Academia de piedra Capítulo 18: Un mundo fuera, un mundo adentro



Lunes 19  de abril.

A primera hora de la mañana, los estudiantes recibieron en sus móviles una alerta de reunión antes del comienzo de las clases. A las seis y media de la mañana todos estuvieron en la sala central de la residencia, varios medio dormidos y la mayoría bastante confundidos.

— ¿Qué estará pasando? —preguntó Priscilla— ¿Alguien sabe algo?
—Yo lo único que sé —comentó Mónica—, es que después de un día de descanso es un crimen que nos hagan levantar más temprano.

Esteban llegó el último, mirando a todas partes sin entender.

— ¿Qué es lo que pasa?
—No sabemos —le comentó Sebastián.

Unos momentos después, entró alguien a quien todos conocían desde el momento de llegar a la academia.

—Dvorkia —exclamó Lena con alegría—. Qué gusto verte.
—También es un gusto para mí verte, y a todos. Seguramente se están preguntando por qué es que los hemos citado, veo varias caras de pregunta o de sueño.
—Es que es tan temprano...

Dvorkia sonrió ante el comentario.

—Lo entiendo, pero hay un muy buen motivo para que solicitemos su presencia aquí hoy: en primer lugar, deben saber que no habrá clase con los maestros de piedras el día de hoy a primera hora.

A Esteban se le quitó el sueño en un segundo, al escuchar eso.

— ¿Por qué, hicimos algo malo?
—En absoluto. La razón de no tener jornada de entrenamiento con piedras, es que desde las siete y media, y por un lapso de dos horas, se levanta el veto comunicacional para todos ustedes. Podrán comunicarse con sus familiares o amigos.

La noticia terminó de despertar a los que aún estaban dormidos, y generó una oleada de alegría y sorpresa en todos.

— ¿Podemos comunicarnos ahora mismo?
—No, Esteban, es desde las siete y media. Les recomiendo que mientras tanto se preparen y dispongan del entorno de sus habitaciones, la comunicación se realizará de forma tradicional a través de los móviles, pero sólo está habilitada al interior de los cuartos. Esto también ayuda a que tengan la privacidad apropiada para que pueden conversar en paz.

El grupo en general estaba perdiendo la concentración, por lo que Dvorkia tuvo que aclararse la garganta para hacerse escuchar.

—Todos, por favor —aguardó a un poco de silencio, y continuó—. Hay algo que debo pedirles y es muy importante que atiendan a esta petición: La comunicación se realiza de forma individual dentro de las habitaciones, no en ningún otro sitio de la academia, ni en compañía de alguien más. En la academia pensamos que es muy importante dar un espacio de resguardo a la intimidad de los estudiantes y sus cercanos; posteriormente, será decisión de ustedes cómo compartir esta experiencia, pero les pido que respeten tanto la intimidad de los demás, como la suya propia.

Poco después, los estudiantes se habían dirigido a sus habitaciones, y se inició el tiempo indicado anteriormente.

—Hola papi.

El padre de Serene era un hombre alto y distinguido, de cabello rubio encanecido y piel blanca, la que había sido heredada por ella; miraba atentamente desde su oficina con paredes color cielo a sus espaldas, y un holo de ambos junto a la madre de Serene en un hotel de Tash—han.

—Cariño, me alegra tanto verte.
—A mí también papá.
—Deben estar muy ocupados en la academia.
—Es cierto —repuso ella con voz musical—. Y bueno, tú sabes que el veto a las comunicaciones externas es estricto, y es lo mejor, porque no podríamos estar tranquilos con las personas hablando todo el tiempo con gente del exterior.

El hombre asintió.

—Me alegra que en ese sitio también tengan control sobre los comunicaciones —su expresión se tornó severa por unos instantes—. Estábamos preocupados tu madre y yo, sobre que ese sitio no fuera lo suficientemente bueno para ti, ya que no es una universidad tradicional. Cuando nosotros estudiamos estaba prohibido por reglamento usar el móvil en horarios de estudio.
—Sí, lo recuerdo —replicó sonriendo—, pero sabes que no me quedaría si no existieran los condiciones apropiadas.
— ¿Y entonces comenzaste con tu carrera?
—Así es, sabes que lo mío es el mundo de las artes, y hay muy buenos maestros aquí, todos están preocupados de que tengamos apoyo, y las jornadas son intensas pero muy entretenidas.
— Dime más.
— Bueno, la jornada empieza a los ocho de la mandona y es hasta los nueve de la noche, con el tiempo para almorzar; el casino esté bien, tienen variedad de platillos y refrescos, aunque no todas las cosas que uno esperaría, pero el personal está disponible para sugerencias, y desde luego hice algunas. Las clases son dinámicas ¿Sabes? Hay algunas comunes entre todos, eso significa que tenemos desplazamiento de maestros.
— ¿Y los otros estudiantes? —el hombre parecía algo preocupado.
—Bueno, en eso hay poco que decir, porque la gente llega de todas las ciudades y sabes lo que eso quiere decir; pero no me preocupo por eso, prefiero concentrarme en las personas de calidad que hay aquí.

