Sten mor academia 1° Capítulo 26: El adiós que nunca dijiste



Alto mando. Miércoles 30 de junio.

Mientras la Fuerza de seguridad se dedicaba a dar los últimos pasos en torno al antiguo estadio de tiro, y maestros especialistas y estudiantes permanecían en la residencia, Kalrei y Reus fueron acompañados por Dvorkia hasta las instalaciones del alto mando, ubicadas en los niveles superiores de la gran edificación que alojaba a la fuerza de seguridad, en el extremo sur del recinto. Si bien las oficinas de los hermanos no se encontraban allí, por protocolo tenían oficinas propias dentro de las instalaciones de Sten mor, las que estaban operativas en todo momento, en caso de ser necesario.

—Dvorkia ¿Ya tienen listo un análisis de réplica de la escena de la muerte?
—Estará listo en unos momentos; por el momento me retiro, tengo que atender algunos asuntos.

Cuando el oficial se retiró, Kalrei quedó sola en la oficina junto a Reus, quien se sentó en uno de los aparadores de la pared.

—Bájate de ese mueble.
— ¿Qué ocurre hermana?

Ella le dedicó una sombría mirada, pero entendió el significado real de sus palabras tras un instante.

—Me pregunto si alguno de los otros también descubrió cómo usar la energía residual.
—No puedes saberlo sin preguntar, y si preguntas, puedes ponerlos sobre aviso.
—Ese es el dilema —reflexionó ella—. No debería ser necesario que quisieran explorar otras rutas para conseguir resultados, porque aquí lo tienen todo.
—Pero nadie puede tener todo.
—No, probablemente ese defecto humano es el culpable aquí.
—Dijiste que iban a hacer un análisis de réplica, eso significa que los resultados van a estar disponibles para que todos los vean.

Kalrei se sacudió el cabello color gris brillante, y se acercó al módulo expendedor de agua, para tomar un vaso con una mezcla de agua mineral con extractos hidratantes.

—Sí, no tenemos alternativa. Para los registros legales fuera de la academia podemos modificar la verdad para asociarla con algo que tenga una explicación sencilla, pero aquí en el interior, sería absurdo pensar que van a creer que murió usando una máquina que no tiene nada de importante dentro de nuestras aplicaciones de estudio. Ni si quiera sé bien lo que hace.
— ¿Un impulsor de energía variable? —preguntó Reus—. Sirven para manipular corrientes de energía en espacios cerrados, es la base de los mecanismos que controlan el clima, pero a escala pequeña.
—Lo dicho, sería imposible que alguien se lo creyera. Cuando los estudiantes sepan que la verdadera razón de la muerte de ese chico es que estuvo manipulando en secreto la energía residual de la piedra, la mayoría se sentirá asustado, pero puede que algunos también crean que pueden hacer lo mismo, con mejores resultados.

En esos momentos, Olga anunció su llegada; Kalrei comprobó que se había dado mucha prisa, pues apenas tardó una hora en vez de dos. Entró a la oficina y saludó a ambos, sentándose de frente al escritorio de su hermana, mientras el menor dejaba el lugar que había estado ocupado y permanecía de pie, a la derecha del puesto de trabajo, triangulando la reunión.

— ¿Alguna novedad?
—Ninguna en especial —replicó Kalrei, tras beber un sorbo de agua—, sólo estamos a la espera de la réplica de la muerte. Oh, mira, acaba de llegar.

Sucedió una tensa pausa, mientras la mujer tomaba los datos enviados desde la fuerza de seguridad y los transmitía a la consola del escritorio; unos instantes después, se materializó en forma de holo, una réplica exacta del sitio del suceso, acercando rápido para entrar. La figura humana que representaba a Oskar era de color amarillo opaco, y se desplazaba por el ficticio escenario, hasta quedar de pie a una cierta distancia de la puerta, que estaba entreabierta; tras un momento, realizaba un movimiento con las manos, y a su alrededor comenzaba a materializarse una sustancia vaporosa de color rojizo, siendo esta la representación de la energía residual mencionada desde un principio. Una vez que esta energía se movilizaba hasta generar una especie de remolino, se condensaba, formando una corriente circular, en la que la figura depositaba un objeto alargado; pocos momentos más tarde, la vara suspendida seguía la trayectoria de la energía, en principio a una velocidad más lenta, y luego igualando el ritmo. Después de una espera que se antojó muy larga, la corriente perdía su estabilidad, la persona intentaba controlarla realizando algunos movimientos, y finalmente se descontrolaba por completo, haciendo que la vara saliera disparada como un boomerang, que en su trayectoria impactaba directamente en el cuerpo; los técnicos encargados habían demostrado una sutileza muy discreta, reduciendo la réplica de la escena a un impacto que parecía sólo golpear y dejar al afectado tendido en el suelo, sustituyendo el intenso color de la sangre por un degradado de la misma tonalidad de amarillo opaco de la figura.

—Es terrible —murmuró Olga—. Pero es algo que resulta posible.
— ¿A qué te refieres?
—No había cerrado en mi mente la posibilidad hasta ver la definitiva, de una posible intervención de otros elementos.

Kalrei le dedicó una mirada escéptica.

— ¿Pensabas que alguien podría haber intervenido?
—No exactamente —replicó la mayor—, no quise tener una idea concreta en ningún momento. Pero, de cierto modo, tenía un temor a que el tema fuera mucho peor de lo que se pintaba en un principio. Esa chica, Priscilla, encontró el cuerpo, y si Oskar hubiese estado con alguien más, eso sólo haría todo mucho peor.

Kalrei iba a decir algo, pero decidió dejar que Olga terminara su parlamento y tratar de desviar la atención; lo que mencionaba era algo perfectamente posible, sólo que no era comprobable. Si más de un estudiante hiciera la misma acción, o incluso si el chico hubiese estado acompañado, no sería de extrañar que ante ese accidente fatal, decidiera esconderse y aparentar no saber nada, hasta que la situación por sí misma explotara; hacía falta frialdad, planeación y bastante suerte, pero era posible, solamente esa persona debía jugarse el todo por el todo a no ser descubierta. Sin embargo, si Olga no había llegado a la misma conclusión que ella ¿Para qué abrirle los ojos? Después de todo, la muerte de un estudiante serviría para asustar a quien fuera que tuviera la intención de hacer un procedimiento fuera de lo establecido, y al mismo tiempo permitía que como academia incluyeran algunos procedimientos adicionales para vigilar a los estudiantes, sin que se supiera que ese era el objetivo; las organizaciones que vigilaban el cumplimiento de los normas de los centros de educación eran muy críticas con respecto a los protocolos, por lo que estaban obligados a ser muy estrictos, aún cuando en una situación como esa tuvieran un margen de error que escapaba al control. Legalmente estaba prohibido tener cámaras, grabadoras o cualquier sistema de control de datos al interior de una institución de educación, restringiendo la seguridad al perímetro, para evitar que entren personas no autorizadas. De acuerdo con eso, en la academia organizaron un protocolo secreto, que se punía en funcionamiento en la zona comprendida entre el punto de abordo y las instalaciones exteriores, con un equipo disfrazado de candidatos a estudiante, quienes utilizaban la tecnología apropiada para detectar medios no autorizados de grabación, que pudiesen ser parte del interminable arsenal de periodistas que cada generación trataban de infiltrarse. Pero el rastreo y seguridad interno llegaban hasta ese punto, pues una vez dentro de la academia, teniendo la silenciosa vigilancia de los sistemas anti rastreo del ministerio por todos partes, era demasiado riesgo intentarlo. Así que dejaban esa vigilancia en manos de los maestros y el personal asistente.

— ¿Prefieres que hable yo con la familia del chico?
—Gracias, pero me parece que el personal de contención será más apropiado. ¿Qué opinas de todo esto, Reus?

El chico se encogió de hombros.

—Pues yo creo que ustedes tomarán las decisiones correctas, saben cómo funciona todo.
— ¿Y sobre mi teoría anterior?
—Es normal que pienses en eso —repuso con sencillez—, pero lo que se ve en la réplica es muy claro.
—Sí, tienes razón —replicó, pensativa—. De cualquier forma, pienso que debemos buscar métodos para ayudar al control de este tipo de situaciones.

Kalrei detuvo la proyección de la réplica, y cargó algunos datos para que todos pudieran verlo.

—Sobre eso, esta gráfica es sobre el rendimiento de los estudiantes comparando antes y después de iniciado el torneo de habilidades sugerido por los maestros.
—Hay una mejora.
—Exacto; había pensado que, aunque es una competencia no oficial, podríamos incluir algún tipo de motivación para que se involucren más.
— ¿Además —preguntó Olga— de la sugerencia de prioridad de visitas?
—Eso es un buen premio, pero pensaba en dar algo de énfasis en las clases.
—No podemos incluir eso en la malla de estudios —objetó la mujer de cabello corto.
—No, pero sí podemos asignar una prioridad de evaluación para quienes mejoren este ítem, y enlazarlo a una de las clases independientes; no va a hacer una gran diferencia con los resultados finales, pero todos los estudiantes tienen alguna deficiencia, una asignatura en la que no son tan diestros, y se sentirán beneficiados en una materia donde anteriormente fallaban.



2


Residencia estudiantes. Durante la mañana.

Sebastián pidió una autorización especial para poder comunicarse con el exterior, y la obtuvo poco después; no sentía hambre, así que ni siquiera se acercó al casino y fue directo a su cuarto. Probablemente los demás estarían haciendo lo mismo.

—Hola Mick.
— ¿Qué sucedió?

Mick estaba en el auto, aparcado en el estacionamiento de un centro comercial; el chico hizo lo posible por evitar que se notara su sorpresa ante esa pregunta, pero fracasó.

—No te preocupes, todo está bien.
—Sebastián, cuando hablamos la vez anterior, dijiste que era posible que te tardaras en volver a contactar, y que estaban con mucho trabajo; además es hora de almuerzo allá y estás en tu cuarto, y no estás muy bien, es evidente que te sucedió algo.
—A mí no, escucha —pretendía que la conversación iniciara de otra forma, pero subestimó la capacidad de análisis de él—. Sucedió algo, pero no a mí; lo que quiero decir es que no te llamé por eso, hay algo que quiero decirte.

Mick lo miró fijo, y por un momento, fue como si otra vez estuvieran juntos, durante el tiempo en que vivió en su casa.

— ¿Estás bien?
—Sí — sabía que no estaba sonando sincero, pero no quería perder el norte de lo que pretendía decir; sin embargo, la preocupación de Mick era algo que no podía dejar pasar—; en realidad no tanto, ocurrió un accidente a un compañero de aquí.
— ¿Grave?

No podía evadir la pregunta; por una parte, el tema era demasiado reciente, y por otra, ya que no había podido ocultar su malestar, sentía que dejar la información en las sombras sería una traición.

—Sí. Pero ahora no estoy preparado para hablar de eso con detalle, es algo que nos tiene a todos nerviosos; pero te llamé por otra cosa, es muy importante y me estoy sintiendo culpable por no haberlo dicho.
— ¿De qué hablas?
—Mick, cuando nos despedimos, ese día antes de venir a la academia, fui al banco y dejé una instrucción: traspasé mi dinero a una cuenta que está a tu nombre, ahora tú eres el dueño de ese dinero.

La expresión seria de Mick cambió a una de total sorpresa; durante algunos segundos no dijo nada, hasta que por fin reaccionó, dando una especie de respingo en el asiento del conductor.

— ¿Por qué hiciste eso?
— ¿Por qué? —se sintió tonto al repetir la pregunta, pero más al notar que no se le había ocurrido que pudiera hacerle un cuestionamiento como ese—. Bueno, tú podrías necesitarlo...
—Tengo un trabajo —señaló él un poco a la defensiva—, no necesito nada adicional a eso.
—No te lo tomes a mal —dijo a la defensiva, alarmado del curso que estaba tomando la conversación—, lo dije sólo como una posibilidad. A lo que quiero llegar es a que, durante los dos años que voy a estar aquí, no voy a necesitar ese dinero ¿En qué podría gastarlo? Tengo la cuenta personal por si hacemos alguna salida temática y quiero una remera o un recuerdo, pero aquí tenemos todo lo que necesitamos; además, estuve pensando en las cosas que pasaron cuando era más joven. No lo sé, cuando dejé las carreras me dije que no iba a dejar que Rogelio siguiera controlando mi vida ni mi dinero, pero ahora que te tengo a ti...

Guardó silencio un momento, detenido por una duda; finalmente decidió que, aunque no estuvieran cara a cara, ese era el momento perfecto para hablar.

—Tú eres mi padre, Mick.
—Pero sabes que no lo soy realmente —replicó el hombre.
—No me importa el lazo de sangre —repuso Sebastián—; Mick, tú me enseñaste muchas más cosas de la vida que él, pero estoy aprendiendo mucho más. Cuando hablamos la vez anterior te habría dicho que tenía un amigo aquí, pero ya no lo tengo más, porque él decidió tomar otro camino; al principio me sentí muy deprimido, no entendía, y hasta ahora no sé por qué lo hizo, pero después me acordé de todo lo que hablamos tú y yo, y que me dijiste que tenía que valorarme, porque cuando lo haces, tu punto de vista cambia, y es verdad.
— ¿Y qué hiciste?
—Empecé a preocuparme de las personas que se preocupaban por mí de la misma forma, y es tan distinto, porque sé que van a estar ahí para mí, igual que tú. Aquí tengo un segundo hogar, y estoy conociendo a personas que son increíbles, y son mis amigos, lo puedo sentir. Pero mi primer hogar es tu casa, tú eres mi padre, te ganaste ese derecho mucho más que lo que él nunca quiso; ese dinero va a estar en mejores manos con tu control que con el mío, porque yo no sé cómo gastarlo. Confío completamente en ti ¿quién mejor que tú para cuidar ese capital?

