Sten mor academia Capítulo 01: Una nueva vida. ¡Perdido en Ciudad Capital!



Ciudad Capital. Centro de abordo Transportes privados. Lunes 05 de abril.

Ferrán sabía a la perfección que su porte y atractivo resultaban imposibles de pasar por alto entre las chicas, pero no sacaba provecho de eso como lo hacían otros hombres; no sólo le parecía de mal gusto, sino que era una forma de conseguir éxito instantáneo, pero no duradero. Él, en cambio, disfrutaba mucho más de la vida siendo un chico sencillo, amable y que podía divertirse y coquetear si se daba la ocasión, pero sin propasarse. Estaba casi en el mejor momento de su vida: tenía 23 años, un cuerpo esbelto y atlético gracias a la natación, rasgos atractivos en un rostro que era al mismo tiempo juvenil y fuerte, ojos color castaña, luminosos y expresivos, aunque contrastantes con el cabello de una multitud de rubios y cenizas, heredados del lado materno de la familia, mismo que a través de los genes le había otorgado una voz melodiosa y atractiva. Esa mañana se levantó muy temprano y se preparó por do salir, sabiendo que tendría que estar en el centro de transportes privados por una cantidad indeterminado de tiempo; la mayoría de las ocasiones, transportarse entre un sitio y otro requería de muy poco trámite, pero en este caso en particular, otras personas iban a abordar el vehículo junto con él, por lo que se otorgaba un plazo apropiado para que los que estuviesen retrasados tuvieran la oportunidad de llegar. El centro de abordo era una gran edificación rectangular de varios pisos de altura, en donde los transportes de empresas privadas, agencias de turismo, centros de descanso o estudio recogían o dejaban grupos de personas a petición; como era de esperarse, el sitio bullía de movimiento y frenético sonido de miles de personas llegando al área apropiada, recibiendo o despidiendo familia res o coordinando grandes grupos. Ferrán tenía citación en el tercer piso, en el sector de abordo 19, esquina 84, y no tenía una hora específica, sólo le indicaron la franja: primera mañana, es decir entre las ocho y las diez; por supuesto, su equipaje ya se encontraba en el centro de autorización correspondiente, por lo que no debía ocuparse de ese asunto y podía desplazarse con comodidad por las instalaciones. Después de tomar un agradable desayuno, decidió dar un vuelta por las instalaciones y descubrir si en algún lugar había una chica interesante con la que hablar; mientras iba a la terraza recibió un mensaje de una chica con quien tuvo una bonita amistad tiempo atrás, y en él ella le deseaba suerte en el nuevo proyecto que estaba por comenzar; esa clase de gestos hacían mucho mejor un día y era algo que siempre agradecía.
La temporada fría estaba tocando a su fin, dentro de poco las jornadas serían más extensas y cálidas, y él pretendía aprovechar las bondades de esa mañana luminosa, entreteniendo su vista y, quién sabe, logrando estrechar lazos con alguna chica atractiva.
Y justo en línea de vista vio a dos.
Estaban conversando junto al mesón de informaciones, una de ellas voluptuosa, de piel morena fascinante ante la luz blanca del lugar, que llevaba un vestido corto, sencillo y muy sentador, y el cabello ensortijado tomado en dos moños altos, estilo que resaltaba sus pómulos y sus ojos. La otra chica era más delgada y de menor estatura, pero tenía esa estructura física delicada y rostro limpio e inocente que hacía de ella una joven interesante y atractiva; se dijo que encontrar el atractivo en la mayoría de las mujeres era un talento que no podía desperdiciar.

—Buenos días, señoritas.

Su tono de voz era natural y amable, por lo que no resultaba entrometido. Ambas miraron en su dirección, y pudo ver en sus ojos esa sutil mezcla de sorpresa y un toque de interés. Cautas e inteligentes.

—Hola.
—Qué tal.

Ferrán sonrió de forma espléndida ante ambas.

—Yo estoy muy bien ¿Qué las trae por aquí?
—Pareces bastante curioso.
—Lo soy, pero no quiero ser irrespetuoso, es que me siento muy emocionado el día de hoy porque comienzo un nuevo proyecto.

Las chicas se miraron, en una combinación de diversión y curiosidad propia de la interacción con alguien que llamaba su atención; la más menuda de las dos habló con algo de simpatía.

—Interesante, nosotras estamos a punto de empezar algo nuevo también.

Ferrán se preguntó si sería buena idea decir cuál en realidad era su destino; cuando Omar habló con él no le dijo que tuviera que mantener eso en secreto, pero en su opinión no se trataba de estar ventilando el asunto en todas direcciones; tomó la decisión de dejar las cosas en el misterio mientras ellas no dieran más información.

