No vayas a casa Capítulo 18: No explicaste




—Vengo aquí cada dos días por una hora o dos. La paga es buena, pero también hay algo más que me impulsa. ¿Sabes? Se trata de los avances que veo cada visita que hago; sé que nunca será de otra forma, es como es, pero hay algo en su interior que es diferente. Sí, como te decía hace unos días, son esos pequeños cambios, ya sabes que dicen que los ojos son la ventana del alma, y nunca lo vi con tanta claridad como ahora; ¿Revisaste el cuaderno de mis notas? Ah, veo que estuviste revisando eso. ¿En serio? Sabía que ibas a poder notarlo ¿Le leíste un cuento?
—Sí —dijo la otra voz—, pero se me ocurrió probar algo diferente esta vez. Aquí hay tantos libros, que pensé que podría hacer alguna diferencia, tratar a ver si es que notaba cambios, no me era tan sencillo como a ti cuando le hablas.
— ¿Y qué idea fue esa?
—Busqué unos libros distintos; en el ático encontré unos libros de sicología.
—Pero ibas a aburrirlo con ellos.
—Pensé lo mismo pero fue diferente; quizás sea porque en su estado, la mente es el campo que más se utiliza, pero en verdad que se interesó.
— ¡Eso es maravilloso! Nunca se me habría ocurrido ¿Y qué cambios notaste?
— ¿Recuerdas que me dijiste que aunque no puede regular el movimiento de los ojos, de todos modos hay un leve desplazamiento? Pues es eso, me puse justo en frente y comencé a leer, y luego de un rato me moví hacia un costado ¡Y siguió mi movimiento! Fue sólo un poco, pero se quedó fijo; y cuando repetí la acción volvió a hacerlo ¡Le gusta la sicología!
—Eso es fantástico. Tenemos una mente maravillosa por aquí ¿Cuánto te gustaría aprender?


2


El sol de la mañana era frío para él; hacía una mañana calurosa, probablemente, pero el calor había huido del cuerpo de Vicente, dejando un frío seco y amargo. No sabía cuánto llevaba ahí, pero era necesario volver a moverse y poner en práctica la decisión ya tomada.

"Tócala"

Había vuelto, después de un breve periodo de no escucharla; necesitaba que eso terminara ¿y si fuera parte de aquello que hizo? Quizás ahora, que tenía una conciencia real de los hechos y tenía claro lo que iba a hacer, no sería necesario seguir escuchándola, tal vez se apagara por sí sola.

"¡Tócala!"

El grito resonó en sus oídos al mismo tiempo que sentía un fuerte dolor en las piernas; en un principio no reaccionó, pero se encogió en sí mismo al percibir que el dolor iba en aumento.

— ¡Maldición!

Punzante y penetrante, el dolor en ambas piernas era el mismo que sintió en el baño de su casa un par de horas antes; resopló mientras trataba de controlar las piernas, o masajear de alguna manera para recuperar la movilidad. Sin embargo, el dolor persistió, haciéndose mucho más fuerte que la última vez.

"Vas a hacer lo que yo te diga"

—Maldición, maldición.

El dolor se elevó a un tipo de sacudida, como si los músculos se contrajeran por una descarga eléctrica muy potente; sintió un espasmo de desesperación, atenazado por un dolor que no parecía tener explicación y por el sentimiento de que eso no era algo normal dentro de su cuerpo.

—Maldito dolor...

"¿Sabes tú lo que es el dolor?"

Se detuvo por un momento, dejándolo en el suelo en una indigna posición, casi en posición fetal, respirando sin compás sobre la tierra que entraba en sus fosas nasales.

"No sabes nada del dolor. Te enseñaré lo que es el dolor"

Esta vez la voz tenía una personalidad. Más allá de lo que escuchó antes, de la voz monótona e hipnotizante, más allá de los atisbos de carácter y rasgos de furia, esta vez, la voz tenía un carácter, era como la de un ser humano. Un ser humano que no era él.

