Sten mor academia 1° Capítulo 02: Olvidando el pasado. El comienzo de un sueño



Ruta rápida hacia Centro de a bordo de transportes privados.

Maud miraba distraídamente al exterior por el cristal del vehículo de traslado mientras hablaba por teléfono; resultaba bastante irónico que recibiera esa llamada en un momento como ese, durante una breve parada antes del tramo final de viaje hacia la zona de abordo en Ciudad Capital.

— No, el departamento no está bajo mi control ahora, por eso es que no puedes usar tu tarjeta para entrar; los cosas que no eran mías están en una bodega auxiliar del edificio, estoy segura de que el personal te va a reconocer.

Los primeros días tras su abrupta separación de Ian fueron difíciles y agitados; después de dormir en un hotel, la jornada siguiente la dedicó por completo a repasar textos, y en la tarde fue a presentarse en el teatro, intentando seguir el curso normal de su vida como si no se sintiera atrapada entre paredes que estaban desmoronándose. Y se negó a pensar en si iba o no a ver a su novio entre el público, e incluso a hablar al respecto con la gente de la compañía, justificando su extraño estado de ánimo con un oportuno dolor de cabeza. El público estuvo especialmente expresivo esa noche, o eso fue lo que le pareció a ella, por lo que en el aspecto laboral no tuvo que llevarse una preocupación adicional; y él no estaba esperándola ahí, ni en el departamento. ¿Fue mejor así? En esos instantes no pudo de terminarlo, lo único que supo es que con casi 24 horas de retraso esa situación terminó por agotarla, y cayó rendida, queriendo sólo dormir y no ver a nadie. Durante varios días la alegría de haber sido convocada a Sten mor se vio opacada por la incertidumbre y tristeza causada por la desaparición total de él ¿Cómo podía alguien que la había tratado como una persona inmadura comportarse de forma aún más inmadura y simplemente desaparecer del mapa? Se dijo a sí misma que no lo iba a buscar, que ella no era la responsable de lo que estaba pasando y por ese motivo no tenía que llamarlo, ni demostrar un cambio de actitud. Su móvil estaba operativo y su dirección seguía siendo la misma, si quería arreglar las cosas, que diera el primer paso.

—De acuerdo, lleva tus cosas entonces.

Pasaron algunos días hasta que comprendió que todo se había terminado entre ellos. Simplemente él decidió irse y no volver a aparecer, y Maud descubrió que más que tristeza, lo que ese conocimiento le produjo fue una gran sensación de vacío, como si su relación con Ian hubiese sido mucho más dependiente de lo que jamás pensó. Como si, de alguna forma, la conexión entre ambos hubiese sido de control de él y dependencia de ella, todo el tiempo; y sí, quiso largar a llorar y volver a casa con su madre y cobijarse entre sus brazos, pero algo en su interior se lo impidió, quizás esa misma sensación de injusticia que se apoderó de ella cuando la primera y única discusión tuvo lugar.
Y así pasaron tres meses en que él se mantuvo invisible, en que Maud se debió a trabajar y proyectar su estadía en Sten mor, y asumió que no tendría nuevas noticias acerca del hombre al que amaba; y ahora, como si hubiese estado vigilándola, la llamaba en el momento preciso en que iba rumbo a la plataforma de abordo para dirigirse a la academia. Quizás lo bueno de eso, aunque no dejó de sorprenderle, es que no se sintió conmovida o emocionada, ni si quiera sintió tristeza, sólo un gran vacío que no dolía como aquel primer día, porque ya era lejano, ya no le pertenecía. Cortó la llamada con la sensación de haber estado hablando con un desconocido sobre un asunto trivial, y se preguntó si esa llamada, y el hecho de interactuar aunque fuese a distancia con él, sin ninguna palabra de amor o explicación de por medio haría mella en su ánimo, pero se encontró con que nada de eso sucedía; quizás eso era lo mejor después de todo.

—Oh, lo siento mucho.

El vehículo se había detenido en una parada menor, y entre las personas que abordaron, una chica se sentó en el puesto libre a su lado y  al hacerlo, dejó caer accidentalmente el bolígrafo que llevaba consigo. Maud recogió el lápiz.

—Aquí tienes.
—Gracias.

Lena se sentó y dejó el bolso de mano el compartimiento apropiado para ello.

—Gracias de nuevo, disculpa por molestar.
—No es ninguna molestia —afirmó Maud con una sonrisa amable—, no pasa nada.

