Sten mor academia Capítulo 01: Una nueva vida. ¡Perdido en Ciudad Capital!



Ciudad Capital. Centro de abordo Transportes privados. Lunes 05 de abril.

Ferrán sabía a la perfección que su porte y atractivo resultaban imposibles de pasar por alto entre las chicas, pero no sacaba provecho de eso como lo hacían otros hombres; no sólo le parecía de mal gusto, sino que era una forma de conseguir éxito instantáneo, pero no duradero. Él, en cambio, disfrutaba mucho más de la vida siendo un chico sencillo, amable y que podía divertirse y coquetear si se daba la ocasión, pero sin propasarse. Estaba casi en el mejor momento de su vida: tenía 23 años, un cuerpo esbelto y atlético gracias a la natación, rasgos atractivos en un rostro que era al mismo tiempo juvenil y fuerte, ojos color castaña, luminosos y expresivos, aunque contrastantes con el cabello de una multitud de rubios y cenizas, heredados del lado materno de la familia, mismo que a través de los genes le había otorgado una voz melodiosa y atractiva. Esa mañana se levantó muy temprano y se preparó por do salir, sabiendo que tendría que estar en el centro de transportes privados por una cantidad indeterminado de tiempo; la mayoría de las ocasiones, transportarse entre un sitio y otro requería de muy poco trámite, pero en este caso en particular, otras personas iban a abordar el vehículo junto con él, por lo que se otorgaba un plazo apropiado para que los que estuviesen retrasados tuvieran la oportunidad de llegar. El centro de abordo era una gran edificación rectangular de varios pisos de altura, en donde los transportes de empresas privadas, agencias de turismo, centros de descanso o estudio recogían o dejaban grupos de personas a petición; como era de esperarse, el sitio bullía de movimiento y frenético sonido de miles de personas llegando al área apropiada, recibiendo o despidiendo familia res o coordinando grandes grupos. Ferrán tenía citación en el tercer piso, en el sector de abordo 19, esquina 84, y no tenía una hora específica, sólo le indicaron la franja: primera mañana, es decir entre las ocho y las diez; por supuesto, su equipaje ya se encontraba en el centro de autorización correspondiente, por lo que no debía ocuparse de ese asunto y podía desplazarse con comodidad por las instalaciones. Después de tomar un agradable desayuno, decidió dar un vuelta por las instalaciones y descubrir si en algún lugar había una chica interesante con la que hablar; mientras iba a la terraza recibió un mensaje de una chica con quien tuvo una bonita amistad tiempo atrás, y en él ella le deseaba suerte en el nuevo proyecto que estaba por comenzar; esa clase de gestos hacían mucho mejor un día y era algo que siempre agradecía.
La temporada fría estaba tocando a su fin, dentro de poco las jornadas serían más extensas y cálidas, y él pretendía aprovechar las bondades de esa mañana luminosa, entreteniendo su vista y, quién sabe, logrando estrechar lazos con alguna chica atractiva.
Y justo en línea de vista vio a dos.
Estaban conversando junto al mesón de informaciones, una de ellas voluptuosa, de piel morena fascinante ante la luz blanca del lugar, que llevaba un vestido corto, sencillo y muy sentador, y el cabello ensortijado tomado en dos moños altos, estilo que resaltaba sus pómulos y sus ojos. La otra chica era más delgada y de menor estatura, pero tenía esa estructura física delicada y rostro limpio e inocente que hacía de ella una joven interesante y atractiva; se dijo que encontrar el atractivo en la mayoría de las mujeres era un talento que no podía desperdiciar.

—Buenos días, señoritas.

Su tono de voz era natural y amable, por lo que no resultaba entrometido. Ambas miraron en su dirección, y pudo ver en sus ojos esa sutil mezcla de sorpresa y un toque de interés. Cautas e inteligentes.

—Hola.
—Qué tal.

Ferrán sonrió de forma espléndida ante ambas.

—Yo estoy muy bien ¿Qué las trae por aquí?
—Pareces bastante curioso.
—Lo soy, pero no quiero ser irrespetuoso, es que me siento muy emocionado el día de hoy porque comienzo un nuevo proyecto.

Las chicas se miraron, en una combinación de diversión y curiosidad propia de la interacción con alguien que llamaba su atención; la más menuda de las dos habló con algo de simpatía.

—Interesante, nosotras estamos a punto de empezar algo nuevo también.

Ferrán se preguntó si sería buena idea decir cuál en realidad era su destino; cuando Omar habló con él no le dijo que tuviera que mantener eso en secreto, pero en su opinión no se trataba de estar ventilando el asunto en todas direcciones; tomó la decisión de dejar las cosas en el misterio mientras ellas no dieran más información.

—Comenzar una nueva etapa es bueno, se trata de algo que te hace sentir más vital: ¿Estudios, trabajo, una nueva misión?

La chica morena contestó con una voz un poco ronca, que hacía real y audible la exuberancia de su cuerpo.

—Eso es un secreto por el momento.
—Me gusta descubrir secretos. ¿Qué les parece si nos acercamos a una tienda de jugos y charlamos más detalladamente de todo esto?

Era una invitación sencilla y casi inocente, no una sugerencia poco decorosa; todo estaba en la actitud y demostrar un honesto interés por conocerlas como persona, no como conquista. Además, en ese momento sólo quería charlar mientras era la hora apropiada para iniciar el viaje rumbo a su destino.

—Está bien, quizás soy un poco atrevido, permitan que me reivindique: mi nombre es Ferrán, es un placer conocerlas.

Ambas sonrieron; bien hecho, ya lo había logrado.

2


Faltaban veinte minutos para que el reloj marcara las diez de la mañana cuando Ferrán recibió un mensaje directo al móvil, en donde le solicitaban que se hiciera presente en el sitio acordado para verificar sus datos. Cuando llegó se dio cuenta de que era el primero en llegar, ante un escritorio temporal ubicado junto al puerto de acceso al transporte; un hombre de poco más de 40 años, con una reluciente placa en el pecho con la inicial de su nombre y el apellido lo saludó con una sonrisa.

—Buenos días.
—Buenos días señor Orwell –dijo leyendo rápidamente el nombre—, vine porque me citaron a esta hora.

El hombre asintió.

—De acuerdo, enséname el código que te enviamos a tu móvil esta mañana.

Ferrán así lo hizo, desplegando la pantalla holográfica del teléfono celular, en la que se materializó un complicado diseño con forma de sello: el hombre lo captó con un diminuto lector que absorbió la imagen, y de forma automática los datos se transfirieron a la terminal del encargado.

—Ferrán, es un gusto tenerte aquí.
— ¿Fui el primero en llegar?
—Algunos ya llegaron y están en otro transporte, pero tú serás el primero en este; tus datos están confirmándose en el sistema, pero de todas formas necesito cumplir la formalidad de hacerte algunas preguntas. ¿Tienes algún problema de salud que desees reportar?
—Ninguno, soy fuerte y sano.
—Excelente. En cualquier caso, en Sten mor tenemos un cuerpo médico de primer nivel al que puedes acceder por cualquier tipo de necesidad. Segunda pregunta ¿Algún desorden alimenticio, de tipo deportivo o desajuste hormonal?
—Ninguno.
— ¿Aceptas mediante esta grabación de voz –indicó el dispositivo en el borde superior de la pantalla— que tu ingreso a la academia de estudios superiores Sten mor es completamente voluntaria y no significa para ti ningún tipo de perjuicio personal, o a tus objetivos profesionales o académicos?
—Así es, mi ingreso es por propia voluntad.
— ¿Tienes la disposición para estar en las instalaciones de Sten mor por un periodo de dos años calendarios a partir de este momento, y en caso de existir la posibilidad de prolongar tu estadía por determinada circunstancia, por un nuevo periodo a especificar?
—Sí, tengo la disposición.
— ¿Tienes alguna dificultad para permanecer en las instalaciones de Sten mor en la modalidad de internado integral, accediendo a las salidas programadas según un calendario a definir?
—No tengo problema alguno.

Las preguntas eran las habituales a la hora de realizar la postulación a cualquier centro de educación superior, excepto que ese proceso se realizaba al momento de presentar un examen, mientras que en ese caso él no había hecho nada salvo recibir una visita, conversar con cordialidad y presentarse el día estipulado. El hombre finalizó la grabación y la agregó a los campos de datos correspondientes.

—Ya está terminado. Tu registro de datos en Sten mor está completo, bienvenido.

Unos minutos antes, incluso varios días atrás, Ferrán se dijo que reaccionaria con total calma y frialdad, pero no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción. A partir de ese momento se abrían para él las puertas de un nuevo mundo.

—Me disculpo por la pregunta, pero en realidad tengo la curiosidad ¿Hay algún tipo de contrato de confidencialidad que deba firmar al entrar?

Era un asunto de conocimiento público la total falta de conocimiento de los métodos de enseñanza que existían en esa academia, y la experiencia que de forma habitual comentaba algún egresado era siempre un relato superfluo que no entregaba ninguna luz al respecto. La pregunta no pareció extraño lo más mínimo al hombre, quien sonrió con amabilidad.

—No hay razón para disculparse; la curiosidad es necesaria para los seres humanos, y demostrarla es un acto, casi de rebelión. Pero no, no necesitas firmar ningún contrato; si lo que te preguntas es si una vez dentro te pediremos que guardes el secreto de la enseñanza en la academia, la respuesta es no. Pero puedo asegurar que estarás tan satisfecho con los resultados y el método que se convertirá en un secreto preciado para ti.
—Fantástico, eso hace que me sienta aún más ansioso.
—Esas ganas son fundamentales a la hora de estar en la academia. Ahora por favor sigue por el pasillo lateral, y espera en la sala para abordar el vehículo de transporte; puedes beber o comer algo si así lo deseas.
—Se lo agradezco.


