Sten mor academia Capítulo 04: ¿Nuevas amistades? ¡Una prueba física!



Zona primaria. Lunes 05 de abril, mediodía.

Poco más tarde, Dvorkia anunció que debían prepararse para una prueba que tendría requerimientos físicos, y que debían estar puntual al medio día en la nave central del edificio.

—Agradezco que hayan venido todos a la hora indicada —dijo en cuanto todos estuvieron reunidos. En ese momento llevaba tenida deportiva—, ahora vamos a ir hacia esa puerta, tengo algo preparado que seguro les va a encantar.

Avanzaron en relativo silencio hasta una puerta de la izquierda, que conducía a una gran sala de pruebas físicas; el recinto estaba en apariencia vacío, pero las paredes, techo y piso ocultaban una serie de mecanismos capaces de generar gravedad, pulsos de aire, destellos de luz, y además otros con la cualidad de percibir y registrar pulsaciones, ritmo cardiaco, niveles de oxígeno, endorfina, serotonina y otros que podían configurar un preciso mapa de reacciones.

—Como saben, esta es una sala de pruebas físicas; no voy a pedirles a todos que hagan lo mismo ni que dejen el alma en una larga cinta de trote mientras llevan mallas ajustadas de colores —sonrió , aparentemente el comentario tenía un doble significado para él—, lo que harán será buscar su identificador ID en el suelo, y comprobarán que disponen de un amplio espacio: el mismo va a verificar que sus niveles estén correctos con un simple escaneo, y luego tendrán que cumplir con la prueba.
— ¿Y en qué consiste la prueba?
—Reflejos, capacidad de reacción; una vez que termine el escaneo, lo único que deben hacer es caminar hasta el fondo, escoger un camino, y luego llegar hasta donde estoy yo. Esto no es una competencia por ver quién llega primero, lo único importante es que lo hagan de la mejor manera posible, según sus propios capacidades. Empiecen.

Todos tomaron posiciones según lo indicado; el escaneo tomaba tan sólo unos segundos, por lo que la caminata hacia el fondo de la gran sala se dio en un ambiente de mayor incomodidad o nerviosismo, que contrastaba con la anterior calma. Por supuesto que algunos estaban sintiéndose en su ambiente cuando se trataba de una prueba física; Esteban era el prototipo de deportista, y pensaba dar uso a sus capacidades desde el primer momento.

— ¿Listo para otra prueba?

Desvió la vista hacia un lado y vio a quien le hablaba con una gran sonrisa en el rostro, e hizo una mueca.

—Yo nací listo.
—Eso es bueno porque, ya sabes, las cosas no siempre son como uno espera.

Había subestimado a ese muchacho por verlo delgado y más bien pequeño, pero fue un grave error; en la cámara de medición de reflejos dentro del edificio fue humillado por ese chico, que desde luego tenía mucha aptitud más de lo que parecía a simple vista.

—Vamos a hacer algo Sebastián. ¿Qué te parece si hacemos una competencia?

El aludido meneó la cabeza.

—No creo que nos pongan los mismos obstáculos, yo soy ectomorfo y tú eres mesomorfo.
—Pero seguro que pondrán una escala de rendimiento personal ¿O es que ahora ya no te sientes tan seguro?

Sebastián sonrió, mientras en segundo plano escuchaba cómo la computadora iniciaba una cuenta regresiva; meses sin hacer nada competitivo, los más felices de su vida, pero igualmente con ese componente faltante. Y no era que Mick se lo hubiera prohibido, es que haber ido a vivir con él y tener una real experiencia de familia siempre estuvo en primer lugar.

—Si quieres hacerlo, adelante, no le temo a las competencias.

