Maldita secundaria capítulo 17: Respuestas absolutas



Miércoles 24
Plaza las flores

Los diez se reunieron por la mañana ante la petición de Alberto.

—Alberto, ¿qué pasa, por qué nos llamaste con tanta urgencia?

El más pequeño respondió con seguridad.

—Muchachos, creo que tenemos un problema con Matías, y al parecer eso podría explicar las cosas extrañas que han estado pasando.
— ¿A qué te refieres?

Lorena miró a Dani, transmitiéndole la urgencia que ella misma sentía ante lo que la había hecho llamar a Hernán la noche anterior.

—Anoche estuve haciendo algunas investigaciones en la bodega, y creo que hay algo que cambió mucho más de lo que nos habíamos imaginado. No puedo estar seguro, pero tengo serias razones para creer que la energía que se apodera de la bodega, es decir Matías, ya no está ahí.

Fernando se cruzó de brazos.

—Diría que me sorprende, pero creo que a éstas alturas es muy difícil que eso pase.
—En todo caso tendría sentido —comentó Leticia— eso explicaría lo de la luz y esas cosas.
— ¿Y cómo llegaste a esa conclusión?

Alberto meneó la cabeza.

—Desde un principio había estado pensando en el tema de la energía, y de acuerdo con lo que me contaron, me pareció muy extraño que de pronto los hechos fueran tan distintos, así que creí que era bueno analizarlo, pero por ahora es difícil estar seguros, tenemos que hablar con Adriano del Real para que nos permita entrar en la bodega y comprobarlo.

Dani asintió.

—Tendremos que llamarlo, aunque no sé si nos conteste, cuando lo llamé para comentarle lo de ustedes, me escuchó pero no estaba bien, me dijo que estaba un poco enfermo.
—Habrá que ver ese asunto —dijo Lorena— en el sueño que tuve, todo indicaba que había algo importante en la bodega, tal vez se trate de eso.

Carolina iba a decir algo, pero un movimiento en la calle la distrajo.

—No puede ser...
— ¿Que...? Oh no —se lamentó Leticia mirando en la misma dirección— miren, es Vergara.
—No puede ser, debe haber estado escuchando todo. ¿Qué vamos a hacer ahora?

Fernando reaccionó primero.

—Diablos, estoy llamando al director y no me contesta, ¿qué vamos a hacer?
—Hernán, trata de encontrar al director antes que Vergara —dijo Dani poniéndose los guantes— es imperativo evitar que lo que sea que haya escuchado de nosotros lo divulgue.

Hernán se fue hacia la secundaria a toda carrera, mientras Dani y los demás lo seguían. Poco después el grupo llegó a la puerta de la secundaria, pero el rapado no daba señales de vida y la entrada estaba bloqueada por la inspectora Carvajal.

—Inspectora, necesitamos entrar.

La mujer estaba claramente alterada, pero se contuvo al verlos.

—Esperen un momento por favor.
—Pero aún no estamos atrasados —sonrió Luciana para aparentar— sólo queremos...
—Esperen aquí —replicó Carvajal secamente— no intervengan jóvenes.

Se miraron alarmados; por la mente de Soledad pasó la alarmante idea de que Vergara le hubiera dicho algo de lo que escuchara de ellos en la plaza, pero tampoco podían hacer ningún aspaviento. Al poco se sintió el sonido de la alarma de incendios.

—Ese debe ser Matías —murmuró Alberto— tenemos que entrar ahora mismo.
—Aunque no tiene porqué ser él —comentó Leticia— también podría ser Hernán.
—Esperemos que sea así.

Momentos después la alarma se apagó, y la voz del maestro Grajales se escuchó por el altavoz anunciando que el sonido de la alarma era accidental y llamando a la calma. Precisamente en esos momentos apareció San Luis en la puerta, pero del inspector aún no había rastro.

—Inspectora, por favor abra la puerta, éstos jóvenes tienen que entrar.  Y usted señor Mendoza —le dijo al auxiliar— quédese atento, en poco tiempo debe llegar la empresa de seguridad a ver qué ocurre con el sistema de alarma.

Hizo entrar al grupo y los llevó a un costado.

—Vayan a clase por favor.
—Pero director...
—Ahora tengo problemas más importantes que ustedes —replicó alejándose— vayan a clase ahora mismo.

Y se fue en dirección a su oficina, dejando solo al grupo.

—Genial, ahora no sabemos qué es lo que pasa.
—Vergara debe estar en la oficina del director —dijo Alberto nerviosamente— ¿qué vamos a hacer?
—Ya habíamos pasado antes por ésto —comentó Fernando— y la última vez que alguien se enteró de todo terminamos bastante mal.

En eso apareció Hernán.

— ¿Tú lo hiciste?
—Claro, pero cuando entré Vergara estaba en el pasillo del director.
—Hay que ir a la oficina del director —intervino Alberto al borde de un ataque— hay que hacer algo, quemar un edificio, lo que sea...
—Cállate Alberto, estás delirando —le espetó Leticia— además de todos modos llegamos tarde, si Vergara realmente nos escuchó ya tenemos un problema, no podemos causar otro más.
—Esperen, esperen —intervino Dani para calmar los ánimos— estamos haciendo demasiadas conjeturas, pero al final estamos más confundidos. Hay que tratar de estar tranquilos y esperar a que San Luis aparezca y ver qué ocurrió.

