Sten mor academia 1° Capítulo 26: El adiós que nunca dijiste



Alto mando. Miércoles 30 de junio.

Mientras la Fuerza de seguridad se dedicaba a dar los últimos pasos en torno al antiguo estadio de tiro, y maestros especialistas y estudiantes permanecían en la residencia, Kalrei y Reus fueron acompañados por Dvorkia hasta las instalaciones del alto mando, ubicadas en los niveles superiores de la gran edificación que alojaba a la fuerza de seguridad, en el extremo sur del recinto. Si bien las oficinas de los hermanos no se encontraban allí, por protocolo tenían oficinas propias dentro de las instalaciones de Sten mor, las que estaban operativas en todo momento, en caso de ser necesario.

—Dvorkia ¿Ya tienen listo un análisis de réplica de la escena de la muerte?
—Estará listo en unos momentos; por el momento me retiro, tengo que atender algunos asuntos.

Cuando el oficial se retiró, Kalrei quedó sola en la oficina junto a Reus, quien se sentó en uno de los aparadores de la pared.

—Bájate de ese mueble.
— ¿Qué ocurre hermana?

Ella le dedicó una sombría mirada, pero entendió el significado real de sus palabras tras un instante.

—Me pregunto si alguno de los otros también descubrió cómo usar la energía residual.
—No puedes saberlo sin preguntar, y si preguntas, puedes ponerlos sobre aviso.
—Ese es el dilema —reflexionó ella—. No debería ser necesario que quisieran explorar otras rutas para conseguir resultados, porque aquí lo tienen todo.
—Pero nadie puede tener todo.
—No, probablemente ese defecto humano es el culpable aquí.
—Dijiste que iban a hacer un análisis de réplica, eso significa que los resultados van a estar disponibles para que todos los vean.

Kalrei se sacudió el cabello color gris brillante, y se acercó al módulo expendedor de agua, para tomar un vaso con una mezcla de agua mineral con extractos hidratantes.

—Sí, no tenemos alternativa. Para los registros legales fuera de la academia podemos modificar la verdad para asociarla con algo que tenga una explicación sencilla, pero aquí en el interior, sería absurdo pensar que van a creer que murió usando una máquina que no tiene nada de importante dentro de nuestras aplicaciones de estudio. Ni si quiera sé bien lo que hace.
— ¿Un impulsor de energía variable? —preguntó Reus—. Sirven para manipular corrientes de energía en espacios cerrados, es la base de los mecanismos que controlan el clima, pero a escala pequeña.
—Lo dicho, sería imposible que alguien se lo creyera. Cuando los estudiantes sepan que la verdadera razón de la muerte de ese chico es que estuvo manipulando en secreto la energía residual de la piedra, la mayoría se sentirá asustado, pero puede que algunos también crean que pueden hacer lo mismo, con mejores resultados.

En esos momentos, Olga anunció su llegada; Kalrei comprobó que se había dado mucha prisa, pues apenas tardó una hora en vez de dos. Entró a la oficina y saludó a ambos, sentándose de frente al escritorio de su hermana, mientras el menor dejaba el lugar que había estado ocupado y permanecía de pie, a la derecha del puesto de trabajo, triangulando la reunión.

— ¿Alguna novedad?
—Ninguna en especial —replicó Kalrei, tras beber un sorbo de agua—, sólo estamos a la espera de la réplica de la muerte. Oh, mira, acaba de llegar.

Sucedió una tensa pausa, mientras la mujer tomaba los datos enviados desde la fuerza de seguridad y los transmitía a la consola del escritorio; unos instantes después, se materializó en forma de holo, una réplica exacta del sitio del suceso, acercando rápido para entrar. La figura humana que representaba a Oskar era de color amarillo opaco, y se desplazaba por el ficticio escenario, hasta quedar de pie a una cierta distancia de la puerta, que estaba entreabierta; tras un momento, realizaba un movimiento con las manos, y a su alrededor comenzaba a materializarse una sustancia vaporosa de color rojizo, siendo esta la representación de la energía residual mencionada desde un principio. Una vez que esta energía se movilizaba hasta generar una especie de remolino, se condensaba, formando una corriente circular, en la que la figura depositaba un objeto alargado; pocos momentos más tarde, la vara suspendida seguía la trayectoria de la energía, en principio a una velocidad más lenta, y luego igualando el ritmo. Después de una espera que se antojó muy larga, la corriente perdía su estabilidad, la persona intentaba controlarla realizando algunos movimientos, y finalmente se descontrolaba por completo, haciendo que la vara saliera disparada como un boomerang, que en su trayectoria impactaba directamente en el cuerpo; los técnicos encargados habían demostrado una sutileza muy discreta, reduciendo la réplica de la escena a un impacto que parecía sólo golpear y dejar al afectado tendido en el suelo, sustituyendo el intenso color de la sangre por un degradado de la misma tonalidad de amarillo opaco de la figura.

—Es terrible —murmuró Olga—. Pero es algo que resulta posible.
— ¿A qué te refieres?
—No había cerrado en mi mente la posibilidad hasta ver la definitiva, de una posible intervención de otros elementos.

Kalrei le dedicó una mirada escéptica.

— ¿Pensabas que alguien podría haber intervenido?
—No exactamente —replicó la mayor—, no quise tener una idea concreta en ningún momento. Pero, de cierto modo, tenía un temor a que el tema fuera mucho peor de lo que se pintaba en un principio. Esa chica, Priscilla, encontró el cuerpo, y si Oskar hubiese estado con alguien más, eso sólo haría todo mucho peor.

Kalrei iba a decir algo, pero decidió dejar que Olga terminara su parlamento y tratar de desviar la atención; lo que mencionaba era algo perfectamente posible, sólo que no era comprobable. Si más de un estudiante hiciera la misma acción, o incluso si el chico hubiese estado acompañado, no sería de extrañar que ante ese accidente fatal, decidiera esconderse y aparentar no saber nada, hasta que la situación por sí misma explotara; hacía falta frialdad, planeación y bastante suerte, pero era posible, solamente esa persona debía jugarse el todo por el todo a no ser descubierta. Sin embargo, si Olga no había llegado a la misma conclusión que ella ¿Para qué abrirle los ojos? Después de todo, la muerte de un estudiante serviría para asustar a quien fuera que tuviera la intención de hacer un procedimiento fuera de lo establecido, y al mismo tiempo permitía que como academia incluyeran algunos procedimientos adicionales para vigilar a los estudiantes, sin que se supiera que ese era el objetivo; las organizaciones que vigilaban el cumplimiento de los normas de los centros de educación eran muy críticas con respecto a los protocolos, por lo que estaban obligados a ser muy estrictos, aún cuando en una situación como esa tuvieran un margen de error que escapaba al control. Legalmente estaba prohibido tener cámaras, grabadoras o cualquier sistema de control de datos al interior de una institución de educación, restringiendo la seguridad al perímetro, para evitar que entren personas no autorizadas. De acuerdo con eso, en la academia organizaron un protocolo secreto, que se punía en funcionamiento en la zona comprendida entre el punto de abordo y las instalaciones exteriores, con un equipo disfrazado de candidatos a estudiante, quienes utilizaban la tecnología apropiada para detectar medios no autorizados de grabación, que pudiesen ser parte del interminable arsenal de periodistas que cada generación trataban de infiltrarse. Pero el rastreo y seguridad interno llegaban hasta ese punto, pues una vez dentro de la academia, teniendo la silenciosa vigilancia de los sistemas anti rastreo del ministerio por todos partes, era demasiado riesgo intentarlo. Así que dejaban esa vigilancia en manos de los maestros y el personal asistente.

