Sten mor academia Capítulo 10: Habilidades personales. Poderes reales


Casino de residencia. Miércoles 07 de abril

Edsel avanzaba con algo de dificultad por el pasillo, mientras equilibraba dos bandejas con un gran surtido de tipos de pan, galletas horneadas, frutas y mezclas de salsas para el desayuno; había tenido especial cuidado en escoger variedad por sobre cantidad, al menos hasta que tuviera claro qué era lo que le gustaba mayormente a ella para la primera comida del día.

—Muchas gracias Edsel, eres muy gentil.
—No hay nada que agradecer. Vuelvo en un momento.

Serene estaba sentaba a la cabecera de una mesa para seis, con Mauren y Alana a sus costados; las tres dedicaron unos momentos a escoger los alimentos para esa mañana, en que el reloj marcaba las siete y treinta.

—Pensé que la jornada de ayer nunca iba a terminar —se lamentó Alana—. Jael es una especie de dictadora, y eso que sólo estuvo hablando.
—Te aconsejo que te adaptes a la manera de tu maestro, eso te va a llevar al éxito —dijo Serene con tono académico—. La clave es conocer a tu maestro y saber qué es lo que quiere de ti como estudiante, y al mismo tiempo qué es lo que funciona como persona. Flavio es de esas personas a las que le gusta hablar poco, pero hacer lo correcto, así que lo que hago es dejar que otras personas llamen la atención y cometan errores, y destaco exactamente en lo que es necesario.

Edsel regresó con una bandeja más pequeña que las dos anteriores, con un plato de cereal con salsa y frutas, pan y un par de zumos naturales.

—Ya regresé.
—Oh, qué bien.
— ¿Y cómo estuvo tu maestro? —continuó la rubia hacia Mauren— Por lo que vi, es algo divertido.
—Digamos que no es muy estricto por lo que parece, pero está mucho más atento de lo que se ve.
—Interesante, tendrás que mantener los ojos abiertos.
—Ayer estuvimos hablando largo rato sobre la ciudad de donde venimos; resulta que ha estado de viaje y conoce mucho de todas las ciudades y siempre tiene algo que decir.
—Yo sólo conozco Altocielo.
—Todas las ciudades tienen algo encantador, te lo aseguro —comentó Serene como si estuviera zanjando un debate—. Y no te preocupes por no haber ido antes a otros sitios, cuando salgas de aquí tendrás muchas opciones en todas partes y podrás conocer todo lo que quieras.
—Eres muy segura de todo.
—Por supuesto, tengo muy claro cuál es mi destino, ya verán que dentro de nada voy a estar entre de los más destacados de la academia. Así funciona esto, cuando quieres hacer algo, lo proyectas, y lo logras.



2


— ¡No puedo hacerlo!
—Baja la voz.
—Los dueños podrían descubrirnos.
—Pero sabes que necesitamos estos suministros. Eres nuestra única esperanza.

Luz estaba en una de las salas audiovisuales cuando entró Isabelle, apresurada, con algo en las manos.

— ¿Ya empezó?
—Apenas ahora vendrá la intro del capítulo.

En ese momento, Isabelle llevaba el cabello suelto y salvaje, rizado sin control; la caja que tenía en las manos contenía un peinador portátil, que extrajo mientras el espejo holográfico se desplegaba.

—No luces mal con el cabello suelto, no veo cuál es el interés de mantenerlo tan ordenado.
—En cierto modo tienes razón, pero no lo puedo evitar; desde muy joven hice atletismo, y tienes que ordenar tu cabello para que no estorbe; después estuve un tiempo pintando y es lo mismo, así que me acostumbré a hacerlo.
—Es raro que con ese historial lo que de verdad te interese sea la medicina.
—Mamá me dice lo mismo; estaba convencida de verme en Pristo o en Ciudad Capital exhibiendo mis obras, pero esas cosas las hago por diversión, no para vivir; lo que me impresiona de verdad es la medicina y todas las cosas que se pueden hacer gracias a los avances, además de los cambios profundos en la vida de una persona cuando un profesional toma la decisión correcta.
—Entiendo lo de las competencias —replicó Luz, pensativa—, porque de cierta forma también me pasó.
—Ayer me comentaste que te gusta el mundo de los negocios.
—Sí, pero cuando estuve en vocación y servicios me di cuenta que es algo más centrado en la docencia de comercio que en el trato mismo; me gusta intervenir en el qué y el cómo, para que las personas puedan trabajar y hacer negocios de forma humana, no sólo comercial. Oh, ya está por terminar la intro.
—El episodio de hoy va a estar excelente, la criada tiene que decidir si ayudar o no a la resistencia.