Al decir esto último, hizo un gesto con las manos que hizo resalto el brillo de la piedra en su muñeca.

—No recuerdo haber visto ese pendiente antes ¿Te lo regaló tu madre?

Serene bajó el brazo automáticamente, pero evitó cualquier expresión que pudiera delatarla.

—No, es un obsequio; muy lindo de parte de la administración, la verdad.
—Espero que no sea una imitación, hija.
—No —ella sonrió de inmediato—, es un detalle de morganita real, lo vi muy adecuado para mí, y combina con mi cabello.

Mientras, Lena estaba sentada en su cama, riendo alegremente mientras contaba el recuerdo.

—y entonces tropiezo, y mis ojos ven el postre con crema blanca viniendo hacia mí; y cuando este chico me sujeta del brazo, lo hizo muy brusco, fue como si me estuviera zarandeando. Bueno, ese chico es Febo, es parte de mi grupo de estudio, y tenemos algunas materias en común, a él le interesan las ciencias del espacio.

Sus padres se veían tan contentos y orgullosos, que Lena se sintió por un momento ahí, junto a ellos, ignorando que lo que los unía era una pantalla holo. La sala de la casa estaba tan bella y acogedora como siempre, que casi sintió el aroma del pan de centeno, y el olor del jardín entrando por la ventana.

—Estamos tan orgullosos de ti.
—Sí hija, pero háblanos más de la academia ¿Es grande?
—Sí, pero está muy bien construida. Las instalaciones están todas separadas: ahora estoy en mi cuarto en el edificio de la residencia de estudiantes, sólo nosotros estamos aquí. Hay una construcción para estudios técnicos, otra para humanidades, otra para actividad física, y un gran estadio deportivo, otra zona para cuidados personales, y hay áreas verdes —hizo un gesto muy amplio con los brazos—. Hay espacios abiertos y una gran explanada al centro, rodeada de zonas con césped y plantas de distintas especies.

Su madre adoptó una actitud más seria.

—Lena ¿Es un lugar seguro?
—Desde luego —replicó con tranquilidad—. El recinto es muy seguro, de hecho la zona segura está al frente, es decir desde la entrada, ahí están vigilando todo el perímetro. Y adentro, como les decía, todas las instalaciones son amigables, y el personal, todos te hacen sentir como si estuvieras ahí desde hace mucho tiempo; a través del móvil sabemos de cualquier novedad y nos podemos orientar dentro del lugar, pero además, cualquiera de los trabajadores conoce las instalaciones a fondo y puede entregar cualquier información que sea necesaria. Todos son tan amables aquí —agregó, sonriente—, pero Aziare es la mejor de todas.
— ¿Y ella quién es?
—Es nuestra maestra de cabecera, digamos que estamos separados en grupos y tenemos un tutor.
—Ah, la chica que vino a entrevistarte, había olvidado su nombre. Parecía muy gentil.
—Lo es. Es tan genial. Es correcta, y sabe muchas cosas, nos da consejos en todo momento; a veces parece que nos leyera la mente. Cuando estuvo en casa pareció un poco más... no sé cómo explicarlo, parecía un poco más distante, o quizás fría, pero ahora que la conozco, es realmente encantadora; por momentos parece algo distraída si la ves leyendo sus notas, pero cuando habla contigo o te da un consejo, es como si te conociera, y quisiera saber más de ti. Pero bueno, también hay otras personas, los otros estudiantes también son importantes: vienen de todas partes del país.
— ¿Ya tienes algún amigo o amiga?
—Sí —respondió de inmediato—, ella es Maud, ahora mismo debe estar hablando con sus padres: viene de Pristo ¡Es actriz! Nos conocimos justo antes de entrar a la academia, estoy segura de que van a amarla cuando la conozcan —pero se retractó al decir esto—. Lo siento ¿Puedo invitarla a casa cuando sea posible?

Su madre sonrió, y asintió con gentileza.

—Por supuesto que puedes, Lena, a ella y a cualquier amigo que hagas en la academia.
—Sólo avisa si son muchos, para que estemos preparados.

Krau, en tanto, estaba sentado frente al escritorio en su habitación, muy erguido y quieto. El hombre del otro lado de la pantalla lucía viejo y demacrado para la edad que tenía, viéndose de más de setenta cuando en realidad apenas pasaba los cincuenta.

