Academia de piedra Capítulo 29: Experiencias personales. Conexiones




Martes 27 de julio. Centro de entrenamiento

Una vez que se retomó el torneo de habilidades, este cambió en algunos aspectos, por parte de los estudiantes; en pocas jornadas, Esteban volvió a destacar, aunque a diferencia de lo sucedido al principio, todos se mostraron agradados, un poco sorprendidos, y agradecidos por este cambio: el deportista dedicó todos sus esfuerzos a ayudar a los demás a sacar lo máximo posible de sus habilidades, haciendo además demostraciones durante los entrenamientos, que lejos de ser ostentosas, eran didácticas y muy útiles. No todos habían tomado sus consejos o demostraciones, pero la percepción general era muy positiva; el público se había elevado en número hasta casi llenar las gradas, todos los días en que se realizaba el torneo, es decir martes y jueves entre 9:00 y 9:30; en ese momento, el deportista estaba practicando con Febo mientras en la arena se enfrentaban Mauren y Mónica.

—Muy bien, se ve grandioso.
—Se me ocurrió ayer en la noche.

Febo tenía la habilidad de controlar algunos objetos, utilizando la rodocrosita que tenía en su poder; en ese momento, estaba haciendo girar un disco sintético del porte de un plato pequeño; el que se mantenía flotando a algunos centímetros de su mano.

—Había tenido problemas para controlar algunas cosas, hasta que pensé en lo que haces con los discos deflectores que haces; no son muy grandes, así que los puedes manejar con tranquilidad y siendo planos, tienes muy poca resistencia.
—Por lo que veo, lo haces muy bien. Tenemos que entrenar un poco para contrastar.
—Es una buena idea.
— ¿Qué hacen? —preguntó Sebastián acercándose.
—Probando algunas mejoras —repuso Febo—. Más tarde podemos practicar un poco.

—Siguientes en enfrentarse —dijo Jael—. Serán Esteban, y Oiren.

Esteban levantó la vista hacia la arena al escuchar su nombre: no había tenido oportunidad de medirse con él.

—Bien, aquí voy.

Sebastián le dio ánimo con una amistosa palmada en la espalda; él sabía que Sebastián tenía sentimientos encontrados hacia Oiren, porque nunca supo por qué era que su inicial amistad se había roto. En el presente, no hablaba del tema, y por cómo era, lógicamente no sentía rencor, pero la duda al menos persistía en Esteban. Vio que Oiren se ponía los guantes que permitían convertir la energía catalizada por las piedras, lo cual fue extraño, porque en las participaciones anteriores no lo había hecho; hizo un gesto de tiempo fuera y se acercó a paso rápido a Flavio.

— ¿Sería posible que me ayudaras con un poco de aislamiento? Prometo que no voy a hacer alguna tontería, es sólo que no quiero que escuchen lo que vamos a hablar.

Flavio hizo una ligerísima pausa antes de contestar.

—Te ayudaré con eso, pero ten cuidado.
—Lo tendré.

Regresó a la arena poniéndose los guantes, e hizo una reverencia, como saludo.

—Nunca nos habíamos enfrentado.

Oiren había cambiado durante el tiempo, y no sólo de amistades; aunque su estructura física seguía siendo casi la misma, había modernizado un poco su aspecto, y definitivamente parecía más seguro que en un principio.

—Lo siento, pero esto no será un enfrentamiento.
— ¿Por qué no?
—Porque no puedes compararte conmigo.

La actitud tenía poco que ver con la imagen, y nada con su voz, que seguía siendo muy juvenil y fresca. Esteban sabía que se estaba refiriendo a las estadísticas globales de la academia, en donde se había ubicado en lo más alto, haciendo que sus deficiencias en las disciplinas físicas no influyeran de forma negativa en el promedio; tuvo un ligero instante de confusión al notar que Flavio usaba su habilidad para encerrar la arena en un campo de energía, pero un instante después ignoró ese hecho, y esbozó una sonrisa.

— ¿Qué te ocurre, vas a hacer un espectáculo como cuando Miraz te hizo morder el polvo?
—Buena frase, pero no funciona. Además, Miraz te haría llorar, así que no te burles.

Sólo se habían enfrentado en una ocasión, tiempo atrás, y el resultado fue claro; este recuerdo hizo que claramente Oiren se molestara.

—Eso fue hace mucho, ahora cambié. Soy mejor que todos.

Esteban estaba consciente de las miradas expectantes de todos, tanto en las gradas como entre los otros estudiantes, pero no se preocupó por eso. Se trataba de la oportunidad perfecta y no la iba a dejar pasar.

