Por ti, eternamente capítulo 8: Verdades a medias




—Hoy día Ariel, es Viernes Nueve de Mayo. Mira, las semanas tienen siete días, Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado y Domingo. Los meses tienen cuatro semanas, pero no son tan exactos porque varios tienen treinta días, algunos treinta y uno, e incluso hay un mes que tiene veintiocho o veintinueve, dependiendo del caso. Cuando tú te duermes en la noche y está oscuro y después despiertas con Sol, es porque pasaste a un nuevo día. Por ejemplo, tú y yo ya nos conocemos casi dos días.

Llevaba un par de horas de viaje, algo más tranquilo de tener un poco del control de la situación; viró a la izquierda y unos momentos después sintió que el bebé comenzaba a sollozar.

— ¿Que pasa Ariel? ¿Estás incómodo?

Acercó una mano al pequeño, que se removía inquieto, mientras los sollozos aumentaban de volumen.

—Espera, no puedo parar ahora, espera un momento...

Los sollozos del pequeño aumentaban de volumen, de modo que optó por aumentar la velocidad; ya estaba en una zona semi urbana, por lo que no le costó encontrar un terreno vacío al costado del camino. Al estacionarse miró la hora y comprendió.

—Ay Dios mío, pero cómo no vas a estar molesto, si son más de las doce y no te he dado tu leche...espera, espera un poco por favor.

Alargó el brazo hacia atrás, tomó el bolso y comenzó a reunir lo necesario para preparar la leche. Mientras abría el termo donde mantenía agua caliente seguía hablando, aunque no sabía con claridad si era para tranquilizar al pequeño o a sí mismo.

—Estoy preparándolo ¿ves? ya va a estar, solo dame un momento más, creo que lo mejor es que programe algunas alarmas para que no te pases de tus horas, al menos mientras consigo establecerme en alguna parte y todo se normaliza...ya está, ya está lista, lo lamento, estaba pensando en cualquier cosa, ya sabes que los adultos no comemos tan seguido...

Tomó al bebé en sus brazos y le acercó la mamadera, con lo que calmó sus llantos de manera inmediata; pero pensándolo mejor, abrió la puerta del copiloto y se sentó allí con el bebé, para que a ambos les diera un poco de la luz del sol de la mañana.

—Está bueno... sí, lo mejor es que programe la alarma, pero ya ves que en un instante estás comiendo. Aquí ya está empezando la zona rural, es decir que empieza el campo, mira, ya no hay tanto cemento, hay árboles y mucho más sol, estas zonas son bonitas. Ahora que lo pienso, no he comido nada desde anoche, yo también tengo hambre...

Realmente la tensión lo tenía en otro mundo, porque solo al pensar en comer es que había notado el vacío en el estómago y la necesidad de alimentarse. Algunos metros más atrás había un almacén o algo por el estilo, tendría que devolverse y comprar algo para él, principalmente para no perder tiempo después; también necesitaría un mapa, porque sus escasos conocimientos de la zona en donde estaba ya se terminaban. Tan pronto como terminó de alimentar al bebé, volvió al asiento del piloto y se dispuso a reanudar la marcha, pero se detuvo.

—Tal vez no sea buena idea.

No le pareció recomendable pasar por un lugar con el bebé en sus brazos. Había escuchado en las noticias todo lo posible, y con una denuncia por secuestro, todo llamaría la atención a su alrededor. Emprendió la marcha lentamente, y estacionó el vehículo a prudente distancia del almacén que había visto, pero dejó al pequeño en el asiento del copiloto.

—Espera aquí, voy a comprar algunas cosas porque aunque no lo creas no se me ocurrió comer. Voy por algo de fruta, a ver si es que hay comida preparada, una bebida que muero por una bebida, y vuelvo en un momento.

Descendió del vehículo y caminó rápido hacia el almacén, donde esperaba en el mesón una mujer de cierta edad leyendo un periódico. Sintió que se le detenía el corazón ante la idea de ver su foto en la portada, pero ella no demostró ninguna reacción preocupante.

—Buenos días.
—Buenos días joven — saludó ella con tono amable — dígame qué necesita.
—Necesito varias cosas, comida en realidad.

Ella dejó el periódico en el mesón; suerte, aún no había ninguna noticia impresa.

— ¿Va de día de campo?
—Si — respondió automáticamente — mi familia ya llegó, yo fui a buscar el vehículo para que volvamos a la tarde, pero estoy un poco perdido porque siempre es mi papá el que conduce.
—Eso es normal, la gente se pierde un poco por aquí. ¿Qué va a necesitar?
— ¿Usted vende comida preparada?

