Sten mor preludios Capítulo 04: Maud

Pristo. Localidad: Vaidos. Hace tres meses.


—Agradecemos la presentación de la señorita Maud Aslavi.

La joven hizo una reverencia, y el teatro cerró un aplauso espontáneo hacia ella. La presentación del monólogo dramático “Sin ti en el horizonte” era el más popular de cada jornada y era gracias a un buen guion, pero principalmente gracias a su interpretación, llena de matices sutiles y cambios de entonación apropiados; bajó del escenario a paso lento y seguro, a tiempo de ver a una reportera esperándola: la solapa de la chaqueta de su traje indicaba que era parte de los medios escritos de Vaidos. Bastante bien, pero seguía siendo sólo alguien local.

—Señorita Aslavi, buenas noches.
—Llámame Maud, todos lo hacen.
—Se lo agradezco; quisiera hacerle unas preguntas, pertenezco a la redacción de la revista Estrella de Vaidos, y estoy haciendo un reportaje sobre la revelación actual de los nuevos artistas.

Como artista involucrada en el medio, era obligación para Maud conocer los medios de comunicación; la revista de la que la reportera hablaba era de distribución en los hoteles y centros de entretenimiento, y sus críticas de arte influían mucho en lo que el público quisiera ver cuando visitaban la ciudad del entretenimiento. El espectáculo en el que ella se estaba presentando hace un mes y medio era concurrido, pero necesitaba algo como un buen reportaje para que su talento pudiese ser conocido por más personas y dar el salto que esperaba.

—Qué interesante; pero no hablemos aquí, la gente tiene que hacer el montaje de la presentación que empieza en media hora ¿qué te parece si nos encontramos en la sala de entrada del teatro en cinco minutos?

Puntual, se presentó ante la reportera, aunque su aspecto había cambiado; en el escenario se presentaba con una tenida sencilla en tonos oscuros pero una vez fuera, usaba un vestido largo color rosa pálido con sandalias de tacón alto, y haciendo juego con un delicado conjunto de collar de oro cielo con pendiente, aretes y detalle en el hombro que quedaba al descubierto. Llevaba su abundante cabello color miel suelto, cayendo en ondas que enmarcaban su rostro armonioso, de llamativos ojos claros; sonrió de forma agradable mientras se sentaba en una de las sillas altas junto a la ventana que daba a la calle.

—Gracias por esperar.
—Gracias a usted. Mi nombre es Bernie, y como le decía, quiero hacer un reportaje sobre estrellas emergentes que representan un valor para esta ciudad.

Eso sonaba diferente a lo que se esperaba, pero si algo había aprendido es que nunca puedes demostrar alarma o frustración prematura.

—Eso suena muy bien, estoy segura de que será una muy buena recopilación de los talentos que están en cartelera, por desgracia no puedo verlos a todos.
—Creo que no me expliqué con claridad, Maud. El reportaje que pretendo hacer es sólo sobre usted.

Maud sonrió, sorprendida.

Más tarde, cuando llegó al departamento, la joven intérprete notó que no iba a estar sola. Ian la esperaba en la sala, con una sonrisa en los labios y un par de copas sobre una decorada mesa de pared.

—Hola, cariño.
—Debiste avisarme que llegabas hoy —dijo ella fingiendo decepción—, ni siquiera me arreglé para la ocasión.

En cambio él sí se había esmerado. Lucía un hermoso traje de diseñador de un color negro violáceo con detalles traslúcidos en las solapas, y una camisa blanco níveo que destacaba su piel bronceada, dando además una un aspecto más varonil y fuerte a su estructura ósea musculada y bien definida. Llevaba el cabello corto con un osado tono azul que sólo se notaba al contraste con luz directa.

—Te ves hermosa.
—Pero estoy tan normal…
—Tonterías, sabes que luces perfecta; no te avisé que venía porque quise que fuera una sorpresa, y no soportaba estar lejos de ti.

