Por ti, eternamente

Muy pronto el primer episodio de un drama fraternal que enfrenta a un hombre con un inesperado destino.



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Maldita secundaria capítulo 20: Noche de estudios: Segunda parte





Treinta minutos después.
Alrededores de Parque Vicente Mendoza.

El grupo se reunió en el lugar acordado, y todos se veían emocionados ante lo que venía.

—Una tía de ella vive por aquí cerca —comentó Alberto— llamamos y nos dijo que estaban de paso, así que hay que ir de inmediato.
—Que emoción —dijo Lorena— siento que ésta vez sí que estamos en el camino correcto.

Comenzaron a caminar por una calle lateral.

— ¿Y dónde está el señor Del real?
—Le pedí que se mantuviera un poco al margen —explicó Dani— estaba muy alterado, pero lo mantendré informado de todo.
— ¿Que casa es?
—Esa azul de ahí.

Hernán intervino en voz baja.

—Oigan ¿no creen que podría verse un poco mal que vayamos todos? Mal que mal somos un grupo bien extraño.
—Tienes toda la razón Hernán —admitió Dani— pero tengo a Luciana en el celular, y la verdad es que si estamos equivocados no podemos hacer más el ridículo, y si es lo correcto, cumpliremos con lo que hemos dicho siempre, tenemos que ser todos, o ninguno.

Puso en altavoz su celular para que Luciana pudiera oírse.

— ¿Quieren apurarse? Esto parece el radioteatro del que hablaba mi abuelo.

Finalmente llegaron a una casa de ladrillos azules, y dejaron a Soledad para que tocara el timbre. Salió una joven de poco más de veinte años, de baja estatura, de piel muy blanca y cabello largo lacio, que los miró interrogativamente.

— ¿Hola?
—Hola —la saludó Soledad— Disculpa ¿eres Gabriela Ortúzar?

La joven pareció entre sorprendida y divertida por la pregunta.

—Si, lo soy —pronunció con un extraño acento que no parecía ser de ninguna parte en especial— ¿Quiénes son ustedes?

Alberto estaba a punto de decir algo, pero Dani lo calmó con un gesto.

—Tal vez te va a parecer una locura lo que vamos a preguntarte, pero tenemos algo que ver con la secundaria Martín de Salustre y creemos que hay algo importante que hablar contigo.
— ¿Del Martín de Salustre? — repitió notablemente sorprendida — ¿y qué es lo que quieren, por qué están aquí?

Cuarenta y cinco minutos más tarde, todos estaban apretujados en una salita al interior de la casa; Gabriela estaba entre ellos, con los ojos rojos después de haber llorado la mayor parte del tiempo que había pasado, ante la historia que le contaron entre todos.

—Todo lo que me han dicho es... tremendo, terrible, y completamente inesperado.

Sacó de su bolsillo una foto de ella y Matías.

—Lo de nosotros fue... fulminante. Nunca se lo dijimos a nadie, las cosas nunca son tan sencillas como te las imaginas; éramos básicamente chicos, teníamos la misma edad que ustedes ahora, solo pensábamos en nuestro amor y en todo lo que estábamos conociendo. Pero los negocios de mi padre estaban mal, estábamos casi arruinados, y de un día para otro las maletas estaban listas. Lloré muchísimo cuando supe que teníamos que partir, y por supuesto nos prometimos seguir en contacto, volvernos a ver y todo...

Por un momento no siguió con su relato; estaba recordando, volviendo a vivir muchas de las cosas que probablemente no había hablado con nadie en seis años.

— ¿Y qué pasó después?
—Tienen que comprender que años atrás la comunicación no era tan sencilla como ahora; cuando salimos de aquí, pasaron tres meses de viaje, en que un día dormíamos en un hotel y al otro en una posada. Cuando al fin nos instalamos, le envié correos, contándole mil cosas, diciéndole cuanto lo extrañaba, pero nunca contestó. Y como les dije, yo era una niña, cuando vi que no me contestaba los correos, pensé que simplemente había sido una tonta, que él se había divertido a costa mía y que lo que hubo entre nosotros solo había sido una ilusión. Casi de inmediato me enteré que estaba embarazada, y claro, fue un embarazo poco usual, porque lo descubrí cuando tenía prácticamente cinco meses. De pronto estaba embarazada, y tuve que elegir entre mi hijo y el recuerdo de un niño tonto que según yo me había mentido, así que decidí por mi hijo y quedarme con los buenos recuerdos. Y como nunca volvimos al país hasta ahora, no era especialmente fácil enterarme de lo que había pasado. Que horrible, pobre Matías, ahora entiendo todo.

Se puso de pie y caminó hacia un costado. Dani intervino en voz baja.

