Sten mor Academia 1° Capítulo 14: Sana competencia. Miradas. Bajo rendimiento


Viernes 09 abril. Antes de inicio de jornada. Explanada mayor.

León había tomado la decisión de iniciar sus jornadas con algo de actividad física antes de lo relacionado con el entrenamiento con las piedras; después de levantarse y tomar un batido con vitaminas, se vistió apropiadamente y salió de la residencia, hacia el sector norte de las instalaciones de la academia. Ahí, haciendo triángulo con la torre verde y la zona de esparcimiento, una gran explanada le permitía correr o trotar con tranquilidad, todo bajo la luz de la mañana. Se sorprendió al encontrarse con Amber.

—Buenos días.

Ella también estaba en tenida deportiva, y le sonrió al verlo.

—Buen día León.
—Es una sorpresa verte a esta hora —comentó él, sonriendo—, pensé que era el único chiflado al que se le habría ocurrido salir antes de las siete de la mañana.
—No eres el único, ni siquiera el primero: Miraz estaba levantado antes que yo llegara aquí, lo vi pasar cuando estaba saliendo de la residencia.

Respuesta directa e ingeniosa, que hizo que León sonriera al escucharla; algo sorprendido, sin embargo, le contestó.

— ¿Miraz? Vaya, no me esperaba que él saliera a entrenar, no parece el tipo físico de entrenar realmente. En fin ¿qué hacías?
—Estaba practicando respiración, la clase de ayer me dejó en claro que estoy fallando en esa parte y quiero estar preparada.

Él también había sentido algo de cansancio en las vías en esa clase.

—Tienes razón, hoy que cuidar esa parte ¿Te importa si practico contigo?
—Para nada.

Durante varios minutos, ambos hicieron una serie de respiración con intervalos breves, siguiendo uno de los patrones que ensayaron más veces en la clase de la jornada anterior: hicieron una pausa para elongar a los diez minutos y otra a los veinte, tras lo cual se sentaron un momento.

—Nos quedan veinte minutos aún antes de comenzar la clase.
—Yo voy a quedar hasta aquí —replicó ella estirando los brazos—, ahora mismo siento que hice lo suficiente. ¿Qué opinas de lo del torneo?
—Bueno, la verdad es que creo que puede ser muy divertido —replicó él mientras movía en círculos los hombros—; estuvimos con algunos chicos practicando algo de Vision soul y pensé que se puede dar algo entretenido, además así nos podremos conocer más ente todos.
—Es increíble todo lo que ha pasado en cuatro días.
—Sí, ni siquiera llevamos una semana aquí, pero todo va bien, mucho mejor de lo que esperaba, de hecho.

Este último comentario lo hizo sin ninguna segunda intención, pero llegado a ese punto, resultaba una agradable coincidencia; Amber había captado bastante de su atención, y el hecho de estar en el mismo grupo debía propiciar algo más de contacto.

—Estaba pensando que antes de entrar a la academia, a esta hora estaría a punto de entrar al trabajo que tenía en la universidad.
— ¿Y qué hacías ahí?
—Trabajaba en el área de salud interna; en realidad el trabajo no tenía nada directo que ver con la salud de las personas, lo que hacían era compilar y analizar una serie de datos sobre los registros que entregaban estudiantes voluntariamente.
— ¿Y cuál era el objetivo?
—Además de crear estadísticas, poder aportar con ideas y métodos de gestión de salud preventiva para los jóvenes.

Amber lo miraba con una serena intensidad.

— ¿Qué?
—Nada, sólo estoy prestando atención.
—Es que parecías muy seria.
—Me interesa mucho, por eso estoy seria —replicó ella con determinación—. Me gusta escuchar a una persona que tiene algo interesante que decir.
—En ese caso —se aclaró la garganta, luchando internamente por no sonar autocomplaciente—, lo que estaba diciendo es que en esa universidad, es decir en casi cualquier universidad, es fácil que los asistentes caigan en conductas contrarias a la buena salud y sean inconsistentes con los tiempos de descanso, horas de almuerzo y demás comidas, y está comprobado que esas conductas influyen de forma negativa en el rendimiento académico.
— ¿Y qué opinas de los métodos que hay aquí?
—Bueno, es bastante distinto, para empezar, el hecho de disponer de clases ubicadas en distintas torres promueve el desplazamiento, y la distribución de los edificios con escaleras al frente y pasillos amplios e iluminados invita a la actividad física, a lo que debo agregar que la disposición de clases a los extremos del día en espacio abierto es...