La mujer se trasladó hacia un costado.

—Sí, tengo rollos de carne, ensaladas, sándwich, oiga, ¿pero la familia no trajo nada?

No se suponía que empezara a dar explicaciones, pero ya que lo había hecho, quería al menos pasar por un citadino perdido más que por alguien que llamara la atención.

—No trajeron nada, porque se vinieron en la camioneta de un vecino que es amigo nuestro, y yo quedé a cargo de traer el furgón y comprar la comida, ya sabe lo que pasa cuando el papá empieza con lo de ser responsable y todo eso...

Sonrió esperando sonar creíble, pero al menos a ella no le sonó extraño.

—Eso es bueno, así se maneja mejor. Saque un mapa de esa esquina.
—Gracias. Voy a querer algunos rollos de carne, unos cuatro sándwich, bebidas, y algunas ensaladas.
—Son buenos para comer.
—Sí, y eso que somos solo cinco.

Pagó y cargó las bolsas, ahora realmente ansioso de comer algo; la mujer le hizo un gesto con la mano.

—Váyase con cuidado joven, a la vuelta del sauce el camino está bastante malo.
—Muchas gracias.

Salió y volvió rápidoal vehículo, sorprendido de la facilidad con la que Ariel se quedaba quieto y en silencio, a la vez que volvía a mirarlo fijamente como parecía ser su costumbre.

—Ya volví. Mira, ya tengo algo para comer, así que vamos a movernos un poco y voy a buscar un lugar tranquilo para almorzar, de verdad necesito comer.

Dejó toda la compra junto con los bolsos en la parte de atrás, abrió una bebida personal y se la tomó de un trago, agradeciendo el frío líquido y el sabor refrescante a esa hora, aunque seguía con hambre. Reinició la marcha.


                                     2


Ignacio Armendáriz era un hombre alto, que casi llegaba al metro noventa de estatura, de figura imponente, cuerpo musculoso trabajado por años de ejercicio, rasgos duros en un rostro de piel morena y ojos oscuros de aguda mirada; usaba el cabello prácticamente rapado, lo que le confería un aspecto rudo y acorde con la postura física.  Se le conocía por tener un carácter inquebrantable, y a sus treinta y siete años tenía una fama de policía duro y fuerte, aunque siempre bastante callado y pensativo, una combinación algo extraña. Había entrado al cuerpo de policía siendo muy joven, y ahí se había forjado, haciendo uso de todas sus capacidades para convertirse en un verdadero sabueso, especializado en alcanzar su meta de detener a los criminales a los que se le encargaba. Esa mañana de Viernes entró en la oficina del comandante Véliz, un hombre delgado, de pasados los cincuenta años, que aún mantenía su aspecto de autoridad y sabiduría.

—Buenos días comandante.
—Armendáriz —le pasó una carpeta roja— ya tienes un nuevo caso.

Comenzó a revisar el contenido mientras el otro hombre permanecía sentado con los brazos cruzados.

—Ahí están los datos del caso y la información que tenemos hasta el momento. Estarás a cargo del caso del secuestro del menor.

Armendáriz lo miró con las cejas levantadas.

— ¿Un menor desaparecido? Señor, no parece la clase de caso que yo...
—Es un secuestro —lo cortó el otro oficial— el menor está efectivamente desaparecido, la denuncia ya está hecha y hay un sospechoso apuntado por la familia de la madre, un hombre que de manera muy sospechosa desapareció del mapa ayer, justo cuando se conoció la desaparición del infante y la muerte de la madre.

El otro oficial había escuchado algunos datos, pero no con detalle.

—Señor, ésta es la unidad de reos fugados y delincuentes peligrosos, pero por lo que veo aquí éste tipo ni siquiera tiene una multa de tránsito.
—Eso es irrelevante —explicó su superior con calma— el tipo es hasta ahora el único sospechoso de tener a un bebé de cinco meses de vida con él, y sabes que se podría prestar para una serie de cosas.
—Pero eso es de delitos sexuales.
—No, es tú caso —sentenció el comandante algo hastiado— por algo te lo estoy diciendo. Tú sabes muy bien que delitos sexuales no opera como nosotros, si le pasan un caso en el que no hay ninguna prueba, van a tener que seguir sus procedimientos y eso toma tiempo. Recuerda que hace dos años pasó algo parecido con ese monstruo que se llevó a la niña de dos años, y sabes que la asesinó después de hacerle cosas horribles.

Armendáriz se cruzó de brazos.

—El tipo es un hijo de perra.

El comandante lo miró con el ceño fruncido.

