Broken spark Capítulo 4: Un ejército considerable



—Cállate y sólo sigue disparando.
—Está bien, está bien, pero nuestras municiones no son infinitas.

Cheetah y Rhinox estaban parapetados tras un alerón en el techo de la nave, intentando repeler de la mejor manera posible el ataque de los demás, mientras las explosiones por causa de los proyectiles se multiplicaban alrededor.

—Esto es una locura —gritó Cheetah en medio del ruido ensordecedor de los disparos—, si es un sueño necesito que me despierten.

Rhinox se levantó y quedó expuesto durante unos instantes mientras disparaba con toda la potencia de sus cañones rotores; era imprescindible detener a los adversarios, o al menos mantenerlos a distancia. Si Optimus utilizaba su capacidad de volar estarían perdidos por completo.

—No es un sueño aunque lo parezca —afirmó unos momentos después—, tenemos que salir de aquí lo más pronto posible, no podemos lanzarnos por este lado, está demasiado alto.

Rhinox hizo una pausa. El virus con el que Dinobot había infectado a Optimus se transmitía al contacto, era por eso que en el instante en que el líder maximal estuvo sólo con el saurio se produjo el contagio; también había contagiado a Rattrap. Pero eso no se condecía con haber comenzado a atacarlos, siendo que habría tenido mejor oportunidad acercándose con alguna artimaña, de la misma manera en que el velocirraptor lo había hecho ¡Un momento! era por eso que aún no utilizaba los propulsores para sobrevolarlos, Optimus estaba infectado por el virus, pero desde el interior estaba oponiéndose a las instrucciones que este sin duda estaba indicándole, eso quería decir que estaban perdiendo un tiempo valioso y la única oportunidad de escapar.

—Escucha, no podemos quedarnos ni un instante más aquí, vamos a tener que salir abriéndonos fuego entre ellos.
— ¿Qué? Estás loco.
—Probablemente, pero es la única oportunidad que tenemos de salir con vida, ahora sígueme y cuando te diga, salta con todas tus fuerzas.

Cheetah no hizo ningún comentario; ambos guardaron momentáneamente sus armas y corrieron por un lateral de la nave, aprovechando el elemento sorpresa. Con los láser rozándolos, Rhinox tomó la delantera y arrancó al pasar un saliente metálico que utilizó como improvisado escudo, mientras los otros tres calculaban a toda velocidad la distancia y el punto de tiro; el corpulento maximal lanzó la única granada que tenía en su poder: el artefacto detonó y aunque la explosión no fue muy grande, sí le dio unos microciclos de oportunidad.

— ¡Ahora!

Ambos saltaron desde la superficie de la nave y cayeron a un costado de esta, aprovechando la reciente confusión; de inmediato corrieron hacia el puente.

—Date prisa. Tenemos que salir del perímetro.

El sonido de los láser disparándose desde el techo del vehículo volvieron a escucharse, al tiempo que ambos corrían sobre la estrecha franja de tierra.

— ¡Cheetah modo bestia!

El felino ganó distancia en modo bestia y pudo llegar hasta el otro extremo. Rhinox sin embargo fue derribado por un disparo.

—Escapa ¡No te preocupes por mí!

Cheetah dudó un instante, pero luego extrajo su arma y empezó a disparar furia.

—Vamos levántate, no te voy a dejar aquí y tampoco vas a abandonarme en medio de esta situación.

Rhinox logró ponerse de pie y llegar también hasta el otro extremo; una vez allí activó el mando a distancia y cerró el campo de energía que protegía la nave. Con esto los encerró de manera momentánea y además los puso a ambos a salvo; durante un instante el silencio fue casi tan aterrador como las ráfagas de disparos anteriores.

—Lograste encerrarlos.

Rhinox se convirtió en modo Bestia y comenzó a caminar alejándose del campo de energía.

—Eso sólo nos dará algunos minutos de ventaja, pueden desactivarlo desde el interior; tenemos que escondernos y hacer un plan.

Cheetah lo miró sorprendido.

— ¿A qué te refieres con hacer un plan? Estamos solos, Megatron encontró el plan perfecto para infiltrar nuestro equipo, Optimus y Rattrap lo están acompañando y no podemos acercarnos sin que nos contagie o nos mate en el intento, no tenemos donde recargar energía ni conseguir más armas: es el fin del juego, Megatron ganó.

La percepción que tenía Cheetah no era pesimista, de hecho Rhinox sabía que era por completo realista, pero no estaba dispuesto a rendirse sin luchar.

—Megatron sólo ganará en el momento en que no haya ningún maximal para enfrentarlo y pueda descifrar por completo la información alojada en el disco dorado.
— ¿Y qué podemos hacer nosotros?

Rhinox sabía que lo que iba a decir era aún más escalofriante, pero por lo demás era la verdad.

