Sten mor Academia 1° Capítulo 14: Sana competencia. Miradas. Bajo rendimiento


Viernes 09 abril. Antes de inicio de jornada. Explanada mayor.

León había tomado la decisión de iniciar sus jornadas con algo de actividad física antes de lo relacionado con el entrenamiento con las piedras; después de levantarse y tomar un batido con vitaminas, se vistió apropiadamente y salió de la residencia, hacia el sector norte de las instalaciones de la academia. Ahí, haciendo triángulo con la torre verde y la zona de esparcimiento, una gran explanada le permitía correr o trotar con tranquilidad, todo bajo la luz de la mañana. Se sorprendió al encontrarse con Amber.

—Buenos días.

Ella también estaba en tenida deportiva, y le sonrió al verlo.

—Buen día León.
—Es una sorpresa verte a esta hora —comentó él, sonriendo—, pensé que era el único chiflado al que se le habría ocurrido salir antes de las siete de la mañana.
—No eres el único, ni siquiera el primero: Miraz estaba levantado antes que yo llegara aquí, lo vi pasar cuando estaba saliendo de la residencia.

Respuesta directa e ingeniosa, que hizo que León sonriera al escucharla; algo sorprendido, sin embargo, le contestó.

— ¿Miraz? Vaya, no me esperaba que él saliera a entrenar, no parece el tipo físico de entrenar realmente. En fin ¿qué hacías?
—Estaba practicando respiración, la clase de ayer me dejó en claro que estoy fallando en esa parte y quiero estar preparada.

Él también había sentido algo de cansancio en las vías en esa clase.

—Tienes razón, hoy que cuidar esa parte ¿Te importa si practico contigo?
—Para nada.

Durante varios minutos, ambos hicieron una serie de respiración con intervalos breves, siguiendo uno de los patrones que ensayaron más veces en la clase de la jornada anterior: hicieron una pausa para elongar a los diez minutos y otra a los veinte, tras lo cual se sentaron un momento.

—Nos quedan veinte minutos aún antes de comenzar la clase.
—Yo voy a quedar hasta aquí —replicó ella estirando los brazos—, ahora mismo siento que hice lo suficiente. ¿Qué opinas de lo del torneo?
—Bueno, la verdad es que creo que puede ser muy divertido —replicó él mientras movía en círculos los hombros—; estuvimos con algunos chicos practicando algo de Vision soul y pensé que se puede dar algo entretenido, además así nos podremos conocer más ente todos.
—Es increíble todo lo que ha pasado en cuatro días.
—Sí, ni siquiera llevamos una semana aquí, pero todo va bien, mucho mejor de lo que esperaba, de hecho.

Este último comentario lo hizo sin ninguna segunda intención, pero llegado a ese punto, resultaba una agradable coincidencia; Amber había captado bastante de su atención, y el hecho de estar en el mismo grupo debía propiciar algo más de contacto.

—Estaba pensando que antes de entrar a la academia, a esta hora estaría a punto de entrar al trabajo que tenía en la universidad.
— ¿Y qué hacías ahí?
—Trabajaba en el área de salud interna; en realidad el trabajo no tenía nada directo que ver con la salud de las personas, lo que hacían era compilar y analizar una serie de datos sobre los registros que entregaban estudiantes voluntariamente.
— ¿Y cuál era el objetivo?
—Además de crear estadísticas, poder aportar con ideas y métodos de gestión de salud preventiva para los jóvenes.

Amber lo miraba con una serena intensidad.

— ¿Qué?
—Nada, sólo estoy prestando atención.
—Es que parecías muy seria.
—Me interesa mucho, por eso estoy seria —replicó ella con determinación—. Me gusta escuchar a una persona que tiene algo interesante que decir.
—En ese caso —se aclaró la garganta, luchando internamente por no sonar autocomplaciente—, lo que estaba diciendo es que en esa universidad, es decir en casi cualquier universidad, es fácil que los asistentes caigan en conductas contrarias a la buena salud y sean inconsistentes con los tiempos de descanso, horas de almuerzo y demás comidas, y está comprobado que esas conductas influyen de forma negativa en el rendimiento académico.
— ¿Y qué opinas de los métodos que hay aquí?
—Bueno, es bastante distinto, para empezar, el hecho de disponer de clases ubicadas en distintas torres promueve el desplazamiento, y la distribución de los edificios con escaleras al frente y pasillos amplios e iluminados invita a la actividad física, a lo que debo agregar que la disposición de clases a los extremos del día en espacio abierto es...



2


Zona de esparcimiento.

Irene estaba sentada en uno de los columpios cuando Aziare apareció caminando a paso lento. La maestra lucía pensativa al saludarla.

— ¿Tomando un poco de aire para empezar el día?

Irene le dedicó una mirada un tanto distraída.

—Algo así. Digamos que estoy un poco confundida.
—Sentarse en un columpio es como volver a la niñez —explicó la maestra con suavidad—. Los pusieron aquí en la zona de esparcimiento como una especie de broma o algo parecido, pero la verdad es que nadie los usa, hay trapecios en lo de deporte; pero algunas veces, alguien viene aquí cuando está triste o perdido.

La explicación era sencilla, y al mismo tiempo tenía un toque de misticismo; en realidad no se le había ocurrido preguntarse por qué en una academia de estudios alguien iba a poner columpios clásicos teniendo todas las opciones de entretención posible a la mano.

—Lo que ocurre es que hay algo que me está preocupando, y siento que no está bien que me pase cuando tengo tan poco tiempo aquí.
—Imagino que es algo que no está relacionado con las clases.
—Sí, así es —replicó ella, suspirando—. Sé que debería estar más tranquila, porque sólo es que alguien me atrae, pero hay otra cosa que está ahí, palpitando y no me deja en paz.
— ¿Tiene que ver con tu familia?

Irene miró a la maestra a los ojos, sorprendida; a pesar de que su aspecto normalmente era algo distraído, y que lucía más joven, en ese momento pudo notar la diferencia de edad y experiencia entre ambas. Se vía tan serena, tan confiable.

