Pacto de siete Capítulo 06: Un solo golpe



Torre verde.

Mónica entró a la torre, saludando a alguien al pasar; a poco andar, se dirigió a uno de los dispensadores de agua, donde Úrsula fingía estar bebiendo.

— ¿Alguna novedad? –preguntó en voz baja.
—Saca de la extra mineral, se tarda más en salir; nada, vengo del centro deportivo y Edsel me dijo que Sebastián se había tardado.
—Maldición, Sebastián es muy puntual ¿Averiguaste algo más?
—Nada, él no está por ninguna parte –contempló el vaso como si le importara el contenido.
—Hablaremos luego, sigue atenta.

Se bebió el agua de un trago, y salió del lugar; hacía un día luminoso, y parecía que ninguna sombra podía esconder a una persona, pero aparentemente, la luz del sol estaba escondiendo a dos. Contestó una llamada telefónica.

—No está en la torre amarilla –apuntó Krau.
—Ni en la verde, ninguno de los dos.
— ¿Entonces confirmamos que se trata de eso?
— ¿Qué otra cosa puede ser? —replicó ella, deteniéndose fuera de la Torre—. Los tiempos coinciden, todo parece una consecuencia de la situación anterior. Espera.

Cambió de línea y contestó. Alej parecía asustado.

—Estoy vagando por el frente austero —dijo, poniendo énfasis en las iniciales para dar a entender que hablaba de la fuerza de seguridad—, aquí no vuela ni una mosca; si sucedió algo, no vinieron para acá.
—Eso es más preocupante todavía.

La llamada se cortó del otro lado, y la chica retomó a Krau, quien en ese momento estaba dando forma a una idea que se le antojaba retorcida, sucia y por demás, inquietante.

— ¿Y si fue hacia ese sitio?
—No, no lo creo, es decir, él lo haría, supongo, pero no en esta ocasión, si de verdad se trata de lo que estoy pensando, no fue eso, tienen que estar por aquí, en alguna parte.

Mientras tanto, Alej había regresado de su caminata aparentemente casual por el extremo sur, y sin más opciones de búsqueda, entró en la residencia; se quedó detenido a un paso del umbral, inmóvil, viendo a Sebastián, que estaba sentado en la sala central, con la mirada perdida. Por un momento tuvo la intención de decirle que Edsel lo estaba esperando para entrenar, pero al instante de pensarlo sintió pánico; unos minutos antes, no podían encontrarlo a él ni a Oiren, y cuando encontraba a uno de ellos, sólo era a Sebastián. La corta conversación con Oiren palpitaba en su mente ¿Habría escuchado este chico sólo una parte, o se enteró de todo? y si estaba ahí ¿Qué había pasado entre ellos? ¿Una confrontación, una pelea, o lo había convencido de unirse al pacto? Necesitaba ayuda, pero en esos momentos no podía contar con nadie, y el tiempo era un enemigo imposible de burlar.

— ¿Practicando una nueva técnica de meditación?

El chico levantó la vista, y le dedicó una mirada un tanto perdida, mientras se pasaba una mano por la nuca; Alej sintió ganas de echar a correr, pero mantuvo la expresión casual, y no se movió.

—No, sólo... no es nada, creo que estoy un poco cansado.
—Efecto día domingo —se escuchó a sí mismo demasiado apresurado, y se ordenó hablar a una velocidad más normal—, tenemos estas jornadas largas que cuando llega el día de descanso estás desconectado de todo.
—Supongo que sí –reflexionó el atlético joven.
— ¿Y qué hacías? Yo iba a recostarme un rato.
—Es buena idea, creo —replicó vagamente—, creo que puedo descansar un poco ahora. Yo estaba —sus palabras se desvanecieron, en un momento en que aparentemente no iba a reaccionar. Al cabo de un momento, habló—, estaba aquí, las clases de hoy terminaron hace poco pero no tengo hambre, creo que puedo comer algo más tarde.
—Suena bien.