"Te enseñaré el dolor como nunca lo has conocido. Te daré dolor más allá de lo que puedes imaginar"

Las palabras, escupidas con furia, el tono determinado, humillante, poderoso sobre él. El dolor regresó, pero esta vez se internó en el torso, ubicándose en el bajo vientre, precisamente en la base de los genitales. Vicente dio un aullido de dolor, mientras se retorcía, llevándose las manos a la entrepierna pero sin poder alcanzar o tomar entre los dedos una zona específica afectada, ya que lo que fuera que estaba sucediendo, venía desde dentro de su cuerpo; tuvo movimientos reflejos en las piernas, que como controladas por un agente externo se sacudieron, azotándose contra el guardafangos del vehículo. Al cabo de unos segundos, la sensación desapareció, dejándolo exhausto y con una fuerte carga de resentimiento físico; de igual manera que al recibir un golpe fuerte, la huella dejada por la punzante sensación permanecía, aumentando el agotamiento. Intentó estirar un poco el torso, pero le resultó imposible con los músculos agarrotados y cansados; apoyó las manos en el suelo, viendo la piel de los dedos blanca, las yemas con raspaduras por la caída y los movimientos involuntarios. Respiraba rápido, tragaba polvo y tenía la vista empañada, y sin fuerzas se sintió como un despojo sobre la tierra.

"Hay muchos sitios en donde sentir dolor. Hay muchas partes de ti que puedo atacar. Toqué un punto sensible de ti, tu hombría ¿Qué pasará si cambio un poco, tan sólo un poco, mi objetivo?"

Sintió una nueva puntada de dolor, más interna, pero que nacía en una zona más externa del cuerpo; esta vez se trasladó hacia el recto, y se adentró, arrancando un nuevo grito de dolor al tiempo que sufría un estiramiento involuntario, fruto de la nueva oleada interna. En esta ocasión perdió el control de los brazos, mientras su espalda se arqueaba. Sintió el golpe de la cabeza contra la tapa metálica de la llanta delantera, todo tierra en suspensión y sus propios gritos como marco.
Cuando el dolor se esfumó, descubrió que los espasmos lo llevaron hasta un costado del auto; estaba agotado, intentando ponerse de pie en circunstancias en que no tenía fuerzas para ello; estaba tendido de espaldas, las piernas un poco flectadas, los brazos a los costados del cuerpo con los dedos clavándose en la tierra y respirando de forma entrecortada.

"He esperado tanto por esto"

Sin poder regular el ritmo de la respiración, con el corazón azotando el pecho y una creciente sensación de dolor expandido por el cuerpo, Vicente trató de ponerse de pie con brazos y piernas como de papel, temblorosas extremidades que no lo soportaban. A duras penas pudo sentarse otra vez en el suelo, comprobando en el acto que ponerse de pie resultaba por completo imposible, de momento.

"Tú, exitoso, amante, bueno —dijo la voz—, qué mentira para ti mismo y para el mundo, qué recompensa tenerlo todo. Pero eso se terminó, todo se terminó para ti"

El odio que estaba escuchando se ponía en el mismo plano que el dolor, acorralando su mente en un espacio reducido, como si a través de las palabras que lo hacía escuchar contribuyera a que las energías escaparan de su cuerpo y se disolvieran segundo a segundo.

"Has sentido dolor, y haré que sientas más"

—Basta —consiguió articular Vicente—, basta, basta, esto tiene que terminar. No sé lo que está pasándome, pero tiene que terminar, tengo que hablar, tengo que librarme de esto y decir todo lo que pasó...

"¡Tú no tienes nada que decir! No has hecho nada, sólo has sido un juguete bajo mi control"

Inspiró con fuerza, a pesar del polvo alojado en la garganta, y trató de calmarse, aunque el eco de la voz en la cabeza era cada vez más fuerte.

"Te he estado controlando desde hace mucho tiempo, pero algo salió mal en algún momento. Empezaste a notar que estoy aquí, y eso puso en peligro todo lo que he hecho. Así que tenía que doblegarte"

¿Doblegarlo? A cada segundo tenía un poco más de claridad mental, y lo que estaba escuchando dentro de su ser no tenía sentido.

— ¿Doblegarme?

"Estabas escapando de mí, descubriendo sin darte cuenta lo que estoy haciendo, y no podía permitirlo ¿entiendes? Después de todo el tiempo, de lograr hacerlo, no podía simplemente perder, así que cambié mis planes"

—Tú no eres real, eres sólo un producto de mi imaginación.

"¡Soy real!"

Junto con el grito que apareció en su mente, una nueva ola de dolor de extendió por su espina dorsal, haciéndolo retorcerse, atenazado por la descarga mientras su cabeza, con un movimiento de látigo, se golpeaba dos, tres veces contra la puerta del auto; al fin cayó sobre el costado derecho, quizás un poco atontado por los golpes, pero consciente como para entender lo que estaba escuchando.