2


Zona de esparcimiento.

Irene estaba sentada en uno de los columpios cuando Aziare apareció caminando a paso lento. La maestra lucía pensativa al saludarla.

— ¿Tomando un poco de aire para empezar el día?

Irene le dedicó una mirada un tanto distraída.

—Algo así. Digamos que estoy un poco confundida.
—Sentarse en un columpio es como volver a la niñez —explicó la maestra con suavidad—. Los pusieron aquí en la zona de esparcimiento como una especie de broma o algo parecido, pero la verdad es que nadie los usa, hay trapecios en lo de deporte; pero algunas veces, alguien viene aquí cuando está triste o perdido.

La explicación era sencilla, y al mismo tiempo tenía un toque de misticismo; en realidad no se le había ocurrido preguntarse por qué en una academia de estudios alguien iba a poner columpios clásicos teniendo todas las opciones de entretención posible a la mano.

—Lo que ocurre es que hay algo que me está preocupando, y siento que no está bien que me pase cuando tengo tan poco tiempo aquí.
—Imagino que es algo que no está relacionado con las clases.
—Sí, así es —replicó ella, suspirando—. Sé que debería estar más tranquila, porque sólo es que alguien me atrae, pero hay otra cosa que está ahí, palpitando y no me deja en paz.
— ¿Tiene que ver con tu familia?

Irene miró a la maestra a los ojos, sorprendida; a pesar de que su aspecto normalmente era algo distraído, y que lucía más joven, en ese momento pudo notar la diferencia de edad y experiencia entre ambas. Se vía tan serena, tan confiable.

—Sí, en cierto modo. Pasa que mi familia tiene una tradición dedicada a la educación, son personas muy cuadradas, rígidas, incluso mamá tiene un mural expandible con las fotografías de familiares con todos los títulos que han conseguido, y es como si todo se tratara de eso. y yo no soy así, no quiero que alguien más me diga cómo tengo que vivir; en fin, cuando dije que estaba interesada en desarrollar proyectos relacionados con la naturaleza, protección y estudio de la fauna y flora, la reacción generalizada fue de espanto, porque no era una carrera clásica, y encima cuando les dije que venía a Sten mor en vez de una universidad clásica en Torre de piedra. Pero tomé el camino de seguir mis deseos, y ahora que estoy aquí, lo que pienso es que puedo demostrar que aún si no hago lo que toda mi familia, llegaré a mis metas.
—Y eso de alguna manera hace conflicto con que te sientas atraída por alguien.
—Es que siento que no importa cuánto consiga aquí, si inicio una relación, eso de alguna forma va a invalidar todo lo que haga, hará que puedan pensar "Cielos, en una universidad decente estas cosas no pasan"

Se quedó en silencio unos momentos, recordando cómo todo se relacionaba con lo mismo; una formalidad sin etiquetas, pero existente en frases como "Tu tía conoció a su esposo en la universidad. No, no se enamoraron, eran compañeros de estudio ¿Quién tendría tiempo para esas cosas teniendo tantos desafíos por enfrentar?"

—Tal vez la clave es que no pienses en lo que va a suceder, sino en lo que está pasando ahora mismo.
—Pero eso no va a impedir que las cosas terminen ocurriendo de todos modos.
— ¿Y cómo lo sabes? —replicó la maestra, sonriendo—. Si vives anclada en el temor a lo que tu futuro te depare, te quedarás atrapada, igual que las personas que viven en el pasado; hay sólo una vida para cumplir las cosas que te propones, y si tienes sentimientos por alguien, sólo deja que ocurra, pero no olvides que es algo que depende de ti.
— ¿A qué te refieres?
—A que si sientes algo y quieres intentarlo, no tienes que poner tus esperanzas en esa persona, tienes que hacerlo porque es bueno para ti. Si esa persona tiene buenos sentimientos, apreciará tu honestidad aunque no sienta lo mismo, y será una buena experiencia para ambas partes.

Irene estuvo a punto de decir que eso sonaba más sencillo de lo que en realidad era, pero se lo pensó un momento y llegó a la conclusión de que lo que estaba escuchando, más que un consuelo, era una forma distinta de ver la vida, y se sorprendió de ver cómo esa óptica encajaba a la perfección en su idea general de enfrentar los acontecimientos. Quizás, después de todo, la atracción que estaba sintiendo por Priscilla solo existiría durante un lapso y no significaba un gran cambio a lo largo del tiempo.