— ¿Prefieres que hable yo con la familia del chico?
—Gracias, pero me parece que el personal de contención será más apropiado. ¿Qué opinas de todo esto, Reus?

El chico se encogió de hombros.

—Pues yo creo que ustedes tomarán las decisiones correctas, saben cómo funciona todo.
— ¿Y sobre mi teoría anterior?
—Es normal que pienses en eso —repuso con sencillez—, pero lo que se ve en la réplica es muy claro.
—Sí, tienes razón —replicó, pensativa—. De cualquier forma, pienso que debemos buscar métodos para ayudar al control de este tipo de situaciones.

Kalrei detuvo la proyección de la réplica, y cargó algunos datos para que todos pudieran verlo.

—Sobre eso, esta gráfica es sobre el rendimiento de los estudiantes comparando antes y después de iniciado el torneo de habilidades sugerido por los maestros.
—Hay una mejora.
—Exacto; había pensado que, aunque es una competencia no oficial, podríamos incluir algún tipo de motivación para que se involucren más.
— ¿Además —preguntó Olga— de la sugerencia de prioridad de visitas?
—Eso es un buen premio, pero pensaba en dar algo de énfasis en las clases.
—No podemos incluir eso en la malla de estudios —objetó la mujer de cabello corto.
—No, pero sí podemos asignar una prioridad de evaluación para quienes mejoren este ítem, y enlazarlo a una de las clases independientes; no va a hacer una gran diferencia con los resultados finales, pero todos los estudiantes tienen alguna deficiencia, una asignatura en la que no son tan diestros, y se sentirán beneficiados en una materia donde anteriormente fallaban.



2


Residencia estudiantes. Durante la mañana.

Sebastián pidió una autorización especial para poder comunicarse con el exterior, y la obtuvo poco después; no sentía hambre, así que ni siquiera se acercó al casino y fue directo a su cuarto. Probablemente los demás estarían haciendo lo mismo.

—Hola Mick.
— ¿Qué sucedió?

Mick estaba en el auto, aparcado en el estacionamiento de un centro comercial; el chico hizo lo posible por evitar que se notara su sorpresa ante esa pregunta, pero fracasó.

—No te preocupes, todo está bien.
—Sebastián, cuando hablamos la vez anterior, dijiste que era posible que te tardaras en volver a contactar, y que estaban con mucho trabajo; además es hora de almuerzo allá y estás en tu cuarto, y no estás muy bien, es evidente que te sucedió algo.
—A mí no, escucha —pretendía que la conversación iniciara de otra forma, pero subestimó la capacidad de análisis de él—. Sucedió algo, pero no a mí; lo que quiero decir es que no te llamé por eso, hay algo que quiero decirte.

Mick lo miró fijo, y por un momento, fue como si otra vez estuvieran juntos, durante el tiempo en que vivió en su casa.

— ¿Estás bien?
—Sí — sabía que no estaba sonando sincero, pero no quería perder el norte de lo que pretendía decir; sin embargo, la preocupación de Mick era algo que no podía dejar pasar—; en realidad no tanto, ocurrió un accidente a un compañero de aquí.
— ¿Grave?

No podía evadir la pregunta; por una parte, el tema era demasiado reciente, y por otra, ya que no había podido ocultar su malestar, sentía que dejar la información en las sombras sería una traición.

—Sí. Pero ahora no estoy preparado para hablar de eso con detalle, es algo que nos tiene a todos nerviosos; pero te llamé por otra cosa, es muy importante y me estoy sintiendo culpable por no haberlo dicho.
— ¿De qué hablas?
—Mick, cuando nos despedimos, ese día antes de venir a la academia, fui al banco y dejé una instrucción: traspasé mi dinero a una cuenta que está a tu nombre, ahora tú eres el dueño de ese dinero.

La expresión seria de Mick cambió a una de total sorpresa; durante algunos segundos no dijo nada, hasta que por fin reaccionó, dando una especie de respingo en el asiento del conductor.

— ¿Por qué hiciste eso?
— ¿Por qué? —se sintió tonto al repetir la pregunta, pero más al notar que no se le había ocurrido que pudiera hacerle un cuestionamiento como ese—. Bueno, tú podrías necesitarlo...
—Tengo un trabajo —señaló él un poco a la defensiva—, no necesito nada adicional a eso.
—No te lo tomes a mal —dijo a la defensiva, alarmado del curso que estaba tomando la conversación—, lo dije sólo como una posibilidad. A lo que quiero llegar es a que, durante los dos años que voy a estar aquí, no voy a necesitar ese dinero ¿En qué podría gastarlo? Tengo la cuenta personal por si hacemos alguna salida temática y quiero una remera o un recuerdo, pero aquí tenemos todo lo que necesitamos; además, estuve pensando en las cosas que pasaron cuando era más joven. No lo sé, cuando dejé las carreras me dije que no iba a dejar que Rogelio siguiera controlando mi vida ni mi dinero, pero ahora que te tengo a ti...

Guardó silencio un momento, detenido por una duda; finalmente decidió que, aunque no estuvieran cara a cara, ese era el momento perfecto para hablar.