—Lo siento señor. ¿Puedo hacerle una pregunta?
—Habla.
—Son órdenes de arriba ¿verdad?
—No exactamente, y aunque lo fuera, eso no lo hace menos importante.
—Lo sé señor, es solo que me llama la atención que precisamente...
—No quiero que nada te llame la atención —lo cortó el otro oficial— lo que quiero es que organices a gente de tu confianza y registren ésta ciudad para encontrar a ese hombre, pero principalmente al pequeño. Y quiero que sea lo más pronto posible.

Se miraron fijo sin hablar durante unos momentos. Armendáriz no acostumbraba a cuestionar las órdenes de un superior, mucho menos de alguien como Véliz que solo le inspiraba respeto y confianza, pero de todos modos le llamaba la atención que un caso como ese estuviera en sus manos en esos momentos. Pensó que era posible que la familia de la madre hubiera hablado con las personas correctas, o que algún personaje de muy arriba estuviera preocupado por la imagen de la institución luego de ciertos escándalos financieros tiempo atrás, pero ya había estirado demasiado la confianza con su comandante.

—Señor, reuniré a mi gente ahora mismo, pero necesitaré algunas cosas.
—Dile eso a Martínez.
—Señor —continuó con decisión— según éstos datos, el tipo no puede estar muy lejos, es geográficamente imposible. Le prometo que voy a recuperar a ese pequeño.


                                     3

Víctor estacionó el furgón a un costado del camino, lejos de la vista de quien pasara por esa vía sin prestar mucha atención; abrió la puerta trasera, se acomodó con el bebé en su regazo; su cuerpo luchaba por algo de alimento, así que no esperó más y sacó de una de las bolsas uno de los rollos de carne, el que desenvolvió al instante. Solo sentir el aroma de la comida despertó todos sus sentidos, y lo hizo comer ansiosamente, casi devorando la pieza de comida tibia, sazonada y aromática.

—Dios, qué hambre tenía...

Se terminó el rollo de carne en un par de mordidas, y sacó otro de inmediato, el que comenzó a comer con un poco más de calma; en eso notó que el bebé en sus brazos lo miraba con ansias y los ojos muy fijos en la comida.

— ¿Qué ocurre? ¿Quieres comer? Pero si tú eres muy chico todavía, no tienes ni dientes.

Pero lo seguía mirando, de modo que Víctor sacó del rollo de carne un trozo de zanahoria y se lo acercó a los labios.


—A ver, prueba esto...mira, parece que te gusta, es zanahoria, y tiene el sabor del jugo de la carne...no vas a poder comer, pero parece que te gusta el sabor, vas a ser bueno para comer más adelante.

Dejó el rollo de carne a un lado, y acomodó al bebé en su regazo para que quedara mirando hacia el prado.

— ¿Ves? Esto es un prado...hay muchas plantas y animales, y también hay árboles. En un lugar como éste me gustaría vivir...nada de esto tiene sentido, estoy escapando contigo en un furgón destartalado, estoy saliendo de la ciudad y no sé adónde voy a ir. Me siento tan inseguro, pero me gustaría que tú pudieras sentirte seguro conmigo porque eso es lo que quería Magdalena...

Se quedó en silencio unos instantes, y sintió que de pronto el reposo, la aparente calma y los nervios comienzan a jugarle una mala pasada. A lo lejos unas aves volaban raso, y bajo el Sol del mediodía, un hombre comenzaba a sentirse verdaderamente asustado y solo.

—Yo... no lo sé, solo quisiera que las cosas hubieran sido distintas...me habría gustado...no sé, es extraño, pero ahora siento que habría querido de verdad poder acompañar a Magdalena, no solo por ti, sino que porque ella realmente no merecía pasar por todas esas cosas sola. La echo de menos porque ella era una gran mujer, y la prueba es que te crió sola y a pesar de todo, y la echo de menos porque estoy seguro de que ella habría sabido mejor que yo qué hacer. Ahora estoy tan asustado, pero no es por haber dejado todo lo que tenía, porque siento que esas cosas no son importantes, es porque...porque todo pasó tan de prisa y yo solo trataba de hacer lo que debía hacer, pero no sé si estoy haciendo lo correcto. No sé lo que va a suceder, solo sé quiero mantenerte a salvo, y que  me habría gustado enamorarme de Magdalena, y que ella no nos dejara solos.

Sintió la presión en el pecho, la emoción fluyendo al escucharse a sí mismo plantear un panorama que era aún peor de lo que sonaba, pero se obligó a mantener la calma; no podía perder el norte, no podía dejar que las emociones lo superaran, porque había algo importante, preservar la tranquilidad y la seguridad del bebé.