—Gracias por tu consejo.
—No es necesario agradecer. Para mí es un gusto ayudar.


3

Gran explanada.

Los maestros estaban esperando a los estudiantes desde antes de las ocho de la mañana; los estudiantes llegaron poco a poco, en grupos o individualmente al lugar, dividiéndose casi por inercia en los grupos asignados a cada uno de los seis; Jael lucía esa mañana una tenida deportiva en tonos verdes de camuflaje y llevaba el cabello atado en una cola alta.

—Buenos días. Tienen ocho minutos para ir a cambiarse a ropa deportiva.
— ¡Vamos!

Omar los hizo reaccionar dando unos sonoros aplausos; el grupo fue a toda velocidad de regreso a la residencia, llegando todos dentro del plazo establecido, excepto por Oiren y Edsel, que regresaron a la explanada pasados casi un minuto.

—Muy bien —dijo Omar, muy animado—, Jael les pidió que estuvieran en tenida deportiva porque esta clase va a ser más intensa que las anteriores y, desde ahora en adelante tendrán una actividad extra cada mañana, que durará los últimos quince minutos que nos corresponden. Pero para eso hay tiempo.
—Vamos a comenzar con una serie de elongación para que entren en calor —complementó Aziare—. Luego, les pido que se formen en los grupos designados, a razón de quedar enfrentados los integrantes de grupo de Gabriela con Darius, Aziare con Jael, y Omar con Flavio.

La instrucción generó una pequeña oleada de confusión entre todos, que durante las series de elongación no estuvieron tranquilos como en la jornada anterior, debido a las conjeturas que surgieron. Una vez estuvieron dispuestos, Gabriela tomó la palabra.

—Ayer les estuvimos dirigiendo para aumentar las posibilidades de despertar su sincronía con la habilidad, y según sé, en la tarde estuvieron teorizando algo al respecto, así que deberían estar avanzando bastante; cono aun no pueden usar a plenitud su habilidad, lo que harán será un entrenamiento cruzado, es decir van a trabajar en las capacidades de quien tengan en frente, tomando como ejemplo lo que ustedes mismos han aprendido hasta ahora.
—No olviden que nosotros podemos identificar cada movimiento que hagan.

La última frase de Jael surtió el efecto como una sentencia, que seguramente todos los que estaban escuchando entendieron con claridad; quizás entre ellos estuvieran guardando secreto, pero los maestros sabían muy bien quién era capaz de qué. Minutos más tarde, la idea estaba dando resultados dispares, ya que algunos estaban apostando todo lo que podían, mientras que otros se estaban conteniendo o simplemente no sabían bien qué hacer para explicar; de todos modos, algunas piedras ya estaban tomando un leve brillo, superior al inicial cuando se hizo e el enlace con ellas.

—Van bien —comentó Flavio cuando los maestros se apartaron un poco—, sugiero que los separemos y hagamos un poco de movimiento llave para después contrastar.
—Estoy de acuerdo —dijo Gabriela—, pero démosle unos diez minutos extra para que se cansen.

En tanto, Ikronne estaba practicando con León, ambos muy concentrados en lo que estaban haciendo; él tenía ambos puños al frente, a la altura del esternón, con los codos ligeramente separados del cuerpo.

—Dijiste que tu movimiento llave es cerrar el puño mientras está en esa posición ¿Por qué el otro brazo?
—Es porque me siento más seguro de hacerlo bien en la medida del movimiento —explicó lentamente—. Siento que si lo hago con ambos brazos puedo concentrarme en no equivocar las medidas y acostumbrarme a hacerlo siempre igual.

Ella tenía la mano derecha a curvada en forma de garra, con el talón hacia la izquierda, a la altura del cuello.

—Entiendo. Yo escogí esta pose porque, en realidad es una tontería, pero cuando cumplí quince, mamá me llevó a donde un artista plástico, y él hizo un lienzo de mí; me dijo que hiciera una pose que me gustara e hice algo parecido, aunque era más artístico, claro, y nunca lo olvidé, así que pensé que sería más apropiado usarlo ahora porque no es fácil olvidarlo.
—Honestamente, nunca se me ocurrió eso, recurrir a algo que ya conociera desde antes. ¿y qué es lo que sientes cuando haces el movimiento llave?

Ikronne se lo pensó un momento antes de contestar.

