Sten mor academia Capítulo 04: ¿Nuevas amistades? ¡Una prueba física!



Zona primaria. Lunes 05 de abril, mediodía.

Poco más tarde, Dvorkia anunció que debían prepararse para una prueba que tendría requerimientos físicos, y que debían estar puntual al medio día en la nave central del edificio.

—Agradezco que hayan venido todos a la hora indicada —dijo en cuanto todos estuvieron reunidos. En ese momento llevaba tenida deportiva—, ahora vamos a ir hacia esa puerta, tengo algo preparado que seguro les va a encantar.

Avanzaron en relativo silencio hasta una puerta de la izquierda, que conducía a una gran sala de pruebas físicas; el recinto estaba en apariencia vacío, pero las paredes, techo y piso ocultaban una serie de mecanismos capaces de generar gravedad, pulsos de aire, destellos de luz, y además otros con la cualidad de percibir y registrar pulsaciones, ritmo cardiaco, niveles de oxígeno, endorfina, serotonina y otros que podían configurar un preciso mapa de reacciones.

—Como saben, esta es una sala de pruebas físicas; no voy a pedirles a todos que hagan lo mismo ni que dejen el alma en una larga cinta de trote mientras llevan mallas ajustadas de colores —sonrió , aparentemente el comentario tenía un doble significado para él—, lo que harán será buscar su identificador ID en el suelo, y comprobarán que disponen de un amplio espacio: el mismo va a verificar que sus niveles estén correctos con un simple escaneo, y luego tendrán que cumplir con la prueba.
— ¿Y en qué consiste la prueba?
—Reflejos, capacidad de reacción; una vez que termine el escaneo, lo único que deben hacer es caminar hasta el fondo, escoger un camino, y luego llegar hasta donde estoy yo. Esto no es una competencia por ver quién llega primero, lo único importante es que lo hagan de la mejor manera posible, según sus propios capacidades. Empiecen.

Todos tomaron posiciones según lo indicado; el escaneo tomaba tan sólo unos segundos, por lo que la caminata hacia el fondo de la gran sala se dio en un ambiente de mayor incomodidad o nerviosismo, que contrastaba con la anterior calma. Por supuesto que algunos estaban sintiéndose en su ambiente cuando se trataba de una prueba física; Esteban era el prototipo de deportista, y pensaba dar uso a sus capacidades desde el primer momento.

— ¿Listo para otra prueba?

Desvió la vista hacia un lado y vio a quien le hablaba con una gran sonrisa en el rostro, e hizo una mueca.

—Yo nací listo.
—Eso es bueno porque, ya sabes, las cosas no siempre son como uno espera.

Había subestimado a ese muchacho por verlo delgado y más bien pequeño, pero fue un grave error; en la cámara de medición de reflejos dentro del edificio fue humillado por ese chico, que desde luego tenía mucha aptitud más de lo que parecía a simple vista.

—Vamos a hacer algo Sebastián. ¿Qué te parece si hacemos una competencia?

El aludido meneó la cabeza.

—No creo que nos pongan los mismos obstáculos, yo soy ectomorfo y tú eres mesomorfo.
—Pero seguro que pondrán una escala de rendimiento personal ¿O es que ahora ya no te sientes tan seguro?

Sebastián sonrió, mientras en segundo plano escuchaba cómo la computadora iniciaba una cuenta regresiva; meses sin hacer nada competitivo, los más felices de su vida, pero igualmente con ese componente faltante. Y no era que Mick se lo hubiera prohibido, es que haber ido a vivir con él y tener una real experiencia de familia siempre estuvo en primer lugar.

—Si quieres hacerlo, adelante, no le temo a las competencias.

Sobrevino el instante previo al inicio de una competencia, ese ligero momento en donde todo quedaba atrás y sólo había un objetivo: avanzar en línea recta y llegar a destino. La señal indicó que ya podían comenzar, y ante eso, toda la sala adquirió un color mate que resaltaba las lumínicas separaciones entre pistas individuales. El sistema inteligente entonces activó los micro sensores y emisores, y aunque a simple vista no se percibía diferencia alguna, algo pasó en cada ruta personal; cada persona fue expuesta a niveles milimétricamente calculados de ondas de luz, sonido o movimiento, ninguna de ellas capaz de dañar en lo más mínimo a una persona, pero teniendo la habilidad de provocar dificultad de movimiento o reacción, todo medido para cada individuo según su constitución y estado físico. Tan pronto como comenzó, Esteban sintió que su cuerpo se volvía mas pesado, como si hubiera más gravedad en ese sitio; de acuerdo, se dijo, he corrido con muchos kilos acuestas, puedo hacer esto.
Sin embargo no era sólo la gravedad: el aire se sintió enrarecido, como si estuviera en una zona de mayor altitud. Por supuesto, si usaba más fuerza para moverse, por obligación necesitaría más oxigeno; eso no era tanto una prueba física como de habilidad, tenía que encontrar el equilibrio perfecto entre la fuerza usada y el gasto de energía. Desvió la mirada por un momento a la izquierda y vio que Sebastián luchaba contra lo que podrían ser ondas de aire, diseñadas para hacer perder el equilibrio a alguien delgado como él. Avanzó un paso tras otro, y de pronto cambió su postura corporal, encogiéndose y juntando los brazos hacia las costillas, mientras con las manos protegía la cara; eso hizo que pudiera caminar un poco más rápido. Esteban decidió dejar de perder tiempo y se concentró en su propio avance, y descubrió que era más sencillo si en vez de avanzar como si empujara una pared, lo hacía arrastrando los pies y moviendo el cuerpo de forma similar a si lo hiciera en el agua. Poco a poco los segundos se volvieron minutos, y se dio cuenta en una rápida mirada que aunque estaba entre los más avanzados, aún no llegaba a las tres cuartas partes del trayecto de más de cincuenta metros.
En tanto, Oiren no lo estaba pasando bien con la prueba; sentía el cuerpo pesado e inestable, y estaba respirando con dificultad. sabía de la existencia de esas cámaras pero nunca había usado una, como claramente otros en ese lugar sí. ¿Qué tenía eso que ver con una academia, con estudios? No podía pensar con claridad, sentía el corazón latiendo con violencia y le temblaban las piernas a cada paso; trataba de mantenerse firme y mirando al frente, pero era como si el suelo bajo sus pies estuviera hecho de gelatina.

—No puedo...

Nunca había sido apto para la actividad física; de tanto en tanto salía a explorar por el campo en busca de algún ejemplar de piedra que fuera apropiado, pero recordaba muy bien el agotamiento después de sólo un tiempo de caminar por zonas escarpadas. Estaba intentando decirse que ese cansancio era distinto, que esto era algo programado y que no le haría daño, pero la sensación estaba ganándole a la razón.

—No... no puedo... no puedo...

Sentía que iba a desfallecer; casi no podía moverse, sentía la garganta seca, y se dijo que quizás no importaba tanto, que podría conformarse y quedar detenido ahí, hasta que terminara la prueba.
Esteban ya había tomado el ritmo de la prueba; incluso el cansancio se estaba sintiendo bien, como un desafío bien acogido por su cuerpo. Se tomó el tiempo para mirar alrededor, y comprobó que estaba entre los primeros, junto a dos sujetos a la izquierda que parecían competir, una chica esbelta que miraba fijo al frente, una morena cuyo cabello ondeaba de un sólo lado de la cabeza, como si se hubiera despeinado, y Sebastián, el competidor al que le interesaba derrotar. Pero un segundo después vio que este se devolvía.

— ¿Qué es lo que?

Sebastián retrocedió casi diez pasos y se detuvo, mirando hacia la pista de su izquierda.

—Oye, reacciona.

Oiren estaba casi inclinándose, pero levantó la vista con dificultad.

—No puedo... no puedo seguir.
— ¡Tonterías! claro que puedes ¿Te vas a rendir ahora que llegaste hasta aquí?

Oiren enfocó la vista y descubrió que el que le hablaba era el mismo chico que lo ayudó a orientarse en Ciudad Capital; le sonrió e hizo un gesto de ánimo con las manos, sabiendo que no podía acercarse en ese momento.

— ¡Levántate! ¡Puedes hacerlo, no tienes permitido rendirte ahora! ¡Llega a la meta, está muy cerca!

Las palabras sonaban tan reales, como si de verdad él creyera en lo que estaba diciendo. Como si creyera en él. Así, sintió un fuerte impulso por continuar, se puso firme en las piernas y siguió el camino, repitiéndose una y otra vez que eso iba a terminar, que sólo era una prueba controlada por máquinas, dirigida por personas especializadas en ello, y que no sufriría daño alguno. De pronto se dio cuenta que estaba en la línea de meta, aunque exhausto y aturdido, pero lo estaba.
Alguien acercó una silla y se sentó pesadamente dejando por un momento que las cosas pasaran; alguien le alcanzó una botella con agua y bebió un par de sorbos con los ojos cerrados, mientras aguardaba a que su respiración volviera a la normalidad.

— ¿Te sientes mejor ?
—Un poco —replicó con lentitud—, no puedo creer que lo haya hecho.
— ¿Nunca antes probaste algo así?
—Nunca.

Inspiró profundo y sintió que la respiración volvió al ritmo normal. Enfocó la vista y vio que estaba en la zona de llegada, y aunque varios se veían cansados, ninguno parecía estar en tan mal estado como él.

—Tú eres... tú me ayudaste en la mañana. Gracias.

Sebastián sonrió amigablemente.

—Tonterías, no hay nada que a gradecer; mi nombre es Sebastián.
—Oiren, es un placer, y gracias de nuevo por ayudarme.
—Insisto, no lo agradezcas; lo importante es que terminaste la prueba.
—Pero fui el último de todos.
—No es una competencia —dijo el otro quitando importancia a ese asunto—, lo que miden son las estadísticas de rendimiento personal.
—Estadísticas no muy buenas para ti, me temo —dijo Esteban acercándose con dos botellas de Emporio en las manos y una gran sonrisa en el rostro—, ibas muy bien, estabas entre los primeros junto conmigo .
—Espera ¿van a descalificarte por... ?
—Cómo crees, eso no va a pasar —comentó Sebastián con toda calma—, sólo relájate mientras nos informan cómo sigue todo esto.

Dvorkia en tanto estaba recibiendo datos en la tableta que llevaba consigo; Serene se acercó a él mientras se ataba el cabello a la altura de la nuca.

—Supongo que todo esto no es más que rutina.
— ¿Disculpa?
—Esta prueba; las personas que hemos sido escogidas para estor en esta academia cumplimos con lo establecido —dio una rápida mirada alrededor—, o al menos la mayoría de nosotros.

El hombre sonrió con indulgencia.

—Las pruebas que realizamos no son por protocolo; por lo tanto mi consejo es que tengas la mejor disposición par para aprobar todas.

Dicho esto se desplazó hasta el panel de control, en donde dio la instrucción de dar por finalizaba la simulación.

—Damas y caballeros, hemos terminado la prueba y me alegra ver que todos han llegado al final; pero eso no significa que hayan aprobado. Ahora les pido que vayan todos a sus cuartos, una vez dentro recibirán una notificación sobre el resultado; a fin de evitar que pasen por una situación incómoda, les pido que no salgan de los cuartos hasta que se les de aviso, de esta forma quienes no tengan el resultado indicado podrán retirarse en calma.

Esteban dio una rápida mirada alrededor ¿Podría notar a los que iban a faltar entre más de cuarenta ? En realidad eso era una tontería ya que no conocía a ninguno de ellos; el punto es que necesitaba ocuparse en algo, ya que la actividad física fue insuficiente y el tenía el organismo cargado de energía. Subió al cuarto por la escalera y se tendió en la cama, nervioso y ansioso por dejar la inactividad, pero incapaz de hacer algo en ese mismo momento. Después de lo que pareció una eternidad, una notificación llegó al panel junto a la cama, que lo hizo saltar y bajar corriendo hasta la nave central donde lo esperaba Dvorkia.

—Gracias por estar aquí —dijo al cabo de un instante cuando el grupo se terminó de reunir—, ustedes son los 33 que superaron la prueba física con las indicaciones correctas, por lo que están aprobados en esta primera etapa. Aún es necesario que realicen otras pruebas, pero esta es el principal filtro que determina si son aptos para estar dentro de Sten mor o no; en cualquier caso, les recomiendo no confiarse, porque aunque la tasa de descalificación en las etapas posteriores es muy baja, las pruebas siguientes tienen mayor requerimiento. Pero eso será informado a su tiempo, ahora les pido que aprovechen la próxima hora para descansar y analizarlas estadísticas que les han sido enviadas. En una hora podrán almorzar en las instalaciones al final, en la puerta indicada para ello.

