La traición de Adán


Muy pronto, regresa la primera novela de este blog. Reimaginada, actualizada, e icónica. No te pierdas una historia de intriga, amor y pasión en el mundo del arte y los negocios. Vuelve a vivir "La traición de Adán."


Academia de piedra Capítulo 30 Homenaje. El fin de un ciclo




Explanada mayor. Viernes 30 de julio.

El personal de la academia había dispuesto una sala montable al centro de la explanada, habilitada para realizar una ceremonia conmemorativa apropiada; tenía capacidad para más de cien personas, y aunque desde el exterior lucía como una edificación claustrofóbica, el interior estaba ambientado para permitir la mayor comodidad para todos los asistentes. Paredes lisas de color uniforme, de un blanco opaco que no destellaba con la luz, suelo alfombrado con proyectores de aire temperado, techo alto para aumentar la sensación de espacio, asientos apropiados para la ocasión, y aislamiento del exterior, para permitir que toda la atención se concentrara en lo que iba a suceder.
Los trabajadores ya estaban en el interior, y los maestros de especialidad tomaron poco después su posición, dejando los puestos más cercanos al sitio donde se pronunciaría el discurso para los estudiantes y maestros de piedra; esa jornada, por la noche, todos iban en silencio, y usando tenidas acordes con la seriedad de la ocasión, no necesariamente de negro, pero sí guardando cierta formalidad en el vestuario. Karlo interceptó a Krau mientras los estudiantes llegaban a la instalación; en general, el ambiente era de mucho respeto por lo que estaba ocurriendo, y la preparación del lugar había contribuido a la sensación de solemnidad que reinaba en el ambiente, porque algo inesperado tomaba a todos por sorpresa, pero un evento preparado ayudaba a construir el sentimiento.

—Bonito traje —comentó, como al pasar—. Hoy estás muy elegante.
— ¿Estás tratando de seducirme?

Karlo reprimió una risa, fingiendo un acceso de tos que disimulara. No se sentía especialmente conectado con esa situación, pero tampoco iba a permitir que eso lo convirtiera en el punto rojo en medio de esa ceremonia.

—No, no eres mi tipo; pero, sí eres indicado para enfrentar, y hace un mes que no entrenamos por nuestra cuenta.

Krau se encogió de hombros, pero no mostró mayor reacción; era obvio que en algún momento iba a reflotar ese tema, así que no se sorprendió en absoluto.

—No me parece que sea el momento para eso.
— ¿Prefieres hablarlo luego?
—No, me refería a que no es momento para actividades Fuera de lo programado por los maestros —y más serio—. De hecho, creo que lo mejor es dejar eso de lado.

Karlo lo miró con ojos entornados, escéptico; no habían hablado mucho sobre distintos temas, pero el hecho de entrenar por su cuenta, sabiendo que habían recibido un consejo en sentido contrario, decía mucho sobre sus intenciones.

—Me parece difícil creer que todo esto te haya afectado, Oskar ni siquiera era tu amigo.
—Es verdad, pero lo que le pasó es algo que seguramente se pudo evitar —replicó firmemente—; así que no pretendo cometer errores de ahora en adelante.
—No hicimos nada fuera de orden.
—Pero entrenábamos a solas, es obvio que nos estábamos cuidando de algo, y ya no más, al menos no yo.

Estaban a pocos pasos de la edificación, y ya resultaba difícil hablar sin que fueran escuchados.

—Bien, como quieras.

En tanto, Lena, Isabelle y Maud estaban acercándose al lugar desde otro ángulo.

—La noche está muy bonita, está fresca —comentó Isabelle —. Me causa un poco de angustia esta ceremonia, lo admito.

Lena se imaginaba muy bien lo que sucedería en el interior del lugar, y se lo había comentado a Maud tan pronto supieron de la realización de esa ceremonia; su amiga estaba muy tranquila, aunque bajo esa superficie, ella sabía la tristeza que estaba sintiendo.

—No te preocupes, estoy segura de que será muy bien llevado; la gente de la academia sabe cómo hacer las cosas.