"Soy real —gritó otra vez—, soy real como tú, soy real"

—No eres real; estoy imaginando esto, es una pesadilla.

"No, no es una pesadilla. Sé que estás despierto, y que estás sintiendo cada cosa que estoy haciendo, escuchando lo que digo. He estado en ti desde hace mucho, más de lo que sabes"

En un inútil gesto de auto protección, Vicente se tapó los oídos, sin intentar levantarse del suelo, sólo tratando de dejar de oír.

—No puedes estar aquí. Voy a terminar con esto, alguien podrá ayudarme.

"Nadie puede ayudarte"

¿Qué? mientras se secaba restos de saliva que había expelido sin darse cuenta, con el dorso sucio de la mano, tomó conciencia del nuevo cambio en la voz. Seguía siendo furiosa y poderosa contra su mente, pero estaba demostrando frustración al relatar aquella situación.

"Nunca debiste saber lo que yo hacía, lo que yo era, pero de alguna forma empezaste a saber, y eso te hizo fuerte en mi contra. Así que para ganar, tenía que doblegarte"

— ¿Qué?

"Eres mi juguete ahora. Harás todo lo que yo quiera"

¿Era o no real? Llegado a ese momento, caído sobre el suelo terroso, con múltiples dolores que seguían latiendo, no supo qué era, en realidad, lo que estaba pasando. Todo comenzó como una suposición, una especie de susurro incesante que le hizo creer que escuchaba a alguien más, que fue evolucionando hasta aconsejarlo, acosarlo, y al fin torturarlo. El hallazgo y la existencia de esa voz le decían que todo no era más que una creación sórdida de su sub conciente, pero la misma voz le decía lo contrario.

—No eres...real...

"Siempre he sido real, desde el primer momento. Pretendía hacer que no supieras nada, destruir todo lo que tienes a través de ti, manipulando tu mente y borrando partes de ella, para poder actuar a mi antojo. Pero para poder controlarte por completo tenía que quebrarte, sólo que cuando lo hice, me excedí. Ese sueño que te hice tener sobre tu hijo fue demasiado"

Durante un instante, todo lo demás desapareció. Su mente volvió a la pesadilla que tuvo un par de semanas antes, justo después que creyera que su relación ocasional con Renata iba a quedar al descubierto. Despertó en la madrugada, acurrucado en el suelo, sollozando por un sueño que había sido demasiado real, que durante una cantidad de tiempo durante el sueño, vivió ese temor, el dolor de la pérdida y el castigo impuesto por la fantasía creada por su mente ¿Cómo era posible?

— ¿Tú?

"Tenía que quebrarte —explicó la voz—. La única forma de llegar a tener el control total sobre ti era quebrar tu espíritu. Superar la primera barrera de quién eres ante los demás fue fácil, alcanzar la segunda barrera de ti, encontrar tus miedos más básicos, fue un largo trabajo, pero lo hice. Sólo faltaba quebrar tu ser, usando la energía de tus miedos reales, pero fue mucho, y de alguna manera te las ingeniaste para descubrirme"

— ¿Para descubrirte?

El término de la pesadilla. Recordaba que, en el horror que vivió dentro de su ser durante esa pesadilla, llegó a sentir que lo peor que podía suceder no era el futuro que le deparaba estar en la cárcel por haber sido el causante de la muerte de su hijo, ni los castigos a los que pudiera ser sometido; lo verdaderamente terrible para él era destruir la vida de su hijo, ese era un miedo contra el que no podía luchar. Y cuando sintió eso, cuando algo en su interior se rompió, se entregó al sufrimiento y la tristeza sin límites.
Se abandonó a sí mismo.

Haciendo un esfuerzo casi inconsciente, consiguió ponerse de costado, y luego quedar semi sentado, apoyado otra vez en el costado del auto; se miró las manos, sucias de tierra y con pequeños rasmillones ensangrentados en el borde de las uñas, los dedos temblorosos, muestra tal vez sutil pero potente a la vez de estado en el que se encontraba.

— ¿Qué es lo que me está pasando?