3


La jornada no había empezado de la mejor manera para Oiren, y en ese momento lo estaba experimentando con intensidad. Se había levantado al alba, excesivamente temprano en realidad, y desde el primer instante sintió que los nervios se lo estaban comiendo vivo; la espera, desde que recibió la visita de Flavio, momento en donde recibió la magnífica buena noticia, se convirtió en una actividad muy importante, aunque casi más para su hermano que para él mismo: hizo que se reunieran los padres y él, y les habló de la importancia de su educación y cómo la posibilidad de entrar en la academia era algo que ellos como núcleo de la familia debían valorar y apoyar en todo momento. Como era de esperar, sus padres se mostraron algo desconfiados ante la posibilitad de que el menor de sus hijos no sólo saliera de casa, sino que fuera a vivir a otra ciudad y permanecer por dos años alejado de la familia, pero las palabras de Ismael fueron tan precisas y apasionados que consiguieron el efecto deseado y, tras varios minutos te conversación, todos estuvieron de acuerdo; Oiren pensó, una vez superada la sorpresa inicial, que su oposición sería mucho más férrea, pero la intervención de su hermano fue tan apropiada que todo tomó el camino correcto. Las jornadas, desde entonces, cambiaron para los dos, y por sugerencia de Ismael, pensaron en todo lo que iba a necesitar conocer y preparar para su ingreso a la academia. Oiren nunca había salido de Tash-han, por lo que lo primero fue ver los holos con el mapa general de Ciudad Capital y los de la carretera interconectada para estar preparado y no cometer errores; si bien el transporte lo haría todo desde su ciudad natal hasta el centro del país, una vez allí dependería de él encontrar el medio más apropiado para llegar al sitio indicado. Además, ambos planearon cuál seria la ropa y elementos indispensables en el viaje, ya que aún cuando tendría la oportunidad de adquirir cosas una vez establecido, era importante ir equipado de forma adecuada. A la ropa para toda estación y elementos personales, agregaron una selección de ficheros con información relevante sobre geología y mineralogía, además de otros que a él le interesaban parta mantener frescos los conocimientos, de forma de mantener una base de datos propia mientras se adaptaba al nuevo entorno. Cierto día, Ismael le avisó que llegaría un pedido hecho por encargo, que descubrió una vez llegado era un regalo de su hermano: una banda de audio, con la forma de audífonos over-ear, de un encendido color rojo. Tenía incluida una composición especial de melodías relajantes y estimulantes , pensadas para ayudar a su concentración en los estudios; también mencionó que era una forma de hacer evolucionar el contacto entre ambos, pasando del intercomunicador personal a llevar consigo música escogida y programada por su hermano; a Oiren le pareció un regalo sorprendente pero muy ingenioso, y desde ese momento decidió que los llevaría consigo a partir del día del viaje.
Los días y semanas se convirtieron en meses con mucha rapidez, y la emoción y alegría que sintió en un principio se convirtió en nerviosismo ante lo que iba a pasar; no sentía exactamente miedo por salir de su casa, que era el ambiente que conoció desde siempre, pero sí le provocaba una gran inquietud el hecho de estar en un ambiente desconocido, rodeado de muchas personas que sin duda tendrían mucho más conocimiento y experiencia que él. Pero la decisión estaba tomada, estaba a punto de comenzar a estudiar en una prestigiosa academia y debía tomar ese desafío y enfrentarlo con decisión, la mente clara y la información ordenada.
Y estaba perdido.
Luego de dejar su equipaje en la zona indicada para que fuera despachado hacia la Zona de abordo, se dio cuenta que era demasiado temprano para buscar el transporte, y además estaba hambriento; daban poco más de las ocho y era su primera vez fuera de casa, haciendo un drástico cambio a Ciudad Capital. A pesar de los videos que habían visto, de la información leída y las cosas aprendidas, nada lo pudo preparar para el impacto que era estar en la ciudad más importante del país; todo allí pareció gigantesco, enorme, brillante y llamativo, y esa primera impresión hizo que muchas cosas quedaran en segundo plano. La zona en donde descendió del vehículo que en poco menos de una hora lo había llevado desde su Tash-han natal hasta Ciudad capital era enorme en comparación con la de partida, y daba directamente a una zona cultural y de entretención libre, donde había innumerables instalaciones artísticas, centros de relajación, módulos de telerealidad, centros literarios y mucho más; al tratarse de la principal ciudad del país, era lógico que todo fuera mucho más grande que en las otras, considerando además que mientras la población estable de Tash-han era de poco más de veinte millones de personas, la de Ciudad Capital superaba los noventa millones, entre la cifra estable de más de sesenta y la población flotante, venida de todas partes. Otro factor que diferenciaba a un sitio de otro era que en del centro del país todo estaba urbanizado, quedando zonas verdes correspondientes a parques públicos, pero fuera de eso, el paisaje estaba poblado por altísimos edificios, vías de tránsito rápido en altura, y las pantallas gigantes que indicaban diversos temas. Como consecuencia directa del impacto que generó en él ver tanta información al mismo tiempo, y que resultaba en una experiencia inesperada incluso habiendo visto los videos con anterioridad, perdió la noción del tiempo y el espacio, y no se acordó de verificar ningún mapa; cuando salió de una sala en donde exhibían arte pre clásico, caminó por una calle bebiendo un refresco, pero se dio cuenta de que esa calle no era en realidad la misma por la que había llegado. La indicación decía que debía estar presente en la franja primera mañana, es decir entre las ocho y las diez, y vio con alarma que eran las nueve y veinte ¡iba a perder el vehículo de abordo! revisó frenéticamente los mapas en el móvil y encontró la calle en la que estaba, pero al tratarse de un sector dedicado en exclusivamente a los peatones, debía salir de ahí caminando o regresar por la ruta directa a su punto de llegada para luego subir a un transporte. Calculó rápidamente ambas distancias y optó por la primera, pero aunque la estimación de tiempo de desplazamiento a pie decía que podía llegar, mientras caminaba a toda máquina sentía que el cuerpo no lo iba a acompañar; su estado físico era aceptable, pero no estaba en condiciones de caminar largas distancias en poco tiempo. Pasando un cruce, no vio por donde iba y atropelló a alguien; al mismo tiempo soltó el móvil, pero la persona con quien chocó reaccionó con sorprendente agilidad y lo tomó en el aire, incluso antes que el dispositivo cambiara a modo seguro.

—No lo dejes caer, no todos son tan firmes como aparentan.

Era un chico aproximadamente de su edad, o incluso más joven; era atlético, llevaba una tenida deportiva con el contorno de una motocicleta impreso en el pecho, y tenía un aspecto de estar lleno de energía, como si estuviera corriendo o algo parecido; le sonrió amigablemente.

—Gracias, discúlpame.
—No te disculpes, no pasa nada —replicó el otro con sencillez—, pareces muy agitado ¿Tienes algún problema?
—No, es sólo que es primera vez que estoy en esta ciudad y tengo que llegar a este sitio— señaló la pantalla del móvil—, y no me alcanza el tiempo, voy a perder el vehículo.

El otro chico dio una mirada rápida a la imagen y sonrió.

—Tranquilo, tienes tiempo de sobra.
—Pero en esta proyección...
—Escucha, te voy a dar un truco —le dijo con tono de confidencialidad—. Mira en esa dirección, si tomas por ese pasaje que está junto al edificio verde, vas a encontrar una pequeña sala de exposiciones, que sale directo al otro extremo; vas a ahorrar esa vuelta larga que ves en tu mapa y llegarás con tiempo de sobra.

Oiren sonrió, sorprendido.

—Vaya, eso no lo sabía, muchas gracias.
—Por nada, yo también iré en esa dirección más tarde, pero conozco estos lugares con mucho detalle.
—Gracias otra vez.
—Que tengas buen viaje.

El joven continuó su camino a paso ligero, perdiéndose en la multitud poco después. Oiren suspiró aliviado ante esa nueva posibilidad y dirigió sus pasos en la dirección indicada; en efecto, tal como ese chico había dicho, entre dos grandes edificaciones estaba la entrada a una galería de arte con un letrero que decía "entrada libre" Saludó a una mujer en la entrada y caminó más lento, se dijo que aunque fuera un lugar de acceso libre y él lo utilizara como un pasillo, correspondía demostrar respeto por quienes estaban ahí para ver la muestra de arte. En esa ocasión las vitrinas enseñaban esculturas de luz sólida, hechas con una compleja técnica que muy pocos artistas dominaban a la perfección; una vez que terminó de caminar por el interior de la exposición, salió a la calle y verificó en el localizador que había sorteado la mayor parte del trayecto descrito en el mapa en un par de minutos, por lo que sólo tenía que avanzar una cuadra y encontraría una calle con tránsito, en donde podría recuperar el tiempo y llegar a la hora indicada a su destino.



Próximo capítulo: Olvidando el pasado. El comienzo de un sueño

Sten mor preludios Capítulo 07: León

Capítulo 07: León
Pristo, hace un mes

La noche se apoderaba de la ciudad, y León estaba en la mejor parte de una celebración familiar; después de algún tiempo, por fin estaban todos reunidos, y era motivo de alegría.

-León, alcánzame esa botella de Gran Padrino.
-Aquí tienes papá. Pero deja algo para el resto, todavía es temprano.

Ambos rieron, cómplices; la familia era originaria de una pequeña localidad al poniente de Pristo, pero en la actualidad y por motivo de trabajo o estudios, todos estaban en distintos sitios. Los abuelos, comerciantes por naturaleza, estaban casi siempre en el distrito comercial, mientras que la casa paterna se trasladó del sitio original a la localidad de Sol mayor, a muy poca distancia de la anterior pero ubicada de mejor manera con respecto a la carretera y los centros urbanos.

-Por favor que a nadie se le ocurra recordar el Karaoke -susurró Miranda a su oído-, esta reunión familiar va demasiado bien hasta ahora.
-Tengo todo cubierto -replicó él en voz baja-, le dije casualmente a mamá que tenía un pequeño e insignificante trauma auditivo por una caída, así que en este momento ya debe ser palabra prohibida hablar de aullidos en esta casa.
-Qué ingenioso hermanito. Eres un pequeño muy inteligente.

Ambos rieron ante la frase; León había tenido un desarrollo físico tardío, por lo que hasta los catorce parecía de once y se ganó el apodo de "pequeño" dentro de la familia; posteriormente todo tomó el rumbo correcto y ya es un hombre adulto en todo regla, con un físico trabajado por el ejercicio, y era uno de los más altos entre los hombres. Ahora que el apodo sólo era un chiste, Miranda bromeaba con que su hermanito había sido cambiado por un fortachón desconocido.
En ese momento se habían trasladado a la terraza del techo, que cubierta por una superficie transparente protectora, permitía disponer de la luminosidad del cielo nocturno en un ambiente de temperatura controlada.

-Quiero agradecer a todos por estar aquí _dijo el padre de León_. Antes que alguien ponga los ojos en blanco, les aviso que no voy a dar un largo discurso que los aburra y les haga perder el sentido de la vida.

"No hasta que estés en la tercera botella"

La broma había salido de entre el grupo y generó una serie de risas ahogadas.

-Te escuché Bernardo. En serio, no tengo preparado ningún discurso, es sólo que quiero que entiendan que esto, la posibilidad de reunirnos, es mucho más importante para todos que sólo estar aquí y beber vino. Como comerciantes, aunque nunca al nivel de los abuelos, hemos visto mucha gente y conocemos muchas realidades ¿Saben cuántas familias hay como la nuestra? Casi ninguna. Aquí nadie tiene que mentir, ni comportarse de una forma específica; esto es lo que somos, nos respetamos y queremos como somos. Quiero darles las gracias por ser como son, todos distintos, y al mismo tiempo por ser tan parecidos en lo que más importa. ¿Cómo era esa frase que usaste en la mañana cariño?
-Somos distintos tipos de arena de una misma playa.

