿No es así?

Por un momento ninguno de los dos habló, y Rafael comprendió que Martín tenía algo que decirle; aun sentía sombras, pero estaba casi por completo seguro de que la presencia de su amigo en ese lugar no era circunstancial.

—Escucha, yo tengo que decirte esto.

Martín se sintió en paz para ser honesto, porque sabía que Rafael lo entendería.

—Yo me asusté. Cuando me dijiste eso el otro día, yo me asusté y no quise pensar en nada más; me aterrorizaba la idea de que mi vida fuera controlada por alguien o algo. Pero no son las personas, son los hechos.

Respiró profundo, y se atrevió a pronunciar las palabras; desde ese momento, ya no habría forma de cambiarlo, sería una realidad que tendría que afrontar de la mejor forma posible.

—Tú lo dijiste y yo no quise escuchar.
—Martín…
—Déjame terminar, necesito que me escuches. Rafael, yo había decidido ayer hablar contigo para solucionar todo, pero realmente aún estaba negándome a esa verdad. Y hoy cuando estaba en ese lugar, de pronto simplemente lo entendí, y lo supe, supe que estabas ahí, y me preocupé porque sentí que podía pasarte algo malo.
Mira, para ser honesto, no entiendo lo que está sucediendo, pero sé que tuviste razón en lo que dijiste en primer lugar. Ahora quiero que descanses, después vamos a poder hablar con más calma.
—Martín…

Rafael lo detuvo; aun había algo que debía decir.

—Gracias.
—No hay nada que agradecer.  Escucha, Carlos me dijo que los sentimientos no se equivocan, y tiene razón en eso; una vez te dije que habías sido un poco cursi, pero ahora me toca a mí. Eres mi hermano, Rafael, y lo que sea que esté pasando, lo vamos a enfrentar juntos.

Rafael se incorporó en la canilla, y los dos hombres se dieron un abrazo que fue la muestra de haber resuelto sus anteriores diferencias, y al mismo tiempo un gesto honesto de unión y preocupación mutua.

—Tú también eres mi hermano —replicó Rafael—. solo quiero que todo se solucione.
—Habrá tiempo para eso —dijo Martín—. Pero primero tienes que ponerte bien de ese golpe; luego vamos a hablar todo, me vas a contar todo lo que sucedió, y juntos vamos a ver qué hacer.

3


A pesar de lo impactante del accidente en el que se vio involucrado, Rafael tuvo un diagnóstico de herida leve; según lo que pudieron establecer más tarde de acuerdo con el reporte de la policía, Rafael estaba a determinada distancia del lugar en donde detonó el artefacto, y la explosión lo arrojó contra una pared cercana, que era de piedra y tenía ciertos relieves. Se golpeó y cortó en la parte trasera de la cabeza, sufriendo una pérdida momentánea de consciencia y un traumatismo, para el cual se recetó un medicamento apropiado y reposo por dos días. Magdalena acompañó a su hermano a su departamento y se quedó con él hasta la tarde, tras lo cual fue Martín quien tomó el relevo, aunque ante las protestas de Rafael por no dejarlo a solas en su propia casa.
El jueves Rafael despertó con una sensación generalizada de cansancio, pero con menos dolor que la jornada anterior; después de levantarse fue a la sala, en donde se encontró con Martín, quien estaba recogiendo la ropa de cama con la que se había cobijado en el sofá.

—Buenos días.
—Buen día —Martín lo saludó con energía—, deberías haber aprovechado que estás con descanso estos días y haber dormido más ¿No crees? Apenas dan las ocho treinta.
—Sí, es que no tengo sueño y estoy acostumbrado al horario. ¿Cómo dormiste?

El trigueño le dedicó una mirada condescendiente.

—Ya empezaste; eres el del accidente, no yo, se supone que esa pregunta la hago yo.

Se cruzó de brazos con gesto severo. Rafael sonrió.

—Ésta bien, está bien. Martín, gracias por preguntar, dormí sin novedad y me siento mejor que ayer. Y no se me ha desprendido el parche ni veo doble o algo así.
—Muy bien, eso me parece mejor.

El moreno se sentó en uno de los sillones mientras tanto.

—¿Incómodo?
—No, tú sofá está bastante bien, aunque tengo que decir que aquí hace más calor que en mi departamento, todavía, por eso me di una ducha rápida al levantarme. ¿Tomamos desayuno?
—Si quieres saca las cosas del refrigerador y pon agua para café, mientras me doy una ducha También.
—¿Necesitas ayuda?

Rafael lo miró con las cejas levantadas y un asomo de sonrisa.

—Martín, me golpeé la cabeza, no perdí un órgano. Por favor no te pongas como mi hermana.

El otro se estaba riendo; era una broma que ayudaba a ambos a sentirse en un ambiente más distendido.

—Oye, gracias a mi es que Magdalena se convenció de dejarte aquí y no quedarse como enfermera; con mi argumento de que si necesitabas algo lo arreglaría mejor yo porque entre hombres nos entendemos salvé la situación.
—Eso es cierto; amo a mi hermana, pero de verdad estoy bien, puedo hacer todo por mí mismo. De todos modos, de verdad te agradezco por todo, eres el mejor.
—Eso ya lo sé.