—Comenzar una nueva etapa es bueno, se trata de algo que te hace sentir más vital: ¿Estudios, trabajo, una nueva misión?

La chica morena contestó con una voz un poco ronca, que hacía real y audible la exuberancia de su cuerpo.

—Eso es un secreto por el momento.
—Me gusta descubrir secretos. ¿Qué les parece si nos acercamos a una tienda de jugos y charlamos más detalladamente de todo esto?

Era una invitación sencilla y casi inocente, no una sugerencia poco decorosa; todo estaba en la actitud y demostrar un honesto interés por conocerlas como persona, no como conquista. Además, en ese momento sólo quería charlar mientras era la hora apropiada para iniciar el viaje rumbo a su destino.

—Está bien, quizás soy un poco atrevido, permitan que me reivindique: mi nombre es Ferrán, es un placer conocerlas.

Ambas sonrieron; bien hecho, ya lo había logrado.

2


Faltaban veinte minutos para que el reloj marcara las diez de la mañana cuando Ferrán recibió un mensaje directo al móvil, en donde le solicitaban que se hiciera presente en el sitio acordado para verificar sus datos. Cuando llegó se dio cuenta de que era el primero en llegar, ante un escritorio temporal ubicado junto al puerto de acceso al transporte; un hombre de poco más de 40 años, con una reluciente placa en el pecho con la inicial de su nombre y el apellido lo saludó con una sonrisa.

—Buenos días.
—Buenos días señor Orwell –dijo leyendo rápidamente el nombre—, vine porque me citaron a esta hora.

El hombre asintió.

—De acuerdo, enséname el código que te enviamos a tu móvil esta mañana.

Ferrán así lo hizo, desplegando la pantalla holográfica del teléfono celular, en la que se materializó un complicado diseño con forma de sello: el hombre lo captó con un diminuto lector que absorbió la imagen, y de forma automática los datos se transfirieron a la terminal del encargado.

—Ferrán, es un gusto tenerte aquí.
— ¿Fui el primero en llegar?
—Algunos ya llegaron y están en otro transporte, pero tú serás el primero en este; tus datos están confirmándose en el sistema, pero de todas formas necesito cumplir la formalidad de hacerte algunas preguntas. ¿Tienes algún problema de salud que desees reportar?
—Ninguno, soy fuerte y sano.
—Excelente. En cualquier caso, en Sten mor tenemos un cuerpo médico de primer nivel al que puedes acceder por cualquier tipo de necesidad. Segunda pregunta ¿Algún desorden alimenticio, de tipo deportivo o desajuste hormonal?
—Ninguno.
— ¿Aceptas mediante esta grabación de voz –indicó el dispositivo en el borde superior de la pantalla— que tu ingreso a la academia de estudios superiores Sten mor es completamente voluntaria y no significa para ti ningún tipo de perjuicio personal, o a tus objetivos profesionales o académicos?
—Así es, mi ingreso es por propia voluntad.
— ¿Tienes la disposición para estar en las instalaciones de Sten mor por un periodo de dos años calendarios a partir de este momento, y en caso de existir la posibilidad de prolongar tu estadía por determinada circunstancia, por un nuevo periodo a especificar?
—Sí, tengo la disposición.
— ¿Tienes alguna dificultad para permanecer en las instalaciones de Sten mor en la modalidad de internado integral, accediendo a las salidas programadas según un calendario a definir?
—No tengo problema alguno.

Las preguntas eran las habituales a la hora de realizar la postulación a cualquier centro de educación superior, excepto que ese proceso se realizaba al momento de presentar un examen, mientras que en ese caso él no había hecho nada salvo recibir una visita, conversar con cordialidad y presentarse el día estipulado. El hombre finalizó la grabación y la agregó a los campos de datos correspondientes.

—Ya está terminado. Tu registro de datos en Sten mor está completo, bienvenido.

Unos minutos antes, incluso varios días atrás, Ferrán se dijo que reaccionaria con total calma y frialdad, pero no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción. A partir de ese momento se abrían para él las puertas de un nuevo mundo.

—Me disculpo por la pregunta, pero en realidad tengo la curiosidad ¿Hay algún tipo de contrato de confidencialidad que deba firmar al entrar?

Era un asunto de conocimiento público la total falta de conocimiento de los métodos de enseñanza que existían en esa academia, y la experiencia que de forma habitual comentaba algún egresado era siempre un relato superfluo que no entregaba ninguna luz al respecto. La pregunta no pareció extraño lo más mínimo al hombre, quien sonrió con amabilidad.

