Sten mor academia 1° Capítulo 09: Un movimiento importante ¡Usa tu poder!



—Esto está pasando por mí, lo estoy haciendo con la piedra.
—Es un poco presuntuoso de tu parte decir eso en tu segundo día aquí ¿No crees?

Krau y Mónica estaban hablando casi sin prestar atención a lo que decían; en ese momento su atención estaba por completo en el hipnotizante juego de luces que orbitaba la mano derecha de ella.

—Bueno, ahora que tenemos establecido que lo estoy haciendo yo, es un excelente momento para saber qué hacer.
—Creo que voy a grabarte.
—No seas ridículo, hablaba de qué haré con este conocimiento.
— ¿Hablar con tu maestro para que te oriente?

Se quedaron mirando un momento, en silencio.

—De acuerdo, plan B.
—No, espera —dijo ella pensando a toda velocidad—. Mi corazón me dice que le diga a Gabriela, o a Flavio, pero es evidente que aquí los maestros están compitiendo de alguna forma y no quiero ser un elemento de conflicto.
—Eso te haría mal a la piel.
—Gracioso. Iré con Darius a contarle mi maravilloso descubrimiento, aunque el precio sea que haga algún baile ancestral o arroje confeti por el aire.
—Voy contigo.
—Prefiero algo de exclusividad.
— ¡Oye! También es mi maestro.

En tanto, Omar y Darius estaban tomando un refrigerio al aire libre.

—Mi sexto sentido me dice que mis estudiantes me necesitan.
—Todos ellos nos necesitarán durante un tiempo —replicó el calvo sonriendo hacia su colega—, y dime ¿Cómo se siente en la práctica?
—Oh, se siente genial. Mi grupo es muy... muy...
— ¿Adecuado para otro maestro?

Darius se atoró un momento, pero se aclaró la garganta de inmediato.

—Algo así. Digamos que Mónica y Krau nacieron para Gabriela, y Mauren también un poco. ¿Cómo vas con los tuyos?
—Oh, todos tienen potencial, y puse al mando a Esteban.
— ¿Todos, incluso el de las canas?
—Sí, incluso él.
—No tiene exactamente un club de fans entre los otros.
—Creo que no lo necesita —replicó pensativo—, aunque es muy callado y no estoy seguro al cien de lo que está pasando con él. Al menos puedo decir que es el primero que siguió mis instrucciones de relajación al pie de la letra.
—Sí, y mira que no es fácil, a veces aún me duele el cuello de mi época de estudiante, y es por tu causa.

Omar no estaba siendo sincero en ese momento; en efecto, uno de su grupo tenía potencial, pero era algo que no podía leer, y eso le provocaba un ligero malestar. Desde siempre había podido entender quiénes eran las personas después de un análisis de su forma de moverse, de ver sus gestos y poses. Pero en ese caso no veía nada, era como estar frente a una figura sin esencia. O con una esencia demasiado en control. Y antes, sólo una vez sintió algo similar. Desvió la vista y revisó una notificación en el móvil.

—Una clase se cambió para después de almuerzo, así que antes de mediodía haremos la prueba de movimiento llave.
—Genial, el espectáculo ya no puede esperar más.



2


Torre Celeste

—Vinculación es un área importante, es aquí donde podemos definir lo apropiado para tomar las mejores decisiones en tu vida académica.
—Pensé que eso tenía que ver con métodos de investigación.

Ikronne negó mientras ella e Itiel llegaban al segundo piso.

—No, métodos te sirve para establecer cómo llegar a buenos resultados.
—Creo que no entiendo muy bien cómo es que está organizado esto —dijo él—, se supone que debería haber un orden en la asignación de las clases para todos ¿No es así?
—Por lo que he visto, en esta academia aplican un modelo evolutivo, es decir que analizan las características de los estudiantes y asignan las clases siguiendo ese patrón. Supongo que después de uno o dos días ya tendremos las asignaturas definitivas para cada uno de nuestros intereses.

Llegaron a la sala indicada.

—Pero dijiste que tenías muy ¿cómo fue la palabra? diáfana, tu situación. Quieres ser docente y eso es un objetivo definido con mucha claridad. Si es por eso, yo sí que tengo que venir aquí en primer lugar, porque sé que me gusta el mundo de las comunicaciones pero no tengo muy claro lo demás.

