Sten mor preludios Capítulo 04: Maud

Pristo. Localidad: Vaidos. Hace tres meses.


—Agradecemos la presentación de la señorita Maud Aslavi.

La joven hizo una reverencia, y el teatro cerró un aplauso espontáneo hacia ella. La presentación del monólogo dramático “Sin ti en el horizonte” era el más popular de cada jornada y era gracias a un buen guion, pero principalmente gracias a su interpretación, llena de matices sutiles y cambios de entonación apropiados; bajó del escenario a paso lento y seguro, a tiempo de ver a una reportera esperándola: la solapa de la chaqueta de su traje indicaba que era parte de los medios escritos de Vaidos. Bastante bien, pero seguía siendo sólo alguien local.

—Señorita Aslavi, buenas noches.
—Llámame Maud, todos lo hacen.
—Se lo agradezco; quisiera hacerle unas preguntas, pertenezco a la redacción de la revista Estrella de Vaidos, y estoy haciendo un reportaje sobre la revelación actual de los nuevos artistas.

Como artista involucrada en el medio, era obligación para Maud conocer los medios de comunicación; la revista de la que la reportera hablaba era de distribución en los hoteles y centros de entretenimiento, y sus críticas de arte influían mucho en lo que el público quisiera ver cuando visitaban la ciudad del entretenimiento. El espectáculo en el que ella se estaba presentando hace un mes y medio era concurrido, pero necesitaba algo como un buen reportaje para que su talento pudiese ser conocido por más personas y dar el salto que esperaba.

—Qué interesante; pero no hablemos aquí, la gente tiene que hacer el montaje de la presentación que empieza en media hora ¿qué te parece si nos encontramos en la sala de entrada del teatro en cinco minutos?

Puntual, se presentó ante la reportera, aunque su aspecto había cambiado; en el escenario se presentaba con una tenida sencilla en tonos oscuros pero una vez fuera, usaba un vestido largo color rosa pálido con sandalias de tacón alto, y haciendo juego con un delicado conjunto de collar de oro cielo con pendiente, aretes y detalle en el hombro que quedaba al descubierto. Llevaba su abundante cabello color miel suelto, cayendo en ondas que enmarcaban su rostro armonioso, de llamativos ojos claros; sonrió de forma agradable mientras se sentaba en una de las sillas altas junto a la ventana que daba a la calle.

—Gracias por esperar.
—Gracias a usted. Mi nombre es Bernie, y como le decía, quiero hacer un reportaje sobre estrellas emergentes que representan un valor para esta ciudad.

Eso sonaba diferente a lo que se esperaba, pero si algo había aprendido es que nunca puedes demostrar alarma o frustración prematura.

—Eso suena muy bien, estoy segura de que será una muy buena recopilación de los talentos que están en cartelera, por desgracia no puedo verlos a todos.
—Creo que no me expliqué con claridad, Maud. El reportaje que pretendo hacer es sólo sobre usted.

Maud sonrió, sorprendida.

Más tarde, cuando llegó al departamento, la joven intérprete notó que no iba a estar sola. Ian la esperaba en la sala, con una sonrisa en los labios y un par de copas sobre una decorada mesa de pared.

—Hola, cariño.
—Debiste avisarme que llegabas hoy —dijo ella fingiendo decepción—, ni siquiera me arreglé para la ocasión.

En cambio él sí se había esmerado. Lucía un hermoso traje de diseñador de un color negro violáceo con detalles traslúcidos en las solapas, y una camisa blanco níveo que destacaba su piel bronceada, dando además una un aspecto más varonil y fuerte a su estructura ósea musculada y bien definida. Llevaba el cabello corto con un osado tono azul que sólo se notaba al contraste con luz directa.

—Te ves hermosa.
—Pero estoy tan normal…
—Tonterías, sabes que luces perfecta; no te avisé que venía porque quise que fuera una sorpresa, y no soportaba estar lejos de ti.

Se dieron un apasionado beso en los labios; algo que jamás cambiaba en ella era el estremecimiento de tenerlo cerca, sentir su piel y el latido de su pulso cuando la abrazaba.

—Te eché de menos.
—También yo.

Brindaron mientras se sentaban ante la cristalina mesa, junto a la pared; esa pared a la derecha de la puerta de entrada estaba revestida de una lámina transparente, a través de la que se podía ver un paisaje programado desde un control central en el que se reproducían secuencias reales de otros sitios. En ese momento corría una de sus favoritas, un viaje a las islas Danrio el año anterior.

—Por desgracia no alcancé a llegar para ver tu presentación en el teatro.
—Estuvo bien –replicó ella con un asentimiento—, pero es otra cosa lo que me alegró la jornada, antes de verte, claro.
— ¿De qué se trata?
—Me entrevistaron para un medio local, y estaré en sus páginas a partir de mañana, por toda la ciudad en los hoteles, casinos y casas de entretenimiento.
—Eso es genial —sonrió, sorprendido—, es un paso muy importante para tu carrera.
—Este puede ser el paso que he estado esperando durante mucho tiempo ¿Te das cuenta? Podría dejar de presentarme junto a compañías y empezar a tener mi propio espectáculo.

Él asintió con gravedad; sabía lo importante que era su carrera, no sólo se trataba de un sueño sino que además era aquello en lo que quería desempeñarse por el resto de su vida.

—Sé que es muy importante para ti, pero no quiero que olvides que estoy aquí para ti, y puedo ayudarte si en algún momento así lo necesitas.

Ella bebió un trago, al tiempo que desechaba la idea con la mano.

—De ninguna manera. Sé que lo haces con la mejor intención y lo agradezco, pero este es mi proyecto y tengo que hacerlo sola.
—Lo sé.
—Además, tengo el talento y la capacidad para lograrlo; pero en esta localidad no basta con eso, necesitas algo más, necesitas que te vean, no sólo tener talento o ir a audiciones. Si las cosa salen como creo, es probable que me inviten a la cena de caridad del distrito la semana entrante ¿Estarás aquí?

La cena de caridad del distrito era un evento importante en muchos sentidos; reunía a personalidades del espectáculo, filántropos y artistas de distinto tipo, además de prensa especializada de toda la ciudad. Ser invitado a esa cena indicaba que se tenía cierto renombre en la localidad, y por lo tanto cualquier artista emergente era visible para los medios, siempre ávidos de entrevistar a rostros nuevos.

—Sí, vengo por una semana así que si vas a esa cena, estaré allí.

Volvieron a besarse, y justo en ese momento sonó el aviso de visita.

— ¿Esperabas a alguien?
—Para nada –replicó ella—, voy a ver de qué se trata.

Del otro lado de la puerta, esperaba un hombre cuyo aspecto era incluso llamativo dentro de la localidad en la que se encontraban: iba vestido de blanco, con una camisa abierta hasta la cintura, ensenando el torso bronceado y musculoso; usaba tres largos collares, uno de ellos de cuentas tornasol, el segundo de tipo cristalino, y el tercero de una extraña clase de cuentas negras que sólo se daban en One—Garui. Usaba el cabello con un osado corte que dejaba mechones en todas direcciones, con un cuidado tinturado en azul cielo y verde que de alguna manera combinaba con todo el resto de su apariencia. Sonrió al ver a Maud.

—Hola, qué gusto encontrarte, Maud.

Ian se había acercado, manteniendo una distancia prudente para parecer interesado en la visita y marcar territorio, pero a la vez sin entrometerse. Maud sonrió también, con cortesía.

—Hola.
—Mi nombre es Darius; espero no ser demasiado inoportuno –agregó con una sonrisa espléndida—, pero la verdad es que tengo urgencia de hablar contigo.

Por un momento, Maud pensó que podría tratarse de un admirador, pero desechó esa idea de inmediato. Podía tener sueños grandes e importantes sobre su carrera artística, pero recibir visitas de estrafalarios admiradores no estaba entre ellos.

— ¿Y tú quién eres?
—Soy maestro en Sten mor.

Lo dijo con tal naturalidad que su actitud resultó más chocante e inesperada que la información en sí; la joven frunció el ceño ligeramente.

—Disculpa ¿Qué?
—Sí, mira, a veces las personas se sorprenden mucho cuando uno les dice algo como esto, ya estoy acostumbrado; para ser más concreto, estoy aquí porque quiero ofrecerte la posibilidad de integrarte a nuestra academia.

Recién en ese momento la noticia cobró la dimensión real que tenía ¿Sten mor? Maud no supo qué decir ni qué pensar al respecto, pero no pudo menos que recordar que, tal como se sabía de forma popular, no existía manera de postular a esa prestigiosa academia, sino que tenías que ser contactado por ellos; sintió un estremecimiento, pero por suerte su experiencia en las tablas le permitió reaccionar bien y con rapidez.

—Lo siento, por favor pasa.
—Gracias.

Sin que nadie lo invitara, Darius se sentó en el sofá y sonrió, como si algo en la invitación a pasar lo hiciera sentir bien; Ian hizo un sutil gesto y entró al cuarto, dejando a Maud presta a escuchar las palabras de su interlocutor.

—Bien, escucho; lo siento si parezco un poco perturbada, pero lo que dijiste sonó muy extraño.
—Es comprensible hasta cierto punto –replico él como si tal cosa—, pero no lo será cuando escuches todo lo que vengo a decir: soy maestro en la academia Sten mor, uno muy bueno a decir verdad, y he estado recorriendo distintos lugares buscando a los nuevos estudiantes para la academia; después de mucho ver informes, estadísticas y esas aburridas cosas, me encontré con tus índices de desempeño y dije “esta chica se está desperdiciando en presentaciones de entretenimiento local, cuando lo correcto es que esté haciéndolo a nivel nacional”

Aquello sonaba casi exacto a algo que ella misma diría de sí misma; era una mujer que confiaba en sus propias capacidades y sabía que tenía talento para las artes escénicas, pero su trabajo siempre estuvo orientado a conseguir sus metas por medio de la exposición en los medios adecuados; no se le había ocurrido que alguien tocara su puerta diciendo que era la elegida por una prestigiosa academia, a la usanza de las películas de bailarines o cantantes tocados por arte de magia por un ángel guardián.

