La traición de Adán capítulo 3: Las decisiones



Eran más de las siete y media de la tarde de un día que Adán no se esperaba siguiera ese curso, y aunque ya había decidido reunirse con Sofía, antes de eso llamó al abogado de Carmen.

Ramón Izurieta era el tipo de hombre que ya había hecho todo lo que le interesaba en la vida, y debido a eso puede darse el lujo de trabajar cuando quiere, para quien quiere y además según las condiciones que quiere. Y una artista de renombre como Carmen siempre podía necesitar un abogado por las dudas.
Para su sorpresa, el abogado lo citó inmediatamente en su oficina.
El despacho de Ramón Izurieta era una lujosa oficina en el séptimo piso del edificio del Consorcio Verassategui, en el sector alto de la ciudad. Paredes finamente decoradas, cuadros abstractos, luces invisibles, flores frescas en puntos estratégicos, una vista impresionante de la capital y una placa del Gobierno por su invaluable aporte a la comunidad eran solo parte de los gustos que el doctorado podía darse. Una secretaria tan escultural como una reina de belleza lo saludó cordialmente y lo hizo pasar a una oficina que hacía que la ropa elegante y cara de Adán pareciera de segunda mano.

—Buenas tardes Adán, siéntate.

Adán no era de intimidarse por todo aquello, pero si aceptó, al menos en su interior, que envidiaba un poco a Izurieta.
Por tener todo eso.
Pero no lo envidiaba tanto. El conseguiría todo eso y muchísimo más, y mucho más joven.

— ¿Cómo está Carmen? —preguntó sentándose tras el lujoso escritorio— hace días que no hablo con ella.

Adán ya había preparado todo, así que adoptó la actitud perfecta, y le relató al abogado la parte que le interesaba contarle.
Que Carmen le había hecho un encargo, al cual desde luego él fue inmediatamente, y que tras volver, la encontró inconsciente, resaltando por supuesto sus sospechas acerca de una posible tercera persona involucrada. También mencionó su alerta por el próximo estreno de la nueva obra en la galería, aunque desde luego evitó deliberadamente los detalles que se referían al Regreso al paraíso.
Izurieta escuchaba. Y cuando habló, lo hizo con tono resuelto y decidido.

—Esto es una sorpresa, pero como de costumbre, Carmen parece tocada por ese sexto sentido del que tanto se habla  de los artistas, aunque esté mal que un hombre de leyes como yo lo diga.
— ¿Qué quiere decir?
—Carmen me dejó hace cierto tiempo un instructivo orientado al caso en que a ella le pasara algo antes de poder inaugurar la galería o inclusive más allá de esa fecha; en su momento le dije que era una exageración, pero de todos modos lo redacté y desde luego, tiene validez legal.

Adán no movía un musculo. Si alguien hubiese querido descifrar su expresión en ese momento, no habría tenido éxito, tal era su capacidad de ocultar lo necesario. Por dentro estaba el límite entre la sorpresa, la emoción y la angustia.

—Eso podría querer decir que ella presentía algo —comentó Adán para darse tiempo— pero dudo que haya previsto ese ataque.

El abogado esbozó una sonrisa melancólica.

—Es irrelevante que ella haya sufrido una caída o ese mismo ataque, Carmen no fue específica en ese sentido. Espera.

Izurieta se puso de pie y fue hasta uno de sus elegantes archivadores de metal cromado, desde donde sacó una carpeta de plástico común. Una vez de nuevo en su asiento, leyó el apartado del documento que quería resaltar, dando a entender que se trataba de las palabras de Carmen en persona.

''Ante cualquier eventualidad que me impida estar a la cabeza de la realización del trabajo relacionado con la galería en general y con la exposición ''Regreso'' en particular, tanto los plazos como los planes deben seguirse al pie de la letra y encabezados por Adán Valdovinos hasta que yo pueda reintegrarme. Confío total y plenamente en él para todas las decisiones de estos asuntos. ‘‘

Adán se había quedado de una pieza. Sabía muy bien que se había ganado la confianza de la persona difícil y temperamental que era Carmen Basaure en parte porque siempre realizaba un trabajo de joyería en la galería y el trato con ella que había realizado. Sin embargo, nunca había creído que ella llegara a confiar lo suficiente en él como para dejar semejante instrucción por escrito. La artista estaba completamente en sus manos.

