Academia de piedra Capítulo 31: Trabajo de equipos




Residencia de estudiantes. Lunes 03 de agosto

Las estadísticas del mes de julio fueron liberadas a primera hora de la mañana, por lo que fue el tema de conversación desde el desayuno entre los estudiantes; para nadie fue una sorpresa, de cualquier modo, que las estadísticas estuvieran algo estancadas durante el mes previo, sin embargo, el asunto copó la atención a todos.

—No hay que alarmarse por esto —estaba diciendo Serene mientras bajaba la escalera, escoltada por Alana y Edsel—, es completamente normal bajo este escenario, incluso diría que las cosas van muy bien.
—No fueron días fáciles al principio —apuntó Alana.
—Es cierto, pero juntos hemos ido superando.

Llegaron al primer piso, en donde estaban los seis maestros de piedra y gran mayoría de los estudiantes.

—Buen día —saludó con una sonrisa—, no sabíamos que había una reunión.
—No hemos avisado —comentó Darius, devolviendo la sonrisa—, y parece que no va a ser necesario hacerlo, hoy están muy madrugadores y responsables.

Dando una mirada rápida, la chica vio que, en efecto, estaban casi todos, y tras unos segundos, llegaron los que faltaban; Omar fue quien tomó la palabra.

—En algunos minutos empezamos la jornada, pero ahora mismo queríamos dar aviso de algo que seguro les va a interesar: el día 21 realizaremos una salida de la academia, nos han permitido hacer una visita a One-garui.

La noticia fue mue bien recibida por todos, y de inmediato comenzaron intercambios de ideas al respecto; el maestro, sin embargo, no había terminado de hablar.

—Escuchen, escuchen, eso no es todo; tienen que saber que esta no es una visita de diversión, será en el marco de una jornada de estudios, así que las mismas condiciones que se aplican aquí, estarán también dentro de este día. Esto significa no móviles, no fiestas, y no escapadas por su cuenta a ningún sitio.

Alguien ahogó un reclamo al escuchar esas instrucciones; Aziare sonrió con condescendencia.

—Por favor no se alarmen. Es cierto que estaremos dentro de una jornada de estudio como cualquier sábado, pero sólo iremos nosotros, no los maestros de especialidad; aprovecharemos la oportunidad de utilizar sus habilidades en un ambiente distinto al de la academia, y probar algunas experiencias en terreno, que seguramente ayudarán mucho a todos a ampliar sus horizontes.
—Pero, por supuesto —intervino Darius, alegremente—, eso no es todo; vamos a mezclar lo mejor de los dos extremos, los pondremos a entrenar en donde es la vida misma, y por otra parte vamos a comer en lugares agradables, conocer mucha gente, subirnos a botes, y si tenemos suerte, habrá un desfile de algo en alguna parte y podrán dejarse llevar por el baile y la música.
—Cierto —concedió la maestra en cuanto pudo intervenir—, pero todo dentro de los límites razonables.

Más tarde, los maestros dividieron a los estudiantes en los grupos correspondientes, para iniciar la jornada; Aziare tenía algunas ideas nuevas para esa jornada, y estaba poniendo todo su empeño en conseguir que todos se motivaran al máximo. El centro de entrenamiento había sufrido algunos cambios internos durante el último tiempo, siendo ahora mucho más espacioso: las zonas de reposo y acondicionamiento estaban a los costados de la entrada, y se había habilitado una serie de módulos para pruebas de precisión como punto de mira, seguimiento de objetos y equilibrio, entre otras.

—Bien, es momento de hablar de algunas cosas que muy pronto van a poner en práctica, me refiero a utilizar habilidades enlazadas.
— ¿Cómo es eso?
—Verán, existe la posibilidad de combinar las habilidades de dos o más personas, para crear resultados completamente nuevos; cuando aprenden esto, pueden llevar su habilidad a nuevos niveles.

Notó que varios de ellos ponían cara de incomodidad, pero lo consideró lógico dadas las circunstancias; desde que sucedió la muerte de Oskar, no habían realizado pruebas nuevas con las habilidades, y el temor al cambio era natural.

—No se preocupen por esto, el proceso que un a realizar es seguro: para comenzar, tengo que recordarles algunas generalidades. La piedra que cada uno posee tiene la capacidad de catalizar energía del medio ambiente, y convertirla según el mandato de su propietario en otro tipo de energía. Las piedras no crean materia por sí mismas, pero gracias a los procesos cuánticos con los que fueron trabajadas, tienen la capacidad de sustituir componentes para el resultado final, o incluso crear desde cero.
—Por eso es que Gabriela puede duplicar materia —apuntó Amber.
—Correcto —replicó la maestra, sonriendo—, pero, si han puesto atención, sabrán que la duplicación que ella realiza tiene una corta duración, y esto es porque la materia creada es energía sustituta, tomada de moléculas presentes en el ambiente. Una vez que los crea, subsisten y son manejables, pero eventualmente la cadena de creación perderá efectividad y se disolverá.

