Las divas no van al infierno Capítulo 17: Once de marzo




Valeria había recibido un mensaje de una de las asistentes en la mañana del jueves, en donde le pedían que llegara un poco antes al edificio donde se desarrollaban las jornadas de clase, para una reunión. Después de la gran noticia de haber sido escogida como la presentación más divertida, pensó que tal vez había llegado uno de los momentos que esperaba dentro del programa: que los representantes de un auspiciador quisieran hablar con ella.
Sabía que en el mundo espectáculo había enviados de las marcas a cada programa nuevo para testear nuevos rostros; en muchas ocasiones el representante de una marca hablaba con la potencial figura semanas o hasta meses antes de firmar un contrato. Una vez que llegó a las instalaciones fue directo a la oficina en donde le indicaron que la estaban esperando; Sandra, la productora encargada del espacio abrió la puerta al instante.

Buenos días Sandra.
Llegaste puntual —observó la mujer, haciendo un gesto para que entrara en la oficina —, pasa por favor y siéntate.

Valeria entró al lugar; le pareció extraño que fuera de un escritorio básico y sillas, el lugar estaba apenas decorado.

—Valeria.

El nombre había sido pronunciado con total seguridad, por parte de la mujer que a su espalda había cerrado la puerta.
Lo sabía, la había descubierto.
Tantas veces practicó el gesto y la voz, que, aunque se le encogió el corazón al escuchar su verdadero nombre, reaccionó de la forma en que cualquier persona haría cuando alguien lo nombra de forma equivocada, es decir sin hacer aspavientos, pero aclarando un error menor.

—Es Valentina, creo que te confundiste.

Se había sentado, y se obligó a mantener una postura física relajada, aunque todo en ella le gritaba que las cosas estaban muy mal. Sandra, en tanto, rodeó el escritorio y se quedó de pie frente a ella.

—¿Tengo cara de tonta?
—Sandra, no sé…

No alcanzó a terminar la frase, y esta fue interrumpida por la otra mujer, que arrojó sobre la mesa unos papeles, coronados con una impresión a color de su cédula real de identidad, en donde estaba su nombre verdadero, así como su foto con la antigua apariencia; se quedó sin palabras, incapaz de reaccionar de la forma apropiada ¿Cómo había conseguido toda esa información de un día para otro?

—¿Qué es lo que me vas a decir? —espetó la otra mujer, fulminándola con la mirada—. ¿Que no sabes de lo que estoy hablando, que seguramente es un error? Entonces yo soy una estúpida, tú me estás viendo como una estúpida.

Era demasiada información, no se trataba solo de un dato aislado; pero ella había contactado a un profesional ¿Cómo habían descubierto su engaño? Sintió pánico instantáneo, y todo lo que intentó, todo lo que estaba sacrificando y todo lo que quería para su carrera estaba al borde de un precipicio, sin que hubiera alguien para sujetarla y detener su caída.

—Sandra, yo…
—Tú ¿Qué? —la mujer la fulminó con la mirada—. ¿Qué es lo que me quieres decir? ¡Si tú no existes ¡Estoy parada frente a un holograma, tú no eres nada de lo que dijiste, todo es una gran mentira! ¿Quién eres? ¡Quién eres!

La segunda frase no era una pregunta, y la coronó con un violento gesto con el que arrojó el portalápices al suelo; Valeria temblaba de pies a cabeza, tomada demasiado por sorpresa como para poder recomponerse y saber qué hacer, dio un salto en el asiento, mirando a la otra mujer como si fuera alguna fuerza incapaz de contrarrestar.

—Sandra, escúchame por favor.
—¿Sabes cuánto tiempo llevo en este mundo? —preguntó la productora con voz de acero, sin dejar de mirarla con furia—. Años, los suficientes años como para no dejarme engañar por cualquier mujerzuela que cree que con cara de inocente puede hacer pasar por alto cualquier cosa. ¿Crees que eres la primera que intenta esconder sus secretos, la primera delincuente que lo hace?

Valeria estalló en una exclamación ahogada; no podía estar pasando, todo eso era una pesadilla.

—¡Yo no soy una delincuente!
—¿No? —Sandra la miró con expresión escéptica—, eso es lo que eres ¿No te pusiste a pensar por un segundo en que falsificar documentos es un delito? ¿Que las personas que usan una identidad falsa para firmar contratos están haciendo algo ilegal? Hay cámaras por todas partes, no sólo firmaste un contrato, también aseguraste frente a una cámara que todo lo que decías era verdad. ¿Cómo se le llama a una persona que miente de esa manera?
—Pero yo no quería cometer ningún delito —suplicó ella, sin poder contener las lágrimas—, yo no le he hecho daño a nadie.

Se sintió pequeña y abrumada en ese lugar; ridícula por creer que podía conseguir burlar todas las medidas de seguridad, tonta por creer en un futuro de fama en donde sus fallos serían cubiertos por un futuro brillante y prometedor. Ilusa por pensar en la posibilidad de cumplir sus sueños, y completamente ciega por no ver en lo que se había metido.

—No le has hecho daño a nadie —parafraseó la productora, cruzándose de brazos—, no le hiciste daño a nadie, eso suena muy lindo, pero no resiste análisis de ninguna persona. Yo soy la productora de este programa y por debajo de Kevin yo soy la persona con más responsabilidad, soy quien tiene toda la culpa si las cosas salen mal; las horas de trabajo, el tiempo de esfuerzo, semanas de planeación y de puesta en marcha, y todo se tambalea ¡por culpa de lo que hiciste tú!

Valeria dio otro salto en el asiento; estaba llorando ante las acusaciones de la mujer, quien la continuaba atacando sin piedad; todo se había derrumbado de pronto, y no podía hacer nata excepto llorar sin parar. La mujer hizo una pausa, tras la cual se sentó frente a ella, mirándola con actitud de completa superioridad.

—Dime tu verdadero nombre —le ordenó en voz baja.
—Yo...
—Dilo —repitió, con determinación—. Deja de llorar, no tienes derecho a eso después de lo que hiciste.
—Mi nombre. Soy Valeria.
—Valeria. Eso el algo de sinceridad, al menos es un comienzo.

No sabia cómo actuar frente a ella; desde la audición la había visto como una mujer fuerte y capaz, el prototipo de productora experimentada. Pero ahora, en el interior de esa oficina y después de las acusaciones, parecía alguien mucho mas fría y calculadora, alguien que tenía en mente algo que iba mucho más allá de mostrar sus documentos de identidad.

—¿Por qué hiciste esto? ¿Por qué cambiar tu identidad?
—Yo solo quería entrar al programa —replicó con tono suplicante.
—No, no, no nos distraigamos —la interrumpió Sandra, con una expresión indescifrable en el rostro, hablándole con firmeza, pero sin agresividad como un momento atrás—. Necesito entender qué te llevó a cambiar tu identidad.

Valeria se obligó a respirar profundo y tratar de calmarse; tendría que decirle, aunque no entendía qué podía cambiar eso.

—Solo lo hice para poder entrar en el programa.
—¿Qué edad tienes en realidad?

El tratamiento facial para verse más joven, la deuda con la dueña del centro de estética, todo eso estaba en juego en el momento de entrar al programa, y luego de lo ocurrido, todo estaba destruido.

—Tengo veintisiete años.
—Entonces te quitaste años para poder pasar las etapas preliminares —observó la productora.
—Yo sólo quería mostrar que tengo talento, que puedo hacerlo bien —explicó con voz temblorosa—, pero estaba la restricción de edad hasta los veintiséis, y supe que no me iban a dejar participar, que incluso si tuviera veintiséis no me serviría de nada, porque en este mundo las mujeres jóvenes son las que tienen futuro. Entre una de veintiséis años que puede hacer un buen trabajo por cuatro y una de veintidós que pueden enseñarle y sacar provecho por ocho, la elección es muy clara.

Sandra la miró con los ojos entrecerrados; después de una nueva pausa siguió analizando y preguntando.

—Y entonces conseguiste una identidad falsa.
—Conocí a un sujeto que fabricó la cédula —explicó la morena—, y él me dio las indicaciones; todo funcionó, pude incluso hacer algunos trámites con el documento con el otro nombre.
—Pero firmaste un contrato —apuntó la productora—. Esas cosas no desaparecen por sí solas, y lo sabes; después de entrar en el programa ¿Cómo hiciste para que nadie te reconociera?
—Me hice un tratamiento facial para verme más joven —explicó, resignada—, y creé redes sociales nuevas; también me hice un cambio de apariencia.
—¿Me estás diciendo que mantienes dos perfiles simultáneamente en las redes sociales?
—Fue lo único que se me ocurrió para distraer la atención —replicó con tono suplicante—, pensé que eso ayudaría; inventé que mi perfil real tenía un viaje de trabajo, y he estado subiendo fotos y comentarios como si estuviera ahí.
—Como si Valeria estuviera de viaje —puntualizó la otra mujer—, mientras Valentina estudia y se presenta aquí en un escenario. ¿Nadie le dijo en las redes a tu yo real que había una chica parecida en televisión?

Sí, lo habían hecho por lo que su novio le había dicho, pero había controlado esa situación. Como si le sirviera de algo.

—Pocas personas, pero lo mantuve lejos con lo del viaje; además, nadie creería que yo fingiera no ser alguien de la televisión.
—Apelaste a lo poco probable —dijo la productora—, te aseguraste de tapar todos los agujeros en la historia para que tu identidad fuera perfecta. ¿Qué pensabas hacer en el futuro?
—Pensé que, con el tiempo, si todo salía bien, podría asumir que era sólo un seudónimo, un nombre artístico; que podría solucionarlo cuando ya hubiera demostrado lo que valgo y el talento que tengo.

Siempre había pensado que con el tiempo lograría solucionar todos los problemas. Qué equivocada estaba.

—Bien, eso fue bastante dramático —comentó Sandra, ahora con un tono algo divertido—, ahora, vamos a hablar en serio.
—¿Me vas a denunciar?

Sandra soltó un bufido y sacó desde un punto no visible para ella una grabadora portátil. Entonces por eso las pausas, por eso los cambios de tono.

—Ahora que tengo toda tu confesión correctamente respaldada en esta grabación —indicó la productora—, tú y yo vamos a hablar en serio; eres una mujer adulta, sécate esas lágrimas y deja de lloriquear. Viniste hasta aquí con mentiras, pues muy bien, quiero saber exactamente si estás dispuesta a conservar todo lo que tienes aquí, y si estás dispuesta a hacer un trato.
—¿Un trato?
—Sí, un trato, es como un acuerdo —le respondió con mal tono—. Si estás dispuesta a trabajar para mí, puede que aún sigas siendo Valentina ¿Estás dispuesta a negociar?

2


El viernes de eliminación llegó muy rápido, y Lisandra estaba demasiado harta y cansada; el día anterior las clases fueron especialmente difíciles y sentía que todo le estaba costando.
Sin embargo, se hizo del mejor ánimo para el día, tomó un buen desayuno y almuerzo y salió preparada, escuchando música bailable en el IPad y repitiéndose que todo iba a estar bien. Como se lo esperaba, Charlene hizo lo posible por seguir recordando a todos que era la inmune de la semana, pero luchó por hacer como que no la escuchaba y prepararse de la mejor forma.
Normalmente la emisión del programa empezaba con la música de introducción, pero en esa ocasión fue Aaron Love quien dio el puntapié inicial.

—Gracias por estar aquí con nosotros en esta nueva jornada de su programa Siempre divas. Hoy queremos comenzar con el espectáculo que Charlene, nuestra inmune de la semana ha preparado para todos nosotros, así que sigan atentos porque después de una pausa de anunciantes muy breve, podremos verla en el escenario en todo su esplendor.

Charlene la primera en salir a escena. Pues bien, eso sería cumplir uno de sus deseos, seguramente, pero Lisandra se dijo que eso incluso sería mejor, ya que después de presentarse estaría ocupada con las preguntas de Aaron Love y alguno de los maestros saldría del escenario para hablar con ella. Mientras se presentaban ante las cámaras, las otras estaban en la zona de trabajo ultimando cualquier detalle que fuese necesario, y la que recién salía de escena hacía una ronda de preguntas o comentarios con un maestro.