—Creemos que la razón por la que Matías está atrapado en éste mundo es esa; suponemos que de alguna manera, cuando murió, su espíritu quedó aquí porque supo que había un asunto sin terminar, y que es eso lo que le falta para poder descansar en paz.

Cuando la joven volteó hacia ellos, en su rostro seguía estando la huella de las lágrimas, pero también había decisión.

—Quiero ir. Quiero ir con mi hijo a esa secundaria.

Alrededores de la secundaria
Por la tarde.

— ¿Dónde está?

Del Real estaba emocionado, sentía a su corazón latiendo a toda velocidad ante la expectativa; los jóvenes también estaban ansiosos por lo que estaba a punto de ocurrir.

—Viene caminando. Ella es Gabriela, y ese niño es Benjamín, y es su nieto.

Por primera vez desde que lo conocían, Dani y los demás vieron sonreír auténticamente a Adriano del Real; el hombre caminó lentamente hacia la joven, quien se arrodilló junto a su hijo para hablarle de quien se les acercaba.

—Vamos, dejemos espacio.
—Ay, pero  yo quería ver...
—Alberto —lo reprendió Soledad— se está reuniendo una familia, hay que dejar que se conozcan, aunque es un poco extraño que lo hagan al lado de la secundaria, pero como estaban diciendo, ésta vez todo tiene sentido.

Teresa marcó el número de Luciana para confirmarle la información, mientras Fernando estiraba los brazos y el grupo caminaba lentamente en sentido contrario.

— ¿Saben una cosa? Me siento increíblemente tranquilo.
—Tienes razón —comentó Leticia— yo también, es muy raro pero desde que empezó todo ésto nunca había estado tan tranquila, es como si todo el nerviosismo y el estrés de estos días simplemente se hubiera esfumado.

Lorena estaba terminando una oración en voz baja.

—Creo que eso es porque las cosas están resueltas. Matías se reencontró con su gran amor, sabe que su hijo está bien, y el señor Del Real está  reunido con su nuera y su nieto.
—Ay, que lindo —dijo Luciana por altavoz en el celular de Soledad— que bueno que ya las cosas están bien. Porque todo está bien ¿o no?

Carolina suspiró aliviada también.

—Si. Yo diría que sí, que todo está resuelto.
— ¿Es decir que se terminó? —exclamó Alberto— vaya, la verdad es que yo igual me siento muy distinto, como cuando duermes mucho luego de haber estado sin dormir, aunque reconozco que esperaba algo más espectacular, alguna luz o algo así.
—Pero si hay una luz —dijo Teresa— mira hacia allá, hay un hombre que sabe que su hijo descansa en paz y que de regalo acaba de conocer a su nieto. No necesitamos nada más.
—Que loco —comentó Fernando— tanto tiempo tratando de encontrar una solución y ahora no lo podemos creer.
—Yo estoy contenta —comentó Soledad— después de todo lo que pasamos, parece que por fin valió la pena.
—Durante éste tiempo nos enfrentamos a muchas cosas —dijo Dani satisfecho— pasamos penas, peleas, tuvimos que aprender a llevarnos un poco, pero al final las cosas terminaron bien, creo que no podemos esperar más.

Hernán se quedó mirando un momento la extraña pero a la vez familiar escena de Adriano del Real con Gabriela y el niño, y supo que ya era suficiente.

—Igual habrá que estar pendiente de lo que pase en la secundaria a partir de mañana.
—Tienes razón Hernán, pero honestamente, no creo que pase nada. Siento que ya Matías descansa en paz, y que los secuestradores también se fueron.
—Que bueno. Me voy, hablamos después.

Lorena trató de detenerlo.

—Espera ¿adónde vas?
—Por ahí —respondió simplemente— al fin de cuentas lo que nos mantuvo unidos todo éste tiempo ya está hecho. Hay que volver a la normalidad.

Dani le hizo un guiño.

—Por supuesto, tienes toda la razón. Gracias.

Mientras Hernán se alejaba, los demás siguieron caminando a paso lento.

—De todos modos él tiene razón —dijo Luciana a través del altavoz después de un rato— hay que volver a la normalidad, ahora vienen los exámenes finales y esas cosas.
—A estas alturas ni me preocupan los exámenes —rió Soledad— quien me escuchara ahora.

22 Noviembre
Casa de Luciana

—Y entonces aplicas ese color y le das profundidad.

Luciana estaba terminando un trabajo de pintura junto con Teresa, Carolina y Lorena.

—Nos salvaste la vida, que suerte que sabes de ésto.

Luciana no era exactamente amiga de ellas, pero se había reconocido a si misma que lo que pasó en la secundaria, y sobre todo ese sueño o visión con Matías había hecho que reconsiderara muchas cosas; lo primero de eso fue ser un poco más accesible, y tener la disposición para colaborar con otros, o en ese caso ayudar si podía, y todas las asignaturas de arte se le daban excepcionalmente bien, probablemente por la educación de casa y las vacaciones en otros países. Las chicas le agradaban, de hecho después de lo ocurrido con los espíritus tuvieron oportunidad de conversar más, y encontró varios puntos para llevarse bien.

