No traiciones a las hienas Capítulo 3: Carroña para la hiena


Gotham, ahora.

“¿Es que acaso no hay nada bueno en ti?”

La maestra estaba arrodillada en el suelo junto a un niño de su misma edad que permanecía inconsciente, Steve estaba a unos pasos de distancia, mirando la escena mientras comía con avidez.

—Me había quitado mi panecillo.
—Lo recuperaste —dijo ella de forma alterada—, lo recuperaste cuando tropezó y se cayó ¿Qué necesidad tenía de arrastrarlo hasta aquí?
—Pensé que si quedaba en el centro del patio podían venir los cuervos y comérselo.
— ¡En esta escuela no hay cuervos! —gritó ella histérica.

La capacidad de Steve para tomar distancia en determinadas situaciones resultaba muy útil en momentos de tensión; eran las cuatro de la mañana, dentro de poco amanecería y la luz del sol inundaría la mayor parte de las calles de Gotham. Siempre le había parecido que los delincuentes y los héroes de esa ciudad tenían la mayor parte de sus enfrentamientos durante la noche porque resultaba más fácil esconderse, sin embargo, después de las frenéticas horas más recientes había llegado a la conclusión de que se trataba de algo mucho más complejo: la noche difuminaba las fronteras entre lo propio y ajeno, entre la seguridad y el peligro, y también entre la vida y la muerte.
A simple vista la ropa que estaba usando parecía común, pero no lo era; ya había hecho todas las pruebas de rutina y en verdad, aunque no lo parecía, estaba usando algo que hacía la diferencia entre ser un sujeto común y la persona que pretendía ser desde ahora.
Llevaba puestos pantalones cargo, una sudadera y una camisa, todos confeccionados con un tipo de hilo resistente a golpes y ataques con cuchillo; se trataba de una malla de alta resistencia que se adhería a la piel y bloqueaba de manera efectiva una gran cantidad de ataques cortopunzantes, las características del material también ayudaban a que los disparos de arma de fuego se desviaran de su curso original y por lo tanto resultaran menos dañinos, convirtiendo el impacto de una bala en un golpe metálico. Las botas de caña alta y gruesa suela parecían muy pesadas y eran en apariencia similares a las que usan los montañistas, pero eran ligeras y le proporcionaban algún efecto resorte en saltos de altura o golpes de pie.

En un principio hizo las pruebas correspondientes con algo de desconfianza, sin embargo cuando comprobó las características que se le habían indicado en un principio, se probó el traje y se fue hasta una zona abandonada en la periferia de Gotham, en donde practico parkour comprobando que el calzado le permitía alcanzar mayores alturas y distancias en salto, y que ante caídas el material aislante de la ropa disminuía el impacto físico.
La noche siguiente a la que recibió el equipamiento, pasada la medianoche, salió de la casa cubierto con otra ropa para evitar que alguien pudiera reconocer el atuendo, y una vez que se encontró a distancia prudente se deshizo de la ropa y quedó con el traje; bajo esas ropas de colores negros y grises, y una vez que se cubrió la cabeza con el gorro del mismo tipo de tela, se sintió de verdad preparado para continuar con sus objetivos; si bien parecía un pasamontañas común, la estructura del gorro estaba protegida por dentro con una malla de metal que lo convertía en un casco, además de que los espejuelos estaban hechos de un material que permitía ver con más claridad en la noche. El cinturón de herramientas que tenía adherido a la ropa sobre el lado izquierdo corría desde el hombro hasta la cintura, y poseía una serie de compartimientos, en los cuales disponía de una serie de artefactos capaces de generar distracciones lumínicas y auditivas. No le habían proporcionado ningún arma, pero a desprecio de ello, los antebrazos del atuendo estaban reforzados con una varilla metálica que iba desde el codo a la muñeca, y que en determinado caso sería muy útil para bloquear golpes o incluso darlos. Habría preferido que los guantes tuvieran el mismo tipo de refuerzo en los nudillos, pero estaba dispuesto a conformarse con la resistencia extra que le daba la tela, por lo demás tenía fuerza y era capaz de dar buenos golpes si era necesario.

