Sten mor Academia 1° Capítulo 13: Grandes descubrimientos. Pequeños momentos



Viernes 09 de  abril

La mañana empezó de un modo intenso para los estudiantes; en un principio se reunieron todos con los maestros en la gran explanada, ubicada tras los edificios de carrera, y ala izquierda del centro de entrenamiento en donde tuvieron la primera experiencia; Omar estaba de un particular buen humor esa mañana.

—Hay algo que quiero contarles; en unos días vamos a organizar un torneo no oficial entre los estudiantes, para que puedan entrenar y al mismo tiempo dar rienda suelta a su ingenio usando sus habilidades.
—Está prohibido negarse —puntualizó Gabriela—, así que espero que se preparen por que vamos a tener público, todo el personal de la academia y los maestros de especialidades están convocados y si tenemos suerte, será el evento de la temporada.

Oiren miró alarmado a Sebastián mientras el grupo avanzaba.

—Te lo dije, te dije que Esteban tenido razón cuando dijo que iban a hacer esto.

Pero Sebastián estaba muy tranquilo, e incluso algo emocionado.

—No te preocupes Oiren, todo va a estar bien. Omar acaba de decir que es algo no oficial.
—Pero Gabriela...

Sebastián suspiró. Durante la jornada anterior habían estado charlando mucho, y confirmó su primera impresión de él: le agradaba y parecía un joven muy inteligente y sencillo. Hablaron sobre el día en que llegaron a la academia y la coincidencia de encontrarse en el centro de abordo y en un sector artístico en un lugar tan grande como Ciudad Capital, y luego terminaron conversando sobre los maestros que le correspondían a cada uno; muy pronto, Sebastián comprobó que él estaba sintiendo demasiada preocupación sobre Jael, y por primera vez su experiencia previa en entrenamientos y competencias le sirvió en la práctica. Le explicó a Oiren que en un centro de estudios, hasta el más rudo de los maestros pretendía conseguir lo mejor de los estudiantes y eso era una ley implícita, pero al parecer esas palabras no estaban surtiendo efecto.

—Escucha, todo va a estar bien, no tienes nada de qué preocuparte.
—Yo creo que sí —susurró el otro—, Jael es muy estricta, tú no la escuchaste...
—Mira, vamos a hacer esto —dijo con determinación—: vamos a estar muy atentos a lo que vayan a decir sobre ese torneo, y nos prepararemos juntos para comenzar ¿Qué te parece?

La actitud de Oiren se relajó, y lo miró con el rostro iluminado.

— ¿Harías eso? Pero yo no sé nada de deportes y no estoy preparado para eso.
—Descuida, eso no será problema, sólo tienes que confiar en ti mismo un poco más.

Nuevamente los maestros decidieron separar en grupos a los jóvenes, pero en esta ocasión se mantuvieron a un tiro de piedra entre ellos, lo que a juicio de algunos se convertiría en una suerte de elemento de presión, ya que los alejaba de la relativa intimidad de estar en un grupo cerrado y con una dinámica que comenzaba a establecerse.

—Bien —dijo Jael poniendo los brazos en jarras—, ya estamos preparados para esto, los vamos a dirigir coordinadamente, así que no pierdan el paso ni un solo momento.

Oskar respiró profundo y se dispuso a seguir las instrucciones: no le gustaba la actitud de la maestra, pero no podía permitir que su actitud le causara un problema en esos momentos; las instrucciones de los maestros comenzaron de forma sincronizada, cada una de las palabras pronunciada como si de un coro perfecto se tratase. Celia cerró los ojos, y se concentró en el ámbar que pendía de su muñeca izquierda, y pudo sentir cómo en determinado momento los pausados movimientos inducidos por las palabras que estaba escuchando se sincronizaron con su respiración, y fue como si todo en ella cambiara por completo.