Sobrevino el instante previo al inicio de una competencia, ese ligero momento en donde todo quedaba atrás y sólo había un objetivo: avanzar en línea recta y llegar a destino. La señal indicó que ya podían comenzar, y ante eso, toda la sala adquirió un color mate que resaltaba las lumínicas separaciones entre pistas individuales. El sistema inteligente entonces activó los micro sensores y emisores, y aunque a simple vista no se percibía diferencia alguna, algo pasó en cada ruta personal; cada persona fue expuesta a niveles milimétricamente calculados de ondas de luz, sonido o movimiento, ninguna de ellas capaz de dañar en lo más mínimo a una persona, pero teniendo la habilidad de provocar dificultad de movimiento o reacción, todo medido para cada individuo según su constitución y estado físico. Tan pronto como comenzó, Esteban sintió que su cuerpo se volvía mas pesado, como si hubiera más gravedad en ese sitio; de acuerdo, se dijo, he corrido con muchos kilos acuestas, puedo hacer esto.
Sin embargo no era sólo la gravedad: el aire se sintió enrarecido, como si estuviera en una zona de mayor altitud. Por supuesto, si usaba más fuerza para moverse, por obligación necesitaría más oxigeno; eso no era tanto una prueba física como de habilidad, tenía que encontrar el equilibrio perfecto entre la fuerza usada y el gasto de energía. Desvió la mirada por un momento a la izquierda y vio que Sebastián luchaba contra lo que podrían ser ondas de aire, diseñadas para hacer perder el equilibrio a alguien delgado como él. Avanzó un paso tras otro, y de pronto cambió su postura corporal, encogiéndose y juntando los brazos hacia las costillas, mientras con las manos protegía la cara; eso hizo que pudiera caminar un poco más rápido. Esteban decidió dejar de perder tiempo y se concentró en su propio avance, y descubrió que era más sencillo si en vez de avanzar como si empujara una pared, lo hacía arrastrando los pies y moviendo el cuerpo de forma similar a si lo hiciera en el agua. Poco a poco los segundos se volvieron minutos, y se dio cuenta en una rápida mirada que aunque estaba entre los más avanzados, aún no llegaba a las tres cuartas partes del trayecto de más de cincuenta metros.
En tanto, Oiren no lo estaba pasando bien con la prueba; sentía el cuerpo pesado e inestable, y estaba respirando con dificultad. sabía de la existencia de esas cámaras pero nunca había usado una, como claramente otros en ese lugar sí. ¿Qué tenía eso que ver con una academia, con estudios? No podía pensar con claridad, sentía el corazón latiendo con violencia y le temblaban las piernas a cada paso; trataba de mantenerse firme y mirando al frente, pero era como si el suelo bajo sus pies estuviera hecho de gelatina.

—No puedo...

Nunca había sido apto para la actividad física; de tanto en tanto salía a explorar por el campo en busca de algún ejemplar de piedra que fuera apropiado, pero recordaba muy bien el agotamiento después de sólo un tiempo de caminar por zonas escarpadas. Estaba intentando decirse que ese cansancio era distinto, que esto era algo programado y que no le haría daño, pero la sensación estaba ganándole a la razón.

—No... no puedo... no puedo...

Sentía que iba a desfallecer; casi no podía moverse, sentía la garganta seca, y se dijo que quizás no importaba tanto, que podría conformarse y quedar detenido ahí, hasta que terminara la prueba.
Esteban ya había tomado el ritmo de la prueba; incluso el cansancio se estaba sintiendo bien, como un desafío bien acogido por su cuerpo. Se tomó el tiempo para mirar alrededor, y comprobó que estaba entre los primeros, junto a dos sujetos a la izquierda que parecían competir, una chica esbelta que miraba fijo al frente, una morena cuyo cabello ondeaba de un sólo lado de la cabeza, como si se hubiera despeinado, y Sebastián, el competidor al que le interesaba derrotar. Pero un segundo después vio que este se devolvía.

— ¿Qué es lo que?

Sebastián retrocedió casi diez pasos y se detuvo, mirando hacia la pista de su izquierda.

—Oye, reacciona.

Oiren estaba casi inclinándose, pero levantó la vista con dificultad.

—No puedo... no puedo seguir.
— ¡Tonterías! claro que puedes ¿Te vas a rendir ahora que llegaste hasta aquí?

Oiren enfocó la vista y descubrió que el que le hablaba era el mismo chico que lo ayudó a orientarse en Ciudad Capital; le sonrió e hizo un gesto de ánimo con las manos, sabiendo que no podía acercarse en ese momento.

