Maldita secundaria capítulo 13: Sin casualidades



Alrededores de la secundaria
Jueves 18 Octubre
Después de las once de la noche

Alberto, Luciana y Teresa insistieron en tener alguna prueba de todo lo que se les había dicho, de modo que el grupo se contactó   con Adriano del Real para visitar la bodega nuevamente, aunque esa noche se mostró sumamente reservado,  y se limitó a abrir la bodega y dejar que el grupo viviera la experiencia.
Poco después de salir, Del real se despidió escuetamente del grupo y se retiró, dejando a los demás encargados de las reacciones de los nuevos. Mientras el grupo caminaba aún sin rumbo fijo, Fernando recordó como era estar nuevamente en el interior de esa bodega y lo que sintió la primera vez que estuvo, y entendió lo que era para los demás vivir esa escena.
Los tres se lo tomaron de manera distinta, a Teresa le impactó profundamente el sufrimiento por el que pasó Matías, Luciana se mostró bastante asustada, mientras que Alberto se quedó en silencio, analizando cada detalle de lo ocurrido. Cuando Leticia consideró que ya había pasado suficiente tiempo intervino.

—Bien, ahora ya pasaron por la gran experiencia, así que supongo que no les quedan dudas.

Teresa aún no salía de su asombro.

—No puedo creer todavía que haya pasado todo ésto, es sencillamente impresionante.
—Es cierto —comentó Luciana— realmente la voz estaba en nuestras cabezas, era como escuchar tus propios pensamientos.

Dani asintió.

—Para nosotros también fue impactante en su momento, incluso sigue siéndolo ahora.
—Pobre Matías —dijo Teresa— no me imagino lo que debe haber sufrido.

Pero Alberto intervino fríamente.

—Ese es el problema, que en realidad no lo sabemos.
— ¿Que dices?
—Mírenlo desde un punto de vista más técnico; estuve haciendo algunas investigaciones superficiales durante el día, y entendí que cuando el espíritu de una persona permanece en la tierra es por algún motivo, pero aunque nos dijeron que era por temor o por la forma en que había muerto, no lo sabemos con seguridad. No se ofendan muchachos, pero creo que con todo lo que han vivido ustedes fueron el primer filtro en ésta situación y ahora las cosas podrían seguir un curso más lógico.

Fernando lo miró con las cejas alzadas.

—Parece que te lo estás tomando sorprendentemente bien.
—Por supuesto que no, pero no hay muchas alternativas llegados a este punto. Lo que si me parece importante es que sepamos si estamos todos de acuerdo en jugarnos, yo diría la vida, por ayudar a solucionar ésta situación.

Teresa aún no se reponía del impacto, pero ya había tomado la decisión.

—Después de escuchar esa voz, claro que voy a ayudar, no sé como pero lo haré.

Alberto miró a Luciana.

— ¿Y tú que harás?
— ¿Cómo que qué haré ?—le respondió como si la estuviera insultando— ¿nunca has visto películas de fantasmas? Ahí los protagonistas nunca escapan hasta que consiguen solucionar la situación en la que están.
—Creo que eso es un sí. Bien, entonces ya estamos todos de acuerdo, pero es tarde, propongo que nos juntemos mañana antes de clase en mi casa, para que podamos planear bien lo que vamos a hacer.

El grupo dedicó algunos momentos a intercambiar  números de teléfono, y quedaron de acuerdo en reunirse al día siguiente.

Viernes 19 Octubre
Alrededores casa Alberto

Los diez se reunieron cerca de la casa de Alberto por la mañana.

—Gracias por venir. Ahora vamos a mi cuarto, ahí podremos hablar con más calma.
— ¿Estás seguro de que vamos a entrar todos ahí?

El más pequeño del grupo sonrió.

—Ya verás.

Poco después los diez entraron en el cuarto de Alberto, que estaba precedido por una sala escritorio muy ordenada, con libreros que casi llegaban al techo, un escritorio y una mesita de centro con algunos puf alrededor. El grupo se dividió por el lugar mientras Luciana se sentaba ante el escritorio como si fuera un trono.

