Sten mor Academia 1° Capítulo 18: Un mundo fuera, un mundo adentro



Lunes 19  de abril.

A primera hora de la mañana, los estudiantes recibieron en sus móviles una alerta de reunión antes del comienzo de las clases. A las seis y media de la mañana todos estuvieron en la sala central de la residencia, varios medio dormidos y la mayoría bastante confundidos.

— ¿Qué estará pasando? —preguntó Priscilla— ¿Alguien sabe algo?
—Yo lo único que sé —comentó Mónica—, es que después de un día de descanso es un crimen que nos hagan levantar más temprano.

Esteban llegó el último, mirando a todas partes sin entender.

— ¿Qué es lo que pasa?
—No sabemos —le comentó Sebastián.

Unos momentos después, entró alguien a quien todos conocían desde el momento de llegar a la academia.

—Dvorkia —exclamó Lena con alegría—. Qué gusto verte.
—También es un gusto para mí verte, y a todos. Seguramente se están preguntando por qué es que los hemos citado, veo varias caras de pregunta o de sueño. 
—Es que es tan temprano...

Dvorkia sonrió ante el comentario.

—Lo entiendo, pero hay un muy buen motivo para que solicitemos su presencia aquí hoy: en primer lugar, deben saber que no habrá clase con los maestros de piedras el día de hoy a primera hora.

A Esteban se le quitó el sueño en un segundo, al escuchar eso.

— ¿Por qué, hicimos algo malo?
—En absoluto. La razón de no tener jornada de entrenamiento con piedras, es que desde las siete y media, y por un lapso de dos horas, se levanta el veto comunicacional para todos ustedes. Podrán comunicarse con sus familiares o amigos.

La noticia terminó de despertar a los que aún estaban dormidos, y generó una oleada de alegría y sorpresa en todos.

— ¿Podemos comunicarnos ahora mismo?
—No, Esteban, es desde las siete y media. Les recomiendo que mientras tanto se preparen y dispongan del entorno de sus habitaciones, la comunicación se realizará de forma tradicional a través de los móviles, pero sólo está habilitada al interior de los cuartos. Esto también ayuda a que tengan la privacidad apropiada para que pueden conversar en paz.

El grupo en general estaba perdiendo la concentración, por lo que Dvorkia tuvo que aclararse la garganta para hacerse escuchar.

—Todos, por favor —aguardó a un poco de silencio, y continuó—. Hay algo que debo pedirles y es muy importante que atiendan a esta petición: La comunicación se realiza de forma individual dentro de las habitaciones, no en ningún otro sitio de la academia, ni en compañía de alguien más. En la academia pensamos que es muy importante dar un espacio de resguardo a la intimidad de los estudiantes y sus cercanos; posteriormente, será decisión de ustedes cómo compartir esta experiencia, pero les pido que respeten tanto la intimidad de los demás, como la suya propia.

Poco después, los estudiantes se habían dirigido a sus habitaciones, y se inició el tiempo indicado anteriormente.

—Hola papi.

El padre de Serene era un hombre alto y distinguido, de cabello rubio encanecido y piel blanca, la que había sido heredada por ella; miraba atentamente desde su oficina con paredes color cielo a sus espaldas, y un holo de ambos junto a la madre de Serene en un hotel de Tash—han.

—Cariño, me alegra tanto verte.
—A mí también papá.
—Deben estar muy ocupados en la academia.
—Es cierto —repuso ella con voz musical—. Y bueno, tú sabes que el veto a las comunicaciones externas es estricto, y es lo mejor, porque no podríamos estar tranquilos con las personas hablando todo el tiempo con gente del exterior.

El hombre asintió.

—Me alegra que en ese sitio también tengan control sobre los comunicaciones —su expresión se tornó severa por unos instantes—. Estábamos preocupados tu madre y yo, sobre que ese sitio no fuera lo suficientemente bueno para ti, ya que no es una universidad tradicional. Cuando nosotros estudiamos estaba prohibido por reglamento usar el móvil en horarios de estudio.
—Sí, lo recuerdo —replicó sonriendo—, pero sabes que no me quedaría si no existieran los condiciones apropiadas.
— ¿Y entonces comenzaste con tu carrera?
—Así es, sabes que lo mío es el mundo de las artes, y hay muy buenos maestros aquí, todos están preocupados de que tengamos apoyo, y las jornadas son intensas pero muy entretenidas.
— Dime más.
— Bueno, la jornada empieza a los ocho de la mandona y es hasta los nueve de la noche, con el tiempo para almorzar; el casino esté bien, tienen variedad de platillos y refrescos, aunque no todas las cosas que uno esperaría, pero el personal está disponible para sugerencias, y desde luego hice algunas. Las clases son dinámicas ¿Sabes? Hay algunas comunes entre todos, eso significa que tenemos desplazamiento de maestros.
— ¿Y los otros estudiantes? —el hombre parecía algo preocupado.
—Bueno, en eso hay poco que decir, porque la gente llega de todas las ciudades y sabes lo que eso quiere decir; pero no me preocupo por eso, prefiero concentrarme en las personas de calidad que hay aquí.

Al decir esto último, hizo un gesto con las manos que hizo resalto el brillo de la piedra en su muñeca.

—No recuerdo haber visto ese pendiente antes ¿Te lo regaló tu madre?

Serene bajó el brazo automáticamente, pero evitó cualquier expresión que pudiera delatarla.

—No, es un obsequio; muy lindo de parte de la administración, la verdad.
—Espero que no sea una imitación, hija.
—No —ella sonrió de inmediato—, es un detalle de morganita real, lo vi muy adecuado para mí, y combina con mi cabello.

Mientras, Lena estaba sentada en su cama, riendo alegremente mientras contaba el recuerdo.

—y entonces tropiezo, y mis ojos ven el postre con crema blanca viniendo hacia mí; y cuando este chico me sujeta del brazo, lo hizo muy brusco, fue como si me estuviera zarandeando. Bueno, ese chico es Febo, es parte de mi grupo de estudio, y tenemos algunas materias en común, a él le interesan las ciencias del espacio.

Sus padres se veían tan contentos y orgullosos, que Lena se sintió por un momento ahí, junto a ellos, ignorando que lo que los unía era una pantalla holo. La sala de la casa estaba tan bella y acogedora como siempre, que casi sintió el aroma del pan de centeno, y el olor del jardín entrando por la ventana.

—Estamos tan orgullosos de ti.
—Sí hija, pero háblanos más de la academia ¿Es grande?
—Sí, pero está muy bien construida. Las instalaciones están todas separadas: ahora estoy en mi cuarto en el edificio de la residencia de estudiantes, sólo nosotros estamos aquí. Hay una construcción para estudios técnicos, otra para humanidades, otra para actividad física, y un gran estadio deportivo, otra zona para cuidados personales, y hay áreas verdes —hizo un gesto muy amplio con los brazos—. Hay espacios abiertos y una gran explanada al centro, rodeada de zonas con césped y plantas de distintas especies.

Su madre adoptó una actitud más seria.

—Lena ¿Es un lugar seguro?
—Desde luego —replicó con tranquilidad—. El recinto es muy seguro, de hecho la zona segura está al frente, es decir desde la entrada, ahí están vigilando todo el perímetro. Y adentro, como les decía, todas las instalaciones son amigables, y el personal, todos te hacen sentir como si estuvieras ahí desde hace mucho tiempo; a través del móvil sabemos de cualquier novedad y nos podemos orientar dentro del lugar, pero además, cualquiera de los trabajadores conoce las instalaciones a fondo y puede entregar cualquier información que sea necesaria. Todos son tan amables aquí —agregó, sonriente—, pero Aziare es la mejor de todas.
— ¿Y ella quién es?
—Es nuestra maestra de cabecera, digamos que estamos separados en grupos y tenemos un tutor.
—Ah, la chica que vino a entrevistarte, había olvidado su nombre. Parecía muy gentil.
—Lo es. Es tan genial. Es correcta, y sabe muchas cosas, nos da consejos en todo momento; a veces parece que nos leyera la mente. Cuando estuvo en casa pareció un poco más... no sé cómo explicarlo, parecía un poco más distante, o quizás fría, pero ahora que la conozco, es realmente encantadora; por momentos parece algo distraída si la ves leyendo sus notas, pero cuando habla contigo o te da un consejo, es como si te conociera, y quisiera saber más de ti. Pero bueno, también hay otras personas, los otros estudiantes también son importantes: vienen de todas partes del país.
— ¿Ya tienes algún amigo o amiga?
—Sí —respondió de inmediato—, ella es Maud, ahora mismo debe estar hablando con sus padres: viene de Pristo ¡Es actriz! Nos conocimos justo antes de entrar a la academia, estoy segura de que van a amarla cuando la conozcan —pero se retractó al decir esto—. Lo siento ¿Puedo invitarla a casa cuando sea posible?

Su madre sonrió, y asintió con gentileza.

—Por supuesto que puedes, Lena, a ella y a cualquier amigo que hagas en la academia.
—Sólo avisa si son muchos, para que estemos preparados.

Krau, en tanto, estaba sentado frente al escritorio en su habitación, muy erguido y quieto. El hombre del otro lado de la pantalla lucía viejo y demacrado para la edad que tenía, viéndose de más de setenta cuando en realidad apenas pasaba los cincuenta.

—Todo está bien, papa. Voy a sacar adelante la carrera que quiero, ya habíamos hablado de eso antes.

El hombre se revolvió en el asiento, nervioso.

—Lo sé hijo, y no me gusta incomodarte; pero tu madre no está... muy contenta con tu decisión, ella piensa que no es lo correcto, que te estás equivocando.

Krau desvió un poco la vista, para ver su rostro a través de la captura de imagen secundaria que había programado. Qué distinto se veía a sí mismo ahora, tranquilo y seguro.

—Lo que ella piense no me importa. Ya no más.
—Pero ella tiene muchos conocimientos, sabe de estudios superiores —empezó a hablar nerviosamente, más rápido—, y sabe también de cómo funciona el mundo empresarial...
—Entonces que le aproveche, podrá usar esos conocimientos para ayudarse a sí misma y estar muy orgullosa de su propio desempeño.
—Pero...
— ¿Pero qué?
— ¿Y si estás tomando una decisión equivocada?
—Entonces le habré dado una felicidad en toda mi vida por estar en lo cierto, será un gran logro.
—Hijo...
—Papá, en serio —lo cortó, aunque con suma tranquilidad—, sólo te llamé para que estuvieras enterado de dónde estoy, no para darte en el gusto a ti, y por supuesto que no a ella; mi etapa con ustedes ya pasó, es todo.
—No quisiera que estuvieras enojado conmigo.

Se tomó un momento antes de responder. No odiaba a su padre, pero definitivamente el amor que pudo haber tenido por él había muerto muchos años atrás, aplastado junto con el amor propio que debió tenerse.

—No estoy enojado —repuso resueltamente—. Es sólo que no voy a vivir como tú. Y aprovecha de decirle a ella, por si por asomo llega a preguntar, que no importa lo que pase conmigo: aunque me vaya al infierno, es por mí, por lo que yo decidí, y lo hice porque quise seguir ese camino, no el que me diga alguien más.

Itiel, en su cuarto, tenía una expresión muy seria en esos momentos.

—Papá, te ves cansado y tienes ojeras ¿Estás enfermo?

Su padre era un hombre de baja estatura, de rostro redondo y sonrosado, y cabello encanecido algo prematuro.

—Bern tomó un catarro ayer en la tarde, al parecer, y se despertó en la noche.
—Cielos. ¿Cómo está ahora?
—Durmiendo con Irina, no los desperté a esta hora porque durmieron menos que yo y necesitan descansar; pero estoy grabando ¿ves? — señaló el icono apropiado en la pantalla que permitía la comunicación—, así que tendrás que grabar una parte para ellos.
— ¿Estás seguro que es sólo eso?

El hombre adoptó una actitud más seria, y frunció el ceño, reprendiéndolo.

—Escúchame bien muchacho. Yo estaba cuidando catarros y poniendo compresas frías cuando Irina y tú era unos niños porque ¡Espera! Ustedes eran esos niños.
—Está bien, está bien —se defendió levantando los brazos—, no voy a dudar de su juicio, doctor, perdóneme la vida.

Se miraron un momento en silencio, sonriendo cómplices. Su padre hizo una fingida expresión de regaño.

—Espero que lo hayas entendido. Ahora lo mejor que puedes hacer es decirme cómo van las cosas en esa academia tan misteriosa a la que entraste.
—En realidad no tiene nada de misteriosa adentro —repuso él con simpleza—. Funciona como cualquier institución de estudios superiores que se describe en los videos publicitarios; las instalaciones son espectaculares, es muy espacioso y cómodo, realmente es un lugar en el que me siento muy bien.
— ¿Y los otros estudiantes, son personas amables?
—Hay personas de todas las ciudades; y sí, hay personas grandiosas también aquí.
—Estoy seguro que ya tienes muchos amigos.
—Papá, eso no es lo que...
—Es lo lógico —dijo el hombre, animado—, eres tan encantador, las personas simplemente se acercan a ti.

Itiel pensó un momento en Naro; habían tenido una conexión especial, pero aún era pronto para saber si eso sería el inicio de algo más, así que prefirió dejarlo en segundo plano hasta tener mayor claridad.

Poco después de la finalización del periodo de comunicación con los familiares, Irene encontró a Priscilla en uno de los pasillos de la residencia.

— ¿Cómo va todo?
—Genial —replicó Priscilla—; siento que fueron los dos horas más cortas que he tenido en mucho tiempo.
—Entonces no soy la única —Irene sonrió—. Me pasó lo mismo. ¿Cómo está tu familia?
—Bien, por suerte las cosas en casa son como siempre: creo que hasta ahora no me había dado cuenta de cuánto se preocupa mamá por mí. Bueno, por mí, por papá y por Oudel, claro.

En los días recientes habían tenido bastante contacto fuera de las clases, y eso permitió que Irene descubriera que Priscila era una chica con muchas cosas que contar; de momento estaba disfrutando de la posibilidad de conocerla, sin pensar en nada más.