                                      4

Arturo estaba recluido en su habitación, pero no había dormido nada en toda la noche; el día anterior su amigo Víctor le había pedido ayuda para poder vender todas sus pertenencias, pero después de un rato había desaparecido por completo, no contestaba el celular y además aparecía desconectado en las redes sociales.

—Es increíble.

Volvió a ver la noticia en el ordenador, donde salía un periodista hablando de una denuncia hecha por presunto secuestro de un niño de cinco meses de vida. Y luego decía que extraoficialmente la identidad del principal y único sospechoso era la misma que la de su amigo.

— ¿Qué significa esto Víctor? ¿Qué hiciste?

Nada de lo que estaba pasando tenía sentido, pero él mismo estaba involucrado; por eso no había dormido en toda la noche, desde que al volver a la casa de Víctor no lo encontrara. Por esos azares del destino no se toparon con nadie del pasaje cuando sacaron todo de la casa, y cuando él regresó, tampoco, de modo que nadie de muy cerca podía asegurar que hubiera estado ahí, y si lo hacía, bien podía decir que no sabía nada y que no lo había visto.

—Dios santo...

Pero pensar de esa manera no le daba seguridad alguna. Que su amigo decidiera vender todas sus pertenencias de la noche a la mañana podía ser extraño, pero tampoco era un delito, sobre todo si considerabas que Víctor no tenía familia, por lo que no estaba atado como él u otras personas; además cualquiera podía querer un cambio de vida. Pero luego estaba lo otro, los momentos en que estuvo acompañándolo y lo extraño que estaba, con tanto nerviosismo y sin decirle nada. Tenía al cuello la cadena que le había pedido y por la que no había esperado ¿cómo podía ser que él, precisamente él, hubiera secuestrado a un bebé?

—No, no puede ser...

Arturo estaba angustiado, sentía que en cualquier momento la policía iba a aparecer en su casa a exigirle explicaciones. Siempre podía decir justo la verdad, que Víctor no le había dicho nada y que desconocía su paradero, pero al final, su amistad era más fuerte, y se resistía a hacer cualquier cosa que pudiera significar entregarlo, al menos mientras no tuviera la confirmación. Sin embargo lo sabía, en algún momento la policía llamaría a su puerta, y tendría que hablar, pero hasta ese momento, trataría de mantenerse al margen, y seguir creyendo que Víctor no era capaz de hacer nada malo, por muy malo que pareciera.


                                       5


Armendáriz estaba hablando con la dueña de la pieza que hasta hacía poco habitaba su objetivo, pero internamente estaba sorprendido de no haber encontrado nada. La habitación estaba vacía, y solo quedaban algunas prendas de ropa vieja y cosas inútiles, a todas luces el tipo había decidido salir con todo, pero eso no le ayudaba a completar el panorama.

— ¿Entonces usted no vio nada?

La mujer estaba muy irritada, aunque no se notaba muy bien cuál era el motivo.

—Nada señor, nada. Yo en la mañana no estaba, y usted ve, por aquí la gente es muy tranquila, incluso poca gente sale, pero cuando volví me di cuenta que la puerta estaba entreabierta y me acerqué, imagínese como quedé cuando vi que la pieza estaba vacía.
—Debe haber sido una sorpresa.
—Claro. Fui a hablar con los vecinos, pero nadie había visto nada, solo una señora, de la casa de afuera dijo que pasó un camión, pero no sé más.

Comenzaba a parecerle lógico que lo hubieran dejado a cargo del caso.

— ¿Qué clase de persona es Segovia?

La mujer dudó. Claro, no quería quedar mal diciendo lo que pensaba de él, pero tampoco tenía pruebas de nada.

—Mire, yo nunca lo aprobé, es de esas cosas que uno siente.
— ¿Lo vio en alguna actitud extraña?
—No —titubeó tratando de darle sustancia a sus sospechas— le podría decir que no pasaba mucho aquí, supongo que se iba para el Boulevard del Centro comercial como muchos jóvenes o con su amigo, ese tal Arturo, le dije lo mismo a los periodistas que estuvieron hace un rato aquí.

Los periodistas se le habían adelantado, eso no era buena señal, porque las pruebas o los testimonios de los testigos pueden cambiar ante las preguntas insidiosas de ellos.

— ¿Sabe algo de ese amigo, lo vio por aquí?
—Pasaba seguido por aquí, supongo que lo venía a buscar para ir a alguna de sus fiestas, ¿por qué, cree que tiene algo que ver con lo que están diciendo en las noticias también?

