Sten mor academia 1° Capítulo 19: Progresos comprobables. Nuevas estadísticas




Martes 27 de junio. Torre blanca. Salón de trabajo de maestros.

Gabriela estaba reunida con Karin, Misael, Benancio y Julia, analizando datos de la evolución de los estudiantes durante los primeros días de llegados a la academia. Los maestros de Liderazgo activo, Análisis químicos, Análisis de docencia y Diversificación de la energía habían sido convocados por ella para una reunión importante, que ayudaría a tomar algunas decisiones; cada cierta cantidad de días, los maestros de especialidades se reunían con los de piedras, y entregaban determinados reportes. En esa ocasión era su turno, y aunque a tan poco de comenzar las clases no esperaba nada sorprendente, no estaba de más poner atención en las señales que vieran los otros en un aula.

—El inicio de esta generación es muy interesante —comentó Karin—, Krau tiene un enorme potencial.
— ¿Qué me dices de su carácter?
—Es fácilmente controlable indirectamente. Necesita estar ocupado dirigiendo a alguien, y es así como saca su mayor potencial; tiene a su cargo el grupo de trabajo, y al mismo tiempo le sugerí integrar una actividad artística, que no es su fuerte, y con esa presión demostró una eficiencia mayor en una ronda rápida de preguntas.
—Bien.
—León tiene buenos indicadores, pero está fallando en concentración: sin embargo tiene un gran liderazgo natural, creo que su fuerte es ayudar a los demás.
— ¿Silvia?
—Tiene perfil de maestra —comentó Benancio—; he agregado algunos puntos de dificultad mayor a sus gestiones y ha aprendido rápido, todo indica que tiene la capacidad de memorizar sus errores para no volver a cometerlos.

Lo mismo que ocurrió en entrenamiento de piedras; no había sido la primera en hacerlo, pero sí fue la primera en aprender a tomar como punto de partida el mejor resultado del entrenamiento anterior, lo que a la larga entregaba resultados más satisfactorios.

—Irene ha subido más que Luz.
—Sí, creemos que el potencial de Irene se está desarrollando con más lentitud; Luz, en cambio, de momento no muestra cambios relevantes.
—Oiren es el más completo de su grupo —comentó Julia—. Está mostrando un avance equilibrado entre las distintas materias, aunque creemos que el apartado físico puede volverse en su contra.
—Sí, no se esfuerza mucho por mejorar en ese sentido. ¿Qué me dices de Ferrán?
—Estable, rivalizando con Isabelle; pero de ese grupo, es Miraz quien tiene un mejor desempeño, sólo limitado por los habilidades sociales.

Gabriela ya sabía que, en lo referente al control de piedras, también había una limitante, autoimpuesta de igual forma, que evitaba que él destacara como realmente debía. Eso significaba que mientras tuviera ese muro, no demostraría más, y estaba segura de que Omar le aconsejó guardar su habilidad para etapas avanzadas del torneo, pero la parte humana, si estaba en lo cierto con su presentimiento, era algo que no iba a poder cambiar; Miraz había conseguido entrar a la academia ¿Por qué? De seguro porque, al igual que los otros, mostraba un rango alto de disposición física al uso de la piedra, lo que lo puso entre la lista de candidatos. Luego, quien lo seleccionó en persona fue Flavio, quien no era exactamente la persona más sociable del planeta, por lo que probablemente no advirtió, o dejó en un segundo plano, la casi nula capacidad social de ese individuo. Era educado al expresarse, correcto al comportarse y nunca hacía o decía algo que no Fuera necesario, pero a sus ojos, eso era algo aprendido y puesto en práctica para poder integrarse en una actividad comunitario, pero difería de sus reales intenciones.




2


Torre celeste.

Krau, Mauren y Alej estaban en uno de los salones de trabajo, trabajando activamente en un proyecto conjunto.

—Me duele la espalda.
—Seguro que es cansancio —murmuró Krau sin despegar la vista de los planos—; yo siento que tengo los ojos secos de tanto hacer mediciones y volver a calcular.

Alej parecía el más tranquilo de los tres: en esos momentos el mesón estaba ocupado por docenas de complejas construcciones de tela, que hasta ese momento no parecían tener un aspecto específico, o un motivo; además había carretes de hilo, reglas, alfileteros y barras de contrapeso, entre otras cosas, mientras en una de las paredes permanecía suspendido un holo con partículas de reconocimiento de patrones, las que servían para comprobar que los pasos que estaban siguiendo eran los correctos.

—Está claro por qué los enviaron a hacer este proyecto —dijo con una risita—, cada día se quejan más que el anterior.

Dicho esto tomó una barra de chocolate de su lado del mesón, y comió ávidamente; Mauren se pasó la mano por el cabello, y siguió haciendo cálculos, ignorando la sensación de hambre en ese momento y la envidia por Alej, que bien podría terminarse el mundo y siempre tenía tiempo de comer algo.

—Supongo que tengo que agradecer que tú estés aquí ¿Cómo es que sabes tanto de moldes para vestuario e hilos?
—No sé nada, todo es intuitivo; digamos que yo puedo interpretar un concepto artístico de la misma manera en que ustedes huelen el dinero.

Krau trataba de sólo escuchar, pero no distraerse; Economía y negocios era su área y no el arte, pero su orgullo le impedía rendirse, de modo que cuando Karim dijo que participar en un proyecto artístico abriría horizontes y sumaría a la evaluación personal, no lo dudó un segundo. Ya era uno de los destacados en la academia, pero quería mucho más.

—Alej, corregí tu cálculo del sector 3b, desplacé un doceavo para ganar en ángulo y permitir un radio más eficiente.

El aludido se quedó con la barra tubular de chocolate entre los dientes, como si fuera un puro, mirándolo con las cejas levantadas.

