No vayas a casa Capítulo 31: Sé que me escuchas




Los peritos tuvieron que llevarse el cuerpo de Vicente para realizar una serie de análisis, pero por suerte no fue necesario hacer lo mismo en el caso del pequeño: el doctor que llegó al lugar de los hechos confirmó que la muerte se había debido a un ataque al corazón y no a agentes externos, por lo que permitieron que se quedara junto con Iris; ella estaba muy callada, y se limitó a trasladarlo del baño al cuarto de invitados, y a afirmar que no iba a estar en su cuarto ni en el matrimonial. Juan Miguel se encargó de llamar a los padres de Vicente y la madre de Iris, y de dar la mala noticia antes que se enteraran por las noticias de aquella situación tan dramática. Antes de mediodía, sin embargo, mientras la casa aún estaba acordonada y sólo había llegado la madre de Iris, recibieron una noticia que cambió todo el panorama: la policía recibió la información de un crimen ocurrido fuera de la ciudad, en un sanatorio para enfermos incapaces de valerse por sí mismos; lo que relacionaba a este crimen con ellos es que la descripción del intruso que cometió el acto coincidía con la de Vicente durante la jornada anterior, y además de eso, su automóvil había sido visto en las cercanías. Juan Miguel optó por impedir que esta información llegara a Iris, lo cual no fue tan complejo considerando que ella estaba recluida en el cuarto de invitados, pero no podía hacer nada respecto a su madre.
Gloria parecía mucho mayor de lo que era, y definitivamente muchísimo más alejada de la imagen que él tenía de ella del pasado; cierto era que la había visto cinco años atrás o así, pero en realidad el cambio en su persona era profundo: llevaba el cabello corto, encanecido hasta un tono gris casi por completo, que se veía deslucido y sin brillo; de constitución antes recia, ahora parecía demasiado delgada, un poco encorvada y sin fuerzas, aunque de todo, la expresión de sus ojos era lo que reflejaba con más claridad el estado en el que se encontraba. Recibió la noticia por teléfono con una extraña tranquilidad, que quizás tuvo su explicación en las palabras que dijo antes de despedirse de la comunicación a distancia “aún puedo sentir tristeza, pero ya no es lo mismo”

— ¿Están seguros de que él fue el responsable?

La pregunta era retórica, pero dicha con más entereza moral que la que demostraba su aspecto; la policía confirmó el hecho.

—Lo lamento mucho. Lo cierto es que él, en efecto, ha sido reconocido por las fotografías, y tenemos la confirmación del automóvil en el lugar de los hechos.
—Gracias.

Sucedió un largo silencio, en el que ella, sentada en el sofá y él, a un lado sin acercarse, no dijeron nada. El tiempo parecía detenerse por momentos mientras no entraba ningún oficial en la casa.

—Era tan pequeño –dijo de pronto—, estaba tan lleno de vida, pero al parecer no pudo soportar lo que vivió.

No estaba haciendo una pregunta, y de hecho, a él le pareció que ni siquiera estaba hablando enteramente de su nieto; de cualquier forma, su esposo había muerto en trágicas circunstancias también.

— ¿No deberíamos acompañar a Iris de alguna manera?
—No hay nada que podamos hacer por ella –replicó la mujer, quien al decirlo pareció más anciana y cansada—. Iris quiere estar sola, y yo lo respeto: el dolor que está sintiendo es algo que no conozco,  yo perdí un esposo, pero jamás un hijo.
—Pero ella va a necesitar ayuda y compañía.
—Y la tendrá, de las personas que la queremos, pero no ahora. Ésta a solas con el cuerpo… —hizo una pausa, atenazada por la tristeza, pero logró controlarse–, de su hijo, es natural que quiera estar sola; los hijos son un tipo de amor distinto a cualquier otro en el mundo, porque hay algo animal en esa conexión. Por eso es que las madres, y algunos padres también, podemos saber cosas de nuestros hijos que no tienen explicación.
—No puedes mentirme, soy tu madre.

Lo dijo casi sin pensar, pero era el recuerdo de una de las frases favoritas de su madre. Y estaba esa mirada, esa inexplicable expresión que le decía “Sé que está pasando algo. Puedes negarlo, pero yo sé que es así”

— Sí, eso mismo. Iris siempre ha sido una mujer muy fuerte e independiente, lo fue desde niña; ella sabe lo que quiere, y lucha de forma honesta por hacer las cosas siguiendo su corazón. Es una persona compasiva, que puede ponerse es el lugar del otro, y entender mucho más allá de lo que parece; pero esa fortaleza también puede ser considerada una debilidad, porque se involucra con todo. Le importa. Y ahora que ha pasado esto, no sé realmente qué pueda pasar en el futuro.