Oiren no sabía cómo tomarse la noticia recién recibida ¿Había aprobado el examen físico a pesar de su mal desempeño? No recordaba a nadie en particular salvo al chico que lo ayudó, pero estaba seguro de que al menos dos de los que no estaban eran sujetos de complexión gruesa o musculosos. Sebastián se acercó sonriendo.

—Parece que todo está bien ¿lo ves?
—Todavía no puedo creerlo.
—Es porque seguramente asociaste esta prueba con superar una dificultad deportiva, pero lo que están midiendo es tu capacidad física de acuerdo a tus indicadores personales.
— ¿Como si quisieran saber si en realidad no tengo algún mal o incapacidad que me impida estudiar?  no entiendo cómo es que una prueba como esta puede determinar algo, lo que quiero estudiar no tiene nada que ver con ejercicio físico.
—Quizás aquí sí. También verifican que eres apto para estudio al aire libre o desarrollar tratamientos de tipo físico, es posible que sea parte del calendario de estudios de este sitio.

Oiren no había pensado en eso. Pero al mismo tiempo que se sentía aún sorprendido por lo que estaba pasando, estaba comenzando a sentir satisfacción de ver superada esa primera etapa ¿Cómo podía ser alguna de las siguientes más difícil que esta, en la que por un momento se sintió a un paso de abandonar todo?

El salón comedor del edificio era una gran sala rectangular equipada con todo lo necesario para disfrutar de una comida satisfactoria; en esos momentos reinaba el cordial desorden habitual de un grupo grande de personas escogiendo refrescos y platillos y buscando el lugar apropiado para sentarse. Una de los meses ubicada en el centro estaba ocupada por Ferrán, Serene, Mónica, Mauren, Alana, Priscilla y Bárbara, siendo Serene quien llevaba el ritmo de la conversación.

—Realmente me parece bastante sorprendente que algunas personas sigan aquí; es decir, es claro que hay una selección.

Mónica sonrió.

—Yo estaba diciendo lo mismo poco antes ¿vieron a ese sujeto?
— ¿Cuál?
—El de allá—señaló discretamente—, el que está en el extremo, solo.

Las miradas de todos se dirigieron a un hombre que estaba comiendo en total silencio, solo en la mesa más alejada; parecía algo mayor para estar allí, aunque algo en su apariencia evitaba que se pudiera apreciar de la forma correcta; Ferrán notó que había cicatrices en el cuello y antebrazos, pero a esa distancia no podía precisar a qué se debían.

—Es obvio que no pertenece a éste lugar digo ¿No lo vieron de cerca?

Priscilla respiró profundo antes de contestar.

—Es una persona como cualquiera de nosotros.
—Por favor. Y escucha, no sólo hablo de como luce, que ya es bastante chocante, sino de su actitud, se comporta como un desadaptado.
—En cualquier caso —comentó Serene con tranquilidad—, Dvorkia me dijo que aún faltan pruebas por realizar, y lo más probable es que en una de ellas todo se resuelva.

Priscilla se puso de pie y tomó su bandeja con manos tensas, pero por suerte no temblorosas.

—Permiso.
— ¿Qué le pasa? —dijo Mauren algo sorprendida ante el abrupto retiro de la otra chica—, parece como si le hubiera molestado algo.
—Señoritas —comentó Ferrán con una sonrisa resplandeciente—. Por favor no nos compliquemos la vida. Es un día hermoso, hemos superado la primera prueba de las preliminares sorpresa y, tengo que agregar, estoy en su compañía. ¿Que tal si nos conocemos más? Tengo muchos deseos de saber de donde vienen y a qué se dedican.

Las chicas sonrieron ante la intervención; mientras tanto, Priscilla estaba caminando de forma desinteresada, para darse tiempo a encontrar dónde sentarse sin quedar sola y ser blanco de comentarios malintencionados como los de Mónica; aunque de todos formas lo sería por haberse  parado de esa manera, pero es que en realidad no soportaba esas actitudes. Una chica que estaba con otras tres personas le hizo un gesto disimulado para que se acercara.

—Parecías un poco molesta con ellos ¿Qué ocurrió?
—Gracias, hola —dijo saludando a todos—, supongo que no es nada tan grave, o quizás es algo que a mí me resulta molesto.
— ¿Qué ocurrió?

Al hablar se dio cuenta de que, en caso de dar la explicación concreta de lo sucedido, pondría al involucrado en la misma situación a la que lo habían expuesto los otros.

—Nada en particular, es que las personas que se sienten superiores al resto son molestas.

Había quedado en su rango de vista, por lo que miró en su dirección mientras las otras personas en la mesa charlaban; en efecto, había algo raro en su apariencia, y le dio la impresión de ser heridas o cicatrices antiguas. Quizás había sufrido algún accidente grave, o ella lo relacionaba de esa forma porque había visto un caso cercano; cuando una persona pasaba por un accidente grave, la cirugía reparaba, era capaz de regenerar piel y tejidos, recomponer articulaciones y restaurar músculos, pero si se trataba de una herida muy extensa o grave, algo quedaba mal en la apariencia general de la persona, a menos claro que fuera un multimillonario. No era un aspecto repelente, ni grotesco, pero había algo artificial que permanecía en pugna con lo natural de la persona. Además había algo en el cabello, parecido a entradas por la edad, pero mucho más marcadas en uno de los dos lados; quizás sería cierto que tuviera una extraña actitud como insinuaron, pero eso no era motivo para hablar de él de forma grosera. Intentó calmarse.

Mientras el almuerzo proseguía, el comedor estaba siendo observado con atención desde cierta distancia; en la sala destinada para ello estaban los tres controladores de imagen y sonido y los seis maestros, cada uno atendiendo a la escena desde su particular punto de vista.

—Parecen muy prometedores —comentó Omar entre bocados de un gran sándwich de res—, creo que tenemos un muy buen año.
—Me llama la atención que algunos de ellos hayan pasado —comentó Gabriela con cierto desdén—, estaba convencida de que al menos tres no quedarían.

Aziare estaba revisando las estadísticas que el sistema había tomado de cada uno de ellos; asistió aunque sin demostrar acuerdo.

—Por lo visto no hay nadie que destaque de forma excepcional.
— ¿Qué dices de ese musculoso de la izquierda?
— ¿El de cabello ceniciento?
—No, el otro.
—Déjame ver. Esteban; tiene gran capacidad física, pero ningún otro indicador que lo haga resaltar. Requerirá algo de trabajo.
—Lo pido —comentó Omar sonriendo—, me gustan los desafíos.

Jael miró con las cejas levantadas a Darius, quien jugaba con un cubo de luz.

— ¿Estás prestando atención?
—Ese platillo está mal preparado —dijo como si fuera la respuesta a una pregunta—, el que eligió la chica de cabello rizado, es como el plato del Festival, pero le pusieron carne de res en vez de bovino; estuve en una muestra de comida típica en One-garui y lo recuerdo muy bien.
— ¿Y eso tiene que ver con esto porque... ?

El hombre la miró con una plácida sonrisa.

—Todo está bajo control, además, quiero impregnarme de los conocimientos de ustedes.

Jael revoleó los ojos, pero decidió no decir nada.

—Luz me parece apropiada según sus estadísticas.
—Lo acabo de apuntar Flavio —dijo Aziare de inmediato, captando el comentario del otro maestro que miraba fijo a una pantalla—. Entonces Omar pidió a Esteban, Jael a Ikronne, Gabriela a Silvia, y Flavio a Luz. Sólo faltamos Darius y yo.
—Estoy seguro de que ya elegiste, estás muy preparada.
—En realidad —dijo sin prestar atención a la broma—, creo que elegiré a Amber, definitivamente.
—Siendo así —comentó Darius fingiendo una cara seria—, es mi momento.

Estiró el brazo derecho, en cuya muñeca pendía una cinta de color violeta con una piedra pendiente de ella; se trataba de un trozo de cuarzo rosa del porte de un guisante, que al momento emitió un brillo.

— ¿Te parece que eso es necesario?
—Por supuesto que es necesario —replicó Darius con una sonrisa—. Al fin y al cabo, lo que hará que estos chicos se conviertan en personas exitosas es una piedra como la que tengo en mi muñeca; quiero que mi piedra elija al estudiante que puedo escoger de entre los que están ahí.

Hizo un ligero movimiento circular con el puño entrecerrado, lo que hizo que la piedra emitiera un brillo más intenso que el anterior; los maestros habían sido educados para que, además de sus capacidades, pudieran utilizar la piedra que les correspondía en una frecuencia especial, misma que en la búsqueda de potenciales les había servido para llegar hasta sus objetivos: esta frecuencia detectaba las capacidades naturales de cada individuo para utilizar el poder de las piedras otorgadas en Sten mor, y si era dirigida a los potenciales, podía destacar un tipo de afinidad con alguien, dependiendo del estilo de uso que pretendiera dar el maestro. La piedra dirigió su tenue pero visible brillo en una inequívoca dirección, después de lo cual Darius se dio por satisfecho y bajó el brazo, terminando con el proceso y haciendo que la piedra en su muñeca apagara su destello.

 —Krau, yo te elijo.

Apuntó a una de las pantallas en donde el aludido seguía almorzando, ignorante de la vigilancia sobre él ejercida; los demás lo miraron entre extrañados y sorprendidos por la extraña forma de actuar, pero nadie dijo nada; Aziare reprimió una sonrisa, al recordar sus continuas bromas durante el periodo de estudio en el extranjero. Ahora le parecían más divertidas porque ellos ya estaban en una zona de mayor comodidad.

—Bien —dijo al cabo de un momento—, entonces ya todos hemos elegido un estudiante, por lo que esta etapa está terminada, el resto de los grupos serán definidos de forma aleatoria.

Gabriela asintió mientras iba hacia una puerta lateral de la sala en la que se encontraban.

—Estupendo, estamos un paso más cerca de comenzar; los veo luego.

Poco después, la maestra entró en una sala secundaria ubicada en el mismo edificio en donde estaban los estudiantes, pero en un sitio que no era accesible para ellos; nueve personas estaban en el interior, cambiándose ropa y quitando una serie de accesorios de primera generación que habían hecho que sus rostros se vieran por completo diferentes.

— ¿Ya está listo el reporte?
—Así es maestra Gabriela —dijo uno de ellos—, enviamos el reporte completo hace un instante.
—Dame algunos datos de inmediato ¿descubrieron algo que llame la atención?
—Todo en orden; hicimos el escaneo completo y no hay micrófonos, grabadoras, cámaras ni sensores de ningún tipo: todos están limpios.

Legalmente no podían registrar las pertenencias de los estudiantes ni a ellos mismos, pero extraoficialmente se daban el trabajo de incluir trabajadores infiltrados, que hacían toda la primera etapa, desde la zona de arribo, disfrazados y caracterizados como personas comunes, mientras llevaban diferentes sensores ocultos entre sus ropas. Gracias a esa precaución evitaban que algún intruso lograra llegar hasta las instalaciones de la academia y extraer información importante. El secreto del uso de las piedras en Sten mor había permanecido a salvo durante mucho tiempo, y la misión de todos era mantenerlo así.




Próximo capítulo: Prueba de conocimiento. ¿De dónde vienes?

Sten mor academia Capítulo 03: Recién llegados. ¡Prueba sorpresa!



Zona primaria. Lunes 05 de abril.