—De nada, además me sirve para ir practicando, quiero especializarme; y tú Carolina ¿te vas a especializar en toma de exámenes con rayos?

Las cuatro rieron ante el chiste. Carolina estaba cada vez más segura de cuál era el futuro que quería para ella, y no iba a ser en el área de la salud: lo suyo iba a ir por el lado de la naturaleza, y en esos tiempos las carreras que aportaran a la sustentabilidad y la mantención del medio ambiente no solo eran cotizadas, también tenían buen futuro.

—No, ni de lejos, pero lo importante es que estamos pasando todos los exámenes bien y que tú nos ayudaste con arte. Ahora que me acuerdo, Alberto quiere hacer una reunión con todos en unos días más, en su casa.
—Yo me apunto —comentó Lorena— me parece una muy buena idea.
—Si, es verdad, además que por estar en la clínica yo me perdí de la última parte, así que no me perderé esa reunión, solo díganle al chiquito que la haga después de exámenes, por ahora estoy muy ocupada.

Casa de Leticia

Fernando estaba sirviendo refrescos para ambos mientras pasaban los créditos de la película.

—No me gustó esa parte, pero el final estuvo épico.
—Si, es verdad, estuvo de lujo, aparte por un momento me imaginé a mí disparándole a un par de personas.

Los dos rieron de buena gana. Su amistad había pasado por altos y bajos, pero en esos momentos era mucho más fuerte que antes y eso era lo importante. Tenían sus propios códigos, y les divertía ver el mundo desde una perspectiva crítica y a la vez socarrona.

—Oye ¿te llegó la invitación de Alberto?
—Sí, hay que ir, aunque de todos modos va a ser extraño, durante éste tiempo todo está como antes, es decir ya no pasamos los diez todo el día juntos. No es que extrañe esos días, pero sabes de lo que hablo.

Fernando tomó el control para volver al menú.

—Sí, pero mejor. Además está por terminar el año, luego vienen las vacaciones y yo el año entrante seré un sexy estudiante de cuarto.
—Y modesto.
—Tú no digas nada que estás en la mira de Mariano del otro tercero, quiere acercarse a ti por los medios que sean.

Leticia rió. Sabía que era así, pero de momento quería terminar el año lo más pronto posible, porque por mucho que hubiera pasado toda la tortura de los fantasmas, aún tenía que sobrevivir a los exámenes.

—Creo que ya habíamos pasado por conversaciones así antes; por ahora no, pero el próximo año, quien sabe...
—Te haces de rogar.
—Mira quien lo dice —replicó ella alegremente— últimamente andas de galán ayudando a damiselas en peligro en los preparativos de fin de año, se te quedó pegado lo de ser héroe, no creas que no vi lo que pasó con las de segundo el otro día.

Esa vez fue Fernando quien rió alegremente. Si, algo de eso había.

—Es solo una chapa, no me tomes tan en serio. Aunque reconozco que lamento que no hayamos podido hacer público el tema, no puedo usar mi capa y mi espada para ganar puntos.


Casa de Soledad

Soledad estaba el teléfono conversando animadamente.

—Si, es verdad. Lo escucho, tiene mucha energía, y eso que es tarde. Si, no tengo inconveniente, podemos juntarnos el fin de semana siguiente. No te preocupes, trata de hacer dormir a Benjamín. Buenas noches.

La madre de Soledad se acercó con dos humeantes tazas de chocolate.

—Me leíste el pensamiento mamá.
—Por supuesto que sí, soy tu madre. ¿Con quién hablabas?
—Con Gabriela, una amiga.

Su madre se sentó junto a ella mientras la joven probaba el tibio líquido.

— ¿Y Dani?
—Me abandonó por ir a los videojuegos —protestó falsamente enojada— pero no importa.
—Y esa niña Gabriela ¿de dónde la conoces?
—Es amiga de un amigo, es un poco mayor y tiene un hijo precioso, se llama Benjamín, quería invitarla el próximo fin de semana a cenar.
—Por mí no hay problema, ya sabes que me encantan tus amistades; hija ¿sabes algo? estuve bastante preocupada últimamente por ti, te notaba estresada y cansada, pero de un tiempo a ésta parte estás bien nuevamente, te veo con ganas y con energías.