La madre de León estaba sentada a un costado; durante el breve instante de conexión visual entre ambos, él pudo ver con claridad algo que siempre le resultaba inspirador, y es que sus padres no estaban juntos por obligación o responsabilidad, sino por algo mucho más sencillo, y a la vez fuerte: se amaban. Hicieron un brindis que rompió el silencio y se formaron distintos grupos de conversación.

- ¿Cómo estás León?
-Adolfo, qué gusto verte ¿Llegaste recién?
-Alcancé a escuchar las palabras de tío Ben, fue muy inspirador.

Los primos se dieron un abrazo al saludarse. Adolfo era mayor que él por un año, y a pesar de haber tenido poco contacto desde siempre, tenían una amistad férrea.

-Espera un minuto ¿No vino Gadián?
-Teníamos todo programado, pero se lastimó en el trabajo y tiene que guardar reposo.
- ¿Qué ocurrió?
-Nada grave por suerte. Estaba trasladando un aparador en la sección de luces y se desprendió una barra, cayó y lo golpeó en la rodilla izquierda.
- ¿Fractura?
-Sólo tensión muscular y algunos cortes, pero como tiene la competencia atlética la próxima semana, no puede moverse o los jueces no lo dejarán participar con una lesión sin sanar.

Se alejaron un poco hacia uno de los bordes mientras charlaban.

-Así que vengo en calidad de no soltero y preocupado. Gadián te mandó muchos saludos.
-Gracias -replicó león-, sólo va a falta él, pero tendrá que disculparme y recibir la noticia a través tuyo.

El otro sonrió con malicia.

- ¿Noticia? ¡Vas a ser padre!
-Baja la voz; no, no voy a ser padre por Dios, ni siquiera tengo novia.
-Te he dicho muchas veces que es sólo porque idealizas tanto el amor que no bajas a la tierra a conocer gente de verdad.
-Tonterías, es sólo que aún no he tenido la suerte que tienes tú.
-No cambies el tema ¿Qué noticia es la que tienes preparada?
-No tengo nada preparado, todo pasó de forma muy sorpresiva y aún no puedo creerlo.
-Vamos, no me dejes con la duda -comentó su primo con curiosidad.
-No lo haré. Sólo estaba esperando un buen momento y creo que ahora lo es. Familia.

Elevó la voz por sobre el murmullo y con eso hizo el silencio; fue extraño porque por primera vez se sintió nervioso ante lo que iba a decir.

-No me miren raro, no voy a dar un discurso; pero tengo una noticia y quiero que todos lo sepan ahora que estamos reunidos.
- ¿Vas a ser padre? -exclamó Miranda- Oh Dios, voy a ser tía.
-Hijo ¿Por qué no nos habías dicho?

Varias voces más hicieron eco de lo mismo, pero el hombre levantó los las manos e hizo gestos a todos.

-No voy a ser padre ¿Qué les pasa a todos? Ni siquiera estoy comprometido.
-Los callados y correctos como tú son los peores; un día te llenan de nietos.
- ¡Abuela!
- ¿Es una niña?
-No voy a ser padre, basta.

Intentaba verse serio, pero la chispa de la familia siempre estaba presente; tenían esa capacidad de conectar en una palabra y volver cualquier cosa una situación divertida, y lo mejor de eso es que nada era premeditado, la espontaneidad al hablar era genética.

-Escuchen, la noticia es otra y no pude decirlo antes porque apenas sucedió hace un par de días. Vino a casa una mujer...
-Ah esa chica morena de cabello liso.
- ¿Cómo? Abuela, no. El punto es que ella es Gabriela, y era, es... es una maestra en Sten mor, y vino a decirme que quieren que ingrese a esa academia, para integrarme a su plantel de estudiantes. Voy a estudiar en Sten mor.

Aunque no se lo había propuesto, la declaración, escueta y clara, logró llamar la atención de todos los presentes; ahí estaban los abuelos, sus padres, dos tías, un tío, los primos y sobrinos, los parejas de quieres estaban comprometidos, sólo con la excepción del accidentado Gadián. La gente con la que se había criado, sus amigos y confidentes, las personas a quienes amaba por lo que eran y por el impacto en su vida.

-Hijo, esa noticia es maravillosa ¡Esa academia tan renombrada!
- ¿Y cómo fue, qué te dijo?

Gabriela era una mujer bastante impresionante; alta, fuerte, directa y fría, como si cada cosa que dijera estuviera planeada con anticipación; la interacción con ella fue breve, y le dejó una extraña sensación, como si su visita significara algo bueno pero al mismo tiempo una advertencia. Al parecer era el tipo de maestra "Si te equivocas lo vas a lamentar"

-Me dijo que vieron mis estadísticas y que doy con el perfil que necesitan; estaré dos años en la academia y podré formarme en lo que yo estime conveniente.
-Fantástico.
-Felicidades.
-Estamos muy orgullosos.

Las felicitaciones se esparcieron entre la familia, pero todavía quedaba algo más.

-Escuchen, hay otro asunto. Esto es real, está pasando ahora mismo; salgo en un mes.

Quizás esa noticia resultó más sorpresiva incluso que la anterior; era de conocimiento público que las clases en las instituciones de educación comenzaban el mes de abril, pero los procesos de selección duraban varios meses, por lo que lo esperable era que el ingreso estuviera proyectado para el año entrante. Su madre se acercó mirándolo con el ceño algo fruncido.

-Hijo, ¿Esto es normal?

La pregunta perfecta, que nadie habría hecho mejor; no era desconfianza, sino la cuota de preocupación justa ante un hecho que se salía de las normas establecidas.

-Sí mamá. La maestra explicó que la academia realiza un proceso de selección entre los datos públicos, y una vez terminado convocan a la persona; así que sólo tengo algunos días para preparar todo.
- ¿Estás contento?
-Claro que sí; es una oportunidad inesperada y sabes que tengo la intención de estudiar.
-Entonces está todo dicho -sentenció ella con una sonrisa-, deseo que sean dos años de éxito ¡Cariño, tendremos que destapar la botella de Reserva Gran hermano!

Más tarde, cuando sólo quedaban los más jóvenes y los adultos se trasladaron al interior o fueron a dorir, Miranda, León y Adolfo salieron al jardín trasero de la casa y se tendieron en una de las mecedoras grandes bajo el cielo nocturno.

- ¿Ya diste aviso en tu trabajo en la universidad ?
-Sí, y mi jefe casi enloqueció; fijo que era una falta de educación avisar con "tan poco tiempo" de algo como esto.
-Entonces a él no lo vas a extrañar.
-Para nada.
-Y -dijo ella-, ahora que vas a comenzar a estudiar ¿ Piensas seguir en lo mismo en que estables trabajando o vas a cambiar el rumbo?

Esa había sido la primera cuestión; León comenzó a trabajar en la universidad Norte en el área salud, y aunque era apto, su verdadero objetivo era el entrenamiento físico, y no pretendió perder la oportunidad.

-Voy a tomar el riesgo de estudiar entrenamiento físico, o disciplinas físicas en exteriores; decidí que quiero retomar lo de la academia particular de arte corporal, y darle un enfoque en los deportes al aire libre.
-Eso es arriesgado, me gusta tu actitud.
-A mí también; sabes que desde niños hemos tenido distintos sueños, y hay que cumplirlos tan pronto sea posible.

A León le pareció de pronto que faltaba muy poco tiempo para el día crucial, y sintió por primera ver una puntada en la boca del estómago, esa sensación de que. en realidad, todo estaba a punto de cambiar de forma definitiva.




Sten mor academia Capítulo 00: Hace cuatro años



Academia Sten mor. Estadio de entrenamiento y pruebas físicas.

Darius era, por mucho, el hombre más tranquilo y relajado de toda la academia. Ya había quedado atrás el tiempo en que era un simple estudiante, y aunque esos dos años fueron muy satisfactorios, su vida tomaba otro rumbo en ese momento; estaba en el centro de una de las arenas de entrenamiento, siendo el centro de la atención de todos y, como pocas veces, sin sonreír ni sentirse halagado por eso. El viejo Aben, el maestro que estaba a un paso de retirarse y dejar una vacante disponible, estaba de pie a unos diez metros de distancia, con esa actitud tan reposada, que era una característica en él. Pero nadie debía dejarse engañar.

-Darius ¿Estás aquí porque quieres ser un maestro en Sten mor?

Gabriela estaba disfrutando ese momento; en ese instante estaban todos los maestros, miembros del mando intermedio representantes de la Fuerza de seguridad y algunos otros cargos, todos atentos a lo que pasaba en el centro. Y claro, en el palco exclusivo, sin tomar contrato directo con el resto, la santísima trinidad; por supuesto que nadie les decía así de forma directa y mucho menos pública, pero a sus propios ojos era la mejor definición posible: los tres hermanos, la cabeza de Sten mor, bajando del cielo de sus resplandecientes oficinas, mezclándose al menos de forma nominal con el resto, y es que un examen de maestría no era algo que sucediera muy a menudo, y desde luego que era un asunto relevante, ya que de ellos dependía el futuro de los nuevos estudiantes. Ahí estaba Kalrei, poderosa, con ese cabello salvaje, la mirada que dominaba todo, la voz fuerte y atrevida. Ella estaba a cargo de una serie de operaciones y pruebas realizadas por los docentes, y era a quien rendía cuentas la fuerza de seguridad. Al otro lado, Olga, educada, elegante, discreta, de mirada intensa aunque fría, como si estuviera analizando cada cosa que sucediera a su alrededor; ella se ocupaba de los laboratorios e investigaciones. Y al centro, Reus, mirando como si fuera una competencia deportiva, divertido, interesado, haciendo algún comentario ocasional a Kalrei. El inmaduro, la mujer fatal, la reina; eran tan distintos, tres versiones diferentes de ser humano que perfectamente podrían no tener nada en común, pero en apariencia, tenían algo que hacía imposible desmentir el lazo que los unía: cuerpos esbeltos, piel muy blanca aunque no de aspecto desmejorado, el cabello rubio casi traslúcido, y los inquietantes ojos color celeste cielo siempre brillantes, con esa luminosidad inexplicable. Inquietante en Kalrei, misterioso en Olga, sorprendente en Reus. Los maestros en tanto, estaban ya en la arena, rodeándolo antes de dar comienzo a la prueba: Flavio, con su aspecto de niño, silencioso como siempre, tan tranquilo pero al mismo tiempo, muestra viviente de lo engañoso de las apariencias; Gabriela por su parte, siempre tomando el protagonismo, llevando la prueba por los caminos que ella estimaba convenientes; Omar, su maestro preferido, grande como un roble, con el corazón tierno como una fruta fresca, y al mismo tiempo fuerte y decidido; Jael, fría y distante, nunca sabías qué pensaba o qué iba a hacer; Aben, el anciano, la imagen viviente del viejo maestro sabio y bonachón, y por supuesto Arki, la reliquia viviente, sabio como ninguno, mal genio y testarudo pero con estadísticas brillantes. Ahora ellos iban a probar sus capacidades, y él tendría que demostrar estar al nivel necesario para poder bloquear esos ataques; Gabriela lo despreciaba y trataría de humillarlo, pero él sabía que no podía simplemente asustarse por eso, y en cambio debía concentrarse y aprobar al menos con lo requerido, que eran tres de seis. Se dijo “puedes hacer esto. No importa si Gabriela te humilla, sólo consigue tu meta.”

