Maldita secundaria capítulo 1: Faltan tres meses: Segunda parte




Poco después, los siete estaban caminando lentamente en la parte delantera de la secundaria, a poca distancia de los estacionamientos.

—El director dijo que teníamos que ir hacia la bodega cerrada.
— ¿Y cómo es que nunca la habíamos visto antes? —preguntó Fernando— ni idea tenía que existía esa bodega.

Leticia resopló.

— ¿Cuantas veces vamos hacia esos lugares? Por acá esta la sala de los profesores, el comedor de los profesores, así que al menos yo no soy fan de hacer éste tipo de visitas.
—Supongo que tienes razón.

Siguieron caminando, hasta que vieron a la persona que los había citado. Adriano del Real era un hombre de alrededor de cincuenta años, de contextura delgada, que lucía el cabello cano bastante corto, y el rostro marcado por numerosas arrugas que lo hacían lucir mayor de lo que era, aunque también tenía una expresión compungida, como lo anticipara San Luis. En absoluto lucía amenazante.

—Buenos días muchachos.
—Buenos días —saludó Dani cortésmente— estamos aquí porque el director nos dijo que necesitaba hablar con nosotros.
—Eso es verdad —respondió Del Real en voz baja— les agradezco que estén aquí, de veras.

Para Leticia la situación ya era demasiado extraña.

—Señor, no queremos ser groseros, pero nosotros no lo conocemos, y todavía no sabemos por qué es que quiere hablarnos. Háganos un favor a todos y diga de una vez qué quiere de nosotros.

Efectivamente, el hombre no se veía para nada amenazante, y de hecho, a Carolina le inspiró algo de tristeza. Del Real respiró hondo.

—No quisiera estar aquí ni molestarlos, pero la verdad es que no tengo alternativa, y ustedes son los únicos que pueden ayudarme... a mí y a toda la secundaria.
— ¿Que trata de decir?
—A pesar de lo que puedan haber escuchado o lo que el propio director les haya dicho, no estoy aquí por razones monetarias ni tampoco he enloquecido; la razón por la que estoy hablando con ustedes es que ésta secundaria corre un grave peligro.

Fernando lo miró con las cejas levantadas.

— ¿Un peligro? Y usted nos viene a salvar.
—No, si pudiera lo haría encantado, pero no puedo. Aunque se trata de mi hijo, no puedo ayudarlo, pero ustedes si pueden, es por eso que vine a pedirles que nos ayuden a todos.

Leticia alzó las manos.

—Espérese un momento, ésto está llegando demasiado lejos. Por lo menos yo no estoy para escuchar ésta clase de tonterías ¿La secundaria en peligro? ¿Ayudar a su hijo? Si su hijo está en algún problema, ayúdelo usted, que para eso es su padre.
—Mi hijo está muerto.

Leticia se quedó muda de asombro; los demás tampoco supieron cómo reaccionar. Del Real hizo una pausa, evidentemente todo aquello estaba siendo mucho más duro para él que para los jóvenes.

—Comprendo que para ustedes sea difícil de entender de lo que les estoy hablando, y si les explico todo de inmediato se convencerán de que estoy loco, por eso es que le pedí al director que los citara aquí. Hay algo que tienen que ver en ésta bodega.

Carolina comenzó a temblar. Todo eso parecía sacado de una película.

— ¿Qué es lo que quiere de nosotros?
—Por favor síganme.

Extrajo un juego de llaves de su bolsillo, y con ellas abrió uno a uno los varios candados que sellaban la pequeña construcción; en total, la vieja construcción tenía unos cincuenta metros cuadrados, hecha de ladrillo y concreto, y se notaba que era parte de la infraestructura original del sitio. Una vez que abrió la puerta, el hombre entró lentamente, pidiéndoles que entraran también.

—Esto da miedo —susurró Soledad hacia Dani sin reponerse del impacto— ¿Nos irá a hacer algo?
—Ay por favor Sole —la reprendió Dani en voz baja— somos siete y él es uno, tenemos a Hernán, mira, está echando fuego por los ojos, y además ¿qué es lo peor que podría pasar, que tenga un fantasma escondido ahí dentro?

Cuando entraron a la bodega, se encontraron un panorama completamente desolador: el lugar estaba desierto, con las paredes, el techo y el suelo totalmente ennegrecidos por lo que claramente había sido un incendio feroz. Sobre el suelo habían además, restos de diversos objetos esparcidos y pegados al suelo, adornos o libros a medio destruir, fundidos con el concreto, como inventos demenciales. El hombre se quedó parado al centro del lugar, en el que sin embargo no había olor a humo ni nada parecido, claramente lo que hubiese sucedido allí era de tiempos anteriores a la secundaria.

—Aquí —comenzó Del Real en voz baja— fue donde murió mi hijo. Su nombre era Matías.

Soledad ahogó una exclamación de horror.

—No puede ser... nos está diciendo que su hijo... ¿murió aquí?
—Así es —respondió el hombre con la voz cortada por la emoción— pero las cosas son más complicadas de lo que parecen. Hace seis años ocurrió un hecho que cambió las vidas de todos, justo cuando el instituto que estaba aquí estaba pasando por su mejor momento. Mi hijo Matías fue secuestrado por un grupo de delincuentes, los que se escondieron con él aquí y comenzaron a hacer exigencias. Como comprenderán, hice todo lo posible por ayudarlo, pero esos hombres desquiciados estaban pidiendo más dinero del que yo disponía, así que, con las negociaciones de la policía estancadas y mi hijo en peligro, lo arriesgué todo y conseguí más dinero hipotecando éstas instalaciones. Todo parecía a punto de resolverse de la mejor manera, pero sucedió algo inesperado: un accidente en la instalación eléctrica de ésta bodega produjo una chispa, que inició un incendio.