—Sí, en cierto modo. Pasa que mi familia tiene una tradición dedicada a la educación, son personas muy cuadradas, rígidas, incluso mamá tiene un mural expandible con las fotografías de familiares con todos los títulos que han conseguido, y es como si todo se tratara de eso. y yo no soy así, no quiero que alguien más me diga cómo tengo que vivir; en fin, cuando dije que estaba interesada en desarrollar proyectos relacionados con la naturaleza, protección y estudio de la fauna y flora, la reacción generalizada fue de espanto, porque no era una carrera clásica, y encima cuando les dije que venía a Sten mor en vez de una universidad clásica en Torre de piedra. Pero tomé el camino de seguir mis deseos, y ahora que estoy aquí, lo que pienso es que puedo demostrar que aún si no hago lo que toda mi familia, llegaré a mis metas.
—Y eso de alguna manera hace conflicto con que te sientas atraída por alguien.
—Es que siento que no importa cuánto consiga aquí, si inicio una relación, eso de alguna forma va a invalidar todo lo que haga, hará que puedan pensar "Cielos, en una universidad decente estas cosas no pasan"

Se quedó en silencio unos momentos, recordando cómo todo se relacionaba con lo mismo; una formalidad sin etiquetas, pero existente en frases como "Tu tía conoció a su esposo en la universidad. No, no se enamoraron, eran compañeros de estudio ¿Quién tendría tiempo para esas cosas teniendo tantos desafíos por enfrentar?"

—Tal vez la clave es que no pienses en lo que va a suceder, sino en lo que está pasando ahora mismo.
—Pero eso no va a impedir que las cosas terminen ocurriendo de todos modos.
— ¿Y cómo lo sabes? —replicó la maestra, sonriendo—. Si vives anclada en el temor a lo que tu futuro te depare, te quedarás atrapada, igual que las personas que viven en el pasado; hay sólo una vida para cumplir las cosas que te propones, y si tienes sentimientos por alguien, sólo deja que ocurra, pero no olvides que es algo que depende de ti.
— ¿A qué te refieres?
—A que si sientes algo y quieres intentarlo, no tienes que poner tus esperanzas en esa persona, tienes que hacerlo porque es bueno para ti. Si esa persona tiene buenos sentimientos, apreciará tu honestidad aunque no sienta lo mismo, y será una buena experiencia para ambas partes.

Irene estuvo a punto de decir que eso sonaba más sencillo de lo que en realidad era, pero se lo pensó un momento y llegó a la conclusión de que lo que estaba escuchando, más que un consuelo, era una forma distinta de ver la vida, y se sorprendió de ver cómo esa óptica encajaba a la perfección en su idea general de enfrentar los acontecimientos. Quizás, después de todo, la atracción que estaba sintiendo por Priscilla solo existiría durante un lapso y no significaba un gran cambio a lo largo del tiempo.

—Gracias por tu consejo.
—No es necesario agradecer. Para mí es un gusto ayudar.


3

Gran explanada.

Los maestros estaban esperando a los estudiantes desde antes de las ocho de la mañana; los estudiantes llegaron poco a poco, en grupos o individualmente al lugar, dividiéndose casi por inercia en los grupos asignados a cada uno de los seis; Jael lucía esa mañana una tenida deportiva en tonos verdes de camuflaje y llevaba el cabello atado en una cola alta.

—Buenos días. Tienen ocho minutos para ir a cambiarse a ropa deportiva.
— ¡Vamos!

Omar los hizo reaccionar dando unos sonoros aplausos; el grupo fue a toda velocidad de regreso a la residencia, llegando todos dentro del plazo establecido, excepto por Oiren y Edsel, que regresaron a la explanada pasados casi un minuto.

—Muy bien —dijo Omar, muy animado—, Jael les pidió que estuvieran en tenida deportiva porque esta clase va a ser más intensa que las anteriores y, desde ahora en adelante tendrán una actividad extra cada mañana, que durará los últimos quince minutos que nos corresponden. Pero para eso hay tiempo.
—Vamos a comenzar con una serie de elongación para que entren en calor —complementó Aziare—. Luego, les pido que se formen en los grupos designados, a razón de quedar enfrentados los integrantes de grupo de Gabriela con Darius, Aziare con Jael, y Omar con Flavio.

La instrucción generó una pequeña oleada de confusión entre todos, que durante las series de elongación no estuvieron tranquilos como en la jornada anterior, debido a las conjeturas que surgieron. Una vez estuvieron dispuestos, Gabriela tomó la palabra.

—Ayer les estuvimos dirigiendo para aumentar las posibilidades de despertar su sincronía con la habilidad, y según sé, en la tarde estuvieron teorizando algo al respecto, así que deberían estar avanzando bastante; cono aun no pueden usar a plenitud su habilidad, lo que harán será un entrenamiento cruzado, es decir van a trabajar en las capacidades de quien tengan en frente, tomando como ejemplo lo que ustedes mismos han aprendido hasta ahora.
—No olviden que nosotros podemos identificar cada movimiento que hagan.

La última frase de Jael surtió el efecto como una sentencia, que seguramente todos los que estaban escuchando entendieron con claridad; quizás entre ellos estuvieran guardando secreto, pero los maestros sabían muy bien quién era capaz de qué. Minutos más tarde, la idea estaba dando resultados dispares, ya que algunos estaban apostando todo lo que podían, mientras que otros se estaban conteniendo o simplemente no sabían bien qué hacer para explicar; de todos modos, algunas piedras ya estaban tomando un leve brillo, superior al inicial cuando se hizo e el enlace con ellas.

—Van bien —comentó Flavio cuando los maestros se apartaron un poco—, sugiero que los separemos y hagamos un poco de movimiento llave para después contrastar.
—Estoy de acuerdo —dijo Gabriela—, pero démosle unos diez minutos extra para que se cansen.

En tanto, Ikronne estaba practicando con León, ambos muy concentrados en lo que estaban haciendo; él tenía ambos puños al frente, a la altura del esternón, con los codos ligeramente separados del cuerpo.

—Dijiste que tu movimiento llave es cerrar el puño mientras está en esa posición ¿Por qué el otro brazo?
—Es porque me siento más seguro de hacerlo bien en la medida del movimiento —explicó lentamente—. Siento que si lo hago con ambos brazos puedo concentrarme en no equivocar las medidas y acostumbrarme a hacerlo siempre igual.

Ella tenía la mano derecha a curvada en forma de garra, con el talón hacia la izquierda, a la altura del cuello.