Edsel estaba muy nervioso ese día; si bien la posibilidad de ingresar a Sten mor era algo maravilloso e inesperado, también era fuente de algunas preocupaciones que no podía ignorar: desde siempre había sido impopular y de pocos o nulos amigos tanto en el entorno social como laboral, y de pronto, a punto de cumplir los 26 años, era convocado por la academia de la que salían los personas más talentosas del país ¿Cómo iba a impactar eso en su vida, qué tan preparado estaba para enfrentar un desafío como ese, y cuánto de su dificultad para encajar podía volverse un riesgo para sus anhelos? Lo primero que se dijo fue que si eso estaba pasando, su obligación era hacer un profundo trabajo interno, cambiar su comportamiento y encontrar una forma de encajar en el grupo, por que al estar en un centro de estudios tendría que trabajar con otras personas, interactuar de forma exitosa y comunicarse de manera Fluida. Y cuando estaba bajando del transporte en la Zona de recepción, tras un apacible viaje en que se recordó una y otra vez cuál tenia que ser su objetivo más importante, la vio, y se le olvidó todo lo que había estado pensando; la chica era alta y esbelta, de bellas formas, con el abundante cabello castaño cobrizo largo hasta media espalda, peinado hacia la derecha, cayendo de forma natural sobre el hombro, y generando un medio marco en el rostro ovalado, donde resaltaban los brillantes y expresivos ojos color miel, decorados con un entramado de brillos de distintos tonos de violeta y rojo; llevaba un atuendo ligero y de colores claros, diseñado para dar mayores contornos a la figura. Su actitud corporal evidenciaba que estaba segura de lo atractiva que era, y lo usaba como su primera carta, el golpe a la vista que no dejaba indiferente a las personas a su alrededor; en ese momento estaba en la máquina de refrescos, y él pudo ver desde la distancia que lo separaba de ella, que estaba eligiendo una combinación de frutos silvestres con un toque de ácido, algo apropiado para el fin de la temporada más fría del año. Se dijo que eso era un regalo, que tenía no sólo la suerte de estar a un milímetro de ingresar a un centro de estudios del más alto nivel, sino que además una de los primeras estudiantes que veía de cerca era un sueño hecho realidad estaba ahí, a un paso de él. Respiró profundo y se acercó, seguro de hablar en el tono de voz adecuado para no resultar molesto.

—Hola, qué tal.

La chica volteó ligeramente hacia él cuando se percató de su presencia; de cerca era aún más bonita. Edsel hizo un asentimiento mientras saludaba.

—Es un placer, veo que también vienes a estudiar a la academia.

Ella sonrió de forma gentil, aunque mantuvo un brazo de distancia.

—Así es, qué gusto.
—Es un día importante —temió contar muy dramático, así que cambió el rumbo de sus palabras— ¿Nerviosa?
—Oh, para nada, esto era algo que tenía que pasar —dijo ella los tranquilidad—, ya sabes, todo toma su lugar cuando corresponde.
—Ya veo —esas palabas lo habían dejado algo fuera de foco ¿a qué se refería? —. Mi nombre es Edsel.
—Serene —replicó ella luego de una pausa mínima para dar un sorbo a su refresco.
—Bonito nombre, muy musical.

Una voz masculina se adelantó a lo que fuera que Edsel tuviera pensado decir, y captó la atención de la chica. Ferrán sonrió ampliamente al acercarse caminando con total naturalidad.

—Gracias.
—No hay nada que agradecer, era una realidad más que un cumplido, aunque por supuesto lo mereces.

Serene sonrió ante la ingenioso juego de palabras, y como por arte de magia la conversación se trasladó a ellos dos, como si hubiesen estado charlando desde antes, o se conocieran; pocos momentos después estaban desplazándose hacia un costado, dejando a Edsel solo frente a la colorida máquina de refrescos.

"Muy bien, hay cosas que nunca cambian"

Se quedó un momento inmóvil mirando a la imagen de sí mismo que, fraccionada, le decía de forma silenciosa por qué esa chica atractiva se iba conversando con alguien como ese sujeto y no con él: por que él no era guapo, no tenía buen porte o vestía de la mejor manera.
Serene y Ferrán en tanto, se acercaron a una de las ventanas mientras ella bebía.

— ¿Un amigo tuyo?
—Oh, para nada; me pregunto si ese edificio será la academia.
—Estaba pensando en eso ¿Sabes? y creo que no, que es una zona previa a las instalaciones. Estaba recordando que la última vez que pasé desde Pristo hacia Ciudad Capital vi un complejo en el extremo nor-oriente, creo que es Sten mor.
— ¿Estuviste en Pristo hace poco?
—Un par de meses.
—Yo también, siempre es bueno dar una vuelta y ver los espectáculos, los grandes claro.
—Hay mucho para escoger —replicó él sonriendo—, y fue bueno ir, ahora no sabemos hasta cuando podamos hacerlo.

A un costado, Oskar estaba sentado mirando con total atención lo que veía en la pantalla del móvil; había sido lo más emocionante del día hasta ese momento, y estaba asimilando cada detalle para memorizarlo cono un preciado tesoro: el video empezaba de forma abrupta con una imagen distorsionada y susurros entrecortados, para luego quedar unos instantes en negro y silencio, y finalmente comenzar con la imagen. A cierta distancia podía ver a Lori y Carl sus hermanos menores, y a Ben, la hija de su hermana; de nueve, ocho y siete y medio respectivamente, eran inseparables y aunque a veces hacían travesuras, ese acto tenía otro objetivo.

—Hermano.
—Hermano mayor.
—Tío Oskar.

Por lo que se veía, estaban tratando de hablar por turnos, pero nada de eso estaba ensayado como para que diera el resultado apropiado; se reían continuamente y cada tanto vigilaban la puerta de la despensa de la cocina, en donde estaban grabando el saludo.

—Estamos muy orgullosos de ti.
—Por tu viaje.
—No, por tu premio.
—Por lo que vas a hacer.
—Mamá dice que vas a ser un profesional muy muy exitoso.
—Papá dice que vas a una escuela muy importante.
—Vamos a portarnos bien mientras no estás
—Te queremos.

Luego de un par de segundos, el video se cortaba de forma tan abrupta como había empezado; que los niños se hubieran tomado el trabajo de tomar el móvil de su cuarto mientras dormía, lo acercaran a su mano para desbloquear la seguridad y se escondieran en la bodega para grabar ese saludo es una gran muestra de cariño, reforzada por haber guardado secreto durante la agitada mañana. De esta forma, sólo cuando estuvo en el transporte rumbo a Ciudad Capital descubrió ese material tan valioso; iba a conservarlo tal cual como estaba, sin editar las partes que serían necesarias, por que en esas imperfecciones estaba parte del enorme valor de esa demostración de amor. Recién terminaba de ver el video cuando su atención fue llamada por una voz, perteneciente a un hombre que entraba en ese momento al recinto donde los transportados estaban llegando.

—Señores y señoritas, agradezco que hayan estado en la zona de abordo a la hora fijada, y que hayan esperado; por fin están todos reunidos, y quiero dar a todos la bien venida a Sten mor. A partir de este momento van a estar bajo mi cargo, mi nombre es Dvorkia y seré su guía en esta primera etapa.

Hubo un saludo generalizado; para ese momento las miradas de todos estaban sobre él. Era un hombre de más de treinta y cinco anos, años, moreno, alto y atlético, que llevaba ropa en tonos azules y un broche distintivo en el lado izquierdo del pecho, que tenía la forma de un triángulo dorado.

—Pero quiero que sepan que, aunque han sido convocados a esta academia porque nuestros análisis indican que tienen un alto potencial, de los 42 que están aquí, no todos proseguirán sus estudios en Sten mor. En este momento ingresarán a la zona primaria, realizarán una serie de pruebas, y quienes no cumplan con lo mínimo deseado, no estudiarán en Sten mor.

Se hizo el silencio entre todos los jóvenes en el recinto; Oiren sintió que le caía el alma a los pies ¿Iba a haber una preselección?

—Así es —dijo Dvorkia luego de hacer una calculada pausa para causar erecto efecto—, aunque esto no es una universidad tradicional, ustedes tendrán que cumplir con pruebas, las que determinarán si de verdad están capacitados para estar aquí, pero principalmente para comprobar que ustedes quieren estar aquí. Quien tenga el interés y al mismo tiempo sea apto para ésta academia, puede tener la seguridad de estar dentro.
—Pero nos dijeron que una vez estuviéramos en la academia podríamos elegir nuestro destino ¿Qué clase de pruebas haremos entonces?
—Nada que tenga que ver con lo que estudiarán más adelante —replicó el hombre con tranquilidad—, esto se trata de comprobar el estado integral de ustedes, y de forma paralela lo aptos que son para estudiar aquí; en Sten mor el método de enseñanza es integral, por lo que es fundamental que sus mentes estén tan preparadas como sus cuerpos.

Oiren sentía cómo palidecía a cada palabra que escuchaba ¿Capacidad física? Si medían eso, su aventura duraría sólo una jornada.

—Pero las cosas tienen todos un momento y lugar, así que para empezar, quiero que me acompañen a las instalaciones en donde estarán los próximos tres días; de seguro ya vieron una construcción por la ventana, pues eso no es Sten mor, es la zona primaria. Tendrán alojamiento y todos los implementos necesarios, para que puedan concentrarse en las pruebas.

Mientras hablaba, desbloqueó el paso hacia el exterior, siendo seguido por el grupo, que ya no se mostraba tan relajado como antes; tras una breve caminata llegaron al edificio contiguo, tras cuyas altas puertas se revelaba el interior de la instalación; el edificios tenía tres pisos, los cuales tenían forma de rectángulo, dejando el centro despejado e iluminado por el imponente techo transparente.

—En este momento sus móviles están recibiendo una alerta automática; en ella verán el código y número de su habitación, todas ellas ubicadas en el tercer piso. No pueden cambiar de habitación. En el segundo piso hay áreas recreativas que pueden utilizar de forma libre, y en el primero van a desarrollar algunas de las pruebas. En una hora es la primera, ahora los dejo para que puedan ambientarse.

Maud y Lena se quedaron mirando cómo Dvorkia salía como si con él se fuera una esperanza vital.

—Tengo miedo.
—No me esperaba esto —dijo Maud—, eso de las pruebas no era una broma ni nada parecido.
—Eso es lo que me preocupa —dijo Lena haciendo una mueca—, no tengo muy buena experiencia con las pruebas de admisión.

Esteban se sentía muy a gusto en esos momentos; era cierto que la noticia tomaba a todos por sorpresa, pero se trataba de un desafío y estaba dispuesto a cumplirlo; incluso podía decir que aquella información repentina había activado una inyección de adrenalina en su sistema, muy útil para poder enfrentar cualquier desafío, sobre todo uno como ese. Subió al segundo piso para conocer un poco el lugar, y se acercó a una sala de paredes transparentes en donde un letrero luminoso en la puerta anunciaba que se trataba de una estación de medición de reflejo.

—Vaya vaya, esto es buen material.

Entró y programó un nivel intermedio, pero en un principio no pasó nada; se dio cuenta de que era porque había ingresado alguien más.

—Disculpa ¿Ya habías comenzado?
—Sólo ahora, no hay problema; lo dejé en intermedio.
—Genial —dijo el otro estirando los brazos—, siento que hace mucho tiempo que no hago esto.

La cámara de medición de reflejos lanzaba esferas a velocidad, marcando el tiempo de reacción, la velocidad y precisión de la o las personas al esquivarlas o darles alcance, y aunque no eran peligrosas, no eran apropiadas para cualquier persona. Él, musculoso y fuerte, era apropiado.

— ¿No eres un poco Flaco para esto?

En el centro, mientras todos iban de un sitio a otro y comenzaban a ambientarse, Mónica e Ikronne hablaban en voz baja para no ser escuchadas.

— ¿Viste cómo es?
—Lo vi un poco más de cerca cuando veníamos para acá.
—Es horrible —dijo Mónica con una risilla perversa—. No sé qué le pasó, pero de seguro no es nada bueno.
—No hables así, te puede oír.

Pero Mónica se sacudió el cabello, indiferente.

—Se fue para otro lado; y no me mires así, no estoy diciendo nada que no salte a la vista. Además, no sólo se trata de que ese sujeto sea tan...bueno, ya sabes, de aspecto, también es que alejaba a los personas de él. Nadie se le acercó en ningún momento.

Ikronne había entablado conversación con Mónica a poco de entrar en el recinto, pero llegado ese momento, empezaba a sentirse incómoda por sus comentarios; ser honesta no era lo mismo que ser cruel.

—Creo que voy a ver mi cuarto.
—Cierto. Veamos los códigos; oh, parece que no quedan cerca.
—Sí, lastima.

En el tercer piso, Lena encontró en el cuarto asignado para ella su equipaje; programó la puerta con el código para poder entrar y salir con comodidad y salió a encontrarse con Maud, cuya habitación distaba sólo una de la suya.

—Las instalaciones son excelentes.
—Es cierto, me siento en un hotel, pero desde donde ellos deciden si me quedo o no.
—Vamos, lo haremos lo mejor posible.