"Te sientas en frente, y ni te imaginas "

En el momento que la voz de la vocalista del grupo español llegó hasta ella, Lisandra se dijo que de seguro estaba escuchando mal; todas usaban canciones de divas de la música pop o electrónica para presentarse, por lo que no tenía sentido usar una balada para pararse en el programa.

"que llevo por ti mi falda más bonita”

Excepto que Charlene era inmune esa semana.
Por un eterno segundo no quiso voltear, como si de alguna forma estuviera anticipando lo que iba a ver en la pantalla; esa canción era un homenaje, una invitación a reflexionar y valorar, y tenía que ser interpretada con respeto.

"yo cierro los ojos, tú apartas la vista"

Si no hubiera estado sentada, probablemente se habría caído; Charlene había llenado el escenario de cintas y colores, de globos y bailarines en parejas en poses exageradas y excesivamente dulces. Era como la reunión de todos los estereotipos de romanticismo empalagoso posibles, con ella caracterizada de nena inocente.

"Estación a estación, de frente tú y yo…"

Las caras del público en el estudio eran de extrañeza, como si no comprendieran del todo lo que estaba sucediendo; Lisandra estaba muda de espanto por el espectáculo ridículo que la rubia estaba haciendo ¿Cómo permitían que hiciera eso? Miró a las otras chicas a su alrededor, y vio algunas caras sorprendidas y otras un poco divertidas, aunque no era capaz de entender qué veían de divertido en todo eso. Quiso ponerse de pie, gritar que terminaran con ese espectáculo, pero no podía hablar, estaba tan sorprendida por lo que estaba sucediendo que no era capaz de reaccionar de forma alguna.

—Y esa fue la presentación de nuestra inmune de la semana, la chispeante Charlene —declaró Aaron Love, mientras el público aplaudía—. Charlene, ¿Cómo te sientes?
—Muy contenta de estar aquí —replicó ella, radiante—, muy agradecida de todos, y espero que les haya gustado mi presentación.

Hizo una reverencia y salió del escenario; unos momentos después entró en la zona de trabajo, sonriendo ampliamente.

—¿Qué les pareció mi presentación?

Se veía tan alegre y satisfecha que eso hizo que Lisandra se sintiera mucho peor; la miró de abajo a arriba, estupefacta.

—¿Presentación? —exclamó; con voz mucho más alta de lo que habría querido—. Eso no se le puede llamar presentación.

Ignoró por completo las miradas de asombro de las demás; se olvidó de todo, de las cámaras, de sus objetivos y de su propio desafío para ese día. Charlene había pasado el límite y si nadie se lo decía, lo haría ella.

—Yo creo que fue bastante colorida —se aventuró una de las chicas con tono conciliador.
—¿Colorida? —Exclamó Lisandra—. Esto es imposible ¿Colorida?
—¿Qué te sucede?

Charlene había quedado descolocada, y la miraba con extrañeza a dos metros de distancia.

—¿Qué me sucede? ¿No te das cuenta lo que hiciste, no entendiste la letra de la canción?
—Amor, una pareja que...
—¡No, no es eso! —estalló, hablando en un tono mucho más agudo—. No es una canción sobre una pareja, ese tema lo compusieron después de un atentado terrorista. Terrorismo ¿Entiendes, puedes entender eso en tu cabecita? Es sobre la pérdida, sobre personas que murieron ¿Cómo puedes convertir eso en una tarjeta de día de San Valentín? ¡Estúpida!

Charlene había perdido la sonrisa y se sintió al borde de un ataque de histeria; vio la letra de la canción en un lyric video en la red y lo asoció con un video de amor, pero no se ocupó de investigar al respecto. ¿Cómo en todo un mundo de canciones de amor sin contenido había chocado justo con esa?  Pero no había dicho nada hasta el momento, y el conductor del programa no le preguntó acerca de la idea central de la presentación, lo que significaba que aún podía salvarse. Tenía que alargar esa situación lo más posible hasta que se le ocurriera algo.

—Lisandra, por favor tranquilízate, estás haciendo un escándalo —dijo con tono dulce.
—¿Escándalo? —bramó la otra chica, fuera de sí—. Tú haces el ridículo, ofendes una canción como esa delante de millones de personas y yo soy la que hace un escándalo; hay gente que ve este programa como una inspiración, como un ejemplo ¿Y es eso lo que le das al público?

¡Bingo! Charlene se dijo que su inesperada enemiga acababa de darle la clave para escapar de todo ese embrollo; pero no podía hacer de víctima, así que aunque fuera mucho más arriesgado, tendría que jugar la carta de la heroína.
Se dijo mientras comenzaba a hablar, que era hora de tener toda la ayuda que fuera posible, de modo que se tocó el lóbulo de la oreja izquierda, confiando en que Harry viera el gesto y se pusiera a trabajar.

—Escucha, voy a ignorar que estás siendo tan agresiva conmigo —pronunció lentamente—, porque yo sí estoy pensando en el público, en las personas que me ven y en las niñas...

Se felicitó internamente por esa pausa de una milésima de segundo; esperaba que le estuvieran haciendo un primer plano.

—Esta presentación no era para ti —rectificó, con tono de contrariedad—, la hice con un objetivo muy claro, pero no te lo voy a decir porque no voy a dejar que lo ensucies con tus malos modos.
—¿De qué estás hablando? —exclamó Lisandra, visiblemente confundida.
—No importa, no es tu asunto —le respondió con dignidad—, no importa lo que digas, hice lo que me dijo mi corazón y estoy contenta por haber sido fiel a lo que siento y a las personas que me importan. Ahora, por favor deja de gritar, es terrible.

Lisandra estaba descolocada por las serias palabras de Charlene; esperaba que se hiciera la víctima o que comenzara a discutir con ella, no que la tratara como si estuviera hablando tonterías. Miró a las otras personas, buscando con la vista alguna clase de apoyo, pero todas las demás estaban expectantes, de seguro esperando ver quién ganaba para ponerse de su lado ¿Qué acababa de hacer?

—No trates de dar vuelta las cosas.

Intentó acusarla, pero la sensación de que estaba equivocada en algo hizo mella en su actitud y su voz perdió fuerza ¿Charlene estaba mintiendo o de verdad había algo más? ¿Acaso al principio dijo algo y ella no se dio cuenta?

—No estoy intentando nada —replicó, pasando junto a ella—, no importa si no lo quieres entender, pero por favor deja de gritar, vas a poner nerviosas a las demás.

Pasó junto a ella y fue hasta su tocador para retocar las extensiones de cabello que había usado para esa jornada; estaba caminando sobre un cristal tan delgado que casi podía ver la ruina esperándola abajo, pero estaba obligada a mantenerse firme hasta el final.

Lisandra no se resignaba; no estaba preparada para esa clase de respuesta por parte de Charlene, pero no estaba dispuesta a dejar las cosas así, no después de todo lo que había pasado.

—Espera un momento, no he terminado de hablar contigo.
—Linda, en serio —Alma se interpuso y la miró fijo a los ojos—, basta, no necesitamos esto.

Más tarde y tras un programa con una gran sensación de incomodidad para todos tras el escenario, llegó el momento en que el conductor del espacio pidió a todas que se reunieran frente a las cámaras.

—Bien, damas y caballeros, el momento más esperado de la jornada ha llegado y ustedes han decidido. Como recodarán, en la edición pasada les contamos que las menores votaciones eran Lisandra, Carol y Rebecca. Ahora, empezaré por decir que Rebecca ha subido en las votaciones del público, por lo que queda libre por hoy, como pueden ver en nuestros medidores de popularidad en pantalla. Y ahora, por un estrecho margen, Lisandra permanece en el programa, y la eliminada de esta semana es Carol.

La chica demostró una gran fortaleza al despedirse de forma clara y agradecer al público por su apoyo en las redes sociales; a diferencia de la semana anterior, la descartada por el público no salió por otra ruta y llegó hasta la zona de trabajo junto con todas. Dedicó un momento a recoger sus cosas y luego se dirigió a las demás.

—Eso fue todo, fue muy lindo mientras duró. Sólo quiero decirles que tengan mucho cuidado con las personas que se quieran destacar, como Lisandra.

La aludida estaba convencida de que la iban a eliminar del programa, por lo que aún no salía de su asombro porque no fuera así.

—Carol, lo siento mucho…
—No, realmente no creo que lo siestas —la interrumpió la otra chica, con una sonrisa que nada tenía de alegre—; hasta el miércoles te estabas yendo y ahora hiciste ese espectáculo patético. Te quedaste por la polémica, no por talento, y lo sabes.
—¡No! —exclamó, abrumada—. No es así, yo no quería…
—¿Sabes qué? No importa. Pero ahora que no tengo nada que perder te puedo decir en tu cara lo que pienso de ti: llegaste como la amable e inocente, y mira cómo es que lograste salvarte. Felicidades, chica.

Se despidió rápido y salió del lugar; Lisandra se dio cuesta en ese momento que todas la estaban mirando con mala cara.

—De verdad, yo no quise.
—Lisandra, de verdad —comentó Sussy—, mejor no digas nada.


Próximo capítulo: Freak

Contracorazón Capítulo 18: Una muerte sin sombra




Rafael tenía que hacer muchas consideraciones antes de seguir con su vida, pero fue imposible hacerlo; después de llegar a su casa se sintió cansado, y apenas pudo pensar en lo que estaba sucediendo. Después tuvo que dormir y levantarse temprano para ir a trabajar.
¿Qué iba a hacer desde ese momento en adelante?
No podía quitarse la imagen de la mente, mucho menos ignorar el significado que esto podría tener en el presente, pero por sobre todo en el pasado. Las dos personas que podía identificar en ese recuerdo eran muy parecidos a Martín y él. ¿Cómo reaccionar ante eso? Se había repetido una y mil veces que no eran ellos, que los rostros eran similares, aunque no iguales, pero la amenaza de esa similitud volvió a pesar sobre él antes de dormirse, como una advertencia incesante acerca de la importancia fundamental de todas esas imágenes.
¿Cuál era el significado completo de esa unión?
Una vez, tiempo atrás, dos hombres se conocieron y aprendieron a amarse; enfrentados al rechazo de una sociedad indiferente a los sentimientos, se vieron obligados a mantener su amor en secreto, protegido por débiles paredes que hacían que creyeran que podrían ser felices. Luego, todo se había derrumbado, y aunque no entendía cómo, ambos se enfrentaron a una muerte horrible; el primero, herido sin posibilidad de salvación, el segundo quedándose con él hasta el final, hasta acompañarlo en su mismo destino.
Quizás habían imaginado un futuro distinto, pero la realidad había caído sobre ellos con una fuerza brutal; el poder desconocido que había interrumpido sus vidas llegó en dos oleadas, dando apenas un misericordioso segundo para una frase, unas últimas palabras que no tuvieron el tiempo de ser el sello para una historia.
No había final feliz, ni una amorosa despedida; el abrazo final era un llanto mudo de desesperación ante un destino incontrarrestable, un grito sordo de impotencia, y al mismo tiempo una promesa vana.
Miguel había amado a ese hombre con una fuerza que él podía entender, pero no dimensionar del todo, y había sido amado por él de la misma forma, creando un lazo poderoso; al final habían estado juntos, envueltos en el dolor de la agonía, pero juntos de todos modos.
¿Por qué esa unión se sentía tan amarga?
No había consuelo a lo largo del tiempo, ni en ese pasado ni ahora. ¿Por qué podía acceder a esos momentos tan íntimos? ¿Por qué existía ese parecido con el hombre al que bautizó como Miguel? Y lo más inquietante de todo ¿Por qué el otro hombre en el recuerdo era tan similar a Martín? Él no estaba enamorado de Martín; cuando lo conoció se planteó algún asomo de interés amoroso, pero el carácter afable de él y la confianza automática entre ambos hizo que el sentimiento que nació fuera el de una amistad sincera, por lo que no había una similitud. Se conocían, eran amigos, pero no eran pareja, y no estaban...

—No puede ser...