—Tú eres mi padre, Mick.
—Pero sabes que no lo soy realmente —replicó el hombre.
—No me importa el lazo de sangre —repuso Sebastián—; Mick, tú me enseñaste muchas más cosas de la vida que él, pero estoy aprendiendo mucho más. Cuando hablamos la vez anterior te habría dicho que tenía un amigo aquí, pero ya no lo tengo más, porque él decidió tomar otro camino; al principio me sentí muy deprimido, no entendía, y hasta ahora no sé por qué lo hizo, pero después me acordé de todo lo que hablamos tú y yo, y que me dijiste que tenía que valorarme, porque cuando lo haces, tu punto de vista cambia, y es verdad.
— ¿Y qué hiciste?
—Empecé a preocuparme de las personas que se preocupaban por mí de la misma forma, y es tan distinto, porque sé que van a estar ahí para mí, igual que tú. Aquí tengo un segundo hogar, y estoy conociendo a personas que son increíbles, y son mis amigos, lo puedo sentir. Pero mi primer hogar es tu casa, tú eres mi padre, te ganaste ese derecho mucho más que lo que él nunca quiso; ese dinero va a estar en mejores manos con tu control que con el mío, porque yo no sé cómo gastarlo. Confío completamente en ti ¿quién mejor que tú para cuidar ese capital?

Mick se quedó en silencio por unos segundos, con la expresión anterior mutada en una de emotiva sorpresa, y los ojos brillantes de lágrimas; al final habló, en voz más baja por la emoción que estaba sintiendo.

—No sabes lo feliz que me hace escuchar eso de ti; sería el hombre más feliz del mundo de poder decirte hijo.



3


Casino de residencia. Poco después.

Amber y León estaban en el casino al igual que algunos otros estudiantes, pero nadie estaba pensando en comer: los hechos ocurridos durante las primeras horas de la mañana y la consecuente suspensión de clases hicieron cambiar el ánimo y programaciones de todos, haciendo aflorar inseguridades y apatía en muchos. Amber había superado la sorpresa inicial, y ahora estaba mucho más callada y concentrada que de costumbre.

— ¿Estás pensando en lo que pasó?

Era una pregunta retórica y ambos lo sabían, pero León la hizo para poder retomar el contacto. La chica le dedicó una larga mirada antes de hablar.

—Necesito ver el informe sobre la muerte de Oskar. Y tengo que ir a ver a Priscilla tan pronto como pueda.

León se concentró en la expresión de ella, y trató de descifrar lo que estaba sintiendo en esos momentos; Amber era una chica brillante, directa, y fuerte ¿qué tanto de esa fortaleza estaba en riesgo en ese momento, y qué tanto estaría dispuesta a compartir con él? Ambos estaban sentados ante una mesa que estaba vacía, y seguiría así por mucho tiempo más.

— ¿Por qué el informe?
—Porque entendí que las palabras "accidente" y "muerte" no tienen un significado concreto para mí —su voz era baja para no llamar la atención, pero audible de todos modos—. ¿Alguna vez te pusiste a pensar en las estadísticas que nos enseñan en primaria?

Considerando que apenas había pasado poco más de una hora desde la terrorífica escena presenciada por Priscilla, no lo había hecho, y se lo hizo saber negando con la cabeza, en silencio.

—Yo tampoco —repuso ella, sombría—. Pero después que los hermanos Holtz estuvieron aquí, revisé unos históricos, algo muy superficial, y me quedé pensando en lo que significa. Lo que es de verdad. El año pasado en Harfolk murieron ciento treinta y seis personas a causa de un accidente o muerte violenta, todo esto no cuenta las muertes por enfermedad; pero yo no conozco a nadie que haya muerto, ni conozco a nadie que haya perdido un familiar de forma violenta en los últimos años. Ni si quiera sé bien lo que significa eso de "muerte violenta".

Lo que Amber estaba diciendo tenía sentido en muchos niveles; la familia de León era numerosa, y lo más grave que había sucedido a alguien en el último tiempo era que Gadián, el novio de su primo Adolfo, estaba lesionado de una pierna por un accidente en el trabajo, pero no pasaba de ser un golpe y reposo por algunos días, a la espera de la curación de los cortes y daño en los tendones. En comparación, la idea de una muerte resultaba enorme, algo que, de hecho, estaba fuera de cualquier parámetro de medición habitual.

—Te acompañaré.
—No es necesario que lo hagas.
—Pero quiero hacerlo —replicó él, sencillamente—. Me importa lo que pase contigo, no quiero sólo dejar que lo hagas y ya; además, Priscilla e Irene me caen muy bien y estoy preocupado también.
—Según lo que nos dijeron, aún tenemos que esperar hasta que pasen dos horas para que evalúen si es que puede recibir visitas —suspiró—, todo esto es terrible.

León recordaba muy bien la muerte del bisabuelo; generalmente la edad máxima promedio a la que llegaba una persona era de 120 años; el bisabuelo llegó a los 140 sin mayores dificultades, pero un día, pidió que se reuniera toda la familia y anunció que su momento estaba muy cerca, y que ya llegaba la hora de descansar. León en ese tiempo tenía sólo nueve años, y se sorprendió de esa actitud, de la forma de ver el futuro con tanta serenidad; por supuesto que hubo caras de sorpresa y angustia, pero él les dijo que no quería que se pusieran tristes, que de ninguna manera quería ser el causante de algún tipo de incordio en el grupo, y que su vida ya estaba completa, de modo que lo que quería era que celebraran el "tiempo extra" que había tenido al pasar en más de una década la expectativa de vida promedio. La muerte del bisabuelo había sido tranquila y amable, y en cambio, la de Oskar había sido repentina, y mucho antes de lo que jamás alguien hubiese imaginado; en ese momento se preguntó ¿Cuál podría ser realmente el alcance de la expresión "muerte accidental" con la que se habían referido consistentemente tanto los maestros como los hermanos Holtz? De pronto sintió un estremecimiento al pensar en cuáles eran las posibilidades, sólo considerando dos factores: el sitio en el que ocurrió y las condiciones en las que estaba Priscilla; desde que se anunció la desmantelación del antiguo estadio de tiro, las visitas hacia ese sector disminuyeron por obvias razones, pero en ningún momento se dio un aviso especial, o se indicó que fuera necesario dejar de acercarse. Como muchas otras actividades desarrolladas por el personal técnico y de mantenimiento de la academia, esta comenzó a desarrollarse poco a poco a lo largo de las jornadas; cuando León salía a trotar en las mañanas veía a algún técnico yendo de un sitio a otro, y si en determinado momento extendió el trote hasta más allá de los montículos que separaban ese sitio de la gran explanada, bien pudo ver a algunos saliendo con elementos ya retirados, o no encontrar a nadie, por lo que entrar no habría sido dificultad, aunque a él no se le ocurrió hacerlo. La mayor parte de ese estadio estaba formado por los carriles en los que cada uno podía ensayar con los blancos móviles, pero una gran zona entre estos y la puerta era abierta, lo que daba espacio para entrenar bajo techo.
O practicar con la habilidad de la piedra, sin que nadie lo viera.