Lena suspiró profundo mientras ambas caminaban hacia las escaleras del fondo; se dijo que tenía que calmarse, que no porque no obtuviera malos resultados en otra institución significaba tenerlos ahí también. Además, ella no era así.

—Sí, tienes razón. Falta menos de una hora para esa misteriosa prueba que tendremos que rendir, y no pienso dejarme dominar por los nervios; vamos a conocer las instalaciones.

Mientras las chicas avanzaban por el pasillo conversando animadamente, no se percataron de quien estaba saliendo de la habitación intermedia a la de ambas; Febo y Alej habían estado charlando desde poco antes acerca de música, y el primero le enseñó la gráfica tallada a mano de un famoso coordinador musical.

—Es sorprendente, yo estuve en esa presentación, y tú te ganaste ese obsequio. ¿Me estás escuchando?
—Sí—replicó el aludido sin quitar la vista de ellas—, te escucho.
—No es eso lo que parece ¿Te gustó la del vestido? Es muy guapa.
—Sí, pero no la estaba mirando a ella.
— ¿La otra chica? Es más bien normal.

A Febo no le parecía lo mismo; por su trabajo en música, conocía de timbres y tonos, también de voz, y el de ella a un par de metros de distancia fue música para sus oídos; era el tipo de voz de una mujer inteligente, atrevida y con energía, y ese toque extra que hizo que la escuchara a ella en particular. El accesorio que llevaba en el cabello dejaba despejado el perfil, y alcanzó a ver los ojos mirando con determinación al frente.

—No hay nada de malo en lo normal; es más real. ¿Por qué no vemos hacia dónde van?

El otro hizo una mueca mientras empezaba a seguirlo.

—Y yo que hace un minuto te tenía por alguien más serio.

Febo sólo escuchó esas palabras en segundo plano; sus amigos siempre hacían bromas acerca de lo expuesto que estaba a todo tipo de tentaciones cuando estaba trabajando como D. J. pero él sólo se reía. Por un lado tenía una política estricta de no involucrarse con los asistentes a las fiestas en los que trabajaba, y por otro, su relación con Amelia había terminado nueve meses atrás y aún le parecía pronto para arrojarse a las arenas de la conquista; o eso pensaba hasta ver a esa chica. ¡Cielos! ¿En qué estaba pensando? En pocos minutos tendría que rendir un examen sorpresa, pero estaba siguiendo a una chica para averiguar algo más de ella.



Próximo capítulo: Nuevas amistades ¡Una prueba física!

Sten mor academia Capítulo 02: Olvidando el pasado. El comienzo de un sueño



Ruta rápida hacia Centro de a bordo de transportes privados.

Maud miraba distraídamente al exterior por el cristal del vehículo de traslado mientras hablaba por teléfono; resultaba bastante irónico que recibiera esa llamada en un momento como ese, durante una breve parada antes del tramo final de viaje hacia la zona de abordo en Ciudad Capital.

— No, el departamento no está bajo mi control ahora, por eso es que no puedes usar tu tarjeta para entrar; los cosas que no eran mías están en una bodega auxiliar del edificio, estoy segura de que el personal te va a reconocer.

Los primeros días tras su abrupta separación de Ian fueron difíciles y agitados; después de dormir en un hotel, la jornada siguiente la dedicó por completo a repasar textos, y en la tarde fue a presentarse en el teatro, intentando seguir el curso normal de su vida como si no se sintiera atrapada entre paredes que estaban desmoronándose. Y se negó a pensar en si iba o no a ver a su novio entre el público, e incluso a hablar al respecto con la gente de la compañía, justificando su extraño estado de ánimo con un oportuno dolor de cabeza. El público estuvo especialmente expresivo esa noche, o eso fue lo que le pareció a ella, por lo que en el aspecto laboral no tuvo que llevarse una preocupación adicional; y él no estaba esperándola ahí, ni en el departamento. ¿fue mejor así? En esos instantes no pudo de terminarlo, lo único que supo es que con casi 24 horas de retraso esa situación terminó por agotarla, y cayó rendida, queriendo sólo dormir y no ver a nadie. Durante varios días la alegría de haber sido convocada a Sten mor se vio opacada por la incertidumbre y tristeza causada por la desaparición total de él ¿Cómo podía alguien que la había tratado como una persona inmadura comportarse de forma aún más inmadura y simplemente desaparecer del mapa? Se dijo a sí misma que no lo iba a buscar, que ella no era la responsable de lo que estaba pasando y por ese motivo no tenía que llamarlo, ni demostrar un cambio de actitud. Su móvil estaba operativo y su dirección seguía siendo la misma, si quería arreglar las cosas, que diera el primer paso.

—De acuerdo, lleva tus cosas entonces.

Pasaron algunos días hasta que comprendió que todo se había terminado entre ellos. Simplemente él decidió irse y no volver a aparecer, y Maud descubrió que más que tristeza, lo que ese conocimiento le produjo fue una gran sensación de vacío, como si su relación con Ian hubiese sido mucho más dependiente de lo que jamás pensó. Como si, de alguna forma, la conexión entre ambos hubiese sido de control de él y dependencia de ella, todo el tiempo; y sí, quiso largar a llorar y volver a casa con su madre y cobijarse entre sus brazos, pero algo en su interior se lo impidió, quizás esa misma sensación de injusticia que se apoderó de ella cuando la primera y única discusión tuvo lugar.
Y así pasaron tres meses en que él se mantuvo invisible, en que Maud se debió a trabajar y proyectar su estadía en Sten mor, y asumió que no tendría nuevas noticias acerca del hombre al que amaba; y ahora, como si hubiese estado vigilándola, la llamaba en el momento preciso en que iba rumbo a la plataforma de abordo para dirigirse a la academia. Quizás lo bueno de eso, aunque no dejó de sorprenderle, es que no se sintió conmovida o emocionada, ni si quiera sintió tristeza, sólo un gran vacío que no dolía como aquel primer día, porque ya era lejano, ya no le pertenecía. Cortó la llamada con la sensación de haber estado hablando con un desconocido sobre un asunto trivial, y se preguntó si esa llamada, y el hecho de interactuar aunque fuese a distancia con él, sin ninguna palabra de amor o explicación de por medio haría mella en su ánimo, pero se encontró con que nada de eso sucedía; quizás eso era lo mejor después de todo.

—Oh, lo siento mucho.

El vehículo se había detenido en una parada menor, y entre las personas que abordaron, una chica se sentó en el puesto libre a su lado y  al hacerlo, dejó caer accidentalmente el bolígrafo que llevaba consigo. Maud recogió el lápiz.

—Aquí tienes.
—Gracias.

Lena se sentó y dejó el bolso de mano el compartimiento apropiado para ello.

—Gracias de nuevo, disculpa por molestar.
—No es ninguna molestia —afirmó Maud con una sonrisa amable—, no pasa nada.

Se fijó en el detalle que la chica llevaba en el cabello y no pudo dejar de hacerlo notar; era un accesorio muy bonito, que ante la luz natural resaltaba el intenso color rojo de la piedra montada en el centro.

—Él broche que llevas es muy bonito —comentó, admirada—, se ve realmente bien.
—Gracias —replicó Lena, sonriendo—, fue un regalo de la dueña de la tienda en la que trabajaba.
— ¿Trabajabas en este sitio?
—No, yo vivo en Ed-viri; en este momento me dirijo al centro de abordo de vehículos privados en esta ciudad.

Lo que significaba que haría el mismo trayecto que ella.

—Qué interesante, yo también voy en esa dirección.
— ¿Eres de Ed-viri?
—No, en realidad vivo en Pristo; pero en este momento vengo del sur de Ciudad Capital; estaba visitando a mi hermana que trabaja ahí. ¿Trabajas en una joyería?

La conversación había surgido de forma natural entre ambas, casi como si se conocieran desde antes; y después de la deprimente experiencia de la llamada telefónica de su ex, tener una charla animada durante el viaje podía ser una buena alternativa.

—Trabajaba, pero era una tienda de bisutería en realidad; tuve que dejarlo porque, bueno... ahora mismo voy a ingresar a estudiar a una academia.
—Esa es otra coincidencia —dijo Maud—, yo también voy a ingresar a una academia; me llamaron de Sten mor.

Aziare había estado en su casa dando la noticia, y desde ese momento toda su vida habido dado un vuelco; al mencionar el asunto volvió a sentir la misma emoción, que por un lado era debido a todos los cambios que venía, y por otro por el relativo secreto del asunto. No era un secreto en estricto rigor, se lo contó a sus amigos más cercanos y a Mariangela al momento de decirle que no podría seguir trabajando en su tienda, pero no le parecía correcto decírselo a cualquier persona. Al escuchar eso, su expresión cambió por completo ante la sorpresa.

—No puede ser ¿Sten mor? Yo también voy a esa academia, me llamaron hace un tiempo.

La coincidencia era increíble para ambas, pero hizo al mismo tiempo mucho más fluida la conexión.

— ¿Andén 19?
—Sí, esquina 84, es increíble. Disculpa, mi nombre es Maud.
—Soy Lena, es un placer; no puedo creerlo, vamos a ser compañeras.

Ambas rieron espontáneamente, de forma cómplice.

—Esto es casi surrealista —dijo Maud más animada—, todo ha sido tan sorpresivo.
—Es cierto, y es justo como la gente rumorea que es; nunca pensé que alguien de la academia iba y aparecer un día en mi casa a decirme que consideraban que soy apta.
—Me pasó lo mismo.

Estuvo a punto de mencionar algo acerca de su ex novio, pero dado que se dirigía a un nuevo mundo y tenía la suerte de conocer a alguien que estaba en la misma situación, decidió que era el momento de dejar todo atrás y comenzar con la mejor perspectiva posible.

— ¿Y qué hacías en Pristo?
—Estaba trabajando en una compañía de teatro.
—Wow ¿Eres actriz?

Por primera vez desde que se dedicaba a los artes escénicas, Maud se sintió incómoda con respecto a esa pregunta; no por la respuesta que iba a dar, sino por la percepción que algunas personas podían tener de alguien que trabajara en teatro, como ella. En Vaidos ser actor, cantante, poeta, ilustrador o lo que fuera no era algo fuera de lo común, sólo era un trabajo como cualquier otro; quizás afecto a normas propias como tener que estar buscando visibilidad o en algunos casos ser itinerante, pero en una atmósfera como esa, era natural; por lo tanto, para personas como ella lo llamativo era que alguien se dedicara a la agricultura o a la pesca.

—Sí, soy actriz, me dedico a eso desde hace un tiempo, pero no es nada sorprendente.
—Yo nunca había conocido a una actriz, así que sí me sorprende —dijo Lena amablemente—, en realidad, en Ed-viri hay un par de teatros repartidos por las distintas localidades, pero no es algo que se destaque mucho.

Maud encontró en esa frase la forma de desviar el tema.

—Mientras que en la ciudad de donde vengo casi no tenemos industria dedicada a la joyería — ¿Esa piedra en tu broche es nativa de allá?
—No es una piedra, es una gema de fantasía.
—Dijiste que te la había regalado la dueña de la tienda.
—Así es; lo curioso es que cuando lo hizo, le dije que lo usaría porque es muy bonito, pero que nunca iba a estar en Ciudad capital como sugirió; y mírame ahora.

Por lo visto la llamada de Sten mor terminaba siendo una sorpresa para quien fuera que la recibiera; Maud se dijo que no iba a desaprovechar esa oportunidad por tener la mente ocupada en otros asuntos, y se le ocurrió que quizás en Lena podría encontrar una muy buena compañera.

2


Itiel estaba muy animado esa jornada; la llamada de Sten mor, tan poco tiempo antes de la fecha de ingreso a la academia, significó una alegría al tiempo que un cambio en los planes. Pretendía dedicar un tiempo a trabajar antes de postular a una universidad, pero ante una oportunidad como esa decidió realizar un giro de 180° y darse la posibilidad de cumplir esa meta pendiente. Luego de tener una larga conversación con su padre, Irina y los chicos, se dispuso a preparar todo para un viaje de dos años de duración, pero que significaría un cambio total en su vida, y desde luego en la de su familia. En un principio pensó que lo más difícil sería explicarle a los niños que estaría dos años fuera, pero ellos se lo tomaron con una increíble naturalidad e incluso dijeron que tal vez sería una buena idea elaborar una lista de regalos que él pudiera comprar para su regreso. Su padre e Irina, desde luego, entendieron la situación, sin embargo resultó algo complejo proyectar una separación después de haber estado juntos toda la vida. En cualquier caso, la vida de todos cambiaría para mejor una vez que él saliera de la academia, e incluso se permitieron soñar con que podrían instalar un negocio propio como desde hacía años era un proyecto pendiente. En ese momento el transporte estaba avanzando por una vía de Ciudad Capital, lo que quería decir que dentro de pocos minutos estaría abordando el Transporte privado hacia la academia.