—Entiendo. Yo escogí esta pose porque, en realidad es una tontería, pero cuando cumplí quince, mamá me llevó a donde un artista plástico, y él hizo un lienzo de mí; me dijo que hiciera una pose que me gustara e hice algo parecido, aunque era más artístico, claro, y nunca lo olvidé, así que pensé que sería más apropiado usarlo ahora porque no es fácil olvidarlo.
—Honestamente, nunca se me ocurrió eso, recurrir a algo que ya conociera desde antes. ¿y qué es lo que sientes cuando haces el movimiento llave?

Ikronne se lo pensó un momento antes de contestar.

—Es como si sintiera aire; Jael dice que puede ser que controle el aire, pero no estoy segura, creo que es algo distinto, pero todavía no lo entiendo bien ¿Y qué ocurre contigo?
—Lo que siento es —replicó, pensativo—, como si tuviera más fuerza en las manos, o algo parecido.
— ¿Y qué te dijo Aziare?
—Me dijo que en algunas ocasiones la clave está en entender qué es lo que uno está haciendo, sentirlo y dejarse llevar por ese sentimiento. Hasta ahora cuando estoy en esto posición puedo sentir esa diferencia, lo que me falta es entenderlo mejor.
— ¿Cómo sabes que es fuerza?
—En realidad es porque lo asocio a algo que pasaba en la universidad en donde trabajaba: tenía una cámara de agua para las manos, y lo que tenías que hacer era introducir las manos en los guantes que estaban conectados a un extremo, y debías que armar un cubo mientras el agua estaba a presión. conforme practicabas era más sencillo, y es porque ganabas fuerza y costumbre en los músculos de...

Interrumpió sus propias palabras, cuando otras aparecieron en su mente: enlace, fuerza externa, catalizador, punto de dirección.

— ¿Qué ocurre?
—Ya entiendo —replicó, aunque aún reflexionando—. Nos dijeron desde el principio que las piedras son catalizadores, y que la habilidad que vamos a desarrollar es el punto final del equilibrio entre mente y cuerpo.
—Con la piedra como punto de tierra, sí —dijo ella, asintiendo— ¿Descubriste algo más?
—No estoy seguro —estaba formando una hipótesis en ese mismo momento—, pero pensé en lo que estaba diciendo, y el objetivo de esa prueba era utilizar la motricidad fina, no los grandes grupos musculares, así que pienso que si tomo un punto de dirección y lo uso como objetivo, debería poder concentrarme, y concentrar la energía que está captando la piedra para conseguir algo.

Así lo hizo, procurando calmarse, y dejar de pensar en la piedra o lo que les habían dicho, para enfocarse en lo que pretendía conseguir: que suceda algo sólo en un punto, sólo en uno. Al cabo de unos momentos, un diminuto punto luminoso se estaba materializando a un par de milímetros del puño derecho, y se trataba de algo insustancial, casi como si fuera un reflejo de la luz.

—Lo estás haciendo.
—Aziare, creo que lo estoy logrando.

La maestra se acercó y observó con detenimiento; después, cruzó un par de palabras con Flavio.

—Felicidades León. estás avanzando muy bien.
—Pero no sé muy bien lo que estoy haciendo.
—No te preocupes por eso ahora. En cambio, sigue esta instrucción: piensa que estás empujando ese destello de luz, concéntrate en el avance.

Mientras él seguía esta indicación, Jael se puso en punto de visión con lkronne.

—Recuerda lo que te dije ayer en la clase de la noche.

Jael había cumplido su palabra, y les entregó unto serie de consejos que iban más allá de lo estrictamente académico: uno de ellos fue que, en determinado caso, si ella daba una sugerencia acerca de algo mientras alguien más estaba llevando a cabo una actividad, ella se estaba refiriendo a imitar las acciones del otro. Así lo hizo, procurando pensar que la corriente de aire que sentía no era algo externo, sino provocado por ella misma. En un principio pensó que su mano estaba temblando, pero luego comprendió que se trataba de un movimiento circular, aparentemente involuntario, pero que no se sentía molesto en ningún momento. levantó la vista, y vio que su maestra asentía, con un destello en la mirada que le indicaba que había seguido todo con detalle; es viento, se dijo, pero no una corriente continua, sino una circular.

Itiel y Lena estaban frente a frente, interactuando, y eran probablemente los que estaba más divertidos de todos; habían hablado poco sobre sus experiencias, porque da casi desde el principio conectaron a través de lo que estaban haciendo.

—Bien, entonces ahora hago esto.

La razón de esa conexión es que a ambos les llamó la atención que su movimiento llave fuera similar en forma, pero distinto en ejecución: mientras Lena giraba la mano desde tener el dorso hacia ella hasta dejarlo hacia el lado opuesto, él ponía la mano con la palma hacia el arriba, y la giraba, hasta dejarla orientada hacia abajo, con un ligero cambio en la separación de los dedos. Posteriormente a las demostraciones correspondientes, se generó una agradable conexión energética, que Flavio explicó como una coincidencia momentánea entre las frecuencias de ambos.

—Está funcionando —dijo él, admirado—, siento algo parecido a unas micro vibraciones por todo el antebrazo. ¿Tú?
—También siento algo, pero es diferente, es algo... no lo sé, es como si al girar la mano, estuviera pasando por un campo magnético, de esos que hay en los museos.
—Todavía no comprendo bien esto, pero creo que es algo con el nivel, o la altura, porque lo siento sólo cuando hayo el movimiento hacia abajo.
—Qué extraño —comentó Lena—, yo siento como si funcionara sólo alrededor de la mano, pero sin tocarla, sucede en el espacio.
alrededor.
—Sí, lo veo.

Lena desvió la mirada de la piedra en su muñeca.

— ¿Qué?
—Que está pasando algo ahora mismo.
—Yo no veo nada.
—Ojalá estuvieres de este lado —repuso él, sonriendo—, porque algo está pasando. Es como cuando hace mucho calor y a cierta distancia la imagen se distorsiona un poco ¿lo has visto?
—Sí, claro. ¿Entonces dices que eso es lo que está pasando ahora mismo en mi mano?
—Yo diría que es más bien alrededor de ella.
—Qué extraño —comentó ella—, que yo no puedo verlo desde aquí, pero tú sí desde allá.

Al mismo tiempo que eso sucedía, Darius se acercó a Gabriela con uno actitud relajada y divertida.