Tardó mucho en comprender que lo que le impedía dormir no era insomnio, sino miedo.
¿Miedo a qué?
Todo eso tenía que estar sucediendo por una razón. No era casual, y de ninguna forma se trataba de algo sin sentido; tal vez no pudiera explicarlo, pero sabía con seguridad que esos recuerdos eran reales: eran el último grito de alguien que ya no estaba ahí. Y se dijo que, si él estaba accediendo a esos recuerdos, tenía que haber una razón, que de lo contrario sería una intromisión grotesca y grosera a un espacio al que no tenía derecho.
¿Y si las coincidencias entre ambas historias era un aviso?
Su amiga le había dicho que pensaba que esos sueños y frases sin sentido tenían un carácter auténtico, y que podían ser una advertencia sobre algo que iba a pasar en el futuro. El miedo que lo embargó fue producto de este pensamiento, porque en su interior sintió que algo se avecinaba, un peligro sin nombre como la repetición de un ciclo, el fin de la vuelta de una inmensa rueda.
Un peligro invisible pero imparable que los amenazaba a Martín y a él.

Comenzó la semana laboral con una gran sensación de cansancio, pero no tuvo más alternativa que reunir fuerzas y emprender con energía. El lunes fue un día intenso, ya que uno de los trabajadores de la tienda se reportó enfermo y tuvieron aumento de clientes, por lo que tuvo que abandonar las labores de oficina y volver al mesón para ayudar a los demás con la atención de público. Se dio cuenta que extrañaba la labor de atender, más que por interactuar con la gente, por la posibilidad de estar en movimiento de forma constante y en cierto modo por el desafío permanente de adivinar en base a nada qué era lo que tenían que vender.

—Rafael ¿Qué es una lámpara de Gobel?

En un momento de la mañana uno de los chicos que llevaba menos tiempo se le acercó con disimulo mientras él sacaba unas cajas de repuestos de interruptores; el moreno se quedó un momento pensando, con la vista desenfocada.

—Es una lámpara incandescente —dijo al cabo de un instante.
—Qué raro el nombre —murmuró el joven.
—Es el nombre del que las inventó —replicó con una sonrisa—. ¿Es el señor de allá?
—Sí, es él.

Parte importarte del trabajo en una tienda como esa era interpretar lo que los clientes querían. Muchas veces las personas pensaban que una descripción vaga bastaba para saber cuál era su necesidad, por lo que era común escuchar sobre “aparato que sirve para las fiestas” “el repuesto de esa máquina” y cosas similares.

—Tal vez lo que quiere es un repuesto para una lámpara halógena.
—¿Y eso por qué?

Se sintió como un anciano explicando todo eso en medio del trabajo, pero al mismo tiempo resultaba divertido.

—Porque las lámparas incandescentes calientan, y antiguamente no había tantas opciones como ahora; pregúntale si es una lámpara o una especie de estufa para calentar lo que está usando.

Dejó al joven buscando una solución a ese problema mientras él regresaba a atender. La tienda estuvo a tope todo el día, de modo que salvo una pausa que acortó para almorzar, estuvo pendiente de atender y reponer productos para mantener una buena atención.
Poco después de las cuatro, apenas terminaba de atender a una clienta, dio un respingo al recordar algo importante.

—La nómina de anticipos.

Corrió a la oficina al notar la hora y fecha que era; las nóminas de anticipos de remuneraciones debían ser enviadas a más tardar el día doce de cada mes a las cuatro y media de la tarde, y en el caso de no hacerlo, los trabajadores tendrían que esperar hasta la remuneración del mes.
Le quedaban cinco minutos y ni siquiera había hecho la planilla.
Por suerte había preguntado al respecto a todos el viernes en la tarde, de modo que tenía los datos necesarios; presionado por el tiempo y la responsabilidad, aporreó el teclado ingresando la información según el formato requerido y consiguió enviarlo justo un minuto antes del plazo límite. Más tranquilo al haber cumplido con la tarea que casi había olvidado, se dedicó a revisar algo de material pendiente, confirmó los correos electrónicos que eran necesarios e ingresó algunas solicitudes en espera; para cuando terminó casi era su hora de salir, y dejó la oficina por un momento, encontrándose con la tienda vacía excepto por un cliente que estaba saliendo.

—¿Dónde se fue la gente?
—El público empezó a bajar recién hace un rato —comentó Sara mientras ordenaba unas cajas.
—Qué bueno…

Iba a decir algo más, pero lo interrumpió una llamada al celular; era de la oficina de Recursos humanos, de modo que hizo un gesto a todos para que bajaran la voz.

—Buenas tardes… sí, así es…el cliente oculto, entiendo…

Lo pronunció con voz desprovista de emoción, pero hizo una seña característica dentro de la empresa para explicar que era de eso de lo que hablaba; la empresa contrataba personal externo para enviarlo como un supuesto cliente, y esta persona analizaba todos los detalles de atención, fórmulas de cortesía al trato, tiempos de espera y muchos otros factores. En el tiempo que llevaba ahí solo había ido uno, y cuando era encargado desde hace tan poco se topaba con una nueva visita; todos sabían que una mala evaluación implicaba potenciales cambios de localización, así como otras medidas internas. El silencio llenó el lugar.

—Comprendo. Muchas gracias por la información, buenas tardes.

Finalizó la llamada, y todos en la tienda lo estaban mirando, atentos a lo que iba a decir.

—Bien, ya oyeron que vino el diente oculto.
—¿Qué nota sacamos? —preguntó Sara sin poder esperar.

Respiró profundo antes de decirlo; era una noticia relevante como para hablar del modo incorrecto.

—Sacamos cien por ciento.

El alivio y alegría en todos fue evidente al escuchar esa declaración, y hasta él se tranquilizó mucho al verbalizarlo. Tener una evaluación perfecta en el cliente incógnito era algo muy difícil, pero señalaba que, durante ese lapso, aún con una persona menos y la tienda llena al completo, habían podido funcionar coordinadamente con eficiencia.

—Escuchen, esto es una muy buena noticia —señaló, más calmado—; si de aquí a que termine el mes no hay otra evaluación perfecta de otra tienda, nos debería llegar un bono incentivo en dinero para fin de mes.
—Eso sí que es una gran noticia —apuntó uno de los vendedores.
—Es cierto, pero también es una gran responsabilidad; a partir de ahora no podemos bajar el nivel de atención porque seguramente van a estar observándonos mucho desde arriba. Sé que estoy a cargo hace muy poco, pero de todos modos quiero felicitar a todos por el trabajo que están haciendo y decir que estoy aquí para apoyar en lo que sea necesario.

Poco después había terminado su jornada de trabajo y salió con una agradable sensación; desde que era el jefe de la tienda era la primera vez que sentía que las cosas iban mejorando junto a él y que estaba en lo cierto al proponerse hacer un liderazgo con participación, en donde no solo se ocupara del papeleo y tomar decisiones, sino también de estar en terreno ayudando al igual que antes.
Iba pensando en estas cosas cuando alguien tocó su hombro; algo sorprendido volteó y dio un salto hacia atrás al ver a la persona.

—iEpa!

Martín se quedó quieto al ver la reacción de Rafael y levantó las manos en gesto apaciguador.

—Soy yo —dijo con voz cauta—, soy yo, me conoces, no soy un asaltante.

No había visto a Martín luego de todo lo que había pasado, y toparse con él de forma intempestiva resultó un golpe mucho más fuerte de lo que habría esperado en primer lugar; tantas veces se preguntó cómo sería ese momento al verlo otra vez, cómo se sentiría al tener en su mente la imagen desdibujada de un hombre tan parecido a su amigo mientras lo veía a él, de cuerpo presente y respirando.
Pero Martín nada sabía de lo que él había visto, y en su interior Rafael sabía que la decisión de no hablar de eso con él ya estaba tomada; ese iba a ser su secreto y tenía que reaccionar antes de perder el control por completo.

—Martín.
—Rafael, en serio soy yo —explicó el otro, mirándolo con un leve dejo de alarma en los ojos—. ¿No me vas a caer a golpes o algo así?

En realidad, lo que quería era sostenerlo por los hombros y decirle lo que estaba pensando, del temor que sentía y todas las dudas que azotaban su mente, pero sabía que eso era imposible; Martín jamás le creería esa historia, y con franqueza, él tampoco se creería de no ser por haberlo vivido.

—Es que no te sentí acercar —dijo con un hilo de voz.
—¿Estás bien?

¿Tanto se había notado su reacción? Tenía que hablar, moverse, comportarse como una persona normal.

—Sí, claro, perdona la reacción tan exagerada, es solo que iba pensando en muchas cosas y estaba en otro mundo.

Venciendo el miedo y la angustia que le provocaba toda esa escena, se acercó a Martín y lo saludó de la forma en que lo hacía habitualmente; estrechó su mano y se acercó a él, en un medio abrazo que era común al verse.

—Es que fue un día muy agitado y tuvimos una sorpresa de última hora —explicó intentando sonar natural— ¿Has escuchado de algo que se llama Cliente incógnito?

Estaba hablando demasiado, más de lo que lo hacía de forma común; y además se estaba sobre explicando. Martín lo miraba un poco extrañado aún.

—No, no sé lo que es.
—Es alguien que envía la empresa a hacerse pasar por un cliente común —se obligó a hablar más despacio—, y nos evaluaron hoy, salió todo muy bien; tenía la cabeza en cualquier parte, creo que si no es por ti me habría ido de cabeza contra un poste. Disculpa por reaccionar así.
—No importa, no es nada —el trigueño hizo un gesto de quitar importancia al tema.
—¿Y esta sorpresa? —preguntó cambiando de tema—. ¿Saliste más temprano?
—Sólo un poco —replicó Martín, más relajado—, fue el mecánico a ver el auto, así que me quedé sin mucho que hacer y me dejaron ir un poco antes, al final no era muy útil sin tener algo que conducir. Así que me dije que tal vez podríamos ir por unas cervezas.

Desde el trabajo de Martín esa zona quedaba de paso, y su actitud era la habitual cuando hablaban; había una complicidad entre ellos que siempre era sana, y la única diferencia en ese momento radicaba en él. Pero no quería que su amistad con él resultara dañada, y, a fin de cuentas, tendría que hacerse a la idea de interactuar con él aún con lo que sabía.
O lo que no sabía.

—Creo que es la mejor idea que pudiste tener —repuso con más ánimo—, vamos, será bueno.
—Conozco un lugar un poco más allá —comentó Martín—, no es caro y es bastante tranquilo. ¿Cómo es eso del cliente oculto que me estabas contando?

Rafael le explicó con más detalle de qué se trataba ese método; para cuando terminó, el trigueño parecía más confundido que antes.

—Es un poco raro ese método—comentó, pensativo—; es como que quisieran que estuvieras siempre actuando en vez de simplemente hacer lo que corresponde.

En eso tenía razón; en alguna ocasión Rafael se había preguntado qué sentido tenía reorganizar al personal entre una tienda y otra, obligando a que todo empezara de nuevo en los equipos de trabajo, en vez de descubrir si había una razón de peso para ese mal diagnóstico, incluyendo en ello que los procesos diseñados por la empresa podrían quedar obsoletos o no ser los más apropiados.

—Es cierto, pero piensa que no toda la gente hace las cosas como se supone que debería.
—Ese es un gran punto —accedió Martín—. Allá hay un mensajero, es de estos que usan bicicleta; no trabaja realmente con nosotros, es del personal del edificio ¡Pero no sé a qué hora trabaja! En serio, sé que yo estoy a las idas y venidas, pero de verdad que cada vez que estoy ahí, él ya estaba desde antes.

La conversación siguió con bastante normalidad, aunque Rafael trató de hacer que la conversación fuera más por parte de Martín que por la suya, para reservar energías y a la vez poder darse el tiempo de analizar toda esa situación.

—Oye, escucha esto —dijo Martín señalando su teléfono, más tarde en el bar al que habían asistido—, me están invitando a beber de mi ex grupo de trabajo en la otra empresa.

Rafael vio que lo habían agregado a una sala de conversación grupal.

—¿Del restaurante?
—No, del trabajo de antes, en la consultora —replicó el trigueño—; no habíamos hablado desde que me fui de ese trabajo.
—¿Y son muy amigos?