Celia y Karlo pasaban en ese momento por fuera de la sala y escucharon vagamente los comentarios al interior.

—Parece que están viendo esa serie de Ficción ¿Cómo es el nombre?
—Al sur y al norte —replicó Celia—; de vedad que es todo fantasía; mira que casas con criados y encima una especie de guerra.
—Sale en los libros de historia.
—Sí, pero es completamente arcaico; hay trabajadores en edificios, en centros de estudio pero ¿En una casa? Es como si fuera esclavitud ¿la ves?
—No estoy viendo nada ahora mismo —dijo Krau encogiéndose de hombros—, creo que quiero ver algo de acción real pero de momento no me apetece. ¿Qué tenemos ahora?
—La notificación dice que es una sesión especial con los maestros, en vez de estar a las nueve, hoy es a las ocho quince. Supongo que ya que hicimos el movimiento llave ayer, hoy trataremos de hacer algo concreto.

Krau no había mencionado el incidente de Mónica a petición de ella, pero por la noche en su cuarto estuvo intentando provocar algo con la suya: no había nada en las descripciones del lapislázuli que le sirviera como indicador, y aun sabiendo que era absurdo hacerlo, de todos modos lo intentó, aunque sin resultado.

Poco más tarde, todos se reunieron, pero en vez de en la explanada, en el centro de entrenamiento y pruebas, que se ubicaba detrás de los edificios de estudio que componían el paisaje desde el punto de vista de la entrada al lugar. Se trataba de una estructura semejante a un cubo metálico, dentro del cual existía todo lo necesario para entrenamiento físico en espacio techado: pistas de obstáculo para salto, barras horizontales, verticales, paralelas, anillos de resistencia, mallas de salto y mucho más, aunque en ese momento nadie estaba en el interior.

—Me siento como en la secundaria —comentó Isabelle—. Hay mucho material para entrenar.
—Pero no vienen a eso en este momento.

Omar se había adelantado un poco y no se resistió a tomar una argolla que colgaba del techo, y suspenderse con una sola mano, elevando el cuerpo en la posición de la vela con precisión artística. Un instante después, con la mano libre, utilizó su piedra, que lo hizo desplazarse hasta el suelo, como si hubiese hecho un salto en cámara rápida.

—Aunque pueda parecer que me estoy luciendo, esto es sólo para que entiendan cómo la relación mente—cuerpo—piedra es importante aquí. No hago esto por la piedra, sino porque estoy utilizando esta habilidad unida a mi concentración, y a un entrenamiento adecuado.
—Lo que dice Omar es cierto —comentó Jael con una sonrisa, mientras hacía girar un dardo entre sus dedos—, y les recomiendo que se saquen de la cabeza cualquier idea de programa de fantasía donde hay héroes usando poderes contra el mal: ustedes usarán su piedra para complementar el trabajo físico y mental en esta academia. Muchas veces se dice que hay un eje con dos extremos que son mente y cuerpo; ahora ese eje tiene para ustedes un punto central de equilibrio, y ese es la piedra.

Aziare asintió ante las palabras de la otra maestra.

—Ahora que tienen su movimiento llave, los ayudaremos a descubrir cuál es la habilidad que tienen; en un principio, dentro de unos momentos, podrán ver y experimentar, y eso les permitirá visualizar qué es lo que harán en el futuro. Por eso es que estamos en una zona apropiada y ustedes practicarán en un entorno seguro. Es importante que tengan en cuenta que lo que van a hacer ahora es en cierto modo una previa de lo que van a hacer por su cuenta en el futuro.