Carnagge sólo le había advertido que no se metiera en sus propios negocios, y de hecho la presencia del acupunturista sería suficiente para disuadirlo; de todas formas lo que Steve quería era algo muy específico.
El amuleto había trabajado para Kronenberg, a quien le robaba parte de las ganancias, hasta que alguien lo traicionó y le dijo al jefe lo que estaba pasando, pero quedándose en el camino con las ganancias fuera de acuerdo.  Carnagge le dijo que no sabía quién era ese delator, pero que no era alguien al servicio de Kronenberg, puesto que este estaba muy atareado con las órdenes de Máscara negra y un cambio en las direcciones; en pocas palabras, el sector en donde antes había estado en la empresa de su padre ya no resultaba útil para él. Fantástico, sabía cuáles eran los dos extremos de la cuerda, pero lo que él necesitaba era el nudo; sin embargo había algo que lo animaba, y esto era que el delator no estaba en primera prioridad de nadie, lo que dejaba el camino libre para él.
Resultaba educativo y a la vez divertido recorrer callejones y techos saltando en silencio, escuchando de forma sigilosa  los maleantes escondidos detrás de viejos edificios, amenazar a mendigos en busca del más mínimo dato que pudiese servirle para encontrar a aquella persona. Como una sombra se deslizó de un lado a otro, pero aunque la jornada fue gratificante en muchos sentidos, tuvo que reconocer que la primera noche de exploración había fracasado en su objetivo principal.

La segunda noche comenzó con el pie derecho; después de deambular por distintas zonas de vida nocturna a no mucha distancia de Robinson Park, se encontró a la vista de un grupo de maleantes ocultos sobre el techo de una casa, y permaneció atento a lo que ellos hablaban.

—Escucha, sólo hay que mantenerse en movimiento mientras las cosas se calman. Después de todo, no hemos hecho nada malo.
—Claro que no —dijo la voz del segundo de los cuatro, nervioso—, pero ese sujeto nos podría haber metido en un gran lío.
—Sólo no hay que mencionarlo y ya.

¿Estarían hablando de El amuleto? Durante el día había tenido la oportunidad de revisar noticias y obituarios, y no le parecía haber encontrado hasta el momento la muerte de alguno que tuviera relación con las múltiples noticias de balaceras o muertes. Sin embargo también podía ser sólo que en su mente esas palabras sin nombre coincidieran con la historia que necesitaba. Decidió no perder más tiempo y bajó de un salto.

— ¡Qué es lo que…!

Sucedió en un segundo. Dos de los cuatro sujetos sacaron armas y le apuntaron, pero usando el elemento sorpresa, Steve los derribó con algunas patadas. El tercero intentó huir y él lo detuvo, para noquearlo con un puñetazo, mientras que el cuarto trató de enfrentarlo, pero terminó aprisionado contra la muralla; Steve le dobló el brazo en la espalda, pero no aplicó aún demasiada presión.

—Suéltame…
—Supongo que eso alguna vez funciona —dijo en voz baja—, escucha, sólo quiero conversar, deberías ser más gentil.
—Maldito…

Aplicó un poco de presión. Los otros tres no estarían aturdidos para siempre.

—Dime para quién trabajas.
—Para nadie, no sé de qué…

Aplicó más presión. El hombre ahogó un gruñido de dolor.

—Escucha, no me hagas perder un solo minuto más.
—No estoy trabajando para nadie.
— ¿Para quién trabajabas antes?

Sucedió un largo segundo. Podía sentir la agitada respiración del hombre al que tenía atrapado, y se preparó para escuchar lo que iba a hablar, pero un sonido lo interrumpió; miró de reojo como por la calle aparecía un automóvil negro a toda velocidad y frenaba de manera brusca, aunque con gran precisión. Cuando el sonido de los neumáticos aún no terminaba de rasgar el silencio de la noche, la puerta del conductor se abrió y descendió un sujeto; Steve supo de inmediato que se trataba de un policía, algo en la forma profesional de detener el vehículo, y el gesto aprendido de memoria de saltar y deslizarse sobre el capó, no podían significar otra cosa. La voz algo aguda y destemplada atravesó el aire para confirmar sus temores.