—Supongo que no tengo que explicarte lo que eso significa.

Adán hizo una mueca.

—Me parece impresionante, por decir lo menos, la confianza que Carmen me tiene, es.... emocionante. Pero eso no me ayuda con lo que está pasando con ella ni con las sospechas que le dije que tengo de que hay alguien más involucrado.
El golpe perfecto, así el abogado tendría la imagen de Adán que él quería. El abogado siguió con el lado práctico.

—Si vamos al tema de Carmen, es adecuado que me comunique con la clínica en este momento, para darles instrucciones.
— ¿A qué se refiere?
—A que voy a pedirles que mantengan el nombre de Carmen en secreto para que nadie se entere que está allí, estoy seguro de que ella lo que menos quiere en esto es publicidad. Con respecto a tus sospechas, por el momento no podemos hacer nada.
—Pero si no hacemos algo esa pista va a enfriarse y luego no podremos dar con el paradero de esa persona.
—Si es verdad que existe.

Adán se mostró ligeramente alterado.

—Sea como sea, necesitamos investigar ese asunto, podría tratarse de alguien que quisiera hacerle daño a Carmen y después podría intentarlo de nuevo.

El abogado mostró como respuesta una actitud serena y sabia que muchos demostraban ante los jóvenes.

—Eso puede solucionarse con un detective privado y te aseguro que voy a contactar a uno bueno para que lo averigüe, pero el tema debe tratarse con mucha discreción porque como te darás cuenta, un escándalo de cualquier tipo en estos momentos arruinaría la exposición que es el sueño de Carmen.

El joven guardó silencio. Había conseguido mucho más de lo que esperaba desde el principio de esa cita, pero por otra parte se había apresurado en su actuación, porque la existencia de un detective merodeando por la galería donde él tenía ocultos los dos cuadros y cuando había un chantaje y una especie de robo involucrados era un riesgo innecesario ¡Y el mismo lo había provocado!
Tenía que pensar más en las consecuencias de sus palabras cuando hablaba con alguien como Izurieta.

—Por lo pronto te recomiendo que vayas a dormir, descanses y te prepares, porque solo te queda mañana para tener la exposición lista para el público y te has quedado completamente solo. Mientras tanto estaremos en contacto.

Sin embargo tenía que prestar atención a otro asunto, y para eso volvió a su auto, y fue rápidamente al departamento de Sofía. Ella era una bonita mujer de 23 años, de figura proporcionada con curvas suficientes, rostro armonioso, mirada dulce de ojos claros y actitud correcta. Ella era la perfecta modelo, o la recepcionista del hotel de lujo, o la señorita de la alta sociedad; en realidad provenía de una buena familia, pero lo relevante es que Sofía no era ninguna de esas mujeres, sencillamente porque le faltaba ese toque especial que hace resaltar a las personas. Era correcta aun cuando ocultara parte de su personalidad, porque había crecido en un entorno que le había enseñado a ser lo que se le pidiera, de modo que cuando encontrara al hombre que iba a ser el necesario y además le daría la vida adecuada, ella pudiera adaptarse a la vida y fuera perfecta para ella. Adán sabía todo de ella pero jamás se lo había dicho, y esa noche ni siquiera necesitaría decírselo para dar a la relación que mantenía el corte definitivo.

—Hola Adán.

Adán entró en el departamento a paso seguro, pero sin decir ni una sola palabra. Eso era más que suficiente para dar a entender que las cosas no estaban como siempre, y la mirada intrigada de ella dio cuenta de que lo había notado.

— ¿Qué sucede?

El rostro de él se veía contraído.

—Sofía, es necesario que hagamos algo. Debes terminar conmigo.