—No tengo idea de lo que estás hablando.
—De esto —tomó dos estructuras de tela y se las puso de una forma parecida a que fueran guantes, haciendo luego un gesto con ambas—. Ahora es más eficiente.

El otro se alejó del mesón, dejando la barra sobre una servilleta.

—Krau, tiene que ser bonito, no vas a poner un gráfico de fluidos al lado para explicar cómo se mueve.
—Se llaman gráficos de flujo, y tiene que ser funcional.
—Al mover esa parte tiraste por la borda todo el efecto de ese lado, el proyecto no puede perder el concepto de... —se llevó las manos a la cara— Por todos los cielos, estoy empezando a hablar como tú.

Mauren hizo un notorio gesto para hacer callar a ambos.

—Basta, me están cansando. Escuchen, esto es sólo una estrella de quince puntas que ni siquiera tiene que flotar por sí sola, tiene que ser una estructura parecida a lo que nos indicaron en ese documental sobre la vida en el fondo del océano; es raro e inútil, y ustedes dos parecen divas de estilos musicales distintos.
— ¿Qué se supone que significa eso?
—Significa que si a ti te parece que no está bien ajustado en grados o lo que sea, dile a él —señaló a Krau como si no estuviera ahí—, que lo trabajen juntos para que siga siendo bonito, es todo. Tenemos que terminar esto hoy para la presentación y estoy cansada, me duele la espalda y no quiero ver una aguja otra vez en mi vida; por el amor del cielo, esto es un proyecto de Estética, se supone que se tenga que ver bien.
— ¡Ja!
—Y nosotros vinimos aquí por Liderazgo activo, nos van a evaluar por métricas distintas.
—Diablos.
—Ahora por favor ensamblen eso mientras voy por más de este hilo especial.

La chica salió del salón suspirando, y se encaminó a una de las salas de accesorios y materiales; el diseño y confección de objetos de cualquier tipo era algo que estaba por completo fuera de sus intereses, e incluso se le hacía cansador, porque sentía que no disponía de ninguna herramienta para enfrentar el reto. Unos metros más adelante se topó con Mónica, quien venía con una carpeta en las manos. “Perfecto” Se dijo, lo único que venía necesitando en un momento como ese.

—Te ves destruida.
—Es sólo un poco de cansancio de escuchar a tus amigos en los últimos tres días.

Era evidente para ambas que no se agradaban; durante los torneos habían tenido algún altercado, pero estaban empatadas y ninguna quería perder terreno.

—Para ser una persona que tiene que relacionarse tan de cerca con el liderazgo, no pareces estarlo llevando bien.
—Ah, pero mi liderazgo no está en duda, al fin y al cabo siempre debe ser una persona la que salve todo, y seré yo, para variar.

Entró al salón de elementos y buscó lo que necesitaba, mientras se preguntaba si tendría la oportunidad de poner a Mónica y su arrogante actitud en su lugar, y pronto.





3


Torre amarilla. Mientras tanto.

Oskar, Maud, Amber y Ferrán estaban terminando la selección de datos que se les había solicitado; estando tan cerca del primer fin de mes en la academia, había algunos proyectos que terminar, y trabajos que presentar.

—Bien, creo que eso es todo. Ya tenemos lo necesario para elaborar el informe.

Ferrán notó que Amber lucía un poco cansada, y no dudó en acercarse a ella.

—Te noto un poco deprimida ¿Qué ocurre?

Amber se puso de pie, dejando la tableta de datos sobre el mesón en el que habían estado trabajando: en la torre amarilla había una sección dedicada a historia, con enfoque en datos históricos, y para la presentación que harían era necesario obtener datos de allí: se trataba de un tema que, como profesionales, de una u otra manera tendrían que tocar en el futuro, ella en particular al estar interesada en la docencia. Muchas veces, enseñar no era sólo sobre el futuro, sino principalmente sobre el pasado.

—No es nada, es sólo que creo que nunca antes hasta ahora había tomado una idea tan clara de la situación en la que vivimos: somos una sociedad muy afortunada, las cosas en el país funcionan muy bien en la actualidad, a diferencia de lo que ocurría en el pasado.

Desvió la mirada hacia la pantalla holo en la pared, en donde una antigua imagen convertida al formato tridimensional mostraba un pueblo: en la imagen, el callejón parecía muy pobre a los ojos de ellos, con sus casas pequeñas lado a lado, el suelo de un concreto duro y sin pulir, y un ambiente general que se encontraba muy lejos de la pulcritud típica en cualquier ciudad, y de la cuidada apariencia encantadora de los pueblos. No existía en esa imagen nada de tecnología, ni siquiera un móvil en las manos de las personas, y por el color del aire, era evidente que no funcionaba ningún sistema de control de clima, o de restricción de polución, ni hablar de los sistemas que se encontraban en cualquier calle, que medían y controlaban silenciosamente el polvo en suspensión, para evitar que esa contaminación dañara desde los pulmones de los transeúntes hasta las estructuras construidas. Incluso, a cierta distancia se podía ver que algunos animalillos de granja paseaban entre los personas, en una calle, a vista y paciencia de todo el mundo. Casi era como si ese pueblo estuviera en la mitad de la nada.

—Parece increíble que esa imagen es de hace sólo 120 años.
—Las cosas han cambiado para mejor, y eso es algo que tenemos que agradecer.
—A veces uno no se da cuenta de estas cosas que son parte del diario vivir. Uno no camina por una calle preguntándose si estarán funcionando los desagües o los reguladores de partículas de polvo, o si en la mañana el clima será el que anunciaron en el informe del tiempo.

Oskar, sin embargo, se lo estaba tomando con más calma.