Ikronne se estaba sintiendo a gusto hablando con él. Tenía una tendencia a ser demasiado elocuente en lo que tenía que ver con el mundo de la docencia, pero conversando con él se sintió escuchada por alguien que atendía, absorbía cada cosa.

—Lo más probable es que los que estamos aquí, sea porque tenemos una idea sobre lo macro, pero no lo micro. A mí me gusta enseñar pero ¿Sobre qué?

En la sala estaban Alana e Irene, y unos momentos después llegó Esteban junto con Sebastián; venían hablando animadamente.

—Desde siempre —decía el musculoso—, es casi parte de mi desarrollo ¿y tú de donde traes la sangre deportista?
—Ah, hola a todos —dijo Sebastián sonriendo— ¿El encargado no ha llegado?
—Faltan dos minutos aún —explicó lrene—, vienen llegando puntual ¿y de qué hablaban?
—Esteban estaba diciendo que con tanto espacio, lo más probable es que tengamos un centro deportivo como un estadio o algo parecido.

Tomaron lugares apropiados en el salón mientras las luces se atenuaban un poco, señal de que el encargado estaba por entrar a la sala.

—Estoy seguro de que es así, casi podría apostarlo. Lo que me hace pensar que no nos hicieron un recorrido por el lugar, eso lo estaba pensando anoche, pero no nos han dado el tiempo tampoco como para ir a recorrer.

Sebastián agradeció el cambio de tema; la jornada anterior antes de dormir estuvo tratado de ponerse al día de la actualidad, pero la información en los medios era tanta que al final se quedó dormido sin avanzar mucho. Pero estaba decidido, tenía que saber de qué hablaba la gente de su edad antes que se notara que había vivido en una especie de burbuja. Podía saber mucho sobre carreras y reacciones en las redes, pero no quería que su pasado lo gobernara.

—Imagino un estadio grande, algo antiguo —estaba diciendo Esteban—, y que tendremos competencias para ganar puntos o privilegios.
— ¿No le preguntaste a Omar?
—Tendría que haberlo hecho temprano, pero los ejercicios de relajación que nos hizo nos ocuparon todo el tiempo, y luego yo estaba tan relajado...
—Ejercicios de relajación —dijo Ikronne con tono sarcástico, mirando a Itiel—, justo lo mismo que estábamos haciendo nosotros ¿Saben?
—Fue tan relajante —continuó él siguiendo la broma—, que si ahora mismo no hubiera luz, empezaría a dormir.
—A mí casi me pasa eso. Ah pero ese Omar es un genio, sabe muy bien lo que hace.

Itiel no alcanzó a explicarle que eso último era una broma; el encargado llegó y les dio una rápida explicación de lo que iban a desarrollar: un modelo de proyecto con base en el área que llamara su atención.

—Están aquí por que queremos ayudar a que encuentren un campo de especialización, pero no quiero que se sientan presionados: si sienten que tras esta sesión no están listos para decidir, pueden seguir asistiendo y eso no es un desmedro para su desempeño. Como ejemplo, es posible que te interesen las artes escénicas pero no tengas claridad acerca de escoger entre canto o baile clásico, y es muy probable que no dispongas del tiempo para dedicarle a ambos, ¿qué hacer entonces? Mi labor aquí es establecer un mapa frente a ustedes, en donde cada uno va a marcar las huellas del camino que van a recorrer. La mayoría del tiempo, gracias a estos ejercicios, los estudiantes definen con mucho éxito lo que desean hacer a futuro.
— ¿Y qué sucede si hay dos áreas dentro de un campo que me interesen lo mismo?
—Por fortuna, tenemos un método que privilegia el equilibrio entre aquello que más te apasiona, y las capacidades que tienes para ello; adicional a esto, si posees un afán pon continuar desarrollando esta segunda alternativa, puedes hacerlo a través de cursos secundarios.

Esa expresión detonó el interés de lrene.

— ¿Qué es un curso secundario?
—Es la opción de tomar un curso de forma paralela a tu ocupación oficial. Te requiere tiempo adicional, pero puedes complementarlo. Si alguien tiene interés en acceder a esta posibilidad, sólo tiene que mencionarlo cuando llegue el momento.
— ¿Es sólo una?
—Créeme, no habrá tiempo para más.



3


Explanada central. Antes del mediodía.

Todos los estudiantes volvieron a reunirse ante el aviso recibido; la mayoría estaban charlando animadamente acerca de las primeras clases del día, que habían sido Vinculación, Métodos de investigación, Disciplina de estudio, Vocación y servicios, Conocimiento del medio, Números y letras, Desarrollo de docencia, Motivación, Emociones y Sociedad y estrategias.

