Academia de piedra Capítulo 27: Regreso a la normalidad



Torre amarilla. Viernes 02 julio.

—Buenos días Maud.
—Buenos días Julio.

Once treinta y dos, y la clase de lenguaje había terminado, por lo que el camino indicaba que debía dirigirse a la Torre celeste para la clase de Diseño, en donde se realizaría una comparativa de pre proyectos sobre la proyección indicada por Anastasia, relacionada con la construcción de una historia ficticia en torno a un acontecimiento histórico real de la historia del país. La ucronía en cuestión tenía que ser consistente con determinados requerimientos, los que hacían que se tratara de algo mucho más complejo de llevar a cabo.

—Hola Maud.
—Esteban, qué sorpresa verte aquí.

Él lucía un poco agitado, pero en ningún caso cansado.

—Vine corriendo porque tengo que tomar unos datos —replicó mientras cruzaban el pasillo en direcciones opuestas—, descubrí que tergo una ligera discalculia, me van a ayudar con eso. Y me voy corriendo a Trabajo en grupo.
—Seguro que va a ser una clase muy entretenida.
—Eso es seguro.

La clase de la que él hablaba era una de las pocas de especialidad en donde coincidían estudiantes de dos carreras diferentes, siendo ella de Artes múltiples y él de Artes físicas, aunque no la desarrollaban en el mismo momento; la clase de Trabajo en equipo, donde seguramente tendría lugar alguna dinámica especial, era impartida por Variff, quien tenía la costumbre de dividir su tiempo entre una dinámica sorpresa y teoría, y la primera de las dos podía ir desde cantar hasta hacer crucigramas, de forma que era fundamental mantenerse siempre alerta. Tomó el ascensor y llegó en un instante al primer piso, saliendo a una mañana despejada, luminosa y carente de viento: en las calles abiertas de la academia reinaba un agradable silencio interrumpido solo por algunos murmullos lejanos.

—Oskar...

Sintió un nudo en la boca del estómago al murmurar su nombre; parecía realmente imposible que él no estuviera allí, que algunas horas después de esa atroz mañana, ella estuviera ahí, en un sitio donde él yo no estaría más. ¿Sería posible que, de pronto, volteara sorprendida cuando él, a no mucha distancia, la saludara mencionando su nombre? Se trataría de una pesadilla, una fantasía perversa creada por su mente mientras dormía, un juego cruel pero sin consecuencias, formado en torno al cuerpo y nombre de un hombre que se estaba convirtiendo poco a poco en alguien especial para ella, por causa de trozos de recuerdos y experiencias con los que en su momento no supo, no pudo o no quiso lidiar, dando sustancia a una imagen tridimensional, palpable y audible, con la misma intensidad que la realidad misma; durante unos momentos, tuvo la atroz idea de quedarse ahí, de pie en la mitad de la nada, simplemente esperando, sintiendo que si lo hacía, si tal vez se quedaba muy quieta y sin respirar, quizás el conjuro que había hecho caer la tristeza quedaría sin valor, rompiendo esa falsa realidad en pedazos, sólo con escuchar un timbre de voz que le era familiar. Pero ese instante de desesperación pura pasó, y la razón encontró el sitio que había perdido, diciendo que las cosas ya eran de cierto modo, que bien o mal, el mundo seguía girando, y ningún poder sería capaz de revertir los hechos que estaban constatados; que ni todo el silencio de la eternidad haría posible escuchar nuevamente esa voz ahí, o en cualquier otro sitio.



2


Mauren había entrado en la sala donde, dentro de pocos minutos, comenzaría Dirección corporativa, una de sus asignaturas preferidas en la academia; desde antes de entrar en Sten mor, ella conocía lo que era dirigir una empresa, ya que se hizo cargo del negocio de la familia. Pero Dirección corporativa era exactamente lo que quería, el enfoque necesario para llegar hasta lo más alto: se trataba de coordinar todas las acciones dependientes en una empresa multipropósito, gestionando los recursos, asignando tareas y generando sinergias apropiadas para que los departamentos puedan desarrollar sus funciones de la manera apropiada, incluyendo a aquellos que no tienen relación entre ellos. Para poder dirigir correctamente, era necesario manejar información concreta tanto de cada uno de los departamentos, como de la integración de la marca; una vez que saliera de la academia, podría dirigir una gran empresa, trasladarse a Pristo y comenzar una carrera fuerte en el mundo de los negocios, donde estaba su esencia, su centro.
Recordó lo que había pasado el día anterior, y eso hizo que saliera de su centro por un momento. Apenas cruzó algunas palabras con Oskar en los meses que estuvo estudiando en el mismo sitio que ella, así que no tenía una idea clara de él; en realidad, no tenía ninguna idea; era como si en todo ese tiempo, un gran número de estudiantes no fueran más que parte del paisaje, quedando atrás de los objetivos que eran primordiales para ella.