— ¡Levántate! ¡Puedes hacerlo, no tienes permitido rendirte ahora! ¡Llega a la meta, está muy cerca!

Las palabras sonaban tan reales, como si de verdad él creyera en lo que estaba diciendo. Como si creyera en él. Así, sintió un fuerte impulso por continuar, se puso firme en las piernas y siguió el camino, repitiéndose una y otra vez que eso iba a terminar, que sólo era una prueba controlada por máquinas, dirigida por personas especializadas en ello, y que no sufriría daño alguno. De pronto se dio cuenta que estaba en la línea de meta, aunque exhausto y aturdido, pero lo estaba.
Alguien acercó una silla y se sentó pesadamente dejando por un momento que las cosas pasaran; alguien le alcanzó una botella con agua y bebió un par de sorbos con los ojos cerrados, mientras aguardaba a que su respiración volviera a la normalidad.

— ¿Te sientes mejor ?
—Un poco —replicó con lentitud—, no puedo creer que lo haya hecho.
— ¿Nunca antes probaste algo así?
—Nunca.

Inspiró profundo y sintió que la respiración volvió al ritmo normal. Enfocó la vista y vio que estaba en la zona de llegada, y aunque varios se veían cansados, ninguno parecía estar en tan mal estado como él.

—Tú eres... tú me ayudaste en la mañana. Gracias.

Sebastián sonrió amigablemente.

—Tonterías, no hay nada que a gradecer; mi nombre es Sebastián.
—Oiren, es un placer, y gracias de nuevo por ayudarme.
—Insisto, no lo agradezcas; lo importante es que terminaste la prueba.
—Pero fui el último de todos.
—No es una competencia —dijo el otro quitando importancia a ese asunto—, lo que miden son las estadísticas de rendimiento personal.
—Estadísticas no muy buenas para ti, me temo —dijo Esteban acercándose con dos botellas de Emporio en las manos y una gran sonrisa en el rostro—, ibas muy bien, estabas entre los primeros junto conmigo .
—Espera ¿van a descalificarte por... ?
—Cómo crees, eso no va a pasar —comentó Sebastián con toda calma—, sólo relájate mientras nos informan cómo sigue todo esto.

Dvorkia en tanto estaba recibiendo datos en la tableta que llevaba consigo; Serene se acercó a él mientras se ataba el cabello a la altura de la nuca.

—Supongo que todo esto no es más que rutina.
— ¿Disculpa?
—Esta prueba; las personas que hemos sido escogidas para estor en esta academia cumplimos con lo establecido —dio una rápida mirada alrededor—, o al menos la mayoría de nosotros.

El hombre sonrió con indulgencia.

—Las pruebas que realizamos no son por protocolo; por lo tanto mi consejo es que tengas la mejor disposición par para aprobar todas.

Dicho esto se desplazó hasta el panel de control, en donde dio la instrucción de dar por finalizaba la simulación.

—Damas y caballeros, hemos terminado la prueba y me alegra ver que todos han llegado al final; pero eso no significa que hayan aprobado. Ahora les pido que vayan todos a sus cuartos, una vez dentro recibirán una notificación sobre el resultado; a fin de evitar que pasen por una situación incómoda, les pido que no salgan de los cuartos hasta que se les de aviso, de esta forma quienes no tengan el resultado indicado podrán retirarse en calma.

Esteban dio una rápida mirada alrededor ¿Podría notar a los que iban a faltar entre más de cuarenta ? En realidad eso era una tontería ya que no conocía a ninguno de ellos; el punto es que necesitaba ocuparse en algo, ya que la actividad física fue insuficiente y el tenía el organismo cargado de energía. Subió al cuarto por la escalera y se tendió en la cama, nervioso y ansioso por dejar la inactividad, pero incapaz de hacer algo en ese mismo momento. Después de lo que pareció una eternidad, una notificación llegó al panel junto a la cama, que lo hizo saltar y bajar corriendo hasta la nave central donde lo esperaba Dvorkia.

