Maldita secundaria capítulo 10: Toda la verdad



Martes 16 Octubre
Sala de juegos Milenio

Dani entró a la Sala de juegos y se encontró con Hernán al fondo; juntos entraron en un reservado para juegos de estrategias.

—No sabía que jugabas.
—Cuando era más chico jugaba bastante, ahora me aburre. Pero no es para jugar.
—No te preocupes, de todas maneras me van mucho más los de disparos.

Quedaron un momento en silencio, pero Dani optó por romper el silencio con una sonrisa espléndida.

— ¿Y bien? ¿Cómo empezamos?
— ¿Qué es lo que quieres saber?
—Por qué es que tienes todas esas heridas.

Hernán se debatía entre decirle la verdad y continuar en silencio, pero había algo inexplicable en su interior que le decía que las cosas no eran tan sencillas.

—Te lo diré si me dices por qué es que estás haciendo ésto. No te creo que sea por amistad.
— ¿Y por qué no? No hay ninguna razón para que yo no quiera ser tu amigo.
—No tengo amigos.
—Lo noté, pero por alguna razón siento que todo está relacionado.

Guardó silencio, pero ya era tarde y sabía que había hablado más de la cuenta.

—Es por lo de los espíritus.
—Hernán...
— ¿Qué, tuviste una revelación o algo así?
—No te pongas a la defensiva.
—Entonces no te hagas el buen samaritano conmigo, no seas deshonesto.
—No estoy siendo deshonesto, esto no solo se trata de una cosa, todo tiene que ver. Mira, hay algo que necesito saber, pero si estoy hablando contigo es también porque me interesas, no comprendo porque te resulta tan difícil creerme.

Hernán frunció el ceño.

—No tengo la costumbre de creer en las buenas intenciones de las personas.
— ¿Y por eso es que te metes en peleas callejeras?

El rapado lo miró sorprendido por lo que acababa de escuchar. Dani se arriesgó a continuar.

—Cuando te vi con esos golpes me acordé de cuando llegaste con una mano herida, y no me parecería extraño que hubieras tenido alguna pelea, considerando que de nosotros eres por lejos el más fuerte y jamás le haces el quite a un enfrentamiento.
—Cállate.
—Pero algo no concuerda, y me refiero a que me parece improbable que alguien como tú sea golpeado tanto, así que creo que hay algo que falta, algo que no quieres decir.
— ¡Que te calles!

Hernán golpeó la muralla para hacerlo callar. El joven de la silla se sintió auténticamente asustado, aunque más que por su seguridad, porque hubiera cometido un gran error.

—Dime cómo es que sabes esas cosas.
—No las sé —respondió lentamente— solo he mirado con atención, y como te dije, me preocupas.

Por primera vez desde que lo conocía, Dani vio a Hernán un poco más real, un paso más allá de lo que se veía de él a simple vista.

—Todas las heridas no son por lo mismo, en eso tienes razón; en lo de las peleas también. Pelear me sirve para descargar la rabia que tengo.

Dani se quedó un momento sin aire.

—No... me estás diciendo que...
—Cuando peleo puede ser que me golpeen, pero no así.
—Pero no siempre respondes los golpes.

El rapado se sentó frente a él.

—No. No cuando es mi padrastro el que golpea.

La conversación había llegado demasiado lejos, pero aunque estaba sintiendo  escalofríos por lo que estaba oyendo, también supo que eso no era todo, y se enfrentó a la negativa de preguntar, que al final tuvo que vencer cuando apareció otra pregunta en su mente.

—Tú repetiste el tercer año, tienes edad para hacer un curso de dos años en uno, pero volviste a hacer tercero como los demás. ¿Por qué?
—Él me obliga.
—Y tu mamá no hace nada, por los golpes y...

Se quedó sin palabras; estaba comenzando a comprender. Hernán se resignó a continuar.

—Cuando mi padre murió hace tres años, dejó dicho en el testamento que el dinero estaría bajo el control de ella o algún tutor que designara, y entre varias  condiciones, una es que  tengo que terminar la secundaria  por el conducto regular, no en una nocturna o algo así. El tipo que se casó con mi madre la quiere, o está lo suficientemente interesado en el dinero como para tratarla bien y cuidarla, pero no puede disponer totalmente del dinero mientras  yo esté en el camino, y estaré en el camino mientras no termine la secundaria. Cuando la termine seré mayor de edad, ya no seré carga y ellos podrán vivir tranquilos.

El padrastro de Hernán lo golpeaba por no poder deshacerse de él; pero eso aún no explicaba porque ella  no hacía nada al respecto.

— ¿Que enfermedad tiene?
—Algo al corazón. Está con tratamientos, no le pasará nada, pero cualquier disgusto o emoción fuerte sería demasiado. No puedo matarla.

Dani hizo lo posible por recuperarse de la sorpresa; esos  eran los demonios de Hernán, esa era una de las siete razones de Matías.

—Oh, Hernán, no sabes cuánto lo...
—Oye, para —lo apuntó con un dedo— no me compadezcas, no soporto que me tengan lástima, sabes de lo que estoy hablando.
—Tienes razón, lo lamento. ¿Y qué vas a hacer cuando salgas  de la secundaria?
—Irme. Es la única solución; además siempre he sido conflictivo, ella estará más tranquila mientras más lejos me tenga y le diré algo clásico, que quiero ser independiente. ¿Estás contento?

Dani lo miró con auténtico cariño.

—No. No estoy contento, pero te agradezco que hayas tenido confianza en mí. Y no sé si estés interesado, pero más allá de los espíritus y todo por lo que estamos pasando, yo de verdad quiero ser tu amigo.

El otro no respondió a eso.

— ¿Y qué es lo tuyo?
—Estuviste ahí, sabes cuales son mis miedos y traumas. Hernán, solo una cosa más: aunque no te pueda ayudar, quiero que sepas que estoy aquí para ti.

Más tarde, Dani se reunió con Carolina en el café Misol. Era un lugar pequeño y bonito, y expedía un agradable olor a galletas caseras.

—Me preocupé cuando me llamaste Dani. Los demás deben estar retrasados.
—No lo están —respondió Dani con una sonrisa espléndida— ésta vez solo somos tú y yo.

Carolina se sentó frente a él y lo miró lentamente. Sonrió como excusa.

— ¿Por qué me citaste aquí?

Dani estaba resuelto a resolver todo lo más pronto posible; Hernán había sido el paso más difícil y lo sabía, pero por otro lado era claro que él no iba a hablar de la charla con los demás. Desde Carolina sería más complicado.

—Hay algo que me preocupa de ti, por eso es que te cité, porque necesito saber qué pasa.

Por un segundo vio como ella se sonrojaba ligeramente, pero se recompuso.

—No te entiendo.
—Es eso —respondió con naturalidad— me preocupas, quiero ayudarte si puedo, y si no, al menos quiero escucharte y darte mi apoyo. Es lo menos que puedo hacer después de lo que tú hiciste por mí.

Se miraron fijo unos momentos.

—Pero Dani, yo no hice....
—Ni digas que no, yo sé que sí. Gracias a ti estoy bien, porque tú hiciste lo mejor para evitar que me hicieran daño. Pero no estamos aquí para hablar de mí, sino de ti.

Eso fue más que suficiente; claramente Carolina necesitaba hablar.

—Las últimas épocas han sido duras.
—Debes sentirte muy presionada.
—A veces quiero llegar a casa, sentarme con mamá y abrazarla, y decirle lo nerviosa que estoy, o al menos mentirle y decirle que los estudios están muy pesados, pero no puedo.