—No hay razón para disculparse; la curiosidad es necesaria para los seres humanos, y demostrarla es un acto, casi de rebelión. Pero no, no necesitas firmar ningún contrato; si lo que te preguntas es si una vez dentro te pediremos que guardes el secreto de la enseñanza en la academia, la respuesta es no. Pero puedo asegurar que estarás tan satisfecho con los resultados y el método que se convertirá en un secreto preciado para ti.
—Fantástico, eso hace que me sienta aún más ansioso.
—Esas ganas son fundamentales a la hora de estar en la academia. Ahora por favor sigue por el pasillo lateral, y espera en la sala para abordar el vehículo de transporte; puedes beber o comer algo si así lo deseas.
—Se lo agradezco.


3


La jornada no había empezado de la mejor manera para Oiren, y en ese momento lo estaba experimentando con intensidad. Se había levantado al alba, excesivamente temprano en realidad, y desde el primer instante sintió que los nervios se lo estaban comiendo vivo; la espera, desde que recibió la visita de Flavio, momento en donde recibió la magnífica buena noticia, se convirtió en una actividad muy importante, aunque casi más para su hermano que para él mismo: hizo que se reunieran los padres y él, y les habló de la importancia de su educación y cómo la posibilidad de entrar en la academia era algo que ellos como núcleo de la familia debían valorar y apoyar en todo momento. Como era de esperar, sus padres se mostraron algo desconfiados ante la posibilitad de que el menor de sus hijos no sólo saliera de casa, sino que fuera a vivir a otra ciudad y permanecer por dos años alejado de la familia, pero las palabras de Ismael fueron tan precisas y apasionados que consiguieron el efecto deseado y, tras varios minutos te conversación, todos estuvieron de acuerdo; Oiren pensó, una vez superada la sorpresa inicial, que su oposición sería mucho más férrea, pero la intervención de su hermano fue tan apropiada que todo tomó el camino correcto. Las jornadas, desde entonces, cambiaron para los dos, y por sugerencia de Ismael, pensaron en todo lo que iba a necesitar conocer y preparar para su ingreso a la academia. Oiren nunca había salido de Tash-han, por lo que lo primero fue ver los holos con el mapa general de Ciudad Capital y los de la carretera interconectada para estar preparado y no cometer errores; si bien el transporte lo haría todo desde su ciudad natal hasta el centro del país, una vez allí dependería de él encontrar el medio más apropiado para llegar al sitio indicado. Además, ambos planearon cuál seria la ropa y elementos indispensables en el viaje, ya que aún cuando tendría la oportunidad de adquirir cosas una vez establecido, era importante ir equipado de forma adecuada. A la ropa para toda estación y elementos personales, agregaron una selección de ficheros con información relevante sobre geología y mineralogía, además de otros que a él le interesaban parta mantener frescos los conocimientos, de forma de mantener una base de datos propia mientras se adaptaba al nuevo entorno. Cierto día, Ismael le avisó que llegaría un pedido hecho por encargo, que descubrió una vez llegado era un regalo de su hermano: una banda de audio, con la forma de audífonos over-ear, de un encendido color rojo. Tenía incluida una composición especial de melodías relajantes y estimulantes , pensadas para ayudar a su concentración en los estudios; también mencionó que era una forma de hacer evolucionar el contacto entre ambos, pasando del intercomunicador personal a llevar consigo música escogida y programada por su hermano; a Oiren le pareció un regalo sorprendente pero muy ingenioso, y desde ese momento decidió que los llevaría consigo a partir del día del viaje.
Los días y semanas se convirtieron en meses con mucha rapidez, y la emoción y alegría que sintió en un principio se convirtió en nerviosismo ante lo que iba a pasar; no sentía exactamente miedo por salir de su casa, que era el ambiente que conoció desde siempre, pero sí le provocaba una gran inquietud el hecho de estar en un ambiente desconocido, rodeado de muchas personas que sin duda tendrían mucho más conocimiento y experiencia que él. Pero la decisión estaba tomada, estaba a punto de comenzar a estudiar en una prestigiosa academia y debía tomar ese desafío y enfrentarlo con decisión, la mente clara y la información ordenada.
Y estaba perdido.
Luego de dejar su equipaje en la zona indicada para que fuera despachado hacia la Zona de abordo, se dio cuenta que era demasiado temprano para buscar el transporte, y además estaba hambriento; daban poco más de las ocho y era su primera vez fuera de casa, haciendo un drástico cambio a Ciudad Capital. A pesar de los videos que habían visto, de la información leída y las cosas aprendidas, nada lo pudo preparar para el impacto que era estar en la ciudad más importante del país; todo allí pareció gigantesco, enorme, brillante y llamativo, y esa primera impresión hizo que muchas cosas quedaran en segundo plano. La zona en donde descendió del vehículo que en poco menos de una hora lo había llevado desde su Tash-han natal hasta Ciudad capital era enorme en comparación con la de partida, y daba directamente a una zona cultural y de entretención libre, donde había innumerables instalaciones artísticas, centros de relajación, módulos de telerealidad, centros literarios y mucho más; al tratarse de la principal ciudad del país, era lógico que todo fuera mucho más grande que en las otras, considerando además que mientras la población estable de Tash-han era de poco más de veinte millones de personas, la de Ciudad Capital superaba los noventa millones, entre la cifra estable de más de sesenta y la población flotante, venida de todas partes. Otro factor que diferenciaba a un sitio de otro era que en del centro del país todo estaba urbanizado, quedando zonas verdes correspondientes a parques públicos, pero fuera de eso, el paisaje estaba poblado por altísimos edificios, vías de tránsito rápido en altura, y las pantallas gigantes que indicaban diversos temas. Como consecuencia directa del impacto que generó en él ver tanta información al mismo tiempo, y que resultaba en una experiencia inesperada incluso habiendo visto los videos con anterioridad, perdió la noción del tiempo y el espacio, y no se acordó de verificar ningún mapa; cuando salió de una sala en donde exhibían arte pre clásico, caminó por una calle bebiendo un refresco, pero se dio cuenta de que esa calle no era en realidad la misma por la que había llegado. La indicación decía que debía estar presente en la franja primera mañana, es decir entre las ocho y las diez, y vio con alarma que eran las nueve y veinte ¡iba a perder el vehículo de abordo! revisó frenéticamente los mapas en el móvil y encontró la calle en la que estaba, pero al tratarse de un sector dedicado en exclusivamente a los peatones, debía salir de ahí caminando o regresar por la ruta directa a su punto de llegada para luego subir a un transporte. Calculó rápidamente ambas distancias y optó por la primera, pero aunque la estimación de tiempo de desplazamiento a pie decía que podía llegar, mientras caminaba a toda máquina sentía que el cuerpo no lo iba a acompañar; su estado físico era aceptable, pero no estaba en condiciones de caminar largas distancias en poco tiempo. Pasando un cruce, no vio por donde iba y atropelló a alguien; al mismo tiempo soltó el móvil, pero la persona con quien chocó reaccionó con sorprendente agilidad y lo tomó en el aire, incluso antes que el dispositivo cambiara a modo seguro.