Soledad sabía muy bien a que se refería, pero aunque ya todos los peligros habían pasado, prefería dejar toda esa historia en el lugar que le correspondía. Se sentía contenta por haber terminado con toda esa historia de los fantasmas, pero la vida le había reservado una sorpresa más, y era la amistad con Gabriela. Ella había tomado la decisión de quedarse un tiempo en el país, y naturalmente hicieron buen trato, con lo que el contacto se había mantenido; según ella y el propio señor Del real, el pequeño Benjamín era una nueva versión de Matías, lo que completaba el cuadro para esa familia. Y era sorprendente ver como Adriano del Real estaba de mucho mejor aspecto gracias a ese regalo del destino. Se sentía contenta.

—Tienes razón, yo también me siento bien ahora; y tengo ganas que termine el año para que podamos salir de vacaciones, y aunque a mí misma me asombra decirlo, quiero tomar ya el último año de secundaria.

Casa de Alberto

Alberto estaba hablando por teléfono mientras escribía en el ordenador portátil.

— ¿Y cómo ha estado señor Del real? Me alegro mucho... yo bien, estudiando bastante; los demás le envían sus saludos... ¿que por qué lo llamé?

Se puso de pie y se acercó a la biblioteca. Ahora había más libros, algunos relacionados con temas paranormales.

—No, todo está bien, solo tuve la inquietud de saber cómo estaba. Me alegro que esté tranquilo, al final todos lo estamos. Eso es verdad, tiene que estar bien para aprovechar a su nieto. Les daré sus saludos a todos. Buenas noches.

Cortó y se quedó mirando la biblioteca. Durante mucho tiempo se había refugiado en los textos, con el miedo constante de que algún día tuviera que recurrir a ellos para recuperar lo que su cerebro había perdido, pero si algo era cierto de todo lo que habían vivido en la secundaria, es que cuando realmente lo necesitas, las cosas están ahí, solo tienes que descubrir cómo llegar a ellas. Eso era parte de crecer, de la madurez que él mismo y los otros estaban experimentando, y por primera vez no se sentía con tanto miedo. Pero por las dudas tomó su agenda y apuntó un par de horas extra de trabajo, al final que si quería ser un exitoso hombre de negocios, no tendría mucho tiempo, y una noche de estudios siempre le abría nuevos horizontes.


Casa de Dani

Tenían botellas de refresco en la mesa de centro, y el joven ya se había ubicado sobre el sofá, dejando a un costado las ruedas. Hernán iba seguido a visitarlo, aunque de pronto se desaparecía. No hablaban muy a menudo de temas complejos, pero Dani veía que tenía menos heridas nuevas, al menos en eso las cosas mejoraban.

—Y tú sigues tan apartado de todos como antes, casi no te vemos la sombra en clase o en los recreos.

Hernán se sentó junto a él ante el televisor y la consola de video. Se tomó un minuto para beber un poco, venía cansado después de correr, pero se sentía casi tan bien como pelear, así que como sustituto estaba bien. Por suerte Dani no hacía preguntas de sobra.

—Cállate, tenemos una partida pendiente, no te voy a dar espacio solo porque eres el dueño de casa.

Sin esperar, comenzó el juego, pero Dani no estaba concentrado todavía. Dejó que los gráficos corrieran con toda la espectacularidad inicial y la secuencia que era parte del tráiler; ahora jugaban después que el rapado llegaba de correr y se daba una ducha, y aunque él no lo decía, daba la impresión de estar haciéndolo como excusa para salir de su casa. Por él todo lo que pudiera ayudar estaba de lujo, pero eso no era todo.

—Ha pasado casi un mes desde que las cosas se solucionaron en la secundaria; ahora todo es normal, estamos por pasar los exámenes finales, y Alberto quiere reunir a todos, pero como estamos en dos cursos distintos y ya no hay espíritus, el director no nos va a dar más permisos, somos otra vez estudiantes comunes y corrientes.
—Eso es lo que somos.
— ¿Vas a ir si hay una reunión?
— ¿Y para qué?

Dani ya estaba acostumbrado a la actitud del rapado, pero no se preocupaba. Incluso no le preocupaba que el otro no lo tomara en cuenta en la secundaria, de hecho eso era parte de su decisión implícita de dejar todo como antes que comenzaran los problemas. Se entendían bastante bien.

—Para comer dulces de la madre de Alberto, no me digas que no te gustan. Será divertido, además que perdimos casi todo contacto con los exámenes.
—Eso es porque no somos todos amigos; estás eligiendo el mismo personaje que yo.
—Lo siento. En eso tienes razón, pero a la larga, todos estuvimos en lo mismo, hay una conexión, llámala como quieras, entre todos, a fin de cuentas fue gracias a todos que logramos encontrar la paz para Matías.
—Está bien, iré, pero solo un rato. Si no te digo eso no vas a comenzar nunca.

Dani sonrió satisfecho.

—Gracias.
—No me lo agradezcas, es solo para que dejes de molestarme con lo mismo.
—No es por eso. Gracias por tu amistad.