"No puedo" no concordaba con la idea de mentirle.

— ¿Y por qué no puedes?
—Se trata de mi hermana menor. Tiene ocho años, y está en tratamiento por un grave accidente que tuvo hace tiempo. Falta muy poco para que termine, y va a curarse, pero mientras tanto, ella requiere toda la atención de los dos.
—Lo que te deja a ti sola.

Carolina lo miró de un modo extraño.

—Sí. Mi hermana está avanzando rápidamente en el tratamiento, y casi recuperó todo el movimiento de su cuerpo; se supone que en tres o cuatro meses ya estará bien del todo. Habitualmente no me afecta lo que pasa, además que amo a mi hermana, es solo que...

Dani terminó la frase por ella.

—Es que ésta vez te sientes superada, y quisieras ser tú la prioridad.
—Sí. Honestamente eso es lo que siento, pero se hace más complicado sentir esas cosas cuando amas a tu familia y sabes cuales son las prioridades.

Dani asintió; en su caso no tenía hermanos, pero entendía perfectamente el concepto.

— ¿Sabes lo que creo? Que no deberías sentirte culpable.
— ¿Por qué piensas eso?
—Porque lo que estás pasando es parte de la vida; a veces simplemente las cosas no son como queremos, pero por otra parte, eso te puede servir para apoyarte en personas que te rodean.

Carolina respiró profundamente.

—Todo ésto es un poco sorprendente, pero te lo agradezco mucho, no había podido hablar con nadie sobre ésta situación.
— ¿Pero por qué no? Lorena es tu amiga.

Carolina sonrió.

—No es un tema del que pueda hablar con ella; pero eso es algo que tienes que saber por ti mismo, no me corresponde a mí hablarlo. Es verdad que somos amigas, pero por eso mismo es que estoy cuidando nuestra amistad, sobretodo en momentos como éste.

Lo había descubierto; Carolina sabía que no estaba conversando con ella porque si, pero había decidido seguirle el juego.

—Carolina, quiero que sepas que estoy aquí si necesitas conversar de cualquier cosa.
—Lo sé, y te lo agradezco Dani, sé que lo dices sinceramente; yo también te quiero ofrecer mi apoyo en lo que necesites.

Se miraron fijo durante unos segundos; Dani decidió dejar las cosas así, y sintió que podía confiar en Carolina mucho más de lo que había pensado en un principio. En ese momento su teléfono anunció una llamada.

—Es Lorena.
—Qué extraño.

Poco después Dani se reunió con Lorena a poca distancia de donde había estado conversando con Carolina. La joven se veía notablemente alterada.

—Me preocupé por tu llamada Lorena, ¿ocurrió algo?

La joven lo miró fijamente.

—He estado pensando es ésto desde antes que tuvieras el accidente, pero por todas las cosas que pasaron tuve que posponerlo.
—Y eso tiene que ver con los espíritus.

Lorena estaba nerviosa; algo le decía que había llegado el momento de dejar atrás todos sus miedos e inseguridades, y enfrentar derechamente todo lo que estaba pasando.

—Si, tiene que ver con los espíritus. Dani, necesito que prestes mucha atención a lo que voy a decirte.
—Te escucho.

Lorena tomó aire, preparándose para hablar de algo que a todas luces le resultaba complejo enfrentar.

—Cuando tenía seis años, mi hermano menor...
—Tenía entendido que eres hija única.
—No siempre fue así.

Dani contuvo la respiración. De alguna manera, Lorena ya sabía que esa conversación iba  a tener lugar, y la llamada que recibió de ella cuando estaba con Carolina no había sido casual.

—Mi hermano menor murió, una noche tuvo una obstrucción y nada se pudo hacer.
—Lo lamento, no quise ser imprudente.
—Está bien, no tenías por qué saberlo. De cualquier manera no te llamé para hablar de eso, sino de algo que pasó esa noche. De pronto, simplemente desperté muy asustada, porque había tenido un sueño, en donde mi hermanito tenía un accidente; mientras lograba contener las lágrimas, escuché a mi madre llorar a dos cuartos de distancia, y a mi padre gritar. Después supe que en ese momento trataban de reanimar a mi hermano, y de apurar a los servicios de urgencia. Lo que quiero decir es que, a pesar de que era pequeña, tuve un sueño que predijo lo que iba a pasar, y eso nunca más abandonó mi mente.
—Y entonces...
—Entonces cuando crecí, decidí investigar los fenómenos de la mente, no es porque sí que sé algunas cosas del comportamiento de la gente o de las energías.

Las cosas comenzaban a tener un nuevo sentido. El joven respiró profundamente.

—Tú sabías que yo había llamado a Carolina.
—Lo supuse después de las cosas que dijiste cuando te recuperaste; te sorprenderías de las cosas que uno aprende de la vida estudiando lo que no se ve, como la energía o lo que pasa entre sueños. Y por eso es que supe que tenía que hablar contigo.
—No sé cómo agradecerte por la confianza que estás teniendo conmigo —dijo olvidándose por un momento de todo lo demás— es muy importante, de verdad.
—Lo sé Dani; pero la verdad es que hay algo más, lo más importante de todo lo que tengo que decirte.
—Puedes decírmelo.
—Dani, de alguna forma siento que estamos acercándonos a algo; las cosas que han pasado no son porque si, tiene que haber algún motivo, y lo que creo es que estamos acercándonos a un momento decisivo.

Dani no estaba seguro de querer escuchar la respuesta, pero ya no podía echar pie atrás.

— ¿Crees que nos estamos acercando al momento en que todo va a resolverse?
—No. La sensación que tengo es que está a punto de pasar algo importante; las cosas no pasan porque si, todo lo que hemos vivido nos está llevando a una parte, a un sitio en donde tal vez todo va a cambiar, o donde tendremos que tomar alguna decisión. Lo importante aquí es que necesito tu ayuda.

Dani la miró lentamente, a todas luces sus presentimientos iban mucho más allá de lo que quería decir, pero sabía que si se guardaba algo, debía tener un motivo importante. Y él también estaba guardando información.

—Sabes que puedes contar conmigo, así que si hay algo que pueda hacer, solo dilo.
—Está bien. Dani, si en algún momento descubro algo, de la manera que sea, aunque no tenga sentido, por favor ayúdame, haz que sigamos el curso que tenemos que seguir.

El joven asintió enérgicamente.

—Cuentas con todo mi apoyo; te prometo que si en cualquier momento pasa algo, estaré ahí para ayudarte, y sin cuestionamientos.



Próximo capítulo: Elige para sobrevivir

La traición de Adán capítulo 7: Paso a paso



Adán no estaba acostumbrado a preocuparse por motivos de trabajo, pero la verdad es que ese Martes ya se encontraba frente a algo que amenazaba con complicarse aún más. La repentina visita de Pilar le había abierto un espectro de imagen mucho más complejo de lo que él mismo había supuesto en un principio.
Y le bastó solo una llamada para comprobar que las cosas estaban realmente en riesgo.

– Buenos días abogado.
– Adán, me leíste el pensamiento  –replicó Izurieta saltándose las formalidades– estaba a punto de llamarte, por la visita que acabo de tener.

Pilar.

– ¿A qué se refiere? –preguntó con un tono de voz perfectamente creíble.

El abogado se escuchaba nervioso.

–Supongo que estás en la galería.
–Claro, estoy trabajando a toda máquina con lo de los preparativos.
–Excelente, estoy a cinco minutos.

