La traición de Adán capítulo 29: Una sola dirección




–Me iré. Ya no puedo seguir quedándome aquí.

Las cosas se habían salido de control. Ya no se trataba de encontrarla, porque eso lo había hecho. Se trataba de que ya no seguiría con eso, no soportaba estar con el juego del gato y el ratón.

–No permitiré que arruine mi vida. Si me encontró aquí, entonces me iré tan lejos como donde no pueda encontrarme.

No, definitivamente no entraría en ese juego. Ella estaba ahí, a solo un palmo de distancia, tenía que llegar a ella de una vez. Pero no, nuevamente se le escapaba, con esa misma actitud caprichosa que había tenido cuando era más joven, mirándolo con esos ojos tan intensos y seduciéndolo, pero a la vez burlándose y huyendo; no lo permitiría más, ahora estarían juntos, y ella jamás volvería a escapar. Sería su Eva y de nadie más.

–Ya llegamos.

Julio Cisternas volvió de sus pensamientos y bajó del vehículo; estaba en una zona residencial, a muy poca distancia de la carretera que salía de la ciudad, un territorio antiguo, marcado por el tiempo que había establecido allí a la gente y a sus casas en el silencio y la calma, al menos aparente. El hombre pasaba la cincuentena, pero los años de trabajo en el campo le habían conferido un físico imponente, y aún alejado de esas labores, se mantenía como un hombre grande y de miembros fuertes. El taxi en el que iba Eva se había detenido solo momentos antes, ignorando por completo al vehículo común en el que iba él. Iba a escapar, iba a subirse a un vehículo que la llevaría oculta junto a ese hombre que la poseía ahora, pero no por mucho tiempo más. Caminó a paso firme, viró en la siguiente esquina y la vio caminando algunos metros más adelante; ocultó tras un vehículo estacionado, el hombrón vio como ella tomaba en la siguiente esquina a la izquierda, y aguzando el oído, le pareció sentir un motor ronronear no muy lejos de ahí. Apuró el paso, y entonces la vio, acercándose a una van, encontrándose con el mismo hombre al que había visto besar en la cafetería el día anterior. El hombre la enfrentaba por algún motivo y ella trataba de acercarse. ¿Pelea de amantes? No duraría, no le daría oportunidad a ese tipo de poseerla nuevamente.

– ¡Eva!

Su grito atronó en la silenciosa calle, e hizo que los dos voltearan sorprendidos. No había más tiempo, esta vez ella no volvería a burlarse de él.

– ¿Quién es ese tipo? –le preguntó Samuel a Eva sin comprender– ¿qué significa esto?

Había descubierto los planes de Adán de huir del país junto con ella, y creía haber llegado en el momento preciso a intervenir y arruinar sus planes, pero la mirada fría de Eva y ese extraño hombre acercándose lo hicieron dudar. Demasiado tarde entendió que las cosas no eran lo que parecían.

– ¡Que has hecho!

La tomó fuertemente por los hombros, pero para ese momento el hombrón estaba muy cerca de ellos, y lo empujó a un costado; hábilmente Eva se quitó del camino, lo que le dejó el camino libre a Cisternas para lo siguiente.

–No lo vas a hacer Eva... ni tú ni él se burlarán de mí.

Eva retrocedió hacia la van que la esperaba a poca distancia; algo había salido mal, aún no sabía qué, pero la mirada desquiciada de ese hombre le advirtió que el plan que habían trazado con Adán había sido un error. En el vehículo a una cuadra de distancia, Adán soltó el volante y se dispuso a bajar, presintiendo también que las cosas habían salido de control, pero todo sucedió muy rápido. Cisternas extrajo un arma de su bolsillo, y con una expresión colérica en el rostro apuntó a Samuel, que reaccionó por instinto a correr justo en dirección a donde iba Eva a toda velocidad.

– ¡No me dispares! ¡No dispares! ¡No dispares!