El otro puso los ojos en blanco y comenzó el juego. No le gustaban las cursilerías, pero Dani sabía que podía contar con él ante todo, y que era realmente su amigo.




                                                                              Fin

Maldita secundaria capítulo 20: Noche de estudios: Primera parte



Jueves 25 Octubre
Centro comercial

El director San Luis se reunió con el grupo durante la tarde, casi llegando la noche.

—Lamento la demora —dijo con tono de urgencia— pero tuve que inventar una serie de excusas para salir de mi casa y luego para hablar con el director del Salustre, aunque por suerte es antiguo conocido mío.
—Disculpe por presionarlo —le dijo Dani— pero no podemos esperar, la información es muy importante.

San Luis se sentó frente a ellos.

—El problema es que los informes de esa secundaria no están digitalizados, así que la única forma de verlos es ir directamente a ese lugar y revisar los archivos.
— ¿Y podemos ir ahora?
—Alberto, son casi las nueve de la noche.
—En realidad por eso vine —intervino el Director— podemos ir ahora mismo, pero tenemos muy poco tiempo, así que si tienen alguna información más clara que la que me dijeron por teléfono, sería excelente.

Dani se encogió de hombros.

—Pues la verdad es que...

Iba a decir algo más, pero Soledad le tocó fuertemente el hombro mientras contestaba el celular.

—Si... se lo agradezco muchísimo... hasta luego.
— ¿Qué pasó?
—Acaba de llamarme el padre de Luciana. Ella despertó.

El grupo se revolucionó con la noticia.

—Eso es perfecto, perfecto —exclamó Alberto— tenemos que ir ahora mismo, estoy seguro de que ella tiene información.
—Debe tener algo —intervino Soledad— porque el papá de Luciana me dijo que ella necesitaba hablar con nosotros.
—Tendremos que dividirnos —dijo Dani— Alberto, tú, Leticia, Hernán, Carolina y Soledad vayan con el director a revisar la información, los demás iremos a la clínica a hablar con Luciana.

Clínica Santa Próxima
Minutos después.

Dani, Lorena, Teresa y Fernando ingresaron a la sala de espera de la clínica, dejando a Adriano del Real esperando en el auto afuera.

—Me preocupa como se ve, está muy cansado.
—Es mejor que descanse por ahora.

Se encontraron con el padre de Luciana, que físicamente estaba más cansado que antes, pero que en esos momentos se mostraba aliviado, incluso contento.

—Gracias por venir.
—Los demás envían saludos, pero no pudieron venir —se excusó Dani— ¿cómo está Luciana?
—Sorprendentemente bien —respondió el hombre con un dejo de satisfacción— despertó como si hubiera simplemente dormido, pero me pidió hablar con ustedes.

El grupo acompañó al hombre al interior de un pulcro e iluminado pasillo.

—No sabía que hubiera horario de visita a ésta hora.
—Fernando, es una clínica privada.
—Es cierto.

Finalmente llegaron a una habitación con una enorme camilla en donde reposaba Luciana. Se veía casi como de costumbre, excepto que llevaba clínica blanca y estaba sin brillo ni sombra de ojos, aunque no parecía haber estado en coma.

—Gracias por venir amigos.
—Estamos contentos de que estés bien —replicó Lorena— estábamos muy preocupados.
—Gracias por llamarlos papa —le dijo con una sonrisa cariñosa— ¿podrías dejarnos un momento a solas?
—Desde luego cariño, vuelvo en un momento.

El hombre salió mientras Luciana se incorporaba un poco en la camilla.

—Qué bueno que vinieron, tenemos que hablar.
—Espera un momento —la interrumpió Fernando— acabas de estar en coma, pero parece que estuvieras de fiesta.
—Me siento bien —replicó ella simplemente— después les voy a decir los detalles, ahora hay algo más de que hablar.
— ¿Más importante?
—Por supuesto, no los habría llamado a ésta hora y en ésta facha por nada.

Dani sonrió aliviado; seguía siendo la misma.

—Tienes toda la razón. ¿Qué ocurrió?
— ¿Dónde están los demás? Esperaba a Alberto.
—Tuvieron que ver otro asunto.
—Ni modo; escuchen, mientras estuve dormida, se me apareció  el espíritu de Matías, aunque no fue como esa vez en la bodega, más bien fue como... como si hubiéramos estado los dos en el mismo sitio.

Lorena y Teresa cruzaron miradas alarmadas.