-Arki, si quieres hacer los honores...

Buen truco Gabriela. Arki podía crear cosas sorprendentes con el metal, y así lo demostró tomando un puñado de metal molido de una pequeña caja transparente en su bolsillo; independiente de las capacidades de cada uno, un maestro era libre de elegir cómo hacer la prueba. El viejo sonrió entre su poblada barba.

-Detén sólo uno.

¿Detener? Darius lo entendió cuanto las partículas volaron a toda velocidad en su dirección; levantó la diestra e hizo un leve giro con la palma extendida, los dedos rígidos, y la piedra que pendía de su muñeca emitió un brillo potente, que indicaba que estaba listo para usar su poder. Su instinto le dijo que debía correr, pero la única opción de detenerlas era actuar; se concentró al máximo, fijó su mente es el objetivo y amplió el rango de inmunidad; su poder era defensivo, pero eso no significaba que no pudiera usarlo de otra manera, para eso se había entrenado. Los trozos de metal, pequeños como granos de arena, volaron por el aire como si una corriente de viento los hubiese disparado; sintió múltiples golpes en el torso y brazos, como pinchazos, y se dijo que el viejo aún podía enseñar mucho, como a evitar zonas donde un golpe le haría perder la dignidad. Un instante después todo terminó, y para su suerte, sólo tenía molestias menores, pero entre el pulgar e índice de la izquierda tenía un fragmento de metal casi del tamaño de un grano de sal, perfectamente sujeto. El viejo sonrió, satisfecho.

-Bien hecho muchacho.

El siguiente fue Flavio, y en su caso la prueba fue en extremo sencilla: traspasar un punto de su campo de fuerza, cosa que no logró. En seguida, el viejo Aben, que hizo una prueba de equilibrio de luz. Superada.

-Mi turno muchachos.

Omar disfrutaba cualquier ejercicio físico, y por un momento, Darius temió que se le ocurriera hacer algún desafío de fuerza, pero por suerte sólo se trataba de velocidad. Perdió contra él. Sólo quedaban Jael y Gabriela, de seguro las dos de temer, y pensó que la mujer que dirigía el ejercicio sería la última para hacerlo sufrir todo lo posible, pero contra ese pronóstico, decidió ir penúltima, desde luego para hacer gala de todo su potencial. Fue extraño, pero sólo en ese momento, cuando estuvieron frente a frente en la arena de entrenamiento, que abrió los ojos y descubrió por qué es que ella, a todas luces, tenía una animadversión por él: el poder base de Darius era la inmunidad, mientras que el de ella era regeneración molecular; ambos poco comunes, ambos defensivos y ambos con el potencial de ser armas complejas. Entonces se trataba de eso, ella sabía que él podía quizás igualarla o ser una amenaza, por lo que pretendía cansarlo o ponerlo nervioso, antes del final. Gabriela hizo entonces la primera demostración de su poder, y abrió el puño de la mano izquierda; de la palma de su mano empezó a salir algo de color verdoso, que con rapidez tomó forma de...

-Oh rayos...

De alguna manera ella había averiguado algo que él mencionó a sus compañeros mientras era estudiante en la academia: él odiaba a las serpientes. Una de las muchas cosas buenas de ser un maestro en Sten mor es que aprendías a utilizar tus poderes de una forma mucho más completa; ella, por ejemplo, podía regenerar todo tipo de tejidos, y aunque en un principio pudiese parecer un poder sólo defensivo, la realidad era que podía crear formas idénticas a los seres de donde había tomado una muestra, y duplicarlos como avatares que manejaba a voluntad; en su mayoría inofensivos, pero inquietantes, y viniendo de ella, seguramente peligrosos.

-Sólo tienes que hacer una cosa: evitar que te muerdan.

Las serpientes brotaron de su mano, y comenzaron a avanzar hacia él, rodeándolo para cerrar todas las opciones; se obligó a no prestar atención a los relampagueantes ojos de ella, y se concentró en su poder, que nunca como en ese momento había sido tan necesario. Al igual que en una película de terror, la primera de ellas se impulsó cual resorte en su dirección, con los colmillos afilados como agujas y el hocico muy abierto, preparada para atacar. Darius concentró todo el poder de la inmunidad y generó un escudo invisible que detuvo el ataque; la serpiente falsa se desintegró con suma facilidad, pero eso fue sólo el principio del movimiento, ya que como si de una venganza se tratase, las otras se prepararon para atacar. Durante intensos segundos, el hombre se olvidó de todo, y se dedicó a contrarrestar a cada una de ellas, girando, torciendo el cuerpo y estirando los brazos al máximo para que su rango de defensa fue a el más amplio posible.
Pero falló.

Aziare estaba esperando en el exterior; tras superar su prueba por un margen de cuatro sobre dos, ya estaba decidido que estaba capacitada para ser una maestra, pero no se le permitió quedar en el estadio de entrenamiento mientras el otro candidato rendía su prueba; no estaban compitiendo entre ellos, pero de todos modos se mantenía una estricta confidencialidad. Después de una espera que pareció muy larga, Darius apareció; estaba a todas luces cansado y tenía algunas lesiones menores en los brazos, pero estaba sonriendo.

-Aprobé. Al mínimo, pero aprobé.

Aziare respiró aliviada.

-Ya estaba muy nerviosa ¿Estuvo muy difícil?
-Gabriela me arrojó a un nido de serpientes.
- ¡Qué!
-Eran avatares por supuesto -replicó él con una sonrisa radiante-, pero no nos preocupemos por eso ahora. Por fin somos oficialmente aptos, y vamos a ser maestros en Sten mor muy pronto.
-En eso tienes razón.
-Felicidades niños.

El viejo Aben salió a paso lento; se suponía que debería estar dentro.

- ¿Ocurrió algo? Pensábamos que estaban en reunión con los otros maestros.
-Ustedes ya están aprobados -dijo despreciando el otro hecho con un gesto de la mano-, el resto son puras formalidades que pueden hacer por sí mismos. Estoy demasiado viejo como para perder mi tiempo en reuniones donde se ponen de acuerdo en cosas que estaban bien desde el principio. ¿Cómo se sienten?
-Más tranquilos _comentó ella-, ahora todo parece mucho más sencillo.
-Siempre lo es a partir de cierto punto _dijo el hombre jugando distraídamente con su barba-, ahora lo realmente importante es que hagan esto con honestidad, que se conviertan en maestros y comiencen a enseñar porque quieren contribuir a que los más jóvenes tengan frente a sus ojos una luz a la cual seguir.

Aziare adoptó una actitud más seria.

-Sí, lo entendemos; y eso es también porque te hemos tenido a ti como ejemplo.
-Muchacha, eso suena mucho mejor de lo que en realidad es; escuchen, Arki y yo no vamos a estar aquí mucho tiempo más, y ya somos de una época antigua. Cuando nos vayamos, ustedes van a ser la generación dominante, los que tendrán la posibilidad de hacer un real cambio, y es eso lo que tienen que hacer; Jael es muy individualista, y Gabriela es demasiado fría, así como Omar muy bueno. Ustedes, tú Darius con esa actitud luminosa, tienes una forma de ser, crees en el mundo, hay cosas que te importan en diferentes frecuencias, y puedes actuar de acuerdo a ellas; Aziare, eres disciplinada, fuerte e independiente, pero aún así te preocupas por el resto, ambos son elementos que hacen falta en Sten mor, que le hacen falta a los maestros. Los estudiantes no son cifras, no son un cheque que se cobra por más fama para esta institución, son personas que vienen aquí por un sueño, y ustedes pueden darle mucho más que herramientas para manejar esto.

Hizo un gesto que remeció la piedra azulina en su muñeca izquierda; los dos jóvenes lo miraron con respeto.

-Gracias por ayudarnos durante todo este tiempo.
-No hoy nada que agradecer -dijo él con sencillez- sólo quiero que no olviden lo que les dije. Ahora me voy, quiero tomar una buena taza de té.

Se separaron, y los jóvenes comenzaron a caminar por uno de los pasillos para llegar a la zona de estudio en donde habían estado toda la jornada.

-Y bueno, no me has dicho qué tan espectacular fue tu presentación.
-Por favor, sabes que no me gusta hacer espectáculo.

Pero Darius se puso de pie frente a ella, bloqueando el paso; en su rostro asomaba una sonrisa de inequívoca satisfacción.

-Sólo una vez. Para saber qué se siente enfrentar a la nueva maestra de hielo.

Extendió la mano e hizo el gesto apropiado para invocar su poder; un instante después la piedra emitió un destello, y el hombre describió un circulo que hizo materializarse un escudo que era casi por completo transparente, aunque emitía un suave tono tornasol ante las blancas luces artificiales. Aziare comprendió entonces que él no dejaría de insistir en el mismo asunto y se resignó, aunque en cierto modo le divirtió la situación. Elevó la mano izquierda a la altura del plexo solar, con los cinco dedos estirados y unidos uno al otro, el dorso de la mano apuntando al frente; en ese momento la piedra de color azul en su poder emitió un destello, y al movimiento de la extremidad, un arco de hielo cristalino se materializó, avanzando hacia él. Al momento de colisionar, el arco de hielo estalló en mil pedazos, que llovieron alrededor con un tintineo musical acompasado; en tanto, el escudo de energía proyectado por él, mostró una fisura en el mismo punto donde el arco había impactado, tras lo cual se desintegró en miles de haces de luz; Darius se encogió de hombros, satisfecho.

