Sten mor academia Capítulo 00: Hace cuatro años



Academia Sten mor. Estadio de entrenamiento y pruebas físicas.

Darius era, por mucho, el hombre más tranquilo y relajado de toda la academia. Ya había quedado atrás el tiempo en que era un simple estudiante, y aunque esos dos años fueron muy satisfactorios, su vida tomaba otro rumbo en ese momento; estaba en el centro de una de las arenas de entrenamiento, siendo el centro de la atención de todos y, como pocas veces, sin sonreír ni sentirse halagado por eso. El viejo Aben, el maestro que estaba a un paso de retirarse y dejar una vacante disponible, estaba de pie a unos diez metros de distancia, con esa actitud tan reposada, que era una característica en él. Pero nadie debía dejarse engañar.

-Darius ¿Estás aquí porque quieres ser un maestro en Sten mor?

Gabriela estaba disfrutando ese momento; en ese instante estaban todos los maestros, miembros del mando intermedio representantes de la Fuerza de seguridad y algunos otros cargos, todos atentos a lo que pasaba en el centro. Y claro, en el palco exclusivo, sin tomar contrato directo con el resto, la santísima trinidad; por supuesto que nadie les decía así de forma directa y mucho menos pública, pero a sus propios ojos era la mejor definición posible: los tres hermanos, la cabeza de Sten mor, bajando del cielo de sus resplandecientes oficinas, mezclándose al menos de forma nominal con el resto, y es que un examen de maestría no era algo que sucediera muy a menudo, y desde luego que era un asunto relevante, ya que de ellos dependía el futuro de los nuevos estudiantes. Ahí estaba Kalrei, poderosa, con ese cabello salvaje, la mirada que dominaba todo, la voz fuerte y atrevida. Ella estaba a cargo de una serie de operaciones y pruebas realizadas por los docentes, y era a quien rendía cuentas la fuerza de seguridad. Al otro lado, Olga, educada, elegante, discreta, de mirada intensa aunque fría, como si estuviera analizando cada cosa que sucediera a su alrededor; ella se ocupaba de los laboratorios e investigaciones. Y al centro, Reus, mirando como si fuera una competencia deportiva, divertido, interesado, haciendo algún comentario ocasional a Kalrei. El inmaduro, la mujer fatal, la reina; eran tan distintos, tres versiones diferentes de ser humano que perfectamente podrían no tener nada en común, pero en apariencia, tenían algo que hacía imposible desmentir el lazo que los unía: cuerpos esbeltos, piel muy blanca aunque no de aspecto desmejorado, el cabello rubio casi traslúcido, y los inquietantes ojos color celeste cielo siempre brillantes, con esa luminosidad inexplicable. Inquietante en Kalrei, misterioso en Olga, sorprendente en Reus. Los maestros en tanto, estaban ya en la arena, rodeándolo antes de dar comienzo a la prueba: Flavio, con su aspecto de niño, silencioso como siempre, tan tranquilo pero al mismo tiempo, muestra viviente de lo engañoso de las apariencias; Gabriela por su parte, siempre tomando el protagonismo, llevando la prueba por los caminos que ella estimaba convenientes; Omar, su maestro preferido, grande como un roble, con el corazón tierno como una fruta fresca, y al mismo tiempo fuerte y decidido; Jael, fría y distante, nunca sabías qué pensaba o qué iba a hacer; Aben, el anciano, la imagen viviente del viejo maestro sabio y bonachón, y por supuesto Arki, la reliquia viviente, sabio como ninguno, mal genio y testarudo pero con estadísticas brillantes. Ahora ellos iban a probar sus capacidades, y él tendría que demostrar estar al nivel necesario para poder bloquear esos ataques; Gabriela lo despreciaba y trataría de humillarlo, pero él sabía que no podía simplemente asustarse por eso, y en cambio debía concentrarse y aprobar al menos con lo requerido, que eran tres de seis. Se dijo “puedes hacer esto. No importa si Gabriela te humilla, sólo consigue tu meta.”

-Arki, si quieres hacer los honores...

Buen truco Gabriela. Arki podía crear cosas sorprendentes con el metal, y así lo demostró tomando un puñado de metal molido de una pequeña caja transparente en su bolsillo; independiente de las capacidades de cada uno, un maestro era libre de elegir cómo hacer la prueba. El viejo sonrió entre su poblada barba.

-Detén sólo uno.