—Megatron va a iniciar una cacería; su principal objetivo es no tener componentes que pueden intervenir en su camino. Ese fue su plan desde el principio, por eso sacrificó a dinobot sin importarle nada.
—Fantástico —reclamó el otro— ¿sugieres que formemos una especie de resistencia cuándo habría dos grupos buscándonos al mismo tiempo?
—Te olvidas de algo —replicó Rhinox tratando de sonar más seguro de lo que en realidad se sentía—, nuestros sistemas de comunicación no tienen la capacidad de cubrir grandes distancias por causa del exceso de energon en el ambiente.
—No entiendo a dónde quieres llegar.

Se apartaron de la senda que habían recurrido inicialmente y caminaron hacia un bosque cercano, a cierta distancia de dónde habían visto el cuerpo destrozado de Scorponok.

—Megatron envió a uno de los suyos a infectarnos con un virus que nos vuelva a sus aliados, pero mientras Dinobot no vuelva con él, no sabe quiénes están contagiados y quiénes no.

Cheetah quiso cerrar sus sensores auditivos.

—No quiero escuchar esto.
—Iremos hasta su base con el cadáver de Scorponok en nuestras manos y le haremos creer que somos los únicos infectados que sobrevivimos después de la batalla, y cuando estemos a dentro de su nave ——continuó con fiereza—, los volaremos en mil pedazos.

2

Base predacon. Mientras tanto.

—Tarantula, verifica la información del radar.
—Entendido.

Megatron esperaba con paciencia el resultado de su plan secreto, al tiempo que se mantenía informado acerca de otro asunto; las vainas stasis que los maximals dejaron caer serían de mucha utilidad aumentando su ejército.

—Señor, tenemos una señal.
—Excelente, si, dime la ubicación.

Tarantula verificó algunos datos en la pantalla de la consola de rastreo, con la vista fija en los indicadores.

—Al norte en la zona nevada, a unos cien clics de distancia.
—Un sector cubierto de hielo —reflexionó el líder predacon—, me pregunto qué podemos obtener de ese sitio. Terrorsaur, ve de inmediato en esa dirección.

La araña intervino, acercándose al enviado con un chip sujeto entre sus tenazas.

—Poderoso líder, creo que es buen momento para probar un invento en el que he estado trabajando.
— ¿De qué se trata?
—Es un chip de codificación, su objetivo es corromper el mecanismo de la vaina stasis y cambiar la alineación del sujeto en su interior.

Megatron ladeó la cabeza en gesto de suspicacia.

—Ese cambio en la programación puede realizarse desde la misma vaina antes de hacer el procedimiento de escaneo de forma alterna ¿para qué querrías un chop adicional?
—Eso es —replicó Tarantula con tranquilidad—, porque ese sistema puede revertirse de manera posterior, mientras que mi invento… lo volverá un predacon, incluso en contra de su voluntad.
—Un aliado de fe ciega en mí, me gusta —murmuró saboreando las palabras—, Terrorsaur, lleva el dispositivo e insértalo en la vaina stasis. Date prisa.

3

Rhinox y Cheetah avanzaban con rapidez por el bosque, el primero de ellos arrastrando un bulto compuesto por partes del cuerpo de Scorponok.

— ¿Y crees que Megatron se trague el cuento así nada más?
—Megatron quiere el control de todo, no lo dejará pasar —replicó el otro con seguridad—. Si se ha tomado tantas molestias para aumentar su ejército, o va a matarnos porque sí, por lo menos querrá comprobar personalmente que de verdad estamos de su lado.

Cheetah miró con algo de angustia al hatillo de partes que arrastraban consigo.

—Algo me dice que no le bastará con esto como prueba.
—Sobre todo porque no traemos con nosotros a Dinobot, lo sé. Lo que me importa es provocar el suficiente impacto como para que decida bajar las defensas o hacernos entrar en la nave. Si piensa que ará realidad sus sueños de controlar el disco y revivir la guerra en Cybertron para su beneficio, pues lo volveré real ante sus ojos.

En ese momento, por primera vez el felino creyó comprender de qué se trataba todo eso.

—Espera un poco.
—No podemos, tenemos que ganar distancia mientras podamos.

Cheetah se detuvo, obligando al otro a detenerse.

—Es una misión suicida ¿Verdad?
—No por completo.
— ¿Sólo para ti, es eso? —lo enfrentó con decisión—. Tu sentido del honor ha llegado tan lejos que vas a infiltrarte a cara descubierta en su base y morir para destruir a los predacons?
—He leído historias Cheetah —reflexionó con menos dureza en la voz—, he memorizado muchos pasajes de la historia antigua en Cybertron; cuando Optimus dijo que Megatron quería traer de regreso la gran guerra, no lo dijo en broma, esa guerra hace decenios casi extinguió nuestra raza, y ahora mismo el propio Optimus me demostró cómo es que se lucha: estaba controlado por el virus de Dinobot, pero aún así resistió lo suficiente como para darnos una oportunidad de escapar, él nos atacó para evitar el contagio.
—Si morimos, de nada ayudaremos a la causa maximal.
—Tú sobrevivirás, eres el más rápido de nosotros, y con seguridad el más rápido entre ellos; me aseguraré de entrar en esa base y hacer el suficiente daño o encontrar el antígeno para el virus, y tú estarás listo para lo que suceda primero. Si daño su base, te irás con los datos de su escáner para poder ir tras las vainas stasis, y si encuentro el antígeno, lo llevarás ante Optimus para salvarlo.