—Gracias por estar aquí —dijo al cabo de un instante cuando el grupo se terminó de reunir—, ustedes son los 33 que superaron la prueba física con las indicaciones correctas, por lo que están aprobados en esta primera etapa. Aún es necesario que realicen otras pruebas, pero esta es el principal filtro que determina si son aptos para estar dentro de Sten mor o no; en cualquier caso, les recomiendo no confiarse, porque aunque la tasa de descalificación en las etapas posteriores es muy baja, las pruebas siguientes tienen mayor requerimiento. Pero eso será informado a su tiempo, ahora les pido que aprovechen la próxima hora para descansar y analizarlas estadísticas que les han sido enviadas. En una hora podrán almorzar en las instalaciones al final, en la puerta indicada para ello.

Oiren no sabía cómo tomarse la noticia recién recibida ¿Había aprobado el examen físico a pesar de su mal desempeño? No recordaba a nadie en particular salvo al chico que lo ayudó, pero estaba seguro de que al menos dos de los que no estaban eran sujetos de complexión gruesa o musculosos. Sebastián se acercó sonriendo.

—Parece que todo está bien ¿lo ves?
—Todavía no puedo creerlo.
—Es porque seguramente asociaste esta prueba con superar una dificultad deportiva, pero lo que están midiendo es tu capacidad física de acuerdo a tus indicadores personales.
— ¿Como si quisieran saber si en realidad no tengo algún mal o incapacidad que me impida estudiar?  no entiendo cómo es que una prueba como esta puede determinar algo, lo que quiero estudiar no tiene nada que ver con ejercicio físico.
—Quizás aquí sí. También verifican que eres apto para estudio al aire libre o desarrollar tratamientos de tipo físico, es posible que sea parte del calendario de estudios de este sitio.

Oiren no había pensado en eso. Pero al mismo tiempo que se sentía aún sorprendido por lo que estaba pasando, estaba comenzando a sentir satisfacción de ver superada esa primera etapa ¿Cómo podía ser alguna de las siguientes más difícil que esta, en la que por un momento se sintió a un paso de abandonar todo?

El salón comedor del edificio era una gran sala rectangular equipada con todo lo necesario para disfrutar de una comida satisfactoria; en esos momentos reinaba el cordial desorden habitual de un grupo grande de personas escogiendo refrescos y platillos y buscando el lugar apropiado para sentarse. Una de los meses ubicada en el centro estaba ocupada por Ferrán, Serene, Mónica, Mauren, Alana, Priscilla y Bárbara, siendo Serene quien llevaba el ritmo de la conversación.

—Realmente me parece bastante sorprendente que algunas personas sigan aquí; es decir, es claro que hay una selección.

Mónica sonrió.

—Yo estaba diciendo lo mismo poco antes ¿vieron a ese sujeto?
— ¿Cuál?
—El de allá—señaló discretamente—, el que está en el extremo, solo.

Las miradas de todos se dirigieron a un hombre que estaba comiendo en total silencio, solo en la mesa más alejada; parecía algo mayor para estar allí, aunque algo en su apariencia evitaba que se pudiera apreciar de la forma correcta; Ferrán notó que había cicatrices en el cuello y antebrazos, pero a esa distancia no podía precisar a qué se debían.

—Es obvio que no pertenece a éste lugar digo ¿No lo vieron de cerca?

Priscilla respiró profundo antes de contestar.

—Es una persona como cualquiera de nosotros.
—Por favor. Y escucha, no sólo hablo de como luce, que ya es bastante chocante, sino de su actitud, se comporta como un desadaptado.
—En cualquier caso —comentó Serene con tranquilidad—, Dvorkia me dijo que aún faltan pruebas por realizar, y lo más probable es que en una de ellas todo se resuelva.

Priscilla se puso de pie y tomó su bandeja con manos tensas, pero por suerte no temblorosas.