—Todo está bien, papa. Voy a sacar adelante la carrera que quiero, ya habíamos hablado de eso antes.

El hombre se revolvió en el asiento, nervioso.

—Lo sé hijo, y no me gusta incomodarte; pero tu madre no está... muy contenta con tu decisión, ella piensa que no es lo correcto, que te estás equivocando.

Krau desvió un poco la vista, para ver su rostro a través de la captura de imagen secundaria que había programado. Qué distinto se veía a sí mismo ahora, tranquilo y seguro.

—Lo que ella piense no me importa. Ya no más.
—Pero ella tiene muchos conocimientos, sabe de estudios superiores —empezó a hablar nerviosamente, más rápido—, y sabe también de cómo funciona el mundo empresarial...
—Entonces que le aproveche, podrá usar esos conocimientos para ayudarse a sí misma y estar muy orgullosa de su propio desempeño.
—Pero...
— ¿Pero qué?
— ¿Y si estás tomando una decisión equivocada?
—Entonces le habré dado una felicidad en toda mi vida por estar en lo cierto, será un gran logro.
—Hijo...
—Papá, en serio —lo cortó, aunque con suma tranquilidad—, sólo te llamé para que estuvieras enterado de dónde estoy, no para darte en el gusto a ti, y por supuesto que no a ella; mi etapa con ustedes ya pasó, es todo.
—No quisiera que estuvieras enojado conmigo.

Se tomó un momento antes de responder. No odiaba a su padre, pero definitivamente el amor que pudo haber tenido por él había muerto muchos años atrás, aplastado junto con el amor propio que debió tenerse.

—No estoy enojado —repuso resueltamente—. Es sólo que no voy a vivir como tú. Y aprovecha de decirle a ella, por si por asomo llega a preguntar, que no importa lo que pase conmigo: aunque me vaya al infierno, es por mí, por lo que yo decidí, y lo hice porque quise seguir ese camino, no el que me diga alguien más.

Itiel, en su cuarto, tenía una expresión muy seria en esos momentos.

—Papá, te ves cansado y tienes ojeras ¿Estás enfermo?

Su padre era un hombre de baja estatura, de rostro redondo y sonrosado, y cabello encanecido algo prematuro.

—Bern tomó un catarro ayer en la tarde, al parecer, y se despertó en la noche.
—Cielos. ¿Cómo está ahora?
—Durmiendo con Irina, no los desperté a esta hora porque durmieron menos que yo y necesitan descansar; pero estoy grabando ¿ves? — señaló el icono apropiado en la pantalla que permitía la comunicación—, así que tendrás que grabar una parte para ellos.
— ¿Estás seguro que es sólo eso?

El hombre adoptó una actitud más seria, y frunció el ceño, reprendiéndolo.

—Escúchame bien muchacho. Yo estaba cuidando catarros y poniendo compresas frías cuando Irina y tú era unos niños porque ¡Espera! Ustedes eran esos niños.
—Está bien, está bien —se defendió levantando los brazos—, no voy a dudar de su juicio, doctor, perdóneme la vida.

Se miraron un momento en silencio, sonriendo cómplices. Su padre hizo una fingida expresión de regaño.

—Espero que lo hayas entendido. Ahora lo mejor que puedes hacer es decirme cómo van las cosas en esa academia tan misteriosa a la que entraste.
—En realidad no tiene nada de misteriosa adentro —repuso él con simpleza—. Funciona como cualquier institución de estudios superiores que se describe en los videos publicitarios; las instalaciones son espectaculares, es muy espacioso y cómodo, realmente es un lugar en el que me siento muy bien.
— ¿Y los otros estudiantes, son personas amables?
—Hay personas de todas las ciudades; y sí, hay personas grandiosas también aquí.
—Estoy seguro que ya tienes muchos amigos.
—Papá, eso no es lo que...
—Es lo lógico —dijo el hombre, animado—, eres tan encantador, las personas simplemente se acercan a ti.

Itiel pensó un momento en Naro; habían tenido una conexión especial, pero aún era pronto para saber si eso sería el inicio de algo más, así que prefirió dejarlo en segundo plano hasta tener mayor claridad.

Poco después de la finalización del periodo de comunicación con los familiares, Irene encontró a Priscilla en uno de los pasillos de la residencia.

— ¿Cómo va todo?
—Genial —replicó Priscilla—; siento que fueron los dos horas más cortas que he tenido en mucho tiempo.
—Entonces no soy la única —Irene sonrió—. Me pasó lo mismo. ¿Cómo está tu familia?
—Bien, por suerte las cosas en casa son como siempre: creo que hasta ahora no me había dado cuenta de cuánto se preocupa mamá por mí. Bueno, por mí, por papá y por Oudel, claro.

