Academia de piedra Capítulo 28: Una tarde de películas y reflexiones




Residencia de estudiantes. Sala de medios. Domingo 11 de julio.


El ánimo en general en la academia estaba más decaído en el primer fin de semana tras los trágicos acontecimientos sucedidos antes; durante la tarde, los estudiantes tendieron, en su mayoría, a separarse en los grupos habituales que interactuaban a diario, fuera de lo específico de cada clase. En una de las salas de medios, Krau, Bárbara, Celia, Mónica, Alej y Karlo estaban sentados cómodamente en asientos reclinados, con accesorios apropiados para vasos de refresco, y distintas cosas para comer; la película estaba en un punto más silencioso, durante una secuencia nocturna.

—Esto no puede terminar bien.
—Estoy de acuerdo —comentó Krau—, además, ella está perdiendo la única oportunidad que tiene de ser feliz, es una cobarde.

Mónica le dedicó una mirada divertida.

—Miren quien se metió en el argumento de una película romántica: el señor no tengo sentimientos.

Todos rieron ante el comentario, pero Krau no se inmutó.

—Ya estoy aquí ¿Qué más me queda? Los maestros no nos van a dejar tranquilos mientras no veamos la cantidad de películas y escuchemos la cantidad de música diagnosticada según la recomendación de la gente de la torre amarilla, algunos ya hicieron maratón, y no me quiero quedar hasta el final como el único.
—Entonces di cuál es tu sentimiento al respecto.
—Lo que dije —hizo una pausa para comer un puñado de palomitas de maíz tostado—, es una cobarde.
—Pero es una mujer con hijos —argumentó Bárbara—, no puede simplemente abandonarlos.
—Eso es una tontería, ya son grandes, pueden asumirlo y seguir adelante.

Celia había estado comiendo de una gran fuente de papas rústicas, mirando con atención la conversación.

—En la época que plantea la película no es así. Obviamente es antigua, y se ve que está ambientada en una sociedad en que las mujeres vivían subyugadas a las obligaciones de una "mujer de bien" —se dio cuenta que todos la estaban mirando, y se sentó en una mejor posición para seguir hablando—; una mujer crecía, se casaba, tenía hijos, los criaba, atendía la casa y al marido y envejecía feliz de ver a los nietos, es todo.
— ¿Y cómo sabes eso? —preguntó Alej, con curiosidad.
—En casa veían muchas de estas películas antiguas cuando yo era una niña, y tía Mara nos contaba cómo era la vida, porque ella estudió sociología de las eras, así que sabía esas cosas.

Mónica encontró muy divertido el concepto.

— ¿Entonces una mujer era algo así como la sirvienta y accesorio del hombre?
—Más o menos, era socialmente aceptable.
—Con razón había guerras —comentó irónicamente—, con esa mentalidad tan limitada.
— ¿Qué habrías hecho tú?

La chica alcanzó un vaso de refresco mientras contestaba.

—En primer lugar, no me habría casado, así que nada de eso pasaría; pero si hubiera sido tan estúpida como para llegar hasta ese punto, me voy con el fotógrafo, o me voy sola ¿ves que tiene como cincuenta años y dos hijos que tienen aproximadamente mi edad?
—No eres tan joven, Mónica.
—Cállate Krau —continuó, haciendo como si él no estuviera mirándola con expresión burlona—; ella, es obvio que ya perdió su juventud, no va a perder la adultez, además es evidente que el marido no la valora.

Alej estaba devorando un sándwich de verdura y salsa roja, el que interrumpió para comentar algo que se le estaba ocurriendo en ese preciso momento.

— ¿Cómo creen que se verían estos dos como pareja?

El comentario sacó a todos del tema que estaban hablando; los aludidos no se mostraron escandalizados, sino ligeramente divertidos.

— ¿Krau y Mónica? —preguntó Karlo, sin disimular su escepticismo.
—Sí, ellos; se han hecho muy amigos por lo que se ve, y los dos son personas muy fuertes, tienen ese enfoque corporativo, casi los veo juntos dirigiendo una gran corporación.

Desde luego, las miradas se desplazaron hacia los indicados; por contra de lo que habría podido suponerse, ninguno se mostró preocupado o molesto, pero tampoco se lo tomaron en serio.

—Parece que te estás convirtiendo en guionista de películas románticas — comentó Krau, sonriendo —, pero te falló el cálculo.
—Totalmente —dijo Mónica, a su vez—. Aprecio tu esfuerzo, pero no necesito ni quiero una relación, y si la quisiera, no sería con Krau.
—Estamos de acuerdo en cada palabra.

En ningún momento se miraron, pero ambos sabían lo que estaban pensando en ese momento, de un modo que seguramente ninguno podría comprender; los dos sabían que eran demasiado parecidos como para establecer un vínculo sentimental, y que al mismo tiempo esa ausencia de tensión permitía que conectaran en otro nivel. Alej frunció los labios, frustrado por la broma fallida.

—Qué aburridos se ponen a veces.
—Lo siento pero apuntaste mal tus dardos. Y tú —la chica señaló a Krau—, no evadas el tema, te preguntaron qué sentías por esa relación.
—Otra vez con lo mismo, ella es una cobarde. Depende de los dos hombres para decidir lo que va a hacer con su vida. Escuchen, tenemos sólo una oportunidad en la vida, lo que sea que hagamos, tiene que ser por nuestras decisiones, después ya no hay tiempo para arrepentirse.
— ¿Pero qué pasa entonces cuando lo que te sucede es por alguien más?

Alej volvió a captar la atención de todos, pero en esta ocasión, no por la pregunta, sino por el tono con que fue dicha; parecía vulnerable, distinto a como era de común.

— ¿A qué te refieres?
— ¿Qué pasaría si quedas en una situación que no es tu culpa, algo que es culpa de alguien más, pero quedas en medio y luego ya no puedes escapar ¿Cómo vas a tomar tus propias decisiones?
—Tienes que decidir entonces qué es lo que vas a hacer a partir de ahí —replicó Krau—. No importa lo que pase, aunque estés en el infierno, tienes que pararte y decir "Estas son mis opciones, voy a tomar una decisión". La tomas, y ya está. ¿Por qué tienes esa cara?
— ¿Cuál cara?
—Como si te pasara algo.
—No sé qué cara —Alej se encogió de hombros—, sólo estaba tratando de enganchar con la película.



2


Residencia de estudiantes.

Serene estaba en la zona de descanso, hablando animadamente con Ferrán, mientras disfrutaban de una copa de helado.

— ¿Entonces siempre eres así?
— ¿Así cómo?
—Ya sabes —replicó la rubia con una mueca de falso disgusto—. Todo eso de estar coqueteando con todas, siempre tan gentil, es como si no discriminaras nada.
—Es algo natural —repuso él con una sonrisa—, simplemente no lo puedo evitar, las chicas hacen que me convierta en un sirviente. Mírame ahora, iba a tomar un poco de lectura ligera, y terminé aquí tomando un helado contigo.
—Pobre de ti —comentó ella con una risita—. ¿Sabes? Estas cosas son las que hacer que la vida valga la pena, poder disfrutar de cosas sencillas pero gratificantes, como una buena conversación con alguien interesante.
—Gracias por el cumplido. Pero —adoptó una expresión algo más seria— ¿Usaste el permiso paro comunicarte con tu familia?

La jornada anterior, los maestros avisaron de un permiso para comunicarse, el que podía ser usado por quien lo solicitase, simplemente dando aviso a un maestro o en la torre amarilla; esta excepción se hizo en vista de los acontecimientos anteriores, pero también porque algunos estudiantes lo habían solicitado antes.

—No, no lo hice.
—Creí que lo harías.
—La verdad —replicó Serene—, si me hubieras preguntado el jueves, te habría dicho que lo haría sin dudar, pero después lo pensé con más calma, y entendí que no era lo correcto.

Ferrán se inclinó hacia ella en el asiento, mirándola con atención.

— ¿Por qué no sería correcto?
— ¿Conociste bien a Oskar?
— No en realidad —respondió él, algo sorprendido por la pregunta—; hablamos algunas veces por supuesto, estábamos en las mismas clases; como compañero de estudio, puedo decir que era excelente, y un hombre muy sencillo, no alardeaba de conocimientos, aunque era muy capaz. Nuestra procedencia era distinta, yo soy completamente citadino, conozco el agua por las piscinas de competición y algunas vacaciones, él era de One-garui ¿Ves la diferencia? Podría haber estado horas citando ejemplos o dicho "Lo siento, yo tengo el mar a mis pies" pero en realidad sólo hablaba de ello si era necesario, y pasaba que era muy gratificante escucharlo, su charla era siempre algo más. Pero fuera del aula, fue poco el contacto, creo que es más por culpa mía en realidad.
—Ya veo —dijo ella, con tono algo ausente—, pues yo no recuerdo haber hablado con él, es decir más allá de un saludo desde luego, era gentil, muy gentil. El punto es que, sin conocerlo, estuve muy enfadada con él los primeros días, sentí que lo que ocurrió amenazaba lo que estoy haciendo aquí; iba a llamar a papá y decirle que me iba a casa, que no quería nada más con esto, pero después pensé, y dije que nada de eso estaba bien. Primero, Oskar tuvo la peor suerte ¿Quién soy yo para culparlo? Además, si le cuento a papá lo que pasó, se volverá loco y querrá sacarme de aquí ¿Te imaginas el escándalo?
—Pero él estaría en su derecho de sentirse preocupado por ti.
—Pero a mí no me pasa nada —dijo ella mientras hacía un gesto amplio con las manos—; todo está bien conmigo, y la academia no es responsable de lo que le pasó a él. No vi el informe, pero Edsel lo vio, y me dijo que fue un accidente, que Oskar estaba manipulando inapropiadamente la energía. ¿Qué podrían hacer ellos, o cualquiera? Es como si yo decidiera caminar por el borde de la terraza de la residencia: si caigo, será mi responsabilidad; pero al pensar en eso, me di cuenta de algo muy importante.
— ¿De qué?
—Tengo que sacar lo mejor de esta situación, y no ensuciarme de ella; Oskar ya no está, pues bien, ese es su destino, pero no el mío. Yo seré la mejor, ese es el camino que está trazado para mí y lo voy a seguir.



3


Torre violeta. Laboratorio de experimentación.

Gabriela entró en el laboratorio, en donde una serie de científicos estaban desarrollando trabajos de forma simultánea; Barid, el encargado en ese momento se acercó a ella, saludándola.

—Buenas tardes Gabriela. Muchas gracias por venir.

Ella asintió, entrando; además de las ocupaciones lógicas que tenían como maestros, los seis estaban involucrados en los proyectos del departamento científico de la academia, aportando datos o experiencias, ya sea por la experiencia de usuario de las piedras, o como conocedores de la materia en profundidad.

—Buenas tardes; quiero saber cómo han avanzado los experimentos que están realizando.
—Es muy amable de tu parte preguntarlo —replicó el hombre, invitándola a pasar—; de hecho, estamos realizando un experimento que te podría resultar interesante, y desde luego, tu opinión sería muy bienvenida.

Entraron en uno de los cubículos de paredes traslúcidas, que permitían la realización de experimentos de distinto tipo, en un ambiente aislado y al mismo tiempo, a un paso de cualquier elemento necesario para el trabajo.

— ¿Qué están haciendo en este puesto?
—Estamos probando irradiación dual en piedras que pertenecen al margen de descartadas de la cosecha de piedras.

La maestra asintió mientras contemplaba el dispositivo que realizaba el procedimiento indicado, al interior de una cápsula apropiadamente sellada. La cosecha de piedras se realizaba cada dos años, pero el proceso que permitía obtener piedras que llevaran a la realidad su propósito era mucho más largo; en cada cosecha, se descartaba cierto número de elementos que no superaba las pruebas, y por lo tanto no eran aptas. El problema que presentaban estas unidades es que en ellas el principio de incertidumbre aplicado era mayor al permitido, por lo que eran incapaces de catalizar la energía del ambiente, o en el caso de hacerlo, no podían sintetizar adecuadamente el material absorbido, lo que las convertía en elementos inestables y peligrosos. La piedra con la que se estaba trabajando era Ortoclasa, una variedad escasamente vista en la academia, ya que su escala de dureza aumentaba la dificultad para tener éxito.

— ¿En qué consiste exactamente lo que están realizando?
—Como sabes —comentó el profesional—, la irradiación de piedras es un proceso antiguo que utilizaba rayos X, o algún tipo de luz, para provocar un cambio en la apariencia de ciertos elementos o dotarlos de alguna capacidad; en este caso, recreamos el sistema para darle a la piedra un factor de estabilidad y al mismo tiempo asignar una cualidad que permanezca en el tiempo.

Crear una piedra con una habilidad inherente, sin que necesite el enlace con un ser humano para funcionar; según lo que Gabriela sabía, en el pasado ya se había intentado, pero sin los resultados esperados.

— ¿Cuáles son los resultados preliminares?
—Hay un factor que dominamos, y otro que no —replicó el hombre con una media sonrisa—, paradójicamente, eso es lo que sucede. El objetivo de la irradiación dual no se cumple, y como consecuencia, bien podemos tener una piedra estable que no almacena energía, bien tenemos una que adquiere una capacidad, pero es inestable y no puede utilizarse.

Ese era uno de los principios básicos que se había atacado cuando, años en el pasado, se consiguió llevar a cabo exitosamente el primer proceso de cosecha de piedras; según los registros históricos de Sten mor, la primera piedra fue exitosamente cosechada gracias a la irradiación directa de un mineral poseedor de una radiactividad única en el mundo, el cobalto níveo, a través de un acelerador lineal, y a partir de ahí, el proceso se refinó y replicó a lo largo del tiempo, convirtiéndolo en una constante en la organización. Lo que hacía tan especial y valioso al mineral que permitió comenzar todo, era que otorgaba tanto estabilidad como cualidades, manipulando el principio de incertidumbre aplicada en la piedra, por lo que se obtenía un objeto ajustado a necesidades, que era seguro por no transmitir radiación nociva, y que catalizaba la energía del medio, al punto de crear materia o condiciones, ya sea por sustitución o por creación espontánea. Fuera de los límites de la organización, la irradiación de piedras era ampliamente dominada con fines medicinales y el uso del cobalto níveo existía para algunos usos, pero nadie había conseguido el nivel de efectividad que ellos.