—Permiso.
— ¿Qué le pasa? —dijo Mauren algo sorprendida ante el abrupto retiro de la otra chica—, parece como si le hubiera molestado algo.
—Señoritas —comentó Ferrán con una sonrisa resplandeciente—. Por favor no nos compliquemos la vida. Es un día hermoso, hemos superado la primera prueba de las preliminares sorpresa y, tengo que agregar, estoy en su compañía. ¿Que tal si nos conocemos más? Tengo muchos deseos de saber de donde vienen y a qué se dedican.

Las chicas sonrieron ante la intervención; mientras tanto, Priscilla estaba caminando de forma desinteresada, para darse tiempo a encontrar dónde sentarse sin quedar sola y ser blanco de comentarios malintencionados como los de Mónica; aunque de todos formas lo sería por haberse  parado de esa manera, pero es que en realidad no soportaba esas actitudes. Una chica que estaba con otras tres personas le hizo un gesto disimulado para que se acercara.

—Parecías un poco molesta con ellos ¿Qué ocurrió?
—Gracias, hola —dijo saludando a todos—, supongo que no es nada tan grave, o quizás es algo que a mí me resulta molesto.
— ¿Qué ocurrió?

Al hablar se dio cuenta de que, en caso de dar la explicación concreta de lo sucedido, pondría al involucrado en la misma situación a la que lo habían expuesto los otros.

—Nada en particular, es que las personas que se sienten superiores al resto son molestas.

Había quedado en su rango de vista, por lo que miró en su dirección mientras las otras personas en la mesa charlaban; en efecto, había algo raro en su apariencia, y le dio la impresión de ser heridas o cicatrices antiguas. Quizás había sufrido algún accidente grave, o ella lo relacionaba de esa forma porque había visto un caso cercano; cuando una persona pasaba por un accidente grave, la cirugía reparaba, era capaz de regenerar piel y tejidos, recomponer articulaciones y restaurar músculos, pero si se trataba de una herida muy extensa o grave, algo quedaba mal en la apariencia general de la persona, a menos claro que fuera un multimillonario. No era un aspecto repelente, ni grotesco, pero había algo artificial que permanecía en pugna con lo natural de la persona. Además había algo en el cabello, parecido a entradas por la edad, pero mucho más marcadas en uno de los dos lados; quizás sería cierto que tuviera una extraña actitud como insinuaron, pero eso no era motivo para hablar de él de forma grosera. Intentó calmarse.

Mientras el almuerzo proseguía, el comedor estaba siendo observado con atención desde cierta distancia; en la sala destinada para ello estaban los tres controladores de imagen y sonido y los seis maestros, cada uno atendiendo a la escena desde su particular punto de vista.

—Parecen muy prometedores —comentó Omar entre bocados de un gran sándwich de res—, creo que tenemos un muy buen año.
—Me llama la atención que algunos de ellos hayan pasado —comentó Gabriela con cierto desdén—, estaba convencida de que al menos tres no quedarían.

Aziare estaba revisando las estadísticas que el sistema había tomado de cada uno de ellos; asistió aunque sin demostrar acuerdo.

—Por lo visto no hay nadie que destaque de forma excepcional.
— ¿Qué dices de ese musculoso de la izquierda?
— ¿El de cabello ceniciento?
—No, el otro.
—Déjame ver. Esteban; tiene gran capacidad física, pero ningún otro indicador que lo haga resaltar. Requerirá algo de trabajo.
—Lo pido —comentó Omar sonriendo—, me gustan los desafíos.

Jael miró con las cejas levantadas a Darius, quien jugaba con un cubo de luz.

— ¿Estás prestando atención?
—Ese platillo está mal preparado —dijo como si fuera la respuesta a una pregunta—, el que eligió la chica de cabello rizado, es como el plato del Festival, pero le pusieron carne de res en vez de bovino; estuve en una muestra de comida típica en One-garui y lo recuerdo muy bien.
— ¿Y eso tiene que ver con esto porque... ?

El hombre la miró con una plácida sonrisa.

—Todo está bajo control, además, quiero impregnarme de los conocimientos de ustedes.

Jael revoleó los ojos, pero decidió no decir nada.