- ¿Qué puedo decir? Maravillosa, tal como lo esperaba.
-Te gusta mucho hacer este tipo de cosas ¿verdad?
-Pues claro, es lo que hacemos.
-Es sólo un medio -aclaró ella-, para alcanzar el equilibrio que nos hace mejores como personas y como maestros. La gente viene aquí a ser mejores profesionales o artistas.
-Está bien, es un medio. Pero es algo que de ninguna manera pienso dejar de hacer.



Próximo capítulo: Gran bienvenida

Sten mor preludios: Capítulo 06: Lena



Ciudad: Ed—viri, pueblo: Marquez de Negru, ubicado al oriente.
Hace un mes

Cuando había tiempo disponible, despertar y bajar a tomar desayuno era toda una experiencia, con el aroma del pan recién traído de la tienda dos calles distante, el jarrón con jugo natural, las bayas, y el café humeante sobre la mesa; pero cuando tenía que trabajar, todo eran carreras y poca diversión.

—Date prisa Lena.
—Enseguida bajo má.

La mañana de sábado siempre era algo ajetreada; Lena terminaba tarde el viernes y empezaba temprano el sábado en la Tienda de bisutería de Mariangela y estaba con el tiempo justo.

— Ya estoy aquí má.

No era su tenida favorita, pero la obligación era la obligación. Para el trabajo en la tienda usaba un vestido sencillo de satén púrpura con sandalias a juego, y un pendiente al cuello, llevando además muy poco maquillaje, sólo algo de color en los labios y párpados. Lena se sentía más cómoda con pantalones holgados y una remera, pero yo se había acostumbrado al uniforme.

— ¿Quieres jugo de naranja?
— Gracias, pero sólo medio vaso por favor.

Entró en la cocina y rodeó la mesa rectangular para saludar a ambos; Ernesto le dio uno de sus fingidos besos sonoros en la mejilla, mientras Estela le alcanzaba un vaso alto con jugo.

—Hola pá, gracias má.
— Escuche que vociferabas —dijo Ernesto mientras se sentaba— ¿ocurrió algo en la noche?

Lena se sentó en el extremo opuesto de la mesa y eligió pan de centeno para desayunar.

—Nada grave en especial: Se cayó el Gloster meteor.
— ¿Se cayó, cómo?
—Creo que estaba mal atada la cuerda invisible al techo –repuso con una mueca—, pero por suerte no le pasó nada, sólo me despertó el sonido; ahora lo revisé y está bien, sólo se le habían salido partes.
—Ah entonces por eso te tardaste en bajar ¿Lo dejaste colgado?
—No –dijo ella con una sonrisa—, pensé que lo mejor sería comprobar el peso, tal vez es más que de otros y por eso se cayó.

El pan estaba especialmente exquisito esa mañana; luego recordó que no había cenado y eso dio la explicación de las ansias que tenía por comer.

—Es una buena idea; ahora que lo recuerdo, hija, tengo que encargarte algo.
—Claro má, dime.
—Más tarde cuando salgas, necesito que pases por la casa de Bernardina, tiene unas semillas para mí y me resulta imposible pasar.

Bernardina trabajaba con semillas y proveía a Estela de materias primas; ella se dedicaba a crear fusiones de plantas que eran muy bien cotizadas por la medicina natural.

—No te preocupes, paso por su casa cuando salga.
—Muchas gracias.
—De nada ¿Vas a salir?
—Sí, tengo una cita de negocios con la encargada de una farmacéutica nueva en Cerro azul.
—Suerte.
—Gracias.
— ¿Y tú pá?

Ernesto era un hombre robusto, de expresión fuerte, remarcada por sus pobladas cejas y el bigote y barba que usaba, pero al tratarlo, cualquier veía con facilidad el enorme corazón que tenía; y en la actualidad estaba realizando trabajos de ayuda social.

—Voy a salir también, creo que volveré tarde por que hoy mucho que hacer en Frontera.
— Ayer escuché que hubo un derrumbe.

Frontera era el nombre de una localidad ubicada al oriente de Ed—viri, en donde quedaba aún un grupo reducido de personas que no habían querido trasladarse hasta el nuevo pueblo construido; la gobernación local no podía sacarlos de ahí, pero al tratarse de un pueblo en desalojo existían menos recursos y la ayuda social era importante para mantenerlos en buenas condiciones.

—La gente en las redes sociales exagera con mucha facilidad, hija. No fue un derrumbe, sólo se cayeron algunas piedras grandes en una zona donde no había nadie; un poco de polvo en suspensión y es todo.
— ¿Y crees que la gente nunca se vaya de ahí?

Al tratarse de una ciudad en donde la investigación arqueológica y el trabajo en yacimientos de minerales eran constantes y parte del desarrollo, no era de extrañar que en determinado caso un pueblo tuviera que ser reinstalado; los autoridades hacían hasta lo imposible por conseguir que aquella experiencia fuera lo menos traumática, invirtiendo recursos hasta en trasladar viviendas completas si ese era el deseo del habitante, en vez de recibir una nueva, pero de todos modos existían casos como el de Frontera.

—No, no lo creo, sólo quedan algunos muy viejos y muy tercos para aceptar irse, pero esa terquedad sólo dura hasta que se terminan los beneficios.
— ¿A qué te refieres?
—Se refiere a que no cualquiera enfrenta situaciones de dificultad –respondió ella por él, con un asentimiento—. Nosotros lo vimos cuando llegamos aquí; Marquez de negru no era nada cuando llegamos hace casi treinta años, parecíamos un grupo de itinerantes; los estímulos del estado para ayudar en el proceso de creación de un pueblo existen, pero hay condiciones que sabes que serán adversas. No tener electricidad si los trabajos de empalme fallan, pasar frío, o tener que viajar hasta el centro para comprar las cosas más básicas es parte de eso.
—Ahora que recuerdo, me han contado de eso antes.
—Y pasa parecido en Frontera –explicó Ernesto—, pero al revés, se está desarmando el pueblo. En fin, el pueblo nuevo está a diez minutos de distancia, y es una buena construcción, seguro que se van a sentir bien ahí.

Lena reflexionó un momento en silencio.

—Me gusta vivir aquí; me gusta esta casa y el pueblo, pero no puedo atarme para siempre. De cualquier forma, si me llaman del instituto –Si llega a pasar, añadió con una mueca— tendré que salir de aquí y trasladarme a Altocielo a vivir, no habrá otra alternativa.

Miró la hora y se puso de pie.

—Tengo que irme, hablamos más tarde.
—Que tengas un muy buen día.
—Gracias, igual para ustedes.

Salió de la casa y caminó hacia la calle lateral donde pasaba el transporte; tras un viaje de menos de diez minutos llegó al sector comercial, ubicado en el límite de Marquez de negru y el siguiente pueblo, Sciefen. La tienda de bisutería de Mariangela era un lugar acogedor y muy bien decorado, pequeño pero ordenado de tal forma que resultaba vistoso y llamativo. Faltaban cinco minutos para que la tienda comenzara a funcionar, de forma que Lena utilizó su tarjeta de identificación para abrir la puerta y entrar. Mariangela estaba detrás del mesón principal con una caja de accesorios sobre él.

—Hola cariño.

Mariangela era una mujer alta, muy delgada y esbelta, de largo cabello rubio que llevaba recogido en un elaborado peinado alto; siempre iba muy bien arreglada con algún vestido a la moda y el maquillaje perfecto.

— Hola, pensé que llegarías más tarde.
—Tenía un muy buen motivo para llegar temprano —replicó con una sonrisa radiante—. Tengo una gran noticia ¿Recuerdas a la mujer del collar de cuentas de la semana pasada?

Claro que la recordaba; una mujer que se dio muchos aires y puso contra las cuerdas a Marina, la dependienta del turno de semana.

—Sí, la recuerdo.
—Pues tu intervención y los consejos que le diste fueron perfectos —replicó radiante—, se ha hecho cliente de nuestra tienda y ya hizo un pedido.

A Lena no le gusta intervenir en las ventas de las otras chicas, pero en ese caso consideró que Marina no estaba en su mejor momento y decidió ayudarla; se encargó de mostrar las cualidades de las piedras semi preciosas, enseñar el detalle y buen labrado de las cuentas, y un sinfín de detalles que aseguraban la excelente calidad de los productos que allí se vendían.

—Eso es genial.
—Claro que lo es. Y, como te debo a ti esa nueva adquisición, he decidido que mereces un obsequio además por supuesto de la comisión que te corresponde. Esto es para ti.

Le pasó una caja cuadrada de las regulares para cadenas con pendiente que usaban en la tienda. Pero a Lena le pareció que pesaba más que una cadena. Con curiosidad abrió la caja y vio dentro de ella un broche para el cabello: se trataba de un centro de piedra rojo opaco y muy oscuro, rodeado de un entrelazado de piedra nativa y una base de color terracota pulida; era un artículo decorativo que imitaba unos peines muy antiguos, siendo al mismo tiempo funcional y muy bonito.

— ¿Te gusta?
—Mariangela, esto es precioso. Es hermoso, creo que no lo merezco.

La mujer desechó la idea con un gesto de las manos.

—Tonterías. Claro que lo mereces. Además, eres joven, estás en la edad perfecta para usar ese tipo de accesorios y en Ciudad Capital es la moda; en cualquier momento puedes ir para allá y no querrás sentir envidia.

Mientras hablaban, Lena se acercó a un espejo y recogió su cabello por el costado izquierdo, sujetándolo con el broche; la tecnología oculta en la parte interna del broche hacía que este desplegara unos sujetadores casi invisibles, que hacían el mismo efecto que una peineta sujetadora, tomando mechones de pelo sin oprimir ni dañar la estructura. Hacía que el cabello cayera de forma natural hacia la derecha, y no se sentía ningún peso, como si el accesorio estuviera prácticamente flotando sobre su cabeza. Nunca se había considerado especialmente bonita y no cuidaba demasiado de su aspecto, pero tuvo que admitir que ese detalle la hacía diferente, permitía que siguiera siendo ella, no como esos ornamentos fastuosos de las revistas, y al mismo tiempo luciera una nota de color y brillo.

—No creo que vaya a Ciudad Capital por ningún motivo, pero aunque nunca vaya, voy a llevar este broche ¡Muchas gracias!

Mariangela hizo un gesto de asentimiento, a todas luces satisfecha de su elección.

—Por nada. Por cierto ¿Hay alguna novedad del instituto?

La fecha límite para un llamado estaba muy cerca. Lena dio un suspiro.

—Ninguna; y estoy empezando a creer que no me van a llamar, de nuevo.

Y lo pensaba de veras; el instituto de aeronáutica de Altocielo no la había llamado el año anterior, enviándole después una nota muy amable en donde le explicaban que el examen rendido no daba el resultado esperado, pero que la invitaban a postular otra vez. Cuando revisó el examen se dio cuenta de que había cometido un error absurdo, y si bien este año estaba más preparada, la espera era ya una tortura.