"Cuando despertaste, cortaste una parte de mi conexión contigo. Y de forma inconsciente entendiste que yo estaba ahí, en tu mente, así que tuve que pensar rápido y actuar de otra manera; supe que, para recuperar el control sobre ti, primero tenía que ganarme tu confianza, y hacer que quisieras que yo estuviera presente"

¿Qué significa? La pegunta había aparecido en su mente, el sábado siguiente a la horrible pesadilla que tuvo; para ese momento estaba tranquilo, sentía que era un gran día, hasta que por su mente comenzaron a pasar todas esas preguntas,  cuestionarse cuál era el papel que él jugaría en la nueva empresa de Sergio. Y esas dudas persistieron hasta que hizo algo al respecto.

"Convencerte de querer tener mi ayuda era más complicado de lo que creí. Después de tanto tiempo de estar entre tus pensamientos, de ocultarme en las zonas oscuras de ti mientras fornicabas con tu esposa, mientras te llevabas a la cama a esas mujeres, resultaba más difícil hacerlo sin causar nada, como un espectador mudo ante una película que no podía controlar. Tuve que convertirme en la voz de tu conciencia, susurrando a cada segundo, insistiendo en que hicieras algo, en que demostraras interés"

Recordó también lo que buscó, la información acerca del sueño que lo aquejó: el verse a sí mismo matar por accidente no era un reflejo de querer hacerlo en realidad, sino que era una respuesta inconsciente a una situación de estrés, en donde se perdía el control de lo que lo rodeaba. Como cuando existía un peligro fuera del control de la persona, que pudiera amenazar a las personas más importantes para él.
Sintió que los músculos de la garganta se contraían y relajaban de forma involuntaria; comenzó a salivar espasmódicamente, sintiendo cómo las gotas saladas caían por las comisuras de la boca, abierta en un inútil acto de inspiración de aire. El sabor ácido llenó las papilas gustativas, sólo una milésima de segundo antes que por acto natural se comprimieran los órganos, y el vómito saliera despedido como un chorro a través de la boca; sintió que el líquido viscoso salía por la boca, como extraído por fuerza desde el exterior, mientras su cuerpo se doblaba hacia adelante por el esfuerzo realizado. Escuchó su voz, ahogada, como un rugido siendo expelida de la misma forma que el chorro de contenido intestinal, que fue a caer sobre la tierra como una imagen borrosa mientras su vista se nublaba; se llevó una mano al vientre, mientras con la otra hacía resistencia para no caer de bruces al suelo, pero el vómito no se detuvo. Como si se tratara de un respiro, la acción corporal se repitió, haciendo corvar su torso, salpicando las rodillas y el brazo de apoyo, llenando las fosas nasales del olor acre de los fluidos internos, sin embargo de lo cual no se detuvo, y un tercer impulso hizo que junto a la postura, llegara líquido a la nariz, convirtiendo todo en una escena oscura, agria y siniestra.
Después de unos segundos, tosió con fuerza, liberando las fosas nasales de los restos que las habían impregnado, y pudo volver a respirar, cayendo el cuerpo hacia atrás con un sonido sordo contra el frío metal del auto; exhausto, cerró los ojos por un momento, abriéndolos después a la luminosidad del día, que nada tenía que ver con los olores que también lo cubrían ahora y que estaban esparcidos alrededor.

—Esto...en verdad está pasando...

Su voz era un murmullo ahogado, sin fuerza ni carácter, pero de todos modos sirvió para identificar con claridad en su mente lo que estaba pasando; el haber llegado a la conclusión, al entendimiento definitivo, de que lo que decía la voz era la verdad, en contra de todas las confusiones y contradicciones anteriores, hizo que se sintiera ultrajado y vulnerado en lo más profundo de su ser, y que los inexplicables dolores cobraran un sentido nuevo, y aterrador. Sintió la ropa adherida al cuerpo por el sudor que brotó por sus poros, y que mezclado con la tierra del lugar ayudaban a aumentar su sensación de indignidad. Pero en todo eso, algo sí tenía sentido, algo era a lo menos, gratificante.
No estaba loco.

"Ya no importa lo que pienses"

—Tú sí eres real —no le importó su estado, ni que su voz sonara como un eco patético de lo que en verdad era—, no eres un producto de mi imaginación... eres algo real, algo que se metió en mí.

"¡Sí! —gruñó la voz—, soy real, mucho más real que tú"

—Si eres real —replicó Vicente, jadeando—, entonces te puedo eliminar.

Se pasó el antebrazo por la cara, intentando despejar un poco más la vista y quitar algo de la transpiración; sus ojos se irritaron con la salinidad del sudor, pero pestañeó y los mantuvo abiertos. Algo, o alguien, estaba jugando con él, alguien estaba detrás de todos esos hechos incomprensibles, tramando en su contra a través de mensajes inexplicables y acciones que parecían fuera de la realidad, pero que al fin y al cabo, no lo estaban.