— ¿Ninguno de ustedes ha estado en One-garui?
—Yo he estado de vacaciones —repuso Ferrán—. En la zona norte, pasé un par de veces por Puerto patria.
—Ya veo.
— ¿Por qué lo preguntas?
—Ustedes son de ciudades más "Tecnológicas" si se puede decir así: no estoy diciendo que en mi ciudad las cosas sean como en la antigüedad, pero creo que por estar conectados directamente con el mar, tenemos un poco de conciencia de que las cosas naturales están ahí, que no se han ido a ninguna parte, sólo las cambiamos para que sea más cómodo vivir. Lo que hace una sociedad es construir para su bienestar, sin destruir el entorno: si un lugar acoge flora y fauna, esta se reubica por expertos en el tema, procurando causar el menor impacto posible.

Maud había estado hablando con Oskar acerca de las diferencias de una ciudad con respecto a otra, pero no lo escuchó profundizar en eso de aquella manera. Incluso parecía un poco más maduro al expresarse de forma tan adulta y sencilla al mismo tiempo.

—Pero en One-garui existen los mismos métodos de control de clima y las otras cosas de las que hablábamos antes.
—Por supuesto —replicó calmadamente—. Si recuerdan, eso lo vimos mientras tomábamos las primeras notas históricas para esta presentación; a lo que me refiero es a que los sitios históricos en mi ciudad no son algo para visitar, son parte de nuestro entorno, entonces, aunque yo sepa que el agua estará tibia en verano gracias al mecanismo que controla el clima en todo el país, si voy a la playa, puedo ver que el movimiento de las olas es algo natural, que la fuerza del mar es parte de la energía del planeta.

Amber pensó en esto un momento, y recordó algo, aunque no lo verbalizó frente a los demás. En Altocielo, los sistemas de control de la velocidad del viento eran más rigurosos que en cualquier otra ciudad, y esto era porque, al estar rodeada de una escarpada cordillera y teniendo al aeropuerto del país en el valle, era de vital importancia que cualquier evento climático pudiese ser controlado, y que las corrientes no causaran inconvenientes tanto a los vuelos cono a los cientos de expertos encargados de vigilar por la salud y bienestar de todos.

—A veces, cuando estás en Puerto patria, puedes encontrar una Rhinella miniatura en alguna parte, saltando de un sitio a otro como si estuviera en una zona libre.
—Disculpa ¿qué es una Rhinella?
—Es un tipo de renacuajo, son del tamaño de un gorrión corriente.

Amber no le tenía miedo a los animales salvajes, pero la idea de ver a uno de ellos en la vía pública se le hacía realmente muy extraña.

— ¿Y andan por ahí en la calle?
—No —rio ante la cara de Amber—. No andan por la calle, me refería al puerto de Puerto patria; a todos nos enseñan que los mecanismos de control nos protegen de amenazas de animales o plantas, y que eso al mismo tiempo protege a las especies de ser dañadas por la acción de los seres humanos.
—Eso es de primaria —comentó Maud sonriendo—, disculpa, pero recordé una canción de primaria. Decía algo como "no recojas mascotas del otro lado de la línea, ellos son felices libres, y tu salud es feliz con un animalillo de los Indes". Nunca noté que era publicidad de una casa de mascotas.

Oskar le devolvió la sonrisa.

—Es una canción curiosa. A lo que iba es a que en el puerto, a veces el oleaje lleva alguno de estos renacuajos a la superficie, y como los sistemas son disuasivos pero no agresivos, el animal queda desorientado, saltan y chocan con las cosas.
—Pobre.
—Supongo que esto a ustedes se les hace muy raro, pero si vas a al puerto, es muy posible que lo vean. Lo siento, los estoy aburriendo.
—Para nada —se adelantó Ferrán—, lo que estás contando es un excelente contrapunto para lo que estamos viendo ahora; además nos sirve para no hacer un espectáculo en la presentación.
—Bueno, a lo que iba es a que, aunque se supone que estamos rodeados de todo tipo de comodidades, hay eventos que son incontrolables, y la naturaleza es uno de ellos.
—Nunca había pensado en eso —comentó Amber—. En casa tuvimos un ave, era un Berlajo, vivió doce años y era parte de nosotros en cierto modo; en un viaje de estudios a los altos de Harteps, pasamos cerca de un santuario de aves, y era muy impresionante, ver cómo hacen sus nidos y se las arreglan por sí mismos para conseguir el alimento, en una zona que es completamente natural, sin intervención humana. Sé que te va a sonar extraño, pero casi todos estábamos sorprendidos de que el plumaje de esas aves luciera tan espectacular y limpio, siendo que viven en nidos a la intemperie, aun cuando en clase nos explicaban que eso es parte de las costumbres que los animales tienen desde siempre.
—Sí —dijo Ferrán—, creo que estamos acostumbrados a ver a los animales salvajes desde la distancia.

Poco después, Maud y Oskar salieron charlando de la sala, sobre los mismos temas que antes interesaron a todo el grupo.

—Fue muy interesante todo, la verdad.
—Me alegra no haber aburrido.
—Sería imposible; y mira, no había pensado en lo que nos contaste de esa manera, al menos. Tienes una visión del mundo muy especial.

Oskar sonrió, algo avergonzado por el elogio; Maud era una chica gentil, inteligente y muy agradable, y el tiempo junto a ella se hacía cada vez más interesante.

—No creo que sea tan especial, en realidad es solo que vivo en un lugar distinto.
—Pero yo puedo ver que te interesan las cosas —dijo ella con una sonrisa—. La forma en que nos hiciste ver que lo que se ve como algo antiguo no es tan ajeno a la realidad, y el modo de explicar cómo proteger a esa redecilla fue muy gentil.
—Se llaman rhinellas.
—Oh ¿qué dije?
—Redecillas.