—Toma el tiempo que sea necesario, pero no pierdas el ritmo. Escucha en tu mente el pulso cardiaco, el ritmo de tu respiración, y vívelo a plenitud. Piensa en la piedra como si fuera algo que dependiera de ti y no al revés; la piedra es una herramienta, no un grial ni un objeto místico. No deposites tu confianza en el objeto, porque quien será capaz del hecho eres tú, usándolo para lo que ha sido creado.
—Que el movimiento llave deje de ser solo un gesto, haz que sea parte de ti; aprende a realizarlo con un tiempo específico, y si es necesario en un principio, cuenta los segundos, hasta que lo hayas asimilado. No te quedes en el movimiento, cierra los ojos y realiza lentamente el gesto que determinaste, calculando la fuerza empleada y cómo los músculos se tensan, cómo los nervios y tendones reaccionan ante tu orden, cómo poco a poco el movimiento se vuelve parte de ti.
—La piedra es una herramienta que sólo te obedece a ti, y lo hará en la medida que comprendas su utilidad. No le pidas ni órdenes, ve más atrás y logra que las acciones sean realizadas por ti.
—Entrégate al conocimiento que estás adquiriendo, corta las amarras de lo que crees establecido y permite que tu horizonte se amplíe. Cuando decides hacerlo, haces que tu energía física se ponga en punto con tu mente, y de forma natural comienzas a utilizar tu habilidad, ya no cono una explosión, sino como un río que corre desde tu mente hacia la realización.
—Cuando tu cuerpo y mente estén en un buen nivel de sincronía, la piedra se alineará, y esa frecuencia de energía quedará marcada en ella de forma indeleble; sentirás en tu interior que asimilaste la piedra, y desde entonces tendrás que aprender a sincronizar y alcanzar ese nivel para poder utilizar tu habilidad, ese será el punto de acceso para que realices tu acción. Escucha a tu cuerpo, despeja tu mente, enlaza la piedra.
—No te hagas preguntas innecesarias, estas y muchas respuestas aparecerán en tu campo de visión como algo que antes estaba vedado, inaccesible por un muro que vas a poder sortear a partir de ahora. Hasta este momento, puedes haber sentido que la información en los clases era excesiva, pero a medida que el uso de la piedra se vuelva una costumbre y tu enlace sea más sólido, comprobarás que todo toma una nueva dimensión.
—Cosas que antes resultaban más difíciles, se tornarán más sencillas, y áreas que te resultaban inalcanzables se volverán desafiantes; no confíes en que todo se volverá fácil, pero a muy poco andar, sabrás que la diferencia no sólo existe, sino que progresa.