Fernando dio un bufido.

—Más bien yo diría que hay que empezar a prepararse para que empiecen los problemas de nuevo, en cualquier momento aparece un escritorio volando por los aires.

Carolina hizo una mueca de sufrimiento.

—Creo que lo que viene es bastante más peligroso.

Vergara había bajado y caminaba directo a ellos.

— ¿Qué hacemos?
—Negarlo hasta el final —respondió Fernando— mentiremos aunque nos estén expulsando, no pienso perder todo el esfuerzo que hemos hecho.

Luciana se cruzó de brazos.

—Si realmente él escuchó todo, o lo más importante de lo que hablamos, no va a servir de mucho mentir, pero a éstas alturas da lo mismo.

El inspector finalmente llegó ante los diez, pero extrañamente no parecía enfadado ni alterado como antes.

—Muchachos, que bueno que los encuentro.

Dani lo enfrentó sin alterarse.

—Inspector.
—Quiero disculparme con ustedes.

Ni Dani ni los demás pudieron disimular la sorpresa al escuchar esas palabras; era como escuchar a la inspectora Carvajal cantar música tropical. Lorena intervino en voz baja.

—Disculpe, creo que no entiendo.

El inspector suspiró brevemente; era el mismo hombre estricto de antes, pero ahora había en él una tranquilidad que los jóvenes no habían visto antes.

—Si lo saben; hasta ahora he sido muy inflexible con ustedes, pero entiendo por lo que han estado pasando. Quiero que sepan que cuentan con mi apoyo, que en primer lugar, si necesitan espacio haré lo que esté en mis manos, y en segundo, si en determinado caso es necesario darles aviso de algo, lo haré discretamente. Permiso.

No dijo nada más, dio media vuelta y se fue hacia el primer edificio, dejando a todos absolutamente perplejos; al cabo de unos momentos Leticia dio un silbido.

—Aunque suene extraño decirlo, esa es una de las cosas que no me esperaba.
—Para mí está entre las primeras cinco —comentó Soledad— eso fue impresionante.
—Pero si es así —intervino Teresa— para que haya tenido ese cambio el director tiene que haberle dicho algo ¿le habrá dicho todo?

Lorena se sentía mucho más tranquila para su propia sorpresa.

—Propongo que dejemos ésto así.
— ¿Qué?
—Nada va a cambiar, no tiene sentido tratar de averiguar ¿no creen? Además tenemos el problema de que las cosas por aquí pueden haber vuelto a cambiar, sería mejor hacerse cargo de eso.

Teresa asintió.

—En eso tienes razón. Vamos a clase, demos gracias que Vergara no vino a matarnos y esperemos a ver qué sucede durante el día.

Segundo recreo

Dani y Alberto estaban caminando por el último patio cuando el más pequeño decidió que ya estaban suficientemente solos.

—Ya, ahora nadie nos está mirando, dime de qué se trata.
— ¿A qué te refieres?

Alberto sonrió.

—Dani, lamentablemente soy demasiado inteligente como para que me engañes con algo así, noté que organizaste todo para que saliéramos juntos a patrullar.

Dani sonrió.

—Tienes razón Alberto, pero necesito que guardes el secreto, no puedes hablar de ésto.
—Tienes mi palabra, dime qué ocurre.

Dani suspiró.

—Te parecerá extraño, hay algo que necesito saber pero no te puedo decir todavía por qué motivo.
—Eso es malo de tu parte, ahora ya tengo curiosidad. Dime.
—Necesito saber si es que hay algo que te atormenta, algún dolor o trauma que no te deje vivir en paz.

El otro se mostró sorprendido, pero reaccionó bien.

—La verdad es que si hay algo, y es básicamente lo que estás viendo ahora mismo.
—No te entiendo.
—Siempre he sido un tipo inteligente, y por lo mismo me he dedicado a estudiar de todo, no solo para la escuela, y estoy orgulloso de eso, pero por lo mismo es que hay cosas que sé que pueden pasar, y el temita de los cambios hormonales es algo que me viene persiguiendo hace tiempo, porque no quiero que llegar a la adultez me cambie, o me haga perder mi inteligencia.

Dani asintió.

—Te entiendo, pero no puedes saberlo, perfectamente puede ser que solo... crezcas y nada más.
—Mentalmente lo sé, pero no dentro de mí, por eso es que me sigue persiguiendo; inconscientemente siento el temor de que un día me voy a despertar y ésto —se apuntó la cabeza— ya no sea lo mismo. Supongo que seguiré así hasta que compruebe en los actos lo que pase.

Dani sonrió.

—Gracias por confiar en mi Alberto. Quiero que sepas que puedes contar conmigo, no solo en lo que tiene que ver con los espíritus, también en todo.
—Eres casi demasiado bueno para ser verdad, pero no me cambies el tema, dime que tiene que ver ésto con lo de Matías.

Aún tenía que comprobar algo más, pero ya estaba casi seguro. Sería pronto.

—Si todo resulta como creo Alberto, ésta misma tarde.



Próximo capítulo: Las razones de Matías