—Parece que tus técnicas de tortura dan resultado. Mira eso, Celia, Silvia y Carlo van muy bien.
—Lo mismo digo de los tuyos —replicó ella con una fina sonrisa—; Mónica y Mauren llevan la delantera ¿Qué le pasa a Krau?

El maestro no se inmutó por la velada crítica.

—Tiene demasiadas ganas de verse reflejado en algo más.

Ella acusó el golpe; muy bien, entonces después de varios años aún no le perdonaba haberlo asustado con serpientes.

—Tengo uno con un gran potencial oculto ¿Qué piensas, debería intensificar el entrenamiento en él o esperar a que sorprenda en el torneo?
—Yo diría que esperes, o se verá un poco ¿Cómo decirlo? opacado por Celia, o quizás Silvia.
—Silvia, definitivamente.
— ¿Y bien? ¿No crees que este es un maravilloso año? Tienes como compañeros dos antiguos estudiantes, todos los nuevos son prometedores, y están avanzando con rapidez, me contaron que en la generación anterior se tardaron hasta dos semanas en empezar a detectar habilidades.

Gabriela dio algunas instrucciones rápidas a lucio y Karlo, antes de contestar.

—Todos tienen un potencial de base, pero solo algunos van a destacar; ¿sabes algo? pienso que los maestros deberíamos participar en los torneos, quizás en unos meses más, o el próximo año.



4


Una vez terminada la clase con los maestros, Omar se reunió con Isabelle en el estadio de entrenamiento y pruebas.

—Gracias por venir.
—No lo agradezcas —replicó él con una sonrisa amigable—. Imagino que sucede algo que no quieres que sepan los demás.

Él ya había notado que ella estaba algo distinta desde la jornada anterior, pero prefirió esperar a que ella hablara en primer lugar. La joven se había sentado en un taburete, pensativa.

—Creo que ya sé cómo funciona mi habilidad.

Estaba debatiéndose entre lo que sentía, y lo que sabía que era correcto decir; Omar se sentó en el suelo, a dos metros de ella.

—Habla conmigo, puedes confiar.
—Gracias.

Sucedió un nuevo silencio. Por un momento, Isabelle consideró todas las posibilidades que se le habían ocurrido hasta ese momento, y ninguna de ellas resultaba tranquilizadora. Pero se dijo que no podía seguir con eso, o arruinaría todo.

—Lo vi cuanto ustedes nos ayudaron a manejar las piedras; pero lo entendí después, y me siento... no lo sé; mal, supongo.
— ¿Por qué?
—Estaba absorbiendo energía —dijo casi en un susurro—. Ferrán producía unos destellos, y yo empecé a tomarlos, los controlaba y luego desaparecieron, los absorbí.

Omar hizo un asentimiento, tranquilo de comprobar que la preocupación de la chica se debía un malentendido y no a algo más.

—Gracias por confiar en mí, pero no tienes que preocuparte.
—Pero...
—Escucha, haremos algo, ponte de pie.

Ambos se pusieron de pie, y él tomó un pequeño disco de metal; un segundo después el disco comenzó a girar por sí solo, suspendido entre los dedos.

—Toma mi mano y haz tu movimiento llave. Confía en mí.

Ella lo hizo, y tras unos momentos, el disco que giraba en el aire comenzó a desplazarse hacia ella, muy lentamente.

— ¿Lo ves? Lo estoy haciendo.
—No, estás confundida. Tu habilidad no es absorber energía, es manipular la energía que está dentro de tu rango. Pero recuerda que la energía es catalizada por la piedra, no la toma para sí misma ni te la traspasa a ti.
— ¿Estás seguro?
—Lo que estoy haciendo en este momento es mover el disco a gran velocidad, aunque aun tú no puedes verlo; al hacer esto, estoy generando una corriente de energía, como una turbina rudimentaria. Por eso es que tú, al usar tu habilidad, atraes esa energía que está en tu campo de acción, y puedes manipularla por que estás haciendo puente conmigo. Ahora observa.

Soltó su mano, lo que detuvo el lento desplazamiento del disco en su dirección. un momento después volvió a tomarla, pero hizo una nueva demostración, dejando de hacer girar el disco. Este cayó de inmediato.

— ¿Comprendes?
—No siguió moviéndose...
—No, porque al yo dejar de producir energía, no tenías nada que manipular. Lo que ocurrió antes es que Ferrán puede crear partículas luminosas, y cuando las atraes con tu habilidad, al no tener la experiencia, no podías mantener la estructura, por lo que la energía se disolvió ante los ojos, pero seguía ahí.

La explicación sonaba casi demasiado buena para ser verdad; Isabelle se tomó un instante para asimilar todo antes de suspirar, más aliviada.

—Muchas gracias. Estaba tan preocupaba, me sentía cono si fuera una sanguijuela.
—No hay nada que agradecer, y tampoco nada de qué preocuparse. En cualquier caso, tampoco hay una habilidad como esa, todo tiene que ver con elementos externos, pero me alegra que hayas tenido la confianza de decírmelo.
—Es que eres muy comprensivo y sabía que podías ayudarme, aunque no sabía bien a qué, casi estaba pensando en irme de la academia.

Él sonrió amablemente.

—Espero que elimines ese pensamiento ahora mismo.
—Sí, eso haré.

Unos momentos después, Jael estaba sentada ante la ventana más alta del edificio del centro deportivo, que estaba a un costado del centro de entrenamiento. Vio salir a Isabelle hablando con Omar, seguramente de lo que fuera que a ella la estuviera incomodando durante las dos clases del día anterior, y la que acababa de terminar; se veían bastante relajados, lo que significaba que él ya lo había resuelto. Pero en ese momento, ella estaba ahí porque quería comprobar algo, que podría suceder dentro de los diez minutos que había de lapso entre el término de su clase y el inicio del resto de la jornada.
Y vio a uno de sus estudiantes, escabulléndose. Probablemente estuvo espiando los pasos de la chica, o quizás simplemente hacía lo que algunos cuando empezaban a descubrir su habilidad: experimentar por su cuenta, tratar de ser mejores sin decírselo a nadie; un asunto de ego, un problema a la hora de conseguir resultados, por una persona que quería aparentar ser menos, cuando por su cuenta quería ser más.
No se sorprendía, pero sí resultaba algo inquietante.

