Sten mor academia Capítulo 05: Prueba de conocimiento. ¿De dónde vienes?


Ciudad Capital. Zona primaria. Lunes 05 de abril.

La oficina de Olga en las instalaciones del alto mando era tan sencilla y minimalista como el comportamiento de ella en el diario vivir; paredes blancas con detalles de luz en el quinto superior, columnas en las esquinas con lo indispensable para la comunicación y comodidad, y un escritorio de cristal pulido en el centro, al extremo opuesto de la entrada principal; en ese momento terminaba una conferencia, cuando su asistente dio aviso de una visita programada.

—Dile que pase por favor.

Unos momentos después entró uno de los encargados de la cosecha de piedras, con una caja rectangular en sus manos.

—Señorita Olga, muy buenas tardes.
—Buenas tardes Joaquín.
—Le he traído las nuevas piedras para esta generación.
—De acuerdo.

Rodeó el escritorio y se dirigió junto al científico al mesón modular desplegado para ese fin; sobre él, el hombre depositó la caja negra de metal y la abrió sin ningún tipo de ceremonia, aunque el contenido así lo habría ameritado a ojos de alguien más. 33 piedras, cada una de ellas de una forma única, dada por la naturaleza de la misma, del tamaño de un guisante, envueltas de forma individual en una película traslúcida protectora, que evitaba cualquier tipo de daño desde el exterior. Desde las de escala más baja como la crisocola, hasta las más destacadas como el citrino, cada una de ellas destellando con ese característico brillo, irreal a los ojos de cualquiera no entendido en la materia.

—Las piedras superaron todos los estudios de forma apropiada, por lo que están listas para ser entregadas a los nuevos estudiantes.

Dos de las piedras llamaron su atención en ese momento.

—Morganita, obsidiana nevada, estas no están desde hace tres ciclos.
—Es cierto; pero ahora disponemos de ejemplares en tan buenas condiciones como todos los demás.
—Llama a Flavio, dile que todo está listo. Y, quiero que le des una felicitación a tu equipo, hicieron un muy buen trabajo.
—Se lo agradezco señorita Olga. Permiso.

Olga reconoció, incluso sin ver, cómo su piedra emitía un tipo de brillo similar, destellando el verde cristalino pendiendo de su cuello ante la cercanía de nuevos elementos. Ella sabía a la perfección que el brillo, común en el país como fruto de un tratamiento de joyería, se debía en ese caso al origen de esas piedras, el método a través del cual eran cosechadas y el objetivo que tenían dentro de la institución; luego de haber salido el hombre, se concedió a sí misma un instante de contemplación, para ver con tranquilidad y una secreta fascinación el brillo transparente del ángel aura, los profundos violetas y azules de la amatista, el pétreo azul del lapislázuli, o deleitarse con las infinitas marcas y caminos de color del ojo de tigre y el ámbar; ella había visto año tras año las nuevas cosechas, cada una diferente de las demás, y llevaba un registro mental de todas, incluso sin proponérselo. Las piedras eran uno de los pilares de Sten mor, y por ello tenían un enorme valor, pero para ella en particular la importancia iba más allá de ello. Era una conexión, única quizás, que sentía hacia esos objetos, no de un modo personal como la esmeralda que llevaba en el pecho, pero sí a causa del conocimiento de su existencia; las piedras eran el resultado de procesos naturales existentes desde hace millones de años, los cuales habían sido replicados, refinados y condensados por los laboratorios hasta conseguir un resultado único, y pese a ello, la esencia de las piedras se mantenía intacta en su interior. Nada las había cambiado, eran en el fondo, sólo trozos de rocas arrancados de las entrañas de la tierra, tan vivos y poderosos como la historia que llevaban consigo. Su asistente anunció la llegada de Flavio, por lo que ella cerró la caja y salió a la sala de recepción de visitas.

—Buenas tardes, Olga.
—Buenas tardes, Flavio.

Flavio era su maestro favorito entre los existentes en la actualidad, tras la partida del viejo Ben; inteligente, silencioso, cauto y siempre muy preparado, era el tipo de maestro que debería abundar, pero su apariencia por lo general daba una imagen opuesta: con ese rostro de niño y la estructura física esbelta y atlética, parecía diez o quince años menor de lo que en realidad era, y sin embargo era alguien confiable y certero.