—Sólo toma las cosas con calma ¿quieres? No ganas nada con estar en ese estado de nervios niña.
— Lo sé, tienes razón.

Por la tarde, cuando llegó a casa, Lena mostró su nuevo accesorio.

—Lena, es lindísimo –dijo Estela—. Estos broches estaban de moda entre las adolescentes cuando yo era una niña, qué increíble que las modas regresen.
—Estoy tan agradecida –comentó la joven—, es muy bonito y al mismo tiempo es apropiado para mí, no es algo muy delicado; tiene esas varillas muy ligeras que sujetan el cabello y es como si no llevara nada en la cabeza. Mariangela escogió muy bien.
—Es que te conoce, es por eso.

Había decidido que lo usaría en la tienda, pero no tenía la seguridad de usarlo de diario; de cualquier manera, luego de enseñarlo lo removió y dejó en la caja que le correspondía. La joven se sentó en el sofá de la sala.

—Hay algo que quería hablar con ustedes.
—Por supuesto hija –dijo Estela mientras ella y Ernesto se sentaban en el sillón a un costado—.
—He estado pensando en lo de la academia.

Ambos padres se miraron, algo contrariados; sabían que el sueño de Lena era entrar a la academia de aeronáutica, pero la decepción de año anterior fue evidente y su tensa espera este año, también.

—Aún queda tiempo para que te llamen.
—Es que no se trata de eso –repuso ella con calma—. Escuchen, quiero entrar a la academia, pero tal vez este no es el momento indicado para eso; durante casi dos años he estado preparándome, pero estoy pensando que es como si estuviera congelada, trabajo en la tienda y me preparo ¿Y si no me llaman este año? No creo que pueda seguir otra vez en la misma situación.

Ernesto le dedicó una cariñosa mirada.

—Hija, sabes que las cosas no son siempre fáciles, pero no debes rendirte.
—Lo sé, no hablaba de rendirme, sino de que tal vez no es mi momento; tengo veintidós, aún podría postular hasta seis años después. Me quedé pensando en lo que hablábamos en la mañana sobre la gente que vive en Frontera y no quiero eso para mí, me refiero a que no quiero estar atada a un sueño si eso no me va a dejar ser libre.

Los mayores se miraron un momento mientras ella hablaba; siempre habían sabido que Lena tenía un espíritu libre, pero aun viéndola como una mujer joven, no podían evitar un cierto temor de saber que podría emprender un camino sola.

—Lena, te amamos y vamos a apoyarte en todo –dijo Estela—. Si sientes que es lo correcto, entonces debes seguir a tus sentimientos, pero no tomes ninguna decisión antes que termine el plazo.
—Sí, eso haré. He estado pensando que podría tomar algún curso de invierno en Ciudad Capital, las postulaciones inician en Mayo, es decir en una semana, y serían sólo dos meses; podría ser algo relacionado con lo que quiero estudiar y eso me permitiría tener otra óptica sobre el mundo al que quiero entrar.

Ernesto asintió, apartando de su mente la alarma que le producía siempre la posibilidad de ir a vivir al centro del país, a una ciudad tan distinta de la que ellos habitaban.

—Sabes que te apoyamos si tomas esa decisión.
—Gracias, los amo.
—Mientras tanto, sólo queda esperar una semana.

A la mañana siguiente, Lena estaba en su habitación hablando con Miranda mientras pintaba detalles en el alerón de un F-105 modificado; se trataba de un modelo a escala bastante antiguo, descontinuado de hecho, en el que debía poner mucho cuidado ya que las piezas tenían puntos de articulación y unión un tanto débiles. Al otro lado de la pantalla de conexión, su amiga se pintaba las uñas con el mismo nivel de concentración.

—Te lo digo, es una buena idea y al fin hiciste caso de lo que te aconsejé.

Lena sonrió. Era cierto, se lo dijo cuando no la llamaron el año anterior, pero ella insistió en lo mismo contra viento y marea.

—Lo sé ¿Algún día vos a dejar de restregármelo en la cara?
—Nunca, ni en un millón de años.

Ambas rieron.

—Tengo que reconocer que la posibilidad de ir a Ciudad Capital es, no lo sé, extraña.
—No te intimides.
—No es eso. O de alguna manera sí, no es un asunto menor que cada ciudad sea como un país. Tú fuiste en periodo de vacaciones ¿Qué impresión te dejó?

Miranda se recostó mientras aireaba las uñas de la izquierda.

—Es enorme. En todo sentido, el edificio de la gobernación de Ed Viri parece una casa en comparación con los edificios de allá, y hay tanta gente y cosas. Pero cuando pasa la primera impresión y te acostumbras a todo eso, incluyendo los anuncios publicitarios, te das cuenta de que es un sitio como cualquier otro.
—Suena a que está bien cuando pasa la primera bofetada.

Contempló por un momento el alerón: la línea había quedado casi perfecta, sólo tendría que corregir un par de imperfecciones en el primer tramo del trazo; no había conseguido corregir ese problema.

—Lena, baja por favor.

La voz masculina se escuchó justo en el instante en que comenzaba el reverso de la línea del alerón y el pincel estaba en la posición correcta; tardó un segundo en contestar.

—Voy en seguida pá.

Comenzó la línea, con lentitud, el pulso controlado y la vista fija en el alerón sostenido con la izquierda. Sin embargo, la voz volvió a escucharse.

—Lena.
—Voy en un minuto.
—Ahora hija.

Alejó el pincel y levantó la vista, mirando a la nada; de acuerdo, ese era el tono de “Está pasando algo importante y tienes que venir” Dejando todo en el escritorio y dejando un breve aviso en la pantalla de comunicación, bajó rápido las escaleras, habiendo tenido la buena idea de mirarse al espejo y verificar no tener pintura en la cara o estar muy despeinada. En cuanto llegó al primer piso se arrepintió de no haber cambiado la tenida de estar por algo más sofisticado; en la sala la esperaban junto a una mujer a quien no había visto, y que aparentemente no era de esa ciudad. Era un algo más baja que ella, y tendría poco más de treinta y cinco. Llevaba un traje con pantalón y camisa de un muy buen corte, de un color blanco perlado que le daba un aspecto distinguido, como si se tratara del uniforme de alguna empresa importante, sin serlo. Llevaba el cabello muy corto enmarcando el rostro, que era de facciones redondeadas y piel blanca, resaltando sus ojos de un extraño color gris muy brillante. O acaso era por efecto de su piel blanca y lisa.

—Lena, hija, esta señorita quiere hablar contigo.

Lena demoró los tres pasos que la separaban de ellos al bajar la escalera para tratar de adivinar algo en sus expresiones, pero mientras en ella no había nada identificable, en ellos había algo parecido a la emoción.

—Es un placer conocerte, Lena. Mi nombre es Aziare, y necesito hablar un momento contigo; soy maestra en la academia Sten mor.

La joven se quedó de una pieza y  no llegó a dar el tercer paso; tenía que ser una broma o alguna clase de mal entendido ¿Sten mor? ¿En su pueblo, en su casa, en medio de su sala?

—Perdón pero creo que no entiendo.

La mujer esbozó una sonrisa.

—La razón por la que estoy aquí es que quiero hacerte una invitación para entrar en nuestra academia.
— ¿Yo?
—Así es. Con anterioridad hiciste una postulación al Instituto de aeronáutica de Altocielo y nuestro equipo estuvo analizando los datos asociados.

Hablaba a un ritmo constante y pausado a la vez, que junto a un agradable tono de voz conseguía captar la atención casi de inmediato.

—Como es natural, siempre estamos buscando potenciales estudiantes, y cuando vi lo referente a ti, consideré que eras indicada para entrar en la academia.

Y había sido rechazada en el instituto por no cumplir con las mínimas pedidas. Lena sintió ganas de reír porque ¿Quién iría a un pueblo como ese a buscar a alguien que era descartada por otra institución?

—Perdón, lo siento, debo parecer una tonta, pero no comprendo por qué yo... es decir, hay un motivo por el que no estoy en el instituto.
— ¿A qué edad armaste tu primer avión histórico?

La pregunta, dicha con absoluta naturalidad, la descolocó. Por un momento se preguntó cómo podría saber eso si ella no lo había mencionado en la ficha de postulación con toda seguridad; luego siguió la vista de ella y entendió que estaba viendo una foto familiar sobre un aparador, en donde ella tenía doce años, y en las manos una herramienta para des ensamble y un modelo Medium combat aircraft X151 a medio terminar; ese había sido el primero de su colección, un modelo antiguo pero que no databa de tanto antes como otros posteriores.

—Yo...a los once años. ¿Pero eso qué tiene que ver...?
—Mucho, porque Sten mor es una academia integral; nuestro trabajo es hacer que las personas puedan desarrollar sus capacidades en el campo que les interesa, a través de un método de enseñanza que retrocede a las bases del comportamiento humano y te indica el camino correcto para alcanzar tus metas.
—Pero no fui seleccionada para un instituto dedicado a ello.
—Lo que significa que tu talento, y la dedicación que pones en tu afición es una muestra muy pequeña del potencial que tienes, pero es posible que en un instituto tradicional tengas que realizar un camino más largo, y es ahí donde nosotros entramos.

No se dio cuenta de haberse sentado en el sillón, de medio costado a ella, mientras sus padres miraban ansiosos en silencio la escena.

— ¿Es una forma de decir que tengo una capacidad pero no la puedo aplicar como los demás?

¿Por qué se estaba oponiendo?

—No, lo que digo es que un instituto tiene reglas muy estrictas que deciden quién entra y quién no, basándose en parámetros matemáticos de medición: si no contestas al menos un cierto número de preguntas de la forma correcta, estás fuera.

Lo que era exactamente lo que le había pasado.

—Sin embargo, en Sten mor creemos que si una persona tiene una aptitud, debe explotarla a partir de las raíces de esta ¿cuál es el motivo por el que te gustan los aviones?

Extrañamente, nadie le preguntó eso en los exámenes de admisión al instituto; sintió un leve estremecimiento.

—Porque son hermosos, me gusta la tecnología que hay en su creación, y porque son máquinas antiguas de una época en donde era mucho más difícil crear este tipo de cosas.
—No –la corrigió gentilmente—, dime cuál es la verdadera razón.

Por un instante, sintió que no había nadie más en la sala que ellas; la pregunta, pero mucho más la entonación en la que fue dicha, hicieron que se transportara a una parte de su ser que estaba muy dentro, un sentimiento casi primitivo.

