Sten mor academia 1° Capítulo 05: Prueba de conocimiento. ¿De dónde vienes?


Ciudad Capital. Zona primaria. Lunes 05 de abril.

La oficina de Olga en las instalaciones del alto mando era tan sencilla y minimalista como el comportamiento de ella en el diario vivir; paredes blancas con detalles de luz en el quinto superior, columnas en las esquinas con lo indispensable para la comunicación y comodidad, y un escritorio de cristal pulido en el centro, al extremo opuesto de la entrada principal; en ese momento terminaba una conferencia, cuando su asistente dio aviso de una visita programada.

—Dile que pase por favor.

Unos momentos después entró uno de los encargados de la cosecha de piedras, con una caja rectangular en sus manos.

—Señorita Olga, muy buenas tardes.
—Buenas tardes Joaquín.
—Le he traído las nuevas piedras para esta generación.
—De acuerdo.

Rodeó el escritorio y se dirigió junto al científico al mesón modular desplegado para ese fin; sobre él, el hombre depositó la caja negra de metal y la abrió sin ningún tipo de ceremonia, aunque el contenido así lo habría ameritado a ojos de alguien más. 33 piedras, cada una de ellas de una forma única, dada por la naturaleza de la misma, del tamaño de un guisante, envueltas de forma individual en una película traslúcida protectora, que evitaba cualquier tipo de daño desde el exterior. Desde las de escala más baja como la crisocola, hasta las más destacadas como el citrino, cada una de ellas destellando con ese característico brillo, irreal a los ojos de cualquiera no entendido en la materia.

—Las piedras superaron todos los estudios de forma apropiada, por lo que están listas para ser entregadas a los nuevos estudiantes.

Dos de las piedras llamaron su atención en ese momento.

—Morganita, obsidiana nevada, estas no están desde hace tres ciclos.
—Es cierto; pero ahora disponemos de ejemplares en tan buenas condiciones como todos los demás.
—Llama a Flavio, dile que todo está listo. Y, quiero que le des una felicitación a tu equipo, hicieron un muy buen trabajo.
—Se lo agradezco señorita Olga. Permiso.

Olga reconoció, incluso sin ver, cómo su piedra emitía un tipo de brillo similar, destellando el verde cristalino pendiendo de su cuello ante la cercanía de nuevos elementos. Ella sabía a la perfección que el brillo, común en el país como fruto de un tratamiento de joyería, se debía en ese caso al origen de esas piedras, el método a través del cual eran cosechadas y el objetivo que tenían dentro de la institución; luego de haber salido el hombre, se concedió a sí misma un instante de contemplación, para ver con tranquilidad y una secreta fascinación el brillo transparente del ángel aura, los profundos violetas y azules de la amatista, el pétreo azul del lapislázuli, o deleitarse con las infinitas marcas y caminos de color del ojo de tigre y el ámbar; ella había visto año tras año las nuevas cosechas, cada una diferente de las demás, y llevaba un registro mental de todas, incluso sin proponérselo. Las piedras eran uno de los pilares de Sten mor, y por ello tenían un enorme valor, pero para ella en particular la importancia iba más allá de ello. Era una conexión, única quizás, que sentía hacia esos objetos, no de un modo personal como la esmeralda que llevaba en el pecho, pero sí a causa del conocimiento de su existencia; las piedras eran el resultado de procesos naturales existentes desde hace millones de años, los cuales habían sido replicados, refinados y condensados por los laboratorios hasta conseguir un resultado único, y pese a ello, la esencia de las piedras se mantenía intacta en su interior. Nada las había cambiado, eran en el fondo, sólo trozos de rocas arrancados de las entrañas de la tierra, tan vivos y poderosos como la historia que llevaban consigo. Su asistente anunció la llegada de Flavio, por lo que ella cerró la caja y salió a la sala de recepción de visitas.

—Buenas tardes, Olga.
—Buenas tardes, Flavio.

Flavio era su maestro favorito entre los existentes en la actualidad, tras la partida del viejo Ben; inteligente, silencioso, cauto y siempre muy preparado, era el tipo de maestro que debería abundar, pero su apariencia por lo general daba una imagen opuesta: con ese rostro de niño y la estructura física esbelta y atlética, parecía diez o quince años menor de lo que en realidad era, y sin embargo era alguien confiable y certero.

—Dejo las 33 piedras en tus manos, para que las lleves a las instalaciones de la academia.
—De acuerdo, las llevaré de inmediato.
—Excelente, mantenme al tanto de cualquier eventualidad.
—Desde luego.

Con un asentimiento se despidió y salió de la sala; mientras Olga volvía a su oficina, pensó que ese era un inicio de año muy auspicioso, por lo que no perdería detalle. Quizás incluso la sospecha de piedra doble fuese una realidad.

1

Después de una hora de almuerzo que ayudó a dispersar el nerviosismo generado durante la sorpresiva prueba física, los distintos grupos utilizaron el espacio y las comodidades disponibles en la zona de descanso contigua al comedor. En la mesa de tiro de distancia, un grupo de seis estaba dividido en dos equipos, enfrentándose por el control de la pelota: de pronto alguien hizo un movimiento demasiado brusco, y la pequeña pelota roja salió disparada hacia una mesa en donde conversaban varios; de forma instintiva al percibir los gritos de alerta desde el otro lado del salón, dos personas se pusieron de pie y estiraron el brazo en la misma dirección; el movimiento de ambos hizo que la pelota rebotara por lo alto del recinto, sin alcanzar a nadie.

—Cielos —dijo Celia—, esos sí que son buenos reflejos.

Los dos aludidos se miraron sorprendidos ante la casualidad.

—Buena atrapada —dijo Itiel sonriendo—. Estás en muy buena forma.
—Lo mismo digo.

Dicho esto de forma escueta, el otro se desplazó hacia la zona de las bebidas a la izquierda.

—Creo que no le gusta mucho que lo miren, cuando estábamos terminando la prueba se escabulló para que no viéramos que era uno de los primeros.

La prueba física tomó un poco desprevenido a Itiel; si bien pudo reponerse y llegó entre los primeros ocho, no estaba muy seguro de quienes estaban a su alrededor.

—Así que eras tú.

Se acercó a la máquina y sirvió un extracto de malta seco.

— ¿Yo qué?
—Estabas a mi derecha en la prueba; estaba un poco atontado, sabía que había alguien pero no quién, lo hiciste muy bien.
—Gracias. Tú también lo hiciste bien.
—Itiel.
—Naro.

Se quedaron un momento en silencio, hasta que Itiel rio alegremente.

— ¿Qué es gracioso?
—Nada, es sólo que me dijeron que eras un poco antisocial o algo parecido y que te desapareciste de la vista en la prueba pero no me parece que seas así.

Naro se encogió de hombros.

—Bueno, no soy un centro de la atención como los que están allá —señaló a una mesa distante, donde abundaban las risas—, prefiero un poco más de silencio y calma.
— ¿Es una especie de indirecta, estoy hablando mucho ahora?

Naro sonrió; a sus 24 años, en ocasiones como esa se sentía mayor que el resto, y veía con mucha distancia las actitudes tan superficiales de algunas personas; su aspecto no ayudaba a disimular esa impresión, ya que tenía el cabello de un color grisáceo más propio de gente mayor, y además de eso siempre tenía marcadas ojeras.

—No, no es una indirecta; y entonces qué haces, ¿deporte o algo así?
—No hago un deporte en especial, pero me gusta correr y nado muy seguido.
— ¿Algún estilo?
—Sólo quitarme la ropa y arrojarme por un barranco.

Naro no entendió a qué se refería, e Itiel pudo notarlo al instante. Esa conversación estaba extraña, a decir verdad.

—Lo siento, es un dicho común en donde vivo. Soy de One-garui.
—Ah, ahora comprendo; soy de Altocielo.
—No hay mucha playa por ahí.
—Ninguna, aunque sí nado de vez en cuando, en mi trabajo, quiero decir en mi ex trabajo, hay una piscina para practicar.
—De ahí venía tu pregunta de los estilos.
—No trates de burlarte. Y ¿Es cierto eso que dijiste?
— ¿Quitarme la ropa? —replicó Itiel con liviandad—. Pues claro, de otra forma es muy complicado nadar.
—Me refería a lo de arrojarse por un barranco.
—Bueno, no son barrancos en realidad, es una zona donde la terminación del terreno es de corte y tiene cierta altura.
— ¿Cómo cuánto?
—No lo sé, veinte metros creo.

Naro dio un sonoro silbido.

—Eso suena realmente alto.
—Seguramente es la altura del techo de tu casa en Alto cielo.

Naro revoleó los ojos, aunque con falsa molestia, por alguna razón la broma de Itiel no resultaba molesta; además, las bromas sobre los edificios en su ciudad natal eran cosa corriente y nada novedosa.

—No son tan altos en realidad.
—Ah, pero imagino que si se te cae el móvil cuando estás en la ventana...
—Eso sí, mejor vas directo a conseguir otro.

Mientras tanto, Mónica estaba reposando junto al emisor de sonido; era una joven de aspecto delicado y frágil, de una estatura alrededor del 1,62, piel muy clara, rasgos infantiles aún a sus 21, y que usaba el cabello liso estilo melena, cayendo de forma natural y libre. Sus ojos sin embargo, evidenciaban su rapidez mental, brillantes, negros y atentos a todo.

—Entonces le dije "por supuesto que no".

Celia y ella rieron; la tarde se estaba volviendo muy interesante, encontrando entre los estudiantes a personas con las que pudiera charlar de forma distendida.

—Bueno, hay que conservar la calma, Dvorkia dijo que faltaban pruebas.
—Así es —replicó Mónica con un asentimiento— ¿Sabes algo? no importa el origen de las personas, es una cuestión de nivel.
— ¿Lo dices por aquel sujeto?
—No necesariamente. Mira, hay dos o tres por aquí que parece como si, no lo sé, los hubieran traído por beneficencia y no por capacidad.
—Pero...
—Pero sobre todo él, lo admito. Mira su aspecto, bajo la ropa común parece algo salido de las zonas de exclusión.
—Eso es verdad, pero por otra parte, no puedo creer que fueran a buscar nuevos estudiantes a esos lugares; estaba pensando que quizás es que fue muy bien calificado, ya sabes que hay algunos genios y puede ser que por eso esté aquí.
—Tal vez tienes razón, pero me da muy mala espina; no mira a nadie, es como si estuviera en una burbuja y no se acerca a nadie.
—En fin ¿Viste a Ferrán? Es guapo, y hablé un poco con él, es muy gentil.
—Sí, lo estuve mirando, aunque —Mónica entornó los ojos—, me gustan menos pulidos, un poco más rudos.
— ¡Mujer! Y te ves tan delicada, eso es una sorpresa.

Ambas rieron cómplices; Mónica señaló a Naro, quien en ese momento estaba del otro extremo.

—Él por ejemplo; es fibroso, se ve que hace ejercicio pero no es un modelo.
—Tiene unas tremendas ojeras.
—Quizás es por estudiar hasta tarde, o hace ejercicio de noche ¿Qué se yo?
—Parecía un poco antisocial.
—Sí pero hace un rato lo vi riéndose con otros, creo que no le gusta que lo miren mucho.
—Entonces no lo desgastes.

Desde los altavoces se dio anuncio breve que interrumpió todas las conversaciones; la totalidad de los recién llegados se dirigió entonces al edificio en donde estaban alojados: una mujer pelirroja, alta y esbelta los esperaba.