En medio de los gritos de horror de Samuel, Adán regresó al volante y arrancó el motor, dispuesto a sacar de ahí a Eva antes que las cosas se pusieran peor de lo que estaban. Cisternas no esperó más y disparó.

– ¡No!

Samuel cayó fulminado por el disparo, pero el hombre no se detuvo y volvió a apuntar.

– ¡Eva!

Adán presionó con todas sus fuerzas el acelerador y enseguida el freno, sacando chispas del pavimento mientras el vehículo se sacudía; Eva aprovechó la cercanía para arrojarse al interior por la puerta lateral, pero Cisternas los había alcanzado y trató de subir también a la van detrás de ella. Sin pensarlo dos veces, Adán volvió a presionar el acelerador, y giró el volante con fuerza, sacudiendo nuevamente el vehículo en una maniobra muy arriesgada para una calle tan estrecha; consiguió girar la van en 180 grados, aplastando al hombre contra una muralla. Eva aprovechó para empujarlo, y de inmediato arrancaron el vehículo a toda velocidad, perdiéndose por las calles mientras los vecinos del sector comenzaban a salir, alarmados por los gritos y los disparos.
Poco después, Adán había dejado la van oculta en una bodega, y junto con Eva habían vuelto en el mismo anonimato en el que habían salido de un departamento alquilado en una zona apartada; la idea original había sido salir de ahí en secreto para despertar las sospechas de las personas indicadas, pero ahora se hacía vital volver para tramar una coartada. Eva estaba fuera de sí, y realmente Adán estaba muy cerca del límite.

–Es un desastre Adán, ¿has visto lo que hicimos?
–Eva, tienes que tranquilizarte.
– ¡No me digas que me tranquilice! –gritó ella con desesperación– no me digas lo que tengo que hacer Adán Valdovinos, no después de la catástrofe que causamos.
–Aún no sabemos con claridad lo que pasó.

Eva se acercó a él y lo empujó con fuerza, transmitiéndole una corriente eléctrica que explicaba muy bien su estado.

–Por supuesto que sabemos lo que pasó Adán, no hay ningún tipo de interpretación para esto: somos asesinos.

Adán la fulminó con la mirada.

–Cállate, eso no es cierto.
–Claro que sí, todo esto es nuestra culpa. Somos culpables de lo que le ha pasado a esos hombres, tú y yo tenemos esa responsabilidad.
– ¡Ellos eran una amenaza para nosotros y lo sabes! –gritó él de vuelta, pero estaba sintiendo el peso de las palabras de ella– lo único que podíamos hacer era defendernos.
–Eso no cambia el resultado –replicó ella lúgubremente– ahora también tenemos eso en la conciencia.

Adán sabía que estaban en la situación más compleja que pudieron haber ideado, pero no iba a rendirse, tenía que haber una forma de salir adelante.

–Puedo vivir con eso –dijo decidido– puedo sobrellevarlo, prefiero eso a que te ocurra algo, o que no estemos juntos.

Se miraron fijamente. Habían tantas cosas que sabían el uno del otro, tanto en común, una conexión tan fuerte a nivel físico y sensorial que resultaba insoportable la sola idea de estar separados, pero una situación como la que enfrentaban los ponía al límite, enfrentando el amor y la unión que tenían con lo más básico de sus instintos, lo que los llevaba a sobrevivir a costa de cualquier cosa.

–Tenemos que salir de aquí e investigar en que va todo –dijo al fin Eva, sin calmarse pero obligándose a mantenerse en su centro– además necesitaremos una coartada para este tiempo.
–Por el momento sabemos que es difícil que nos localicen en ese lugar, tomamos precauciones para empezar.
–Salgamos de este lugar entonces.