— ¿Programaron el irradiador en la misma velocidad que en el proceso inicial?
—Bajamos un 1 la tensión indicada, estamos utilizando una carga doble, desde luego, con lapsos de cuarenta minutos.
—Y decías que sólo consiguen uno de los dos objetivos.
—Así es.

La maestra quedó mirando en silencio la cápsula en donde se realizaba el proyecto, y a la piedra que brillaba tenue entre los proyectores de la radiación de la que hablaba el científico; había sido comprobado que una piedra podía ser irradiada con el cobalto níveo una sola vez, lo que obligaba a realizar este proceso con otros medios.

—En el caso de lograr un resultado apropiado, es probable que la carga solo sea temporal ¿No es así?
—Es correcto.

Lo que pretendían era disponer de cargas breves que pudieran ser usadas como armas en un futuro cercano por personas que no tuvieran un enlace de piedra, como efectivos de la Fuerza de seguridad; decidió ignorar verbalmente el tema, aunque mantenerlo muy presente en su mente. De momento, era irrelevante que se estuviera haciendo algo como eso, pero a futuro resultaba de una importancia inestimable.

—Yo sugeriría —dijo al cabo de un instante—, aumentar la presión e incluir un factor hidrotermal.
—Pero eso podría cambiar la morfología externa de la piedra que se esté utilizando.
—Es cierto —admitió ella—, pero es probable que una piedra con inclusiones de otra pueda equilibrar lo que está sucediendo en el experimento.

Si bien los encargados del laboratorio eran los entendidos en la materia, los maestros de piedras dominaban los detalles finos de aquellas con mucha más precisión, y además estaba en contacto con ellas directamente todo el tiempo, lo que significaba que tenían otro tipo de conocimiento, uno que estaba formado por la experimentación infinita.

— ¿Sugieres alguna inclusión específica al momento de poner en marcha el Factor hidrotermal?
—En principio, es necesario que defina cuál es el principio de incertidumbre que es más fácil perder, y desde ese punto considerar la piedra más apropiada para la inclusión; si me preguntas, mi opinión es emparejar escalas de Mohs distintas, y buscar un punto medio para las características fuertes de ambas, siendo estas distintas pero complementarias.

Mientras hablaba, el hombre había estado ingresando una serie de datos en el panel adyacente.

—Es una propuesta atrevida, pero es una ruta que no hemos probado; sin embargo, nos tomaría algo más de tiempo llevarla a cabo.

Gabriela estaba dándole la espalda en ese instante, por lo que fue muy sencillo usar un tono descuidado sin preocuparse por la expresión en su rostro.

—Pienso que será apreciada una demora a cambio de una mejor proyección de resultados.
—Es probable —reflexionó el hombre—. En cualquier caso, desde el Alto mando no impusieron una fecha específica para este experimento, sólo indicaron dar prioridad.
—Entonces creo que estará bien —comentó con voz neutra—. Cuando tengas una proyección preliminar, indica que me avisen.
—Desde luego, muchas gracias por tu ayuda.

Gabriela salió del laboratorio tras una breve despedida. Así que el Alto mando había dado un pequeño paso adelante, sin avisarle a los maestros más íntimamente relacionados con el asunto. Seguramente la muerte de Oskar, y la imposibilidad legal de realizar una vigilancia férrea en las actividades al interior de la academia despertó el interés por conseguir alternativas viables para poner en funcionamiento; lo importante no era el qué, sino el cómo, y que los maestros de piedra, siempre en el nivel más alto de importancia, fueran dejados de lado, era una señal poco satisfactoria. Ella tenía algo entre manos, pero ¿Debería sentirse amenazada por una clase nuevo de orden?



4


Sala de medios de Torre blanca.

Los créditos comenzaban a pasos por la pantalla holo, mientras todavía la música final sonaba, extendiendo la secuencia que ya no podía verse. Darius estaba terminando un plato de nachos rojos mientras a su lado, Aziare bebía una infusión de té amarillo.

—Te noto muy inmersa en la película —dijo él, como al pasar—. Te dije que te iba a gustar.
—Admito que estoy sorprendida —replicó ella—, pensé que sería una cinta más ligera.
—Siempre me subestimas.
—No por ti, es por el título; por favor, se llama Cinco días azules ¿qué esperabas?

Darius soltó una carcajada al escucharla.

—Está bien, te concedo eso.
—De todos modos —Aziare se reclinó más en el asiento—, es curioso lo que plantea la película: disponer de tan poco tiempo para hacer algo tan complejo como encontrar a alguien que amaste hace muchos años.
—Al final, si lo piensas, lo que hace el sujeto en la película no es encontrar a la chica, sino buscar a la persona que él fue en el pasado. Es bonito.
—A mí me parece que es imposible.

De pronto, la mujer había tomado una actitud más seria, y miraba muy fijo a la pantalla, ahora terminada la película, luciendo como una débil transparencia flotando a cierta distancia de la pared.

— ¿Por qué lo dices?
—Piénsalo Darius ¿Volver al pasado?
— ¿Por qué no?
—Porque tú nunca vuelves a ser la misma persona que antes; lo que viviste, lo que hiciste, incluso lo que te hicieron, te cambió como persona, y ya nunca podrás regresar a ser como antes, porque lo que ves de ti no es una imagen real, es una desviación que tu mente hace, construyendo una forma menos imperfecta que te haga sentir mejor respecto a ti mismo.
— ¿No crees que estás yendo un poco lejos?
—Esa es la verdad —ella estaba hablando con mucha pasión, de un modo que sorprendió a Darius—. Cuando miras al pasado, lo que estás viendo es una mentira.

Se hizo un silencio incómodo entre ambos, en el que Darius quedó mirándola, totalmente asombrado de la intensidad con que ella habló. Un segundo después, la maestra volteó hacia él, con una expresión entre divertida y condescendiente.

— ¿Qué? ¿Eres el único que puede hacer bromas aquí?

Durante un momento, él pareció no reaccionar, pero al final dejó el plato a un lado y dio un par de aplausos, sonriendo.

—Genial, eres absolutamente genial, mi amada Aziare. Por años me convences de ser tan fría y meticulosa, y cuando estoy con la guardia baja, me das un golpe.
—No es para tanto, no exageres. Hablando en serio —comentó, con más calma—, esta terapia de acompañamiento multimedia ha sido bastante útil para todos, sobre todo para los estudiantes. Ha pasado una semana y las cosas están restaurándose de a poco.
—Es cierto —replicó él—. Al final, es necesario que todo vuelva a la normalidad, es parte de la vida y lo que tenemos que hacer.
—Es increíble cómo pasa el tiempo, más de una semana —suspiró —. La vida no da tregua.

Próximo capítulo: Experiencias personales. Conexiones








Academia de piedra Capítulo 27: Regreso a la normalidad



Torre amarilla. Viernes 02 julio.

—Buenos días Maud.
—Buenos días Julio.

Once treinta y dos, y la clase de lenguaje había terminado, por lo que el camino indicaba que debía dirigirse a la Torre celeste para la clase de Diseño, en donde se realizaría una comparativa de pre proyectos sobre la proyección indicada por Anastasia, relacionada con la construcción de una historia ficticia en torno a un acontecimiento histórico real de la historia del país. La ucronía en cuestión tenía que ser consistente con determinados requerimientos, los que hacían que se tratara de algo mucho más complejo de llevar a cabo.

—Hola Maud.
—Esteban, qué sorpresa verte aquí.

Él lucía un poco agitado, pero en ningún caso cansado.

—Vine corriendo porque tengo que tomar unos datos —replicó mientras cruzaban el pasillo en direcciones opuestas—, descubrí que tergo una ligera discalculia, me van a ayudar con eso. Y me voy corriendo a Trabajo en grupo.
—Seguro que va a ser una clase muy entretenida.
—Eso es seguro.

La clase de la que él hablaba era una de las pocas de especialidad en donde coincidían estudiantes de dos carreras diferentes, siendo ella de Artes múltiples y él de Artes físicas, aunque no la desarrollaban en el mismo momento; la clase de Trabajo en equipo, donde seguramente tendría lugar alguna dinámica especial, era impartida por Variff, quien tenía la costumbre de dividir su tiempo entre una dinámica sorpresa y teoría, y la primera de las dos podía ir desde cantar hasta hacer crucigramas, de forma que era fundamental mantenerse siempre alerta. Tomó el ascensor y llegó en un instante al primer piso, saliendo a una mañana despejada, luminosa y carente de viento: en las calles abiertas de la academia reinaba un agradable silencio interrumpido solo por algunos murmullos lejanos.

—Oskar...

Sintió un nudo en la boca del estómago al murmurar su nombre; parecía realmente imposible que él no estuviera allí, que algunas horas después de esa atroz mañana, ella estuviera ahí, en un sitio donde él yo no estaría más. ¿Sería posible que, de pronto, volteara sorprendida cuando él, a no mucha distancia, la saludara mencionando su nombre? Se trataría de una pesadilla, una fantasía perversa creada por su mente mientras dormía, un juego cruel pero sin consecuencias, formado en torno al cuerpo y nombre de un hombre que se estaba convirtiendo poco a poco en alguien especial para ella, por causa de trozos de recuerdos y experiencias con los que en su momento no supo, no pudo o no quiso lidiar, dando sustancia a una imagen tridimensional, palpable y audible, con la misma intensidad que la realidad misma; durante unos momentos, tuvo la atroz idea de quedarse ahí, de pie en la mitad de la nada, simplemente esperando, sintiendo que si lo hacía, si tal vez se quedaba muy quieta y sin respirar, quizás el conjuro que había hecho caer la tristeza quedaría sin valor, rompiendo esa falsa realidad en pedazos, sólo con escuchar un timbre de voz que le era familiar. Pero ese instante de desesperación pura pasó, y la razón encontró el sitio que había perdido, diciendo que las cosas ya eran de cierto modo, que bien o mal, el mundo seguía girando, y ningún poder sería capaz de revertir los hechos que estaban constatados; que ni todo el silencio de la eternidad haría posible escuchar nuevamente esa voz ahí, o en cualquier otro sitio.



2


Mauren había entrado en la sala donde, dentro de pocos minutos, comenzaría Dirección corporativa, una de sus asignaturas preferidas en la academia; desde antes de entrar en Sten mor, ella conocía lo que era dirigir una empresa, ya que se hizo cargo del negocio de la familia. Pero Dirección corporativa era exactamente lo que quería, el enfoque necesario para llegar hasta lo más alto: se trataba de coordinar todas las acciones dependientes en una empresa multipropósito, gestionando los recursos, asignando tareas y generando sinergias apropiadas para que los departamentos puedan desarrollar sus funciones de la manera apropiada, incluyendo a aquellos que no tienen relación entre ellos. Para poder dirigir correctamente, era necesario manejar información concreta tanto de cada uno de los departamentos, como de la integración de la marca; una vez que saliera de la academia, podría dirigir una gran empresa, trasladarse a Pristo y comenzar una carrera fuerte en el mundo de los negocios, donde estaba su esencia, su centro.
Recordó lo que había pasado el día anterior, y eso hizo que saliera de su centro por un momento. Apenas cruzó algunas palabras con Oskar en los meses que estuvo estudiando en el mismo sitio que ella, así que no tenía una idea clara de él; en realidad, no tenía ninguna idea; era como si en todo ese tiempo, un gran número de estudiantes no fueran más que parte del paisaje, quedando atrás de los objetivos que eran primordiales para ella.

—Buenos días Mauren.
—Buenos días Joaquín.

Joaquín era el maestro de especialidad perfecto para su punto de vista; tenía poco menos de cincuenta, era elegante, esbelto, y siempre iba vestido con camisa y pantalón formal, muy a la moda. Usaba el cabello con un corte bastante tradicional y lo peinaba hacia atrás, dejado el rostro despejado, atento y sólo un poco severo; hablaba rápido y estaba siempre pendiente de todos los detalles ambientales en clase, los que usaba como auxiliares para referencias o ejemplos prácticos.

— ¿Te importa si te hago una pregunta?
—En absoluto, te escucho.
— ¿Cuándo había muerto antes alguien en esta academia?

Rápido de reacción, el hombre apenas tuvo un fugaz pestañeo, y en contra de lo que quizás habría dicho alguien más, tomó la decisión inmediata de ir directo al punto.

—Uno de nosotros, Arki, Murió hace dos años.
— ¿Cómo sucedió?

El hombre se había sentado ante su escritorio, y la miró con detención, aunque sin dejar de hablar.

—Edad. Tenía 123, era lógico que sucediera, lo único que hizo alguna diferencia es que él no quiso retirarse: habló con el alto mando, y les dijo que quería estar aquí hasta el final.
— ¿Durante cuánto tiempo fue maestro aquí?
— ¿Cuánto? —esbozó una sonrisa—, no lo recuerdo con exactitud, cuarenta y cinco, cincuenta años, durante mucho tiempo existía la idea de que la academia la fundaron en torno a él, y que cuando ya no estuviera, todos nos quedaríamos sin trabajo.

Darius, en uno de sus incontables momentos de divagación, había hablado de dos maestros ancianos, Arki y Aben, a quienes llamaba reliquias, con un tono sorprendentemente amistoso para alguien que constantemente se toma todo muy a la ligera. Dijo, más concretamente, que Aben había sido maestro suyo y de Omar, aunque sin entregar mayores detalles.

—Pero eso no pasó.
—Claro que no.
— ¿Y cuál fue la reacción de todos, cómo sucedió?
—Fue algo muy tranquilo. Era una mañana de mayo, dijo que no se sentía bien y que iría a su cuarto, así que Jael lo acompañó, ella lo admiraba mucho; poco después ella dio un aviso, y fue un equipo médico a hacerse cargo de todo. Estaba muy tranquilo, grabó un saludo para maestros y estudiantes, y luego simplemente se durmió. Se hizo una ceremonia en su honor, por supuesto.

