Maldita secundaria capítulo 7: El paso de los días




Plaza las flores.
Jueves 11 De Octubre

Los seis integrantes del grupo que quedaban se reunieron a poca distancia de la Secundaria, y por primera vez desde que había comenzado todo el asunto de los espíritus, todos llegaron dispuestos a hacer algo al respecto.

—Estuve investigando un poco más —dijo Fernando— y por suerte, fuera de los chismes, en sured no hay nada de qué preocuparse, aunque igual tendremos encima el temita de los compañeros.

Lorena suspiró.

—Francamente a estas alturas ya me da lo mismo si la gente nos ve juntos o no.
—Estoy de acuerdo —comentó Leticia— yo más bien me preocuparía por cómo diablos le vamos a hacer si pasa algo, ahora todo llama la atención.
—Yo tengo una idea —comentó Soledad— podríamos mantenernos en los recreos y en los cambios de sala en el mismo radio pero no juntos, así nadie se quedará solo y podremos cubrir más espacio a la vez.

Carolina asintió con algo de energía.

—Me parece sensato, así nos evitamos problemas adicionales.
—A todo ésto —comentó Fernando— ¿a ustedes también les llegó una carga de dinero misteriosa a sus teléfonos?

Todos dijeron que sí.

—Debe haber sido el señor Del real —dijo Lorena— dijo que nos iba a ayudar como pudiera, y estar comunicados es muy útil.
—Por lo menos a mí me viene genial —dijo Leticia resueltamente— no voy a negarlo.
—Al menos tenemos para llamar por cualquier cosa, pero no hay que apartarse ni quedarse solos.

Hernán se hizo sonar los dedos.

—Entonces seguimos con la idea de golpear al enajenado que se nos atraviese.
—Sí, pero igual hay que tener cuidado —comentó Fernando— porque hasta ahora nadie ha quedado con secuelas pero tampoco es la idea probar hasta donde podemos llegar.
—Eso ya lo sé.

Soledad suspiró pensando en la falta que les hacía Dani.

—Es mejor que vayamos ahora, no quiero además un castigo de Carvajal.
—Es cierto.

Se separaron para llamar aunque fuera un poco menos la atención de quienes pudieran estar alrededor, pero el panorama que se encontraron al llegar a la Secundaria fue por completo inesperado, y además derribó todos los planes que tenían pensado aplicar.

—Esto es imposible —dijo Fernando totalmente perplejo mientras los demás se le unían en la entrada— ¿ustedes también lo perciben?
—Si, y es muy fuerte —dijo Lorena— hay una energía muy fuerte, es más fuerte que todo lo que se había sentido antes aquí.
—Fíjate en lo más evidente —la regañó Leticia— mira a la gente a nuestro alrededor.

Efectivamente, tan pronto estuvieron en el interior, notaron que algo había hecho efecto en las personas; aparentemente todo estaba como de costumbre, pero la actitud de las personas había cambiado, y para mal; cada estudiante y maestro se veía cansado y malhumorado, pero tal como lo dijera Lorena, la energía que se sentía en el ambiente era pesada y deprimente, justo el tipo de atmósfera que menos necesitaban en un momento como ese.

—Dios, ¿será que están enajenados?

Fernando tranquilizó a Carolina.

—No lo creo. Yo más bien diría que están... no sé cómo decirlo...
—Están afectados —dijo Lorena— no puedo creerlo. No estoy segura, pero tengo la sensación de que lo mismo que antes le pasaba a las víctimas de los espíritus, ahora se ha... expandido.
—No me gusta cómo suena eso —dijo Leticia— si tienes razón en lo que estás diciendo, quiere decir que ante cualquier cosa moriremos aplastados por una turba.

Pero Hernán estaba siendo más práctico.

—Ustedes especulan mucho.

Se acercó a una niña de primero que pasaba por ahí. Después de un momento volvió con ellos.

— ¿Qué pasó?
—Le pregunté la hora y casi me mordió —replicó el rapado— pero nada más. Creo que no hay que preocuparse porque no parecen querer matarnos como los otros.
—Tanto mejor —comentó Fernando— estoy de acuerdo.

Los dos se miraron extrañados.

—Y ahora estamos de acuerdo, voy a tener pesadillas.
—Ni lo digas, yo ya necesito un analgésico.

Soledad decidió saltarse las ironías.

— ¿Qué es lo que se supone que vamos a hacer?
—Por ahora hacernos los locos.
—Si, y estar muy atentos a todo lo que pueda pasar.

Soledad estaba en su casa esa tarde cuando su madre fue a su habitación.

—Hija.
—Dime mamá.

Su madre la miraba con ternura, sabía que estaba pasando por un mal momento.

—Sé lo que pasó con Dani. Todos los padres lo sabemos. Debes estar preocupada.

Soledad sentía ganas de decirle toda la verdad, contarle aquello en lo que estaba involucrada, pero sabía muy bien que no podía hacerlo, porque eso perjudicaría todos sus intentos junto a los demás.

—Si mamá, estoy preocupada por él.
—Es lógico, son muy amigos.

No era de eso de lo que pretendía hablar. La joven suspiró.

—Es cierto. Pero todo eso tú ya lo sabes.

Su madre se saltó ese comentario.

—Quiero saber qué es lo que pasa hija. Y no me digas "nada" porque se nota que algo te sucede; tampoco puede ser por lo de Dani, estás así desde antes de su accidente.

Soledad sabía que en algún momento iba a pasar algo así; no había podido disimular todas las lesiones que había sufrido en los días recientes, pero entre ella y sus padres había un acuerdo tácito de no hablar de ese tema.