— ¿Lo dices porque estaba preocupada?
—Un poco, lo que quiero decir es que estaba bastante ansiosa y me hizo muchas preguntas sobre este lugar, es decir que quería saber si era seguro, cálido, si las personas eran amables, si estaba permanentemente prohibido que entren extraños...
— ¿Te preguntó eso?
— ¿Puedes creerlo? —ambos se sentaron un momento— Y estoy segura de que no se dio cuenta de lo que estaba diciendo en ese momento, para ser honesta: todo el mundo sabe que en cualquier institución de estudios hay normas que regulan la seguridad, y que nadie puede entrar sin tener una cita que justifique su presencia. Pero al mismo tiempo tuve una sensación al escucharla, es como que al tenerla en otra parte valoré mucho más lo que hace; en casa le habría dicho "mamá, todo está bien, no te preocupes" pero ahora me tomé el tiempo de explicar todo con detalle.

Se detuvo al notar que Irene la miraba fijamente.

— ¿Qué ocurre, dije algo extraño?
—No —replicó en voz baja—. Es solo que es muy lindo cómo te preocupas de ellos con tanta pasión.
—Gracias.
—No hay nada que agradecer, no era un cumplido.
— ¿Y tú? Siento que he estado hablando demasiado. 
—Para nada, además me gusta escucharte —se aventuró y decir, pero suspiró al entrar en el área que la otra chica había sugerido—; sucede que las cosas en casa no son sencillas, pero eso no es ninguna novedad.

Priscilla frunció ligeramente el ceño; a pesar de tener un rostro alargado, de facciones suaves y delicadas, este cambio de expresión, unido a su cabello castaño suelto cayendo en capas, le dio un aspecto más rudo.

— ¿Tu madre te recriminó por algo?

No había podido aceptarlo, y no lo entendía. Por lo que Irene le había dicho, en su familia, el hecho de integrarse a un centro de estudios no tradicional era prácticamente una mancha en los brillantes registros de los antepasados, y a ella eso le parecía injusto y desconsiderado.

—No, no me recriminó. Pero la conozco, sé que ni ella ni papá estás satisfechos con que esté aquí, y además estudiando algo que no es para un decorado holo de premiación en una oficina. Pero mira —decidió animarse y salir de esa zona—, no sigamos hablando de eso en este momento: mi familia no es tan mala como parece, sólo es que son muy estructurados y ven con malos ojos cualquier cosa que no sea lo que han hecho toda la vida siempre de la misma forma y a la misma hora. Más adelante, cuando yo sea una exitosa profesional, ellos van a aceptar que hice las cosas bien; claro, después pasaré a ser el ejemplo de turno para quien sea necesario, pero estoy dispuesta a pagar el precio.
—Por cierto, el otro día noté que Esteban no habla mucho de su familia.
— ¿Esteban?

La miró sin comprender; no había notado que él tuviera charlas con Priscilla de forma específica.

—Sí, Esteban. ¿Por qué te parece tan raro que lo mencione? Ustedes son amigos.
—Por supuesto, es sólo que no los había visto juntos.
—Ah, entiendo. Pues hemos estado hablando algo, desde el otro día, que me preguntó algo sobre lo que estaban hablando en Comunicación no verbal.

Curioso, se dijo Irene. Recordaba bien que ese día hablaron al respecto y él mencionó que no había entendido bien lo que explicaron en esa clase, pero en ningún momento mencionó haber hablado con ella.

—Te agrada, supongo.
—Es muy simpático,  es verdad; como te decía, noté que no habla mucho de sus padres.
—No, conmigo tampoco ha hablado —replicó, pensando—, pero no creo que sea un gran problema, o lo habría mencionado.
—Creo que tienes razón, es muy transparente ¿sabes lo que me dijo? Que yo me veía muy callada dentro de todo, y que tenía que aprovechar además de estudiar, de conocer más, a más personas de la academia. Sí, lo dijo justo con esas palabras; dijo que estaba seguro que tú y yo nos llevaríamos muy bien, y que dentro de poco él sería el mejor amigo de ambas.

Irene entendió recién en ese momento lo que estaba pasando; por eso fue ese cambio en la actitud de Priscilla, porque había recibido consejos de alguien, precisamente de Esteban.

—Y creo que tenía razón —estaba diciendo en ese momento—, me estaba perdiendo de algunas cosas aquí, como alguien con quien hablar.

Próximo capítulo: Progresos comprobables. Nuevas estadísticas




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Sten mor 7/5: Adelanto

Fue ese día en que empezó a pensar que lo que tenía no era una habilidad: eso era un accesorio paro todos, pero en su caso, era algo mucho más importante, no una habilidad, sino un poder.

— ¿Qué haces?

La chica caminaba por la explanada cuando lo vio, a cierta distancia; pudo notar que él se sobresaltó al escuchar su voz, pero no se preocupó mayormente; él se puso de pie con suma lentitud, midiendo sus movimientos de forma automática, incluso antes de tomar plena conciencia de lo que estaba pasando. Ella tenía una media sonrisa, y una mirada entre divertida y de análisis.

—Nada en especial.

La sonrisa de ella se ensanchó un poco, pero sin cambiar la mirada ni la actitud corporal.

—Vamos, ya nos conocemos lo suficiente ¿No es así? Sé que estás tramando algo y que la piedra está involucrada en ello, puedo sentirlo.

Era una tibia tarde de otoño; había descubierto un sitio de tranquilidad en ese lugar, desde que se anunció oficialmente que el estadio de tiro quedaba fuera de operaciones, a la espera de ser desmantelado; el nuevo anfiteatro de tiro, ubicado tras el centro deportivo, era la joya más reciente de la academia, lo que dirigía todas las miradas y asistencias a ese sitio. Oficialmente, no estaba prohibido entrar a al antiguo, pero ahora nadie tenía interés, cuando a poca distancia una construcción nueva y mejorada disponía del espacio y las condiciones apropiadas.

— ¿Cómo es eso de que puedes sentirlo?

Había estado sentado en la hierba, dando la espalda a los montículos; para lo que hacía, necesitaba concentrarse y estar en paz, y de cierta manera, estar un poco más cerca de la naturaleza resultaba agradable; además, sería menos sospechoso que estuviera sentado cerca de un sitio en desuso, que ser encontrado dentro de él. Cuando necesitaba usar su habilidad, en ese momento sí entraba en el lugar, y se sentía libre de usarla al máximo, sin tener que medirse cono al estar frente a los demás. Se puso de pie con lentitud a medida que la chica se acercaba; ella lucía algo divertida, pero nunca ignorante de lo que pasaba alrededor; sin duda era inteligente, pero la pregunta que asaltó su mente fue ¿Qué tanto?

Sten mor academia 1° Capítulo 17: Triunfos personales. Desafíos



Casino residencia maestros. Jueves 15 de abril.

Flavio estaba sentándose para tomar una taza de café, cuando Gabriela entró. La maestra lucía algo cansada esa mañana, aunque su atuendo era funcional y ordenado, como de costumbre; en tanto, él llevaba una tenida de cortes rectos negra, muy formal como era su estilo.

—Buenos días, Gabriela.
—Me alegra que sean buenos para ti —repuso ella pesadamente—, alguien tiene que empezar bien el día ¿no es así?
— ¿Estás enferma?

Ella lo miró sin hablar por unos segundos; Flavio siempre era igual, siempre actuaba igual, y siempre estaba estudiando algo o a alguien, excepto, hasta donde ella detectaba, a los otros maestros. Era siempre un punto de vista u opinión a considerar, algo como los comentarios de Arki o el viejo Aben, actualizados al presente y sólo si se los pedían; en los últimos años había llegado a entender que realmente nadie sabía algo de él. Su rostro ligeramente bronceado, serio, la miraba a través de sus ojos almendrados con serena atención.

—Dormí mal.
—Podrías haber pedido asistencia, o bajado a tomar un analgésico.

Ella sonrió.

—Siempre tan atento, pero en realidad supe al despertar que había tenido un mal dormir. Al rato se me pasa.
—Entiendo. Discúlpame un momento.

Se puso de pie, y tras unos breves momentos regresó con un tazón de aromático café negro; Gabriela vio que tenía un toque de canela dorada.

—Me disculpo por la canela, pero es necesaria para que el otro aroma no se note.

Puso el tazón frente a ella, y al probar, se dio cuenta del motivo de esa explicación: el café tenía un fondo de ron rojo, un brebaje utilizado para reponer el organismo cuando se sufría algún trastorno del sueño. Prohibido en la academia, incluso para los maestros. Dejó que el aroma llegara a ella, anticipando la mejoría que significaría dentro de pocos segundos.

—Eres una maravilla de ser humano.

Él no dijo nada, pero su expresión tampoco cambió. No estaba la sonrisa cómplice de otros en una situación similar, ni si quiera un gesto solapado; en lo que concernía a Flavio, probablemente ese gesto amable jamás ocurrió.

—Y bien —dijo tras beber un delicioso sorbo—. A partir de ayer, ya tenemos a todos los chicos usando su habilidad base, digamos que ya tenemos completa la primera etapa.
—Así es.
—Así que los vamos a dejar dando vueltas sobre lo mismo durante un tiempo, para que se acostumbren un poco. Supongo que perdería mi tiempo si tratara de sorprenderte con la noticia de que hay algunos que han estado entrenando por su cuenta. Krau, Karlo, Lucio y...
—Buenos días.

Darius la interrumpió entrando al casino en ese momento; iba vestido de celeste y púrpura y se veía radiante.

—Buen día, Darius.
—Sabía que tenía que traer los espejuelos oscuros —dijo ella, saludando con un gesto— ¿A qué se debe tu alegría?
—A muchas cosas en general, y a una en particular: Hoy va a ser un día entretenido, intenso y lleno de sorpresas —hizo un gesto similar a una pose de pelea—, porque el nunca muy apreciado Omar comienza el torneo. Deberíamos tener una copa ¿No creen? Algo dorado y que tenga un fuego fatuo en ella.
—Darius, eso es arcaico, tener una copa en una repisa es como robar algo de un museo.
—Estoy de acuerdo —comentó Flavio—, sin embargo, el hecho de plantear un reto con una meta puede disparar los índices de los estudiantes.
— ¿Y entonces qué sugieres?
—Dentro de poco tiempo, será momento de realizar unas salidas a terreno, quizás los más destacados podían tener prioridad.
—Suena bien —dijo Gabriela con tono de satisfacción—, eso sí que funciona.

Flavio parecía no percibir la escena en la que estaba, con Gabriela de un lado y Darius del otro, ambos argumentando; seguía tomando su desayuno con tranquilidad, misando con tranquilidad al que estuviera hablando.

—Vamos, deja algo para la diversión, tienes que darles un trofeo.
—Una medalla holo, quizá.
—Con el rostro magnánimo de don Jeremías mirando de manera divina.

Incluso Gabriela, que no le agradaba para nada el maestro, tuvo que contener la risa al imaginar el holo con el rostro del creador y difunto dueño de la academia en manos de uno de los estudiantes.

—Concuerdo con el espíritu, pero no con la forma; yo sugeriría una estructura en tres a cinco tramas que ayude con la concentración.
—Eso está bien para mí —replicó Darius con una gran sonrisa—, iré más tarde al área técnica y les daré las instrucciones para que hoy en la tarde tengan una previa que podamos exhibir desde el momento en que empiece el torneo.
—Parece que están adelantando trabajo.

Jael entró a paso rápido, se sirvió un té frío y se sentó junto a los demás; Aziare llegó también, absorta en lo que leía en su tableta de datos.

—Vamos a tener un trofeo —comentó Darius emocionado—, yo mismo lo voy a diseñar.
—Qué interesante, estoy segura de que todos lo amarán.
—Planeo que no le puedan quitar los ojos de encima —replicó ignorando el fondo del comentario—, ahora quisiera saber en dónde está Omar.
—Hablé con él hace poco —dijo Aziare levantando la vista del texto en el que estaba—. Dijo que quería ver que el centro deportivo estuviera preparado para lo de la tarde; al parecer no eres el único que está muy interesado.
—Por eso me encanta su actitud. Y supongo que ustedes también están listos para dar un muy buen espectáculo.
—Yo —comentó Jael con tono casual—, de momento, sólo quiero ser una simple espectadora en la gran actuación de los estudiantes.

Gabriela le dirigió una significativa mirada a Aziare, aunque esta no demostró incomodidad alguna.


2


Esteban se encontró con Sebastián en el estar de la residencia; el chico lucía algo aburrido, mirando distraídamente una publicidad en el móvil.

— ¿Qué te pasa?
—Hola Esteban —respondió lentamente—. No es nada, sólo que iba a reunirme con Oiren para que ensayáramos un poco antes de clase, pero no sé dónde está.

El otro hizo una mueca.

—Pues no creo que saques nada con seguirlo esperando.
— ¿Por qué lo dices?
—Acabo de verlo en el casino —hizo un gesto indicando en esa dirección—, ahí está.
—Qué extraño, debe haber olvidado que era aquí.
—Creo que no entiendes: no estaba solo.

Sebastián se puso de pie; no sería raro que alguien fuera a la primera o última clase sin dispositivos móviles consigo, incluso varios ya lo habían mencionado, a propósito de las habilidades, que en cualquier momento podrían causar un inconveniente indeseado. Pero que lo dejara olvidado, siendo que hablaron de eso la tarde anterior, era distinto.

— ¿No estaba solo?
—No, estaba atrás con Alana, Serene y Alej.

Sebastián se quedó de una pieza al escuchar eso; no sólo porque en esos días nada indicaba que tuviera algún tipo de afinidad con esas personas, sino porque para estar en la zona de descanso, haberse topado de forma casual no concordaba. Era programado, o comenzaron a hablar y luego fueron hasta ese sitio.

—Eso es un poco... no sé, extraño.
— ¿Éstas bien?
—Sí —respondió automáticamente, sonriendo—, seguramente me confundí, en realidad hablamos muy tarde anoche, creo que me dijo que nos reuniéramos después del desayuno y no antes.
—Sonabas muy seguro.
—Debe ser por el torneo —replicó encogiéndose de hombros—, eso estuvo ganando mi atención poco a poco ¿No te pasa lo mismo?

Esteban estaba emocionado por el torneo, pero principalmente por el avance que estaba experimentando en su habilidad, por lo que la pregunta lo hizo sonreír de inmediato.