El felino no dijo nada durante unos momentos. Estaba claro que sólo había una vía de acción.

—Me apegaré a tu plan; sólo promete que harás todo lo posible por sobrevivir, amigo.

4

—El rastreo ha terminado sin éxito.

La nave lucía varios daños provocados por la batalla desarrollada poco antes; en el techo aún se elevaban columnas de humo gris, y un trozo de metal colgaba como un péndulo de un lateral, como negándose a caer por fin; Rattrap volvió a modo bestia y se acercó a Optimus. Dinobot esperaba tranquilo a metros de la nave.

—Lograron escapar.
—No importa, los destruiremos pronto, no podrán ir muy lejos, no tienen municiones ni reservas grandes de energía. Además tendrán el impulso de trabajar en equipo, y el más grande retrasaá al otro, no tienen manera de escapar.

Dinobot se acercó a paso lento.

—Pudiste usar esos propulsores para alcanzarlos cuando estábamos en el techo.
—No fue sencillo manejarlos, al parecer han estado en desuso; pero es bueno saber que al menos uno de nosotros tres puede volar ciertas distancias, eso facilitará la búsqueda.
—Tal vez es buen momento para destruir esta nave.
—El saurio tiene razón —comentó Rattrap—, ellos ya se fueron y tendremos que ir por ellos. ¿Qué dices líder?
—No soy el líder —replicó Optimus severamente—. El líder es Lord Megatron. Y no destruiremos esta base, nos puede servir más adelante. Ahora salgamos de aquí, rastrearemos los alrededores en busca de los fugitivos, y se los llevaremos a nuestro líder predacon.



Próximo capítulo: Un felino poderoso

Broken spark Capítulo 3: Una frecuencia óptima



Para el momento en que Optimus y los demás maximals llegaron a las cercanías de la base era tarde para sorprender a Megatron; los dos grupos se encontraron frente a frente, el barranco y la nave protegida por el campo de fuerza como telón de fondo.

—Al fin nos vemos las caras Optimus.
—Esperaba una emboscada —dijo el líder maximal.

Megatron ahogó una risa burlona.

—Siempre con ese concepto tan malo acerca de mí, pero aunque no lo creas, en esta ocasión no vengo enfrentarme a ti ni a los tuyos.

Pero podría hacerlo, pensó el gorila. Algo se oculta detrás de esa supuesta actitud pacífica.

— ¿Qué es lo que quieres?
—Me gustaría saber en dónde se encuentran tres de mis camaradas —replicó con seguridad—, desde el momento en que nos estrellamos, mis asociados parecen estar desapareciendo por arte de magia.
— ¿Y eso de qué manera tiene que ver con nosotros?
—No lo sé —replicó Megatron— entre el lugar donde se estrellaron ustedes y aquí en donde nos estrellamos nosotros existe una distancia que se puede cubrir casi en línea recta, y cuando llegué ustedes ya venían de regreso.

Ratrap iba a decir algo, pero Optimus reaccionó con rapidez y evitó que hablara.

—Estás confundido de bando Megatron —contestó con firmeza—, no somos del tipo de los que dan caza a sus enemigos sólo por diversión.
—Por algún motivo, eso no te lo creo.
—Tendrías que preguntarte a ti mismo a qué se debe esa desconfianza.

Megatron decidió que la reunión ya había llegado a su fin.

—Vamos a dejar algo en claro: ahora tenemos dos opciones, intentamos matarnos squí y ahora o nos retiramos para preparar con mucho cuidado los pasos que vamos a dar ¿sabes? El enfrentamiento es inevitable.

Optimus por su parte, no estaba dispuesto a ceder.

—No vas a usar el disco para tus planes, no te lo permitiré.
—Sé que no lo harás —replicó el otro con alegría—, para los asuntos que corresponden a tu deber, funcionas en una frecuencia óptima, Optimus.

Hizo una breve pausa especulativa, tras lo cual comenzó a moverse hacia un costado.

—Predacons, retírense, no queremos caer en una trampa.

Los predacons se retiraron con rapidez mientras Rhinox se convertía a robot y activaba el mando a distancia que permitía que se abriera una brecha en el campo de energía protector. Dinobot apareció desde el escondite que lo había mantenido oculto a cierta distancia y se acercó al grupo.

—Escuchar Optimus —dijo Rattrap en voz muy baja—, sé que fui  irrespetuoso contigo. Pero esta vez estoy hablando en serio, no lo dejes entrar.

El líder maximal hizo una pausa.

—En estos momentos el mayor peligro para nosotros no se encuentra ahí, en ese transformer, está en la mente de Megatron y en los planes que aún no logro descifrar.