"Tú no puedes eliminarme. ¿No te das cuenta? Tú permitiste que yo llegara hasta este punto"

Hizo un nuevo esfuerzo, pasando por alto el dolor y agotamiento en las extremidades, y logró ponerse de pie, apoyadas las manos en el capó del automóvil; gotas de sudor caían sobre la pintura gris brillante, en donde no se veía reflejado de forma concreta, nada más una sombra opuesta al sol.

— ¿En qué momento pasó esto, cuándo dejé que me hicieras esto?

"Mi control sobre ti iba en baja —explicó la voz. Sonaba como si estuviera disfrutando cada palabra que decía—. Desde que tuviste ese sueño, provocado por mí, creado por mí, se quebró el equilibrio que yo había construido, y empezaste a pensar por ti mismo, ignorando lo que yo decía. No escuchaste, y eso empezó a dejarme fuera"

—Pero Renata...

El miedo afloró de nuevo al mencionar su nombre; entre el efecto de los dolores, las náuseas y lo que estaba comprendiendo, había dejado eso en segundo plano, pero era tan real como todo lo demás.

"El sueño que te induje a tener fue el causante. Te sumergí en el sueño más profundo, alejándote de la realidad que te rodeaba, y así pude hacer que salieras de tu casa, llevándotela a ella hacia el lugar en donde iba a darle fin"

Esa misma noche. Eso quería decir que habían pasado veintiún días exactos desde que había sido hecho; no tenía nada en el estómago, pero aún así sintió una arcada nueva al comprobar cuánto, en días, era el tiempo pasado. Renata, una mujer un tanto superficial, pero una buena persona, no la indicada para él, y ahora para nadie más. La realidad de su muerte fue más intensa al tener claridad del tiempo pasado, y cómo la acción sobre ella cometida había degenerado no sólo su cuerpo, sino también sus sueños y esperanzas ¿cuánto supo de ella en el tiempo que compartieron? No hablaron mucho, pero aún cuando se tratara de encuentros sexuales, siempre había algo, un atisbo de la persona que era en un contexto más amplio. Se trataba de una mujer profesional, independiente, de carácter fuerte, que no temía decir lo que pensaba y luchaba por conseguir lo que quería; no era, sin embargo, una romántica, más bien una enamorada de las cosas buenas de la vida. Eso le dijo una vez.
Renata estaba muerta, había sido asesinada por sus manos, pero no por él; esto es algo que nadie nunca creería, pero pasaba, estaba pasando en ese mismo instante. La mitad de la cara visible bajo los matorrales y el ojo inexistente dirigido a él estarían mirándolo desde las sombras de la muerte, hasta que pudiera hacer algo al respecto.

— ¿Por qué, por qué ella?

Lo que le había pasado a ella era por mucho peor a lo que le estaba pasando a él; solo en la mitad de la nada, sucio, vomitado, con los sentidos aturdidos y una serie de inexplicables dolores internos, aún estaba vivo, aún podía hacer algo por él o por alguien más. Pero, ahí, también se dijo que estar vivo, y haber tomado conciencia de lo que sucedía tenía que ser por algo, y el primer motivo que tenía era saber. Tenía que saber toda la verdad.

— ¿Por qué hacerle esto a Renata?

"No se trata de ella en particular, tenía que ser alguien a quien pudieras acercarte. Alguien para eliminar"

— ¿Y Nadia?

Necesitaba hacer preguntas, entender y hacer encajar las piezas que todavía seguían moviéndose. Tragó una desagradable mezcla de polvo, ácidos remanentes de sus propios fluidos y sudor, y se forzó a seguir concentrándose.

"Ella se volvió un peligro"

— ¿Querías que ella muriera al igual que Renata?

"Sí"

— ¿Por qué?

"Porque ella estaba averiguando. Ella quería saber"

Su mente se trasladó entonces hacia el pasado más reciente. La teoría que tenía, acerca de que recurrió a ella en busca de ayuda sobre un problema mental era correcta, excepto por un detalle, y es que no era la preocupación genuina de él, sino una treta de ese agente externo.

—Yo fui donde ella porque estaba asustado, y tú me hiciste atacarla para que no te descubriera.