Mucho más que en una ocasión anterior, las voces de los maestros se mezclaron, y a oídos de los estudiantes, pasaron a ser parte del aire y murmullo natural alrededor, inconfundible por las palabras pero inexplicablemente iguales en entonación y pronunciación, por lo que ninguno de ellos pudo identificar con certeza quién de ellos dijo qué palabra, y todas pudieron ser dichas por todos, y cualquier frase sólo por uno de ellos. Poco a poco los minutos pasaron, y a oídos de los maestros, los respiraciones de los estudiantes se acompasaron, siendo todos ellas un sólo murmullo que al mismo tiempo llevaba el ritmo del corazón. Ocasionalmente alguno perdía un poco el ritmo, o una fluctuación en sus propios niveles de energía le hacía sufrir un ligero sobresalto, pero las palabras constantes de los maestros y las instrucciones con tanto cuidado dictadas surtían efecto inmediato, y el individuo volvía al cauce de la concentración silenciosa, y los movimientos regresaban al ritmo indicado. Gabriela miró a sus estudiantes, concentrada en sus constantes palabras pero dejando un espacio para observar los cambios que estaban sufriendo sus estudiantes: Silvia estaba cumpliendo con su meta con bastante estabilidad, Celia se esforzaba pero le estaba faltando algo de calma, y Lucio, a pesar de haber estado tan en segundo plano, estaba avanzando con rapidez, mientras que Karlo estaba a un paso de fijar su centro, y Carlo estaba dudando entre seguir su instinto físico o mental. Jael en tanto, no pudo dejar de mirar en dirección a Oiren, quien en ese momento estaba significando una decepción para ella, pues de todos los suyos, era el único que no estaba mostrando ningún avance, la única piedra cuyo brillo no estaba mostrando diferencia alguna; durante el apartado teórico parecía estar a punto de ir a la vanguardia, pero a la hora de practicar, su inseguridad lo detenía como una muralla. Omar no había estado seguro, en un principio, de la sugerencia de uno de sus estudiantes, pero llegados a ese momento, podía decir que él estaba demostrando una alta capacidad de concentración y una gran capacidad de poner en práctica cualquier instrucción que se le diera. parecía un libro en blanco, y al mismo tiempo había tanto en él que estaba oculto por decisión propia. Pasados pocos minutos del comienzo del ejercicio, Darius se dio cuenta del esfuerzo que estaba haciendo Krau para evitar que el resto supiera que ya estaba manejando sus habilidades, y se dijo que en él había un potencial que era necesario ocupar antes que torciera el camino. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una elocuente mirada de Aziare, quien le hizo un disimulado gesto. El maestro notó entonces un desequilibrio en la energía entre Mauren y Amber, algo que ocurría en ocasiones entre personas cuya frecuencia de energía contrastaba como un espejo: en esos casos, lo más indicado era mantener a ambas personas separadas durante las sesiones de entrenamiento, pero al ser esa la primera, romper el equilibrio al que estaban llegando sería completamente contraproducente. Con una expresión gentil, Aziare le hizo entender que estaba de acuerdo, por lo que ambos usaron una frecuencia baja para intervenir entre las dos chicas y evitar que sintieran las incomodidades de un choque de energía; al poco, notaron que ellas se mostraban más relajadas que antes.


2

Sala audiovisual de residencia. Por la noche.

Después de haber estado yendo de un lado a otro durante todo el día, terminando la jornada con una clase teórica con los maestros, la mayoría se dirigió al casino, pero Oiren y Sebastián tomaron un refrigerio ligero y fueron a audiovisual; el deportista estaba muy agradado con la forma en que se había dado la conexión con Oiren, y por primera vez se sintió en confianza de hablar con alguien acerca de cuál era el verdadero motivo por el que estaba tan desconectado de la actualidad en muchos sentidos. Oiren se mostró asombrado e  interesado a partes iguales, y se ofreció a ayudarlo con información útil sobre lo que estaba de moda o era popular en esos días fuera de los muros de la academia en la que estaban.

—Mira, es un noticiero deportivo, quizás veamos algo tuyo en un archivo reciente.
—Gracias, pero no —se excusó encogiéndose de hombros— ¿Sabes algo? Desde que empecé a vivir con Mick, no he vuelto a ver una carrera.
—Pero suenas emocionado o algo así cuando hablas de eso.
—Sí, pero no quiero verlo de momento —explicó lentamente—, no lo rechazo, pero reconozco que me distraería.
— ¿Lo extrañas?
— ¿Las carreras? Es extraño, por que siempre creí que si algún día dejaba las carreras sería algo horrible, pero no fue así.
—No, no hablaba de eso, hablaba del chofer.
— ¿A Mick? Oh, claro que sí, y eso que son sólo un par de días, pero él en realidad es un padre adoptivo, ese es el lugar que tiene para mí ahora.
—Yo extraño a Ismael —comentó Oiren en voz baja—. Nunca nos habíamos separado en toda la vida, más que unas cuantas horas.

Sebastián tenía eso en mente, y se le hacía difícil imaginar correctamente la relación con un hermano, así que intentó asimilarla a lo que él sentía por Mick, a quien veía como su verdadero padre.

—Dijiste que él estaba muy contento con la idea de la academia.
—oh, claro, estaba feliz, había insistido mucho en realidad; me regaló esta banda de audio y él mismo seleccionó la música.
—Entonces por eso es que siempre la traes. .
—Sí, además escogió muy bien la música —se puso de pie—. En Fin, tengo que estar muy animado.
—Esa actitud es muy buena.