—Buenas tardes a todos. Mi nombre es Usvine, y seré la encargada de acompañarlos en las pruebas de conocimiento. Es importante que entiendan que estas pruebas no determinan lo que van a estudiar en la academia, sirven para que podamos establecer un mapa de habilidades específicas de cada uno de ustedes. Una vez que tengamos esas estadísticas, las combinaremos con las de estudio de ustedes y sus intereses, para formar con ello el campo al que va a dirigirse.
— ¿Pero podemos escoger?
—Si tuviera que dar una respuesta simple sería sí y no; lo que quiero decir en realidad es que para triunfar en Sten mor necesitas concentrar tus esfuerzos y nuestros recursos en lo que va a tener éxito. Voy a dar un ejemplo sencillo: si quieres dedicarte a la literatura, de seguro tendrás mayores intereses y conocimientos al respecto pero ¿qué ocurre si no tienes la capacidad para leer y absorber grandes cantidades de material escrito? Si se preguntan si eso los inhabilita, la respuesta es no, porque puedes equilibrar eso con un marcado sentido de la responsabilidad, o la capacidad de aprender nuevos métodos de aprendizaje; todo esto va a depender del justo equilibrio entre lo que ustedes quieren con lo que son capaces de hacer, y muy pronto van a entender que ese equilibrio interno los ayudará a llegar muy lejos.
— ¿Entonces qué pasa si no tengo ambas cosas que mencionaste, me iré a casa?
—En ningún caso —replicó la mujer prestamente—, aquí siempre tendrán otra opción, los ayudaremos a encontrar lo más apropiado, y cuando vean que esa decisión técnica satisface sus deseos personales, comprenderán lo efectivo de nuestro método. Pero para eso hay tiempo. Ahora por favor pasen a la sala F, les explicaré algunas cosas una vez allí.

Poco después, todos estaban en el interior de una sala habilitada con los implementos necesarios para una clase tradicional; Usvine llamó la atención de todos a la pantalla holográfica de la parte delantera, donde se materializó una réplica del área de trabajo individual de cada puesto.

—La prueba de conocimiento que van a realizar ahora se divide en cuatro partes y representa el paso más importante para decidir su futuro, por lo que no hay respuestas equivocadas a menos que no sean honestos. Recuerden que lo que estanos buscando no es un determinado tipo de persona o estudiante, lo que queremos es alcanzar el máximo potencial de ustedes mismos; sólo podemos ayudarlos si es que ustedes así lo quieren. No traten de "encajar" en un perfil determinado, eso nunca funciona y a la larga hace una labor más tediosa para su desarrollo; les recomiendo que sean sinceros, y respondan todas las preguntas de acuerdo a lo que sienten, eso va a llevarlos a las respuestas correctas. Aunque no es necesario explicarlo, les recuerdo que cada prueba es individual y no tendría utilidad inspirarse en lo que hagan sus compañeros; a primera vista parece una sola prueba, pero cada etapa finalizada corresponde a un ítem en particular. Comiencen por favor, no hay tiempo límite.

Esteban miró la prueba frente a sus ojos con tranquilidad; estaba tan seguro de aquello en lo que creía, la persona que era y quien quería ser a futuro, que no encontró dificultad en comenzar a responder. Después de algunas preguntas genéricas, la primera que le importaba ¿Cuál es tu trabajo ideal? Sonrió ante la pregunta y respondió sin vacilar, con la mente fija en su idea; quería instaurar un tipo de negocio relacionado con el ejercicio, enfocado a llevar el bienestar y los avances del desarrollo directamente a las personas; en la actualidad había gimnasios móviles, o instructores a domicilio, pero nadie llevaba eso al siguiente nivel, y eso era lo que quería, motivar a las personas a que sacaran lo mejor de sí mismas, no sólo haciendo una rutina, sino haciendo explotar la energía interna a través de ejercicios explosivos y llenos de adrenalina. Le gustaba competir, y la adrenalina de estar luchando contra fuerzas superiores, o estadísticas, pero también había más que eso: era sobre superar a lo que había sido, y superar a otros, y estaba convencido de que eso podía descubrirse en otros que incluso no lo supieran.
Lena tenía muy fresco en la mente el último examen de admisión, y no le molestó en absoluto la diferencia que encontró en esa ocasión: por primera vez las preguntas no tenían que ver con conocimiento de forma única, sino más bien con la implementación de ellos de forma práctica; descubrió además que algunas preguntas conducían a otras, como aquella de su experiencia a bordo de una nave. En primer lugar tomó la opción "Sí," pero luego entendió que la pregunta era sobre un avión en movimiento y no un simulador o una máquina empotrada en un museo, de modo que cuando regresó en la opción y entró a "No" descubrió otra tanda de opciones entre los que se incluían las que ella había experimentado. Conforme fue escogiendo alternativas y respondiendo interrogantes, se dio cuenta de lo sencillo y entretenido que era, por lo que el resto fue mucho más fácil, y se olvidó tanto del paso de los minutos como del nerviosismo inicial.
Por otro lado, Sebastián estaba detenido en una de las preguntas iniciales "¿Cuál es tu trabajo soñado?" Se recordó a sí mismo hablando hasta tarde con Mick, sobre tantos temas distintos cada jornada; entre todo eso, en determinado momento el asunto de Sten mor reapareció, cuanto faltaba la mitad del tiempo para ser convocado: Sebastián siempre había estado entrenando para correr en motocicleta, corriendo y yendo de un sitio a otro, pero ¿Era realmente eso lo que le causaba un gran sentimiento, era su pasión? Sabía que la adrenalina de la competencia era algo en muchos casos incomparable, pero se detuvo a pensar y vio la diferencia, graficada en tres momentos muy específicos: cuando ganó una competencia después de haber ido último, cuando estaba viviendo con Mick y de forma tan natural comenzaron a hablar de chicas y cómo enfrentar la sexualidad, y cuando se enfrentó con Esteban en la sala antes de la primera prueba. Se trataba de tres momentos relevantes, en donde se había sentido pleno y a gusto, y en donde sin embargo las emociones eran por completo diferentes; la vida en la casa de Mick era sencilla, pero nada ahí era pasajero. En ese entonces habría dicho, casi sin dudar, que las competencias eran sólo una forma de engañarse con una falsa alegría, pero ahora que volvía a hacer actividad física, se daba cuenta de algo muy importante: competir, o desarrollarse físicamente, ya no era una acción que dejaba un sentimiento vacío. Ahora había algo, y quizás en ese sentimiento estaba su verdadero futuro: decidió que quería aprender sobre técnicas de ejercicio, y crecer a partir de ahí.

Poco después de terminada la prueba, por la tarde, Usvine reunió al grupo en una zona despejada, al aire libre; en la mayoría reinaba un ánimo muy distinto al anterior.

— ¿Cómo se sienten?
—Muy tranquilo —replicó Ferrán—. Pensé que la prueba haría algunas exigencias, pero en realidad fue muy sencillo.
—Es cierto —comentó Mónica—; cuando nos dijiste que era una prueba de conocimiento, esperaba algo mucho más de conocimiento general, pero es sobre autoconocimiento en realidad; cuando sabes muy bien qué es lo que quieres para tu vida y lo que eres capaz de hacer, es muy sencillo.

Usvine sabía, por las expresiones de los estudiantes, que varios no estaban de acuerdo con esas declaraciones; sin embargo, optó por evadir el tema y decidió darles la buena nueva.

—Me alegro que esta experiencia haya sido satisfactoria, porque tengo algo que decirles; todos ustedes deben ir a sus cuartos, empacar sus cosas, dejarlas en la zona indicada para su transporte y prepararse: en una hora entran a Sten mor.

El estado de calma en algunos, e introspección en otros, dio paso a una evidente alegría, y también confusión.

— ¿Es verdad?
—Pero nos dijeron que eso sería hasta tres días.
—Lo sé, pero nuestros procedimientos no son rígidos cuando no es necesario; los resultados de sus pruebas son muy buenos, por lo que sería innecesario hacer más cuando ya tenemos claro como equipo lo que es requerido. De todas formas, antes de que vayan a recoger sus cosas, quiero dar algunos resultados que pueden ser interesantes; si bien las pruebas no son hasta ahora de tipo competitivo, sí es posible establecer un parámetro de rendimiento, basado en la precisión y rapidez de las respuestas, la complejidad de los argumentos y, desde luego, combinando esto con la prueba física anterior. Dicho esto, tengo el placer de informar que hay siete destacados: Priscilla, Celia, Luz, Mónica, Ferrán, León y Oiren.

Oiren escuchó su nombre casi como si no fuera el suyo; por un largo momento pensó que alguien iba a reír o decir que era una broma, pero cuando una persona le dio una amistosa palmada en el hombro, entendió que era real.

—Felicidades —dijo Esteban sonriendo—, quién diría que eras un pequeño genio.
—No creo que sea un genio en verdad.
—Ah pero eres modesto también, hay que cuidarse de ti.

Se rio fuerte y alegre; Oiren sintió que enrojecía.

—No pareces preocupado por no estar entre los más destacados.
— ¿Bromeas? Es un alivio no estar, tengo mucho en qué pensar y para aprender como para estar con la amenaza constante, como esa frase que dice que tienes que ser siempre el mejor. Hablamos al rato, tengo que descargar un poco de adrenalina.

Por alguna razón, conocer esa noticia resultaba en una gran carga de energía; ya basta de pruebas, estaba listo para entrar de forma oficial a la academia y esa era una gran novedad. Con tiempo disponible y espacio abierto a su disposición, se acercó a un grupo de árboles y trepó con gran agilidad por el tronco de uno de ellos, sujetándose de una rama gruesa y valiéndose de sus fuertes brazos para desplazarse con agilidad; sin embargo, una rama se quebró, y Esteban cayó.

—Ouch.
— ¿Estás bien?

Una chica se acercó al ver la escena, que había pasado inadvertida para la mayoría; Esteban estaba semi sentado sobre el césped.

—Sí, no pasa nada.
—Tienes un corte en el brazo —observó ella arrodillándose junto a él—, déjame verlo.

Iba a negarse, pero decidió dejar que el ego ganara por un momento: ella era esbelta y alta, y sus manos estaban un poco frías; lucía el cabello como una melena hasta el borde del mentón, lo que le daba una apariencia juvenil y fresca. Tenía ojos de un extraño color gris, que sin embargo era la nota de color en un rostro de piel blanca, y estos eran además muy expresivos. Le pareció que su aspecto en conjunto, con una camisa con escote muy discreto y pantalones a juego era muy común, pero le sentaba bien.

—Gracias por ayudarme, aunque estoy bien.
—Fue un poco arriesgado hacer eso —observó ella, un poco ausente mientras secaba la sangre con un pañuelo blanco—, pudiste caer de cabeza.
—Estoy acostumbrado a este tipo de actividades, me gusta mucho ejercitarme. Soy Esteban.
—Irene —replicó ella alzando la vista hacia él y sonriendo—, espero que si digo que es un gusto no pienses queme refiero a tu accidente.
—Sería divertido si lo dijeras de todas formas —replico él con liviandad—, pero no me ofendería. Creo que no nos habíamos visto antes, así que sí es un gran placer.
— ¿Y decías que haces mucho deporte?
—Es parte de mi vida en realidad —replicó el, poniéndose de pie—, practico escalada costera y algo de ejercicio en las rocas antiguas.
—Ah, eres de One-garui —Irene sonrió—, hay lugares muy bonitos ahí, pero seguro la gente siempre dice eso.