—Desde ayer lo tengo muy presente —dijo mientras caminaban hacia la salida—. Antes me había obligado a mí mismo a no pensar en eso para no distraerme, Irene dice que mi principal problema es que me desconcentro muy fácil —y continuó, intentando imitar la voz de ella— "Para saber los grupos musculares eres el primero, pero te pregunto cualquier cosa de Preparación de proyectos y ni siquiera sabes a qué hora va"
— ¿Y es cierto?
—Claro que no. Está bien —admitió en voz baja—, una vez me olvidé y llegué a la sala equivocada, pero sólo fue una vez, y no me ha dejado en paz desde entonces. ¿Vas a tomar desayuno ahora?
—No tengo hambre en este momento. Ustedes se están haciendo muy amigos.

La jornada estaba iluminada al igual que los días anteriores, pero esa mañana estaba más fría, con una ligera brisa que cambiaba el aspecto de todo al caminar al aire libre.

—Sí, ella es genial en realidad. ¿Sabes algo? Es de esas personas que se preocupan por los otros, y claro, también está el hecho de ser muy lista.
— ¿Te gusta?

Esteban se encogió de hombros; iba a decir que sí, pero mirando al pasado, parecía muy lejano el momento en que la miraba de otra manera.

—Sólo en el sentido de ser bonita, nada más.
—Entiendo.
— ¿Y tú? ¿Hay alguien de aquí que te guste o ya tenías ocupado el corazón desde antes?
—Nadie en absoluto — replicó Sebastián con una media sonrisa por la expresión—. No sé si soy muy romántico, la verdad. Además, todo esto de las piedras, y ahora el torneo, me tiene completamente ocupada la mente; no sé si podría tener tantos asuntos en las manos al mismo tiempo.

Se encontraron con Naro a poco de salir, y Esteban hizo un gesto de pelea.

—Hola. ¿Preparado para el inicio del torneo en la tarde? Yo voy con todo y recuerda que me debes una desde el entrenamiento pasado.
—Si nos toca competir, estoy listo.
—Estoy seguro de eso.

Naro siguió su camino de regreso a la residencia, mientras Esteban y Sebastián caminaban hacia la explanada mayor, aunque sin un rumbo fijo.

—Así que estás muy concentrado ¿No es así?
—Sí, la verdad es que me gusta la idea de una competencia, resulta muy interesante. Aunque es un poco raro, por los tipos de habilidad que tenemos todos; no creo que pueda ser un torneo de pelea.
—En eso tienes razón, aunque si Omar nos deja, quiero hacer algunos desafíos, por ejemplo con Naro.
— ¿Todavía no le perdonas que haya vencido tu campo reflector con sus descargas eléctricas?
—No es algo personal —aclaró flexionando los brazos—, pero en ese momento supe que tenía que haber una revancha. Soy muy fuerte ¿Sabes?




3


Centro deportivo. 8:30 pm

La última dase de la jornada había terminado antes que otros días, para permitir que los estudiantes y maestros se trasladaran al centro deportivo en tenida acorde al evento que iba a comenzar; al entrar en el recinto, Maud vio que las gradas estaban prácticamente vacías: el centro deportivo era un edificio cuadrado, en cuyo centro estaba la arena de prácticas, dividida en numerosas secciones y rodeada de los espacios apropiados para accesorios de entrenamiento, asesores de salud y emergencias, el sitio de transmisión multimedia para eventos especiales, y un pequeño palco reservado, que a todas luces era para personas importantes.

—Qué bueno que ya estás aquí.

Oskar llevaba una tenida ligera y se mostraba bastante entusiasmado; Maud tenía algunas dudas acerca de lo que iba a terminar siendo ese torneo.

—Sí, parece que faltan pocos ¿No han dicho nada?
—Nada, y eso que Darius está aquí el primero.
—Eso sí que es una novedad —sonrió—. Veamos de qué se va a tratar todo esto.

Mientras hablaban, Darius guiaba a unos técnicos, quienes instalaron un soporte colgante justo en medio de la arena central, distante del suelo por algunos metros. Se trataba de una estructura cristalina con hilos transparentes, en donde el maestro depositó un soporte de holo tridimensional, por el momento en blanco.

—Atención todos —exclamó Omar mientras caminaba hacia el centro de la arena—. Les agradezco haber venido, y también a nuestro público ; en primer lugar, quiero informar a todos que este torneo es de habilidades, y por lo tanto es importante que atiendan a las instrucciones que voy a darles: como saben, las habilidades de todos tienen características diferentes, por lo tanto, si planteamos una competencia en la que los que están aprendiendo son los protagonistas, sería injusto pretender que fuera algo equilibrado, y por esto, el departamento técnico ha preparado unos accesorios que serán muy útiles para todos ustedes.

Personal técnico entregó a cada uno de los estudiantes un par de guantes, que en apariencia eran comunes y corrientes: cubrían la palma, la mitad del dorso de la mano y la base de los dedos, y era de un símil sintético al cuero; en el interior tenía una intrincada malla de nervios sintéticos, conectados a una matriz de generación que tenía el aspecto de un broche.

—Qué interesante —dijo Carlo mirando atentamente los guantes que tenía en las manos—; esto se usa en algunas competencias deportivas.
—Es cierto Carlo —replicó Omar—, sólo que en este caso se han realizado algunas adaptaciones: los guantes que tienen en su poder cuentan con tecnología adaptada, que puede transformar la energía catalizada por la piedra en único tipo de energía molecular. Observen.

Se puso los guantes, inició la operación de estos tocando levemente el broche con el pulgar, y en seguida utilizó su habilidad, que hizo que el ojo de halcón en su muñeca brillara con más intensidad: en vez de realizar un movimiento veloz, o mover algo muy rápido, que era lo acostumbrado en él, materializó unas partículas grisáceas que, como una lluvia, fueron depositadas en el suelo hasta formar una estructura similar a un espiral.

—Los guantes disponen de filtros de transición y moduladores de frecuencia, que reciben la energía emanada gracias a la acción de la piedra, y la convierte en luz sólida, que es lo que ven aquí. Con esta luz pueden crear estructuras según su decisión, y manipularlos a distancia.

Dicho esto, usó ambas manos, como si estuviera modelando algún tipo de masa, y al instante la construcción se movió a voluntad: un momento después había construido un cayado al estilo de los que aparecían en las novelas fantásticas, y lo movió, demostrando su firmeza.

—Pero no tienen como misión hacer artes manuales: la razón de esto es que ahora todos podrán hacer los mismos movimientos, y quedar en igualdad de condiciones. Las reglas de participación son sencillas, sólo tienen que crear estructuras que deben ser resistentes al ataque del rival; está permitido el uso de fuerza controlada, y en caso de alguien quererlo, de acuerdo con su contrincante, pueden usar fuerza libre en un enfrentamiento.

Esteban sonrió, complacido con la noticia.

— ¿Y cómo se decide quién gana un enfrentamiento?
—De un modo clásico: quien es sacado del área delimitada, se rinde, o ya no puede seguir catalizando energía. Aziare.
—Gracias Omar. Es importante que entiendan que esto puede parecer una competencia de fuerza, pero lo es mucho más de estrategia: una persona podría decidir, sólo como ejemplo, crear una distracción que le permita ponerse a resguardo, o mover al rival, y gracias a eso, ganar con facilidad y sin esforzarse físicamente en un duelo; así que mi recomendación es que pongan en práctica su mente y busquen el modo de vencer a su rival.

Durante algunos minutos, los estudiantes estuvieron apreciando los guantes, y luego probando sus capacidades mediante algunos ensayos, algo tímidos al principio. Conforme obtuvieron buenos resultados, varios se animaron a crear con algo más de riesgo.

—Ahora estamos a punto de empezar —comentó Darius al cabo de unos minutos—. Y como gran inicio quiero que vean el trofeo que va a llevarse la o el ganador de este magno evento: levanten sus ojos al cielo.

En ese momento, el holo se activó, revelando un entramado de 33 puntos de luz, que se desplazaban por la estructura hasta formar una compleja red luminosa, configurada para proporcionar calma y bienestar. Después de algunas secuencias, un único punto en el centro brillaba más que el resto, reiniciando todo en modo de espejo, siendo esto una referencia al motivo central del torneo.

—Es lindo, fue idea mía —dijo con orgullo—, y ya saben, como dijo Aziare, no sólo sean tanques fuertes, también sean inteligentes para pelear.

Edsel fue el primero en ofrecerse para participar: había sufrido algunos cambios en los últimos días y estaba más fuerte y corpulento. Naro fue seleccionado para enfrentarlo, y ambos hicieron un saludo rápido antes de empezar.

—No te sientas mal, pero necesito derrotarte.

Naro lo miró extrañado, pero luego comprendió que Edsel iba en serio; creó una estructura que, con habilidad, usó como recubrimiento para los puños, avanzando amenazadoramente.

—Vas a perder.

No se dejó intimidar por la agresiva actitud, y utilizó la habilidad, que se tradujo en una especie de red que se materializaba en sus manos. Dedujo que los guantes transformaban la energía, pero mantenían algo de la estructura original, lo que no le serviría de mucho contra la fuerza bruta. Sin mucho tiempo para pensar, creó una distracción y puso algo de distancia.

—Estás demasiado alterado.
—No estoy alterado, sólo necesito derrotarte.
— ¿A quién quieres impresionar?

La pregunta sobraba; resultaba evidente para varios en la academia que Edsel estaba entrenando todo lo que era capaz, para conseguir que la atención de Serene se concentrara en él, y estaba trabajando a toda máquina, incluso más allá de lo que resultaba recomendable. Pero de todos modos Edsel se lo tomó a mal, y avanzó con más decisión. Al ser más alto, Naro no tuvo mayor problema en contener algunos golpes, pero resintió de inmediato la fuera extra del otro; decidió que iba a terminar con todo eso de una vez, y antes de exponerse a alguna herida, hizo un amague, avanzó y sujetó a su contrincante por el codo, inmovilizando el brazo y sujetando el otro con fuerza.

—Voy a hacerte más daño a menos distancia.
—Edsel, te estás tomando esto muy personal.
—Ganar es personal.

Intentó usar la habilidad para soltarse, pero Naro había creado una protección que lo mantuvo a salvo el tiempo suficiente para dar un golpe en la espalda, y luego empujarlo fuera del área delimitada. Edsel se puso de pie rápidamente y regresó a luchar, pero la voz de Omar lo detuvo.

—En esta ronda estás fuera.

Durante un momento, no se movió, y su expresión pasó de la cólera a la confusión, y de regreso a la primera. Luego respiró forzosamente y se retiró a un costado; Omar lo miró detenidamente mientras salía de la zona demarcada, y estuvo a punto de ir a hablar con él, pero decidió darle el crédito de estar superado por la adrenalina del momento.

— ¿Estás bien Naro?
—Sí, no pasa nada —respondió mientras se acercaba a una de las zonas de descanso—. Gracias Itiel.

En tanto, Sebastián y Esteban estaban ya comenzando, siendo el primero de ellos quien usaba su velocidad para intentar marear o confundir al segundo, mientras este usaba el campo reflector para devolver la misma intensidad de los golpes.

—Esos dos estaban esperando esto —comentó Irene hacia Itiel—, parece que necesitan actividad física muy fuerte.
—Pero se lo están tomando con mucha diversión por lo que se ve.

Mientras tanto, Mauren y Mónica estaban teniendo un duelo igual de interesante, pero desde un punto de vista muy distinto; en vez de enfrentarse físicamente, estaban haciéndolo a través de la energía sólida, que manipulaban de un modo casi artístico, ambas formando estructuras similares a serpientes mitológicas que se elevaban y mezclaban en giros, espirales y torceduras hasta los tres metros de altura. Por momentos una de ellas perdió terreno, y la forma de Mauren asestó golpes que la hicieron retroceder, pero Mónica no estaba dispuesta a rendirse, y con un espectacular giro remontó por sobre su rival, demostrando que todavía no estaba lista para perder. Al mismo tiempo, Ikronne estaba usando su habilidad a un nuevo nivel, formando algo similar a los torbellinos que generaba de forma corriente, pero con las partículas de energía sólida creadas a partir de los guantes; sin embargo, Lucio, su rival, estaba haciendo algo diferente, ya que su habilidad era el control de la luz y eso no era posible replicarlo, pese a lo cual no se tardó en encontrar una alternativa, que fue usarla como si se tratara de pequeñas bombas. Una y otra usaban sus mejores armas, manteniéndose a cada extremo del borde del campo de entrenamiento.
Mientras las batallas comenzaban a multiplicarse, y los que se integraban tomaban nuevas e ingeniosas ideas, gracias a las de los que ya habían visto, Gabriela miraba atentamente a los que ya participaban, evaluando tanto lo que hacían, como lo que ella ya suponía que podían hacer; podía anticipar casi cualquier idea que se les ocurriera, pero al mismo tiempo, había uno que le causaba una molestia, uno que tenía una capacidad que nadie entre los estudiantes suponía, y que probablemente sólo uno de los otros maestros conocía ¿por qué mantenerla oculta? Era cierto que eso le permitiría mostrar una sorpresa en determinado caso, pero el trayecto era más complejo teniendo que ocultar esa faceta. Se preguntó si ese trabajo solapado sería idea del maestro, o quizás del estudiante.


Próximo capítulo: Un mundo fuera, un mundo adentro




El próximo viernes no te pierdas un adelanto de Sten mor 7/5.

Sten mor Academia 1° Capítulo 16: Jornada de descanso. Amistades



Residencia. Domingo 11 de Abril.

El primer fin de semana en la academia se volvió de gran importancia cuando estaba comenzando. Hasta ese momento la carga de las primeras jornadas de estudio, el conocimiento de todos los maestros de especialidades y la necesaria ambientación al lugar en el que se encontraban, consumió la mayor parte del tiempo, sumado a esto la enorme novedad de las piedras y el inestable pero continuo avance al respecto; las jornadas eran extensas, pero el efecto positivo del entrenamiento con piedras servía como un estimulante natural que ayudaba a todos en sus quehaceres.
Celia, Karlo, Úrsula y Mauren se encontraron en el casino para tomar un desayuno, antes de la primera clase, la de las ocho; antes de eso, los otros días los desayunos pasaban con algo de prisa o se concentraban en los últimos acontecimientos de las clases de la jornada anterior, y aunque el domingo de todos modos había jornada de estudios, la perspectiva era diferente y los ánimos, también. Había un aire a tranquila emoción y todos parecían estar de acuerdo en eso.