Dinobot llegó hasta ellos a paso lento, la satisfacción se notaba con toda claridad en sus ojos.

—Esta fue una reunión interesante y al parecer una charla muy emotiva.

El gorila no respondió.

—Es extraño que haya aparecido de esa forma y no los atacara ¿no es así?
— ¿Se te ocurre por qué podría haberlo hecho?
—No, pero él aún no sabe que estoy con ustedes, lo que significa que tenemos una oportunidad de engañarlo.
— ¿Qué sugieres?

El velocirraptor miró directamente hacia Rattrap, que lo observaba con desconfianza.

—Lo más sensato que puedes hacer, trata de matarme.
— ¿Qué?
—Lo que oíste. Megatron ya sospecha de la desaparición de algunos de sus seguidores, entrégale a uno de ellos malherido, al borde del colapso.

Rattrap soltó una exclamación burlesca.

—Estás demente si crees que eso lo va a alterar, o a provocarlo de alguna manera, a Megatron no le interesan sus seguidores.
—No se trata de lo que pueda ponerlo nervioso o no, sino de entrar en su nave con armamento que no tengo en mi poder.
—No entiendo lo que…

La voz de Rhinox se escuché fuerte y clara, emergiendo desde detrás de ellos con su aplomo característico.

—Una bomba.

Cheetah intervino alarmado.

— ¿De qué estás hablando? Sólo tenemos algunos detonadores en el interior de la nave, no podemos desperdiciarlos en pasárselos a él.
—Es cierto —chilló Rattrap—, ¿cómo sabes que todo esto no es más que un plan para desarmarnos?
—Porque hay una forma de comprobarlo —replicó Optimus con tranquilidad—, Dinobot, aceptaré que te involucres en este arriesgado plan con una condición: vas a cambiar tu código mental a Maximal.

2

Megatron y los predacons volvieron a la base en un ambiente de nerviosismo.

—Megatron —intervino Tarantulas— ¿crees que esto es de verdad un plan de los maximals? No parece su estilo.
— ¿Porque siempre son los héroes de las historias? —replicó el líder con tranquilidad— Hace miles de años que los predacons, y antes los decepticons, hemos sido considerados y vistos como los grandes conspiradores pero, si lo analizas bien mi estimado arácnido, puede ser que detrás de todo esto haya un símbolo distinto al que nosotros ostentamos.
— ¿Y qué sugieres?

Megatron quitó de su brazo el extremo dentado con el que podía disparar grandes lásers y lo dejó sobre el mesón. Luego contempló durante unos momentos el mapa tridimensional frente a sus sensores ópticos.

—Piensan atacarnos —replicó al fin—, nos hemos vuelto un obstáculo. Tenemos que descifrar el mensaje escondido en el Disco dorado, lo más pronto posible.
— ¿Y los predacons que faltan?
—Preparen una búsqueda, pero no saldrán todavía; presiento que los maximals están muy, muy cerca.

3

Al fin y a pesar de los murmullos de desaprobación de Rattrap, el grupo ingresó a la nave en compañía de Dinobot; el velocirraptor se mostraba muy calmado y confiado en el procedimiento que se iba a realizar. En tanto, Cheetah se escabulló a un costado, en donde Rhinox preparaba la cápsula en donde iba a realizarse el cambio de facción.

— ¿Estás seguro de lo que vas a hacer?
—Hay un procedimiento standard para realizar los cambios de facción.

El felino se interpuso en sus laboras, y lo obligó a mirarlo.

—Sabes que no hablo de eso. ¿Crees que el Gran jefe enloqueció?

Rhinox lo miró con detenimiento durante unos momentos, antes de contestar.

—No ha enloquecido, está tomando la decisión de tomar medidas peligrosas en contra de enemigos peligrosos. Ciertamente, que Megatron tenga en su poder el disco dorado lo convierte en una mgran amenaza.
— ¡Pero uno de sus aliados está dentro de nuestra nave!
—Baja la voz.
—Lo siento.
—Escucha, sólo mantén los sensores ópticos muy abiertos, y ahora déjame revisar esto antes que me tarde aún más.

Mientras tanto, en el puente de mando, Optimus le explicaba a Dinobot la información.

—El procedimiento no será largo, pero escucha; no vamos a cambiar tu memoria, pero tus códigos de pensamiento van a cambiar. La primera directiva, es no matar de forma innecesaria, y cuando lo digo, me refiero a cualquiera de tus especiales motivaciones.
— ¿Qué sucedería en el caso de que lo quisiera hacer?
—Hay un comando de directivas en el programa que cambiará tu forma de pensar. Si quisieras matar por placer, por ejemplo, u sistema va a dirigir tus emociones en sentido opuesto, no sentirás placer ni gusto al intentarlo, y todo tu organismo y pensamientos lucharán por detenerte, o hacer que cometas un error.
—Entiendo.

Dinobot se convirtió a robot y enfrentó al líder maximal, mirándolo a los ojos. Puso una mano en su hombro y habló con voz clara y confiada.