Maud en esos momentos estaba lidiando con sentimientos contradictorios; en todo instante se esforzó por no parecer demasiado acongojada con lo que estaba sucediendo, porque por desgracia, eso podría malinterpretarse y alguien hacer alguna conjetura inapropiada. No era que le molestara que pudieran relacionarla sentimentalmente con él, pero dadas las circunstancias, era por completo fuera de lugar permitir que eso sucediera; en más de una ocasión se dijo que quizás era indicado dar un paso adelante, y dejar atrás la mala experiencia vivida con su ex novio, pero en ese momento, pensó que era demasiado pronto, que si la amistad que ellos tenían estaba evolucionando, lo mejor era dejar que el tiempo decidiera. Y lo había decidido todo, de forma absoluta. Ahora lo único que podía hacer ella, era conservar los buenos recuerdos, y atesorarlos.

—Eso espero —habló al fin, replicando a las palabras de Lena—, que hagan esta ceremonia de la forma correcta.

Ya en el interior, vieron que la sala estaba ocupada casi en su totalidad; los maestros de piedra entraron por un costado, ubicándose tres a cada lado de la zona central, en donde brillaba un holo multicolor que representaba con gran realismo una de las costas más hermosas de One-garui, ciudad desde donde provenía Oskar. Los hermanos Holtz, liderados por Olga, aparecieron en el centro, parándose frente al holo, que preparado con precisión se disolvió discretamente, para luego aparecer más difuminado en la pared de fondo; los tres hermanos vestían formal, en tonos azules y blancos, lo que hacía resaltar más el cabello casi plateado de ellos, y la piel blanca saludable y juvenil, que disimulaba la edad hasta el punto de hacer que parecieran en un punto indeterminado entre los treinta y cuarenta años, aunque por la actitud que ya habían visto los estudiantes de ellos, era evidente que Reus era el menor, y Olga la mayor, cruzando quizás la barrera de los cuarenta.

—Agradezco que estén aquí —dijo Kalrei, con voz serena y decidida—; es muy gentil de su parte acompañarnos en este momento.
—Gracias a todos —acotó el menor.

Durante un instante, Olga paseó la mirada por todos los asistentes, y suspiró muy quedamente, de una forma que sugería que estaba reflexionando acerca de lo sucedido; ella iba completamente de gris opaco, y llevaba un pañuelo grande rodeando los hombros, el que le daba un aspecto más maduro y sabio. Después de esta pausa, habló con tono sosegado, sin dejar de mirar a todos.

—Gracias por su presencia; hace un mes, sufrimos una pérdida, y hablo a nivel humano más que académico. He hablado con los maestros para pedir su opinión acerca de Oskar, y sólo me encontré con buenas apreciaciones, pero aunque esto podría parecer obra de la buena crianza, sé que no lo es, porque veo en sus rostros que la pérdida no fue insignificante. Ustedes, al igual que él, son grandes personas, y sé que en sus mentes está todo lo bueno que su querido amigo y compañero les dejó. No quiero hacer un largo discurso, no es ese mi propósito, sólo quiero decirles que sé que son fuertes, y que en su fortaleza está también la nuestra, sobre la que vamos a construir el futuro; háganlo bien por ustedes, pero también por él, sé que si demuestran valor y enfrentan el futuro con determinación, estarán haciendo lo mismo que Oskar quiere.

Hizo una breve pausa, en la que el silencio se extendió por el lugar.

—Como sus maestros les dijeron hace poco, dentro de un tiempo se realizarán salidas guiadas a las distintas ciudades del país; esto servirá para que se despejen un poco, puedan conocer otros sitios, y además refuercen los lazos que han estado forjando en estos meses al interior de la academia. Les pido el disfruten, que se diviertan, pero también que usen esos breves días para reflexionar, y proyectar su futuro, para que sea uno mucho más brillante y prometedor. Me gustaría saber si hay alguien que quiera decir algo.

Serene levantó tímidamente la mano; Lena miró alarmada a Maud, pero esta no hizo ningún aspaviento. En el fondo, se lo esperaba, quizás no en ese momento en particular, pero viniendo de ella, seguro que sucedería; Serene no podía evitar, aparentemente, llamar la atención hacia su persona.

—Me gustaría decir algo, si es posible.
—Por supuesto —replicó Olga—. Si quieres, puedes acercarte.
—No es necesario —la chica esbozó una sonrisa modesta—, lo que diré será breve, y creo que todos podrán oírlo.
— ¿Oskar y tú tenían una amistad cercana, Serene?

Febo estuvo a punto de ponerse de pie, pero se detuvo; incluso si a Serene se le ocurría mentir, tratar de desmentirla en esas circunstancias sólo empeoraría todo.

—Eso no tiene importancia —replicó modestamente—. Sólo importa lo que quiero decir; es algo que pensé mientras escuchaba lo que decías.