— ¿Cómo se sienten?

Omar tomó la palabra por algunos momentos, e interactuó con los estudiantes para saber su experiencia en el segundo día en la academia. Después de unos diez minutos de charla, decidió que ya era el momento apropiado.

—Bien, ahora es importante que presten mucha atención, por que este es un momento relevante para su desarrollo: van a aprender algo que se llama Movimiento llave, y no es otra cosa que el gesto que harán para utilizar su habilidad una vez que puedan invocarla.

Mónica había estado esperando ese momento, después de una charla algo insustancial con Darius.

—Como se les dijo antes, cada uno tiene una piedra, y esta le permitirá a la persona desarrollar un talento especial. El hecho de aprender a usar este talento es un medio que permite que se concentren y alcancen un nivel de equilibrio mayor, lo que a la larga hace de todas sus actividades algo mucho más sencillo. Las piedras son catalizadores que obtienen energía del medio y la convierten, usando el puente creado con ustedes como punto de tierra y de acción. Como se trata de manejo de energía, es importante que esto no suceda de forma involuntaria, ya que sería peligroso; piensen en un gesto que puedan hacer con una mano, o ambas, que al mismo tiempo sea fácil de memorizar pero no puedan hacer de forma corriente.

Mientras hablaba, elevó la izquierda y cerró el puño sobre el pulgar, al tiempo que hacía un leve giro; un instante después se movió muy rápido, como si se hubiera desplazado a unos seis metros sin haber dado un paso.

— ¡Cielos! —exclamó Sebastián por sobre el murmullo de asombro de los otros— es como lo que me ocurrió antes.
—Similar, pero no igual —indicó Aziare—. En tu caso, puedes mover tu cuerpo a velocidad según parece.
—Lo que yo hago es mover objetos usando mi piedra —dijo a su vez Omar—,  puedo hacerlo conmigo o no. ¿Quieres acercarte por favor?

Emocionado, el joven se puso de pie frente a él, dispuesto a experimentar. Omar puso una mano sobre su hombro y repitió el gesto, tras lo cual ambos se desplazaron de idéntica forma.

— ¡Increíble!
—Es por esto que el movimiento llave debe ser algo a propósito; no sería cómodo que yo estuviera durmiendo y de pronto me desplazara a un balcón o al techo.

Irene intentó identificar la piedra ¿Obsidiana, rodonita?

—Así que tan pronto tengan un movimiento decidido, les diremos si es apropiado, y lo sellaremos para que puedan pasar a la siguiente etapa.
—Y nada de gestos obscenos.
—Darius tiene razón —concedió sin alterarse— ¿Alguien quiere empezar?

Sebastián fue el primero, y eligió un gesto con índice y mayor al frente, los otros doblados, y describiendo un leve arco hacia adelante; una vez que el estudiante decidió el movimiento y el maestro lo aprobaba, este último usaba una frecuencia especial sobre la piedra, haciendo que esta cobrara un tenue brillo.

—Está brillando —comentó Oskar cuanto fue su turno—,  el azul de mi piedra se ve más brillante.
—Eso ocurre cuando se sella el movimiento. Ahora la piedra está bajo tu control.
— ¿Y ya podría hacer algo con ella?
—Todavía no  —replicó el maestro haciendo un gesto para que Miraz se acercara—. Antes deberás aprender a gestionar la energía, y ordenarle a la piedra que haga aquello que le indiques.

Itiel miraba con intensidad el ágata en su muñeca. Las diminutas bandas en toda ella resaltaban más ahora que el fantasmal brillo resplandecía desde dentro.

— ¿Va a pasar algo como lo que le ocurrió a Sebastián?
—No es muy probable; de todos modos... qué extraño.

Se quedó mirando el aragonito en la muñeca de Miraz que esperaba en silencio. La piedra no había reaccionado al movimiento llave. Gabriela lo notó mientras sellaba el movimiento de Serene, y desplazó la vista hasta encontrarse con la del calvo maestro. A pesar de sus diferencias, ella supo captar perfectamente el mensaje en los ojos de él. Todo sucedió en apenas una milésima de segundo, y al cabo de ella, el estudiante se separaba, con su piedra ya emitiendo el mismo brillo que las demás.

