Por ti, eternamente Capítulo 20: Pistas ciegas




Aún sabiendo que podía ser un error hacer una declaración tan pronto, Ignacio Armendáriz decidió presentarse ante los medios de prensa que ya estaban alrededor de la carretera. Antes de hacer lo que sería una declaración preliminar, los primeros segundos fueron una lluvia de preguntas, en donde prácticamente no se entendía nada pero podía extraer palabras como muerte, secuestro y desaparición; no podía dejarse afectar por esa clase de preguntas, debía mantenerse sereno.

—Silencio. Escuchen, en este momento no puedo dar una declaración oficial detallada, pero de acuerdo a la importancia de los hechos y a la connotación nacional de la noticia quiero entregar la siguiente información.

Se hizo silencio.

—En el lugar en donde nos encontramos, en la carretera a la entrada del pueblo de Santa Marta ocurrieron dos hechos de relevancia, el primero de ellos, un choque entre dos vehículos particulares, resultando tres personas heridas de diversa consideración, las que ahora se encuentran en observación y fuera de peligro. Paralelamente, el hombre identificado como Víctor Segovia fue encontrado en las cercanías, provocándose una persecución por parte de los oficiales encargados de su captura; durante ésta persecución un grupo de hombres interceptaron a Segovia, generándose entre ellos un enfrentamiento, tras lo cual el imputado por sustracción de un menor fue acorralado por el grupo de oficiales encargado, sucediéndose la desaparición del sujeto y el menor que tenía en su poder con respecto a la intervención de civiles. Quiero recalcar que se trata de una actitud que como cuerpo de policía rechazamos, porque expone tanto a la policía como a los civiles involucrados a peligros inesperados, y que pueden exceder a los controles de las autoridades. En este caso, de manera personal  y como cuerpo de policía lamentamos los hechos ocurridos en lo relativo a civiles, ya que debemos consignar que en el enfrentamiento entre Segovia y el grupo de hombres que lo interceptaron tuvo lugar mientras la policía cerraba el cerco, ocurriendo por desgracia la muerte de uno de estos civiles en circunstancias que aún deben ser investigadas, para determinar los detalles y las responsabilidades. Respecto a Segovia, el sujeto fue cercado en su huida de la policía, pero no obedeció las instrucciones del personal especializado y continuó intentando proseguir con su escape, lo que expuso a su persona al peligro de un lugar inexplorado y de geografía adversa. Lamento informar que Víctor Segovia cayó por una especie de foso o pendiente de varios metros de profundidad, no habiendo resultados de su búsqueda en los noventa minutos que han pasado desde ese momento. Por último, resaltar que la zona en donde se dio esta situación es una zona no habitada, lugar en que comienza un bosque muy tupido, en donde el terreno y la vegetación hacen sumamente difícil el desplazamiento y por ende la búsqueda. Muchas gracias.

Mientras los periodistas estallaban en más preguntas con respecto a los hechos ocurridos y a las declaraciones de Armendáriz, el oficial dio media vuelta y se internó de nuevo en el cerco de seguridad. Bárbara estaba mirándolo muy fijamente.

— ¿Cómo estás?
—Tratando de asimilar lo que ha pasado ¿hay alguna novedad?
—Ninguna hasta ahora —replicó ella—, pero no vamos a descansar hasta que los encontremos.

2

Álvaro continuaba recostado en la camilla escuchando incrédulo el extra informativo donde Armendáriz reconocía su fracaso.

—No puedo creerlo.

Por el trabajo que él y Romina hacían, habían tenido una serie de enfrentamientos con ese policía, lo que se intensificaba por el rechazo natural que el demostraba hacia los periodistas en general, pero en esa ocasión se esperaba todo, menos verlo fracasando, porque fracasar significaba e forma directa una tragedia, por mucho que su lado periodista lo llamara a salir de esa urgencia y terminar la nota. En ese momento entró Romina con una fea bata larga sobre el cuerpo, demacrada y con unos parches en una mejilla y el un antebrazo.

—Romina.
—Me dijeron que estabas aquí —dijo ella saltándose cualquier saludo— ¿cómo te sientes?
—Golpeado —replicó él en voz baja—, pero no es tan grave; quería saber de ti desde que desperté hace como una hora pero todavía no puedo levantarme.

La mujer se sentó junto a su camilla.

— La enfermera va a regañarme cuando sepa que salí del cuarto, me amenazó. Oye —siguió más seria—, escuchaste ¿verdad?

Se miraron un momento sin decir nada. ¿hasta dónde estaba la separación entre los periodistas, los amigos y las personas, en qué punto uno de ellos debía detenerse para dar paso al otro?

—Sí, escuché, pero no entiendo nada.
—No digas eso, tienes una idea bastante clara.

Un nuevo silencio. Sí, ambos estaban volviendo al modo periodista.