—Yo –se sintió titubear, pero al mismo tiempo percibió una fuerza que la impulsó a hablar—, es algo que puede ocurrir, algo que tiene que ver con estar en un sitio, de otra manera; un avión es un medio para llegar a otro sitio, pero de una forma también es un puente, algo que permite que te transportes desde un lugar a otro, superando incluso las barreras de horario que existen en los distintos lugares. Sé que de todas formas es un medio de transporte igual que los terrestres pero no puedo dejar de pensar en que al volar hay un desafío a las leyes de la naturaleza, uno que se ejerce sin dañar y que permite atravesar una puerta distinta. Supongo que estas ideas son las culpables de que no haya sido seleccionada.
—Pero es la razón por la que eres indicada para Sten mor.
— ¿De verdad lo cree?
—Trátame de tú, por favor; lo que acabas de decir deja en claro que tu centro está en una frecuencia que coincide con tus aptitudes naturales, o quizás te centraste a través de ellas; sea como sea, es este tipo de potencial de conocimiento, mezclado con el arrojo de mantener un pensamiento que va más allá de lo establecido, que hace que seas indicada. Cuanto vi tus estadísticas tuve la intuición de que esto era así, y ahora lo estoy comprobando.

Lena escuchó estas palabras sólo en segundo plano; de alguna forma el poder expresar lo que sentía le proporcionó una gran calma, a pesar de que esa forma de pensar no era un secreto. Sus padres la miraban absortos, mudos de cariño y admiración por ella.

—Me alegra mucho escucharte hablar de esa forma –estaba diciendo Aziare– y, si es que podemos estar de acuerdo en este punto, creo que sólo me queda darte la bienvenida anticipada a la academia.

Escuchar eso hizo que diera un salto, mirándola sin comprender.

— ¿Cómo? Es decir, no entiendo a qué...
—Estoy diciendo –replicó la maestra con naturalidad—, que la visita que te he hecho no es sólo por cortesía, vine para tomar la decisión final, y esta es que, si tú así lo quieres, serás bienvenida en Sten mor.

Estela ahogó un gritito; Lena aún no podía salir de su asombro.

— ¿Qué? No entiendo, cielos, debo parecer una tonta ¿Eso es todo, me estás diciendo que me aceptan en Sten mor así nada más?

Aziare asintió levemente.

—Yo no lo definiría como “así nada más” ya que antes tus datos de postulación y tu perfil como estudiante y candidata fueron revisados, pero si te refieres a que si mi decisión es real, lo es; tengo la potestad de seleccionar a los estudiantes.

Por una milésima de segundo, bastante horrenda en realidad, Lena pensó que daría un auténtico salto, o un aullido, pero por beneficio de su dignidad, ninguna de estas situaciones llegó a ocurrir, y sólo se quedó sentada muy rígida.

—Yo...no sé qué decir.
—Sólo necesito saber si tienes la intención de entrar en nuestra academia, es todo; luego tendrás que firmar algunos documentos por supuesto, pero puede esperar, y haré que lleguen por correo directo –se puso de pie— ¿Entonces cuento contigo?

Cuando se levantó, Lena se sintió lívida por la emoción, pero trató de hablar con más tranquilidad de la que en realidad sentía.

—Sí, por supuesto que sí, perdón por no ser más elocuente, pero estoy muy sorprendida.
—No hay nada de qué disculparse.

Estrecharon las manos, tras lo cual la maestra se despidió y salió. Una vez que cerró la puerta, Lena volteó hacia los dos pares de ojos que la miraban con ansiedad.

—Díganme que esto no es un sueño.

Estela avanzó hacia ella y la abrazó efusivamente.

—No es un sueño cariño ¡Está pasando!
—Fue tan extraño, nunca en toda mi vida me habría imaginado algo así ¿Sten mor?
—Es una recompensa a tu esfuerzo –dijo Ernesto–, siempre te hemos dicho lo talentosa y capaz que eres.
—Toda vía no lo creo ¡Me vino a buscar a casa!

La situación no dejaba de ser impactante para ella; Sten mor era conocida en todo el país por ser una academia de élite, algo extravagante por sus misteriosos métodos de enseñanza, pero al mismo tiempo era muy prestigiosa porque todos sus egresados, sin excepción, se convertían en los más exitosos profesionales, técnicos y artistas de su generación. Según se decía, Sten mor proporcionaba métodos de aprendizaje únicos a través de un sistema integrado, el que después de escasos dos años permitía que la persona pudiera utilizar aquellos conocimientos para realizar cualquier prueba, audición o testeo y presentar las más altas calificaciones, con lo que obtenía acceso a carreras o puestos sin necesidad de pasar por etapas previas de entrenamiento; era casi como estar en una preparatoria avanzada, pero no sólo aprendías lo relacionado con la especialidad de tu interés, sino muchísimo más.

—Hace poco estabas teniendo conflictos por lo que estaba pasando con el instituto, y ahora te acaban de invitar a esa academia tan prestigiosa. Estamos muy orgullosos de ti.
—Yo no sé si estarlo, estoy demasiado sorprendida por esta situación.
—Sólo debes tomarlo con calma. Celebremos con un vaso de ese vino con moras silvestres y mañana tendrás tiempo para asimilar todo esto.
— ¿Y crees que voy a dormir? –dijo Lena sonriendo— Después de escuchar esto no volveré a dormir, nunca más.



Próximo capítulo: León

Sten mor preludios Capítulo 05: Febo



Altocielo. Hace un mes.

—Vamos Febo, bebe algo.
—Gracias, pero estoy trabajando y no quiero arruinar mi concentración –replicó con una sonrisa–, pero si tienes algo sin alcohol te acepto de inmediato.
—Está bien.

La chica se perdió entre la gente, mientras él alistaba los últimos detalles para comenzar con el espectáculo de esa noche; trabajaba como D.J. de forma ocasional, y en ese momento el trabajo lo había llevado hasta una concurrida fiesta en Altocielo. Los ánimos estaban muy arriba en el contorno de la piscina, del que por suerte él estaba a prudente distancia sobre una tarima armada para tener las máquinas fuera de peligro.

—Señoras, señores… sólo déjense llevar…

Sus palabras, dichas a través del sintetizador especial, se esparcieron como un susurro por todo el lugar, al mismo tiempo que una cortina de luz púrpura se elevaba desde el suelo, por los bordes del recinto, formando una burbuja; por un momento el silencio y la atención fueron casi completos, y antes que ese delicado misticismo se rompiera, los primeros acordes de la música se esparcieron como lluvia por todo el lugar. Febo había comprado ese sistema combinado hacía poco, y era casi el único en el circuito que hacía sus propis propias programaciones, calibrando los emisores de luz y sonido y combinando la estética con los niveles de música; la idea era generar un efecto hipnótico, que si bien duraba muy poco, resultaba estupendo en la impresión que su actuar dejaba en el público. En esta ocasión se trataba de un evento de música minimal, por lo que los asistentes eran lo usual, jóvenes, por lo general adinerados y amantes de la moda; al estar cerca de una piscina, era evidente que la combinación de música relajante y alcohol desataba todas las inhibiciones. Al rato se le acercó una pareja, tanto él como ella muy tonificados, altos y esbeltos, apenas cubiertos con trajes de baño realmente reveladores: estaban de moda, y eran unas piezas modulares que se colocaban sobre las zonas íntimas, y tenían infinidad de diseños que daban la impresión de tatuajes; estas piezas tenían un brillo natural que hacía que, lo quisieras o no, dirigías la vista al brillo en ellas antes de que tu cerebro procesara si querías ver en esa dirección o no. Por suerte Febo ya llevaba lo suficiente en el mundo de las fiestas juveniles y no reaccionaba ante nada.

—Nos gusta mucho esta música –dijo ella casi arrastrando las palabras, inclinándose sobre la mesa de sonido—, eres muy talentoso.
—Gracias –dijo con una sonrisa cordial, sin dar nada a entender—, me hace sentir muy bien que les guste.
—Nos encanta –comentó el hombre pasándose innecesariamente una mano por el pecho, como si estuviera esparciendo algo—. Es muy estimulante, te hace pensar en muchas opciones.

Febo sonrió, sin dejar de manipular los controles sobre la sofisticada mesa de sonido; en algunas personas el responsable de la música, así como el del bar, tenían un aura especial, como si a través de ellos se pudiera llegar a experiencias nuevas. Pero él dejaba la pasión fuera del trabajo, nunca podías saber si alguien que se te acercaba con una copa o con poca ropa era menor de edad, o tenía un novio o novia enfadado en alguna parte.

—En ese caso no las pongan todas en práctica todavía, la noche es muy joven.

A ambos pareció hacerles mucha gracia la respuesta, y sonrieron de un modo entre divertido y seductor, tras lo cual se besaron y comenzaron a moverse lenta y sensualmente al ritmo de la música; muy bien, estoy a salvo, se dijo entre dientes.

—Su trago, señor.

La chica que había estado hablando con él le alcanzó una copa que contenía una fusión multicolor muy aromática. Febo sonrió al recibirla.

—Gracias.
—Por nada. Nos vemos al rato, no me olvides.
—Nunca podría.

A la mañana siguiente, el bus de traslado desde Altocielo a Ed—viri iba a capacidad completa, a la velocidad habitual que permitía un desplazamiento rápido y vista del paisaje que tanto gustaba a los turistas. La carretera que conducía desde Altocielo hacia Ed—Viri ofrecía una hermosa vista al amarecer; Febo iba en uno de los asientos del segundo piso del autobús urbano, con los audífonos manteniéndolo apartado del sonido de las conversaciones de los demás y la vista fija en el amarecer. Comenzaba una jornada de lunes y tendría que estudiar, pero de momento podía regocijarse en la contemplación y en escuchar crunk a un volumen medio; no era su estilo de música preferido, pero después de haber estado varias horas siguiendo el ritmo minimal necesitaba sacudir un poco las neuronas en vez de dormir. Le gustaba su trabajo ocasional como Dj, le permitió conocer sitios, y a muchas personas, aunque sabía que cuando entrara en el Instituto de ciencias del espacio tendría que dejarlo.

—Febo, al fin te encuentro.
—Ylonda, qué gusto.

Ylonda era una de sus amigas en el la preparatoria; habían entrado a la sala el primer día de clases y desde entonces llevaban una gran amistad; su llamada siempre era signo de reunión con los amigos del grupo.

—Me gustaría saber si podemos hacer grupo de estudio en tu casa.

Febo hizo un dramático suspiro.

—Ylonda, ni siquiera he llegado a mi casa, recuerda que ayer te dije que tenía un evento como D.J.; de hecho, todavía no llego a Ed—Viri.

Ella hizo un sonido de suspiro que era evidentemente una parodia al suyo.