—Dejo las 33 piedras en tus manos, para que las lleves a las instalaciones de la academia.
—De acuerdo, las llevaré de inmediato.
—Excelente, mantenme al tanto de cualquier eventualidad.
—Desde luego.

Con un asentimiento se despidió y salió de la sala; mientras Olga volvía a su oficina, pensó que ese era un inicio de año muy auspicioso, por lo que no perdería detalle. Quizás incluso la sospecha de piedra doble fuese una realidad.

1

Después de una hora de almuerzo que ayudó a dispersar el nerviosismo generado durante la sorpresiva prueba física, los distintos grupos utilizaron el espacio y las comodidades disponibles en la zona de descanso contigua al comedor. En la mesa de tiro de distancia, un grupo de seis estaba dividido en dos equipos, enfrentándose por el control de la pelota: de pronto alguien hizo un movimiento demasiado brusco, y la pequeña pelota roja salió disparada hacia una mesa en donde conversaban varios; de forma instintiva al percibir los gritos de alerta desde el otro lado del salón, dos personas se pusieron de pie y estiraron el brazo en la misma dirección; el movimiento de ambos hizo que la pelota rebotara por lo alto del recinto, sin alcanzar a nadie.

—Cielos —dijo Celia—, esos sí que son buenos reflejos.

Los dos aludidos se miraron sorprendidos ante la casualidad.

—Buena atrapada —dijo Itiel sonriendo—. Estás en muy buena forma.
—Lo mismo digo.

Dicho esto de forma escueta, el otro se desplazó hacia la zona de las bebidas a la izquierda.

—Creo que no le gusta mucho que lo miren, cuando estábamos terminando la prueba se escabulló para que no viéramos que era uno de los primeros.

La prueba física tomó un poco desprevenido a Itiel; si bien pudo reponerse y llegó entre los primeros ocho, no estaba muy seguro de quienes estaban a su alrededor.

—Así que eras tú.

Se acercó a la máquina y sirvió un extracto de malta seco.

— ¿Yo qué?
—Estabas a mi derecha en la prueba; estaba un poco atontado, sabía que había alguien pero no quién, lo hiciste muy bien.
—Gracias. Tú también lo hiciste bien.
—Itiel.
—Naro.

Se quedaron un momento en silencio, hasta que Itiel rio alegremente.

— ¿Qué es gracioso?
—Nada, es sólo que me dijeron que eras un poco antisocial o algo parecido y que te desapareciste de la vista en la prueba pero no me parece que seas así.

Naro se encogió de hombros.

—Bueno, no soy un centro de la atención como los que están allá —señaló a una mesa distante, donde abundaban las risas—, prefiero un poco más de silencio y calma.
— ¿Es una especie de indirecta, estoy hablando mucho ahora?

Naro sonrió; a sus 24 años, en ocasiones como esa se sentía mayor que el resto, y veía con mucha distancia las actitudes tan superficiales de algunas personas; su aspecto no ayudaba a disimular esa impresión, ya que tenía el cabello de un color grisáceo más propio de gente mayor, y además de eso siempre tenía marcadas ojeras.

—No, no es una indirecta; y entonces qué haces, ¿deporte o algo así?
—No hago un deporte en especial, pero me gusta correr y nado muy seguido.
— ¿Algún estilo?
—Sólo quitarme la ropa y arrojarme por un barranco.

Naro no entendió a qué se refería, e Itiel pudo notarlo al instante. Esa conversación estaba extraña, a decir verdad.

—Lo siento, es un dicho común en donde vivo. Soy de One-garui.
—Ah, ahora comprendo; soy de Altocielo.
—No hay mucha playa por ahí.
—Ninguna, aunque sí nado de vez en cuando, en mi trabajo, quiero decir en mi ex trabajo, hay una piscina para practicar.
—De ahí venía tu pregunta de los estilos.
—No trates de burlarte. Y ¿Es cierto eso que dijiste?
— ¿Quitarme la ropa? —replicó Itiel con liviandad—. Pues claro, de otra forma es muy complicado nadar.
—Me refería a lo de arrojarse por un barranco.
—Bueno, no son barrancos en realidad, es una zona donde la terminación del terreno es de corte y tiene cierta altura.
— ¿Cómo cuánto?
—No lo sé, veinte metros creo.