— ¡Alto!

Mientras corría hacia el lugar en donde había estado sucediendo el enfrentamiento se llevó la mano al costado derecho, a la cartuchera en donde tenía el revólver; Steve sabía que no existía posibilidad de aparentar ser víctima de alguna especie de ataque, su vestimenta y el rostro tapado lo delataría de inmediato. Maldiciendo por lo bajo soltó al tipo y comenzó a correr de regreso por el pasaje al que descendiera poco antes.
La voz a su espalda volvió a gritar la advertencia, mientras el hombre con el rostro cubierto corrió y se impulsó con sencillez sobre un basurero metálico, usándolo como trampolín para llegar al techo. Una vez que estuvo arriba pensó que escucharía el típico disparo de advertencia que los oficiales realizan cuando ya están demasiado lejos de su objetivo, pero para su sorpresa la figura emergió detrás de él.

“Diablos”

De reojo alcanzó a ver que el sujeto había guardado la pistola; eso lo hizo suponer que probablemente sería joven, por lo que se sentiría capaz de atraparlo sin poner armas de por medio. Continuó corriendo y de un salto se sujetó de una escalera de servicio que le permitiría ascender por el costado del edificio contiguo, sabía que era una medida arriesgada si el policía intentaba dispararle, pero algo le dijo que eso no sucedería, el arrojo del oficial sería el principal elemento en su contra.

“El sujeto golpea las barras laterales de la escalera mientras sube tras de mí” se dijo mientras avanzaba a toda carrera. “Es una maniobra distractiva y a la vez intimidatoria, quiere que me sienta acorralado, es joven y es muy inteligente.”

Al fin llegó hasta el techo de un edificio que había calculado tenía 5 pisos de altura, cuando una mano lo tomó del tobillo y lo jaló hacia abajo.

“Maldición está en muy buena forma”

Sacudió la pierna y consiguió ponerse de pie, pero para el momento en que lo estuvo, el policía ya estaba frente a él; correr era absurdo, la distancia era demasiado estrecha. Ambos enemigos se observaron inmóviles durante una fracción de segundo, estudiando al rival: el policía que lo enfrentaba era de contextura delgada, más bajo que él, y llevaba puestos unos sencillos pantalones de mezclilla y zapatillas, con un suéter de cuello alto y una gorra. Por lo visto se había subido el cuello para cubrir la cara, de modo que apenas quedaban a la vista sus ojos.

“Fantástico, se cree un súper héroe enmascarado.”

Decidió terminar con la situación y volcarse al enfrentamiento cuerpo a cuerpo; ya había comprobado lo eficientes que eran las características del traje, de modo que se acercó realizando movimientos oscilantes, y lanzó una patada del mismo estilo que la que había derribado al primero de los maleantes que estaban abajo.
El policía esquivó el ataque como si supiera sus movimientos y contraatacó con una sucesión de patadas; describía un perfecto ángulo a la altura del hombro, usando la fuerza del movimiento para acercarse más. Un instante después cambió de estrategia y se lanzó a las manos, algo que Steve por suerte pudo anticipar. La sucesión de golpes y bloqueos de ambos era continua, ninguno de los dos quería perder el enfrentamiento ¿Qué clase de policía estaba tan bien entrenado? Por lo general asumía que no cualquier persona manejaba artes marciales mixtas con tanta facilidad, pero ese sujeto lanzaba golpes de pies y puños como si fuera parte de un día normal. Cometió un error, recibió un puñetazo en las costillas, pero no perdió el enfoque, y usando las varillas de los antebrazos golpeó desde arriba, dispuesto a noquear de inmediato; sin embargo su rival alcanzó a reaccionar y el golpe sólo dio de refilón en el brazo izquierdo.