Decirlo hizo que las cosas fueran más sencillas de comprender; la voz que durante varios días entendió como la de la conciencia, la que lo instaba y supuestamente entendía, en realidad estaba ahí vigilando sus pasos. Como le dijo un instante antes, estaba perdiendo el control sobre él, de modo que dejó que se asustara, para luego ejercer de nuevo el control y hacer que la atacara.

—Por eso es que Nadia ahora se encuentra bien —dijo con voz entrecortada—, trataste de hacer lo mismo de la vez anterior, pero no pudiste, por eso los recuerdos volvieron.

La voz no se dejó oír. Entonces de verdad era así, realmente la voz estaba perdiendo fuerza en él.

—Estás perdiendo tu control sobre mí.

"No"

Una nueva puntada se sintió en la mitad de la espalda, pero Vicente la contuvo; el impulso era como una fuerza aguijoneando la espina dorsal, pero se negó a dejarse vencer. El dolor continuó, como una corriente dirigida a un punto específico, más intenso que los anteriores; resopló, gruñó, presa de una sensación  que se extendía por los nervios, traspasándose de un disco a otro, y presionó los débiles brazos contra el capó del vehículo, mientras las piernas apenas lo sujetaban. Tuvo un acceso de furia, una energía desatada desde su interior, producto de la frustración, el miedo y la rabia, y gritando como un poseso, azotó la cabeza contra el metal, una, dos, tres veces.

— ¡Sal de mi cabeza!

Escuchó el sonido sordo de su cráneo estrellarse contra el metal y fue, por un momento, más rápido su movimiento que las sensaciones de dolor causadas por el daño auto infligido. Su vista se nubló, y luchó con todas sus fuerzas por no caer y continuar con lo que pretendía, pero la punzada en la espalda fue más fuerte, y lo hizo derrumbarse; cayó de bruces sobre el auto, teniendo una breve vista de la abolladura que había causado, y luego se desplomó, cayendo de espalda al suelo. Ambos, el dolor de la espalda y el causado por él mismo se esfumaban.

— ¿Por qué?

"Quiero destruirte"

— ¿Pero por qué? —hizo un nuevo esfuerzo y se sentó otra vez en el suelo. Lo que estuviera pasando, no podía permitir que lo derrotara, no todavía—, tiene que haber algún motivo.

La voz, otra vez no contestó. La muerte de Renata, el ataque a Nadia, la voz que lo asediaba ahora, y que antes había tratado con éxito de hacerse oír como un agente que lo apoyaba, todo estaba conectado, y si bien el nudo era querer destruirlo a través de la manipulación, tenía que haber algo más. Tenía que saber.

—No puede ser porque sí —murmuró con torpeza mientras ponía una rodilla en tierra, esforzándose para controlar la debilidad que amenazaba con tirarlo otra vez—, debe ser por un motivo...

Y entonces lo entendió. Por un momento tuvo una claridad mayor a la que esperaba de sí mismo en una situación como esa, y pudo olvidar los dolores y la avalancha de sensaciones que inundaban su cuerpo. Se puso de pie, con dificultad, pero incluso en ese momento, haciendo acopio de parte de sus fuerzas.

—Yo... —se corrigió. La realidad era otra— Tú me conoces...

Nunca en su vida había tenido tanta claridad con respecto a algo intangible; se trataba de alguien, no de una simple voz o un ente indefinible, era la voz de alguien que, en algún sitio, ansiaba con todas sus fuerzas destruirlo, y que tenía los medios para hacerlo.

"Sí"

Una nueva confirmación. Miró al cielo, no en busca de respuestas, sino tratando de que la luz de esa mañana entrara por sus ojos, que iluminara algo de la oscuridad que se estaba apoderando de él.

— ¿Quién eres?

"No lo sabrás"

—Dime quién eres, dime por qué quieres hacerme todo esto.

Sin embargo, la respuesta vino a través de una nueva oleada de dolor, en vez de por una palabra; arrancó un nuevo grito, al aparecer esta vez en el centro del pecho, poco más arriba del esternón. Se encorvó, cayendo con una rodilla en tierra, las manos llevadas al pecho en una fútil acción de protección. Pero, otra vez, el dolor desapareció, y al mismo tiempo sintió que la voz se alejaba, al igual que en una ocasión anterior; es decir que no sólo estaba perdiendo capacidades contra él, sino que no podía permanecer de modo constante.

—Estás en alguna parte —dijo con voz ronca—. Me obligaste a hacer esto, pero no te voy a dejar ganar.