Naro dio un sonoro silbido.

—Eso suena realmente alto.
—Seguramente es la altura del techo de tu casa en Alto cielo.

Naro revoleó los ojos, aunque con falsa molestia, por alguna razón la broma de Itiel no resultaba molesta; además, las bromas sobre los edificios en su ciudad natal eran cosa corriente y nada novedosa.

—No son tan altos en realidad.
—Ah, pero imagino que si se te cae el móvil cuando estás en la ventana...
—Eso sí, mejor vas directo a conseguir otro.

Mientras tanto, Mónica estaba reposando junto al emisor de sonido; era una joven de aspecto delicado y frágil, de una estatura alrededor del 1,62, piel muy clara, rasgos infantiles aún a sus 21, y que usaba el cabello liso estilo melena, cayendo de forma natural y libre. Sus ojos sin embargo, evidenciaban su rapidez mental, brillantes, negros y atentos a todo.

—Entonces le dije "por supuesto que no".

Celia y ella rieron; la tarde se estaba volviendo muy interesante, encontrando entre los estudiantes a personas con las que pudiera charlar de forma distendida.

—Bueno, hay que conservar la calma, Dvorkia dijo que faltaban pruebas.
—Así es —replicó Mónica con un asentimiento— ¿Sabes algo? no importa el origen de las personas, es una cuestión de nivel.
— ¿Lo dices por aquel sujeto?
—No necesariamente. Mira, hay dos o tres por aquí que parece como si, no lo sé, los hubieran traído por beneficencia y no por capacidad.
—Pero...
—Pero sobre todo él, lo admito. Mira su aspecto, bajo la ropa común parece algo salido de las zonas de exclusión.
—Eso es verdad, pero por otra parte, no puedo creer que fueran a buscar nuevos estudiantes a esos lugares; estaba pensando que quizás es que fue muy bien calificado, ya sabes que hay algunos genios y puede ser que por eso esté aquí.
—Tal vez tienes razón, pero me da muy mala espina; no mira a nadie, es como si estuviera en una burbuja y no se acerca a nadie.
—En fin ¿Viste a Ferrán? Es guapo, y hablé un poco con él, es muy gentil.
—Sí, lo estuve mirando, aunque —Mónica entornó los ojos—, me gustan menos pulidos, un poco más rudos.
— ¡Mujer! Y te ves tan delicada, eso es una sorpresa.

Ambas rieron cómplices; Mónica señaló a Naro, quien en ese momento estaba del otro extremo.

—Él por ejemplo; es fibroso, se ve que hace ejercicio pero no es un modelo.
—Tiene unas tremendas ojeras.
—Quizás es por estudiar hasta tarde, o hace ejercicio de noche ¿Qué se yo?
—Parecía un poco antisocial.
—Sí pero hace un rato lo vi riéndose con otros, creo que no le gusta que lo miren mucho.
—Entonces no lo desgastes.

Desde los altavoces se dio anuncio breve que interrumpió todas las conversaciones; la totalidad de los recién llegados se dirigió entonces al edificio en donde estaban alojados: una mujer pelirroja, alta y esbelta los esperaba.

—Buenas tardes a todos. Mi nombre es Usvine, y seré la encargada de acompañarlos en las pruebas de conocimiento. Es importante que entiendan que estas pruebas no determinan lo que van a estudiar en la academia, sirven para que podamos establecer un mapa de habilidades específicas de cada uno de ustedes. Una vez que tengamos esas estadísticas, las combinaremos con las de estudio de ustedes y sus intereses, para formar con ello el campo al que va a dirigirse.
— ¿Pero podemos escoger?
—Si tuviera que dar una respuesta simple sería sí y no; lo que quiero decir en realidad es que para triunfar en Sten mor necesitas concentrar tus esfuerzos y nuestros recursos en lo que va a tener éxito. Voy a dar un ejemplo sencillo: si quieres dedicarte a la literatura, de seguro tendrás mayores intereses y conocimientos al respecto pero ¿qué ocurre si no tienes la capacidad para leer y absorber grandes cantidades de material escrito? Si se preguntan si eso los inhabilita, la respuesta es no, porque puedes equilibrar eso con un marcado sentido de la responsabilidad, o la capacidad de aprender nuevos métodos de aprendizaje; todo esto va a depender del justo equilibrio entre lo que ustedes quieren con lo que son capaces de hacer, y muy pronto van a entender que ese equilibrio interno los ayudará a llegar muy lejos.
— ¿Entonces qué pasa si no tengo ambas cosas que mencionaste, me iré a casa?
—En ningún caso —replicó la mujer prestamente—, aquí siempre tendrán otra opción, los ayudaremos a encontrar lo más apropiado, y cuando vean que esa decisión técnica satisface sus deseos personales, comprenderán lo efectivo de nuestro método. Pero para eso hay tiempo. Ahora por favor pasen a la sala F, les explicaré algunas cosas una vez allí.