Oiren subió la iluminación de la sala, dejando el lugar a tono con el exterior; ya habían terminado de revisar videos e imágenes.

— ¿Y entonces te sirvió mi ayuda?
—Me salvaste la vida —replicó Sebastián, sonriendo—, ya estaba siendo muy difícil explicar por qué es que hay tantas cosas que no sé.
—Cuando quieras, me alegra haber ayudado.

Sebastián sin embargo, adquirió una expresión mucho más seria.

— ¿Cómo estuvo la clase con Jael?

Oiren se revolvió incómodo ante la pregunta. Había sido evidente para el deportista que el otro joven no lo había tenido fácil durante la clase práctica de la mañana, y a juzgar por la punzante mirada de la maestra, el desarrollo de la habilidad y sincronización con la piedra no iba a la velocidad que ella esperaba.

—Lo estoy intentando, es sólo que no me fue tan bien como la vez anterior.
—Pero ¿Jael te dijo algo?
—No —replicó rápidamente—, es decir, ella nos dijo que nos iba a dar claves y trucos para que pudiéramos avanzar y eso es lo que estuvo hablando hace un rato.
—En la mañana estabas más preocupado.
—Sí pero creo que las cosas van a mejorar.
—Esa es una gran actitud —replicó Sebastián—, pero no te olvides, dijimos que lo intentaríamos juntos. ¿Qué opinas? Podríamos ir afuera y practicar un poco de respiración y elongación simple, al menos eso me ayudó.
— ¿En serio? Muchas gracias.

Mientras tanto, en la sala técnica de medios, Itiel se encontró con Naro.

—Hola ¿Qué hacías?
—Estaba cambiando el enlace de carga de la tableta de datos —comentó el otro—, no estaba cargando bien.
—Y está bien ahora?
—Sí, perfecta.

Se quedaron mirando unos segundos sin decir nada; a Naro le estaba resultando difícil expresarse.

—Escucha, sobre lo que hablamos ayer...
—Todo está bien, no hay nada que explicar.

Antes, Naro le había tratado de explicar lo sucedido antes, y aunque no fue muy claro, Itiel comprendió que estaba intentando decir que comprendía sus sentimientos.

—No es eso, yo... ¿Podemos hablar un rato?

Itiel le dedicó una sonrisa amigable, mirándolo muy fijo a los ojos.

—Eso me encantaría.

Poco después, ambos estaban en una de las salas de relajación, en donde habían escogido una combinación de luz tenue, música muy suave, apropiada para la conversación, y a sugerencia de Itiel, un toque fresco en el aire.

—lo que quería decir —explicó Naro sentándose frente a él—, es que fui un poco... ya sabes, insensible, no me sentía bien en ese momento, y tú estabas siendo sincero, y te ignoré.
—No tanto, si estas hablando de eso ahora —repuso Itiel mirándolo con ojos brillantes—. No sé por qué lo dije, sólo surgió de forma natural, no tengo la costumbre de hablar de ella muy superficialmente pero...
—Pero...

Por un momento, el joven olvidó el poco tiempo que tenía de conocerlo, y se concentró en sus rasgos: en su rostro de piel morena, en los ojos oscuros sombreados por profundas ojeras, y esa expresión en el entrecejo, ese cansancio mezclado con dolor, que antes vio sólo una vez antes.

—Pero cuando te vi en ese momento, fue como si te entendiera ¿Comprendes? Sin palabras, sólo lo sentí, y era como que me estabas transmitiendo algo que era muy importante, así que fue natural también para mí decirlo.
—Ahora entiendo que era importante para ti —dijo Naro en voz baja—, sólo quería que supieras que no fue un desperdicio.

Itiel se acercó un poco más, y puso suavemente una mano en su antebrazo. Naro vio más de cerca a Itiel, y por primera vez se concentró en su mirada de ojos color miel, que atendían a la suya con tanta intensidad.

— ¿Quieres hablar de lo que sucedió?
—No lo sé —replicó, dudando—. Creo que tal vez no es el momento de hacerlo, sólo quería...