"Horas y horas tras el velo de la despedida, no hay nada que quede después de hoy. Hay algo pequeño y fuerte en la esperanza, pero la imaginación no puede hacer revivir lo que se ha perdido; quiero romper las reglas, y recuperarte para siempre, como una canción que olvidaste y luchas por recordar, por traer de vuelta las letras y el acorde. Pero aunque puedas invocarla por un segundo, ya no está más ahí, jamás estará.
Te veo desde esta distancia, y no quiero que llores; quiero que tengas la paz y el amor que deseas, y mereces."

La chica usó la entonación perfecta para la ocasión, convirtiendo sus palabras en sentimientos, que a oídos de la mayoría fueron los correctos; sin ser excesivamente dramática, pudo transmitir una sensación de tristeza, que sonaba al mismo tiempo como una tranquila aceptación.

—Muchas gracias por esas palabras —dijo Olga, tras respetar unos segundos en silencio—; creo que todos estamos de acuerdo en que representan muy bien lo que nos pasa por la mente ahora mismo. Te lo agradezco mucho.
—No hay nada que agradecer.



2

Residencia. Más tarde.

Maud había llamado a Febo a última hora de la jornada; él tocó a la puerta de su cuarto, encontrándose con ella un instante después.

—Febo, gracias por venir. Pasa, por favor.

El hizo un asentimiento y entró al cuarto, decidiendo en el momento no hacer ningún comentario acerca del estado en que ella estaba; lucía tranquila ahora, pero resultaba evidente que poco antes no lo había estado. Tras el final de la ceremonia y la partida de los hermanos, ella fue una de las primeras en ir directo a la residencia.

—Hay una pregunta que quiero hacerte —dijo ella, hablando despacio—, lo siento, olvidé los modales básicos, siéntate por favor.

Él desplegó un asiento al costado de la puerta y esperó, pero ella no imitó la acción; se quedó de pie, a dos pasos, mirándolo fijo. Había algo inquietarle en su actitud, que bien podía ser angustia o rabia contenida.

—Es sobre lo que ocurrió en la ceremonia.
— ¿Te refieres a la intervención de Serene?

Se arrepintió en el acto de hacer la pregunta de ese modo, pero ella demostró una estabilidad a toda prueba.

—Sí, es sobre ella, sobre lo que dijo.
—Pues, te escucho.
—Estaba actuando —exclamó ella, con un ligero toque de irritación, aunque lo dominó efectivamente—; todo era una actuación, quería llamar la atención de todos y lo logró.
—Sí, pensé lo mismo —repuso él—. Pero no podíamos hacer nada, además ella no dijo nada malo.

La expresión en el rostro de Maud demostraba que no estaba de acuerdo, pero sus palabras fueron en otra dirección.

—Eso fue preparado. Soy actriz, reconozco a la mayoría de las personas cuando lo están haciendo. O al menos, las suficientes veces —agregó, para sí—; como sea, ella dijo algo muy vago sobre que era algo que había pensado justo en ese momento, pero es mentira, yo sé que es mentira. Tú tienes una gran memoria ¿lo recuerdas bien?

En efecto, Febo tenía muy buena memoria para las palabras, eso era producto del oído musical que desarrolló trabajando con música, y lo había comentado en alguna ocasión; para él, la voz de cada persona decía tanto o más que las frases que pronunciara, y era vital para completar la imagen mental que tenía de cada uno.

—No sé si exactamente...
—Inténtalo —le acercó la tableta de datos—, por favor.