—Está bien, lo primero que pensé es que esos "hombres" que interceptaron a Segovia fueran los mismos que vimos antes, pero eso no concuerda con que uno de ellos haya muerto después de ese supuesto enfrentamiento en el bosque. Romina, Segovia no podría pelear con esos tipos, nosotros los vimos.

Romina recordó el momento en que los vio, la actitud amenazante, el arma, la mirada agresiva.

—No, no podría, pero igual hay un muerto en ese lugar. Y además lo más importante sigue siendo lo de Segovia. ¿Acaso está muerto y no lo quieren decir?
—Si no lo quieren decir —comentó ella lúgubremente— la única razón que se me ocurre es que el niño también murió en la caída, y estarían esperando el informe o que la familia estuviera informada de manera oficial. Escucha, hay algo más, la policía se quedó con nuestras cosas, tienen tu libreta, la cámara y los celulares, así que es cuestión de tiempo que lleguen a la entrevista.
—Diablos, eso quiere decir que no tenemos nada con qué trabajar. No puedo creer nada de esto, ni que Segovia se haya matado ni que tengamos las manos vacías, éste caso solo nos ha traído desgracias.

Romina no habló por un momento; necesitaba más, no podía simplemente quedarse ahí, ese caso, ese reportaje aún no terminaba.

—No puede ser Álvaro, no puede ser que nos quedemos sin nada, recordamos perfectamente lo que nos dijo, podemos hacer el reportaje.

Álvaro la miró lentamente. Él también se sentía frustrado por las consecuencias de todo lo que habían hecho, pero por otro lado, una parte de él también sentía como irradiaba en su interior un sentimiento de culpa, una pregunta simple ¿Podrían haber retenido a Segovia con cualquier excusa y evitar lo siguiente, o al bajarse, él solo había salvado del choque para caer después?

—Tienes razón, pero después de lo que pasó, estamos involucrados, ya no somos imparciales, Armendáriz podría incluso exigir que guardemos toda la información.
—Es verdad, pero para eso tendríamos que apurarnos, tenemos que terminar el reportaje, darle un enfoque humano y hablar con los medios que ya teníamos contactados. A éstas alturas lograremos un golpe en una edición con portada incluso.
—Sí, entiendo, lo más lógico es que hagamos eso, además será un buen golpe en el momento preciso, solo que tenemos que esperar hasta saber qué fue exactamente lo que pasó con él, una vez que eso se sepa, el reportaje valdrá oro.

4

El oficial Armendáriz seguía muy de cerca las investigaciones que se estaban realizando en la zona donde había desaparecido Ariel de la Torre en manos de Víctor Segovia, pero los minutos pasaban cada vez de manera más tortuosa. En un momento vio que se acercaba Benjamín Pereira, uno de los rastreadores.

—Señor.
— ¿Encontraste algo?
—Sí señor, pero no son buenas noticias.

Por un momento no supo qué decir, pero la imagen que apareció en su mente fue devastadora.

— ¿Qué pasó?
—Las condiciones del terreno son un poco distintas de lo que habíamos visto al principio señor. La zona en donde desapareció Segovia es escarpada, pero también es muy tupida, en varias zonas los árboles y la maleza cubren la tierra, y por eso es que se produjo el accidente.
—Pero eso ya lo sabemos.
—Sí, pero la zona del accidente es mucho más compleja de lo que nos esperábamos; señor, la pendiente por la que cayó Segovia tiene alrededor de cuarenta metros de profundidad, pero no termina ahí.
— ¿Qué quieres decir?
—Esa zona está hacia la ladera del cauce del río Alyari. Lo que implica que la pendiente no termina ahí, los colchones de hojas son sumamente intrincados, pero calculando por la altura de ésta zona y la del cauce del río, creemos que en total puede haber una diferencia de doscientos metros.

Armendáriz sintió que se contraían todos los músculos de su cuerpo. Ya no había nada más que esperar.

—Llamen a Fernando de la Torre; hay que informarles que pueden estar preparados para lo peor.

5

— ¡Claudio!

Fernando de la Torre se obligó a guardar silencio, a pesar de que su estado mental le indicaba completamente lo contrario. Acababa de colgar el teléfono, y la información que le habían entregado era mucho peor de lo que había visto en las noticias; pero Claudio no estaba, había salido supuestamente a resolver el tema de Segovia para evitar que la policía lo encontrara.

—Maldita sea, esto no puede ser verdad.

Deseaba la muerte de Segovia con toda su fuerza, pero su nieto no podía estar en la misma situación, no podía ser que su nieto terminara de esa manera. Volvió a marcar el número de su asistente, pero seguía estando fuera de área; sabía que Segovia había estado escapando de la policía con una suerte increíble, extendiendo esa huida por los últimos días, pero se suponía que Claudio tenía que solucionar ese asunto ¿Qué había pasado en realidad, por qué la policía le anunciaba que debía prepararse para lo peor pero aun así no le hablaban de algo concreto? No podía esperar más, tendría que comunicarse con la policía para tener toda la información.



 Próximo capítulo: Condena y sangre