Se puso de pie, y por un instante miró en derredor, como si no supiera hacia qué punto tenía que dirigirse; después caminó hacia las escaleras. Alej esperó lo suficiente, y marcó un número en el móvil.


Residencia de estudiantes. Minutos después.


Para cuando Krau y Mónica encontraron a Oiren, este estaba sentado en una de las sillas de la Zona de descanso, con un vaso de refresco en las manos mientras miraba a la nada. Su expresión era de calma y satisfacción en la superficie, pero no era la emoción que dominaba en ese momento.

— ¿Dónde estabas?

El chico les dirigió una inexplicable mirada, pero Mónica no se dejó amedrentar.

—Oiren, dime qué es lo que hiciste.

No respondió, sólo se limitó a mirar de nuevo hacia adelante, con una fingida expresión de calma en el rostro. Krau decidió que no iba a seguirle el juego.

—Al centro deportivo, ahora –ordenó, hablando con todos.
—Estoy descansando después de mi almuerzo.

Esa respuesta bastó para que se le acabara la paciencia. Tomó a Oiren por la camisa y lo obligó a ponerse de pie.

—Dije ahora.

Unos minutos después, se reunieron con Alej y Úrsula en el lugar indicado, y para mayor seguridad, entraron por distintas zonas, encontrándose luego en una de las salas de pruebas de pesas.

— ¿Dónde estuviste?
—Estás un poco alterado —respondió, a la defensiva—, esto nos pone en riesgo a todos.
— ¿Riesgo? ¿Y la estupidez que le dijiste a Alej por teléfono?
— ¿Y el tiempo que desapareciste? —apuntó Alej.
— ¿Y Sebastián?

La pregunta de Úrsula lo descolocó, y esto se notó en su rostro; Mónica aprovechó la oportunidad para intervenir, mientras esbozaba una maléfica sonrisa.

—Fue él ¿Cierto? Fue él quien te escuchó.
—No sé de qué hablas Oiren estaba quebrándose ahora como nunca cuando murió Oskar.
—Sebastián nunca llega tarde a una reunión, mucho menos a un entrenamiento, pero precisamente hoy, faltó. Fue él quien te escuchó.

Oiren hizo una mueca de desesperación, que terminó por delatarlo; Krau se había callado tantas cosas, tantas veces, que ya no pudo más.

— ¿Qué le hiciste?
— ¿Qué, ahora te preocupa el prójimo?
— ¡Contéstame! –gritó, fuera de sí.

Harto de las evasivas, lo tomó por los hombros y lo empujó contra la pared; Oiren intentó usar su habilidad, pero el otro fue más rápido y le asestó un puñetazo en el antebrazo, haciéndolo gemir de dolor. El sonido sordo del puño contra la carne resonó en el silencio durante unos instantes.

—Dime qué fue lo que hiciste.
—Todo va a estar bajo control, no hay nada de qué preocuparse —dijo con voz temblorosa—. No va a recordar nada, nunca sabrá lo que le sucedió.

Krau lo soltó y retrocedió paso, mirándolo muy fijo; entonces era él, Sebastián era, a partir de ese momento, el séptimo involucrado en esa maldita historia.

— ¿Qué le hiciste?
— ¿Acaso no es obvio? —Mónica tenía una expresión salvaje en el rostro—. Lo golpeó, le dio un golpe en la cabeza, para que no pueda recordar nada, igual que en las películas.

Úrsula hizo una mueca de desprecio.

—Eso es absurdo, jamás funcionaría.
—Estamos muertos —murmuró Alej, entre una risa ahogada—, estamos aquí escondidos hablando mientras él nos está denunciando en la enfermería o en la fuerza de seguridad. Estamos fritos, este es el final, por eso es que tenía esa cara, debe haber estado a punto de darle un ataque por saberlo todo, y ahora mismo les está diciendo a ellos todo lo que hicimos.