Sentía como si hubiera sido duramente golpeado; estaba agotado, sucio tanto en el cuerpo como en la mente, pero al menos de momento, libre de la voz y de la tortura a la que había estado sometido. Enfocó la vista en el auto, quedando durante un instante detenido en la abolladura que hizo en el capó, una hendidura que perfectamente podría haber sido hecha por un ariete y que sin embargo, era producto de su propio actuar. Llevándose las manos a la cabeza, miró en todas direcciones, percatándose de que, en realidad, nada había cambiado desde que llegó, nadie se percató de su presencia y los automóviles, de momento lejanos, seguían su curso sin prestar atención a lo que sucedía en un punto insignificante de la carretera. Se miró a sí mismo con un sentimiento de irrealidad, como si fuera imposible que el sujeto torturado por dolores sin explicación, humillado y patético, fuera la misma persona que ahora estaba parada ahí; su ropa estaba sucia al igual que él, tenía inclusive algunas desgarraduras en la tela de los pantalones producto de las caídas, además de rasmillones en las manos y antebrazos, pero en ese instante estaba mejor que unos momentos antes. El día estaba claro, tratándose de una mañana luminosa y en apariencia cálida, aunque él no sentía ninguna tibieza, estaba dominado por una insensibilidad general que por suerte excluía a los pensamientos.

Esa voz era alguien, una persona que, desde algún sitio que no podía identificar, estaba haciendo uso de un arte que él no comprendía, pero que tenía el poder de controlarlo; lo llevó a matar a una mujer inocente y atacar a otra, la primera sólo como un absurdo acto de destrucción, la segunda como un intento de defensa ante el peligro de ser descubierta.

La pregunta que quedaba sin contestar era ¿por qué? ¿Por qué alguien querría utilizarlo de esa forma, destruir su seguridad y obligarlo a hacer cosas que como persona jamás habría hecho? Pretender destruirlo no era suficiente, así que entendió que se trataba de alguien a quien él conocía, o en su defecto una persona que tenía conocimiento de él ¿A quién podría haber dañado tanto como para que usara esas misteriosas formas para vengarse? Se acercó al auto, y su mirada cayó en primer lugar, a través del vidrio de la ventana, en donde el teléfono, dejado sin cuidado sobre el asiento del copiloto, anunciaba en la pantalla bloqueada, con un mensaje en púrpura brillante, la hora que era en ese momento y las notificaciones; eran más de las ocho quince de la mañana, es decir mucho más tarde de lo que él había supuesto en un principio que pasó: en ese mismo instante había una llamada de Iris, de seguro una de tantas entre tanto tiempo pasado. Se preguntó, parado junto a la puerta del automóvil, que de momento no quiso abrir por el extremo cansancio al que estaba sometido, qué estaría pasando por la mente de su esposa; la noche anterior, él le dijo que tenía miedo de estar perdiendo sus capacidades mentales, a lo que ella reaccionó con un natural temor debido a su historia personal, pero al mismo tiempo con la entrega y la dedicación propia de su carácter y su amor por él. Muy poco después, Vicente salió de la casa sin dar aviso, tomó el auto, y desapareció del mapa, encontrándose más de dos horas después inubicable, con el móvil encendido pero sin dar respuesta de sus constantes llamadas. Luego de unos toques, la llamada se cortó, dejando paso a la pantalla en reposo donde se acumulaban las notificaciones de mensajes en el chat directo y las llamadas perdidas. Tuvo el instinto de abrir la puerta y contestar los mensajes, de llamarla y decirle todo lo que estaba pasando, pero tan pronto como apareció ese sentimiento, se quedó quieto, y ni siquiera tocó la puerta. Renata estaba muerta, por su propia mano, y así también hirió a Nadia, y aunque en su interior sabía que no era algo causado por sus propios deseos, eso no cambiaba el hecho de que de todas formas era un peligro para cualquiera que estuviera cerca: la voz no estaba en ese momento, pero nada aseguraba que no volviera a suceder, y poner en peligro a su esposa e hijo era lo último que quería. Cuando abrió la puerta del auto, le sorprendió la tibieza que emanaba de su interior, junto sonido del móvil que otra vez anunciaba una llamada; por primera vez sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, ante el escenario que se dibujaba en su vida. Podría volver a casa, decirle todo a Iris, pero eso sólo aumentaría el nivel de peligro sobre su cabeza, como una espada de Damocles cuyo hilo pudiese cortarse en cualquier momento; por otro lado, desaparecer por completo significaría sacrificar más que nunca antes, y poner en riesgo el amor de Iris. Se contraponían dos opciones: la inseguridad de su familia teniéndolo cerca un minuto más, o su tranquilidad sin saber nada de él.