— ¿Y qué pasó ahí?
—Nada. Es decir, de pronto era como cuando empiezas a hablar con un desconocido y charlas y esas cosas; pero no había palabras, él no me hablaba pero yo le entendía, no sé si me explico.
—Te entiendo —la tranquilizó Lorena— te estabas comunicando con él.
—Si, y de pronto tenía así tristeza, y yo quería saber que le pasaba, era extraño porque sabía quién era y al mismo tiempo era como si hablara con alguien más, quiero decir que no parecía muerto.
—Claro.
—La cosa es que le dije que su papá estaba preocupado por él, y también nosotros, y fue como si se me acercara, algo así como cuando abrazas a una persona que está triste. Por supuesto que era un sueño o una visión así que no estaba abrazando a nadie físicamente; y después había una cara, la de una niña como de nuestra edad, y él estaba angustiado, supongo que por ella.

La niña del cuaderno, pensó Lorena.

— ¿Y cómo era ésta niña?
—Bastante común diría yo.
—Ya, pero era alta o baja, morena, esas cosas.
—Ah, pues era como bajita, de piel clara y ojos y cabello largo y lacio, como castaño o parecido, nada más.
— ¿Y que sucedió después?

Luciana hizo algo de memoria.

—Después vi la bodega, y después desperté.
— ¿Quieres decir que la bodega fue lo último que viste?
—Sí.

Lorena tenía las ideas muy claras.

—Hay que llamar a Alberto de inmediato.

Secundaria Martín de Salustre
Mientras tanto

Alberto, Carolina, Hernán y Soledad acompañaron al director San Luis al interior de la secundaria, tras un extrañado nochero.

—Muchas gracias Benjamín, desde aquí podemos continuar.
—De nada, no se preocupe.
—Saldremos en poco tiempo.

Entraron en una sala mal iluminada y llena de armarios metálicos con archivadores en su interior. Hernán silbó agudamente.

—No vamos a terminar jamás.
—No es tan complicado —comentó el director— por fortuna los informes de ese año están solo en un sitio. Según la información que tengo, debería ser... esa esquina de ahí.

Se acercaron a una esquina con varios archivadores de color verde oscuro; después de un momento de quitar polvo y telarañas, comenzaron a revisar los archivadores.

—Aquí está el curso de Matías —dijo el director enseñando un archivador— revisemos los datos de aquí primero.
— ¿Y qué estamos buscando?
—A una niña sin nombre, claro —comentó Alberto como si fuera obvio— pero si el nombre que aparece en el cuaderno es Riela, lo más probable es que sea una clave o un anagrama. No, pensándolo bien no puede ser un anagrama, juego por una palabra clave.

Se dispusieron las hojas entre ellos, cada uno apartado a una repisa diferente.

—No podíamos esperar que estuvieran segmentados por sexo —dijo Soledad— ésto nos va a llevar más tiempo.

En ese momento sonó el celular de Alberto.

—Hola... Dani, dime... que...? En serio...? Pero cuéntame más... y dime como era... excelente, genial, los amo a todos, te tengo que cortar, hablamos luego.

Cortó con la cara totalmente iluminada.

—Luciana acaba de salvarnos la vida.
— ¿Que dijo?
—Que se le apareció Matías y le mostró una imagen; es de una joven como de nuestra edad, y me dio algunos rasgos.
— ¿En serio?
—Si, dijo que tenía el cabello largo y lacio, castaño y la piel clara.

Hernán resopló con las cejas levantadas.

—Eso no reduce mucho las posibilidades.
—Ya, pero sabemos que hay alguien igual; mira, tenemos que buscar las fotos.

Soledad estaba revolviendo papeles cuando encontró una foto.

— ¡Ay por Dios!
— ¿Qué pasa?
—Miren, hay una foto de todo el curso, aunque la calidad es mala. De aquí solo hay seis que coinciden con la descripción de la niña.
—Genial, dame la hoja con la descripción de la imagen.
— ¿Que hoja? No hay ninguna hoja.

Alberto le quitó la foto de las manos.

—Pero ésto es inútil, ahora tendremos que revisar igual ficha por ficha, ¿porque no ponen un relato de la foto?
—Porque no es una película norteamericana, ahora cálmate, tenemos que hacer.

Durante los siguientes minutos, todos se dedicaron a buscar entre los registros las imágenes que necesitaban; después de un tiempo ya tenían las seis fichas que querían.

—De acuerdo, ahora hay que descifrar cual es.
—Qué raro, ninguna coincide por nombre —se extrañó Alberto— y además en el listado no hay ninguna Mariela, Gabriela o algo parecido.

Carolina volvió a rebuscar en algunos informes.

—Director, ¿qué significa el código 1601?
—Es un permiso especial por traslado, ¿por qué?

Carolina extrajo una hoja.

—Porque en éste reporte de mitad de año aparece destacado, y hay un nombre: Gabriela Ortuzar.

El director tomó la hoja y la leyó un par de veces.

—Esto significa que una estudiante fue transferida a ésta secundaria, pero luego la volvieron a transferir.
— ¿Y eso se puede?
—Ahora sería más engorroso, pero en esos años era más sencillo, bastaba llenar una ficha y ya.