— ¡Cuidado!

La conductora del vehículo dio la voz de alarma con un grito potente, mientras manipulaba los mandos para sortear un obstáculo; los pasajeros se sacudieron en sus asientos, sorprendidos ante el brusco movimiento. Itiel miró por la ventana aún cuanto el transporte se estaba sacudiendo, y vio que a muy poca distancia por la vía, un automóvil se había salido del carril que le correspondía en sentido contrario, internándose en la vía opuesta, aunque a baja velocidad. La conductora del transporte consiguió detenerlo con habilidad y sin perder el control, pero mientras las miradas de todos se enfocaban en el vehículo menor y las voces mencionaban lo peligroso que podía ser que una persona condujera en estado inadecuado, él puso sus sentidos en algo más: cuando asomó en primer lugar, le pareció ver a través del cristal que la persona que conducía el vehículo estaba en una posición incorrecta. ¿Y si no se trataba de un borracho, sino de alguien que estuviera sufriendo un malestar? Sin tiempo para meditar, tomó la opción más arriesgada y corrió a la parte delantera para salir del vehículo.

—Abra la puerta, creo que el conductor del auto tuvo un ataque.

Por suerte la conductora, con el transporte momentáneamente detenido, atendió a su llamado y abrió la puerta; se trataba de ese lapso de segundos luego de un hecho que alteraba la paz, en que aún no ocurría nada, pero se podía deducir que en cualquier momento las cosas se saldrían de control: alguien aceleraría en vez de frenar como indicaba la lógica cuando un vehículo sufría un accidente o se salía de la ruta, o cambiaría de pista de forma intempestiva.
O un lunático se bajaría y comenzaría a correr entre los automóviles en movimiento.
Sí, lo que estaba haciendo era una insensatez, y quizás ni siquiera estaba en lo cierto, pero si después resultaba ser así, no se lo perdonaría. El auto seguía moviéndose sin rumbo, pero al acercarse pudo ver que quien conducía estaba en apariencia desmayado; sólo en ese momento se preguntó cómo pretendía ayudar a una persona en un vehículo en movimiento, y optó por lanzarse sin pensar en las consecuencias; tuvo que abrir la puerta, y empujar a la persona hacia el asiento del copiloto para hacerse de los mandos. Algunos frenéticos segundos después logró detener el auto, justo antes que se estrellara contra algo. La persona no estaba en realidad desmayada, pero desde luego, estaba sufriendo algún tipo de ataque.

— ¿Se encuentra bien?

La puerta fue abierta por una oficial de policía, quien miró de forma inquisitiva al interior.

—Yo estoy bien, pero ella, algo le está sucediendo, creo que es un ataque.
— ¿Es un familiar?
—No sé quién es, solo intentaba ayudar.
—Comprendo; baje por favor.

Momentos después, una unidad móvil de urgencias había estabilizado a la mujer, y el tránsito estaba restablecido casi al completo; de todos modos Itiel se quedó junto al equipo de asistencias unos momentos más.

—Me dijeron fue tú me ayudaste. Muchas gracias.
—No hay nada que agradecer, sólo hice lo correcto.
—Pero no cualquiera se arriesgaría, gracias de nuevo.

Después de la frenética experiencia con la mujer accidentada, Itiel abordó otro transporte que pudiera llevarlo hasta su destino, llevado consigo una sensación distinta a las que lo embargaban antes de que sucediera aquel evento. Cuando le contara a su padre esa historia tendría que modificar algunos aspectos, por que dicho como había sucedido, se lo tomaría muy a mal que estuviera pasando peligros; casi podía escucharlo decir "Mírate, eres tan joven que no dimensionas lo que estás haciendo, vas a matarme de un ataque" Sí, definitivamente tendría que cambiar la historia, con dejar el vehículo estacionado de forma apropiada bastaría.
Su padre.
Estuvo tan contento con la noticia, que casi quería salir a gritar por la calle que su hijo, entre miles, había sido convocado por la academia Sten mor para estudiar allí. Que su hijo podría destacar entre muchos porque tenía talento y era capaz de conseguir lo que quisiera; incluso en ese estado logró calmarse, y no hizo ningún llamado de atención a nadie, aunque sí llamó a su hermano y le contó la feliz noticia, y también abrió una botella de Himemiya, el licor reservado en casa sólo para ocasiones muy especiales. Pero incluso tras esa alegría, Itiel pudo ver con claridad cómo no dejaba de existir un atisbo de tristeza, o acaso sería nostalgia. Y razones no faltaba, pues ambos habían estado siempre juntos y había muchas otras razones que confabulaban en su contra; pero aún con eso, se esforzó por celebrar, y no cupo duda de que en realidad estaba contento, por lo que él no se sintió en derecho de remover antiguas heridas. La despedida fue en casa, y supo que se debía a que no quería correr el riesgo de quebrarse después; ambos estaban emocionados, pero la perspectiva de la estadía en la academia y un futuro muy prometedor hicieron que ambos pusieran lo mejor de sí mismos para reírse y pensaren lo alentador de esa separación.

Llegada, confirmada.

Su móvil le envió una alerta de voz, la que él programó en caso de distraerse en el viaje, y comprobó que estaba llegando a su punto de destino. A poco andar recibió la notificación de que su equipaje estaba en la zona de abordo, listo para salir, por lo que se dirigió al punto indicado.

—Cielos, esto es moderno.

Tras pasar por el escritorio del encargado y verificar sus datos de forma apropiada, llegó al fin al transporte que los llevaría a él y otros hacia la academia, y pudo comprobar que era el modelo más reciente en el mercado; si bien desde la estación de arribo en Ciudad Capital hasta la zona de recepción el viaje tardaría poco más de veinte minutos, era indesmentible el buen uso de los recursos por parte de la academia. El interior del vehículo estaba climatizado y cada asiento tenía un control automático de bienestar, que calculaba en milésimas de segundo los parámetros físicos para programar tanto la temperatura corporal como otros factores que hacían del viaje una experiencia cómoda y placentera. Se dijo que era una muy buena forma de iniciar sus estudios.



Próximo capítulo: Recién llegados. ¡Prueba sorpresa!

Sten mor academia Capítulo 01: Una nueva vida. ¡Perdido en Ciudad Capital!



Ciudad Capital. Centro de abordo Transportes privados. Lunes 05 de abril.

Ferrán sabía a la perfección que su porte y atractivo resultaban imposibles de pasar por alto entre las chicas, pero no sacaba provecho de eso como lo hacían otros hombres; no sólo le parecía de mal gusto, sino que era una forma de conseguir éxito instantáneo, pero no duradero. Él, en cambio, disfrutaba mucho más de la vida siendo un chico sencillo, amable y que podía divertirse y coquetear si se daba la ocasión, pero sin propasarse. Estaba casi en el mejor momento de su vida: tenía 23 años, un cuerpo esbelto y atlético gracias a la natación, rasgos atractivos en un rostro que era al mismo tiempo juvenil y fuerte, ojos color castaña, luminosos y expresivos, aunque contrastantes con el cabello de una multitud de rubios y cenizas, heredados del lado materno de la familia, mismo que a través de los genes le había otorgado una voz melodiosa y atractiva. Esa mañana se levantó muy temprano y se preparó por do salir, sabiendo que tendría que estar en el centro de transportes privados por una cantidad indeterminado de tiempo; la mayoría de las ocasiones, transportarse entre un sitio y otro requería de muy poco trámite, pero en este caso en particular, otras personas iban a abordar el vehículo junto con él, por lo que se otorgaba un plazo apropiado para que los que estuviesen retrasados tuvieran la oportunidad de llegar. El centro de abordo era una gran edificación rectangular de varios pisos de altura, en donde los transportes de empresas privadas, agencias de turismo, centros de descanso o estudio recogían o dejaban grupos de personas a petición; como era de esperarse, el sitio bullía de movimiento y frenético sonido de miles de personas llegando al área apropiada, recibiendo o despidiendo familia res o coordinando grandes grupos. Ferrán tenía citación en el tercer piso, en el sector de abordo 19, esquina 84, y no tenía una hora específica, sólo le indicaron la franja: primera mañana, es decir entre las ocho y las diez; por supuesto, su equipaje ya se encontraba en el centro de autorización correspondiente, por lo que no debía ocuparse de ese asunto y podía desplazarse con comodidad por las instalaciones. Después de tomar un agradable desayuno, decidió dar un vuelta por las instalaciones y descubrir si en algún lugar había una chica interesante con la que hablar; mientras iba a la terraza recibió un mensaje de una chica con quien tuvo una bonita amistad tiempo atrás, y en él ella le deseaba suerte en el nuevo proyecto que estaba por comenzar; esa clase de gestos hacían mucho mejor un día y era algo que siempre agradecía.
La temporada fría estaba tocando a su fin, dentro de poco las jornadas serían más extensas y cálidas, y él pretendía aprovechar las bondades de esa mañana luminosa, entreteniendo su vista y, quién sabe, logrando estrechar lazos con alguna chica atractiva.
Y justo en línea de vista vio a dos.
Estaban conversando junto al mesón de informaciones, una de ellas voluptuosa, de piel morena fascinante ante la luz blanca del lugar, que llevaba un vestido corto, sencillo y muy sentador, y el cabello ensortijado tomado en dos moños altos, estilo que resaltaba sus pómulos y sus ojos. La otra chica era más delgada y de menor estatura, pero tenía esa estructura física delicada y rostro limpio e inocente que hacía de ella una joven interesante y atractiva; se dijo que encontrar el atractivo en la mayoría de las mujeres era un talento que no podía desperdiciar.

—Buenos días, señoritas.

Su tono de voz era natural y amable, por lo que no resultaba entrometido. Ambas miraron en su dirección, y pudo ver en sus ojos esa sutil mezcla de sorpresa y un toque de interés. Cautas e inteligentes.

—Hola.
—Qué tal.

Ferrán sonrió de forma espléndida ante ambas.

—Yo estoy muy bien ¿Qué las trae por aquí?
—Pareces bastante curioso.
—Lo soy, pero no quiero ser irrespetuoso, es que me siento muy emocionado el día de hoy porque comienzo un nuevo proyecto.

Las chicas se miraron, en una combinación de diversión y curiosidad propia de la interacción con alguien que llamaba su atención; la más menuda de las dos habló con algo de simpatía.

—Interesante, nosotras estamos a punto de empezar algo nuevo también.

Ferrán se preguntó si sería buena idea decir cuál en realidad era su destino; cuando Omar habló con él no le dijo que tuviera que mantener eso en secreto, pero en su opinión no se trataba de estar ventilando el asunto en todas direcciones; tomó la decisión de dejar las cosas en el misterio mientras ellas no dieran más información.

—Comenzar una nueva etapa es bueno, se trata de algo que te hace sentir más vital: ¿Estudios, trabajo, una nueva misión?

La chica morena contestó con una voz un poco ronca, que hacía real y audible la exuberancia de su cuerpo.

—Eso es un secreto por el momento.
—Me gusta descubrir secretos. ¿Qué les parece si nos acercamos a una tienda de jugos y charlamos más detalladamente de todo esto?

Era una invitación sencilla y casi inocente, no una sugerencia poco decorosa; todo estaba en la actitud y demostrar un honesto interés por conocerlas como persona, no como conquista. Además, en ese momento sólo quería charlar mientras era la hora apropiada para iniciar el viaje rumbo a su destino.

—Está bien, quizás soy un poco atrevido, permitan que me reivindique: mi nombre es Ferrán, es un placer conocerlas.

Ambas sonrieron; bien hecho, ya lo había logrado.

2


Faltaban veinte minutos para que el reloj marcara las diez de la mañana cuando Ferrán recibió un mensaje directo al móvil, en donde le solicitaban que se hiciera presente en el sitio acordado para verificar sus datos. Cuando llegó se dio cuenta de que era el primero en llegar, ante un escritorio temporal ubicado junto al puerto de acceso al transporte; un hombre de poco más de 40 años, con una reluciente placa en el pecho con la inicial de su nombre y el apellido lo saludó con una sonrisa.