Lo que él relataba se parecía más a la idea que ella tenía de una muerte, algo que no tenía relación ninguna con lo sucedido la jornada anterior. Poco antes del mediodía, con la jornada de clases suspendida por los eventos ocurridos, todos fueron avisados de que los procedimientos estaban terminados, y que Priscilla tenía permitidas visitas breves: Itiel, Naro, Sebastián, Esteban, Luz, Lena, León, Amber, Lucio, Serene e Isabelle fueron en esa dirección, algo esperable en casi todos los casos, excepto en el de la rubia, quien aparentemente sólo iba para cumplir con una especie de protocolo.

— ¿Te sientes afectada por lo que le pasó a Oskar?
—No directamente —replicó ella, frunciendo el ceño—. Casi no lo conocí, es imposible que sienta algo fuerte ¿Entiendes a lo que me refiero?
—Lo entiendo.
—Pero claro que hay algo que me afecta en todo esto, no puedo mentir. Es increíble que haya sucedido, es algo que no se me habría ocurrido jamás; es tan violento que ocurra algo así. No quiero parecer sentimental, es sólo que aunque él no era mi amigo, no puedo sacarme de la cabeza todo lo que pasó; ayer me dije una y otra vez que era normal, que después del día en que pasó, con el nerviosismo y la confusión, luego que Priscilla lo descubriera y todo lo que pasó después, incluso cuando llegó la familia a buscar su cuerpo, el primer día tras su muerte era lógico estar pensando en eso todo el tiempo, pero ahora es como si siguiera siendo el mismo momento.

El maestro hizo una pausa antes de replicar a sus palabras; resultaba evidente que no estaba cómodo con esa parte de la conversación, pero no iba a dejar de enfrentarla.

—Lo que te está pasando es algo normal; cuando ocurre algo que no está dentro de lo que conocemos, si se trata de un hecho triste o violento, esa situación ocupa nuestra mente con mucha más fuerza que cualquier otra cosa, porque la existencia de aquello que cambia el paradigma es una amenaza para la estabilidad de tu propio esquema de vida. Como ejemplo, si te haces un corte en un dedo de la mano con que eres diestra, tu percepción de ese dolor será mucho más grave que si no lo Fuera, porque ese corte pone en riesgo la tranquilidad que necesitas para utilizarla.
—Entonces no debería preocuparme por sentirme así.
—Yo diría que te lo tomes con calma, pero sin dejar de prestar atención a cómo va evolucionando lo que sientes al respecto, eres una chica fuerte, sabrás enfrentarlo bien.

No era exactamente un elogio, pero ella lo recibió muy bien.


3


Residencia.

—Permiso.

lrene entró en el cuarto de Priscilla, quien en esos momentos permanecía recostada en su cama; lucía cansada y ojerosa, pero esbozó una sonrisa al verla.

—Hola.
—No es necesario que vengas entre clases, vas a estar muy presionada yendo de un sitio a otro.
—Pero quiero hacerlo —replicó lrene, entrando—, quiero acompañarte en lo que puedo, y también verificar que estás comiendo.

La bandeja portátil del desayuno estaba en el soporte apropiado, a un costado de la cama, y aunque la chica no había comido todo, se esforzó en hacerlo.

—Estaba muy bueno, gracias.
—Por nada.
—No tiene nada que ver con eso —argumentó Priscilla, en voz baja—; es sólo que no me siento muy apetente; el té de hierbas que me preparaste tenía un sabor muy especial.
—Es una receta que aprendí hace tiempo; en teoría no debería estar aplicando recetas naturales cuando no tienen un respaldo científico, pero en el fondo hay un sentido en esa combinación.
—No sé si hará efecto —replicó Priscilla—, pero te lo agradezco, al menos el té lo tomé todo.
—Lo importante es que lo estás intentando.

Se miraron por un momento, sin hablar; Priscilla había sido trasladada a su cuarto desde la enfermería, para que siguiera con el reposo asignado, el que fue extendido luego de ciertos acontecimientos: Irene recordó con intensidad cómo, alrededor del mediodía del miércoles, se les informó que pronto llegaría la familia de Oskar para llevárselo. Priscilla en ese momento seguía en la unidad adecuada en enfermería, ya pudiendo recibir unas breves visitas; pero aunque estaba débil y alterada por todo lo que había pasado, al enterarse de la pronta llegada de la familia, y la consecuente partida definitiva de él, dijo que tenía que estar presente. En la enfermería se negaron de forma tajante, pero al ver su insistencia, y notar el nivel de estrés que le causaba la negativa, aceptaron la solicitud, enviándola acompañada. A pasos de la edificación que separaba a la academia de la zona primaria, los estudiantes junto a maestros esperaron a una distancia establecida y en completo silencio, a que un vehículo fúnebre se estacionara, mientras la familia llegaba por una puerta lateral, todos de luto riguroso; si ya había sido tremendo todo lo que sucedió antes, ver en la familia a tres niños pequeños resultó intolerable, y fue quizás eso lo que aumentó en Priscilla su descompensación, y produjo en Irene un cambio fundamental en su percepción de la historia que estaba sucediendo: probablemente, a partir de ese momento, comprendió de forma definitiva que Oskar estaba muerto, porque ninguna ilusión en el mundo podía recrear la confusión en el rostro de los dos niños más pequeños, y el terrible temor en el de la mayor de ellos, que no pasaba de los diez años. Y, como si la crueldad del destino no fuera suficiente, la niña tenía mucho de Oskar, desde el cabello cobrizo hasta los rasgos alargados y ese aire un poco desmejorado, que era en realidad por la posición de los párpados. En un impulso, corrió hacia el vehículo que estaba estacionado todavía, y habló con una voz traspasada por la emoción.

—Oskar.

Su madre trató de sujetarla, pero aunque lo logró por un momento, la niña terminó por soltarse, corriendo hacia el vehículo, mirando a la parte trasera en donde, oculto por paredes, reposaba el cuerpo sin vida de alguien a quien amaba.

— ¡Oskar!

Su voz demostró fuerza y dolor a partes iguales, y un toque de desesperación pura, que una niña de su edad jamás debería conocer; Lena cerró los ojos, conteniendo un sollozo por la terrible escena que estaba presenciando, en una jornada luminosa y fresca que de ninguna manera reflejaba lo que estaba ocurriendo.

—Sal de ahí ahora —exclamó, con voz temblorosa—. Te hicimos un video ¿recuerdas el que te grabamos antes que salieras para la academia? Hicimos otro, tienes que verlo.

Maud ocultó el rostro entre las manos, incapaz de seguir viendo; al mismo tiempo, Priscilla miraba con los ojos muy abiertos, casi sin respirar, y experimentado un ligero temblor en el cuerpo, algo de lo que no era consciente.

—Lo grabamos para ti. Ensayamos mucho y grabamos, hicimos esa escena de la película de navidad que tanto te gustaba; Ben aprendió a decir la palabra academia, lo dice en el video.

La madre, con los ojos inundados en lágrimas, se acercó dificultosamente a la niña, pero no pudo detener sus palabras, viéndose sin fuerzas para hacerlo.

—Sal de ahí Oskar —su voz se volvió más aguda, conforme luchaba con el dolor que la embargaba—. Tienes que ver el video, hicimos la lista de los regalos igual que en la película, no importa si no puedes comprarlos, no quiero nada, no quiero nunca más un regalo, sólo ven a ver el video, lo hicimos para ti ¡Oskar!

Repitió el nombre de su hermano ente llantos, mientras su madre la llevaba de vuelta con el resto de la familia, que salió como un núcleo sollozante mientras el transporte se preparaba para salir. Priscilla experimentó una recaída en su estado, lo que motivó una extensión en su reposo hasta dos días.

— ¿Cómo van las clases?
—Estamos retomando, poco a poco —replicó, sentándose a su lado—. Estoy tomando unas notas en clase, luego las pasaré a tu tableta de datos.
—Muchas gracias por eso. Como —hizo una breve pausa, para aclararse la garganta— ¿Cómo estuvo la clase de piedra hoy?

El día anterior, los maestros de piedra usaron su tiempo para inducir a la relajación de los estudiantes, empleando técnicos de respiración y movimiento pensadas para ayudarlos a superar el estrés por el que estaban pasando; en el momento, todo se sentía bien, pero luego de pasada la clase, el nerviosismo o la tristeza no se tardaban en volver.

—Hoy volvimos a las prácticas con las piedras.
— ¿Omar siguió con el torneo de habilidades?
—No, eso está suspendido —replicó Irene—, de momento no creo que se haga nada de eso, pero es bueno ir volviendo poco a poco a las clases, creo.

Priscilla hizo una pausa muy breve antes de hablar.

—Quiero que sepas que un poco más tarde iré a la enfermería.
— ¿Por qué —lrene frunció el ceño, alarmada—, te sientes mal?
—No, voy a ir porque necesito que me vean en movimiento; voy a pedir que levanten el reposo para integrarme a las clases hoy mismo.
—Pero tienes evaluación mañana a primera hora y el reposo es...

Priscilla la detuvo con un gesto; con dificultad, pero la determinación había vuelto a su rostro.

—Necesito hacerlo. No puedo seguir acostada, haciendo nada; no importa si me siento cansada, o lo que sea, tengo que hacerlo, o me voy a volver loca aquí. Les demostraré que puedo hacerlo.



4


Sala central de residencia de maestros.

Darius estaba terminando de cargar unos informes cuando Omar entró en el lugar; le dedicó un saludo que intentó ser amable, pero terminó siendo cansado. Omar había notado desde primera hora de la mañana que Darius no había tinturado su pelo como era una costumbre; nadie había hablado de eso, pero era evidente que tenía un significado.

—No cambiaste los colores de tu cabello.
—Sí, es que me quedé dormido.

Omar quedó mirando al otro maestro durante unos segundos; ahora parecía muy lejano el momento en que él fue un estudiante en la academia, y cómo pasó de resaltar por su singular aspecto a hacerlo por su gran capacidad de uso de la piedra que tenía en su poder. Ahora era más adulto, tenía mayores conocimientos y estaba haciéndose cargo de un grupo de estudiantes, pero en ciertos momentos, como ese, parecía aun un chico con más ganas que conocimiento del mundo.

— ¿Quieres hablar de eso?
— ¿Sobre qué?
—Darius, te conozco —dijo poniendo una meno en su hombro—, estoy aquí por si me necesitas.
—Gracias por eso, eres un buen amigo —replicó con una sonrisa—, es más que eso, eres como un hermano para mí.
—No es para tanto.
—Yo pienso que sí. Pero, como sea, estoy bien, esto se tiene que pasar en algún momento; tengo una sensación amarga, es como si ese accidente fuera una bofetada para todas nuestras intenciones. Pero te prometo que voy a estar bien; mejor dime cómo estás tú.

Ambos se sentaron a un costado de donde Darius había estado ingresando la información.

—No puedo decir que es fácil, pero estoy tratando de tomarlo de una forma calmada, mientras lo asumo. Tengo que reconocer que hay una espina, lo que le pasó a Oskar, me siento responsable.

Darius lo miró, muy serio.

—Esto no es tu culpa. No podías saber que estaba sucediendo, es imposible rastrear la energía residual cuando alguien la usa, a menos que estés cerca dentro de muy poco tiempo.
—No lo decía por eso; es porque sucedió. Oskar no era mi estudiante, no fui yo quien lo entrenó desde el principio; pero me mantuve alerta de sus avances, yo hice que comenzara a entrenar con Itiel porque sus habilidades tenían cierta similitud. Se supone que yo debería haber advertido que algo andaba mal, que él tenía inquietudes o que quería explorar diferentes áreas.

Desde un principio, Darius había admirado la solidez con que Omar se había comportado ante la desgracia; llegó con equipo médico, procuró proteger la entrada del estadio de tiro, defendiendo al mismo tiempo la privacidad de Oskar en un momento extremadamente delicado, para evitar que fuera convertido en víctima por segunda vez, y evitando que más estudiantes pasaran por el trágico momento vivido por Priscilla. Fue él quien se mantuvo todo el tiempo atento a ayudar y supervisar a los estudiantes en la explanada y después, en la residencia. No había tenido tiempo de sentirse mal al respecto, y sabía mejor que él que debía conservar una apariencia correcta de cara a los estudiantes y el personal.

—Era algo que no podías saber; además, Oskar era un sujeto interesante, inteligente, creo que no vale la pena pensar en si tuvo o no la culpa. Tal vez simplemente cometió un error.

Omar ya había visto la representación creada por la fuerza de seguridad, y sabía que error no era la palabra indicada para lo que había sucedido; accidente, seguro, pero no un error. El objeto fue manipulado por energía residual y causó la muerte instantánea, lo que de cierto modo ayudó a dilucidar el misterio y saber qué era lo que había pasado: en forma común, aunque una persona usara energía residual en altas cantidades, después de algunos minutos no se podría comprobar, ya que esta se reconvertiría a su estado original, pero al suceder el accidente, la energía vital del afectado se mezcló con la residual, por lo que el proceso de reintegración de la energía residual al medio ambiente quedó ligado a la pérdida de las características que hacen que un ser vivo se considere en ese estado. El livor mortis no habría sido posible de comprobar con muy poco tiempo de desfase entre la muerte y que fuese encontrado, pero con una verificación de la temperatura corporal por parte del personal especializado, se comprobó que había ocurrido menos de una hora antes de ser descubierto por Priscilla, momento en el cual aún persistía en el ambiente parte de la insólita mezcla de energías, que fue detectada por el personal de la Fuerza de seguridad. Gracias al patrón de movimiento de la energía que persistía en el ambiente, fue posible crear un mapa estimado de movimiento, que era finalmente el único testigo de los últimos momentos de Oskar. Inexacto, impreciso, y trágico. Sin embargo, Darius tenía razón en algo, y es en que no valía la pena buscar culpas o responsabilidades; Oskar había pagado el precio más alto, y además ahora sería de público conocimiento que realizó una actividad que no estaba dentro de lo permitido ¿Para qué continuar lastimando su memoria?