La joven no habría reaccionado peor si le hubieran dicho en su cara que toda su familia había muerto en un trágico accidente. Se quedó muda, de pie entre la puerta del departamento y el, mirándolo con esa clásica mezcla de fascinación habitual y sorpresa. El hombre guardó silencio el tiempo necesario para dar a entender que las cosas iban en serio.

—Sé que todo esto debe ser muy extraño para ti, y debes estar preguntándote cual es la razón para que yo me aparezca de pronto en tu casa a hablarte de esta manera. Y la verdad es que hemos estado separados bastante durante estas semanas, tanto por culpa de mi trabajo como por el trabajo que tienes, y la realidad es que en estos días he entendido que nosotros no podemos estar juntos.

Sofía seguía inmóvil, mirándolo con una expresión corporal que, ideada o no, le daba una apariencia de víctima indefensa que hacía que las cosas parecieran más difíciles.

—Nuestros proyectos de vida son diferentes, y es básicamente por esto que no podemos seguir. Continuar contigo es ser extremadamente egoísta, porque me convierte en el tipo que quiere a la mujer a su orden y opinión, para servirle o servirlo, pero al que le da lo mismo lo que quiera hacer ella. No puedo hacerte esto, eres demasiado buena en todo sentido como para esclavizarte sin que me importe nada más, y en estos días he notado que tu relación conmigo se ha convertido en un intento continuo de mantener tu vida completa mientras te adaptas a la mía. Te estoy haciendo mal, y sé que en el futuro te haré daño.

La joven dio un respingo muy leve cuando él terminó, como si dejar de escucharlo la hubiera bajado de donde sea que estuviese mientras tanto. Despierta Sofía, di algo.

—Ah —murmuró ella estupefacta— déjame ver si entiendo, dices que debemos terminar ¿por qué eres perjudicial para mí?

Adán suspiró mientras ella empezaba a luchar contra las lágrimas.

—No lo sé Sofía, no preparé un discurso para esto, te estoy mostrando mis sentimientos. Es difícil para mi ver que estoy haciéndote daño, pero lo que veo es que cada día que pasa yo sigo con mi trabajo y mis proyectos, que son básicamente de desarrollo personal a través de viajes, negocios y mucho trabajo, mientras que tu proyecto de vida, la vida familiar que has pensado y que te mereces, se aleja de ti; veo como suspiras cuando ves parejas con hijos, como te piensas lo que dicen tus padres sobre iniciar una vida de pareja o como crear cimientos firmes, sé que eso es lo que quieres, pero es imposible que lo consigas conmigo, porque lo que yo busco está detrás de una puerta que me lleva muy lejos de todo eso. A largo plazo me gustaría llegar a ese punto, pero sabes muy bien que por todo lo que viví cuando era un niño, no dejaré de hacer lo que tengo planeado mientras sea joven y tenga tiempo, entonces me digo ¿Obligo a Sofía a esperarme? No puedo, no tengo derecho a hacer que cuando las cosas se cumplan, yo me aparezca a decirte que todo está bien y tú tengas cuarenta años o más y se te hayan pasado las ganas o tu cariño por mí se haya convertido en rencor. Es difícil para mí, pero es la verdad, y tú también lo sabes. Tienes que dejarme.

''Tienes que dejarme'' era el golpe definitivo, las palabras que dejaban todo en manos de ella, porque él jamás había hablado de sus propias necesidades como una prioridad, sino que como de costumbre, cediendo su lugar al de ella por preferencia. Y Sofía, aun luchando por contener las lágrimas, entendió algo con total claridad: Adán era capaz de hacer muchas cosas, entre ellas, y quizás la mejor que podía hacer, manejar las situaciones y las palabras de modo de transformar todo en algo diferente, como en esta extraña situación en que de un momento a otro dejaba todo en sus manos, con la sensación de que terminar sería un favor solo por el bien de ella, porque a él todo eso le hacía sufrir. Se le pasaron por la mente mil cosas que decirle, pero no pudo articular ninguna de ellas, porque cada  cosa que pensaba sonaba ridícula o fuera de lugar, así que se limitó a mantener el silencio y la poca compostura que le quedaba. El pasó a su lado lenta y dolidamente y abrió la puerta.