—Buenos días.
—Buenos días señor Orwell –dijo leyendo rápidamente el nombre—, vine porque me citaron a esta hora.

El hombre asintió.

—De acuerdo, enséname el código que te enviamos a tu móvil esta mañana.

Ferrán así lo hizo, desplegando la pantalla holográfica del teléfono celular, en la que se materializó un complicado diseño con forma de sello: el hombre lo captó con un diminuto lector que absorbió la imagen, y de forma automática los datos se transfirieron a la terminal del encargado.

—Ferrán, es un gusto tenerte aquí.
— ¿Fui el primero en llegar?
—Algunos ya llegaron y están en otro transporte, pero tú serás el primero en este; tus datos están confirmándose en el sistema, pero de todas formas necesito cumplir la formalidad de hacerte algunas preguntas. ¿Tienes algún problema de salud que desees reportar?
—Ninguno, soy fuerte y sano.
—Excelente. En cualquier caso, en Sten mor tenemos un cuerpo médico de primer nivel al que puedes acceder por cualquier tipo de necesidad. Segunda pregunta ¿Algún desorden alimenticio, de tipo deportivo o desajuste hormonal?
—Ninguno.
— ¿Aceptas mediante esta grabación de voz –indicó el dispositivo en el borde superior de la pantalla— que tu ingreso a la academia de estudios superiores Sten mor es completamente voluntaria y no significa para ti ningún tipo de perjuicio personal, o a tus objetivos profesionales o académicos?
—Así es, mi ingreso es por propia voluntad.
— ¿Tienes la disposición para estar en las instalaciones de Sten mor por un periodo de dos años calendarios a partir de este momento, y en caso de existir la posibilidad de prolongar tu estadía por determinada circunstancia, por un nuevo periodo a especificar?
—Sí, tengo la disposición.
— ¿Tienes alguna dificultad para permanecer en las instalaciones de Sten mor en la modalidad de internado integral, accediendo a las salidas programadas según un calendario a definir?
—No tengo problema alguno.

Las preguntas eran las habituales a la hora de realizar la postulación a cualquier centro de educación superior, excepto que ese proceso se realizaba al momento de presentar un examen, mientras que en ese caso él no había hecho nada salvo recibir una visita, conversar con cordialidad y presentarse el día estipulado. El hombre finalizó la grabación y la agregó a los campos de datos correspondientes.

—Ya está terminado. Tu registro de datos en Sten mor está completo, bienvenido.

Unos minutos antes, incluso varios días atrás, Ferrán se dijo que reaccionaria con total calma y frialdad, pero no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción. A partir de ese momento se abrían para él las puertas de un nuevo mundo.

—Me disculpo por la pregunta, pero en realidad tengo la curiosidad ¿Hay algún tipo de contrato de confidencialidad que deba firmar al entrar?

Era un asunto de conocimiento público la total falta de conocimiento de los métodos de enseñanza que existían en esa academia, y la experiencia que de forma habitual comentaba algún egresado era siempre un relato superfluo que no entregaba ninguna luz al respecto. La pregunta no pareció extraño lo más mínimo al hombre, quien sonrió con amabilidad.

—No hay razón para disculparse; la curiosidad es necesaria para los seres humanos, y demostrarla es un acto, casi de rebelión. Pero no, no necesitas firmar ningún contrato; si lo que te preguntas es si una vez dentro te pediremos que guardes el secreto de la enseñanza en la academia, la respuesta es no. Pero puedo asegurar que estarás tan satisfecho con los resultados y el método que se convertirá en un secreto preciado para ti.
—Fantástico, eso hace que me sienta aún más ansioso.
—Esas ganas son fundamentales a la hora de estar en la academia. Ahora por favor sigue por el pasillo lateral, y espera en la sala para abordar el vehículo de transporte; puedes beber o comer algo si así lo deseas.
—Se lo agradezco.


3


La jornada no había empezado de la mejor manera para Oiren, y en ese momento lo estaba experimentando con intensidad. Se había levantado al alba, excesivamente temprano en realidad, y desde el primer instante sintió que los nervios se lo estaban comiendo vivo; la espera, desde que recibió la visita de Flavio, momento en donde recibió la magnífica buena noticia, se convirtió en una actividad muy importante, aunque casi más para su hermano que para él mismo: hizo que se reunieran los padres y él, y les habló de la importancia de su educación y cómo la posibilidad de entrar en la academia era algo que ellos como núcleo de la familia debían valorar y apoyar en todo momento. Como era de esperar, sus padres se mostraron algo desconfiados ante la posibilitad de que el menor de sus hijos no sólo saliera de casa, sino que fuera a vivir a otra ciudad y permanecer por dos años alejado de la familia, pero las palabras de Ismael fueron tan precisas y apasionados que consiguieron el efecto deseado y, tras varios minutos te conversación, todos estuvieron de acuerdo; Oiren pensó, una vez superada la sorpresa inicial, que su oposición sería mucho más férrea, pero la intervención de su hermano fue tan apropiada que todo tomó el camino correcto. Las jornadas, desde entonces, cambiaron para los dos, y por sugerencia de Ismael, pensaron en todo lo que iba a necesitar conocer y preparar para su ingreso a la academia. Oiren nunca había salido de Tash-han, por lo que lo primero fue ver los holos con el mapa general de Ciudad Capital y los de la carretera interconectada para estar preparado y no cometer errores; si bien el transporte lo haría todo desde su ciudad natal hasta el centro del país, una vez allí dependería de él encontrar el medio más apropiado para llegar al sitio indicado. Además, ambos planearon cuál seria la ropa y elementos indispensables en el viaje, ya que aún cuando tendría la oportunidad de adquirir cosas una vez establecido, era importante ir equipado de forma adecuada. A la ropa para toda estación y elementos personales, agregaron una selección de ficheros con información relevante sobre geología y mineralogía, además de otros que a él le interesaban parta mantener frescos los conocimientos, de forma de mantener una base de datos propia mientras se adaptaba al nuevo entorno. Cierto día, Ismael le avisó que llegaría un pedido hecho por encargo, que descubrió una vez llegado era un regalo de su hermano: una banda de audio, con la forma de audífonos over-ear, de un encendido color rojo. Tenía incluida una composición especial de melodías relajantes y estimulantes , pensadas para ayudar a su concentración en los estudios; también mencionó que era una forma de hacer evolucionar el contacto entre ambos, pasando del intercomunicador personal a llevar consigo música escogida y programada por su hermano; a Oiren le pareció un regalo sorprendente pero muy ingenioso, y desde ese momento decidió que los llevaría consigo a partir del día del viaje.
Los días y semanas se convirtieron en meses con mucha rapidez, y la emoción y alegría que sintió en un principio se convirtió en nerviosismo ante lo que iba a pasar; no sentía exactamente miedo por salir de su casa, que era el ambiente que conoció desde siempre, pero sí le provocaba una gran inquietud el hecho de estar en un ambiente desconocido, rodeado de muchas personas que sin duda tendrían mucho más conocimiento y experiencia que él. Pero la decisión estaba tomada, estaba a punto de comenzar a estudiar en una prestigiosa academia y debía tomar ese desafío y enfrentarlo con decisión, la mente clara y la información ordenada.
Y estaba perdido.
Luego de dejar su equipaje en la zona indicada para que fuera despachado hacia la Zona de abordo, se dio cuenta que era demasiado temprano para buscar el transporte, y además estaba hambriento; daban poco más de las ocho y era su primera vez fuera de casa, haciendo un drástico cambio a Ciudad Capital. A pesar de los videos que habían visto, de la información leída y las cosas aprendidas, nada lo pudo preparar para el impacto que era estar en la ciudad más importante del país; todo allí pareció gigantesco, enorme, brillante y llamativo, y esa primera impresión hizo que muchas cosas quedaran en segundo plano. La zona en donde descendió del vehículo que en poco menos de una hora lo había llevado desde su Tash-han natal hasta Ciudad capital era enorme en comparación con la de partida, y daba directamente a una zona cultural y de entretención libre, donde había innumerables instalaciones artísticas, centros de relajación, módulos de telerealidad, centros literarios y mucho más; al tratarse de la principal ciudad del país, era lógico que todo fuera mucho más grande que en las otras, considerando además que mientras la población estable de Tash-han era de poco más de veinte millones de personas, la de Ciudad Capital superaba los noventa millones, entre la cifra estable de más de sesenta y la población flotante, venida de todas partes. Otro factor que diferenciaba a un sitio de otro era que en del centro del país todo estaba urbanizado, quedando zonas verdes correspondientes a parques públicos, pero fuera de eso, el paisaje estaba poblado por altísimos edificios, vías de tránsito rápido en altura, y las pantallas gigantes que indicaban diversos temas. Como consecuencia directa del impacto que generó en él ver tanta información al mismo tiempo, y que resultaba en una experiencia inesperada incluso habiendo visto los videos con anterioridad, perdió la noción del tiempo y el espacio, y no se acordó de verificar ningún mapa; cuando salió de una sala en donde exhibían arte pre clásico, caminó por una calle bebiendo un refresco, pero se dio cuenta de que esa calle no era en realidad la misma por la que había llegado. La indicación decía que debía estar presente en la franja primera mañana, es decir entre las ocho y las diez, y vio con alarma que eran las nueve y veinte ¡iba a perder el vehículo de abordo! revisó frenéticamente los mapas en el móvil y encontró la calle en la que estaba, pero al tratarse de un sector dedicado en exclusivamente a los peatones, debía salir de ahí caminando o regresar por la ruta directa a su punto de llegada para luego subir a un transporte. Calculó rápidamente ambas distancias y optó por la primera, pero aunque la estimación de tiempo de desplazamiento a pie decía que podía llegar, mientras caminaba a toda máquina sentía que el cuerpo no lo iba a acompañar; su estado físico era aceptable, pero no estaba en condiciones de caminar largas distancias en poco tiempo. Pasando un cruce, no vio por donde iba y atropelló a alguien; al mismo tiempo soltó el móvil, pero la persona con quien chocó reaccionó con sorprendente agilidad y lo tomó en el aire, incluso antes que el dispositivo cambiara a modo seguro.

—No lo dejes caer, no todos son tan firmes como aparentan.

Era un chico aproximadamente de su edad, o incluso más joven; era atlético, llevaba una tenida deportiva con el contorno de una motocicleta impreso en el pecho, y tenía un aspecto de estar lleno de energía, como si estuviera corriendo o algo parecido; le sonrió amigablemente.

—Gracias, discúlpame.
—No te disculpes, no pasa nada —replicó el otro con sencillez—, pareces muy agitado ¿Tienes algún problema?
—No, es sólo que es primera vez que estoy en esta ciudad y tengo que llegar a este sitio— señaló la pantalla del móvil—, y no me alcanza el tiempo, voy a perder el vehículo.

El otro chico dio una mirada rápida a la imagen y sonrió.

—Tranquilo, tienes tiempo de sobra.
—Pero en esta proyección...
—Escucha, te voy a dar un truco —le dijo con tono de confidencialidad—. Mira en esa dirección, si tomas por ese pasaje que está junto al edificio verde, vas a encontrar una pequeña sala de exposiciones, que sale directo al otro extremo; vas a ahorrar esa vuelta larga que ves en tu mapa y llegarás con tiempo de sobra.

Oiren sonrió, sorprendido.

—Vaya, eso no lo sabía, muchas gracias.
—Por nada, yo también iré en esa dirección más tarde, pero conozco estos lugares con mucho detalle.
—Gracias otra vez.
—Que tengas buen viaje.

El joven continuó su camino a paso ligero, perdiéndose en la multitud poco después. Oiren suspiró aliviado ante esa nueva posibilidad y dirigió sus pasos en la dirección indicada; en efecto, tal como ese chico había dicho, entre dos grandes edificaciones estaba la entrada a una galería de arte con un letrero que decía "entrada libre" Saludó a una mujer en la entrada y caminó más lento, se dijo que aunque fuera un lugar de acceso libre y él lo utilizara como un pasillo, correspondía demostrar respeto por quienes estaban ahí para ver la muestra de arte. En esa ocasión las vitrinas enseñaban esculturas de luz sólida, hechas con una compleja técnica que muy pocos artistas dominaban a la perfección; una vez que terminó de caminar por el interior de la exposición, salió a la calle y verificó en el localizador que había sorteado la mayor parte del trayecto descrito en el mapa en un par de minutos, por lo que sólo tenía que avanzar una cuadra y encontraría una calle con tránsito, en donde podría recuperar el tiempo y llegar a la hora indicada a su destino.