Poco después estaban ante la mesa en la pequeña cocina; después de todo lo ocurrido en el día anterior, estar haciendo algo tan sencillo como desayunar junto a Martín era un cambio del cielo a la tierra.

—¿Y crees que todo esté bien en la tienda estos dos días?
—Sí, cuando me llamaron ayer de recursos humanos les dije que dejaran todo en manos de dos vendedores que son de confianza. En realidad, es Sara en quien confío, pero decidí dejar a dos personas para que no se genere alguna idea de preferencias o algo.
—Eso estuvo bien pensado —replicó Martín —. Ahora, cambiando de tema ¿Crees que sea momento ya para que hablemos del otro asunto?

A Rafael le resultaba sorprendente ver cómo todo entre ellos había vuelto a la normalidad; no hicieron falta demasiadas palabras, y nuevamente era como siempre, esa confianza y naturalidad total entre los dos. Sin embargo, notó que Martín no había mencionado de nuevo nada relacionado con lo sucedido antes.

—Pienso que sí, pero de todos modos tengo que decir que hay muchas cosas que no puedo explicar bien.
—Porque simplemente son así —Observó Martín —. Sí, estuve pensando en eso, es lo mismo que me pasó. No puedo explicar cómo supe que ibas a estar ahí, solo lo sabía. Así que estoy listo para escuchar toda la historia.

De pronto, Rafael se encontró contándole todo lo que recordaba del último tiempo; desde aquellas extrañas sensaciones, hasta los sueños que parecían ser suyos, pero en realidad no lo eran; su amigo en todo momento lo escuchó con suma atención.

—Entonces esa noche cuando te escuché gritar, no estabas teniendo una simple pesadilla —comentó Martín—, se trataba de lo mismo. Me siento culpable por no haber podido estar en ese momento.
—No, eso no —Lo interrumpió Rafael—. No quiero que te sientas culpable, no quiero culpas ni nada por el estilo; todo esto es algo que no estaba dentro de lo común, culparnos no sirve de nada.
—Pero entonces ¿Quiere decir que todo esto era una especie de advertencia?
—Eso es lo que concluí después de mucho pensarlo —Explicó el moreno—, es por eso que yo supe lo que iba a pasar; los hechos se están repitiendo.

Martín se lo pensó un momento; en la interna, seguía temeroso de esa situación intangible e inexplicable, pero se esforzaba por hacer que su lado sensato no perdiera el norte.

—Y dices que en esos recuerdos tú y yo somos parecidos a ellos ¿Cómo si hubiésemos reencarnado o algo por el estilo?
—No, no lo veo de esa forma —Explicó Rafael—, porque no son mis recuerdos, no es como si estuviera viendo algo que me pasó antes.
—Pero hay un parecido, eso tiene que significar algo.

Rafael hizo un gesto amplio con los brazos.

—¿Una nueva oportunidad? Te estoy contando que ellos murieron jóvenes, de seguro tendrían nuestra edad o menos; quizás se trata de que volvieron, pero en otra forma, y hay una especie de intento por evitar que se repita una desgracia.
—Sí, eso lo entiendo —Observó el otro hombre, pensativo—, pero hay algo en todo esto que no me deja en paz. ¿Por qué piensas que este hombre que le dices Miguel está muerto?

La pregunta descolocó a Rafael.

—¿Qué? Pues te lo dije, te expliqué todo lo que vi.
—Sí, pero tú no lo sabes de una forma concreta.
—¿De qué estás hablando?

Martín lucía serio y pensativo en esos momentos; incluso con todos los hechos que había escuchado, aun había algo que podía analizar y entender.

—Escucha, no estoy tratando de poner en duda lo que dices, pero este es el asunto: tú, o él en ese caso, vio a su pareja morir. Dijiste que murió en sus brazos y eso es algo que puedo entender muy bien. Pero tú no viste cómo murió Miguel.
—Pues claro que no —Protestó el moreno—, son sus recuerdos, es lógico que no sepa cómo murió.
—Espera, espera, estoy tirando ideas al aire. Dejemos eso ahí un momento ¿Es un incendio?

Eso sí se lo había preguntado con anterioridad, y tenía una respuesta clara para eso.

—No es un incendio; no puedo explicarlo, pero no es un incendio, se trata de otra cosa. No sé adónde quieres llegar, pero él murió allí también, de eso se trata todo esto.

Martín tampoco lo sabía, pero estaba dejando que los pensamientos se volvieran palabras.

—Y dijiste que lo que viste…lo que sucedía es que su pareja tenía estas heridas, y él lo abrazaba al verlo morir.
—Y juraba que estarían juntos.

No supo cómo, pero al repensar en eso, Martín lo compendió.