Armendáriz frunció el ceño.

—Solo estoy reuniendo información, por favor dígame si sabe cómo encontrar a ese amigo del que me habla.
—No lo sé, pero podría preguntar por el centro comercial, creo que trabaja ahí en alguna tienda.
—Muchas gracias —le pasó una tarjeta— escuche, si recuerda cualquier dato adicional, llame a éste número, no se preocupe si es por cobrar, la atenderé de inmediato, recuerde que es muy importante.

Volvió sobre sus pasos hacia la casa que la mujer le había indicado para conseguir más información. ¿Acaso había subestimado el caso? Le parecía improbable que una persona común y corriente desapareciera de la noche a la mañana y llevándose todas sus cosas, lo que indicaba que probablemente las sospechas del comandante Véliz eran fundadas y ahí había algo más. Tenía que apurarse y bloquear el paso de los periodistas, y ordenar a su equipo. Marcó un número en su celular para pedir que buscaran los registros de las cámaras de seguridad de las avenidas más cercanas, a ver si por ahí tenía suerte.


                                    6


Álvaro conducía casi al límite de velocidad mientras Romina finalizaba una llamada.

—No me vas a creer lo que acabo de confirmar.
— ¿Qué?
—Adivina a quien pusieron en el caso del niño.
—Supongo que a Martínez de la º14.
— ¡No! ¡A Armendáriz!

Él detuvo violentamente la camioneta en un semáforo.

— ¡Oye más cuidado!
—Lo siento, pero es que no me lo creo, el gorilote es de reos fugados o peligrosos, ¿Qué hace en éste caso?

Reanudaron la marcha para tomar el acceso al centro comercial.

—Tal vez hay algo que no sabemos.
— ¿Cómo qué?
—No lo sé, también estoy sorprendida, tal vez la familia les dijo algo adicional o éste tipo estaba en seguimiento, algo que no aparezca en los informes oficiales.
—Puede ser, pero eso significa que si está el gorilote, tenemos que apurarnos al máximo porque ese tipo es un sabueso, recuerda lo que pasó hace seis meses.

Ella encendió una grabadora portátil y se la guardó en un bolsillo de la chaqueta.

—Malas noticias Álvaro, mira.

El automóvil conducido por Armendáriz pasó a toda máquina hacia el centro comercial.

—Diablos, éste tipo nos está pisando los talones.
—Detenlo —dijo ella bajándose mientras se estacionaban— detenlo lo más que puedas, voy a subir por el otro ascensor.

Álvaro se bajó a toda carrera de la camioneta y logró interceptar al policía cuando éste bajaba de su auto.

—Oficial Armendáriz, qué oportuno encontrarlo, quisiera hacerle unas preguntas.

El policía se mantuvo imperturbable.

— ¿Qué se te ofrece?
—Solo unas preguntas, supe que está en el caso del menor desaparecido.
—No estoy en ningún caso.
— ¿Qué piensa del secuestro del menor?

Armendáriz había tenido problemas con los periodistas habitualmente en su carrera, pero en ese momento no le convenía discutir ni tampoco dejar pista alguna de lo que estaba haciendo, aunque era evidente que ese estaba tras la misma pista que él, y seguro que no estaba solo.

—Sería un delito grave.
— ¿Cuáles van a ser sus pasos a partir de ahora para encontrarlo?
—La división encargada se hará cargo.
—Pero seguramente le han pedido ayuda, ¿estaría dispuesto a colaborar?
—Todo policía está dispuesto a ayudar en cualquier caso si se le solicita.

Llegó al ascensor. Tenía la impresión de haber visto a una periodista subir al otro ascensor del estacionamiento, necesitaba apurarse.

— ¿Maneja información privilegiada acerca de éste terrible caso que pueda ayudar a resolverlo?
—No estoy en ningún caso, por lo tanto no manejo ninguna clase de información.
—Pero ahora mismo está en un automóvil institucional.
—Desde luego, estoy en mi hora de almuerzo, tengo permiso de desplazarme en auto institucional para una situación así.

Y con un hábil movimiento entró al ascensor dejando a Álvaro afuera. Tenía que conseguir la información precisa mientras su gente conseguía informes, pero lo que estaba claro es que ese caso tenía muchos elementos que lo hacían especial, por decir de alguna manera.

                                  7


La noche se apoderaba de los alrededores, mientras una sombra se internaba en la parte trasera de un vehículo.

— ¿Lo ves? Ya estoy de vuelta, solo me tardé dos minutos, eso es porque yo no uso pañales como tú.