—Perdóname.

Mientras Adán salía del departamento en donde dejaba a una desconsolada Sofía, en el aeropuerto una mujer bajaba del avión solamente con el equipaje de mano; no le gustaba viajar cargada, y de todos modos no pretendía quedarse mucho tiempo en el país.
Pilar era una mujer de 26 años, de contextura y apariencia más bien débil, por su cuerpo menudo, piel pálida por naturaleza y el cabello largo hasta los hombros y lacio, peinado simplemente hacia atrás. Los rasgos de su rostro eran más bien armoniosos, pero a la vez simples, con labios delgados, ojos oscuros sombreados por permanentes ojeras y una expresión calma que parecía mezclada con cansancio.
Sabía que faltaba un día para la inauguración de la exposición de Carmen Basaure, y aunque seguramente no se verían ni mucho menos hablarían, Pilar sentía que tenía que estar allí, aunque fuera escondida entre las sombras, viendo la exposición de la obra más importante en la carrera artística de su madre.



Próximo episodio: Mariposas

Maldita secundaria capítulo 4: La amistad no existe




Sala de libros.
Viernes 5, antes de clases.

—Ya lo tengo todo confirmado —comentó Lorena en tono confidencial— Hernán está en éstos momentos en la enfermería.
—Yo escuché unos comentarios en la entrada —dijo Soledad— pero no creí, ustedes saben que hay tantos rumores...
—Según lo que me comentaron, llegó con algún tipo de lesión, pero las versiones son diferentes, hay personas que hablan de un ojo morado y otras que dicen que llegó sangrando.

Dani se llevó las manos a la cabeza.

—Esto no me gusta muchachos, sobretodo porque después de lo de ayer bien podría haber sido atacado, y además tiene apagado el teléfono.

Pero Leticia parecía totalmente despreocupada.

—En todo caso, nada nos asegura que él haya llegado así por culpa de los espíritus.
— ¿Qué quieres decir?

Fernando sonrió.

—Es obvio Carolina, viniendo de Hernán esos golpes podrían ser por cualquier causa.
— ¿Tan temprano y hablando de los demás?

Hernán entró rápidamente y cerró la puerta tras sí; lucía una mano vendada y algunos moretones en el lado izquierdo de la cara. Dani se le acercó inmediatamente.

— ¿Estás bien Hernán?
—Entonces no llegaste sangrando como decían —comentó Fernando— por lo visto no era para tanto el asunto.
—El escándalo no lo hice yo —se encogió de hombros— Vergara me atajó en la entrada.
— ¿Pero qué pasó? —preguntó Soledad— nos preocupamos.
—No tiene nada que ver con los espíritus si es eso lo que están pensando —replicó de mal humor— es asunto mío.

Fernando hizo una mueca.

—Se los dije.
—Podrías agradecer la preocupación —lo regañó Carolina— pensamos que te habían atacado.
—Yo no les he pedido que lo hagan.
—Está bien, está bien —terció Dani— ya pasó, no hagamos un drama de ésto por favor, que es muy temprano, y por las cosas que han pasado ésta semana perfectamente pueden pasar más incidentes, hay que estar preparados.

Sala de matemáticas
Antes de primer recreo

La sala estaba sumida en el silencio; faltaban minutos para que terminara la clase, y todos estaban concentrados en pasar la materia más compleja de la semana, mientras la maestra llenaba una serie de informes. Poco después, Soledad levantó la vista, y cayó en la cuenta de que la maestra estaba dormida sobre su escritorio; lo peor llegó cuando miró al resto de la clase y descubrió que todos también dormían.

— ¡Dani!
—Cállate —susurró él concentrado en los estudios —aún no termino.
—Levanta la vista por el amor de Dios— exclamó exaltada— todos están dormidos.

Los demás también miraron, pero los siete eran los únicos, todo el resto del curso y la maestra están dormidos.

Carolina removió a uno de ellos, sin resultado.