—El desayuno del día domingo tiene que ser más importante —exclamó Celia poniendo una bandeja de dulces al centro de la mesa que ocupaban los cuatro; estaba particularmente de buen humor ese día—. Así que nos vamos a tomar algunas libertades; y tengo que decir que en el casino me leyeron la mente ¿ven estos dulces que están al centro? No los tenían otros días, tienen crema y café.

Úrsula estaba de mejor humor esa mañana; al despertar, notó que el diamante en su muñeca tenía un brillo un poco más intenso que la jornada anterior, y eso la hizo animarse a compartir con los otros, incluso sin sentirse presionada o molesta cuando Celia prácticamente la arrastró con los demás.

—Creo que hasta ayer en la noche no me había dado cuenta de todo lo que estudiamos: empezamos a las ocho de la mañana y no terminamos hasta las nueve de la noche.
—Es cierto eso —dijo Karlo mientras tomaba unas rebanadas de pan de miga blanca—; va a ser toda una novedad quedar desocupados antes de almuerzo; ahora pienso que voy a comer como si fuera el fin del mundo.
—Yo lo primero que voy a hacer es irme directo al salón, necesito un masaje o hacerme algo en el cabello. ¿Vieron a Isabelle? —hizo un gesto con las manos, como si estuviera sacando una fotografía—. Se cortó un poco el cabello y lo está usando suelto, es como un aura de rizos, se ve hermosa.

Mauren sonrió. Había hablado muy poco con Isabelle, pero era imposible negar lo bonita que era, y además de eso, siempre la había visto muy gentil, quizás un poco callada algunas clases pero en general era alguien que daba buena vibra.

—Ella es de esas personas que no necesitan casi adornarse.
—Hablando de eso ¿Alguien más notó esto? —Celia señaló la cinta de la piedra en su muñeca—. No sé si es idea mía, pero la veo de un color distinto.
-Es normal, cambia de color por el uso, en parte —comentó Mauren—, es por la composición química, reacciona de esa forma a los cambios de la temperatura o luz, y como estamos usando las piedras…
—El brillo de las piedras —Celia lo entendió mientras miraba apreciativamente una bandeja con frutas verdes en tajadas—. Ahora lo veo bien, entonces por eso las cintas de los maestros son todas de colores diferentes.
—Lo más seguro es que las nuestras también terminen tomando un solo color.

Celia quedó mirando su ámbar por un momento antes de hablar.

—Definitivamente me gusta cada vez más esta piedra. ¿Sabes de lo que hablo? Más allá que es bonita, y que no puedo sacarme de la cabeza las palabras y la mirada de Gabriela diciendo que eran increíblemente costosas, hacer las cosas que estamos haciendo, y ver que eso está haciendo algo real en estos días, es fantástico.
—Es extraño —comentó Mauren—. Ahora que lo pienso, en Torre de piedra no se ven muchas piedras ni gemas, socialmente no es un asunto demasiado importante.
—Nunca he estado en Torre de piedra —Celia lucía muy interesada— ¿Es tan así como dicen que hay lugares en donde te prohíben sonreír?

Torre de piedra era una ciudad con su propia mitología, al igual que las otras, por lo que la pregunta no era tan extraña; ella misma, en alguna ocasión siendo más joven, se preguntaba si en realidad Pristo era una ciudad llena de casinos y gente rara, o si Tash-han estaba poblada sólo de señores mayores que tomaban té.

—Eso es una exageración —replicó mientras se servía té frío—. Pero es cierto que hay sitios muy sagrados, por decirlo de alguna manera. En secundaria te llevan a la Universidad centro, eso es un poco intimidante cuando eres joven: Antes de bajar del transporte tienes que poner el móvil fuera de línea y llevarlo en el bolsillo sin excepción, no puedes llevar bandas de audio, ni ningún dispositivo en las manos. Tampoco puedes llevar gorras, o ropa deportiva, te "recomiendan" que te vistas de uno o dos colores máximo, y no se puede correr, gritar, o hablar fuerte.
—Es como una cárcel.
—Pensé lo mismo en esa época, pero en realidad es para mantener el espíritu de estudio: todo tiene que ver con eso, y no sólo las clases, también hay docentes y aprendices en los jardines y pasillos, estudiando.
— ¿Cómo es eso?
—Se supone que hay algo, es como una mística en ese lugar, entonces si necesitas tomar algo de eso, puedes ir a estudiar o buscar alguien con quien trabajar sobre cualquier tema, y al estar ahí resultará mejor.
—En cierto modo pasa algo parecido aquí —comentó Karlo—. Aunque los maestros se han esforzado por decirnos que todo lo de las piedras es algo muy técnico, de todos modos hoy un ambiente distinto cuando se trata de ellos.
—Hablando de eso, hay algo que quiero saber ¿Es cierto que Darius es tan disperso o es sólo una pose?

Mauren y Úrsula cruzaron una mirada cargada de intención; fue la segunda de ellos la encargada de dar una respuesta.

—En realidad es algo que no es lo que parece.
— ¿Cómo?
—Mira, él es un poco disperso al hablar, y tiene tantas anécdotas, pero en realidad está interesado en lo que está haciendo, y nos ha dado consejos y todo.
—Entiendo, entonces es de esas personas que son más de lo que ves a simple vista. Bueno —agregó encogiéndose de hombros—, Gabriela es justo como se ve.
—Es un poco intimidante, es como una pantera.

A Celia le había pasado la misma idea por la mente en algún momento, aunque no por su cabello negro y los ojos tan brillantes y amenazadores, sino por su actitud, y esa postura corporal que, en clase, parecía que en algún momento iba a lanzarse al cuello de alguien que no cumpliera con sus objetivos.

—Eso es cierto, pero tiene mucho talento, creo que es la más experta.
—Creí que era Flavio —Karlo había terminado de armar un sándwich con carne de pollo y lechuga, con especias, y probaba el sazón—. Es decir, creo que todos en algún momento le preguntan su opinión sobre algo.
—Puede ser, visto así —comentó Celia—; es sólo que es difícil saberlo, porque habla muy poco. Siempre está mirando, como si tuviera un lector de niveles en la cabeza ¿sabes a lo que me refiero? Pero Serene decía que en realidad es de los que esperan los resultados de parte de los estudiantes.

El grupo se sumió por un momento en silencio, mientras tomaban algún bocado o escogían cereales; Celia se acercó a uno de los mesones de atención para pedir una variedad extra de jugo de frutas y volvió a la mesa.

— ¿A qué te referías con eso de esperar resultados?
—Serene decía que era plantear un tema o trabajo, y después confiar en que el grupo puedo hacerlo.
—Ah, es un caso interesante. Pero debe ser de analizar, me pregunto qué hará en sus ratos libres, creo que es el único que no me imagino haciendo otra cosa.
—Fuera de eso, quiero decir fuera de las clases, Aziare se lleva todos los premios. Ayer después de la clase pasó cerca de mí, y me recomendó este jugo —señaló el vaso que había traído a la mesa—, porque es revitalizante y repone vitaminas muy rápido, así que le hice caso y tenía toda la razón. Creo que le pediré ayuda si ocurre cualquier cosa, me sorprendió mucho que supiera algo tan específico, y eso que la interesada en salud soy yo, ja ja.




2


Torre celeste. Poco más tarde.

Anastasia era la encargada de Educación para la salud; era una mujer alta y muy delgada, que usaba un traje blanco níveo de cortes rectos y grandes anteojos decorativos; en ese momento estaba revisado unas notas mientras los estudiantes completaban las respuestas de un test. Una vez que ellos terminaron, hizo unos repasos en voz alta a los cuatro.

—Itiel, muy buen análisis del comportamiento de una persona que está sufriendo trastornos alimenticios leves; te recomiendo que revises el material de Dante Espiatz, es un terapeuta de la alimentación que hizo grandes avances en el desarrollo de métodos de detección de síntomas leves a moderados. Bárbara, respecto de tu diagnóstico de una persona con parálisis por frío, demostraste un gran avance, pero necesitas puntualizar algunos datos ambientales, te recomiendo visitar el sitio de conocimientos ambientales y climáticos, te será de mucha ayuda; Isabelle, muy bien, aportaste con datos importantes a la solicitud de una persona con un estado de pérdida de memoria, y según tu análisis y comentarios, tienes un marcado interés en el bienestar después de la atención, procurando una correcta administración de terapias.

Hizo una breve pausa, que llevó la atención de todos a Celia; ella, sin embargo, estaba muy segura de haber hecho el trabajo de la mejor manera.

—Celia, realmente lo hiciste muy bien. Un individuo de avanzada edad con severos problemas de memoria, y que además tiene dificultad para ubicarse en el espacio, es un paciente muy complejo de abordar, y además genera una serie de peligros potenciales en el lugar en el que se encuentro, y para quienes lo rodean. Tu análisis del caso, el planteamiento a la hora de abordar al individuo y la idea de utilizar la terapia de espejo fueron sobresalientes. Estoy gratamente impresionada.
—Muchas gracias.
—Me gustaría saber si hay algo que te haya guiado a la hora de configurar tu respuesta. No quiero ser entrometida, así que no te sientas presionada a contestar, pero quizás algún caso que viste de cerca.

La chica adoptó una expresión más seria, aunque su forma de expresarse no cambió.

—Podría decir que sí, ya que la abuela tuvo un episodio, pero eso fue antes que yo naciera, ella murió realmente joven: tenía sólo 87. Pero sobre este caso, no, es sólo que sentí que era el momento para poner todo mi empeño en esto.
— ¿Por qué lo dices?

Estuvo a punto de decir que el uso de la piedra le había ayudado, justo en la forma en que los maestros habían indicado: consiguiendo un mejor equilibrio y concentración; cuando estuvo enfrentado a las preguntas del cuestionario, se sintió muy tranquila, y preparado para tomar el ejemplo como si fuera una situación real ante la que tenía que actuar rápido y con precisión: sólo revisó algunos temas en la tableta de datos, y con esas referencias pudo elaborar un planteamiento bastante claro. Sin embargo, decidió tomar las clases técnicas de un modo más práctico, dejando de lado la explicación metafísica.

—Porque desde siempre, no soy exactamente la más aplicada a la hora de rendir exámenes ¿Sabes a lo que me refiero? siempre sentía que esto era como un dibujo y dejaba descuidados los bordes. Pero ya estando aquí, tengo todo muy claro, ahora no voy a dejar que nada se me pase por alto.



3


Zona de descanso. Hora de almuerzo.

Después de un almuerzo muy animado en el casino de la residencia, León, Oskar, Amber, Sebastián y Oiren se trasladaron a la zona de descanso ubicada hacia la salida oriente de aquel edificio; estaban moviendo asientos y trasladando los postres y refrescos para después de la comida.

—No sé si es mi idea, o la tarde está especialmente bonita.
—Creo que es porque tenemos toda la tarde libre —comentó Sebastián—. Viéndolo bien, la semana pasó muy rápido. ¿lo ves Oiren? Te dije que las cosas iban a ir mejorando.

Había estado muy pendiente del desempeño de Oiren durante las jornadas, más que por la piedra en sí, por la forma en que reaccionaba ante las situaciones de presión; en ese sentido, el entrenamiento deportivo había servido de mucho como experiencia previa, y usó eso para ayudarlo a tomarse las clases y las exigencias de los maestros con las habilidades.

—Sí, tienes razón.

Oskar también estaba muy entusiasmado con las clases; en un principio se había sentido muy incómodo con la actitud de Jael, pero tuvo que reconocer que, tras su comportamiento duro y exigente, había un interés justo por conseguir los mejores resultados, solicitando máximo esfuerzo pero al mismo tiempo, haciendo diferencias entre los estudiantes según su rendimiento. Alana y Oiren eran los más débiles de su grupo hasta el momento, pero de todos modos, el equipo al pleno demostraba avances.

—Supongo que esta tarde podremos hacer algo entre varios —sugirió alegremente—, tengo la costumbre de tener algún panorama para el fin de semana.

Sebastián asintió con energía, antes que todos.

—Sí, eso sería genial. Estaba esperando que se reuniera un grupo, quiero decir ya que viene esta jornada libre.

Consiguió contener lo suficiente el tono  para que su emoción no se notara demasiado. Oiren era el único que sabía que él venía del mundo de las carreras y un complicado entorno familiar, y por lo tanto era también el único que sabía lo ansioso que estaba por compartir ese tipo de momentos de fraternidad; hasta el momento, le parecía más sano mantener esa historia restringida y poder formar lazos a partir de quien era y no de su historia. Con el tiempo, cuando los lazos también se estrecharan con los demás y los conociera bien, podría hablar de esos temas, así como seguramente ellos se sincerarían con él.

—Estuve averiguando sobre el estadio de tiro —hizo una seña vaga en la dirección indicada, cambiando de tema—, porque me pareció raro que pareciera un poco abandonado: me dijeron que es porque el nuevo estadio es la construcción que está detrás del centro de entrenamiento. Muy pronto van a terminarlo y se podrá entrenar en él.
—Hablando de eso —comentó Oskar—, yo al principio pensé que lo que los maestros nos contaron sobre el torneo de habilidades, era ir a ese estadio y hacer pruebas de tiro o algo parecido, pero ahora creo que en realidad es sobre lo que podemos hacer con las piedras y nada más.

Amber agitó la mano en cuya muñeca pendía el coral, con el color naranja rojizo característico destellando de un modo casi hipnótico; podía decir mucho sobre lo extraño que parecía estar haciendo realidad lo que eran casi ideas sacadas de una película de acción fantástica, pero las consecuencias reales en su estado de ánimo y rendimiento eran innegables.

— ¿Les pasa que las clases se han hecho más fáciles mientras aprendemos lo de las piedras?
—Sí, totalmente —comentó León—. Al principio pensé que era una idea mía, pero ayer en el descanso hice un experimento y fui a la biblioteca de medios para revisar un poco de información sobre Economía deportiva, que es algo que siempre me ha costado un poco; y estaba leyendo unos datos y dije: cielos, no entiendo cómo no lo entendí antes.