Poco después, todos estaban en el interior de una sala habilitada con los implementos necesarios para una clase tradicional; Usvine llamó la atención de todos a la pantalla holográfica de la parte delantera, donde se materializó una réplica del área de trabajo individual de cada puesto.

—La prueba de conocimiento que van a realizar ahora se divide en cuatro partes y representa el paso más importante para decidir su futuro, por lo que no hay respuestas equivocadas a menos que no sean honestos. Recuerden que lo que estanos buscando no es un determinado tipo de persona o estudiante, lo que queremos es alcanzar el máximo potencial de ustedes mismos; sólo podemos ayudarlos si es que ustedes así lo quieren. No traten de "encajar" en un perfil determinado, eso nunca funciona y a la larga hace una labor más tediosa para su desarrollo; les recomiendo que sean sinceros, y respondan todas las preguntas de acuerdo a lo que sienten, eso va a llevarlos a las respuestas correctas. Aunque no es necesario explicarlo, les recuerdo que cada prueba es individual y no tendría utilidad inspirarse en lo que hagan sus compañeros; a primera vista parece una sola prueba, pero cada etapa finalizada corresponde a un ítem en particular. Comiencen por favor, no hay tiempo límite.

Esteban miró la prueba frente a sus ojos con tranquilidad; estaba tan seguro de aquello en lo que creía, la persona que era y quien quería ser a futuro, que no encontró dificultad en comenzar a responder. Después de algunas preguntas genéricas, la primera que le importaba ¿Cuál es tu trabajo ideal? Sonrió ante la pregunta y respondió sin vacilar, con la mente fija en su idea; quería instaurar un tipo de negocio relacionado con el ejercicio, enfocado a llevar el bienestar y los avances del desarrollo directamente a las personas; en la actualidad había gimnasios móviles, o instructores a domicilio, pero nadie llevaba eso al siguiente nivel, y eso era lo que quería, motivar a las personas a que sacaran lo mejor de sí mismas, no sólo haciendo una rutina, sino haciendo explotar la energía interna a través de ejercicios explosivos y llenos de adrenalina. Le gustaba competir, y la adrenalina de estar luchando contra fuerzas superiores, o estadísticas, pero también había más que eso: era sobre superar a lo que había sido, y superar a otros, y estaba convencido de que eso podía descubrirse en otros que incluso no lo supieran.
Lena tenía muy fresco en la mente el último examen de admisión, y no le molestó en absoluto la diferencia que encontró en esa ocasión: por primera vez las preguntas no tenían que ver con conocimiento de forma única, sino más bien con la implementación de ellos de forma práctica; descubrió además que algunas preguntas conducían a otras, como aquella de su experiencia a bordo de una nave. En primer lugar tomó la opción "Sí," pero luego entendió que la pregunta era sobre un avión en movimiento y no un simulador o una máquina empotrada en un museo, de modo que cuando regresó en la opción y entró a "No" descubrió otra tanda de opciones entre los que se incluían las que ella había experimentado. Conforme fue escogiendo alternativas y respondiendo interrogantes, se dio cuenta de lo sencillo y entretenido que era, por lo que el resto fue mucho más fácil, y se olvidó tanto del paso de los minutos como del nerviosismo inicial.
Por otro lado, Sebastián estaba detenido en una de las preguntas iniciales "¿Cuál es tu trabajo soñado?" Se recordó a sí mismo hablando hasta tarde con Mick, sobre tantos temas distintos cada jornada; entre todo eso, en determinado momento el asunto de Sten mor reapareció, cuanto faltaba la mitad del tiempo para ser convocado: Sebastián siempre había estado entrenando para correr en motocicleta, corriendo y yendo de un sitio a otro, pero ¿Era realmente eso lo que le causaba un gran sentimiento, era su pasión? Sabía que la adrenalina de la competencia era algo en muchos casos incomparable, pero se detuvo a pensar y vio la diferencia, graficada en tres momentos muy específicos: cuando ganó una competencia después de haber ido último, cuando estaba viviendo con Mick y de forma tan natural comenzaron a hablar de chicas y cómo enfrentar la sexualidad, y cuando se enfrentó con Esteban en la sala antes de la primera prueba. Se trataba de tres momentos relevantes, en donde se había sentido pleno y a gusto, y en donde sin embargo las emociones eran por completo diferentes; la vida en la casa de Mick era sencilla, pero nada ahí era pasajero. En ese entonces habría dicho, casi sin dudar, que las competencias eran sólo una forma de engañarse con una falsa alegría, pero ahora que volvía a hacer actividad física, se daba cuenta de algo muy importante: competir, o desarrollarse físicamente, ya no era una acción que dejaba un sentimiento vacío. Ahora había algo, y quizás en ese sentimiento estaba su verdadero futuro: decidió que quería aprender sobre técnicas de ejercicio, y crecer a partir de ahí.