Comenzaron a caminar de regreso al edificio, siguiendo al grupo que en esos momentos hacía lo mismo.

—No tanto en realidad; algunos creen que son muy importantes, como esos estirados de Torre de piedra.

Irene asintió, pensativa.

—Estoy de acuerdo con eso; en Torre de piedra hay muchos estirados que creen que son importantes.

Oh, no, lo acababa de arruinar; y como si no fuera suficiente con eso, lo había dicho con total seguridad.

—De acuerdo, esto es un poco incómodo.
— ¿Luzco molesta? —replicó ella sonriendo con indulgencia— Vivo en Torre de piedra, pero no soy ciega; lo que dices de la gente de allá es bastante cierto, aunque no somos todos.
—Lo siento, debí ser más claro.
—No te disculpes tanto, en serio. Esto es lo mismo que lo que se dice de One-garui en mi ciudad "Esos fiesteros buenos para nada"
—Vaya, eso sí que no lo había escuchado.
—Pues ahora lo sabes.

Lo bueno era que se lo había tomado con mucha naturalidad; pero era un buen momento para cambiar de tema.

— ¿Y qué hacías en Torre de piedra además de ser una interesante excepción a la regla?
—Intentaba estudiar ciencias económicas, pero no se me estaba dando muy bien.
— ¿Estabas en la universidad?
—Sólo como oyente, mi familia no está en las condiciones para que yo entre a estudiar, mi hermana aún no termina su carrera. El punto es que tengo otros objetivos, y ahora que surgió esta posibilidad...
— ¿Y qué es lo que quieres hacer en realidad?
—Conectarme con la naturaleza; quiero especializarme en técnicas de preservación de la flora y fauna, y desde luego en mantención de proyectos que ayuden al desarrollo sustentable.
—Suena muy complejo ¿Cómo es que eso encaja con ciencias económicas?
—No encaja de ninguna manera.
— ¿Entonces cómo...?
—En parte por mala decisión —replicó ella—, pero también por no entender qué es lo que tenía que perseguir en la vida. Digamos que soy una especie rara en mi ciudad.

Entonces la familia eran empresarios o pretendían serlo, y la presencia de ella significaba un problema adicional. Había visto casos como ese en su ciudad, padres recriminando al hijo que no quería trabajar a bordo de un barco o en el puerto; extrañamente, a pesar de las diferencias que tenía con su padre, este siempre respetó sus decisiones y lo impulsó a seguir sus sueños.
Después de despedirse momentáneamente de Irene, fue a su habitación y comenzó a ordenar rápido; pero se distrajo al ver en un espejo el corte producto de la caída: no era nada grave, sólo un raspón, pero la actitud de ella y su buen genio fueron un premio inesperado como adicional a la academia en sí, y además tenía muy buen sentido del humor.

—Irene —dijo hablando con su reflejo—, si dejo de decir tonterías, tal vez podamos ser amigos, o quizás algo más.

Estaba distrayéndose imaginando cosas, pero sea como sea, tanto lrene como él seguirían ahí por dos años, y en ese tiempo podían pasar muchas cosas.

En el primer piso, Serene estaba charlando animadamente con Mauren y Alana. La primera era de baja estatura y muy menuda, que usaba el cabello muy largo atado en una cola a la altura de la nuca, mientras que la segunda era más alta, desgarbada y de expresión cansada; usaba ropa algo holgada y llevaba el cabello muy corto, con las puntas hacia el rostro y cubriendo parcialmente la frente.

—Así que las manos que pueden ver en ese anuncio de joyería son las mías.

Las otras chicas parecían fascinadas con el relato, y se veía ansiosas por escuchar más.

—Cielos, nunca había conocido a una modelo famosa.
—Yo no usaría la palabra fama, Mauren —replicó con tranquilidad, sonriendo—, sólo he hecho algunos trabajos, y claro, se vuelven un poco llamativos como en ese caso.
— ¿Hiciste otros trabajos también?
—Algunos, pero el modelaje es un mundo muy absorbente, la verdad; un día estás aquí, tomando una fotografía, mañana estás allá, probando un traje o en una audición, y las cosas nunca están listas desde el primer intento.
—Qué interesante.
—Ahora que estoy aquí tengo la oportunidad de aumentar mis conocimientos. Pienso que ya ha llegado el momento de ampliar mi horizonte y ser una artista integral.
—Pero no existen en realidad muchos artistas integrales en el país —comentó Mauren, sorprendida—, he escuchado que es muy difícil dominar técnicas y conocimientos de distintas áreas.

Pero Serene mostraba una seguridad a toda prueba.

—Eso no es ningún problema para mí; ya saben, algunas personas tenemos muchas aptitudes y no puedes simplemente desperdiciarlas.

Mientras decía esto, muy cerca pasaron Isabelle y Lena conversando de forma muy relajada; Alana no pudo dejar de notar algo y lo comentó de inmediato.

—Mira, esa chica lleva un accesorio muy bonito en el cabello.

Serene, sin embargo, no parecía sorprendida.

—No le queda mal, aunque parece de fantasía. En fin —agregó con un gesto calculado—, hay para todos los gustos.

Dicho esto, quitó el lazo blanco con el que tenía atado el cabello, e hizo un hábil recogido a la izquierda de su cabeza, con lo que el pelo cayó como una cascada con cientos de diminutos brillos provenientes del accesorio. Las chicas admiraron sorprendidas el cambio sutil pero llamativo en su apariencia.

—Parece que a alguien le molestó tu presencia —dijo Isabelle en voz baja.
— ¿De qué hablas?
—Esa chica, la rubia. Te vio pasar y automáticamente quiso posar para la cámara.
—Eso es ridículo —replicó Lena mirando de reojo, sonriendo—, esa chica es hermosa, es como una modelo o algo así. No es como que vaya a estar celosa de cómo me tropecé en el casino, por ejemplo.

Más temprano, saliendo del casino, Lena había tropezado y estuvo a punto de caer sobre la barra de postres, siendo salvada en el último momento por un chico que la sujetó de un brazo. Ambas llegaron a la zona indicada, en donde ya casi estaban todos los seleccionados; se encontraban en el exterior de la zona primaria, en el punto opuesto a la entrada, enfrentados a un largo pasillo cuyo techo era curvo y de gruesos pilares cuadrados, que llevaba a una pared alta a modo de división de sectores.

—Veo que ya están todos aquí —comentó Usvine—, siendo así, les pido que me acompañen a la entrada de Sten mor.

De forma espontánea, se hizo el silencio en el grupo, que avanzó a paso lento por el ancho pasillo, expectante del movimiento realizado por la mujer. Ella llegó hasta la entrada, ingresó el código personalizando, y las puertas se deslizaron silenciosamente hacia los costados, dejando ver por primera ver a todos ellos las instalaciones de Sten mor. La explanada inicial, de unos cincuenta metros de ancho y más de treinta de profundidad, era una atractiva bienvenida, poblada de pequeños caminos, arbustos con flores, asientos cómodos y alternancia de lugares iluminados y sombreados, dando la sensación de estar en campo abierto a pesar de ser un sitio techado. Al final de esta zona todos los pequeños caminos confluían en cinco vías principales, cada una de ellas orientada a un edificio, todos diferentes en detalle de diseño pero por igual imponentes en sus ocho pisos de altura, sofisticados y atractivos a la vista.

—En este momento puedo decir de forma oficial que empieza su estadía en Sten mor.

Recibió una comunicación a modo de aviso, tras lo cual enfrentó al grupo que aún se mantenía a la espera de mayor información.

—Los cinco edificios que están viento a cierta distancia son el punto más importante de su etapa inicial de estudio: la Torre violeta, a la izquierda, es el centro de investigación científica, donde podrán desarrollar actividades de experimentación, estudios y asistir a algunas video conferencias programadas. El segundo edificio, la Torre celeste, es el centro de estudios técnicos y prácticos, lugar en donde se desarrolla todo tipo de proyectos de estudio histórico, legal, administrativo, de cálculo, humanidad y ciencias; pasarán mucho tiempo ahí preparando material para rendir exámenes. El tercer edificio, la Torre verde, que está más alejada, es el centro de coordinación física, allí los amantes del deporte encontrarán todo lo necesario, pero no es una zona de esparcimiento, fue pensada para ejercitar y cuidar el cuerpo en todos los sentidos, por lo que podrán encontrar también todo tipo de terapias y alternativas de tratamiento y cuidado.
La torre amarilla, a la derecha, es el centro especializado en complejidades de aprendizaje y conducta, es el sitio que van a visitar si tienen alguna clase de duda o conflicto sobre los estudios que están desarrollando, y también si sienten que necesitan algún tipo de asistencia o apoyo emocional. Por último, el edificio blanco de la derecha, el que está más alejado de todos a la derecha, es el centro de desarrollo de los maestros, asistentes y personal de apoyo de la academia. Oh, qué buena suerte, aquí vienen los maestros.

Lena reconoció de inmediato a Aziare; en ese momento llevaba un vestido largo hasta las rodillas con un cinturón rojo a juego con un pequeño maletín, y lucía serena y segura. Miró a todos con una media sonrisa mientras se acercaba.

—Quiero presentarles a los seis maestros principales de la academia: Gabriela, Darius, Omar, Aziare, Flavio, y Jael. Ellos serán los encargados de trabajar con ustedes en la materia más importante de todas, y que será el nexo común entre todos. Tendrán diversas clases de acuerdo a sus proyecciones personales, pero una en particular será impartida por los maestros, y es a ellos a quienes deben confiarse para poder alcanzar su máximo potencial.

¿Una clase común a todos ellos con ese nivel de relevancia? Serene pensó que lo mejor sería descubrir de inmediato de qué se trataba esa clase tan especial, y hacerse de la simpatía de todos los maestros, aunque para ella eso no sería un problema.


Próximo capítulo: Poderes fuera de este mundo

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La hermosa Ed-viri es un lugar de paz y al mismo tiempo, de investigación. Mientras en determinados sitios los arqueólogos trabajan en la preservación y traslado de restos y valioso objetos descubiertos, la sociedad se ha mezclado con este entorno rico, creando sitios turísticos y ayudando a la artesanía y la conservación de costumbres antiguas que se mezclan a la perfección con la modernidad.


Sten mor academia 1° Capítulo 04: ¿Nuevas amistades? ¡Una prueba física!



Zona primaria. Lunes 05 de abril, mediodía.

Poco más tarde, Dvorkia anunció que debían prepararse para una prueba que tendría requerimientos físicos, y que debían estar puntual al medio día en la nave central del edificio.

—Agradezco que hayan venido todos a la hora indicada —dijo en cuanto todos estuvieron reunidos. En ese momento llevaba tenida deportiva—, ahora vamos a ir hacia esa puerta, tengo algo preparado que seguro les va a encantar.

Avanzaron en relativo silencio hasta una puerta de la izquierda, que conducía a una gran sala de pruebas físicas; el recinto estaba en apariencia vacío, pero las paredes, techo y piso ocultaban una serie de mecanismos capaces de generar gravedad, pulsos de aire, destellos de luz, y además otros con la cualidad de percibir y registrar pulsaciones, ritmo cardiaco, niveles de oxígeno, endorfina, serotonina y otros que podían configurar un preciso mapa de reacciones.