— ¿Qué te sucede?

Mientras reflexionaba acerca de estas cosas, León se había erguido en el asiento, cada vez más sorprendido de lo que estaba pensando. Se dio cuenta de que su expresión lo estaba acusando, y trató de cambiarla, aunque era algo tarde para eso.

—Nada en especial.
—Es demasiado evidente que está ocurriendo algo —dijo ella con severidad—, dime de qué se trata.
—En serio, no es nada concreto —pensó, demasiado tarde, que no era recomendable hablar sin pruebas, pero al mismo tiempo, no podía evadir el tema con un simple no—, es sólo que estaba pensando en la única vez que perdí a alguien, mi bisabuelo.
— ¿Estabas pensando en las diferencias?

Se miraron a los ojos, y él pudo ver con mucha claridad los sentimientos de ella; podía estar tratando de racionalizar todo, pero al mismo tiempo, estaba tan sorprendida y asustada como los demás.

—Sí, y también —habló mucho más bajo, su voz sólo era un susurro—, en Oskar; es difícil decir lo que siento, lo que estoy pensando, porque nosotros estamos aquí, podemos cambiar lo que pensamos o analizar, pero él, ya no tiene tiempo.

Mientras tanto, Lucio se había sentado a la misma mesa que estaba ocupando Mónica, aunque ella no habló en un principio, ni pareció darse cuenta de su presencia.

— ¿Necesitas algo?

Ella levantó la vista hacia él, y lo miró un largo rato antes de contestar.

—Nada, estoy bien.
—No lo parece, pero es comprensible —inspiró profundo mientras miraba al techo—; nada parece normal en un momento como este.
—Nada vuelve a ser normal después de la muerte de una persona.

Las palabras de la chica tomaron por sorpresa a Lucio, quien la miró durante un largo rato, sin hablar; después se aclaró la garganta con algo de dificultad, antes de hablar.

—Has visto algo así? Me refiero, morir a una persona.
—Una vez, hace tiempo —replicó ella, con voz vacía de emoción—; pero no era alguien a quien conociera. Una anciana, tropezó y cayó, estábamos en la calle y todos la vieron. Había un equipo médico, fue como si se hubieran teletransportado hasta allí, pero era tarde. Dijeron que había sito una falla múltiple, algo que habría pasado ahí, o si estaba sentada en su sofá tomando chocolate.
—Qué curioso —comentó él—, cuando era un niño vi algo parecido, pero era un señor —hizo una pausa, recordando lo que había sucedido—; le dio un infarto, creo, y todo el mundo fue a ayudarlo de la forma en que pudiera, mientras llegaba el equipo médico. Lo asistieron bien, así que no fue más que un susto, pero recuerdo muy bien que en ese momento yo no entendía por qué es que mamá estaba nerviosa; ella decía "Podría haber sido tu abuelo " y yo le decía que era obvio que no lo era, así que no tenía sentido que se preocupara. Creo que a veces cuando somos más jóvenes no podemos comprender algunos razonamientos.
—Es cierto. ¿Eran amigos?

Nuevamente, él se sorprendió de escuchar las palabras, pero en realidad se trataba de una forma de expresarse mucho más concreta y directa, que las que incluso habían usado los hermanos Holtz muy poco antes. Oskar estaba muerto, era una realidad que, por lo que se veía, no todos tenían la capacidad de afrontar de la misma manera.

—No en realidad. Pero si hablamos bastante, se trata... tuvimos varios trabajos juntos, de las asignaturas independientes, Siempre con una actitud muy positiva, un tipo muy agradable.

Se sintió débil por hablar en lenguaje neutro, pero a diferencia de ella, no pudo hacerlo como debería. Miró en dirección a una de las otras mesas, en donde Isabelle estaba sentada, junto a Itiel y Naro.

— ¿A qué hora dijeron que podemos ir a preguntar por Priscilla?
—A las diez —respondió Naro—. Por ahora sólo podemos esperar, nada más.
—Estuve a punto de llamarlas —los ojos de la chica se llenaron de lágrimas—, pero no me atrevo, es como si entraras al cuarto de alguien sin golpear, y en este momento —hizo un gesto impotente con las manos—, me siento atrapada, entiendo que si trato de hacer algo voy a ser una entrometida, que estaré entorpeciendo las cosas que está haciendo el personal encargado de ella; ellos saben lo que hacen, pero al mismo tiempo, sé que ella necesita compañía, que tenemos que estar ahí y que lrene no puede sola con lo que está pasando.
—No te pongas así —la animó Naro—, es normal sentir lo que estás diciendo, pero es lo que tenemos que hacer, el equipo médico se va a encargar de todo.
—Lo sé, es solo que no es sencillo.

Levantó la vista hacia Itiel, quien permanecía sentado en silencio, con la vista perdida mientras ellos hablaban. Había visto la forma en que él estuvo junto a ella, la extrema ternura con que la acogió en sus brazos, dando todo de sí para apoyarla en un momento en que Priscilla estaba tan frágil.

— ¿Quieres hablar de algo?
—No.

La respuesta fue vacía, simplemente un vocablo articulado para responder, pero no para explicar. Isabelle miró a Naro, pero este gesticuló una negativa en silencio, diciendo sin palabras que lo mejor era dejarlo así; él sabía lo que estaba en juego, que la escena de Priscilla tendida en el suelo sin reaccionar era casi una representación fantasmal de lo ocurrido en otro tiempo, y que la pesadilla de ese pasado estaba ahora, ahí, frente a sus ojos, pero también sabía que ese dolor era algo que Itiel ya conocía, y que tarde o temprano tendría que salir, para seguir.

Próximo capítulo: Regreso a la normalidad


Sten mor academia 1° Capítulo 25: Realidad inaceptable. Lágrimas



Miércoles 30 de junio. Enfermería.

Irene insistió en entrar a la enfermería junto con Priscilla, y ante su férreo comportamiento, la dejaron entrar; después de revisar su estado, el encargado suministró una solución calmante dérmica, un parche calmante y reposo absoluto por seis horas, previo reposo en las instalaciones del recinto, y una evaluación del avance de su estado. Luego, Irene fue autorizada a entrar a un cuarto muy similar a los que tenían en la residencia, excepto que este era blanco por completo, y estaba inundado por luz relajante, una tonalidad levemente azulina que ayudaba al buen reposo de una persona afectada.