Poco después de terminada la prueba, por la tarde, Usvine reunió al grupo en una zona despejada, al aire libre; en la mayoría reinaba un ánimo muy distinto al anterior.

— ¿Cómo se sienten?
—Muy tranquilo —replicó Ferrán—. Pensé que la prueba haría algunas exigencias, pero en realidad fue muy sencillo.
—Es cierto —comentó Mónica—; cuando nos dijiste que era una prueba de conocimiento, esperaba algo mucho más de conocimiento general, pero es sobre autoconocimiento en realidad; cuando sabes muy bien qué es lo que quieres para tu vida y lo que eres capaz de hacer, es muy sencillo.

Usvine sabía, por las expresiones de los estudiantes, que varios no estaban de acuerdo con esas declaraciones; sin embargo, optó por evadir el tema y decidió darles la buena nueva.

—Me alegro que esta experiencia haya sido satisfactoria, porque tengo algo que decirles; todos ustedes deben ir a sus cuartos, empacar sus cosas, dejarlas en la zona indicada para su transporte y prepararse: en una hora entran a Sten mor.

El estado de calma en algunos, e introspección en otros, dio paso a una evidente alegría, y también confusión.

— ¿Es verdad?
—Pero nos dijeron que eso sería hasta tres días.
—Lo sé, pero nuestros procedimientos no son rígidos cuando no es necesario; los resultados de sus pruebas son muy buenos, por lo que sería innecesario hacer más cuando ya tenemos claro como equipo lo que es requerido. De todas formas, antes de que vayan a recoger sus cosas, quiero dar algunos resultados que pueden ser interesantes; si bien las pruebas no son hasta ahora de tipo competitivo, sí es posible establecer un parámetro de rendimiento, basado en la precisión y rapidez de las respuestas, la complejidad de los argumentos y, desde luego, combinando esto con la prueba física anterior. Dicho esto, tengo el placer de informar que hay siete destacados: Priscilla, Celia, Luz, Mónica, Ferrán, León y Oiren.

Oiren escuchó su nombre casi como si no fuera el suyo; por un largo momento pensó que alguien iba a reír o decir que era una broma, pero cuando una persona le dio una amistosa palmada en el hombro, entendió que era real.

—Felicidades —dijo Esteban sonriendo—, quién diría que eras un pequeño genio.
—No creo que sea un genio en verdad.
—Ah pero eres modesto también, hay que cuidarse de ti.

Se rio fuerte y alegre; Oiren sintió que enrojecía.

—No pareces preocupado por no estar entre los más destacados.
— ¿Bromeas? Es un alivio no estar, tengo mucho en qué pensar y para aprender como para estar con la amenaza constante, como esa frase que dice que tienes que ser siempre el mejor. Hablamos al rato, tengo que descargar un poco de adrenalina.