Oiren se frotaba el brazo donde recibió el golpe, y les dirigió a todos una mirada furiosa.

—Les digo que todo está bajo control. No va a recordar nada.

Intentó recuperar el aplomo y salir del lugar, pero Krau lo sujetó por un hombro.

—Estás demasiado seguro. Hagamos algo, pensemos que te creo –de pronto su expresión mutó en una de aparente tranquilidad.
—Krau...
—No, Alej, acompáñenme en este juego —de pronto se sintió valiente, inconsciente y estúpido, pero al menos no se quedaría con el veneno de esa duda en el interior—; Oiren dice que Sebastián no va a recordar nada. Entonces él es quien te escuchó cuando hablabas por teléfono con Alej, él te descubrió.

El chico no dijo nada, y mantuvo una mirada desafiante, pero Krau fue mucho más allá, y le devolvió la mirada de una forma salvaje, que consiguió amedrentarlo.

—Sí –respondió, al fin.
—Me gusta cuando nos entendemos. Entonces, imagino que intentaste matarlo, pero fallaste.
—No podía, estaba a plena zona abierta.
— ¿Entonces cuál fue el error?

Oiren intentó mover el brazo de donde pendía la piedra, pero el otro lo detuvo, sujetándolo con más fuerza. Le quebraría el hombro si era necesario, pero obtendría todas las respuestas que le faltaban.

— ¿Quieres otro golpe? Me pregunto si te basta con uno.
—Iba a hablar en la fuerza de seguridad —respondió al fin, con furia. Sabía que no era rival en el aspecto físico—. Eso es lo que iba a hacer, yo sólo hice lo necesario, gracias a mí es que todo está en orden.

El otro lo soltó de nuevo, riéndose en voz baja.

—Gracias a ti. Esto es increíble; la persona que nos "sugirió" hacer este pacto de silencio es quien abre la boca estúpidamente, y tenemos que darte las gracias.
—Está bajo control, está bajo control ¿Por qué no lo entiendes? –la acusación de Orien no tenía la fuerza que intentaba impregnar en ella.
— ¿Cómo sabías que el golpe que le diste haría que perdiera la memoria?

La pregunta de Úrsula, dicha con total frialdad, dejó a todos en silencio; estaba hablando de algo mucho más relevante, un punto anterior al origen de esa improvisada reunión en el Centro deportivo.

—Entonces eso era lo que te traías entre manos.
—No sé de qué...

Krau volvió a presionar contra la muralla, de forma sorpresiva, obligándolo otra vez a callar.

—Oh, sí lo sabes. Así que durante todo este tiempo estuviste buscando una forma de matar, y te fue muy útil ahora ¿No es así?
—Déjame en paz –dijo, intentando soltarse.
—No —volvió a acercarse a él, de forma más amenazadora—, no te voy a dejar en paz; estás buscando formas de matar gente, y para eso, estoy seguro de que te pasaste buena parte de tu tiempo libre en la biblioteca de medios. Anatomía, trastornos de la memoria, neuropsicología, eso tiene que haber estado en tu top de conocimiento. Brillante, Oiren, eres cada vez más experto en el arte de dañar a los demás.
—Eso no es cierto —se defendió, desesperado—, hice lo que era necesario, yo era el único que podía hacerlo.

Mónica había cruzado los brazos, y se dio un momento para mirar la situación desde el exterior; Oiren iba a convertirse en la ruina de cuánta persona estuviera en su camino, pero aunque eso ya lo sabía, la verdadera pregunta era ¿Cómo hacer algo al respecto sin que resultara afectado el secreto que compartían? Hasta el momento, podía pensar que esa absurda idea de encontrar la forma de hacer que Sebastián perdiera la memoria sería un fracaso absoluto, pero, si funcionaba, el Oiren temeroso y angustiado que estaban viendo ahora sería cambiado por el arrogante y controlador de hace un rato. Estaban en una situación compleja de nuevo, pero presionarlo hasta el límite podía hacer que todo se destruyera con más facilidad, porque era una persona demasiado inestable.