—No olviden el movimiento —el comentario de Jael sonaba más como una amenaza—; en adelante lo repetirán mucho, así que desde el principio mantengan el gesto muy claro en su mente. ¿Falta alguien?

Lena se adelantó de entre los demás.

—Sí, falto yo.

Hasta ese momento no tenía claro cuál sería su movimiento, y se estuvo retrasando haciendo diversas prácticas. Se dijo que quizás todo habría sido más sencillo si pudiese saber por anticipado lo que iba a poder hacer con la piedra. Pensó entonces que ya que su piedra podía proyectar la luz ordinaria en un arco iris, eso sería como una puerta. Aziare se acercó a ella y le sonrió gentilmente, lo que le dio confianza: levantó la mano izquierda con los dedos extendidos y el dorso hacia ella, y la giró hasta tener frente a sí la palma, sellando con ello el movimiento. En tanto, Carlo decidió que su gesto sería algo imponente, no una simple floritura como algunas personas que estaba viendo alrededor: describió un arco desde la cintura al pecho con la mano extendida y la palma hacia abajo, terminando por empuñar con fuerza, y le pareció que era un gesto apropiado y al mismo tiempo sencillo de hacer; había visto algunas formaciones de amatista en holos, y pensó que lucían muy bien en forma de estalactitas al natural, y quizás eso sería importante a la hora de usar el poder.

Mientras los otros terminaban con su proceso, Maud estaba a un costado practicando su movimiento.

—Interesante movimiento.

Oskar se acercó sonriendo de forma amigable, y ella le devolvió la sonrisa.

—Gracias, creo.
—Lo decía en serio —explicó él—, no estoy muy seguro de que el mío sea el apropiado.

El gesto era algo similar a tomar una fruta y exprimirlo, o eso le pareció a ella; la idea la hizo ahogar una risa.

—Lo siento, no quería burlarme de ti.
—Pero tendrías razón si lo hicieras —replicó él encogiéndose de hombros—; en el momento pensé que luciría bien pero no lo interpreté de otro modo. Pensé "Se ve bien, es como si estuvieras triturando roca" y la opción de dibujar una estrella de cinco puntas rodeada de un círculo era demasiado complicada.

Ambos rieron; ella pensó en que estaba muy nerviosa al hacer el gesto, pero cuando se hizo el enlace, sintió algo que no podría explicar, como si irradiara una energía por su brazo.

— ¿Y en qué te inspiraste para tu movimiento?
—Estaba pensando en algo que leí sobre la obsidiana gris: decía que si cortas la piedra en un ángulo o en otro, el color cambia, y pensé que el movimiento era algo similar.
—Eso es muy ingenioso y profundo, ahora me siento peor.

Ambos rieron; a Maud le agradaba la manera de expresarse de él.

—Mi piedra es la sodalita, suena como a sodio; qué locura estar en este lugar ¿No crees?
—Sí, aún es un poco raro asimilar las cosas que están pasando. Lo que más me llama la atención es que henos hablado muy poco de estas piedras, pero ya se me hacen importantes.
—Es cierto, me pasa algo parecido, y es como que a cada cosa que dicen los maestros hay una nueva pregunta que quiero hacer, y entender. ¿Y en qué estuviste antes?
—Emociones y sociedad —replicó ella—. Fue muy motivador a decir verdad; estábamos viendo cómo el arte y distintas muestras hacen efecto en las personas, incluso aunque ellas no estén prestando atención.
—Suena bien.
— ¿Y en qué estabas tú?
—Disciplina de estudio, eso es algo que estoy necesitando mucho.
— ¿Te cuesta estudiar?
—Más bien me cuesta programar estudios y todo eso. Soy bueno en la práctica, aplicando conocimientos, pero en la preparación soy de los que pasa un mosquito y se distrae.

Esteban estaba muy emocionado hablando con Priscilla; ambos habían hecho, por pura casualidad, un gesto que era muy similar: en el caso de él era adelantar la diestra con los dedos extendidos y cerrarlos hacia el abdomen, y en ella era casi el mismo movimiento, pero hacia el corazón.

—Entonces tu gesto es como para atraer energías positivas a ti y el mío para reunir fuerza.
—Pensé que ya que estamos usando estas piedras y los maestros dicen que son catalizadores, podemos utilizarlas de esa forma, o quizás es sólo una idea.
—A mí me suena bien, aunque no fui tan profundo como tú —dijo él con una risilla—. Estoy ansioso por saber qué es lo que podemos hacer y que lo veamos ya mismo.