Y cortó sin siquiera despedirse. Excelente, la pequeñita Pilar se le había adelantado, ese era un punto en su favor que Adán tenía que darle además de que era totalmente inmune a sus encantos; pero en un caso como ese, estaba obligado a tener el pulso más firme que nunca, o se iba a arrepentir.

–Pase abogado.

Lo recibió en el taller de Carmen igual que a su hija, pero en esa ocasión se ubicó junto a una de las obras más etéreas y hermosas de la artista. Izurieta estaba en efecto muy inquieto,  y al igual que al teléfono, fue directo al punto.

– Adán, tenemos un grave problema entre manos.
– ¿Que sucede?
– Pilar quiere que suspenda la inauguración de la galería, y tiene en su poder información que me hace creer que puede hacerlo.

Adán no pudo evitar que su sorpresa resultara sincera ¿Información?

– Creo que no lo entiendo, es decir, no puede ser, ella estuvo aquí hace poco y me confirmó su presencia en la inauguración, estaba preocupada desde luego, pero en ningún momento insinuó algo como esto.

El abogado adoptó un tono de voz mucho más confidencial, que de cualquier manera tenía más de un significado.

–Adán, no te dejes engañar por Pilar.
–No lo entiendo.
–Para decirte esto, estoy confiando mucho en ti, así que espero el máximo de confidencialidad. Tal vez su apariencia no lo demuestre, pero Pilar es una mujer de mucho cuidado, cosa que lamento decir porque es hija de Carmen que es una clienta importante, pero también es mi amiga.

Adán se puso de pie dramáticamente.

– Abogado, no creo que sea pertinente que hable de esa manera de la hija de Carmen, está insinuando algo grave.

Eso provocó el efecto que esperaba.

– Sólo te lo digo porque confío en ti, por eso te pido confidencialidad. Además sé que Carmen confía en ti, o de lo contrario no dejaría en tus manos su trabajo de manera temporal, ella es mi amiga y sé que si le preguntaras, te diría cosas aún peores que las que te dije yo.

Adán volvió a sentarse, preocupado.

– Lo escucho.
– Pilar no es lo que aparenta, pero todo lo que tiene que ver con eso sucedió desde antes que tú conocieras a Carmen. Supongo que te has preguntado en algún momento porque es que ella no habla de su hija.
– Pensé que se trataba de algo personal, por eso jamás se me ocurrió preguntarle.

Izurieta asintió.

– Tuviste razón. Mira, las cosas son realmente complejas, pero voy a resumirlo. Pilar vendió una colección completa de arte de Carmen, sin su autorización, a una sociedad comercial que la utilizó para instalarse en el  país. Me refiero  a la galería Cielo.

En esa ocasión Adán se quedó realmente de una pieza. Galería Cielo era una marca impuesta en el mercado hacía años, pero había tomado impulso con una muestra propia y anónima estrenada hace siete meses, es decir poco antes que él comenzara su trabajo con Carmen. Cielo, a diferencia de Carmen Basare, era una galería integral que reunía diversas muestras de arte, dentro de las cuales por supuesto hay pinturas. Cielo en particular, que fue el nombre que se le asignó a la muestra anónima, era una reunión de expresiones, colores y detalles realmente exquisita, sorprendente, incluso inspiradora. La muestra, en cada cuadro tenía las características casi perfectas, para convertirse en la niña bonita de los medios involucrados, que no cesaron en elogios y alabanzas. Cielo fue considerada por los medios la muestra más influyente de la ciudad, se convirtió en el comentario obligado por su rentabilidad, por el efecto que provocaba en el público, por los comentarios de los obnubilados estudiantes de arte, además de la intriga que significaba ser anónima.
¿Y era de Carmen Basaure? ¿Y Pilar la había vendido sin su autorización?

– No puedo creerlo.
– Es lógico si consideramos que trabajas con Carmen y me juego la cabeza a que jamás te mencionó esto.
– Es que ni siquiera se me habría pasado  por la mente.
– Aún te faltan muchas cosas por aprender  – comentó el abogado – y todo esto es porque existen personas como Pilar que pueden cometer traiciones enormes, sin siquiera preocuparse por ello.

Adán estaba elaborando un plano mental mientras tanto, pero necesitaba más información y estaba trabajando a toda máquina.

– Espere, usted dijo que Pilar tiene información que le permitiría detener la inauguración de la galería ¿A qué se refiere?
– A eso voy, pero tenía que decirte esto  para que comprendieras lo demás. Carmen sufrió un ataque de un desconocido hace un tiempo, incluso antes de que ocurriera lo de Pilar. Ésta persona intentó realizar algunas operaciones bancarias suplantándola, pero afortunadamente todo fue detenido a tiempo.
– Pero no se resolvió por completo.
– Piensas rápido, eso me agrada. Así es, pudimos tomar precauciones a tiempo, pero la gente que encargué de descubrir de quien se trataba, no pudo dar con el origen, lo que significaba que el cualquier momento una situación como esa podía repetirse; desde luego que Carmen estaba preocupada, así que decidió redactar junto conmigo el documento en donde especifica que cualquier cosa que se relacione con ella, es decir sus operaciones en la bolsa, movimientos de dinero y todo lo relativo a sus obras, debe ser autorizado y supervisado directamente por ella. Seguramente te estarás preguntando porqué en éste tiempo jamás supiste de la existencia de eso, y la respuesta es simple: según el acuerdo que hicimos Carmen y yo, sería letra muerta mientras ella estuviera de cuerpo presente y trabajando como de costumbre. El punto es que si ella estaba a mano del teléfono para comprobar cualquier cosa, sería absurdo aplicar el documento, no así si estaba enferma, perdida en alguno de sus viajes o algo por el estilo.
– Pero usted dijo que el documento era secreto.
–Lo era, y por lo que te conté antes, se me figuraba completamente imposible que ella pudiera saberlo. De hecho la propia Carmen, luego de aquel acto deleznable, me recalcó que había que impedir a toda costa que algo como eso se repitiera otra vez.

Adán trabajaba a toda máquina, pero eso empezaba a ser harina de otro costal.

– Lo que no entiendo es como es que Pilar  pudo hacer algo tan grande como vender esa obra de Carmen sin que nadie la detuviera, sin su autorización y además existiendo el documento del que me habla.

Izurieta lo miró detenidamente; estaba evaluando hasta donde podía confiar en él, y vio que el elástico aún podía estirarse más.

– Recuerda que te dije que el documento era secreto y solo se haría efectivo en ciertas circunstancias y si Carmen no se encontraba en condiciones, y resulta que ella estaba en perfectas condiciones. Además Pilar se aprovechó del temperamento de Carmen para conseguir lo que consiguió; es complicado, pero básicamente le sacó una firma que le dio el poder para vender la colección Cielo, cosa que hizo de inmediato y bajo un contrato de confidencialidad, con lo que se protegió por completo.