—Cuando todo haya terminado, convénceme de que es una misión de máxima importancia, para que no me arrepienta.
—Lo haré.

Un instante después de esas palabras, Optimus se llevó una mano al cuello, palpando la misma zona en donde el otro había tocado.

— ¿Qué…? ¿Qué es esto?

Dinobot se alejó unos pasos; en tanto, el virus comenzó a infectar el organismo del líder autobot. Optimus intentó hablar, pero se vio muy rápidamente detenido por la acción del agente que se inmiscuía en sus circuitos. Dio algunos pasos sin sentido, tratando de hacer algo en medio de la confusión, cuando, de manera repentina, dejó de moverse y quedó quieto en el lugar. En ese momento apareció Rattrap, quien se escandalizó al ver a ambos tan quietos.

— ¿Qué es lo que estás haciendo asqueroso saurio?
—Nada —replicó el otro encogiéndose de hombros—. De pronto dijo que se sentía extraño, y luego ya no se movió.
— ¡Rhinox!

El aludido y Cheetah aparecieron a los pocos momentos. Rhinox preparó un escáner para revisar el estado del líder, pero antes que pudiera hacerlo, este se recuperó.

— ¿Qué pasa, por qué me miran todos así?
—Estabas muy extraño.
—No es nada, sólo el cansancio. Ahora vamos a realizar el procedimiento en Dinobot lo más pronto posible.

Fueron hasta el módulo, al que el velocirraptor entró con toda tranquilidad. Una vez que estuvo dentro, Optimus activó los cañones de los brazos y hombros y comenzó a disparar.



Próximo capítulo: Un ejército considerable


Por ti, eternamente Capítulo 24: Sobre la pista



La vida de Ignacio Armendáriz se había detenido desde el día en que Víctor había desaparecido; pero no por eso pensaba quedarse sin hacer algo al respecto. La investigación llevaba más de una semana completamente estancada, y a pesar de que se lo habían advertido, no había dejado de hacer sus propias investigaciones; en ese momento estaba en el bosque, pero bastante lejos del lugar en donde ocurriera todo aquel fatídico día. Por precaución tenía apagado el celular, y se desplazaba a pie, explorando una vez más en medio de ramas y troncos que muy bien podían tener cien años de antigüedad. Todos, incluso los más experimentados exploradores de la policía habían descartado la posibilidad, pero él seguía pensando que Segovia no solo estaba vivo, sino que estaba siendo ayudado por alguien, alguien que conocía lo suficiente el bosque como para ocultar sus huellas.

— ¿Qué es esto?

Llegó a una zona bastante escarpada, en donde forzosamente debía sujetarse de las ramas y andar con extremo cuidado, agradeciendo que tuviera consigo el equipo indispensable como las botas todo terreno y los guantes, entre otras cosas. Ahí había algo extraño, ¿sería posible que estuviera tan lejos del sitio del suceso, casi seis kilómetros?

—Lo sabía...esto no es normal...

Se internó algunos metros más; la zona tenía tantos árboles y vegetación que resultaba difícil creer que un hombre pudiera desplazarse por ahí con un niño en brazos, pero los pensamientos del policía no estaban en Segovia, sino en esa persona sin nombre que lo había estado ayudando, esa sombra que lo había hecho desaparecer hasta ese momento. Y entre las ramas bajas vio un par de ellas quebradas, que tenían algún tiempo de antigüedad. Podría parecer natural, pero ambas estaban quebradas a la misma altura, y en el mismo ángulo, lo que indicaba que el autor era una persona, alguien que, sin prestar atención o careciendo de los conocimientos apropiados, había pasado por ahí y roto con su paso esas ramas; siguió caminando lentamente, sentía que por fin, después de interminables dieciocho días, estaba llegando a alguna parte.


2

Víctor se sentía aún muy extraño mientras hablaba con Tomás; en ese momento el otro le señaló su propio cuerpo.

— ¿No piensas preguntarme que pasó contigo?
—No te entiendo.

Pero al instante se miró a sí mismo; bajo las cobijas vio su cuerpo con vendas y parches, en el pecho, brazos y muslos, lo que explicaba por qué desde el momento de abrir los ojos momentos atrás sentía el cuerpo algo rígido, y sobre todo pesado y sin fuerzas.

— ¿Qué ocurrió?

Tomás sonrió.

—Tú no dimensionas lo que está pasando Víctor. El lugar en donde caíste tiene vegetación muy variada, y hay plantas con espinas agudas; cuando te encontré estabas desangrándote, las heridas que tenías de la caída en la espalda principalmente, y en los brazos y piernas no estaban tratadas, y tenías una noche sin ningún tipo de cuidado. ¿Qué fue lo que te pasó en el ojo?
—Creo que fue una astilla de vidrio, tenía problemas para ver desde antes.
—Eso creí —dijo con más vehemencia—. Mira, desde que te traje aquí hice todo lo que pude por controlar el sangrado, y puedo asegurarte que las heridas no se infectaron, pero no hay mucho más que pueda hacer por ustedes. Solo es cuestión de tiempo para que la policía llegue hasta aquí.