Ambos rieron alegremente, y es que Maud no sólo había equivocado esa vez, sino también antes mientras charlaban con los otros.

—Lo siento, la palabra se me escapa.
—Está bien, no importa. Maud, yo...
— ¿Sí?

Se quedaron mirando unos segundos; Oskar se dijo que era demasiado pronto para decir cualquier cosa que sonara comprometedora, pero en realidad nunca había conocido a una chica como ella.

—Me gustaría que un día fueras a One-garui; me gustaría enseñarte los lugares que conozco allá, estoy seguro de que te encantarán.

Maud sabía que los momentos que estaban compartiendo no eran los mismos que con los demás; con Oskar estaba creciendo un tipo de amistad, una conexión para la que aún no tenía nombre, pero que era agradable de experimentar.

—Eso sería muy interesante —replicó en voz baja—, eso es... es una alerta.

A ambos les llegó una alerta al móvil, que hizo que tuvieran que cortar el hilo de la conversación; Oskar desplegó el holo de su móvil.

—Son las estadísticas globales de rendimiento.
—Pensé que estarían hasta el viernes.

La pantalla incluía una nota que explicaba que esos datos eran temporales, actualizados hasta el viernes anterior.

—Creo que nos están presionando con mucha sutileza —comentó él—. Mira, hay algunos cambios con respecto a las primeras pruebas. Oiren ha subido mucho en todas las asignaturas técnicas, y mira Edsel, sus fortalezas en artes físicas están cada vez más arriba.

Maud hizo un gesto de incomodidad.

—Hay algo extraño con él, me provoca un poco de desconfianza.
— ¿Por qué, te dijo algo o tuvo una actitud extraña?
—No conmigo, a lo que me refiero es a que ha tenido un cambio, al principio era callado, no hablaba mucho con los demás, pero parecía respetuoso y correcto, y ahora parece como si mientras está más fuerte, también está más rudo.

Él pesó unos momentos la situación antes de comentar.

—Tal vez es algo como una consecuencia de haber empezado a hacer mucho ejercicio: estaba hablando con Sebastián y me dijo que la liberación de dopamina hace que sientas una sensación agradable al hacer ejercicio, pero al mismo tiempo es la sustancia que está relacionada con las adicciones, entonces si tienes una tendencia natural más pronunciada, puede que hacer mucho ejercicio de forma brusca te haga sentir algo parecido al síndrome de abstinencia.
— ¿Todo eso? ¿Y cómo Sebastián sabe esas cosas? Espera, ya lo entiendo, es por la habilidad que tiene, seguramente tuvo que informarse mucho para estar preparado.
—Eso fue justo lo que me dijo, porque a mí también me pareció raro que supiera cosas tan específicas siendo que no es un fanático de las pesas.
—Cierto, no como Esteban, aunque están bastante amigos. Espera —dijo volviendo a mirar las estadísticas en la pantalla—, esto sí que no me lo esperaba: Miraz está entre los cinco mejores puntajes globales.

Los puntajes globales incluían tanto las habilidades dentro de la carrera elegida, como las independientes, más los trabajos en grupo, y si bien había destacados, los demás subían por calificaciones superiores en su campo y muy buenas en los otros, mientras que él, por lo que mostraba el gráfico, tenía un desempeño de bien a mejor, de forma equilibrada entre todas las áreas, siendo el único con ese comportamiento. Miraz casi no hablaba con nadie, y ya todos sabían más o menos cuál era su forma de actuar: se levantaba antes que todos para entrenar en los montículos, haciendo algo que parecía meditación, luego tomaba desayuno solo, y pasaba el resto de la jornada, leyendo notas no sólo relacionadas con su carrera, sino con todo. Durante las clases o descansos no hablaba más que lo necesario si es que se le pedía expresamente una opinión, y en lo referente a las piedras, seguía las instrucciones de los maestros con una precisión que rayaba en la obsesión. A ella le parecía que algo muy malo debía sucederle para que estuviera tan encerrado en sí mismo.

—Creo que no es de extrañar tanto, él aparentemente sólo piensa en estudiar.
—Supongo, es sólo que parece una forma muy poco usual de hacerlo. Todos queremos conocer personas, o hacer amigos; incluso si estás en un grupo de trabajo o estudio, un ambiente agradable es mejor que estar solo ¿No crees?




4


Zona de descanso. Por la noche.


Ya todos se habían ido a dormir, y sólo uno o dos funcionarios terminaban algunas labores de última hora en el interior de las cocinas; la noche estaba fresca, pero no fría, por lo que descansar a la luz de la naturaleza era una excelente idea.

— ¿Por qué me miras así?
—No te estoy mirando de ninguna manera.

La noche había caído, y la zona de descanso se encontraba desierta excepto por ellos, de igual forma que cuando, algún tiempo atrás, habían empezado a hablar más allá de palabras triviales en los pasillos de la academia.

—Sólo quería mirarte —dijo Naro en voz baja—. Aun me sorprende la paciencia que tuviste conmigo desde el principio, porque no fui amable contigo.

Itiel sonrió, divertido.

—En ese momento no fue con ninguna otra intención: sólo me agradaste y quise hablar contigo.
—Pero pudiste mandarme al demonio por no ser alguien más gentil.
—Supongo que en cierto modo no me sentí afectado, no lo vi como que tuviera que ver conmigo; sólo teníamos algunas horas aquí y ya algunos decían "Oye, ese de ahí se comporta de esta manera, la chica de allí es de esta otra forma" y pensé que no me iba a dejar influenciar pon nadie.