Adán recordó la conversación que había tenido con Carmen exactamente antes de que comenzara  todo el asunto de los dos cuadros. No tenía que preguntarle a Carmen cual era la razón de que en esa época no luchara por demostrar que las obras eran suyas y porque es que no había comenzado ninguna acción judicial, y la razón de esto es que más allá de que estaba involucrada su propia hija, había algo mucho más importante. Si ella, la afamada Carmen Basaure, se atrevía a poner en juego su trayectoria acusando a quien fuera de robarle la obra, bien podría ganar o perder, pero eso no dejaría de afectarla en su reputación, porque eventualmente alguien muy bien  podría decir que todo el caso era el de una artista de ciertos años que viéndose en decadencia o ensombrecida por otra muestra de arte, tratara de manera desesperada de recuperarse. Conociendo el enorme ego de Carmen, ella jamás se arriesgaría a algo como eso.
Cielos Pilar, la jugada perfecta, la traición a tu madre, los millones en tu cuenta corriente, un contrato de confidencialidad, saliendo a divertirse  por el mundo y sabiendo que nadie nunca iba a poder tocarla. Notable Pilar, realmente notable.

– Déjeme ver si entiendo –replicó al fin Adán con tono lúgubre– Pilar sabe de algún modo de la existencia de éste documento secreto de Carmen, y quiere suspender la inauguración de la galería, cosa que a usted le preocupa porque tiene antecedentes de que Pilar es capaz de cualquier cosa. Y ahora puede ponerlo entre la espada y la pared porque sabe que si pone en público el primer documento, complicará todo mucho más.
– Estás en lo cierto. De hecho esa es la  amenaza que me hizo.
– ¿Se atrevió a amenazarlo?
– Así sin más. Como verás, ella tiene las cartas en su favor, y para eso, me indica que intervenga la sociedad que le está vendiendo la galería a Carmen.

Adán sí sabía de eso. El edifico en que se encontraba la galería era de una sociedad inmobiliaria, que luego de ver ciertos aspectos decidió vendérsela a ella, pero eso aún estaba en proceso, faltaban una serie de trámites legales, lo que significaba que Izurieta podría poner cualquier excusa absurda que hiciera necesario, por ejemplo, realizar alguna medición o cierre temporal de la galería. Y eso sería un gran golpe.

– Entiendo todo lo que me explica, de hecho me parece... no sé cómo explicarlo, es horrible la actitud de Pilar, pero no sé de qué manera yo podría ayudar si es que ella se atrevió a amenazarlo a usted.
– Precisamente porque tú eres un factor con el que ella no cuenta; ella debe considerarte una molestia porque seguramente no se esperaba que alguien inteligente y fiel estuviera de lado de Carmen, pero no se debe imaginar que seas una amenaza real. Así las cosas, mi plan es que tú intervengas para desestabilizarla y permitirnos continuar con lo de la galería sin problemas.
– No me imagino como podría.
– Pero yo sí. En realidad, y considerando que el tiempo se nos viene encima, ahora no importa cómo es que Pilar supo del documento de acreditación de Carmen, y ni siquiera me importa porque diablos es que está tan interesada en detener la inauguración, lo que me importa es que consigamos sacar adelante la muestra, porque tan pronto como lo esté, si ella tiene cualquier otro plan, tendrá que esperar a un momento en donde no se delate. Y la idea es que Carmen tenga una grave recaída.
– ¿Qué?
– Hasta ahora el tema de Carmen se ha mantenido alejado de los medios, pero el punto es hacerle creer a la hija que la madre está muy grave, lo que la va a obligar a mantener las apariencias y acudir en su visita, dejando de lado sus planes; para esto puedo hacer algunos simples movimientos, y tu parte consiste en acompañarla como sea al lugar de los hechos, mientras yo recurro a otras artimañas para dejarla entrampada.

El viejo era más zorro de lo que Adán se había imaginado, pero su plan tenía sentido.

– ¿Y qué hará usted?

– Confundir su identidad con la de otra persona para que la policía la detenga y la enrede en un asunto por horas, mientras nosotros celebramos con champaña la inauguración de la muestra de arte. Pero necesito saber si es que  estás dispuesto a jugártelo todo por Carmen.

Adán asintió enérgicamente.

– Haré lo que usted diga abogado, sé que Carmen confía en usted.

Mientras tanto, Micaela se enfrentaba a un problema más en sus planes en la llegada al país. Las cosas se habían vuelto duras, de hecho había tenido pesadillas toda la noche ¿cómo es que podía tener tan mala suerte?
No importaba. Era aun relativamente temprano, estaba agotada por esos sueños en donde estaba aún durmiendo, con Pilar a su lado, y su madre de pie junto a ellas diciéndole con tono lúgubre esas palabras que todavía rondaban por su mente: lo lamento hija, jamás imaginé que ella estaba detrás de todo esto. Lo lamento.
Lo lamento.
Eso en ese momento estaba entre las cosas que menos le importaban. Era cierto que la aparición de Pilar en esos momentos le producía nauseas, pero fuese como fuese, las cosas seguro que pasaban por algo, y si habían coincidido, no tenía más opción que tomar las riendas con mano firme y terminar con todo.
Casi daba risa que ella y Pilar estuvieran en el país de vuelta al mismo tiempo, a poco de inaugurarse  la galería de Carmen Basaure, y además topándose cerca de la torre, de aquella torre. Ni modo, también tenía problemas más terrenales, y el más urgente era conseguir un trabajo, porque si bien arreglar sus problemas con el banco le llevaría relativamente poco tiempo, estaba claro que no se quedaría más de un par de horas por allí, y en ese sentido mantenerse inactiva sería contraproducente. La entrevista que tenía en esos momentos era en la oficina de diseño ejecutivo de la constructora Del mar y Alzarrieta. Quien la recibió era nada menos que el gerente de proyectos. Cielos, ahí era alguien, no como en el extranjero.

– Buenos días Micaela, soy Esteban Méndez, es un placer.

Micaela estaba sobria, distinta de lo usual, con un traje dos piezas negro y violeta, con el cabello peinado simplemente hacia atrás y atado con un lazo violeta; elegante y aplicando el estilo de ''menos es más''

– Gracias por recibirme Esteban.
– Me sorprende que estés aquí, tenía entendido que estabas en el extranjero.
– Volví hace poco, y ya sabes lo que dicen, si es por trabajar, no me voy a quedar de brazos cruzados. ¿Tienes algo para mí?

El ejecutivo era alto, increíblemente delgado, blanco, de cabello negro refulgente, de mirada penetrante. Un tipo elegante que tenía en su apariencia algo que no encajaba con el lugar, al igual que ella.

– Para alguien de tu fama y experiencia seguro que sí. Acabo de poner la primera piedra –es un eufemismo – en un proyecto, y me encantaría que participaras en él; se trata de la remodelación del boulevard del parque Centenario, y en eso te necesito como encargada de proyecto en terreno. Básicamente te necesito de mala, ladrando órdenes y asegurándote de que todo va al pie del calendario, además de evaluar las pistas de trabajo y todos esos menesteres.

–Así que no encontraste a nadie que quisiera ser asesinado.

Esteban sonrió satisfecho.

– Es del tipo de trabajo ingrato, ya sabes, pero eres apropiada para eso ¿Que dices?
– Que tienes razón en todo. Si tienes la proyección de dinero ahí en tu escritorio y casualmente un contrato, cerramos ahora mismo.

Poco después y con un contrato firmado, ambos salieron del edificio.

– Ya que estamos afuera y que somos socios, pensé que podríamos tomarnos un  café y charlar.

¿Acaso estaba flirteando con ella?

–Pues no sé si sea bueno, imagina lo que dirían tus colaboradores.
– En éste momento no estoy trabajando, y además no me importa lo que digan, nadie puede mandarme ¿Que dices?

Como cambiaban las cosas. Micaela aceptó, pensando en que nada podía perder excepto un poco de tiempo, y por otra parte resultaba un poco divertido estar en medio de una situación como esa.  Minutos después estaban sentados en un café temático, pero con dos whiskies.