Víctor volvió a mirar al bebé, y en ese momento dos cosas muy importantes llegaron a su mente.

—Tomás ¿Por qué estoy aquí, es decir, por qué no llamaste a la policía en todo éste tiempo?

El otro se encogió de hombros como respuesta, antes de hablar.

—Porque no pude. Es decir, en las noticias hablan de que secuestraste al pequeño, la familia dice o insinúa que podrías tener horribles intenciones, pero lo que yo veo aquí, es a un hombre y a su hijo, veo a un hijo con su padre, solo de esa manera se puede explicar que entre ustedes dos exista esa conexión.
—Pero es arriesgado que pienses eso, si la policía llega te llevarán con ellos.

Tomás ya había pensado en esa posibilidad, pero estaba tranquilo.

—Que me lleven no es algo que me preocupa, lo que me angustia es que es lo que vas a hacer. Te dije antes que vas a tener que tomar una decisión, y ahora te lo repito; tienes que elegir entre dos opciones, una que es entregarte a las autoridades, y la otra, que es volver a irte. Si por mí fuera podrían quedarse aquí para siempre, pero eso no pasará por lo que te dije antes.
—Tomás...
—Sé que tuviste tus razones —lo interrumpió—, pero lo que sea que hagas...debes entender que no estás totalmente recuperado, no sabes lo que podría suceder.

Víctor se quedó un momento en silencio, mirando al bebé que como de costumbre parecía tan tranquilo cerca de él ¿cómo podía así nada más...?

—No tengo muchas alternativas de todos modos —dijo sintiendo cómo se le apretaba la garganta al hablar— la familia De la Torre me amenazó, y esos hombres que me golpearon...se habrían llevado a Ariel si no lo hubiera logrado evitar.
— ¿La madre del niño era tu novia o algo?
—No en realidad pero...Tomás, ella me pidió... No, yo le prometí que iba a hacerme cargo de Ariel, y que lo mantendría a salvo de lo que hace su familia.
—Pero has estado en riesgo todo el tiempo, solo mira las condiciones en que estás.
—No puedo hacer otra cosa —replicó en tono suplicante—, Ariel es...es mi hijo, y no se trata solo de lo que le prometí a Magdalena, es que con él yo...yo descubrí que era lo único realmente importante, y si me lo quitan...entonces no habrá nada.

Se sentía abrumado por los sentimientos, parecía primera vez que lo decía así, con tanta seguridad, pero esa verdad era mucho más poderosa al escucharla. Tomás respiró profundo.

—En los años en que fui rescatista vi muchas cosas Víctor, pero hace tiempo que no veía algo así; estás tan determinado a hacer lo que prometiste, a proteger y a mantener contigo a ese niño, que vas a hacerlo, no importa cuánto tengas que sacrificar. Desafiaste a la muerte por protegerlo, y no importa cuán herido estés, tú solo vas a hacer justo lo que prometiste.

Víctor iba a decir algo, pero el otro no lo dejó.

—Estamos de acuerdo en que no puedes quedarte aquí para siempre, así que lo que quieres es salir de mi casa antes que llegue la policía. Hasta ahora mi casa ha sido tu refugio, pero si se acercan será el fin de tu huida, no hay por donde escapar excepto por una puerta.

El joven se incorporó un poco en la cama, sintiendo el dolor en las articulaciones. Era verdad, no podía quedarse más tiempo. Moviéndose un poco más tomó entre sus manos las del hombre duro y fuerte que estaba junto a él.

—Tus manos son benditas Tomás, me cuidaste a mí y a Ariel, te debo demasiado.
—No me debes nada.
—Si —insistió con más energía—, te debo todo, nunca podré terminar de agradecerte por lo que hiciste. Gracias a ti todavía tengo alguna oportunidad de proteger a Ariel.

Tomás iba a decir algo, pero su oído ya acostumbrado a los sonidos del bosque, incluso a los que estaban por fuera de las paredes, detectó algo inquietante.

—No puede ser...
— ¿Qué pasa?

El hombre se puso de pie y corrió hacia una de las paredes; se quedó muy quieto unos momentos, y cuando volteó, su expresión había perdido cualquier signo de suavidad y se mostraba duro nuevamente.

—Hay alguien afuera de la casa.
— ¿Que, cómo lo sabes?
—Porque cuando vives tanto tiempo aquí como yo, lo puedes identificar. Y esos pasos no solo son humanos, son de alguien que sabe muy bien cómo moverse.

Víctor sintió que se le oprimía el pecho.

—Tengo que salir de aquí.
—Pensé que dirías eso —replicó el hombre frunciendo el ceño—, por suerte tengo algunas cosas preparadas hace días. Te daré ropa apropiada y un chaleco de sobrevivencia, lo suficiente para que puedas moverte hasta llegar a un lugar seguro.

El joven hizo un esfuerzo por incorporarse, y lo logró con algo de dificultad; sus movimientos eran lentos, pero aunque tenía multitud de dolores, ninguno parecía tan grave como para detenerlo.