—Lo siento si no es lo que esperabas.
— ¿Cuándo descubriste esto, Mónica?
—Ayer, y pensé que tal vez necesitabas saberlo, por seguridad.

Jael volteó hacia la joven; tan pequeña, aparentemente inofensiva.

—Hiciste bien, en realidad; pero no le digas de esto a nadie.
—Claro que no.
—Ahora vuelve a tus clases antes que alguien note que tampoco tú estás en la residencia cambiando ropa.

La chica salió en silencio, y la maestra miró con detenimiento, hablando en un susurro, casi para sí misma, aunque estaba sola en esa habitación. Que un estudiante tratara de entrenar por su cuenta no era novedad, había pasado y seguiría pasando, pero lo que ella podía ver que Mónica no, es que esa persona en particular tenía un potencial que estaba ocultando de forma premeditada, aunque sin saberlo. Es decir, no era como Krau que iba más adelantado pero quería ocultarlo con conocimiento de causa, era alguien que de manera inconsciente ocultaba lo que podía hacer, y una persona así era alguien en quien no sólo no había que confiar, sino que además resultaba necesario vigilar bien.

— ¿Qué intentas ocultar? Parece que eres una decepción después de todo, pero no por las razones que creí; qué lástima...




Próximo capítulo: Los primeros destellos. Interpretaciones

Sten mor Academia 1° Capítulo 13: Grandes descubrimientos. Pequeños momentos



Viernes 09 de  abril

La mañana empezó de un modo intenso para los estudiantes; en un principio se reunieron todos con los maestros en la gran explanada, ubicada tras los edificios de carrera, y ala izquierda del centro de entrenamiento en donde tuvieron la primera experiencia; Omar estaba de un particular buen humor esa mañana.

—Hay algo que quiero contarles; en unos días vamos a organizar un torneo no oficial entre los estudiantes, para que puedan entrenar y al mismo tiempo dar rienda suelta a su ingenio usando sus habilidades.
—Está prohibido negarse —puntualizó Gabriela—, así que espero que se preparen por que vamos a tener público, todo el personal de la academia y los maestros de especialidades están convocados y si tenemos suerte, será el evento de la temporada.

Oiren miró alarmado a Sebastián mientras el grupo avanzaba.

—Te lo dije, te dije que Esteban tenido razón cuando dijo que iban a hacer esto.

Pero Sebastián estaba muy tranquilo, e incluso algo emocionado.

—No te preocupes Oiren, todo va a estar bien. Omar acaba de decir que es algo no oficial.
—Pero Gabriela...

Sebastián suspiró. Durante la jornada anterior habían estado charlando mucho, y confirmó su primera impresión de él: le agradaba y parecía un joven muy inteligente y sencillo. Hablaron sobre el día en que llegaron a la academia y la coincidencia de encontrarse en el centro de abordo y en un sector artístico en un lugar tan grande como Ciudad Capital, y luego terminaron conversando sobre los maestros que le correspondían a cada uno; muy pronto, Sebastián comprobó que él estaba sintiendo demasiada preocupación sobre Jael, y por primera vez su experiencia previa en entrenamientos y competencias le sirvió en la práctica. Le explicó a Oiren que en un centro de estudios, hasta el más rudo de los maestros pretendía conseguir lo mejor de los estudiantes y eso era una ley implícita, pero al parecer esas palabras no estaban surtiendo efecto.

—Escucha, todo va a estar bien, no tienes nada de qué preocuparte.
—Yo creo que sí —susurró el otro—, Jael es muy estricta, tú no la escuchaste...
—Mira, vamos a hacer esto —dijo con determinación—: vamos a estar muy atentos a lo que vayan a decir sobre ese torneo, y nos prepararemos juntos para comenzar ¿Qué te parece?

La actitud de Oiren se relajó, y lo miró con el rostro iluminado.

— ¿Harías eso? Pero yo no sé nada de deportes y no estoy preparado para eso.
—Descuida, eso no será problema, sólo tienes que confiar en ti mismo un poco más.

Nuevamente los maestros decidieron separar en grupos a los jóvenes, pero en esta ocasión se mantuvieron a un tiro de piedra entre ellos, lo que a juicio de algunos se convertiría en una suerte de elemento de presión, ya que los alejaba de la relativa intimidad de estar en un grupo cerrado y con una dinámica que comenzaba a establecerse.

—Bien —dijo Jael poniendo los brazos en jarras—, ya estamos preparados para esto, los vamos a dirigir coordinadamente, así que no pierdan el paso ni un solo momento.

Oskar respiró profundo y se dispuso a seguir las instrucciones: no le gustaba la actitud de la maestra, pero no podía permitir que su actitud le causara un problema en esos momentos; las instrucciones de los maestros comenzaron de forma sincronizada, cada una de las palabras pronunciada como si de un coro perfecto se tratase. Celia cerró los ojos, y se concentró en el ámbar que pendía de su muñeca izquierda, y pudo sentir cómo en determinado momento los pausados movimientos inducidos por las palabras que estaba escuchando se sincronizaron con su respiración, y fue como si todo en ella cambiara por completo.