Con un evidente nerviosismo y una cuota de ansiedad, el grupo esperó a que los maestros se dividieran en la cancha central del lugar, hasta formar un hexágono; de inmediato usaron una frecuencia específica de las piedras, que hizo que desde ellos brotara una especie de niebla blanca muy ligera, que se esparció por todo el sitio hasta, en apariencia, desparecer por completo. Luz mantuvo la vista fija al frente, y se sorprendió cuando esta neblina pareció convertirse en un espejo traslúcido, donde por un instante vio su rostro como una fantasmagórica figura, mirándola con sus intensos ojos grises.

—Mi piedra está brillando, y estoy sintiendo un hormigueo en el brazo.
—Yo también lo siento.
—Yo también.
—Lo que sienten es normal —repuso Flavio con tranquilidad—. Es probable que quienes tuvieron los mejores indicadores en las pruebas iniciales sean quienes más rápido generen una reacción, ya que tienen un equilibrio mayor entre las distintas aptitudes. En primer lugar permanezcan muy tranquilos, intenten relajarse, y poco a poco sentirán que la piedra va adquiriendo una cierta condición que pueden identificar como un leve hormigueo o aumento de la temperatura.
—Hagan como si no pasara nada —comentó Darius con ligereza—, ignoren lo que está sucediendo con la piedra y fijen su mente en lo perfecto, en conseguir que su respiración marque sus pensamientos, y que sus ideas se muevan por su piel, traspasando los músculos e internándose en las venas y el sistema nervioso.

Mónica tuvo que reconocer que era primera vez desde conocer a Darius, que él estaba hablando realmente en serio; sus palabras eran concretas, no lo que ella juzgó como verborrea incesante, y en ese sentido no solo estaba siendo claro en su intención, sino que había sustancia tras ellas.

—Ustedes son uno, mente y cuerpo: no dejen que nada los distraiga ahora, eso es el mejor consejo que pueden escuchar hoy. Pero al mismo tiempo, sean sabios y escuchen lo que está pasando en su interior, y aprendan a conocer su organismo poco a poco, avanzando desde lo superficial hacia lo profundo. Escucha tu respiración —de pronto fue como si su voz dejara de brotar de sus cuerdas vocales, y de alguna manera emanara junto con la ahora invisible niebla que los rodeaba—. Intangible, invisible, cercana, esa energía se está mezclando con ustedes para siempre, y será parte de su equilibrio. A partir de ahora, ya no son mente y cuerpo, sino mente, piedra y cuerpo, ese triunvirato es lo que reemplaza al orden anterior y reordena todas sus prioridades; desde ahora, la piedra es el puente de conexión, el pararrayos que detiene las distracciones, y será gracias a ese triángulo que podrán lograr grandes cosas. No olviden esto: desde ahora, su forma de entender y ser, cambia.

Alrededor de diez minutos más tarde, las primeras reacciones sucedieron: Oiren había estado intentando mantener la calma, pero de pronto la sensación de hormigueo en el brazo, a la que se estaba acostumbrando, llegó mucho más lejos.

—Algo le pasa a mi piedra.

Jael le habló en voz baja, pero cargada de autoridad.

—Tu habilidad está despertando, no pierdas la concentración.
—Sí.
—Ahora debes hacer el movimiento llave. Hazlo ahora.

El chico obedeció la imperativa instrucción, e hizo el movimiento: levantó la mano derecha hacia el pecho, con los dedos cerrados en un puño, y extendió el ante brazo al frente al tiempo que extendía los dedos. Sintió un cosquilleo distinto al anterior, pero no sucedió nada.

—No ocurre nada.
—Hazlo de nuevo, debes haber hecho mal el movimiento.
—Está bien.

Bajó el brazo, y repitió el gesto un poco más lento: sólo entonces notó que la vez anterior el pulgar iba de otra forma, y al hacerlo bien, el cosquilleo se convirtió en un suave temblor alrededor de la muñeca.

—Mantén.

Sostuvo el brazo extendido, y unos momentos después vio con asombro que unas pequeñas piedrecillas se movían por el suelo, acercándose a él.

—Está pasando algo...
—Tú lo estás haciendo —dijo Aziare, quien estaba en punto de vista con él—, en este preciso momento algunos están conociendo sus habilidades, y al parecer la tuya es controlar pequeñas piedras.
—Escuchen esto, también me está pasando algo.
— ¿Puedes describirlo, Celia?