Próximo capítulo: Olvidando el pasado. El comienzo de un sueño

Sten mor preludios Capítulo 07: León

Capítulo 07: León
Pristo, hace un mes

La noche se apoderaba de la ciudad, y León estaba en la mejor parte de una celebración familiar; después de algún tiempo, por fin estaban todos reunidos, y era motivo de alegría.

-León, alcánzame esa botella de Gran Padrino.
-Aquí tienes papá. Pero deja algo para el resto, todavía es temprano.

Ambos rieron, cómplices; la familia era originaria de una pequeña localidad al poniente de Pristo, pero en la actualidad y por motivo de trabajo o estudios, todos estaban en distintos sitios. Los abuelos, comerciantes por naturaleza, estaban casi siempre en el distrito comercial, mientras que la casa paterna se trasladó del sitio original a la localidad de Sol mayor, a muy poca distancia de la anterior pero ubicada de mejor manera con respecto a la carretera y los centros urbanos.

-Por favor que a nadie se le ocurra recordar el Karaoke -susurró Miranda a su oído-, esta reunión familiar va demasiado bien hasta ahora.
-Tengo todo cubierto -replicó él en voz baja-, le dije casualmente a mamá que tenía un pequeño e insignificante trauma auditivo por una caída, así que en este momento ya debe ser palabra prohibida hablar de aullidos en esta casa.
-Qué ingenioso hermanito. Eres un pequeño muy inteligente.

Ambos rieron ante la frase; León había tenido un desarrollo físico tardío, por lo que hasta los catorce parecía de once y se ganó el apodo de "pequeño" dentro de la familia; posteriormente todo tomó el rumbo correcto y ya es un hombre adulto en todo regla, con un físico trabajado por el ejercicio, y era uno de los más altos entre los hombres. Ahora que el apodo sólo era un chiste, Miranda bromeaba con que su hermanito había sido cambiado por un fortachón desconocido.
En ese momento se habían trasladado a la terraza del techo, que cubierta por una superficie transparente protectora, permitía disponer de la luminosidad del cielo nocturno en un ambiente de temperatura controlada.

-Quiero agradecer a todos por estar aquí _dijo el padre de León_. Antes que alguien ponga los ojos en blanco, les aviso que no voy a dar un largo discurso que los aburra y les haga perder el sentido de la vida.

"No hasta que estés en la tercera botella"

La broma había salido de entre el grupo y generó una serie de risas ahogadas.

-Te escuché Bernardo. En serio, no tengo preparado ningún discurso, es sólo que quiero que entiendan que esto, la posibilidad de reunirnos, es mucho más importante para todos que sólo estar aquí y beber vino. Como comerciantes, aunque nunca al nivel de los abuelos, hemos visto mucha gente y conocemos muchas realidades ¿Saben cuántas familias hay como la nuestra? Casi ninguna. Aquí nadie tiene que mentir, ni comportarse de una forma específica; esto es lo que somos, nos respetamos y queremos como somos. Quiero darles las gracias por ser como son, todos distintos, y al mismo tiempo por ser tan parecidos en lo que más importa. ¿Cómo era esa frase que usaste en la mañana cariño?
-Somos distintos tipos de arena de una misma playa.

La madre de León estaba sentada a un costado; durante el breve instante de conexión visual entre ambos, él pudo ver con claridad algo que siempre le resultaba inspirador, y es que sus padres no estaban juntos por obligación o responsabilidad, sino por algo mucho más sencillo, y a la vez fuerte: se amaban. Hicieron un brindis que rompió el silencio y se formaron distintos grupos de conversación.

- ¿Cómo estás León?
-Adolfo, qué gusto verte ¿Llegaste recién?
-Alcancé a escuchar las palabras de tío Ben, fue muy inspirador.

Los primos se dieron un abrazo al saludarse. Adolfo era mayor que él por un año, y a pesar de haber tenido poco contacto desde siempre, tenían una amistad férrea.

-Espera un minuto ¿No vino Gadián?
-Teníamos todo programado, pero se lastimó en el trabajo y tiene que guardar reposo.
- ¿Qué ocurrió?
-Nada grave por suerte. Estaba trasladando un aparador en la sección de luces y se desprendió una barra, cayó y lo golpeó en la rodilla izquierda.
- ¿Fractura?
-Sólo tensión muscular y algunos cortes, pero como tiene la competencia atlética la próxima semana, no puede moverse o los jueces no lo dejarán participar con una lesión sin sanar.

Se alejaron un poco hacia uno de los bordes mientras charlaban.

-Así que vengo en calidad de no soltero y preocupado. Gadián te mandó muchos saludos.
-Gracias -replicó león-, sólo va a falta él, pero tendrá que disculparme y recibir la noticia a través tuyo.

El otro sonrió con malicia.

- ¿Noticia? ¡Vas a ser padre!
-Baja la voz; no, no voy a ser padre por Dios, ni siquiera tengo novia.
-Te he dicho muchas veces que es sólo porque idealizas tanto el amor que no bajas a la tierra a conocer gente de verdad.
-Tonterías, es sólo que aún no he tenido la suerte que tienes tú.
-No cambies el tema ¿Qué noticia es la que tienes preparada?
-No tengo nada preparado, todo pasó de forma muy sorpresiva y aún no puedo creerlo.
-Vamos, no me dejes con la duda -comentó su primo con curiosidad.
-No lo haré. Sólo estaba esperando un buen momento y creo que ahora lo es. Familia.

Elevó la voz por sobre el murmullo y con eso hizo el silencio; fue extraño porque por primera vez se sintió nervioso ante lo que iba a decir.

-No me miren raro, no voy a dar un discurso; pero tengo una noticia y quiero que todos lo sepan ahora que estamos reunidos.
- ¿Vas a ser padre? -exclamó Miranda- Oh Dios, voy a ser tía.
-Hijo ¿Por qué no nos habías dicho?

Varias voces más hicieron eco de lo mismo, pero el hombre levantó los las manos e hizo gestos a todos.

-No voy a ser padre ¿Qué les pasa a todos? Ni siquiera estoy comprometido.
-Los callados y correctos como tú son los peores; un día te llenan de nietos.
- ¡Abuela!
- ¿Es una niña?
-No voy a ser padre, basta.

Intentaba verse serio, pero la chispa de la familia siempre estaba presente; tenían esa capacidad de conectar en una palabra y volver cualquier cosa una situación divertida, y lo mejor de eso es que nada era premeditado, la espontaneidad al hablar era genética.

-Escuchen, la noticia es otra y no pude decirlo antes porque apenas sucedió hace un par de días. Vino a casa una mujer...
-Ah esa chica morena de cabello liso.
- ¿Cómo? Abuela, no. El punto es que ella es Gabriela, y era, es... es una maestra en Sten mor, y vino a decirme que quieren que ingrese a esa academia, para integrarme a su plantel de estudiantes. Voy a estudiar en Sten mor.

Aunque no se lo había propuesto, la declaración, escueta y clara, logró llamar la atención de todos los presentes; ahí estaban los abuelos, sus padres, dos tías, un tío, los primos y sobrinos, los parejas de quieres estaban comprometidos, sólo con la excepción del accidentado Gadián. La gente con la que se había criado, sus amigos y confidentes, las personas a quienes amaba por lo que eran y por el impacto en su vida.

-Hijo, esa noticia es maravillosa ¡Esa academia tan renombrada!
- ¿Y cómo fue, qué te dijo?

Gabriela era una mujer bastante impresionante; alta, fuerte, directa y fría, como si cada cosa que dijera estuviera planeada con anticipación; la interacción con ella fue breve, y le dejó una extraña sensación, como si su visita significara algo bueno pero al mismo tiempo una advertencia. Al parecer era el tipo de maestra "Si te equivocas lo vas a lamentar"

-Me dijo que vieron mis estadísticas y que doy con el perfil que necesitan; estaré dos años en la academia y podré formarme en lo que yo estime conveniente.
-Fantástico.
-Felicidades.
-Estamos muy orgullosos.

Las felicitaciones se esparcieron entre la familia, pero todavía quedaba algo más.

-Escuchen, hay otro asunto. Esto es real, está pasando ahora mismo; salgo en un mes.

Quizás esa noticia resultó más sorpresiva incluso que la anterior; era de conocimiento público que las clases en las instituciones de educación comenzaban el mes de abril, pero los procesos de selección duraban varios meses, por lo que lo esperable era que el ingreso estuviera proyectado para el año entrante. Su madre se acercó mirándolo con el ceño algo fruncido.

-Hijo, ¿Esto es normal?

La pregunta perfecta, que nadie habría hecho mejor; no era desconfianza, sino la cuota de preocupación justa ante un hecho que se salía de las normas establecidas.

-Sí mamá. La maestra explicó que la academia realiza un proceso de selección entre los datos públicos, y una vez terminado convocan a la persona; así que sólo tengo algunos días para preparar todo.
- ¿Estás contento?
-Claro que sí; es una oportunidad inesperada y sabes que tengo la intención de estudiar.
-Entonces está todo dicho -sentenció ella con una sonrisa-, deseo que sean dos años de éxito ¡Cariño, tendremos que destapar la botella de Reserva Gran hermano!

Más tarde, cuando sólo quedaban los más jóvenes y los adultos se trasladaron al interior o fueron a dorir, Miranda, León y Adolfo salieron al jardín trasero de la casa y se tendieron en una de las mecedoras grandes bajo el cielo nocturno.

- ¿Ya diste aviso en tu trabajo en la universidad ?
-Sí, y mi jefe casi enloqueció; fijo que era una falta de educación avisar con "tan poco tiempo" de algo como esto.
-Entonces a él no lo vas a extrañar.
-Para nada.
-Y -dijo ella-, ahora que vas a comenzar a estudiar ¿ Piensas seguir en lo mismo en que estables trabajando o vas a cambiar el rumbo?

Esa había sido la primera cuestión; León comenzó a trabajar en la universidad Norte en el área salud, y aunque era apto, su verdadero objetivo era el entrenamiento físico, y no pretendió perder la oportunidad.

-Voy a tomar el riesgo de estudiar entrenamiento físico, o disciplinas físicas en exteriores; decidí que quiero retomar lo de la academia particular de arte corporal, y darle un enfoque en los deportes al aire libre.
-Eso es arriesgado, me gusta tu actitud.
-A mí también; sabes que desde niños hemos tenido distintos sueños, y hay que cumplirlos tan pronto sea posible.

A León le pareció de pronto que faltaba muy poco tiempo para el día crucial, y sintió por primera ver una puntada en la boca del estómago, esa sensación de que. en realidad, todo estaba a punto de cambiar de forma definitiva.




Sten mor academia Capítulo 00: Hace cuatro años



Academia Sten mor. Estadio de entrenamiento y pruebas físicas.

Darius era, por mucho, el hombre más tranquilo y relajado de toda la academia. Ya había quedado atrás el tiempo en que era un simple estudiante, y aunque esos dos años fueron muy satisfactorios, su vida tomaba otro rumbo en ese momento; estaba en el centro de una de las arenas de entrenamiento, siendo el centro de la atención de todos y, como pocas veces, sin sonreír ni sentirse halagado por eso. El viejo Aben, el maestro que estaba a un paso de retirarse y dejar una vacante disponible, estaba de pie a unos diez metros de distancia, con esa actitud tan reposada, que era una característica en él. Pero nadie debía dejarse engañar.

-Darius ¿Estás aquí porque quieres ser un maestro en Sten mor?