Mick se quedó en silencio por unos segundos, con la expresión anterior mutada en una de emotiva sorpresa, y los ojos brillantes de lágrimas; al final habló, en voz más baja por la emoción que estaba sintiendo.

—No sabes lo feliz que me hace escuchar eso de ti; sería el hombre más feliz del mundo de poder decirte hijo.



3


Casino de residencia. Poco después.

Amber y León estaban en el casino al igual que algunos otros estudiantes, pero nadie estaba pensando en comer: los hechos ocurridos durante las primeras horas de la mañana y la consecuente suspensión de clases hicieron cambiar el ánimo y programaciones de todos, haciendo aflorar inseguridades y apatía en muchos. Amber había superado la sorpresa inicial, y ahora estaba mucho más callada y concentrada que de costumbre.

— ¿Estás pensando en lo que pasó?

Era una pregunta retórica y ambos lo sabían, pero León la hizo para poder retomar el contacto. La chica le dedicó una larga mirada antes de hablar.

—Necesito ver el informe sobre la muerte de Oskar. Y tengo que ir a ver a Priscilla tan pronto como pueda.

León se concentró en la expresión de ella, y trató de descifrar lo que estaba sintiendo en esos momentos; Amber era una chica brillante, directa, y fuerte ¿qué tanto de esa fortaleza estaba en riesgo en ese momento, y qué tanto estaría dispuesta a compartir con él? Ambos estaban sentados ante una mesa que estaba vacía, y seguiría así por mucho tiempo más.

— ¿Por qué el informe?
—Porque entendí que las palabras "accidente" y "muerte" no tienen un significado concreto para mí —su voz era baja para no llamar la atención, pero audible de todos modos—. ¿Alguna vez te pusiste a pensar en las estadísticas que nos enseñan en primaria?

Considerando que apenas había pasado poco más de una hora desde la terrorífica escena presenciada por Priscilla, no lo había hecho, y se lo hizo saber negando con la cabeza, en silencio.

—Yo tampoco —repuso ella, sombría—. Pero después que los hermanos Holtz estuvieron aquí, revisé unos históricos, algo muy superficial, y me quedé pensando en lo que significa. Lo que es de verdad. El año pasado en Harfolk murieron ciento treinta y seis personas a causa de un accidente o muerte violenta, todo esto no cuenta las muertes por enfermedad; pero yo no conozco a nadie que haya muerto, ni conozco a nadie que haya perdido un familiar de forma violenta en los últimos años. Ni si quiera sé bien lo que significa eso de "muerte violenta".

Lo que Amber estaba diciendo tenía sentido en muchos niveles; la familia de León era numerosa, y lo más grave que había sucedido a alguien en el último tiempo era que Gadián, el novio de su primo Adolfo, estaba lesionado de una pierna por un accidente en el trabajo, pero no pasaba de ser un golpe y reposo por algunos días, a la espera de la curación de los cortes y daño en los tendones. En comparación, la idea de una muerte resultaba enorme, algo que, de hecho, estaba fuera de cualquier parámetro de medición habitual.

—Te acompañaré.
—No es necesario que lo hagas.
—Pero quiero hacerlo —replicó él, sencillamente—. Me importa lo que pase contigo, no quiero sólo dejar que lo hagas y ya; además, Priscilla e Irene me caen muy bien y estoy preocupado también.
—Según lo que nos dijeron, aún tenemos que esperar hasta que pasen dos horas para que evalúen si es que puede recibir visitas —suspiró—, todo esto es terrible.

León recordaba muy bien la muerte del bisabuelo; generalmente la edad máxima promedio a la que llegaba una persona era de 120 años; el bisabuelo llegó a los 140 sin mayores dificultades, pero un día, pidió que se reuniera toda la familia y anunció que su momento estaba muy cerca, y que ya llegaba la hora de descansar. León en ese tiempo tenía sólo nueve años, y se sorprendió de esa actitud, de la forma de ver el futuro con tanta serenidad; por supuesto que hubo caras de sorpresa y angustia, pero él les dijo que no quería que se pusieran tristes, que de ninguna manera quería ser el causante de algún tipo de incordio en el grupo, y que su vida ya estaba completa, de modo que lo que quería era que celebraran el "tiempo extra" que había tenido al pasar en más de una década la expectativa de vida promedio. La muerte del bisabuelo había sido tranquila y amable, y en cambio, la de Oskar había sido repentina, y mucho antes de lo que jamás alguien hubiese imaginado; en ese momento se preguntó ¿Cuál podría ser realmente el alcance de la expresión "muerte accidental" con la que se habían referido consistentemente tanto los maestros como los hermanos Holtz? De pronto sintió un estremecimiento al pensar en cuáles eran las posibilidades, sólo considerando dos factores: el sitio en el que ocurrió y las condiciones en las que estaba Priscilla; desde que se anunció la desmantelación del antiguo estadio de tiro, las visitas hacia ese sector disminuyeron por obvias razones, pero en ningún momento se dio un aviso especial, o se indicó que fuera necesario dejar de acercarse. Como muchas otras actividades desarrolladas por el personal técnico y de mantenimiento de la academia, esta comenzó a desarrollarse poco a poco a lo largo de las jornadas; cuando León salía a trotar en las mañanas veía a algún técnico yendo de un sitio a otro, y si en determinado momento extendió el trote hasta más allá de los montículos que separaban ese sitio de la gran explanada, bien pudo ver a algunos saliendo con elementos ya retirados, o no encontrar a nadie, por lo que entrar no habría sido dificultad, aunque a él no se le ocurrió hacerlo. La mayor parte de ese estadio estaba formado por los carriles en los que cada uno podía ensayar con los blancos móviles, pero una gran zona entre estos y la puerta era abierta, lo que daba espacio para entrenar bajo techo.
O practicar con la habilidad de la piedra, sin que nadie lo viera.

— ¿Qué te sucede?

Mientras reflexionaba acerca de estas cosas, León se había erguido en el asiento, cada vez más sorprendido de lo que estaba pensando. Se dio cuenta de que su expresión lo estaba acusando, y trató de cambiarla, aunque era algo tarde para eso.

—Nada en especial.
—Es demasiado evidente que está ocurriendo algo —dijo ella con severidad—, dime de qué se trata.
—En serio, no es nada concreto —pensó, demasiado tarde, que no era recomendable hablar sin pruebas, pero al mismo tiempo, no podía evadir el tema con un simple no—, es sólo que estaba pensando en la única vez que perdí a alguien, mi bisabuelo.
— ¿Estabas pensando en las diferencias?

Se miraron a los ojos, y él pudo ver con mucha claridad los sentimientos de ella; podía estar tratando de racionalizar todo, pero al mismo tiempo, estaba tan sorprendida y asustada como los demás.

—Sí, y también —habló mucho más bajo, su voz sólo era un susurro—, en Oskar; es difícil decir lo que siento, lo que estoy pensando, porque nosotros estamos aquí, podemos cambiar lo que pensamos o analizar, pero él, ya no tiene tiempo.

Mientras tanto, Lucio se había sentado a la misma mesa que estaba ocupando Mónica, aunque ella no habló en un principio, ni pareció darse cuenta de su presencia.

— ¿Necesitas algo?

Ella levantó la vista hacia él, y lo miró un largo rato antes de contestar.

—Nada, estoy bien.
—No lo parece, pero es comprensible —inspiró profundo mientras miraba al techo—; nada parece normal en un momento como este.
—Nada vuelve a ser normal después de la muerte de una persona.

Las palabras de la chica tomaron por sorpresa a Lucio, quien la miró durante un largo rato, sin hablar; después se aclaró la garganta con algo de dificultad, antes de hablar.

—Has visto algo así? Me refiero, morir a una persona.
—Una vez, hace tiempo —replicó ella, con voz vacía de emoción—; pero no era alguien a quien conociera. Una anciana, tropezó y cayó, estábamos en la calle y todos la vieron. Había un equipo médico, fue como si se hubieran teletransportado hasta allí, pero era tarde. Dijeron que había sito una falla múltiple, algo que habría pasado ahí, o si estaba sentada en su sofá tomando chocolate.
—Qué curioso —comentó él—, cuando era un niño vi algo parecido, pero era un señor —hizo una pausa, recordando lo que había sucedido—; le dio un infarto, creo, y todo el mundo fue a ayudarlo de la forma en que pudiera, mientras llegaba el equipo médico. Lo asistieron bien, así que no fue más que un susto, pero recuerdo muy bien que en ese momento yo no entendía por qué es que mamá estaba nerviosa; ella decía "Podría haber sido tu abuelo " y yo le decía que era obvio que no lo era, así que no tenía sentido que se preocupara. Creo que a veces cuando somos más jóvenes no podemos comprender algunos razonamientos.
—Es cierto. ¿Eran amigos?

Nuevamente, él se sorprendió de escuchar las palabras, pero en realidad se trataba de una forma de expresarse mucho más concreta y directa, que las que incluso habían usado los hermanos Holtz muy poco antes. Oskar estaba muerto, era una realidad que, por lo que se veía, no todos tenían la capacidad de afrontar de la misma manera.

—No en realidad. Pero si hablamos bastante, se trata... tuvimos varios trabajos juntos, de las asignaturas independientes, Siempre con una actitud muy positiva, un tipo muy agradable.

Se sintió débil por hablar en lenguaje neutro, pero a diferencia de ella, no pudo hacerlo como debería. Miró en dirección a una de las otras mesas, en donde Isabelle estaba sentada, junto a Itiel y Naro.

— ¿A qué hora dijeron que podemos ir a preguntar por Priscilla?
—A las diez —respondió Naro—. Por ahora sólo podemos esperar, nada más.
—Estuve a punto de llamarlas —los ojos de la chica se llenaron de lágrimas—, pero no me atrevo, es como si entraras al cuarto de alguien sin golpear, y en este momento —hizo un gesto impotente con las manos—, me siento atrapada, entiendo que si trato de hacer algo voy a ser una entrometida, que estaré entorpeciendo las cosas que está haciendo el personal encargado de ella; ellos saben lo que hacen, pero al mismo tiempo, sé que ella necesita compañía, que tenemos que estar ahí y que lrene no puede sola con lo que está pasando.
—No te pongas así —la animó Naro—, es normal sentir lo que estás diciendo, pero es lo que tenemos que hacer, el equipo médico se va a encargar de todo.
—Lo sé, es solo que no es sencillo.

Levantó la vista hacia Itiel, quien permanecía sentado en silencio, con la vista perdida mientras ellos hablaban. Había visto la forma en que él estuvo junto a ella, la extrema ternura con que la acogió en sus brazos, dando todo de sí para apoyarla en un momento en que Priscilla estaba tan frágil.

— ¿Quieres hablar de algo?
—No.

La respuesta fue vacía, simplemente un vocablo articulado para responder, pero no para explicar. Isabelle miró a Naro, pero este gesticuló una negativa en silencio, diciendo sin palabras que lo mejor era dejarlo así; él sabía lo que estaba en juego, que la escena de Priscilla tendida en el suelo sin reaccionar era casi una representación fantasmal de lo ocurrido en otro tiempo, y que la pesadilla de ese pasado estaba ahora, ahí, frente a sus ojos, pero también sabía que ese dolor era algo que Itiel ya conocía, y que tarde o temprano tendría que salir, para seguir.

Próximo capítulo: Regreso a la normalidad


Sten mor academia 1° Capítulo 25: Realidad inaceptable. Lágrimas



Miércoles 30 de junio. Enfermería.

Irene insistió en entrar a la enfermería junto con Priscilla, y ante su férreo comportamiento, la dejaron entrar; después de revisar su estado, el encargado suministró una solución calmante dérmica, un parche calmante y reposo absoluto por seis horas, previo reposo en las instalaciones del recinto, y una evaluación del avance de su estado. Luego, Irene fue autorizada a entrar a un cuarto muy similar a los que tenían en la residencia, excepto que este era blanco por completo, y estaba inundado por luz relajante, una tonalidad levemente azulina que ayudaba al buen reposo de una persona afectada.

—Irene —le había dicho el encargado, momentos antes de desde la entrar—, en este momento, Priscilla está consciente, pero no estará en las mismas condiciones que de costumbre.
— ¿Qué le sucedió?
—Sufrió una conmoción. Hasta ahora no ha podido expresarse con claridad, y es posible que ahora tampoco lo haga, así que sé muy paciente con ella y no le hagas preguntas. No sabemos con claridad lo que sucedió; pero los síntomas indican que el shock es por algo que vio, es decir se trata de algo externo, pero que la afectó a tal nivel, que perdió momentáneamente la capacidad de moverse y reaccionar.

Mientras hablaban, Irene quería lanzarse al cuarto, pero se controló; sabía que era de vital importancia escuchar lo que el profesional de la salud estaba diciendo, para poder ayudar de la mejor forma posible. Mantenía en las manos, casi obsesivamente, el móvil de Priscilla, en donde depositaba simbólicamente sus sentimientos hacia ella, intertanto al mismo tiempo controlar su nerviosismo.