En los días recientes habían tenido bastante contacto fuera de las clases, y eso permitió que Irene descubriera que Priscila era una chica con muchas cosas que contar; de momento estaba disfrutando de la posibilidad de conocerla, sin pensar en nada más.

— ¿Lo dices porque estaba preocupada?
—Un poco, lo que quiero decir es que estaba bastante ansiosa y me hizo muchas preguntas sobre este lugar, es decir que quería saber si era seguro, cálido, si las personas eran amables, si estaba permanentemente prohibido que entren extraños...
— ¿Te preguntó eso?
— ¿Puedes creerlo? —ambos se sentaron un momento— Y estoy segura de que no se dio cuenta de lo que estaba diciendo en ese momento, para ser honesta: todo el mundo sabe que en cualquier institución de estudios hay normas que regulan la seguridad, y que nadie puede entrar sin tener una cita que justifique su presencia. Pero al mismo tiempo tuve una sensación al escucharla, es como que al tenerla en otra parte valoré mucho más lo que hace; en casa le habría dicho "mamá, todo está bien, no te preocupes" pero ahora me tomé el tiempo de explicar todo con detalle.

Se detuvo al notar que Irene la miraba fijamente.

— ¿Qué ocurre, dije algo extraño?
—No —replicó en voz baja—. Es solo que es muy lindo cómo te preocupas de ellos con tanta pasión.
—Gracias.
—No hay nada que agradecer, no era un cumplido.
— ¿Y tú? Siento que he estado hablando demasiado.
—Para nada, además me gusta escucharte —se aventuró y decir, pero suspiró al entrar en el área que la otra chica había sugerido—; sucede que las cosas en casa no son sencillas, pero eso no es ninguna novedad.

Priscilla frunció ligeramente el ceño; a pesar de tener un rostro alargado, de facciones suaves y delicadas, este cambio de expresión, unido a su cabello castaño suelto cayendo en capas, le dio un aspecto más rudo.

— ¿Tu madre te recriminó por algo?

No había podido aceptarlo, y no lo entendía. Por lo que Irene le había dicho, en su familia, el hecho de integrarse a un centro de estudios no tradicional era prácticamente una mancha en los brillantes registros de los antepasados, y a ella eso le parecía injusto y desconsiderado.

—No, no me recriminó. Pero la conozco, sé que ni ella ni papá estás satisfechos con que esté aquí, y además estudiando algo que no es para un decorado holo de premiación en una oficina. Pero mira —decidió animarse y salir de esa zona—, no sigamos hablando de eso en este momento: mi familia no es tan mala como parece, sólo es que son muy estructurados y ven con malos ojos cualquier cosa que no sea lo que han hecho toda la vida siempre de la misma forma y a la misma hora. Más adelante, cuando yo sea una exitosa profesional, ellos van a aceptar que hice las cosas bien; claro, después pasaré a ser el ejemplo de turno para quien sea necesario, pero estoy dispuesta a pagar el precio.
—Por cierto, el otro día noté que Esteban no habla mucho de su familia.
— ¿Esteban?

La miró sin comprender; no había notado que él tuviera charlas con Priscilla de forma específica.

—Sí, Esteban. ¿Por qué te parece tan raro que lo mencione? Ustedes son amigos.
—Por supuesto, es sólo que no los había visto juntos.
—Ah, entiendo. Pues hemos estado hablando algo, desde el otro día, que me preguntó algo sobre lo que estaban hablando en Comunicación no verbal.

Curioso, se dijo Irene. Recordaba bien que ese día hablaron al respecto y él mencionó que no había entendido bien lo que explicaron en esa clase, pero en ningún momento mencionó haber hablado con ella.

—Te agrada, supongo.
—Es muy simpático,  es verdad; como te decía, noté que no habla mucho de sus padres.
—No, conmigo tampoco ha hablado —replicó, pensando—, pero no creo que sea un gran problema, o lo habría mencionado.
—Creo que tienes razón, es muy transparente ¿sabes lo que me dijo? Que yo me veía muy callada dentro de todo, y que tenía que aprovechar además de estudiar, de conocer más, a más personas de la academia. Sí, lo dijo justo con esas palabras; dijo que estaba seguro que tú y yo nos llevaríamos muy bien, y que dentro de poco él sería el mejor amigo de ambas.

Irene entendió recién en ese momento lo que estaba pasando; por eso fue ese cambio en la actitud de Priscilla, porque había recibido consejos de alguien, precisamente de Esteban.

—Y creo que tenía razón —estaba diciendo en ese momento—, me estaba perdiendo de algunas cosas aquí, como alguien con quien hablar.

Próximo capítulo: Progresos comprobables. Nuevas estadísticas




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