Carolina volvió al archivador.

— ¿Y aquí habrá una foto de ella?
—Es difícil saberlo, si por lo que dice aquí estuvo solo cuatro meses, habría que revisar hoja por hoja.

Volvieron a repartirse el contenido que quedaba del archivador, revisando frenéticamente toda la información relacionada. Después de unos momentos Carolina encontró algo.

—Miren, aquí hay una fotografía, aunque no es muy clara que digamos.

En la imagen se veían varios estudiantes en una especie de presentación en clase, y entre ellos estaba una joven menuda, que coincidía muy bien con la descripción que había dado Luciana; todos tenían carteles con sus nombres, y en el de ella aparecía el nombre Gabriela.

—Es ella, debe ser ella.
—Pero aquí no dice nada de ella —se quejó Alberto— ¿dónde podrá estar esa información?

El director volvió a remover los archivos en el estante.

—Aquí hay un registro de estudiantes, pero no sé qué tan completo sea. Déjenme ver... aquí se menciona una muchacha transferida, pero no hay ficha de ella, supongo que no la ingresaron porque sabían que iba a estar poco tiempo.
— ¿Pero y entonces?
—Están los nombres de sus padres, y un número de contacto, es lo único que hay.

Soledad marcó el número en su celular.

—Aparece fuera de servicio, pero podríamos buscar en la guía telefónica.
—Se me ocurre algo mejor —intervino Alberto— busquemos en internet. Vamos a mi casa a ver que sale.

Pero el director le alcanzó un celular que superaba en calidad a cualquiera de los otros.

—Revisa la información desde aquí.
—Ay Dios mío —balbuceó Alberto tomando el celular— perdón, es decir, déjeme revisar aquí... lo mejor que puedo hacer es revisar en ésta red, porque no necesito claves y no es invasiva... ah... oh por todos los cielos... no puede ser...
— ¿Qué pasa?
—Estoy bastante seguro de haberla encontrado —repuso muy serio— y si es quien creo, hay una poderosa razón por la que no hay mucha información de ella. Pero no podemos resolver todo aquí, necesito mi ordenador.

San Luis comenzó a devolver los papeles a los archivos.

—Creo que ahora no podemos hacer mucho más, es tarde y le prometí al director que sería poco tiempo; ¿creen que con esa información puedan hacer algo?
—Mire, no sé si logremos solucionar todo ésto, pero tiene razón en que no podemos hacer nada más aquí.

Viernes 26 Octubre
Casa de Alberto, por la mañana.

El grupo, excepto Luciana, se reunió temprano para analizar todo lo que había pasado la noche anterior.

—Chicos, podemos hablar en paz porque, bendita sea, mi madre tuvo que hacer unos trámites y salió.

Entraron al escritorio, donde se distrajeron unos momentos en escoger de la bandeja de dulces que les había dejado la madre de Alberto.

—Miren, lo que creo es lo siguiente: Matías estaba enamorado de ésta chica, nunca la olvidó cuando ella se fue, murió queriendo decirle adiós y ahora lo que tenemos que hacer es encontrarla y hacer que ella se despida.

Leticia se sentó a un costado de brazos cruzados.

— ¿Te das cuenta que eso suena a argumento de telenovela juvenil?

El pequeño le hizo una morisqueta.

—Ya pero no es que tengamos muchas más opciones ¿o a alguien se le ocurre algo mejor?
—Yo creo que no hay que ir tan lejos —comentó Dani pensativo— primero deberíamos ver como localizamos a la chica.
— ¿Y que no me ves las ojeras? He dormido como dos horas, gracias al cielo que San Luis nos dio un permiso por hoy; ya localicé a la chica, pero, no sé cómo decirlo pero hay un problema.

Fernando se sirvió más refresco.

—Eso no es nada nuevo ¿qué pasó ahora?
—No vive en el país.
— ¿Qué?
—De hecho no es de aquí. Estuve husmeando en su muro, y creo entender que sus padres son de aquí y ella tiene doble nacionalidad, pero el problema no es que esté a kilómetros de distancia.
— ¿No? —se extrañó Soledad— eso quiere decir que hay algo peor.
—Lo hay.
— ¡Está muerta!
—No.
—Pues mejor dilo de una vez.
—Verán, la chica tiene... un hijo.

En ese momento Carolina experimentó una sensación muy parecida a las que describía Lorena cuando veía más allá de lo que podía el resto. El puzzle estaba completo.

—Alberto ¿qué edad tiene ese hijo?
— ¿Qué? Pues según el muro, seis ¿por qué?
— ¿Cómo que por qué? Alberto ¿no lo ves?

El más pequeño se sentó sobre su escritorio.

—Pues ella fue bastante precoz, pero no veo como eso podría...
—Ay Alberto, eres tan inteligente para unas cosas y tan ingenuo para otras.