—Irene —le había dicho el encargado, momentos antes de desde la entrar—, en este momento, Priscilla está consciente, pero no estará en las mismas condiciones que de costumbre.
— ¿Qué le sucedió?
—Sufrió una conmoción. Hasta ahora no ha podido expresarse con claridad, y es posible que ahora tampoco lo haga, así que sé muy paciente con ella y no le hagas preguntas. No sabemos con claridad lo que sucedió; pero los síntomas indican que el shock es por algo que vio, es decir se trata de algo externo, pero que la afectó a tal nivel, que perdió momentáneamente la capacidad de moverse y reaccionar.

Mientras hablaban, Irene quería lanzarse al cuarto, pero se controló; sabía que era de vital importancia escuchar lo que el profesional de la salud estaba diciendo, para poder ayudar de la mejor forma posible. Mantenía en las manos, casi obsesivamente, el móvil de Priscilla, en donde depositaba simbólicamente sus sentimientos hacia ella, intertanto al mismo tiempo controlar su nerviosismo.

— ¿Se va a recuperar?
—Físicamente no tiene lesiones —repuso el encargado, reflexivo—. Sobre el estado mental, todo lo relacionado con las funciones cognitivas regresará, pero aún es pronto para saber qué tanto la afectó el hecho al que estuvo expuesta.

Priscilla no era una persona débil, pero sí era muy sensible; establecía conexiones a nivel humano y sentimental con conceptos o ideas, y tenía muy clara su opinión acerca de los temas más relevantes, sin quedar indiferente; aún sin saber lo que había pasado, ya que se dirigieron a la enfermería antes que los maestros dieran una explicación, lrene entendía que lo que sea que había pasado, era real mente terrible para su visión de las cosas.

— ¿Qué puedo hacer yo?
—Acompañarla. Aunque sea difícil para ti, no te emociones, ni hagas preguntas; lo que te recomiendo es que te adaptes a ella, que sigas su ritmo: si no quiere hablar, no hables, si quiere hablar de otra cosa y evadir el tema, no lo menciones, y si necesita exteriorizar, escucha, sin invadir. Es posible que algunas cosas que diga no tengan sentido, o que estén en desorden, pero tanto si es así como si no, preocúpate de hacer que sienta que vas a ayudarla.

Un instante antes de entrar al cuarto, Irene respiró profundamente, y se repitió que debía estar tranquila y en su centro, que aunque estuviera tan preocupada por ella, la importante era Priscilla en esos momentos.
A pesar de haberla visto unos minutos antes mientras la acompañaba en el transporte a urgencias, no pudo dejar de sentirse sorprendida de verla recostada en la camilla; Priscilla era una chica delgada pero saludable, y sin embargo, en esos momentos esa delgadez la hacía lucir frágil, mientras que los rasgos alargados de su rostro daban un aspecto desmejorado, ahora que su piel estaba más pálida y su expresión, más decaída. Acercó una silla y se sentó a su lado, mirándola cariñosamente.

—Lo vi —dijo Priscilla—. Yo lo vi.
—No es necesario que hables si no quieres.

Pero la chica siguió hablando, quizás ignorante de su voz, quizás sólo dejando que las palabras fluyeran, ahora que los calmantes habían bloqueado la desesperación que antes se apoderó de ella. En ella pugnaba el deseo de olvidar todo y no mencionarlo, y la desesperada reacción de hablar, para poder dejar de cargar ella sola con ese peso.

—Había tanta sangre —su voz era lenta y casi sin emoción, pero de todos modos transmitía un sentimiento, que tal vez era mucho más claro que el llanto anterior—, lo vi, estaba a tres metros y lo vi, tan claro, con tanto detalle y yo, yo simplemente no pude hacer nada.

Irene había estado sintiendo pavor de comunicarse con los demás; recordaba muy bien la confusión de los otros, la actitud cerrada y protectora de los maestros, y la inquietante presencia de la Fuerza de seguridad, mientras se alejaban del estadio de tiro. Pero en ese momento, sólo podía preocuparse de Priscilla, y ahora parecía estar tan cerca de una verdad que no quería escuchar, de saber que el estado de ella se debía a algo inconcebible, pero real.

—Está muerto. Oskar está muerto.

El dolor que asomaba en su voz se hizo más profundo, y aunque no podía llorar por el efecto de los calmantes, su sentimiento se expresó a través de lágrimas que surcaron sus mejillas, mientras el silencio envolvía a ambas. Irene se quedó muda al escuchar esas palabras, incapaz de decir o procesar algo al respecto. No era necesario preguntar a nadie, ni llamar por teléfono para confirmar con los otros; tampoco podía engañarse con ideas falsas acerca de lo que estaba sucediendo, o pensar que ella estaba sufriendo algún tipo de alucinación: conocía lo suficiente a Priscilla como para saber que eso no era una fantasía, que los hechos que percibió en segundo plano al llegar junto con ella no eran más que parte del panorama más trágico que la misma había visto. Intentó, por un momento, ponerse en el lugar de ella, y sintió que era intolerable, que ver una persona muerta era algo tan violento para quien vivía ese trance, que se convertía en un crimen sin culpa, donde el causante no era la mayor víctima, quien tenía el infortunio de ver era herido de forma indirecta, todo mientras el principal afectado era mudo y ciego, tanto de las razones como de las consecuencias.
Oskar.
Recordaba claramente una de las primeras veces que hablaron, y cómo él le agradó de inmediato: delgado, esbelto, de piel clara, por un instante le recordó a un viejo amigo de la infancia, y se lo comentó, ante lo que él reaccionó con sorpresa e interés. Agradable, simpático, inteligente, con un sentido del humor blanco e inocente ¿Cómo podía haber pasado algo así? Era imposible que él, a quien vio la jornada anterior, con quien habló hace tan solo unas horas, estuviera muerto ¿Qué clase de broma cruel del destino era esa? ¿Qué podía haber sucedido, dentro de la academia, al interior de un sitio tan seguro como ese, que llegara hasta tal extremo?

—Estaba ahí —volvió a hablar después de un largo silencio—, indefenso, tendido en el suelo, y la puerta estaba abierta ¡Cualquiera podría haberlo visto! Yo tendría que haber estado ahí para algo más que pedir ayuda, yo tendría —sus manos se movieron en el aire, impotentes—, yo tendría que haberlo cubierto, tendría que haber podido evitar que su cuerpo quedara abandonado, y solo, y no pude.

Sufrió una pequeña convulsión, y su tristeza e impotencia superaron el efecto de los calmantes, haciendo que se sentara en la camilla, llorando otra vez.

—No hice nada, no pude hacer nada.

Incapaz de hablar, y de contener por más tiempo las lágrimas, Irene optó por no decir nada, y abrazó con fuerza a Priscilla, mientras la chica se aferraba a ella, llorando desconsolada.