Se fijó en el detalle que la chica llevaba en el cabello y no pudo dejar de hacerlo notar; era un accesorio muy bonito, que ante la luz natural resaltaba el intenso color rojo de la piedra montada en el centro.

—Él broche que llevas es muy bonito —comentó, admirada—, se ve realmente bien.
—Gracias —replicó Lena, sonriendo—, fue un regalo de la dueña de la tienda en la que trabajaba.
— ¿Trabajabas en este sitio?
—No, yo vivo en Ed-viri; en este momento me dirijo al centro de abordo de vehículos privados en esta ciudad.

Lo que significaba que haría el mismo trayecto que ella.

—Qué interesante, yo también voy en esa dirección.
— ¿Eres de Ed-viri?
—No, en realidad vivo en Pristo; pero en este momento vengo del sur de Ciudad Capital; estaba visitando a mi hermana que trabaja ahí. ¿Trabajas en una joyería?

La conversación había surgido de forma natural entre ambas, casi como si se conocieran desde antes; y después de la deprimente experiencia de la llamada telefónica de su ex, tener una charla animada durante el viaje podía ser una buena alternativa.

—Trabajaba, pero era una tienda de bisutería en realidad; tuve que dejarlo porque, bueno... ahora mismo voy a ingresar a estudiar a una academia.
—Esa es otra coincidencia —dijo Maud—, yo también voy a ingresar a una academia; me llamaron de Sten mor.

Aziare había estado en su casa dando la noticia, y desde ese momento toda su vida habido dado un vuelco; al mencionar el asunto volvió a sentir la misma emoción, que por un lado era debido a todos los cambios que venía, y por otro por el relativo secreto del asunto. No era un secreto en estricto rigor, se lo contó a sus amigos más cercanos y a Mariangela al momento de decirle que no podría seguir trabajando en su tienda, pero no le parecía correcto decírselo a cualquier persona. Al escuchar eso, su expresión cambió por completo ante la sorpresa.

—No puede ser ¿Sten mor? Yo También voy a esa academia, me llamaron hace un tiempo.

La coincidencia era increíble para ambas, pero hizo al mismo tiempo mucho más fluida la conexión.

— ¿Andén 19?
—Sí, esquina 84, es increíble. Disculpa, mi nombre es Maud.
—Soy Lena, es un placer; no puedo creerlo, vamos a ser compañeras.

Ambas rieron espontáneamente, de forma cómplice.

—Esto es casi surrealista —dijo Maud más animadas—, todo ha sido tan sorpresivo.
—Es cierto, y es justo como la gente rumorea que es; nunca pensé que alguien de la academia iba y aparecer un día en mi casa a decirme que consideraban que soy apta.
—Me pasó lo mismo.

Estuvo a punto de mencionar algo acerca de su ex novio, pero dado que se dirigía a un nuevo mundo y tenía la suerte de conocer a alguien que estaba en la misma situación, decidió que era el momento de dejar todo atrás y comenzar con la mejor perspectiva posible.

— ¿Y qué hacías en Pristo?
—Estaba trabajando en una compañía de teatro.
—Wow ¿Eres actriz?

Por primera vez desde que se dedicaba a los artes escénicas, Maud se sintió incómoda con respecto a esa pregunta; no por la respuesta que iba a dar, sino por la percepción que algunas personas podían tener de alguien que trabajara en teatro, como ella. En Vaidos ser actor, cantante, poeta, ilustrador o lo que fuera no era algo fuera de lo común, sólo era un trabajo como cualquier otro; quizás afecto a normas propias como tener que estar buscando visibilidad o en algunos casos ser itinerante, pero en una atmósfera como esa, era natural; por lo tanto, para personas como ella lo llamativo era que alguien se dedicara a la agricultura o a la pesca.

—Sí, soy actriz, me dedico a eso desde hace un tiempo, pero no es nada sorprendente.
—Yo nunca había conocido a una actriz, así que sí me sorprende —dijo Lena amablemente—, en realidad, en Ed-viri hay un par de teatros repartidos por las distintas localidades, pero no es algo que se destaque mucho.

Maud encontró en esa frase la forma de desviar el tema.

—Mientras que en la ciudad de donde vengo casi no tenemos industria dedicada a la joyería — ¿Esa piedra en tu broche es nativa de allá?
—No es una piedra, es una gema de fantasía.
—Dijiste que te la había regalado la dueña de la tienda.
—Así es; lo curioso es que cuando lo hizo, le dije que lo usaría porque es muy bonito, pero que nunca iba a estar en Ciudad capital como sugirió; y mírame ahora.