Naro extendió la mano hacia Itiel y rozó ligeramente su mejilla, mirándolo con ojos brillantes. Tan pocos días, y sin embargo, lo que habían hablado hasta altas horas de la madrugada, y el cansancio y sueño por causa de esas jornadas extra, hacían que el tiempo fuera subjetivo; nunca pensó que hablaría con tanta confianza con alguien, relatando hechos de su pasado, incluso lo que tenía que ver con la enfermedad que de niño casi lo mata, destruyendo parte de su familia en el trayecto, y al mismo tiempo, no creyó sentirse tan a gusto, tan interesado, en los aspectos comunes igual que en los más profundos de la vida familiar de Itiel, pero así era. Y a la vez, resultaba extraño que el contacto físico hasta ese momento se remitiera a unos cuantos besos, mientras que el contacto espiritual iba mucho más allá, por voluntad de ambos.

—Tomaste una gran decisión.

Esa jornada, las cosas parecían ir como siempre, pero en realidad había un cambio.
No fue necesario que ninguno de los dos dijera algo, o que uno de ellos realizara algún tipo de insinuación, porque el lenguaje entre ellos había cambiado de frecuencia, abandonando en parte las palabras y dando la bienvenida a determinados gestos, que no por ser nuevos dejaban de ser claros. Los pasos de ambos los condujeron entonces a un cuarto en vez de a dos, y ambos entraron a paso lento, cerrando la puerta, no tanto en busca de intimidad como de un espacio propio, en el que nadie más pudiera intervenir.
Fue así como, sin otro ánimo más que la búsqueda de comodidad, llevó a uno de ellos a despojarse de la camisa, mientras aún estaban ambos de pie, separados por algunos pasos y la luz tenue que bañaba sus siluetas; se miraron de una forma libre, divertida y al mismo tiempo inocente, entendiendo por medio de esa nueva conexión que ninguno de los dos, a partir de ese momento, volvería jamás a ser un invitado o un extranjero en el territorio del otro, tal fue la complicidad que nació entre ambos.
Y así, despojados ambos de toda prenda, al fin rompieron la distancia que hasta entonces los había mantenido separados.
Naro puso sus manos con suma delicadeza sobre los hombros de Itiel, haciendo contacto piel contra piel, sintiendo cómo el calor se traspasaba a sus palmas, percibiendo incluso el pulso de las venas, acelerado por el tacto antes desconocido y ahora ansiado. Itiel extendió las manos a su vez, y rozó los antebrazos de Naro, percibiendo la suave caricia del vello y la turgente piel como un regalo para los sentidos. Permanecieron de esta forma por largos segundos, mirándose muy fijo a los ojos, en una actitud que pese a la desnudez habría podido ser vista como un saludo amistoso, pero en donde se evidenciaba el innegable nexo gracias a la energía pura y poderosa que emanaba de ambos. A partir de ese momento, no hubo ya nada entre los dos que impidiera que los pensamientos volaran a un hermoso lugar en el universo, dejando los cuerpos a merced de la realidad que hasta entonces había sido pasión contenida, deseos y fantasías largamente dibujadas, pero jamás concretadas; más allá de los besos, traspasando la barrera de la intimidad, crearon un espacio y un lenguaje propio, en donde no fue necesario explicar ni preguntar, ya que los dos comprendían los movimientos, y se dejaban llevar por una coreografía espontánea que al mismo tiempo parecía una danza aprendida desde tiempos inmemoriales. No fueron entonces víctima de un deseo voraz y pasajero, ni mucho menos de una incomprensión egoísta, porque la unión mental, el entendimiento y la intención de ambos era tan profunda que no había espacio para nada que no fuera dedicación completa, respiración agitada, el toque de una caricia más valiosa que ninguna; más que besos, más que caricias, lo que ambos entregaron en esa ocasión fue su vida, un medio para acceder a un espacio que hasta entonces era privado y único de cada uno, y que ahora encontraba la sintonía perfecta para fundirse, como dos universos propios que establecían un contacto que nunca se rompería.
Amor, dedicación y comprensión, esa noche las luces de la ciudad, brillaron sólo para ellos.


Próximo capítulo: Sentimientos reales. Soledad



Sten mor Academia 1° Capítulo 18: Un mundo fuera, un mundo adentro



Lunes 19  de abril.

A primera hora de la mañana, los estudiantes recibieron en sus móviles una alerta de reunión antes del comienzo de las clases. A las seis y media de la mañana todos estuvieron en la sala central de la residencia, varios medio dormidos y la mayoría bastante confundidos.

— ¿Qué estará pasando? —preguntó Priscilla— ¿Alguien sabe algo?
—Yo lo único que sé —comentó Mónica—, es que después de un día de descanso es un crimen que nos hagan levantar más temprano.

Esteban llegó el último, mirando a todas partes sin entender.

— ¿Qué es lo que pasa?
—No sabemos —le comentó Sebastián.

Unos momentos después, entró alguien a quien todos conocían desde el momento de llegar a la academia.

—Dvorkia —exclamó Lena con alegría—. Qué gusto verte.
—También es un gusto para mí verte, y a todos. Seguramente se están preguntando por qué es que los hemos citado, veo varias caras de pregunta o de sueño. 
—Es que es tan temprano...

Dvorkia sonrió ante el comentario.

—Lo entiendo, pero hay un muy buen motivo para que solicitemos su presencia aquí hoy: en primer lugar, deben saber que no habrá clase con los maestros de piedras el día de hoy a primera hora.

A Esteban se le quitó el sueño en un segundo, al escuchar eso.

— ¿Por qué, hicimos algo malo?
—En absoluto. La razón de no tener jornada de entrenamiento con piedras, es que desde las siete y media, y por un lapso de dos horas, se levanta el veto comunicacional para todos ustedes. Podrán comunicarse con sus familiares o amigos.