2


Cuando los maestros de piedra llegaron a la residencia, treinta minutos más tarde, el estado de los estudiantes había mutado a una especie de letargo, silencioso y triste; ubicados en la sala central de la residencia y escoltados por los maestros de especialidades, estaban divididos en varios grupos, algunos consolándose mutuamente, o hablando en voz baja, como una suerte de involuntario temor a interrumpir con ruido lo que los había sumido en el silencio. Una vez que los maestros entraron, en completo silencio, Aziare anunció que había una visita importante y se solicitaba la atención de todos; Kalrei Holtz, vestida de un traje pantalón negro, entró a paso lento aunque decidido, acompañada de su hermano menor Reus, quien también vestía de riguroso negro. Al segundo de entrar ambos, uno de los maestros de especialidades activó un proyector portátil, que materializó un holo a escala real de Olga, la mayor de los hermanos, quien al igual que los menores lucía un riguroso luto, en su caso con un vestido largo y sencillo, y un pañuelo que cubría los hombros. Discretamente, los maestros de piedras se ubicaron tras los hermanos, mientras los maestros de especialidades completaban el marco a los costados, todos como un equipo, de cara a los estudiantes. Olga, esbelta y elegante, paseó la mirada por todos los estudiantes, sin disimular el sentimiento de dolor que en ese momento la embargaba, y a la vez, manteniéndose firme ante el desafío de hablarles a todos.

—Quiero comenzar pidiendo una disculpa formal, por un asunto que puede parecer superficial, pero que a mis ojos reviste una gran importancia —su voz transmitía emoción y al mismo tiempo, calma—. Me encuentro muy lejos de la academia esta jornada, por ese motivo tuve que utilizar este medio tan impersonal para dirigirme a ustedes, porque aunque no lo apruebo, lo prefiero antes de hacerlos esperar. Hemos recibido la noticia de la muerte de Oskar con la misma sorpresa e incredulidad que ustedes, pero nosotros estamos al mando de esta organización, y tenemos el deber de enfrentar este hecho de forma abierta, de cara a todos.

León notó, con gran sorpresa, la forma en la que Olga mencionó el nombre de Oskar. Como si lo conociera, como si en ese momento se estuviera refiriendo a alguien a quien conocía, no a una cifra en una tableta de datos; esa actitud hizo que sintiera un gran respeto por ella.

—A mi juicio, por la tranquilidad de él, lo más apropiado es tratar todos los detalles de su muerte con la mayor de las delicadezas, me violenta la idea de que cualquier dato relacionado con un hecho tan trágico como este, pueda ser tomado de un modo incorrecto, por las razones que sean; sin embargo, entiendo que existan muchas dudas, a las que por supuesto tienen derecho. Dentro de estos muros, hay personas que lo conocieron, que fueron sus amigos, mucho más allá del concepto de compañeros; ustedes tienen derecho a saber, incluso si ese conocimiento resulta difícil, o doloroso para cada uno. Pero para eso hay tiempo, y siendo honesta, nosotros mismos todavía no estamos preparados para entregar esa información, de modo que les pido que tengan un poco de paciencia.

Olga hizo una pausa, en la que Kalrei tomó el lugar para hablar; aún con el desconcierto de una noticia tan reciente, Carlo no pudo dejar de notar la profunda voz de la segunda de los hermanos, y la expresión dura y firme de ella al hablar. Algo en lo que estaba pasando resultaba molesto para ella, pero al mismo tiempo, su voz era especial para ese momento, dedicando cada sílaba a transmitir un sentimiento, sin dejar claro si eso era algo real o no.

—No vamos a mentir —dijo con decisión—. Aunque sea doloroso, tenemos que enfrentar la situación, porque somos fuertes; su compañero, su amigo Oskar, murió en un accidente.

La declaración de la mujer hizo que varios tomaran un sentido real a la situación que estaba sucediendo; a pesar de ver en persona por primera vez a los hermanos, su presencia, y la solemnidad de sus palabras y la presencia de los maestros escoltándolos, hizo que de una vez quedaran eliminadas todas las posibilidades de duda. A partir desde momento, el estudiante que faltaba en la academia faltaría para siempre.

—Como dijo mi hermana, los detalles son algo que tenemos que manejar con mucho cuidado, y en primer lugar es necesario que sepamos con exactitud lo ocurrido, además de cumplir con los protocolos correspondientes, y por supuesto dar aviso a la familia. Está de más decir que la jornada de estudios durante el día de hoy queda suspendida, pero no quiero decir con esto que no vamos a acompañarlos. Necesitamos pedirles que confíen en lo que decidamos, nosotros nos haremos cargo, haremos todo la posible por evitar que algo similar vuelva a suceder.

Olga matizó el tono fuerte y decidido de su hermana, con uno más sencillo y cercano; estaba haciendo todo lo posible por superar la barrera de la distancia, conectando con ellos.

—Por favor, sean sinceros en todo momento; tienen un derecho básico como seres humanos, y este es el derecho de sentir. Sientan y experimenten, nunca se nieguen a ello: si sienten deseos de llorar, háganlo, si están enfadados, sepan que nadie va a censurarlos. Si necesitan ayuda, compañía, o incluso alguien necesita un calmante, o simplemente una persona con quien hablar, permitan que las personas en la torre apropiada los asistan, ya que ese es un sitio en donde nadie los va a juzgar, evaluar o criticar; si no necesitan esto y prefieren usar los espacios, háganlo, pero les pido que no lo hagan solos. Si no desean la compañía de nuestros maestros o ayudantes, no se preocupen, pero en ese caso, tomen apoyo de ustedes mismos: nunca, como ahora, la amistad y el amor será tan importante, porque incluso el dolor es más soportable, en compañía.

Sin que ninguna de las dos lo mencionara o hiciera gesto alguno, Reus, el menor de los hermanos, avanzó un breve paso y se dispuso a hablar; Serene notó de inmediato el color tan brillante del celeste de sus ojos, que según se decía, era idéntico en los tres, aunque ellas usaban modificaciones de tono en ocasiones. Parecía tan joven, puro y bello como muy pocos hombres podía ser.

—Sólo quiero decir que sabemos lo que están pasando. También hemos perdido a alguien alguna vez.

No dijo más, pero su voz pareció permanecer por un instante adicional, suspendida en el aire. Dedicó una mirada a todos retrocedió hasta quedar al lado de su hermana.

—Por favor —continuó Olga—, hagan saber a sus maestros si necesitan asistencia, y no olviden que estamos aquí para ustedes.

Los tres hermanos hicieron una breve despedida, tras lo cual la imagen de Olga se desvaneció, y Kalrei junto a Reus salieron en silencio.