¿Detener? Darius lo entendió cuanto las partículas volaron a toda velocidad en su dirección; levantó la diestra e hizo un leve giro con la palma extendida, los dedos rígidos, y la piedra que pendía de su muñeca emitió un brillo potente, que indicaba que estaba listo para usar su poder. Su instinto le dijo que debía correr, pero la única opción de detenerlas era actuar; se concentró al máximo, fijó su mente es el objetivo y amplió el rango de inmunidad; su poder era defensivo, pero eso no significaba que no pudiera usarlo de otra manera, para eso se había entrenado. Los trozos de metal, pequeños como granos de arena, volaron por el aire como si una corriente de viento los hubiese disparado; sintió múltiples golpes en el torso y brazos, como pinchazos, y se dijo que el viejo aún podía enseñar mucho, como a evitar zonas donde un golpe le haría perder la dignidad. Un instante después todo terminó, y para su suerte, sólo tenía molestias menores, pero entre el pulgar e índice de la izquierda tenía un fragmento de metal casi del tamaño de un grano de sal, perfectamente sujeto. El viejo sonrió, satisfecho.

-Bien hecho muchacho.

El siguiente fue Flavio, y en su caso la prueba fue en extremo sencilla: traspasar un punto de su campo de fuerza, cosa que no logró. En seguida, el viejo Aben, que hizo una prueba de equilibrio de luz. Superada.

-Mi turno muchachos.

Omar disfrutaba cualquier ejercicio físico, y por un momento, Darius temió que se le ocurriera hacer algún desafío de fuerza, pero por suerte sólo se trataba de velocidad. Perdió contra él. Sólo quedaban Jael y Gabriela, de seguro las dos de temer, y pensó que la mujer que dirigía el ejercicio sería la última para hacerlo sufrir todo lo posible, pero contra ese pronóstico, decidió ir penúltima, desde luego para hacer gala de todo su potencial. Fue extraño, pero sólo en ese momento, cuando estuvieron frente a frente en la arena de entrenamiento, que abrió los ojos y descubrió por qué es que ella, a todas luces, tenía una animadversión por él: el poder base de Darius era la inmunidad, mientras que el de ella era regeneración molecular; ambos poco comunes, ambos defensivos y ambos con el potencial de ser armas complejas. Entonces se trataba de eso, ella sabía que él podía quizás igualarla o ser una amenaza, por lo que pretendía cansarlo o ponerlo nervioso, antes del final. Gabriela hizo entonces la primera demostración de su poder, y abrió el puño de la mano izquierda; de la palma de su mano empezó a salir algo de color verdoso, que con rapidez tomó forma de...

-Oh rayos...

De alguna manera ella había averiguado algo que él mencionó a sus compañeros mientras era estudiante en la academia: él odiaba a las serpientes. Una de las muchas cosas buenas de ser un maestro en Sten mor es que aprendías a utilizar tus poderes de una forma mucho más completa; ella, por ejemplo, podía regenerar todo tipo de tejidos, y aunque en un principio pudiese parecer un poder sólo defensivo, la realidad era que podía crear formas idénticas a los seres de donde había tomado una muestra, y duplicarlos como avatares que manejaba a voluntad; en su mayoría inofensivos, pero inquietantes, y viniendo de ella, seguramente peligrosos.

-Sólo tienes que hacer una cosa: evitar que te muerdan.

Las serpientes brotaron de su mano, y comenzaron a avanzar hacia él, rodeándolo para cerrar todas las opciones; se obligó a no prestar atención a los relampagueantes ojos de ella, y se concentró en su poder, que nunca como en ese momento había sido tan necesario. Al igual que en una película de terror, la primera de ellas se impulsó cual resorte en su dirección, con los colmillos afilados como agujas y el hocico muy abierto, preparada para atacar. Darius concentró todo el poder de la inmunidad y generó un escudo invisible que detuvo el ataque; la serpiente falsa se desintegró con suma facilidad, pero eso fue sólo el principio del movimiento, ya que como si de una venganza se tratase, las otras se prepararon para atacar. Durante intensos segundos, el hombre se olvidó de todo, y se dedicó a contrarrestar a cada una de ellas, girando, torciendo el cuerpo y estirando los brazos al máximo para que su rango de defensa fue a el más amplio posible.
Pero falló.

Aziare estaba esperando en el exterior; tras superar su prueba por un margen de cuatro sobre dos, ya estaba decidido que estaba capacitada para ser una maestra, pero no se le permitió quedar en el estadio de entrenamiento mientras el otro candidato rendía su prueba; no estaban compitiendo entre ellos, pero de todos modos se mantenía una estricta confidencialidad. Después de una espera que pareció muy larga, Darius apareció; estaba a todas luces cansado y tenía algunas lesiones menores en los brazos, pero estaba sonriendo.

-Aprobé. Al mínimo, pero aprobé.

Aziare respiró aliviada.