— ¿Se va a recuperar?
—Físicamente no tiene lesiones —repuso el encargado, reflexivo—. Sobre el estado mental, todo lo relacionado con las funciones cognitivas regresará, pero aún es pronto para saber qué tanto la afectó el hecho al que estuvo expuesta.

Priscilla no era una persona débil, pero sí era muy sensible; establecía conexiones a nivel humano y sentimental con conceptos o ideas, y tenía muy clara su opinión acerca de los temas más relevantes, sin quedar indiferente; aún sin saber lo que había pasado, ya que se dirigieron a la enfermería antes que los maestros dieran una explicación, lrene entendía que lo que sea que había pasado, era real mente terrible para su visión de las cosas.

— ¿Qué puedo hacer yo?
—Acompañarla. Aunque sea difícil para ti, no te emociones, ni hagas preguntas; lo que te recomiendo es que te adaptes a ella, que sigas su ritmo: si no quiere hablar, no hables, si quiere hablar de otra cosa y evadir el tema, no lo menciones, y si necesita exteriorizar, escucha, sin invadir. Es posible que algunas cosas que diga no tengan sentido, o que estén en desorden, pero tanto si es así como si no, preocúpate de hacer que sienta que vas a ayudarla.

Un instante antes de entrar al cuarto, Irene respiró profundamente, y se repitió que debía estar tranquila y en su centro, que aunque estuviera tan preocupada por ella, la importante era Priscilla en esos momentos.
A pesar de haberla visto unos minutos antes mientras la acompañaba en el transporte a urgencias, no pudo dejar de sentirse sorprendida de verla recostada en la camilla; Priscilla era una chica delgada pero saludable, y sin embargo, en esos momentos esa delgadez la hacía lucir frágil, mientras que los rasgos alargados de su rostro daban un aspecto desmejorado, ahora que su piel estaba más pálida y su expresión, más decaída. Acercó una silla y se sentó a su lado, mirándola cariñosamente.

—Lo vi —dijo Priscilla—. Yo lo vi.
—No es necesario que hables si no quieres.

Pero la chica siguió hablando, quizás ignorante de su voz, quizás sólo dejando que las palabras fluyeran, ahora que los calmantes habían bloqueado la desesperación que antes se apoderó de ella. En ella pugnaba el deseo de olvidar todo y no mencionarlo, y la desesperada reacción de hablar, para poder dejar de cargar ella sola con ese peso.

—Había tanta sangre —su voz era lenta y casi sin emoción, pero de todos modos transmitía un sentimiento, que tal vez era mucho más claro que el llanto anterior—, lo vi, estaba a tres metros y lo vi, tan claro, con tanto detalle y yo, yo simplemente no pude hacer nada.

Irene había estado sintiendo pavor de comunicarse con los demás; recordaba muy bien la confusión de los otros, la actitud cerrada y protectora de los maestros, y la inquietante presencia de la Fuerza de seguridad, mientras se alejaban del estadio de tiro. Pero en ese momento, sólo podía preocuparse de Priscilla, y ahora parecía estar tan cerca de una verdad que no quería escuchar, de saber que el estado de ella se debía a algo inconcebible, pero real.

—Está muerto. Oskar está muerto.

El dolor que asomaba en su voz se hizo más profundo, y aunque no podía llorar por el efecto de los calmantes, su sentimiento se expresó a través de lágrimas que surcaron sus mejillas, mientras el silencio envolvía a ambas. Irene se quedó muda al escuchar esas palabras, incapaz de decir o procesar algo al respecto. No era necesario preguntar a nadie, ni llamar por teléfono para confirmar con los otros; tampoco podía engañarse con ideas falsas acerca de lo que estaba sucediendo, o pensar que ella estaba sufriendo algún tipo de alucinación: conocía lo suficiente a Priscilla como para saber que eso no era una fantasía, que los hechos que percibió en segundo plano al llegar junto con ella no eran más que parte del panorama más trágico que la misma había visto. Intentó, por un momento, ponerse en el lugar de ella, y sintió que era intolerable, que ver una persona muerta era algo tan violento para quien vivía ese trance, que se convertía en un crimen sin culpa, donde el causante no era la mayor víctima, quien tenía el infortunio de ver era herido de forma indirecta, todo mientras el principal afectado era mudo y ciego, tanto de las razones como de las consecuencias.
Oskar.
Recordaba claramente una de las primeras veces que hablaron, y cómo él le agradó de inmediato: delgado, esbelto, de piel clara, por un instante le recordó a un viejo amigo de la infancia, y se lo comentó, ante lo que él reaccionó con sorpresa e interés. Agradable, simpático, inteligente, con un sentido del humor blanco e inocente ¿Cómo podía haber pasado algo así? Era imposible que él, a quien vio la jornada anterior, con quien habló hace tan solo unas horas, estuviera muerto ¿Qué clase de broma cruel del destino era esa? ¿Qué podía haber sucedido, dentro de la academia, al interior de un sitio tan seguro como ese, que llegara hasta tal extremo?

—Estaba ahí —volvió a hablar después de un largo silencio—, indefenso, tendido en el suelo, y la puerta estaba abierta ¡Cualquiera podría haberlo visto! Yo tendría que haber estado ahí para algo más que pedir ayuda, yo tendría —sus manos se movieron en el aire, impotentes—, yo tendría que haberlo cubierto, tendría que haber podido evitar que su cuerpo quedara abandonado, y solo, y no pude.

Sufrió una pequeña convulsión, y su tristeza e impotencia superaron el efecto de los calmantes, haciendo que se sentara en la camilla, llorando otra vez.

—No hice nada, no pude hacer nada.

Incapaz de hablar, y de contener por más tiempo las lágrimas, Irene optó por no decir nada, y abrazó con fuerza a Priscilla, mientras la chica se aferraba a ella, llorando desconsolada.



2


Cuando los maestros de piedra llegaron a la residencia, treinta minutos más tarde, el estado de los estudiantes había mutado a una especie de letargo, silencioso y triste; ubicados en la sala central de la residencia y escoltados por los maestros de especialidades, estaban divididos en varios grupos, algunos consolándose mutuamente, o hablando en voz baja, como una suerte de involuntario temor a interrumpir con ruido lo que los había sumido en el silencio. Una vez que los maestros entraron, en completo silencio, Aziare anunció que había una visita importante y se solicitaba la atención de todos; Kalrei Holtz, vestida de un traje pantalón negro, entró a paso lento aunque decidido, acompañada de su hermano menor Reus, quien también vestía de riguroso negro. Al segundo de entrar ambos, uno de los maestros de especialidades activó un proyector portátil, que materializó un holo a escala real de Olga, la mayor de los hermanos, quien al igual que los menores lucía un riguroso luto, en su caso con un vestido largo y sencillo, y un pañuelo que cubría los hombros. Discretamente, los maestros de piedras se ubicaron tras los hermanos, mientras los maestros de especialidades completaban el marco a los costados, todos como un equipo, de cara a los estudiantes. Olga, esbelta y elegante, paseó la mirada por todos los estudiantes, sin disimular el sentimiento de dolor que en ese momento la embargaba, y a la vez, manteniéndose firme ante el desafío de hablarles a todos.

—Quiero comenzar pidiendo una disculpa formal, por un asunto que puede parecer superficial, pero que a mis ojos reviste una gran importancia —su voz transmitía emoción y al mismo tiempo, calma—. Me encuentro muy lejos de la academia esta jornada, por ese motivo tuve que utilizar este medio tan impersonal para dirigirme a ustedes, porque aunque no lo apruebo, lo prefiero antes de hacerlos esperar. Hemos recibido la noticia de la muerte de Oskar con la misma sorpresa e incredulidad que ustedes, pero nosotros estamos al mando de esta organización, y tenemos el deber de enfrentar este hecho de forma abierta, de cara a todos.

León notó, con gran sorpresa, la forma en la que Olga mencionó el nombre de Oskar. Como si lo conociera, como si en ese momento se estuviera refiriendo a alguien a quien conocía, no a una cifra en una tableta de datos; esa actitud hizo que sintiera un gran respeto por ella.

—A mi juicio, por la tranquilidad de él, lo más apropiado es tratar todos los detalles de su muerte con la mayor de las delicadezas, me violenta la idea de que cualquier dato relacionado con un hecho tan trágico como este, pueda ser tomado de un modo incorrecto, por las razones que sean; sin embargo, entiendo que existan muchas dudas, a las que por supuesto tienen derecho. Dentro de estos muros, hay personas que lo conocieron, que fueron sus amigos, mucho más allá del concepto de compañeros; ustedes tienen derecho a saber, incluso si ese conocimiento resulta difícil, o doloroso para cada uno. Pero para eso hay tiempo, y siendo honesta, nosotros mismos todavía no estamos preparados para entregar esa información, de modo que les pido que tengan un poco de paciencia.

Olga hizo una pausa, en la que Kalrei tomó el lugar para hablar; aún con el desconcierto de una noticia tan reciente, Carlo no pudo dejar de notar la profunda voz de la segunda de los hermanos, y la expresión dura y firme de ella al hablar. Algo en lo que estaba pasando resultaba molesto para ella, pero al mismo tiempo, su voz era especial para ese momento, dedicando cada sílaba a transmitir un sentimiento, sin dejar claro si eso era algo real o no.

—No vamos a mentir —dijo con decisión—. Aunque sea doloroso, tenemos que enfrentar la situación, porque somos fuertes; su compañero, su amigo Oskar, murió en un accidente.

La declaración de la mujer hizo que varios tomaran un sentido real a la situación que estaba sucediendo; a pesar de ver en persona por primera vez a los hermanos, su presencia, y la solemnidad de sus palabras y la presencia de los maestros escoltándolos, hizo que de una vez quedaran eliminadas todas las posibilidades de duda. A partir desde momento, el estudiante que faltaba en la academia faltaría para siempre.

—Como dijo mi hermana, los detalles son algo que tenemos que manejar con mucho cuidado, y en primer lugar es necesario que sepamos con exactitud lo ocurrido, además de cumplir con los protocolos correspondientes, y por supuesto dar aviso a la familia. Está de más decir que la jornada de estudios durante el día de hoy queda suspendida, pero no quiero decir con esto que no vamos a acompañarlos. Necesitamos pedirles que confíen en lo que decidamos, nosotros nos haremos cargo, haremos todo la posible por evitar que algo similar vuelva a suceder.

Olga matizó el tono fuerte y decidido de su hermana, con uno más sencillo y cercano; estaba haciendo todo lo posible por superar la barrera de la distancia, conectando con ellos.

—Por favor, sean sinceros en todo momento; tienen un derecho básico como seres humanos, y este es el derecho de sentir. Sientan y experimenten, nunca se nieguen a ello: si sienten deseos de llorar, háganlo, si están enfadados, sepan que nadie va a censurarlos. Si necesitan ayuda, compañía, o incluso alguien necesita un calmante, o simplemente una persona con quien hablar, permitan que las personas en la torre apropiada los asistan, ya que ese es un sitio en donde nadie los va a juzgar, evaluar o criticar; si no necesitan esto y prefieren usar los espacios, háganlo, pero les pido que no lo hagan solos. Si no desean la compañía de nuestros maestros o ayudantes, no se preocupen, pero en ese caso, tomen apoyo de ustedes mismos: nunca, como ahora, la amistad y el amor será tan importante, porque incluso el dolor es más soportable, en compañía.

Sin que ninguna de las dos lo mencionara o hiciera gesto alguno, Reus, el menor de los hermanos, avanzó un breve paso y se dispuso a hablar; Serene notó de inmediato el color tan brillante del celeste de sus ojos, que según se decía, era idéntico en los tres, aunque ellas usaban modificaciones de tono en ocasiones. Parecía tan joven, puro y bello como muy pocos hombres podía ser.

—Sólo quiero decir que sabemos lo que están pasando. También hemos perdido a alguien alguna vez.

No dijo más, pero su voz pareció permanecer por un instante adicional, suspendida en el aire. Dedicó una mirada a todos retrocedió hasta quedar al lado de su hermana.

—Por favor —continuó Olga—, hagan saber a sus maestros si necesitan asistencia, y no olviden que estamos aquí para ustedes.

Los tres hermanos hicieron una breve despedida, tras lo cual la imagen de Olga se desvaneció, y Kalrei junto a Reus salieron en silencio.

—Esto es algo terrible —dijo Serene una vez que los hermanos salieron del lugar—. Es una situación tremenda, algo que es imposible de aceptar.

Mientras tanto, Kalrei salió de la residencia, en compañía de su hermano y Dvorkia, quien llegaba en esos instantes.

— ¿Ya tienen el informe definitivo?
—Así es, el personal del servicio forense se fue hace un momento: la causa oficial de la muerte del chico es una herida punzante con salida, en la zona del cuello, afectando a las vértebras y arteria, teniendo como resultado una pérdida instantánea de las funciones neuronales.
—Murió sin saber lo que había pasado.
—Correcto.
— ¿Y qué lo provocó?
—La manipulación descuidada y sin los elementos apropiados de seguridad de la barra metálica que causó la herida, en el contexto de utilizarla sobre un impulsor de energía variable, con el objetivo de equilibrarla y tomar datos referenciales para un proyecto.
— ¿Estaban convencidos?
—Sí, el impulsor concuerda con los datos que ellos mismos detectaron de las características de la herida y trayectoria.