– ¿Y bien? esta es la parte en donde me dices que es lo que realmente estás haciendo en el país por éstas fechas.

Micaela lo miró fijamente. Estaba pensando divertirse un poco a costas de él, pero por lo visto Esteban escondía algunos secretillos.

– ¿Quién eres Esteban?

– Un tipo más inteligente de lo que parezco, y sobre todo muy bien informado. Sé que eres hija de Bernarda Solar, la famosa empresaria, pero que tus logros siempre han estado llevados por tu propia mano, por eso es que en vez de trabajar para ella en alguna de sus múltiples empresas, te hiciste una experta en administración de personal, proyectos y diseño integral. Eres una mujer joven, inteligente, capaz, que de la noche a la mañana cierra su oficina y se larga a empezar de cero en el extranjero, y vuelve ocho meses después, buscando trabajo. Disculpa si considero extraño ésto.

Pensaba rápido y bien. Interesante.

– Cualquiera diría que has estado investigándome.

Pero el rió alegremente.

– ¿Qué?
– De acuerdo, me doy por vencido, tú definitivamente no te acuerdas de mí.
– ¿Acordarme?
– Mira, sé que no soy exactamente el tipo de hombre inolvidable, pero creí que estabas disimulando o algo, pero ahora estoy convencido que de verdad no me recuerdas. Tú me mandaste al diablo cuando traté de trabajar contigo hace poco más de un año, y ahora que, humildemente lo digo, los papeles están invertidos, me estoy permitiendo el placer de acosarte con preguntas.

Sólo entonces lo recordó. Claro, pero en ese tiempo él tenía una apariencia distinta, el cabello más claro y largo, era más corpulento y definitivamente tenía otro estilo.

– ¿Estás tratando de decirme que me contrataste como venganza por no haber querido trabajar contigo la vez anterior?

Él sonrió.

– No, te contraté porque eres una profesional de buen nombre y sé que lo harás aún mejor de lo que crees. Y también te contraté esperando que nos conozcamos más, y por ejemplo, ser amigos.
– ¿Estás coqueteando conmigo?
– En cierto modo, pero debo decepcionarte porque estoy ocupado.
– Me rompes el corazón.
 –Estoy seguro de eso.

Micaela se reclinó en el asiento. Ah, se trataba de eso, pero a ella por lo menos le resultaba bastante lógico no recordarlo, porque en esos tiempos ella estaba cargada de trabajo. Era una situación extraña, pero le serviría tener alguien con quien conversar además del trabajo.

– Te rechacé porque tenía muchas cosas en mente. De hecho mi salida del país no fue tan sorpresiva de todos modos.
– Eso me tranquiliza, viví semanas pensando que la conocida Micaela Riveros me ignoraba porque era un mal ejemplar de ejecutivo. Pero así fue como redoblé mis esfuerzos, y subí algunos niveles hasta estar donde estoy ahora.
– Espero que no estés resentido.
– Para nada. Incluso diría que me sirvió para esforzarme más aún. Debes reconocer que tuve una entrada muy teatral, así que creo que eso me suma puntos.
– ¿Y quieres ser amigo mío a causa de eso?
– Por extraño que te suene, sí. Y si en el camino te parezco horrible, aún seré tu jefe, y por lo demás tendrás que trabajar conmigo por los siguientes dos meses, así que seguro que tendremos que llevarnos bien.

Micaela bebió de su copa lentamente.

– Eres muy extraño.
–Ya lo sé.
–Pero eso me agrada. Cielos, nunca me habían pedido amistad, pero acepto.

Se hizo un silencio, y luego ambos rieron.

– Esto está dentro de las cosas más extrañas que he escuchado, pero me parece bien. Solo que tendrás que asegurarme que además del trabajo, tendremos jornadas como ésta en el futuro.





Próximo episodio:  El primer engaño

Maldita secundaria capítulo 9: El fin del secreto



Lunes 15 de Octubre
Jardín de casa de Dani

Adriano del Real estaba en el jardín de la casa junto a los seis. Hacía más de veinte minutos que le habían entregado la silla de ruedas a los padres de Dani, pero ellos les habían pedido privacidad para entregársela.

—No aguanto estos nervios —dijo Soledad— casi llevamos media hora aquí afuera y no se escucha ni un ruido.

Adriano también comenzaba a preocuparse.

—Hay que tener paciencia, todo ha sido muy fuerte para ellos.
—Es una suerte que hayan podido conseguir la silla —comentó Carolina— usted si tenía contactos que lo ayudaron.
—Eso es cierto, pero yo solo hice el contacto inicial, fue su director quien convenció al empresario de donar la silla y los implementos.

Hernán se llevó las manos a la nuca.

—De pronto ésto no está resultando.
—No empieces...
—Para cómo nos ha ido últimamente sería lo más lógico.
—Precisamente por eso es que le conseguimos la silla —replicó Fernando— es tan sencillo como que la use.
—No es tan sencillo por lo visto, o no llevarían todo éste tiempo ahí.

Leticia revoleó los ojos.

—No empiecen con sus discusiones, ahora no.

Del real intervino calmando los ánimos.

—Muchachos, no hay que angustiarse, es natural que después de lo que ha pasado, sea difícil para él recuperarse; dejemos que las cosas sigan su curso, por ahora solo podemos esperar.

Se hizo el silencio en el grupo, con todos ansiosos de ver los resultados de lo que habían hecho con tanta esperanza. Pasaron algunos minutos de tensa espera, hasta que la puerta se abrió sorpresivamente y una figura apareció en el umbral.

— ¡Dani!

Sonriente, el joven se dejó ver sentado sobre una silla cromada y reluciente; ajustándose los guantes se impulsó al amplio jardín, y unos metros después se detuvo, accionando una palanca escondida en la silla, que hizo que las ruedas dejaran de moverse. Acto seguido desenganchó, y valiéndose de sus fuertes brazos giró para quedar enfrentándolos a todos.

— ¡Miren ésto, estoy vivo de nuevo!

Eufórico, Dani volvió a moverse, y con movimientos de precisión circense, retrocedió, avanzó y se impulsó para hacer giros en dos ruedas.

— ¡Que les parece ésto! ¡Soy un acróbata, soy un acróbata!

Todos lo miraban atónitos, pero aún tenía una sorpresa más, e hizo equilibrio en una rueda, con más facilidad que otra persona se pararía en un pie. Se detuvo, y Soledad estalló en lágrimas, abrazándolo superada por la emoción.

—Dani, estoy tan contenta de ver que ahora estés bien. Creí que nunca te iba a volver a ver como siempre.
—Qué bueno que estás bien —dijo Lorena— estábamos preocupados.
—Te echábamos de menos —comentó Carolina visiblemente emocionada— que alegría.
—Te ves genial —dijo Fernando sonriendo— que bueno.
—Y la silla te hace ver estupendo —Leticia le hizo un gesto positivo— volviste con todo.

Dani estaba radiante, y miró a todos uno a uno con cariño.

—Muchas gracias. A todos, a usted también Señor del Real.
—No tienes nada que agradecer, eres muy importante para ellos, para todos.

El joven sonrió.

—De todos modos se lo agradezco a todos; pero díganme, ¿de dónde sacaron estás ruedas?
—Fue obra del señor Del real y del director San Luis.
—Pero fue idea de ustedes —repuso Adriano— ustedes presionaron para conseguirlo.