Martín se lo pensó un momento antes de responder.

—No exactamente, digamos que son muy buenos conocidos, o buenos amigos del trabajo; sí, creo que esa es la mejor definición para ellos.

Rafael sirvió un poco más de cerveza para ambos; el burbujeante líquido era refrescante y ayudaba a hacerlo sentir cómodo en esos momentos, olvidando por instantes todo el torbellino en su mente.

—¿Te das cuenta de que no me has hablado mucho de tus amigos y esas cosas?
—Sí, tienes razón —admitió Martín—, pero tampoco hay mucho que contar; tengo pocos amigos en general: tú, un par de amigos desde la secundaria, mi tío René que es parte de la familia, y algún amigo de la vida, o amiga por supuesto. Es extraño, pero no se me hace sencillo confiar en las personas más allá de una buena voluntad o llevarse bien, lo que pasó contigo es una excepción a la regla. Mi tío René siempre me dice que yo tengo muchísimos conocidos, pero muy pocos amigos de verdad.

Escuchar esa expresión hacía mucho con su estado de ánimo, pero de todas formas resultaba contradictorio que esa expresión de amistad sincera con él fuera a la vez una probable segunda lectura que sólo Rafael podía comprender.
Sea como fuere, no tenía otra alternativa que continuar con su actuación, simulando que todo iba de forma normal.

—¿Y se van a reunir?
—Bueno, en el chat no dicen directamente en qué momento es que piensan reunirse.
—Deberías ir —comentó; al instante notó que había sonado muy apresurado y rectificó—, quiero decir, si se llevaban bien, es una buena oportunidad de no perder el contacto. ¿No pensaste en volver a ese trabajo? Ahora que tu hermano sabe lo que sucedió, podrías retomar lo que estabas haciendo.

Martín se lo pensó un momento antes de responder; era algo que se había planteado en un inicio, pero ya tenía una decisión al respecto.

—Lo pensé ¿Sabes? Es decir, no a esa empresa en particular porque no podría, Recursos humanos tiene una política de no reintegrar personal por un plazo de dos años, pero en realidad no es solo por eso; creo que es una etapa que ya terminó, y prefiero mantenerme fiel al plan original: me quedaré en este trabajo si se da la oportunidad, y si no, entonces buscaré otra opción en lo que sea que salga.
—¿Y por qué no volver a trabajar en lo que tú haces? —preguntó Rafael.
—No es un problema concreto con esa área —replicó Martín—. Es algo que me gusta hacer, pero recién cuando empecé en lo del restaurant me di cuenta que no había hecho nada mas en la vida , y me sentí un poco desprotegido.

Rafael no lo había pensado de ese modo; en su caso, había trabajado en distintas cosas desde que terminó la secundaria.

—Pero eres joven, tienes veinticuatro y estudios técnicos, tienes mucho en tu favor.
—Sí, es solo queme puse a pensar en las alternativas de la vida; de alguna manera pienso que mis papás me ayudaron con lo de los estudios técnicos porque era su forma de darme herramientas extra para el futuro. Pero sucede que salí de la secundaria, estuve dos años y medio en el técnico y después comencé a trabajar en eso, y me quedé con la sensación de no haber avanzado mucho en la vida. En el restaurante y ahora como conductor he aprendido tantas cosas que pienso que es la mejor forma de crecer. Además estaré más preparado para lo que pase más adelante.

Eso era toda una declaración de intenciones, y hablaba del esfuerzo de Martín por ser una persona más integral; por otro lado, dejaba entrever que los padres habían hecho un esfuerzo para ayudarlo a tener esa base de estudios porque sabían que la lucha por su hijo menor sería más ardua y constante. Sin embargo no quiso referirse a ese último punto porque entendió que Martín tomaba esos actos como parte de su vida y no como una carga a nivel personal o familiar.

—Es una buena forma de verlo. Mientras te sientas bien con tu decisión, todo está bien.
—Sí. Y a todo esto, creo que no lo habíamos hablado ¿Piensas estudiar algo o eso no es una prioridad?
—Me interesa, pasa que yo decidí hacer las cosas de otra forma —comentó Rafael—. Creo que fue como a los diecisiete que tomé la decisión de irme de la casa porque quería ser independiente.
—Como en Estados unidos.
—Algo parecido; hablé con papá y mamá esperando que se alarmaran, pero lo tomaron muy bien. No en el sentido de librarse de una carga, eso espero al meros.

Ambos rieron ante la broma; la conversación iba lo suficientemente bien como para que Rafael pretendiera que todo iba como de costumbre.

—El punto es quede alegraron de que tuviera un plan de vida —continuó Rafael—, que tomara una responsabilidad y me hiciera cargo de eso. Mamá me llenó de recomendaciones y papá dijo que estaba orgulloso de mí, pero me amenazó con que tendría que ser el criado de los quehaceres domésticos si fracasaba y tenía que volver con ellos.
—Pero ¿Te lo dijo en serio?
—No exactamente, pero creo que era su forma de decirme que tenía que hacer las cosas de verdad, que aunque era joven esa decisión no era un juego. Y sirvió porque me lo tomé como un desafío, mantenerme por mí mismo y aprender a no ser dependiente; desde luego que no podía estudiar y trabajar al mismo tiempo porque no me daba el tiempo ni los ingresos, y en cierto modo fue mejor, porque en realidad no sabía qué era lo que quería a esa edad.

Por momentos se preguntaba cuánto de la afinidad que había entre ellos tenía que ver con aquello que albergaba en su recuerdo; por un lado sentía miedo de que se perdiera parte de la autenticidad de su amistad, pero por otra, sentía que ese nexo entre los dos era demasiado honesto y real como para haber sido creado por algún medio fuese de su control y entendimiento. Más tarde Martín se interrumpió en la conversación.

—Es Carlos —explicó mientras sacaba el móvil del bolsillo—, dame un minuto.
—Adelante —comentó Rafael.

Generalmente su hermano menor no lo llamaba y se comunicaba con él por el chat, de modo que el trigueño contestó con naturalidad pero con un cierto toque de preocupación.

—¡Hola! Sí. No, estoy con Rafael tomando algo rápido. ¿Todo está bien? Sí, no hay problema, puedo ir de pasada. Está bien.

Cuando cortó lucía algo confundido.

—¿Sucedió algo? —preguntó el moreno.
—No. Es decir, sí, pero nada malo; Carlos sonaba un poco ansioso para la costumbre, pero dice que todo está en orden y que quiere enseñarme algo.
—¿Terminamos esta ronda y salimos o te vas ahora?
—No, terminemos la ronda con calma —respondió Martín—, estoy asumiendo que no es algo malo así que no hay prisa. Y hablando de hermanos ¿El matrimonio va?

Parecía increíble que al fin las cosas estuvieran bien con respecto a ese evento luego de lo sucedido; al menos en ese sentido tenia una tranquilidad total.

—Sí, todo sigue en pie —explicó después de dar un trago largo—, la ceremonia es el dieciséis a las dos de la tarde y luego la fiesta es en un centro de reuniones que está cerca de la casa de Magdalena, desde las siete; te esperamos allá o si quieres puedes ir conmigo. Quería ir desde antes para acompañar a Mariano pero ahora está en plan de no alterarse por nada y dijo que no era necesario, así que iré rápido a la ceremonia civil entre mi horario de trabajo.

Después de pagar la cuenta salieron charlando del bar; hacía una noche agradable, aunque fresca.

—Creo que podemos salir juntos.
—Confirmamos entonces.
—Hecho —replicó Martín—, me voy a ver qué se le ocurrió a mi hermano, hablamos después.
—Por supuesto —y agregó sin poderlo evitar—, cuídate.

Más tarde, Martín llegó a la casa de sus padres y fue hasta la habitación de su hermano menor. El joven lucía animado y lo saludó con una media sonrisa, sentado ante su escritorio.

—¿No estaba interrumpiendo?
—Para nada —replicó Martín—, nos juntamos con Rafael para una cerveza, era algo rápido. Y bien, ya estoy aquí ¿De qué se trata ese tema tan secreto que no podías decirme por teléfono?

El joven le enseñó un paquete con sellos que demostraban que era una encomienda, aunque no tenía identificación de su procedencia.

—La semana pasada se me ocurrió un proyecto. No sé si es un proyecto así con todas las letras —dudó un instante—, pero decidí hacerlo de todos modos.

Martín se sentó frente a él sin comprender.

—No te sigo.
—Estaba pensando en que hay muchas personas que hacen serigrafía o estampados en remeras, pero no he visto que hagan esto en el país.
—Aún no te sigo —apuntó el mayor.

El joven le entregó el paquete con cierto tono de ceremonia.

—Ábrelo y lo entenderás.

Martín, guiado por la curiosidad de aquella declaración, abrió el paquete y se quedó contemplando el contenido, asombrado.

—Carlos, esto es…
—Es el dibujo de un ornitorrinco que hice cuando era pequeño —comentó el chico, aunque sabía que su hermano lo había entendido—. Esa remera que estampaste con el dibujo que hice cuando era un niño me dio la idea; se me ocurrió que podría reinventar el diseño original para que no sea esa cosa que dibujé, y que se viera mejor hecho, como si hubiera crecido contigo. Es para ti.

Martín observó el diseño en la remera con todo detalle: estaba hecho con estilo de caricatura, pero para él que conocía el dibujo original era evidente que se trataba de la misma idea.

—Carlos, es genial, hiciste un trabajo increíble.
—Lo que estuve pensando es en hacer algo que he visto en Pictagram; podría ofrecer el servicio a personas que lo quieran y ordenar una impresión como esa.

Martín conocía la destreza que su hermano menor había desarrollado tanto para el dibujo como la edición en programas especializados; pero hasta el momento, nunca lo había visto tan auténticamente interesado por un proyecto como por ese.

—Estoy muy sorprendido ¿Por qué no me contaste antes que tenías estos planes?
—Quería que fuera una sorpresa —explicó el muchacho.
—Pues resultó, y es fantástica. Entonces ¿Quieres hacer un negocio con esta idea?

El muchacho le mostró una imagen en la pantalla del ordenador: se trataba del área trabajo en un programa de edición de imagen en donde, a la izquierda figuraba un dibujo infantil, y a derecha un proyecto que planteaba la misma idea, pero más detallado y trabajado.

—Esto lo pidió una persona que me contactó —explicó el chico—, no me va a pagar, pero me hará publicidad.
—Es una idea estupenda, te lo digo en serio —opinó Martín—, lo que me tiene más sorprendido es cómo llegaste a este proyecto, era todo un secreto.
—Hace tiempo vi un reportaje de unos joyeros que hacían algo parecido —explicó Carlos—: ellos hacían pendientes para cadenas con la misma imagen, así que me dije que podría ir un paso mas allá.

Martín estaba sorprendido y a la vez muy contento de ver cómo su hermano era capaz de llevar una idea a la práctica con tal grado de responsabilidad; recordó cómo Rafael le dijo que ya no era un niño, y que su deber era apoyarlo en su camino.

—Me gusta mucho esa idea ¿Sabes? Y me gusta verte implicado, que te importe esto y quieras hacerlo de corazón. Y esta va a ser mi segunda remera favorita, te lo aseguro. Estoy tan orgulloso de ti.

Mientras, Rafael estaba en su departamento reflexionando acerca de lo que había sucedido esa tarde; a todo lo que había en su mente tuvo que sumar la experiencia de volver a interactuar con Martín después de lo que había visto en ese recuerdo.
No era él, no era él.
Se repitió mil veces que no se trataba de él, que las similitudes seguían el mismo camino que con el nombre que había denominado como Miguel; que no la era la misma persona, solo alguien con un parecido, pero incluso en ese caso le resultaba imposible quedar tranquilo al respecto.
Porque el recuerdo tenía un significado tráfico que no podía ignorar, un cúmulo de sentimientos que habían sucedido, en algún momento a personas reales; personas que se amaron y que ya no tenían una segunda oportunidad.
¿Existía la oportunidad de evitar que la historia se repitiera? ¿Era eso lo que le trataban de decir esos recuerdos, como si se tratara de una advertencia?
Seguía diciéndose que todo eso no podía estar pasando por casualidad, que tenía que haber un motivo para eso, y llegado a la imagen del hombre que se parecía tanto a Martín, le asustaba la idea de que él pudiera estar en peligro.
¿Podía ser que la historia se estuviera repitiendo?
Pero era una amenaza que no podía identificar, porque en su sueño no sabía de dónde era Miguel, ni cómo había sucedido su muerte; no podía luchar o tratar de anticipar algo que no tenía un punto de origen específico.
Era como estar de manos atadas frente a algo que iba a golpear en cualquier momento.