—No lo dejes caer, no todos son tan firmes como aparentan.

Era un chico aproximadamente de su edad, o incluso más joven; era atlético, llevaba una tenida deportiva con el contorno de una motocicleta impreso en el pecho, y tenía un aspecto de estar lleno de energía, como si estuviera corriendo o algo parecido; le sonrió amigablemente.

—Gracias, discúlpame.
—No te disculpes, no pasa nada —replicó el otro con sencillez—, pareces muy agitado ¿Tienes algún problema?
—No, es sólo que es primera vez que estoy en esta ciudad y tengo que llegar a este sitio— señaló la pantalla del móvil—, y no me alcanza el tiempo, voy a perder el vehículo.

El otro chico dio una mirada rápida a la imagen y sonrió.

—Tranquilo, tienes tiempo de sobra.
—Pero en esta proyección...
—Escucha, te voy a dar un truco —le dijo con tono de confidencialidad—. Mira en esa dirección, si tomas por ese pasaje que está junto al edificio verde, vas a encontrar una pequeña sala de exposiciones, que sale directo al otro extremo; vas a ahorrar esa vuelta larga que ves en tu mapa y llegarás con tiempo de sobra.

Oiren sonrió, sorprendido.

—Vaya, eso no lo sabía, muchas gracias.
—Por nada, yo también iré en esa dirección más tarde, pero conozco estos lugares con mucho detalle.
—Gracias otra vez.
—Que tengas buen viaje.

El joven continuó su camino a paso ligero, perdiéndose en la multitud poco después. Oiren suspiró aliviado ante esa nueva posibilidad y dirigió sus pasos en la dirección indicada; en efecto, tal como ese chico había dicho, entre dos grandes edificaciones estaba la entrada a una galería de arte con un letrero que decía "entrada libre" Saludó a una mujer en la entrada y caminó más lento, se dijo que aunque fuera un lugar de acceso libre y él lo utilizara como un pasillo, correspondía demostrar respeto por quienes estaban ahí para ver la muestra de arte. En esa ocasión las vitrinas enseñaban esculturas de luz sólida, hechas con una compleja técnica que muy pocos artistas dominaban a la perfección; una vez que terminó de caminar por el interior de la exposición, salió a la calle y verificó en el localizador que había sorteado la mayor parte del trayecto descrito en el mapa en un par de minutos, por lo que sólo tenía que avanzar una cuadra y encontraría una calle con tránsito, en donde podría recuperar el tiempo y llegar a la hora indicada a su destino.



Próximo capítulo: Olvidando el pasado. El comienzo de un sueño