Por lo visto la llamada de Sten mor terminaba siendo una sorpresa para quien fuera que la recibiera; Maud se dijo que no iba a desaprovechar esa oportunidad por tener la mente ocupada en otros asuntos, y se le ocurrió que quizás en Lena podría encontrar una muy buena compañera.

2


Itiel estaba muy animado esa jornada; la llamada de Sten mor, tan poco tiempo antes de la fecha de ingreso a la academia, significó una alegría al tiempo que un cambio en los planes. Pretendía dedicar un tiempo a trabajar antes de postular a una universidad, pero ante una oportunidad como esa decidió realizar un giro de 180° y darse la posibilidad de cumplir esa meta pendiente. Luego de tener una larga conversación con su padre, Irina y los chicos, se dispuso a preparar todo para un viaje de dos años de duración, pero que significaría un cambio total en su vida, y desde luego en la de su familia. En un principio pensó que lo más difícil sería explicarle a los niños que estaría dos años fuera, pero ellos se lo tomaron con una increíble naturalidad e incluso dijeron que tal vez sería una buena idea elaborar una lista de regalos que él pudiera comprar para su regreso. Su padre e Irina, desde luego, entendieron la situación, sin embargo resultó algo complejo proyectar una separación después de haber estado juntos toda la vida. En cualquier caso, la vida de todos cambiaría para mejor una vez que él saliera de la academia, e incluso se permitieron soñar con que podrían instalar un negocio propio como desde hacía años era un proyecto pendiente. En ese momento el transporte estaba avanzando por una vía de Ciudad Capital, lo que quería decir que dentro de pocos minutos estaría abordando el Transporte privado hacia la academia.

— ¡Cuidado!

La conductora del vehículo dio la voz de alarma con un grito potente, mientras manipulaba los mandos para sortear un obstáculo; los pasajeros se sacudieron en sus asientos, sorprendidos ante el brusco movimiento. Itiel miró por la ventana aún cuanto el transporte se estaba sacudiendo, y vio que a muy poca distancia por la vía, un automóvil se había salido del carril que le correspondía en sentido contrario, internándose en la vía opuesta, aunque a baja velocidad. La conductora del transporte consiguió detenerlo con habilidad y sin perder el control, pero mientras las miradas de todos se enfocaban en el vehículo menor y las voces mencionaban lo peligroso que podía ser que una persona condujera en estado inadecuado, él puso sus sentidos en algo más: cuando asomó en primer lugar, le pareció ver a través del cristal que la persona que conducía el vehículo estaba en una posición incorrecta. ¿Y si no se trataba de un borracho, sino de alguien que estuviera sufriendo un malestar? Sin tiempo para meditar, tomó la opción más arriesgada y corrió a la parte delantera para salir del vehículo.

—Abra la puerta, creo que el conductor del auto tuvo un ataque.

Por suerte la conductora, con el transporte momentáneamente detenido, atendió a su llamado y abrió la puerta; se trataba de ese lapso de segundos luego de un hecho que alteraba la paz, en que aún no ocurría nada, pero se podía deducir que en cualquier momento las cosas se saldrían de control: alguien aceleraría en vez de frenar como indicaba la lógica cuando un vehículo sufría un accidente o se salía de la ruta, o cambiaría de pista de forma intempestiva.
O un lunático se bajaría y comenzaría a correr entre los automóviles en movimiento.
Sí, lo que estaba haciendo era una insensatez, y quizás ni siquiera estaba en lo cierto, pero si después resultaba ser así, no se lo perdonaría. El auto seguía moviéndose sin rumbo, pero al acercarse pudo ver que quien conducía estaba en apariencia desmayado; sólo en ese momento se preguntó cómo pretendía ayudar a una persona en un vehículo en movimiento, y optó por lanzarse sin pensar en las consecuencias; tuvo que abrir la puerta, y empujar a la persona hacia el asiento del copiloto para hacerse de los mandos. Algunos frenéticos segundos después logró detener el auto, justo antes que se estrellara contra algo. La persona no estaba en realidad desmayada, pero desde luego, estaba sufriendo algún tipo de ataque

— ¿Se encuentra bien?

La puerta fue abierta por una oficial de policía, quien miró de forma inquisitiva al interior.