—También puedo decir de ti que eres un gran amigo —replicó al fin—, y uno que da buenos consejos, además. Vamos, hay mucho que planificar y hacer, para que los chicos no pierdan el avance que están logrando hasta ahora.

Próximo capítulo: Una tarde de películas y reflexiones


Pacto de siete Capítulo 04: Organización sin fallas. Silencio




Torre Celeste. Salas de estudio grupal. Jueves 01 de julio.

Mónica y Krau llegaron en primer lugar, seguidos de Úrsula, y Oiren tras unos segundos.

—Pensé que dijeron que Alej no se iba a retrasar.

Oiren estaba usando un tono de voz sumamente amable, que era casi dulce; Krau le dirigió una mirada dura, pero evitó la respuesta que tenía en la punta de la lengua.

—No te estreses, aún está dentro del plazo.
—Hora en punto ya puede considerarse como demasiado cerca de estar tarde.
—Tal vez tu reloj está adelantado.

En ese momento, Alej entró con una bandeja portátil con cinco vasos altos de café en una mano, y una bandeja de pastelillos en la otra.

—Bien, ya estoy aquí con el café.
—Alej, esto no es una reunión social.

El aludido ignoró el comentario de Oiren, y a propósito se tomó el tiempo de dejar las bandejas en la mesa, y quitar el sello de la de pastelillos antes de hablar.

—Déjame ver: somos un grupo de estudiantes aparentando que estudiamos, se parece bastante a una reunión social.
—No creo que nadie quiera café.
—Se lo van a tener que tomar de todos modos —replicó con desagrado—, porque tú, genio, no dijiste en ningún momento que tenías un plan para disimular la verdadera razón por la que estamos aquí.

Mónica le dedicó a Oiren una divertida mirada.

— ¿Vas a negarle eso?
—Es obvio que no —se adelantó Krau alargando un brazo hacia el café—, así que supongo que no nos queda alternativa.

Alej apartó su mano con un gesto.

— ¡Oye, están pedidos de forma independiente! —comenzó a acercar uno a cada uno mientras hablaba—. Úrsula, no tan fuerte y con sólo un toque de crema; Mónica, fuerte y con cuerpo; Krau, el tuyo, negro y con un fondo de cacao —y a Oiren—. Y el tuyo, amargo.

La sala en la que estaban era espaciosa, y en ese momento habían dispuesto un mesón circular al centro, con cinco sillas alrededor; Oiren disimuló una mueca de disgusto y dejó el café a un lado.

— ¿Alguien te vio venir hacia acá?
—No, de hecho el casino estaba vacío, yo mismo hice el café.

Úrsula reprimió una risa, pero sonrió abiertamente ante la respuesta.

—Por actitudes cono la tuya es que la organización de un proyecto corre peligro.
—Y por actitudes como la tuya —replicó Alej—, es que hay funerales a los que no va nadie.
—Basta, es suficiente —Krau elevó la voz por sobre los otros dos—; no vine aquí para discutir, así que les pido, de la manera menos amable, que se concentren. La hora de almuerzo no va a durar para siempre. Oiren, esto fue idea tuya, te escuchamos.

Mónica sonrió al ver cómo el chico fruncía los labios; pero era cierto, tenían poco tiempo para coordinar, y ya era bastante sospechoso que el día siguiente de la muerte de Oskar, se estuvieran reuniendo.

—Ayer les dije que teníamos que coordinar las acciones de todos.
—Ayer improvisamos y salió bien. Casi te creí tu preocupación por Serene.
—Y —siguió como si no lo escuchara—, es necesario que cada uno tenga una versión muy clara de lo que estaba haciendo cuando sucedió.
—Cuando murió.
—Hasta ahora, parece que la Fuerza de seguridad y los maestros llegaron a la conclusión más obvia: el jefe de seguridad se quedó hablando con los maestros de piedras cuando nos enviaron a la residencia, así que lógicamente les dijo que descartaran la posibilidad de intervención externa.
—Y supones que, ya que ha pasado más de un día, ellos confirmaron esa teoría ¿Qué es lo que quieres programar?
—Es necesario tener información coherente —replicó como si fuera obvio—, porque es posible que la Fuerza de seguridad venga a preguntarnos qué estábamos haciendo, o cuando fue la última ver que lo vimos.

Úrsula asintió en silencio mientras escuchaba; sobre la última vez en verlo, no había demasiada dificultad, sabía que fue en geografía continental a última hora de la jornada del martes, y que después de eso ella había ido a su cuarto, sin salir hasta el día siguiente.

—Entonces tengo una coartada bastante buena —observó Mónica—, el día anterior por la noche sentí algo de hambre y fui al casino, estuve hablando un minuto con Abigail.
—No me imagino de qué podrían hablar ella y tú —puntualizó Krau.
—Gel hidratante para los manos, me recomendó uno de hierbabuena.
—Eso tiene todo el sentido para mí —Krau revoleó los ojos—. Pero es algo muy concreto, yo estuve en una partida rápida de 'soul con Carlo.
—Estuvimos en clase junto a Silvia y Bárbara.
—Y yo —agregó Alej—, me crucé con él en el pasillo a últimas de la tarde, después de clases. ¿Y tú?

Oiren se quedó en silencio, dándose cuenta en ese momento de ser el único en el grupo que no tenía una coartada directa, o a alguien en quien sustentarse para afirmar en dónde había estado la jornada anterior. Se aclaró la garganta antes de responder.

—No lo vi ayer en la tarde.
—Qué triste.

Se puso de pie y enfrentó a Alej, pero en vez de hablar de forma amenazadora, lo hizo con un tono amable y bondadoso.

—Es muy importante que todos entiendan que este tipo de frases —lo apuntó, ejemplificando—, pueden ser perjudiciales; somos parte de la comunidad de esta academia, estamos tan tristes y sorprendidos como los demás, y tampoco nos explicamos cómo es que esto pudo pasar.
—Yo estoy auténticamente sorprendida —comentó Mónica tras un trago de café—, así que en esa parte puedes confiar en que todo se va a ajustar a la realidad. ¿Qué más?
—En el caso de una pregunta sobre lo que hicimos la mañana de ayer, si alguien dijera que nos vio en las cercanías del estadio de tiro, a primera hora de la mañana...
—Eso está descartado —lo cortó Krau—. Ayer por la tarde la Fuerza de seguridad devolvió a su personal a las instalaciones, si sospecharan que hay algo raro, o tuvieran que hacer alguna pregunta concreta, ya la habrían hecho, recuerda que la misma Kalrei Holtz estuvo hablando con nosotros y dijo que haría lo que fuera por asegurar que esto era un hecho aislado. ¿Alguna otra idea?

Oiren no pudo mantener la tranquilidad que había demostrado hasta entonces: miró a unos y otros, tratando de encontrar algo que argumentar, pero los planes que tenía en un principio habían sido superados por los pensamientos de los demás.

—Son ideas importantes, creo que se lo están tomando muy a la ligera.
—Yo no lo creo —objetó Mónica—. Vinimos porque dijiste que teníamos que organizar las acciones que íbamos a seguir, y lo que dijiste ya sucedió, o está cubierto. Supongo que no es necesario explicar que si alguien, por pura casualidad, hubiera tomado una foto panorámica o grabado un video, y por accidente saliera uno de nosotros, cualquier plan o idea se vendría abajo.
—El café estaba muy bueno —opinó Krau con liviandad—, y ya me parece que usamos suficiente tiempo en analizar esto; propongo que dejemos todo tal como está. Dejemos las intrigas para las series de televisión.

Mientras hablaban, Alej había terminado de comer los pastelillos que había traído consigo; sin embargo, ahora sentía que estaba comiendo como una vía de escape hacia la normalidad, no sólo por gusto.

—Estoy de acuerdo con el de los rizos —comentó mientras depositaba el envase vacío en el compartimiento de descarte a un costado de la mesa—. No estamos ganando nada con hablar de esto, ¿o quieres revisar los acontecimientos sórdidos?
—No seas ridículo.
—Entonces se cierra la reunión —determinó Krau poniéndose de pie—. No fue un placer estar reunidos aquí, pero supongo que es el menor de los males que podemos vivir.
—Antes que lo olvide —agregó Mónica—; estuve revisando algo de material histórico dentro de la academia, y descubrí que nosotros cinco sólo tuvimos un trabajo en conjunto, que fue por observación del medio, a lo largo de dos semanas, en mayo; por si es que alguien pregunta en qué estábamos aquí, nuestra obsesión por los buenos resultados nos llevó a revisar históricos, o quizás sólo para mantenernos ocupados después de un hecho tan triste.

Úrsula y Alej salieron en primer lugar de la sala, mientras Oiren aún buscaba algo más que agregar.

—Ustedes me necesitan —murmuró mientras Krau pasaba a su lado—. No estarían aquí bebiendo café si no fuera por mí.

Krau se detuvo una vez estaba a espaldas de él, y tuvo el brutal impulso de tomarlo y azotarlo contra la pared, para conseguir que se callara; pero se contuvo, volteó, y se limitó a palmearle amistosamente la espalda.

—Lo que tú digas, campeón.



2


Casino. Poco después.

Alej estaba empezando a preocuparse por su apetito. La jornada anterior casi no comió, lo que era lógico porque estaba muy tenso después de todo lo ocurrido; lo consideró algo normal, y no se presionó, esperando a que las cosas siguieran su curso y volvieran a algo parecido a la normalidad. Por la noche fue a comer algo al casino, y en esos momentos, ya pasando más de 24 horas, se dio cuenta de estar comiendo por pura ansiedad, no por ganas como era su costumbre; miró alrededor, y vio a Priscilla, acompañada de Itiel, Isabelle y Lena, quienes de alguna manera la rodeaban mientras hablaban. Ella lucía triste y cansada, algo muy lógico considerando que fue la primera en ver el cuerpo de Oskar en el estadio de tiro; Priscilla era una chica simpática, le caía muy bien, y lamentaba que hubiese sido ella en particular quien tuviera que pasar ese mal rato, considerando que se notaba a distancia lo sensible que era. De todos modos, era un daño colateral, y evidentemente tenía gente que estaba apoyándola. Se dijo que ella estaría bien.
Quien le preocupaba en realidad, era él mismo.
De pronto, la seguridad y estabilidad de la academia se convirtieron en una amenaza para cualquier cosa que pretendiera hacer, a partir de ese momento; lo que permitía que él y los demás permanecieran impunes, y que probablemente se salieran con la suya, era algo externo a las maquinaciones de Oiren, incluso a todo lo que sucedió dentro de ese lugar, increíblemente algo intangible para todos: la norma nacional indicaba que no estaba permitido mantener ningún tipo de vigilancia mediante sistemas de captura de imagen o sonido dentro de las instituciones de educación, porque eso violaba uno de los derechos básicos del estudiante: estudiar en un entorno seguro y libre de miradas inapropiadas; y, sin embargo, la seguridad perimetral, las cámaras y sistemas que mantenían protegida a la academia de cualquier tipo de intromisión desde el exterior se habían convertido, desde la muerte de Oskar, en un cerco que permanecía quieto, cubierto de púas que podrían sangrarlo hasta la muerte ¿Cómo escapar? Aunque el secreto se mantuviera, aunque esa muerte pasara a la historia y luego todo volviera a la normalidad, ellos estarían encerrados en ese sitio por dos años, y pagarían el precio de la libertad siendo prisioneros en una jaula de diamantes.

"¿Una llamada de Úrsula? "

Contestó tan pronto vio que el indicador del móvil anunció la entrante; la voz de la chica se escuchaba contenida y en un volumen bajo.

—Contrólate, estas a un milímetro de empezar a llamar la atención.

Al escuchar esas palabras, Alej miró discretamente en todas direcciones, pero no la vio.

—No me vas a ver, solo pasé un momento.
—Podrías haber pasado a saludar.
—No es gracioso —replicó ella—, escucha, tenías cara de estar a punto de sufrir un colapso.
—Lo más probable es que sea porque de verdad está a punto de darme uno.

Ella no habló por unos momentos; Alej supo de inmediato que era porque, probablemente, estaba pasando por una situación similar; quiso disculparse por no preguntarle cómo estaba, pero en realidad no estaba de humor. Tal vez después.

—Contrólate, tienes que estar aquí.
— ¿Crees que fue buena idea?
— ¿El qué?
—Haber ignorado de esa forma —replicó, mientras jugueteaba con una chispa de chocolate que había caído en el plato—. Me estaba preguntando...

No pudo terminar la oración, porque Úrsula cortó abruptamente; en ese instante estaba en la residencia, y mientras escuchaba las quejas de Alej, vio pasar a Mónica, decidiendo interceptarla de inmediato.

—Entra a esa sala.
— ¿Qué te ocurre?

Las dos entraron a una sala de elementos auxiliares, en donde había una serie de elementos cono drones de limpieza y compresores de vapor, entre otros.

—Tendré que tomar algo de aquí para que no parezca sospechoso —dijo Mónica, de mala gana—, ahora dime qué diablos te pasa.

Úrsula hizo una breve pausa antes de contestar; planes y contraplanes, lo habían hablado antes, pero ahora parecía mucho más necesario.

—Oiren está loco.
—Dime algo que no sepa.
—Estoy hablando en serio —intentó dominar la desesperación en su voz, pero sólo lo logró a medias. Continuó hablando más bajo—. Creo que hasta ahora no había pensado en lo que pasó ayer, en cómo sucedieron las cosas. Él nunca perdió el control, ni por un segundo estuvo preocupado, o nervioso, es como si supiera lo que iba a pasar y por eso no podía sorprenderse de lo que estaba pasando.