Se dieron un apasionado beso en los labios; algo que jamás cambiaba en ella era el estremecimiento de tenerlo cerca, sentir su piel y el latido de su pulso cuando la abrazaba.

—Te eché de menos.
—También yo.

Brindaron mientras se sentaban ante la cristalina mesa, junto a la pared; esa pared a la derecha de la puerta de entrada estaba revestida de una lámina transparente, a través de la que se podía ver un paisaje programado desde un control central en el que se reproducían secuencias reales de otros sitios. En ese momento corría una de sus favoritas, un viaje a las islas Danrio el año anterior.

—Por desgracia no alcancé a llegar para ver tu presentación en el teatro.
—Estuvo bien –replicó ella con un asentimiento—, pero es otra cosa lo que me alegró la jornada, antes de verte, claro.
— ¿De qué se trata?
—Me entrevistaron para un medio local, y estaré en sus páginas a partir de mañana, por toda la ciudad en los hoteles, casinos y casas de entretenimiento.
—Eso es genial —sonrió, sorprendido—, es un paso muy importante para tu carrera.
—Este puede ser el paso que he estado esperando durante mucho tiempo ¿Te das cuenta? Podría dejar de presentarme junto a compañías y empezar a tener mi propio espectáculo.

Él asintió con gravedad; sabía lo importante que era su carrera, no sólo se trataba de un sueño sino que además era aquello en lo que quería desempeñarse por el resto de su vida.

—Sé que es muy importante para ti, pero no quiero que olvides que estoy aquí para ti, y puedo ayudarte si en algún momento así lo necesitas.

Ella bebió un trago, al tiempo que desechaba la idea con la mano.

—De ninguna manera. Sé que lo haces con la mejor intención y lo agradezco, pero este es mi proyecto y tengo que hacerlo sola.
—Lo sé.
—Además, tengo el talento y la capacidad para lograrlo; pero en esta localidad no basta con eso, necesitas algo más, necesitas que te vean, no sólo tener talento o ir a audiciones. Si las cosa salen como creo, es probable que me inviten a la cena de caridad del distrito la semana entrante ¿Estarás aquí?

La cena de caridad del distrito era un evento importante en muchos sentidos; reunía a personalidades del espectáculo, filántropos y artistas de distinto tipo, además de prensa especializada de toda la ciudad. Ser invitado a esa cena indicaba que se tenía cierto renombre en la localidad, y por lo tanto cualquier artista emergente era visible para los medios, siempre ávidos de entrevistar a rostros nuevos.

—Sí, vengo por una semana así que si vas a esa cena, estaré allí.

Volvieron a besarse, y justo en ese momento sonó el aviso de visita.

— ¿Esperabas a alguien?
—Para nada –replicó ella—, voy a ver de qué se trata.

Del otro lado de la puerta, esperaba un hombre cuyo aspecto era incluso llamativo dentro de la localidad en la que se encontraban: iba vestido de blanco, con una camisa abierta hasta la cintura, ensenando el torso bronceado y musculoso; usaba tres largos collares, uno de ellos de cuentas tornasol, el segundo de tipo cristalino, y el tercero de una extraña clase de cuentas negras que sólo se daban en One—Garui. Usaba el cabello con un osado corte que dejaba mechones en todas direcciones, con un cuidado tinturado en azul cielo y verde que de alguna manera combinaba con todo el resto de su apariencia. Sonrió al ver a Maud.

—Hola, qué gusto encontrarte, Maud.

Ian se había acercado, manteniendo una distancia prudente para parecer interesado en la visita y marcar territorio, pero a la vez sin entrometerse. Maud sonrió también, con cortesía.

—Hola.
—Mi nombre es Darius; espero no ser demasiado inoportuno –agregó con una sonrisa espléndida—, pero la verdad es que tengo urgencia de hablar contigo.