Tomó una botella con agua, se lavó las manos con jabón, enjuagó la botella y se secó con una toalla pequeña. Se subió y cerró la puerta; daban más de las siete de la tarde, estaba en un lugar tranquilo y hacía buen clima, pero no podía quedarse ahí toda la noche, tenía que pensar en un plan.

—Ah, pero aquí no hay luz. Espera, voy a hacer un cambio, ya vas a ver.

Buscó en la guantera y encontró un destornillador, con el que sacó una de las dos pequeñas ampolletas del techo de adelante, y en unos momentos la instaló atrás.

—Listo, ahora tenemos luz, para que veas de las cosas que aprende uno en la vida.

Se recostó junto al bebé, que continuaba mirándolo muy fijo, con esos ojos grandes y brillantes.

— ¿Por qué será que me miras tanto? ¿Creerás que soy feo, o estarás preguntándote qué es lo que pretendo hacer ahora que estamos en la mitad de la nada? Espero que algún día puedas decirme por qué me miras tanto.

Se sorprendió a si mismo hablando con el bebé con naturalidad, a diferencia de lo que había pasado hasta entonces, donde le hablaba para tranquilizarlo, o realmente para tranquilizarse a sí mismo. Casi se sentía tranquilo, quieto junto con el bebé, mientras pensaba que tendría que reiniciar el viaje para encontrar alguna posada donde pasar la noche; había visto en el mapa que a no mucha distancia había algún pueblo, ahí tendría que encontrar la forma de alojarse sin llamar mucho la atención.

—Mejor me levanto un poco o me voy a quedar dormido...

Tocó suavemente sus mejillas.

—Estás tibio, que bueno que...

De pronto se quedó callado. Algo no estaba bien, algo estaba despertando su atención, y arrodillado dentro del furgón, el hombre aguzó el oído. Un ruido extraño, algo afuera lo estaba incomodando.

—No hagas ruido —susurró levantándose— voy a ver qué pasa.

Iba a abrir la puerta trasera, pero optó por acercarse y mirar por la ventanilla. Y cuando lo hizo, su corazón casi se detuvo.





Próximo capítulo : Sin aliento

La traición de Adán capítulo 23: Vida perfecta



A la agotadora semana de inauguración es en el Boulevard del centro comercial Plaza Centenario siguió una serie de elogios por parte de los expertos y millonarias entradas por el éxito que tuvo en el público la oferta. Muchas personas describían la experiencia como la mejor opción de tomarse vacaciones en la ciudad, mientras que otras lo explicaban como la manera perfecta de hacer una pausa que te cambiaba la vida; los beneficios parecían no terminar, ya que los regalos iniciales de Luna fueron sucedidos por descuentos en dos o más servicios y premios sorpresa cada día, lo que alimentaba la curiosidad y el interés de la gente que en algunos casos llenaba los cupos del spa o las locaciones del teatro en las jornadas previas;  la prensa describía la oferta comercial como el mayor conjunto vacacional en lugar atípico, y también como un festival para los sentidos. Bernarda celebraba el éxito de Boulevard, pero su mente estaba enfocada en el proyecto siguiente, aquel en el que Adán y Eva estaban trabajando arduamente. Los dos estaban en una de las oficinas de la Constructora del Mar y Alzarrieta, junto a algunos de los expertos que analizaban las nuevas ideas.

–Lo principal de este proyecto es la innovación. En primer lugar, será el primer hotel del continente construido en solo dos plantas superiores, ya que las demás, es decir las restantes cuatro, serán plataformas subterráneas pensadas en la comodidad, pero sobretodo en la accesibilidad; queremos que nuestros futuros clientes puedan entrar y salir con total comodidad de las instalaciones, ya que la ubicación al lado del aeropuerto así lo exige.

Adán miraba el boceto principal del hotel, un edificio plano sin apariencia definida. No le gustaba. Eva intervino.

– ¿Sabes lo que me pasa Fernando? Que todo lo que hemos visto está basado en una idea interesante, pero no tiene algo de interesante en el aspecto visual, y eso es un gran punto en contra si consideramos que el aeropuerto ya tiene un pequeño hotel en sus instalaciones.

Sabía que Adán estaba pensando lo mismo, y no era necesario verbalizarlo, porque ambos estaban tratando de encontrar el punto exacto, la diferencia entre ese boceto y lo que sería la realidad en poco tiempo. El ingeniero se mostraba algo nervioso.

–Este proyecto es innovador, por ese motivo es que...
–Sé que es innovador, esa idea central es nuestra, pero no es lo que tenemos pensado convertir en un éxito, tiene que haber algo más.
–Tengo una idea –comentó Adán– hay una forma de que el hotel funcione como lo tenemos pensado.
– ¿Cuál es?
–El hotel no debe estar en superficie, debe ser completamente subterráneo.