—Él no hablará nada, porque no va a recordar nada —estaba diciendo—, yo controlé la situación, lo tengo todo en mis manos.
—No, tú no tienes nada —exclamó ella—, tú no tienes nada, porque acabas de demostrar que eres incapaz de controlarte, y nos has puesto en un predicamento otra vez; si tienes razón en lo que dices, lo que hiciste fue el mínimo, sólo el mínimo en comparación con el tamaño del error que cometiste.

Oiren quitó la mirada de Krau y la intentó mirar con desprecio, pero la presión a la que estaba sometido le impidió hacerlo; en cambio, ella le devolvió un esbozo de sonrisa triunfante.

— ¡Eso está borrado!
— ¡No lo está, imbécil! —replicó con acritud—, sólo agregaste otro ingrediente más a este magnífico cóctel que inventaste. ¿Escuchas eso? Es el sonido de tu ineptitud, y se cuela por las paredes cada vez que crees que estás haciendo algo bien. Ahora, todos nosotros vamos a salir de aquí, y vamos a aparentar que todo es perfecto en la vida, pero tú, especialmente tú, querido Oiren, te vas a mantener visible todo el tiempo, y muy lejos de Sebastián. No más llamadas tratando de controlarnos, no más intentos de chantaje. Esto se terminó, si nos vamos al infierno, está bien, pero no intentes ni por un segundo hacer las cosas a tu manera. Pobrecito —agregó, mirando el brazo donde había recibido el golpe—, estabas haciendo un poco de ejercicio y te lastimaste el antebrazo, toma un poco de hielo y úsalo, hasta que todo se enfríe.

2


Lunes 03 de agosto. Centro de entrenamiento

La noche había sido un auténtico suplicio; en efecto, no había sucedido nada anormal durante la tarde anterior, pero eso no disminuyó en absoluto el estado de nerviosismo de Mónica. Cuando salió del cuarto, silenciosa y malhumorada, pensó en intentar pasar desapercibida durante los entrenamientos de la mañana, pero encontrarse con los maestros de piedra hizo que temiera lo peor. Darius parecía muy contento esa mañana, lo que significaba que, al menos, la reunión no tenía nada que ver con ellos.

—En algunos minutos —estaba diciendo Omar—, empezamos el día, pero antes de eso, queríamos dar aviso de algo que seguro les va a interesar: el día 22 realizaremos una salida de la academia, nos han permitido hacer una visita a la ciudad de One—garui.

Así que finalmente había comenzado; la academia había tomado la decisión de convertir lentamente a Oskar en un ídolo, una figura a quien admirar y seguir. Resultaba evidente que nadie diría algo concreto al respecto de esa situación, pero aunque no lo hicieran poniendo holos con su rostro o instauraran un día en su nombre, era imposible negar que eso estaba sucediendo, desde la emotiva ceremonia del día 30. Mejor, porque eso quería decir que el asunto de su muerte había quedado en el pasado, y la Fuerza de seguridad y el alto mando estaban convencidos de la versión de su muerte que figuraba en el informe; ahora, entonces, resultaba irónico que estuviera con el alma en un hilo por una segunda causa, pero lo cierto es que así era, y estar de pie a un metro de Sebastián sólo hacía peores las cosas. Aziare repetía que la jornada sería de estudios y no sólo de diversión, y Darius hacia lo posible por meter la fiesta en el panorama; todo seguía igual ahí, al menos.