Por un momento, Maud pensó que podría tratarse de un admirador, pero desechó esa idea de inmediato. Podía tener sueños grandes e importantes sobre su carrera artística, pero recibir visitas de estrafalarios admiradores no estaba entre ellos.

— ¿Y tú quién eres?
—Soy maestro en Sten mor.

Lo dijo con tal naturalidad que su actitud resultó más chocante e inesperada que la información en sí; la joven frunció el ceño ligeramente.

—Disculpa ¿Qué?
—Sí, mira, a veces las personas se sorprenden mucho cuando uno les dice algo como esto, ya estoy acostumbrado; para ser más concreto, estoy aquí porque quiero ofrecerte la posibilidad de integrarte a nuestra academia.

Recién en ese momento la noticia cobró la dimensión real que tenía ¿Sten mor? Maud no supo qué decir ni qué pensar al respecto, pero no pudo menos que recordar que, tal como se sabía de forma popular, no existía manera de postular a esa prestigiosa academia, sino que tenías que ser contactado por ellos; sintió un estremecimiento, pero por suerte su experiencia en las tablas le permitió reaccionar bien y con rapidez.

—Lo siento, por favor pasa.
—Gracias.

Sin que nadie lo invitara, Darius se sentó en el sofá y sonrió, como si algo en la invitación a pasar lo hiciera sentir bien; Ian hizo un sutil gesto y entró al cuarto, dejando a Maud presta a escuchar las palabras de su interlocutor.

—Bien, escucho; lo siento si parezco un poco perturbada, pero lo que dijiste sonó muy extraño.
—Es comprensible hasta cierto punto –replico él como si tal cosa—, pero no lo será cuando escuches todo lo que vengo a decir: soy maestro en la academia Sten mor, uno muy bueno a decir verdad, y he estado recorriendo distintos lugares buscando a los nuevos estudiantes para la academia; después de mucho ver informes, estadísticas y esas aburridas cosas, me encontré con tus índices de desempeño y dije “esta chica se está desperdiciando en presentaciones de entretenimiento local, cuando lo correcto es que esté haciéndolo a nivel nacional”

Aquello sonaba casi exacto a algo que ella misma diría de sí misma; era una mujer que confiaba en sus propias capacidades y sabía que tenía talento para las artes escénicas, pero su trabajo siempre estuvo orientado a conseguir sus metas por medio de la exposición en los medios adecuados; no se le había ocurrido que alguien tocara su puerta diciendo que era la elegida por una prestigiosa academia, a la usanza de las películas de bailarines o cantantes tocados por arte de magia por un ángel guardián.

—Es muy sorprendente; la verdad no esperaba que sucediera algo como esto ¿Es alguna clase de entrevista?
—No podría no serlo –dijo él algo perplejo–, lo importante, y no es que no ame que estemos charlando, pero necesito que me digas si estás interesada en entrar a la academia.
—Claro que me interesa, es sólo que es un poco sorprendente como te decía ¿tendría que llenar alguna forma o algo así?

Darius soltó una cristalina risa ante esa pregunta.

—Tendrás que llenar varias, pero creo que no me estás entendiendo. No vine a hablar contigo como si fueras parte de una lista, lo que quiero saber es si quieres entrar a estudiar por dos cortos, intensos y maravillosos años, a la academia Sten mor. Si dices que sí, haré que te lleguen los documentos, harás todo el protocolo aburrido, y nos veremos en las instalaciones dentro de tres meses.

Maud tuvo que contener la respiración para no lanzar una exclamación por la sorpresa; en ese momento se dijo que todo aquello de lo que hablaban las personas acerca de Sten mor era verdad, que realmente un día aparecía alguien en tu puerta a ofrecerte la posibilidad de ingresar a la academia. Recordó a Celine Carr, la famosa cantante que se hizo conocida por su extraordinaria voz y también por sus llamativas joyas, encabezados por la tiara esmeralda, un accesorio con una esmeralda de origen desconocido, símbolo en el medio artístico de una figura que ha alcanzado el éxito y la consolidación. Ahora ella estaba retirada, pero su nombre y el hecho de haber pertenecido a Sten mor eran un faro al que no podía ignorar. Consiguió mantenerse serena y habló de forma pausada, sin embargo escuchó su voz más aguda de lo necesario.