-Ya estaba muy nerviosa ¿Estuvo muy difícil?
-Gabriela me arrojó a un nido de serpientes.
- ¡Qué!
-Eran avatares por supuesto -replicó él con una sonrisa radiante-, pero no nos preocupemos por eso ahora. Por fin somos oficialmente aptos, y vamos a ser maestros en Sten mor muy pronto.
-En eso tienes razón.
-Felicidades niños.

El viejo Aben salió a paso lento; se suponía que debería estar dentro.

- ¿Ocurrió algo? Pensábamos que estaban en reunión con los otros maestros.
-Ustedes ya están aprobados -dijo despreciando el otro hecho con un gesto de la mano-, el resto son puras formalidades que pueden hacer por sí mismos. Estoy demasiado viejo como para perder mi tiempo en reuniones donde se ponen de acuerdo en cosas que estaban bien desde el principio. ¿Cómo se sienten?
-Más tranquilos _comentó ella-, ahora todo parece mucho más sencillo.
-Siempre lo es a partir de cierto punto _dijo el hombre jugando distraídamente con su barba-, ahora lo realmente importante es que hagan esto con honestidad, que se conviertan en maestros y comiencen a enseñar porque quieren contribuir a que los más jóvenes tengan frente a sus ojos una luz a la cual seguir.

Aziare adoptó una actitud más seria.

-Sí, lo entendemos; y eso es también porque te hemos tenido a ti como ejemplo.
-Muchacha, eso suena mucho mejor de lo que en realidad es; escuchen, Arki y yo no vamos a estar aquí mucho tiempo más, y ya somos de una época antigua. Cuando nos vayamos, ustedes van a ser la generación dominante, los que tendrán la posibilidad de hacer un real cambio, y es eso lo que tienen que hacer; Jael es muy individualista, y Gabriela es demasiado fría, así como Omar muy bueno. Ustedes, tú Darius con esa actitud luminosa, tienes una forma de ser, crees en el mundo, hay cosas que te importan en diferentes frecuencias, y puedes actuar de acuerdo a ellas; Aziare, eres disciplinada, fuerte e independiente, pero aún así te preocupas por el resto, ambos son elementos que hacen falta en Sten mor, que le hacen falta a los maestros. Los estudiantes no son cifras, no son un cheque que se cobra por más fama para esta institución, son personas que vienen aquí por un sueño, y ustedes pueden darle mucho más que herramientas para manejar esto.

Hizo un gesto que remeció la piedra azulina en su muñeca izquierda; los dos jóvenes lo miraron con respeto.

-Gracias por ayudarnos durante todo este tiempo.
-No hoy nada que agradecer -dijo él con sencillez- sólo quiero que no olviden lo que les dije. Ahora me voy, quiero tomar una buena taza de té.

Se separaron, y los jóvenes comenzaron a caminar por uno de los pasillos para llegar a la zona de estudio en donde habían estado toda la jornada.

-Y bueno, no me has dicho qué tan espectacular fue tu presentación.
-Por favor, sabes que no me gusta hacer espectáculo.

Pero Darius se puso de pie frente a ella, bloqueando el paso; en su rostro asomaba una sonrisa de inequívoca satisfacción.

-Sólo una vez. Para saber qué se siente enfrentar a la nueva maestra de hielo.

Extendió la mano e hizo el gesto apropiado para invocar su poder; un instante después la piedra emitió un destello, y el hombre describió un circulo que hizo materializarse un escudo que era casi por completo transparente, aunque emitía un suave tono tornasol ante las blancas luces artificiales. Aziare comprendió entonces que él no dejaría de insistir en el mismo asunto y se resignó, aunque en cierto modo le divirtió la situación. Elevó la mano izquierda a la altura del plexo solar, con los cinco dedos estirados y unidos uno al otro, el dorso de la mano apuntando al frente; en ese momento la piedra de color azul en su poder emitió un destello, y al movimiento de la extremidad, un arco de hielo cristalino se materializó, avanzando hacia él. Al momento de colisionar, el arco de hielo estalló en mil pedazos, que llovieron alrededor con un tintineo musical acompasado; en tanto, el escudo de energía proyectado por él, mostró una fisura en el mismo punto donde el arco había impactado, tras lo cual se desintegró en miles de haces de luz; Darius se encogió de hombros, satisfecho.

- ¿Qué puedo decir? Maravillosa, tal como lo esperaba.
-Te gusta mucho hacer este tipo de cosas ¿verdad?
-Pues claro, es lo que hacemos.
-Es sólo un medio -aclaró ella-, para alcanzar el equilibrio que nos hace mejores como personas y como maestros. La gente viene aquí a ser mejores profesionales o artistas.
-Está bien, es un medio. Pero es algo que de ninguna manera pienso dejar de hacer.



Próximo capítulo: Gran bienvenida

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