Mónica se tomó un instante antes de responder; se dijo que era curioso que le pareciera más confiable Alej que Úrsula, pero sabía que no era una opinión antojadiza al respecto: Alej era superficial la mayor parte del tiempo y no sintonizaba con rapidez en algunas ocasiones, pero era alguien de quien sabías qué, y cuánto esperar. Por otro lado, Úrsula era impredecible, el tipo de persona que ahora puede estar nerviosa y cinco minutos después enfadada; la que sigue las instrucciones sin aportar ideas, y luego está pensando en teorías conspirativas. Pero eso no cambiaba el correcto sentido de sus palabras.

—Y tu punto es...
—Es peligroso —señaló casi atropellando sus palabras—, es más peligroso de lo que parece, mucho más de lo que hicimos.

Mónica suspiró: así que ella también estaba haciendo conjeturas, pero tenía la sospecha de Alej metido en esa historia, ellos dos como un polo y Krau y ella como otro. Si quería evitar que la actitud impredecible de Úrsula arruinara todo, tendría que hacer una alianza que fuera más allá de concordar en las ideas como cuando se reunieron para tomar nota de las supuestas instrucciones de Oiren.

—Sí, ya había pensado en eso —replicó al fin, con calma—. Pero también pensé en que mientras la situación sea beneficiosa para todos, no hay mucho que podamos hacer. Apenas pasaron 24 horas y parece que las cosas están tomando un buen curso.
—Eso es lo que me preocupa.
—Explícate.

Úrsula respondió con una tranquila voz que contrastaba con su actitud un momento antes.

— ¿Viste cómo reaccionó cuando le dijimos que no necesitábamos seguir órdenes y que todo estaba controlado? Estaba histérico, creí que iba a caérsele la cara en pedazos ¿Qué pasa si él no quiere tranquilidad, si no quiere que las cosas estén bien?

Mónica tuvo el impulso de decir que eso era absurdo, pero lo real es que junto con Krau habían estado hablando de algo muy similar; ya no podía seguir evadiendo el tema.

—Nunca tuvimos una relación especialmente a amistosa con él, ni él con nosotros —contestó, reflexivamente—, así que ahora no podemos simplemente fingir que nos importa mucho lo que pasa con él, y estar a su lado para acompañarlo: él nos usó para entrenar de una manera más efectiva, y nosotros lo usamos para obtener conocimientos extra, es todo.
— ¿Y entonces cómo hacemos? No podemos dejarlo por ahí, si de verdad está frustrado porque quiso controlarnos y no puede seguir haciéndolo, puede decir o hacer algo incorrecto, nos puede poner en riesgo a todos.
—Lo que podemos hacer es calmarnos, en primer lugar hay que tranquilizarse y pensar muy bien los pasos a seguir, porque si él sospecha que los cuatro estamos manteniendo una alianza paralela, todo puede explotar.
—Estoy segura que de alguna manera lo sospecha ya.
—Eso no importa —replicó Mónica, despreciando la idea con un gesto—, ahora tiene la mente ocupada en cosas más importantes, no se va a fijar en un detalle. De momento, hay que hacer lo posible por mantenerlo vigilado y saber qué es lo que está haciendo en todo momento.

De pronto, la puerta de la sala se abrió, tomando a ambas por sorpresa; Lucio las miró un poco sorprendido también.

—Lucio, eres la persona en quien estaba pensando.
— ¿En serio?

Mónica tenía en las manos un dron para pulido, y se lo enseñó, con tranquilidad como si de hecho pensara en eso y no en otro asunto.

—Sí, le estaba diciendo a Úrsula que tú serias más apropiado que yo para decidir si este dron sería el correcto para el borde del marco de la puerta.
—Cierto —apuntó la aludida, siguiendo la corriente—, quiero estar un poco ocupada y era buen momento para cuidar de los detalles en mi cuarto.

No había hecho ninguna referencia concreta, pero él lo comprendió, y asintió de inmediato, dispuesto a ayudar sin hacer más preguntas.

Mónica dejó a los dos en el lugar y salió, aparentando total tranquilidad, aunque por dentro estaba realmente alterada. Tendrían que montar guardias en todo momento, para reducir los instantes en que Oiren estuviera descuitado y con oportunidad de hacer alguna estupidez, pero no sólo eso bastaba: Serene habituaba hablar con él, así que tendría que encontrar la forma de hacer que ella necesitara de su ayuda, y tenía que pensar en algo, pronto.

Próximo capítulo: Todo queda atrás



Academia de piedra Capítulo 26: El adiós que nunca dijiste



Alto mando. Miércoles 30 de junio.

Mientras la Fuerza de seguridad se dedicaba a dar los últimos pasos en torno al antiguo estadio de tiro, y maestros especialistas y estudiantes permanecían en la residencia, Kalrei y Reus fueron acompañados por Dvorkia hasta las instalaciones del alto mando, ubicadas en los niveles superiores de la gran edificación que alojaba a la fuerza de seguridad, en el extremo sur del recinto. Si bien las oficinas de los hermanos no se encontraban allí, por protocolo tenían oficinas propias dentro de las instalaciones de Sten mor, las que estaban operativas en todo momento, en caso de ser necesario.

—Dvorkia ¿Ya tienen listo un análisis de réplica de la escena de la muerte?
—Estará listo en unos momentos; por el momento me retiro, tengo que atender algunos asuntos.

Cuando el oficial se retiró, Kalrei quedó sola en la oficina junto a Reus, quien se sentó en uno de los aparadores de la pared.

—Bájate de ese mueble.
— ¿Qué ocurre hermana?

Ella le dedicó una sombría mirada, pero entendió el significado real de sus palabras tras un instante.

—Me pregunto si alguno de los otros también descubrió cómo usar la energía residual.
—No puedes saberlo sin preguntar, y si preguntas, puedes ponerlos sobre aviso.
—Ese es el dilema —reflexionó ella—. No debería ser necesario que quisieran explorar otras rutas para conseguir resultados, porque aquí lo tienen todo.
—Pero nadie puede tener todo.
—No, probablemente ese defecto humano es el culpable aquí.
—Dijiste que iban a hacer un análisis de réplica, eso significa que los resultados van a estar disponibles para que todos los vean.

Kalrei se sacudió el cabello color gris brillante, y se acercó al módulo expendedor de agua, para tomar un vaso con una mezcla de agua mineral con extractos hidratantes.

—Sí, no tenemos alternativa. Para los registros legales fuera de la academia podemos modificar la verdad para asociarla con algo que tenga una explicación sencilla, pero aquí en el interior, sería absurdo pensar que van a creer que murió usando una máquina que no tiene nada de importante dentro de nuestras aplicaciones de estudio. Ni si quiera sé bien lo que hace.
— ¿Un impulsor de energía variable? —preguntó Reus—. Sirven para manipular corrientes de energía en espacios cerrados, es la base de los mecanismos que controlan el clima, pero a escala pequeña.
—Lo dicho, sería imposible que alguien se lo creyera. Cuando los estudiantes sepan que la verdadera razón de la muerte de ese chico es que estuvo manipulando en secreto la energía residual de la piedra, la mayoría se sentirá asustado, pero puede que algunos también crean que pueden hacer lo mismo, con mejores resultados.

En esos momentos, Olga anunció su llegada; Kalrei comprobó que se había dado mucha prisa, pues apenas tardó una hora en vez de dos. Entró a la oficina y saludó a ambos, sentándose de frente al escritorio de su hermana, mientras el menor dejaba el lugar que había estado ocupado y permanecía de pie, a la derecha del puesto de trabajo, triangulando la reunión.

— ¿Alguna novedad?
—Ninguna en especial —replicó Kalrei, tras beber un sorbo de agua—, sólo estamos a la espera de la réplica de la muerte. Oh, mira, acaba de llegar.

Sucedió una tensa pausa, mientras la mujer tomaba los datos enviados desde la fuerza de seguridad y los transmitía a la consola del escritorio; unos instantes después, se materializó en forma de holo, una réplica exacta del sitio del suceso, acercando rápido para entrar. La figura humana que representaba a Oskar era de color amarillo opaco, y se desplazaba por el ficticio escenario, hasta quedar de pie a una cierta distancia de la puerta, que estaba entreabierta; tras un momento, realizaba un movimiento con las manos, y a su alrededor comenzaba a materializarse una sustancia vaporosa de color rojizo, siendo esta la representación de la energía residual mencionada desde un principio. Una vez que esta energía se movilizaba hasta generar una especie de remolino, se condensaba, formando una corriente circular, en la que la figura depositaba un objeto alargado; pocos momentos más tarde, la vara suspendida seguía la trayectoria de la energía, en principio a una velocidad más lenta, y luego igualando el ritmo. Después de una espera que se antojó muy larga, la corriente perdía su estabilidad, la persona intentaba controlarla realizando algunos movimientos, y finalmente se descontrolaba por completo, haciendo que la vara saliera disparada como un boomerang, que en su trayectoria impactaba directamente en el cuerpo; los técnicos encargados habían demostrado una sutileza muy discreta, reduciendo la réplica de la escena a un impacto que parecía sólo golpear y dejar al afectado tendido en el suelo, sustituyendo el intenso color de la sangre por un degradado de la misma tonalidad de amarillo opaco de la figura.

—Es terrible —murmuró Olga—. Pero es algo que resulta posible.
— ¿A qué te refieres?
—No había cerrado en mi mente la posibilidad hasta ver la definitiva, de una posible intervención de otros elementos.

Kalrei le dedicó una mirada escéptica.

— ¿Pensabas que alguien podría haber intervenido?
—No exactamente —replicó la mayor—, no quise tener una idea concreta en ningún momento. Pero, de cierto modo, tenía un temor a que el tema fuera mucho peor de lo que se pintaba en un principio. Esa chica, Priscilla, encontró el cuerpo, y si Oskar hubiese estado con alguien más, eso sólo haría todo mucho peor.

Kalrei iba a decir algo, pero decidió dejar que Olga terminara su parlamento y tratar de desviar la atención; lo que mencionaba era algo perfectamente posible, sólo que no era comprobable. Si más de un estudiante hiciera la misma acción, o incluso si el chico hubiese estado acompañado, no sería de extrañar que ante ese accidente fatal, decidiera esconderse y aparentar no saber nada, hasta que la situación por sí misma explotara; hacía falta frialdad, planeación y bastante suerte, pero era posible, solamente esa persona debía jugarse el todo por el todo a no ser descubierta. Sin embargo, si Olga no había llegado a la misma conclusión que ella ¿Para qué abrirle los ojos? Después de todo, la muerte de un estudiante serviría para asustar a quien fuera que tuviera la intención de hacer un procedimiento fuera de lo establecido, y al mismo tiempo permitía que como academia incluyeran algunos procedimientos adicionales para vigilar a los estudiantes, sin que se supiera que ese era el objetivo; las organizaciones que vigilaban el cumplimiento de los normas de los centros de educación eran muy críticas con respecto a los protocolos, por lo que estaban obligados a ser muy estrictos, aún cuando en una situación como esa tuvieran un margen de error que escapaba al control. Legalmente estaba prohibido tener cámaras, grabadoras o cualquier sistema de control de datos al interior de una institución de educación, restringiendo la seguridad al perímetro, para evitar que entren personas no autorizadas. De acuerdo con eso, en la academia organizaron un protocolo secreto, que se punía en funcionamiento en la zona comprendida entre el punto de abordo y las instalaciones exteriores, con un equipo disfrazado de candidatos a estudiante, quienes utilizaban la tecnología apropiada para detectar medios no autorizados de grabación, que pudiesen ser parte del interminable arsenal de periodistas que cada generación trataban de infiltrarse. Pero el rastreo y seguridad interno llegaban hasta ese punto, pues una vez dentro de la academia, teniendo la silenciosa vigilancia de los sistemas anti rastreo del ministerio por todos partes, era demasiado riesgo intentarlo. Así que dejaban esa vigilancia en manos de los maestros y el personal asistente.

— ¿Prefieres que hable yo con la familia del chico?
—Gracias, pero me parece que el personal de contención será más apropiado. ¿Qué opinas de todo esto, Reus?

El chico se encogió de hombros.

—Pues yo creo que ustedes tomarán las decisiones correctas, saben cómo funciona todo.
— ¿Y sobre mi teoría anterior?
—Es normal que pienses en eso —repuso con sencillez—, pero lo que se ve en la réplica es muy claro.
—Sí, tienes razón —replicó, pensativa—. De cualquier forma, pienso que debemos buscar métodos para ayudar al control de este tipo de situaciones.

Kalrei detuvo la proyección de la réplica, y cargó algunos datos para que todos pudieran verlo.

—Sobre eso, esta gráfica es sobre el rendimiento de los estudiantes comparando antes y después de iniciado el torneo de habilidades sugerido por los maestros.
—Hay una mejora.
—Exacto; había pensado que, aunque es una competencia no oficial, podríamos incluir algún tipo de motivación para que se involucren más.
— ¿Además —preguntó Olga— de la sugerencia de prioridad de visitas?
—Eso es un buen premio, pero pensaba en dar algo de énfasis en las clases.
—No podemos incluir eso en la malla de estudios —objetó la mujer de cabello corto.
—No, pero sí podemos asignar una prioridad de evaluación para quienes mejoren este ítem, y enlazarlo a una de las clases independientes; no va a hacer una gran diferencia con los resultados finales, pero todos los estudiantes tienen alguna deficiencia, una asignatura en la que no son tan diestros, y se sentirán beneficiados en una materia donde anteriormente fallaban.



2


Residencia estudiantes. Durante la mañana.

Sebastián pidió una autorización especial para poder comunicarse con el exterior, y la obtuvo poco después; no sentía hambre, así que ni siquiera se acercó al casino y fue directo a su cuarto. Probablemente los demás estarían haciendo lo mismo.

—Hola Mick.
— ¿Qué sucedió?

Mick estaba en el auto, aparcado en el estacionamiento de un centro comercial; el chico hizo lo posible por evitar que se notara su sorpresa ante esa pregunta, pero fracasó.

—No te preocupes, todo está bien.
—Sebastián, cuando hablamos la vez anterior, dijiste que era posible que te tardaras en volver a contactar, y que estaban con mucho trabajo; además es hora de almuerzo allá y estás en tu cuarto, y no estás muy bien, es evidente que te sucedió algo.
—A mí no, escucha —pretendía que la conversación iniciara de otra forma, pero subestimó la capacidad de análisis de él—. Sucedió algo, pero no a mí; lo que quiero decir es que no te llamé por eso, hay algo que quiero decirte.