—Esto es algo terrible —dijo Serene una vez que los hermanos salieron del lugar—. Es una situación tremenda, algo que es imposible de aceptar.

Mientras tanto, Kalrei salió de la residencia, en compañía de su hermano y Dvorkia, quien llegaba en esos instantes.

— ¿Ya tienen el informe definitivo?
—Así es, el personal del servicio forense se fue hace un momento: la causa oficial de la muerte del chico es una herida punzante con salida, en la zona del cuello, afectando a las vértebras y arteria, teniendo como resultado una pérdida instantánea de las funciones neuronales.
—Murió sin saber lo que había pasado.
—Correcto.
— ¿Y qué lo provocó?
—La manipulación descuidada y sin los elementos apropiados de seguridad de la barra metálica que causó la herida, en el contexto de utilizarla sobre un impulsor de energía variable, con el objetivo de equilibrarla y tomar datos referenciales para un proyecto.
— ¿Estaban convencidos?
—Sí, el impulsor concuerda con los datos que ellos mismos detectaron de las características de la herida y trayectoria.

Kalrei asintió; era una tranquilidad que la verdad modificada quedara cono oficial, desplazando a la verdad completa, que fuera de los confines de la academia sería mucho más difícil de sostener sin tener que dar una gran cantidad de explicaciones. Después de todo, la muerte se produjo de la misma forma y por razones muy similares, excepto que en vez de manipular de forma errónea un artefacto, lo había hecho con el poder de la piedra; de alguna manera, el personal encargado de comunicarse con la familia conseguiría convertir esa acción equivocada en un trágico accidente, evitando culparlo.

—Reus, tu intervención fue apropiada, lo que dijiste sirvió mucho para conectar con la gente.
—Gracias hermana.
—Estaba preocupada por lo callado que estabas.

El joven miró en todas direcciones mientras caminaban, como si temiera que alguien los estuviera escuchando.

—Ya sabes que no soy muy diestro hablando en público, no tengo el mismo talento que ustedes.
—Tonterías, sólo debes relajarte, y todo sucederá de forma muy natural.

Tal como lo esperaba, Olga la llamó después del tiempo suficiente para estar lejos de la residencia; contestó proyectando la imagen de su hermana sobre la pantalla de luz sólida del móvil.

— ¿Cuál es tu opinión de la reacción de los estudiantes?
—Todo lo que podemos esperar en una situación como esta —replicó con seguridad—, y se tomaron bastante bien lo que les dijimos.
—Estoy leyendo el informe oficial —comentó, tras asentir al comentario anterior—; me parece que es correcto, lo apruebo.
—También yo —Kalrei esbozó una ligerísima sonrisa—, así que todo está controlado. De todos modos, me preocupa que tengamos una crisis de tranquilidad, que los estudiantes se sientan inseguros por demasiado tiempo.

Olga frunció ligeramente el ceño, pero un instante después reobró su habitual calma; podía estar siendo algo insensible, como de costumbre, pero Kalrei tenía razón, cuando hablaba de una potencial crisis de seguridad: de momento, era imposible calcular cuánto afectaría a los estudiantes aquella muerte, pero resultaba de una importancia fundamental utilizar todos los métodos posibles para poner en movimiento otra vez la máquina de la academia, reintegrando a los estudiantes a sus labores habituales, y logrando que no perdieran el norte. El desarrollo de los chicos y su evolución en profesionales exitosos era primordial, y ni siquiera algo tren terrible como una muerte podía detenerlo. En ese momento pensó que, muy probablemente, el acuerdo al que llegarían, sería utilizar el mismo hecho como un aliciente para los estudiantes, haciéndoles ver que era parte de su deber continuar con la rutina y, que esa actitud sería un homenaje póstumo, y muy merecido.

—Tienes razón en lo que dices; llegaré dentro de poco, sugiero que nos reunamos en las instalaciones del alto mando con los maestros de piedra, para que analicemos este tema.
—Estoy de acuerdo; en cualquier caso, nos íbamos a quedar aquí por lo que tenemos que supervisar, así que es una oportunidad para programar las acciones a seguir.
—Esto es una tragedia para la institución.

Reus habló por primera vez, mientras aún se desplazaban hacia las instalaciones del alto mando.

—Todo va a salir bien, estoy seguro, hermana.
—Gracias Reus. Por cierto, estuve muy sorprendida por tu intervención, lo hiciste muy bien.
—Te lo agradezco.
—No es tanto un elogio cono un reconocimiento —la mujer hizo una pausa muy breve—. Reus, es importante que tomes conocimiento de los labores y ocupaciones que tenemos, y comunicarte con los estudiantes es un muy buen paso.
—Lo sé, Kalrei me estaba diciendo lo mismo.

Olga asintió, algo pensativa. Qué lejano parecía el momento en donde la mayor preocupación era localizar una potencial piedra doble.

—Hablaremos luego.

Al interior de la residencia, las palabras dichas por los hermanos habían dado un nuevo golpe en los estudiantes; tras la confusión inicial, la conmoción y el miedo, la confirmación de los hechos hacía que todo aquello que conocían se tambaleara, tomando una nueva dimensión en donde la muerte de una persona tenía un peso jamás antes imaginado. Maud y Lena estaban sentabas en uno de los sillones, apoyándose la una en la otra.

—Es imposible —estaba diciendo Maud—, sé que lo acaban de confirmar dos veces pero... no puedo creerlo, es como si todo esto fuera una pesadilla.

Lena estaba al tanto del nexo que unía a su amiga con Oskar; lentamente, la simpatía inicial se convirtió en amistad, y aunque para ella resultaba evidente que él tenía un interés romántico, la amistad que demostraba por ella era genuina, y esa honestidad a la hora de relacionarse con los otros era una clara señal que lo definía como persona. Oskar era un chico honesto, amable, y no esperaba nada distinto de la vida, que aquello que estaba sucediendo; no se hizo de la amistad de Maud esperando que naciera algo romántico, lo hizo porque apreció en ella todas sus cualidades. Lena se quedó nuevamente sorprendida y desolada de la forma en que, casi inconscientemente, estaba transportando todo lo relacionado con Oskar, al pasado, de la misma forma en que se refería a otras personas.

—Amiga mía, no sé cómo consolarte, porque estoy tan impactada como tú.
— ¿Pero cómo es que puedo asimilarlo? —había un toque de desesperación en su voz— Hablamos ayer Lena, ayer, y ahora simplemente...
—Lo siento tanto.
— ¿Qué hiciste tú?