La aludida mantenía el brazo izquierdo en alto, con dos dedos estirados; en ese momento se sentía como si estuviera caminando por largo rato, a pesar de no haberse movido.

—Es como si sitiera calor y frío al mismo tiempo en la mano, pero no me lastima.
—No lo haría, tenlo por seguro. Ahora, sosteniendo el gesto, toca el dorso con la mano libre.
—Está helado.
—Puedes controlar temperaturas —sentenció Gabriela sin disimular un sentimiento de supremacía—, por ahora omitiré una demostración gráfica, pero no lo olvides, esta es tu habilidad.
—Omar ¿Esto cuenta como una habilidad?

El maestro asintió mientras contemplaba los diminutos puntos de luz que surgían alrededor de Ferrán mientras hablaba: parecían gotas de rocío, o quizás agua nieve, casi transparentes, iluminando mientras caían, hasta desaparecer en el aire. En tanto, Luz estaba concentrando todo su ser en lo que sentía que estaba pasando: desde un momento atrás sentía que la temperatura de su brazo izquierdo aumentaba más y más, pero a diferencia de lo que ocurriría con exponerse al fuego, no sentía nada peligroso o que lastimara, y se diferenciaba también de la fiebre por que parecía pasar por el brazo en vez de afectarlo de forma generalizada; quizás tenía también algo que ver con el fuego.

—Creo que también estoy haciendo algo.
—Sigue así, pero no te muevas —replicó Darius suavemente—. Lo tuyo tiene que ver con el cuerpo, no necesitas hacer más.

Mauren había elegido un movimiento muy simple, que consistía en empuñar la izquierda y mantenerla a una cuarta del torso, horizontal con los nudillos hacia la derecha. Miró de soslayo hacia abajo y comprobó que el suelo bajo sus pies se estremecía ligeramente, aunque ella no estaba experimentando reacción alguna.

—Gabriela —dijo Silvia en voz baja—, no comprendo lo que ocurre, pero estoy haciendo algo.

La maestra no estaba demasiado cerca para verla con toda claridad, de forma que se apoyó en Flavio, quien le envió un potente mensaje con solo un par de gestos.

—Descríbelo.
—Es como... no lo sé, como si, suena un poco raro, pero siento como si mi brazo estuviera bajo el agua ahora mismo.
—Seguramente puedes controlar moléculas de agua.

Creyendo por completo en las palabras de su maestra, Silvia se mantuvo firme en la posición, y desvió la vista hacia una botella transparente sobre un banco, a cierta distancia: más que en la botella, se esforzó por ver el agua, y relacionar ese elemento con la sensación persistente en la extremidad; un instante después pensó que el esfuerzo debía ser medido, que el agua era calma y flujo, y siguió mirando la botella, tratando de visualizar el contenido como si fuera una masa a la que pudiera tocar a pesar de la distancia: contuvo la respiración cuando vio que el líquido vibraba, de la misma manera que lo haría si estuviera agitando la botella.

—Funciona —dijo emocionada—, está funcionando.

Sin embargo, no era la única que estaba comprobando su habilidad a la vez; Isabelle, que estaba a muy poca distancia de Ferrán, vio con sorpresa que algunas de las partículas luminosas que él generaba se desplazaban hacia ella; después comprendió que esto no era hecho por él, sino por ella, y que su habilidad le permitía manipular esa forma de energía. Vio también que varios parecían cansados, pero ella se estaba sintiendo muy bien, como si en vez de esfuerzo, todo el tiempo de meditación y concentración sirviera para relajar, como un sueño reparador.

—Esto va muy bien, aunque no sé qué estoy haciendo.
—En apariencia —comentó Flavio—, puedes manipular algún tipo de energía, o energía lumínica.
—Increíble.

Silvia había estado intentando con tanto esfuerzo mantener el gesto y el movimiento del agua a distancia, que pasó por alto sus propias reacciones, y de pronto se encontró conteniendo el aliento para poder continuar; unos momentos después tuvo que abandonar y rendirse, sintiendo recién en ese momento un agotamiento similar al producido por la actividad física. Pero inmediatamente, antes que alguien dijera algo, inspiró profundo, se mantuvo erguida y repitió el gesto, intentando tener presente el error cometido para corregir su actitud. Casi pudo sentir la mirada de Gabriela taladrando en su espalda, como si hubiese seguido en todo momento sus acciones y estuviera recordando cada detalle de su error; se había precipitado al actuar sin considerar las variables involucradas, y aunque ahora estaba pensando además de sólo reaccionar, estaba segura de que esa equivocación no sería pasada por alto más tarde.