Oiren estaba sirviendo yogurt en un pequeño cuenco que contenía bayas cítricas.

— ¿Te cuesta estudiar?
—Algunas cosas; no soy bueno con los números, por ejemplo.
—En cambio —intervino Sebastián—, Oiren es un genio.
—Sebastián...
—Es la verdad —dijo simplemente—; hemos estado revisando algunas cosas y siempre sabe algo, es increíble; y puede estudiar y leer muchas cosas.

Oiren se estaba poniendo rojo en el asiento en que estaba, y Amber lo notó al instante.

—Sebastián, creo que no lo estás ayudando.
— ¿Cómo, por qué? —miró desconcertado a Oiren y a los demás—. No estaba haciendo una broma ni algo por el estilo, es en serio.
—Lo entendemos, pero no todas las personas son iguales; es sólo que algunos se intimidan cuando alguien habla de ellos, porque se sienten expuestos, o por muchas otras razones.

Sebastián había notado que ante algún comentario positivo, Oiren reaccionaba de un modo similar a cuando Jael estaba presente, pero lo asoció a que aún se conocían poco; en ese momento recordó que, en el mundo de las carreras, la atención y los cumplidos eran moneda corriente, incluso entre desconocidos, por lo que él mismo los decía sin mayor atención al respecto. Desde luego, eso en el mundo exterior era distinto, y para elogiar a alguien tenías que saber cómo reaccionaba ante eso. Pensó también en que el único punto de comparación que tenía, que era el tiempo que vivió en la casa de Mick, él nunca lo elogió ni le dijo palabras aduladoras, pero siempre quedó muy claro que se sentía orgulloso de él.

—Yo... lo siento, estuve hablando de más, creo que no estaba pensando con claridad.
—Todo está bien —intervino Oiren en voz baja—. No pasa nada, en serio.
—Bien, creo que eso lo decide —comentó Amber con voz muy calmada—. Aprovechemos la instancia para relajarnos y no angustiarnos por nada, recuerden que hoy es domingo. ¿Qué tal si vemos una película?
—Eso sería genial —dijo León—. En casa cuando nos juntábamos veíamos películas.

Amber hizo un exagerado y fingido gesto de drama.

—Pero por favor no una romántica; mis niveles de azúcar están perfectos hoy.

Todos rieron ante el comentario; mientras tanto, Oskar desplegó la pantalla del móvil al recibir un mensaje directo.

—Es de Maud, dice que está haciendo algunas cosas y que almorzará más tarde.
— ¿Y Lena está con ella?
—Dice que no, que otra vez esta en la azotea mirando el cielo y haciendo algo que se llama Medición de variables.
—No sé lo que es eso.
—Debe ser algo del ritmo cardiaco o algo parecido.
—No lo creo Sebastián, Lena está en Espacio y aeronáutica.
—Ops, entonces no tengo idea de qué se trata.

Oiren sabía la respuesta. Era un análisis manual de los cambios en el ambiente, y se usaba tanto para ciencias del espacio como para las de la tierra; pero en ese momento prefirió no decir nada, y dejar a los demás en la ignorancia. León se encogió de hombros.

—En fin, voy a acribillarla a preguntas más tarde.
—Pero puedes ver eso en el buscador.
—Nah, no es urgente, prefiero que ella lo diga. ¿Entonces más tarde una película?

Todos estuvieron de acuerdo. Sebastián en particular estaba muy contento ante el plan para la tarde.

Poco después, interceptó a Oiren, cuando el grupo se había separado después del almuerzo.

—Oiren, quería hablar algo contigo.
—Sí, por supuesto.
—Escucha, lamento haber estado hablando de más...
—No es necesario que te disculpes —cuando no estaban en un grupo, se mostraba mucho más relajado para hablar—; no estoy molesto.
—Es que no quería que te sintieras mal.
—Descuida, todo está bien —se apoyó en la pared del pasillo y lo miró, resueltamente—; entiendo que hay algunas cosas que no sabes o que son nuevas para ti, lo sé porque a mí me pasa lo mismo aquí. Tú sabes de ejercicios, y puedes adaptarte a estar en público o asumir todo tipo de desafíos sin ningún problema, pero como me contaste, por eso mismo hay cosas de la vida común que no conoces; en mi caso es algo parecido, pero al contrario.
— ¿Entonces todo está bien?
—Desde luego, no hay nada de qué preocuparse.

Sebastián sonrió, aliviado.

—Gracias, de verdad.
—No tienes nada que agradecer.

Comenzaron a caminar hacia una de las salas de audiovisual.

— ¿Y tienes alguna idea para la película? León sugirió que hiciéramos una lista.
—En realidad no —replicó Sebastián—. Supongo que cualquiera está bien para mí. ¿Puedo decirte algo?
—Por supuesto.
—No quiero sonar cursi, pero... me gustaría mucho que fuéramos amigos.

Se detuvieron ante la puerta de la sala; Oiren asintió al escuchar.

—A mí también me gustaría.

Sebastián le estrechó animadamente la mano.

—Es un compromiso entonces. Estoy contento, además hay personas geniales aquí como Lena, o Febo, y Oskar; creo que las cosas van mejorando mucho en todos los sentidos.

Próximo capítulo: Triunfos personales. Desafíos




El día 05 de noviembre comienza Sten mor 7/5.








Sten mor academia 1° Capítulo 15: Los primeros destellos. Interpretaciones




Sábado 10 de abril. Por la mañana.

Edsel se reunió con Serene en el casino a las siete menos cuarto: lucía ojeroso y visiblemente cansado.

—Buenos días.
—Oh, al fin llegas Edsel, creí que había ocurrido algún imprevisto.
—No es nada, estoy bien.

Ella estaba atándose el cabello a la altura de la nuca; sonrió complacida al ver el resultado en su reflejo en el móvil.

—Muy bien, quedamos de acuerdo en que hoy íbamos a ensayar un poco antes que comenzara la primera clase; espero que estés preparado.
—Sí, de hecho, ayer me quedé un poco más tarde practicando todo lo que nos han enseñado ¿Qué hiciste tú?
—Yo necesitaba dormir —replicó con un suspiro ahogado—, eso es muy importante para mi concentración. Ahora dime cuáles son tus sugerencias.

Edsel había estado esperando la oportunidad de demostrar sus conocimientos hasta ese momento, de modo que cuando Serene insinuó que necesitaba algo de trabajo extra, le dijo inmediatamente que la ayudaría; en ese momento estaba cansado y tenía mucho sueño, pues se quedó hasta tarde repasando el movimiento llave, las claves de relajación y respiración indicadas por los maestros, y además de eso, revisó todas las notas que había tomado tras las clases teóricas.

—Lo primero sería comprobar que memorizaste los movimientos de relajación previa que nos enseñaron.
—Eso está controlado, no hay nada de qué preocuparse. ¿Qué más?
—Oh, en ese caso tendríamos que pasar al movimiento llave.

Ella hizo en un instante un gesto, que era muy similar al uso de una varita mágica en las películas de fantasía, con dos dedos estirados como si fueran aquel artefacto.

—Un movimiento acorde, está memorizado. Es importante saber con detalle cuál es exactamente el gesto y créeme, he visto varios que piensan que se trata sólo de hacer el movimiento, pero es más que eso: yo puedo memorizarlo de forma exacta, porque como sabes, cuando me desempeño como modelo debo tener muy medidos mis gestos.

Serene tenía la capacidad de apropiarse de cualquier conversación; Edsel se sintió un poco abrumado, pero hizo a un lado ese sentimiento para poder concentrarse en su objetivo, que era conseguir avances concretos. En ese momento se preguntó qué era lo que estaba fallando, si es que ella ya conocía bien tanto los movimientos de relajación como la llave para acceder a los habilidades.

—Serene, una pregunta.
—Sí, claro.
— ¿En qué estás pensando exactamente al hacer el movimiento llave?

Ella lo miró con una sonrisa condescendiente.

—Eso depende de cada momento, puedo estar pensando en muchas cosas distintas.

Edsel se quedó estupefacto: entonces sólo tenía que concentrarse para lograr un resultado óptimo. Pero se dijo que sería un tonto si se aventuraba a entregar toda esa información de una vez; más valía que tomara esos datos valiosos con pinzas, y utilizarlos para prolongar ese contacto un poco más.

—Entiendo —dijo lentamente—. En ese caso ¿Qué tal si haces una breve sesión de relajación mientras haces el movimiento llave, y luego piensas en cuál será tu habilidad?

Más tarde, en la explanada, Edsel seguía muy de cerca los movimientos de Serene, aunque ella no estaba prestándole atención en esos momentos; lucía tan segura de sí misma, que cualquiera habría dicho que estaba más avanzada que el resto. Por su parte, él es taba más censado que antes, pero se sentía preparado paro hacer lo que tenía en mente, y que seguramente le aseguraría la voluntad de ella de seguir practicando.
La clase del día comenzó con algo más de calma en comparación con la jornada anterior. Flavio anunció escuetamente que se concentrarían en el movimiento llave, y así lo hicieron los estudiantes; después de unos veinte minutos de silenciosos y reiterados intentos, ya existían algunas señas a ojos de los maestros.

—Oh, creo que ya lo he logrado.

La voz de Serene se escuchó muy musical al hablar. Erguida, en una pose estilizada, lucía como una modelo de ropa deportiva casual; hizo el movimiento llave, y un momento después, a unos dos centímetros de la punta de los dedos extendidos, se materializó una esfera de energía del tamaño de una nuez, de un encendido color anaranjado.

—Muy bien hecho, Serene —comentó Aziare—. Al parecer estuviste entrenando.
—Todo esto es muy natural para mí —replicó la joven con suavidad—,  así que creo que es sólo el principio, la energía se condensa ante mis órdenes ¿No es así, Flavio?

El maestro había desviado la vista de la chica, y se acercó unos pasos hacia donde estaba Edsel; él intentaba concentrarse En c/ movimiento Nave y en la energía que usaba, pero le estaba resultando muy difícil. Flavio lo miró detenidamente, y luego volteó hacia Gabriela.

— ¿Podrías hacerte cargo unos momentos?
—Ni falta hace que lo digas.
—Gracias —respondió, y a Edsel—. Acompáñame.

Momentos después, ambos entraron en el anfiteatro de tiro. Este se ubicaba hacia el poniente de la explanada, después de sortear unos pequeños montículos que lo mantenían oculto de la vista casi por completo: un edificio algo antiguo, rectangular, que tenía una serie de pasillos delimitados, con las correspondientes líneas de partida, las metas con blancos móviles, y los rieles mecánicos en el techo, que reemplazaban a los habituales flotantes en otras instalaciones deportivas. El lugar en ese momento estaba vacío.

—Serene debe poder ser capaz de utilizar sus habilidades por sí misma, sin que alguien esté interviniendo.

Edsel se quedó de una pieza ante indicación del maestro, y lo miró, sorprendido de lo acertado de su comentario, sin poder disimular la impresión. Estaba seguro de haber hecho todo de la Forma correcta, para que nadie pudiera notar que tenía un segundo objetivo.

— ¿Cómo lo supiste?
—Sé que estás demasiado cansado en este momento —la voz del maestro era por completo analítica, desprovista de emoción—. Ayer por la tarde tomaste una serie de notas tras la clase de las ocho, y dentro de tus datos había algunos relacionados con la transferencia de energía, y también con características de otras piedras.
—No tienes derecho a espiar en la información de los demás.

A instante de terminar la frase, se arrepintió de haberla dicho. Flavio era un hombre silencioso, y hasta ese momento parecía muy concentrado en su trabajo, pero era justo y todo lo que decía tenía un sentido práctico. Además de eso, él mismo recordaba que en ese momento estaba con la tableta de datos en las manos, a vista de quien fuera que pasara junto a él. No pensó que fuera necesario esconder nada, y además, en ese momento se trataba de una especulación más que de un plan en concreto. Sin embargo, el maestro no demostró ninguna incomodidad por su desacertada respuesta.

—El espionaje es una acción ilícita que tiene como objetivo conseguir información utilizando métodos ilegales, y es algo que de ninguna forma podría ser aceptado en esta institución.
—Sí, lo siento —se apresuró a decir—. Lo lamento, hablé sin pensar.
—La mayoría del tiempo pensamos lo que decimos —replicó el maestro con total calma—, sin embargo, la razón por la que te pedí que me acompañaras es que no veo un buen futuro en que intentes aportar la energía que estás catalizando con tu piedra para alimentar las capacidades prácticas de otra; para empezar, lo estás haciendo mal, y para terminar, ayudas a crear una ilusión que será perjudicial para el individuo.

Durante más de una hora, había intentado que Serene se concentrara en el uso de la piedra, pero resultó mucho más difícil de lo que imaginaba; ella ya estaba empezando a hartarse, cuando él recordó aquellas notas sobre el traspaso de la energía, y lo intentó con disimulo: descubrió que al usar su piedra estimulaba la energía en la de ella, por lo que Serene pudo usar su habilidad. Se dijo entonces que, teniendo ese punto de partida, lo lógico sería que ella decidiera seguir contando con su ayuda, viendo el excelente resultado de su asistencia. Pero después de repetirlo durante la clase, estaba agotado.

—Sólo quiero ayudarla.
—Engañar a una persona por razones altruistas no es un buen objetivo en términos generales, pero de forma más importante, es una pobre táctica de autoengaño. Te pido que pienses en esto.

Mientras tanto, en la explanada había algunas novedades. Silvia estaba decidida a demostrar algún avance en esa jornada, por lo que ya tenía consigo una botella con un litro de agua, que dejó en el suelo a dos metros de ella, aproximadamente la mitad de la distancia de la última vez, y se concentró en repetir lo mismo que había logrado en esa ocasión. En determinado momento, percibió la punzante mirada de Gabriela sobre ella, pero decidió tomar la situación bajo su control, y sin despegarse del movimiento llave que repetía a intervalos, le devolvió la mirada, procurando verse tranquila y en su centro.

—Bastante bien.