—Como saben, esta es una sala de pruebas físicas; no voy a pedirles a todos que hagan lo mismo ni que dejen el alma en una larga cinta de trote mientras llevan mallas ajustadas de colores —sonrió, aparentemente el comentario tenía un doble significado para él—, lo que harán será buscar su identificador ID en el suelo, y comprobarán que disponen de un amplio espacio: el mismo va a verificar que sus niveles estén correctos con un simple escaneo, y luego tendrán que cumplir con la prueba.
— ¿Y en qué consiste la prueba?
—Reflejos, capacidad de reacción; una vez que termine el escaneo, lo único que deben hacer es caminar hasta el fondo, escoger un camino, y luego llegar hasta donde estoy yo. Esto no es una competencia por ver quién llega primero, lo único importante es que lo hagan de la mejor manera posible, según sus propias capacidades. Empiecen.

Todos tomaron posiciones según lo indicado; el escaneo tomaba tan sólo unos segundos, por lo que la caminata hacia el fondo de la gran sala se dio en un ambiente de mayor incomodidad o nerviosismo, que contrastaba con la anterior calma. Por supuesto que algunos estaban sintiéndose en su ambiente cuando se trataba de una prueba física; Esteban era el prototipo de deportista, y pensaba dar uso a sus capacidades desde el primer momento.

— ¿Listo para otra prueba?

Desvió la vista hacia un lado y vio a quien le hablaba con una gran sonrisa en el rostro, e hizo una mueca.

—Yo nací listo.
—Eso es bueno porque, ya sabes, las cosas no siempre son como uno espera.

Había subestimado a ese muchacho por verlo delgado y más bien pequeño, pero fue un grave error; en la cámara de medición de reflejos dentro del edificio fue humillado por ese chico, que desde luego tenía mucha aptitud más de lo que parecía a simple vista.

—Vamos a hacer algo Sebastián. ¿Qué te parece si hacemos una competencia?

El aludido meneó la cabeza.

—No creo que nos pongan los mismos obstáculos, yo soy ectomorfo y tú eres mesomorfo.
—Pero seguro que pondrán una escala de rendimiento personal ¿O es que ahora ya no te sientes tan seguro?

Sebastián sonrió, mientras en segundo plano escuchaba cómo la computadora iniciaba una cuenta regresiva; meses sin hacer nada competitivo, los más felices de su vida, pero igualmente con ese componente faltante. Y no era que Mick se lo hubiera prohibido, es que haber ido a vivir con él y tener una real experiencia de familia siempre estuvo en primer lugar.

—Si quieres hacerlo, adelante, no le temo a las competencias.

Sobrevino el instante previo al inicio de una competencia, ese ligero momento en donde todo quedaba atrás y sólo había un objetivo: avanzar en línea recta y llegar a destino. La señal indicó que ya podían comenzar, y ante eso, toda la sala adquirió un color mate que resaltaba las lumínicas separaciones entre pistas individuales. El sistema inteligente entonces activó los micro sensores y emisores, y aunque a simple vista no se percibía diferencia alguna, algo pasó en cada ruta personal; cada persona fue expuesta a niveles milimétricamente calculados de ondas de luz, sonido o movimiento, ninguna de ellas capaz de dañar en lo más mínimo a una persona, pero teniendo la habilidad de provocar dificultad de movimiento o reacción, todo medido para cada individuo según su constitución y estado físico. Tan pronto como comenzó, Esteban sintió que su cuerpo se volvía más pesado, como si hubiera más gravedad en ese sitio; de acuerdo, se dijo, he corrido con muchos kilos acuestas, puedo hacer esto.
Sin embargo no era sólo la gravedad: el aire se sintió enrarecido, como si estuviera en una zona de mayor altitud. Por supuesto, si usaba más fuerza para moverse, por obligación necesitaría más oxigeno; eso no era tanto una prueba física como de habilidad, tenía que encontrar el equilibrio perfecto entre la fuerza usada y el gasto de energía. Desvió la mirada por un momento a la izquierda y vio que Sebastián luchaba contra lo que podrían ser ondas de aire, diseñadas para hacer perder el equilibrio a alguien delgado como él. Avanzó un paso tras otro, y de pronto cambió su postura corporal, encogiéndose y juntando los brazos hacia las costillas, mientras con las manos protegía la cara; eso hizo que pudiera caminar un poco más rápido. Esteban decidió dejar de perder tiempo y se concentró en su propio avance, y descubrió que era más sencillo si en vez de avanzar como si empujara una pared, lo hacía arrastrando los pies y moviendo el cuerpo de forma similar a si lo hiciera en el agua. Poco a poco los segundos se volvieron minutos, y se dio cuenta en una rápida mirada que aunque estaba entre los más avanzados, aún no llegaba a las tres cuartas partes del trayecto de más de cincuenta metros.
En tanto, Oiren no lo estaba pasando bien con la prueba; sentía el cuerpo pesado e inestable, y estaba respirando con dificultad. Sabía de la existencia de esas cámaras pero nunca había usado una, como claramente otros en ese lugar sí. ¿Qué tenía eso que ver con una academia, con estudios? No podía pensar con claridad, sentía el corazón latiendo con violencia y le temblaban las piernas a cada paso; trataba de mantenerse firme y mirando al frente, pero era como si el suelo bajo sus pies estuviera hecho de gelatina.

—No puedo...

Nunca había sido apto para la actividad física; de tanto en tanto salía a explorar por el campo en busca de algún ejemplar de piedra que fuera apropiado, pero recordaba muy bien el agotamiento después de sólo un tiempo de caminar por zonas escarpadas. Estaba intentando decirse que ese cansancio era distinto, que esto era algo programado y que no le haría daño, pero la sensación estaba ganándole a la razón.

—No... no puedo... no puedo...

Sentía que iba a desfallecer; casi no podía moverse, sentía la garganta seca, y se dijo que quizás no importaba tanto, que podría conformarse y quedar detenido ahí, hasta que terminara la prueba.
Esteban ya había tomado el ritmo de la prueba; incluso el cansancio se estaba sintiendo bien, como un desafío bien acogido por su cuerpo. Se tomó el tiempo para mirar alrededor, y comprobó que estaba entre los primeros, junto a dos sujetos a la izquierda que parecían competir, una chica esbelta que miraba fijo al frente, una morena cuyo cabello ondeaba de un sólo lado de la cabeza, como si se hubiera despeinado, y Sebastián, el competidor al que le interesaba derrotar. Pero un segundo después vio que este se devolvía.

— ¿Qué es lo que?

Sebastián retrocedió casi diez pasos y se detuvo, mirando hacia la pista de su izquierda.

—Oye, reacciona.

Oiren estaba casi inclinándose, pero levantó la vista con dificultad.

—No puedo... no puedo seguir.
— ¡Tonterías! claro que puedes ¿Te vas a rendir ahora que llegaste hasta aquí?

Oiren enfocó la vista y descubrió que el que le hablaba era el mismo chico que lo ayudó a orientarse en Ciudad Capital; le sonrió e hizo un gesto de ánimo con las manos, sabiendo que no podía acercarse en ese momento.

— ¡Levántate! ¡Puedes hacerlo, no tienes permitido rendirte ahora! ¡Llega a la meta, está muy cerca!

Las palabras sonaban tan reales, como si de verdad él creyera en lo que estaba diciendo. Como si creyera en él. Así, sintió un fuerte impulso por continuar, se puso firme en las piernas y siguió el camino, repitiéndose una y otra vez que eso iba a terminar, que sólo era una prueba controlada por máquinas, dirigida por personas especializadas en ello, y que no sufriría daño alguno. De pronto se dio cuenta que estaba en la línea de meta, aunque exhausto y aturdido, pero lo estaba.
Alguien acercó una silla y se sentó pesadamente dejando por un momento que las cosas pasaran; alguien le alcanzó una botella con agua y bebió un par de sorbos con los ojos cerrados, mientras aguardaba a que su respiración volviera a la normalidad.

— ¿Te sientes mejor?
—Un poco —replicó con lentitud—, no puedo creer que lo haya hecho.
— ¿Nunca antes probaste algo así?
—Nunca.

Inspiró profundo y sintió que la respiración volvió al ritmo normal. Enfocó la vista y vio que estaba en la zona de llegada, y aunque varios se veían cansados, ninguno parecía estar en tan mal estado como él.

—Tú eres... tú me ayudaste en la mañana. Gracias.

Sebastián sonrió amigablemente.

—Tonterías, no hay nada que a gradecer; mi nombre es Sebastián.
—Oiren, es un placer, y gracias de nuevo por ayudarme.
—Insisto, no lo agradezcas; lo importante es que terminaste la prueba.
—Pero fui el último de todos.
—No es una competencia —dijo el otro quitando importancia a ese asunto—, lo que miden son las estadísticas de rendimiento personal.
—Estadísticas no muy buenas para ti, me temo —dijo Esteban acercándose con dos botellas de Emporio en las manos y una gran sonrisa en el rostro—, ibas muy bien, estabas entre los primeros junto conmigo.
—Espera ¿van a descalificarte por...?
—Cómo crees, eso no va a pasar —comentó Sebastián con toda calma—, sólo relájate mientras nos informan cómo sigue todo esto.

Dvorkia en tanto estaba recibiendo datos en la tableta que llevaba consigo; Serene se acercó a él mientras se ataba el cabello a la altura de la nuca.

—Supongo que todo esto no es más que rutina.
— ¿Disculpa?
—Esta prueba; las personas que hemos sido escogidas para estor en esta academia cumplimos con lo establecido —dio una rápida mirada alrededor—, o al menos la mayoría de nosotros.

El hombre sonrió con indulgencia.

—Las pruebas que realizamos no son por protocolo; por lo tanto mi consejo es que tengas la mejor disposición par para aprobar todas.

Dicho esto se desplazó hasta el panel de control, en donde dio la instrucción de dar por finalizaba la simulación.

—Damas y caballeros, hemos terminado la prueba y me alegra ver que todos han llegado al final; pero eso no significa que hayan aprobado. Ahora les pido que vayan todos a sus cuartos, una vez dentro recibirán una notificación sobre el resultado; a fin de evitar que pasen por una situación incómoda, les pido que no salgan de los cuartos hasta que se les de aviso, de esta forma quienes no tengan el resultado indicado podrán retirarse en calma.

Esteban dio una rápida mirada alrededor ¿Podría notar a los que iban a faltar entre más de cuarenta? En realidad eso era una tontería ya que no conocía a ninguno de ellos; el punto es que necesitaba ocuparse en algo, ya que la actividad física fue insuficiente y él tenía el organismo cargado de energía. Subió al cuarto por la escalera y se tendió en la cama, nervioso y ansioso por dejar la inactividad, pero incapaz de hacer algo en ese mismo momento. Después de lo que pareció una eternidad, una notificación llegó al panel junto a la cama, que lo hizo saltar y bajar corriendo hasta la nave central donde lo esperaba Dvorkia.

—Gracias por estar aquí —dijo al cabo de un instante cuando el grupo se terminó de reunir—, ustedes son los 33 que superaron la prueba física con las indicaciones correctas, por lo que están aprobados en esta primera etapa. Aún es necesario que realicen otras pruebas, pero esta es el principal filtro que determina si son aptos para estar dentro de Sten mor o no; en cualquier caso, les recomiendo no confiarse, porque aunque la tasa de descalificación en las etapas posteriores es muy baja, las pruebas siguientes tienen mayor requerimiento. Pero eso será informado a su tiempo, ahora les pido que aprovechen la próxima hora para descansar y analizarlas estadísticas que les han sido enviadas. En una hora podrán almorzar en las instalaciones al final, en la puerta indicada para ello.