—Oiren, lo estás haciendo bien, pero relaja los músculos del cuello o te va a dar un aneurisma.

El aludido asistió ante la instrucción de Darius, pero no verbalizó la respuesta; estaba haciendo todo lo posible por mantener lo que estaba haciendo, pero no sabía de qué manera había llegado a ese punto. Estaba sintiendo cansancio, pero era de un tipo que no conocía, y por completo distinto a lo que experimentó en las pruebas físicas en un inicio; a su alrededor en el suelo había quince o veinte piedrecillas que se movían como sacudidas por el paso cercano de un vehículo, pero no sucedía nada más. Intentó pensar en cómo se relacionaba eso con la piedra, y apartar todo lo demás: recordó que la calcita está formada por cristales muy pequeños, que no llegaban a tener una estructura definida; también estaba el hecho de ser un mineral que se daba en forma de racimos ¿Entonces era por eso? ¿Estaba atrayendo pequeñas piedras, y de alguna manera reuniéndolas, porque eso representaba una característica de la piedra que pendía de su muñeca?

El tiempo pasó muy rápido en esa mañana, y los estudiantes llegaron a término cansados, emocionados y ansiosos, dependiendo del nivel de éxito en ese ensayo.

—Como quieras, lo hablaremos en privado más tarde.

Omar estaba despidiendo a uno de sus estudiantes, dejando el centro de entrenamiento vacío excepto por los maestros.

— ¿Hay problemas con ese?

El calvo se acercó a los otros, que estaban reunidos en el centro, donde poco antes había tenido lugar el ensayo; aún se podía percibir el rastro de la energía desplegada.

—No, sólo necesita algo de dirección.
—Quizás no haya sido la mejor decisión.

A Darius tampoco le gustaban algunos estudiantes, pero en ese momento eligió ponerse del lado de Omar.

—Vamos Gabriela, puedes decirlo: no quieres que ninguno de los nuestros sea superior a alguno de los tuyos.
—No seas ridículo.
—Pero tiene razón en cierto punto —comentó Jael, divertida—, todos quereros destacar.
—Había una canción que decía algo parecido —reflexionó Darius mientras jugaba con un disco—, algo de que todos quieren resaltar y encontrar atajos para ser el mejor.
—El punto es —siguió la maestra sacudiéndose el cabello con las puntas de los dedos—, que ostentar buenas estadísticas es un mérito, y yo no oculto que quiero tener números brillantes.
—Estoy de acuerdo contigo.

Omar miró a Jael y Aziare, y se sorprendió de lo contrapuestas que se veían en ese momento. Jael era alta, fuerte, vestía a la moda, y usaba el cabello con un corte salvaje, que simulaba ser casual con mechones de distinto largo, y además usaba un maquillaje que resaltaba los pómulos y los labios, ahora de un tono cereza encendido. Aziare, por su parte, era más formal, usaba siempre algún traje de cortes rectos, y usaba el cabello corto, algo desordenado, y casi sin maquillaje. Jael era atrevida y fría, Aziare dedicada y amable ¿qué podía llevar a la segunda a estar de acuerdo con la primera?

—Nuestro trabajo es importante para la institución, pero sobretodo para los jóvenes: si nos esforzamos al máximo con cada uno de ellos, incluso con los que tengan estadísticas más bajas o irregulares, todos obtendremos un resultado positivo.
—Claro —dijo Gabriela, articulando cada letra—. Todo sea por la causa.
—En cualquier caso —terció Omar ignorando las indirectas—, lo que están diciendo puede ser una buena oportunidad para hacer algo divertido y que ayude a liberar las energías competitivas.
— ¿A qué te refieres?
—A un campeonato de estudiantes —replicó indicando vagamente el sitio en el que estaban—. Todos los estudiantes necesitan entrenar, y tendremos la oportunidad perfecta para fomentar la sana competencia, y por supuesto obligarlos a ejercitar sus habilidades con la piedra.
—El viejo Aben me dijo que en la antigüedad hicieron algunas competencias por diversión.
—Cuando dices antigüedad, Darius, suena a siglos en el pasado. Pero sí, una competencia sana, pueden aplicar lo que aprenden con nosotros y en las otras clases, o en algunos de ellas. ¿Qué opinan?