Gabriela estaba disfrutando ese momento; en ese instante estaban todos los maestros, miembros del mando intermedio representantes de la Fuerza de seguridad y algunos otros cargos, todos atentos a lo que pasaba en el centro. Y claro, en el palco exclusivo, sin tomar contrato directo con el resto, la santísima trinidad; por supuesto que nadie les decía así de forma directa y mucho menos pública, pero a sus propios ojos era la mejor definición posible: los tres hermanos, la cabeza de Sten mor, bajando del cielo de sus resplandecientes oficinas, mezclándose al menos de forma nominal con el resto, y es que un examen de maestría no era algo que sucediera muy a menudo, y desde luego que era un asunto relevante, ya que de ellos dependía el futuro de los nuevos estudiantes. Ahí estaba Kalrei, poderosa, con ese cabello salvaje, la mirada que dominaba todo, la voz fuerte y atrevida. Ella estaba a cargo de una serie de operaciones y pruebas realizadas por los docentes, y era a quien rendía cuentas la fuerza de seguridad. Al otro lado, Olga, educada, elegante, discreta, de mirada intensa aunque fría, como si estuviera analizando cada cosa que sucediera a su alrededor; ella se ocupaba de los laboratorios e investigaciones. Y al centro, Reus, mirando como si fuera una competencia deportiva, divertido, interesado, haciendo algún comentario ocasional a Kalrei. El inmaduro, la mujer fatal, la reina; eran tan distintos, tres versiones diferentes de ser humano que perfectamente podrían no tener nada en común, pero en apariencia, tenían algo que hacía imposible desmentir el lazo que los unía: cuerpos esbeltos, piel muy blanca aunque no de aspecto desmejorado, el cabello rubio casi traslúcido, y los inquietantes ojos color celeste cielo siempre brillantes, con esa luminosidad inexplicable. Inquietante en Kalrei, misterioso en Olga, sorprendente en Reus. Los maestros en tanto, estaban ya en la arena, rodeándolo antes de dar comienzo a la prueba: Flavio, con su aspecto de niño, silencioso como siempre, tan tranquilo pero al mismo tiempo, muestra viviente de lo engañoso de las apariencias; Gabriela por su parte, siempre tomando el protagonismo, llevando la prueba por los caminos que ella estimaba convenientes; Omar, su maestro preferido, grande como un roble, con el corazón tierno como una fruta fresca, y al mismo tiempo fuerte y decidido; Jael, fría y distante, nunca sabías qué pensaba o qué iba a hacer; Aben, el anciano, la imagen viviente del viejo maestro sabio y bonachón, y por supuesto Arki, la reliquia viviente, sabio como ninguno, mal genio y testarudo pero con estadísticas brillantes. Ahora ellos iban a probar sus capacidades, y él tendría que demostrar estar al nivel necesario para poder bloquear esos ataques; Gabriela lo despreciaba y trataría de humillarlo, pero él sabía que no podía simplemente asustarse por eso, y en cambio debía concentrarse y aprobar al menos con lo requerido, que eran tres de seis. Se dijo “puedes hacer esto. No importa si Gabriela te humilla, sólo consigue tu meta.”

-Arki, si quieres hacer los honores...

Buen truco Gabriela. Arki podía crear cosas sorprendentes con el metal, y así lo demostró tomando un puñado de metal molido de una pequeña caja transparente en su bolsillo; independiente de las capacidades de cada uno, un maestro era libre de elegir cómo hacer la prueba. El viejo sonrió entre su poblada barba.

-Detén sólo uno.

¿Detener? Darius lo entendió cuanto las partículas volaron a toda velocidad en su dirección; levantó la diestra e hizo un leve giro con la palma extendida, los dedos rígidos, y la piedra que pendía de su muñeca emitió un brillo potente, que indicaba que estaba listo para usar su poder. Su instinto le dijo que debía correr, pero la única opción de detenerlas era actuar; se concentró al máximo, fijó su mente es el objetivo y amplió el rango de inmunidad; su poder era defensivo, pero eso no significaba que no pudiera usarlo de otra manera, para eso se había entrenado. Los trozos de metal, pequeños como granos de arena, volaron por el aire como si una corriente de viento los hubiese disparado; sintió múltiples golpes en el torso y brazos, como pinchazos, y se dijo que el viejo aún podía enseñar mucho, como a evitar zonas donde un golpe le haría perder la dignidad. Un instante después todo terminó, y para su suerte, sólo tenía molestias menores, pero entre el pulgar e índice de la izquierda tenía un fragmento de metal casi del tamaño de un grano de sal, perfectamente sujeto. El viejo sonrió, satisfecho.

-Bien hecho muchacho.

El siguiente fue Flavio, y en su caso la prueba fue en extremo sencilla: traspasar un punto de su campo de fuerza, cosa que no logró. En seguida, el viejo Aben, que hizo una prueba de equilibrio de luz. Superada.

-Mi turno muchachos.

Omar disfrutaba cualquier ejercicio físico, y por un momento, Darius temió que se le ocurriera hacer algún desafío de fuerza, pero por suerte sólo se trataba de velocidad. Perdió contra él. Sólo quedaban Jael y Gabriela, de seguro las dos de temer, y pensó que la mujer que dirigía el ejercicio sería la última para hacerlo sufrir todo lo posible, pero contra ese pronóstico, decidió ir penúltima, desde luego para hacer gala de todo su potencial. Fue extraño, pero sólo en ese momento, cuando estuvieron frente a frente en la arena de entrenamiento, que abrió los ojos y descubrió por qué es que ella, a todas luces, tenía una animadversión por él: el poder base de Darius era la inmunidad, mientras que el de ella era regeneración molecular; ambos poco comunes, ambos defensivos y ambos con el potencial de ser armas complejas. Entonces se trataba de eso, ella sabía que él podía quizás igualarla o ser una amenaza, por lo que pretendía cansarlo o ponerlo nervioso, antes del final. Gabriela hizo entonces la primera demostración de su poder, y abrió el puño de la mano izquierda; de la palma de su mano empezó a salir algo de color verdoso, que con rapidez tomó forma de...

-Oh rayos...

De alguna manera ella había averiguado algo que él mencionó a sus compañeros mientras era estudiante en la academia: él odiaba a las serpientes. Una de las muchas cosas buenas de ser un maestro en Sten mor es que aprendías a utilizar tus poderes de una forma mucho más completa; ella, por ejemplo, podía regenerar todo tipo de tejidos, y aunque en un principio pudiese parecer un poder sólo defensivo, la realidad era que podía crear formas idénticas a los seres de donde había tomado una muestra, y duplicarlos como avatares que manejaba a voluntad; en su mayoría inofensivos, pero inquietantes, y viniendo de ella, seguramente peligrosos.

-Sólo tienes que hacer una cosa: evitar que te muerdan.

Las serpientes brotaron de su mano, y comenzaron a avanzar hacia él, rodeándolo para cerrar todas las opciones; se obligó a no prestar atención a los relampagueantes ojos de ella, y se concentró en su poder, que nunca como en ese momento había sido tan necesario. Al igual que en una película de terror, la primera de ellas se impulsó cual resorte en su dirección, con los colmillos afilados como agujas y el hocico muy abierto, preparada para atacar. Darius concentró todo el poder de la inmunidad y generó un escudo invisible que detuvo el ataque; la serpiente falsa se desintegró con suma facilidad, pero eso fue sólo el principio del movimiento, ya que como si de una venganza se tratase, las otras se prepararon para atacar. Durante intensos segundos, el hombre se olvidó de todo, y se dedicó a contrarrestar a cada una de ellas, girando, torciendo el cuerpo y estirando los brazos al máximo para que su rango de defensa fue a el más amplio posible.
Pero falló.

Aziare estaba esperando en el exterior; tras superar su prueba por un margen de cuatro sobre dos, ya estaba decidido que estaba capacitada para ser una maestra, pero no se le permitió quedar en el estadio de entrenamiento mientras el otro candidato rendía su prueba; no estaban compitiendo entre ellos, pero de todos modos se mantenía una estricta confidencialidad. Después de una espera que pareció muy larga, Darius apareció; estaba a todas luces cansado y tenía algunas lesiones menores en los brazos, pero estaba sonriendo.

-Aprobé. Al mínimo, pero aprobé.

Aziare respiró aliviada.

-Ya estaba muy nerviosa ¿Estuvo muy difícil?
-Gabriela me arrojó a un nido de serpientes.
- ¡Qué!
-Eran avatares por supuesto -replicó él con una sonrisa radiante-, pero no nos preocupemos por eso ahora. Por fin somos oficialmente aptos, y vamos a ser maestros en Sten mor muy pronto.
-En eso tienes razón.
-Felicidades niños.

El viejo Aben salió a paso lento; se suponía que debería estar dentro.

- ¿Ocurrió algo? Pensábamos que estaban en reunión con los otros maestros.
-Ustedes ya están aprobados -dijo despreciando el otro hecho con un gesto de la mano-, el resto son puras formalidades que pueden hacer por sí mismos. Estoy demasiado viejo como para perder mi tiempo en reuniones donde se ponen de acuerdo en cosas que estaban bien desde el principio. ¿Cómo se sienten?
-Más tranquilos _comentó ella-, ahora todo parece mucho más sencillo.
-Siempre lo es a partir de cierto punto _dijo el hombre jugando distraídamente con su barba-, ahora lo realmente importante es que hagan esto con honestidad, que se conviertan en maestros y comiencen a enseñar porque quieren contribuir a que los más jóvenes tengan frente a sus ojos una luz a la cual seguir.

Aziare adoptó una actitud más seria.

-Sí, lo entendemos; y eso es también porque te hemos tenido a ti como ejemplo.
-Muchacha, eso suena mucho mejor de lo que en realidad es; escuchen, Arki y yo no vamos a estar aquí mucho tiempo más, y ya somos de una época antigua. Cuando nos vayamos, ustedes van a ser la generación dominante, los que tendrán la posibilidad de hacer un real cambio, y es eso lo que tienen que hacer; Jael es muy individualista, y Gabriela es demasiado fría, así como Omar muy bueno. Ustedes, tú Darius con esa actitud luminosa, tienes una forma de ser, crees en el mundo, hay cosas que te importan en diferentes frecuencias, y puedes actuar de acuerdo a ellas; Aziare, eres disciplinada, fuerte e independiente, pero aún así te preocupas por el resto, ambos son elementos que hacen falta en Sten mor, que le hacen falta a los maestros. Los estudiantes no son cifras, no son un cheque que se cobra por más fama para esta institución, son personas que vienen aquí por un sueño, y ustedes pueden darle mucho más que herramientas para manejar esto.

Hizo un gesto que remeció la piedra azulina en su muñeca izquierda; los dos jóvenes lo miraron con respeto.

-Gracias por ayudarnos durante todo este tiempo.
-No hoy nada que agradecer -dijo él con sencillez- sólo quiero que no olviden lo que les dije. Ahora me voy, quiero tomar una buena taza de té.

Se separaron, y los jóvenes comenzaron a caminar por uno de los pasillos para llegar a la zona de estudio en donde habían estado toda la jornada.

-Y bueno, no me has dicho qué tan espectacular fue tu presentación.
-Por favor, sabes que no me gusta hacer espectáculo.

Pero Darius se puso de pie frente a ella, bloqueando el paso; en su rostro asomaba una sonrisa de inequívoca satisfacción.

-Sólo una vez. Para saber qué se siente enfrentar a la nueva maestra de hielo.

Extendió la mano e hizo el gesto apropiado para invocar su poder; un instante después la piedra emitió un destello, y el hombre describió un circulo que hizo materializarse un escudo que era casi por completo transparente, aunque emitía un suave tono tornasol ante las blancas luces artificiales. Aziare comprendió entonces que él no dejaría de insistir en el mismo asunto y se resignó, aunque en cierto modo le divirtió la situación. Elevó la mano izquierda a la altura del plexo solar, con los cinco dedos estirados y unidos uno al otro, el dorso de la mano apuntando al frente; en ese momento la piedra de color azul en su poder emitió un destello, y al movimiento de la extremidad, un arco de hielo cristalino se materializó, avanzando hacia él. Al momento de colisionar, el arco de hielo estalló en mil pedazos, que llovieron alrededor con un tintineo musical acompasado; en tanto, el escudo de energía proyectado por él, mostró una fisura en el mismo punto donde el arco había impactado, tras lo cual se desintegró en miles de haces de luz; Darius se encogió de hombros, satisfecho.

- ¿Qué puedo decir? Maravillosa, tal como lo esperaba.
-Te gusta mucho hacer este tipo de cosas ¿verdad?
-Pues claro, es lo que hacemos.
-Es sólo un medio -aclaró ella-, para alcanzar el equilibrio que nos hace mejores como personas y como maestros. La gente viene aquí a ser mejores profesionales o artistas.
-Está bien, es un medio. Pero es algo que de ninguna manera pienso dejar de hacer.



Próximo capítulo: Gran bienvenida