Lena se aclaró la garganta; era un tema que para ella no era lo mismo, y así se lo hizo saber; la pregunta fue subrepticia y un poco violenta, pero entendió que su amiga no lo estaba haciendo por maldad, sino que era un signo de los sentimientos que la superaban.

—Lo siento, pero no creo que mi experiencia te ayude en esto: mi familia murió cuando yo tenía seis años, como te conté, así que no recuerdo prácticamente nada de ellos. Mis padres son los que están en la imagen que viste cuando estábamos conversando, y es cierto, tergo muchos sentimientos por ellos, pero no puedo comparar.

Maud hizo una pausa para secarse las lágrimas. Lena sólo había hablado de forma superficial del tema, y tenía motivos para ello: le había dicho que no era un asunto especialmente sensible para ella puesto que sus recuerdos eran muy vagos, pero prefería profundizar en el asunto cuando tuvieran la calma apropiada y el tiempo para eso. Hasta ese momento era un tema pendiente.

—Perdóname, hablé sin pensar.
—No tienes que disculparte.
—Siento que todo me da vueltas ¿Entiendes? Hablaron de un accidente ¿Qué clase de accidente puede provocar algo así?
—No sé si lo que voy a decir es lo correcto —dijo Lena, en voz baja—, pero siento que si te haces esa pregunta una y otra vez, sólo te estarás haciendo más daño.

Iba a continuar hablando, pero tuvo que hacer una pausa, al sentir que las lágrimas asomaban nuevamente a sus ojos; sintió un nudo en la garganta, pero aunque estaba asustada y sentía una enorme angustia, se obligó a mantener la calma, considerando que Oskar era más cercano a Maud que a ella; ya habría tiempo para asimilar todo lo que estaba pasando, y saber qué tan doloroso era, en la actualidad, estar enfrentada a la muerte de alguien a quien conocía.

—De momento —escuchó su propia voz quebrarse, pero prosiguió— lo único que podemos hacer es tratar de resistir, y esperar.

En ese momento el grupo estaba algo más diseminado, y Aziare aprovechó la oportunidad para acercarse a las chicas: se sentó en frente de ellas.

— ¿Cómo están?
—No lo sabemos con exactitud —replicó Lena—. Aún no lo podemos creer.
—Para todos es difícil —dijo la maestra—; pero no se alejen, ni se aíslen. Estoy aquí para ustedes.
—Gracias.

Mientras tanto, Esteban estaba un poco más alejado del resto, acompañando a Sebastián, quien tenía una placa fría en la pierna izquierda, la cual había sido indicada para restaurar el daño sufrido luego de su salto por la ventana al principio de todo eso.

— ¿Mejor?
—Sí, no es nada — replicó con tono ausente—. Todo esto es increíble, te prometo que no puedo creerlo.
—Tampoco yo. Disculpa por la pregunta ¿Alguna vez viste un accidente fatal cuando corrías?
—No —se encogió de hombros, apesadumbrado—. En los años que corrí, sólo hubo una muerte, y fue por razones distintas. Un piloto sufrió un problema cardíaco, algo repentino, y cayó de la moto: tuvo varias fracturas, pero sobrevivió. Estuvo un par de semanas en recuperación, pero fue empeorando. A final, sucedió, pero todo eso estaba previsto.
—Es terrible que haya pasado —comentó en voz baja—. Pero parece que hay alguien a quien esto no le importa lo suficiente.

Miró en dirección a Miraz, quien, fiel a su costumbre, se mantenía un poco apartado del resto, en silencio y sin interactuar; antes había cambiado completamente su percepción de él en la arena de entrenamiento, pero aún conservaba muchos cuestionamientos de su forma de comportarse.

—Oye —le dijo acercándose a paso rápido—. Hay algo que quiero saber ¿Te importa algo de todo esto?
—Esteban, espera.

Sebastián se había acercado, cojeando un poco por la lesión; sin embargo, el otro no le hizo caso.

—Es sólo una pregunta, es difícil saber lo que piensas porque nunca dices nada.

Miraz le dedicó una enigmática mirada, pero aún no respondió.

—Disculpa —dijo Sebastián interponiéndose entre ambos—; sólo está alterado, no es algo personal.
—No hagas este escándalo —replicó el aludido, al fin—. Demuestra algo de respeto.
— ¿Lo estás demostrando tú con esa actitud?
—Yo no lo conocí —señaló el hombre con fría determinación—. Sería una farsa si demostrara un sentimiento que no tengo hacia él; si te importa, o si era tu amigo, entonces guarda silencio, y preocúpate de apoyar a los que sean más débiles que tú. Deja a los muertos en paz, ellos no pueden defenderse, y ocúpate de los que siguen aquí.

Ambos se quedaron estupefactos al escuchar las serias palabras de Miraz; lo que había dicho era más que una oración, sonaba como una declaración de principios, un conjunto de palabras que determinaban mucho más que sólo lo que estaba pasando en ese momento. Además, lo que decía tenía un sentido concreto, tanto para lo relacionado con la muerte de Oskar, como con la vida en general; Esteban hizo un asentimiento, tras un momento de silencio incómodo para los tres.

—Lo siento, te juzgué mal de nuevo; pero déjame prometer que no voy a volver a equivocarme contigo.
—Disculpa por la interrupción —agregó Sebastián—, y gracias.

Los dos volvieron al lugar en el que estaban antes, y Sebastián volvió a sentarse.

—Fuiste muy apresurado con eso ¿qué le pasa a todo el mundo con Miraz?
—Supongo que cometen el mismo error que yo —respondió, mirando de reojo—, juzgar sin tener nada en concreto: Serene y Mónica hablaron mal de él por su apariencia, eso desde el principio, y creo que la mayoría en algún momento, por no conocerlo. Supongo también que él no ayuda mucho, porque casi no habla con nadie, pero ¿ves a los demás? Ahora que lo pienso, no estoy tan seguro de si todos ellos realmente están tristes por Oskar, o por lo que sea que haya causado ese accidente. Miraz es un hombre muy maduro, tengo la sensación de que ha vivido muchas más cosas que nosotros.

Sebastián miró a los demás, uno de uno, y se dijo que estaba seguro de los sentimientos de varios de ellos.

—Me preguntaba ¿Qué podemos hacer para ayudar a los demás?
—A lo mejor sólo acompañarlos. Y esperar a que nos dejen ir a verla, estoy muy preocupado por ella, por lo que debe estar pasando luego de ver lo que vio; estoy desesperado por llamar a lrene, pero no puedo hacerlo, sería incorrecto, además ella es el único apoyo de Priscilla en este momento.


Próximo capítulo: El adiós que nunca dijiste