Próximo capítulo: Decisión sin vuelta atrás










Las divas no van al infierno Capítulo 16: Jueves




El programa del miércoles 05 comenzó con una sensación de ansiedad generalizada, gracias a que el programa se convirtió en tendencia en las redes sociales desde la mañana, cuando un reportaje sobre el concurso en un programa misceláneo a las cuatro de la tarde ahondó en la competencia y los perfiles de las competidoras.

—Las cosas están funcionando como lo esperabas.

En la oficina de Kevin, Sandra estaba analizando los datos entregados por la consultora de redes; del otro lado del escritorio, el productor jugaba con un abrecartas.

—Lo que anunciaste que sucedería está pasando —comentó en voz baja—, la gente en las redes está empezando discutir acerca de las chicas y tomando partido por ellas.
—Pero no te veo satisfecho —observó ella.
—Sí, lo que ocurre es que necesito algo más —apuntó él—, hay algunos anunciantes en espera para hacer contratos con el programa, pero no han firmado.

Ella aún no estaba por completo segura de que la chica que suponía era la elegida por el para ser la ganadora, pero no podía seguir presionando; su carta bajo la manga aún estaba en camino, y si era de lo que se imaginaba, podría usarla para manipular a las competidoras de una forma mucho más eficiente. Para calmar a Kevin y no llamar la atención tendría que jugar una sorpresa.

—Podemos revolver un poco los medidores si así lo quieres; puedo hacer una llamada tendremos una sorpresa en las votaciones.

Kevin había ordenado que un equipo cuidadosamente camuflado mantuviera perfiles falsos en las redes sociales; estos funcionaban como personas comunes que participaban de ellas, pero lo cierto es que era una farsa: un grupo de expertos en redes conectados, con acceso a decenas de cuentas cada uno, preparados para votar por quién él quisiera elegir como inmune, listos para dejar en lo más bajo a quien él decidiera poner en peligro de eliminación. Y al tratarse de perfiles sociales aparentemente reales, estas personas ganaban seguidores de forma paulatina, a diferencia de los perfiles automáticos.
Una palabra, y él decidía todo.

—¿Cómo va eso de hacer explotar a una de las chicas?
—Oh, eso está en su punto —replicó ella.
—Perfecto, en ese caso une ambos asuntos, que los temas estén relacionados.

2


Equilibrio era la palabra del día y Márgara sabía exactamente qué hacer; buscó entre las cosas que había traído al canal unos stilettos de color rojo encendido y los calzó, sintiendo cómo los pies se acostumbraban a la forma de los zapatos. Su prueba era con banderas, de modo que podría desplazarse con comodidad por el escenario, pero como tenía la idea de resultar muy llamativa, pidió a los tramoyas que fabricaran una pasarela angosta y alta. Lo suficientemente alta cono para parecer arriesgada, pero con las medidas perfectas para desplazarse con toda tranquilidad y sin riesgo de caerse.

—Con esas medidas es perfecta —indicó con una sonrisa—, y no olviden que en el extremo debe tener una rosa roja, es muy importante. Ahora voy a maquillaje.

Dejó a los tramoyas trabajando según sus indicaciones, y fue de inmediato a maquillaje.

—Buenas tardes, necesito un poco de espacio por favor.

El cuarto de maquillaje estaba lleno en ese momento, y varias de las chicas miraron con escepticismo a través de los reflejos.

—¿No ves que estamos ocupadas? —preguntó Jazmín.

Márgara desplazó la mirada de unas a otras, como si no comprendiese lo que estaba sucediendo.

—Pero yo necesito maquillarme, es una parte fundamental de mi presentación.
—Y yo necesito que no se me caigan las extensiones de cabello —comentó Lucine desde un costado, con un falso tono divertido—, pero ya sabes lo que dicen: no se puede tener todo en esta vida.
—Márgara —intervino una de las maquilladoras—, si quieres, puedes esperar en el cuarto pequeño que está al lado, y cuando alguien se desocupe irá a ayudarte.
—¿Ayudarme? —exclamó ella, descolocada—. Tengo que hacer una presentación muy importante, el maquillaje es vital y tiene que estar listo lo más pronto posible, porque debo ensayar con él ¿Cómo puedo estar esperando? ¿Tendré que hacer esperar al público en su casa, en el estudio?

Valeria fingía estar revisando sus uñas mientras la maquilladora aplicaba el corrector con un aplicador especial, pero lo cierto es que estaba escuchando todo con lujo de detalles; había sospechado que Márgara era una chica un tanto extraña, pero hasta el momento le resultaba difícil saber cuál era su defecto. En principio parecía amable, simpática, pero a medida que la escuchaba hablar en distintas situaciones notó que era lista y manipuladora, algo que a su juicio quedó claro cuando puso de manifiesto que Charlene había usado un concepto para presentación antes que Lisandra; pero aún con eso sentía que había algo más, que su principal defecto no era tratar de parecer un ángel cuando en realidad era una víbora, sino algo más.
Y al verla en la sala de maquillaje, de pie mientras todos trabajaban de Forma ardua sin poder entender que simplemente tenía que esperar, comprendió cual era su problema: Márgara no soportaba no tener la razón; entonces era el momento perfecto para atacar y hacer daño.

—Chicas, sean un poco más comprensivas con Márgara — comentó con tono de absoluta bondad —, ella está un poco ofuscada por lo que pasó en las redes sociales, es natural que se sienta un poco insegura.

La aludida reaccionó como si la hubieran pinchado.

—¿Qué pasó en las redes sociales? No podemos usar redes sociales los días de programa, nos advirtieron eso.
—No, no, lo decía por lo que está pasando ahora, porque no lo sé — levantó la vista y la miró a través del espejo — Perdona ¿No lo sabías? Hoy en el matinal hablaron un poco sobre el programa y mostraron algunos comentarios en las redes sociales, creo que era en Verter y como no hablaban muy bien de ti, creí que eso te tenía un poco nerviosa.

Había puesto Una expresión perfecta de inocencia con un toque de confusión; llegada a ese momento, las cámaras serían sus mejores aliadas, porque en vez de mostrarla molesta, les dirían a todos que ella intentaba ayudar y cometió un error sin darse cuenta. Márgara no pudo evitar que su expresión mostrara que estaba confundida.

—¿Qué? ¿Por qué alguien iba a hablar mal de mí? ¿Por qué nadie me dijo?

Charlene se hizo la desentendida, aprovechando que en ese momento le estaban aplicando una sombra de ojos con glitler que la obligaba a mantener los párpados inmóviles, pero por dentro se moría por ver esa escena. ¿Así que la máscara de bondad de la princesita se estaba cayendo y estaba quedando al descubierto? Pues muy bien, eso era sólo lo primero que le iba a pasar si no la echaban del programa esa misma semana; incapaces de guardar chismes, algunas chicas eran muy útiles a sus objetivos, y en particular lo fue cuando una de ellas terminó por contarle que la doble de Lana había estado diciendo que ella robó la presentación de Lisandra.
Lo había hecho, en parte; se había asegurado de humillarla cambiando en el último momento la canción escogida por la que sabía que iba a usar, pero estaba convencida de que nadie iba a notarlo. No había cámaras en el pequeño cuarto de maquillaje donde el bailarín había soltado la información, y para cubrir todas las apariencias, hizo todo un teatro hablando con personas de vestuario y Su equipo de baile, diciendo que estaba insegura con su elección; hasta se disculpó con los bailarines por cambiar la canción a última hora, pero de algún modo ella lo había descubierto.
O tal vez no la descubrió, sino que hizo Una asociación de ideas; de cualquier modo, no se había dado por aludida, pero ya era hora de hacerla pagar.

—No, Márgara — dijo Valeria con un toque de alarma en la voz —, no estaban hablando mal de ti, eran comentarios de algunos usuarios, eso es Todo.

La chica volvió a mirar en todas direcciones, como si de alguna forma esperara que alguien desmintiera lo que Valentina había dicho; pero el resto de las personas en esa sala de maquillaje habían optado por el silencio o seguir trabajando sin prestarle atención.

—Entonces era eso — aseguró con voz que contradecía la seguridad que intentaba demostrar —. Siendo así, no hay nada de qué preocuparse ¿No es así? Iré a preparar algunas cosas mientras se desocupa un lugar.

Salió rápido de la sala de maquillaje, casi chocando con uno de los camarógrafos que pasaba siguiendo los pasos de otra de las chicas a quien no pudo identificar; desde algunos días atrás había olvidado las cámaras, y sentía que eso era bueno porque significaba que ya estaba cómoda, en su ambiente. Pero, al estar en esa situación, donde alguien acusaba que había ocurrido algo como eso, nada menos que una queja o un mal comentario en su contra, sintió que la habían tomado por sorpresa, y que todas esas cámaras eran intrusos en una situación que no entendían de forma correcta. ¿Por qué alguien hablaría mal de ella? Había sido escogida como la favorita del publico y sus estadísticas iban en ascenso, no tenia sentido algo como eso.

En Tanto, Lisandra estaba trabajando en lo que esperaba fuera la mejor presentación que había hecho hasta el momento: su concepto para trabajar el equilibrio en ese día era Telas, y eso de inmediato la transportó a espectáculos de circo que había visto en televisión.
Su conversación con Jaime la había ayudado a replantear algunas cosas sobre su permanencia en ese concurso; era cierto, no podía estar esperando a que los demás valoraran su esfuerzo, tenía que ser ella quien les demostrara con hechos de lo que era capaz. Que podía producir y presentar un espectáculo que los sorprendiera a todos por estar bien desarrollado, por una puesta en escena inteligente y con significado, no solo algo efectista. Pidió a los asistentes que hicieran una escalera en semi circulo y fue de inmediato a vestuario a conseguir telas en color blanco, celeste, azul y verde, las que se dedicó a entrelazar como una Trenza en un inicio, para luego dejar caer con libertad; haría una cascada que cayera sobre la escalera y bailaría una melodía clásica sobre ella, demostrando que no solo la música bailable daba buenos resultados.

Una vez comenzó el programa, Aaron Love fue hacia la sala acondicionada en donde estaba Sarki, la estrella invitada del programa. Acompañado de cámaras, el hombre lucía perfecto para la cámara, y la saludó con una gran sonrisa.

—Sarki al fin nos vemos cara a cara en este programa ¡Hemos estado tan ocupados!
—Te he visto con las manos llenas —comentó ella, con una mirada cargada de picardía —, no lo tomes a mal, me refería a que tienes un ramillete ahí en el escenario ¿No es así?

El hombre mantuvo la sonrisa ante la cámara, aunque internamente se recordó redoblar los esfuerzos por evitar que ella usara cualquier cosa en su contra, como esa sutil broma; pero con el programa al aire no era momento para esas cosas.

—A veces creo que soy demasiado afortunado por estar en este programa y tener la oportunidad de ver a estas chicas Tan Talentosas ¿Piensas que la lucha por ser Tu sucesora será muy ardua ¿
—Oh, realmente no espero que ninguna de ellas sea mi Sucesora — replicó ella con una amable sonrisa.

El conductor del programa hizo el acostumbrado asentimiento que hacía cuando todo iba bien en la conversación, sin demostrar que en el oído el director le estaba gritando que cambiara el tema porque ella lo estaba arruinando. Sarki no usaba soro, pero como si hubiera adivinado el efecto de sus palabras, siguió tras una pausa casi imperceptible.

—No me gustaría que ellas siguieran mis errores o desaciertos ¿Sabes a lo que me refiero? Estos son tiempos de ir por eso que tanto quieres de una forma nueva, tomar ese lugar que está esperando y hacer lo que corresponde. Y sé que ellas se están haciendo poderosas, que están tomando este desafío y harán todo lo que puedan para llegar tan alto como se lo merezcan.