Dani estaba casi fuera de si de alegría por volver a sentirse completo, pero además le alegraba ver como los demás estaban comenzando a entender. En eso aparecieron en el umbral los padres de Dani. Ambos se veían cansados, pero alegres.

—No tengo palabras para agradecer lo que hicieron.
—No tiene nada que agradecer —replicó Del real— su hijo lo merece.

La madre de Dani tenía muchas preguntas, sobre por qué ese desconocido estaba tan íntimamente involucrado en todo eso y varias otras cosas, pero se había comprometido a esperar, y además por el momento la felicidad que veía en su hijo era más importante que todo.

—Muchachos, yo...
—Ni lo mencione —la interrumpió Fernando sonriendo— todo está bien.
—Eso suena como que hay algo de lo que todavía no me he enterado —dijo Dani— pero después lo veremos con más calma, ahora lo importante es que estoy bien de nuevo; escuchen —continuó mucho más serio — el accidente fue totalmente inesperado para mí, y supongo que por eso me afectó tanto. Estaba, pero a la vez no estaba, era como estar encerrado.
—No es necesario que des explicaciones — dijo Leticia.

Pero él negó con la cabeza.

—No son explicaciones, lo digo porque siento que es importante que ustedes lo sepan, porque son los que estuvieron más involucrados y no me abandonaron.

Percibió la mirada de alerta en Carolina, pero sabía muy bien de qué hablar y de que no.

—Tienen que saberlo. Tienen que saber que estaba asustado, y quedé encerrado en mí mismo, así que era algo que estaba fuera de mi control. Pero me trajeron estás ruedas maravillosas, y con eso me ayudaron a volver a ser el de siempre, ésto —señaló la silla— fue el puente que me trajo de vuelta.

Ni dijo más, pero percibió como los demás iban entendiendo poco a poco el mensaje.

—Ahora les voy a pedir algo: necesito descansar, estoy agotado y quiero que mis papis me cuiden, mañana vuelvo a clases.
—Tienes razón —dijo Adriano— por ahora terminamos.
—Si, nos vemos mañana donde siempre.
—Exacto Lorena. Otra vez gracias a todos, y mañana lleguen temprano porque tenemos mucho de que conversar.

Martes 16 de Octubre
Calle Orlando Vidal

Dani le había pedido a su padre que lo dejara en una calle cercana a la plaza Las flores  y logró convencerlo diciéndole que quería practicar un poco más con la silla. La sorpresa se la llevó unos minutos después cuando, a una cuadra de la plaza  vio a Hernán caminando lentamente.

—Hola.
—Hola.

Hernán no lo tomó en cuenta, pero tampoco apuró el paso.

—Oye, gracias por el apoyo.
—De nada.

Dani se detuvo, haciendo que el otro se detuviera también.

—Creo que deberías hacer algo con eso antes que alguien más lo vea.

Señaló su costado, donde una huella de sangre estaba traspasando la camisa.

—Demonios.
—Déjame ayudarte.
—Puedo hacerlo solo.

Dani no se inmutó.

—Probablemente  pero no antes que alguien te vea.

Hernán dudó un momento, pero se dio por vencido y se sentó en una cerca muy baja y sacó de la mochila unas vendas. Al quitarse la camisa Dani vio con espanto  que el golpe que sangraba era una especie de moretón, pero no era el único, había muchos otros golpes de distinto tipo y antigüedad.

—Cielos Hernán, ¿qué es lo que...?
—No hagas preguntas —le contestó el otro secamente— no es tu asunto.
—Claro que sí, me preocupa verte así.

Hernán se envolvió la herida con gasas y rodeó el costado con la venda; Dani se acercó para ajustarla.

—Más apretado, no quiero que se caiga en clase.
—Está bien. Pero dime que ocurrió por favor.
—No es asunto tuyo, ya te lo dije, además esto nunca ha...

Se cortó, pero Dani alcanzó a entender lo que no quería decir.

— ¿Estás diciendo que no es primera vez que estás así?  Ya lo suponía, mira esas marcas.
—Deja de hacer preguntas, ya te dije que no es tu asunto.

Dani apretó la venda más de la cuenta y lo dejó un momento sin aire, pero inmediatamente lo soltó. El rapado lo miró con el ceño fruncido.

—Eso era innecesario.
—Entonces dime que pasa, estoy preocupado por ti. Y no me digas que no es mi asunto porque si lo es, igual que fue tu asunto estar pendiente de mi cuando tuve el accidente.
— ¿Por qué tienes que salir con esas cosas?
—Porque es la verdad. Y no te voy a dejar en paz, no hasta que confíes en mí aunque sea un poco; tú me salvaste Hernán, evitaste que el accidente fuera mucho más grave, no puedo creer que solo haya violencia y soledad en ti.

Hernán sacó de la mochila una camisa limpia y se vistió; durante un instante le dedicó una mirada enigmática.

—No vas a dejarlo.
—No.

Se miraron fijo unos segundos. Dani sabía lo que tenía que hacer.

—Te lo diré si me juras que no se lo dirás a nadie.
—Te lo juro.
—A nadie Dani. Ni a tu madre.

El otro sonrió.

—Extrañamente me está resultando muy sencillo mentir últimamente. Te lo juro,  de mi boca no saldrá una palabra.
—Te creo. Después de clase, estaré en la cuadra donde está la sala de juegos Milenio.

No dijo nada más y siguió hacia la plaza. Mientras Dani llegaba aparecieron los demás.

— ¿Ahora llegan juntos?
—Si, secuestré a Hernán ayer, acabo de liberarlo.

Todos se miraron unos segundos, y rieron nerviosamente; Hernán sacó una revista.

—Volviendo a lo nuestro —dijo Leticia con una falsa sonrisa— creo que tenemos que hablar de muchas cosas.

Dani sonrió espléndidamente.

—Lo lamento mucho pero Soledad  ya me puso al tanto de todo lo que pasó en mi ausencia.
—Tanto mejor —comentó Fernando— porque estoy muerto de sueño y quiero ir al punto. Lorena, es tu turno.

La aludida miró a todos uno por uno. Ya había preparado lo que iba a decir, pero igualmente se sintió un poco sofocada.

—Creo que descubrí algo muy importante; dentro de todo lo que hemos estado pasando, hace poco, y a propósito de lo que ocurrió en la calle, nos dimos cuenta de que no habíamos estado comprometidos realmente con ésta misión, y eso hizo que el poder de los enajenados se desatara por completo; pero hay algo más, y creo que es parte vital de la solución del conflicto: tenemos que ayudar  a Matías a que encuentre la paz, a que deje de tener miedo y se libere, pero para eso, primero tenemos que salvarnos nosotros mismos.

Dani había llegado también a conclusiones similares.

—Creo que tienes razón, pero ese es un asunto bastante personal; todos tenemos nuestros demonios, y necesitamos enfrentarlos para poder darle al espíritu de Matías la paz que necesita.

Miró a todos, y vio en sus ojos como esas palabras habían llegado a ellos. Pero él mismo sabía también algo más, y para que funcionara, aún debía callar.



Próximo capítulo: Toda la verdad

Maldita secundaria capítulo 8: Intentos inútiles



Viernes 12 Octubre
Alrededores de la secundaria.

Los seis se reunieron a poca distancia de la Secundaria. Después de la nefasta experiencia del día anterior, los ánimos de todos estaban bastante decaídos, de modo que por insistencia de Soledad no se reunieron en la plaza Las flores, y evitaron el sector donde había tenido lugar el ataque a Dani.