—Buenos días Mauren.
—Buenos días Joaquín.

Joaquín era el maestro de especialidad perfecto para su punto de vista; tenía poco menos de cincuenta, era elegante, esbelto, y siempre iba vestido con camisa y pantalón formal, muy a la moda. Usaba el cabello con un corte bastante tradicional y lo peinaba hacia atrás, dejado el rostro despejado, atento y sólo un poco severo; hablaba rápido y estaba siempre pendiente de todos los detalles ambientales en clase, los que usaba como auxiliares para referencias o ejemplos prácticos.

— ¿Te importa si te hago una pregunta?
—En absoluto, te escucho.
— ¿Cuándo había muerto antes alguien en esta academia?

Rápido de reacción, el hombre apenas tuvo un fugaz pestañeo, y en contra de lo que quizás habría dicho alguien más, tomó la decisión inmediata de ir directo al punto.

—Uno de nosotros, Arki, Murió hace dos años.
— ¿Cómo sucedió?

El hombre se había sentado ante su escritorio, y la miró con detención, aunque sin dejar de hablar.

—Edad. Tenía 123, era lógico que sucediera, lo único que hizo alguna diferencia es que él no quiso retirarse: habló con el alto mando, y les dijo que quería estar aquí hasta el final.
— ¿Durante cuánto tiempo fue maestro aquí?
— ¿Cuánto? —esbozó una sonrisa—, no lo recuerdo con exactitud, cuarenta y cinco, cincuenta años, durante mucho tiempo existía la idea de que la academia la fundaron en torno a él, y que cuando ya no estuviera, todos nos quedaríamos sin trabajo.

Darius, en uno de sus incontables momentos de divagación, había hablado de dos maestros ancianos, Arki y Aben, a quienes llamaba reliquias, con un tono sorprendentemente amistoso para alguien que constantemente se toma todo muy a la ligera. Dijo, más concretamente, que Aben había sido maestro suyo y de Omar, aunque sin entregar mayores detalles.

—Pero eso no pasó.
—Claro que no.
— ¿Y cuál fue la reacción de todos, cómo sucedió?
—Fue algo muy tranquilo. Era una mañana de mayo, dijo que no se sentía bien y que iría a su cuarto, así que Jael lo acompañó, ella lo admiraba mucho; poco después ella dio un aviso, y fue un equipo médico a hacerse cargo de todo. Estaba muy tranquilo, grabó un saludo para maestros y estudiantes, y luego simplemente se durmió. Se hizo una ceremonia en su honor, por supuesto.

Lo que él relataba se parecía más a la idea que ella tenía de una muerte, algo que no tenía relación ninguna con lo sucedido la jornada anterior. Poco antes del mediodía, con la jornada de clases suspendida por los eventos ocurridos, todos fueron avisados de que los procedimientos estaban terminados, y que Priscilla tenía permitidas visitas breves: Itiel, Naro, Sebastián, Esteban, Luz, Lena, León, Amber, Lucio, Serene e Isabelle fueron en esa dirección, algo esperable en casi todos los casos, excepto en el de la rubia, quien aparentemente sólo iba para cumplir con una especie de protocolo.

— ¿Te sientes afectada por lo que le pasó a Oskar?
—No directamente —replicó ella, frunciendo el ceño—. Casi no lo conocí, es imposible que sienta algo fuerte ¿Entiendes a lo que me refiero?
—Lo entiendo.
—Pero claro que hay algo que me afecta en todo esto, no puedo mentir. Es increíble que haya sucedido, es algo que no se me habría ocurrido jamás; es tan violento que ocurra algo así. No quiero parecer sentimental, es sólo que aunque él no era mi amigo, no puedo sacarme de la cabeza todo lo que pasó; ayer me dije una y otra vez que era normal, que después del día en que pasó, con el nerviosismo y la confusión, luego que Priscilla lo descubriera y todo lo que pasó después, incluso cuando llegó la familia a buscar su cuerpo, el primer día tras su muerte era lógico estar pensando en eso todo el tiempo, pero ahora es como si siguiera siendo el mismo momento.