—Es muy sorprendente; la verdad no esperaba que sucediera algo como esto ¿Es alguna clase de entrevista?
—No podría no serlo –dijo él algo perplejo–, lo importante, y no es que no ame que estemos charlando, pero necesito que me digas si estás interesada en entrar a la academia.
—Claro que me interesa, es sólo que es un poco sorprendente como te decía ¿tendría que llenar alguna forma o algo así?

Darius soltó una cristalina risa ante esa pregunta.

—Tendrás que llenar varias, pero creo que no me estás entendiendo. No vine a hablar contigo como si fueras parte de una lista, lo que quiero saber es si quieres entrar a estudiar por dos cortos, intensos y maravillosos años, a la academia Sten mor. Si dices que sí, haré que te lleguen los documentos, harás todo el protocolo aburrido, y nos veremos en las instalaciones dentro de tres meses.

Maud tuvo que contener la respiración para no lanzar una exclamación por la sorpresa; en ese momento se dijo que todo aquello de lo que hablaban las personas acerca de Sten mor era verdad, que realmente un día aparecía alguien en tu puerta a ofrecerte la posibilidad de ingresar a la academia. Recordó a Celine Carr, la famosa cantante que se hizo conocida por su extraordinaria voz y también por sus llamativas joyas, encabezados por la tiara esmeralda, un accesorio con una esmeralda de origen desconocido, símbolo en el medio artístico de una figura que ha alcanzado el éxito y la consolidación. Ahora ella estaba retirada, pero su nombre y el hecho de haber pertenecido a Sten mor eran un faro al que no podía ignorar. Consiguió mantenerse serena y habló de forma pausada, sin embargo escuchó su voz más aguda de lo necesario.

—Sí, por supuesto; Sten mor es una gran oportunidad, estoy muy sorprendida y agradecida.
—Yo lo estoy mucho más de ti –dijo Darius con una gran sonrisa—. Sabes, no es como que tenga que ver con lo que estamos hablando pero vine a esta ciudad sólo para encontrar a una persona, y que hayas aceptado hace que mi día sea perfecto.
—Para mí es una gran sorpresa, en realidad estoy sin palabras; desconocía por completo que se tratara de un proceso tan directo, supongo que es por la costumbre de conocer las instituciones tradicionales.
—Nosotros no tenemos nada de tradicional. Escucha, sólo prepárate para conocer algo nuevo, y te aseguro que tu vida va a cambiar para siempre.

Más tarde, luego de la partida del estrafalario visitante, Maud le contó toda su conversación a Ian, quien la escuchó con atención todo el tiempo.

— ¿Y quieres ir?

Maud lo miró, perpleja.

—Amor, por supuesto que quiero ir; sabes perfectamente que Sten mor es la oportunidad perfecta para instruirme a otro nivel y acceder a un mundo de oportunidades; es lo que dicen: dos años en esa academia y podrás conseguir trabajo en cualquier teatro que quieras.

Pero él no se mostraba tan entusiasmado como ella.

—No lo sé, no sé si es correcto que salgas de la escena durante tanto tiempo; en dos años nadie va a acordarse de ti.

Maud sintió eso como un golpe bajo, pero decidió pasarlo por alto, atendiendo a algo que resultaba más importante en ese momento.

— ¿Qué sucede? Hace un rato dijiste que me apoyarías en cualquier decisión que tomara y ahora te comportas como si estuviera arrojando mi futuro por la ventana.

El hombre la miró seriamente por unos segundos; después habló con fría calma.

—Tal vez eso es lo que estás pensando hacer.
—  ¡Ian!

Maud dio un paso atrás de forma involuntaria; nunca había escuchado que su novio, el amor de su vida, le hablara de esa forma.

—Eres una mujer talentosa, pero también eres muy ingenua; el mundo no es como crees, y el talento que tienes no basta para que puedas hacerte conocida. ¿Qué pasó con todo eso de ir paso a paso, de estar en teatro, y asistir a eventos?
—Sucedió que se presentó una oportunidad de algo mejor –replicó ella con acritud–, esperaba que fueras el primero en entenderlo.
— ¿Que quieres entrar a una academia hippie a estudiar quién sabe qué para después forjar un futuro? Maud, en seis meses nadie se va a acordar de ti, ¿De verdad crees que tu puesto estará reservado para cuando decidas regresar?

Estaba hablando en serio; la joven se tomó casi de forma involuntaria un instante para mirar la situación con distancia; había pasado de la sorpresa a la alegría, y de ahí a la decepción, en tan sólo algunos minutos. ¿Cómo es que nunca antes habían tenido un altercado o diferencia de opinión, y ahora en un segundo él se mostraba lapidario con respecto a una decisión que tenía que ver con su futuro?

—Si cuento con los conocimientos apropiados y la experiencia, no necesito que alguien “guarde” mi puesto, ganaré el espacio necesario por mí misma.

La expresión en el rostro de él evidenció que no creía una sola sílaba de lo escuchado; sin embargo su voz se suavizó.

— Escucha, estás tomando esto de una forma muy precipitada y sentimental; si se trata de algo tan importante para ti, no puedes tomar una decisión con el corazón, sino con la cabeza, y fría. Dejaremos esta conversación pendiente y hablaremos mañana, con tranquilidad.

Pasó a su lado y terminó la proyección en la ventana, con lo que la sala quedó iluminada sólo por los tenues haces de las paredes y techo. Maud se sintió colérica, tratada como una niña pequeña que ha estado pidiendo demasiadas veces otra ración de postre.

—No, esta conversación no ha terminado.
—Maud por favor.
—No. Ian, eres mi novio y sabes que te amo, pero no puedes tomar decisiones por mí ni mucho menos decidir en qué momento vamos a hablar.

Él la miró con una sonrisa indescifrable en el rostro.

—Cuando demuestres carácter luces muy bonita.
—Eso no es un halago, así que no voy a darte las gracias. Ahora quiero que me digas por qué es que te parece una idea tan mala que vaya a Sten mor y por qué te comportas de esta manera.

La sonrisa en el rostro del hombre desapareció.

—Está bien, si quieres ponerlo en esos términos; eres una mujer talentosa, bonita y estoy seguro de que tendrás un futuro en las Artes, pero no eres una estrella. Nunca serás la primera actriz en un evento de gran envergadura, ni tu imagen estará en las portadas de las revistas más importantes. Lo que crees que vas a hacer saliendo de la ciudad no está apegado a la realidad, es una ilusión, y es por eso que debes quedarte aquí, trabajando de forma constante, porque con eso podrás estar siempre presente en los montajes artísticos, o más adelante como parte de un elenco.

Mientras lo escuchaba, Maud asintió una inexplicable sensación, muy fuerte y al mismo tiempo dolorosa. Pero reaccionó, a tiempo para evitar que una risa histérica saliera de ella, y para entender que todo eso estaba pasando en realidad. Sintió que un frío desolador pasaba por cada músculo de su cuerpo, un aire que le decía que el hombre al que amaba era alguien a quien ella en realidad no conocía. Ian siguió hablando con la misma frialdad, y ella se preguntó si valdría la pena replicar a lo que él estaba diciendo ¿para que argumentara que sus palabras eran fruto de la ingenuidad, de la histeria?

— ¿Sabes una cosa? —dijo de pronto, interrumpiendo sus palabras— Tienes razón en algo, he sido muy ingenua.

Algo en el tono de su voz, o quizás en su expresión, hizo que él guardara un silencio expectante. Sin embargo, ella no dijo nada más, y sin esperar, volteó hacia la salida, teniendo la precaución de tomar el bolso de mano con el que estaba antes de llegar. Escuchó que él la llamaba, pero no se detuvo y entró al ascensor sin mirar atrás. Nada de gritos o carreras en mitad de la calle nocturna, él ni siquiera apareció siguiéndola ¿Se habría quedado en el departamento, asumiendo que la rabieta pasaría y ella regresaría llorando a buscar consuelo en sus brazos?  Abordó el primer vehículo de traslado que pasó junto a ella y dio instrucción de ir hacia un hotel en donde pasar la noche ¿Y por qué no en su departamento? Se dijo a sí misma que ese momento no disponía de las fuerzas necesarias para ¿Para qué? ¿Qué era lo que pretendía hacer? En esos instantes, mientras veía pasar las calles a gran velocidad, sólo sabía de forma concreta que no quería ver ni escuchar a Ian, y que sus palabras habían conseguido herirla, no por tratarse de sus capacidades como artista, sino porque la hacían ver como una chica tonta y sin ningún tipo de profundidad. Sabía que no quería, que no merecía ser tratada de esa manera pero ¿Qué había del amor entre ambos? Sintió un estremecimiento al pensar en que esa pregunta, por sí sola, ponía en cuestión todo lo que de una u otra forma tuviera que ver con él, haciendo que se preguntara si el amor que tuvieron era en realidad lo que parecía ¿podía amar una persona a alguien de quien tuviera semejante concepto?
Decidió no pensar en eso en aquel momento, y ocuparse de un asunto práctico como alojar y dormir. Y se dijo que no iba a llorar.



Próximo capítulo: Lena

Sten mor preludios Capítulo 03: Sebastián



Pristo. Hace seis meses.