—Ay por Dios, debe ser...
— ¿Matías? —dijo Leticia incrédula— ¿y por qué haría que la gente se durmiera?
—Yo mejor me preguntaría por qué no podemos salir.

Todos voltearon a ver a Hernán, que forcejeaba con la puerta.

—Está pasando lo mismo del otro día en el taller de computación, pero ahora además la gente se queda dormida.
—Hay que solucionar ésto ahora mismo —dijo Dani— falta muy poco para el recreo y si alguien ve ésto será un escándalo.

Leticia se acercó a las ventanas para bajar las persianas.

—Por lo menos ahora nadie nos va a ver.
— ¡Maldición! —gritó Hernán forcejeando con la puerta— ésta cosa no abre.
— ¿Por qué no rompemos un vidrio?
—Esperen —intervino Dani— no se alteren, hay que pensarlo un poco, porque ésto es parecido a lo de la otra vez, pero no igual.
—La vez anterior funcionó hablarle— comentó Soledad— Dani, podrías intentarlo.

Dani comenzó a murmurar algunas palabras, pero Hernán no se iba a quedar esperando.

—Ésto no tiene sentido...

Volvió a tratar de abrir la puerta sin resultado; en tanto Dani abandonó sus intentos.

—Ésto no está bien, las cosas no son como la vez anterior, algo anda mal.

Hernán aporreó la puerta.

— ¿Que nadie me va a ayudar? Las plegarias no están sirviendo de nada.
—Por qué tienes que solucionar todo por la fuerza —exclamó Fernando revolviendo el contenido de su mochila— yo sé cómo vamos a resolverlo, con ésto.

Sacó una llave y caminó decididamente hacia la puerta; pero todos sus ánimos se derrumbaron cuando al tratar de introducirla en la cerradura, ésta hizo resistencia a pesar de que no había nada obstaculizando.

—Demonios, parece que hay una fuerza invisible.
—Genial, ahora estamos atrapados.

Lorena miró por un momento a Fernando y a Hernán, y le llamó la atención lo cerca que estaban las ideas de ambos.

—Eso es, hay que abrir la puerta.
—No sé si lo notaste pero no pude.
—Entonces hay que volver a intentarlo.

Decidida, la joven tomó la llave y se la pasó al rapado; éste apuntó la llave al ojo de la cerradura, pero solo consiguió mantenerla a algunos centímetros del punto. Dani comprendió la idea y se unió a ellos, e instantes después lo hicieron también todos los demás; al cabo de unos momentos en que todos ayudaron a Hernán a empujar la llave, finalmente lograron introducirla y abrieron la puerta.

—Lo logramos.
—Ahora hay que ver...miren —susurró Carolina— están despertando.

Durante el segundo recreo.
Baño de hombres

Dani estaba entrando en el último cubículo mientras Fernando se contemplaba en el espejo; Hernán en tanto estaba quitándose de la mano la venda.

—A veces es extraño como las cosas parecen ser normales —comentó Fernando— ¿se fijaron en el patio? Esa chica rubia, la que se llama Luciana que es del otro tercero, hablaba con unas amigas y todos estaban hipnotizados con ella.
—Es popular —dijo Hernán— yo diría que más que tú.

Fernando dejó pasar el comentario.

— Tenemos públicos diferentes, aunque reconozco que es muy bonita.
—Tiene una figura espectacular —comentó Dani saliendo del baño y acercándose al lavamanos— de hecho tiene algo que me recuerda a una ex. No estuvimos mucho tiempo juntos, casi todo el verano, pero fue una relación bastante fogosa.

Fernando se estaba mojando el cabello.

— ¿Qué quieres decir con fogosa?
— ¿Que podría querer decir?

Los otros dos lo miraron sorprendidos.

— ¿Estás tratando de decir que tú puedes...?

Dani rió divertido.

—Si, si puedo.
—Ah, pensé que porque tú...
—Mucha gente piensa lo mismo —replicó livianamente— pero puedo hacer una vida íntima sin problemas. No puedo mover las piernas, pero te sorprenderías de las cosas que aprendes a hacer moviendo las caderas cuando de eso depende tu felicidad.