“Está preparado para actuar en milésimas de segundo, es un enemigo formidable”

Quiso decir alguna frase burlona, pero decidió que era mala idea hablar y entregar con ello alguna información adicional aparte de sus movimientos por esa zona, era la primera vez que se topaba con un policía y era indispensable librarse de él; volvieron a enfrentarse en rápida sucesión de golpes, pero los movimientos de su adversario eran rápidos y elegantes, parecía como si no utilizara nada de fuerza en cada patada o los saltos que hacía para esquivar alguna barrida. La batalla los condujo cerca del borde del edificio y, queriendo usar esto como ventaja, Steve bloqueó una patada y empujó al policía, dándose un instante para correr con todas sus fuerzas y saltar hacia el edificio contiguo; durante un momento creyó que había calculado mal la distancia, pero cayó limpiamente dando una voltereta y se preparó para seguir corriendo, pero un objeto lo golpeó en la espalda y lo hizo perder el equilibrio.

“¿Me disparó?”

No había sentido ningún disparo y los policías no usaban silenciador cuando estaban de franco, ni siquiera en operaciones; mientras se reincorporaba vio caer a un lado una vara de metal, y a su enemigo poniéndose de pie a tan sólo un par de metros luego de realizar un salto ligero y bien terminado; en la diestra tenía una vara de metal.

“Diablos, se dio cuenta de mis armas en los brazos y está equilibrando la balanza. Pero si tomó esa precaución, quiere decir que logré hacer daño en el brazo izquierdo”

Por un instante le llamó la atención que no usara el arma como una espada, sino que más bien como un bastón de pelea, con movimientos firmes y de poco ángulo, diseñados para provocar mayor impacto físico, pero decidió dejar de sorprenderse y terminar con todo ello; si el policía quería demostrarse a sí mismo que podía derrotar a un enemigo, había escogido al menos indicado para ganar medallas.
El arma la había sacado con la izquierda, lo que significaba que, usar ahora el bastón con la derecha delataba el dolor que debía estar sintiendo en ese lado del cuerpo; cuando recibió el impacto del primer choque entre la vara de metal y su antebrazo sintió la descarga pero no dolor, y eso lo recargó de energía para enfrentarse con todas sus fuerzas. Dio golpes alternados con uno y otro brazo, generó un espacio y lanzó un puñetazo directo al pecho pero una vez más su oponente puso distancia y, con un movimiento espectacular, utilizó el impulso del paso atrás para hacer un giro y dar una patada con el talón, que logró impactar en su hombro y arrojarlo al suelo. Inyectado de adrenalina, Steve casi no sintió el golpe, se revolvió y se puso de pie, arrojándose con toda su fuerza contra la figura del enemigo. La vara cayó a un costado y ambos quedaron enfrascados en una escaramuza, aunque esta duró tan sólo un instante porque ambos se apartaron y pusieron de pie; creyendo que la pérdida del arma era una ventaja, Steve adoptó una posición de pelea de puños y avanzó con decisión. Como esperaba, el enemigo retrocedió, esquivando los ataques que sabía podían hacerle más daño, y el hombre al fin notó su debilidad: podía ser ágil y tener músculos fuertes, pero era delgado, lo que hacía que recibir un golpe fuese más peligroso que para él, que tenía una masa corporal mucho más desarrollada. Sin embargo, una vez más su enemigo mostró un temple frío sorprendente, cuando se quitó el cinturón de un solo tirón y lo empuñó como un látigo.

“Esto no puede estar pasando”

Como contraparte de esta debilidad, usaba elementos en su favor, y seguía siendo tan valeroso como para enfrentarlo sin el arma, o quizás estaba consciente que empuñarla resultaba efectivo, pero a la vez lo exponía demasiado. El improvisado látigo cortó el aire y alcanzó a golpearlo en un hombro, haciendo que la señal de dolor se extendiera como un rayo; usando su ligereza, el policía avanzó a la carrera arrojando golpes con el cinturón, directo al torso, para los que las técnicas de combate no servían mucho. De hecho, cuando detuvo un ataque demasiado directo con el antebrazo, la hebilla metálica golpeó la parte de la ropa que tenía refuerzo pero no la varilla interior; supo que no podía seguir perdiendo tiempo, y arrojó al suelo una de las pequeñas cápsulas de humo que le habían sido proporcionadas. Por suerte la explosión fue rápida y se propagó, de modo que utilizó esa fracción de segundo de elemento sorpresa y corrió lo más rápido que pudo.