—Toma el tiempo que sea necesario, pero no pierdas el ritmo. Escucha en tu mente el pulso cardiaco, el ritmo de tu respiración, y vívelo a plenitud. Piensa en la piedra como si fuera algo que dependiera de ti y no al revés; la piedra es una herramienta, no un grial ni un objeto místico. No deposites tu confianza en el objeto, porque quien será capaz del hecho eres tú, usándolo para lo que ha sido creado.
—Que el movimiento llave deje de ser solo un gesto, haz que sea parte de ti; aprende a realizarlo con un tiempo específico, y si es necesario en un principio, cuenta los segundos, hasta que lo hayas asimilado. No te quedes en el movimiento, cierra los ojos y realiza lentamente el gesto que determinaste, calculando la fuerza empleada y cómo los músculos se tensan, cómo los nervios y tendones reaccionan ante tu orden, cómo poco a poco el movimiento se vuelve parte de ti.
—La piedra es una herramienta que sólo te obedece a ti, y lo hará en la medida que comprendas su utilidad. No le pidas ni órdenes, ve más atrás y logra que las acciones sean realizadas por ti.
—Entrégate al conocimiento que estás adquiriendo, corta las amarras de lo que crees establecido y permite que tu horizonte se amplíe. Cuando decides hacerlo, haces que tu energía física se ponga en punto con tu mente, y de forma natural comienzas a utilizar tu habilidad, ya no cono una explosión, sino como un río que corre desde tu mente hacia la realización.
—Cuando tu cuerpo y mente estén en un buen nivel de sincronía, la piedra se alineará, y esa frecuencia de energía quedará marcada en ella de forma indeleble; sentirás en tu interior que asimilaste la piedra, y desde entonces tendrás que aprender a sincronizar y alcanzar ese nivel para poder utilizar tu habilidad, ese será el punto de acceso para que realices tu acción. Escucha a tu cuerpo, despeja tu mente, enlaza la piedra.
—No te hagas preguntas innecesarias, estas y muchas respuestas aparecerán en tu campo de visión como algo que antes estaba vedado, inaccesible por un muro que vas a poder sortear a partir de ahora. Hasta este momento, puedes haber sentido que la información en los clases era excesiva, pero a medida que el uso de la piedra se vuelva una costumbre y tu enlace sea más sólido, comprobarás que todo toma una nueva dimensión.
—Cosas que antes resultaban más difíciles, se tornarán más sencillas, y áreas que te resultaban inalcanzables se volverán desafiantes; no confíes en que todo se volverá fácil, pero a muy poco andar, sabrás que la diferencia no sólo existe, sino que progresa.

Mucho más que en una ocasión anterior, las voces de los maestros se mezclaron, y a oídos de los estudiantes, pasaron a ser parte del aire y murmullo natural alrededor, inconfundible por las palabras pero inexplicablemente iguales en entonación y pronunciación, por lo que ninguno de ellos pudo identificar con certeza quién de ellos dijo qué palabra, y todas pudieron ser dichas por todos, y cualquier frase sólo por uno de ellos. Poco a poco los minutos pasaron, y a oídos de los maestros, los respiraciones de los estudiantes se acompasaron, siendo todos ellas un sólo murmullo que al mismo tiempo llevaba el ritmo del corazón. Ocasionalmente alguno perdía un poco el ritmo, o una fluctuación en sus propios niveles de energía le hacía sufrir un ligero sobresalto, pero las palabras constantes de los maestros y las instrucciones con tanto cuidado dictadas surtían efecto inmediato, y el individuo volvía al cauce de la concentración silenciosa, y los movimientos regresaban al ritmo indicado. Gabriela miró a sus estudiantes, concentrada en sus constantes palabras pero dejando un espacio para observar los cambios que estaban sufriendo sus estudiantes: Silvia estaba cumpliendo con su meta con bastante estabilidad, Celia se esforzaba pero le estaba faltando algo de calma, y Lucio, a pesar de haber estado tan en segundo plano, estaba avanzando con rapidez, mientras que Karlo estaba a un paso de fijar su centro, y Carlo estaba dudando entre seguir su instinto físico o mental. Jael en tanto, no pudo dejar de mirar en dirección a Oiren, quien en ese momento estaba significando una decepción para ella, pues de todos los suyos, era el único que no estaba mostrando ningún avance, la única piedra cuyo brillo no estaba mostrando diferencia alguna; durante el apartado teórico parecía estar a punto de ir a la vanguardia, pero a la hora de practicar, su inseguridad lo detenía como una muralla. Omar no había estado seguro, en un principio, de la sugerencia de uno de sus estudiantes, pero llegados a ese momento, podía decir que él estaba demostrando una alta capacidad de concentración y una gran capacidad de poner en práctica cualquier instrucción que se le diera. parecía un libro en blanco, y al mismo tiempo había tanto en él que estaba oculto por decisión propia. Pasados pocos minutos del comienzo del ejercicio, Darius se dio cuenta del esfuerzo que estaba haciendo Krau para evitar que el resto supiera que ya estaba manejando sus habilidades, y se dijo que en él había un potencial que era necesario ocupar antes que torciera el camino. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una elocuente mirada de Aziare, quien le hizo un disimulado gesto. El maestro notó entonces un desequilibrio en la energía entre Mauren y Amber, algo que ocurría en ocasiones entre personas cuya frecuencia de energía contrastaba como un espejo: en esos casos, lo más indicado era mantener a ambas personas separadas durante las sesiones de entrenamiento, pero al ser esa la primera, romper el equilibrio al que estaban llegando sería completamente contraproducente. Con una expresión gentil, Aziare le hizo entender que estaba de acuerdo, por lo que ambos usaron una frecuencia baja para intervenir entre las dos chicas y evitar que sintieran las incomodidades de un choque de energía; al poco, notaron que ellas se mostraban más relajadas que antes.


2

Sala audiovisual de residencia. Por la noche.

Después de haber estado yendo de un lado a otro durante todo el día, terminando la jornada con una clase teórica con los maestros, la mayoría se dirigió al casino, pero Oiren y Sebastián tomaron un refrigerio ligero y fueron a audiovisual; el deportista estaba muy agradado con la forma en que se había dado la conexión con Oiren, y por primera vez se sintió en confianza de hablar con alguien acerca de cuál era el verdadero motivo por el que estaba tan desconectado de la actualidad en muchos sentidos. Oiren se mostró asombrado e  interesado a partes iguales, y se ofreció a ayudarlo con información útil sobre lo que estaba de moda o era popular en esos días fuera de los muros de la academia en la que estaban.

—Mira, es un noticiero deportivo, quizás veamos algo tuyo en un archivo reciente.
—Gracias, pero no —se excusó encogiéndose de hombros— ¿Sabes algo? Desde que empecé a vivir con Mick, no he vuelto a ver una carrera.
—Pero suenas emocionado o algo así cuando hablas de eso.
—Sí, pero no quiero verlo de momento —explicó lentamente—, no lo rechazo, pero reconozco que me distraería.
— ¿Lo extrañas?
— ¿Las carreras? Es extraño, por que siempre creí que si algún día dejaba las carreras sería algo horrible, pero no fue así.
—No, no hablaba de eso, hablaba del chofer.
— ¿A Mick? Oh, claro que sí, y eso que son sólo un par de días, pero él en realidad es un padre adoptivo, ese es el lugar que tiene para mí ahora.
—Yo extraño a Ismael —comentó Oiren en voz baja—. Nunca nos habíamos separado en toda la vida, más que unas cuantas horas.