Hernán tiró la venda usada, dejando a la vista un corte relativamente profundo y bastante hinchado.

—Ese corte está feo, ¿cómo te lo hiciste?
—Ya te dije que ese es asunto mío.
—No te lo tomes a mal, solo estamos preguntando, es en tono amistoso.
—Nosotros no somos amigos.

Fernando se encogió de hombros mientras caminaba hacia la salida.

—Allá va el amargado de nuevo.

Iba a decir algo más, pero sus palabras quedaron cortadas cuando la puerta del baño se abrió y entraron cuatro jóvenes; no era necesario prestar demasiada atención para notar la mirada perdida y la actitud agresiva que ya habían visto antes en los otros enajenados. Fernando dio un paso atrás.

Mientras tanto, Lorena y Carolina paseaban por el patio trasero cuando vieron pasar a Soledad corriendo hacia los baños del fondo.

—Que le pasa...

Carolina iba a decir algo más, pero precisamente su celular anunció una llamada perdida de la propia Soledad; probablemente no las había visto.

—Ay cielos, parece que pasa algo.
—Por cómo se veía Soledad debe ser grave, vamos.

Ambas apuraron el paso, y por suerte nadie lo notó con todo el movimiento y ruido del recreo. Los baños del fondo estaban relativamente apartados, de modo que eran lugar perfecto para cualquier tipo de alboroto y todos sabían que antes había habido peleas en esa zona.

— ¿Que está pasando?
—Dani me dijo que están en problemas, pero la llamada se cortó.

En ese momento ya iban prácticamente corriendo, pero antes de llegar a los baños, vieron a Leticia pasar a toda carrera. Llegó algunos segundos antes y golpeó furiosamente la puerta cerrada.

— ¡Abran la maldita puerta!

De pronto la puerta se abrió y salió un muchacho corpulento, que la empujó violentamente, lanzándola al suelo.

— ¡Aahh!

Las demás llegaron al poco, solo para ver como al interior del baño Dani trataba de liberarse de uno que lo empujaba hacia la pared, mientras Hernán luchaba valientemente contra otros dos.

— ¡Suéltala!

Las chicas se dedicaron a tratar de detener al que había salido y que intentaba atacar a Leticia, que todavía seguía en el suelo. Mientras tanto, adentro, Fernando logró ponerse de pie y golpeó en la cabeza al que estaba atacando a Dani, dejándolo fuera de combate.

— ¡Ayuda a Hernán!

El rapado estaba combatiendo con rabia, y entre él y Fernando lograron derribar a los dos, pero todavía faltaba uno de ellos, y tenía el tiempo en contra porque en cualquier momento podían despertar, y si veían algo extraño las cosas se iban a complicar más. Rápidamente pusieron fuera de combate al que faltaba.

—Salgamos de aquí antes que alguno despierte y nos descubra.
—Es un milagro que nadie ande por aquí en pleno recreo —dijo Fernando de mal humor mientras ayudaba a Leticia a ponerse de pie— vámonos hacia el fondo, no podemos aparecer en éstas fachas.

Se alejaron lo más rápido que pudieron hasta un patio posterior. Fernando y Leticia  se estaban sacudiendo y ordenando mientras los demás intentaban recuperarse.

— ¿Están todos bien?
—No, no estamos bien —replicó Lorena exaltada— no podemos estar bien cuando nuestros propios compañeros nos atacan.
—No son ellos.
— ¡No me importa!

Iba a decir algo más, pero estalló en llanto y se abrazó a Carolina, aunque ella misma aún temblaba por los nervios.