León frunció el ceño. Se sentía culpable por haber hecho unos experimentos por su cuenta y en secreto, pero ya no lo podía cambiar; una vez que leyó el informe de la muerte de Oskar, estuvo varios días dando vueltos a ese asunto, hasta que finalmente se rindió, y decidió hacer una prueba, no por curiosidad, sino porque, a pesar de no tener una estrecha amistad con el infortunado chico, sí tenían una muy buena relación, y no podía creer que el dato frío proveniente del informe fuera real. Así que lo intentó y comprobó que la energía residual no sólo era algo concreto, sino que, en efecto, era inestable. Aziare le dedicó una mirada que parecía ver en su interior, y se sintió incómodo, y acusado.

—León, parece que quieres preguntar algo.
—Yo —titubeó un momento; no era apropiado delatarse demostrando nervios—, me preguntaba cómo podemos enlazar habilidades que sean muy distintas entre sí, por ejemplo, Maud puede controlar energías de distinto tipo ¿Cómo me afecta a mí que puedo crear un campo de energía alrededor de mis manos?

La maestra usó su habilidad, creando una neblina fría para iniciar la demostración.

—Lo explicaré de forma gráfica; tengo la habilidad de crear hielo, si enlazo mi habilidad con la de Maud, mientras el enlace exista, yo podré crear el hielo como de costumbre, pero además podré controlar, por ejemplo, energía calórica que amenazara mi creación, y ella podrá controlar ciertas energías, pero con el adicional de tener dominio sobre el hielo. Maud ¿quieres intentarlo?
—Sí, claro.

La chica se acercó a la maestra, quien se puso de pie a su lado.

—Ahora, es importante que estés tranquila, yo te voy a ayudar en este proceso; lo primero que debes hacer es tu movimiento llave, cono de costumbre. Muy bien, ahora, tienes que ordenarle a tu piedra que se una con la mía, seguramente sentirás un cosquilleo, no te preocupes, sólo no pierdas la concentración.

Llegados a ese momento, Maud ya había asumido que muchas cosas eran de cierta forma, incluso si estas no tenían mucho sentido; partiendo por su habilidad, que a diferencia de la mayoría, no se veía ni producía ningún cambio físico. Tenía cierta similitud con la habilidad de Isabelle, pero la diferencia era que ella no tenía la restricción de dominar sólo la que estaba dentro de su radio personal; hizo un esfuerzo, y tal como la maestra lo había anunciado, sintió un cosquilleo en el antebrazo, similar a lo que experimentó en el momento de hacer el enlace con la piedra, pero en esta ocasión era más intenso, y un poco desagradable; miró a Aziare, pero esta la tranquilizó con una sonrisa.

—Tranquila, lo estás haciendo muy bien; ahora estoy aumentando el control del enlace, por favor sólo sigue muy concentrada.

Así lo hizo, y después de unos expectantes segundos, vio con asombro que el halo frío de la maestra se replicaba en torno a su propia muñeca, pero con menos fuerza, y con un color traslucente de un color grisáceo que le recordó al instante a su piedra.

—Increíble —dijo sin quitar la vista del recién creado halo—, el color es el mismo de mi piedra.
—Correcto, es una consecuencia visual de lo que estamos haciendo, al realizar enlace el resultado toma el color que según la escala cromática tenga preponderancia, y en el caso de ser tres o más, será una mezcla de los involucrados, como una combinación totalmente nueva. Ahora, tú no podrías controlar el movimiento en tu primer intento, así que déjalo en mis manos.
—De acuerdo.

La maestra hizo un gesto muy sutil con la mano, y el halo frío generado por ambas se expandió; el contraste entre la neblina blanca original y la nueva de color grisáceo creó una cortina bicolor que por un momento cubrió a todos, haciendo que quedaran apartados del mundo más allá de ellos.

—Ahora, dirige tú misma la corriente; hazlo muy lento, no tomes ninguna prisa para que puedas hacerlo bien.

Maud obedeció, sorprendiéndose de ver cómo el halo se movía al ella desearlo; unos momentos después, el enlace se cortó, y lentamente comenzó a desvanecerse el efecto.