Sebastián tenía eso en mente, y se le hacía difícil imaginar correctamente la relación con un hermano, así que intentó asimilarla a lo que él sentía por Mick, a quien veía como su verdadero padre.

—Dijiste que él estaba muy contento con la idea de la academia.
—oh, claro, estaba feliz, había insistido mucho en realidad; me regaló esta banda de audio y él mismo seleccionó la música.
—Entonces por eso es que siempre la traes. .
—Sí, además escogió muy bien la música —se puso de pie—. En Fin, tengo que estar muy animado.
—Esa actitud es muy buena.

Oiren subió la iluminación de la sala, dejando el lugar a tono con el exterior; ya habían terminado de revisar videos e imágenes.

— ¿Y entonces te sirvió mi ayuda?
—Me salvaste la vida —replicó Sebastián, sonriendo—, ya estaba siendo muy difícil explicar por qué es que hay tantas cosas que no sé.
—Cuando quieras, me alegra haber ayudado.

Sebastián sin embargo, adquirió una expresión mucho más seria.

— ¿Cómo estuvo la clase con Jael?

Oiren se revolvió incómodo ante la pregunta. Había sido evidente para el deportista que el otro joven no lo había tenido fácil durante la clase práctica de la mañana, y a juzgar por la punzante mirada de la maestra, el desarrollo de la habilidad y sincronización con la piedra no iba a la velocidad que ella esperaba.

—Lo estoy intentando, es sólo que no me fue tan bien como la vez anterior.
—Pero ¿Jael te dijo algo?
—No —replicó rápidamente—, es decir, ella nos dijo que nos iba a dar claves y trucos para que pudiéramos avanzar y eso es lo que estuvo hablando hace un rato.
—En la mañana estabas más preocupado.
—Sí pero creo que las cosas van a mejorar.
—Esa es una gran actitud —replicó Sebastián—, pero no te olvides, dijimos que lo intentaríamos juntos. ¿Qué opinas? Podríamos ir afuera y practicar un poco de respiración y elongación simple, al menos eso me ayudó.
— ¿En serio? Muchas gracias.

Mientras tanto, en la sala técnica de medios, Itiel se encontró con Naro.

—Hola ¿Qué hacías?
—Estaba cambiando el enlace de carga de la tableta de datos —comentó el otro—, no estaba cargando bien.
—Y está bien ahora?
—Sí, perfecta.

Se quedaron mirando unos segundos sin decir nada; a Naro le estaba resultando difícil expresarse.

—Escucha, sobre lo que hablamos ayer...
—Todo está bien, no hay nada que explicar.

Antes, Naro le había tratado de explicar lo sucedido antes, y aunque no fue muy claro, Itiel comprendió que estaba intentando decir que comprendía sus sentimientos.

—No es eso, yo... ¿Podemos hablar un rato?

Itiel le dedicó una sonrisa amigable, mirándolo muy fijo a los ojos.

—Eso me encantaría.

Poco después, ambos estaban en una de las salas de relajación, en donde habían escogido una combinación de luz tenue, música muy suave, apropiada para la conversación, y a sugerencia de Itiel, un toque fresco en el aire.

—lo que quería decir —explicó Naro sentándose frente a él—, es que fui un poco... ya sabes, insensible, no me sentía bien en ese momento, y tú estabas siendo sincero, y te ignoré.
—No tanto, si estas hablando de eso ahora —repuso Itiel mirándolo con ojos brillantes—. No sé por qué lo dije, sólo surgió de forma natural, no tengo la costumbre de hablar de ella muy superficialmente pero...
—Pero...

Por un momento, el joven olvidó el poco tiempo que tenía de conocerlo, y se concentró en sus rasgos: en su rostro de piel morena, en los ojos oscuros sombreados por profundas ojeras, y esa expresión en el entrecejo, ese cansancio mezclado con dolor, que antes vio sólo una vez antes.

—Pero cuando te vi en ese momento, fue como si te entendiera ¿Comprendes? Sin palabras, sólo lo sentí, y era como que me estabas transmitiendo algo que era muy importante, así que fue natural también para mí decirlo.
—Ahora entiendo que era importante para ti —dijo Naro en voz baja—, sólo quería que supieras que no fue un desperdicio.

Itiel se acercó un poco más, y puso suavemente una mano en su antebrazo. Naro vio más de cerca a Itiel, y por primera vez se concentró en su mirada de ojos color miel, que atendían a la suya con tanta intensidad.

— ¿Quieres hablar de lo que sucedió?
—No lo sé —replicó, dudando—. Creo que tal vez no es el momento de hacerlo, sólo quería...

Por un momento ninguno de los dos dijo nada, y sólo las miradas comunicaron todo lo que estaban sintiendo: Itiel ejerció un poco más de presión en el antebrazo de Naro, de alguna forma de aferrándose a él, mientras el corazón se aceleraba, y las respiraciones de ambos estaban tan cerca que casi podían tocarse.
Pero fue Naro quien, guiado por un impulso, extendió el brazo libre, y con una mezcla de suavidad e intensidad, tomó a Itiel por la nuca, y lo acercó a él aún mas, quedando separados tan sólo por unos milímetros, cara a cara, tan cerca de tocarse, agitados y al mismo tiempo inmóviles.

—Dime que me detenga.
—No puedo —susurró Itiel con un hilo de voz—. Ahora mismo, no puedo.

Así no hubo nada más que lo detuviera, pero el contacto fue distinto al que hubiera sencillo suponer; Nero se impulsó hacia él un poco más y lo abrazó, quedando el rostro de uno junto al del otro, al fin haciendo contacto piel contra piel, y lo sintió casi como si lo conociera, como si no necesitara adaptarse al ritmo de su respiración o al quedo movimiento que provocaban sus latidos. Cuando retrocedió, encontró en él una mirada sincera y de complicidad, que le dijo más que cualquier palabra, que estaba haciendo lo correcto al seguir ese instinto repentino.


3

Zona de descanso. Poco después.

—Entonces Lori pone su gran sonrisa y Carl dice "no te preocupes, todo está bien", y justo en ese momento se sale la última resistencia de la puerta del cuarto de lavado y la espuma salió disparada para todas partes.