—Nunca vas a ser el mejor.

En un principio se sintió algo extraño, pero recuperó la memoria de movimiento y pudo usar los guantes sin dificultad, mientras su contendiente formaba una elaborada estructura similar a una sombra, que se mantuvo entre ambos cono un guardián.

—Déjame hacerte una pregunta ¿Cuándo fue que te convertiste en este tipo arrogante que eres ahora?
—Es curioso que alguien como tú use esa expresión.
—Es cierto —sonrió, desafiante, mientras se desplazaba poco a poco, analizando la escena. Estaba tomando el tiempo necesario, y utilizar la paciencia y calma era algo que sus errores le habían enseñado—. Vamos Oiren, nadie nos está escuchando ahora, puedes ser sincero. La mayoría del tiempo tengo la cabeza un poco vacía, lo puedo decir porque estoy aprendiendo a meter cosas aquí —hizo un gesto indicando la sien—; tú siempre tuviste muchas cosas en la cabeza, pero parece que no tenías nada en el pecho.

La sombra se movía inquietantemente entre los dos, como un vigía que percibiera los movimientos de Esteban y los siguiera, milímetro a milímetro.

— ¿Entonces es eso, te envió Sebastián? —preguntó con un tono de fingida sorpresa—. No sé qué le pudo haber pasado, que necesita enviar a un mensajero.
—Él no tiene nada que ver en esto —replicó, comenzando a proyectar un disco con las partículas proyectadas por los guantes—, ni siquiera se imagina lo que estoy haciendo, si lo supiera estoy seguro que se opondría.

Lanzó un disco como si fuera un boomerang, pero fue rechazado con total facilidad por la sombra.

—Si tratas de ganar con palabras, pues tampoco eres bueno en eso.
— ¿ Y en qué eres bueno tú?
—Soy superior en todos los aspectos.
—No me hagas reír —exclamó, lanzando otro ataque—, dime por qué evades el tema ¿No quieres hablar de eso, es demasiado duro enfrentarlo?
—No hay nada que enfrentar —Oiren manipulaba la sombra con tal cuidado que esta, a pesar de no tener forma antropomórfica, se movía como si la tuviera—. Sebastián no tiene nada interesante, ¿por qué querría estar cerca de él?
—No es lo que pensabas cuando entraste.
—Ahora conozco más del mundo, puedo seleccionar a las personas que realmente valen la pena.

Mientras hablaban, el enfrentamiento había ido subiendo en nivel de intensidad, pero la estructura proyectada por Oiren se mostraba infalible ante cualquier ataque recibido. Esteban estaba entendiendo recién en ese momento que el cambio en el comportamiento de él no era solo de alguien inseguro y con dificultad para socializar a alguien más confiado; era algo mucho más profundo, y no podía ser bueno.

— ¿Personas que valen la pena? Se acercan a ti porque tienes buenas estadísticas y quieren sacar algo de provecho.
— ¿No es eso lo que hiciste tú al hacerte amigo de él que tiene velocidad y buenos reflejos? ¿Lo que hizo él al hacerse amigo del grupo, inventarse una familia porque no tiene a nadie?

Enfurecido por la cruda referencia familiar a Sebastián, Esteban lanzó un disco con mucha más fuerza que los anteriores, pero Oiren, en un arranque de teatralidad, se quedó de pie, de brazos cruzados, confiando todo a la estructura sintética, que según sus órdenes contuvo el ataque. No podían escuchar lo que pasaba en el exterior, pero resultaba evidente que todos estaban muy atentos a lo que estaba pasando, siguiendo cada paso de los dos contrincantes.

— ¿Entonces es de eso de lo que se trata para ti la amistad? Ni si quiera estarías aquí si no fuera por Sebastián.
— ¡Cállate!

Furioso, el chico cambió la formación de la estructura proyectada por el guante, y en un instante lo convirtió en una masa sólida, que arrojó contra su rival. Haciendo uso de estrategia en vez de fuerza, Esteban esquivó el ataque por la derecha, y decididamente avanzó hacia su rival; este manipuló nuevamente la energía y trató de atacarlo por la espalda, pero el deportista reaccionó muy rápido y, volteando, repelió sin dificultad.

—No te acerques.

Oiren volvió a poner a la estructura entre él y Esteban, pero en ese momento estaba nervioso y no podía controlarla con la misma precisión de antes; el musculoso notó la diferencia en sí mismo, en cómo antes estuvo furioso por estar siendo superado por Miraz, pero ahora podía enfrentar una derrota, o un momento como ese, con calma, sabiendo lo que hacía, y decidiendo con tranquilidad.