— ¿Pero crees que podremos salir?
—Tenemos tiempo suficiente para hacer algunas cosas. Escucha, junto a tu cama está la ropa, vístete mientras salgo a averiguar qué tan cerca están de la entrada.
— ¿Pero no será peligroso?
—No es fácil encontrar la entrada.

No dijo más y se alejó rápida y silenciosamente. Víctor aún tenía muchas preguntas, pero ante la situación decidió concentrarse y empezar a vestirse; había un pantalón cargo, una camisa algo grande y un chaleco muy pesado, lleno de cierres y bolsillos, el que sin embargo se sentía mucho más cómodo al tenerlo sobre el cuerpo. Mientras se vestía volvió a mirar al pequeño.

—Lo lamento, tendremos que movernos otra vez.

Sentía que se movía con increíble lentitud, pero lo que le dijera a Tomás era cierto, no estaba dispuesto a dejar que lo atraparan, menos aún después de que esos hombres lo atacaran en el bosque, porque estaba seguro de que ellos eran trabajadores de Fernando de la Torre, y eso significaba que las palabras de ese hombre al teléfono cuando todo comenzó no eran otra cosa que un aviso cierto. Sabía perfectamente que no podía escapar para siempre, pero mientras tanto buscaría un lugar seguro y después actuaría. En eso volvió Tomás.

— ¿Ya estás listo?
—Sí, éste chaleco es muy extraño.

El otro comenzó a sacar algo de un mueble.

—Es de supervivencia, tiene cosas que te servirán como comida seca lista para comer, utensilios como navajas y fuego y otras cosas más. Escucha, cuando te encontré no llevabas nada más contigo y tu ropa estaba inservible, pero rescaté la ropa del bebé, es la misma que tiene puesta, aunque tuve que botar la cobija porque no pude quitarle las manchas de sangre. ¿Esto es tuyo?

Le enseñó un bultito poco más grande que una moneda, el que Víctor tomó en sus manos.

—Es un bordado —dijo tontamente—, no lo reconozco ¿estaba entre las cosas de Ariel?
—Si, en un doblez de la cobija, creí que era importante para ti.

La pequeña etiqueta estaba bordada, no tenía ninguna forma específica, solo era una especie de paisaje o lienzo pequeño, tenía cara de algo inconcluso.

—Tal vez lo estaba haciendo Magdalena. Lo guardaré conmigo, es un recuerdo de ella.
—Muy bien. Mira, ahora vamos a salir, te acompañaré un trecho, luego tendré que disimular tus huellas.

Momentos después estaban saliendo de la casa a un paisaje impresionante; realmente la casa estaba sepultada en un bosque que casi tapaba el cielo, tan denso y colorido era que bastaba caminar algunos pasos para que la casa de rústicas maderas comenzara a camuflarse con el ambiente. No había camino demarcado, pero entre los árboles se podía entender por dónde seguir, o al menos eso fue lo que le pareció.

—Escucha, por aquí...

Tomás iba a decir algo más, pero ora vez algo que el joven no podía percibir llamó su atención; se volteó en dirección a la casa y se quedó muy quieto.

— ¿Qué ocurre?
—No te muevas.

Durante un momento nadie hizo nada; el bebé se sentía un poco más pesado de lo que recordaba en sus manos, o tan vez era resultado de los días que estuvo acostado, y las heridas. Al cabo de unos instantes Tomás hizo un imperceptible chasquido con los dientes.

—Víctor, lo lamento.
— ¿Qué pasa?
—Tendrás que seguir tú solo; eso es extraño, estoy viendo a una persona cerca de la casa, pero es solo uno, no me explico por qué estaría solo una persona, los policías siempre trabajan en grupos.
—Armendáriz.
— ¿Qué?
—Es él, estoy seguro —replicó Víctor en voz baja—, no me preguntes por qué, solo sé que es él, es ese policía. ¿Qué vas a hacer?
—Por eso te dije que vas a tener que seguir solo, lo detendré el tiempo que pueda, para que puedas alejarte.
—Pero no sé dónde estoy, no sé qué hacer.

El otro sonrió.

—Estoy seguro que sabrás qué hacer. Mira, solo tienes que seguir por el sendero, la forma de saber por dónde ir es sencilla, tienes que ir junto a los árboles que tienen una rama seca a un costado, justo como ese.

Efectivamente un árbol tenía una rama baja seca, y al mirar en perspectiva podía identificar otros más, algo que sin saber no habría tomado en cuenta.

—Qué buena guía.
—Después que salgas de la espesura, solo tienes que seguir hacia donde se ve el horizonte, en poco tiempo llegarás a una estación de tren. Cuando estés ahí, podrás ir a donde sea.
—Gracias por ayudarme en todo esto Tomás, eres lo mejor que me ha pasado e  mucho tiempo, pero me preocupa que tengas problemas.
—Deja de preocuparte por mí, ahora vete.