—Es como si sintiera aire; Jael dice que puede ser que controle el aire, pero no estoy segura, creo que es algo distinto, pero todavía no lo entiendo bien ¿Y qué ocurre contigo?
—Lo que siento es —replicó, pensativo—, como si tuviera más fuerza en las manos, o algo parecido.
— ¿Y qué te dijo Aziare?
—Me dijo que en algunas ocasiones la clave está en entender qué es lo que uno está haciendo, sentirlo y dejarse llevar por ese sentimiento. Hasta ahora cuando estoy en esto posición puedo sentir esa diferencia, lo que me falta es entenderlo mejor.
— ¿Cómo sabes que es fuerza?
—En realidad es porque lo asocio a algo que pasaba en la universidad en donde trabajaba: tenía una cámara de agua para las manos, y lo que tenías que hacer era introducir las manos en los guantes que estaban conectados a un extremo, y debías que armar un cubo mientras el agua estaba a presión. conforme practicabas era más sencillo, y es porque ganabas fuerza y costumbre en los músculos de...

Interrumpió sus propias palabras, cuando otras aparecieron en su mente: enlace, fuerza externa, catalizador, punto de dirección.

— ¿Qué ocurre?
—Ya entiendo —replicó, aunque aún reflexionando—. Nos dijeron desde el principio que las piedras son catalizadores, y que la habilidad que vamos a desarrollar es el punto final del equilibrio entre mente y cuerpo.
—Con la piedra como punto de tierra, sí —dijo ella, asintiendo— ¿Descubriste algo más?
—No estoy seguro —estaba formando una hipótesis en ese mismo momento—, pero pensé en lo que estaba diciendo, y el objetivo de esa prueba era utilizar la motricidad fina, no los grandes grupos musculares, así que pienso que si tomo un punto de dirección y lo uso como objetivo, debería poder concentrarme, y concentrar la energía que está captando la piedra para conseguir algo.

Así lo hizo, procurando calmarse, y dejar de pensar en la piedra o lo que les habían dicho, para enfocarse en lo que pretendía conseguir: que suceda algo sólo en un punto, sólo en uno. Al cabo de unos momentos, un diminuto punto luminoso se estaba materializando a un par de milímetros del puño derecho, y se trataba de algo insustancial, casi como si fuera un reflejo de la luz.

—Lo estás haciendo.
—Aziare, creo que lo estoy logrando.

La maestra se acercó y observó con detenimiento; después, cruzó un par de palabras con Flavio.

—Felicidades León. estás avanzando muy bien.
—Pero no sé muy bien lo que estoy haciendo.
—No te preocupes por eso ahora. En cambio, sigue esta instrucción: piensa que estás empujando ese destello de luz, concéntrate en el avance.

Mientras él seguía esta indicación, Jael se puso en punto de visión con lkronne.

—Recuerda lo que te dije ayer en la clase de la noche.

Jael había cumplido su palabra, y les entregó unto serie de consejos que iban más allá de lo estrictamente académico: uno de ellos fue que, en determinado caso, si ella daba una sugerencia acerca de algo mientras alguien más estaba llevando a cabo una actividad, ella se estaba refiriendo a imitar las acciones del otro. Así lo hizo, procurando pensar que la corriente de aire que sentía no era algo externo, sino provocado por ella misma. En un principio pensó que su mano estaba temblando, pero luego comprendió que se trataba de un movimiento circular, aparentemente involuntario, pero que no se sentía molesto en ningún momento. levantó la vista, y vio que su maestra asentía, con un destello en la mirada que le indicaba que había seguido todo con detalle; es viento, se dijo, pero no una corriente continua, sino una circular.

Itiel y Lena estaban frente a frente, interactuando, y eran probablemente los que estaba más divertidos de todos; habían hablado poco sobre sus experiencias, porque da casi desde el principio conectaron a través de lo que estaban haciendo.

—Bien, entonces ahora hago esto.

La razón de esa conexión es que a ambos les llamó la atención que su movimiento llave fuera similar en forma, pero distinto en ejecución: mientras Lena giraba la mano desde tener el dorso hacia ella hasta dejarlo hacia el lado opuesto, él ponía la mano con la palma hacia el arriba, y la giraba, hasta dejarla orientada hacia abajo, con un ligero cambio en la separación de los dedos. Posteriormente a las demostraciones correspondientes, se generó una agradable conexión energética, que Flavio explicó como una coincidencia momentánea entre las frecuencias de ambos.