Mick lo miró fijo, y por un momento, fue como si otra vez estuvieran juntos, durante el tiempo en que vivió en su casa.

— ¿Estás bien?
—Sí — sabía que no estaba sonando sincero, pero no quería perder el norte de lo que pretendía decir; sin embargo, la preocupación de Mick era algo que no podía dejar pasar—; en realidad no tanto, ocurrió un accidente a un compañero de aquí.
— ¿Grave?

No podía evadir la pregunta; por una parte, el tema era demasiado reciente, y por otra, ya que no había podido ocultar su malestar, sentía que dejar la información en las sombras sería una traición.

—Sí. Pero ahora no estoy preparado para hablar de eso con detalle, es algo que nos tiene a todos nerviosos; pero te llamé por otra cosa, es muy importante y me estoy sintiendo culpable por no haberlo dicho.
— ¿De qué hablas?
—Mick, cuando nos despedimos, ese día antes de venir a la academia, fui al banco y dejé una instrucción: traspasé mi dinero a una cuenta que está a tu nombre, ahora tú eres el dueño de ese dinero.

La expresión seria de Mick cambió a una de total sorpresa; durante algunos segundos no dijo nada, hasta que por fin reaccionó, dando una especie de respingo en el asiento del conductor.

— ¿Por qué hiciste eso?
— ¿Por qué? —se sintió tonto al repetir la pregunta, pero más al notar que no se le había ocurrido que pudiera hacerle un cuestionamiento como ese—. Bueno, tú podrías necesitarlo...
—Tengo un trabajo —señaló él un poco a la defensiva—, no necesito nada adicional a eso.
—No te lo tomes a mal —dijo a la defensiva, alarmado del curso que estaba tomando la conversación—, lo dije sólo como una posibilidad. A lo que quiero llegar es a que, durante los dos años que voy a estar aquí, no voy a necesitar ese dinero ¿En qué podría gastarlo? Tengo la cuenta personal por si hacemos alguna salida temática y quiero una remera o un recuerdo, pero aquí tenemos todo lo que necesitamos; además, estuve pensando en las cosas que pasaron cuando era más joven. No lo sé, cuando dejé las carreras me dije que no iba a dejar que Rogelio siguiera controlando mi vida ni mi dinero, pero ahora que te tengo a ti...

Guardó silencio un momento, detenido por una duda; finalmente decidió que, aunque no estuvieran cara a cara, ese era el momento perfecto para hablar.

—Tú eres mi padre, Mick.
—Pero sabes que no lo soy realmente —replicó el hombre.
—No me importa el lazo de sangre —repuso Sebastián—; Mick, tú me enseñaste muchas más cosas de la vida que él, pero estoy aprendiendo mucho más. Cuando hablamos la vez anterior te habría dicho que tenía un amigo aquí, pero ya no lo tengo más, porque él decidió tomar otro camino; al principio me sentí muy deprimido, no entendía, y hasta ahora no sé por qué lo hizo, pero después me acordé de todo lo que hablamos tú y yo, y que me dijiste que tenía que valorarme, porque cuando lo haces, tu punto de vista cambia, y es verdad.
— ¿Y qué hiciste?
—Empecé a preocuparme de las personas que se preocupaban por mí de la misma forma, y es tan distinto, porque sé que van a estar ahí para mí, igual que tú. Aquí tengo un segundo hogar, y estoy conociendo a personas que son increíbles, y son mis amigos, lo puedo sentir. Pero mi primer hogar es tu casa, tú eres mi padre, te ganaste ese derecho mucho más que lo que él nunca quiso; ese dinero va a estar en mejores manos con tu control que con el mío, porque yo no sé cómo gastarlo. Confío completamente en ti ¿quién mejor que tú para cuidar ese capital?

Mick se quedó en silencio por unos segundos, con la expresión anterior mutada en una de emotiva sorpresa, y los ojos brillantes de lágrimas; al final habló, en voz más baja por la emoción que estaba sintiendo.

—No sabes lo feliz que me hace escuchar eso de ti; sería el hombre más feliz del mundo de poder decirte hijo.



3


Casino de residencia. Poco después.

Amber y León estaban en el casino al igual que algunos otros estudiantes, pero nadie estaba pensando en comer: los hechos ocurridos durante las primeras horas de la mañana y la consecuente suspensión de clases hicieron cambiar el ánimo y programaciones de todos, haciendo aflorar inseguridades y apatía en muchos. Amber había superado la sorpresa inicial, y ahora estaba mucho más callada y concentrada que de costumbre.

— ¿Estás pensando en lo que pasó?

Era una pregunta retórica y ambos lo sabían, pero León la hizo para poder retomar el contacto. La chica le dedicó una larga mirada antes de hablar.

—Necesito ver el informe sobre la muerte de Oskar. Y tengo que ir a ver a Priscilla tan pronto como pueda.

León se concentró en la expresión de ella, y trató de descifrar lo que estaba sintiendo en esos momentos; Amber era una chica brillante, directa, y fuerte ¿qué tanto de esa fortaleza estaba en riesgo en ese momento, y qué tanto estaría dispuesta a compartir con él? Ambos estaban sentados ante una mesa que estaba vacía, y seguiría así por mucho tiempo más.

— ¿Por qué el informe?
—Porque entendí que las palabras "accidente" y "muerte" no tienen un significado concreto para mí —su voz era baja para no llamar la atención, pero audible de todos modos—. ¿Alguna vez te pusiste a pensar en las estadísticas que nos enseñan en primaria?

Considerando que apenas había pasado poco más de una hora desde la terrorífica escena presenciada por Priscilla, no lo había hecho, y se lo hizo saber negando con la cabeza, en silencio.

—Yo tampoco —repuso ella, sombría—. Pero después que los hermanos Holtz estuvieron aquí, revisé unos históricos, algo muy superficial, y me quedé pensando en lo que significa. Lo que es de verdad. El año pasado en Harfolk murieron ciento treinta y seis personas a causa de un accidente o muerte violenta, todo esto no cuenta las muertes por enfermedad; pero yo no conozco a nadie que haya muerto, ni conozco a nadie que haya perdido un familiar de forma violenta en los últimos años. Ni si quiera sé bien lo que significa eso de "muerte violenta".

Lo que Amber estaba diciendo tenía sentido en muchos niveles; la familia de León era numerosa, y lo más grave que había sucedido a alguien en el último tiempo era que Gadián, el novio de su primo Adolfo, estaba lesionado de una pierna por un accidente en el trabajo, pero no pasaba de ser un golpe y reposo por algunos días, a la espera de la curación de los cortes y daño en los tendones. En comparación, la idea de una muerte resultaba enorme, algo que, de hecho, estaba fuera de cualquier parámetro de medición habitual.

—Te acompañaré.
—No es necesario que lo hagas.
—Pero quiero hacerlo —replicó él, sencillamente—. Me importa lo que pase contigo, no quiero sólo dejar que lo hagas y ya; además, Priscilla e Irene me caen muy bien y estoy preocupado también.
—Según lo que nos dijeron, aún tenemos que esperar hasta que pasen dos horas para que evalúen si es que puede recibir visitas —suspiró—, todo esto es terrible.

León recordaba muy bien la muerte del bisabuelo; generalmente la edad máxima promedio a la que llegaba una persona era de 120 años; el bisabuelo llegó a los 140 sin mayores dificultades, pero un día, pidió que se reuniera toda la familia y anunció que su momento estaba muy cerca, y que ya llegaba la hora de descansar. León en ese tiempo tenía sólo nueve años, y se sorprendió de esa actitud, de la forma de ver el futuro con tanta serenidad; por supuesto que hubo caras de sorpresa y angustia, pero él les dijo que no quería que se pusieran tristes, que de ninguna manera quería ser el causante de algún tipo de incordio en el grupo, y que su vida ya estaba completa, de modo que lo que quería era que celebraran el "tiempo extra" que había tenido al pasar en más de una década la expectativa de vida promedio. La muerte del bisabuelo había sido tranquila y amable, y en cambio, la de Oskar había sido repentina, y mucho antes de lo que jamás alguien hubiese imaginado; en ese momento se preguntó ¿Cuál podría ser realmente el alcance de la expresión "muerte accidental" con la que se habían referido consistentemente tanto los maestros como los hermanos Holtz? De pronto sintió un estremecimiento al pensar en cuáles eran las posibilidades, sólo considerando dos factores: el sitio en el que ocurrió y las condiciones en las que estaba Priscilla; desde que se anunció la desmantelación del antiguo estadio de tiro, las visitas hacia ese sector disminuyeron por obvias razones, pero en ningún momento se dio un aviso especial, o se indicó que fuera necesario dejar de acercarse. Como muchas otras actividades desarrolladas por el personal técnico y de mantenimiento de la academia, esta comenzó a desarrollarse poco a poco a lo largo de las jornadas; cuando León salía a trotar en las mañanas veía a algún técnico yendo de un sitio a otro, y si en determinado momento extendió el trote hasta más allá de los montículos que separaban ese sitio de la gran explanada, bien pudo ver a algunos saliendo con elementos ya retirados, o no encontrar a nadie, por lo que entrar no habría sido dificultad, aunque a él no se le ocurrió hacerlo. La mayor parte de ese estadio estaba formado por los carriles en los que cada uno podía ensayar con los blancos móviles, pero una gran zona entre estos y la puerta era abierta, lo que daba espacio para entrenar bajo techo.
O practicar con la habilidad de la piedra, sin que nadie lo viera.

— ¿Qué te sucede?

Mientras reflexionaba acerca de estas cosas, León se había erguido en el asiento, cada vez más sorprendido de lo que estaba pensando. Se dio cuenta de que su expresión lo estaba acusando, y trató de cambiarla, aunque era algo tarde para eso.

—Nada en especial.
—Es demasiado evidente que está ocurriendo algo —dijo ella con severidad—, dime de qué se trata.
—En serio, no es nada concreto —pensó, demasiado tarde, que no era recomendable hablar sin pruebas, pero al mismo tiempo, no podía evadir el tema con un simple no—, es sólo que estaba pensando en la única vez que perdí a alguien, mi bisabuelo.
— ¿Estabas pensando en las diferencias?

Se miraron a los ojos, y él pudo ver con mucha claridad los sentimientos de ella; podía estar tratando de racionalizar todo, pero al mismo tiempo, estaba tan sorprendida y asustada como los demás.

—Sí, y también —habló mucho más bajo, su voz sólo era un susurro—, en Oskar; es difícil decir lo que siento, lo que estoy pensando, porque nosotros estamos aquí, podemos cambiar lo que pensamos o analizar, pero él, ya no tiene tiempo.

Mientras tanto, Lucio se había sentado a la misma mesa que estaba ocupando Mónica, aunque ella no habló en un principio, ni pareció darse cuenta de su presencia.

— ¿Necesitas algo?

Ella levantó la vista hacia él, y lo miró un largo rato antes de contestar.

—Nada, estoy bien.
—No lo parece, pero es comprensible —inspiró profundo mientras miraba al techo—; nada parece normal en un momento como este.
—Nada vuelve a ser normal después de la muerte de una persona.

Las palabras de la chica tomaron por sorpresa a Lucio, quien la miró durante un largo rato, sin hablar; después se aclaró la garganta con algo de dificultad, antes de hablar.

—Has visto algo así? Me refiero, morir a una persona.
—Una vez, hace tiempo —replicó ella, con voz vacía de emoción—; pero no era alguien a quien conociera. Una anciana, tropezó y cayó, estábamos en la calle y todos la vieron. Había un equipo médico, fue como si se hubieran teletransportado hasta allí, pero era tarde. Dijeron que había sito una falla múltiple, algo que habría pasado ahí, o si estaba sentada en su sofá tomando chocolate.
—Qué curioso —comentó él—, cuando era un niño vi algo parecido, pero era un señor —hizo una pausa, recordando lo que había sucedido—; le dio un infarto, creo, y todo el mundo fue a ayudarlo de la forma en que pudiera, mientras llegaba el equipo médico. Lo asistieron bien, así que no fue más que un susto, pero recuerdo muy bien que en ese momento yo no entendía por qué es que mamá estaba nerviosa; ella decía "Podría haber sido tu abuelo " y yo le decía que era obvio que no lo era, así que no tenía sentido que se preocupara. Creo que a veces cuando somos más jóvenes no podemos comprender algunos razonamientos.
—Es cierto. ¿Eran amigos?

Nuevamente, él se sorprendió de escuchar las palabras, pero en realidad se trataba de una forma de expresarse mucho más concreta y directa, que las que incluso habían usado los hermanos Holtz muy poco antes. Oskar estaba muerto, era una realidad que, por lo que se veía, no todos tenían la capacidad de afrontar de la misma manera.

—No en realidad. Pero si hablamos bastante, se trata... tuvimos varios trabajos juntos, de las asignaturas independientes, Siempre con una actitud muy positiva, un tipo muy agradable.

Se sintió débil por hablar en lenguaje neutro, pero a diferencia de ella, no pudo hacerlo como debería. Miró en dirección a una de las otras mesas, en donde Isabelle estaba sentada, junto a Itiel y Naro.

— ¿A qué hora dijeron que podemos ir a preguntar por Priscilla?
—A las diez —respondió Naro—. Por ahora sólo podemos esperar, nada más.
—Estuve a punto de llamarlas —los ojos de la chica se llenaron de lágrimas—, pero no me atrevo, es como si entraras al cuarto de alguien sin golpear, y en este momento —hizo un gesto impotente con las manos—, me siento atrapada, entiendo que si trato de hacer algo voy a ser una entrometida, que estaré entorpeciendo las cosas que está haciendo el personal encargado de ella; ellos saben lo que hacen, pero al mismo tiempo, sé que ella necesita compañía, que tenemos que estar ahí y que lrene no puede sola con lo que está pasando.
—No te pongas así —la animó Naro—, es normal sentir lo que estás diciendo, pero es lo que tenemos que hacer, el equipo médico se va a encargar de todo.
—Lo sé, es solo que no es sencillo.