Por alguna razón, conocer esa noticia resultaba en una gran carga de energía; ya basta de pruebas, estaba listo para entrar de forma oficial a la academia y esa era una gran novedad. Con tiempo disponible y espacio abierto a su disposición, se acercó a un grupo de árboles y trepó con gran agilidad por el tronco de uno de ellos, sujetándose de una rama gruesa y valiéndose de sus fuertes brazos para desplazarse con agilidad; sin embargo, una rama se quebró, y Esteban cayó.

—Ouch.
— ¿Estás bien?

Una chica se acercó al ver la escena, que había pasado inadvertida para la mayoría; Esteban estaba semi sentado sobre el césped.

—Sí, no pasa nada.
—Tienes un corte en el brazo —observó ella arrodillándose junto a él—, déjame verlo.

Iba a negarse, pero decidió dejar que el ego ganara por un momento: ella era esbelta y alta, y sus manos estaban un poco frías; lucía el cabello como una melena hasta el borde del mentón, lo que le daba una apariencia juvenil y fresca. Tenía ojos de un extraño color gris, que sin embargo era la nota de color en un rostro de piel blanca, y estos eran además muy expresivos. Le pareció que su aspecto en conjunto, con una camisa con escote muy discreto y pantalones a juego era muy común, pero le sentaba bien.

—Gracias por ayudarme, aunque estoy bien.
—Fue un poco arriesgado hacer eso —observó ella, un poco ausente mientras secaba la sangre con un pañuelo blanco—, pudiste caer de cabeza.
—Estoy acostumbrado a este tipo de actividades, me gusta mucho ejercitarme. Soy Esteban.
—Irene —replicó ella alzando la vista hacia él y sonriendo—, espero que si digo que es un gusto no pienses queme refiero a tu accidente.
—Sería divertido si lo dijeras de todas formas —replico él con liviandad—, pero no me ofendería. Creo que no nos habíamos visto antes, así que sí es un gran placer.
— ¿Y decías que haces mucho deporte?
—Es parte de mi vida en realidad —replicó el, poniéndose de pie—, practico escalada costera y algo de ejercicio en las rocas antiguas.
—Ah, eres de One-garui —Irene sonrió—, hay lugares muy bonitos ahí, pero seguro la gente siempre dice eso.

Comenzaron a caminar de regreso al edificio, siguiendo al grupo que en esos momentos hacía lo mismo.

—No tanto en realidad; algunos creen que son muy importantes, como esos estirados de Torre de piedra.

Irene asintió, pensativa.

—Estoy de acuerdo con eso; en Torre de piedra hay muchos estirados que creen que son importantes.

Oh, no, lo acababa de arruinar; y como si no fuera suficiente con eso, lo había dicho con total seguridad.

—De acuerdo, esto es un poco incómodo.
— ¿Luzco molesta? —replicó ella sonriendo con indulgencia— Vivo en Torre de piedra, pero no soy ciega; lo que dices de la gente de allá es bastante cierto, aunque no somos todos.
—Lo siento, debí ser más claro.
—No te disculpes tanto, en serio. Esto es lo mismo que lo que se dice de One-garui en mi ciudad "Esos fiesteros buenos para nada"
—Vaya, eso sí que no lo había escuchado.
—Pues ahora lo sabes.

Lo bueno era que se lo había tomado con mucha naturalidad; pero era un buen momento para cambiar de tema.

— ¿Y qué hacías en Torre de piedra además de ser una interesante excepción a la regla?
—Intentaba estudiar ciencias económicas, pero no se me estaba dando muy bien.
— ¿Estabas en la universidad?
—Sólo como oyente, mi familia no está en las condiciones para que yo entre a estudiar, mi hermana aún no termina su carrera. El punto es que tengo otros objetivos, y ahora que surgió esta posibilidad...
— ¿Y qué es lo que quieres hacer en realidad?
—Conectarme con la naturaleza; quiero especializarme en técnicas de preservación de la flora y fauna, y desde luego en mantención de proyectos que ayuden al desarrollo sustentable.
—Suena muy complejo ¿Cómo es que eso encaja con ciencias económicas?
—No encaja de ninguna manera.
— ¿Entonces cómo...?
—En parte por mala decisión —replicó ella—, pero también por no entender qué es lo que tenía que perseguir en la vida. Digamos que soy una especie rara en mi ciudad.