El maestro hizo una pausa antes de replicar a sus palabras; resultaba evidente que no estaba cómodo con esa parte de la conversación, pero no iba a dejar de enfrentarla.

—Lo que te está pasando es algo normal; cuando ocurre algo que no está dentro de lo que conocemos, si se trata de un hecho triste o violento, esa situación ocupa nuestra mente con mucha más fuerza que cualquier otra cosa, porque la existencia de aquello que cambia el paradigma es una amenaza para la estabilidad de tu propio esquema de vida. Como ejemplo, si te haces un corte en un dedo de la mano con que eres diestra, tu percepción de ese dolor será mucho más grave que si no lo Fuera, porque ese corte pone en riesgo la tranquilidad que necesitas para utilizarla.
—Entonces no debería preocuparme por sentirme así.
—Yo diría que te lo tomes con calma, pero sin dejar de prestar atención a cómo va evolucionando lo que sientes al respecto, eres una chica fuerte, sabrás enfrentarlo bien.

No era exactamente un elogio, pero ella lo recibió muy bien.


3


Residencia.

—Permiso.

lrene entró en el cuarto de Priscilla, quien en esos momentos permanecía recostada en su cama; lucía cansada y ojerosa, pero esbozó una sonrisa al verla.

—Hola.
—No es necesario que vengas entre clases, vas a estar muy presionada yendo de un sitio a otro.
—Pero quiero hacerlo —replicó lrene, entrando—, quiero acompañarte en lo que puedo, y también verificar que estás comiendo.

La bandeja portátil del desayuno estaba en el soporte apropiado, a un costado de la cama, y aunque la chica no había comido todo, se esforzó en hacerlo.

—Estaba muy bueno, gracias.
—Por nada.
—No tiene nada que ver con eso —argumentó Priscilla, en voz baja—; es sólo que no me siento muy apetente; el té de hierbas que me preparaste tenía un sabor muy especial.
—Es una receta que aprendí hace tiempo; en teoría no debería estar aplicando recetas naturales cuando no tienen un respaldo científico, pero en el fondo hay un sentido en esa combinación.
—No sé si hará efecto —replicó Priscilla—, pero te lo agradezco, al menos el té lo tomé todo.
—Lo importante es que lo estás intentando.

Se miraron por un momento, sin hablar; Priscilla había sido trasladada a su cuarto desde la enfermería, para que siguiera con el reposo asignado, el que fue extendido luego de ciertos acontecimientos: Irene recordó con intensidad cómo, alrededor del mediodía del miércoles, se les informó que pronto llegaría la familia de Oskar para llevárselo. Priscilla en ese momento seguía en la unidad adecuada en enfermería, ya pudiendo recibir unas breves visitas; pero aunque estaba débil y alterada por todo lo que había pasado, al enterarse de la pronta llegada de la familia, y la consecuente partida definitiva de él, dijo que tenía que estar presente. En la enfermería se negaron de forma tajante, pero al ver su insistencia, y notar el nivel de estrés que le causaba la negativa, aceptaron la solicitud, enviándola acompañada. A pasos de la edificación que separaba a la academia de la zona primaria, los estudiantes junto a maestros esperaron a una distancia establecida y en completo silencio, a que un vehículo fúnebre se estacionara, mientras la familia llegaba por una puerta lateral, todos de luto riguroso; si ya había sido tremendo todo lo que sucedió antes, ver en la familia a tres niños pequeños resultó intolerable, y fue quizás eso lo que aumentó en Priscilla su descompensación, y produjo en Irene un cambio fundamental en su percepción de la historia que estaba sucediendo: probablemente, a partir de ese momento, comprendió de forma definitiva que Oskar estaba muerto, porque ninguna ilusión en el mundo podía recrear la confusión en el rostro de los dos niños más pequeños, y el terrible temor en el de la mayor de ellos, que no pasaba de los diez años. Y, como si la crueldad del destino no fuera suficiente, la niña tenía mucho de Oskar, desde el cabello cobrizo hasta los rasgos alargados y ese aire un poco desmejorado, que era en realidad por la posición de los párpados. En un impulso, corrió hacia el vehículo que estaba estacionado todavía, y habló con una voz traspasada por la emoción.

—Oskar.