—Sí, por supuesto; Sten mor es una gran oportunidad, estoy muy sorprendida y agradecida.
—Yo lo estoy mucho más de ti –dijo Darius con una gran sonrisa—. Sabes, no es como que tenga que ver con lo que estamos hablando pero vine a esta ciudad sólo para encontrar a una persona, y que hayas aceptado hace que mi día sea perfecto.
—Para mí es una gran sorpresa, en realidad estoy sin palabras; desconocía por completo que se tratara de un proceso tan directo, supongo que es por la costumbre de conocer las instituciones tradicionales.
—Nosotros no tenemos nada de tradicional. Escucha, sólo prepárate para conocer algo nuevo, y te aseguro que tu vida va a cambiar para siempre.

Más tarde, luego de la partida del estrafalario visitante, Maud le contó toda su conversación a Ian, quien la escuchó con atención todo el tiempo.

— ¿Y quieres ir?

Maud lo miró, perpleja.

—Amor, por supuesto que quiero ir; sabes perfectamente que Sten mor es la oportunidad perfecta para instruirme a otro nivel y acceder a un mundo de oportunidades; es lo que dicen: dos años en esa academia y podrás conseguir trabajo en cualquier teatro que quieras.

Pero él no se mostraba tan entusiasmado como ella.

—No lo sé, no sé si es correcto que salgas de la escena durante tanto tiempo; en dos años nadie va a acordarse de ti.

Maud sintió eso como un golpe bajo, pero decidió pasarlo por alto, atendiendo a algo que resultaba más importante en ese momento.

— ¿Qué sucede? Hace un rato dijiste que me apoyarías en cualquier decisión que tomara y ahora te comportas como si estuviera arrojando mi futuro por la ventana.

El hombre la miró seriamente por unos segundos; después habló con fría calma.

—Tal vez eso es lo que estás pensando hacer.
—  ¡Ian!

Maud dio un paso atrás de forma involuntaria; nunca había escuchado que su novio, el amor de su vida, le hablara de esa forma.

—Eres una mujer talentosa, pero también eres muy ingenua; el mundo no es como crees, y el talento que tienes no basta para que puedas hacerte conocida. ¿Qué pasó con todo eso de ir paso a paso, de estar en teatro, y asistir a eventos?
—Sucedió que se presentó una oportunidad de algo mejor –replicó ella con acritud–, esperaba que fueras el primero en entenderlo.
— ¿Que quieres entrar a una academia hippie a estudiar quién sabe qué para después forjar un futuro? Maud, en seis meses nadie se va a acordar de ti, ¿De verdad crees que tu puesto estará reservado para cuando decidas regresar?

Estaba hablando en serio; la joven se tomó casi de forma involuntaria un instante para mirar la situación con distancia; había pasado de la sorpresa a la alegría, y de ahí a la decepción, en tan sólo algunos minutos. ¿Cómo es que nunca antes habían tenido un altercado o diferencia de opinión, y ahora en un segundo él se mostraba lapidario con respecto a una decisión que tenía que ver con su futuro?

—Si cuento con los conocimientos apropiados y la experiencia, no necesito que alguien “guarde” mi puesto, ganaré el espacio necesario por mí misma.

La expresión en el rostro de él evidenció que no creía una sola sílaba de lo escuchado; sin embargo su voz se suavizó.

— Escucha, estás tomando esto de una forma muy precipitada y sentimental; si se trata de algo tan importante para ti, no puedes tomar una decisión con el corazón, sino con la cabeza, y fría. Dejaremos esta conversación pendiente y hablaremos mañana, con tranquilidad.