Oiren no sabía cómo tomarse la noticia recién recibida ¿Había aprobado el examen físico a pesar de su mal desempeño? No recordaba a nadie en particular salvo al chico que lo ayudó, pero estaba seguro de que al menos dos de los que no estaban eran sujetos de complexión gruesa, o musculosos. Sebastián se acercó sonriendo.

—Parece que todo está bien ¿lo ves?
—Todavía no puedo creerlo.
—Es porque seguramente asociaste esta prueba con superar una dificultad deportiva, pero lo que están midiendo es tu capacidad física de acuerdo a tus indicadores personales.
— ¿Como si quisieran saber si en realidad no tengo algún mal o incapacidad que me impida estudiar?  No entiendo cómo es que una prueba como esta puede determinar algo, lo que quiero estudiar no tiene nada que ver con ejercicio físico.
—Quizás aquí sí. También verifican que eres apto para estudio al aire libre o desarrollar tratamientos de tipo físico, es posible que sea parte del calendario de estudios de este sitio.

Oiren no había pensado en eso. Pero al mismo tiempo que se sentía aún sorprendido por lo que estaba pasando, estaba comenzando a sentir satisfacción de ver superada esa primera etapa ¿Cómo podía ser alguna de las siguientes más difícil que esta, en la que por un momento se sintió a un paso de abandonar todo?

El salón comedor del edificio era una gran sala rectangular equipada con todo lo necesario para disfrutar de una comida satisfactoria; en esos momentos reinaba el cordial desorden habitual de un grupo grande de personas escogiendo refrescos y platillos y buscando el lugar apropiado para sentarse. Una de los meses ubicada en el centro estaba ocupada por Ferrán, Serene, Mónica, Mauren, Alana, Priscilla y Bárbara, siendo Serene quien llevaba el ritmo de la conversación.

—Realmente me parece bastante sorprendente que algunas personas sigan aquí; es decir, es claro que hay una selección.

Mónica sonrió.

—Yo estaba diciendo lo mismo poco antes ¿vieron a ese sujeto?
— ¿Cuál?
—El de allá—señaló discretamente—, el que está en el extremo, solo.

Las miradas de todos se dirigieron a un hombre que estaba comiendo en total silencio, solo en la mesa más alejada; parecía algo mayor para estar allí, aunque algo en su apariencia evitaba que se pudiera apreciar de la forma correcta; Ferrán notó que había cicatrices en el cuello y antebrazos, pero a esa distancia no podía precisar a qué se debían.

—Es obvio que no pertenece a éste lugar digo ¿No lo vieron de cerca?

Priscilla respiró profundo antes de contestar.

—Es una persona como cualquiera de nosotros.
—Por favor. Y escucha, no sólo hablo de como luce, que ya es bastante chocante, sino de su actitud, se comporta como un desadaptado.
—En cualquier caso —comentó Serene con tranquilidad—, Dvorkia me dijo que aún faltan pruebas por realizar, y lo más probable es que en una de ellas todo se resuelva.

Priscilla se puso de pie y tomó su bandeja con manos tensas, pero por suerte no temblorosas.

—Permiso.
— ¿Qué le pasa? —dijo Mauren algo sorprendida ante el abrupto retiro de la otra chica—, parece como si le hubiera molestado algo.
—Señoritas —comentó Ferrán con una sonrisa resplandeciente—. Por favor no nos compliquemos la vida. Es un día hermoso, hemos superado la primera prueba de las preliminares sorpresa y, tengo que agregar, estoy en su compañía. ¿Qué tal si nos conocemos más? Tengo muchos deseos de saber de dónde vienen y a qué se dedican.

Las chicas sonrieron ante la intervención; mientras tanto, Priscilla estaba caminando de forma desinteresada, para darse tiempo a encontrar dónde sentarse sin quedar sola y ser blanco de comentarios malintencionados como los de Mónica; aunque de todas formas lo sería por haberse  parado de esa manera, pero es que en realidad no soportaba esas actitudes. Una chica que estaba con otras tres personas le hizo un gesto disimulado para que se acercara.

—Parecías un poco molesta con ellos ¿Qué ocurrió?
—Gracias, hola —dijo saludando a todos—, supongo que no es nada tan grave, o quizás es algo que a mí me resulta molesto.
— ¿Qué ocurrió?

Al hablar se dio cuenta de que, en caso de dar la explicación concreta de lo sucedido, pondría al involucrado en la misma situación a la que lo habían expuesto los otros.

—Nada en particular, es que las personas que se sienten superiores al resto son molestas.

Había quedado en su rango de vista, por lo que miró en su dirección mientras las otras personas en la mesa charlaban; en efecto, había algo raro en su apariencia, y le dio la impresión de ser heridas o cicatrices antiguas. Quizás había sufrido algún accidente grave, o ella lo relacionaba de esa forma porque había visto un caso cercano; cuando una persona pasaba por un accidente grave, la cirugía reparaba, era capaz de regenerar piel y tejidos, recomponer articulaciones y restaurar músculos, pero si se trataba de una herida muy extensa o grave, algo quedaba mal en la apariencia general de la persona, a menos claro que fuera un multimillonario. No era un aspecto repelente, ni grotesco, pero había algo artificial que permanecía en pugna con lo natural de la persona. Además había algo en el cabello, parecido a entradas por la edad, pero mucho más marcadas en uno de los dos lados; quizás sería cierto que tuviera una extraña actitud como insinuaron, pero eso no era motivo para hablar de él de forma grosera. Intentó calmarse.

Mientras el almuerzo proseguía, el comedor estaba siendo observado con atención desde cierta distancia; en la sala destinada para ello estaban los tres controladores de imagen y sonido y los seis maestros, cada uno atendiendo a la escena desde su particular punto de vista.

—Parecen muy prometedores —comentó Omar entre bocados de un gran sándwich de res—, creo que tenemos un muy buen año.
—Me llama la atención que algunos de ellos hayan pasado —comentó Gabriela con cierto desdén—, estaba convencida de que al menos tres no quedarían.

Aziare estaba revisando las estadísticas que el sistema había tomado de cada uno de ellos; asistió aunque sin demostrar acuerdo.

—Por lo visto no hay nadie que destaque de forma excepcional.
— ¿Qué dices de ese musculoso de la izquierda?
— ¿El de cabello ceniciento?
—No, el otro.
—Déjame ver. Esteban; tiene gran capacidad física, pero ningún otro indicador que lo haga resaltar. Requerirá algo de trabajo.
—Lo pido —comentó Omar sonriendo—, me gustan los desafíos.

Jael miró con las cejas levantadas a Darius, quien jugaba con un cubo de luz.

— ¿Estás prestando atención?
—Ese platillo está mal preparado —dijo como si fuera la respuesta a una pregunta—, el que eligió la chica de cabello rizado, es como el plato del Festival, pero le pusieron carne de res en vez de bovino; estuve en una muestra de comida típica en One-garui y lo recuerdo muy bien.
— ¿Y eso tiene que ver con esto porque...?

El hombre la miró con una plácida sonrisa.

—Todo está bajo control, además, quiero impregnarme de los conocimientos de ustedes.

Jael revoleó los ojos, pero decidió no decir nada.

—Luz me parece apropiada según sus estadísticas.
—Lo acabo de apuntar Flavio —dijo Aziare de inmediato, captando el comentario del otro maestro que miraba fijo a una pantalla—. Entonces Omar pidió a Esteban, Jael a Ikronne, Gabriela a Silvia, y Flavio a Luz. Sólo faltamos Darius y yo.
—Estoy seguro de que ya elegiste, estás muy preparada.
—En realidad —dijo sin prestar atención a la broma—, creo que elegiré a Amber, definitivamente.
—Siendo así —comentó Darius fingiendo una cara seria—, es mi momento.

Estiró el brazo derecho, en cuya muñeca pendía una cinta de color violeta con una piedra pendiente de ella; se trataba de un trozo de cuarzo rosa del porte de un guisante, que al momento emitió un brillo.

— ¿Te parece que eso es necesario?
—Por supuesto que es necesario —replicó Darius con una sonrisa—. Al fin y al cabo, lo que hará que estos chicos se conviertan en personas exitosas es una piedra como la que tengo en mi muñeca; quiero que mi piedra elija al estudiante que puedo escoger de entre los que están ahí.

Hizo un ligero movimiento circular con el puño entrecerrado, lo que hizo que la piedra emitiera un brillo más intenso que el anterior; los maestros habían sido educados para que, además de sus capacidades, pudieran utilizar la piedra que les correspondía en una frecuencia especial, misma que en la búsqueda de potenciales les había servido para llegar hasta sus objetivos: esta frecuencia detectaba las capacidades naturales de cada individuo para utilizar el poder de las piedras otorgadas en Sten mor, y si era dirigida a los potenciales, podía destacar un tipo de afinidad con alguien, dependiendo del estilo de uso que pretendiera dar el maestro. La piedra dirigió su tenue pero visible brillo en una inequívoca dirección, después de lo cual Darius se dio por satisfecho y bajó el brazo, terminando con el proceso y haciendo que la piedra en su muñeca apagara su destello.

 —Krau, yo te elijo.

Apuntó a una de las pantallas en donde el aludido seguía almorzando, ignorante de la vigilancia sobre él ejercida; los demás lo miraron entre extrañados y sorprendidos por la extraña forma de actuar, pero nadie dijo nada; Aziare reprimió una sonrisa, al recordar sus continuas bromas durante el periodo de estudio en el extranjero. Ahora le parecían más divertidas porque ellos ya estaban en una zona de mayor comodidad.

—Bien —dijo al cabo de un momento—, entonces ya todos hemos elegido un estudiante, por lo que esta etapa está terminada, el resto de los grupos serán definidos de forma aleatoria.

Gabriela asintió mientras iba hacia una puerta lateral de la sala en la que se encontraban.

—Estupendo, estamos un paso más cerca de comenzar; los veo luego.

Poco después, la maestra entró en una sala secundaria ubicada en el mismo edificio en donde estaban los estudiantes, pero en un sitio que no era accesible para ellos; nueve personas estaban en el interior, cambiándose ropa y quitando una serie de accesorios de primera generación que habían hecho que sus rostros se vieran por completo diferentes.

— ¿Ya está listo el reporte?
—Así es maestra Gabriela —dijo uno de ellos—, enviamos el reporte completo hace un instante.
—Dame algunos datos de inmediato ¿descubrieron algo que llame la atención?
—Todo en orden; hicimos el escaneo completo y no hay micrófonos, grabadoras, cámaras ni sensores de ningún tipo: todos están limpios.

Legalmente no podían registrar las pertenencias de los estudiantes ni a ellos mismos, pero extraoficialmente se daban el trabajo de incluir trabajadores infiltrados, que hacían toda la primera etapa, desde la zona de arribo, disfrazados y caracterizados como personas comunes, mientras llevaban diferentes sensores ocultos entre sus ropas. Gracias a esa precaución evitaban que algún intruso lograra llegar hasta las instalaciones de la academia y extraer información importante. El secreto del uso de las piedras en Sten mor había permanecido a salvo durante mucho tiempo, y la misión de todos era mantenerlo así.


Próximo capítulo: Prueba de conocimiento. ¿De dónde vienes?