—Nos espera un día muy largo.
—Mejor dicho —comentó Leticia— hay que ver qué diablos es lo que pasa hoy, ayer ya fue extraño sentirse en medio de la casa de los espíritus.

Lorena suspiró. Tenía algunas cosas en mente, pero no era el momento de hablar.

—Hay que prestar atención, ahora mismo podría pasar cualquier cosa.
—Estuve pensando en algo —comentó Soledad— creo que tendríamos que hacer algo por Dani.

Fernando se rió sarcásticamente.

—Perdóname pero su madre casi nos echó a patadas de la urgencia, no veo cómo podríamos ayudar.
—No se trata tanto de ir a ofrecer ayuda como de hacer algo. Soy amiga de él y aunque no debería estar hablando de esas cosas, sé que sus padres no tienen los recursos para comprarle una silla rápidamente. Esas cosas son caras.

Hernán la miró lentamente, y habló despacio, tratando de no sonar agresivo.

—Si estás tratando de decir que podemos comprarle una silla, es imposible, jamás tendríamos el dinero.
—Nosotros no, pero el señor Del real y el director tal vez sí.

Todos se quedaron mirándola asombrados. Leticia silbó alegremente.

—Soledad, me sorprendes, esperaba ese tipo de actitud de alguien como yo, no de ti. ¿Y cuándo propones ir a chantajearlos?
—No estoy proponiendo chantajear a nadie Leticia, además tampoco tenemos nada con que hacerlo por si es eso en lo que estás pensando. Lo que se me ocurre es hablar con el director y decirle la situación, a ver cómo nos ayuda.
—Considerando como estuvieron los ánimos ayer —replicó Leticia— no creo que nos vaya muy bien, pero siempre podemos intentar.

Se apuraron y entraron en la secundaria, y fueron inmediatamente al tercer piso del primer edificio, hacia donde había sido trasladada la oficina del director luego del supuesto incendio de la jornada pasada un piso más abajo. San Luis los recibió tan pronto llamaron; se veía demacrado y cansado, pero claramente estaba haciendo un esfuerzo por hablar con ellos.

—Buenos días.

Los seis saludaron. Carolina pensó que era una mala idea, pero Fernando decidió tomar la palabra.

—Director, estamos preocupados por Dani después de lo que pasó ayer.
—Está en su casa —replicó de modo cortante— y bajo el cuidado de sus padres.
—Lo sabemos —intervino Soledad— lo que nos preocupa es que Dani se quedó sin silla.
—No voy a expulsarlo si eso es lo que les preocupa. Faltan minutos para que empiecen las clases, vayan a sus salas.

Con eso estaba dando por terminada la reunión, pero Hernán no estaba dispuesto a quedarse así nada más.

— ¿Oiga que le pasa?
—Cállate Hernán.
—No me hagas callar Fernando. Director, usted también es parte de todo ésto, no puede ser que no le importe.

El director se puso de pie, pero Hernán no se intimidó.

—Vayan a su sala.
—No, usted no se va a hacer el desentendido. Estamos en problemas, Dani está en problemas y necesita una silla nueva, necesita que alguien lo ayude.

Se hizo un tenso silencio en la oficina. Leticia pensó que por lo menos se iban a ganar un castigo, pero para su sorpresa, la expresión de San Luis se suavizó y habló con un tono de voz mucho más calmo.

—Según lo que sé, está recuperándose. Sus padres tienen algunas dificultades económicas, seguramente no podrán comprarle una silla.

Soledad se había dado cuenta de que la actitud de San Luis era extraña, pero parecía estar volviendo a su centro.

—Tenemos que ayudarlo Director.
—Sí, hay que ayudar a ese muchacho. Vayan a clase, los tendré informados durante el día.
—Director...
—Vayan a clase —interrumpió volviendo a sentarse— por favor, hablaré con ustedes después.

Lorena advirtió que había hecho un gran esfuerzo por dominarse; se veía cansado, pero lo último que les dijo había sido honesto y sensato.

—Gracias director. Vamos, vamos a la sala.

Salieron rápidamente. Mientras bajaban por la escalera, Fernando no se pudo guardar un comentario.

—Estuviste de lujo Hernán.
—Cállate.
—Lo digo en serio, lo pusiste entre la espada y la pared. Una más y nos castigaban a todos, pero funcionó.

Hernán se guardó los comentarios.

—Mejor preocúpate de Del real, ya que estás tan contento aprovecha esa energía y convéncelo de que nos ayude también.
—Es buena idea —comentó Leticia sonriente— por hablar demasiado y no hacer nada te lo ganaste.
—Eres un ejemplo de amistad —hizo una mueca— pero supongo que está bien, si no lo logro yo, probablemente estemos perdidos.

Sala de artes
11:45

Fernando, Lorena y Carolina estaban en total penumbra en sala, con solo un foco iluminando en dirección a la blanca muralla, donde se veían aumentadas las sombras de sus manos.

—Ésto no nos lleva a ninguna parte.

Seguían intentando hacer con las manos una figura que representara algo, pero las cosas no iban muy bien.

—Deja quieta esa mano Fernando —lo reprendió Lorena— mira, creo que si subes esos dos dedos... no, esos otros...
—Cielos, ésto no está resultando y no tengo paciencia hoy.
— ¡Fernando!

El atractivo joven se apartó del grupo.

—Lo siento, podríamos tomarnos un minuto.
—No tenemos un minuto, casi termina la hora. Oh, si solo hubiera hecho ese taller de sombras chinas en la otra secundaria.

Fernando resopló sorprendido.

— ¿Hacían talleres de sombras chinas?
—Si, era extraprogramática pero no la tomé. Espera, creo que si ajusto la luz ésto puede mejorar un poco.

Se acercó a la fuente de luz, que era un foco a metro y medio en la pared junto a la puerta y se dispuso a ajustarlo, pero antes de poder hacer algo, la puerta se abrió con fuerza.

— ¡Buu!
— ¡Aaahhh!

Lorena reaccionó automáticamente, y junto con el grito lanzó el foco hacia la puerta, dándole directo en la cabeza a un chico de primer año, que se desplomó en el suelo dentro de la sala.

—Ay Dios mío.
—Lorena —exclamó Fernando acercándose— mira lo que hiciste, le diste con el foco, está desmayado.

Fernando recogió al jovencito y lo sentó en una silla, mientras Carolina devolvía el foco a su sitio.

—Me gritó —se defendió Lorena cerrando la puerta— con todo lo que pasa es natural que me haya asustado.
—Como sea, hay que sacarlo de aquí —dijo Carolina abriendo sigilosamente la puerta— no sería bueno que... oh cielo santo.
— ¿Que pasa ahora?
—Vergara viene para acá.

Fernando hizo una mueca.

—Creo que estamos entre la espada y la pared. Voto por decir la verdad.

No tuvieron tiempo de decidir nada más, cuando el inspector Vergara entró llenando de luz el lugar en penumbras.

— ¿Que hacen jóvenes?

Ayúdenos —exclamó Fernando dramáticamente— éste niño acaba de entrar y se desmayó.

El inspector se acercó a la silla en donde estaba recostado el jovencito, pero precisamente en ese momento llegó Leticia corriendo y muy agitada.

— ¡Fernando!

Pero se quedó inmóvil al ver a Vergara.

— ¿Pero qué es esto? — exclamó molesto el inspector — esa no es manera de comportarse señorita, ni que hubiera visto un fantasma.

Carolina y Lorena se acercaron disimuladamente a la puerta; Leticia hizo una mueca.