Los gritos del público aún resonaban en sus oídos. Sebastián iba recostado en el asiento trasero del auto de traslado, con una botella de Emporio en una maro y el móvil en la otra, mirando con cierta avidez los mensajes en las redes sociales; la carrera había terminado hace más de dos horas, y él seguía siendo parte de lo más comentado de la jornada en Pristo. Incluso fuera de los fronteras de la ciudad; Sebastián era piloto de carreras en motocicleta en el circuito nacional medio en la categoría Precisión y velocidad, por lo que vivía de forma constante en medio de la adrenalina y la emoción de ganar mientras se aseguraba de tener los mejores estándares.

— ¿Me detengo aquí?

No había reconocido al conductor, pero en ese momento notó que era uno que antes lo había trasladado; estaban estacionados junto a un centro urbano, en donde su presencia causaría conmoción y muchachas gritando. Desechó la idea, esta vez.

—Gracias, pero ahora no, prefiero ir directo al hotel.
—Lo que usted diga.

Mientras el viaje continuaba en silencio, el joven miró el móvil con cierto desazón, pero sabía que no se trataba de eso solamente; era estar todo el tiempo en el ojo del huracán, de una u otra manera. Era estar pendiente del móvil cuando terminaba una carrera, y mirar con enfermiza atención las estadísticas de repercusión, y la cantidad de comentarios positivos. Las drogas estaban prohibidas para los menores de edad, y con doble razón para los deportistas, pero nadie hablaba del efecto de la fama, de la adicción a ese esquivo y distante amor de los fans, que te idolatraban por tu éxito, y se acostarían contigo sin pensarlo dos veces, pero que en realidad sólo amaban a una versión ficticia de ti.
Pero que no reconocerían en la calle a tu yo real; que no sabrían ver que en ese momento estaba nervioso porque hace tres días había tomado la primera decisión en su vida, por su cuenta, sin preguntar ni pedir permiso. Una decisión que tenía que comunicar, pero que había estado retrasando, amparado en la excusa de no haber tenido la oportunidad apropiada.
Cuando el vehículo se estacionó, vio el auto de Rogelio junto a la entrada, y tuvo la instintiva idea de decirle al conductor que continuaran en otra dirección. Pero se contuvo.

“No, no esta vez.”

Bajó del vehículo y tiró la Emporio a un cubo para la basura. La habitación del hotel estaba en el segundo piso, de forma que decidió subir por las escaleras, esperando que esos segundos de anticipación le permitieran tener el temple que necesitaba.
Cuando deslizó la tarjeta de identificación por el lector junto a la puerta y no escuchó nada dentro, pensó que las cosas tal vez irían mejor de lo que esperaba. Quizás sólo había visto los resultados y estaba ahí para darle una escueta felicitación; al fin y al cabo, Rogelio se preocupaba de él en cuanto sus resultados eran los más satisfactorios en las competencias. Tendría que estar satisfecho de que Sebastián ganara ese día.

—Es un poco tarde para que vengas llegando.

Estaba serio, pero nada más. Sentado en el sofá daba la impresión de ser un auténtico padre preocupado por la ausencia de su hijo, y eso amenazó con ablandar a Sebastián.

—Estaba festejando un poco, fue una carrera intensa, pero gané.
—Sí, vi los resultados; ganaste otra competencia.

Esbozó una leve sonrisa, mientras se ponía de pie; Sebastián también sonrió, algo nervioso, poco acostumbrado a las felicitaciones de su padre.

—Hice una gran presentación —dijo con más confianza—, y estoy seguro de que el último giro estará entre los diez mejores del mes.
—Merecería estar entre los mejores diez.

Ambos quedaron en silencio; Sebastián olvidó por un momento las ideas que había tenido al llegar al hotel, y se dijo que quizás esa era una oportunidad de cambiar en algo las cosas. Se dijo, una vez más, que todo lo que hacía él era para que consiguiera mejores resultados, quizás no de la forma apropiada, pero igualmente por su bien; una vez más, se dijo en su interior que se entenderían, y que quizás la decisión que había tomado por su propia cuenta haría que pudieran conversar y entenderse.
Por lo mismo, no pudo reaccionar a tiempo cuando Rogelio le dio una bofetada.

— ¡Ahh!

Cayó de rodillas, más por la sorpresa que por el golpe, aunque este de todos modos había sido dado con fuerza; cerró los ojos, impotente.

—Un excelente movimiento sobre la motocicleta —dijo Rogelio con sorna—, eso es todo para lo que te alcanza tu tan comentado talento.
—Papá; espera.
— ¿Que espere qué? ¿En serio eso es lo mejor que puedes hacer?

Sebastián se puso de pie, con la diestra llevada a la mejilla en donde recibió el golpe. Había sido un tonto, igual que las otras veces.

—Gané la carrera.
—Con estadísticas promedio —replicó el otro— ¿Acaso no ves que te estás estancando? En cualquier momento otro que sí se esfuerce te va a alcanzar.
— ¡Hice una buena carrera!
— ¡No vuelvas a gritarme!

Levantó la mano, pero Sebastián retrocedió de un paso, poniendo distancia entre ambos. Y por primera vez se sintió contento de haber tomado una decisión que desde hacía tres días lo tenía con un gran sentimiento de culpa.

—Escucha, esto no va a continuar.
—No me interesan tus disculpas.

Esa era la historia de su vida; desde que tenía recuerdos, siempre presionado por Rogelio, amenazado, oprimido para extraer de él los resultados necesarios, como un animal de carga o de tiro, nada más que eso, sin remordimientos.

—No es una disculpa —repuso con fuerza—. Se acabó.
— ¿De qué estás hablando?
—Ya no voy a seguir en esto, y tú no vas a volver a tocarme.
— ¡Soy tu padre y haré lo que sea mejor para ti!

El joven lo miró por un momento con cierta distancia, como si todo lo que había vivido hasta entonces se condensara en esos gritos en la impersonal habitación de un hotel.

—No has hecho nada por mi beneficio; lo hiciste por ti, para tener todos los meses dinero fresco en la cuenta, y supongo que también porque querías proyectar lo que no pudiste hacer desde que te lesionaste la pierna.

Rogelio no pudo evitar un gesto de ofensa por la alusión a la herida que muchos años antes, en su adolescencia, lo obligó a abandonar las competiciones. Sebastián sabía que era un golpe bajo, pero ya no había vuelta atrás.

—No te voy a permitir otra falta de respeto.
— ¿Y qué es lo que vas a hacer, golpearme? —dijo desafiante— eso no lo vas a volver a hacer; estoy seguro de que no te has dado cuenta; pero desde hace tres días que soy mayor de edad.

La expresión enfurecida de Rogelio cambió, por una mueca de confusión; sus palabras también demostraron este sentimiento.

— ¿Qué?
—Estoy seguro de que estabas en alguna fiesta, bebiendo; pues yo pasé ese día entrenando, solo. Pero no fue lo único que hice, también firmé un contrato, y me voy a ir de aquí, muy lejos.

Escuchar algo sobre un contrato reactivó la furia de su padre, pero no se dejó intimidar.

—No puedes firmar ningún contrato, yo soy tu tutor legal.
—Lo fuiste mientras yo era menor de edad —replicó Sebastián, imparable—. Ahora no tienes poder sobre mí y ni siquiera pienses en volver a ponerme una mano encima, porque te denunciaré por agresión.

Quedaron enfrentados, a tan poca distancia y al mismo tiempo tan separados. El joven destellaba fuerza y decisión, y aunque nada de eso había sido planeado, sabía muy bien qué decir.

—No puedes ir a ninguna parte ¿A dónde piensas ir? Tienes una carrera, hay contratos que cumplir.

No pudo dejar de notar el cambio entre decirle que “había contratos que cumplir” y lo que siempre le dijo en el pasado, que era “su” responsabilidad.

—Estás equivocado, no hay contratos, eres tú el que los tiene ¿recuerdas esos documentos que me hiciste firmar cuando cumplí quince? En ellos te otorgo los beneficios económicos de mis presentaciones y la potestad de gestionar los contratos por mí. Así que ahora me iré y no tengo que preocuparme por nada, tú tendrás que arreglártelas con los abogados de las marcas que pagaron por verme.

Era una declaración de guerra, y Rogelio así lo sintió; de un momento a otro, y de un modo inesperado, estaba viendo que la persona a quien había controlado con mano de hierro durante años estaba escapando, y que al mismo tiempo planteaba un escenario por completo inesperado: el de no contar con las ganancias fijas que mes a mes reportaban los contratos con auspiciadores.

— ¡No puedes hacer esto! ¿Qué crees que va a pasar con tu carrera?
— ¡Deja de mentir! Nunca te ha importado mi carrera, lo que te importa es el dinero, pues tendrás que hacer algo para variar, busca un trabajo, soluciónalo de alguna manera.
— ¿Adónde piensas ir?

Sebastián sonrió. Se preguntó por un mínimo instante de dónde estaba sacando esa fuerza, pero no importaba; ya estaba hecho, ahora nada lo detendría.

—No te lo voy a decir. Escucha, no debería hacerlo, pero en la cuenta hay algo de dinero, te debería servir para un par de meses mientras haces algo útil por ti mismo; yo no tengo nada que hacer aquí, no quiero la ropa que está en este cuarto, ni quiero verte a ti.

Rodeó a Rogelio, manteniendo cierta distancia, y se dirigió rápido hacia la puerta; se estaba quebrando, y no quería mostrar esa debilidad. Pero la voz del otro hombre se elevó, obligándolo a detenerse.

—Sebastián, no puedes hacerme esto.

Se suponía que eso era una recriminación, que debía llegar hasta su corazón y quebrarlo. Pues no, no después de todo lo vivido.