Sección del autor


Todos los que quieren ser alguien en el campo del estudio deben pasar al menos una vez por Torre de piedra. Pero aunque es una ciudad llena de monumentos y sitios maravillosos como museos de todo tipo, su existencia no es para el divertimento, sino para cultivar la mente y el espíritu. Desde restos arqueológicos hasta avances científicos y en el campo del estudio y la salud, todo tiene lugar en los museos de esta ciudad, y los visitantes llegan por miles para conocer cada rincón. Además, las universidades tradicionales están ubicadas por ley en esta ciudad, donde además cuentan con un espacio y clima privilegiado, lejos de la inestabilidad de One-garui o los vientos de Altocielo; aquí todo se conjuga para que exista la calma y se proyecte la meditación y el estudio en su máxima expresión.


Sten mor academia 1° Capítulo 03: Recién llegados. ¡Prueba sorpresa!



Zona primaria. Lunes 05 de abril.

Edsel estaba muy nervioso ese día; si bien la posibilidad de ingresar a Sten mor era algo maravilloso e inesperado, también era fuente de algunas preocupaciones que no podía ignorar: desde siempre había sido impopular y de pocos o nulos amigos tanto en el entorno social como laboral, y de pronto, a punto de cumplir los 26 años, era convocado por la academia de la que salían los personas más talentosas del país ¿Cómo iba a impactar eso en su vida, qué tan preparado estaba para enfrentar un desafío como ese, y cuánto de su dificultad para encajar podía volverse un riesgo para sus anhelos? Lo primero que se dijo fue que si eso estaba pasando, su obligación era hacer un profundo trabajo interno, cambiar su comportamiento y encontrar una forma de encajar en el grupo, porque al estar en un centro de estudios tendría que trabajar con otras personas, interactuar de forma exitosa y comunicarse de manera Fluida. Y cuando estaba bajando del transporte en la Zona de recepción, tras un apacible viaje en que se recordó una y otra vez cuál tenía que ser su objetivo más importante, la vio, y se le olvidó todo lo que había estado pensando; la chica era alta y esbelta, de bellas formas, con el abundante cabello castaño cobrizo largo hasta media espalda, peinado hacia la derecha, cayendo de forma natural sobre el hombro, y generando un medio marco en el rostro ovalado, donde resaltaban los brillantes y expresivos ojos color miel, decorados con un entramado de brillos de distintos tonos de violeta y rojo; llevaba un atuendo ligero y de colores claros, diseñado para dar mayores contornos a la figura. Su actitud corporal evidenciaba que estaba segura de lo atractiva que era, y lo usaba como su primera carta, el golpe a la vista que no dejaba indiferente a las personas a su alrededor; en ese momento estaba en la máquina de refrescos, y él pudo ver desde la distancia que lo separaba de ella, que estaba eligiendo una combinación de frutos silvestres con un toque de ácido, algo apropiado para el fin de la temporada más fría del año. Se dijo que eso era un regalo, que tenía no sólo la suerte de estar a un milímetro de ingresar a un centro de estudios del más alto nivel, sino que además una de los primeras estudiantes que veía de cerca era un sueño hecho realidad estaba ahí, a un paso de él. Respiró profundo y se acercó, seguro de hablar en el tono de voz adecuado para no resultar molesto.

—Hola, qué tal.

La chica volteó ligeramente hacia él cuando se percató de su presencia; de cerca era aún más bonita. Edsel hizo un asentimiento mientras saludaba.

—Es un placer, veo que también vienes a estudiar a la academia.

Ella sonrió de forma gentil, aunque mantuvo un brazo de distancia.

—Así es, qué gusto.
—Es un día importante —temió contar muy dramático, así que cambió el rumbo de sus palabras— ¿Nerviosa?
—Oh, para nada, esto era algo que tenía que pasar —dijo ella los tranquilidad—, ya sabes, todo toma su lugar cuando corresponde.
—Ya veo —esas palabas lo habían dejado algo fuera de foco ¿a qué se refería? —. Mi nombre es Edsel.
—Serene —replicó ella luego de una pausa mínima para dar un sorbo a su refresco.
—Bonito nombre, muy musical.

Una voz masculina se adelantó a lo que fuera que Edsel tuviera pensado decir, y captó la atención de la chica. Ferrán sonrió ampliamente al acercarse caminando con total naturalidad.

—Gracias.
—No hay nada que agradecer, era una realidad más que un cumplido, aunque por supuesto lo mereces.

Serene sonrió ante la ingenioso juego de palabras, y como por arte de magia la conversación se trasladó a ellos dos, como si hubiesen estado charlando desde antes, o se conocieran; pocos momentos después estaban desplazándose hacia un costado, dejando a Edsel solo frente a la colorida máquina de refrescos.

"Muy bien, hay cosas que nunca cambian"

Se quedó un momento inmóvil mirando a la imagen de sí mismo que, fraccionada, le decía de forma silenciosa por qué esa chica atractiva se iba conversando con alguien como ese sujeto y no con él: porque él no era guapo, no tenía buen porte o vestía de la mejor manera.
Serene y Ferrán en tanto, se acercaron a una de las ventanas mientras ella bebía.

— ¿Un amigo tuyo?
—Oh, para nada; me pregunto si ese edificio será la academia.
—Estaba pensando en eso ¿Sabes? y creo que no, que es una zona previa a las instalaciones. Estaba recordando que la última vez que pasé desde Pristo hacia Ciudad Capital vi un complejo en el extremo nor-oriente, creo que es Sten mor.
— ¿Estuviste en Pristo hace poco?
—Un par de meses.
—Yo también, siempre es bueno dar una vuelta y ver los espectáculos, los grandes claro.
—Hay mucho para escoger —replicó él sonriendo—, y fue bueno ir, ahora no sabemos hasta cuando podamos hacerlo.

A un costado, Oskar estaba sentado mirando con total atención lo que veía en la pantalla del móvil; había sido lo más emocionante del día hasta ese momento, y estaba asimilando cada detalle para memorizarlo como un preciado tesoro: el video empezaba de forma abrupta con una imagen distorsionada y susurros entrecortados, para luego quedar unos instantes en negro y silencio, y finalmente comenzar con la imagen. A cierta distancia podía ver a Lori y Carl sus hermanos menores, y a Ben, la hija de su hermana; de nueve, ocho y siete y medio respectivamente, eran inseparables y aunque a veces hacían travesuras, ese acto tenía otro objetivo.

—Hermano.
—Hermano mayor.
—Tío Oskar.

Por lo que se veía, estaban tratando de hablar por turnos, pero nada de eso estaba ensayado como para que diera el resultado apropiado; se reían continuamente y cada tanto vigilaban la puerta de la despensa de la cocina, en donde estaban grabando el saludo.

—Estamos muy orgullosos de ti.
—Por tu viaje.
—No, por tu premio.
—Por lo que vas a hacer.
—Mamá dice que vas a ser un profesional muy muy exitoso.
—Papá dice que vas a una escuela muy importante.
—Vamos a portarnos bien mientras no estás
—Te queremos.

Luego de un par de segundos, el video se cortaba de forma tan abrupta como había empezado; que los niños se hubieran tomado el trabajo de tomar el móvil de su cuarto mientras dormía, lo acercaran a su mano para desbloquear la seguridad y se escondieran en la bodega para grabar ese saludo es una gran muestra de cariño, reforzada por haber guardado secreto durante la agitada mañana. De esta forma, sólo cuando estuvo en el transporte rumbo a Ciudad Capital descubrió ese material tan valioso; iba a conservarlo tal cual como estaba, sin editar las partes que serían necesarias, porque en esas imperfecciones estaba parte del enorme valor de esa demostración de amor. Recién terminaba de ver el video cuando su atención fue llamada por una voz, perteneciente a un hombre que entraba en ese momento al recinto donde los transportados estaban llegando.

—Señores y señoritas, agradezco que hayan estado en la zona de abordo a la hora fijada, y que hayan esperado; por fin están todos reunidos, y quiero dar a todos la bien venida a Sten mor. A partir de este momento van a estar bajo mi cargo, mi nombre es Dvorkia y seré su guía en esta primera etapa.

Hubo un saludo generalizado; para ese momento las miradas de todos estaban sobre él. Era un hombre de más de treinta y cinco años, años, moreno, alto y atlético, que llevaba ropa en tonos azules y un broche distintivo en el lado izquierdo del pecho, que tenía la forma de un triángulo dorado.

—Pero quiero que sepan que, aunque han sido convocados a esta academia porque nuestros análisis indican que tienen un alto potencial, de los 42 que están aquí, no todos proseguirán sus estudios en Sten mor. En este momento ingresarán a la zona primaria, realizarán una serie de pruebas, y quienes no cumplan con lo mínimo deseado, no estudiaran en Sten mor.

Se hizo el silencio entre todos los jóvenes en el recinto; Oiren sintió que le caía el alma a los pies ¿Iba a haber una preselección?

—Así es —dijo Dvorkia luego de hacer una calculada pausa para causar erecto efecto—, aunque esto no es una universidad tradicional, ustedes tendrán que cumplir con pruebas, las que determinarán si de verdad están capacitados para estar aquí, pero principalmente para comprobar que ustedes quieren estar aquí. Quien tenga el interés y al mismo tiempo sea apto para ésta academia, puede tener la seguridad de estar dentro.
—Pero nos dijeron que una vez estuviéramos en la academia podríamos elegir nuestro destino ¿Qué clase de pruebas haremos entonces?
—Nada que tenga que ver con lo que estudiarán más adelante —replicó el hombre con tranquilidad—, esto se trata de comprobar el estado integral de ustedes, y de forma paralela lo aptos que son para estudiar aquí; en Sten mor el método de enseñanza es integral, por lo que es fundamental que sus mentes estén tan preparadas como sus cuerpos.

Oiren sentía cómo palidecía a cada palabra que escuchaba ¿Capacidad física? Si medían eso, su aventura duraría sólo una jornada.

—Pero las cosas tienen todos un momento y lugar, así que para empezar, quiero que me acompañen a las instalaciones en donde estarán los próximos tres días; de seguro ya vieron una construcción por la ventana, pues eso no es Sten mor, es la zona primaria. Tendrán alojamiento y todos los implementos necesarios, para que puedan concentrarse en las pruebas.

Mientras hablaba, desbloqueó el paso hacia el exterior, siendo seguido por el grupo, que ya no se mostraba tan relajado como antes; tras una breve caminata llegaron al edificio contiguo, tras cuyas altas puertas se revelaba el interior de la instalación; el edificios tenía tres pisos, los cuales tenían forma de rectángulo, dejando el centro despejado e iluminado por el imponente techo transparente.

—En este momento sus móviles están recibiendo una alerta automática; en ella verán el código y número de su habitación, todas ellas ubicadas en el tercer piso. No pueden cambiar de habitación. En el segundo piso hay áreas recreativas que pueden utilizar de forma libre, y en el primero van a desarrollar algunas de las pruebas. En una hora es la primera, ahora los dejo para que puedan ambientarse.

Maud y Lena se quedaron mirando cómo Dvorkia salía como si con él se fuera una esperanza vital.

—Tengo miedo.
—No me esperaba esto —dijo Maud—, eso de las pruebas no era una broma ni nada parecido.
—Eso es lo que me preocupa —dijo Lena haciendo una mueca—, no tengo muy buena experiencia con las pruebas de admisión.