— ¿Fantasma? Como cree, solo vengo porque tengo que decirles que... la clase va a empezar... y tenemos un trabajo.

Por un momento parecía que el hombre se había olvidado del desmayado.

—Me parece bien que sea responsable, pero tiene que controlarse.
—Como usted diga.
—Bien.
—Bien.
—Ahora por favor aproveche algo de esa energía y vaya a la enfermería a buscar ayuda para éste joven.
—Nosotros vamos con ella —dijo Carolina agarrándose a un clavo ardiendo— volvemos en seguida.
—Ustedes van a irse a su sala ahora mismo.
—Por supuesto, nos vamos en seguida.

Mientras tanto, en los jardines a un costado de los edificios, Soledad y Hernán estaban trepándose a un árbol mientras seis enajenados los amenazaban desde abajo.

—Demonios, y eso que dijimos que teníamos que estar alerta.
—Nos tomaron por sorpresa, lo reconozco —dijo Soledad viendo que ya no podían subir más— hasta la mañana el ambiente seguía cargado y de pronto ésto.

Hernán sacó una rama y con ella trataba de alejar a los enajenados, pero eran demasiados y las cosas se estaban complicando.

— ¿Dónde están los demás?
—No los veo.
—Diablos, estamos perdidos.

Alejó a uno de una patada, pero se estaban subiendo al árbol y definitivamente había sido mala idea correr en esa dirección por estar en desventaja. Estaba tratando de calcular si podría lanzarse y darle espacio a Soledad, pero parecía muy improbable. En eso la chica gritó eufórica.

— ¡Ahí vienen los demás, estamos salvados!

Los otros se acercaron preparados. Llevaban planchas de madera de casi un metro de largo, flexibles, y con ellas golpearon a los enajenados, haciéndolos caer rapidamente.

— ¡Lo lograron!

Hernán se bajó de un salto mientras Fernando ayudaba a Soledad a bajar.

— ¿Que los retrasó?
—Vergara —replicó Lorena dejando de lado su improvisada arma— ahora tenemos que volver antes que se note que aún no llegamos a la sala.

Pero Carolina tenía también algunas otras preocupaciones.

—Esperen. ¿Qué vamos a hacer para explicar lo del chico de primer año?
—La sala estaba oscura —dijo Fernando encogiéndose de hombros— así que mantenemos la versión de que se desmayó y punto. No creo que quiera vérselas con Vergara y contar que hace pitanzas en clase.

Última hora de clase.
Sala de fotografía.

Los seis estaban en la sala trabajando en silencio, intentando terminar un trabajo.

—Demonios —protestó Leticia— ésta me quedó corrida. No vamos a terminar nunca.
—Cálmate, todavía tenemos tiempo.

Soledad era quien estaba más cerca de terminar el revelado de las fotos.

—Ya estamos pasando a la etapa de que se nos olviden las cosas —se lamentó— ni se me pasó por la mente que teníamos este trabajo.
—Voy a tener una nota horrible —se lamentó Lorena a su vez— lo que menos necesito son más problemas; en fin, terminemos con ésto, quiero irme a casa, entre lo de los enajenados en los jardines y el incidente con los otros en el segundo recreo...

Carolina dejó por un momento su trabajo.

—Oigan... ¿no les parece raro que Matías no se haya manifestado hoy, pero si los secuestradores?

Se hizo un breve silencio; Hernán miró a su alrededor y recordó que estaban solos en una sala, pero cuando lo hizo era demasiado tarde. La puerta de la sala hizo un sonoro clic.

—Si, tienes razón, era muy extraño.

Leticia se abalanzó sobre la puerta, pero ya era demasiado tarde.

—No puede ser, estamos encerrados.
—Pero ya sabemos cómo solucionarlo —dijo Fernando sin mucha convicción— solo hay que...
—Abrir la puerta todos juntos —lo interrumpió Lorena pesadamente— pero como recordarás, Dani no está aquí.

Soledad se acercó a la puerta; era extraño sentir como una especie de suave corriente de aire impedía mover la puerta o girar el pomo. Si, de verdad les hacía falta Dani.

—No podemos quedarnos aquí, tiene que haber alguna forma. Probemos de todos modos.

Se reunieron en torno al pomo de la puerta, pero no se produjo ningún cambio; Hernán pateó la puerta, impotente.

—Diablos, nos la haces bastante difícil para querer nuestra ayuda.

Lorena estaba preocupada por lo que estaba pasando, pero recordó algo en lo que había estado pensando desde antes.

—No podemos ayudar si no nos ayudamos nosotros mismos.
— ¿De qué hablas?

Lorena se dejó llevar por un impulso, y habló sinceramente, sin pensar en lo que pudieran decir los demás.

—Matías, somos nosotros. Te necesitamos, necesitamos que nos digas como ayudarte; no te hemos abandonado, seguimos aquí.

Al principio no pasó nada, pero unos momentos después la puerta cedió, y todos se quedaron mirándola sorprendidos.

— ¿Cómo hiciste eso?
—No hay tiempo de explicarlo —replicó abriendo la puerta— tomen las fotos y salgamos, hay que contactar a Adriano del Real.

Más tarde, luego de salir de clases, los seis se reunieron con Adriano del Real en la plaza Las flores.

—Y esa es nuestra idea —explicó Lorena ansiosa— necesitamos a Dani de vuelta, pero no solo se trata de eso; él necesita volver, y necesita a Matías igual que él a nosotros.

Del real no se veía tan animado como ella esperaba.

—Entiendo tu propuesta Lorena, es solo que no hay nada más que pueda hacer ahora.
— ¿Qué quiere decir?
— ¿El director San Luis no habló con ustedes?

Se miraron sorprendidos. No recordaban que tenían que hablar con él.

—Lo olvidamos.
—Él no. Y le dije que no tenía dinero como para ayudarlo con ese asunto, pero que si podía hablar con algunas personas que conozco; después de la forma en que perdí éste lugar, es difícil, pero espero que alguna de las personas a las que contacté recuerden los buenos tiempos y quieran ayudarnos. Por ahora solo hay que esperar.

Los jóvenes se miraron unos a otros, por una parte angustiados y por otra ansiosos, pero Del real tenía algunas dudas.

—Lorena, dijiste que ésto no era solo por Matías, ¿a qué te referías?
—He estado pensando en lo que pasó —replicó decidida— y recordé lo que hablamos. Es cierto que nos dimos cuenta de que habíamos sido egoístas, y que en parte lo que pasó era nuestra culpa, pero no solo es eso; Dani fue el único antes de ese suceso que estaba realmente interesado en ayudar, y por eso lo atacaron a él con tanta rabia, porque era el más cercano al espíritu de su hijo. Ahora han habido cambios, ataques simultáneos, hoy también pasaron cosas y es porque el poder de los secuestradores es más fuerte, y el miedo del espíritu de su hijo también. Necesitamos unirnos de verdad, y solo así Matías tendrá el valor de ayudarnos.

Leticia estaba sorprendida de lo elocuente que estaba siendo Lorena, pero por otra parte lo que decía tenía bastante sentido.

— ¿Estás tratando de decir que para conseguir nuestro objetivo solo basta con que tengamos la voluntad de hacerlo?
—No. Estoy diciendo que cuando estemos todos juntos y podamos dejar de lado nuestras diferencias y lo egoístas que hemos sido, ahí podremos comenzar a hacer algo más de lo que hemos logrado hasta ahora.



Próximo capítulo: El fin del secreto