—No te estoy haciendo nada —respondió, lentamente—. Y después de cómo me has tratado no esperes que me importe; tú no me criaste, lo que hiciste fue entrenarme. Tenía que ser el mejor y triunfar sobre todos ¿Recuerdas? Sin perder tiempo en sentimentalismos. Y a golpes y humillaciones, nunca con un estímulo, nunca reconociendo ni apreciando nada de lo que hice. Yo sólo quería tu amor —sintió la voz temblorosa, pero se repuso—, pero ya no lo tuve, ahora es demasiado tarde. No me busques Rogelio, porque no me vas a encontrar.

Salió de la habitación del hotel, luchando por no escuchar los gritos que traspasaban las murallas; no supo cómo bajó por las escaleras, pero de pronto se encontró parado en la calle, en medio de la noche; era un famoso deportista, era mayor de edad, tenía mucho dinero, y se sintió completamente desprotegido en el mundo. Una voz a su espalda lo hizo sobresaltarse.

— ¿Estás bien muchacho?

Se volteó sorprendido; era un hombre de poco más de cuarenta, vestido de forma sencilla con unos pantalones oscuros y una camisa. Asistió aclarándose la garganta.

—Sí, estoy bien.
—No es eso lo que parece —repuso con seriedad— ¿Necesitas ayuda?

Sólo en ese momento lo reconoció: era el conductor del vehículo en el que había llegado unos minutos antes, y quizás también de ocasiones anteriores. Se dio cuenta de que no tenía ningún plan de respaldo; iba a decirle lo del contrato, y en determinado momento presumió que eso causaría problemas, pero fue tan ingenuo que nunca pensó en qué hacer si se daba una situación como esa.

—Yo… —replicó con voz angustiada—. Por favor sácame de aquí.

Cuando abrió los ojos a la mañana siguiente, se encontró en un sofá algo duro pero cómodo; estaba cubierto con unas cobijas, pero fue sólo después de unos momentos que recordó que la noche anterior, luego del altercado con su padre, subió al vehículo, y se derrumbó. El hombre se hizo cargo de él, y sin hacer preguntas, le dijo que podía quedarse en su departamento hasta que se sintiera mejor; ya era de mañana, y el joven, con el cuerpo algo adolorido, se sentó en el sofá mientras dejaba las cobijas a un lado. El hombre apareció en la sala y le dedicó una sonrisa.

—Parece que te sientes mejor.
—Estoy mejor, gracias.
—Voy a hacer desayuno; la puerta del costado es el baño, no sabía qué talla de ropa serías pero creo que acerté. Deja la ropa en el cesto, y ven a la cocina en cinco minutos.

Sebastián sintió algo muy extraño al escucharlo; no se trataba de una orden, ni fue dicha de modo imperativo o con violencia, pero al escuchar, fue como si no hubiera otra alternativa más que obedecer la instrucción. Entró a un baño que a pesar de no ser tan espacioso como los de los hoteles que visitaba de forma regular, tenía algo distintivo, y es que no era igual a todos los otros; había un aroma refrescante en el ambiente, y un tubo de gel para dientes a medio usar, como en una casa. Mientras se duchaba, se preguntó por qué ese conductor habría tomado la decisión de actuar de esa forma, y se lo preguntó unos momentos después al entrar en la cocina.

—Era evidente que te estaba pasando algo, chico —dijo con naturalidad—. No podía dejarte así en la calle.
—Pero no me conoces y aun así me trajiste a tu casa.
— ¿Y qué ibas a hacer, robar algo?

Mientras hablaba, le tendió un plato en donde sirvió un trozo de un budín artesanal; el aroma hizo que se distrajera de lo que pretendía decir, pero probar un bocado lo hizo perder el hilo de la conversación. El sabor no sólo era exquisito, también tenía un ingrediente especial, algo que no podía identificar bien, pero que lo hacía fascinante. Había probado platillos de primera calidad en Ciudad capital y otros exóticos en One—garui, pero nada de eso tenía este condimento especial; hizo que sintiera un estremecimiento, aunque sin saber por qué.

—Es…es delicioso.
—Me alegra que te guste.
—Pero todavía no entiendo por qué me ayudó.
— ¿Piensas que todo en esta vida tiene que ser por un motivo concreto, como estar en una competencia?

Sebastián no supo qué decir.

—Eres muy joven ¿Qué edad tienes?
—18
—Un año menos que Sofía, mi hija. Si quieres un motivo, ahí hay uno; no la veo casi nunca, ella no quiere porque siente que soy muy poca cosa en comparación con la gran vida que tiene su madre, y tiene razón. O quizás, te ayudé sólo porque vi a un niño asustado en la calle, y no quise dejarlo solo.
—No soy un niño.
— ¿Porque tienes dinero y ya cumpliste la mayoría de edad? —replicó el hombre sonriendo— No te han enseñado nada sobre crecer ¿Verdad?

De pronto, Sebastián se encontró contándole a grandes rasgos casi toda su vida; sintió que era como un vendaval de palabras que sin saberlo a ciencia cierta, había estado detenido en él, y cuando tocó la vena correcta, explotó. Se sorprendió a la vez de ver al conductor tan concentrado, prestando atención a sus palabras, con real interés.

—Lo siento, estoy hablando demasiado.
—Parece que no lo haces a menudo —dijo el hombre retirando los platos— ¿Y qué es lo que piensas hacer ahora?
—No lo sé, dije que había firmado un contrato, y es cierto, pero no es para trabajar. Me contactaron de Sten mor.

El hombre asintió.

— ¿Y quieres ir?
—No estoy muy seguro; se supone que ahí podrían darme una educación, herramientas para convertirme en el mejor en lo que hago.

La comida había estado realmente deliciosa; lo principal era que no se trataba solo de sabor e ingredientes, también era algo más, ese esquivo condimento que no conseguía determinar, pero que estaba ahí, presente y dejando un exquisito sabor de boca.

—Pero no estás seguro si las competiciones en motocicleta son lo que amas en realidad.
— ¿Cómo…?
—Porque soy más viejo que tú —replicó con sencillez—. Escucha, has estado toda tu vida haciendo lo mismo, quizás es momento de que te tomes un tiempo antes de tomar una decisión ¿dijeron cuando te iban a llamar?
—No lo sé, no dijeron nada en especial.
—Entonces no te preocupes por eso en este momento —sonó su móvil, miró rápidamente la pantalla y siguió hablando—. Acabas de tomar una decisión muy importante, es natural que estés un poco confundido. Tengo que salir, me llaman para un trabajo.

Haber dormido en un lugar seguro, en compañía de un hombre al que no conocía, pero con el que había sentido más confianza que con su propio padre ¿acaso eso era lo que se sentía tener un padre de verdad? Pero se dijo que ya era suficiente y se puso de pie.

—Sí, voy por mi ropa, muchas gracias por todo.

El hombre le dedicó una mirada condescendiente.

—No he dicho que tengas que irte.
—Pero…
—Pero ¿Qué? ¿Tienes alguna idea mejor? Escucha muchacho, puede que mi departamento no sea lujoso ni grande, pero será tu residencia mientras decidas qué hacer con tu vida.

El joven no pudo evitar una expresión de sorpresa.

— ¿Es en serio? Yo… no sé qué decir, no sé cómo…
—No tienes que decir nada; sólo lava lo del desayuno y la ropa. El control de la Tv está en esa mesa.
—De acuerdo, yo… gracias. Lo siento, no te pregunté tu nombre.
—Mick. Ahora tengo que salir. Nos vemos más tarde.

Cuando salió, Sebastián sintió algo que no pudo describir bien; se sintió como en casa.

Más tarde, el joven estaba tendido en el sofá viendo un programa sobre naturaleza; nunca antes los había visto, y le resultó fascinante cómo mostraban las vidas de los animales como si fuera una película. En eso llegó Mick.

—Baja los pies de la mesa.

Sebastián lo hizo en el acto, y de hecho se puso de pie mientras el hombre entraba; venía con una gran bolsa de papel en las manos.

—Lo siento.
—Está bien, sólo no lo vuelvas a hacer —replicó mientras cerraba—, toma esto, deja las cosas en su lugar.

El joven recibió la bolsa mientras el mayor se quitaba el jacket negro.

—Necesito una ducha; ¿quieres poner una cerveza arriba?

Sebastián se llevó la bolsa a la cocina, y comenzó a sacar las cosas de la compra; tuvo que abrir varias puertas en los muebles para comprender en dónde dejar cada cosa. Se trataba casi por completo de artículos comestibles y unos cuantos útiles de aseo, los que dejó en la compuerta bajo el lavamanos; casi al fondo de la bolsa encontró otra, sintética, en donde figuraban algunas botellas, de una marca de cerveza que no conocía, y un par de Emporio. Mick apareció en tenida deportiva.

—Gracias.
—Por nada, aunque me costó encontrarlas, no sabía qué eran.

Sebastián Sonrió. Emporio era una bebida de fantasía para deportistas, que no correspondía a las hidratantes comunes, por lo que sólo estaba disponible en el apartado de productos específicos dentro de un mercado; que lo hubiera notado y buscado era un gran gesto.

—Gracias, de verdad. Y ¿Cómo estuvo tu día?