Por la noche recién se emitió una noticia más o menos completa con respecto a los hechos ocurridos antes; la información era escasa y confusa, pero algo sorprendió a Adán mientras estaba en su departamento: ninguno de los dos involucrados estaba muerto. Samuel había recibido el disparo en el pecho, pero en una zona no vital, así que estaba entubado en ciudados intensivos con pronóstico reservado, lo que significaba que habían bastantes posibilidades de que las cosas empeoraran para él; Cisternas en tanto, tenía múltiples heridas provocadas por el que los medios informaban como choque, y varios órganos comprometidos, lo que indicaba que también estaba fuera de combate por el momento.
Eso podía ser bueno desde un punto de vista moral, pero multiplicaba los riesgos prácticos, porque había dos testigos vitales que aun podían arruinar todos sus planes. Habían decidido con Eva mantenerse alejados de momento y siempre visibles, de modo de evitar cualquier sospecha en el entorno; por el momento nadie podía relacionarlos con esos hechos, pero eventualmente alguien podía decir alguna referencia del pasado de Cisternas, o haber visto a Samuel con algún misterioso conocido, y eso llevaría a que quisieran investigar. Tenía planeado algún tipo de enfrentamiento entre Cisternas y Samuel para poder hacer intervenir a la policía y anularlos momentáneamente, inclusive exponer alguna historia inventada que surgiera como verdad oculta, algo de abuso o de drogas para causarles más problemas mientras ganaban más tiempo y podían armar algo más, pero no se imaginó una balacera con todas esas consecuencias. Eva tenía razón, la situación era catastrófica, más todavía porque se encontraban en un punto ciego donde todo podía complicarse aún más en varias direcciones, y además de eso estaba atado de manos momentáneamente.
Solo tenía una alternativa, y esa era seguir adelante sin detenerse. El producto de sus inversiones en la galería ya estaba seguro en una cuenta en el extranjero, y las ganancias por Boulevard y por Hotel estaban dirigidas a otra cuenta, lo que lo protegía ante cualquier eventualidad; no se lo había preguntado, pero lo más probable es que Eva estuviera protegiéndose de un modo similar. Por un lado agradecía haber salido ileso tanto él cómo Eva, pero por otro, estaba sumido en una incertidumbre total, obligado a permanecer firme ante cualquier circunstancia.

Eva estaba momentáneamente recluida en su habitación de hotel, luchando por volver a ser la de siempre; las cosas habían pasado los límites, y lo peor es que ni siquiera podía darse por satisfecha, porque aún tenía que esperar los resultados de los tratamientos a los que estaban siendo sometidos tanto Cisternas como Samuel. Por el momento estaba a salvo, protegida, pero a la vez enfrentada a un mar de incertidumbres; muy a su pesar, trasladó todos sus bienes, las inversiones y ganancias a una cuenta en el extranjero, para protegerse ante cualquier eventualidad. ¿Acaso tendría que escapar dado el caso? Era una mala perspectiva, pero definitivamente preferible a la de encontrarse cara a cara con la policía. Adán tenía razón, debía aprender a sobrellevar lo que había hecho, y no rendirse, porque solo así podría cumplir con sus objetivos, y precisamente en esos momentos el trabajo en Hotel ya le estaba reportando tanto beneficios como interesantes utilidades, que no estaba dispuesta a perder.

Una semana más tarde, las cosas seguían en las mismas condiciones, excepto que tanto Eva como Adán habían regresado a su vida de costumbre, haciendo oídos sordos a cualquier posible peligro mientras este no fuera explícito, aunque en secreto mantenían los ojos puestos en los servicios de urgencia ante cualquier movimiento fuera de lo común. Y lo más tenso es que todo seguía igual.

–Adán, ya tenemos firmado el último permiso, empezamos a trabajar en la zona de construcción hoy mismo.
–Excelente, creí que íbamos a tener que esperar hasta Febrero pero al fin estamos autorizados. Las empresas de maquinarias, la asignación de obreros, los tiempos fuera de horario, las estructuras, los acabados, las obras gruesas, los equipos, está todo definido.