— ¿Cómo te sientes?
—Bien, pero algo cansada, como si hubiera estado usando la habilidad por mucho tiempo.
—Es normal, por el esfuerzo de concentración; para poder hacer el enlace, necesitas alcanzar un tope de concentración personal superior al ordinario, esa es la causa de que te sientas así. Pero volverás a la normalidad en un momento, y con el ensayo notarás que se hace mucho más sencillo, igual que el uso de tu habilidad.

Amber había estado evaluando cada detalle mientras la maestra hacía la demostración.

— ¿Puedo intentarlo?
—Me gusta ese entusiasmo, la respuesta es sí.
—Mi habilidad es crear puntos de reflejo —reflexionó mientras tomaba el lugar de Maud—; puedo devolver en la misma dirección de donde proviene, distintos tipos de energía, y algunos objetos. ¿Qué es lo que haré?
—Comprobemos ahora mismo, sin más preámbulos ¿Qué dices?

Unos momentos después, al utilizar la habilidad, Amber vio los cambios producidos por el enlace: en vez de producirse una neblina fría, lo que se proyectó fue una serie de cristales hexagonales perfectos, de un tenue color rosa idéntico al de la piedra que tenía en su poder.

—Son hermosos —comentó Lena, asombrada—, son iguales a cristales de nieve.
—Y tienen el color de tu piedra —comentó Febo—. ¿Se pueden tocar?
—Sí, hazlo.

Febo hizo la prueba y tomó uno, que era de alrededor de tres centímetros de diámetro; el cristal era perfecto en sus seis brazos, levísimo al tacto, muy suave y con una temperatura que era fría como el hielo, pero que no quemaba como el hielo natural. Tras tenerlo unos instantes entre los dedos, el cristal se disolvió en una pequeña lluvia de agua solidificada del color del coral.

—En este caso —estaba diciendo la maestra—, como pueden ver, mi control sobre los cristales es menor, porque la habilidad de Amber implica rechazar objetos o energía. Pero ella podría, con algo de entrenamiento, usarlos para reflejarse en sí mismos y moverlos a voluntad.
—Increíble.
—Sebastián ¿Qué opinas? ¿Sebastián?

Al no recibir respuesta, todos lo miraron; el deportista estaba de pie, inmóvil, con la vista partida al frente, sin reaccionar. León, que era quien estaba más próximo, se acercó a él.

— ¿Sebastián?

El joven lo miró con una expresión totalmente perdida.

—Sebastián ¿Te sientes mal?
—No —respondió, vagamente—, no, no me siento mal.

Todos miraron a la maestra, quien se acercó con una expresión seria en el rostro.

—Sebastián ¿Puedes decir cuál es mi nombre?

Al escuchar la pregunta, el chico reaccionó y paseó rápidamente la mirada por todos, sonriendo con algo de nerviosismo.

—Aziare, desde luego. ¿Qué sucede, por qué me miran así?
—Hace un segundo parecía que estabas orbitando el planeta —comentó Febo.
—Si no te sientes bien —dijo la maestra de forma tentativa—, puedes retirarte un momento.
—No, no, todo está bien —respondió—, es sólo que dormí muy mal anoche, por eso es que estoy un poco más lento.

La maestra hizo un gesto a los otros.

— ¿Nos disculpan un momento?

Cuanto estuvieron aparte, ella lo miró a los ojos, algo preocupada.

— ¿Ocurrió algo que no te dejó dormir anoche?
—No que recuerde —respondió él, sonriendo—. El día empezó bien, pero se fue haciendo más pesado, creo que no me hizo bien descansar mucho.
— ¿Seguro?
—Sí, gracias por preguntar. Ahora ¿En qué estábamos? No quiero que pierdan tiempo por mi causa.