Esta vez fue su turno de escuchar, y por primera vez se sintió interesado y absorto en lo que sucedía con la vida de alguien más. Ser piloto de motocicleta desde tan joven le había reportado dinero y beneficios, pero lo convirtió en alguien muy solitario; en el centro de entrenamiento intercambiabas trucos, o hablabas con los otros acerca de suplementos alimenticios y técnicas de relajación, en las previas a las competencias el nerviosismo y la concentración hacían a todos muy silenciosos, y si triunfabas, había gritos y celebraciones, notas de prensa y saludos al público, pero sin tener a alguien cerca, era todo lo que tenías. Él siempre estuvo solo, con Rogelio presente de vez en cuando, aparentando ser el representante perfecto ante los demás, pero siendo frío o agresivo cuanto nadie más prestaba atención. Se vio a sí mismo atento a los detalles, queriendo saber más cosas de la vida de Mick y preguntando acerca de ellos no por cortesía, sino por verdadero interés. Y esa sensación resultó tan gratificante como haber sido corregido por él en un asunto tan trivial cono estar viendo televisión con los pies sobre la mesa de la salita, aunque no supo explicarse con claridad el porqué de la conexión entre ambos hechos; sin embargo, en esa ocasión esas preguntas resultaban irrelevantes en comparación con lo que estaba viviendo, porque de alguna manera, esa conversación sencilla llenaba un espacio dentro de él que nunca antes había conocido, algo que la adrenalina del deporte jamás había podido llenar.



Sten mor Preludios Capítulo 02: Aziare. Darius




Aeropuerto de Altocielo. Hace seis meses.


“Señores pasajeros, el vuelo terminará su viaje en treinta minutos; aterrizaremos a las tres quince de la tarde en el aeropuerto de Altocielo, con una temperatura de 22 grados. Agradecemos su preferencia y deseamos que tengan una muy buena estadía”

Aziare se removió en el asiento; Darius parecía en trance con los audífonos puestos.

—Oye ¿me escuchas?

Darius hizo una pausa antes de mirarla. Él se comportaba como si la música fuera el canalizador de todo en el mundo, y al parecer le daba resultado.

—Te falta escuchar un poco más de música ¿Sabes?

Aziare hizo como que no lo escuchaba.

—Estamos de vuelta después de más de un año de trabajar en el extranjero. Pero reconozco que tenía ganas de volver.

Darius se quitó los audífonos y se le movió el cabello, que usaba con un corte muy osado con mechones en todas direcciones. Su piel morena resaltaba mucho más con los reflejos azulados que se esparcían por todo el color gris, casi como una tormenta eléctrica sobre su cabeza; pero en su caso este era sólo uno de los cambios que hacía de forma habitual, y ella ya pasaba por alto los nuevos colores que cada mes o dos semanas ponía en su cabello.

—Sí, es entretenido volver; después de todo, esto es un cambio para mejor. Pero extrañaré a ciertas mujeres que conocí en otros países.
—Tú “extrañas” a todas las mujeres.
—Pero tú siempre te escapas de mí; congelas todo.
—Eso es porque te conozco –replicó ella con una risita—. Como amigos y compañeros de trabajo estamos muy bien.
—Como quieras.

Darius nunca se preocupaba por nada; Aziare suspiró, mirando el cielo despejado que se extendía por la ventanilla del avión. Dentro de poco comenzarían una nueva etapa en sus carreras.

—Los demás ya deben haber empezado a buscar Potenciales.
—Si es que Omar no tiene listos a los grupos de todos por nosotros.

Ella ladeó la cabeza mientras hacía una mueca. Omar era, probablemente, el más amable de los maestros de Sten mor, pero no era ningún tonto; sabía con exactitud qué hacer y qué no, y procuraba siempre ser bien evaluado tanto por los cargos superiores como por los estudiantes.

—No, eso no pasará; Omar es meticuloso pero no tanto, no hará trabajo por nosotros. ¿No te pone un poco nervioso siquiera que este sea el año en que vamos a hacer nuestra primera búsqueda de Potenciales?

De cierta manera era una pregunta retórica; Aziare había llegado a pensar que, si un día sobrevenía El apocalipsis, Darius se tomaría una cerveza de oro y vería alguna película.

—Cariño –replicó él con una gran sonrisa—. Ya no estamos en la academia, ahora somos parte de Sten mor. Después del tiempo de estudio, de entrenarnos y salir al mundo, ahora esta es la mejor parte de esta historia. Ser maestros en la academia y poder buscar a nuestros Potenciales es una gran oportunidad, y además tenemos la aprobación indirecta de la Santísima trinidad.
— Cállate, no les digas así.
— Como si ellos de verdad fueran a viajar en un vuelo comercial –comentó él, divertido–. Escucha, sólo deja de preocuparte tanto y disfruta del momento. Estamos muy bien calificados.

Ella suspiró. Ser escogido para tomar el curso de la maestría, aprobar y comenzar a trabajar en eso no era sencillo en absoluto, y no le pasaba a cualquiera.

—Supongo que tienes razón; en cualquier caso, ser maestra en Sten mor es algo que he querido hacer desde que estábamos estudiando.
—En ese caso, no lo desperdicies sufriendo.

Llegó un mensaje al móvil de Aziare. Miró rápido el holograma desplegado sobre la pantalla, que mostraba con claridad el mapa del sitio indicado en el texto, y guardó la captura.

—Oh vaya. Ya tenemos asignados nuestros destinos. ¿Qué te tocó a ti?

El hombre revisó distraídamente la información en su móvil.

—Muy bien –dijo sonriendo–. Así que iré a One—garui, no me parece mala idea nadar un poco y estar en la playa.

Aziare hizo una mueca.

— ¿De verdad vas a conseguir Potenciales?
—Claro que sí, todo está bajo control. ¿Y cuál es tu destino?
—Ed—viri –comentó ella sin dar a entender nada por el tono de su voz—. No sé casi nada de esa ciudad.
—Lugares con pasto, lugares con pasto, lugares con pasto. Creo que con eso ya conoces la ciudad.
—Muy gracioso.

Pero lo que decía era cierto; verificando la información disponible en sistema, pudo ver que Ed—viri era una ciudad que basaba su economía en las artes tradicionales, la plantación al aire libre y la explotación de yacimientos. Este último punto hizo que se animara.

—Qué interesante; aquí dice que se trabaja mucho en torno a los yacimientos de distinto tipo, eso aumenta mis posibilidades de encontrar buenos Potenciales.
—Eso es cierto —replicó él más serio—. Pensándolo bien, mis opciones en One–garui también son buenas al haber una geografía variada y muchos tipos de personas.

Ed—viri estaba en el extremo oriente deI país, lo que quería decir que por la carretera llegaría en tan solo unos minutos desde Altocielo, que era la ciudad vecina; mientras estuvieron en el extranjero, todo el tiempo se desplazaron por grandes urbes, de modo que visitar una ciudad menos saturada y moverse entre personas menos cosmopolitas podía ser un muy buen giro en su entrenamiento; como nuevos maestros de Sten mor, tenían que estar siempre pendientes de realizar su labor de la mejor forma, pero además, aprender y desarrollar infinitas nuevas capacidades. Darius, en tanto, estaba tan tranquilo y relajado como de costumbre, lo que en su caso era normal, pero cualquiera que lo conociera bien sabía que en el fondo, era tan arriesgado y meticuloso como ella.

—Bueno –dijo él estirándose en el asiento—. Tengo que decir que albergaba mis dudas, pero este último año trabajando contigo ha sido muy satisfactorio.
—Para mí también lo fue.
—Sí, pero lo digo en serio –comentó él sonriendo—. Cuando fuimos elegidos para pasar de estudiantes a maestros, hace ya algún tiempo, pensé que tendría el típico problema de ser rechazado o estar bajo vigilancia, con ese comportamiento tuyo tan fuerte y disciplinado.
—Darius...
—Pero aprendí a conocerte, y aunque somos muy diferentes, sabes respetar mi forma de ser porque sabes que estoy comprometido con esto. Estar en Sten mor es algo que siempre quise, y trabajar con alguien como tú, también.

La mayoría del tiempo sólo hablaba tonterías o estaba planeando de qué forma conquistar a alguna mujer, pero muy de vez en cuando, Darius hablaba de forma sincera. Aziare le dedicó una amistosa sonrisa.

—A veces dices cosas muy bonitas.
—Lo sé, pero no te acostumbres. Mira, ya se puede ver el aeropuerto de Altocielo por las ventanillas; dentro de poco nos separaremos.


2


Una vez que se separaron en el aeropuerto, Darius abordó un vehículo de transporte para dirigirse a la Zona turística ubicada en el borde poniente de la ciudad; mientras iba en camino, recibió una llamada. Se quedó mirando la O en la pantalla, siendo consciente de la importancia de recibir esa comunicación.

— ¿Cómo supiste que estaría solo en este momento?

La pregunta no era más que una excusa para escuchar su melodiosa voz algunos segundos más; una mujer inalcanzable, pero a quien al menos podía escuchar.

—Ya fui informada de que tú y ella se separaron en el aeropuerto; pero no estoy llamando para eso.

Darius sonrió.

—Sí, eso creí; no sé si quieres un informe escrito, pero si lo que necesitas es información sobre ella, puedo asegurar que es de confianza. Aziare es fiel a Sten mor, y se convertirá en una gran maestra, dispuesta a obedecer tus órdenes y las del mando central en general. No hay duda de eso.
—Espero que estés seguro.