—Luz me parece apropiada según sus estadísticas.
—Lo acabo de apuntar Flavio —dijo Aziare de inmediato, captando el comentario del otro maestro que miraba fijo a una pantalla—. Entonces Omar pidió a Esteban, Jael a Ikronne, Gabriela a Silvia, y Flavio a Luz. Sólo faltamos Darius y yo.
—Estoy seguro de que ya elegiste, estás muy preparada.
—En realidad —dijo sin prestar atención a la broma—, creo que elegiré a Amber, definitivamente.
—Siendo así —comentó Darius fingiendo una cara seria—, es mi momento.

Estiró el brazo derecho, en cuya muñeca pendía una cinta de color violeta con una piedra pendiente de ella; se trataba de un trozo de cuarzo rosa del porte de un guisante, que al momento emitió un brillo.

— ¿Te parece que eso es necesario?
—Por supuesto que es necesario —replicó Darius con una sonrisa—. Al fin y al cabo, lo que hará que estos chicos se conviertan en personas exitosas es una piedra como la que tengo en mi muñeca; quiero que mi piedra elija al estudiante que puedo escoger de entre los que están ahí.

Hizo un ligero movimiento circular con el puño entrecerrado, lo que hizo que la piedra emitiera un brillo más intenso que el anterior; los maestros habían sido educados para que, además de sus capacidades, pudieran utilizar la piedra que les correspondía en una frecuencia especial, misma que en la búsqueda de potenciales les había servido para llegar hasta sus objetivos: esta frecuencia detectaba las capacidades naturales de cada individuo para utilizar el poder de las piedras otorgadas en Sten mor, y si era dirigida a los potenciales, podía destacar un tipo de afinidad con alguien, dependiendo del estilo de uso que pretendiera dar el maestro. La piedra dirigió su tenue pero visible brillo en una inequívoca dirección, después de lo cual Darius se dio por satisfecho y bajó el brazo, terminando con el proceso y haciendo que la piedra en su muñeca apagara su destello.

 —Krau, yo te elijo.

Apuntó a una de las pantallas en donde el aludido seguía almorzando, ignorante de la vigilancia sobre él ejercida; los demás lo miraron entre extrañados y sorprendidos por la extraña forma de actuar, pero nadie dijo nada; Aziare reprimió una sonrisa, al recordar sus continuas bromas durante el periodo de estudio en el extranjero. Ahora le parecían más divertidas porque ellos ya estaban en una zona de mayor comodidad.

—Bien —dijo al cabo de un momento—, entonces ya todos hemos elegido un estudiante, por lo que esta etapa está terminada, el resto de los grupos serán definidos de forma aleatoria.

Gabriela asintió mientras iba hacia una puerta lateral de la sala en la que se encontraban.

—Estupendo, estamos un paso más cerca de comenzar; los veo luego.

Poco después, la maestra entró en una sala secundaria ubicada en el mismo edificio en donde estaban los estudiantes, pero en un sitio que no era accesible para ellos; nueve personas estaban en el interior, cambiándose ropa y quitando una serie de accesorios de primera generación que habían hecho que sus rostros se vieran por completo diferentes.

— ¿Ya está listo el reporte?
—Así es maestra Gabriela —dijo uno de ellos—, enviamos el reporte completo hace un instante.
—Dame algunos datos de inmediato ¿descubrieron algo que llame la atención?
—Todo en orden; hicimos el escaneo completo y no hay micrófonos, grabadoras, cámaras ni sensores de ningún tipo: todos están limpios.

Legalmente no podían registrar las pertenencias de los estudiantes ni a ellos mismos, pero extraoficialmente se daban el trabajo de incluir trabajadores infiltrados, que hacían toda la primera etapa, desde la zona de arribo, disfrazados y caracterizados como personas comunes, mientras llevaban diferentes sensores ocultos entre sus ropas. Gracias a esa precaución evitaban que algún intruso lograra llegar hasta las instalaciones de la academia y extraer información importante. El secreto del uso de las piedras en Sten mor había permanecido a salvo durante mucho tiempo, y la misión de todos era mantenerlo así.




Próximo capítulo: Prueba de conocimiento. ¿De dónde vienes?

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