—Es un lugar agradable.
—Gracias —dijo Alberto marcando cada sílaba— es mi estudio como se darán cuenta.
—Vaya —comentó Leticia— creo que ésto explica por qué te dicen cerebrito.
—Tienes una habitación muy bonita —dijo Dani— mira cuántos libros.

El aludido se encogió de hombros.

—De todos modos no es gratis, a cambio de ésto no puedo bajar ni una décima las notas, así que me gustaría saber ahora cómo es que voy a seguir lidiando con todo.

En ese momento entró la madre de Alberto, una mujer de aspecto alegre, de rizado cabello rojizo, que contrastaba tanto con la habitación como con su hijo; llevaba en las manos una bandeja repleta de dulces de todos colores y formas.

—Hola a todos.
—Mamá, como estás, ellos son los compañeros de los que te hablé, Dani, Hernán, Fernando, Leticia, Soledad, Lorena y Carolina, y ya te había hablado de Teresa y Luciana.

Ella se veía claramente contenta de tener visitas en su casa.

—Si por supuesto, hola chicos, les quería hacer una atención, éstos dulces son mi especialidad, prueben con toda confianza.
—Gracias por tu aporte mamá, es tan lindo de tu parte, ahora los disfrutaremos y veremos el tema de los estudios, ya sabes que estamos en un período importante.
—Por supuesto.
—Así que nos dedicaremos a eso, gracias, te amo.
—De nada cielo.
—Gracias.
—Oh, por nada.

Se miraron un momento sin hablar; Alberto no hizo el más mínimo gesto de irritación.

—Entonces vamos a organizar la clase para no salir tarde.
—Estupendo.
—Hablamos luego.
—Claro.

Logró despedirla y cerró la puerta. Luciana indicó la bandeja de dulces.

—Probaré uno.

Lo dijo como si estuviera determinado que era ella quien tenía  que probarlos en primer lugar. Alberto decidió pasar por alto esa parte y le ofreció un dulce, después de lo que dejó la bandeja en la mesita.

—Están riquísimos —comentó Fernando— voy a tomar dos más.
—Tu mamá tiene muy buena mano para éstas cosas —comentó Soledad— están deliciosos.

Hernán se acercó a una de las bibliotecas mientras los demás conversaban acerca de los dulces y tomó un ejemplar empastado de ella. En la portada se veía un grupo de jóvenes con actitud desafiante y con gemas en las manos.

—Tienes Sten mor.
— ¿Qué? Ah, sí, es buenísima.
—No sabía que estuviera en el país.
— ¿Bromeas? Tuve que pedírsela a un tío que fue de viaje y aún no se la pago, aunque no la he terminado, tuve que dejarlo por un tiempo y quedé en la parte donde conocen a la primera maestra.
—Para que llegue hasta el fin del mundo falta bastante.
—Si, aunque reconozco que fue ataque de ansiedad pedirla ¿Viste la reseña en la web?
—Empecé por ahí, vi lo del argumento y todo pero tenerla en físico es diferente.

Luciana tosió disimuladamente.

—Deberíamos hablar del tema de los fantasmas.
—Cierto, tienes razón, lo siento, mi culpa —dijo Alberto sonriendo— hablando de eso, estuve haciendo algunas investigaciones anoche, y creo que lo más importante es que las cosas deberían estar relacionadas de algún modo.
—Habíamos pensado en eso —comentó Carolina— de hecho, hubieron algunas cosas que han cambiado desde que ustedes quedaron involucrados, así que aún tenemos que investigar.
—Lo más importante es que hay que descubrir varias cosas —siguió Alberto— porque por un lado tiene que haber un motivo para que nosotros estemos metidos, y además eso debería coincidir con lo que los involucra a ustedes, además que tenemos la investigación de la muerte de Matías.

Luciana le dedicó una mirada divertida.