A él lo contactaron mientras aún estaba en la academia; entonces supo que a algunos estudiantes se les ofrecía algo más, en caso de que demostraran habilidades superiores a la media y un determinado perfil. Y él, que había crecido con las leyendas urbanas acerca de Sten mor, siempre quiso quedarse en la institución y pasar a formar parte de ella, de modo que aceptó mantener el secreto de la oportunidad recibida, bajo la condición de realizar un exhaustivo trabajo de investigación, el cual consistía en localizar dentro de las filas de esa misma academia a alguien que, al igual que él, tuviera aptitudes más allá de lo ordinario, y al mismo tiempo pudiera demostrar lealtad real a la organización. Durante mucho tiempo él mismo estuvo a prueba, y cuando superó todos los obstáculos posibles, se convirtió en alguien de confianza para el mando. Hace dos años, se anunció el retiro del viejo Aben, uno de los dos maestros más ancianos, mientras que Arki, el otro, murió a causa de su avanzada edad y una serie de enfermedades degenerativas que la ciencia ya no podía combatir, por lo que se le dijo que uno de los puestos vacantes estaba asegurado para él, siempre y cuando consiguiera encontrar a alguien que llenara la plaza faltante; Aziare ya estaba en su lista personal, y en vista de que nunca había salido del país, pensó que la mejor forma de probarla era someterla a un ambiente externo, por completo diferente a lo que ella conocía y al mismo tiempo dejando que sintiera la libertad de no estar dentro del recinto de la academia. Durante el tiempo que estuvieron trabajando en el extranjero, siguió las instrucciones necesarias para poder investigar sus contactos en redes y medios similares, quedando muy satisfecho al comprobar que ella no sólo era talentosa, sino que además tenía aspiraciones dentro de la academia; gracias a los sofisticados softwares de investigación de contactos que le habían sido proporcionados en Sten mor, pudo averiguar todo de ella, y confirmar que en efecto era de confianza. Todo esto, desde luego, habría sido estudiado de forma independiente por el equipo de seguridad de la academia, por lo que su trabajo era una prueba más, pero estaba satisfecho tanto de haber sido riguroso como de confirmar que ella era apropiada. Ahora ya todo estaba resuelto, y ambos comenzaban una nueva etapa.

—No te preocupes —dijo con tranquilidad—, para reforzar mi palabra, tengo todos los informes que extraje de este viaje: ella no tiene una meta que no sea servir a esta gran institución; te enviaré los datos por vía segura tan pronto llegue a One–garui.
—Esperaré los datos; buen trabajo.

La gran O le daba una palmada en la espalda, al menos de forma retórica. Darius se sintió en condiciones de hacer algo arriesgado.

—Hay algo que quiero hacer.
—Darius, es muy pronto para que creas que tienes prerrogativas por sobre los demás.
—Prometo que no es una tontería: Sé que debo ir a One—garui y me encanta mi destino, pero quisiera poder tomarme la libertad de ir a buscar a uno de mis Potenciales a Vaidos.

La hermosa voz del otro lado de la conexión hizo una pausa, que lo mismo podía anticipar una negativa o una afirmación.

—Está bien, pero sólo cuando tengas a tres escogidos en tu destino. Luego volverás de inmediato, tendrás sólo dos semanas.
—Lo haré tal cual como dices.

Finalizó la llamada y quedó contemplando el sofisticado paisaje de la carretera urbana de Alto cielo, que conducía a la vía que conectaba a esa ciudad con el destino costero que le aguardaba.

3


Aziare se dirigió al punto de partida del vehículo de traslado hacia Ed—viri, a tiempo para abordar uno que salía precisamente en esos momentos; nacida y criada en Ciudad Capital, ella sólo conocía esa ciudad a grandes rasgos, por lo que consideró que era interesante saber más del destino al que se dirigía, y que sería su residencia durante cuatro o cinco meses antes de regresar a Sten mor. Como en todos los medios de transporte urbano del país, cada asiento disponía de una consola con pantalla, en donde se podía acceder a una enorme cantidad de material audiovisual como música, películas y series de televisión, además de material educativo. Seleccionó la sub carpeta indicada y localizó un video de bienvenida a su ciudad de destino. Tal como Darius lo había anunciado, la primera vista del video era una toma de un prado magnífico, iluminado por la luz del sol, que resaltaba los distintos tonos de verde y la naturaleza viva del entorno; luego, un paseo por diversas zonas, entre las que destacaban una dedicada a la fabricación de artesanías de primer nivel, y un pueblo en el extremo oriente de la ciudad, del que se explicaba su fama gracias a una serie de hallazgos arqueológicos, muchos de los cuales resultaban de un importante valor científico y que estaban en museos en Torre de piedra. Los yacimientos de diversos minerales formaban parte también de la esencia de aquella ciudad, y se mencionaba una actividad fructífera gracias a la abundancia de distintos tipos de minerales; en cualquier caso, lo que más se daba en esa zona era material para la construcción y piedras semi preciosas, nada relacionado con piedras de primer nivel. Contempló con ojos brillantes la piedra que pendía de un delicado entramado de cadenas de su muñeca izquierda: una aguamarina ovalada, que resplandecía con su color azul verdoso, brillante incluso en la oscuridad, aún en la luz del sol. De forma usual alguna persona notaba el brillo especial de esa piedra, ante lo que ella respondía de forma invariable que se debía a un tratamiento lumínico, muy de moda en joyerías de primer nivel; sin embargo, ella sabía la verdad, y es que la piedra que pendía de su muñeca, así como de la de cualquier persona que hubiese salido de Sten mor, era un poderoso objeto, cuyo brillo sólo revelaba en parte, tanto la naturaleza como el fin para el que había sido creada.
La piedra era el objeto más valioso que tenía consigo, y al mismo tiempo algo por completo irrelevante para el resto de las personas a su alrededor; sí, era una joya bonita, pero las había otras mucho más sofisticadas y caras, de forma que podía exhibirla sin temer por su seguridad. Sonrió con un dejo de ironía, cómo si alguien pudiera hacerle algún daño, incluso un ladrón o alguien armado; gracias al entrenamiento en el uso de la piedra, conocía un tipo de fuerza propia diferente a la de la mayoría de las personas, pero eso no era necesario de usar salvo en una situación extrema, y aun así bajo determinadas condiciones. Muy pronto tendría que utilizarla en una frecuencia específica, una pensada para encontrar entre la gente común, a quienes pudieran desarrollar la misma potencia que ella, o que Darius.

4


Kalrei marcó el número en la pantalla del escritorio, y esperó con tranquilidad a que se estableciera la conexión. Unos segundos después se inició la conferencia con Flavio, Gabriela, Jael y Omar; ellos ahora eran los maestros mas antiguos de Sten mor, y como tales tenían la responsabilidad de ser los mejores y demostrar todos todas sus capacidades. Sonrió imaginando las caras de incomodidad de todos al verse obligados a establecer una comunicación sin imagen, algo tan arcaico que ni siquiera la gente vieja utilizaba. Pero ella prefería ese anonimato momentáneo, y la posibilidad cierta de ejercer un control sobre ellos mediante algo tan sencillo, que evitaba al mismo tiempo la necesidad de notificarles su posición.

—Buenos días, maestros.

Como era de esperar, Gabriela fue la primera en contestar.

—Buenos días.

Omar, gentil y amable, saludó en seguida con su voz gruesa y agradable; Jael, con su clásica frialdad, y Flavio en último lugar, cortés y de muy pocas palabras. Había algo de lo que alegrarse, y es que gracias al retiro de los dos maestros mas ancianos, ahora tenían un plantel más joven y gobernable, sin ideas ancestrales arraigadas de forma tan profunda que se volvieran un estorbo para el buen funcionamiento de la institución.

—Me alegra que podamos conversar —su voz era fría y educada, transmitiendo la cantidad precisa de fuerza de carácter y distancia–. Este año tenemos dos desafíos en la academia y quiero que ustedes estén al tanto de ellos desde ya. Como saben, tenemos dos maestros nuevos, Darius y Aziare, quienes después de su tiempo de entrenamiento tendrán su primera elección de Potenciales; confío en que ellos harán su trabajo de la mejor manera posible , pero de todos modos quiero que ustedes estén al pendiente; no de los maestros, sino de los estudiantes que resultan mucho más valiosos en este momento. En ese sentido, el primer desafío de este año es buscar entre los estudiantes a los que sean más capaces, ya que de ellos saldrá un nuevo equipo de seguridad para reforzar el trabajo que tenemos en esta institución. Cualquier descubrimiento relevante respecto a esto debe ser notificado a mí, de forma directa o a través de mensaje privado. Esto no es una competencia entre ustedes, por lo que no deben hacer nada que pueda entorpecer el trabajo de los demás en ese sentido. Entre más estudiantes destacados tenga para elegir, me sentiré mucho más satisfecha.

Hizo una pausa, algo divertida ante la idea de que alguien hablara; pero todos sabían que ella no aceptaba interrupciones, y de acuerdo con ello, todos mantuvieron un silencio alerta.


—El segundo asunto tiene que ver con la cosecha de piedras de este año; según los expertos, podría darse un caso de piedra doble, lo que significa que es posible que un estudiante que sea instruido en una habilidad, pueda en realidad tener dos; si detectan este caso, deben notificarlo de forma inmediata a uno de mis hermanos. ¿Alguna pregunta?

Todos respondieron de forma negativa. La existencia de piedras duales era escasa, sin embargo a ella no le interesaban, por lo que resultaba mucho más conveniente dejar esta situación en manos de Olga o Reus, quienes sí tenían interés en estas extrañas piedras; además, en la busqueda de un objeto como ese se darían múltiples casos de falsos duplicados, y eso era algo con lo que no quería lidiar. Finalizó la llamada y dio un toque al comunicador, tras lo cual entró un hombre joven, moreno, de figura atlética y muy atractivo, vestido con un traje en apariencia formal, pero que era en realidad muy revelador por las grandes porciones de tela transparente, ubicadas en las piernas, torso y muslos, lo que hacía que estuviese casi más desnudo que si llevara un bañador. Con actitud perfectamente profesional llevaba una bandeja, en la que reposaban varios vasos con burbujeantes y coloridos contenidos; escogió uno de tonos azules.

—Me quedaré con este.

El hombre asintió con cortesía y salió a paso decidido. Resultaba divertido tener la potestad de tener miembros del personal que eran también una atracción para la vista, algo que desde luego sólo podía permitirle su acomodada posición. Dio una última mirada al expuesto cuerpo de del hombre antes que él cerrara la puerta.
Unos momentos después su comunicador anunció una llamada; tras contestar, el rostro y torso de Olga se materializó del otro lado de su escritorio, como si hubiese sido transportada a ese sitio. Kalrei sonrió.