Mientras tanto, Gabriela estaba poniendo a prueba las habilidades de sus estudiantes; en el centro del círculo que habían formado, había un trozo de madera, el que estaba siendo trabajado por las habilidades de todos de forma coordinada: utilizando su habilidad, Celia había controlado una chispa inicial, para manipularla e insertarla en la madera; lo que podría parecer algo sencillo era en realidad todo un reto, pues el desafío planteado por la maestra consistía en generar combustión sin llama ni humo. Carlo y Lucio, utilizando sus habilidades de creación de sombra y control de luz produjeron un campo alrededor del objeto, y Silvia se ocupó de hacer circular una corriente de agua en el contorno de la madera, todo esto mientras Karlo interfería en cualquier posible escape de fuego o humo para llevarlo hacia el líquido.
Silvia se sentía frustrada en esos momentos; algún tiempo atrás, intentó ganar la confianza de Gabriela para poder alcanzar un mejor proyecto a futuro, pero luego de la muerte de Oskar, el resto del grupo había abandonado la idea de entrenar de forma independiente, en parte por una razonable cuota de temor, en parte para no tener participación en nada que pudiera malinterpretarse. Durante los días en que siguieron el entrenamiento no oficial, ella notó una mejoría en el uso de su habilidad, y se dijo que en cierto modo eso se lo debía a no estar siendo vigilada ni dirigida; cuando estaban estrenando en secreto, todo dependía de ellos. En ese momento, sintió que las cosas iban por una buena dirección, que podría presentar a la maestra un grupo compacto, con habilidades mejoradas, y que todo eso serviría para el futuro inmediato, pero en cuanto el grupo se disolvió fuera del estricto margen de la primera y última clase de cada día, se quedó con las manos vacías; si bien era verdad que los entrenamientos no estaban en regla, ellos siempre usaron la habilidad de acuerdo a lo que se les enseñó, sin buscar otros métodos, pero ese argumento no fue suficiente para convencer a los demás. Después de eso, siguió entrenando en solitario, y por sus estadísticas sabía que todo estaba mejorando, pero no era lo mismo que la experiencia grupal.

—Bien Silvia, buen avance.
—Gracias.

Gabriela, fiel a su estilo, les exigía mucho en las clases, planteando siempre un nuevo desafío que los obligaba a reimaginar la habilidad y usarla de otros modos; lo que estaban haciendo en esos momentos era el uso de la habilidad de forma coordinada, como si se trata de un juego de estrategia en donde todos los componentes que estaban en el campo debían manipularse con precisión. La corriente de agua se desplazaba como una serpiente, de un sitio a otro, capturando cualquier molécula fuera de orden que fuera enviada por Karlo, pero aunque se trataba de una acción compleja, para ella no estaba significando gran desafío; ya lo había hecho por su cuenta, llegando a controlar el agua como si de un lazo se tratase, moviéndolo por el aire, alrededor de su cuerpo y hasta creando estructuras más avanzadas. Cierto era que a medida que avanzaba en el desarrollo de la habilidad, cualquier dificultad en los estudios se hacía mucho más fácil de superar, pero al mismo tiempo, sentía que necesitaba algo más, que no estaba siendo suficiente con sólo estudiar día con día, esperando a que las cosas pintaran mejor.

Por otro lado, Omar estaba desarrollando un ejercicio dinámico, poniendo a todos los de su equipo en acción.

—Eso es, lo están haciendo muy bien.

Ferrán se movió con destreza, lanzando una serie de puntos de luz a gran velocidad; a tres metros, Esteban utilizó su habilidad para rechazarlos uno a uno, disminuyendo el diámetro de su campo deflector al mínimo, para poder puntualizar la fuerza utilizada. Al momento de rechazar las pequeñas concentraciones de luz, no lo hacía de forma azarosa, sino que apuntando otra vez a tres metros de distancia, pero en su caso hacia Isabelle, quien, concentrada al máximo, esperaba el momento preciso para que estuvieran en su radio de acción, momento en el que los dominaba, traspasándolos luego a Miraz, quien había generado una corriente de viento apropiada para transportarlo a Alana, la quinta del grupo y quien, con gran precisión, controlaba una serie de hojas de plantas, suspendiéndolas en el aire a modo de pequeños remolinos.

—Excelente, ahora cambien la dirección: Alana, hacia Isabelle, luego sigue Esteban, Ferrán y Miraz.

La dificultad del ejercicio estaba en que las partículas de luz generadas por Ferrán eran relativamente frágiles, lo que significaba que para interactuar con ellas, estando en movimiento, era necesario manejar la piedra con precisión y delicadeza, considerando además el factor de cambio producido por el manejo anterior; si Alana impulsaba los puntos de luz, la cadencia será inferior, mientras que Esteban daría un impulso más directo y fuerte, por lo que todos deberían estar concentrados, y aplicando cambios en la intensidad del uso de su habilidad. Había conseguido que los estudiantes mantuvieron un buen nivel de concentración, y las estadísticas iban mejorando en el caso de todos; seguía muy preocupado por el rendimiento general de los chicos, pero al mismo tiempo, tenía confianza en que la decisión de adelantar el inicio de las salidas a terreno resultaría en un gran éxito.

2


Residencia de maestros. Más tarde.

Omar estaba en la zona de descanso, sentado de cara a la ventana, sin moverse; llevaba algunos minutos así, solo, hasta que Jael entró en el lugar.