—Yo estoy bien, pero ella, algo le está sucediendo, creo que es un ataque.
— ¿Es un familiar?
—No sé quién es, solo intentaba ayudar.
—Comprendo; baje por favor.

Momentos después, una unidad móvil de urgencias había estabilizado a la mujer, y el tránsito estaba restablecido casi al completo; de todos modos Itiel se quedó junto al equipo de asistencias unos momentos más.

—Me dijeron fue tú me ayudaste. Muchas gracias.
—No hay nada que agradecer, sólo hice lo correcto.
—Pero no cualquiera se arriesgaría, gracias de nuevo.

Después de la frenética experiencia con la mujer accidentada, Itiel abordó otro transporte que pudiera llevarlo hasta su destino, llevado consigo una sensación distinta a las que lo embargaban antes de que sucediera aquel evento. Cuando le contara a su padre esa historia tendría que modificar algunos aspectos, por que dicho como había sucedido, se lo tomaría muy a mal que estuviera pasando peligros; casi podía escucharlo decir "Mírate, eres tan joven que no dimensionas lo que estás haciendo, vas a matarme de un ataque" Sí, definitivamente tendría que cambiar la historia, con dejar el vehículo estacionado de forma apropiada bastaría.
Su padre.
Estuvo tan contento con la noticia, que casi quería salir a gritar por la calle que su hijo, entre miles, había sido convocado por la academia Sten mor para estudiar allí. Que su hijo podría destacar entre muchos porque tenía talento y era capaz de conseguir lo que quisiera; incluso en ese estado logró calmarse, y no hizo ningún llamado de atención a nadie, aunque sí llamó a su hermano y le contó la feliz noticia, y también abrió una botella de Himemiya, el licor reservado en casa sólo para ocasiones muy especiales. Pero incluso tras esa alegría, Itiel pudo ver con claridad cómo no dejaba de existir un atisbo de tristeza, o acaso sería nostalgia. Y razones no faltaba, pues ambos habían estado siempre juntos y había muchos otras razones que confabulaban en su contra; pero aún con eso, se esforzó por celebrar, y no cupo duda de que en realidad estaba contento, por lo que él no se sintió en derecho de remover antiguas heridas. La despedida fue en casa, y supo que se debía a que no quería correr el riesgo de quebrarse después; ambos estaban emocionados, pero la perspectiva de la estadía en la academia y un futuro muy prometedor hicieron que ambos pusieran lo mejor de sí mismos para reírse y pensaren lo alentador de esa separación.

Llegada, confirmada.

Su móvil le envió una alerta de voz, la que él programó en caso de distraerse en el viaje, y comprobó que estaba llegando a su punto de destino. A poco andar recibió la notificación de que su equipaje estaba en la zona de abordo, listo para salir, por lo que se dirigió al punto indicado.

—Cielos, esto es moderno.

Tras pasar por el escritorio del encargado y verificar sus datos de forma apropiada, llegó al fin al transporte que los llevaría a él y otros hacia la academia, y pudo comprobar que era el modelo más reciente en el mercado; si bien desde la estación de arribo en Ciudad Capital hasta la zona de recepción el viaje tardaría poco más de veinte minutos, era indesmentible el buen uso de los recursos por parte de la academia. El interior del vehículo estaba climatizado y cada asiento tenía un control automático de bienestar, que calculaba en milésimas de segundo los parámetros físicos para programar tanto la temperatura corporal como otros factores que hacían del viaje una experiencia cómoda y placentera. Se dijo que era una muy buena forma de iniciar sus estudios.


Próximo capítulo: Recién llegados. ¡Prueba sorpresa!

Sección del autor




A partir de este episodio, cada semana tendré una sección, en la que les contaré cosas que pueden ser útiles para el desarrollo de la historia, pero no son de una importancia indispensable para ella, o son anécdotas que quiero comentarles. Esto significa que si no quieres leerla, tu percepción del episodio y de la historia será la misma, pero si te ha interesado algún detalle o quieres saber más, en esta sección encontrarás datos entretenidos.

Comienzo por presentar el mapa de Harfolk, el país en donde ocurre Sten mor. Los estudiantes de esta academia han sido escogidos entre miles de personas, provenientes de las siete ciudades que conforman el país, y como tales, cada uno ha tenido una historia y costumbres que pueden ser muy distintas, o características. Poco a poco conocerán más del país y de cada una de las siete ciudades.


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