—Hermanita, qué sorpresa hablar contigo.

Olga sonrió, de la forma elegante y discreta que era tan natural en ella.

—Para mí también es un gusto. Tengo noticias sobre los nuevos maestros.

Kalrei bebió un poco de su burbujeante bebida.

—Soy toda oídos.
—Darius ha terminado de enviar su informe y todo marcha sobre ruedas con respecto a Aziare, la otra maestra nueva, de forma que tenemos nuevamente a seis maestros disponibles.

Kalrei se recostó en su silla, entrecerrando los ojos.

—Esa santurrona ¿Por qué no podía tener un defecto?
— ¿A qué te refieres?
—Es exageradamente perfecta ¿cómo puede haber alguien tan devoto, tan correcto? Y no te lo tomes a mal, tú eres un caso especial en todos los sentidos.

Olga, fiel a su estilo correcto, no acusó el golpe de forma alguna; en el fondo, las hermanas se tenían el suficiente respeto para no atacarse sin motivo, pese a que fueran opuestas por completo. Kalrei recordaba que cuando Olga vio los atuendos de su personal levantó una ceja; no dijo una sola palabra, pero ese mínimo gesto decía que consideraba todo eso vulgar y de poca clase. A ella eso no le improtaba, si los hombres tenían asistentes bonitas con trajes ajustados ¿por qué ella no? Después de todo, era un mundo libre y la opresión de género salía sólo en los libros de historia.

—Lo que más nos conviene –replicó su hermana—, es que los maestros sean apropiados para el cargo, eso nos permite trabajar con tranquilidad.
—En eso tienes razón, y me recuerda que hay informes de un posible caso de piedra doble; le dije a los maestros que se dirijan a ti en el caso de que encuentren algo.
—Eso es muy considerado de tu parte.
—Bromeas, sólo hago lo que me corresponde.

Olga hizo una pausa muy breve, tras lo cual continuó hablando.

—Asumo que quieres hacerte cargo de seleccionar estudiantes para que se integren a Sten mor como parte de la fuerza de seguridad.
—Sí, quiero disponer de nuevos elementos.
—Me parece apropiado, ya que en el último tiempo algunos de los oficiales han dejado su cargo para ocuparse de otros puestos.
—Es cierto. Me gusta esto de la seguridad y los uniformes, y creo que haré una propuesta formal para ocuparme de ese departamento.

Habría jurado que Olga hizo una mueca, pero fue tan leve que pasó por un movimiento natural que acompañaba a la respiración.

—Y, cuando lo hagas de forma oficial, daré mi apoyo.

De acuerdo, eso sí era una sorpresa. Kalrei se dijo que tenía que aportar con algo de un peso equivalente, y así lo hizo.

—Te agradezco eso; quiero también decirte que tengo una idea y quería saber si estabas de acuerdo.
—Desde luego, te escucho.
—Pienso darle instrucciones muy precisas a uno de los maestros antiguos, para que haga testeos de sorpresa en las piedras y eso ayude a detectar un posible doble.
—Es una idea grandiosa, lo valoro mucho.
—No hay nada que agradecer.
—Tengo que colgar, hablaremos luego.

Tras finalizar la comunicación, Kalrei pensó que esa camaradería podría servirle mucho en el futuro.



Próximo capítulo: Sebastián



Sten mor preludios: Capítulo 01: Oiren



Tash—han
Hace seis meses


—Oiren, ven aquí por favor.
—Ahora voy papá.

La casa siempre estaba en movimiento. Oiren vivía en la casa de sus padres, junto a sus tres hermanos, los abuelos paternos, y la esposa e hijos de su hermano mayor. Además, el negocio familiar, una tienda de abarrotes y diversos productos siempre tenía visitas y era necesario estar al pendiente. Sin embargo, él casi nunca atendía público, y su responsabilidad al respecto quedaba en labores internas como preparar los envases para algunos productos, separar otros y tener las listas adecuadas para hacer las compras necesarias cada mes; era el más listo para los números y el orden de modo que resultaba útil y práctico. Y así no tenía que estar expuesto a la gente todo el tiempo.

—Ayúdame un momento, aquí. Sabrina dejó caer estos recipientes y las piedras se mezclaron.

Había una pequeña sala entre la sala de la casa y el salón de venta en la parte delantera; usualmente lo utilizaban para tratar cualquier asunto que no quisiera ser visto u oído por los extraños pero que no ameritaba entrar en territorio familiar. En el suelo alfombrado había un gran número de piedras pequeñas, brillantes, desperdigadas por todas partes, y sobre un mesón a la derecha estaban las cajas de donde provenían.

— ¿Hay alguien esperando por ellas?
—No, las tiró por accidente.
—Entiendo, ahora mismo las dejo como corresponde.
—Estupendo.

Mientras su padre volvía a la parte delantera de la casa, reclamando algo sobre el personal descuidado y la juventud, el joven se trasladó al mesón y se dispuso a separar las pequeñas piedras en las cajas individuales.
Oiren sonrió ante la habitual queja de su progenitor, y se dispuso a separar las piedras; se trataba de dos clases muy similares en apariencia, pero que tenían objetivos diferentes. Mientras que el citrino era un tipo de cuarzo utilizado para infundir en las personas la alegría de vivir, la crisoprasa ayudaba en estado de alta tensión; en la tienda vendían pequeñas piedras de distintos tipos, que estaban almacenadas en cajas de madera natural sellada por el exterior y cubiertas de una tela especial por el interior, separadas por tipo, y que eran vendidas en pequeñas porciones a los clientes que las necesitaban por razones esotéricas. Eso a Oiren no le importaba, pero sí había una conexión entre las piedras y él, ya que las conocía con detalle y podía identificarlas con facilidad. Era de los pocas cosas para las que lo necesitaban al de forma exclusiva.

— ¿Qué haces?
—Separo citrino de crisoprasa.
—Entretenido.
— ¿Quieres que vaya? Puedo hacerlo allá.
—No, sabes que a papá no le gusta que nadie se lleve trabajo al cuarto.

La voz provenía de un diminuto intercomunicador con forma de elefante de caricatura, que siempre llevaba prendido al pecho, desde que era un niño. El otro estaba en la habitación de Ismael, su hermano mayor por cinco años.

—Para un ojo no entendido —dijo con tono académico—, es fácil confundir. Yo veo que el citrino es de un color amarillento y la crisoprasa, en tanto, es más bien verde, de una tonalidad clara y acuosa. Los cristales y piedras que se comercializan en este establecimiento han sido mezclados con una solución de color blanco, por lo que la diferencia de tono es más sutil; sin embargo, alguien con conocimientos ve los colores con claridad, como si fuera verde y rojo. Y, ya está listo.
— ¿Ya los separaste?
—Así es.

Un instante después apareció su padre en la sala, con una expresión indescifrable en el rostro.

—Baja la voz por favor; los clientes pueden pensar que estás delirando mientras los atendemos.
—Lo...lo siento papá —replicó Oiren con voz apagada—. Ya...ya están listas, aquí tienes.
—Gracias. Voy a volver adelante.
—Sí papá.

El hombre volvió a desaparecer, y el joven quedó solo en la sala, con las manos vacías.

—Oiren.
—Sí.
—Ven por favor.

El muchacho suspiró y fue a paso vivo hasta la última habitación de la casa, una que tenía acceso propio, era más espaciosa que los demás y era casi independiente en todo sentido. En la gran cama, al centro y oponiéndose a la puerta, reposaba Ismael; a pesar de que la expresión en su rostro era tan calma como siempre, Oiren no pudo dejar de notar un cambio. Él era el único que los notaba.

— ¿Te sientes mal, necesitas algo?
— ¿Papá te estaba maltratando, te dijo algo incorrecto?

Eran tan distintos. Oiren era más bien bajo para ser hombre, tenía una estructura física ancha y voluminosa, siempre estaba algo excedido de peso aunque luchaba por evitarlo, y tenía ese cabello oscuro y ensortijado; Ismael en tanto, lucía tan delgado, casi esquelético, con esa piel blanca frágil que parecía a punto de romperse, la frente amplia, los pómulos sobresalientes en el rostro demacrado y ojeroso, que sin embargo mostraba esos ojos color miel, brillantes y llenos de vida. La crueldad estaba en que Ismael había nacido con una enfermedad  degenerativa incurable, que dañó sus articulaciones y parte de su sistema nervioso desde que era un bebé, dejándolo inmovilizado e indefenso por completo; Oiren, que tenía cinco años menos que él lo había visto siempre así, experimentando el crecimiento propio mientras el de su hermano parecía agrandar junto con el cuerpo las trágicas consecuencias de una enfermedad que la ciencia aún no podía curar. Recientemente había visto informes de la sociedad médica internacional, que hablaban de una posible cura dentro de veinte años. Ismael era el inteligente, el fuerte, pero era por completo dependiente, y jamás podría moverse.

—No, no me maltrató.

Desde la cama, Ismael entornó los ojos.

—No me mientas Oiren, dejaste el comunicador con paso de audio.

Oiren siempre llevaba el comunicador; desde pequeño había sido una muestra de unión, la más férrea existente entre los cuatro hermanos; él era los ojos y oídos en la casa o en el exterior, Ismael era la fuerza y la orientación, la sabiduría para enfrentar los desafíos.

—Oh, pero no lo dijo con mala intención; es porque adelante se escucha todo y los clientes son muy quisquillosos.
— ¿No me estás mintiendo?
—Claro que no.

Sonrió, y su hermano también lo hizo; en su caso, los gestos del rostro eran más limitados, pero Oiren los identificaba con la misma facilidad que si fueran mucho más evidentes. El joven se acercó a una de las paredes para enderezar el afiche de "Solaria" una de las bandas favoritas de su hermano.