3


Había sido mucho tiempo en sumersión, bajo ese silencio; pero cuando aprendió a escuchar, poco a poco aprendió también a ver, y eso hizo que tuviera una imagen más completa del mundo. No solo de su mundo, sino de lo que significaba en general, el saber que era algo mucho más grande de lo que pensaba.

Pero las limitaciones eran muchas. No se trataba sólo de ver y oír, sino de desplazarse, y eso estaba negado por completo, de forma que las cosas seguían siendo lejanas y, en muchos casos, inalcanzables, poco a poco comprendió que lo que oía, esas palabras, eran moduladas por las personas a las que veía, y comprendió que existían las expresiones, que todo iba de la mano en una cadena incesante. No podía expresarse de esa manera, pero podía entender ¿Por qué estar dentro de esa prisión? Eventualmente, se hizo patente que había algo más que le faltaba, que no solamente se trataba de expresar las emociones que se traducían de las palabras escuchadas, sino que le faltaba la voz. Una diferencia entre la voz de su mente y la que se podía hacer sonar. Dentro de su prisión, escuchar su propia voz era lo mismo que oír las que aparecían desde el exterior, pero con el tiempo entendió que existía una diferencia fundamental: la voz interior era un secreto para los demás, mientras que la hablada era sonido, que rasgaba el aire y llegaba hasta alguien más.



— ¿Sabes qué me pregunto? Me pregunto qué es lo que estarás pensando, ahí. Estoy segura de que hay muchas cosas, que los cuentos y los libros que te leo te hacen vivir y reflexionar muchas cosas; hace tiempo que te leemos libros, y te contamos cuentos ¿Quién iba a imaginar que te iba a interesar la sicología, las ciencias? Supongo que es porque tienes la posibilidad de pensar en muchas cosas, y el tiempo para hacerlo, pero también he pensado, es decir estábamos pensando en eso, que de seguro tienes una capacidad superior a la de otras personas, para entender y para pensar en muchas cosas. ¿Qué es lo que más te gustaría hacer?

"Hablar"

—Qué extraño.
—Hola ¿Qué sucede, por qué tienes esa cara?
—No es nada, sólo creo que...no importa.
—Te ves un poco cansada.
—Sí, debe ser eso; creí escuchar que alguien me hablaba.

Risas. La risa era un reflejo de la alegría interna; pero jamás la había expresado, sólo oído en labios de los otros, en particular de él.

—Sí, definitivamente es cansancio; además de nosotras, en este cuarto no hay nadie más.
—Bueno, en realidad sí hay alguien más.
—Lo sé, sabes a lo que me refiero, a alguien que pueda hablar en voz alta.

Ambas estaban riendo, pero no se trataba de risa de alegría; era una especie de burla. Otra vez, por no ser igual, por estar dentro de ese encierro horrible. No, no eran en realidad buenas personas, sólo trataban de aparentar, de mantener sus verdaderos pensamientos en secreto y decirle con palabras al mundo que eran personas distintas a lo que las demás eran; ya lo había presenciado antes, ya había sido testigo de la cercanía, las promesas y la falsa verdad, proveniente de alguien a quien creyó conocer, de quien creyó ser una parte, pero que al final no era nada.

— ¿Y qué le has estado leyendo hoy?
—Esto, es sobre los estados de la personalidad.
—Interesante.
—Es bastante complicado en realidad; habla de que las personas son como estratos, es decir que lo que uno es se forma de varios niveles, desde el más básico hasta la personalidad que tenemos. No me ha despegado la vista en un momento, casi esperaba que en un momento, cuando fui por un vaso con agua, me dijera ¡No, sigue leyendo!
—Fue un gran descubrimiento ese que hiciste.
—Sí, y nos permite salir de los cuentos. Después del tiempo que ha pasado, es interesante pensar en esto, creo que dentro de poco va a saber más de estas cosas que un sicólogo licenciado.
—Apuesto que analizas todo ¿Verdad? ¿Qué es lo que estarás pensando en este preciso momento?

"Vicente...no vayas a casa"



Próximo capítulo: Comencé a oír