Esteban se sentía muy a gusto en esos momentos; era cierto que la noticia tomaba a todos por sorpresa, pero se trataba de un desafío y estaba dispuesto a cumplirlo; incluso podía decir que aquella información repentina había activado una inyección de adrenalina en su sistema, muy útil para poder enfrentar cualquier desafío, sobre todo uno como ese. Subió al segundo piso para conocer un poco el lugar, y se acercó a una sala de paredes transparentes en donde un letrero luminoso en la puerta anunciaba que se trataba de una estación de medición de reflejo.

—Vaya vaya, esto es buen material.

Entró y programó un nivel intermedio, pero en un principio no pasó nada; se dio cuenta de que era porque había ingresado alguien más.

—Disculpa ¿Ya habías comenzado?
—Sólo ahora, no hay problema; lo dejé en intermedio.
—Genial —dijo el otro estirando los brazos—, siento que hace mucho tiempo que no hago esto.

La cámara de medición de reflejos lanzaba esferas a velocidad, marcando el tiempo de reacción, la velocidad y precisión de la o las personas al esquivarlas o darles alcance, y aunque no eran peligrosas, no eran apropiadas para cualquier persona. Él, musculoso y fuerte, era apropiado.

— ¿No eres un poco Flaco para esto?

En el centro, mientras todos iban de un sitio a otro y comenzaban a ambientarse, Mónica e Ikronne hablaban en voz baja para no ser escuchadas.

— ¿Viste cómo es?
—Lo vi un poco más de cerca cuando veníamos para acá.
—Es horrible —dijo Mónica con una risilla perversa—. No sé qué le pasó, pero de seguro no es nada bueno.
—No hables así, te puede oír.

Pero Mónica se sacudió el cabello, indiferente.

—Se fue para otro lado; y no me mires así, no estoy diciendo nada que no salte a la vista. Además, no sólo se trata de que ese sujeto sea tan...bueno, ya sabes, de aspecto, también es que alejaba a los personas de él. Nadie se le acercó en ningún momento.

Ikronne había entablado conversación con Mónica a poco de entrar en el recinto, pero llegado ese momento, empezaba a sentirse incómoda por sus comentarios; ser honesta no era lo mismo que ser cruel.

—Creo que voy a ver mi cuarto.
—Cierto. Veamos los códigos; oh, parece que no quedan cerca.
—Sí, lastima.

En el tercer piso, Lena encontró en el cuarto asignado para ella su equipaje; programó la puerta con el código para poder entrar y salir con comodidad y salió a encontrarse con Maud, cuya habitación distaba sólo una de la suya.

—Las instalaciones son excelentes.
—Es cierto, me siento en un hotel, pero desde donde ellos deciden si me quedo o no.
—Vamos, lo haremos lo mejor posible.

Lena suspiró profundo mientras ambas caminaban hacia las escaleras del fondo; se dijo que tenía que calmarse, que no porque no obtuviera malos resultados en otra institución significaba tenerlos ahí también. Además, ella no era así.

—Sí, Tienes razón. Falta menos de una hora para esa misteriosa prueba que tendremos que rendir, y no pienso dejarme dominar por los nervios; vamos a conocer las instalaciones.

Mientras las chicas avanzaban por el pasillo conversando animadamente, no se percataron de quien estaba saliendo de la habitación intermedia a la de ambas; Febo y Alej habían estado charlando desde poco antes acerca de música, y el primero le enseñó la gráfica tallada a mano de un famoso coordinador musical.

—Es sorprendente, yo estuve en esa presentación, y tú te ganaste ese obsequio. ¿Me estás escuchando?
—Sí—replicó el aludido sin quitar la vista de ellas—, te escucho.
—No es eso lo que parece ¿Te gustó la del vestido? Es muy guapa.
—Sí, pero no la estaba mirando a ella.
— ¿La otra chica? Es más bien normal.

A Febo no le parecía lo mismo; por su trabajo en música, conocía de timbres y tonos, también de voz, y el de ella a un par de metros de distancia fue música para sus oídos; era el tipo de voz de una mujer inteligente, atrevida y con energía, y ese toque extra que hizo que la escuchara a ella en particular. El accesorio que llevaba en el cabello dejaba despejado el perfil, y alcanzó a ver los ojos mirando con determinación al frente.

—No hay nada de malo en lo normal; es más real. ¿Por qué no vemos hacia dónde van?

El otro hizo una mueca mientras empezaba a seguirlo.

—Y yo que hace un minuto te tenía por alguien más serio.

Febo sólo escuchó esas palabras en segundo plano; sus amigos siempre hacían bromas acerca de lo expuesto que estaba a todo tipo de tentaciones cuando estaba trabajando como D. J. pero él sólo se reía. Por un lado tenía una política estricta de no involucrarse con los asistentes a las fiestas en los que trabajaba, y por otro, su relación con Amelia había terminado nueve meses atrás y aún le parecía pronto para arrojarse a las arenas de la conquista; o eso pensaba hasta ver a esa chica. ¡Cielos! ¿En qué estaba pensando? En pocos minutos tendría que rendir un examen sorpresa, pero estaba siguiendo a una chica para averiguar algo más de ella.

Próximo capítulo: Nuevas amistades ¡Una prueba física!

Sección del autor




Esta semana es el turno de Ciudad Capital. La ciudad de millones de habitantes, en donde tiene su origen Sten mor, ya que la academia se encuentra ubicada en esta ciudad; enorme, llena de anuncios, muy visitada, múltiple, conocida, famosa y variada, esta ciudad es la máxima creación del país, y los millones de visitantes que tiene, ya sea en el distrito comercial, o como turistas o empresarios, son sólo una muestra de ello.






Sten mor academia 1° Capítulo 02: Olvidando el pasado. El comienzo de un sueño



Ruta rápida hacia Centro de a bordo de transportes privados.

Maud miraba distraídamente al exterior por el cristal del vehículo de traslado mientras hablaba por teléfono; resultaba bastante irónico que recibiera esa llamada en un momento como ese, durante una breve parada antes del tramo final de viaje hacia la zona de abordo en Ciudad Capital.

— No, el departamento no está bajo mi control ahora, por eso es que no puedes usar tu tarjeta para entrar; los cosas que no eran mías están en una bodega auxiliar del edificio, estoy segura de que el personal te va a reconocer.

Los primeros días tras su abrupta separación de Ian fueron difíciles y agitados; después de dormir en un hotel, la jornada siguiente la dedicó por completo a repasar textos, y en la tarde fue a presentarse en el teatro, intentando seguir el curso normal de su vida como si no se sintiera atrapada entre paredes que estaban desmoronándose. Y se negó a pensar en si iba o no a ver a su novio entre el público, e incluso a hablar al respecto con la gente de la compañía, justificando su extraño estado de ánimo con un oportuno dolor de cabeza. El público estuvo especialmente expresivo esa noche, o eso fue lo que le pareció a ella, por lo que en el aspecto laboral no tuvo que llevarse una preocupación adicional; y él no estaba esperándola ahí, ni en el departamento. ¿Fue mejor así? En esos instantes no pudo de terminarlo, lo único que supo es que con casi 24 horas de retraso esa situación terminó por agotarla, y cayó rendida, queriendo sólo dormir y no ver a nadie. Durante varios días la alegría de haber sido convocada a Sten mor se vio opacada por la incertidumbre y tristeza causada por la desaparición total de él ¿Cómo podía alguien que la había tratado como una persona inmadura comportarse de forma aún más inmadura y simplemente desaparecer del mapa? Se dijo a sí misma que no lo iba a buscar, que ella no era la responsable de lo que estaba pasando y por ese motivo no tenía que llamarlo, ni demostrar un cambio de actitud. Su móvil estaba operativo y su dirección seguía siendo la misma, si quería arreglar las cosas, que diera el primer paso.

—De acuerdo, lleva tus cosas entonces.

Pasaron algunos días hasta que comprendió que todo se había terminado entre ellos. Simplemente él decidió irse y no volver a aparecer, y Maud descubrió que más que tristeza, lo que ese conocimiento le produjo fue una gran sensación de vacío, como si su relación con Ian hubiese sido mucho más dependiente de lo que jamás pensó. Como si, de alguna forma, la conexión entre ambos hubiese sido de control de él y dependencia de ella, todo el tiempo; y sí, quiso largar a llorar y volver a casa con su madre y cobijarse entre sus brazos, pero algo en su interior se lo impidió, quizás esa misma sensación de injusticia que se apoderó de ella cuando la primera y única discusión tuvo lugar.
Y así pasaron tres meses en que él se mantuvo invisible, en que Maud se debió a trabajar y proyectar su estadía en Sten mor, y asumió que no tendría nuevas noticias acerca del hombre al que amaba; y ahora, como si hubiese estado vigilándola, la llamaba en el momento preciso en que iba rumbo a la plataforma de abordo para dirigirse a la academia. Quizás lo bueno de eso, aunque no dejó de sorprenderle, es que no se sintió conmovida o emocionada, ni si quiera sintió tristeza, sólo un gran vacío que no dolía como aquel primer día, porque ya era lejano, ya no le pertenecía. Cortó la llamada con la sensación de haber estado hablando con un desconocido sobre un asunto trivial, y se preguntó si esa llamada, y el hecho de interactuar aunque fuese a distancia con él, sin ninguna palabra de amor o explicación de por medio haría mella en su ánimo, pero se encontró con que nada de eso sucedía; quizás eso era lo mejor después de todo.

—Oh, lo siento mucho.

El vehículo se había detenido en una parada menor, y entre las personas que abordaron, una chica se sentó en el puesto libre a su lado y  al hacerlo, dejó caer accidentalmente el bolígrafo que llevaba consigo. Maud recogió el lápiz.

—Aquí tienes.
—Gracias.

Lena se sentó y dejó el bolso de mano el compartimiento apropiado para ello.

—Gracias de nuevo, disculpa por molestar.
—No es ninguna molestia —afirmó Maud con una sonrisa amable—, no pasa nada.

Se fijó en el detalle que la chica llevaba en el cabello y no pudo dejar de hacerlo notar; era un accesorio muy bonito, que ante la luz natural resaltaba el intenso color rojo de la piedra montada en el centro.

—Él broche que llevas es muy bonito —comentó, admirada—, se ve realmente bien.
—Gracias —replicó Lena, sonriendo—, fue un regalo de la dueña de la tienda en la que trabajaba.
— ¿Trabajabas en este sitio?
—No, yo vivo en Ed-viri; en este momento me dirijo al centro de abordo de vehículos privados en esta ciudad.

Lo que significaba que haría el mismo trayecto que ella.

—Qué interesante, yo también voy en esa dirección.
— ¿Eres de Ed-viri?
—No, en realidad vivo en Pristo; pero en este momento vengo del sur de Ciudad Capital; estaba visitando a mi hermana que trabaja ahí. ¿Trabajas en una joyería?

La conversación había surgido de forma natural entre ambas, casi como si se conocieran desde antes; y después de la deprimente experiencia de la llamada telefónica de su ex, tener una charla animada durante el viaje podía ser una buena alternativa.

—Trabajaba, pero era una tienda de bisutería en realidad; tuve que dejarlo porque, bueno... ahora mismo voy a ingresar a estudiar a una academia.
—Esa es otra coincidencia —dijo Maud—, yo también voy a ingresar a una academia; me llamaron de Sten mor.