Su madre trató de sujetarla, pero aunque lo logró por un momento, la niña terminó por soltarse, corriendo hacia el vehículo, mirando a la parte trasera en donde, oculto por paredes, reposaba el cuerpo sin vida de alguien a quien amaba.

— ¡Oskar!

Su voz demostró fuerza y dolor a partes iguales, y un toque de desesperación pura, que una niña de su edad jamás debería conocer; Lena cerró los ojos, conteniendo un sollozo por la terrible escena que estaba presenciando, en una jornada luminosa y fresca que de ninguna manera reflejaba lo que estaba ocurriendo.

—Sal de ahí ahora —exclamó, con voz temblorosa—. Te hicimos un video ¿recuerdas el que te grabamos antes que salieras para la academia? Hicimos otro, tienes que verlo.

Maud ocultó el rostro entre las manos, incapaz de seguir viendo; al mismo tiempo, Priscilla miraba con los ojos muy abiertos, casi sin respirar, y experimentado un ligero temblor en el cuerpo, algo de lo que no era consciente.

—Lo grabamos para ti. Ensayamos mucho y grabamos, hicimos esa escena de la película de navidad que tanto te gustaba; Ben aprendió a decir la palabra academia, lo dice en el video.

La madre, con los ojos inundados en lágrimas, se acercó dificultosamente a la niña, pero no pudo detener sus palabras, viéndose sin fuerzas para hacerlo.

—Sal de ahí Oskar —su voz se volvió más aguda, conforme luchaba con el dolor que la embargaba—. Tienes que ver el video, hicimos la lista de los regalos igual que en la película, no importa si no puedes comprarlos, no quiero nada, no quiero nunca más un regalo, sólo ven a ver el video, lo hicimos para ti ¡Oskar!

Repitió el nombre de su hermano ente llantos, mientras su madre la llevaba de vuelta con el resto de la familia, que salió como un núcleo sollozante mientras el transporte se preparaba para salir. Priscilla experimentó una recaída en su estado, lo que motivó una extensión en su reposo hasta dos días.

— ¿Cómo van las clases?
—Estamos retomando, poco a poco —replicó, sentándose a su lado—. Estoy tomando unas notas en clase, luego las pasaré a tu tableta de datos.
—Muchas gracias por eso. Como —hizo una breve pausa, para aclararse la garganta— ¿Cómo estuvo la clase de piedra hoy?

El día anterior, los maestros de piedra usaron su tiempo para inducir a la relajación de los estudiantes, empleando técnicos de respiración y movimiento pensadas para ayudarlos a superar el estrés por el que estaban pasando; en el momento, todo se sentía bien, pero luego de pasada la clase, el nerviosismo o la tristeza no se tardaban en volver.

—Hoy volvimos a las prácticas con las piedras.
— ¿Omar siguió con el torneo de habilidades?
—No, eso está suspendido —replicó Irene—, de momento no creo que se haga nada de eso, pero es bueno ir volviendo poco a poco a las clases, creo.

Priscilla hizo una pausa muy breve antes de hablar.

—Quiero que sepas que un poco más tarde iré a la enfermería.
— ¿Por qué —lrene frunció el ceño, alarmada—, te sientes mal?
—No, voy a ir porque necesito que me vean en movimiento; voy a pedir que levanten el reposo para integrarme a las clases hoy mismo.
—Pero tienes evaluación mañana a primera hora y el reposo es...

Priscilla la detuvo con un gesto; con dificultad, pero la determinación había vuelto a su rostro.

—Necesito hacerlo. No puedo seguir acostada, haciendo nada; no importa si me siento cansada, o lo que sea, tengo que hacerlo, o me voy a volver loca aquí. Les demostraré que puedo hacerlo.



4


Sala central de residencia de maestros.

Darius estaba terminando de cargar unos informes cuando Omar entró en el lugar; le dedicó un saludo que intentó ser amable, pero terminó siendo cansado. Omar había notado desde primera hora de la mañana que Darius no había tinturado su pelo como era una costumbre; nadie había hablado de eso, pero era evidente que tenía un significado.

—No cambiaste los colores de tu cabello.
—Sí, es que me quedé dormido.

Omar quedó mirando al otro maestro durante unos segundos; ahora parecía muy lejano el momento en que él fue un estudiante en la academia, y cómo pasó de resaltar por su singular aspecto a hacerlo por su gran capacidad de uso de la piedra que tenía en su poder. Ahora era más adulto, tenía mayores conocimientos y estaba haciéndose cargo de un grupo de estudiantes, pero en ciertos momentos, como ese, parecía aun un chico con más ganas que conocimiento del mundo.