La noticia terminó de despertar a los que aún estaban dormidos, y generó una oleada de alegría y sorpresa en todos.

— ¿Podemos comunicarnos ahora mismo?
—No, Esteban, es desde las siete y media. Les recomiendo que mientras tanto se preparen y dispongan del entorno de sus habitaciones, la comunicación se realizará de forma tradicional a través de los móviles, pero sólo está habilitada al interior de los cuartos. Esto también ayuda a que tengan la privacidad apropiada para que pueden conversar en paz.

El grupo en general estaba perdiendo la concentración, por lo que Dvorkia tuvo que aclararse la garganta para hacerse escuchar.

—Todos, por favor —aguardó a un poco de silencio, y continuó—. Hay algo que debo pedirles y es muy importante que atiendan a esta petición: La comunicación se realiza de forma individual dentro de las habitaciones, no en ningún otro sitio de la academia, ni en compañía de alguien más. En la academia pensamos que es muy importante dar un espacio de resguardo a la intimidad de los estudiantes y sus cercanos; posteriormente, será decisión de ustedes cómo compartir esta experiencia, pero les pido que respeten tanto la intimidad de los demás, como la suya propia.

Poco después, los estudiantes se habían dirigido a sus habitaciones, y se inició el tiempo indicado anteriormente.

—Hola papi.

El padre de Serene era un hombre alto y distinguido, de cabello rubio encanecido y piel blanca, la que había sido heredada por ella; miraba atentamente desde su oficina con paredes color cielo a sus espaldas, y un holo de ambos junto a la madre de Serene en un hotel de Tash—han.

—Cariño, me alegra tanto verte.
—A mí también papá.
—Deben estar muy ocupados en la academia.
—Es cierto —repuso ella con voz musical—. Y bueno, tú sabes que el veto a las comunicaciones externas es estricto, y es lo mejor, porque no podríamos estar tranquilos con las personas hablando todo el tiempo con gente del exterior.

El hombre asintió.

—Me alegra que en ese sitio también tengan control sobre los comunicaciones —su expresión se tornó severa por unos instantes—. Estábamos preocupados tu madre y yo, sobre que ese sitio no fuera lo suficientemente bueno para ti, ya que no es una universidad tradicional. Cuando nosotros estudiamos estaba prohibido por reglamento usar el móvil en horarios de estudio.
—Sí, lo recuerdo —replicó sonriendo—, pero sabes que no me quedaría si no existieran los condiciones apropiadas.
— ¿Y entonces comenzaste con tu carrera?
—Así es, sabes que lo mío es el mundo de las artes, y hay muy buenos maestros aquí, todos están preocupados de que tengamos apoyo, y las jornadas son intensas pero muy entretenidas.
— Dime más.
— Bueno, la jornada empieza a los ocho de la mandona y es hasta los nueve de la noche, con el tiempo para almorzar; el casino esté bien, tienen variedad de platillos y refrescos, aunque no todas las cosas que uno esperaría, pero el personal está disponible para sugerencias, y desde luego hice algunas. Las clases son dinámicas ¿Sabes? Hay algunas comunes entre todos, eso significa que tenemos desplazamiento de maestros.
— ¿Y los otros estudiantes? —el hombre parecía algo preocupado.
—Bueno, en eso hay poco que decir, porque la gente llega de todas las ciudades y sabes lo que eso quiere decir; pero no me preocupo por eso, prefiero concentrarme en las personas de calidad que hay aquí.

Al decir esto último, hizo un gesto con las manos que hizo resalto el brillo de la piedra en su muñeca.

—No recuerdo haber visto ese pendiente antes ¿Te lo regaló tu madre?

Serene bajó el brazo automáticamente, pero evitó cualquier expresión que pudiera delatarla.

—No, es un obsequio; muy lindo de parte de la administración, la verdad.
—Espero que no sea una imitación, hija.
—No —ella sonrió de inmediato—, es un detalle de morganita real, lo vi muy adecuado para mí, y combina con mi cabello.

Mientras, Lena estaba sentada en su cama, riendo alegremente mientras contaba el recuerdo.

—y entonces tropiezo, y mis ojos ven el postre con crema blanca viniendo hacia mí; y cuando este chico me sujeta del brazo, lo hizo muy brusco, fue como si me estuviera zarandeando. Bueno, ese chico es Febo, es parte de mi grupo de estudio, y tenemos algunas materias en común, a él le interesan las ciencias del espacio.

Sus padres se veían tan contentos y orgullosos, que Lena se sintió por un momento ahí, junto a ellos, ignorando que lo que los unía era una pantalla holo. La sala de la casa estaba tan bella y acogedora como siempre, que casi sintió el aroma del pan de centeno, y el olor del jardín entrando por la ventana.

—Estamos tan orgullosos de ti.
—Sí hija, pero háblanos más de la academia ¿Es grande?
—Sí, pero está muy bien construida. Las instalaciones están todas separadas: ahora estoy en mi cuarto en el edificio de la residencia de estudiantes, sólo nosotros estamos aquí. Hay una construcción para estudios técnicos, otra para humanidades, otra para actividad física, y un gran estadio deportivo, otra zona para cuidados personales, y hay áreas verdes —hizo un gesto muy amplio con los brazos—. Hay espacios abiertos y una gran explanada al centro, rodeada de zonas con césped y plantas de distintas especies.

Su madre adoptó una actitud más seria.