Eva ya había entrado en sintonía con la idea, tenía todo el sentido del mundo.

–Subterráneo –comentó reflexionando– es una buena idea, creo que podemos hacerlo funcionar, porque desde el punto de vista de la seguridad será infranqueable, y aleja completamente a los pasajeros del temor de un desperfecto en un avión o una falla de ese tipo.
–Exacto –siguió Adán ante la mirada atónita de los demás– reducimos el número de plantas de seis a tres, quitamos el estacionamiento y creamos una serie de túneles de acceso que conecten con la carretera, con las vías locales y por supuesto con las dependencias del aeropuerto, así tenemos  controlada toda la zona con una intervención visual nula y que además nos evita los conflictos por seguridad.

Uno de los ingenieros estaba visiblemente alarmado.

–Lo que usted propone es extremadamente difícil, ya que estamos hablando de una intervención mucho menos segura y por supuesto más riesgosa en diferentes términos.
–Solo si lo ven en términos tradicionales –comentó Eva tranquilamente– en primer lugar un edificio completamente subterráneo nos evita los peligros latentes de un aeropuerto por razones obvias, y además nos permite la tranquilidad de manejar el flujo de personas con mucha más calma; simplemente trasladamos el costo de construcción y permisos en superficie al concepto creado para reforzar la seguridad subterránea, al fin que siempre quisimos que fuera con plantas bajo tierra.
–Ahorrarnos esas plantas también nos permite extender lo que comentaba antes con respecto a los túneles –expuso Adán a su vez– porque el estacionamiento subterráneo se elimina y con eso completamos las tres plantas en total dedicadas al hotel, y hacemos algo más innovador y amigable con el público, una red de aparcaderos en el trayecto al hotel, que  permiten por un lado disminuir los tiempos de traslado y por otro sectorizar a la gente, así quien vaya al aeropuerto desde la zona rural llegara por una vía en particular, estacionará y volverá por la misma ahorrándose esperas y desplazamientos innecesarios. Sé que puede sonar a que el hotel estará dentro de una red de calles, pero es eso lo que pretendemos, algo nuevo y no simplemente un edificio con una playa cuadrada a su lado.
–Es una buena propuesta, solo deben comenzar a trabajar –sentenció Eva con serenidad– así que las directrices están claras, tres plantas, conexiones centralizadas con cada vía exterior y túneles de máxima tecnología apoyados por estacionamientos de tipo semi modular.

El equipo de trabajo estaba en parte sorprendido, en parte molesto por el atropello a sus conceptos por parte de ambos, pero todos sabían muy bien que Eva tenía atribuciones totales en el proyecto, y que por su parte Adán tenía voz y voto al ser el gerente del proyecto;  había solicitado participar en las reuniones, por lo que nadie opuso más resistencia ni argumentos; más tarde el equipo ya se había marchado y solo quedaban los dos en la oficina.

–Estaban muy sorprendidos con nuestras ideas Adán.
–Es verdad, muchas veces la gente tiende a confiarse en si misma; incluso los creativos como ellos pueden quedarse estancados en conceptos básicos, pero este no es el primer hotel subterráneo del mundo.
–Puede ser que no, pero estoy casi segura de que este en particular si lo es, con todas las características especiales que hemos incluido. A todo esto, tenemos que idear algunos detalles.
–Lo sé –comentó él sentándose– pero de momento el éxito de Boulevard y este proyecto nos tienen copados. Lo que tiene que ver con Hotel va a ser una marca; viste el reporte de la inversión en la galería de Carmen Basaure?
–Sí, solo lamento no haber invertido más, pero es un muy buen capital, aunque voy a venderlo para otro proyecto.

Adán sirvió sodas para ambos; aunque estaban solos en esa oficina, como de costumbre mantenían el tono y la actitud profesional, que a esas alturas era imprescindible en todo caso.

– ¿Que tienes en mente?
–Voy  a trasladar toda esa inversión al hotel.
– ¿Todos los huevos en la misma canasta?
–No, solo trasladaré esa parte, mientras que el resto quedará en acciones como hasta ahora; además tengo acciones en la constructora y desde ahí siempre tendré cuentas en mi favor.
–Por cierto Eva, ¿Qué fue lo que pasó con los Céspedes? Aún no los veo de nuevo.

Eva lo miró fijo; necesitaban hacer el amor y sabía que él estaba pensando lo mismo.