Maud tuvo que dejar el cuenco con cereal y frutos a un costado, para no derramarlo entre las risas. La historia que le estaba contando Oskar, acerca de parte de su vida con sus hermanos y sobrino era tan divertida, y además él la contaba de un modo tan teatral, que era imposible no reírse.

—Espera ¿Y eso con la señora que estaba de visita en tu casa?
—Sí —replicó él, también riendo—, y ella tenía el cabello blanco y uno de estos peinados voluminosos que se hacen las señoras, y luego tenía todo con espuma y estaba como que le iba a dar un ataque, y los tres estaban delante de la puerta cubiertos de espuma, y yo estaba en medio, y estaba ahogándome de risa, estaba rojo y no podrá reírme, se suponía que tenía que estar muy enfadado y serio.

La charla entre los dos había sucedido de forma muy natural en Emociones y reacciones, una de las clases independientes que el día jueves estaba en el último bloque, antes del trabajo con los maestros de las piedras, y continuó más tarde cuando hubo terminado toda la actividad de la jornada.

—Esos tres con unos verdaderos torbellinos —concluyó él—. Nunca sé lo que va a pasar con ellos.
—Pero seguro no hay ningún día aburrido.
—No, eso es seguro. Lo siento si me extendí demasiado.
—No te disculpes, es una historia muy bonita y me reí mucho además. Ustedes son muy unidos.
—Si, funcionamos como un sólo grupo, aunque ya son tres núcleos en realidad, mamá y papá, mi hermana con su familia, y además mi hermano y yo.
—Pero tienen mucha confianza, —comentó ella—. Eso de ayudar a la crianza de los niños entre todos es genial.
—Sí, siempre hemos sido así desde tiempos de la bisabuela, la que era la dueña del bar en la bahía.
—Me llama mucho la atención —reconoció Maud recuperando el cuenco con cereales—. Mi familia es pequeña, sólo somos mis padres y yo.
—Disculpa, creí que habías dicho que tienes un hermano.

Maud hizo una pausa breve mientras tomaba un bocado; de hecho, había alguien más, pero automáticamente quedaba fuera de los cálculos corrientes.

—Sí, un hermano mayor, pero él se fue a vivir al Distrito comercial cuando cumplió los 16. No tenemos una mala relación, hablamos seguido, pero simplemente, él tomó esa decisión.

A Oskar nunca se le habría pasado por la mente irse de su casa tan pronto cumpliera la edad legal; de hecho, todo el proceso desde que fue seleccionado por la academia fue complejo tanto para él como para el resto de la familia, pero lo asumieron por ser un importante desafío y al mismo tiempo un modo de ayudar a remontar los negocios familiares.

— ¿y tú qué piensas al respecto?
—Bueno, él se marchó yo tenía ocho años, así que básicamente todo el resto de mi vida fue sin él; pero aunque a veces pienso que las cosas podrían haber sido diferentes, también pienso en que tengo que respetar su decisión, por que él eligió ese camino, y está contento con eso.
—Eso es muy generoso de tu parte.
—No lo creo, es más bien que me quiero proyectar en lo que sucedió con él, aunque no de la misma forma claro; yo escogí el mundo de las artes, y me habría gustado que aunque mis padres no estuvieran de acuerdo, me apoyaran en lo que quiero hacer.

Por un momento, Oskar pensó en las coincidencias que había entre los dos, a pesar de venir de sitios distintos, e incluso de núcleos familiares tan diferentes; la posibilidad de haberse conocido sin el elemento de la academia era ínfima en comparación, y estaba agradecido por ello.



4


Residencia maestros.


Gabriela entró en el casino, que a esa hora estaba casi desierto; sin embargo, vio a Aziare y decidió ir a sentarse junto Con ella.

— ¿Interrumpo tu lectura?

La aludida cerró la pantalla de luz sólida de su tableta de datos y le dedicó una amable sonrisa.

—En absoluto, sólo repasaba algo de lectura ligera antes de ir a dormir.
—Qué prudente.

Aziare alcanzó la botella a medio beber de agua mineralizada.

—Trato de hacer lo mejor.
—Eres una chica muy inteligente.
—Por suerte puedo decir lo mismo de ti.

Gabriela esbozó una fina sonrisa.

— ¿Y ya tienes una estrategia para poner en práctica cuando comience el torneo que propuso Omar?
— ¿Estrategia? —replicó la otra maestra, sin comprender—. Es un divertimento, y una oportunidad para que los chicos entrenen de un modo más ordenado, no veo en qué podría usar una estrategia.

Mientras escuchaba la respuesta, Gabriela se echaba hacia atrás en el asiento, juzgando cada palabra, evaluando los movimientos musculares realizados al hablar.

—Escucha, cuando pasa algo como esto, todos queremos destacar. Tienes que encontrar el modo de hacer que tus estudiantes estén preparados para luchar y mostrar talento.
—Suena como si hablaras de una competencia oficial.

La morena hizo una mueca socarrona.

—Siempre es oficial. No te engañes, los mandos de la academia van a estar atentos a lo que hagamos cada segundo durante ese torneo; a Omar no le importa, además él siempre se esfuerza mucho, pero tú eres la nueva aquí, no te confíes.

Sin decir más, se puso de pie y rodeó la mesa, pero Aziare aún tenía una pregunta.

—Te agradezco tus palabras, pero ¿Por qué?
— ¿No confías es el consejo de una colega?
—Confío en todos ustedes —supo sin duda que la otra mujer estaba de pie a un paso de su silla, dándole la espalda, con una postura relajada mientras su mirada de halcón estaba fija al frente, como si la estuviera mirando a los ojos—. Lo que me pregunto es por qué le das un consejo a una persona que podría ser tu rival.

La sonrisa de Gabriela se hizo un poco más amplia.

—Porque quiero que la competencia sea ruda. Porque quiero ver real enfrentamiento entre los chicos, y los míos no pueden destacar si todo resulta tan fácil. y claro, porque aunque no fui tu maestra, estuve enseñando aquí mientras tú eras una novata.
—Entiendo, entonces —se tomó un instante para sopesar las palabras—, entonces necesitas poder decir, a la larga, que derrotaste a alguien que representó una amenaza real.

La otra mujer comenzó a caminar hacia la salida.

—Lo dicho antes, eres una chica muy inteligente.




Próximo capítulo: Sana competencia. Miradas. Bajo rendimiento