Por un momento ninguno de los dos dijo nada, y sólo las miradas comunicaron todo lo que estaban sintiendo: Itiel ejerció un poco más de presión en el antebrazo de Naro, de alguna forma de aferrándose a él, mientras el corazón se aceleraba, y las respiraciones de ambos estaban tan cerca que casi podían tocarse.
Pero fue Naro quien, guiado por un impulso, extendió el brazo libre, y con una mezcla de suavidad e intensidad, tomó a Itiel por la nuca, y lo acercó a él aún mas, quedando separados tan sólo por unos milímetros, cara a cara, tan cerca de tocarse, agitados y al mismo tiempo inmóviles.

—Dime que me detenga.
—No puedo —susurró Itiel con un hilo de voz—. Ahora mismo, no puedo.

Así no hubo nada más que lo detuviera, pero el contacto fue distinto al que hubiera sencillo suponer; Nero se impulsó hacia él un poco más y lo abrazó, quedando el rostro de uno junto al del otro, al fin haciendo contacto piel contra piel, y lo sintió casi como si lo conociera, como si no necesitara adaptarse al ritmo de su respiración o al quedo movimiento que provocaban sus latidos. Cuando retrocedió, encontró en él una mirada sincera y de complicidad, que le dijo más que cualquier palabra, que estaba haciendo lo correcto al seguir ese instinto repentino.


3

Zona de descanso. Poco después.

—Entonces Lori pone su gran sonrisa y Carl dice "no te preocupes, todo está bien", y justo en ese momento se sale la última resistencia de la puerta del cuarto de lavado y la espuma salió disparada para todas partes.

Maud tuvo que dejar el cuenco con cereal y frutos a un costado, para no derramarlo entre las risas. La historia que le estaba contando Oskar, acerca de parte de su vida con sus hermanos y sobrino era tan divertida, y además él la contaba de un modo tan teatral, que era imposible no reírse.

—Espera ¿Y eso con la señora que estaba de visita en tu casa?
—Sí —replicó él, también riendo—, y ella tenía el cabello blanco y uno de estos peinados voluminosos que se hacen las señoras, y luego tenía todo con espuma y estaba como que le iba a dar un ataque, y los tres estaban delante de la puerta cubiertos de espuma, y yo estaba en medio, y estaba ahogándome de risa, estaba rojo y no podrá reírme, se suponía que tenía que estar muy enfadado y serio.

La charla entre los dos había sucedido de forma muy natural en Emociones y reacciones, una de las clases independientes que el día jueves estaba en el último bloque, antes del trabajo con los maestros de las piedras, y continuó más tarde cuando hubo terminado toda la actividad de la jornada.

—Esos tres con unos verdaderos torbellinos —concluyó él—. Nunca sé lo que va a pasar con ellos.
—Pero seguro no hay ningún día aburrido.
—No, eso es seguro. Lo siento si me extendí demasiado.
—No te disculpes, es una historia muy bonita y me reí mucho además. Ustedes son muy unidos.
—Si, funcionamos como un sólo grupo, aunque ya son tres núcleos en realidad, mamá y papá, mi hermana con su familia, y además mi hermano y yo.
—Pero tienen mucha confianza, —comentó ella—. Eso de ayudar a la crianza de los niños entre todos es genial.
—Sí, siempre hemos sido así desde tiempos de la bisabuela, la que era la dueña del bar en la bahía.
—Me llama mucho la atención —reconoció Maud recuperando el cuenco con cereales—. Mi familia es pequeña, sólo somos mis padres y yo.
—Disculpa, creí que habías dicho que tienes un hermano.

Maud hizo una pausa breve mientras tomaba un bocado; de hecho, había alguien más, pero automáticamente quedaba fuera de los cálculos corrientes.

—Sí, un hermano mayor, pero él se fue a vivir al Distrito comercial cuando cumplió los 16. No tenemos una mala relación, hablamos seguido, pero simplemente, él tomó esa decisión.