Kalrei asintió; era una tranquilidad que la verdad modificada quedara cono oficial, desplazando a la verdad completa, que fuera de los confines de la academia sería mucho más difícil de sostener sin tener que dar una gran cantidad de explicaciones. Después de todo, la muerte se produjo de la misma forma y por razones muy similares, excepto que en vez de manipular de forma errónea un artefacto, lo había hecho con el poder de la piedra; de alguna manera, el personal encargado de comunicarse con la familia conseguiría convertir esa acción equivocada en un trágico accidente, evitando culparlo.

—Reus, tu intervención fue apropiada, lo que dijiste sirvió mucho para conectar con la gente.
—Gracias hermana.
—Estaba preocupada por lo callado que estabas.

El joven miró en todas direcciones mientras caminaban, como si temiera que alguien los estuviera escuchando.

—Ya sabes que no soy muy diestro hablando en público, no tengo el mismo talento que ustedes.
—Tonterías, sólo debes relajarte, y todo sucederá de forma muy natural.

Tal como lo esperaba, Olga la llamó después del tiempo suficiente para estar lejos de la residencia; contestó proyectando la imagen de su hermana sobre la pantalla de luz sólida del móvil.

— ¿Cuál es tu opinión de la reacción de los estudiantes?
—Todo lo que podemos esperar en una situación como esta —replicó con seguridad—, y se tomaron bastante bien lo que les dijimos.
—Estoy leyendo el informe oficial —comentó, tras asentir al comentario anterior—; me parece que es correcto, lo apruebo.
—También yo —Kalrei esbozó una ligerísima sonrisa—, así que todo está controlado. De todos modos, me preocupa que tengamos una crisis de tranquilidad, que los estudiantes se sientan inseguros por demasiado tiempo.

Olga frunció ligeramente el ceño, pero un instante después reobró su habitual calma; podía estar siendo algo insensible, como de costumbre, pero Kalrei tenía razón, cuando hablaba de una potencial crisis de seguridad: de momento, era imposible calcular cuánto afectaría a los estudiantes aquella muerte, pero resultaba de una importancia fundamental utilizar todos los métodos posibles para poner en movimiento otra vez la máquina de la academia, reintegrando a los estudiantes a sus labores habituales, y logrando que no perdieran el norte. El desarrollo de los chicos y su evolución en profesionales exitosos era primordial, y ni siquiera algo tren terrible como una muerte podía detenerlo. En ese momento pensó que, muy probablemente, el acuerdo al que llegarían, sería utilizar el mismo hecho como un aliciente para los estudiantes, haciéndoles ver que era parte de su deber continuar con la rutina y, que esa actitud sería un homenaje póstumo, y muy merecido.

—Tienes razón en lo que dices; llegaré dentro de poco, sugiero que nos reunamos en las instalaciones del alto mando con los maestros de piedra, para que analicemos este tema.
—Estoy de acuerdo; en cualquier caso, nos íbamos a quedar aquí por lo que tenemos que supervisar, así que es una oportunidad para programar las acciones a seguir.
—Esto es una tragedia para la institución.

Reus habló por primera vez, mientras aún se desplazaban hacia las instalaciones del alto mando.

—Todo va a salir bien, estoy seguro, hermana.
—Gracias Reus. Por cierto, estuve muy sorprendida por tu intervención, lo hiciste muy bien.
—Te lo agradezco.
—No es tanto un elogio cono un reconocimiento —la mujer hizo una pausa muy breve—. Reus, es importante que tomes conocimiento de los labores y ocupaciones que tenemos, y comunicarte con los estudiantes es un muy buen paso.
—Lo sé, Kalrei me estaba diciendo lo mismo.

Olga asintió, algo pensativa. Qué lejano parecía el momento en donde la mayor preocupación era localizar una potencial piedra doble.

—Hablaremos luego.

Al interior de la residencia, las palabras dichas por los hermanos habían dado un nuevo golpe en los estudiantes; tras la confusión inicial, la conmoción y el miedo, la confirmación de los hechos hacía que todo aquello que conocían se tambaleara, tomando una nueva dimensión en donde la muerte de una persona tenía un peso jamás antes imaginado. Maud y Lena estaban sentabas en uno de los sillones, apoyándose la una en la otra.

—Es imposible —estaba diciendo Maud—, sé que lo acaban de confirmar dos veces pero... no puedo creerlo, es como si todo esto fuera una pesadilla.

Lena estaba al tanto del nexo que unía a su amiga con Oskar; lentamente, la simpatía inicial se convirtió en amistad, y aunque para ella resultaba evidente que él tenía un interés romántico, la amistad que demostraba por ella era genuina, y esa honestidad a la hora de relacionarse con los otros era una clara señal que lo definía como persona. Oskar era un chico honesto, amable, y no esperaba nada distinto de la vida, que aquello que estaba sucediendo; no se hizo de la amistad de Maud esperando que naciera algo romántico, lo hizo porque apreció en ella todas sus cualidades. Lena se quedó nuevamente sorprendida y desolada de la forma en que, casi inconscientemente, estaba transportando todo lo relacionado con Oskar, al pasado, de la misma forma en que se refería a otras personas.

—Amiga mía, no sé cómo consolarte, porque estoy tan impactada como tú.
— ¿Pero cómo es que puedo asimilarlo? —había un toque de desesperación en su voz— Hablamos ayer Lena, ayer, y ahora simplemente...
—Lo siento tanto.
— ¿Qué hiciste tú?

Lena se aclaró la garganta; era un tema que para ella no era lo mismo, y así se lo hizo saber; la pregunta fue subrepticia y un poco violenta, pero entendió que su amiga no lo estaba haciendo por maldad, sino que era un signo de los sentimientos que la superaban.

—Lo siento, pero no creo que mi experiencia te ayude en esto: mi familia murió cuando yo tenía seis años, como te conté, así que no recuerdo prácticamente nada de ellos. Mis padres son los que están en la imagen que viste cuando estábamos conversando, y es cierto, tergo muchos sentimientos por ellos, pero no puedo comparar.

Maud hizo una pausa para secarse las lágrimas. Lena sólo había hablado de forma superficial del tema, y tenía motivos para ello: le había dicho que no era un asunto especialmente sensible para ella puesto que sus recuerdos eran muy vagos, pero prefería profundizar en el asunto cuando tuvieran la calma apropiada y el tiempo para eso. Hasta ese momento era un tema pendiente.

—Perdóname, hablé sin pensar.
—No tienes que disculparte.
—Siento que todo me da vueltas ¿Entiendes? Hablaron de un accidente ¿Qué clase de accidente puede provocar algo así?
—No sé si lo que voy a decir es lo correcto —dijo Lena, en voz baja—, pero siento que si te haces esa pregunta una y otra vez, sólo te estarás haciendo más daño.

Iba a continuar hablando, pero tuvo que hacer una pausa, al sentir que las lágrimas asomaban nuevamente a sus ojos; sintió un nudo en la garganta, pero aunque estaba asustada y sentía una enorme angustia, se obligó a mantener la calma, considerando que Oskar era más cercano a Maud que a ella; ya habría tiempo para asimilar todo lo que estaba pasando, y saber qué tan doloroso era, en la actualidad, estar enfrentada a la muerte de alguien a quien conocía.

—De momento —escuchó su propia voz quebrarse, pero prosiguió— lo único que podemos hacer es tratar de resistir, y esperar.

En ese momento el grupo estaba algo más diseminado, y Aziare aprovechó la oportunidad para acercarse a las chicas: se sentó en frente de ellas.

— ¿Cómo están?
—No lo sabemos con exactitud —replicó Lena—. Aún no lo podemos creer.
—Para todos es difícil —dijo la maestra—; pero no se alejen, ni se aíslen. Estoy aquí para ustedes.
—Gracias.

Mientras tanto, Esteban estaba un poco más alejado del resto, acompañando a Sebastián, quien tenía una placa fría en la pierna izquierda, la cual había sido indicada para restaurar el daño sufrido luego de su salto por la ventana al principio de todo eso.

— ¿Mejor?
—Sí, no es nada — replicó con tono ausente—. Todo esto es increíble, te prometo que no puedo creerlo.
—Tampoco yo. Disculpa por la pregunta ¿Alguna vez viste un accidente fatal cuando corrías?
—No —se encogió de hombros, apesadumbrado—. En los años que corrí, sólo hubo una muerte, y fue por razones distintas. Un piloto sufrió un problema cardíaco, algo repentino, y cayó de la moto: tuvo varias fracturas, pero sobrevivió. Estuvo un par de semanas en recuperación, pero fue empeorando. A final, sucedió, pero todo eso estaba previsto.
—Es terrible que haya pasado —comentó en voz baja—. Pero parece que hay alguien a quien esto no le importa lo suficiente.

Miró en dirección a Miraz, quien, fiel a su costumbre, se mantenía un poco apartado del resto, en silencio y sin interactuar; antes había cambiado completamente su percepción de él en la arena de entrenamiento, pero aún conservaba muchos cuestionamientos de su forma de comportarse.

—Oye —le dijo acercándose a paso rápido—. Hay algo que quiero saber ¿Te importa algo de todo esto?
—Esteban, espera.

Sebastián se había acercado, cojeando un poco por la lesión; sin embargo, el otro no le hizo caso.

—Es sólo una pregunta, es difícil saber lo que piensas porque nunca dices nada.

Miraz le dedicó una enigmática mirada, pero aún no respondió.

—Disculpa —dijo Sebastián interponiéndose entre ambos—; sólo está alterado, no es algo personal.
—No hagas este escándalo —replicó el aludido, al fin—. Demuestra algo de respeto.
— ¿Lo estás demostrando tú con esa actitud?
—Yo no lo conocí —señaló el hombre con fría determinación—. Sería una farsa si demostrara un sentimiento que no tengo hacia él; si te importa, o si era tu amigo, entonces guarda silencio, y preocúpate de apoyar a los que sean más débiles que tú. Deja a los muertos en paz, ellos no pueden defenderse, y ocúpate de los que siguen aquí.

Ambos se quedaron estupefactos al escuchar las serias palabras de Miraz; lo que había dicho era más que una oración, sonaba como una declaración de principios, un conjunto de palabras que determinaban mucho más que sólo lo que estaba pasando en ese momento. Además, lo que decía tenía un sentido concreto, tanto para lo relacionado con la muerte de Oskar, como con la vida en general; Esteban hizo un asentimiento, tras un momento de silencio incómodo para los tres.

—Lo siento, te juzgué mal de nuevo; pero déjame prometer que no voy a volver a equivocarme contigo.
—Disculpa por la interrupción —agregó Sebastián—, y gracias.

Los dos volvieron al lugar en el que estaban antes, y Sebastián volvió a sentarse.

—Fuiste muy apresurado con eso ¿qué le pasa a todo el mundo con Miraz?
—Supongo que cometen el mismo error que yo —respondió, mirando de reojo—, juzgar sin tener nada en concreto: Serene y Mónica hablaron mal de él por su apariencia, eso desde el principio, y creo que la mayoría en algún momento, por no conocerlo. Supongo también que él no ayuda mucho, porque casi no habla con nadie, pero ¿ves a los demás? Ahora que lo pienso, no estoy tan seguro de si todos ellos realmente están tristes por Oskar, o por lo que sea que haya causado ese accidente. Miraz es un hombre muy maduro, tengo la sensación de que ha vivido muchas más cosas que nosotros.

Sebastián miró a los demás, uno de uno, y se dijo que estaba seguro de los sentimientos de varios de ellos.

—Me preguntaba ¿Qué podemos hacer para ayudar a los demás?
—A lo mejor sólo acompañarlos. Y esperar a que nos dejen ir a verla, estoy muy preocupado por ella, por lo que debe estar pasando luego de ver lo que vio; estoy desesperado por llamar a lrene, pero no puedo hacerlo, sería incorrecto, además ella es el único apoyo de Priscilla en este momento.


Próximo capítulo: El adiós que nunca dijiste


Sten mor 7/5 Capítulo 03: La hora del pacto



Galpón de entrenamiento de tiro a distancia. Miércoles 30 de junio.

Oiren estaba de pie frente al resto del grupo, mirándolos con frialdad mientras esperaba una respuesta a la interrogante que había planteado.

— ¿Tienes idea de lo que estás diciendo ?
—Por supuesto que la tengo —su respuesta sonó sencilla, dicha sin ninguna intención, mientras sus ojos decían todo lo contrario; su mirada reflejaba una determinación que nadie advirtió antes— Estoy hablando de algo tan simple como decidir lo más apropiado en una situación adversa; no pueden decirme que nunca antes en su vida pensaron en lo más conveniente.

Mónica frunció el ceño. Este tipo es un monstruo, se dijo, pero al mismo tiempo luchó por desterrar de su mente esa idea, al menos de momento; el instinto de supervivencia primaba en ella.

—Oiren —Krau habló muy lento, procurando medir cada una de sus palabras mientras todo en su cabeza era un caos—, lo que estás sugiriendo es mucho más que buscar alternativas a un caso.

No podía dejar de pensar en lo tranquilo que se veía Oiren; de todos en ese grupo, incluso en la academia, la última persona de quien esperaría una actitud así era de él. Sin embargo, no era ciego, y supo desde el principio, cuando ese grupo se formó, que él no era una blanca paloma, y que algo, o todo de su actitud era fingido, que en el fondo no era tan distinto a él, si se trataba de ambición.