Ella lo miró con serena determinación, pero detrás de esa máscara, había un toque de desesperación que la voz no conseguía disimular del todo. Febo guardó silencio, y se quedó mirando a la nada, con la tableta de datos en las manos; recordar palabras era similar a recordar melodías, excepto que en el caso de la voz humana, cada timbre era único, y estaba determinado por el origen, el carácter, la forma de pronunciar y también, esto último según su juicio personal, en la honestidad de la persona. Alguien como Sebastián, o Lena, era de voz mucho más identificable para él, que una persona como Úrsula o la propia Serene, que parecían siempre estar ocultando algo; de todos modos hizo un esfuerzo por recomponer la escena completa, y recordar detalles del entorno y las personas que estaban en el lugar. Lo primero que recordó fue la voz de Olga Holtz, madura, pronunciando muy bien cada palabra, expresando un sentimiento que era genuino, pero que al mismo tiempo parecía otra cosa, como si estuviera teniendo un mal momento por otros motivos, y dejara que esos sentimientos afloraran para utilizarlos en esa ocasión; no lo había notado en su momento, pero al hacer memoria, supo que había una levísima melodía ambiental, apenas rivalizando en volumen con la respiración de una persona. Recomponer la escena también trajo más imágenes, antes guardadas en segundo plano, como el holo con la playa en One-garui que se extendía de forma constante, lo que significaba que era un video mucho más largo; el rostro de Jael, de perfil desde su punto de vista, mirando al frente, muy rígida; la sensación del aire excesivamente limpio y fresco, y el silencio del que las paredes estaban impregnadas. Luego, la voz de Serene, musical, fabricada, sin espacio para la libertad, ciñéndose a un libreto, tal como había anticipado él mismo, y Maud. Entonces empezó a dar forma a las palabras, y escribió en la pantalla sin mirar, como si en algún punto que sólo podía alcanzar su mirada estuviera la imagen completa, el sonido y el sentimiento que allí se vertió; unos momentos después corrigió la escritura y le devolvió la tableta a la chica.

—Es todo lo que puedo recordar.

Maud tomó la tableta y leyó rápidamente; levantó la vista y lo miró, agradecida.

—Muchas gracias.
—No hay por qué —replicó él—. Lo que no entiendo es qué es lo que pretendes hacer.
—Primero, averiguar de dónde viene esto. Algo me dice que no lo voy a encontrar en la red, pero no importa; ahora que anunciaron que haremos salidas a las ciudades, puedo esperar un poco, conozco personas en Pristo que seguramente lo van a reconocer.
— ¿Y luego qué?

Por un instante muy breve, la mirada de ella fue feroz, pero se controló a tiempo. Más que ninguna otra, esa era la actuación más difícil.

—Cuando llegue el momento lo sabré; pero no voy a dejar que Serene consiga beneficios personales a costa de algo tan delicado como lo que sucedió con Oskar.



3

Domingo 02 de agosto. Estadio de entrenamiento deportivo


Después de un almuerzo contundente y acompañado de abundante líquido, Edsel se cambió ropa y fue a paso animado hacia el centro deportivo; había desafiado a Sebastián, y como él siempre estaba disponible para los retos deportivos, le pareció una buena idea. Había ganado fuerza durante el último tiempo y estaba satisfecho con su desarrollo físico, que en las disciplinas físicas sumaba mucho, pero notó una gran deficiencia en agilidad, algo que Esteban había sabido contrarrestar entrenando con él. Sabía que en fuerza podría medirse con el que era por entonces el mejor del torneo, pero quería evitar a toda costa una humillación histórica contra alguien que diera una sorpresa como Miraz, y se sorprendió un poco de que Sebastián accediera, aparentemente pasando por alto el hecho de que un desafío de entrenamiento físico con él significaba obtener mejores herramientas para el torneo; por otro lado, Serene se mostraba cada vez más amigable con él, y habían pasado de compartir ocasionalmente a interactuar de forma habitual, y ella elogiaba sus avances en lo físico, junto a lo académico.

—Buenas tardes, Edsel.
—Buenas tardes. ¿Alguien adentro?
—Nadie —quien respondía era una de las personas de mantenimiento—, parece que el efecto del domingo es muy fuerte el día de hoy.
—Gracias.

Confirmó la hora en el móvil: dos treinta y un minutos, ya pasando del punto de encuentro. De todos modos entró, y se acercó a las barras horizontales, de las que no era muy amigo, para practicar un poco mientras el otro chico llegaba; con calma se colgó de una barra de dos metros, reposó un poco, y luego hizo algo de impulso, balanceándose adelante y atrás, hasta que tuvo el vaivén suficiente para hacer un medio giro, y sostenerse en posición invertida. Pero le costaba mantener la estabilidad de las piernas, y finalmente tuvo que completar el giro y dejarse caer. Miró hacia la puerta y vio que Úrsula entraba justo en ese momento.

—Úrsula, hola.
—Hola —replicó ella, haciendo un gesto con la mano— ¿Entrenando solo?
—No, estaba esperando a Sebastián.

Vio que ella se quedaba quieta, mirándolo, y salió de la zona de las barras para acercarse.

— ¿Ocurre algo?
—No, es que lo vi en el casino hace un minuto, a Esteban.
—Pero no espero a Esteban —replicó sonriendo—, es a Sebastián.