Levantó la vista hacia Itiel, quien permanecía sentado en silencio, con la vista perdida mientras ellos hablaban. Había visto la forma en que él estuvo junto a ella, la extrema ternura con que la acogió en sus brazos, dando todo de sí para apoyarla en un momento en que Priscilla estaba tan frágil.

— ¿Quieres hablar de algo?
—No.

La respuesta fue vacía, simplemente un vocablo articulado para responder, pero no para explicar. Isabelle miró a Naro, pero este gesticuló una negativa en silencio, diciendo sin palabras que lo mejor era dejarlo así; él sabía lo que estaba en juego, que la escena de Priscilla tendida en el suelo sin reaccionar era casi una representación fantasmal de lo ocurrido en otro tiempo, y que la pesadilla de ese pasado estaba ahora, ahí, frente a sus ojos, pero también sabía que ese dolor era algo que Itiel ya conocía, y que tarde o temprano tendría que salir, para seguir.

Próximo capítulo: Regreso a la normalidad


Academia de piedra Capítulo 25: Realidad inaceptable. Lágrimas



Miércoles 30 de junio. Enfermería.

Irene insistió en entrar a la enfermería junto con Priscilla, y ante su férreo comportamiento, la dejaron entrar; después de revisar su estado, el encargado suministró una solución calmante dérmica, un parche calmante y reposo absoluto por seis horas, previo reposo en las instalaciones del recinto, y una evaluación del avance de su estado. Luego, Irene fue autorizada a entrar a un cuarto muy similar a los que tenían en la residencia, excepto que este era blanco por completo, y estaba inundado por luz relajante, una tonalidad levemente azulina que ayudaba al buen reposo de una persona afectada.

—Irene —le había dicho el encargado, momentos antes de desde la entrar—, en este momento, Priscilla está consciente, pero no estará en las mismas condiciones que de costumbre.
— ¿Qué le sucedió?
—Sufrió una conmoción. Hasta ahora no ha podido expresarse con claridad, y es posible que ahora tampoco lo haga, así que sé muy paciente con ella y no le hagas preguntas. No sabemos con claridad lo que sucedió; pero los síntomas indican que el shock es por algo que vio, es decir se trata de algo externo, pero que la afectó a tal nivel, que perdió momentáneamente la capacidad de moverse y reaccionar.

Mientras hablaban, Irene quería lanzarse al cuarto, pero se controló; sabía que era de vital importancia escuchar lo que el profesional de la salud estaba diciendo, para poder ayudar de la mejor forma posible. Mantenía en las manos, casi obsesivamente, el móvil de Priscilla, en donde depositaba simbólicamente sus sentimientos hacia ella, intertanto al mismo tiempo controlar su nerviosismo.

— ¿Se va a recuperar?
—Físicamente no tiene lesiones —repuso el encargado, reflexivo—. Sobre el estado mental, todo lo relacionado con las funciones cognitivas regresará, pero aún es pronto para saber qué tanto la afectó el hecho al que estuvo expuesta.

Priscilla no era una persona débil, pero sí era muy sensible; establecía conexiones a nivel humano y sentimental con conceptos o ideas, y tenía muy clara su opinión acerca de los temas más relevantes, sin quedar indiferente; aún sin saber lo que había pasado, ya que se dirigieron a la enfermería antes que los maestros dieran una explicación, lrene entendía que lo que sea que había pasado, era real mente terrible para su visión de las cosas.

— ¿Qué puedo hacer yo?
—Acompañarla. Aunque sea difícil para ti, no te emociones, ni hagas preguntas; lo que te recomiendo es que te adaptes a ella, que sigas su ritmo: si no quiere hablar, no hables, si quiere hablar de otra cosa y evadir el tema, no lo menciones, y si necesita exteriorizar, escucha, sin invadir. Es posible que algunas cosas que diga no tengan sentido, o que estén en desorden, pero tanto si es así como si no, preocúpate de hacer que sienta que vas a ayudarla.

Un instante antes de entrar al cuarto, Irene respiró profundamente, y se repitió que debía estar tranquila y en su centro, que aunque estuviera tan preocupada por ella, la importante era Priscilla en esos momentos.
A pesar de haberla visto unos minutos antes mientras la acompañaba en el transporte a urgencias, no pudo dejar de sentirse sorprendida de verla recostada en la camilla; Priscilla era una chica delgada pero saludable, y sin embargo, en esos momentos esa delgadez la hacía lucir frágil, mientras que los rasgos alargados de su rostro daban un aspecto desmejorado, ahora que su piel estaba más pálida y su expresión, más decaída. Acercó una silla y se sentó a su lado, mirándola cariñosamente.

—Lo vi —dijo Priscilla—. Yo lo vi.
—No es necesario que hables si no quieres.

Pero la chica siguió hablando, quizás ignorante de su voz, quizás sólo dejando que las palabras fluyeran, ahora que los calmantes habían bloqueado la desesperación que antes se apoderó de ella. En ella pugnaba el deseo de olvidar todo y no mencionarlo, y la desesperada reacción de hablar, para poder dejar de cargar ella sola con ese peso.

—Había tanta sangre —su voz era lenta y casi sin emoción, pero de todos modos transmitía un sentimiento, que tal vez era mucho más claro que el llanto anterior—, lo vi, estaba a tres metros y lo vi, tan claro, con tanto detalle y yo, yo simplemente no pude hacer nada.

Irene había estado sintiendo pavor de comunicarse con los demás; recordaba muy bien la confusión de los otros, la actitud cerrada y protectora de los maestros, y la inquietante presencia de la Fuerza de seguridad, mientras se alejaban del estadio de tiro. Pero en ese momento, sólo podía preocuparse de Priscilla, y ahora parecía estar tan cerca de una verdad que no quería escuchar, de saber que el estado de ella se debía a algo inconcebible, pero real.

—Está muerto. Oskar está muerto.

El dolor que asomaba en su voz se hizo más profundo, y aunque no podía llorar por el efecto de los calmantes, su sentimiento se expresó a través de lágrimas que surcaron sus mejillas, mientras el silencio envolvía a ambas. Irene se quedó muda al escuchar esas palabras, incapaz de decir o procesar algo al respecto. No era necesario preguntar a nadie, ni llamar por teléfono para confirmar con los otros; tampoco podía engañarse con ideas falsas acerca de lo que estaba sucediendo, o pensar que ella estaba sufriendo algún tipo de alucinación: conocía lo suficiente a Priscilla como para saber que eso no era una fantasía, que los hechos que percibió en segundo plano al llegar junto con ella no eran más que parte del panorama más trágico que la misma había visto. Intentó, por un momento, ponerse en el lugar de ella, y sintió que era intolerable, que ver una persona muerta era algo tan violento para quien vivía ese trance, que se convertía en un crimen sin culpa, donde el causante no era la mayor víctima, quien tenía el infortunio de ver era herido de forma indirecta, todo mientras el principal afectado era mudo y ciego, tanto de las razones como de las consecuencias.
Oskar.
Recordaba claramente una de las primeras veces que hablaron, y cómo él le agradó de inmediato: delgado, esbelto, de piel clara, por un instante le recordó a un viejo amigo de la infancia, y se lo comentó, ante lo que él reaccionó con sorpresa e interés. Agradable, simpático, inteligente, con un sentido del humor blanco e inocente ¿Cómo podía haber pasado algo así? Era imposible que él, a quien vio la jornada anterior, con quien habló hace tan solo unas horas, estuviera muerto ¿Qué clase de broma cruel del destino era esa? ¿Qué podía haber sucedido, dentro de la academia, al interior de un sitio tan seguro como ese, que llegara hasta tal extremo?

—Estaba ahí —volvió a hablar después de un largo silencio—, indefenso, tendido en el suelo, y la puerta estaba abierta ¡Cualquiera podría haberlo visto! Yo tendría que haber estado ahí para algo más que pedir ayuda, yo tendría —sus manos se movieron en el aire, impotentes—, yo tendría que haberlo cubierto, tendría que haber podido evitar que su cuerpo quedara abandonado, y solo, y no pude.

Sufrió una pequeña convulsión, y su tristeza e impotencia superaron el efecto de los calmantes, haciendo que se sentara en la camilla, llorando otra vez.

—No hice nada, no pude hacer nada.

Incapaz de hablar, y de contener por más tiempo las lágrimas, Irene optó por no decir nada, y abrazó con fuerza a Priscilla, mientras la chica se aferraba a ella, llorando desconsolada.



2


Cuando los maestros de piedra llegaron a la residencia, treinta minutos más tarde, el estado de los estudiantes había mutado a una especie de letargo, silencioso y triste; ubicados en la sala central de la residencia y escoltados por los maestros de especialidades, estaban divididos en varios grupos, algunos consolándose mutuamente, o hablando en voz baja, como una suerte de involuntario temor a interrumpir con ruido lo que los había sumido en el silencio. Una vez que los maestros entraron, en completo silencio, Aziare anunció que había una visita importante y se solicitaba la atención de todos; Kalrei Holtz, vestida de un traje pantalón negro, entró a paso lento aunque decidido, acompañada de su hermano menor Reus, quien también vestía de riguroso negro. Al segundo de entrar ambos, uno de los maestros de especialidades activó un proyector portátil, que materializó un holo a escala real de Olga, la mayor de los hermanos, quien al igual que los menores lucía un riguroso luto, en su caso con un vestido largo y sencillo, y un pañuelo que cubría los hombros. Discretamente, los maestros de piedras se ubicaron tras los hermanos, mientras los maestros de especialidades completaban el marco a los costados, todos como un equipo, de cara a los estudiantes. Olga, esbelta y elegante, paseó la mirada por todos los estudiantes, sin disimular el sentimiento de dolor que en ese momento la embargaba, y a la vez, manteniéndose firme ante el desafío de hablarles a todos.

—Quiero comenzar pidiendo una disculpa formal, por un asunto que puede parecer superficial, pero que a mis ojos reviste una gran importancia —su voz transmitía emoción y al mismo tiempo, calma—. Me encuentro muy lejos de la academia esta jornada, por ese motivo tuve que utilizar este medio tan impersonal para dirigirme a ustedes, porque aunque no lo apruebo, lo prefiero antes de hacerlos esperar. Hemos recibido la noticia de la muerte de Oskar con la misma sorpresa e incredulidad que ustedes, pero nosotros estamos al mando de esta organización, y tenemos el deber de enfrentar este hecho de forma abierta, de cara a todos.

León notó, con gran sorpresa, la forma en la que Olga mencionó el nombre de Oskar. Como si lo conociera, como si en ese momento se estuviera refiriendo a alguien a quien conocía, no a una cifra en una tableta de datos; esa actitud hizo que sintiera un gran respeto por ella.

—A mi juicio, por la tranquilidad de él, lo más apropiado es tratar todos los detalles de su muerte con la mayor de las delicadezas, me violenta la idea de que cualquier dato relacionado con un hecho tan trágico como este, pueda ser tomado de un modo incorrecto, por las razones que sean; sin embargo, entiendo que existan muchas dudas, a las que por supuesto tienen derecho. Dentro de estos muros, hay personas que lo conocieron, que fueron sus amigos, mucho más allá del concepto de compañeros; ustedes tienen derecho a saber, incluso si ese conocimiento resulta difícil, o doloroso para cada uno. Pero para eso hay tiempo, y siendo honesta, nosotros mismos todavía no estamos preparados para entregar esa información, de modo que les pido que tengan un poco de paciencia.

Olga hizo una pausa, en la que Kalrei tomó el lugar para hablar; aún con el desconcierto de una noticia tan reciente, Carlo no pudo dejar de notar la profunda voz de la segunda de los hermanos, y la expresión dura y firme de ella al hablar. Algo en lo que estaba pasando resultaba molesto para ella, pero al mismo tiempo, su voz era especial para ese momento, dedicando cada sílaba a transmitir un sentimiento, sin dejar claro si eso era algo real o no.

—No vamos a mentir —dijo con decisión—. Aunque sea doloroso, tenemos que enfrentar la situación, porque somos fuertes; su compañero, su amigo Oskar, murió en un accidente.

La declaración de la mujer hizo que varios tomaran un sentido real a la situación que estaba sucediendo; a pesar de ver en persona por primera vez a los hermanos, su presencia, y la solemnidad de sus palabras y la presencia de los maestros escoltándolos, hizo que de una vez quedaran eliminadas todas las posibilidades de duda. A partir desde momento, el estudiante que faltaba en la academia faltaría para siempre.

—Como dijo mi hermana, los detalles son algo que tenemos que manejar con mucho cuidado, y en primer lugar es necesario que sepamos con exactitud lo ocurrido, además de cumplir con los protocolos correspondientes, y por supuesto dar aviso a la familia. Está de más decir que la jornada de estudios durante el día de hoy queda suspendida, pero no quiero decir con esto que no vamos a acompañarlos. Necesitamos pedirles que confíen en lo que decidamos, nosotros nos haremos cargo, haremos todo la posible por evitar que algo similar vuelva a suceder.

Olga matizó el tono fuerte y decidido de su hermana, con uno más sencillo y cercano; estaba haciendo todo lo posible por superar la barrera de la distancia, conectando con ellos.

—Por favor, sean sinceros en todo momento; tienen un derecho básico como seres humanos, y este es el derecho de sentir. Sientan y experimenten, nunca se nieguen a ello: si sienten deseos de llorar, háganlo, si están enfadados, sepan que nadie va a censurarlos. Si necesitan ayuda, compañía, o incluso alguien necesita un calmante, o simplemente una persona con quien hablar, permitan que las personas en la torre apropiada los asistan, ya que ese es un sitio en donde nadie los va a juzgar, evaluar o criticar; si no necesitan esto y prefieren usar los espacios, háganlo, pero les pido que no lo hagan solos. Si no desean la compañía de nuestros maestros o ayudantes, no se preocupen, pero en ese caso, tomen apoyo de ustedes mismos: nunca, como ahora, la amistad y el amor será tan importante, porque incluso el dolor es más soportable, en compañía.