4


Residencia. Comedor. Por la tarde.

León, Lena, Sebastián, Alana y Úrsula estaban cenando mientras la charla seguía animada para todos; después de la ceremonia de movimiento llave, el día había estado cargado de otras asignaturas, terminando la jornada a las nueve treinta con una breve aunque exigente reunión con los maestros.

—Lo siento si fuimos muy entrometidos —comentó León—, pero de verdad te llevaste todas las miradas.
—Todo está perdonado —replicó Sebastián mientras tomaba algo más de carne de la tabla central que estaban compartiendo—, además, ya me estoy volviendo el modelo de los ejemplos ¿tendré algo?
—Tal vez es porque resaltas de alguna manera —dijo Alana en voz baja—. O tal vez te recuerdan, con facilidad.

Úrsula se puso de pie de forma repentina y se alejó dela de la mesa.

—Me voy a acostar.

A pesar de no hablar de forma brusca, su actitud contradijo el tono de su voz; por un momento se hizo el silencio en el grupo.

—No creo que le haya molestado algo —dijo Lena de forma tentativa—, es decir, estaba algo callada pero...
—Debe estar cansada, es todo.

Alana se puso de pie también, mientras veía un mensaje en el móvil.

—Yo los dejo también, voy a pasar un rato con Serene y Mauren.
—Tal vez quieran unirse a nosotros.
—No lo creo. Hablamos luego.

Se hizo una nueva pausa en la mesa.

— ¿Deberíamos considerar ofensivo lo que nos dijo?
—No lo creo León. Tal vez iban a hacer algo como esmaltar sus uñas o así.
—Puede ser.
—En fin, no tiene sentido preocuparse ¿No es así? Hemos tenido una jornada intensa así que al menos por ahora no quiero pensar mucho.

El comedor estaba bastante vacío a esas horas, y sólo algunos trabajadores iban de un lado a otro ocupándose de sus quehaceres. En la terraza posterior, Itiel estaba saliendo con un vaso alto de zumo cuando notó que alguien más estaba allí.

—Disculpa, no quería molestar.

Naro estaba sentado hacia un costado, mirando distraídamente a la nada; volteó con lentitud al escuchar al otro hombre.

—Está bien, no me molesta.

Pero aún en la tenue luz de la noche, Itiel pudo notar que estaba sucediendo algo con él. Se sentó cerca, pero no demasiado.

— ¿Estás bien?
—Sí.
—No te ofendas, pero no lo parece.

Naro volvió a voltear, y se quedó mirándolo a los ojos, que lo observaban fijo.

—Es sólo un poco de cansancio.
—Estás mintiendo muy mal.
—Eso no —la réplica murió en su garganta. ¿Qué iba a decir, que estaba muy bien a una persona que a todas luces ya sabía que no? Se sintió como un adolescente evasivo—. A veces me desanimo un poco.

Estaba preparado para escuchar alguna de las habituales frases motivacionales, pero lo sorprendió la expresión reflexiva del otro.

—También me pasa, a veces cuando recuerdo a mamá.

No dijo nada más, y por un instante, ambos se comprendieron de forma total con respecto a un sentimiento, que aunque de origen distinto, tenía un punto en común para los dos. Naro sintió por primera vez en mucho tiempo que no tenía que aparentar que no ocurría nada, y al final ¿Qué tan importante podía ser hablar algo al respecto? No conocía a nadie en la academia, igual que los otros, tal vez sería una oportunidad para intentar soltarse y expresar algo de lo que le pasaba.

—A veces me pasa que estoy cansado de todo; y me enojo conmigo mismo porque tengo muchos motivos para no estar así, pero igual me pasa.
—No es necesario que expliques nada —Itiel lo miraba con una serena determinación—. A veces las cosas más importantes son sólo tuyas. No tienes que explicarle nada a nadie, no estás en deuda con el mundo.

Ninguno de los dos habló más, ambos mirando a la nada, cada uno sumido en su propio silencio.


Próximo capítulo: Habilidades personales. Poderes reales


Sección del autor



La ciudad de las nubes.

En el pasado, difícil era pensar en vivir en una ciudad cuya frontera es en gran parte una escarpada cordillera, pero en la actualidad, los habitantes pueden contemplar el resto del país desde los edificios y casa ubicadas en las alturas. Además de esto, el aeropuerto se ha convertido en un ícono de los avances de la ciencia, demostrando que la modernidad puede convivir sin necesidad de destruir.




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