Entonces la familia eran empresarios o pretendían serlo, y la presencia de ella significaba un problema adicional. Había visto casos como ese en su ciudad, padres recriminando al hijo que no quería trabajar a bordo de un barco o en el puerto; extrañamente, a pesar de las diferencias que tenía con su padre, este siempre respetó sus decisiones y lo impulsó a seguir sus sueños.
Después de despedirse momentáneamente de Irene, fue a su habitación y comenzó a ordenar rápido; pero se distrajo al ver en un espejo el corte producto de la caída: no era nada grave, sólo un raspón, pero la actitud de ella y su buen genio fueron un premio inesperado como adicional a la academia en sí, y además tenía muy buen sentido del humor.

—Irene —dijo hablando con su reflejo—, si dejo de decir tonterías, tal vez podamos ser amigos, o quizás algo más.

Estaba distrayéndose imaginando cosas, pero sea como sea, tanto lrene como él seguirían ahí por dos años, y en ese tiempo podían pasar muchas cosas.

En el primer piso, Serene estaba charlando animadamente con Mauren y Alana. La primera era de baja estatura y muy menuda, que usaba el cabello muy largo atado en una cola a la altura de la nuca, mientras que la segunda era más alta, desgarbada y de expresión cansada; usaba ropa algo holgada y llevaba el cabello muy corto, con las puntas hacia el rostro y cubriendo parcialmente la frente.

—Así que las manos que pueden ver en ese anuncio de joyería son las mías.

Las otras chicas parecían fascinadas con el relato, y se veía ansiosas por escuchar más.

—Cielos, nunca había conocido a una modelo famosa.
—Yo no usaría la palabra fama, Mauren —replicó con tranquilidad, sonriendo—, sólo he hecho algunos trabajos, y claro, se vuelven un poco llamativos como en ese caso.
— ¿Hiciste otros trabajos también?
—Algunos, pero el modelaje es un mundo muy absorbente, la verdad; un día estás aquí, tomando una fotografía, mañana estás allá, probando un traje o en una audición, y las cosas nunca están listas desde el primer intento.
—Qué interesante.
—Ahora que estoy aquí tengo la oportunidad de aumentar mis conocimientos. Pienso que ya ha llegado el momento de ampliar mi horizonte y ser una artista integral.
—Pero no existen en realidad muchos artistas integrales en el país —comentó Mauren, sorprendida—, he escuchado que es muy difícil dominar técnicas y conocimientos de distintas áreas.

Pero Serene mostraba una seguridad a toda prueba.

—Eso no es ningún problema para mí; ya saben, algunas personas tenemos muchas aptitudes y no puedes simplemente desperdiciarlas.

Mientras decía esto, muy cerca pasaron Isabelle y Lena conversando de forma muy relajada; Alana no pudo dejar de notar algo y lo comentó de inmediato.

—Mira, esa chica lleva un accesorio muy bonito en el cabello.

Serene, sin embargo, no parecía sorprendida.

—No le queda mal, aunque parece de fantasía. En fin —agregó con un gesto calculado—, hay para todos los gustos.

Dicho esto, quitó el lazo blanco con el que tenía atado el cabello, e hizo un hábil recogido a la izquierda de su cabeza, con lo que el pelo cayó como una cascada con cientos de diminutos brillos provenientes del accesorio. Las chicas admiraron sorprendidas el cambio sutil pero llamativo en su apariencia.

—Parece que a alguien le molestó tu presencia —dijo Isabelle en voz baja.
— ¿De qué hablas?
—Esa chica, la rubia. Te vio pasar y automáticamente quiso posar para la cámara.
—Eso es ridículo —replicó Lena mirando de reojo, sonriendo—, esa chica es hermosa, es como una modelo o algo así. No es como que vaya a estar celosa de cómo me tropecé en el casino, por ejemplo.

Más temprano, saliendo del casino, Lena había tropezado y estuvo a punto de caer sobre la barra de postres, siendo salvada en el último momento por un chico que la sujetó de un brazo. Ambas llegaron a la zona indicada, en donde ya casi estaban todos los seleccionados; se encontraban en el exterior de la zona primaria, en el punto opuesto a la entrada, enfrentados a un largo pasillo cuyo techo era curvo y de gruesos pilares cuadrados, que llevaba a una pared alta a modo de división de sectores.