—Ya tengo solucionado eso. Compramos para preparar un delicioso almuerzo, y de postre: crema de frambuesa y bayas, tu favorito. Sólo tienes que estar ahí, ser atendido y privilegiarnos con ese cerebro.
—Te odio por conocerme tanto.
—A mí nadie puede odiarme. ¿A qué hora estarás por tu casa?
—Recién dan las ocho y diez, supongo que a mediodía estaré presentable.

Corto y volvió a escuchar música; por un momento quiso concentrarse en el paisaje, y miró por la ventana los largos prados de rodeaban la carretera. Esa zona no poblada entre Altocielo y Ed—viri era sencilla, y al mismo tiempo compleja en significado, si querías ver más allá: sorteando una curva, el vehículo enfiló hacia la ciudad y esta ocupó el horizonte frente a sus ojos: al ser un ciudad valle, desde la carretera y con la luz de la mañana, podías apreciar la zona más poblada al centro, resaltando el imponente edificio de la gobernación central, la zona comercial  a un costado, el palacio de artes resplandeciendo al otro, y las zonas de cultivo rodeando los pueblos de artesanos que se expandían hasta los faldeos de los cerros Farllón. Ed—viri era una ciudad hermosa, pero su futuro no estaba allí, sino en Altocielo, en el instituto de ciencias deI espacio; en ese lugar podría aprender todo lo necesario para, en un futuro, trabajar en el mismo instituto, o en la base espacial, aplicando los conocimientos al campo de la técnica y el desarrollo de maquinaria. Desde que era un niño, ansiaba con conocer y experimentar con el espacio, pero fue hasta la secundaria que tuvo la primera oportunidad de asistir a una exposición en el Centro de estudios espaciales en Altocielo, y cayó rendido ante todo lo que el mundo del espacio tenía para ofrecerle. Por desgracia, el estado financiero de la familia no era el óptimo, tras la quiebra de la empresa familiar y la necesidad de empezar de cero, por lo que sus opciones de terminar los dos últimos años de secundaria en la preparatoria de Altocielo se vieron frustrados y debió esperar a terminar los estudios. Cuando cumplió 18 decidió vivir por su cuenta, consiguió un empleo en una tienda y al cabo de un tiempo tenía los planes preparados para el futuro; para cuando cumplió 22, menos de un año atrás, ya estaba en la última etapa de la preparatoria para el instituto, lo que significaba que sólo debía prepararse al máximo para que al momento de dar las pruebas pertinentes fuese aceptado de inmediato, sin necesidad de pasar el proceso de inducción de cuatro meses. En la actualidad era solvente, tenía un trabajo de medio tiempo para disponer de lo necesario y otro que era casi por diversión, y las cosas iban realmente sobre ruedas; además, sus amigos eran un gran aporte, sabía que podía contar con ellos en cualquier caso y asimismo ellos contaban con él; el núcleo más fuerte lo formaba Ylonda, a todas luces la líder y quien daba las órdenes, Maxi, el divertido deportista, Orii, la entusiasta y curiosa, y él, que tenía las mejores calificaciones y por supuesto el centro de mando. Si bien todos estaban viviendo en Ed—viri, los demás se hospedaban en alojamientos comunes, los que a pesar de ser cómodos y baratos, no permitían la dinámica de un grupo cerrado como el de ellos, y mucho menos el nivel de concentración que muchas veces era necesario, a la hora de estudiar. En un principio le pareció extraño ser el anfitrión, pero Ylonda facilitó las cosas haciéndose cargo con su habitual naturalidad y eso resultó de maravillas, por lo que ya resultaba impensable que se reunieran en otro sitio.

Más tarde, Ylonda cumplió con su palabra y se ocupó de todo con su habitual gracia e ingenio; después de almorzar se trasladaron a la sala, en donde desplegaron todo lo que necesitaban en ese momento.

—Bien, aquí es donde te necesitamos— dijo ella, dirigiendo la acción una vez que estuvieron instalados— El problema que nos tiene contra las cuerdas en primer lugar es que necesitamos calcular la distancia y fuerza específica a la que un objeto –una bombilla, agregó— se destruirá una vez lanzado desde una plataforma antes de tocar el suelo, pero este objeto es lanzado de forma horizontal, no hacia abajo.
—Sería más sencillo –opinó Orii—, si fuera hacia abajo, porque aplicaríamos el principio de gravedad estándar, pero en este caso tenemos diferencias de opinión; yo digo que el problema no tiene solución porque si el objeto fuese lanzado con suficiente fuerza como para ser destruido, se destruiría en la plataforma y sólo los pedazos saldrían disparados.
—Mientras que yo –comentó Ylonda—, digo que si utilizamos para el experimento esas ridículas bombillas que nos propusieron, es porque están diseñadas para romperse de otra forma y no sólo al estrellarse.

Febo recordaba vagamente las referencias a las bombillos: complicados artefactos que convertir la electricidad en luz; estaban hechos de una base de algún metal que no se viera afectado por la descarga eléctrica, un circuito de conversión y una burbuja de cristal.

—Supongo que si el objeto del proyecto es determinar algo es porque existe una forma de hacerlo y se me ocurre una: si en la plataforma disponemos de un sistema de aire comprimido para el lanzamiento y lo combinamos con colchones de aire dispuestos en torno a la estructura que vamos a lanzar, podemos asegurarnos de que el lanzamiento será exitoso y al mismo tiempo, que dicha acción destruirá la bombilla, esto porque la fuerza del disparo incluye un elemento inestable, lo que dispersará el colchón, dejando el objeto a merced de la fuerza de la velocidad.

Mientras hablaba, los demás habían estado realizando una serie de cálculos y mediciones, tanto numéricas como físicas, y parecieron sorprendidos con el resultado.

—Increíble, tienes razón de nuevo –comentó Maxi—, estuve haciendo unas mediciones y, si podemos establecer un margen de inestabilidad al aire comprimido, podríamos determinar el efecto que mencionaste con precisión.

Febo se tragó un puñado de bayas moradas mientras se ponía de pie.

—Todavía tengo algo de sueño ¿Alguien me recuerda si tenemos restricciones?
—Las tenemos –comentó Orii—; una de ellas es que no podemos usar más de dos elementos y un objeto: ya tenemos el dispositivo para el colchón de aire como objeto y el colchón y el aire comprimido como elementos ¿Cómo programamos el concepto de inestabilidad?

Por supuesto, el proyecto no se trataba de destruir el bombillo sino de encontrar una forma específica. Con los adminículos apropiados podrían montar un dispositivo que generara un colchón de aire, y al mismo tiempo el propicio para la aceleración, pero no disponían de una tercera opción. Eso significaba que toda su propuesta original estaba mal; era necesario re imaginar y pensar en una alternativa válida. Entonces se le pasó por la mente una idea extraña, pero que de alguna forma tenía sentido.

—Escuchen, creo que estoy equivocado.
—Equivocado no –comentó Ori—, sólo te faltó un detalle.

Pero Febo sentía cuanto no estaba en la línea correcta, y en esa ocasión también fue así.

—Quizás —titubeó un momento, pero no fue a causa de la duda, sino a que aún estaba trabajando a toda máquina en la idea final—. Quizás… esperen, el proyecto se trata de determinar unos parámetros específicos para una determinada acción, no cumplir con una ley establecida.
— ¿Adónde quieres llegar?
—Nuestro problema es cómo proteger el objeto para poder medir una distancia de disparo ¿Pero y si en vez de eso programamos la destrucción del objeto sin preocuparnos por los variables que puedan destruirlo?
—No entiendo.

El joven tomó entre sus manos una baya y se la enseñó al resto.

—Si dejo caer esta baya, es improbable que se rompa al golpearse contra el suelo porque al ser muy liviana la acción del aire en suspensión ayudará a amortiguar el golpe. Pero si la arrojo violentamente contra la pared, es mucho más probable que se rompa o la piel exterior se rasgue. Se me ocurre que si te lanzo esta baya a ti que estas a un metro y tú la golpeas con una vara metálica, sabremos de forma específica que se romperá al llegar a un metro.
— ¿Y cómo aplicas eso al bombillo?
—Lo lanzamos con un elemento que es el colchón de aire para protegerlo de la fuerza del lanzamiento, y el segundo elemento, que es aire comprimido, lo lanzamos a una velocidad mayor en trayectoria de choque.
—Lo que nos permite controlar –comentó Ylonda— con toda facilidad la distancia a la que va a producirse  el choque, es genial.
—Gracias.

Iba a decir algo más, pero el móvil anunció una llamada; por el tono muy suave y en bajo volumen, supo de inmediato de quién se trataba; se alejó del grupo y contestó.

—Hola.
—Hola Febo. Ha pasado tiempo sin que llames.

¿Qué podría estar pasando? El pasar de toda la familia era muy tranquilo como para que les ocurriera algo que ameritara su presencia.

—No he tenido motivo para llamar.

Se hizo un incómodo silencio; el mismo que sucedía en casa cuando aún vivía con ellos.

—Estoy estudiando con mis amigos.
— ¿Y cómo ha ido eso?
—Papá ¿por qué llamaste?

No valía la pena irse con rodeos; decidió enfrentar la situación.

—Tu hermano ha estado con algunos problemas de salud y...
—Papá, no voy a volver para ayudarlos con el negocio de la familia.
—Pero tu hermano...
—Ha tenido problemas de salud desde que tengo memoria —replicó con tranquilidad—, recuerda que es por eso que estuve haciéndome cargo por tanto tiempo.

Había llegado a un momento en que toda esa historia pasada ya no le dolía; durante toda su adolescencia fue un bastón para la familia, pero llegó la ocasión en que se dio cuenta que estaba quedándose estancado en eso, y que de ninguna manera podría crecer o cumplir sus objetivos si seguía haciendo lo que ellos necesitaban; ahora sus amigos eran su familia y con eso bastaba para él.

—Hijo, si estás molesto por algo, podemos solucionarlo.
—No hay nada que solucionar; escucha, ustedes tienen una forma de vivir y yo otra, eso es todo. No tengo nada en contra de ustedes y de verdad espero que puedan arreglar lo que sea que les esté pasando, pero eso tendrá que ser sin mí. Y quiero que, por favor, se acostumbren a esto, no quiero que me llames de nuevo por algo como esto.

Se hizo una pausa, en la que Febo supo con exactitud lo que iba a pasar: ahora vendría el instante de la lástima, de apelar a los sentimientos.

—Como tú quieras. Te queremos hijo.

Febo no dijo nada al respecto, pero ya había sido suficiente.

—Buenos días, voy a seguir estudiando.

Cortó sin esperar; y se sorprendió, gratamente, de verse a sí mismo tranquilo, sin alterarse como en el pasado.



Próximo capítulo: Lena