— ¿Quieres hablar de eso?
— ¿Sobre qué?
—Darius, te conozco —dijo poniendo una meno en su hombro—, estoy aquí por si me necesitas.
—Gracias por eso, eres un buen amigo —replicó con una sonrisa—, es más que eso, eres como un hermano para mí.
—No es para tanto.
—Yo pienso que sí. Pero, como sea, estoy bien, esto se tiene que pasar en algún momento; tengo una sensación amarga, es como si ese accidente fuera una bofetada para todas nuestras intenciones. Pero te prometo que voy a estar bien; mejor dime cómo estás tú.

Ambos se sentaron a un costado de donde Darius había estado ingresando la información.

—No puedo decir que es fácil, pero estoy tratando de tomarlo de una forma calmada, mientras lo asumo. Tengo que reconocer que hay una espina, lo que le pasó a Oskar, me siento responsable.

Darius lo miró, muy serio.

—Esto no es tu culpa. No podías saber que estaba sucediendo, es imposible rastrear la energía residual cuando alguien la usa, a menos que estés cerca dentro de muy poco tiempo.
—No lo decía por eso; es porque sucedió. Oskar no era mi estudiante, no fui yo quien lo entrenó desde el principio; pero me mantuve alerta de sus avances, yo hice que comenzara a entrenar con Itiel porque sus habilidades tenían cierta similitud. Se supone que yo debería haber advertido que algo andaba mal, que él tenía inquietudes o que quería explorar diferentes áreas.

Desde un principio, Darius había admirado la solidez con que Omar se había comportado ante la desgracia; llegó con equipo médico, procuró proteger la entrada del estadio de tiro, defendiendo al mismo tiempo la privacidad de Oskar en un momento extremadamente delicado, para evitar que fuera convertido en víctima por segunda vez, y evitando que más estudiantes pasaran por el trágico momento vivido por Priscilla. Fue él quien se mantuvo todo el tiempo atento a ayudar y supervisar a los estudiantes en la explanada y después, en la residencia. No había tenido tiempo de sentirse mal al respecto, y sabía mejor que él que debía conservar una apariencia correcta de cara a los estudiantes y el personal.

—Era algo que no podías saber; además, Oskar era un sujeto interesante, inteligente, creo que no vale la pena pensar en si tuvo o no la culpa. Tal vez simplemente cometió un error.

Omar ya había visto la representación creada por la fuerza de seguridad, y sabía que error no era la palabra indicada para lo que había sucedido; accidente, seguro, pero no un error. El objeto fue manipulado por energía residual y causó la muerte instantánea, lo que de cierto modo ayudó a dilucidar el misterio y saber qué era lo que había pasado: en forma común, aunque una persona usara energía residual en altas cantidades, después de algunos minutos no se podría comprobar, ya que esta se reconvertiría a su estado original, pero al suceder el accidente, la energía vital del afectado se mezcló con la residual, por lo que el proceso de reintegración de la energía residual al medio ambiente quedó ligado a la pérdida de las características que hacen que un ser vivo se considere en ese estado. El livor mortis no habría sido posible de comprobar con muy poco tiempo de desfase entre la muerte y que fuese encontrado, pero con una verificación de la temperatura corporal por parte del personal especializado, se comprobó que había ocurrido menos de una hora antes de ser descubierto por Priscilla, momento en el cual aún persistía en el ambiente parte de la insólita mezcla de energías, que fue detectada por el personal de la Fuerza de seguridad. Gracias al patrón de movimiento de la energía que persistía en el ambiente, fue posible crear un mapa estimado de movimiento, que era finalmente el único testigo de los últimos momentos de Oskar. Inexacto, impreciso, y trágico. Sin embargo, Darius tenía razón en algo, y es en que no valía la pena buscar culpas o responsabilidades; Oskar había pagado el precio más alto, y además ahora sería de público conocimiento que realizó una actividad que no estaba dentro de lo permitido ¿Para qué continuar lastimando su memoria?

—También puedo decir de ti que eres un gran amigo —replicó al fin—, y uno que da buenos consejos, además. Vamos, hay mucho que planificar y hacer, para que los chicos no pierdan el avance que están logrando hasta ahora.

Próximo capítulo: Una tarde de películas y reflexiones


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