—Lo que estoy sugiriendo es que se calmen y piensen, aunque sea un momento.

En ese instante, las miradas de Mónica y Krau se cruzaron, y ambos entendieron a la perfección lo que estaba pensando el otro; desde muy al principio de las clases, ambos habían encontrado un punto de unión, pero sólo en ese instante se vieron al cien porciento uno al otro. Desde entonces, podrían entenderse de un modo que quizás nadie comprendería, pero que para ellos no tendría dificultad.

—Entonces, genio, dime qué es lo que tienes en mente.
— ¿Que? —la exclamación de Alej sonó más como un gemido—. No estás hablando en serio.
—Oskar está muerto.

Las palabras de Úrsula se escucharon roncas, con una entonación venida de ultratumba; incluso después de las palabras de Oiren, era ella la primera en atreverse a decir el nombre, y provocó en todos, incluso en quien había mantenido la voz por sobre los otros, un respingo, pese a lo cual ninguno volvió a mirarlo; todos le daban la espalda.

—En este momento el reloj está marcando las siete treinta y cinco —su voz se escuchaba vacía y monótona en esos instantes—. En menos de 25 minutos alguien va a notar que no estamos, o que él no está. Mientras tanto, todavía es posible que todos piensen que cada uno de nosotros está en otro sitio, es eso de lo que estás hablando.

Oiren asintió, entre pensativo y ligeramente divertido.

—Tenemos veinte minutos para hacer algo al respecto.
— ¿Algo como qué? —por primera vez, la voz de ella se impuso. La parte salvaje de su ser se negaba a quedar como una chica llorona—. No dijiste todo ese discurso por que sí, tienes algo planeado, dilo de una maldita vez.

Todas las miradas se concentraron en él, y por contra de lo que cualquiera podría haber esperado, en ningún momento se mostró alterado por ello; resultaba evidente que algo era distinto en él, pero sólo ahora ellos lo descubrían.

—En primer lugar, nadie lo ha tocado; no nos hemos movido en esa dirección, apenas nos desplazamos uno o dos pasos. Sólo hay que salir de aquí sin que nos vean, y asegurarnos de que nos vean en otro lugar antes del inicio de las clases, y dejar que el tiempo haga el resto del trabajo.

Alej sintió ganas de gritar, pero no por lo que acababa de escuchar, sino por que eso sonaba lógico y hasta sencillo de poner en práctica para él.

—Eso no va a evitar que se sepa.
—Lo que sucedió. Pero nadie tiene que saber cómo.
— ¿Y cómo se supone que vas a explicar la forma?

Por supuesto, él tenía una respuesta preparada para eso, igual que para lo demás; se tomó un instante para formularla, como si recién en ese momento estuviera terminando de llegar a esa conclusión, aunque para nadie fue ya un misterio que esa información estaba clara en su mente.

—Ninguno de nosotros ha usado su habilidad desde que entramos en este lugar; y, la energía residual no deja huellas identificables que se pueden asociar a una persona en particular.
—Lo que estás proponiendo es...
—Lo único que tenemos que hacer es manipular la energía residual, de la misma forma que antes, pero en esa dirección; después de eso, cualquier persona con los conocimientos indicados, sacará la conclusión correcta.

Se hizo un extenso silencio en el grupo, durante el cual todos sopesaron las palabras dichas con fría calma por Oiren. Krau no necesitó mirar a Mónica para saber que ella estaba pensando lo mismo que él, e incluso habría apostado que las palabras serían las mismas. Si no lo hacemos, terminaremos en la cárcel antes que termine el día.

— ¿Cómo sabes que alguien percibirá la energía residual en él, pero no en nosotros?
—Lo único que tenemos que hacer es usar la habilidad base una vez que estemos fuera de radio; el rastro de energía residual quedará cortado en ese momento, y en el evento que alguien creyera que hay otras vetas además de las que hay aquí, ya sería demasiado tarde para poder comprobarlo.

Era demasiado tarde para muchas otras cosas, se dijo Mónica. Pero al mismo tiempo, tenía razón en que los rastros de energía podían borrarse; ahora sólo faltaba que esa idea tuviera una utilidad práctica y no los descubrieran a los cinco minutos; por otro lado, mirando la situación con algo más de distancia, la muerte de una persona era un asunto tan poco común, que el evento causaría caos en la academia, el suficiente para que las sospechas de culpabilidad quedaran relegadas a un lugar muy secundario.

— ¿Empezamos ya? El tiempo está pasando muy rápido, por si no lo notan.

Para manipular energía residual, no era necesario usar la habilidad base, y en ese momento además, era primordial mantener esa regla. Habían aprendido a usar esa forma de energía mediante un movimiento que imitaba el sellado para el uso de la piedra, pero sólo en el inicio del gesto, quedando detenido en esa posición; habitualmente necesitaban algunos minutos para comenzar a gestionar, pero como en esa jornada ya lo estaban haciendo, sólo bastaron segundos para poner en práctica la corriente de energía que en primer lugar los había llevado ahí; se mantuvieron a prudente distancia, todos de alguna manera, intentando no mirar el cuerpo tendido en el suelo, tratando de ignorar la mancha de sangre que con el paso de los segundos se hacía más extensa. Tres minutos después, Oiren anunció que el proceso ya estaba terminado.

—Ahora tenemos que salir de aquí.
— ¿No habrá una forma —preguntó Alej—, en que puedan detectar que estuvimos en este sitio?

Oiren había dado un paso hacia la puerta, pero se detuvo antes de contestar. Había hecho el desplazamiento cuidando no acercarse en momento alguno al cuerpo, pero su actitud corporal demostraba total despreocupación, como si de alguna manera supiera en su interior, que no había peligro para él, en una suerte de ruleta con resultados exactos, ya previstos.

—Todos hemos estado aquí en algún momento —respondió con suavidad—, en más de una ocasión, todos los estudiantes, y los docentes.
—Pero ellos no estuvieron aquí hace poco —le espetó Úrsula—. Sabes de lo que habla.

Ambos se miraron fijo durante unos segundos, ella no dispuesta a ceder, él con una expresión indescifrable en el rostro.

—Mientras más pronto salgamos de aquí —replicó al fin, con suma calma—, más pronto se enfriará el rastro; entre que se den cuenta que no está, y alguien lo localice aquí, será más que suficiente; no estamos en una película de acción, no van a aparecer oficiales de policía armados saltando por las ventanas. Lo que va a pasar es que nadie va a saber qué hacer, y eso va a hacer más fácil que los hechos se vayan dando. Y por favor, que a nadie se le ocurra sugerir accidentalmente buscar en este sitio; incluso si empiezan las clases, o aunque pase todo el día, sigan actuando como siempre.




2


Algunos minutos después, todos ya habían salido del antiguo estadio de tiro, y discretamente, por separado, se reintegraron a las dependencias de la residencia. Una vez allí, aprovechando que aún era temprano para el inicio de la jornada y muy probable era que hubiera pocos alrededor, Krau se aventuró a ir al cuarto de Mónica. Ella estaba sentada en la cama, en apariencia nada sorprendida de verlo ahí.

—Pensé que te ibas a tardar menos.

Krau hizo una pausa mientras la puerta del cuarto se cerraba a su espalda; sentía que la paranoia se empezaba a apoderar de él.

—No recogiste tu cama.
—La volví a poner cuando entré —replicó ella, sin moverse—, no me molestes con eso.
—Tienes que recoger ahora mismo —ignorado sus palabras, activó un asiento en la muralla, y se sentó—, no puede parecer que eres desordenada, además tú no lo eres.
— ¿Recuerdas si tienes algo pendiente que conversar con alguien, algún proyecto?

Se miraron un momento, hasta que él se llevó las manos a la cabeza, revolviendo el cabello con un cierto toque de desesperación; había cometido el error de subestimarla, de pensar que igual que los demás, estaría desesperada por lo sucedido en el estadio de tiro, pero aunque, desde luego no estaba bien, su mente estaba trabajando en lo que tenía que pasar después y en las acciones que ellos tenían que poner en práctica.

—Está bien, tienes un punto perfecto en eso, no lo había pensado.
—Te queda muy poco tiempo para saberlo.
—Vamos a estar —dijo, como si de alguna manera eso fuera siguiendo el hilo de lo que estaban hablando—, ya sabes, al centro de lo que va a suceder, estaremos en primera fila cuando todo explote.

Mónica se puso de pie; en realidad, había poco que pensar, pero enfrentada a esa situación, sentía que cualquier cosa, hasta el más mínimo detalle, significaba un gran desafío. Pero todo estaba ya dicho, ella y los demás habían tomado la sugerencia de Oiren y hecho lo que se esperaba, aliarse, reunir sus habilidades y estar disponibles para encubrir sus actos, pagando el precio desde ese momento. La posibilidad de echar pie atrás era deshonrosa, y además exponía a quien tuviera semejante idea, a ser culpado por los otros, si es que ellos decidían salvarse.

—Es mejor estar. O no, no es mejor, pero es la única alternativa que tenemos.
— ¿Se supone que hacemos un ensayo de nuestras reacciones cuando todo se descubra? —Krau hizo una mueca al imaginarse a sí mismo poniendo cara de sorpresa. ¿Dónde estarían cuando pasara?
—Cuando se descubra lo que él quiere —replicó ella, con voz ronca—, y no, por ningún motivo; es más, no tenemos que pensar en eso, improvisar es lo que va a funcionar mejor; hay que considerar que no sabemos si va a pasar cuando estaremos en una sala, comiendo o como sea.
—No creo que pase demasiado tiempo.

Nuevamente se quedaron en silencio, mirándose a los ojos; Mónica estaba presionada, sabiendo que mientras estaban ahí, el cuerpo de Oskar seguía tirado en el estadio de tiro, boca abajo, con la cabeza volteada un poco hacia la derecha y un agujero sanguinolento en la base de ella. No sabía con exactitud lo que sentía en ese momento, excepto una especie de sórdida envidia por Oskar: él estaba muerto, y no tendría que enfrentar nada de lo que ella, no estaría obligado a poner caras frente a los demás, ni a callarse la desesperación de ver su existencia a punto de desvanecerse. Por supuesto, esta envidia era puramente palabrería, imágenes y pensamientos que aparecían en su mente, porque la realidad es que él estaba muerto, él no tendría la opción de intentar escapar.

—Qué situación —dijo él, en su voz había, por primera vez, un matiz de mordacidad—, me pregunto si podremos sobrevivir a esta situación.
—Estamos un paso más adelante de lo que habríamos podido sobrevivir en otras condiciones —repuso ella—. Pero no puedo negar que aun me tiene muy pendiente un asunto: el cómo llegamos aquí.

Krau se permitió distraerse un instante, y fue a sentarse en la cama de ella, mientras la chica extraía de la pared el dron que realizaba la limpieza del suelo en el cuarto; en otra circunstancia, sería una falta de respeto que alguien se sentara en la cama de otra persona, sin haber pedido permiso para ello, pero no le importó, y supo que a ella tampoco le importaría. A mismo tiempo, se dijo que la forma de comunicación entre los dos estaba haciéndose más sólida palabra a palabra, llegando a un punto en que sabía que muchas cosas no serían necesarias entre ellos, como ciertas formalidades enseñadas desde el seno materno; era un bálsamo en medio del infierno en el que estaban cayendo.

—Ya había pensado en eso, creo que es lo único que pensé con claridad en este rato.
—Tampoco ha pasado tanto.
—Cierto. El punto es que no es tan importante.

La mirada de ella demostró todo su escepticismo.

—Es demasiado importante.
—No estoy hablando de eso —dijo Krau—; me refiero a que él no pudo haberlo hecho. No dudo que en otras circunstancias, pero en esta, no pudo, por que se perjudica.
—No parece nada preocupado.

Ambos sabían que ese era un tema de máxima relevancia: si bien, por un lado la muerte de Oskar era un asunto que los ponía contra las cuerdas, y el plan para ocultar las pruebas de su culpabilidad eran un salvavidas, el principal suceso de esa jornada no era ninguno de aquellos, ni siquiera lo era el próximo descubrimiento del cuerpo. Era Oiren, y lo que significaba a partir de ese momento cada palabra, cada gesto que pudiera decir; ambos, en determinado momento del tiempo, habían llegado a la misma conclusión: Oiren era un tipo callado, inseguro y timito, pero sólo porque no había tenido la oportunidad de ser diferente, mientras que ahora tenía acceso a poder, sobre las habilidades a las que le daba acceso la piedra, y sobre otras personas, al tomar decisiones y anticipar hechos. Mónica, unos momentos antes que Krau llegara a su cuarto, había llevado esas conclusiones un paso más allá, preguntándose qué tanto poder podía necesitar, o desear.

—De todos modos no importa —Krau inspiró profundo antes de hablar—; si cometimos un error, definitivamente fue aliarnos con él.
—A la larga, aliarse con casi cualquier persona es una pérdida.
—Lo que nos queda es mantenernos en el plan —se puso de pie resueltamente—, y estar pendientes al máximo.

El silencio entre los dos en esta ocasión fue más breve, pero al mismo tiempo, mucho más revelador; habían encontrado una frecuencia, en la que la comunicación con palabras era solo una máscara, un tapiz que cubría las verdaderas intenciones. Tantas cosas que no habían hablado, tantos recuerdos o vivencias eran innecesarias, porque ambos pudieron leer en el otro a una persona que era tan similar, que por momentos era como verse en un espejo que reflejaba el todo, sin mentiras, sin juicios.