Sucedió un instante de indecisión, en que los otros estaban evaluando la mejor reacción. Pero fue Flavio quien habló primero.

—Propongo que sea un campeonato estilo batalla individual, por grupos y turnos, ordenado según una tabla de equivalencias, sin eliminados.

Gabriela reaccionó la primera ante la propuesta.

—Estoy de acuerdo con eso.
—También yo, hagámoslo.
—Está decidido entonces.

Al cabo de unos momentos, todos estuvieron de acuerdo; Aziare dijo que confeccionaría una tabla de habilidades y capacidades, para que entre todos pudieran acordar cómo y cuándo comenzar con aquella amistosa competencia. Afuera, mientras el grupo se dispersaba para ir rumbo a las siguientes actividades, algunos se reunían o avanzaban juntos hacia alguno de los edificios en donde dentro de pocos minutos empezaría la siguiente actividad; Mauren hablaba con Alana, quien iba cerca de ella, mirándola muy fijo. A pesar de ser mucho más baja de estatura, la actitud relajada de la chica compensaba las diferencias con la otra que, aunque más alta, no lucía tan confiada.

—Te ves muy tranquila después del entrenamiento.
—Claro.
— ¿Y no te preocupa que los demás hayan podido usar su habilidad?
—Sólo fueron algunos —señaló Mauren—. Y en estos casos me parece lo mejor, permite analizar el panorama sin que te estén presionando más de la cuenta.
—Creo que no entiendo.

Iba a decir algo muy elocuente, pero después recordó que estaba haciendo todo por mantener un perfil bajo; habló de una forma más mesurada.

—Aún nos falta mucho por aprender, estamos aquí hace dos días. Imagina la presión para los que demostraron alguna capacidad justo ahora: los demás los van a acribillar a preguntas, y no conforme con eso, los maestros van a estar exigiendo que ese sea su piso más bajo. ¿Te fijaste lo que le pasó a Silvia?
—No, no estaba tan cerca de ella.
—Entonces te lo contaré porque me das confianza. Ella estaba moviendo un objeto, una botella.
— ¿En serio? Como si fuera telekinesis.
—Exacto, pero obviamente no sabía lo que hacía, igual que nosotros, y en un momento casi se desploma, estaba pálida.

Alana se pasó una mano por la frente, sorprendida.

—Entonces debe ser algo generalizado.
— ¿Qué cosa?
—Yo también me sentía cansada, y escuché que Bárbara decía lo mismo.
—Sí, debe ser por lo de concentrarse y eso. Pero a lo que quiero llegar es a que ahora ellos tienen una doble misión, mientras que el resto podemos observar y aprender con mucha más calma.
—No lo había pensado de esa manera, pero creo que tienes razón. A todo esto ¿Viste a Serene? Salió apenas nos liberaron y parecía muy contrariada.

Mauren decidió omitir los comentarios que tenía en mente. Serene resultaba divertida como compañía en los momentos relajados, pero por lo que estaba viendo, esto no seguía siendo igual cuando se enfrentaba a una situación más difícil de controlar, o a personas que no seguían ciegamente sus deseos.

Ferrán en tanto, estaba conversando animadamente con Isabelle.

—Así que, por supuesto, estoy disponible para lo que tú necesites, si es que puedo ser de ayuda.

La chica sonrió con condescendencia; en el interior, tuvo que reconocerle que su galantería no era típica y falsa, sino muy elegante y cuidada. Sabía cómo acercarse a una persona y actuar de la forma correcta, sin ser grosero ni entrometido. Pero sería educada y amigable a la hora de ignorar su amabilidad, no tanto porque no le pareciera atractivo, sino porque en ese momento había otro chico que llamaba su atención.

—Es muy gentil de tu parte.
—Para nada; soy un simple servidor.