—Lo siento, no quise molestar.
—No es molestia —replicó él, reaccionando—, pasa.

Jael había estado esperando la oportunidad de hablar con él a solas, pero desde el desgraciado evento había sido imposible: después de la confusión y el obvio ajetreo, las cosas aparentemente volvieron a la normalidad, pero ella notó que el fornido maestro se cargó más de trabajo, tanto en lo relativo a las tareas de piedras, como en su participación con el apartado científico de la academia. Habría sido sencillo simplemente decirle que se reunieran, pero lo cierto es que no tenían una proximidad amistosa como Aziare y Darius.

— ¿Estabas pensando en Oskar?
—La verdad, sí.
—Ustedes se habían hecho cercanos ¿No es así?

Omar asintió. Su forma de trabajar con los estudiantes era abierta, siempre demostrando disponibilidad para hablar y ayudar en todo lo que fuera necesario; sin embargo, era natural que surgiera un nexo más estrecho con alguno de ellos, y eso se convertía para él en una suerte de amistad, una relación fraternal. En Oskar vio a un chico transparente, inteligente, claro, pero por sobre todo, a una persona que esperaba lo que viniera de la vida con la mejor de las disposiciones, al igual que él.

—Bastante, se podría decir.

Jael sabía que, de alguna manera, sentía una cierta envidia de él por esa entrega, porque ella misma no podía experimentarla, pero los sentimientos que tenía no encontraban lugar en lo que iba a decirle en esos momentos.

— ¿Te sientes traicionado?

El hombre volteó y la miró, extrañado.

— ¿Por qué me preguntas eso?
—Tú lo estabas conociendo, más que yo —explicó ella, sin alterarse—, y he visto cómo estás, por lo menos me parece que es claro que te afecta algo además de lo que pasó; debe ser desconcertante saber lo que ha estado pasando sin tú saberlo.
—Todo es desconcertante —dijo él—, pero no estoy pensando en esta situación como si se tratara de las consecuencias de determinados hechos, o decisiones. Oskar era un buen chico, y un buen estudiante, no quiero que la sombra de una duda se esparza por su recuerdo.

Ella se sentó, y lo miró fijamente.

— ¿Crees que es lo correcto?
—No me estoy negando a la realidad, si es eso lo que quieres saber; sé lo que pasó, lo comprendo, y está la recreación, incluso lo que vimos —había un tono intenso en su voz, al estar hablando de algo que no solo era la representación de los hechos, sino también de sus sentimientos—, pero hay algo que es muy importante para mí: yo no lo vi, ninguno de nosotros pudo verlo.
— ¿Qué diferencia hace eso?

Omar se puso de pie y miró aún por la ventana; en el fondo, estaba tratando de ver un horizonte que se encontraba mucho más allá de los límites de la organización.

—Hay una antigua expresión. "Cuando una persona muere sola, la verdad absoluta muere con ella". Esto significa que no importa qué tan clara sea la escena o la causa de la muerte en un examen, esos últimos momentos de la persona son sólo suyos, eligió pasarlos en soledad, o no tuvo otra alternativa, y eso hace que el final no pueda pertenecer a nadie más. Siento que no tengo derecho a inmiscuirme o cuestionar lo que sucedió, ni siquiera a decidir si existe un verdadero culpable. Lo que más quisiera, es que de ahora en adelante su memoria no se ensucie, que nadie haga uso de ella por las razones equivocadas.

Pero eso sucedería, ella lo sabía muy bien; ya haía comenzado a pasar, aunque hasta el momento era algo sutil . La organización de Sten mor sabía que esa muerte, más allá de afectar a ese chico en particular, ponía en riesgo todo aquello por lo que ellos estaban ahí; entonces, la figura de Oskar era transformada, lentamente, en un ídolo al que admirar, una figura que inspirara a todos en sus labores. Primero, un homenaje, luego las salidas a terreno, después, probablemente una jornada conmemorativa, nunca llegando a una fecha especial, pero lo suficientemente importante como para que fuera posible fomentar la reflexión al interior de las paredes en las que habitaban. Se preguntó qué tanto de eso llegaría a afectar a Omar, y cuánto de aquel sentimiento sería perjudicial para los estudiantes ¿Cómo podía él vivir así, involucrándose a tal punto, que llegara a meditar acerca de la vida y la muerte de una persona que no era un familiar? Se dijo que, probablemente, ese exceso de corazón, algún día le causaría problemas.



Próximo capítulo: Visitas inesperadas. Un nuevo día

No hay comentarios:

Publicar un comentario