—Tendremos que estar alerta, no podemos dejar que nos controle más de lo que ya lo está haciendo.

Mónica puso a funcionar el pequeño dron y se dirigió hacia la cama, para ordenar la ropa. Krau salió en silencio del cuarto.





3


Alej estaba seguro de haber regresado a su cuarto antes que todos los demás; lo perseguía un sentimiento de paranoia, que hizo que viera movimientos y sombras en todas partes, a punto de mirarlo, demasiado cerca de descubrirlo. Se encerró en la habitación y programó las ventanas en oscuridad total, encendiendo sólo las luces tenues del escritorio. Las ganas de vomitar y gritar habían pasado, o quizás nunca las tuvo, y sólo se las imaginó; oculto en lo que se le antojó, la débil seguridad de su cuarto, hizo algo que siempre se le antojó ridículo en algunas películas de acción, pero que en ese momento le resultaba innecesario: se quitó la ropa y entró en la ducha, quedando bajo el agua a la temperatura perfecta, intentando no pensar en nada. Cinco minutos después, reaccionó en que tenía que reintegrarse, que era necesario salir de ahí, y comportarse como si nada extraño estuviera pasando, así que salió de la ducha y se secó, aunque nuevamente se quedo ahí, detenido frente al espejo, en donde un hombre de cabello rubio lo miraba con una expresión que él mismo no podía comprender; tenía que ponerse a hacer ejercicio, o muy pronto los efectos de ser más bien sedentario serían superiores al poder de la juventud, y 24 años era un buen momento. Le gustaba el color bronceado de su piel, que aunque era más bien blanca, siempre lucía saludable, y eso se lo debía a su padre, quien desde pequeño lo llevaba junto a él a la sala de sol ubicada en las dependencias de la empresa; de pronto empezó a reír, y la imagen de sí mismo, desnudo, solo, riendo frente a un espejo, hizo que riera aún más, más fuerte y de un modo más incontrolable, hasta el punto en que tuvo que taparse la boca con las manos. La risa se apoderó de él, golpeando el interior del cuerpo con cada contracción de los músculos, haciendo que perdiera el control de los párpados, dejando entonces los ojos muy abiertos y exponiéndolo a derramar lágrimas; no supo si estaba llorando de desesperación, o de histeria por la risa que sentía, ni siquiera si eran lágrimas por alguna emoción en realidad, o sólo el resultado de permanecer por más tiempo con los ojos abiertos, ahora mirando sin ver, sintiendo que era la situación más absurda del mundo estar recordando cuando era un chico y se asoleaba con papá, que era ridículo estar considerando si sus piernas o abdomen estaban flácidos o no, cuando a unos cuantos cientos de metros, el cadáver de Oskar se estaba enfriando segundo a segundo. Para cuando logró callarse, o se quedó sin energías para seguir riendo, se dio cuenta de estar sentado en el suelo, con el cuerpo un poco helado, y el vapor del agua de la ducha terminando de desaparecer; aún faltaban algunos minutos para que tuviera que regresar a la vida ordinaria, de modo que se vistió rápido, se lavó la cara de nuevo, y procuró concentrarse en lo que tenía que hacer.

Úrsula.

Se sentó ante el escritorio y activó la comunicación directa en el terminal de comunicación del cuarto, el que desplegó la pantalla holo en espero de una respuesta; mientras se establecía la comunicación, quitó del espacio visual algunos bocetos demasiado subidos de tono, y ordenó rápido, aunque en realidad no parecía que  Úrsula contestó al tercer toque, su rostro mostraba desagrado, o molestia.

— ¿Qué quieres?
— ¿Cómo te gusta el café?

La inesperada pregunta hizo que ella quedar a un momento inmóvil ante la imagen de él, sin comprender bien de qué estaba hablando él; un momento después, hizo una mueca parecida a una sonrisa, y una suerte de bufido.

—Si estás tratando de ser un conquistador, lo haces pésimo, en mal momento, y en mala facha, tienes los ojos rojos.

Alej se encogió de hombros.

—Sé que te caigo bien, te conquisté cuando había pasado muy poco tiempo desde que entramos; pero no quiero conquistarte románticamente, sólo saber.

Úrsula adoptó una expresión más seria.

—Estamos perdidos. Todo está perdido, no tenemos ninguna esperanza.
—Quizás sí.
— ¿Porque lo dice Oiren? —hizo un gesto de desagrado mientras se soltaba el cabello—. Él puede ser inteligente, pero no es tan inteligente, se le está escapando algún detalle.
—Todos nosotros somos inteligentes —repuso Alej—; tal vez tenemos que dejar de desesperarnos y empezar a actuar más como Krau o como Mónica en sus días buenos.
— ¿Tú crees que ellos ahora están actuando así?

La chica se había recostado en su silla, y él pudo ver una pequeña porción del escritorio de ella; llamó su atención un cubo de luz decorativo, que emitía un suave brillo de color violeta; se dijo que tenía que recordar a toda costa ese tono de violeta en particular, que quizás si se imponía pequeñas metas todo sería mucho más fácil.

—Sí, eso creo. Esos dos, son unas bestias ¿Sabes? No importa que se hayan asustado cuando pasó, todos lo hicimos, pero ahora ya volvieron a su centro.
— ¿Y no te preocupa él?
— ¿Oiren? —replicó con una media sonrisa que era por completo falsa—. Claro que me preocupa, porque está loco.
—Está loco, y es inteligente —apuntó ella.
—No sólo eso, está loco, es inteligente, y nos tiene en sus manos, porque toda esta idea fue suya, si no fuera por él nosotros...

Ella lo hizo callar con un gesto de la mano; Alej reaccionó a tiempo y guardó silencio, asintiendo como señal de haber entendido. A pesar de saber que las comunicaciones no eran monitoreadas dentro de las instalaciones, cada uno de los dos había supuesto que lo más recomendable era hablar de forma vaga, sin dar detalles comprometedores, los que además resultaban incómodos para ambos.

—El punto es —siguió, menos acelerado que un momento antes—, que nos lleva la delantera, pero él sólo es uno, y como dijiste, se le escapa algo; o supongo que sí, hasta ahora no veo de qué forma está pasando, pero tampoco... no importa, a lo que quiero llegar, es a que tenemos que contar con algo en nuestros manos, un punto nuestro.
— ¿Como que nosotros descubramos esa falla en el plan?
—Algo así —respondió él—; supongo que eso no nos hará estar demasiado seguros, pero ya sabes, mejor algo que nada.

Úrsula se quedó mirando un momento a la nada, hasta que al fin habló. Parecía mucho más tranquila que antes.

—Está bien, pero no podemos hacerlo sólo nosotros; tenemos que unirnos con ellos, es la única manera.
— ¿No confías en ellos?
—Tampoco confío en ti —replicó ella sin dificultad—. Esto no es un club social, todos vinimos buscando más poder.

Y ahora mismo, sólo Oiren lo tiene, pensó Alej.

—De acuerdo —accedió, intentando sonreír—, entonces haremos eso.




4


Oiren entró a su cuarto y cerró la puerta tras sí; tenía algo de apetito, pero tendría que esperar hasta que fuera más tarde, por que era improbable que alcanzara a llegar al casino, tomar algo apropiado y sentarse a comer, antes de tener que salir a la primera clase del día; se cambió el calzado por unas zapatillas más cómodas, y tomó algo de agua del grifo del baño de su habitación. En ese momento el reloj marcaba las siete y cuarenta y cinco, lo que significaba que tenía que regresar de inmediato a la vida corriente, antes que alguien sospechara que había un pequeño lapso antes de clase en el que no estaba ubicable. Tomó el móvil y marcó el número de los demás, estableciendo una conexión directa con los otros cuatro; unos segundos después, ya todos estaban conectados, y sus imágenes se proyectaban en la pantalla del teléfono a un costado de su propia imagen.

— ¿Todo está muy claro?
—Pensé que ya habíamos quedado de acuerdo en eso —replicó Mónica sin inflexión en la voz—. Lo ideal es que no actuemos de forma coordinada, lo acordamos hace un rato.
—Lo recuerdo —repuso con suavidad—, pero estuve pensando detenidamente en eso, y creo que lo más apropiado es dirigir las acciones, para evitar que alguien cometa un error.

Quedó frente a la pantalla, con una media sonrisa, a la espera de la respuesta de los demás; fue Krau quien replicó en primer lugar.

— ¿Sugieres una reunión de grupo?

Ninguno de los otros dijo nada.

—Sí.
—Entonces eso se hará, pero no ahora; tendremos que improvisar, y cuando suceda, entonces veremos la forma de reunirnos y decidir lo que haremos a futuro; faltan dos minutos par el inicio de mi jornada, y tengo una pequeña reunión con Celia, ella insiste en que revisemos los detalles de un proyecto que tenemos pendiente, así que tengo que dejarte. Ahora entiendo a Ferrán, que siempre está diciendo que se debe a sus compañeros.

Cortó la comunicación antes que Oiren pudiera decir algo; Mónica sonrió levemente antes de hablar.

—También tengo pendientes, y soy una estudiante responsable. Sé que encontrarás el mejor momento para organizar esa reunión.
—Parece que todos estamos preparados —comentó Úrsula tan pronto Mónica cortó su comunicación—, las cosas van como esperabas.

Después de un instante, sólo quedó Alej; sonrió, repentinamente divertido ante la situación que se estaba dando. De una forma inesperada, quien hace unos minutos tenía el control total de la situación, ahora quedaba más bien solo, y eso le hizo subir el ánimo.

— ¿Y entonces qué hacemos, cortas tú o corto yo?


Próximo capítulo: Organización sin fallas. Silencio



Sten mor Academia 1° Capítulo 24: El último minuto en el paraíso



Miércoles 30 de junio.

Itiel miró desesperado en la dirección que débilmente miraba Priscilla, y vio que Irene venía corriendo, prácticamente fuera de sí.

— ¡Priscilla! ¿Qué sucedió, qué le sucedió?

La joven esquivó a las personas que rodeaban la camilla suspendida, y se abalanzó sobre la otra chica, quien aún entre el pánico que estaba experimentando, pudo reconocerla. Durante un largo segundo, las miradas conectadas de ambas no admitieron a nadie más, y ese lazo ayudó a disminuir un poco el terrible estado de Priscilla, aunque seguía muy mal.

—Irene.
—Priscilla, Priscilla. Estoy aquí, estoy contigo...

Itiel se apartó para dejar que Irene la acompañara junto a los profesionales, quedando de pie a poca distancia del edificio; Naro se acercó a él y lo miró a los ojos, adivinando que había escuchado algo que definía esa confusa situación, y para peor.

— ¿Qué dijo?
—Es uno de nosotros —dijo con voz cortada por la emoción—, Priscilla vio a uno de nosotros, estoy seguro que lo que pasó es...
— ¿Qué? Dímelo.
—Alguien murió —replicó en voz muy baja—, uno de los estudiantes murió, es eso lo que ella vio, por eso está así.

Naro volteó hacia el estadio de tiro, e intentó hacer contacto visual con Omar, pero este se mantuvo estoico, firme, sin mirar a nadie más que al frente. Por un momento quiso contar a todos, uno por uno, pero se detuvo al instante, atenazado por el temor de que su expresión, o cualquier acción fuera de regla, pudiera delatar algo que de momento, aún permanecía oculto entre el secreto y la confusión generada por la alarma.

—No puede ser ¿Qué fue exactamente lo que decía, a quién mencionó?
—No lo dijo con claridad, no se estaba expresando correctamente —dijo, mirando en todas direcciones—. Pero todavía no estamos todos, y ella dijo algo acerca de la sangre, dijo "había tanta sangre"

No parecía haber motivo para que la Fuerza de seguridad estuviera allí, tan pronto después de dada la señal de alarma; Naro vio a los maestros, y su actitud determinada en esos momentos, y comprendió que si solo se tratara de una conmoción o un accidente personal, quizás los efectivos habrían llegado y vuelto a irse, pero estaban en el lugar, y era claro por las comunicaciones susurradas entre ellos a través de sus dispositivos, que la situación seguía en proceso. Definitivamente, la respuesta a todo se encontraba en el antiguo estadio de tiro, el que era celosamente custodiado por Omar, que parecía haberse vuelto de piedra.

—Tenemos que averiguar de quién se trata.
—Los maestros no quieren decir nada, Naro.
—Los demás se están reuniendo.

Los dos caminaron rápido hacia la gran explanada, sitio en el que se estaban reuniendo los demás. León, más nervioso que antes de la misteriosa instrucción de Gabriela, estaba tratando de coordinar a los otros, aunque sin éxito; había algo en su interior, un terrible presentimiento que no podía explicar, ni explicarse a sí mismo, que le decía que todo era mucho peor de lo que parecía, que estaba pasando algo que ni siquiera alcanzaba a dibujar en su mente; la voz de alguien llamó su atención.

— ¿Vieron a Maud?

Lena estaba muy nerviosa; Krau la tranquilizó a medias, hablándole con una calma forzada que contrastaba con el estado en el que estaba ella.

—Cálmate, no conseguirás nada poniéndote así ¿Habían quedado de juntarse antes de clase?
—No exactamente —replicó la chica, viendo la hora en el móvil—, pero no estaba en su cuarto y no contesta el móvil, casi dan las ocho ¿Dónde está, qué está sucediendo?