Ella hizo una mueca mientras se encogía de hombros.

—Juraría que escuché Esteban. ¿Y tenían que entrenar más tarde?
—No, de hecho, está retrasado.
—Seguro que se quedó distraído o hablando con alguien.
—Puede ser. ¿Y tú en qué andabas?

Ella hizo un gesto amplio con los manos.

—Caminando un rato, nada más. Te dejo, me dio un ansia terrible por recostarme luego de verte hacer esas piruetas; si veo a Sebastián, le digo que se dé prisa ¿De acuerdo?
—Gracias.

Iba a volver a las barras, cuando percibió un mensaje en el móvil; era de Serene, e incluía un enlace a un video de un deportista: en él, el experimentado hombre hacía una complicada secuencia de equilibrio colgando de aros, terminando en una voltereta simple con una caída perfecta. En alguna otra ocasión, ya le había enviado algún video, a lo que él respondió con un entrenamiento en esa dirección, el que era destacado después por ella; así estaba llevando las cosas a cabo, estando siempre presente para ella, como un amigo sincero y que era alguien confiable, no un acechador. Estaba tomando tiempo, pero dos años podían pasar volando y en ese sentido, cada día era un punto ganado; con paciencia, llegaría muy lejos.



4

Residencia maestros

Flavio estaba en la cafetería cuando recibió una llamado de Olga. Dejó la taza que tenía en las manos y contestó, con su habitual calma.

—Olga, buenas, tardes.
—Buenas tardes, Flavio —saludó ella, en voz baja—. Necesito saber tu opinión con respecto a un asunto.

El maestro frunció el ceño, pensativo.

—Espero ser de utilidad.
—Estoy segura de eso —replicó ella—; como sabes, ya están disponibles las estadísticas de los estudiantes, y hay una baja en el promedio, causado por los sucesos que conocemos.
—Es correcto —comentó él, recordando dos datos—, sin embargo, no veo que esté demasiado por debajo de lo proyectado para un caso como este.
—Estoy de acuesto en eso —concedió la mujer—, pero quiero revertirlo con rapidez. En ciclos anteriores, hemos autorizado salidas luego de los ocho meses, y según los expertos de la torre amarilla, hacerlo antes de un mes habría causado un efecto inverso en los estudiantes. ¿piensas, que sería una buena idea hacerlas durante agosto?

El maestro guardó silencio por un momento; hasta ese instante, las cosas en la academia estaban tranquilas, pero era evidente que la muerte de Oskar había impactado en muchos niveles, incluyendo a los maestros: Jael estaba frustrada por haber perdido a su estudiante más estable y quedar en una posición de desventaja contra los resultados de los otros maestros, Omar sentía culpa por no haber anticipado los hechos, y Darius seguía sintiéndose algo inseguro como maestro, aunque hacía uso de su chispeante carácter para disimularlo. Sí, lo que Sten mor quería era cerrar un ciclo con alegría, no con tristeza.

—Me parece que sería una buena idea, un modo de premiar el esfuerzo de los estudiantes y ayudarlos a despejarse, como dijiste en la ceremonia; agosto es una buena fecha para que esto no parezca apresurado, y al mismo tiempo llegue de forma oportuna.
—Gracias por tu opinión, Flavio.

En su oficina, Olga cortó la llamada y miró a Kalrei.

—Dijo que sí.
—Entonces todos están de acuerdo —comentó Kalrei, quien estaba del otro lado del escritorio, hasta ese momento en silencio—. Daré las instrucciones para que la fuerza de seguridad y el equipo de apoyo disponga de todos los recursos necesarios para realizar estas salidas.

Reus había estado mirando a las dos, mientras ellas llamaban alternadamente a los seis maestros de piedra, y habló una vez que todos fueron contactados.

— ¿Por qué llamarlos por separado y no reunirlos a todos?
—Porque ellos no están todos en la misma condición ahora mismo, y reunirlos haría que eso quedara en evidencia —a Kalrei no le gustaban las salidas , pero era un mal necesario—. No queremos que la rivalidad que tienen se salga de lo académico y caiga en lo personal, porque eso nunca beneficia a los involucrados.
—Pero ellos sabrán igual que le preguntaste a los otros.
—Sí, pero no lo dirán. Ninguno querrá quedar como el chismoso, o si está en desventaja, profundizarla. Recuerda que en esta vida es tan importante lo que se dice, como lo que no.


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