Más tarde en el centro de entrenamiento, los grupos se dividieron según los maestros, y estos iniciaron la clase del día; Mónica estaba desconcentrada, pero usó el citrino con la misma precisión que de costumbre, sabiendo que eso era parte de lo que estaba obligada a hacer para mantener la farsa de estudiante correcta que no se ha salido de las normas establecidas. Por suerte, Darius estaba muy permisivo esa jornada, y pudo apartarse del centro de la atención sin que se notara demasiado; que Bárbara y Mauren llamaran las luces para ellas con toda tranquilidad.
Procuró quedar en punto de vista con las dos personas que le interesaba ver en esos momentos, y no se sorprendió a ver que Oiren había regresado a ser el amable y destacado estudiante del grupo de Jael, el mismo que le estaba dando satisfacciones por montón; por otra parte, un poco más alejado, estaba Sebastián, la bomba de tiempo en la que pendía una gran señal, hasta ahora apagada. Pero por supuesto, no estaba como siempre, ella pudo verlo con claridad desde esa distancia, mientras los demás estaban distraídos con unos cristales de hielo hechos por Amber y Aziare: estaba perdido, de la misma forma en que Alej había descrito su estado el día anterior ¿Estaba recordando poco a poco, o esa reacción era propia de alguien que había pasado por un evento así? No podía acercarse a la biblioteca de medios para averiguar eso, porque eso dejaría una huella en los historiales de búsqueda que no quería que existiese. De pronto, ese grupo interrumpió la clase, y la maestra se llevó a Sebastián a un lado, para hablar con él. Ella parecía preocupada, y como siempre, atenta a todo lo que pasara con sus estudiantes, pero él la tranquilizó con algunas palabras ¿Podría estar diciéndole que luego tenía algo muy importante que decirle? Se dijo que tendría que dejar de armar esas teorías locas, porque de lo contrario, ella sería quien iba a enloquecer.

3


Casino de estudiantes. Por la tarde

Alej supo de inmediato que el entrenamiento con habilidades enlazadas no era una casualidad, y se figuró que eso ni siquiera estaba en el plan de estudios desde un principio; era imposible que existiera tanta coincidencia en el mundo, y después de la sucesión de desgracias vividas por ellos desde el suceso inicial, su fe en los buenos acontecimientos había disminuido hasta el punto de desaparecer. Si bien para ellos tenía un significado especial y bastante macabro, lo que cualquiera que analizara un poco el tema vería, es que después de la muerte de Oskar y la revelación del informe de su muerte, los maestros necesitaban mantenerlos ocupados, y al mismo tiempo demostrar que existían métodos seguros y oficiales de manipular la energía, sin que Fuera necesario hacer algo que estuviera fuera de orden; era vital para ellos reconstruir alrededor de los estudiantes el mundo feliz y seguro que habían conocido en primer lugar.
Todo eso era una estupidez.
¿Qué había del mundo que ellos habían perdido, de lo que se había roto para ellos cuanto ocurrió todo eso? Sí, ellos habían causado esa muerte, pero ahora que Oskar descansaba en paz, ellos eran víctimas de muchas más consecuencias estando libres que si la Fuerza de seguridad hubiera descubierto la verdad tras el supuesto accidente. Estaban viviendo en vilo, sintiendo que a cada minuto, el débil castillo de cartas con el que armaron su libertad se vendría abajo, ya sea porque alguien descubriera algo, o porque de forma retroactiva, algún policía entrometido sospechara de la versión falsa que la organización seguramente creó para ocultar la existencia de las piedras; una mentira para cubrir otra mentira. Y por si todo eso fuera poco, estaba el idiota de Oiren, complicando las cosas hasta el límite; Sebastián era de esas personas completamente inofensivas, y aunque no era cercano a él, sabía que él nunca se involucraría en algo peligroso. Ahora, sin saberlo, se había convertido en una amenaza de poder incalculable, una bomba de tiempo que andaba por los mismos pasillos, que compartía las mismas clases que ellos, involucrado en un crimen que para él no tenía rostro; se había encontrado mirándolo con temor, pensando en si ese golpe que recibió sería suficiente para eliminar de su mente el recuerdo, o si quizás en algún momento, un hecho casual detonaría la cuenta regresiva hacia una catástrofe. ¿Algún día volvería a sentirse tranquilo?



Próximo capítulo: Decisión puertas afuera
















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