Aziare había estado en su casa dando la noticia, y desde ese momento toda su vida habido dado un vuelco; al mencionar el asunto volvió a sentir la misma emoción, que por un lado era debido a todos los cambios que venía, y por otro por el relativo secreto del asunto. No era un secreto en estricto rigor, se lo contó a sus amigos más cercanos y a Mariangela al momento de decirle que no podría seguir trabajando en su tienda, pero no le parecía correcto decírselo a cualquier persona. Al escuchar eso, su expresión cambió por completo ante la sorpresa.

—No puede ser ¿Sten mor? Yo También voy a esa academia, me llamaron hace un tiempo.

La coincidencia era increíble para ambas, pero hizo al mismo tiempo mucho más fluida la conexión.

— ¿Andén 19?
—Sí, esquina 84, es increíble. Disculpa, mi nombre es Maud.
—Soy Lena, es un placer; no puedo creerlo, vamos a ser compañeras.

Ambas rieron espontáneamente, de forma cómplice.

—Esto es casi surrealista —dijo Maud más animadas—, todo ha sido tan sorpresivo.
—Es cierto, y es justo como la gente rumorea que es; nunca pensé que alguien de la academia iba y aparecer un día en mi casa a decirme que consideraban que soy apta.
—Me pasó lo mismo.

Estuvo a punto de mencionar algo acerca de su ex novio, pero dado que se dirigía a un nuevo mundo y tenía la suerte de conocer a alguien que estaba en la misma situación, decidió que era el momento de dejar todo atrás y comenzar con la mejor perspectiva posible.

— ¿Y qué hacías en Pristo?
—Estaba trabajando en una compañía de teatro.
—Wow ¿Eres actriz?

Por primera vez desde que se dedicaba a los artes escénicas, Maud se sintió incómoda con respecto a esa pregunta; no por la respuesta que iba a dar, sino por la percepción que algunas personas podían tener de alguien que trabajara en teatro, como ella. En Vaidos ser actor, cantante, poeta, ilustrador o lo que fuera no era algo fuera de lo común, sólo era un trabajo como cualquier otro; quizás afecto a normas propias como tener que estar buscando visibilidad o en algunos casos ser itinerante, pero en una atmósfera como esa, era natural; por lo tanto, para personas como ella lo llamativo era que alguien se dedicara a la agricultura o a la pesca.

—Sí, soy actriz, me dedico a eso desde hace un tiempo, pero no es nada sorprendente.
—Yo nunca había conocido a una actriz, así que sí me sorprende —dijo Lena amablemente—, en realidad, en Ed-viri hay un par de teatros repartidos por las distintas localidades, pero no es algo que se destaque mucho.

Maud encontró en esa frase la forma de desviar el tema.

—Mientras que en la ciudad de donde vengo casi no tenemos industria dedicada a la joyería — ¿Esa piedra en tu broche es nativa de allá?
—No es una piedra, es una gema de fantasía.
—Dijiste que te la había regalado la dueña de la tienda.
—Así es; lo curioso es que cuando lo hizo, le dije que lo usaría porque es muy bonito, pero que nunca iba a estar en Ciudad capital como sugirió; y mírame ahora.

Por lo visto la llamada de Sten mor terminaba siendo una sorpresa para quien fuera que la recibiera; Maud se dijo que no iba a desaprovechar esa oportunidad por tener la mente ocupada en otros asuntos, y se le ocurrió que quizás en Lena podría encontrar una muy buena compañera.

2


Itiel estaba muy animado esa jornada; la llamada de Sten mor, tan poco tiempo antes de la fecha de ingreso a la academia, significó una alegría al tiempo que un cambio en los planes. Pretendía dedicar un tiempo a trabajar antes de postular a una universidad, pero ante una oportunidad como esa decidió realizar un giro de 180° y darse la posibilidad de cumplir esa meta pendiente. Luego de tener una larga conversación con su padre, Irina y los chicos, se dispuso a preparar todo para un viaje de dos años de duración, pero que significaría un cambio total en su vida, y desde luego en la de su familia. En un principio pensó que lo más difícil sería explicarle a los niños que estaría dos años fuera, pero ellos se lo tomaron con una increíble naturalidad e incluso dijeron que tal vez sería una buena idea elaborar una lista de regalos que él pudiera comprar para su regreso. Su padre e Irina, desde luego, entendieron la situación, sin embargo resultó algo complejo proyectar una separación después de haber estado juntos toda la vida. En cualquier caso, la vida de todos cambiaría para mejor una vez que él saliera de la academia, e incluso se permitieron soñar con que podrían instalar un negocio propio como desde hacía años era un proyecto pendiente. En ese momento el transporte estaba avanzando por una vía de Ciudad Capital, lo que quería decir que dentro de pocos minutos estaría abordando el Transporte privado hacia la academia.

— ¡Cuidado!

La conductora del vehículo dio la voz de alarma con un grito potente, mientras manipulaba los mandos para sortear un obstáculo; los pasajeros se sacudieron en sus asientos, sorprendidos ante el brusco movimiento. Itiel miró por la ventana aún cuanto el transporte se estaba sacudiendo, y vio que a muy poca distancia por la vía, un automóvil se había salido del carril que le correspondía en sentido contrario, internándose en la vía opuesta, aunque a baja velocidad. La conductora del transporte consiguió detenerlo con habilidad y sin perder el control, pero mientras las miradas de todos se enfocaban en el vehículo menor y las voces mencionaban lo peligroso que podía ser que una persona condujera en estado inadecuado, él puso sus sentidos en algo más: cuando asomó en primer lugar, le pareció ver a través del cristal que la persona que conducía el vehículo estaba en una posición incorrecta. ¿Y si no se trataba de un borracho, sino de alguien que estuviera sufriendo un malestar? Sin tiempo para meditar, tomó la opción más arriesgada y corrió a la parte delantera para salir del vehículo.

—Abra la puerta, creo que el conductor del auto tuvo un ataque.

Por suerte la conductora, con el transporte momentáneamente detenido, atendió a su llamado y abrió la puerta; se trataba de ese lapso de segundos luego de un hecho que alteraba la paz, en que aún no ocurría nada, pero se podía deducir que en cualquier momento las cosas se saldrían de control: alguien aceleraría en vez de frenar como indicaba la lógica cuando un vehículo sufría un accidente o se salía de la ruta, o cambiaría de pista de forma intempestiva.
O un lunático se bajaría y comenzaría a correr entre los automóviles en movimiento.
Sí, lo que estaba haciendo era una insensatez, y quizás ni siquiera estaba en lo cierto, pero si después resultaba ser así, no se lo perdonaría. El auto seguía moviéndose sin rumbo, pero al acercarse pudo ver que quien conducía estaba en apariencia desmayado; sólo en ese momento se preguntó cómo pretendía ayudar a una persona en un vehículo en movimiento, y optó por lanzarse sin pensar en las consecuencias; tuvo que abrir la puerta, y empujar a la persona hacia el asiento del copiloto para hacerse de los mandos. Algunos frenéticos segundos después logró detener el auto, justo antes que se estrellara contra algo. La persona no estaba en realidad desmayada, pero desde luego, estaba sufriendo algún tipo de ataque

— ¿Se encuentra bien?

La puerta fue abierta por una oficial de policía, quien miró de forma inquisitiva al interior.

—Yo estoy bien, pero ella, algo le está sucediendo, creo que es un ataque.
— ¿Es un familiar?
—No sé quién es, solo intentaba ayudar.
—Comprendo; baje por favor.

Momentos después, una unidad móvil de urgencias había estabilizado a la mujer, y el tránsito estaba restablecido casi al completo; de todos modos Itiel se quedó junto al equipo de asistencias unos momentos más.

—Me dijeron fue tú me ayudaste. Muchas gracias.
—No hay nada que agradecer, sólo hice lo correcto.
—Pero no cualquiera se arriesgaría, gracias de nuevo.

Después de la frenética experiencia con la mujer accidentada, Itiel abordó otro transporte que pudiera llevarlo hasta su destino, llevado consigo una sensación distinta a las que lo embargaban antes de que sucediera aquel evento. Cuando le contara a su padre esa historia tendría que modificar algunos aspectos, por que dicho como había sucedido, se lo tomaría muy a mal que estuviera pasando peligros; casi podía escucharlo decir "Mírate, eres tan joven que no dimensionas lo que estás haciendo, vas a matarme de un ataque" Sí, definitivamente tendría que cambiar la historia, con dejar el vehículo estacionado de forma apropiada bastaría.
Su padre.
Estuvo tan contento con la noticia, que casi quería salir a gritar por la calle que su hijo, entre miles, había sido convocado por la academia Sten mor para estudiar allí. Que su hijo podría destacar entre muchos porque tenía talento y era capaz de conseguir lo que quisiera; incluso en ese estado logró calmarse, y no hizo ningún llamado de atención a nadie, aunque sí llamó a su hermano y le contó la feliz noticia, y también abrió una botella de Himemiya, el licor reservado en casa sólo para ocasiones muy especiales. Pero incluso tras esa alegría, Itiel pudo ver con claridad cómo no dejaba de existir un atisbo de tristeza, o acaso sería nostalgia. Y razones no faltaba, pues ambos habían estado siempre juntos y había muchos otras razones que confabulaban en su contra; pero aún con eso, se esforzó por celebrar, y no cupo duda de que en realidad estaba contento, por lo que él no se sintió en derecho de remover antiguas heridas. La despedida fue en casa, y supo que se debía a que no quería correr el riesgo de quebrarse después; ambos estaban emocionados, pero la perspectiva de la estadía en la academia y un futuro muy prometedor hicieron que ambos pusieran lo mejor de sí mismos para reírse y pensaren lo alentador de esa separación.

Llegada, confirmada.

Su móvil le envió una alerta de voz, la que él programó en caso de distraerse en el viaje, y comprobó que estaba llegando a su punto de destino. A poco andar recibió la notificación de que su equipaje estaba en la zona de abordo, listo para salir, por lo que se dirigió al punto indicado.

—Cielos, esto es moderno.

Tras pasar por el escritorio del encargado y verificar sus datos de forma apropiada, llegó al fin al transporte que los llevaría a él y otros hacia la academia, y pudo comprobar que era el modelo más reciente en el mercado; si bien desde la estación de arribo en Ciudad Capital hasta la zona de recepción el viaje tardaría poco más de veinte minutos, era indesmentible el buen uso de los recursos por parte de la academia. El interior del vehículo estaba climatizado y cada asiento tenía un control automático de bienestar, que calculaba en milésimas de segundo los parámetros físicos para programar tanto la temperatura corporal como otros factores que hacían del viaje una experiencia cómoda y placentera. Se dijo que era una muy buena forma de iniciar sus estudios.


Próximo capítulo: Recién llegados. ¡Prueba sorpresa!

Sección del autor




A partir de este episodio, cada semana tendré una sección, en la que les contaré cosas que pueden ser útiles para el desarrollo de la historia, pero no son de una importancia indispensable para ella, o son anécdotas que quiero comentarles. Esto significa que si no quieres leerla, tu percepción del episodio y de la historia será la misma, pero si te ha interesado algún detalle o quieres saber más, en esta sección encontrarás datos entretenidos.

Comienzo por presentar el mapa de Harfolk, el país en donde ocurre Sten mor. Los estudiantes de esta academia han sido escogidos entre miles de personas, provenientes de las siete ciudades que conforman el país, y como tales, cada uno ha tenido una historia y costumbres que pueden ser muy distintas, o características. Poco a poco conocerán más del país y de cada una de las siete ciudades.