Hacia el final había añadido un toque de emoción en sus palabras; nuevamente, sin decir algo concreto, se quedaba con la razón en todo.

—Siempre eres tan certera, estoy seguro de que esto es algo que nuestro público y las chicas valoran ¿Sabes que tu sección fue lo más comentado el programa anterior? La gente no para de elogiarte, y tienen razón en hacerlo.
—Oh, son unos aduladores tan irresistibles — comentó ella, con una risilla —, todos mis seguidores saben que mi corazón es de ellos.
—Así es. Y hoy el desafío de las chicas es sobre equilibrio, tendrán que mantenerse firmes sobre algún tipo de escenario que será algo difícil ¿Qué consejo podrías dar?
—Bueno, eso realmente es un desafío grande — comentó ella, reflexionando —, así que lo que podría decir es que recuerden en todo momento que el futuro está hacia adelante y que nunca dejen de mirar en esa dirección.

Terminó la oración apuntando a la cámara con un gesto elegante con una de sus cuidadas manos, en ese momento adornada por uñas color rubí. Aron Love se despidió de ella y regresó al estudio para avanzar con el programa.
La jornada fue intensa y no exenta de accidentes; con un público enardecido, el conductor del programa se mantuvo todo el tiempo en el tope Máximo de la emoción, felicitando a cada una de las chicas por su dedicación y esfuerzo en la presentación, e ignorando por completo cualquier falla que hubiesen cometido. Por otro lado, la participación del público en las redes sociales se mantuvo alta desde la etapa en que se captaban los movimientos de las participantes antes del programa, por lo que Love no escatimó en agradecimientos para las personas en su casa y estuvo mostrando diversas reacciones entre las presentaciones y antes de las pausas publicitarias.
Cuando finalizó la ronda de espectáculos de las veintitrés competidoras, el llamativo conductor del programa se ubicó al centro del escenario y sonrió ante las cámaras, que estaban por completo en él.

—Gracias por seguir con nosotros, y quiero también agradecer a cada uno de ustedes por hacer de siempre divas el programa número uno en redes sociales el día de hoy; nos encanta que nos vean, que disfruten de las espectaculares presentaciones de nuestras participantes y las apoyen con sus comentarios. Ustedes son la razón por la que ellas están aquí, así que no dejen de animarlas y aconsejar en lo que creen que pueden mejorar.
Y hablando de eso, Tenemos a la primera ganadora de esta modalidad de concurso: En este momento en pantalla pueden ver el nombre de la afortunada ganadora de dos entradas para la función de premieres de “Conquista en la ciudad” la película que explora las aventuras de Mandy, la sensual reportera que siempre está a la moda. En seguita veremos su comentario y cómo una de nuestras chicas lo siguió al pie de la letra en nuestra emisión pasada.

Tan pronto terminó de hacer ese anuncio, las luces cambiaron un poco hacia más oscuro y la cámara central se acercaba a él; esto ayudado por la música dramática daba luces del inicio de la etapa más esperada del día.

—Bien, pediremos a nuestras fabulosas chicas que entren y saluden a Todos. ¡Un Fuerte aplauso para ellas, que lo han dado todo en el escenario! Ahora es momento de dar a conocer las votaciones de hoy, y están muy reñidas, sabemos que ustedes no quieren que ninguna se vaya a casa. Comenzaremos por la votación en el estudio, que ha elegido como la presentación más divertida a nuestra querida Valentina.

Valeria había disimulado a la perfección que durante su tiempo en escena se había torcido un tobillo; su idea había sido apostar por la comedia, simulando estar a punto de perder el equilibrio sobre un armado que aparentaba ser un velero. Pero para que todo resultara, nadie podía saber que había fallado su equilibrio, y escuchar su nombre fue como un analgésico para el dolor; cuando la cámara enfocó, Sonrió con auténtica sorpresa y agradecimiento, haciendo un gesto hacia el público a través de la pantalla.

—Como saben, nuestra ganadora tendrá una presentación adicional el viernes para su beneficio, y eso le permitirá acumular más votos para ella. felicitaciones Valentina. Ahora, usando el hashtag de su favorita, nuestro público ha determinado que las ganadoras de premios de nuestros auspiciadores son Marina, Karin y Analie; ellas se llevan a casa un set completo de productos para el cuidado del cabello, cortesía de nuestro auspiciador Potente, porque tu cabello eres tú.

Lisandra había sentido pánico al ver a Alma caerse en el escenario y se esforzó mucho más por no cometer el mismo error; se sentía confiada, quizás no para ganar el día, pero sí para superar a otras. Su presentación estuvo libre de fallas y ese era su momento.

—Ahora diré las tres votaciones más bajas del día de hoy, que quedan en zona de eliminación para el viernes —anunció el conductor con seriedad—. Y las nominadas son Lisandra, Carol y Rebecca.

Lisandra sintió que se le iban los colores del rostro. ¿De nuevo? ¿Otra vez entre las menos votadas? Pero dos de las otras chicas se habían caído, mientras que ella lo había hecho muy bien. ¿Por qué otra vez la nominaban?

—Y ahora —seguía el conductor—, el momento más esperado por todas, conocer a la elegida del público, que será inmune en la votación del viernes y además asegura de inmediato otra semana en competencia. La elegida por ustedes es Charlene.

Mientras la rubia ahogaba un grito de sorpresa ante la mención, Lisandra no pudo sostener la sonrisa; esa elección era la peor posible, un ejemplo demasiado claro sobre una Forma de votación que ella no compendia.

—Charlene, acércate por favor —siguió el conductor con la emoción plasmada en la voz—, te veo muy contenta con el resultado de la votación del público.

En esa ocasión no necesitaba fingir algún tipo de emoción porque de verdad estaba sorprendida y feliz; estaba preocupada de las consecuencias de las malas palabras de Márgara, pero nada la había afectado, y aún más, se había destacado como la favorita de todos. Eso significaba que tendría que preparar algo memorable para que el viernes su presentación fuera la más comentada y acumulara votos desde ya.

—Estoy tan sorprendida —dijo al acercarse a Aaron—, esto no lo esperaba, y es tan maravilloso.
—¿Tienes alguna idea sobre qué harás el viernes?
—¡Ninguna! —Replicó ella con una risilla un tanto aguda—. Estoy tan asombrada, pero les prometo que no van a olvidar lo que haré, en serio.

Aaron Love le dio las gracias a Charlene y se dirigió de nuevo al público.

—Eso es alegría y entusiasmo, y sé que muchos están acompañándote desde sus casas en este momento tan importante; recuerden amigas y amigos que no todo está dicho: Charlene es inmune a la eliminación el viernes próximo, pero nadie puede descuidarse porque todo puede cambiar en cualquier momento.
Recuerden que nuestras tres votaciones más bajas tendrán que hacer una presentación con el doble de pasión para poder remontar, pero además las restantes participantes no pueden descuidarse un solo segundo. Sigan comentando en nuestras redes con el hashtag de su favorita, descubran más contenido especial y las repeticiones de los mejores momentos del programa, y nos veremos nuevamente en dos días. Gracias a nuestro ferviente público, a los maestros, a nuestra maravillosa Sarki, y nos despedimos por hoy en Siempre divas.

El público aplaudió mientras las luces se apagaban, y Lisandra aprovechó la momentánea oscuridad para apurar el paso y llegar a la zona de trabajo antes que el resto.
Otra vez nominada, otra vez dentro de las menos votadas, y lo peor era que de todas era la única que se repetía, mientras que las demás habían rotado. No era grosera, no discutía, se esforzaba al máximo y tenía una actitud positiva, pero de todos modos seguía siendo invisible para el público ¿Acaso alguien no notaría que ella se encontraba de nuevo en riesgo de eliminación y por segunda semana seguida? ¿Estaría sirviendo eso para que en ese preciso momento se burlaran de ella en las redes sociales? ¿O era tan invisible que hasta eso resultaba improbable?

Se ató el cabello a la altura de la nuca, tomó un cambio de ropa y corrió al vestuario para cambiarse con rapidez; se dio el lujo de vestirse a la rápida, de disfrutar las zapatillas en vez de los tacones, salió y guardó rápido.

—Tan apurada, Lisandra.
—Es que tengo mucho que ensayar, no me puedo quedar de brazos cruzados.

Hizo una despedida rápida y salió; bien, había logrado disimular lo suficiente para que no se viera su frustración, y al mismo tiempo darse prisa para no toparse con Charlene. Sólo escuchó su aguda voz a cierta distancia, pero se dijo que no era tan importante, que era recompensa suficiente poder salir de ahí y no tener que soportar sus gritos y la forma en que haría patente que había sido la elegida por el público; salió del canal con una fuerte sensación de frustración, porque hasta el momento sentía que una y otra vez las cosas salían mal, como si de alguna forma todo conspirara en su contra para que, pese a lo que intentara, siguiera en la misma situación.
Otro viernes de eliminación, otro viernes de sentir que estaban a punto de terminar con su sueño.

3


Charlene llegó tan contenta a su departamento que llamó a Harry por el trayecto y le dijo que llegara de forma disimulada al edificio.

—Pasa —le dijo tan pronto como él tocó el timbre—, estoy feliz, tan feliz que casi podría abrazarte. Pero no lo haré.

Soltó una risa alegre y sincera tras cerrar la puerta; el hombre fue hasta el refrigerador y se quedó contemplando el contenido.

—Dónde dejaste mis cervezas? ¿Por qué hay tantas cosas verdes?
—Las escondí al fondo porque no quiero que alguna visita piense que me gusta beber de esa manera —replicó ella haciendo una pose de modelo—, y no son “cosas” verdes, son ensaladas y productos saludables para mantener esta silueta de diosa con la que me gané mi primera inmunidad.

Harry, que ese día iba de celeste, se sentó en el sofá y abrió una lata de cerveza.

—Estoy sorprendido.
—Gracias —su expresión cambió por una de sorpresa—. ¿Cómo que sorprendido? ¿Por qué no me estás felicitando?
—Porque estoy más sorprendido que contento —explicó él mostrando una gran sonrisa—. No entiendo por qué ganaste.
—Porque fui la mejor, obviamente —pronunció ella—, no entiendo qué clase de asistente dices ser.

Harry hizo un gesto simbólico de brindis hacia ella.

—Tenemos algo en común, los dos no entendemos algo — se encogió de hombros —, pero tienes razón en que soy tu asistente, así que ¡Te felicito por tu triunfo! Eres la mejor por un día y la inmune por otro, enhorabuena por tener este éxito.
—Solo era cuestión de tiempo —dijo ella con tono académico—, la gente sabe lo que es bueno.
—Y haber estado dando lástima en pantalla puede haberte empujado un poquito hacia arriba —observó el hombre haciendo comillas con los dedos—, pero no nos distraigamos en esa clase de tonterías en este momento. Mejor dime qué es lo que piensas hacer en esa presentación que tienes el viernes.

Charlene fue hasta el refrigerador y sacó una fruta; su mente estaba en muchos sitios en el instante, menos en pensar en una presentación.

—No sé, algo se me va a ocurrir. Pero estaba pensando en otra cosa, en lo que me dijiste más temprano.
—Se te está abriendo el apetito, chica con suerte —observó él, divertido—, puedo hacer muchas sugerencias ahora mismo, pero algo me dice que esa retorcida mente tuya ya pensó en algo.
—Es bueno que sepas que soy yo la que toma las decisiones —la chica se sentó frente a él como si el sofá fuera un trono—, escucha, estuve viendo a algunas chicas famosas, y sé que muchas de ellas promocionan mallas de maquillaje o esas cosas, es algo obvio. Pero yo quiero marcar la diferencia ¿Entiendes? Así que lo que quiero hacer es ayudar a alguna fundación o algo parecido donde trabajen con niñas y enseñarles a ser estrellas, jugar con maquillajes y eso ¿De qué te ríes?

El hombre había dejado la cerveza en la mesa de centro y se sujetaba el estómago mientras luchaba por no ahogarse con el trago por causa de la risa.