Isabelle se acercó a ella, hablándole con suavidad. También estaba muy nerviosa, pero sabía que en una situación de incertidumbre era necesario mantener la calma, dentro de lo posible.

—Escucha, vamos a estar muy tranquilas y vamos a buscarla, quizás sólo estaba distraída y está muy cerca de aquí.
—Esperen un momento —la voz de Serene se alzó por sobre las otras—, nos están reuniendo a todos aquí ¿Qué sucede?
—Seguramente es para descartar que alguien intervenga —comentó Edsel, aunque con poca convicción.
—No, nos están contando —exclamó ella con intensidad—. En el estadio de tiro sucedió algo, alguien está en peligro.

Las palabras de la rubia tenían mucho sentido para más de uno en el lugar; Luz vio la expresión de Gabriela y tuvo la intención de ir a preguntarle qué sucedía, pero después pensó que no era para nada una buena idea. Era evidente que los maestros de piedras y los especialistas estaban reuniendo a los estudiantes, y el nerviosismo en el ambiente era palpable. León escuchó esa exclamación, a medio camino entre una acusación y un ruego, y no pudo evitar mirar a los maestros, recordando las palabras de Gabriela, y principalmente por el tono que usó para pedirle que ayudara a reunir a los demás; si los estaban contado, necesitaba saber quién faltaba, pero a golpe de vista le resultaba imposible saber con exactitud la respuesta a esa interrogante.

—Sebastián ¿Estás bien?
—No es nada.

El chico sintió que su respuesta fue demasiado cortante; cuando saltó del edificio, dio una voltereta, pero aunque resultó sencilla, tenía un desgarro en una pierna; en cualquier caso, su reacción había sido inconsciente, pero no se arrepentía, ya que gracias a eso había ayudado al menos un poco, y eso era lo mínimo que podía hacer. Pero lo que estaba pasando en ese momento era mucho más importante que una simple lesión, y Febo estaba preguntando con una buena intención.

—Lo siento, estoy bien, es sólo que estoy nervioso, está pasando algo, creo que Priscilla vio algo.
— ¿Cómo lo sabes?
—Febo, cuando competí en carreras —le dijo en voz baja—, vi personas accidentadas, es algo que puede pasar, y vi también a personas que vieron accidentes; la reacción de Priscilla se parece mucho a cuando estás en shock por ver algo traumático ¿Entiendes?
—Oh cielos —murmuró Febo— ¿Qué puede haber visto? Oh no...

Los grupos se conformaban continuamente, cuando alguien cambiaba de lugar o veía a otra persona, de quien no tenía claridad un momento antes; varios incluso habían cruzado palabras con algunos con quienes de forma común no lo harían, ignorando otro tipo de diferencias creadas durante la estadía en la academia. En ese momento, la invisible amenaza era más importante.

—Estamos todos —dijo Oiren con tono de duda— ¿O no es así?
—Parece que no —Serene se acercó a él, con expresión confundida—, hay algo muy extraño, algo que no me gusta.
— ¿Te sientes mal?
—Gracias por preguntar, Oiren, pero no lo sé; necesito saber en primer lugar qué es lo que está pasando. Tú tienes tan buena memoria ¿Por qué no cuentas a todos? Estoy segura que sabrás de inmediato quién falta.

Lucio había llegado al lugar en ese preciso momento, en compañía de Rosario, quien estaba muy seria, manteniendo un impenetrable silencio.

—Lena, Maud está aquí.

La chica venía junto con Silvia, ambas caminando lentamente, ya en la misma sintonía de los demás; Lena se acercó a su amiga y la abrazó cariñosamente.

— ¿Dónde estabas? Cuando sonó la alarma te busqué en el cuarto y no estabas, y luego no supe dónde hallarte.
—Había bajado un momento antes —explicó Maud—; iba al al casino por un refresco, y cuando estaba bajando la escalera sonó la alarma; me puse nerviosa, y en vez de seguir bajando, me devolví a buscar el móvil.
—Entonces seguro nos cruzamos sin vernos.
—Es lo más probable —Maud habló más bajo—. Esta situación se está volviendo terrorífica ¿Por qué no nos dicen qué sucede?
—Estaba preocupada por eso mismo —Lena sintió un nudo en el estómago—. Serene acaba de decir que nos están contando, y creo que tiene razón, pero ¿Quién falta?

Ikronne le estaba haciendo la misma pregunta a Úrsula en ese momento.

—Somos 33 —dijo sin intentar hablar más bajo, en ese momento no podía procesar la diferencia de volumen de su voz por causa del nerviosismo—, creo que no estamos todos ahora mismo.
—Faltan siete personas —apuntó Lucio, acercándose—. No, cinco, se viene acercando Miraz.
—Parece demasiado tranquilo —comentó lkronne, mirándolo de reojo—; él es tan extraño, parece como que nada le preocupara.
—No es momento para eso —Lucio suspiró antes de seguir—. Quizás es mejor que esté tranquilo en vez de armando un escándalo.
—Ahí viene Esteban con Abigail y Bárbara —comentó Úrsula. Tres más.

Oiren se acercó a Carlo, quien se integraba al grupo recién, llegando desde la residencia en compañía de Zahir; ambos lucían demacrados y ojerosos.

—Carlo, no te ves muy bien.
—Tuve una mala noche —replicó el joven, con voz cansada—, Zahir me estaba recomendando una infusión cuando sonó la alarma ¿se sabe algo concreto?
—Priscilla tuvo una conmoción —Lucio trató de llamar la atención del maestro, pero este se apartó de los estudiantes al igual que los otros—, nos pidieron que estuviéramos todos reunidos, pero parece que no hemos llegado.

A pesar de que todo se había precipitado, desde el momento en que Itiel y los demás llegaron no habían transcurrido más de tres minutos; resultaba imposible para cualquiera de los estudiantes captar el significado global de todo lo que estaba sucediendo, con la academia invadida por el temor y rodeaba de los efectivos de la Fuerza de seguridad, quienes, atentos y silenciosos, protegían con un halo que parecía una férrea vigilancia.
Aziare se acercó discretamente a Darius, que estaba de pie, inmóvil y con los ojos muy abiertos.

—Darius, por favor, tienes que calmarte —dijo en voz baja—; necesitamos estar disponibles para ayudar a los chicos.

Pasó un instante muy largo, antes que él replicara a sus palabras; la miró, casi sin respirar, con los ojos brillantes por un temor que no había podido prever. Nunca había esperado que algo como eso llegara a ocurrir, y ahora que estaba sucediendo, todo parecía desmoronarse a su alrededor.

—Lo escuchaste ¿Verdad?
—Darius.
—Lo escuchaste cuando nos notificaron por el comunicador, uno de los hombres de Dvorkia lo dijo. Se lo dijo a Omar en el móvil, y luego nos transmitió el mensaje a nosotros. No puede ser —por un momento pareció que iba a quebrarse, pero sorprendentemente lo evitó—; no puede ser que pase esto, en nuestro primer año; no puede ser que le pase algo así a uno de estos chicos.

Los intentos de los otros maestros no estaban dando resultado, ya que los líderes de grupo tampoco estaban concentrados en tratar de llevar a los estudiantes hacia la residencia. Gabriela vio la confusión y el nerviosismo, y miró a Jael, con quien generalmente no tenía contacto más personal, pero en ese momento, supo que ambas estaban pensando lo mismo. Se aclaró la garganta de un modo que recordaba a su voz de liderazgo, lo que hizo que todos los estudiantes, y también los otros maestros, miraran en su dirección, mientras el ruido disminuía considerablemente. Sin embargo, Flavio se paró a su lado y le hizo un levísimo gesto, hablando en voz muy baja en primer lugar, para que sólo ella lo escuchara.

—Por favor, permite que yo haga esto.
—Puedo hacerlo.
—Lo sé —replicó en un susurro—, jamás dudaría de tu capacidad.

La miró rápidamente, y luego se preparó a dirigirse a los estudiantes, mientras en la explanada reinaba un aterrador silencio; su rostro estaba tenso, con los músculos y tendones resaltando bajo la piel olivácea, marcando algunas arrugas en el contorno de los ojos, que ninguno de los estudiantes había notado antes, las que le daban un aspecto más duro, menos frío, y ciertamente menos joven. Su voz fue sencilla, desprovista de cualquier exageración, pero al mismo tiempo cargada de una emoción que asomaba en segundo plano, un sentimiento profundo y verdadero, que cambiaba el aspecto del maestro por uno más humano.

—Sabemos que están confundidos y asustados; también podemos ver las cosas que han comenzado a inferir, pero no puedo permitir que los manche la sombra de una incertidumbre. A riesgo de disculparme muy insatisfactoriamente, debo pedirles perdón por lo que diré, pero es necesario que lo sepan, por su dignidad, y por la tranquilidad de ustedes; ha ocurrido una tragedia.

Itiel se había acercado a Darius mientras tanto, y lo apremió, mirándolo con desesperación.

— ¿Es por eso que no está? ¿Es lo que creo que sucedió?

Darius Lo miró con los ojos llenos de lágrimas, pero aunque fue capaz de contener la emoción, su mirada demostró el sentimiento que lo embargaba en ese instante.

—Lo siento.

La voz de Flavio era correcta y medida como siempre, pero muchos de los estudiantes percibieron, quizás por primera vez, un sentimiento tras ello: lo que estaba comenzando a decir, tampoco era fácil para él.

—Ha ocurrido un accidente terrible —continuó Flavio, con decisión—. Oskar ha muerto.

Maud sintió que pasaba un tiempo muy largo entre que Flavio terminaba la oración, y sucedía algo distinto al silencio; se quedó de pie, con el cuerpo orientado hacia Lena, pero la cabeza volteada en dirección al maestro, mientras el silencio cubría a todos alrededor. Algo estaba mal, horriblemente mal, porque las palabras que escuchó no tenían sentido, era por completo imposible.

—No puede ser —murmuró Itiel—, no puede ser, es imposible.

Naro lo contuvo en ese momento, mientras a poca distancia, Serene lanzaba un grito ahogado al escuchar la noticia.

— ¿Muerto? —su voz sonó ronca por la sorpresa— ¿Cómo, cómo es eso posible?
—Sé que tienen muchas dudas —replicó el maestro—, pero en este momento no puedo responderlas; por la dignidad de él, tengo que pedirles que se queden en la residencia. Es importante que permitan que la Fuerza de seguridad se haga cargo de todo, y que hagan el favor de esperar en el lugar indicado, hasta que podamos hablar con ustedes, con un poco más de calma.

Alana había empezado a sollozar, y fue apoyada por Carlo, aunque en esos instantes ninguno de los estudiantes podía procesar la información rápido, o de la forma correcta.

— ¿Qué fue lo que pasó Jael? —lkronne se acercó, temblorosa, a la maestra— ¿Qué le sucedió a Oskar?
—No es momento para hablar de eso —replicó la maestra en voz baja—. No podemos hablar ahora, tienen que entenderlo.
—Estudiantes, por favor —Flavio alzó un poco la voz, para imponerse ante las palabras y sollozos que se estaban generando en el lugar—. Estoy pidiendo esto en nombre de su compañero, y también en el de ustedes. No pretendo negar el acceso a la información, pero en este instante todo es reciente y confuso, también para nosotros; mientras hablamos, un equipo encargado está realizando las operaciones apropiadas, y ninguno de nosotros es de utilidad. Humildemente les pido que vayan a la residencia, y esperen ahí hasta el podamos hablar con algo más de claridad acerca de este suceso.

Krau tenía el rostro desencajado por la sorpresa, y mostraba una mortal palidez; no hizo ningún comentario sobre la noticia que estaba golpeando a todos, sólo se limitó a hacer un gesto a Mónica.

—Vamos a la residencia, hagamos lo que nos dicen; no somos de ninguna utilidad aquí.

La arrulladora seguridad en Mónica pareció ser reemplazada por otra emoción, pero la chica hizo un esfuerzo por conservar la compostura.

—Sí, vamos ahora —y mirando a Mauren, que estaba a muy poca distancia —. Oye, tienes que moverte para reaccionar.
—Tienes razón —replicó Mauren con expresión ausente—; si no me muevo, tal vez voy a pensar que todo esto es un sueño.

Naro intentó hacer que Itiel caminara, pero en primera instancia, el otro no reaccionó.

—Vamos a la residencia.
—Esto no puede estar pasando —habló con un hilo de voz—, no puede ser, no puedo creerlo. Estábamos hablando ayer ¿Recuerdas que te dije que estábamos avanzando en...?

Dejó la pregunta inconclusa, y miró en dirección a Omar. El maestro había propiciado que ambos entrenaran juntos, ya que las habilidades de ambos eran similares; Omar, el maestro amable, preocupado de encontrar los mejores métodos para ayudar a sus estudiantes, el que siempre tenía tiempo para los detalles y para escuchar; entonces entendió la desolación en su rostro, y de cierta forma, también la actitud que tomó Esteban en ese instante.

—Omar, tiene que ser un error —se acercó a él a paso rápido, casi hasta chocar con el corpulento maestro—. Es un error ¿Cierto? Oskar está herido, seguramente fue un golpe, o tropezó y tiene una herida, pero van a poder ayudarlo.
—Esteban, por favor.