—Sebastián te ofreció su amistad, él te ayudó primero que nadie en este lugar, y te atreves a hablar así de él.
—Soy mejor que él —gritó lanzado nuevamente la estructura—. Sólo tienes que mirar las estadísticas.
— ¡Esto no se trata de estadísticas!

Inesperadamente, lanzó un golpe hacia la estructura manejada por su rival, destrozándola en mil pedazos; sumado esto al impulso propio del campo deflector que mantenía en torno al puño, generó el suficiente impacto para lanzar a Oiren hacia atrás, haciendo que este cayera sentado en el suelo, fuera del límite de la arena de combate. Todos estaban en silencio en el exterior, sin poder anticipar lo que estaba a punto de pasar, pero en el interior de la arena, la actitud de Esteban cambió por completo, y aparentando tranquilidad se acercó a su contendiente y extendió la mano, para ayudarlo a ponerse de pie.

—No te me acerques.

Oiren había sido tomado por sorpresa en esa batalla, y miraba a su rival con una mezcla de rabia y confusión; el otro, sin embargo, mantuvo una amable sonrisa.

—Dame la mano y deja que te ayude a poner de pie —dijo sin cambiar de actitud—, supongo que no quieres arruinar tu imagen de chico listo y amable mostrándote rencoroso porque perdiste; todos entenderían eso en alguien como yo, no en ti.

Sin otra opción, Oiren tuvo que aceptar la ayuda, retirando la mano apenas estuvo de pie. Durante un momento, ambos estuvieron lado a lado, casi como si fueran competidores sin ningún enfrentamiento personal de por medio.

—Fue un gusto tener este enfrentamiento contigo —dijo Esteban en voz baja—. Espero que un día lo podamos repetir.




2


Torre celeste. 13:30

Mientras Rossanne salía de la sala y los demás la acompañaban, Irene estaba actualizando una información en la tableta de datos, y Priscilla esperaba junto a la puerta; la chica sonrió espontáneamente.

—Te quiero.

Irene volteó hacia ella, y le devolvió la sonrisa; dentro del traumático episodio ocurrido algunos días atrás, en que todo fue dolor y angustia, existió la posibilidad de ver algo de luz, ya que los sentimientos de ambas tomaron un camino más claro, y la compañía permitió que poco a poco surgiera algo más. Hasta el momento, no podía decir que tuvieran una relación formal, pero la sincera amistad de un principio había dado paso a una conexión más íntima, en donde una mirada o un gesto, aunque no estuviera cargada de intención, significaba mucho más.

—Yo también.
— ¿Actualizaste entonces?
—Sí, ya tengo todo lo que necesito; falta muy poco para que tengamos las estadísticas de fin de mes, y estoy muy ocupada de subir después del fiasco de mi presentación para Naturaleza y evolución.

Priscilla sonrió con ternura; la semana anterior, Irene tuvo un bloqueo total a la hora de hacer una presentación: a pesar de ser un área que dominaba, y una materia íntimamente relacionada con sus proyecciones personales, no pudo desarrollar nada de forma apropiada, a pesar de ser ayudada en todo momento por Viveth, la maestra de la especialidad, quien tuvo una paciencia infinita a la hora de auxiliarla.

—Lo harás bien, es natural que alguna vez tengas una falla.
—Lo sé, es cierto, prometo no volver a obsesionarme con ese tema.
—Me gusta escuchar eso.

Salieron de la sala para dirigirse al casino; a poco andar se toparon con Naro e Itiel, quienes iban en sentido contrario.

— ¿Cómo va todo?
—Bien, nos vamos a concentrar en almorzar.

Mientras las chicas bajaban, ellos fueron hacia uno de los laboratorios clínicos, en donde había algo que los esperaba.

—Pasa, esto es lo que quería que vieras.

Entraron en un laboratorio más pequeño, de paredes oscuras y sin ventanas, en cuya puerta había una indicación de no entrar con elementos magnéticos ni sonoros.

—Esto se me ocurrió en psiquiatría, aunque a decir verdad no tiene mucho que ver con eso.
—Bien, ahora explícame lo que estoy viendo.

En un soporte apropiado en medio de una cápsula cristalina, tres proyectores de luz azul trabajaban a velocidad programada sobre un cristal de sal apropiadamente dispuesto, sobre una base de agua pura.