Que la maestra hubiera dado un veredicto y se desplazara un poco en su dirección era un signo claro de que, en efecto, estaba tomando el camino indicado; el ángel aura en su muñeca emitía un brillo más intenso que el que tenía desde el momento en que hizo el enlace, pero este era intermitente, lo que a su juicio evidenciaba que era necesario que aumentara su concentración. Respiró profundo, intentó nuevamente visualizar el agua como un objeto único, pensó en la textura del líquido, y se dijo que el control estaba dentro de ella misma, que las posibilidades eran infinitas cuando confiaba en que lo que quería hacer, ya estaba hecho.

—Cielos...

No pudo evitar sorprenderse al ver cómo, algunos minutos después, el agua comenzaba a elevarse, de la misma manera que si el envase estuviera boca abajo, y estuviera sucediendo en cámara lenta. Sintió un cosquilleo de emoción, pero se esforzó por no cegarse y perder con ello el norte; al mismo tiempo, Jael miraba con satisfacción cómo se producía un ligero choque involuntario entre Oskar e Itiel, ya que ambos tenían una habilidad muy parecida, aunque el fin último era diferente: Uno de ellos podía controlar la tierra fértil, mientras que el otro tendría la capacidad de mover trozos de tierra una vez que puliera sus habilidades. Darius se había acercado a Omar para tomar su opinión.

— ¿Qué opinas de Mónica? Yo digo que sus esferas son de luz, no dañinas.
—Estoy de acuerdo —replicó el rapado—, algo similares a la habilidad de Ferrán. Aunque en el caso de él es menos estético.
—Miraz parece tener mucho que mostrar todavía, va avanzando bien.
—Es muy aplicado, sigue todos los consejos al pie de la letra.

Gabriela se había desplazado hasta quedar de pie, en línea con Silvia, quien seguía inestable, pero firme.

—Estás haciendo lo correcto, no pierdas el punto: visualiza el objetivo final, hazlo ahora.

¿Visualizar el objetivo final? Silvia se dio cuenta de no haber tomado eso en consideración antes, y esto le produjo una ligera descompensación, pero su concentración en esos momentos era mayor y pudo sobreponerse: estaba manipulando el agua, eso era lo que hacía ¿Entonces era el mismo objetivo final? No, se respondió un instante después, el objetivo es tenerlo bajo control, a completa voluntad; tenía que conseguir que el elemento estuviera bajo su control, que fuera parte de sus acciones, como moverse o respirar.

—Bien.

En ese momento no pudo saber si escuchó la palabra de parte de Gabriela, o fue una impresión, pero a todas luces estaba satisfecha con su desempeño. Ahora el agua estaba suspendida en el aire, flotando como por acción de un artefacto que controlara la gravedad; en ese momento sintió que estaba mucho más plena que antes en ese mismo escenario, por lo que comprendió que estaba logrando el equilibrio entre mente, cuerpo y piedra del que los maestros hablaban insistentemente; con una sonrisa de satisfacción, dirigió sus pensamientos exclusivamente hacia el agua en suspensión, y la dirigió a sí misma, concentrando su energía interna en conseguir el control del elemento en su totalidad. Poco a poco y sin interrupciones, el líquido se desplazó hacia ella, revolviéndose lento y pausado, hasta que en un momento cayó como una lluvia sobre el suelo; desconcertada, la joven miró a la maestra, en busca de alguna explicación, pero Gabriela no parecía en absoluto decepcionada por el abrupto cambio, y se limitó a hacerle un gesto casi imperceptible de seguir entrenando.
No sólo Silvia estaba en eso en aquellos momentos: Ferrán había progresado en la generación de puntos de luz a su alrededor, y ya podía moverlos un poco a voluntad; Sebastián se había desplazado una vez algunos centímetros, y seguía en el esfuerzo de controlar la distancia y el efecto del movimiento; Naro estaba generando una corriente eléctrica a poca distancia de las manos, aunque en su caso aún no estaba en completo control; Mauren había descubierto que su habilidad le permitía agregar fuerza a su cuerpo, y hábilmente tenía una barra metálica que estaba presionando poco a poco, a medida que confiaba más en lo que podía lograr.




2


Febo acababa de salir de Diversificación de la energía, una clase en donde se sintió muy a gusto, probablemente por el efecto de la primera clase de la mañana. En un principio pensó que no había hecho ningún avance, comparado con las acciones de Serene, Ferrán, Mauren o Naro, pero gracias a que decidió tomar todo con mucha más calma comprendió que sí estaba haciendo algo, sólo que a un ritmo diferente: en primer lugar, confirmó una sospecha anterior, y debido a ello comenzó a desplazar algunos objetos pequeños, aunque no estaba seguro por completo de qué en particular, o si era una habilidad genérica. Pero lo mejor de la clase fue que pudo establecer un punto de equilibrio superior a lo anterior, y eso hizo efecto para lo que venía después, porque esa calma hizo que se sintiera mucho más tranquilo, preparado para la jornada, y con la mente abierta para enfrentar los desafíos. La clase más reciente era parte de su malla de estudios, y se sintió muy interesado en los diversos métodos mixtos que se utilizan tanto en la industria aeronáutica para disponer de forma constante de la energía necesaria para los generadores; no sólo se trataba de interés, sino de sentirse como una esponja ante el conocimiento.

—Qué tal Febo.

Alej venía del pasillo contrario comiendo una barra de cereal, sonriendo.

—Hola.
—No nos habíamos visto. Te ves relajado, lo de la mañana hace bien.
—Sí, es cierto.
—Pero hay mucha energía contenida. Vi las estadísticas de 'Soul ¿Jugamos una instantánea de pelea?

El juego permitía colgar las estadísticas de desarrollo individual tanto como grupal, y al mismo tiempo, realizar algunos enlaces en modos de juego o versus.

—En realidad —replicó Febo—, iba por un refresco antes del almuerzo.
—Vamos, sólo serán algunos minutos.

Poco después, ambos estaban en una de las salas de juego. Alej programó una instantánea, que recreaba el escenario del juego, pero se enfocaba en la última pelea: ambos tuvieron entonces atuendos estilo armadura de combate, con espadas largas, provistos por el sistema de luz sólida sostenido entre los sensores y emisores de la sala, y materializados en el cuerpo gracias d los dispositivos que los jugadores se conectaban cono pulseras en brazos y piernas, y también en la frente y torso.

—Comienza.

Ante la indicación verbal, los indicadores se iniciaron y el campo estuvo listo para el enfrentamiento; Alej lanzó algunos golpes rápidos, que fueron rechazados por Febo. Haciendo uso del espacio para poder preparar el ataque, ambos se dispusieron a derrotar al rival con ataques directos y fuertes. Pocos momentos después, Febo tuvo que poner distancia luego de un ataque muy rudo.

— ¡Epa!

Hizo un amague, retrocedió y trató de mantener la distancia, pero Alej estaba imparable y continuó atacando; las espadas destellaron chispas por el choque de los filos, hasta que Febo cayó, viendo como el arma de su rival iba directo a su cuerpo.

— ¡Detente!

El comando de voz indicado por el joven detuvo al instante las gráficas, y la luz sólida de todas las estructuras dentro del lugar quedaron congeladas, incluyéndolos a ambos, que en esos momentos llevaban atuendos simulados gracias a los efectos del juego; se trataba de un comando de tipo universal, que detenía cualquier proyección de realidad simulada al hacer la exclamación con voz fuerte. Alej se quedó un momento mirándolo, sin comprender.

— ¿Qué es lo que te pasa?
— ¿De qué hablas?
—Detener simulación.
—Oye, espera.

Cuando la simulación hubo terminado, Febo se puso de pie y caminó hacia la puerta.

—Eso que hiciste fue pasarse de la línea.
—Sólo estábamos jugando.
—No, te pasaste —sentenció con voz ronca—. Alej, estaba en el suelo, desarmado, me ibas a golpear.
—No exageres —exclamó, sonriendo.

Febo lo miró, desconcertado; por un momento se preguntó si sería sólo él quien veía Una situación de ese Tipo de esa Forma, pero la actitud de Alej, incluso su postura física, no dejaba lugar a dudas.

—Me gustaría estar exagerando.

Salió de la sala de simulación, algo turbado por la actitud de Alej en esos momentos; es cierto que los juegos de realidad incluían un componente de riesgo, pero este siempre era controlado, y resultaba socialmente lógico que a menos que se especificara, era necesario llegar hasta ciertos límites.

—Hola Febo.
—Hola.

No supo ni quién lo saludo; y no miró a la persona, sólo siguió caminando, entre desconcertado y molesto por esa actitud tan agresiva. Entró en un baño y se mojó la cara.

— ¿Estás bien?

León había entrado unos momentos después. Estaba parado junto a la puerta, mirándolo.

—Estoy bien.
—Bien —dijo el otro, asintiendo lentamente—. Sólo me gustaría saber cuántas veces tenemos que repetir esta dinámica de "Estoy bien" "No, no lo estás", hasta que me digas lo que pasa.

Febo miró a León en el reflejo del espejo: habían hablado poco dentro del grupo de trabajo, pero se trataba de un hombre que lucía confiable desde la primera vista. Aziare les encomendó una labor grupal, que consistía en recopilar datos estadísticos de su propio rendimiento y encontrar puntos débiles en común: León preparó un esquema de trabajo similar a una encuesta, para que cada uno completara los datos, y lo revisaba a la última hora de la jornada. Con él como líder, resultaba natural estar dispuesto a cooperar, incluso más allá de lo estrictamente relacionado con los estudios.

—Lo siento.
—No estoy molesto.
—Es sólo que... —calló, preguntándose si de verdad valía la pena seguir tratando ese asunto. Alej y él habían tenido algo de contacto el primer día y le pareció un chico bastante relajado, quizás lo que sucedió era algo del momento—. No importa, es sólo que me molesta que algunas personas se comporten como si estuviéramos en un mundo arcaico y violento.




3


Centro de entrenamiento. Poco después.

Karlo se reunió con Krau después de un almuerzo rápido; ambos estaban ansiosos por lo que iban a experimentar.

—Bien —dijo Karlo, revolviéndose el cabello—. Ya estamos aquí, veamos lo que podemos hacer.

Ambos habían avanzado bastante en el desarrollo de sus habilidades, y en medio de una conversación trivial, decidieron hacer una práctica rápida entre clases, aprovechando un tiempo luego del almuerzo. Krau estaba esperando algo parecido, estaba muy contenido desde que descubrió su habilidad, y aunque ahora pretendía hacer unas pruebas más rudas, definitivamente no iba a mostrar todo su potencial aún.

— ¿Y qué es lo que puedes hacer?
—Sólo mira.

Después de hacer el movimiento llave, pasaron unas milésimas de segundo en que no ocurrió nada, pero luego, como si de un efecto cinematográfico se tratase, Krau vio que Karlo se desdibujaba, igual que si en vez de estar ahí, fuera un holograma que comenzaba a desvanecerse.

—Eso es bueno.

Karlo empezó a caminar hacia él, y tomó una vara de entrenamiento ligero, que manipuló con movimientos rápidos. Notó que la vara, al entrar en contacto con él, adquirió el mismo aspecto borroso. "Es una ilusión óptica" se dijo.

— ¡Vamos!

Karlo lanzó un golpe amplio pensado sólo para impresionar, el que Krau evitó por muy poco. Necesitaba un instante de concentración para usar su habilidad, pero antes que pudiera hacerlo, un golpe rápido en la espalda lo hizo trastabillar.

—Parece que te sorprendí.

Ahora había dos de ellos; esto, en vez de aparecer como una amenaza mayor, se convirtió en un elemento de diversión para el nativo de Altocielo, que pudo hacer el movimiento llave e invocar su habilidad con más rapidez que en alguna ocasión anterior. Proyectó un espejo que se mantuvo flotando sobre la palma de su mano. Descubrió que mirando en él, sólo uno de los dos adversarios podía verse.

—Interesante, pero ya descubrí el truco.

Tomó también una vara, y gesticuló con ella con la izquierda, mientras usaba el espejo flotante en la otra para mantener identificado al verdadero; era muy difícil realizar movimientos de defensa al mismo tiempo que sostenía el espejo, pero se estaba manteniendo a salvo. En ese momento pensó que el espejo podía prestar una utilidad mayor, y corrió hacia una de las plataformas de salto, en donde apuntó el espejo de forma oblicua hacia uno de los focos de iluminación, haciendo que la luz se expandiera, multiplicada por efecto de su habilidad.

—Demonios.

Sin poder ver con claridad, Karlo lo perdió la concentración, y su doble desapareció, al tiempo que su aspecto volvía a ser el de siempre. Con algo de tiempo a su disposición, Krau pensó en contraatacar, pero notó que había una diferencia en el espejo, y que éste había absorbido parte de la luz emitida por el foco, por lo que podría disponer de ella, aún en movimiento. Sonrió al pensar en que eso aumentaba las posibilidades de su habilidad al completo.


4


Maud se encontró con Febo en la puerta del casino de la residencia y lo saludó alegremente.

—Hola.
—Hola.

La conversación con León había ayudado a calmarlo, y en ese momento estaba más tranquilo, tomando las cosas con un poco de perspectiva y decidiendo no alarmarse por situaciones que no eran realmente tan graves.

— ¿Viste a Lena?

Él la miró con expresión divertida.

—Es raro que me preguntes eso, creo que las veo siempre juntas.
—Es cierto, pero se suponía que íbamos a almorzar, y no me contesta las llamadas, no sé dónde está.

Febo iba a hacer algún comentario trivial, pero lo pensó un momento.

— ¿Te había hecho algún comentario en la mañana?
—Más temprano estaba emocionada. Estábamos hablando del buen efecto del entrenamiento en la primera clase. Dijo algo sobre unos cálculos de altura.

Eso tenía mucho sentido para él. Los cálculos variables de altura eran mediciones que se hacían de forma manual, como punto de contraste a los que se realizaban con aparatos de precisión; era bastante complejos y por lo general se practicaban en turno al mediodía, cuando el sol estaba iluminando de forma amplia y el viento corría más lento.