A Oskar nunca se le habría pasado por la mente irse de su casa tan pronto cumpliera la edad legal; de hecho, todo el proceso desde que fue seleccionado por la academia fue complejo tanto para él como para el resto de la familia, pero lo asumieron por ser un importante desafío y al mismo tiempo un modo de ayudar a remontar los negocios familiares.

— ¿y tú qué piensas al respecto?
—Bueno, él se marchó yo tenía ocho años, así que básicamente todo el resto de mi vida fue sin él; pero aunque a veces pienso que las cosas podrían haber sido diferentes, también pienso en que tengo que respetar su decisión, por que él eligió ese camino, y está contento con eso.
—Eso es muy generoso de tu parte.
—No lo creo, es más bien que me quiero proyectar en lo que sucedió con él, aunque no de la misma forma claro; yo escogí el mundo de las artes, y me habría gustado que aunque mis padres no estuvieran de acuerdo, me apoyaran en lo que quiero hacer.

Por un momento, Oskar pensó en las coincidencias que había entre los dos, a pesar de venir de sitios distintos, e incluso de núcleos familiares tan diferentes; la posibilidad de haberse conocido sin el elemento de la academia era ínfima en comparación, y estaba agradecido por ello.



4


Residencia maestros.


Gabriela entró en el casino, que a esa hora estaba casi desierto; sin embargo, vio a Aziare y decidió ir a sentarse junto Con ella.

— ¿Interrumpo tu lectura?

La aludida cerró la pantalla de luz sólida de su tableta de datos y le dedicó una amable sonrisa.

—En absoluto, sólo repasaba algo de lectura ligera antes de ir a dormir.
—Qué prudente.

Aziare alcanzó la botella a medio beber de agua mineralizada.

—Trato de hacer lo mejor.
—Eres una chica muy inteligente.
—Por suerte puedo decir lo mismo de ti.

Gabriela esbozó una fina sonrisa.

— ¿Y ya tienes una estrategia para poner en práctica cuando comience el torneo que propuso Omar?
— ¿Estrategia? —replicó la otra maestra, sin comprender—. Es un divertimento, y una oportunidad para que los chicos entrenen de un modo más ordenado, no veo en qué podría usar una estrategia.

Mientras escuchaba la respuesta, Gabriela se echaba hacia atrás en el asiento, juzgando cada palabra, evaluando los movimientos musculares realizados al hablar.

—Escucha, cuando pasa algo como esto, todos queremos destacar. Tienes que encontrar el modo de hacer que tus estudiantes estén preparados para luchar y mostrar talento.
—Suena como si hablaras de una competencia oficial.

La morena hizo una mueca socarrona.

—Siempre es oficial. No te engañes, los mandos de la academia van a estar atentos a lo que hagamos cada segundo durante ese torneo; a Omar no le importa, además él siempre se esfuerza mucho, pero tú eres la nueva aquí, no te confíes.

Sin decir más, se puso de pie y rodeó la mesa, pero Aziare aún tenía una pregunta.

—Te agradezco tus palabras, pero ¿Por qué?
— ¿No confías es el consejo de una colega?
—Confío en todos ustedes —supo sin duda que la otra mujer estaba de pie a un paso de su silla, dándole la espalda, con una postura relajada mientras su mirada de halcón estaba fija al frente, como si la estuviera mirando a los ojos—. Lo que me pregunto es por qué le das un consejo a una persona que podría ser tu rival.

La sonrisa de Gabriela se hizo un poco más amplia.

—Porque quiero que la competencia sea ruda. Porque quiero ver real enfrentamiento entre los chicos, y los míos no pueden destacar si todo resulta tan fácil. y claro, porque aunque no fui tu maestra, estuve enseñando aquí mientras tú eras una novata.
—Entiendo, entonces —se tomó un instante para sopesar las palabras—, entonces necesitas poder decir, a la larga, que derrotaste a alguien que representó una amenaza real.

La otra mujer comenzó a caminar hacia la salida.

—Lo dicho antes, eres una chica muy inteligente.




Próximo capítulo: Sana competencia. Miradas. Bajo rendimiento









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