—En un repaso de psiquiatría histórica, vimos algo muy interesante acerca de las supuestas propiedades místicas de piedras y otros objetos; menciona que la sal tiene la capacidad de absorber malas energías y transmutarlas... ¿Por qué me estás mirando así?

La expresión de Naro era ligeramente divertida.

—Me sorprende este lado esotérico, no me habías hablado de eso.
—No es un lado esotérico —replicó Itiel haciendo una mueca—. No te burles, sólo estoy dando contexto.
—Está bien, lo siento.
—Ahora, los cristales de sal sí tienen la capacidad de absorber, los elementos líquidos básicamente, y pensé que podría crear un cristal que tuviera una propiedad en concreto.

Naro asintió, comprendiendo la idea.

—la base de la cápsula es agua, pero la sal absorbe de gua sin necesidad de un favorecedor.
—Correcto, pero esta es la idea: el agua pura tiene un 35% de capacidad de hidratación que el agua corriente, y la luz azul se emplea para ayudar a personas con estados de ánimo: está indicaba en la mayoría de enfermerías y servicios de atención médica, como complemento al tratamiento prescrito, incluso para etapas posteriores.
—Bien, entonces lo que quieres hacer es aprovechar el efecto absorbente de la sal para que tome el agua, y junto con ella las propiedades de la luz azul ¿No?
—Exacto.
—Pero lo que no comprendo es cuál es la utilidad, es parte de algo que ya está establecido por el ministerio de salud.
—Es cierto — replicó Itiel sin perder la seguridad—. Pero lo que me estoy planteado con este desafío, es lograr un cristal de sal que pueda almacenar las propiedades de la luz azul, y lo tengas contigo como si fuera un pendiente o un collar, para que te ayude en caso de necesidad.

En ese momento, Naro lo entendió. Había una conexión muy concreta entre el objetivo final y el inicio de todo eso.

— ¿Quieres que pueda activarse por reacción?
—Sí.

Pasó una mano sobre su hombro, cariñosamente.

—Escucha, no podríamos haber hecho nada por Oskar.

Itiel había seguido pensando en todo lo sucedido, mientras las cosas volvían a la normalidad en la academia; estaba siendo difícil para algunos, y seguramente no se olvidaría con facilidad, pero de todos modos, tenía que moverse y hacer cosas, esa era la única forma de no decaer.

—Lo sé. Oskar era mi amigo, construimos una amistad en muy poco tiempo, y aprendí a conocerlo bastante. Todo esto es muy triste, pero no quiero quedarme con la parte triste, no puedo revolcarme en el dolor sin hacer nada ¿Sabes qué es lo que me dejó mamá?

Naro negó con la cabeza, sin hablar.

—Me dejó el amor por el mar, no tanto por el agua, más por la libertad, esa admiración por la inmensidad; Oskar me deja algo, lo que me deja es una pasión por ayudar a otros, pero desde el bienestar. Una vez me dijo que su principal interés en el mundo de la publicidad era ayudar a que las personas encontraran siempre en los productos que ofrecías, algo más que sólo imagen, que pudieras entenderte con lo que vas a comprar a un nivel personal. No puedo hacer eso porque no es mi área, pero si logro hacer esto —señaló la cápsula—, puedo crear un dispositivo que traes contigo, que sería como una persona que está ahí, dispuesta a ayudarte si tienes un problema, sin que tengas que pedirlo o hacer algo; cuando hablé con Priscilla pensé que tal vez todo habría sido un poco menos traumático si ella no hubiera estado sola tanto tiempo, en un caso como ese, algunos minutos son como horas.

Naro le dio un beso en la mejilla.

—Eso que acabas de decir fue muy inspirador.
—Gracias.
— ¿Y está resultando?
—No todavía —replicó Itiel—. Aún tengo que resolver algunos problemas de estabilidad, tengo que encontrar la forma de que el objeto almacene la energía y no la pierda. Pero seguiré intentando.

Naro asintió, mientras se quedaba mirando el cristal afectado por la luz; se le ocurrió que quizás esa idea podría tener una utilidad adicional.

— ¿Pensaste en hablar con Maud sobre Oskar?
—Lo pensé —replicó Itiel—, pero es imposible; sé que Oskar se estaba enamorando de ella, pero él no había tomado la decisión de decirlo, y yo no tengo derecho a cambiar eso. Él era mi amigo, y Maud me agrada mucho, pero siento que no solucionaría nada; dejaré que las cosas pasen, esa historia no pudo llegar más lejos, y prefiero pisar sobre seguro que poner en riesgo su recuerdo. Lo lamento por una parte, pero por otra, siento que será mejor así.