—Creo que en algún momento tendré que descubrir por qué es que este afiche se tuerce.
—La semana pasada cambiaste el soporte.
—Sí —replicó encogiéndose de hombros—, y medí que la distancia del pin fuera la correcta pero aún se mueve. Después lo revisaré.
—Oiren, siéntate aquí por favor.

El muchacho así lo hizo; debido a la construcción de la cama, Ismael estaba en una posición semi sentado, teniendo los soportes suficientes para que su cabeza se mantuviera recta y pudiera mirarlo a los ojos. No era una postura natural, pero él lo había querido así, decía que si iba a estar quieto, al menos quería ver de frente a la vida.

—Quiero saber si el próximo año vas a estudiar.
—No he pensado en eso en realidad. Además es sólo octubre, falta mucho para eso.
—No falta tanto; Oiren, tienes 21 años, y ya has postergado dos veces iniciar una nueva etapa en tu educación.

El joven se removió, incómodo.

—No lo estoy postergando.
—Sí, lo haces. Pero quieres estudiar y tienes talento ¡Mira todo lo que sabes sobre piedras y minerales! Y no sólo eso, aprendes y memorizas muchas cosas, y te sientes a gusto con eso.
—Pero eso no significa que...

La voz de su hermano prosiguió; el tono de voz que utilizaba era siempre monocorde debido al esfuerzo por hablar, pero incluso con eso, se entendía la intención con claridad.

—Quiero saber qué es lo que está deteniéndote.

Oiren sonrió muy incómodo ante las palabras que escuchaba; Ismael siempre tenía la facultad de hablar exactamente de los asuntos como eran. E incluso de ir más allá de lo evidente.

—Nada me detiene...
— ¿Es por mí?

El joven no pudo hablar durante unos segundos. Al final resultaba extraño que, de los dos, fuera Ismael el más fuerte.

—Yo... no quiero alejarme de ti.
—Pero se trata de tu futuro —dijo con intensidad—, es algo que tú quieres. Escucha, puede que el resto de la familia haya decidido dedicarse al comercio, pero esto no es lo que tú quieres. Tu futuro está en un centro de estudios, un sitio donde puedas desarrollar todo tu potencial.

Oiren sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas; el año anterior había estado viendo las páginas de distintos institutos, incluso de una universidad, pero dejó de lado esa opción cuando concluyó que el precio por estudiar era mucho más alto de lo que esperaba. Por otro lado, ni siquiera sabía qué opinarían sus padres, y había sido especialmente cuidadoso con respecto a no permitir que los demás intuyeran que algo le sucedía, pero mentirle a Ismael con la conexión que tenían era casi imposible.

—Yo... creo que aún no estoy preparado para enfrentar ese desafío.
—Eso no es cierto.
—Pero sabes lo tímido que soy; tengo dificultades para interactuar con las personas, y ese limitante me preocupa.
—Estás poniendo excusas donde no las hay. Oiren, estar estudiando en otro sitio será maravilloso.
—Pero...

Él se negaba de forma constante a hablar del tema, a pesar de que para su hermano era algo natural; Ismael tenía 26 años, lo que en cifras para la enfermedad que padecía, significaba que tenía cinco, quizás diez años disponibles, a lo sumo. De hecho, según los innumerables estudios que había leído a lo largo de los años, más del sesenta por ciento de los afectados por el mismo mal ni siquiera llegaban a los veintidós.

—No quiero irme —admitió en voz baja—; si comienzo a estudiar ahora, tendré que irme de casa por un tiempo y no... no...

No fue capaz de decirlo. Pero Ismael sí pudo, y habló con aplomo, pronunciando las palabras con serenidad.

— ¿Temes que pueda morir mientras tú no estás aquí?

Escucharlo mencionar aquello hizo que el muchacho diera un respingo, atenazado por un repentino temor. Sin embargo, las palabras no terminaron ahí.

—Mi hermanito –dijo con ternura—; escucha, ese temor que tienes es irracional ¡Podría suceder en cualquier momento! Podrías estar en la tienda del centro comprando suministros, o de visita en alguna parte por otro motivo.
—Ismael no sigas.
—O, podría suceder mientras duermes.

Con los ojos inundados en lágrimas, Oiren levantó la vista del suelo y miró directo a los ojos de su hermano. Esos ojos tan brillantes y expresivos, aquellos en los que se había visto y aprendido tanto, y que ahora lo miraban con un cariño tan grande que casi dolía.

—La muerte también es parte de la vida. Y esto que tenemos en el aliento es el tiempo, no puedes simplemente desperdiciarlo; yo estoy encerrado en este cuerpo, pero no puedo permitir que nadie más esté encerrado por mi causa. Es cierto que eres joven y te falta confianza en ti mismo, pero eso no lo conseguirás aquí en mi habitación.
—Ismael...
—Tampoco lo conseguirás atendiendo el negocio de la familia, eso no es para ti; lo que quieres hacer es estudiar, aprender y crecer ¿Acaso crees que nunca he visto cómo se transforma tu mirada cuando vemos los programas que muestran las instalaciones de las universidades en Torre de piedra? Si no aprovechas eso estarás condenándote a una existencia contraria a lo que quieres, y eso es una mala actitud que no espero de ti.

Nunca había hablado con tanta claridad respecto a esos temas; Oiren quiso decirle que no debía preocuparse por él, pero lo cierto es que en su interior pugnaban ambos sentimientos, el deseo de cumplir sus sueños, y el de no abandonar a su hermano. Quería ser fuerte, pero sólo deseaba que su hermano pudiera estar ahí para siempre.

—Lo siento. Sé que lo que dices es por mi bien, pero es muy difícil para mí.
—No debería serlo tanto; Oiren, mientras seas honesto contigo mismo y no abandones lo que es correcto, yo siempre estaré contigo.

Se miraron durante un largo rato sin hablar; de alguna manera la voz y las palabras consiguieron calmar su nerviosismo, y las lágrimas no llegaron a brotar de los ojos. Al fin, después de un extenso silencio, Ismael supo que ya era el momento de hablar.

— ¿Vas a pensar en lo que te dije?
—Yo...
—Por favor. Sabes que es la mejor decisión.

Se sintió ante la fuerte mirada de su hermano, y asintió, hablando en voz baja.

—De acuerdo, te prometo que lo voy a pensar.
—Esa es una mejor respuesta —replicó con una sonrisa—, pero tampoco te tomes esto a la ligera porque en muy poco tiempo tendrás que ponerte manos a la obra y comenzar tu postulación.
—Sí, está bien.

Se puso de pie, algo más animado, y volvió a mirar el afiche del que habían estado hablando unos momentos antes; entonces lo descubrió.

—Ya sé por qué es que el afiche se tuerce en la pared —dijo con cierto asombro—, no lo había notado antes.
—Entonces no me hagas esperar más y dilo.
—Este marco está hecho en un alto porcentaje de mica.
— ¿Y qué es eso?
—Es un tipo de mineral; en la antigüedad era valioso en la construcción de motores mecánicos, pero actualmente no tiene mayor valor, por lo que no es extraño que esté involucrada en la fabricación de objetos de soporte como cuadros o bases de distinto tipo, ya que es barato y no se estropea por los cambios de temperatura.

Ismael hizo una breve pausa de análisis.

—Entonces es como esos objetos antiguos de alunina.
—Algo parecido; el punto es que cuando se trabaja con este material, es muy frecuente que los productores lo mezclen con otros compuestos como amiantina para conseguir mayor limpieza de corte o una cierta flexibilidad, además de abaratar costos por supuesto, pero la amiantina es más ligera por centímetro cuadrado que la mica, por lo que si no se ha realizado una mezcla y distribución apropiada antes de hacer el molde, las cantidades de mica enlazadas en un punto pueden ser mayores y como consecuencia, el cuadro pesa más de un lado que del otro.

Volteó hacia la cama, con el afiche en sus manos; la vocalista del grupo estaba en el centro de la imagen, ataviada con una túnica larga, blanca y vaporosa, mientras los dos hombres, uno rubio y delgado, y otro de aspecto más rudo y que llevaba una suerte de media máscara robótica estaban a sus costados, mirando fijo al frente. Ismael le sonrió.

— ¿Ves lo capaz que eres?
—Gracias por confiar en mí.
—La confianza no tiene nada que ver en esto; es lo que veo en ti, sólo tienes que tener más confianza, la suficiente para poder comenzar a estudiar, y luego verás que todo irá sobre ruedas.



Próximo capítulo: Aziare. Darius

Sten mor Preludios: Anticipo de Oiren


Tal como anuncié antes, Sten mor tendrá un gran apartado audiovisual, el que estará a cargo del artista Pelafudraws. Hoy tendré la portada definitiva de Preludios, de la que ya han visto una previa, y ahora comparto el proceso creativo de quien protagoniza el primer preludio: Oiren.

Este domingo comienza Sten mor preludios, y en el primer episodio podrás conocer a Oiren, un chico tímido y al que le cuesta socializar, pero que tiene talento para los estudios y quiere ir a la universidad; sólo le falta reunir el valor para enfrentar un nuevo proyecto ¿Podrá convencerlo su hermano de iniciar esta nueva aventura? Mientras tanto, él no sabe que alguien de la academia lo está buscando para ofrecerle la oportunidad de entrar a la más prestigiosa institución de estudios no tradicional del país.
No te pierdas la posibilidad de conocer a los personajes antes que comience la historia, y verlos en imagen.
Si quieren ver más del trabajo de Pelafudraws  sólo debes seguir el enlace para su página de facebook, o buscarlo en instagram aquí: 

https://www.wattpad.com/348197954-sten-mor-preludios-preludios-a-sten-mor