—Estuviste planeando algo como ésto toda tu vida, ¿verdad?

Alberto iba a decir algo, pero Leticia se le adelantó.

—Seguro que eso es mejor que estar posando para la foto todo el día.
—No viene de la mejor parte el consejo.
—Esperen, esperen —intervino Dani con tono conciliador— ya he pasado por la etapa de las peleas y eso no lleva a ninguna parte. Sé  que estamos sometidos a mucho estrés, pero tenemos que calmarnos y colaborar en ésto.

Leticia se encogió de hombros quitándole toda importancia a Luciana. Alberto revoleó los ojos.

—Bueno. El tema sería que nos informaran un poco de qué es lo que ha pasado en éste tiempo, dijeron que hay cosas que no sabemos.

Fernando se tragó un bocadito blanco.

—Sí, es cierto; mira, lo vamos a hacer sencillo: el espíritu de Matías está asustado, y por eso se esconde, es decir tiende a provocar que las salas se cierren o se muevan objetos, pero por lo general no es peligroso.
—Cierto —comentó Soledad— los que sí son peligrosos son los espíritus de los secuestradores, porque se meten en el cuerpo de la gente y la vuelven muy agresiva.
—Eso explicaría por qué han habido tantas situaciones como de peleas extrañas —dijo Teresa— pero en ese caso ¿qué hacen?

Hernán se apoyó contra una pared.

—Cuando están poseídas, las personas no saben lo que pasa, y hasta son invulnerables, así que como tienen más fuerza no es muy lógico enfrentarse con ellos, resulta mejor darles un buen golpe en la cabeza y con eso se termina el asunto.

Luciana lo miró con las cejas levantadas.

—Tú eres el encargado de los golpes, ¿no es así?

Hernán giró lentamente la cabeza hacia ella, pero antes de decir algo, Carolina intervino hablando con el mismo tono de siempre, pero con toda claridad.

—Luciana, te recomiendo que te tomes más en serio todo ésto, porque si un día aparece un enajenado, no le va a importar tu belleza y te va a atacar de todas maneras.

Hernán decidió no participar en la discusión, pero internamente se asombró de la fuerza que Carolina estaba demostrando en el último tiempo.

—Bien, volviendo al tema —intervino Alberto haciéndose el desentendido— hay que tener cuidado con las posesiones, y también estar muy atentos de cualquier hecho extraño que ocurra.
—Es importante también —agregó Dani— no quedarse solos, por lo general hemos tenido malas experiencias en situaciones así.
—Lo que me llama la atención es... ay rayos, piensen rápido.

En tres pasos Alberto se lanzó hacia una de las bibliotecas y arrojó libros en todas direcciones, y en dos pasos más estuvo a punto en la puerta para abrir antes que entrara su madre.

—Ay cariño, me sentiste los pasos.
—Si mamá, dime.
—Ay, solo quería saber cómo iba todo con los estudios.
—Muy bien mamá, estamos estudiando bastante.
—Y tus compañeros no trajeron libros.
—Eso no es problema —respondió mientras todos ponían cara de circunstancia— nos podemos nutrir con lo que hay aquí.
—Qué bueno, si yo sabía que toda esa inversión serviría para algo. ¿Les ofrezco algo para beber?
—Estoy preparado mamá, traje refrescos.
—Me alegro.
—Mamá.
—Dime cielo.
—Necesitamos algo de espacio.
—Ay por supuesto, que les rinda.

Salió mientras Alberto volvía a cerrar.

—Faltó poco.
—Está muy entusiasmada.
—Ya te dije que no acostumbro tener visitas, pero volviendo otra vez al tema, hay algo que me parece súper importante hacer además de sobrevivir a los espíritus, y es descubrir algunas cosas del pasado de Matías; creo que ahí es donde tal vez podamos descubrir algo.

Soledad tomó otro bocadito de la bandeja.

— ¿Y cómo podríamos averiguar algo así?
—A la antigua. Podemos preguntarle.



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