3

Torre blanca. Mientras tanto.

Jael estaba recluida en una oficina. No tenía apetito, de forma que iba a aprovechar el tiempo para analizar datos, concretamente las estadísticas de ese mes; frente a ella, los rostros digitalizados de los cuatro estudiantes que quedaron bajo su cargo, luego de la muerte de Oskar; todo eso sucedía en un mal momento, y de la peor forma.
Los datos estadísticos llegaban a los estudiantes el último día del mes, o un poco antes, pero todos los maestros tenían acceso a los registros casi de forma instantánea, con un desfase de apenas un par de horas; eso tenía el objetivo de potenciar el dinamismo de enseñanza,  pero al mismo tiempo era un factor que promovía la competencia, especialmente entre los maestros de piedra. Las especialidades tenían cierta rivalidad, pero era en los grupos donde las piedras eran el centro que la historia, que cada uno trataba de demostrar lo mejor de su método de enseñanza y de los resultados que podía obtener de los estudiantes; aquello era de esperar, porque en la academia los maestros de piedras eran los más importantes, y lo que pudieran conseguir no sólo se remitía a la formación de los estudiantes en el uso de su habilidad, sino que eran fundamentales para el área investigativa.
Oskar.
Desde un principio, había pensado que él no era adecuado para estar en su grupo; tenía demasiado corazón, y parecía muy preocupado de los demás, y de lo que era correcto. Hizo un esfuerzo por no demostrarlo, pero se notaba su rechazo a sus métodos, y la forma en que no quería estar bajo un régimen excesivamente estricto, no por la exigencia, sino por el desdén por la humanidad en el proceso de aprendizaje. Ella, en tanto, esperaba a alguien más astuto, quizás alguien como Mauren, quien detrás de una cierta inocencia, escondía a una mujer decidida que había estado a cargo de una empresa, con excelentes resultados; pero también era mérito reconocer que, a pesar de la reticencia, el chico era listo y aplicado, y tenía talento. Quizás si no hubiera estado tan reticente a dejar un poco de lado los prejuicios que tenía, habría podido conseguir resultados mejores que los que tenía en ese entonces, pero, si al mismo tiempo de estar siempre en control y preocupado por las implicaciones de sus acciones, estaba realizando otros procesos fuera de norma, parecía que las cosas no tenían sentido.
Ahora era la maestra con menos estudiantes, y no estaba cerca de Gabriela y Flavio, quienes nuevamente estaban en la cima de las estadísticas; Aziare había ofrecido ceder uno de los suyos, pero pasando el gesto de parte de ella, se sentiría humillada de estar aceptando la condescendencia de los demás, incluso si venía de parte de alguien más bien inofensivo. El punto era que aunque nunca tuvo tranquilidad por él, sus estadísticas eran sólidas, lo que ayudaba a los globales; Ikronne era la mejor del grupo, Oiren estaba bien pero su inestabilidad física le causaba inquietud, y Alana más bien parecía estar en su límite, el que no era muy alto, dejando a Itiel en un promedio que mejoraba con constancia. A la larga, las personas que eran más constantes, a pesar de su actuar, resultaban útiles para sus objetivos, y en ese momento, Oskar era una ausencia que le molestaba; pronto, la academia lo convertiría en un héroe, una trágica pérdida que sirviera para inspirar a la generación actual, y las que vendrán, pero eso no resolvía el conflicto básico de su desempeño. Necesitaba que los estudiantes de su grupo se superaran. Salió de la oficina con una gran sensación de desazón, algunos minutos más tarde, encontrándose con Omar en los pasillos.

—Pensé que estarías almorzando.
—Eso quisiera, pero tengo que elaborar un informe para hoy, y estoy algo retrasado.
— ¿Sobre qué es?
—Es para el área científica, me lo pidieron el domingo —replicó él—. Sucede que están experimentando con campos de energía artificiales, y necesitaban datos de experiencia de usuario.
—Mucho trabajo al parecer —tomó el móvil y leyó rápido—; pero no se detiene, nos están avisando que hoy por la noche daremos el aviso de las primeras salidas de la academia.

Omar se detuvo la miró, extrañado.

— ¿Dice alguna fecha?
— Nada en concreto.
—Es raro, no pensé que fuera antes de los ocho meses; pero está bien, quizás salir y visitar otras ciudades sea bueno para los chicos.



Próximo capítulo: Homenaje. El fin de un ciclo




















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