“Oh no”

Casi estaba al borde del edificio cuando vio que lo siguiente era una calle y no una edificación ¡Había perdido la noción del lugar en el que estaba! Trató de correr a la izquierda, pero vio al policía aparecer justo en esa dirección intentando localizarlo, y a la derecha la muralla de la edificación más cercana era muy alta y lisa. El grito del policía llegó a sus oídos más como un gruñido que como una voz, pero aún sin mirar supo que había extraído su arma de servicio. Se arrojó al vacío.

2

Gotham, cercanías de Waynetech, a la mañana siguiente.

Steve abrió los ojos y vio cómo el amanecer estaba comenzando; eso quería decir que, con suerte, habían pasado tres horas desde el enfrentamiento con el policía. Se sentó, sintiendo cómo el dolor hacía que todos los músculos del cuerpo gritaran en protesta.
En las películas, los personajes se arrojaban todo el tiempo sobre camiones, trenes y cuánta cosa existía, para escapar de algo, y caían sobre basura, colchones, cajas de cartón, o realizaban un salto tan limpio que podían rodar con ligereza al caer en la superficie. En la vida real a la que él se enfrentaba, eso no era así. Ni de lejos.
No tenía ninguna estrategia al tirarse del edificio, pero recurrió a su fuerza de brazos para saltar y tomarse del borde de piedra, con el objetivo de alcanzar una ventana o un saliente, pero la piedra se quebró y cayó sin poderlo evitar; sólo que cuando caes más de diez metros sin tener entrenamiento, pierdes la noción de cuánto falta para llegar al suelo, y terminó dando vueltas hasta que cayó sobre la tolva de un camión.
Cargado de deshechos computacionales.
Sintió tantos objetos filosos, duros y con ángulos chocando contra el cuerpo que fue casi como caer en una cama de clavos; perdió el aire en los pulmones, la capacidad de moverse de manera coherente y durante unos instantes, hasta la visión. Sólo pudo agradecer que no cayó de bruces.
Sin embargo, el objetivo central, es decir escapar, estaba cumplido, así que pudo entregarse al dolor por unas cuantas cuadras, aprovechando que el traqueteo de la basura seguramente había acallado su caída sobre ella y el conductor continuaba con su trayectoria. El traje le había salvado la  vida, pero se sentía como recibir disparos de perdigones con un chaleco antibalas, o al menos como lo describía la gente, es decir muchos golpes pequeños pero intensos; durante un rato no supo si se había fracturado la pierna derecha o no, pero pudo moverla y con eso le bastó para confirmar que estaba completo. Si bien pensó salir del camión y regresar a casa de sus padres, para el momento en que estuvo físicamente en condiciones estaba lejos del punto del enfrentamiento y más aún de donde tenía escondida la ropa de recambio, y creyó que era posible algún operativo de la policía en su busca, de modo que alejarse era buena opción hasta que la luz del día le permitiera ocultarse a plena luz; a primera hora de la mañana, un sujeto vestido de oscuro, de buen ver y con la cara descubierta, no llamaría la atención de nadie con placa en el pecho.

Descendió del camión en una curva, y se ocultó en una arboleda. A toda carrera se internó entre las plantas y árboles, descubriendo que estaba en la parte trasera de un pequeño parque comunal. Estupendo, ahí podría mezclarse en la multitud; se quitó el pasamontañas, y dedicó unos momentos a revisar y limpiar la ropa, que por suerte no estaba rota en ninguna parte. Una vez guardados los guantes y dobladas las mangas, parecía un sujeto común y corriente, y estuvo listo para integrarse en el mundo de Gotham con esa máscara que ocultaba la otra.
Entonces se dio cuenta de que lo estaban observando.
Y esos ojos habían visto todo el proceso, desde que se quitara l protector de la cara; la media sonrisa en ese rostro le dijo que tenía problemas.



Próximo capítulo: Una forma distinta de buscar