—Si está haciendo cálculos, seguro está en la azotea, si quieres podemos comprobar.
—Está bien —replicó ella mientras caminaban hacia el ascensor exterior que los llevaría a ese punto—, pero no entiendo por qué estaría estudiando matemáticas en el techo.
—En realidad no son matemáticas —dijo él—; son cálculos de variables de clima, como la velocidad del viento, el ángulo de la luz de sol respecto de un objeto, etcétera. Todo eso se puede hacer con cualquier medidor básico, pero si te gustan las ciencias del espacio, es un experimento que siempre ayuda mucho a mejorar; supongo que...
— ¡Cuidado!

Un trabajador dio la voz cuando vio que ninguno de los dos había prestado atención a la señal amarilla que indicaba un desnivel en el suelo por causa de unos trabajos. Maud alcanzó a pisar mal y perdió el equilibrio, siendo sujetada por Febo justo antes de caer.

— ¿Estás bien?
—Sí, gracias —y al trabajador—, Lo siento mucho.
—No se disculpen —repuso el hombre— ¿Están bien?
—Sí, no ocurrió nada.

Mientras rodeaban la falla en el terreno, se toparon con Serene, quien venía charlando animadamente con Alana y Abigaíl.

—Qué conmoción, caer accidentalmente paro conseguir un abrazo.

Consiguió decirlo con un tono dulce e inocente, que si bien dejó algo perplejo a Febo, no surtió el mismo efecto en Maud.

—Es peligroso caminar sin fijarse por dónde va uno —replicó con voz musical—. Así que ten cuidado con tropezar con tu ego.

La aludida volteó en su dirección al escuchar la réplica, pero ya habido pasado el momento. Los dos ya estaban dentro del ascensor.




Próximo capítulo: Jornada de descanso. Amistades

Sten mor 7/5


Un grupo de estudiantes en la academia más famosa del país. Nadie en el exterior sabe que lo que garantiza el éxito en el futuro es el uso de sorprendentes habilidades, las que se ponen en práctica mediante una singular piedra y que, a la vez, permiten que quien las usa encuentre las claves para convertirse en la mejor persona para su propio futuro.
Pero ¿Qué pasa cuando tener el éxito al alcance de la mano no es suficiente?
¿Qué estarías dispuesto a hacer para lograr más?
Y si lo logras ¿Qué serías capaz de hacer para conservarlo?
Una historia que involucra a siete estudiantes de la academia Sten mor, y un terrible secreto, que sólo será de cinco.


Muy pronto, la historia está a punto de cambiar

Sten mor Academia 1° Capítulo 14: Sana competencia. Miradas. Bajo rendimiento


Viernes 09 abril. Antes de inicio de jornada. Explanada mayor.

León había tomado la decisión de iniciar sus jornadas con algo de actividad física antes de lo relacionado con el entrenamiento con las piedras; después de levantarse y tomar un batido con vitaminas, se vistió apropiadamente y salió de la residencia, hacia el sector norte de las instalaciones de la academia. Ahí, haciendo triángulo con la torre verde y la zona de esparcimiento, una gran explanada le permitía correr o trotar con tranquilidad, todo bajo la luz de la mañana. Se sorprendió al encontrarse con Amber.

—Buenos días.

Ella también estaba en tenida deportiva, y le sonrió al verlo.

—Buen día León.
—Es una sorpresa verte a esta hora —comentó él, sonriendo—, pensé que era el único chiflado al que se le habría ocurrido salir antes de las siete de la mañana.
—No eres el único, ni siquiera el primero: Miraz estaba levantado antes que yo llegara aquí, lo vi pasar cuando estaba saliendo de la residencia.

Respuesta directa e ingeniosa, que hizo que León sonriera al escucharla; algo sorprendido, sin embargo, le contestó.

— ¿Miraz? Vaya, no me esperaba que él saliera a entrenar, no parece el tipo físico de entrenar realmente. En fin ¿qué hacías?
—Estaba practicando respiración, la clase de ayer me dejó en claro que estoy fallando en esa parte y quiero estar preparada.

Él también había sentido algo de cansancio en las vías en esa clase.

—Tienes razón, hoy que cuidar esa parte ¿Te importa si practico contigo?
—Para nada.

Durante varios minutos, ambos hicieron una serie de respiración con intervalos breves, siguiendo uno de los patrones que ensayaron más veces en la clase de la jornada anterior: hicieron una pausa para elongar a los diez minutos y otra a los veinte, tras lo cual se sentaron un momento.

—Nos quedan veinte minutos aún antes de comenzar la clase.
—Yo voy a quedar hasta aquí —replicó ella estirando los brazos—, ahora mismo siento que hice lo suficiente. ¿Qué opinas de lo del torneo?
—Bueno, la verdad es que creo que puede ser muy divertido —replicó él mientras movía en círculos los hombros—; estuvimos con algunos chicos practicando algo de Vision soul y pensé que se puede dar algo entretenido, además así nos podremos conocer más ente todos.
—Es increíble todo lo que ha pasado en cuatro días.
—Sí, ni siquiera llevamos una semana aquí, pero todo va bien, mucho mejor de lo que esperaba, de hecho.

Este último comentario lo hizo sin ninguna segunda intención, pero llegado a ese punto, resultaba una agradable coincidencia; Amber había captado bastante de su atención, y el hecho de estar en el mismo grupo debía propiciar algo más de contacto.

—Estaba pensando que antes de entrar a la academia, a esta hora estaría a punto de entrar al trabajo que tenía en la universidad.
— ¿Y qué hacías ahí?
—Trabajaba en el área de salud interna; en realidad el trabajo no tenía nada directo que ver con la salud de las personas, lo que hacían era compilar y analizar una serie de datos sobre los registros que entregaban estudiantes voluntariamente.
— ¿Y cuál era el objetivo?
—Además de crear estadísticas, poder aportar con ideas y métodos de gestión de salud preventiva para los jóvenes.

Amber lo miraba con una serena intensidad.

— ¿Qué?
—Nada, sólo estoy prestando atención.
—Es que parecías muy seria.
—Me interesa mucho, por eso estoy seria —replicó ella con determinación—. Me gusta escuchar a una persona que tiene algo interesante que decir.
—En ese caso —se aclaró la garganta, luchando internamente por no sonar autocomplaciente—, lo que estaba diciendo es que en esa universidad, es decir en casi cualquier universidad, es fácil que los asistentes caigan en conductas contrarias a la buena salud y sean inconsistentes con los tiempos de descanso, horas de almuerzo y demás comidas, y está comprobado que esas conductas influyen de forma negativa en el rendimiento académico.
— ¿Y qué opinas de los métodos que hay aquí?
—Bueno, es bastante distinto, para empezar, el hecho de disponer de clases ubicadas en distintas torres promueve el desplazamiento, y la distribución de los edificios con escaleras al frente y pasillos amplios e iluminados invita a la actividad física, a lo que debo agregar que la disposición de clases a los extremos del día en espacio abierto es...



2


Zona de esparcimiento.

Irene estaba sentada en uno de los columpios cuando Aziare apareció caminando a paso lento. La maestra lucía pensativa al saludarla.

— ¿Tomando un poco de aire para empezar el día?

Irene le dedicó una mirada un tanto distraída.

—Algo así. Digamos que estoy un poco confundida.
—Sentarse en un columpio es como volver a la niñez —explicó la maestra con suavidad—. Los pusieron aquí en la zona de esparcimiento como una especie de broma o algo parecido, pero la verdad es que nadie los usa, hay trapecios en lo de deporte; pero algunas veces, alguien viene aquí cuando está triste o perdido.

La explicación era sencilla, y al mismo tiempo tenía un toque de misticismo; en realidad no se le había ocurrido preguntarse por qué en una academia de estudios alguien iba a poner columpios clásicos teniendo todas las opciones de entretención posible a la mano.

—Lo que ocurre es que hay algo que me está preocupando, y siento que no está bien que me pase cuando tengo tan poco tiempo aquí.
—Imagino que es algo que no está relacionado con las clases.
—Sí, así es —replicó ella, suspirando—. Sé que debería estar más tranquila, porque sólo es que alguien me atrae, pero hay otra cosa que está ahí, palpitando y no me deja en paz.
— ¿Tiene que ver con tu familia?

Irene miró a la maestra a los ojos, sorprendida; a pesar de que su aspecto normalmente era algo distraído, y que lucía más joven, en ese momento pudo notar la diferencia de edad y experiencia entre ambas. Se vía tan serena, tan confiable.

—Sí, en cierto modo. Pasa que mi familia tiene una tradición dedicada a la educación, son personas muy cuadradas, rígidas, incluso mamá tiene un mural expandible con las fotografías de familiares con todos los títulos que han conseguido, y es como si todo se tratara de eso. y yo no soy así, no quiero que alguien más me diga cómo tengo que vivir; en fin, cuando dije que estaba interesada en desarrollar proyectos relacionados con la naturaleza, protección y estudio de la fauna y flora, la reacción generalizada fue de espanto, porque no era una carrera clásica, y encima cuando les dije que venía a Sten mor en vez de una universidad clásica en Torre de piedra. Pero tomé el camino de seguir mis deseos, y ahora que estoy aquí, lo que pienso es que puedo demostrar que aún si no hago lo que toda mi familia, llegaré a mis metas.
—Y eso de alguna manera hace conflicto con que te sientas atraída por alguien.
—Es que siento que no importa cuánto consiga aquí, si inicio una relación, eso de alguna forma va a invalidar todo lo que haga, hará que puedan pensar "Cielos, en una universidad decente estas cosas no pasan"

Se quedó en silencio unos momentos, recordando cómo todo se relacionaba con lo mismo; una formalidad sin etiquetas, pero existente en frases como "Tu tía conoció a su esposo en la universidad. No, no se enamoraron, eran compañeros de estudio ¿Quién tendría tiempo para esas cosas teniendo tantos desafíos por enfrentar?"

—Tal vez la clave es que no pienses en lo que va a suceder, sino en lo que está pasando ahora mismo.
—Pero eso no va a impedir que las cosas terminen ocurriendo de todos modos.
— ¿Y cómo lo sabes? —replicó la maestra, sonriendo—. Si vives anclada en el temor a lo que tu futuro te depare, te quedarás atrapada, igual que las personas que viven en el pasado; hay sólo una vida para cumplir las cosas que te propones, y si tienes sentimientos por alguien, sólo deja que ocurra, pero no olvides que es algo que depende de ti.
— ¿A qué te refieres?
—A que si sientes algo y quieres intentarlo, no tienes que poner tus esperanzas en esa persona, tienes que hacerlo porque es bueno para ti. Si esa persona tiene buenos sentimientos, apreciará tu honestidad aunque no sienta lo mismo, y será una buena experiencia para ambas partes.

Irene estuvo a punto de decir que eso sonaba más sencillo de lo que en realidad era, pero se lo pensó un momento y llegó a la conclusión de que lo que estaba escuchando, más que un consuelo, era una forma distinta de ver la vida, y se sorprendió de ver cómo esa óptica encajaba a la perfección en su idea general de enfrentar los acontecimientos. Quizás, después de todo, la atracción que estaba sintiendo por Priscilla solo existiría durante un lapso y no significaba un gran cambio a lo largo del tiempo.

—Gracias por tu consejo.
—No es necesario agradecer. Para mí es un gusto ayudar.


3

Gran explanada.

Los maestros estaban esperando a los estudiantes desde antes de las ocho de la mañana; los estudiantes llegaron poco a poco, en grupos o individualmente al lugar, dividiéndose casi por inercia en los grupos asignados a cada uno de los seis; Jael lucía esa mañana una tenida deportiva en tonos verdes de camuflaje y llevaba el cabello atado en una cola alta.

—Buenos días. Tienen ocho minutos para ir a cambiarse a ropa deportiva.
— ¡Vamos!

Omar los hizo reaccionar dando unos sonoros aplausos; el grupo fue a toda velocidad de regreso a la residencia, llegando todos dentro del plazo establecido, excepto por Oiren y Edsel, que regresaron a la explanada pasados casi un minuto.

—Muy bien —dijo Omar, muy animado—, Jael les pidió que estuvieran en tenida deportiva porque esta clase va a ser más intensa que las anteriores y, desde ahora en adelante tendrán una actividad extra cada mañana, que durará los últimos quince minutos que nos corresponden. Pero para eso hay tiempo.
—Vamos a comenzar con una serie de elongación para que entren en calor —complementó Aziare—. Luego, les pido que se formen en los grupos designados, a razón de quedar enfrentados los integrantes de grupo de Gabriela con Darius, Aziare con Jael, y Omar con Flavio.

La instrucción generó una pequeña oleada de confusión entre todos, que durante las series de elongación no estuvieron tranquilos como en la jornada anterior, debido a las conjeturas que surgieron. Una vez estuvieron dispuestos, Gabriela tomó la palabra.

—Ayer les estuvimos dirigiendo para aumentar las posibilidades de despertar su sincronía con la habilidad, y según sé, en la tarde estuvieron teorizando algo al respecto, así que deberían estar avanzando bastante; cono aun no pueden usar a plenitud su habilidad, lo que harán será un entrenamiento cruzado, es decir van a trabajar en las capacidades de quien tengan en frente, tomando como ejemplo lo que ustedes mismos han aprendido hasta ahora.
—No olviden que nosotros podemos identificar cada movimiento que hagan.

La última frase de Jael surtió el efecto como una sentencia, que seguramente todos los que estaban escuchando entendieron con claridad; quizás entre ellos estuvieran guardando secreto, pero los maestros sabían muy bien quién era capaz de qué. Minutos más tarde, la idea estaba dando resultados dispares, ya que algunos estaban apostando todo lo que podían, mientras que otros se estaban conteniendo o simplemente no sabían bien qué hacer para explicar; de todos modos, algunas piedras ya estaban tomando un leve brillo, superior al inicial cuando se hizo e el enlace con ellas.

—Van bien —comentó Flavio cuando los maestros se apartaron un poco—, sugiero que los separemos y hagamos un poco de movimiento llave para después contrastar.
—Estoy de acuerdo —dijo Gabriela—, pero démosle unos diez minutos extra para que se cansen.

En tanto, Ikronne estaba practicando con León, ambos muy concentrados en lo que estaban haciendo; él tenía ambos puños al frente, a la altura del esternón, con los codos ligeramente separados del cuerpo.