Juan Miguel había estado retrasando la pregunta, pero no tenía más opción que hacerla; estaba tan involucrado ahora que tenía que enfrentar la situación de cara, no de costado.

— ¿Va a decirle lo que pasó en ese sanatorio?
—No tiene sentido no hacerlo, lo sabrá de todos modos –reflexionó la mujer en voz baja, en un tono casi inaudible—. Pero no necesita saberlo ahora. Su esposo, el padre de su hijo, el hombre al que amó con tanta fuerza está en los archivos de la policía, o como se llamen, y han descubierto que cometió un asesinato contra una persona indefensa; eso es algo terrible, pero Vicente intentó matarla a ella y a Benjamín, y en cierta forma lo logró con él ¿Qué importancia tiene en comparación con eso lo que haya podido hacerle a un desconocido? Ahora mismo, la haría sentirse peor y no quiero que pase por eso. Además, Iris necesita aprovechar el poco tiempo del que dispone.

Juan Miguel asintió en silencio. En eso tenía razón, porque luego, con la llegada de más personas allegadas, y a partir del momento en que los especialistas de la policía terminaran de recolectar las pruebas, el espacio íntimo de esa casa quedaría terminado para siempre; la armonía y el universo propio estaban destruidos de forma irremediable, pero la llegada de más individuos quebraría lo poco que quedaba.

—Quizás debería llamar a un servicio especializado.
—Lo hice mientras venía de camino –replicó ella con aire ausente—. Aunque en realidad se trata de la empresa que contraté cuando al padre de Iris enfermó, fue una precaución familiar que tomamos en un momento en que él aún estaba lúcido; así que sólo tuve que llamarles y decir que los necesitaba de nuevo.

¿Qué sucedería con Vicente? Su cuerpo estaba en manos de los especialistas, que tendrían que confirmar que su muerte se debió a la legítima defensa llevada a cabo por Iris en un momento de extremo peligro, pero luego de eso, se tendría que hacer algo ¿Se encargarían los padres de él, que venían de camino al recibir la triste noticia? Como si leyera su mente, Gloria hizo un comentario acorde tras un nuevo silencio.

—Gracias por avisarle a los padres de Vicente por mí. Has sido de un valor incalculable para nosotras.
—No hay nada que agradecer. Me habría gustado hacer más.
—Si nadie pudo hacer nada en el caso de su padre ¿cómo podría haber sido en este? Hablé con Iris un par de días antes, me contó lo del cambio de trabajo de Vicente y algunas otras cosas, estuvimos hablando. Y no había nada que me hiciera sospechar ¡Por Dios! Que la hiciera sospechar a ella misma que estaba pasando algo tan grande mientras conversábamos ¿Cómo podrías haberlo sabido tú? Lo que sea que haya pasado por la mente de Vicente, sin duda fue algo que radie habría podido prever.

Él asintió, aunque sin sentirse seguro del todo. Recordaba su conversación con ella, la forma en que estaba preocupada por él y cómo ambos comenzaron a atar algunos cabos; Sin embargo, para ese momento Vicente ya estaba desaparecido, por lo que cualquier hecho anterior podía interpretarse de otra forma distinta a la original, aun cuando esto no fuera así.
Recordó que cuando se reunieron para nadar, él notó un moretón en una pierna en Vicente, y aunque por deformación profesional le habría preguntado a qué se debía, no lo hizo porque la conversación tomó un curso diferente, sin embargo esto no revestía una mayor importancia por sí mismo; al verlo en retrospectiva y por el lugar en donde el golpe estaba ubicado, resultaba sencillo sospechar de ello, ya que era del tipo de golpe que no se produce por una simple caída, sino por la acción en medio de una pelea, o por causa de un ataque. Y, por supuesto, al saber que Vicente estaba desaparecido, lo normal era suponer que esa herida de un día pasado podido deberse a alguna acción fuera de lo normal, pero lo concreto era que en el momento indicado no tenía nada. No podía dejar de ver en su cabeza el rostro de Vicente, desfigurado en una mueca tan violenta como ajena a él, algo que se había convertido en la máscara de su muerte y en un recuerdo que tendría que luchar par disociar de su amigo.