—Está funcionando —dijo él, admirado—, siento algo parecido a unas micro vibraciones por todo el antebrazo. ¿Tú?
—También siento algo, pero es diferente, es algo... no lo sé, es como si al girar la mano, estuviera pasando por un campo magnético, de esos que hay en los museos.
—Todavía no comprendo bien esto, pero creo que es algo con el nivel, o la altura, porque lo siento sólo cuando hayo el movimiento hacia abajo.
—Qué extraño —comentó Lena—, yo siento como si funcionara sólo alrededor de la mano, pero sin tocarla, sucede en el espacio.
alrededor.
—Sí, lo veo.

Lena desvió la mirada de la piedra en su muñeca.

— ¿Qué?
—Que está pasando algo ahora mismo.
—Yo no veo nada.
—Ojalá estuvieres de este lado —repuso él, sonriendo—, porque algo está pasando. Es como cuando hace mucho calor y a cierta distancia la imagen se distorsiona un poco ¿lo has visto?
—Sí, claro. ¿Entonces dices que eso es lo que está pasando ahora mismo en mi mano?
—Yo diría que es más bien alrededor de ella.
—Qué extraño —comentó ella—, que yo no puedo verlo desde aquí, pero tú sí desde allá.

Al mismo tiempo que eso sucedía, Darius se acercó a Gabriela con uno actitud relajada y divertida.

—Parece que tus técnicas de tortura dan resultado. Mira eso, Celia, Silvia y Carlo van muy bien.
—Lo mismo digo de los tuyos —replicó ella con una fina sonrisa—; Mónica y Mauren llevan la delantera ¿Qué le pasa a Krau?

El maestro no se inmutó por la velada crítica.

—Tiene demasiadas ganas de verse reflejado en algo más.

Ella acusó el golpe; muy bien, entonces después de varios años aún no le perdonaba haberlo asustado con serpientes.

—Tengo uno con un gran potencial oculto ¿Qué piensas, debería intensificar el entrenamiento en él o esperar a que sorprenda en el torneo?
—Yo diría que esperes, o se verá un poco ¿Cómo decirlo? opacado por Celia, o quizás Silvia.
—Silvia, definitivamente.
— ¿Y bien? ¿No crees que este es un maravilloso año? Tienes como compañeros dos antiguos estudiantes, todos los nuevos son prometedores, y están avanzando con rapidez, me contaron que en la generación anterior se tardaron hasta dos semanas en empezar a detectar habilidades.

Gabriela dio algunas instrucciones rápidas a lucio y Karlo, antes de contestar.

—Todos tienen un potencial de base, pero solo algunos van a destacar; ¿sabes algo? pienso que los maestros deberíamos participar en los torneos, quizás en unos meses más, o el próximo año.



4


Una vez terminada la clase con los maestros, Omar se reunió con Isabelle en el estadio de entrenamiento y pruebas.

—Gracias por venir.
—No lo agradezcas —replicó él con una sonrisa amigable—. Imagino que sucede algo que no quieres que sepan los demás.

Él ya había notado que ella estaba algo distinta desde la jornada anterior, pero prefirió esperar a que ella hablara en primer lugar. La joven se había sentado en un taburete, pensativa.

—Creo que ya sé cómo funciona mi habilidad.

Estaba debatiéndose entre lo que sentía, y lo que sabía que era correcto decir; Omar se sentó en el suelo, a dos metros de ella.

—Habla conmigo, puedes confiar.
—Gracias.

Sucedió un nuevo silencio. Por un momento, Isabelle consideró todas las posibilidades que se le habían ocurrido hasta ese momento, y ninguna de ellas resultaba tranquilizadora. Pero se dijo que no podía seguir con eso, o arruinaría todo.

—Lo vi cuanto ustedes nos ayudaron a manejar las piedras; pero lo entendí después, y me siento... no lo sé; mal, supongo.
— ¿Por qué?
—Estaba absorbiendo energía —dijo casi en un susurro—. Ferrán producía unos destellos, y yo empecé a tomarlos, los controlaba y luego desaparecieron, los absorbí.

Omar hizo un asentimiento, tranquilo de comprobar que la preocupación de la chica se debía un malentendido y no a algo más.

—Gracias por confiar en mí, pero no tienes que preocuparte.
—Pero...
—Escucha, haremos algo, ponte de pie.

Ambos se pusieron de pie, y él tomó un pequeño disco de metal; un segundo después el disco comenzó a girar por sí solo, suspendido entre los dedos.

—Toma mi mano y haz tu movimiento llave. Confía en mí.