Pasó a su lado y terminó la proyección en la ventana, con lo que la sala quedó iluminada sólo por los tenues haces de las paredes y techo. Maud se sintió colérica, tratada como una niña pequeña que ha estado pidiendo demasiadas veces otra ración de postre.

—No, esta conversación no ha terminado.
—Maud por favor.
—No. Ian, eres mi novio y sabes que te amo, pero no puedes tomar decisiones por mí ni mucho menos decidir en qué momento vamos a hablar.

Él la miró con una sonrisa indescifrable en el rostro.

—Cuando demuestres carácter luces muy bonita.
—Eso no es un halago, así que no voy a darte las gracias. Ahora quiero que me digas por qué es que te parece una idea tan mala que vaya a Sten mor y por qué te comportas de esta manera.

La sonrisa en el rostro del hombre desapareció.

—Está bien, si quieres ponerlo en esos términos; eres una mujer talentosa, bonita y estoy seguro de que tendrás un futuro en las Artes, pero no eres una estrella. Nunca serás la primera actriz en un evento de gran envergadura, ni tu imagen estará en las portadas de las revistas más importantes. Lo que crees que vas a hacer saliendo de la ciudad no está apegado a la realidad, es una ilusión, y es por eso que debes quedarte aquí, trabajando de forma constante, porque con eso podrás estar siempre presente en los montajes artísticos, o más adelante como parte de un elenco.

Mientras lo escuchaba, Maud asintió una inexplicable sensación, muy fuerte y al mismo tiempo dolorosa. Pero reaccionó, a tiempo para evitar que una risa histérica saliera de ella, y para entender que todo eso estaba pasando en realidad. Sintió que un frío desolador pasaba por cada músculo de su cuerpo, un aire que le decía que el hombre al que amaba era alguien a quien ella en realidad no conocía. Ian siguió hablando con la misma frialdad, y ella se preguntó si valdría la pena replicar a lo que él estaba diciendo ¿para que argumentara que sus palabras eran fruto de la ingenuidad, de la histeria?

— ¿Sabes una cosa? —dijo de pronto, interrumpiendo sus palabras— Tienes razón en algo, he sido muy ingenua.

Algo en el tono de su voz, o quizás en su expresión, hizo que él guardara un silencio expectante. Sin embargo, ella no dijo nada más, y sin esperar, volteó hacia la salida, teniendo la precaución de tomar el bolso de mano con el que estaba antes de llegar. Escuchó que él la llamaba, pero no se detuvo y entró al ascensor sin mirar atrás. Nada de gritos o carreras en mitad de la calle nocturna, él ni siquiera apareció siguiéndola ¿Se habría quedado en el departamento, asumiendo que la rabieta pasaría y ella regresaría llorando a buscar consuelo en sus brazos?  Abordó el primer vehículo de traslado que pasó junto a ella y dio instrucción de ir hacia un hotel en donde pasar la noche ¿Y por qué no en su departamento? Se dijo a sí misma que ese momento no disponía de las fuerzas necesarias para ¿Para qué? ¿Qué era lo que pretendía hacer? En esos instantes, mientras veía pasar las calles a gran velocidad, sólo sabía de forma concreta que no quería ver ni escuchar a Ian, y que sus palabras habían conseguido herirla, no por tratarse de sus capacidades como artista, sino porque la hacían ver como una chica tonta y sin ningún tipo de profundidad. Sabía que no quería, que no merecía ser tratada de esa manera pero ¿Qué había del amor entre ambos? Sintió un estremecimiento al pensar en que esa pregunta, por sí sola, ponía en cuestión todo lo que de una u otra forma tuviera que ver con él, haciendo que se preguntara si el amor que tuvieron era en realidad lo que parecía ¿podía amar una persona a alguien de quien tuviera semejante concepto?
Decidió no pensar en eso en aquel momento, y ocuparse de un asunto práctico como alojar y dormir. Y se dijo que no iba a llorar.



Próximo capítulo: Lena