2


El cuarto de invitados era el único sitio de la cosa que no estaba decorado ni personalizado; aunque no eran en realidad una familia que acostumbrara invitar gente, resultó una idea óptima y que podía permitirse por el espacio interior, cuidando además de la intimidad del matrimonio, ya que se encontraría en el primer piso. En el futuro fue útil ante alguna visita familiar o reunión con amigos cercanos, pero siempre se mantuvo la idea de una estética interior minimalista que procurara comodidad, pero manteniendo una sutil distancia con el resto de la propiedad, por lo que tenía el mobiliario básico, y tanto las paredes como las cortinas eran de colores claros para permitir una mejor iluminación y descanso. Iris entró en ella con el cuerpo en brazos, aunque sin abrazarlo, y lo depositó con sumo cuidado en la blanca cama, para después tener movilidad y poder acercar una silla, que puso de forma silenciosa junto al lecho.
La oficial de policía, muy correcta y comprensiva, en cuanto la vio en el baño junto al cuerpo, actuó de forma muy humanitaria, y le hizo las mínimas preguntas, además de acompañarla en todo momento.

—Señora ¿Puede escucharme?
—Sí, escucho.
—Voy a acercarme ahora ¿Querría ponerse de pie, por favor?
—Está muerto –replicó ella, la vista perdida en la nada—, está muerto, ya no respira.

La mujer no dijo nada durante unos segundos, momento a en el que ella comprendió que no estaba sola; claro que no, los policías siempre iban en parejas. Acompañados en los momentos más difíciles. Escuchó que murmuraba algo, y luego unos pasos silenciosos se dejaban escuchar en el pasillo. La mujer policía la rodeó, y se inclinó sobre el suelo, acaso para poder establecer contacto visual, para no parecer una figura de poder ante ella, o ambas. Dirigió una rápida mirada al pequeño cuerpo recostado boca arriba en el borde de la bañera, pero se concentró en ella.

—Señora, está herida, déjeme ayudarla aponerse de pie.

Iris no reaccionó ante estas palabras; sentía que no podía sentir nada.

—Está muerto.
— ¿Puede decirme lo que pasó?

Iris guardó silencio un momento, el que se tomó para observar a la mujer. Era joven, tendría treinta a lo sumo, pero su expresión compasiva y su mirada determinada hablaban mucho de su experiencia. Si bien era cierto que el otro oficial estuviera haciéndose cargo del cuerpo en el primer piso, ella en ese instante estaba dedicándole toda su atención. Tal vez comprendiera.

—Él intento matarnos, entró en la casa con esa intención.
— ¿Se refiere al hombre?
—Fue mi esposo, pero en ese momento ya no lo era. Era un monstruo.

La mujer hizo un leve asentimiento, suficiente para darle confianza, pero no válido como confirmación.

— ¿Cuál era su nombre?
—Se llamaba Vicente.
— ¿Qué ocurrió cuando llegó, puede decírmelo?
—Tendré que decirlo de todos modos –replicó ella agriamente—. Vicente desapareció; y cuando volvió en la madrugada, con esas heridas… no era él, ya no era más él.

La oficial había escuchado eso antes; el punto de quiebre en que una persona pasaba al otro lado de una línea invisible dejaba de ser a quien todos habían conocido Esa también era su experiencia en el trabajo que realizaba.

— ¿La atacó?
—Su principal objetivo era Benjamín.
— ¿Se lo dijo?
—Sí –afirmó sin un ápice de duda—. Intenté detenerlo, pero tenía tanta fuerza…
—Usted intentó detenerlo.
—Sólo me importaba mi hijo —repuso con lentitud–. Él estaba en el segundo piso y cuando corrió hacia él, yo sólo necesitaba detenerlo el tiempo suficiente, sólo lo necesario para que alcanzara a salir de la casa.

Hizo una pausa, en la que la oficial paseó la mirada por los distintos golpes que tenía en la cara. Todo estaba tan silencioso en ese cuarto de baño, que por momento parecía no haber nadie.