–Se fueron de vacaciones tanto el padre como el hijo; por lo visto no estaban tan preocupados  por la inversión que hizo Bernarda, o están muy confiados en ella.
–Que interesante, entonces hay billetes de más en medio de todo esto, tengo la sensación de que la constructora muy pronto va a cambiar de nombre.

Mientras tanto, Bernarda Solar estaba en su oficina  hablando con Luna.

–Todo está saliendo a pedir de boca, realmente no puedo quejarme.
–El Boulevard ha sido un éxito, no puedo decir nada menos.
–Y en gran parte te lo debo a ti, has sido fundamental, eres un imán para las personas. Pero también te llamé por eso Luna, creo que llegó el momento de poner en marcha el plan del que estuvimos hablando el otro día.

Luna se puso de pie y fue hasta el mini bar para servir un trago liviano para ambas; la idea le parecía sugestiva, pero también era un riesgo, quizás el primero que correría en ese ámbito, porque por primera vez en su vida no estaba completamente segura de tener éxito.

– ¿Tú crees? Pero eso significa que algo cambió en los últimos días.
–Aún no Luna, no me expliqué bien. A lo que me refiero es a que quiero que prepares el camino, que vayas dejando sembradas pistas elegantes y discretas pero entendibles, porque así, si llega a ser necesario, podrás dar el golpe de gracia en cualquier momento sin que resulte notorio.
–Comprendo, es una buena idea. Bernarda, esta vez no quiero estar de paso, quiero hacer cosas mucho más grandes.

Bernarda sonrió; ahora que los tenía a todos bajo su control, sabía muy bien que las cosas estaban a su merced, y el factor Luna era  sumamente beneficioso en esos momentos; sin embargo no veía con buenos ojos adelantarse a los hechos si no era necesario.

–Por ahora tienes más trabajo  que antes, porque por un lado está la publicidad del hotel y por otra lo que te acabo de informar. No quiero adelantarme, porque es más importante que esto resulte, solo así quedará fundado mi proyecto.

Luna le pasó una copa a Bernarda y bebió un poco; estaban llegando al punto que ella esperaba.

–Tienes tantas cosas, además el Boulevard es un éxito, ¿acaso tienes planeado algo aún más grande que el hotel?

Bernarda bebió. Si, era buen momento para amarrar a Luna con esa idea sin decirle claramente si estaría o no en el proyecto.

–Luna, esta información es privada, no la comentes ni siquiera con Eva o con Adán. El Boulevard es la parte familiar, el entretenimiento, la diversión. La constructora es la base, la creación de cualquier estructura, el hotel será una combinación entre necesidad y placer, y en seguida de eso está la parte que me viene faltando, es decir las  necesidades básicas; las cosas que la gente no puede dejar de tener.
– ¿Comida, ropa?
–Algo por el estilo. Lo que tengo en mente es re–fundar el estilo de las tiendas del pasado, es decir con productos de muy bajo precio y en formato viral, haciendo que haya uno en cada sitio adonde puedas mirar; quiero que en cada calle y cada barrio haya  una tienda con artículos de salud, ropa y alimentos con mi marca, a precios sin igual, con los que no pueda competir con un centro comercial, pero llegando a sitios donde estos no pueden, creados para que la gente esté obligada a pasar y comprar porque sea la mejor alternativa.
–Algo así como el negocio del barrio.
–Sí, pero en cadena, y eso me permitirá estar en todas partes y no tener competencia.

Luna había visto un formato similar en un viaje y sabía que se movía muchísimo dinero.

–Pero no puedes evitar la fidelidad de las familias hacia sus negocios de siempre, y que seguirán ahí.
–La fidelidad llega hasta que te tocan el bolsillo querida –explicó Bernarda con calma– cuando ves que el negocio nuevo vende más barato lo tomas como una sorpresa o un insulto, pero después piensas en todo lo que ahorras, y ves que el nuevo tiene productos adicionales; primero pruebas con un producto, y después abandonas el original porque el mío es más conveniente. Y cuando eso pase, hablaré con el dueño de ese local y le ofreceré unirse a mi franquicia.

Y puede hacerlo o morir en la lucha, pensó Luna. Interesante.

–Me parece una excelente idea Bernarda; desde ya sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites.
–Gracias. Pero de todos modos eso aún no voy ni a mencionarlo fuera de estas paredes, porque lo que nos tiene que ocupar es el hotel y cómo vamos a conseguir que su éxito sea mayor que el del Boulevard. Cuento contigo como siempre.
–Por supuesto.

Brindaron por sus proyectos juntas, y Bernarda en particular, secretamente por sus planes alternativos.




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