—Veo que ya están todos aquí —comentó Usvine—, siendo así, les pido que me acompañen a la entrada de Sten mor.

De forma espontánea, se hizo el silencio en el grupo, que avanzó a paso lento por el ancho pasillo, expectante del movimiento realizado por la mujer. Ella llegó hasta la entrada, ingresó el código personalizando, y las puertas se deslizaron silenciosamente hacia los costados, dejando ver por primera ver a todos ellos las instalaciones de Sten mor. La explanada inicial, de unos cincuenta metros de ancho y más de treinta de profundidad, era una atractiva bienvenida, poblada de pequeños caminos, arbustos con flores, asientos cómodos y alternancia de lugares iluminados y sombreados, dando la sensación de estar en campo abierto a pesar de ser un sitio techado. Al final de esta zona todos los pequeños caminos confluían en cinco vías principales, cada una de ellas orientada a un edificio, todos diferentes en detalle de diseño pero por igual imponentes en sus ocho pisos de altura, sofisticados y atractivos a la vista.

—En este momento puedo decir de forma oficial que empieza su estadía en Sten mor.

Recibió una comunicación a modo de aviso, tras lo cual enfrentó al grupo que aún se mantenía a la espera de mayor información.

—Los cinco edificios que están viento a cierta distancia son el punto más importante de su etapa inicial de estudio: la Torre violeta, a la izquierda, es el centro de investigación científica, donde podrán desarrollar actividades de experimentación, estudios y asistir a algunas video conferencias programadas. El segundo edificio, la Torre celeste, es el centro de estudios técnicos y prácticos, lugar en donde se desarrolla todo tipo de proyectos de estudio histórico, legal, administrativo, de cálculo, humanidad y ciencias; pasarán mucho tiempo ahí preparando material para rendir exámenes. El tercer edificio, la Torre verde, que está más alejada, es el centro de coordinación física, allí los amantes del deporte encontrarán todo lo necesario, pero no es una zona de esparcimiento, fue pensada para ejercitar y cuidar el cuerpo en todos los sentidos, por lo que podrán encontrar también todo tipo de terapias y alternativas de tratamiento y cuidado.
La torre amarilla, a la derecha, es el centro especializado en complejidades de aprendizaje y conducta, es el sitio que van a visitar si tienen alguna clase de duda o conflicto sobre los estudios que están desarrollando, y también si sienten que necesitan algún tipo de asistencia o apoyo emocional. Por último, el edificio blanco de la derecha, el que está más alejado de todos a la derecha, es el centro de desarrollo de los maestros, asistentes y personal de apoyo de la academia. Oh, qué buena suerte, aquí vienen los maestros.

Lena reconoció de inmediato a Aziare; en ese momento llevaba un vestido largo hasta las rodillas con un cinturón rojo a juego con un pequeño maletín, y lucía serena y segura. Miró a todos con una media sonrisa mientras se acercaba.

—Quiero presentarles a los seis maestros principales de la academia: Gabriela, Darius, Omar, Aziare, Flavio, y Jael. Ellos serán los encargados de trabajar con ustedes en la materia más importante de todas, y que será el nexo común entre todos. Tendrán diversas clases de acuerdo a sus proyecciones personales, pero una en particular será impartida por los maestros, y es a ellos a quienes deben confiarse para poder alcanzar su máximo potencial.

¿Una clase común a todos ellos con ese nivel de relevancia? Serene pensó que lo mejor sería descubrir de inmediato de qué se trataba esa clase tan especial, y hacerse de la simpatía de todos los maestros, aunque para ella eso no sería un problema.


Próximo capítulo: Poderes fuera de este mundo

Sección del autor




La hermosa Ed-viri es un lugar de paz y al mismo tiempo, de investigación. Mientras en determinados sitios los arqueólogos trabajan en la preservación y traslado de restos y valioso objetos descubiertos, la sociedad se ha mezclado con este entorno rico, creando sitios turísticos y ayudando a la artesanía y la conservación de costumbres antiguas que se mezclan a la perfección con la modernidad.


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