—Eso es.
—¿Qué?
—La promesa —Explicó con lentitud, mientras aun juntaba todas las piezas—, dijiste que prometía que estarían juntos para siempre, es como jurar que estarían unidos en la muerte, pero ¿Y si no fue así?
—No sé si estoy preparado para lo que sea que me vayas a decir —apuntó Rafael.
—Es sólo que cuando lo pienso, tiene sentido —Afirmó Martín—. Me quedé pensando en lo que dijiste, y piensa que yo no había pensado ni sentido nada antes de ayer. Pero ayer sí sentí algo —Continuó con seriedad—. Sentí que iba a pasar algo malo, y que tú estarías en ese sitio; dijiste que no eran los hechos, que eran las personas, pero ¿Y si en realidad sí fueran las personas, pero no nosotros?
—No entiendo.

Martín se puso de pie e hizo un gesto muy amplio con los manos.

—Yo tampoco; pero esto es lo que estoy tratando de decir: yo pienso que hay una energía, un algo que viene de nosotros y que no termina cuando uno ya no está aquí. Miguel ve herido a su pareja, se aferra a él, promete que estarán juntos en la muerte, pero ¿Y si algo los separó?
—¿Algo como qué? —Preguntó Rafael, con un hilo de voz.
—Una explosión —replicó Martín—. Una explosión como la de ayer ¿Qué pasaría si ellos hubieran estado en otro atentado, pero en vez de una bomba, fueran dos? ¿Qué pasaría si en ese último momento, ocurriera algo que los apartara?

Estaría siempre buscándolo en la eternidad; entonces se trataba de eso, siempre fue eso.

—Tienes razón; Martín, eso es, diste en el clavo. Entonces ¿Es eso?
—Eso creo, te digo que sólo estoy dejando que las palabras salgan por si solas. Si fuera así, entonces todo lo que ha estado pasando sí se repitió, y eso quiere decir que podemos descubrir quiénes son ellos y qué fue lo que sucedió.

Fue a la puerta rápidamente.

—¿Adónde vas?
—A mi departamento, voy por mi laptop.
—Pero tengo un ordenador aquí.
—Rafael, aunque no ejerza, soy analista de datos, y un analista siempre trabaja mejor en su propia máquina. Escucha, esto es una apuesta, pero si todo esto que dije no son solo locuras, quiere decir que podemos rastrear esto. Lo tenemos que intentar.

Poco después estaba de regreso y dispuso el portátil en la mesa; ingresó a una serie de sitios de almacenaje de datos y noticias, hasta que dio con un resultado.

—Mira, no hay muchos atentados con bomba en este país además del de ayer, y suponiendo que la búsqueda sea solo en esta ciudad, hay uno hace dos años, uno hace siete, otro hace doce y nada más; no, espera, hay otro hace treinta años. Es este, en el de hace treinta años murieron varias personas, en el de hace doce uno, y era un señor de edad avanzada.

¿Treinta años atrás? La idea resultaba estremecedora, porque dejaba entrever una historia de dolor mucho más compleja; al mismo tiempo, explicaba ese constante sentimiento de angustia, la necesidad de proteger la intimidad de la pareja, porque en efecto, vivían en una sociedad mucho más agresiva e intolerante.

—¿Dónde fue ese atentado?

Martín se quedó sin palabras al ver la información en el sitio; allí, una foto borrosa en blanco y negro era apenas distinguible en la digitalización de la noticia impresa.

—No puede ser.
—¿Qué?
—La foto —Explicó Martín, aunque sin salir de su asombro—. Rafael, ese atentado hace treinta años fue en la plaza de armas, en el edificio donde se encuentra la catedral.
—Cielos.
—No, no es eso. El otro día estuve ahí, fui a una entrevista de trabajo en la librería que está justo al lado; pasé por el costado del memorial y no me paré a mirarlo.
—Esa es una coincidencia enorme —Apuntó Rafael, sorprendido.
—No estoy hablando de eso. Dentro de la tienda había una foto, era antigua, y cuando la vi, sentí como si antes ya la hubiera visto. Rafael, creo que uno de ellos está en esa foto.

El otro hombre se puso de pie de inmediato al escuchar eso.

—Entonces tenemos que ir; tal vez ahí podamos descubrir algo más.
—¿No prefieres esperar a que ya se termine tu reposo?
—¿Estás loco? —exclamó mientras iba hacia su cuarto—. No puedo dejar pasar esta oportunidad. Me cambio y salimos de inmediato.
—De acuerdo, hagámoslo entonces.

Poco más tarde, los dos amigos llegaron al lugar y se detuvieron ante el memorial de piedra que estaba ubicado en la plaza, enfrente de la iglesia; la estructura fría y oscura ostentaba una placa en donde figuraban nombres de cinco personas.

—En su memoria, para que nunca otra vez pase algo como esto, para que nunca otra vez alguien corte alas.

Rafael leyó la inscripción con una cierta melancolía; estaban cerca, y al mismo tiempo tan irreparablemente lejos de todo aquello.

—Vamos.

En ese momento, todos los vendedores estaban ocupados, de modo que pudieron entrar sin ser interrumpidos; los dos hombres se quedaron quietos, mirando la antigua fotografía en la pared, esperando encontrar algo en ella. Tras unos momentos de análisis, ambos lo hicieron.

—No puedo creerlo; es él, el segundo de la izquierda. Soy yo, es decir, se parece a mí.
—Es cierto —murmuró Rafael—, lo encontramos.


Próximo capítulo: Camino al pasado