—¿De qué? Charlene, tú odias los niños.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque basta con verte —explicó él, muy divertido—, es obvio que no te gustan los niños, y no es una crítica, yo lo entiendo porque los críos generalmente son ruidosos, sucios y molestos.
—Bueno, eso no importa, no te pongas melodramático —replicó ella, quitando toda la importancia al tema—, lo que importa es que es una idea muy buena, solo tienes que encontrar un lugar que sea discreto y pequeño, esto tiene que ser como esas famosas que apoyan a una fundación y nadie lo sabe ¿Cómo era ese dicho que usaste?

Harry recuperó la compostura y volvió a tomar la lata de cerveza.

—Invierte y pronto recibirás. Bien, entonces si esas son las órdenes de la reina ¿Quién soy yo para oponerme? Vamos hacia adelante, el triunfo nos espera.


Próximo capítulo: Once de marzo

Contracorazón Capítulo 17: Tiempo atrás




A diferencia de otras veces, en esa ocasión podía ver con claridad lo que estaba sucediendo; los recuerdos lo envolvieron en silencio, como un manto transparente que cambiaba toda su visión del mundo.
Era un día importante.
Había habido otros antes, pero ese tenía un significado muy especial; sintió un creciente nerviosismo por la mañana, mientras se preparaba para dar ese importante paso.
Tranquilo, se había repetido una y mil veces.

Su vida había estado marcada por los secretos, muy a su pesar; el primero de ellos, sobre quién era, y eso fue una carga constante en su día a día. Al final, se consoló con el mal de los muchos, diciéndose que así era el mundo, que su caso no era especial, ni siquiera único, y que por tanto no valía la pena pensar que las cosas debían ser de otra manera.
Muchas veces se sintió solo, y se dijo que estaba bien, que era el precio que le había tocado pagar en esta vida por ser quien era y no doblegarse; tuvo tantas oportunidades de negarse, de mentirle al mundo y a sí mismo, sepultando para siempre su verdadera naturaleza. Tantas veces se dijo que quizás sería mejor así, que a la larga encontraría paz en esa mentira, porque una vez dicha, ya nadie lo atacaría, no existiría el peligro constante a su alrededor.
Pero no pudo.
La idea de involucrar a alguien más para justificar su mentira se le hizo intolerable ¿Dañar a alguien inocente solo para salvarse él? No pudo, era imposible para él hacer algo como eso, por lo que tomó la decisión más difícil, ser completamente sincero con los suyos, rogando en su interior por un poco de comprensión.
No tuvo la comprensión, ni el apoyo de hubiera querido, pero a eso también se resignó; obligado al secreto, lo único que lo confortaba era saber que había sido honesto consigo mismo, que no se había traicionado.
Entonces lo conoció, y por primera vez sintió que algo en su vida estaba bien. Una amistad sincera en un principio, y luego ese nerviosismo exquisito, el sentimiento de anticipación cuando la tensión entre ellos era inevitable, pero ninguno se atrevía a decir lo que estaba pensando.
Aquellos momentos de complicidad, las miles de veces que hablaron de tantas cosas y cómo esas sensaciones evolucionaron poco a poco en un sentimiento real; antes de eso sentía pánico de ser descubierto, y cuando supo que lo que sentía era algo total, fue la primera vez que el concepto de secreto tomó un valor positivo para él. Le hacía bien su presencia, lo extrañaba cuando no estaba, y disfrutaba cada momento en su compañía; pero nadie le enseñó qué hacer en ese tipo de situaciones o arte esos sentimientos, lo que hizo que sintiera miedo de lo que podía pasar.
Cuántas veces se preguntó, solo en su cuarto, qué hacer y cómo abordar el tema. Muchas de aquellas veces terminó diciéndose que quizás lo mejor era dejar todo tal como estala, en vez de tomar el riesgo y arruinar esa amistad; resignado al silencio, decidió no hacer nada, hasta que las cosas sucedieron por sí solas.
Fue el primer día tan importante en su vida, uno que jamás olvidaría; de pronto, las cosas simplemente sucedieron, y de un momento a otro estaban muy cerca, mirándose de una forma limpia y sincera, dominados ambos por una energía natural que no admitía falsas interpretaciones.
Ese primer beso, torpe y sin experiencia, despertó en él toda una nueva gama de emociones que no conocía; supo lo que era no querer soltar jamás a una persona, y el temor de que esa descarga de energía no volviera a sentirse, así como la emoción de la confirmación al volver a tocar sus labios.
Conoció el latido de su corazón, y por un segundo todo entre ellos fue eterno, no hubo miedo ni dolor que fuera capaz de amenazar el lazo que se había formado entre ambos. Si eso era amor, sólo una persona demasiado vacía de sentimientos podía pensar que estaba mal.
Luego, tuvo que resignarse a un secreto, pero que tenía un sabor dulce; la recompensa por callar y ocultar era tener esos maravillosos momentos juntos. Nunca fue algo solo de cuerpo, aunque por supuesto que había algo ahí; era hablar de cualquier cosa, era reírse y discutir seriamente sobre los temas que les importaban, y también era guardar silencio por largo rato, paso poder mirarse y sentirse, para reposar recostados, abrazados sin que importara el mañana.
Tendrían que haber sido felices.
El segundo día más importante estaba también cubierto por un secreto. Era el día donde le diría que estaba listo para que se unieran para siempre; sabía que tendría que mentir al respecto, pero no le importaba. El mundo podía cerrar los ojos, y las personas podían odiar, pero lo que había entre ellos era puro, y sobreviviría a pesar de esos prejuicios.

Estar juntos en un espacio propio era lo más a lo que podía aspirar; no habría compromisos, ni festejos, mucho menos una noticia pública celebrada por los conocidos, pero no le importaba. Con el tiempo aprendió a quedarse con las cosas buenas por sobre las malas, y decidió que ese amor sincero entre ambos era algo que merecían, un regalo a pesar de la injusticia, no algo por lo que debieran pagar un precio.
Ya no le importaban las mentiras que tuviera que sostener, mientras estuvieran juntos para apoyarse; era su mundo, y dentro de él nadie podía lastimarlos.

Todo ardía alrededor. No entendía por qué y las razones ya no importaban, porque el presente los estaba destruyendo. Estaba de rodillas en un suelo que lo quemaba, sosteniendo entre sus brazos a la persona más importante, al único por quien haría y daría todo; su cuerpo estaba destrozado, podía ver la sangre y las heridas como un silencioso ejemplo de lo que estaba pasando ¿Quién podía ser causante de algo tan horrendo?
Podía sentir el débil pulso de su corazón, abandonando la lucha, y sintió un dolor como nunca antes, uno que lo traspasaba; rogó que fuera fuerte, e intentó decirle que iba a ayudarlo, que todo estaría bien, pero la verdad lo golpeaba de forma inevitable con la fuerza de un muro. Esos cortes profundos, esas heridas expuestas tenían un único significado, y supo al verlo, al tocarlo, que su cuerpo no lo iba a resistir, que el castigo por él sufrido era demasiado para soportarlo.
Pero no podía ser así, no podía terminar así; tenía que haber alguna forma de salvarlo. Lo miró a los ojos, y entendió que en su infinito dolor había alcanzado la comprensión de la agonía, y que estaba en paz con ello.
Con los ojos inundados en lágrimas lo miró, desesperado, suplicando que no sucediera, que ese terrible acto no lo arrebatara de este mundo; que pudiera salvarse a pesar de ser imposible. Supo en ese momento que ese ferviente deseo no era por egoísmo, sino por amor; no quería que lograra salvarse para tenerlo consigo, quería que se salvara porque era lo correcto, porque se trataba de un buen hombre que no merecía que su vida fuera destrozada de esa forma.
Lo amaba con todo su ser, pero de ser necesario no lo quería para él; si era suficiente con eso, se sacrificaría en su lugar, y con gusto cambiaria lugar con él, para preservarlo. Se iría de este mundo con una sonrisa en el alma si era posible salvarlo a él.

«Recuérdame, cuando nuestros corazones se unieron.»

Rafael no necesitaba tomar nota de nada, a diferencia de alguna ocasión anterior; nunca iba a olvidar ese sueño, a partir de ese momento estaría grabado a fuego en su mente como una escena imposible de borrar.

Nunca había sido solo un sueño.
Había estado viniendo a él poco a poco, desde hacía tiempo, y ahora todas las piezas encajaban en esa secuencia, que como una vista en primera persona daba sentido a esas sensaciones que antes no tenían explicación. Cuando despertó en la noche, gritando, se vio obligado a reprimir los sentimientos que lo embargaban para disimular frente a Martín y evitar que se inmiscuyera. De eso no podía hablar con él.
Pero cuando tuvo un poco más de soledad, ya no fue necesario mentir, porque nadie podría ver ni oír lo que pasara en el departamento; se derrumbó, atenazado por la presión de todo lo experimentado como si estuviera en primera persona, como si realmente le estuviera sucediendo a él, porque de una u otra forma, eso le estaba pasando.
Derrotado, se sentó en el borde de su cama, y sin fuerzas para resistir, lloró. No era un hombre de llorar con facilidad, y quizás eso hizo más lacerante el proceso, porque la energía del dolor lo lastimaba desde dentro en vez de ser un acto de sanación; se abrazó a sí mismo, encogido sobre su cuerpo, sintiéndose débil y roto en un momento en que nadie podía ayudarlo, y de seguro nadie podría entenderlo.
¿Cómo explicar que eso que estaba pasando era real, a pesar de no haberle pasado a él?
Estuvo largos minutos en la misma posición, esperando sin éxito que ese desasosiego pasara, pero no sucedió, y tuvo que resignarse a seguir experimentado la misma sensación; más tarde, logró incorporarse, aunque se quedó sentado en la cama, inmóvil mirando a la nada.

Los recuerdos lo envolvían.
Solía haber amor y lo encontró junto a alguien que lo amaba con la misma intensidad. Pero no, no era él, se trataba de otra persona, alguien que existió mucho tiempo atrás, alguien que de alguna forma podía entender, con quien tenía una conexión imposible de ignorar.
¿Quién era esa persona sin nombre?
Tenía que identificarlo, tenía que asignarle un nombre en su mente, o las similitudes acabarían por volverlo loco; se dijo que necesitaba saber que era alguien más, que, aunque el desvaído reflejo en el espejo insistiera en hacer que se reconociera a sí mismo, no era él.

Miguel.

El nombre surgió de forma espontánea en su mente, y al pensar en él de esa forma sintió un asomo de tranquilidad; él era Rafael, y ese hombre cuyos recuerdos estaba viendo como un intruso sin autorización, era Miguel.
Ese hombre existía, no era un producto de su imaginación; no era una maquinación de su mente, ni producto del estrés. Era un hombre, o al menos lo había sido.
Un hombre que había enfrentado el odio o el rechazo de su familia, así como el temor de ser descubierto ante una sociedad que no podía o no quería entenderlo; él no había vivido nada de eso, era afortunado por haber nacido y crecido en una familia que lo apoyó en sus decisiones y nunca lo hizo sentir rechazado o distinto de forma alguna. Mil veces fue afortunado por tener a su alrededor a personas que le enseñaron a ser fuerte, pero Miguel no había vivido de la misma forma; Miguel había estado solo en contra de un mundo que no lo entendía ni lo dejaba vivir, y aún con eso en contra, había tenido la enorme suerte de encontrar a alguien con quien nació el amor. Porque ese sentimiento tan fuerte, esa pasión y el arraigo solo podían ser signo de amor verdadero, una emoción completa que era más importante que todo; también tuvo el valor de asumir el desafío de vivir ese amor, porque ocultarlo no era una muestra de debilidad, sino un acto de rebeldía contra el mundo que intentaba cortar sus alas.
Ese hombre a quien no conocía había tenido una vida difícil, pero en vez de rendirse, había luchado con todas sus fuerzas hasta lograr formar algo con alguien; en un mundo lleno de odio, conoció el amor.
Pero ese hombre ya no estaba. Se había enfrentado a la peor situación posible, porque sin previo aviso, una tragedia había desolado su vida; había alcanzado a sentir junto a su cuerpo el último latido del corazón de alguien a quien amó con todo su ser, y sufrió el horrible sentimiento de la pérdida cuando esa vida se escurrió entre sus dedos. Y ahí, en medio de destrucción y el infierno pleno, se abrazó a esa persona tan amada, haciendo un último juramento; juró que encontraría la forma de salvarlo de las garras de la muerte.
Temeroso de que sus ojos pudieran traicionarlo, Rafael fue hasta el baño y contempló su imagen en el espejo, en medio de la penumbra de su departamento; era el mismo de siempre, nada había cambiado su forma de ser ni su aspecto, lo que significaba que en el exterior nada había cambiado.
Pero el hombre cuyos recuerdos había visitado sin proponérselo era tan real como él; la diferencia entre ambos era él estaba ahí, mientras que Miguel estaba muerto; ese hombre a través de cuyos ojos había visto con tanta claridad había muerto, aferrado al amor de su vida, quien había muerto momentos antes.
Y, sin embargo, sus recuerdos seguían ahí, vivos en él.