—Este año está resultando mucho más difícil de lo que me esperaba.
— ¿En qué sentido?
—La presión de los estudios —replicó frunciendo el ceño— siento que estoy perdida y no sé adónde ir.

Su madre podía conservar sus dudas, pero sabía que Soledad no acostumbraba mentir.

—Solo estás en tercer año, y sabes que hay muchas cosas que aún tienen que pasar. Tienes que prepararte para el próximo año.
—Puede ser, pero de todos modos me siento un poco superada. Además ocurrió lo de Dani y estoy preocupada por él, no quiero que le pase nada malo.

Estaba segura de desviar la atención con eso, pero mencionar a Dani fue un error.

—Escuché cosas fuertes, hay gente que dice que fue un intento de asalto.
—Fue un accidente, a la silla se le soltó el freno.
—Eso no explica que sus padres estén tan preocupados de que el tema no se sepa.
—A ninguno de ellos les gusta la victimización, supongo que es por eso.
—Puede ser. Soledad, quiero que me prometas que si te pasa algo malo, lo que sea, vas a confiar en mí.

Desde luego que iban a llegar a ese punto, pero no podía, de verdad no podía.

—Te prometo que si me meto en cualquier cosa peligrosa te lo diré.

Dicho de esa manera era verdad, de modo que su madre le creyó al mirarla a los ojos.

Mientras tanto, Fernando salía de su cuarto para tomar algo del refrigerador, y se topó con su padre en la cocina, aunque a todas luces había ido allí a propósito. Eran tan distintos, el atractivo y moderno, su padre clásico y serio.

— ¿Tuviste alguna pelea en la secundaria?

Era inevitable que se lo preguntara; había cuidado la cara con éxito, pero tenía golpes o rasmilladuras en los brazos, no podía culparlo a él y a mamá de sospechar de sus actos.

—No, no he tenido peleas. Si lo preguntas por los brazos, es porque estoy practicando algo de lucha con un compañero.
—Tú practicando lucha —replicó su padre perplejo— es una broma.

Sabía que lo quería, pero cuando hablaban de ciertos temas ninguno de los dos bajaba la guardia. Su padre no olvidaba los problemas que había causado en el pasado, Fernando jamás iba a olvidar su reacción ante esos hechos.

— ¿Y por qué tendría que ser una broma? Que tenga estilo no significa que no me guste el ejercicio, además te ahorro el gimnasio.
—Claro. Que yo sepa no hay clases extraprogramáticas éste semestre.
—No son clases, practico con un compañero experto.
— ¿Cuál?
—Hernán —respondió detestando tener que recurrir a él— nos está poniendo en forma a varios del curso, y tengo algunos ratos libres entre clases.

Se miraron fijo. Decir que Hernán les hacía clases de lucha era estirar demasiado la verdad, pero solo esa mentira podía sustentarse en algo si su padre insistía en preguntar o averiguar.

—Ten cuidado.
—Te prometo no llegar con huesos rotos.

Lorena estaba en su habitación leyendo un poco antes de dormir. En eso tocó su madre, una mujer corpulenta y de actitud cariñosa y la miró tiernamente desde el umbral.

—Te amo.
—Yo también mamá.
—Sabes que prefiero preguntarte antes de hacerme ideas.

Eso era bueno, pero después de todo lo que había pasado no estaba con energías.

— ¿Qué ocurre?
—He oído cosas sobre la Secundaria —replicó lentamente— al parecer la gente cree que se está volviendo inseguro.

¿Qué era lo mejor que podía hacer en ese caso? Decidió optar por lo más sano y enfrentar la situación.

—Supongo que lo dices por los accidentes de hoy.
—Las noticias vuelan Lorena. Y me preocupa que pueda ser peligroso, no te cambiamos de lugar de estudios para que termines otra vez en un mal lugar.

Fue extraño, pero Lorena sintió como una voz de alarma se detonaba en su interior. No, no podía irse de ahí aunque quisiera escapar, tenía que resolver sus asuntos con los espíritus primero.

—No hay de qué preocuparse mamá. Es cierto que hay accidentes, pero la Secundaria sigue siendo tan segura como de costumbre. Es el mejor lugar que pudieron elegir para que haga éstos últimos dos años.
—Me alegra que te guste, sabes que me preocupo por ti y no quiero que nada te distraiga de tus deberes en los estudios, sobre todo ahora que vienen los exámenes de fin de año; es muy importante que tengas ésta base para que el próximo año sea perfecto.

Lorena sonrió.

—Para mí también es muy importante que todo resulte bien.

Mientras tanto, Carolina estaba terminando de imprimir información para un trabajo pendiente de la Secundaria en la sala de su casa, cuando vio a su padre salir de la cocina en bata.

— ¿Qué haces despierta a ésta hora?
—Se me olvidó imprimir ésto y es para mañana.
—Es casi la una de la mañana, no te acuestes tarde. Mañana tienes clases, no te hará bien andar con sueño.
—No te preocupes, termino ésto y me acuesto.

Miró a su padre. Era un hombre joven y fuerte, pero era imposible no ver las ojeras. Habían tenido una semana especialmente dura, no era la única que tenía problemas.

—Tú tampoco te acuestes tarde.
—Claro. Hasta mañana hija.

Subió al segundo piso. Carolina suspiró, sintiéndose culpable por esconderle cosas como lo que pasaba en la Secundaria, y a la vez aliviada por no darle más problemas a ambos. Necesitaba descansar.



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