Sin que ninguna de las dos lo mencionara o hiciera gesto alguno, Reus, el menor de los hermanos, avanzó un breve paso y se dispuso a hablar; Serene notó de inmediato el color tan brillante del celeste de sus ojos, que según se decía, era idéntico en los tres, aunque ellas usaban modificaciones de tono en ocasiones. Parecía tan joven, puro y bello como muy pocos hombres podía ser.

—Sólo quiero decir que sabemos lo que están pasando. También hemos perdido a alguien alguna vez.

No dijo más, pero su voz pareció permanecer por un instante adicional, suspendida en el aire. Dedicó una mirada a todos retrocedió hasta quedar al lado de su hermana.

—Por favor —continuó Olga—, hagan saber a sus maestros si necesitan asistencia, y no olviden que estamos aquí para ustedes.

Los tres hermanos hicieron una breve despedida, tras lo cual la imagen de Olga se desvaneció, y Kalrei junto a Reus salieron en silencio.

—Esto es algo terrible —dijo Serene una vez que los hermanos salieron del lugar—. Es una situación tremenda, algo que es imposible de aceptar.

Mientras tanto, Kalrei salió de la residencia, en compañía de su hermano y Dvorkia, quien llegaba en esos instantes.

— ¿Ya tienen el informe definitivo?
—Así es, el personal del servicio forense se fue hace un momento: la causa oficial de la muerte del chico es una herida punzante con salida, en la zona del cuello, afectando a las vértebras y arteria, teniendo como resultado una pérdida instantánea de las funciones neuronales.
—Murió sin saber lo que había pasado.
—Correcto.
— ¿Y qué lo provocó?
—La manipulación descuidada y sin los elementos apropiados de seguridad de la barra metálica que causó la herida, en el contexto de utilizarla sobre un impulsor de energía variable, con el objetivo de equilibrarla y tomar datos referenciales para un proyecto.
— ¿Estaban convencidos?
—Sí, el impulsor concuerda con los datos que ellos mismos detectaron de las características de la herida y trayectoria.

Kalrei asintió; era una tranquilidad que la verdad modificada quedara cono oficial, desplazando a la verdad completa, que fuera de los confines de la academia sería mucho más difícil de sostener sin tener que dar una gran cantidad de explicaciones. Después de todo, la muerte se produjo de la misma forma y por razones muy similares, excepto que en vez de manipular de forma errónea un artefacto, lo había hecho con el poder de la piedra; de alguna manera, el personal encargado de comunicarse con la familia conseguiría convertir esa acción equivocada en un trágico accidente, evitando culparlo.

—Reus, tu intervención fue apropiada, lo que dijiste sirvió mucho para conectar con la gente.
—Gracias hermana.
—Estaba preocupada por lo callado que estabas.

El joven miró en todas direcciones mientras caminaban, como si temiera que alguien los estuviera escuchando.

—Ya sabes que no soy muy diestro hablando en público, no tengo el mismo talento que ustedes.
—Tonterías, sólo debes relajarte, y todo sucederá de forma muy natural.

Tal como lo esperaba, Olga la llamó después del tiempo suficiente para estar lejos de la residencia; contestó proyectando la imagen de su hermana sobre la pantalla de luz sólida del móvil.

— ¿Cuál es tu opinión de la reacción de los estudiantes?
—Todo lo que podemos esperar en una situación como esta —replicó con seguridad—, y se tomaron bastante bien lo que les dijimos.
—Estoy leyendo el informe oficial —comentó, tras asentir al comentario anterior—; me parece que es correcto, lo apruebo.
—También yo —Kalrei esbozó una ligerísima sonrisa—, así que todo está controlado. De todos modos, me preocupa que tengamos una crisis de tranquilidad, que los estudiantes se sientan inseguros por demasiado tiempo.

Olga frunció ligeramente el ceño, pero un instante después reobró su habitual calma; podía estar siendo algo insensible, como de costumbre, pero Kalrei tenía razón, cuando hablaba de una potencial crisis de seguridad: de momento, era imposible calcular cuánto afectaría a los estudiantes aquella muerte, pero resultaba de una importancia fundamental utilizar todos los métodos posibles para poner en movimiento otra vez la máquina de la academia, reintegrando a los estudiantes a sus labores habituales, y logrando que no perdieran el norte. El desarrollo de los chicos y su evolución en profesionales exitosos era primordial, y ni siquiera algo tren terrible como una muerte podía detenerlo. En ese momento pensó que, muy probablemente, el acuerdo al que llegarían, sería utilizar el mismo hecho como un aliciente para los estudiantes, haciéndoles ver que era parte de su deber continuar con la rutina y, que esa actitud sería un homenaje póstumo, y muy merecido.

—Tienes razón en lo que dices; llegaré dentro de poco, sugiero que nos reunamos en las instalaciones del alto mando con los maestros de piedra, para que analicemos este tema.
—Estoy de acuerdo; en cualquier caso, nos íbamos a quedar aquí por lo que tenemos que supervisar, así que es una oportunidad para programar las acciones a seguir.
—Esto es una tragedia para la institución.

Reus habló por primera vez, mientras aún se desplazaban hacia las instalaciones del alto mando.

—Todo va a salir bien, estoy seguro, hermana.
—Gracias Reus. Por cierto, estuve muy sorprendida por tu intervención, lo hiciste muy bien.
—Te lo agradezco.
—No es tanto un elogio cono un reconocimiento —la mujer hizo una pausa muy breve—. Reus, es importante que tomes conocimiento de los labores y ocupaciones que tenemos, y comunicarte con los estudiantes es un muy buen paso.
—Lo sé, Kalrei me estaba diciendo lo mismo.

Olga asintió, algo pensativa. Qué lejano parecía el momento en donde la mayor preocupación era localizar una potencial piedra doble.

—Hablaremos luego.

Al interior de la residencia, las palabras dichas por los hermanos habían dado un nuevo golpe en los estudiantes; tras la confusión inicial, la conmoción y el miedo, la confirmación de los hechos hacía que todo aquello que conocían se tambaleara, tomando una nueva dimensión en donde la muerte de una persona tenía un peso jamás antes imaginado. Maud y Lena estaban sentabas en uno de los sillones, apoyándose la una en la otra.

—Es imposible —estaba diciendo Maud—, sé que lo acaban de confirmar dos veces pero... no puedo creerlo, es como si todo esto fuera una pesadilla.

Lena estaba al tanto del nexo que unía a su amiga con Oskar; lentamente, la simpatía inicial se convirtió en amistad, y aunque para ella resultaba evidente que él tenía un interés romántico, la amistad que demostraba por ella era genuina, y esa honestidad a la hora de relacionarse con los otros era una clara señal que lo definía como persona. Oskar era un chico honesto, amable, y no esperaba nada distinto de la vida, que aquello que estaba sucediendo; no se hizo de la amistad de Maud esperando que naciera algo romántico, lo hizo porque apreció en ella todas sus cualidades. Lena se quedó nuevamente sorprendida y desolada de la forma en que, casi inconscientemente, estaba transportando todo lo relacionado con Oskar, al pasado, de la misma forma en que se refería a otras personas.

—Amiga mía, no sé cómo consolarte, porque estoy tan impactada como tú.
— ¿Pero cómo es que puedo asimilarlo? —había un toque de desesperación en su voz— Hablamos ayer Lena, ayer, y ahora simplemente...
—Lo siento tanto.
— ¿Qué hiciste tú?

Lena se aclaró la garganta; era un tema que para ella no era lo mismo, y así se lo hizo saber; la pregunta fue subrepticia y un poco violenta, pero entendió que su amiga no lo estaba haciendo por maldad, sino que era un signo de los sentimientos que la superaban.

—Lo siento, pero no creo que mi experiencia te ayude en esto: mi familia murió cuando yo tenía seis años, como te conté, así que no recuerdo prácticamente nada de ellos. Mis padres son los que están en la imagen que viste cuando estábamos conversando, y es cierto, tergo muchos sentimientos por ellos, pero no puedo comparar.

Maud hizo una pausa para secarse las lágrimas. Lena sólo había hablado de forma superficial del tema, y tenía motivos para ello: le había dicho que no era un asunto especialmente sensible para ella puesto que sus recuerdos eran muy vagos, pero prefería profundizar en el asunto cuando tuvieran la calma apropiada y el tiempo para eso. Hasta ese momento era un tema pendiente.

—Perdóname, hablé sin pensar.
—No tienes que disculparte.
—Siento que todo me da vueltas ¿Entiendes? Hablaron de un accidente ¿Qué clase de accidente puede provocar algo así?
—No sé si lo que voy a decir es lo correcto —dijo Lena, en voz baja—, pero siento que si te haces esa pregunta una y otra vez, sólo te estarás haciendo más daño.

Iba a continuar hablando, pero tuvo que hacer una pausa, al sentir que las lágrimas asomaban nuevamente a sus ojos; sintió un nudo en la garganta, pero aunque estaba asustada y sentía una enorme angustia, se obligó a mantener la calma, considerando que Oskar era más cercano a Maud que a ella; ya habría tiempo para asimilar todo lo que estaba pasando, y saber qué tan doloroso era, en la actualidad, estar enfrentada a la muerte de alguien a quien conocía.

—De momento —escuchó su propia voz quebrarse, pero prosiguió— lo único que podemos hacer es tratar de resistir, y esperar.

En ese momento el grupo estaba algo más diseminado, y Aziare aprovechó la oportunidad para acercarse a las chicas: se sentó en frente de ellas.

— ¿Cómo están?
—No lo sabemos con exactitud —replicó Lena—. Aún no lo podemos creer.
—Para todos es difícil —dijo la maestra—; pero no se alejen, ni se aíslen. Estoy aquí para ustedes.
—Gracias.

Mientras tanto, Esteban estaba un poco más alejado del resto, acompañando a Sebastián, quien tenía una placa fría en la pierna izquierda, la cual había sido indicada para restaurar el daño sufrido luego de su salto por la ventana al principio de todo eso.

— ¿Mejor?
—Sí, no es nada — replicó con tono ausente—. Todo esto es increíble, te prometo que no puedo creerlo.
—Tampoco yo. Disculpa por la pregunta ¿Alguna vez viste un accidente fatal cuando corrías?
—No —se encogió de hombros, apesadumbrado—. En los años que corrí, sólo hubo una muerte, y fue por razones distintas. Un piloto sufrió un problema cardíaco, algo repentino, y cayó de la moto: tuvo varias fracturas, pero sobrevivió. Estuvo un par de semanas en recuperación, pero fue empeorando. A final, sucedió, pero todo eso estaba previsto.
—Es terrible que haya pasado —comentó en voz baja—. Pero parece que hay alguien a quien esto no le importa lo suficiente.

Miró en dirección a Miraz, quien, fiel a su costumbre, se mantenía un poco apartado del resto, en silencio y sin interactuar; antes había cambiado completamente su percepción de él en la arena de entrenamiento, pero aún conservaba muchos cuestionamientos de su forma de comportarse.

—Oye —le dijo acercándose a paso rápido—. Hay algo que quiero saber ¿Te importa algo de todo esto?
—Esteban, espera.

Sebastián se había acercado, cojeando un poco por la lesión; sin embargo, el otro no le hizo caso.

—Es sólo una pregunta, es difícil saber lo que piensas porque nunca dices nada.

Miraz le dedicó una enigmática mirada, pero aún no respondió.

—Disculpa —dijo Sebastián interponiéndose entre ambos—; sólo está alterado, no es algo personal.
—No hagas este escándalo —replicó el aludido, al fin—. Demuestra algo de respeto.
— ¿Lo estás demostrando tú con esa actitud?
—Yo no lo conocí —señaló el hombre con fría determinación—. Sería una farsa si demostrara un sentimiento que no tengo hacia él; si te importa, o si era tu amigo, entonces guarda silencio, y preocúpate de apoyar a los que sean más débiles que tú. Deja a los muertos en paz, ellos no pueden defenderse, y ocúpate de los que siguen aquí.

Ambos se quedaron estupefactos al escuchar las serias palabras de Miraz; lo que había dicho era más que una oración, sonaba como una declaración de principios, un conjunto de palabras que determinaban mucho más que sólo lo que estaba pasando en ese momento. Además, lo que decía tenía un sentido concreto, tanto para lo relacionado con la muerte de Oskar, como con la vida en general; Esteban hizo un asentimiento, tras un momento de silencio incómodo para los tres.

—Lo siento, te juzgué mal de nuevo; pero déjame prometer que no voy a volver a equivocarme contigo.
—Disculpa por la interrupción —agregó Sebastián—, y gracias.

Los dos volvieron al lugar en el que estaban antes, y Sebastián volvió a sentarse.

—Fuiste muy apresurado con eso ¿qué le pasa a todo el mundo con Miraz?
—Supongo que cometen el mismo error que yo —respondió, mirando de reojo—, juzgar sin tener nada en concreto: Serene y Mónica hablaron mal de él por su apariencia, eso desde el principio, y creo que la mayoría en algún momento, por no conocerlo. Supongo también que él no ayuda mucho, porque casi no habla con nadie, pero ¿ves a los demás? Ahora que lo pienso, no estoy tan seguro de si todos ellos realmente están tristes por Oskar, o por lo que sea que haya causado ese accidente. Miraz es un hombre muy maduro, tengo la sensación de que ha vivido muchas más cosas que nosotros.

Sebastián miró a los demás, uno de uno, y se dijo que estaba seguro de los sentimientos de varios de ellos.

—Me preguntaba ¿Qué podemos hacer para ayudar a los demás?
—A lo mejor sólo acompañarlos. Y esperar a que nos dejen ir a verla, estoy muy preocupado por ella, por lo que debe estar pasando luego de ver lo que vio; estoy desesperado por llamar a lrene, pero no puedo hacerlo, sería incorrecto, además ella es el único apoyo de Priscilla en este momento.


Próximo capítulo: El adiós que nunca dijiste