2


Rafael tuvo que hacerse ánimo de retomar su vida diaria aparentando normalidad a pesar de lo sucedido la noche anterior. Tenía que ir donde su hermana ese domingo, pero lo habría eliminado de la agenda si no fuera porque eso desataría sospechas; de cualquier modo, lo único que podía hacer era ser fuerte y asumir ese día como un desafío, agradeciendo de cierto modo que tenía algunas horas para adaptarse y regresar al trabajo aparentando que todo estaba bien.
Sin ánimo, volvió a poner el programa de cocina donde el chef explicaba paso a paso todo lo necesario para el platillo, y dispuso los ingredientes que había procesado con anterioridad; trabajar en ello de forma metódica lo ayudó a centrarse, y aunque no disfrutó el proceso como habría sido en otras circunstancias, pudo decir que el resultado era correcto y ayudaría en su plan.
Mientras iba en el metro con la bandeja metálica muy bien envuelta, pensó con detenimiento en cómo iba a enfrentar esa reunión sin llamar la atención, y se puso manos a la obra tan pronto llegó.

—Hermanito, pasa por favor.

Durante la semana la casa de la pareja había vuelto a la normalidad casi por completo, ya que los padres de Mariano habían terminado su visita y a partir del miércoles, Magdalena estaba de regreso en su trabajo, mientras que el afectado estaba con reposo solo hasta el domingo.

—¿Cómo está el herido? —preguntó Rafael al entrar.
—Recuperado —exclamó Mariano desde la sala. Te estoy escuchando.

Magdalena revoleó los ojos.

—No pierde oportunidad de decir lo bien que está de la herida —dijo en voz baja—; cuando lo examinaron, el profesional le dijo que estaba casi perfecto, que sanaba como un chico de quince años. Si no fuera porque conozco a sus amigos, pensaría que él lo era
—Me alegro de que esté bien –comentó Rafael mientras entraban en la sala.
—Sí, tuvimos que amenazarlo los primeros días, pero cuando el martes el doctor dijo que el reposo no era absoluto, lo perdimos.

Mariano lucía de mejor semblante en esos momentos; Rafael diría que estaba un poco más delgado, lo que hacía sentido con los extremos cuidados en la alimentación luego de la herida.

—¿Cómo te sientes?
—Un poco aburrido, pero me las he arreglado estos días para no desesperarme; estuve cocinando y haciendo cosas de casa, pero con cuidado para que mi señora futura esposa no pierda la cabeza.

Se saludaron amistosamente, y los hermanos siguieron hasta la cocina.

—No tenías que molestarte –comentó Magdalena—, sabes que no necesitas hacer algo especial si vas a venir.

Ese día, Magdalena llevaba una tenida muy sencilla para estar en casa: pantalones deportivos, una camisa blanca y el cabello recogido en una coleta alta. Lucía contenta y animada, y eso era algo que ayudaba mucho con el humor de Rafael.

—No es molestia –replicó, quitando importancia al tema—, solo espero que me haya quedado bien, seguí las instrucciones al pie de la letra. Supongo que ahora no estás pensando en postergar el matrimonio ¿verdad?

Inicialmente había dejado el tema para cuando se vieran en persona, porque no sabía con exactitud cómo sería la evolución de Mariano, y al mismo tiempo era él quien había sugerido que se tomaran todo con calma, lo que lo obligaba a esperar. Pero en ese momento, dado el estado mental en el que estaba, era la mejor oportunidad para hacerlos hablar con todo detalle de la situación en la que estaban, así no tendría que hablar él.

—Tengo que reconocer que tenías razón cuando nos dijiste que lo mejor era esperar y no complicarnos por lo que pudiera pasar –admitió ella—; recién ayer Mariano y yo volvimos a hablar del tema ¿Me puedes creer que me amenazó con enojarse conmigo si yo tan siquiera proponía posponer la boda?

Mariano entró en ese momento en la cocina, con el ceño fruncido.

—Aún puedo oírte ¿Sabes?
—No estaba hablando mal de ti, cariño.
—¿Y qué fue lo que trajiste, Rafael? —preguntó él haciendo como que la despreciaba—. Yo iba a cocinar hoy, pero Magdalena insistió en que tú habías traído algo.

El aludido terminó de abrir el envoltorio de lo que traía consigo; el aroma de la preparación inundó la cocina.

Un pastel de carne, me encanta –exclamó Mariano—, déjame probar.

Pero Magdalena le dio un golpe en la mano cuando él trató de acercarla a la preparación.

—¡No!
—Ay cariño, ¿No ves que estoy convaleciente?
—Convaleciente cuando te conviene –lo reprendió ella—. No, vamos a esperar porque apenas es pasado del mediodía. Rafael, deja eso en el horno y lo vemos en un rato ¿Pasemos por favor a la sala?

Con Mariano resignado regresaron a la sala; ella sirvió unos aperitivos refrescantes sin alcohol, muy coloridos.

—Entonces todo sigue en pie para la boda ¿No es así?
—Sí, todo sigue en pie —confirmó Mariano—. Supongo que contamos contigo.

Rafael aprovechó de avisar algo que tenía en mente; se dijo internamente que hasta el momento iba muy bien, y debía mantener ese comportamiento.

—Por supuesto, ya tengo mi traje.
—Y no me dijiste –exclamó Magdalena, haciendo una mueca de enfado, aunque no era en serio—, podría haberte acompañado.
—Fue de improviso, en serio –replicó con tono liviano—, lo había estado dejando para más tarde una y otra vez, y un día solo salí a almorzar, me hice el tiempo y lo compré.

Eso era estirar la verdad hasta el límite tolerable, porque en realidad había sido su amigo Julio quien le había avisado de una tienda apropiada, y prácticamente lo obligó a ir de inmediato.

—Está bien –refunfuñó su hermana—, te perdono solo porque estos días han sido muy movidos para todos. No recuerdo si confirmaron tus amigos.
—Sí, hablé con ellos, pero Julio no va a poder venir –aprovechó la oportunidad para alargar el tema—. Nos reunimos hace algunos días para tomar un café, y estuvimos hablando de muchas cosas; julio está con mucho trabajo y precisamente ese día tiene una grabación en exteriores, así que como es el director del proyecto, es imposible que escape.
—Qué lástima –comentó ella—, tendremos eso en mente para invitarlo cuando hagamos algo.

Vio una mirada de extrañeza de Mariano y se preocupó ¿o solo era una idea suya?

—Perdón, pero tengo que preguntar —comentó como si no percibiera la mirada de su cuñado— ¿Qué estamos tomando?

Magdalena soltó una risa cristalina que llenó el lugar, e hizo que Mariano sonriera de forma automática al verla; esa sonrisa significaba que las cosas estaban mucho mejor en ese momento para ambos, pero además era una confirmación mucho más importante: ante cualquier clase de dificultad que enfrentaran, ellos se iban a tener el uno al otro y eso los ayudaría a seguir adelante.

—Ahora que te tomaste casi todo el vaso me lo preguntas. Es una infusión de té de jengibre con frutilla y mora; la hice hoy en la mañana ¿Qué te parece?

Realmente no le parecía de ninguna manera, porque apenas estaba percibiendo el sabor de la bebida; estaba nervioso y cansado, pero a fuerza tenía que mantener la máscara. Tenía que mentir a como diera lugar.

—Me encanta, el sabor es muy especial, y no es tan dulce. Podrías enseñarme la receta para hacerla en casa.
—Pero tú no tomas mucho té —objetó ella, un poco extrañada.

No, no lo hacía, pero en ese momento cualquier excusa era buena para diluir la conversación lo mas posible.

—Es cierto, pero si no tengo la idea tampoco me voy a motivar a hacerlo ¿No crees?
—Rafael tiene razón en eso —intervino Mariano_, recuerda que cuando nos conocimos yo no era muy dedicado a tareas hogareñas y ahora ¡Mírame! Soy un amo de casa hecho y derecho; los hombres también podemos evolucionar.

Rafael asintió con interés; vio de reojo la hora en el reloj de pared y comprobó que aún era muy pronto para almorzar, de forma que tendría que usar alguna otra estrategia.

—Escuchen, perdón por preguntar, pero en estos días no hemos hablado de esto ¿Hay alguna novedad sobre los delincuentes?

La expresión de Magdalena se contrajo, pero la de Mariano se mantuvo en calma.

—Hasta ahora no hay novedad —respondió él_, la denuncia está hecha y entregamos toda la información que pudimos, pero realmente no hay mucho; los hombres no tenían algo que yo recuerde con claridad, ni siquiera sé si los podría reconocer si los viera otra vez.
—Hablamos con un amigo de Mariano que es abogado y nos está ayudando en esto —complementó ella—, pero la verdad, a menos que aparezcan en otro robo y los atrapen, se ve complicado.

Rafael sabía que era una situación difícil para ambos, pero se alegraba de ver que la reacción de ella iba hacia la frustración de no ver un avance real en el asunto y no un estancamiento en el miedo inicial. El miedo podía paralizar.

—Vamos a tomarnos ese asunto con mucha calina —explicó Mariano—; lo estuvimos conversando mucho ¿Sabes? Es cierto que sería mejor si a esos sujetos los atraparan ahora mismo, pero no sabemos lo que va a pasar. No por nosotros, quisiéramos que los atraparan porque son un peligro público, pero no podemos hacer de esto un motor.
—Eso es cierto _exclamó ella con decisión—. Nosotros tenemos nuestros propios planes ¡No podemos dejar que los arruinen! Además, viendo cómo funciona la justicia, no tengo demasiadas esperanzas con este asunto; de momento preferimos vivir las cosas buenas, y como estábamos hablando antes, prepararnos para el matrimonio.

Era una gran oportunidad para ellos, y Rafael lo sabía con claridad; pese a todo, podía hacer un espacio para alegrarse de forma honesta por ellos, por ver que estaban luchando por sus sueños y que estaban determinados a seguir con su proyecto de vida, dejando de lado las adversidades.
Ojalá fuera posible hacer eso en todos los casos.
Resistió bastante bien todo el almuerzo sin que ellos sospecharan, pero eso hizo que se sintiera mucho más cansado cuando terminó su visita y se devolvió a su casa.
Desde la noche anterior, muchas cosas habían cambiado para él, pero una en particular había sido trastocada del cielo a la tierra, y nada nunca sería lo mismo.
Había asignado un nombre para el hombre en su sueño, para poder separar a su yo interno de ese yo que no era él. Lo llamó Miguel sin saber por qué, y cuando pensó en él como un ser independiente pudo sentir algo de firmeza bajo sus pies, evitando que la densa bruma del doloroso recuerdo lo envolviera sin salida.
Pero, con todo ese sufrimiento, con la angustia de sentir esos recuerdos como si los estuviera viviendo, no fue eso lo que más lo perturbó en esa jornada; pese a todo no fue el dolor ni el horror alrededor, sino quien estaba en sus brazos.
Porque, así como ese hombre que no era él era muy similar en aspecto, como una versión borrosa y fantasmal que se asemejaba demasiado a su propio reflejo en el espejo, quien yacía en sus brazos, quien había muerto mirándolo a los ojos, era aterradoramente parecido a Martín.


Próximo capítulo: Una muerte sin sombra