Ella lo hizo, y tras unos momentos, el disco que giraba en el aire comenzó a desplazarse hacia ella, muy lentamente.

— ¿Lo ves? Lo estoy haciendo.
—No, estás confundida. Tu habilidad no es absorber energía, es manipular la energía que está dentro de tu rango. Pero recuerda que la energía es catalizada por la piedra, no la toma para sí misma ni te la traspasa a ti.
— ¿Estás seguro?
—Lo que estoy haciendo en este momento es mover el disco a gran velocidad, aunque aun tú no puedes verlo; al hacer esto, estoy generando una corriente de energía, como una turbina rudimentaria. Por eso es que tú, al usar tu habilidad, atraes esa energía que está en tu campo de acción, y puedes manipularla por que estás haciendo puente conmigo. Ahora observa.

Soltó su mano, lo que detuvo el lento desplazamiento del disco en su dirección. un momento después volvió a tomarla, pero hizo una nueva demostración, dejando de hacer girar el disco. Este cayó de inmediato.

— ¿Comprendes?
—No siguió moviéndose...
—No, porque al yo dejar de producir energía, no tenías nada que manipular. Lo que ocurrió antes es que Ferrán puede crear partículas luminosas, y cuando las atraes con tu habilidad, al no tener la experiencia, no podías mantener la estructura, por lo que la energía se disolvió ante los ojos, pero seguía ahí.

La explicación sonaba casi demasiado buena para ser verdad; Isabelle se tomó un instante para asimilar todo antes de suspirar, más aliviada.

—Muchas gracias. Estaba tan preocupaba, me sentía cono si fuera una sanguijuela.
—No hay nada que agradecer, y tampoco nada de qué preocuparse. En cualquier caso, tampoco hay una habilidad como esa, todo tiene que ver con elementos externos, pero me alegra que hayas tenido la confianza de decírmelo.
—Es que eres muy comprensivo y sabía que podías ayudarme, aunque no sabía bien a qué, casi estaba pensando en irme de la academia.

Él sonrió amablemente.

—Espero que elimines ese pensamiento ahora mismo.
—Sí, eso haré.

Unos momentos después, Jael estaba sentada ante la ventana más alta del edificio del centro deportivo, que estaba a un costado del centro de entrenamiento. Vio salir a Isabelle hablando con Omar, seguramente de lo que fuera que a ella la estuviera incomodando durante las dos clases del día anterior, y la que acababa de terminar; se veían bastante relajados, lo que significaba que él ya lo había resuelto. Pero en ese momento, ella estaba ahí porque quería comprobar algo, que podría suceder dentro de los diez minutos que había de lapso entre el término de su clase y el inicio del resto de la jornada.
Y vio a uno de sus estudiantes, escabulléndose. Probablemente estuvo espiando los pasos de la chica, o quizás simplemente hacía lo que algunos cuando empezaban a descubrir su habilidad: experimentar por su cuenta, tratar de ser mejores sin decírselo a nadie; un asunto de ego, un problema a la hora de conseguir resultados, por una persona que quería aparentar ser menos, cuando por su cuenta quería ser más.
No se sorprendía, pero sí resultaba algo inquietante.

—Lo siento si no es lo que esperabas.
— ¿Cuándo descubriste esto, Mónica?
—Ayer, y pensé que tal vez necesitabas saberlo, por seguridad.

Jael volteó hacia la joven; tan pequeña, aparentemente inofensiva.

—Hiciste bien, en realidad; pero no le digas de esto a nadie.
—Claro que no.
—Ahora vuelve a tus clases antes que alguien note que tampoco tú estás en la residencia cambiando ropa.

La chica salió en silencio, y la maestra miró con detenimiento, hablando en un susurro, casi para sí misma, aunque estaba sola en esa habitación. Que un estudiante tratara de entrenar por su cuenta no era novedad, había pasado y seguiría pasando, pero lo que ella podía ver que Mónica no, es que esa persona en particular tenía un potencial que estaba ocultando de forma premeditada, aunque sin saberlo. Es decir, no era como Krau que iba más adelantado pero quería ocultarlo con conocimiento de causa, era alguien que de manera inconsciente ocultaba lo que podía hacer, y una persona así era alguien en quien no sólo no había que confiar, sino que además resultaba necesario vigilar bien.

— ¿Qué intentas ocultar? Parece que eres una decepción después de todo, pero no por las razones que creí; qué lástima...




Próximo capítulo: Los primeros destellos. Interpretaciones