—Tratemos de calmarnos —intervino Dani secándose la transpiración— estamos muy alterados.
—Deja de decirnos que nos calmemos — espetó Leticia — por lo demás, nada de ésto habría pasado si ustedes no se hubieran ido para ese sitio.
—El baño de adelante estaba en mantención, además no puedes saberlo —replicó Hernán de mal modo— ésto podría haber pasado en cualquier parte.
—Pero las cosas pasan cuando no hay público Hernán, como no te vas a dar cuenta.
—Cállate, sabes de ésto tan poco como cualquiera de nosotros, aquí lo único que está claro es que los problemas suman y siguen.
— ¿Porque no se callan todos? —gritó Soledad por sobre las voces de los otros— no quiero saber nada de ustedes, ni de los fantasmas, no quiero seguir con todo ésto.
—Deja de gritar.
—No me digan lo que tengo que hacer.
—Por favor bajen la voz —intervino Dani con voz suplicante— estamos fuera de control.

Fernando tomó una piedra y la arrojó lejos.

—Todo está fuera de control, todo se está yendo al diablo.

Gimnasio
Momentos después.

Dani estaba solo en el gimnasio, moviendo la silla lentamente y sin rumbo fijo. Sintió unos pasos acercándose, pero no miró de inmediato, antes escuchó la voz del director San Luis.

—Ya tocaron para entrar a clases.

Dani no contestó. Sabía que la discusión no era por la última pelea, era por eso y por todo lo demás.

—Voy en seguida.

Giró para ir hacia la puerta, pero el director lo detuvo.

— ¿Te encuentras bien Dani?

El joven quitó la vista de las ruedas y lo miró por primera vez.

—No director. Disculpe que se lo diga, pero no creo que tenga que explicarle por qué.
—Imagino que no. He estado atento a todo lo que sucede, y entiendo que han tenido una semana muy pesada, pero hasta ahora las cosas se han mantenido controladas. Hacen un buen equipo.

Dani se sorprendió a si mismo soltando una risa sarcástica.

—No tiene idea de lo que estamos pasando. De la noche a la mañana todo nuestro mundo se puso de cabeza, ni siquiera sabemos que es lo que va a pasar mañana.

Se detuvo. Miró al director, y quizás por primera vez vio en su expresión los efectos que hacían en él los últimos sucesos.

—Tienes razón. Veo que estás molesto, todos tienen derecho a estarlo, y es porque terminaron involucrados en algo que está por fuera de sus obligaciones con los estudiantes.
—Disculpe, no debí...
—No, está bien Dani, todo lo que puedas estar pensando tú y los demás es lógico, y ya había pensado en eso. Sé que nada de lo que yo diga va a ayudarlos, y eso solo lo empeora. Me convertí en maestro y lo he sido por veinte años porque quiero hacer algún tipo de diferencia, porque creo que sobre todo en éstos tiempos cuando es tan fácil hablar mal de la juventud, la mejor forma de actuar es hacer algo en vez de quejarse, porque cuando les das atención y herramientas, la mayoría consiguen grandes avances. Y ahora me siento completamente impotente, porque ustedes están pasando por algo extraño y además peligroso, y yo lo único que puedo hacer al respecto es inventar excusas para evitarles los castigos y tratar de encubrir todo lo que está ocurriendo.

Mientras, Carolina estaba ya en la sala, pero no estaba prestando atención a nada, seguía en silencio igual que todos los demás; la última pelea que habían tenido solo era consecuencia de la carga tensional que estaban cargando y a fin de cuentas era lógico, pero de todos modos resultaba frustrante tener que enfrentarse a hechos sobrenaturales y a peligros constantes, y más aún sin poder confiar en nadie, siempre pendientes de lo que pudieran ver los demás, siempre en riesgo. ¿Cómo se suponía que ellos, un grupo de personas tan disímiles entre si, con tanto en contra y con tan poco conocimiento iban a poder controlar a los espíritus agresivos? ¿Cómo iban a encontrar la paz para el espíritu del hijo de Adriano Del real? ¿Cómo salvar a alguien más cuando no se podían salvar ellos mismos?
Entonces lo entendió, y vio con claridad que había algo muy importante que los siete tenían que hacer antes de poder cumplir con el objetivo que por la fuerza se les había encomendado. Estaban cayendo, y tenían que salvarse ellos mismos.



Próximo capítulo: Cada vez peor