Ni siquiera cuándo había perdido un enfrentamiento con Miraz, se había visto tan vulnerable; lo que estaba escuchando amenazaba todo lo que conocía, y lo que quería conservar como algo importante en la academia.

—Sólo debe ser un golpe, y están exagerando, ¿Es eso?
—Esteban —puso las manos en sus hombros, obligándolo a callar—. No te hagas esto, por favor.

Bárbara volteó en dirección a la residencia, pero se desvaneció antes de dar un paso; Silvia, que estaba cerca, la sostuvo por los hombros, aunque ella misma estaba débil por la sorpresa vivida. Lena miró a Maud, pero se sintió impotente, incapaz de decir algo que tuviera sentido. En su interior, la noticia de la muerte de una persona resultaba algo completamente fuera de su entendimiento, pero que esa muerte correspondiera a alguien a quien conocía, a una persona a quien había visto con vida tan sólo algunas horas antes, se le hacía intolerable ¿Cómo eso podía suceder, qué clase de hecho había ocurrido en el estadio de tiro, como para que las cosas siguieran ese rumbo? Se encontró a punto de decirse a sí misma, algo con respecto a Oskar, como una retrospectiva, y eso la hizo aterrorizarse con la idea, más que con las palabras de Flavio, que todavía resonaban en su cabeza. Eso estaba sucediendo, era completamente real.
Celia se llevó las manos a la cara, y por un momento, estuvo a punto de abofetearse, cuando sintió que una risa incontrolable iba a emerger; pero mantuvo la garganta cerrada, y con los ojos muy abiertos por la sorpresa e incredulidad, se atrevió a comprobar que aun podía desplazarse, a pesar de la lividez de su cuerpo. Tenía que controlarse, sujetar su cuerpo y su rostro, antes que esa acción desquiciada escapara, y se apoderara de ella; miró a los costados y vio a Luz a muy poca distancia, pálida y temblorosa al igual que ella, y aunque últimamente no habían tenido relación mayor a algún comentario casual en clase, el sentimiento de ambas fue el mismo, y las dos chicas se apoyaron la una en la otra, en el inicio de una caminata que sería larga, tensa y dolorosa.

—No puedo creerlo.

Isabelle casi no supo si había hablado para sí misma o en voz alta; sólo cuando escuchó la respuesta de Alej supo que había vocalizado el pensamiento.

—Es imposible creerlo —la voz de él sonaba hueca, como si no pudiera expresar sentimiento alguno al hablar—. Nadie podría creer algo como esto.
— ¿Oskar? —estaba diciendo Sebastián en ese momento—. Febo, no puede ser, tiene que haber un error.

Febo volteó hacia el antiguo estadio de tiro; los maestros de piedra estaban reunidos en torno a Omar, y se les había acercado Dvorkia, quien a diferencia de los veces anteriores en que lo habían visto, lucía serio y muy tenso. Les estaba diciendo algo que a todos luces era muy importante, porque los otros lo miraban con suma atención.

—Yo tampoco puedo creerlo —replicó—. Ni siquiera lo entiendo en su totalidad. Yo...

Se quedó sin palabras; los maestros de especialidad consiguieron escoltar a los estudiantes de regreso a la residencia, aunque ellos mismos se veían tan impresionados y afectados como los jóvenes, y sólo el cargo que tenían hacía la diferencia, porque los obligaba a mantener el control y evitar quebrarse, a toda costa.
Mientras los maestros de especialidades conducían a los estudiantes, los maestros de piedras se quedaron en compañía de Dvorkia; el hombre lucía muy tenso, pero su entrenamiento le obligaba a mantener el control.

—Les pedí que se quedaran, porque es importante que les explique lo que sucedió.

Gabriela se adelantó a los hechos, y habló con decisión.

— ¿Cuál es la causa de muerte?
—Eso es lo importante —replicó el hombre—. Lamento tener que pedirles esto, pero tienen que verlo.
— ¿Qué? —Darius soltó un gemido— ¿Por qué es necesario?
—Porque tengo la sensación de que las piedras tienen algo que ver.
— ¿Cómo?
—Está hablando de la frecuencia —Flavio había recuperado todo su aplomo. En ese momento levantaba el brazo en el que tenía la piedra—. Acabo de notar que hay una perturbación en las energías emanadas de las piedras, aparentemente es energía residual, y tiene que haber ocurrido hace muy poco para que pueda ser detectable.

Dvorkia asintió.

—Cuando mi equipo entró, hizo una revisión del lugar, que se encontraba vacío, salvo por el afectado; se hizo un análisis inicial, que incluye detección de ondas y magnetismo, para descartar alguna falla estructural o algún artefacto que no funcione de la forma adecuada, y detectamos una frecuencia desconocida para nuestros escáneres.
—Si se trata de eso, podemos comprobarlo desde afuera —Darius parecía espantado con la idea sugerida por el encargado de la fuerza de seguridad—, no es necesario que entremos.
—Es necesario, porque no es la energía lo que me preocupa, sino cuál puede ser, si la hay, la conexión entre la existencia de esa fuente con la causa de la muerte.

Omar no había considerado ver tan pronto a Oskar, ni siquiera por un momento; después de obligarse a no verlo, para mantener el lugar lejos de las miradas, y a los estudiantes a salvo, se resignó a no saber, distanciándose por fuerza de un joven que no sólo era estudiante de la academia, sino que era alguien a quien estaba aprendiendo a conocer, un chico inteligente, interesante y con proyectos. Pero ahora, veía que esa posibilidad volvía a surgir, resultaba tan doloroso como al principio, pero al menos le permitiría evadir la frialdad necesaria en un caso como ese.

—En ese caso, yo iré -exclamó Jael-, Oskar es mi estudiante, se lo debo.

Aziare intervino en voz baja, traspasada por la emoción.

-No tienes que hacer esto tú sola; somos un equipo.
-Quiero entrar -dijo Omar, con voz apagada-. Quiero verlo por mí mismo.
—Omar, es importante que entiendas algo —explicó Dvorkia—. La persona que conociste, a quien ustedes conocieron, ya no es más ahora.
—Lo entiendo.
—No, no estoy hablando en un contexto metafórico; físicamente, sufrió cambios, y será duro verlo así.

Aziare asintió, dando a entender que estaba preparada.

—Creo que lo mejor es que nos describas la causa de lo que sucedió, antes que entremos.
—De acuerdo — se aclaró la garganta, forzándose a mantener la compostura—. Oskar sufrió una gravísima herida, la causa de la muerte es el impacto a gran velocidad de un objeto, contra su cuerpo.
—¿Dónde recibió ese impacto? —la voz de Jael era casi un susurro— ¿Qué clase de objeto pudo haber causado algo como eso?
—Se trata de una barra tubular de metal —replicó lentamente—; el impacto es en el cuello, el punto de entrada es bajo la mandíbula, y el punto de salida es en la nuca, es una herida mortal. Reitero esto, porque es necesario comprender tanto la magnitud de lo sucedido, como lo necesario que es que estén presentes. Un equipo médico externo viene en camino, y cuando lleguen, ellos moverán el cuerpo, así que ahora es la única oportunidad que tenemos parte descubrir lo que pasó.

Jael asintió severamente.

—Estoy preparada para esto; si alguien no quiere entrar, no es necesario que lo haga, bastará conmigo.
—No —dijo Flavio—; no tienes que pasar por esto tú sola. Aunque sea de tu equipo, Oskar es estudiante de la academia, no es responsabilidad exclusiva tuya.

Darius reprimió un temblor, e hizo lo posible por ignorar el escalofrío que sintió; Omar y Flavio tenían razón, y él debía estar ahí también. Los maestros entraron en el estadio, pasando el umbral después del encargado de seguridad, quien dio algunas instrucciones rápidas al resto del personal de seguridad antes de quedar de pie, a dos pasos del cuerpo. Lo que vieron en ese momento, superó todo lo que pudiera haber adelantado el oficial, y sumió a los maestros en un profundo silencio: Oskar estaba tendido en el suelo, boca abajo, a tres pasos de la puerta de entrada, casi pareciendo que hubiese tropezado en ese momento; sin embargo, la herida, ahora inidentificable, bloqueaba cualquier posibilidad de error, dejando en claro lo que estaba sucediendo. Una mancha de sangre se extendía desde bajo el cuerpo, y al mismo tiempo era visible a partir de la nuca, asomando en las raíces del cabello y dejando una cascada roja caer por el cuello, hasta fundirse con el líquido rojo en el piso. Aproximadamente a un metro de distancia, hacia la derecha, una barra de metal liso, de poco menos de veinte centímetros de longitud, evidenciaba sin lugar a dudas ser el objeto causante de la muerte, al estar impregnado de sangre. Jael había elevado la mano para utilizar una frecuencia especial de su piedra, pero se quedó un instante sin moverse, absorta en la terrible imagen que se extendía ante sus ojos: parecía tan irreal, como si sólo se tratara de un maniquí y efectos artificiales, y no fuese una persona, un cuerpo que poco antes era de alguien vivo. Finalmente se repuso, e hizo brillar la calcedonia, con un destello muy tenue, de acuerdo a la utilización de una frecuencia específica.

—Es energía residual ¿Cómo supo de qué modo usarla?

Mientras, los otros maestros habían imitado la acción, detectando las fluctuaciones persistentes en el ambiente.

—La presencia de energía residual es reciente —comentó Flavio—, y conduce en dirección a él y al objeto.
—Disculpen ¿Qué es la energía residual? ¿No es lo mismo que la habilidad que usan con las piedras?

Omar se adelantó a dar la respuesta, más por mantener la mente ocupada en algo que por dar la correspondiente explicación, y también para evitar ir hacia el cuerpo e intentar hacerlo reaccionar, un impulso irracional que asomaba de forma peligrosa tras la razón y el entendimiento.

—La respuesta rápida sería sí y no; ocurre que cuando aprendemos a manipular energía con el uso de las piedras, conocemos el funcionamiento de estas como catalizador. Como decía el viejo Arki, la piedra te permite extraer del ambiente, y siempre devuelves al ambiente. Esto significa que aunque puedas crear hielo, en el fondo estás utilizando algo que regresará al mismo sitio, se trata de utilización de moléculas en su mayoría, e incluso átomos, que son convertidos por la piedra en otra composición; las moléculas faltantes son reemplazadas por composiciones complejas de sustitutos químicos, por eso es que algunos resultados del uso de la habilidad no tienen la misma vida útil que los originales. Sea como sea, cuando se utiliza la piedra, existe un porcentaje menor de energía que es atraída, pero es descartada en el uso, volviendo al ambiente y recuperando su forma original; durante un lapso de tiempo, este residuo permanece en el ambiente y es posible detectarlo, pero también usarlo.
— ¿Como un reemplazo del uso de la piedra?
—No, como elemento de circulación.
—Perdón, pero no comprendo.
—Un elemento de circulación —explicó Flavio—, es similar a la energía que mueve una turbina. No podemos usar ilimitadamente la piedra, porque su uso depende de la estabilidad física del individuo, y esta disminuye con el paso del tiempo, al igual que cuando realizas una actividad física; pero usar la energía residual como elemento de circulación es un método avanzado que permite manipular elementos externos usando esta fuente, y en ese sentido funciona durante periodos más extensos, porque usar una porción con una frecuencia específica de la piedra permite "sostenerla" desde que es emanada tras la utilización de la habilidad, y luego ponerla en uso, y además, no se consume.

Dvorkia pasó la mirada del cuerpo al elemento que estaba en el suelo.

— ¿Me están diciendo que una persona podría mover objetos usando este tipo de energía? Tenía entendido que existen habilidades que permiten hacer eso.
—Pero sólo a la persona que posee la habilidad.

Todos contemplaron la terrible escena, con una mezcla de sorpresa y estupefacción, mientras al mismo tiempo cavilaban acerca de los alcances de los hechos que los reunían; ya no pensando en el exterior, sino concentrándose en los efectos y las causas, dentro de esas paredes. Dvorkia se desplazó algunos pasos, rodeando el cuerpo, hasta ubicarse del extremo opuesto al que ocupaban los maestros.

—Ustedes pueden ver donde está concentrada esta energía residual ¿No es así?
—Así es, aún es posible, porque sucedió recientemente.
— ¿Podrían decirme si hay alguna clase de trayectoria, o punto en donde esta energía sea más fuerte?

Aziare se desplazó un poco hacia el interior del lugar, midiendo los niveles a través de lo que percibía por el uso de su piedra; después de unos tensos segundos, llegó a una conclusión.

—El mayor rastro de energía residual es en torno a él. También hay un rastro menor, pero claro, hacia esa vara.
—Lo que me hace pensar —dijo a su vez el oficial de la Fuerza de seguridad—, que según lo que me dicen, él intentaba manipular ese objeto con la energía, y al ser inexperto, el objeto salió de control, hiriéndolo de esta forma.
—Es posible —repuso Gabriela—. Si estaba moviéndolo, o haciéndolo girar, eso aumentaría el peligro, porque el motivo del uso de este tipo de energía es crear una corriente.
—Y una corriente es más inestable si hay movimiento de por medio.

Por primera vez, Darius fue capaz de hablar, aunque su voz era muy distinta a la habitual a la que todos estaban acostumbrados; ahora sonaba impactado, inseguro y sorprendido.

—¿Eso quiere decir que Oskar murió por un accidente que fue su propia culpa?


Próximo capítulo: Realidad inaceptable. Lágrimas