—Dígame qué sucedió, después.
—Me golpeó, pero yo lo sujeté, le grité a Benjamín que corriera, que escapara de aquí. Después fue todo tan rápido, él se arrojó contra mi hijo y… yo intenté arrebatarle el cuchillo; forcejeamos, él tenía tanta fuerza y… después sólo ocurrió.
— ¿Quién tenía el cuchillo?
—Estaba en el suelo.
— ¿Usted lo tomó, o fue él?
—Yo lo tomé, fue lo único que se me ocurrió. Pero no quería que pasara esto, yo sólo… sólo quería que mi hijo estuviera a salvo, pero no pudo correr lo suficientemente rápido. Creo que el miedo fue demasiado para él y yo…yo debí haberlo salvado.

La mujer policía desvió la mirada hacia el cuerpo del pequeño, que estaba de espalda sobre el costado de la bañera, con el cuerpo mojado y los ojos cerrados en una inconfundible expresión de dolor; pero, aún con eso, tenía que hacer otra pregunta más.

— ¿Por qué lo trajo aquí?
—No quería que estuviera así, que la sangre… no quería que nadie lo tocara, que nadie volviera a hacerle daño jamás.

Hizo una nueva pausa, que la policía interpretó de la manera correcta. Le preguntó con mucha cautela si estaba en condiciones de moverse, y le hizo ver que tenían que salir de ese sitio, que no podía quedarse con el pequeño cuerpo ahí de forma indefinida. Sugirió llevarlo al cuarto contiguo, pero Iris se negó, y le dijo que lo llevaría al cuarto en el primer piso, que ahí estarían tranquilos.

—No quiero que se lo lleven.
—Vendrá un médico a comprobar lo que ha sucedido.
—Pero  no pueden llevárselo.

La oficial sabía que no dependía de ella decidir eso; en cualquier suceso violento, era necesario realizar exámenes sobre los cuerpos, los que de seguro se harían en el que estaba en el primer piso, aunque no con tanta seguridad en el del pequeño. Comprendió que al existir la posibilidad de muerte por un ataque al corazón, había una opción de que se determinara la causa de muerte en el sitio y no fuera necesario realizar otra clase de exámenes tanatológicos.

—Hablaré con las personas indicadas, pero debe comprender que es probable que sea necesario.
— ¿Se lo van a llevar?

Tardó  un instante en comprender que estaba hablando del cuerpo de Vicente en el primer piso.

—Sí, será necesario. También será necesario que usted haga una declaración oficial, pero de momento puede esperar. ¿Necesita ayuda para ponerse de pie?
—No.

El gesto físico demostraba con más énfasis que las palabras, y la policía, entendida en la materia, no hizo ademán de acercarse, dejando que Iris tomara el pequeño cuerpo y bajara junto con ella uno a uno, los peldaños.

—Necesito estar a solas en el cuarto.

De eso ya había pasado algún tiempo.


3


¿Dónde estaba? De pronto todo se volvió oscuro, y no supo con exactitud lo que había sucedido, hasta que un instante después los recuerdos volvieron de golpe: estaba en el cuarto de baño, dominado por la fuerza física de ella que era superior a la de ese nuevo cuerpo que tenía, pero se dio cuenta de que la mujer estaba en el límite de sus fuerzas; de alguna forma inexplicable, ella había descubierto la verdad, había visto en él y llegado hasta donde jamás nadie antes, hasta la realidad de quién era él en realidad, más allá de lo que pudiera decir, y cuando lo supo, entendió también que su hijo no estaba en ese cuerpo, lo que desde luego la llevó al extremo que él estaba esperando. Eso era lo que necesitaba, que estuviera frágil, que llegara a un punto en donde nada más importara, y estuviera dispuesta a todo, incluso a sacrificarse con tal de conseguir que su hijo regresara; y él se lo prometió, le dijo que lo traería devuelta, con lo que estableció un nexo entre ambos, la conexión necesaria para que la determinación de la mujer cediera, y la duda en su mente diera espacio a la debilidad suficiente. Tocó sus brazos y la vio estremecerse, y descubrió con alivio que ya estaba hecho, que faltaba sólo un paso más y todo estaría terminado.
Sin embargo, ahora, todo estaba oscuro.

—Sé que me escuchas.

Sintió una especie de sobresalto al escuchar este voz: se trataba de una voz serena, desprovista de sentimientos, que hablaba de una forma monótona, plana y sin emoción, pero que a la vez transmitía algo doloroso, algo que le hacía daño a él ¿De qué se trataba?

—Sé que estás escuchándome.

¿Dónde estaba, porqué estaba tan oscuro?

—Estás en el cuerpo de mi hijo. Está muerto.