Lorena comprendió cual era el curso de las palabras de su amiga.

— ¿Tú crees? Pero claro, tiene sentido.
—Por supuesto Lore, es lo único que tiene sentido para todos los casos.

Aparentemente ellas dos eran las únicas que entendían de lo que hablaban. Teresa tosió.

—Disculpen, pero si descubrieron algo sería bueno que... oh por Dios... no estarán diciendo que...?
— ¡Sí!
— ¡Pero eso sería increíble!
— ¡Ay por favor! —protestó el más pequeño aún sin entender— dejen de hablar como si yo no estuviera aquí.

Carolina sonrió emocionada.

—Alberto. El hijo de esa chica tiene seis años, podría ser hijo de Matías.

Alberto se lo tomó como un caso de matemáticas.

—Cielos, tienen bastante razón, pero aun así sigue estando la dificultad de la distancia, ella está a dos países de aquí, y aunque yo podría votar por hablarle por la red, lo más probable es que sea un poco violento.

Fernando se cruzó de brazos.

—Ya, supongamos que el hijo de esa chica es hijo de Matías, y por increíble que me suene a mí mismo decirlo, tendría todo el sentido del mundo que él siguiera aquí preocupado por él, no veo cómo podríamos hacer algo al respecto.

Hernán parecía, quizás por primera vez, muy tranquilo.

— ¿No creen que se están complicando mucho?
— ¿Qué quieres decir?
—El muerto tiene un hijo, la madre está en otro país, a lo mejor ni sabe que el padre está muerto. ¿Que no basta con tomar el teléfono, llamarla y decirle la verdad?
— ¿Estás loco? —exclamó Alberto— se va a morir cuando le digamos.
—Puede ser, pero quizás ella tiene derecho a saber, y el crío también ¿o no?

Poco después todos estaban en la sala; por decisión unánime dejaron a Lorena encargada de hacer la llamada, que ya se hacía esperar después de todo el tiempo tratando de encontrar los medios.

—De acuerdo. Muchísimas gracias, y disculpe la molestia.
— ¿Qué pasó?

Lorena se veía confundida.

—No sé si es bueno o malo, pero Gabriela no está en su casa y sus padres tampoco.
— ¿Y cómo a qué hora llegan?
—No es a que hora, es que día. Están de viaje, por lo que entendí su padre tiene un trabajo que les exige movilizarse.

Alberto se dejó caer en un sofá, derrotado.

—Por todos los cielos...
—Eso explicaría por qué hace años estaban aquí —comentó Dani— ¿pero no te dijeron en dónde están?
—Se supone que aquí, en éste país.

Carolina dio un aplauso.

—Pero eso es estupendo, solo hay que encontrarla, quizás es la única oportunidad que tengamos de terminar con toda ésta situación.
—Entonces hay que ponerse en acción ahora mismo —comentó Dani— si supuestamente vienen para éste país, hay que revisar las estadísticas del aeropuerto, Leticia, tú manejas bastante de ese tipo de redes.
—Nunca he explorado algo como esa red, pero lo puedo intentar.

Teresa tenía otra idea.

—Pero mientras tanto los demás no vamos a estar haciendo nada. Podemos dividirnos y confirmar también en el lugar.
—Buena idea —concedió Soledad— Vamos al aeropuerto, ustedes sigan buscando, nos mantendremos comunicados.

Mediodía
Aeropuerto

Dani, Soledad, Fernando y Teresa estaban ya de salida en medio de una jornada de mucho viento alrededor.

—Esto es mejor de lo que podríamos habernos imaginado —celebró Dani— gracias a los datos que encontraron Leticia y Alberto, pudimos comprobarlo, Gabriela está en la ciudad, solo tenemos que encontrarla.
—"Solo" es un término bastante optimista —comentó Fernando— cuando se trata de mala suerte nos topamos con medio mundo, pero ahora no podemos saber en dónde está.
—Tranquilo, los chicos están rastreando alguna información antigua a ver que resulta, ya tendremos novedades.
—Espero que todo resulte.

Soledad mientras tanto contestaba su celular.

—Señor Del real. Si, estamos en eso... si... no se preocupe, le avisaremos en cuanto tengamos alguna noticia, por supuesto.

Cortó y suspiró.

—Está muy emocionado, no tendríamos que haberle dicho tan pronto.
—La verdad es que él es más resistente de lo que parece, eso hay que concedérselo —opinó Teresa— además está en su derecho, objetivamente yo estoy muy emocionada también.
—Tienes razón.

En eso Dani estaba recibiendo una llamada.

—Si... Alberto, dime... si... si, conozco el lugar, podemos reunirnos allá, estaremos como en unos veinte minutos. De acuerdo.

Cuando cortó se veía radiante.

—La encontraron.



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