—Lena ¿Es un lugar seguro?
—Desde luego —replicó con tranquilidad—. El recinto es muy seguro, de hecho la zona segura está al frente, es decir desde la entrada, ahí están vigilando todo el perímetro. Y adentro, como les decía, todas las instalaciones son amigables, y el personal, todos te hacen sentir como si estuvieras ahí desde hace mucho tiempo; a través del móvil sabemos de cualquier novedad y nos podemos orientar dentro del lugar, pero además, cualquiera de los trabajadores conoce las instalaciones a fondo y puede entregar cualquier información que sea necesaria. Todos son tan amables aquí —agregó, sonriente—, pero Aziare es la mejor de todas.
— ¿Y ella quién es?
—Es nuestra maestra de cabecera, digamos que estamos separados en grupos y tenemos un tutor.
—Ah, la chica que vino a entrevistarte, había olvidado su nombre. Parecía muy gentil.
—Lo es. Es tan genial. Es correcta, y sabe muchas cosas, nos da consejos en todo momento; a veces parece que nos leyera la mente. Cuando estuvo en casa pareció un poco más... no sé cómo explicarlo, parecía un poco más distante, o quizás fría, pero ahora que la conozco, es realmente encantadora; por momentos parece algo distraída si la ves leyendo sus notas, pero cuando habla contigo o te da un consejo, es como si te conociera, y quisiera saber más de ti. Pero bueno, también hay otras personas, los otros estudiantes también son importantes: vienen de todas partes del país.
— ¿Ya tienes algún amigo o amiga?
—Sí —respondió de inmediato—, ella es Maud, ahora mismo debe estar hablando con sus padres: viene de Pristo ¡Es actriz! Nos conocimos justo antes de entrar a la academia, estoy segura de que van a amarla cuando la conozcan —pero se retractó al decir esto—. Lo siento ¿Puedo invitarla a casa cuando sea posible?

Su madre sonrió, y asintió con gentileza.

—Por supuesto que puedes, Lena, a ella y a cualquier amigo que hagas en la academia.
—Sólo avisa si son muchos, para que estemos preparados.

Krau, en tanto, estaba sentado frente al escritorio en su habitación, muy erguido y quieto. El hombre del otro lado de la pantalla lucía viejo y demacrado para la edad que tenía, viéndose de más de setenta cuando en realidad apenas pasaba los cincuenta.

—Todo está bien, papa. Voy a sacar adelante la carrera que quiero, ya habíamos hablado de eso antes.

El hombre se revolvió en el asiento, nervioso.

—Lo sé hijo, y no me gusta incomodarte; pero tu madre no está... muy contenta con tu decisión, ella piensa que no es lo correcto, que te estás equivocando.

Krau desvió un poco la vista, para ver su rostro a través de la captura de imagen secundaria que había programado. Qué distinto se veía a sí mismo ahora, tranquilo y seguro.

—Lo que ella piense no me importa. Ya no más.
—Pero ella tiene muchos conocimientos, sabe de estudios superiores —empezó a hablar nerviosamente, más rápido—, y sabe también de cómo funciona el mundo empresarial...
—Entonces que le aproveche, podrá usar esos conocimientos para ayudarse a sí misma y estar muy orgullosa de su propio desempeño.
—Pero...
— ¿Pero qué?
— ¿Y si estás tomando una decisión equivocada?
—Entonces le habré dado una felicidad en toda mi vida por estar en lo cierto, será un gran logro.
—Hijo...
—Papá, en serio —lo cortó, aunque con suma tranquilidad—, sólo te llamé para que estuvieras enterado de dónde estoy, no para darte en el gusto a ti, y por supuesto que no a ella; mi etapa con ustedes ya pasó, es todo.
—No quisiera que estuvieras enojado conmigo.

Se tomó un momento antes de responder. No odiaba a su padre, pero definitivamente el amor que pudo haber tenido por él había muerto muchos años atrás, aplastado junto con el amor propio que debió tenerse.

—No estoy enojado —repuso resueltamente—. Es sólo que no voy a vivir como tú. Y aprovecha de decirle a ella, por si por asomo llega a preguntar, que no importa lo que pase conmigo: aunque me vaya al infierno, es por mí, por lo que yo decidí, y lo hice porque quise seguir ese camino, no el que me diga alguien más.

Itiel, en su cuarto, tenía una expresión muy seria en esos momentos.

—Papá, te ves cansado y tienes ojeras ¿Estás enfermo?

Su padre era un hombre de baja estatura, de rostro redondo y sonrosado, y cabello encanecido algo prematuro.

—Bern tomó un catarro ayer en la tarde, al parecer, y se despertó en la noche.
—Cielos. ¿Cómo está ahora?
—Durmiendo con Irina, no los desperté a esta hora porque durmieron menos que yo y necesitan descansar; pero estoy grabando ¿ves? — señaló el icono apropiado en la pantalla que permitía la comunicación—, así que tendrás que grabar una parte para ellos.
— ¿Estás seguro que es sólo eso?

El hombre adoptó una actitud más seria, y frunció el ceño, reprendiéndolo.

—Escúchame bien muchacho. Yo estaba cuidando catarros y poniendo compresas frías cuando Irina y tú era unos niños porque ¡Espera! Ustedes eran esos niños.
—Está bien, está bien —se defendió levantando los brazos—, no voy a dudar de su juicio, doctor, perdóneme la vida.

Se miraron un momento en silencio, sonriendo cómplices. Su padre hizo una fingida expresión de regaño.

—Espero que lo hayas entendido. Ahora lo mejor que puedes hacer es decirme cómo van las cosas en esa academia tan misteriosa a la que entraste.
—En realidad no tiene nada de misteriosa adentro —repuso él con simpleza—. Funciona como cualquier institución de estudios superiores que se describe en los videos publicitarios; las instalaciones son espectaculares, es muy espacioso y cómodo, realmente es un lugar en el que me siento muy bien.
— ¿Y los otros estudiantes, son personas amables?
—Hay personas de todas las ciudades; y sí, hay personas grandiosas también aquí.
—Estoy seguro que ya tienes muchos amigos.
—Papá, eso no es lo que...
—Es lo lógico —dijo el hombre, animado—, eres tan encantador, las personas simplemente se acercan a ti.