—Dijiste que tu movimiento llave es cerrar el puño mientras está en esa posición ¿Por qué el otro brazo?
—Es porque me siento más seguro de hacerlo bien en la medida del movimiento —explicó lentamente—. Siento que si lo hago con ambos brazos puedo concentrarme en no equivocar las medidas y acostumbrarme a hacerlo siempre igual.

Ella tenía la mano derecha a curvada en forma de garra, con el talón hacia la izquierda, a la altura del cuello.

—Entiendo. Yo escogí esta pose porque, en realidad es una tontería, pero cuando cumplí quince, mamá me llevó a donde un artista plástico, y él hizo un lienzo de mí; me dijo que hiciera una pose que me gustara e hice algo parecido, aunque era más artístico, claro, y nunca lo olvidé, así que pensé que sería más apropiado usarlo ahora porque no es fácil olvidarlo.
—Honestamente, nunca se me ocurrió eso, recurrir a algo que ya conociera desde antes. ¿y qué es lo que sientes cuando haces el movimiento llave?

Ikronne se lo pensó un momento antes de contestar.

—Es como si sintiera aire; Jael dice que puede ser que controle el aire, pero no estoy segura, creo que es algo distinto, pero todavía no lo entiendo bien ¿Y qué ocurre contigo?
—Lo que siento es —replicó, pensativo—, como si tuviera más fuerza en las manos, o algo parecido.
— ¿Y qué te dijo Aziare?
—Me dijo que en algunas ocasiones la clave está en entender qué es lo que uno está haciendo, sentirlo y dejarse llevar por ese sentimiento. Hasta ahora cuando estoy en esto posición puedo sentir esa diferencia, lo que me falta es entenderlo mejor.
— ¿Cómo sabes que es fuerza?
—En realidad es porque lo asocio a algo que pasaba en la universidad en donde trabajaba: tenía una cámara de agua para las manos, y lo que tenías que hacer era introducir las manos en los guantes que estaban conectados a un extremo, y debías que armar un cubo mientras el agua estaba a presión. conforme practicabas era más sencillo, y es porque ganabas fuerza y costumbre en los músculos de...

Interrumpió sus propias palabras, cuando otras aparecieron en su mente: enlace, fuerza externa, catalizador, punto de dirección.

— ¿Qué ocurre?
—Ya entiendo —replicó, aunque aún reflexionando—. Nos dijeron desde el principio que las piedras son catalizadores, y que la habilidad que vamos a desarrollar es el punto final del equilibrio entre mente y cuerpo.
—Con la piedra como punto de tierra, sí —dijo ella, asintiendo— ¿Descubriste algo más?
—No estoy seguro —estaba formando una hipótesis en ese mismo momento—, pero pensé en lo que estaba diciendo, y el objetivo de esa prueba era utilizar la motricidad fina, no los grandes grupos musculares, así que pienso que si tomo un punto de dirección y lo uso como objetivo, debería poder concentrarme, y concentrar la energía que está captando la piedra para conseguir algo.

Así lo hizo, procurando calmarse, y dejar de pensar en la piedra o lo que les habían dicho, para enfocarse en lo que pretendía conseguir: que suceda algo sólo en un punto, sólo en uno. Al cabo de unos momentos, un diminuto punto luminoso se estaba materializando a un par de milímetros del puño derecho, y se trataba de algo insustancial, casi como si fuera un reflejo de la luz.

—Lo estás haciendo.
—Aziare, creo que lo estoy logrando.

La maestra se acercó y observó con detenimiento; después, cruzó un par de palabras con Flavio.

—Felicidades León. estás avanzando muy bien.
—Pero no sé muy bien lo que estoy haciendo.
—No te preocupes por eso ahora. En cambio, sigue esta instrucción: piensa que estás empujando ese destello de luz, concéntrate en el avance.

Mientras él seguía esta indicación, Jael se puso en punto de visión con lkronne.

—Recuerda lo que te dije ayer en la clase de la noche.

Jael había cumplido su palabra, y les entregó unto serie de consejos que iban más allá de lo estrictamente académico: uno de ellos fue que, en determinado caso, si ella daba una sugerencia acerca de algo mientras alguien más estaba llevando a cabo una actividad, ella se estaba refiriendo a imitar las acciones del otro. Así lo hizo, procurando pensar que la corriente de aire que sentía no era algo externo, sino provocado por ella misma. En un principio pensó que su mano estaba temblando, pero luego comprendió que se trataba de un movimiento circular, aparentemente involuntario, pero que no se sentía molesto en ningún momento. levantó la vista, y vio que su maestra asentía, con un destello en la mirada que le indicaba que había seguido todo con detalle; es viento, se dijo, pero no una corriente continua, sino una circular.

Itiel y Lena estaban frente a frente, interactuando, y eran probablemente los que estaba más divertidos de todos; habían hablado poco sobre sus experiencias, porque da casi desde el principio conectaron a través de lo que estaban haciendo.

—Bien, entonces ahora hago esto.

La razón de esa conexión es que a ambos les llamó la atención que su movimiento llave fuera similar en forma, pero distinto en ejecución: mientras Lena giraba la mano desde tener el dorso hacia ella hasta dejarlo hacia el lado opuesto, él ponía la mano con la palma hacia el arriba, y la giraba, hasta dejarla orientada hacia abajo, con un ligero cambio en la separación de los dedos. Posteriormente a las demostraciones correspondientes, se generó una agradable conexión energética, que Flavio explicó como una coincidencia momentánea entre las frecuencias de ambos.

—Está funcionando —dijo él, admirado—, siento algo parecido a unas micro vibraciones por todo el antebrazo. ¿Tú?
—También siento algo, pero es diferente, es algo... no lo sé, es como si al girar la mano, estuviera pasando por un campo magnético, de esos que hay en los museos.
—Todavía no comprendo bien esto, pero creo que es algo con el nivel, o la altura, porque lo siento sólo cuando hayo el movimiento hacia abajo.
—Qué extraño —comentó Lena—, yo siento como si funcionara sólo alrededor de la mano, pero sin tocarla, sucede en el espacio.
alrededor.
—Sí, lo veo.

Lena desvió la mirada de la piedra en su muñeca.

— ¿Qué?
—Que está pasando algo ahora mismo.
—Yo no veo nada.
—Ojalá estuvieres de este lado —repuso él, sonriendo—, porque algo está pasando. Es como cuando hace mucho calor y a cierta distancia la imagen se distorsiona un poco ¿lo has visto?
—Sí, claro. ¿Entonces dices que eso es lo que está pasando ahora mismo en mi mano?
—Yo diría que es más bien alrededor de ella.
—Qué extraño —comentó ella—, que yo no puedo verlo desde aquí, pero tú sí desde allá.

Al mismo tiempo que eso sucedía, Darius se acercó a Gabriela con uno actitud relajada y divertida.

—Parece que tus técnicas de tortura dan resultado. Mira eso, Celia, Silvia y Carlo van muy bien.
—Lo mismo digo de los tuyos —replicó ella con una fina sonrisa—; Mónica y Mauren llevan la delantera ¿Qué le pasa a Krau?

El maestro no se inmutó por la velada crítica.

—Tiene demasiadas ganas de verse reflejado en algo más.

Ella acusó el golpe; muy bien, entonces después de varios años aún no le perdonaba haberlo asustado con serpientes.

—Tengo uno con un gran potencial oculto ¿Qué piensas, debería intensificar el entrenamiento en él o esperar a que sorprenda en el torneo?
—Yo diría que esperes, o se verá un poco ¿Cómo decirlo? opacado por Celia, o quizás Silvia.
—Silvia, definitivamente.
— ¿Y bien? ¿No crees que este es un maravilloso año? Tienes como compañeros dos antiguos estudiantes, todos los nuevos son prometedores, y están avanzando con rapidez, me contaron que en la generación anterior se tardaron hasta dos semanas en empezar a detectar habilidades.

Gabriela dio algunas instrucciones rápidas a lucio y Karlo, antes de contestar.

—Todos tienen un potencial de base, pero solo algunos van a destacar; ¿sabes algo? pienso que los maestros deberíamos participar en los torneos, quizás en unos meses más, o el próximo año.



4


Una vez terminada la clase con los maestros, Omar se reunió con Isabelle en el estadio de entrenamiento y pruebas.

—Gracias por venir.
—No lo agradezcas —replicó él con una sonrisa amigable—. Imagino que sucede algo que no quieres que sepan los demás.

Él ya había notado que ella estaba algo distinta desde la jornada anterior, pero prefirió esperar a que ella hablara en primer lugar. La joven se había sentado en un taburete, pensativa.

—Creo que ya sé cómo funciona mi habilidad.

Estaba debatiéndose entre lo que sentía, y lo que sabía que era correcto decir; Omar se sentó en el suelo, a dos metros de ella.

—Habla conmigo, puedes confiar.
—Gracias.

Sucedió un nuevo silencio. Por un momento, Isabelle consideró todas las posibilidades que se le habían ocurrido hasta ese momento, y ninguna de ellas resultaba tranquilizadora. Pero se dijo que no podía seguir con eso, o arruinaría todo.

—Lo vi cuanto ustedes nos ayudaron a manejar las piedras; pero lo entendí después, y me siento... no lo sé; mal, supongo.
— ¿Por qué?
—Estaba absorbiendo energía —dijo casi en un susurro—. Ferrán producía unos destellos, y yo empecé a tomarlos, los controlaba y luego desaparecieron, los absorbí.

Omar hizo un asentimiento, tranquilo de comprobar que la preocupación de la chica se debía un malentendido y no a algo más.

—Gracias por confiar en mí, pero no tienes que preocuparte.
—Pero...
—Escucha, haremos algo, ponte de pie.

Ambos se pusieron de pie, y él tomó un pequeño disco de metal; un segundo después el disco comenzó a girar por sí solo, suspendido entre los dedos.

—Toma mi mano y haz tu movimiento llave. Confía en mí.

Ella lo hizo, y tras unos momentos, el disco que giraba en el aire comenzó a desplazarse hacia ella, muy lentamente.

— ¿Lo ves? Lo estoy haciendo.
—No, estás confundida. Tu habilidad no es absorber energía, es manipular la energía que está dentro de tu rango. Pero recuerda que la energía es catalizada por la piedra, no la toma para sí misma ni te la traspasa a ti.
— ¿Estás seguro?
—Lo que estoy haciendo en este momento es mover el disco a gran velocidad, aunque aun tú no puedes verlo; al hacer esto, estoy generando una corriente de energía, como una turbina rudimentaria. Por eso es que tú, al usar tu habilidad, atraes esa energía que está en tu campo de acción, y puedes manipularla por que estás haciendo puente conmigo. Ahora observa.

Soltó su mano, lo que detuvo el lento desplazamiento del disco en su dirección. un momento después volvió a tomarla, pero hizo una nueva demostración, dejando de hacer girar el disco. Este cayó de inmediato.

— ¿Comprendes?
—No siguió moviéndose...
—No, porque al yo dejar de producir energía, no tenías nada que manipular. Lo que ocurrió antes es que Ferrán puede crear partículas luminosas, y cuando las atraes con tu habilidad, al no tener la experiencia, no podías mantener la estructura, por lo que la energía se disolvió ante los ojos, pero seguía ahí.

La explicación sonaba casi demasiado buena para ser verdad; Isabelle se tomó un instante para asimilar todo antes de suspirar, más aliviada.

—Muchas gracias. Estaba tan preocupaba, me sentía cono si fuera una sanguijuela.
—No hay nada que agradecer, y tampoco nada de qué preocuparse. En cualquier caso, tampoco hay una habilidad como esa, todo tiene que ver con elementos externos, pero me alegra que hayas tenido la confianza de decírmelo.
—Es que eres muy comprensivo y sabía que podías ayudarme, aunque no sabía bien a qué, casi estaba pensando en irme de la academia.

Él sonrió amablemente.

—Espero que elimines ese pensamiento ahora mismo.
—Sí, eso haré.

Unos momentos después, Jael estaba sentada ante la ventana más alta del edificio del centro deportivo, que estaba a un costado del centro de entrenamiento. Vio salir a Isabelle hablando con Omar, seguramente de lo que fuera que a ella la estuviera incomodando durante las dos clases del día anterior, y la que acababa de terminar; se veían bastante relajados, lo que significaba que él ya lo había resuelto. Pero en ese momento, ella estaba ahí porque quería comprobar algo, que podría suceder dentro de los diez minutos que había de lapso entre el término de su clase y el inicio del resto de la jornada.
Y vio a uno de sus estudiantes, escabulléndose. Probablemente estuvo espiando los pasos de la chica, o quizás simplemente hacía lo que algunos cuando empezaban a descubrir su habilidad: experimentar por su cuenta, tratar de ser mejores sin decírselo a nadie; un asunto de ego, un problema a la hora de conseguir resultados, por una persona que quería aparentar ser menos, cuando por su cuenta quería ser más.
No se sorprendía, pero sí resultaba algo inquietante.

—Lo siento si no es lo que esperabas.
— ¿Cuándo descubriste esto, Mónica?
—Ayer, y pensé que tal vez necesitabas saberlo, por seguridad.

Jael volteó hacia la joven; tan pequeña, aparentemente inofensiva.

—Hiciste bien, en realidad; pero no le digas de esto a nadie.
—Claro que no.
—Ahora vuelve a tus clases antes que alguien note que tampoco tú estás en la residencia cambiando ropa.

La chica salió en silencio, y la maestra miró con detenimiento, hablando en un susurro, casi para sí misma, aunque estaba sola en esa habitación. Que un estudiante tratara de entrenar por su cuenta no era novedad, había pasado y seguiría pasando, pero lo que ella podía ver que Mónica no, es que esa persona en particular tenía un potencial que estaba ocultando de forma premeditada, aunque sin saberlo. Es decir, no era como Krau que iba más adelantado pero quería ocultarlo con conocimiento de causa, era alguien que de manera inconsciente ocultaba lo que podía hacer, y una persona así era alguien en quien no sólo no había que confiar, sino que además resultaba necesario vigilar bien.

— ¿Qué intentas ocultar? Parece que eres una decepción después de todo, pero no por las razones que creí; qué lástima...




Próximo capítulo: Los primeros destellos. Interpretaciones