Escuchar eso hizo que las imágenes aparecieran de golpe en su mente; el contacto estaba establecido, sólo era necesario terminar con el proceso, concentrarse al máximo como lo había hecho minutos antes, y tomar nuevamente el lugar correspondiente en donde estaría otra vez seguro. Pero algo cambió, ella no cedió a los intentos de él, ni se dejó doblegar como un momento antes había previsto y sentido, y en cambio, volvió a sumergirlo en el agua.
Y gritó.
Gritó porque sintió que lo que estaba pasando era opuesto a las dos veces anteriores, porque algo horadaba su entendimiento y su capacidad por completo, dejándolo vulnerable, enfrentado a algo que no era capaz de identificar con claridad. Estaba sucediendo algo, se estaba estableciendo una conexión entre ambos, pero se trataba de algo que nunca antes había conocido, algo que estaba doliendo mucho, y que no dependía de él ¿cómo era posible llegar hasta un nivel como ese? Luchó por mantener el control, por hacerse del lugar en ella, pero la fuerza inexplicable que venía desde su interior era como el oleaje, como el agua en la que estaba inmerso, que llenaba todo  espacio sin poder oponer resistencia. El grito que emitió permitió que el agua entrara con más rapidez, y llegó hasta la garganta, cubrió ojos y oídos, y bañó la piel con una sensación que era al mismo tiempo suave, y aterradora. Luchó con más fuerza, y trató con todas sus ganas de llegar al objetivo, entrar en la mente de ella y quedarse ahí para siempre, de forma irrevocable. Utilizó toda su fuerza, y se dijo que no sería vencido con tal facilidad, que había superado demasiadas cosas como para darse por vencido con facilidad. Entró en la mente de Vicente tras una cuidadosa planeación, y en la de ese niño en un momento crítico ¿Cómo podía perder a esta oportunidad, teniendo la ventaja de la experiencia y el conocimiento previo?

—Estás muerto.

¿Por qué estaba otra vez dentro de la oscuridad?

—Porque estás muerto.

Sintió una nueva oleada de pánico ¡Estaba respondiendo a su pregunta!

—Pero tú ya sabes lo que es la muerte. Tú la causaste antes. Tú eres el responsable de la muerte de Vicente, y también de Benjamín.

Esa voz era demasiado calma y segura, transmitía un convencimiento absoluto que demostraba que, en efecto, tenía conocimiento de lo que hablaba, y no dudaba de ello. El agua seguía estando por todas partes, y no podía respirar, no podía utilizar la fuerza física porque ese cuerpo simplemente no la tenía.

— ¿Tienes miedo?

No, no era posible, lo que decía tenía que ser producto de su miedo y confusión ¡Eso era! Estaba sujetándolo aún, y mantenía sus ojos cerrados para seguir manteniendo el control y con eso, tratar de ganar.

—No te mientas. Sabes bien que no es eso.

Se dijo que debía volver a su centro, recuperar la concentración y tomar el control de la situación; no importaba de qué artimaña se tratara, no podía ganarle.

— ¿Él supo lo que le hiciste?

¿Qué? No entendió a qué se refería, pero de seguro era parte de su desesperado intento por controlarlo; no la dejaría, al final él se impondría, al igual que en el pasado.

— ¿Qué eres, una especie de parásito?

Esa oscuridad no podía ser lo que aparentaba, sólo era un truco, ocasionado por la persistente mirada de ella, pero nada más.

—No, no es un truco. No puedes ver porque los ojos del cuerpo de mi hijo están cerrados. Porque su corazón dejó de latir, y nunca más lo hará.

Sólo en ese momento prestó atención a eso, y sintió que todo cambiaba por completo. Cuando entró en el cuerpo de Vicente y lo destruyó, tuvo la oportunidad, por primera vez, de sentir lo que era tener un cuerpo que se movía, no esa asquerosa cáscara en la que había estado tanto tiempo; y, entre muchas otras cosas, supo lo que era ver, respirar por sí mismo, escuchar en los oídos el sonido de la voz, e internamente el latido del corazón. Ahora sólo había silencio.