Se volteó para alejarse mientras Víctor se iba por el camino indicado con el bebé en brazos. Al saber que se alejaba sintió que se le revolvía el estómago. Por un momento pensó en acompañarlo en su huida, pero luego recordó que, si bien era fuerte y estaba acostumbrado a la vida en el bosque, la lesión que tenía en una pierna y arrastraba desde la era de rescatista se resentía luego de algún tiempo de caminata; se volvería una carga para Víctor, y, además, si no se quedaba ahí no podría detener a quien se acercaba con tanta precisión.

—Por favor que sea la decisión correcta, que ese muchacho y el niño estén bien.

3

—Estamos perdidos.

Romina y Álvaro iban en un automóvil de segunda mano, rápidamente por un camino rural mientras la tarde pasaba iluminada y silenciosa.

—No puede ser.
—Pero estamos perdidos Álvaro —protestó ella—, deberíamos haber terminado el rodeo a la zona boscosa hace diez minutos.

El bosque aún no terminaba y a esa hora la luz del sol no era de mucha ayuda, ya que estaba rumbo al ocaso, y sabían el punto cardinal, no así el sitio exacto. A lo lejos se escuchaba un sonido fuerte y acompasado.

—El tren...
—Te dije que no podíamos estar perdidos —exclamó él sonriendo—, solo que vamos a investigar desde otro ángulo, si estamos diciendo que Segovia está vivo, perfectamente podría haber alguna pista en la estación de tren o alguien lo vio.
—Sigamos por ese sendero —indicó ella más animada—, así podremos hacer que estamos perdidos, la gente es muy colaboradora con los citadinos extraviados.

Romina estaba mucho más animada desde que había salido junto a Álvaro, tenía la seguridad de que estaban haciendo lo correcto; mientras tanto él la ayudaba porque estaba realmente conmovido por su actitud, pero en el fondo se negaba a creer que las cosas fueran como su amiga predecía, porque no quería decepcionarse.
Unos minutos después el auto estaba más cerca de la línea del tren, aunque aún se desplazaban por entre la tierra y la maleza.

—Ouch, éste terreno es difícil.
—No te distraigas.

Pero Álvaro frenó bruscamente.

— ¡¡Ayy!! Me pegué en un brazo ¿Que te...?

Pero Romina no siguió hablando, se quedó sin palabras al ver lo mismo que le estaba indicando su amigo.

4

Cuando encontró la casa, tan rústicamente construida en medio de tantos árboles, Ignacio Armendáriz pensó de inmediato que Segovia podía estar ahí; tenía mucho sentido, que en medio de ese espeso bosque alguien lo hubiera ocultado hasta ese momento, pero aunque interiormente algo le decía que estaba sobre la pista indicada, no quería dar aviso mientras no tuviera algo claro, porque de hacerlo terminaría por sepultar la reputación que le quedaba.

—Debe ser por aquí.

Estaba tratando de buscar un lado apropiado, la entrada a esa casa en el bosque, cuando sintió un ruido que llamó su atención.

—No se mueva.

Tomás se quedó inmóvil en cuanto el oficial de policía le apuntó con el arma.

— ¿Qué pasa?
—No se mueva —repitió Armendáriz acercándose—, oficial de policía.
—Sé quién es —replicó Tomás con calma—, todo el mundo lo conoce, vi su rostro en las noticias en el pueblo.

El otro hombre mostraba una tranquilidad imperturbable, pero el policía no iba a dejarse afectar.

—Eso es de ayuda, necesito entrar en la casa, es parte de una investigación.

Tomás se quedó un momento sin reaccionar, lo suficiente para que resultara sospechoso.

—Entremos a la casa, no lo haga difícil.

Con Tomás adelante, el policía avanzó hacia la puerta, entrando en pocos momentos en la casa; una mirada le bastó para comprender.

—Dígame donde está Víctor Segovia.
—Escuche, yo...
—No lo niegue —lo cortó el oficial con voz autoritaria— esas vendas, esa ropa de bebé, no puede negar que aquí hay alguien más, dígame donde está Segovia y ahórrese problemas.

Pero el hombre no se mostraba preocupado en absoluto, ni por el arma ni por la acusación que se estaba haciendo en su contra.

—Usted es muy hábil, no es fácil llegar hasta aquí, pero ustedes los policías están equivocados con Víctor, él no es ningún delincuente.

Entonces si estaba ahí, y estaba vivo.

—Eso no le corresponde a usted decidirlo.
—No, pero si ustedes persiguen a una persona como si fuera un peligroso delincuente, lo más lógico es que quiera huir y esconderse, y a ese muchacho lo han perseguido sin compasión.

Armendáriz ya había escuchado ese discurso antes, pero en ese momento tenía prioridades, y saber que el niño estaba vivo después de todos esos días no solo era un alivio, también era un aliciente para terminar con toda esa locura.

—Escuche, encubrir a un prófugo es un delito, no lo haga peor y dígame donde está el niño y Segovia.
—No puedo señor. Ya se fueron.





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