Itiel pensó un momento en Naro; habían tenido una conexión especial, pero aún era pronto para saber si eso sería el inicio de algo más, así que prefirió dejarlo en segundo plano hasta tener mayor claridad.

Poco después de la finalización del periodo de comunicación con los familiares, Irene encontró a Priscilla en uno de los pasillos de la residencia.

— ¿Cómo va todo?
—Genial —replicó Priscilla—; siento que fueron los dos horas más cortas que he tenido en mucho tiempo.
—Entonces no soy la única —Irene sonrió—. Me pasó lo mismo. ¿Cómo está tu familia?
—Bien, por suerte las cosas en casa son como siempre: creo que hasta ahora no me había dado cuenta de cuánto se preocupa mamá por mí. Bueno, por mí, por papá y por Oudel, claro.

En los días recientes habían tenido bastante contacto fuera de las clases, y eso permitió que Irene descubriera que Priscila era una chica con muchas cosas que contar; de momento estaba disfrutando de la posibilidad de conocerla, sin pensar en nada más.

— ¿Lo dices porque estaba preocupada?
—Un poco, lo que quiero decir es que estaba bastante ansiosa y me hizo muchas preguntas sobre este lugar, es decir que quería saber si era seguro, cálido, si las personas eran amables, si estaba permanentemente prohibido que entren extraños...
— ¿Te preguntó eso?
— ¿Puedes creerlo? —ambos se sentaron un momento— Y estoy segura de que no se dio cuenta de lo que estaba diciendo en ese momento, para ser honesta: todo el mundo sabe que en cualquier institución de estudios hay normas que regulan la seguridad, y que nadie puede entrar sin tener una cita que justifique su presencia. Pero al mismo tiempo tuve una sensación al escucharla, es como que al tenerla en otra parte valoré mucho más lo que hace; en casa le habría dicho "mamá, todo está bien, no te preocupes" pero ahora me tomé el tiempo de explicar todo con detalle.

Se detuvo al notar que Irene la miraba fijamente.

— ¿Qué ocurre, dije algo extraño?
—No —replicó en voz baja—. Es solo que es muy lindo cómo te preocupas de ellos con tanta pasión.
—Gracias.
—No hay nada que agradecer, no era un cumplido.
— ¿Y tú? Siento que he estado hablando demasiado. 
—Para nada, además me gusta escucharte —se aventuró y decir, pero suspiró al entrar en el área que la otra chica había sugerido—; sucede que las cosas en casa no son sencillas, pero eso no es ninguna novedad.

Priscilla frunció ligeramente el ceño; a pesar de tener un rostro alargado, de facciones suaves y delicadas, este cambio de expresión, unido a su cabello castaño suelto cayendo en capas, le dio un aspecto más rudo.

— ¿Tu madre te recriminó por algo?

No había podido aceptarlo, y no lo entendía. Por lo que Irene le había dicho, en su familia, el hecho de integrarse a un centro de estudios no tradicional era prácticamente una mancha en los brillantes registros de los antepasados, y a ella eso le parecía injusto y desconsiderado.

—No, no me recriminó. Pero la conozco, sé que ni ella ni papá estás satisfechos con que esté aquí, y además estudiando algo que no es para un decorado holo de premiación en una oficina. Pero mira —decidió animarse y salir de esa zona—, no sigamos hablando de eso en este momento: mi familia no es tan mala como parece, sólo es que son muy estructurados y ven con malos ojos cualquier cosa que no sea lo que han hecho toda la vida siempre de la misma forma y a la misma hora. Más adelante, cuando yo sea una exitosa profesional, ellos van a aceptar que hice las cosas bien; claro, después pasaré a ser el ejemplo de turno para quien sea necesario, pero estoy dispuesta a pagar el precio.
—Por cierto, el otro día noté que Esteban no habla mucho de su familia.
— ¿Esteban?

La miró sin comprender; no había notado que él tuviera charlas con Priscilla de forma específica.

—Sí, Esteban. ¿Por qué te parece tan raro que lo mencione? Ustedes son amigos.
—Por supuesto, es sólo que no los había visto juntos.
—Ah, entiendo. Pues hemos estado hablando algo, desde el otro día, que me preguntó algo sobre lo que estaban hablando en Comunicación no verbal.

Curioso, se dijo Irene. Recordaba bien que ese día hablaron al respecto y él mencionó que no había entendido bien lo que explicaron en esa clase, pero en ningún momento mencionó haber hablado con ella.

—Te agrada, supongo.
—Es muy simpático,  es verdad; como te decía, noté que no habla mucho de sus padres.
—No, conmigo tampoco ha hablado —replicó, pensando—, pero no creo que sea un gran problema, o lo habría mencionado.
—Creo que tienes razón, es muy transparente ¿sabes lo que me dijo? Que yo me veía muy callada dentro de todo, y que tenía que aprovechar además de estudiar, de conocer más, a más personas de la academia. Sí, lo dijo justo con esas palabras; dijo que estaba seguro que tú y yo nos llevaríamos muy bien, y que dentro de poco él sería el mejor amigo de ambas.

Irene entendió recién en ese momento lo que estaba pasando; por eso fue ese cambio en la actitud de Priscilla, porque había recibido consejos de alguien, precisamente de Esteban.

—Y creo que tenía razón —estaba diciendo en ese momento—, me estaba perdiendo de algunas cosas aquí, como alguien con quien hablar.

Próximo capítulo: Progresos comprobables. Nuevas estadísticas




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