Iris estaba aún sentada en la silla, junto a la cama. Ahora todo era mucho más concreto, porque sabía lo que estaba sucediendo, a diferencia de antes. Ahora no había inseguridad, ni miedo, ni siquiera un poco de temor ante el suceso por completo extraordinario que se estaba dando; era algo superior a ella, como si con la desaparición de su hijo se hubieran secado las lágrimas y las energías para sentir algo dentro de ella. En el momento en que lo sumergió por última vez, sabía a ciencia  cierta que ya no se trataba de su hijo, sino de algo que no podía identificar con claridad, pero que de alguna manera existía, y que había causado la extinción de la vida de Benjamín ¿Sería ese el término correcto? Extinción de la vida sonaba impersonal, pero era acaso más correcto que decir muerte, porque hasta que su cuerpo no lo estuviera, de alguna forma no estaría muerto en realidad, siempre quedaría algo de él en su presencia. Y, mientras lo mantenía sumergido, ocurrió algo que supo desde el primer instante, nunca podría decirle a nadie, porque nadie lo creería. Ocurrió que vio dentro de él, que lo que un momento antes había sido la confirmación de todo a través del acto de mirar en sus ojos, ahora se expandía a un nivel mucho mayor, más complejo y completo. Tal vez estaba sosteniendo el cuerpo de su hijo, pero en su mente estaba viendo en la de alguien más, alguien horrible y amenazador: no tenía una forma específica, no era algo o alguien a quien conociera o pudiera identificar, pero estaba ahí, dentro del cuerpo de su hijo. Sintió un dolor imposible de explicar cuando comprendió que el hecho de que esa cosa estuviera ahí, que ella no pudiera ver a su hijo en sus ojos, significaba que lo había perdido, que le había sido arrebatado casi enfrente de sus ojos, y que nada lo traería de vuelta. Comprendió también, que la maldad que habitaba en ese ser que ocupaba ahora su lugar era tal, que no sólo había destruido a un niño inocente, sino que era capaz de utilizar su cuerpo como hábitat, y su recuerdo como arma. Había dicho “Si me dejas ir, lo traeré de vuelta” y con eso había dicho de su naturaleza mucho más que con cualquier otro acto.

—Fuiste por Vicente en primer lugar –declaró con simpleza, sin un asomo de sentimiento en la voz—,  y luego de él fuiste por mi hijo ¿Quién seguía, yo? ¿Por qué nosotros?

No iba a haber respuesta. Existía ahora alguna clase de conexión, pero en la que ella podía ver y transmitir, pero no recibir información; y de una forma sabía que estaba siendo escuchada. Pero al pensar en esto, entendió que en realidad sí podía conseguir información, sólo que no sería a través de respuestas, sino de los pensamientos de ese ser.

—Ahora sé algo, algo que no sabía hace poco; quisiste hacer una conexión conmigo, y lo lograste, pero parece que no de la forma en que tú querías.

Durante un momento quiso ponerse de pie, y gritarle lo que estaba pensando, pero se dijo que eso no sólo no era viable, sino que además sería ridículo, y pondría en riesgo la débil intimidad que mantenía, y que no iba a durar mucho tiempo. Tenía que aprovechar cada segundo.

—Voy a averiguar todo por mí misma.
—Por favor no lo hagas.

Había aprendido en un instante a convertir los pensamientos en palabras, para que a pesar de no poder hablarle a su mente, ella leyera lo que pasaba en el interior de ese inexplicable ser, lo que quería decir sin duda, que ya lo había hecho antes.

— ¿Por qué razón no lo haría?
—Es lo único que tengo –rogó la voz—. No tengo nada más.

Antes creyó que nunca volvería a sonreír, pero ahora supo que sí podía hacerlo. Una sonrisa demencial, en cualquier caso, pero que se transmitía al interior de su mente, volviéndola feroz y violenta. Por primera vez desde que tuvo la seguridad de lo que había pasado, supo que esa historia, en realidad no había terminado para ella.

—Oh, pero tú sí pudiste estar en ellos ¿verdad? Te metiste en la cabeza de Vicente ¿Así fue como lo llevaste a la locura? ¿Así fue como lo usaste para llegar hasta mi hijo, y asesinarlo? Voy a saber toda la verdad ¿Querías hacer conexión conmigo? Ya la hiciste, ahora voy a entrar en ese pozo negro que eres, y lo voy a averiguar.
—No me hagas daño.

Iris ahogó una risa enloquecida.

—No puedo hacerte daño. Después de todo, eres sólo un producto de mi imaginación, proyectado en el cuerpo de mi hijo.
—No lo hagas.

Contuvo la respiración, y miró más allá del cuerpo inerte sobre las sábanas blancas. Y sintió que ahí, en algún sitio, en medio de la nada, se escuchaba un grito.



Próximo capítulo: Aunque no me veas