Estaban solos en una de las oficinas de la constructora, después de las seis, afinando los últimos detalles. Sabían que Bernarda estaría en júbilo al saber la buena nueva.

–Ahora viene lo más pesado, la coordinación de todo, porque hasta ahora luce bien en el papel – comentó Eva mirando los detallados planos– me parece un diseño fuerte y sin puntos débiles, creo que la primera impresión será fundamental en los clientes.
–Es cierto, ya de entrada los túneles exclusivos con los decorados especiales y las rutas hacia los estacionamientos modulares son interesantes, además el Hotel cumple con todo lo que se necesita para ser de gran categoría. ¿Sabes qué? Creo que el segundo punto fuerte es la sala de recepción.
–Si es tan impresionante como la sugerimos, entonces si será un gran punto fuerte. Ahora tenemos que avisarle a Bernarda y prepararnos para que nos arrastre a una de sus alcoholizadas celebraciones.
–Es un precio aceptable por ésto –comentó Adán– además lo necesitamos después de todo el trabajo al que hemos estado sometidos. Solo mira la hora, casi dan las siete y ni siquiera hemos almorzado. Propongo que dejemos que Bernarda pague el almuerzo–cena y nos desentendemos de detalles.
–Estoy de acuerdo, hagamos eso.

Adán marcó el número de Bernarda; Eva sabía muy bien que tenían el acuerdo de no mencionar el más mínimo detalle personal durante horas de trabajo, pero sentía en él la irritación y el cansancio por la espera. Ella también estaba nerviosa mientras pasaban los días.

Esteban estaba en su departamento cuando recibió la llamada de F, su misterioso informante al que solo había visto un par de veces y del que no tenía ningún dato; contestó esperando alguna novedad.

–Hola.
– ¿Has visto las noticias? –le preguntó de golpe– ¿eso de que hay dos heridos en un incidente confuso casi a las afueras de la ciudad?

Esteban se quedó un momento sin saber que decir, pero al fin recordó.

–Sí, la vi. ¿Por qué me estás preguntando esto?
–Uno de los dos involucrados, Samuel Benavente, es un genio de la informática; no lo conozco personalmente, pero en este mundo siempre terminas sabiendo algo del resto, y este tipo se inmiscuyó en una serie de asuntos que te van a interesar: estuvo rastreando datos para Adán Valdovinos.
– ¿Qué? ¿Cómo lo sabes?
–No lo entenderías si te explico cómo rastreo a las personas, pero Samuel recibió un par de visitas de Valdovinos antes que la galería de Carmen Basaure fuera inaugurada, y recientemente ellos dos y Eva San Román estuvieron juntos en una cafetería, justo antes del incidente que mandó a nuestro genio a urgencias.

Esteban no entendía nada.

–Cielos, no sé qué decir, ni siquiera entiendo cómo llegaste a eso.
–En parte gracias a las cámaras de seguridad, el resto es ingenio.
–Te creo. Pero tienes razón, me interesa pero no lo comprendo del todo; por lo que imagino, Valdovinos podría necesitar los servicios de Benavente para poder hacer investigaciones o... claro, la forma en que sabotearon nuestro correo.
–Es una posibilidad.
–Por lo que se ha dicho en las noticias, este hecho es confuso y se piensa que hay más involucrados, así que perfectamente... oh, Dios, estoy pensando que Valdovinos podría haber querido deshacerse de él por algún motivo.
–Como tener información.
–No es muy alentador para ti.
–Por eso es que nadie sabe nada de mí, y por suerte soy del tipo físico que con un cambio de cabello y ropa me vuelvo irreconocible; voy a tratar de conseguir más información, aunque estando otro genio en medio puede ser más complicado, pero te digo esto Esteban: me caes bien, este consejo es gratis, cuídate de este tipo, porque tengo la sensación de que a su alrededor siempre hay alguien que sale perjudicado.



Próximo episodio: Deseo en ausencia

No hay comentarios:

Publicar un comentario