Celia se acercó e hizo un comentario que captó la atención de Ferrán por un momento, y le dio algo de espacio a Isabelle. Pensó en lo que había sucedido en ese entrenamiento matutino: Su piedra era la perla, y eso no parecía tener ninguna relación con lo de atraer esos puntos de luz que aparecían en torno a Ferrán. Las perlas eran capaces de desviar la luz recibida ¿Sería por eso? Pero en ese momento aquellas partículas no se dispararon en otra dirección ¡Un momento! Había olvidado por completo que Flavio le dijo que probablemente podía manipular energía, y por otra parte, mientras la mayoría se notaba cansado, ella estaba en perfectas condiciones. ¿Y si esos puntos de luz se acercaban porque ella los estaba atrayendo para absorber esa energía? Eso sería una explicación bastante razonable, a falta de los detalles que los maestros hasta ese momento entregaban gota a gota; decidió mantener eso en mente mientras iba hacia la siguiente clase.

— ¡Cuidado!
— ¿Qué está pasando?

De pronto, la tranquilidad que reinaba en las calles interiores, de regreso a los edificios, se vio interrumpida por un hecho fuera de anticipación: algunos estudiantes comenzaron a flotar, como si repentinamente unas cuerdas invisibles los hubieran sujetado. Alana, Abigail, Karlo, Úrsula, Alej y Edsel estaban suspendidos en el aire, a unos diez centímetros del suelo y elevándose.

—Ayúdenme —gritó Alana mientras manoteaba intentando hacer algo.
— ¿Qué está sucediendo? exclamó Abigaíl, nerviosa pero más controlada—. Si esto es una broma, no es graciosa.

Ferrán se acercó a Úrsula, que era la más cercana, pero al estar a cierta distancia comenzó a elevarse también.

—Eso fue mala idea.

Tan solo unos segundos después de iniciado el incidente, todo el resto de los estudiantes ya se estaba reuniendo en torno al grupo, expectantes y nerviosos ante un suceso que no podían controlar ni entender. Krau gritó sin acercarse.

—Traten de sujetarse entre ustedes. ¿Qué diablos estás haciendo Alej?

El aludido estaba en el centro del grupo, aparentemente congelado, con los brazos rígidos en el gesto para invocar su habilidad que había estado practicando antes.

—No sé lo que estoy haciendo —gimió, negando con la cabeza—. Sólo hice el movimiento y ahora no me puedo mover.
—Separa las manos.
— ¡Te digo que no me puedo mover!

En tanto, León había reaccionado y corrió de regreso al estadio de entrenamiento, llamado a voces a los maestros. Tan pronto salieron, Flavio se sujetó del hombro de Omar y este usó su habilidad, que hizo que ambos se desplazaran al lugar en un abrir y cerrar de ojos.

— ¿Qué es lo que pasa?
—A un lado.

La actitud fría y decidida de Flavio logró el efecto de hacer que los estudiantes se separaran, haciendo espacio para que él pudiera actuar. Con los brazos extendidos hacia adelante y los puños, el maestro activó su habilidad, que hizo que la piedra en su muñeca destellara con un intenso verde. En un primer momento pareció que no ocurría nada, pero luego los jóvenes vieron que sobre y alrededor del grupo que estaba suspendido, se creó una especie de película traslucida que actuó como un campo de fuerza; los estudiantes involucrados, que ya iban sobre los ochenta centímetros de altura, quedaron suspendidos, palpando la casi invisible pared con una mezcla de alivio y angustia.

—Alej —exclamó Omar desde abajo—, lo que te está pasando es una explosión tardía de tu habilidad.
— ¿Cómo lo detengo?
—En primer lugar, cálmate —replicó con tranquilidad— ¿Sientes algún dolor físico?
—No, sólo tengo un poco de pánico.
—Omar, bájanos por favor.
—Calma, todo a su tiempo. Parece que Alej puede manipular la gravedad, así que hay que ser cuidadosos. Pero todo va a estar bien.

Esteban se dio un instante paro admirar a su maestro; en ese momento, sus palabras conseguían calmar cualquier alerta.

—Ahora voy a ir por ti Alej. Puede que sientas algo de presión cuando me acerque, sólo relájate y deja que me encargue. ¿Entendido?
—S—Sí.

Los restantes maestros también estaban actuando. Gabriela tomó una esponja blanca de maquillaje, y usando su habilidad la multiplicó rápidamente en muchas otras, que Jael distribuyó a modo de aro alrededor del círculo ingrávido en tan sólo unos segundos; Darius, en tanto, dirigió su habilidad hacia el interior, uno a uno a todos los involucrados.

—Estamos listos.

A su voz, Omar se movió a toda velocidad, entrando en el campo sin gravedad, y tomó en sus brazos a Alej, bajando antes que su ausencia hiciera efecto. Un microsegundo después la gravedad hizo su trabajo, pero antes que alguien saliera lastimado, Jael movió las esponjas hacia el centro, para hacer un colchón improvisado para el grupo, al mismo tiempo que la habilidad de Darius proveyó a los involucrados de una cierta inmunidad, la que combinada con el espumoso suelo convirtió la caída en algo suave y sin consecuencias. Inmediatamente Aziare roció a todos con una neblina fría muy ligera, que tenía como objetivo evitar que algún golpe no evitado por las otras acciones resultara en alguna herida.

—Eso fue una locura.
— ¿Están todos bien?
—Así parece —replicó Ferrán mientras ayudaba a Abigail a ponerse de pie— ¿Cómo está Alej?

Estaba junto a Omar a algunos metros de distancia, notoriamente cansado.

—No sé cómo pudo pasar.
—Tranquilo, no es tu responsabilidad —dijo el maestro quitando todo dramatismo—. Lo que te sucedió fue una explosión tardía, es un caso muy poco común.
— ¿Y qué significa?
—La energía es absorbida por tu piedra, para dar origen a tu habilidad; cuando estuvimos en el estadio de entrenamiento, de manera involuntaria tu piedra absorbió la energía que nosotros usábamos para ayudarlos, pero en vez de proyectarla, la almacenó, y se liberó al momento de repetir el movimiento llave; aunque habría sucedido de todas formas.
—No sé si eso me tranquiliza.
—Debería —comentó el maestro con una sonrisa—, porque como toda situación poco común que ocurra con las piedras, se convierte en algo importante —y en voz más baja—. Hay por lo menos un maestro aquí que quisiera que estuvieras entre los suyos.

Alej paseó la mirada por el resto, y notó un interés que antes no había visto. Sonrió, complacido ante la posibilidad de ser el foco de la atención por un potencial y no por haber causado un desastre.

Próximo capítulo: ¿Qué sucedió con las habilidades? Incógnitas y respuestas

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Ya les he presentado el mapa del país, el de cada una de las ciudades, y contado acerca de ellas, así que esta semana no habrá mapa; sin embargo, y para hacer más liviano el viaje, en este capítulo quiero contarles algunas curiosidades que he estado reuniendo a lo largo de estos capítulos, y se trata de huevos de pascua que he querido esconder en las líneas.
Hoy les hablaré de los primeros cinco episodios. Y atención, porque en todos los capítulos hay más.

01

-El número de andén más esquina de abordo da 1984, el administrativo que recibe a Ferrán es de apellido Orwell y cita parte de una frase célebre incluida en un texto del escritor.
-Darius usa una expresión del animé pokemon.
-La banda de audio que recibe Oiren como regalo tiene la apariencia de audífonos convencionales.
-Las esculturas que ve Oiren son similares a las realizadas por un personaje de la saga de los robots de Isaac Asimov.

02

-El padre de Itiel abre una botella de Himemiya, licor cuyo nombre es el mismo que un personaje del anime Utena.


03
-El número de estudiantes en la zona primaria, los descartados y los finalmente seleccionados corresponden a números compuestos.

04
-Dvorkia hace una referencia a un video musical de la cantante Olivia Newton John.

05
-El juego de mesa tiro a distancia es una especie de ping pong, con pelotas magnéticas y que flotan sobre una mesa apropiada.
-El extracto de malta seco que toma Naro es una bebida no alcohólica con sabor similar a una cerveza dulce.
-Luz y León son los únicos destacados que son elegidos como líderes.
-Las torres principales corresponden a colores del espectro primario y secundario. La de maestros es blanca, que es la mezcla de los tres primarios, y de las otras cuatro una corresponde a un color primario y las otras tres a secundarios.