Soledad se llevó las manos a la boca.

—No puede ser...
—El fuego se esparció por la red interna de paredes y techo, con lo que todos quedaron encerrados por las llamas. Nadie pudo hacer nada a tiempo, y tanto los seis delincuentes como mi hijo murieron. Aquí.

Lorena no daba crédito a lo que oía. Pero a la vez, algo en su interior le decía que eso no era todo; el hombre estaba hablando de un conjunto de muertes trágicas, en lo que parecía una secuencia de película de horror más que el relato de un hombre frágil a la vista.

—Señor Del Real... lo... lo lamentamos mucho... de verdad...
—Gracias —replicó el hombre— era necesario que lo supieran, porque lo que está a punto de ocurrir en éstas instalaciones está directamente relacionado con lo que pasó en ésta bodega en donde murió mi hijo. Cuando pasó todo ésto, me refugié en el trabajo del instituto, que era también uno de los grandes sueños de Matías, con lo que descuidé parte de mis obligaciones, producto de la tristeza de su pérdida; en resumidas cuentas, me jugué el instituto, y terminé perdiéndolo, pero aunque se trataba de algo doloroso, hubo una razón más importante por la que me preocupaba perder el control de éste lugar, y es que el año antepasado, a fines de año, comenzaron a ocurrir cosas extrañas. Personas se volvían agresivas sin razón, y sucedían cosas raras como destrucción de material o de objetos. Así se empezó a esparcir el rumor de que ocurrían hechos sobrenaturales, y yo decidí intervenir.

Lorena cerró los ojos. Ya sabía lo que iba a oír.

—Contacté personas entendidas, y en secreto hice investigar éste lugar; el resultado fue estremecedor, porque el espíritu de mi hijo está aquí, en una especie de limbo, dentro de éstas instalaciones, perdido en el miedo que lo invadió antes de morir, y lo peor es que los secuestradores también quedaron vagando por aquí. Por eso es que ocurrían cosas extrañas y sin razón, porque los espíritus de ellos están aquí, encerrados, prisioneros del estado en que quedaron antes de morir, esos hombres en un frenesí de agresión y locura, y mi pobre Matías aterrorizado, encerrado queriendo escapar pero sin lograrlo.

Leticia sintió que la cabeza le daba vueltas.

—Horrorizado por éstas revelaciones, pedí ayuda para el alma de mi hijo, para lograr su descanso y a la vez el de los otros espíritus, pero nada de lo que intentaron las personas que contraté funcionó. Una mujer muy sabia me dijo que estaba desperdiciando mi dinero, porque lo que necesitaba aquí no era un exorcismo, era un medio para encontrar la paz de mi hijo, porque él estaba atrapado por un miedo distinto del miedo a la muerte, y mientras yo no supiera de qué se trataba, jamás podría terminar con todo ésto.

Dani sentía escalofríos solo de imaginar lo que estaba sintiendo ese hombre.

—Lo que me dejaba en un callejón sin salida. Mi hijo había muerto de un modo trágico dentro de éstas paredes, pero su real terror era por otra causa, y esa causa era la que lo mantenía a él y a sus secuestradores atrapados en un punto medio entre éste mundo y el otro, por lo que los extraños sucesos no terminarían fácilmente. Me dediqué entonces a evitar los sucesos lo más que podía, pero no fui capaz de disimular todo, y a la larga el instituto se fue a pique por los rumores, y a eso se sumaron las deudas que me hundieron. Perdí el instituto, y al quedar en poder de la sociedad benefactora que construyó la secundaria, supe que las cosas sólo podían empeorar. Hice todo lo que pude, pero no lo logré, y ahora estamos en ésta situación.

Hernán frunció el ceño.

— ¿Por qué nos llamó a nosotros, por qué nos está contando todo ésto?

Del Real sonrió débilmente.

—Porque mi hijo los necesita. El fue quien me hizo saber quiénes eran las personas que podían ayudarlo.
— ¡Pero si ni siquiera lo conocemos! —estalló Leticia— dígame cómo puede el espíritu de su hijo saber algo de nosotros.
—No lo sé, durante meses he estado buscando alguna razón en particular,  y no la encuentro. Solo sé que él los necesita, y que se ha dado una oportunidad única de poner fin a todo lo malo que sigue aquí.

Carolina habló con un hilo de voz.

—Señor Del Real... ¿qué es lo que quiere que hagamos?
—Las cosas van a ponerse complicadas aquí —explicó el hombre con la voz tensa por el esfuerzo que hacía por mantenerse entero— no sé por qué motivo, pero en torno a éstas fechas comenzarán a ver hechos y actitudes extrañas. No se sorprenderán de reconocer las cosas que les he relatado antes, así que por un lado tienen que estar muy atentos, porque al haber tantas personas, estarán en riesgo. Y lo más importante que he venido a pedirles, es que encuentren la forma de salvar a mi hijo. De alguna manera él necesita de su ayuda, porque sabe que ustedes siete pueden ayudarlo.

Fernando tenía naúseas.

—San Luis sabe ésto. Nos engañó para que viniéramos aquí.
—Soy responsable de eso, no su director —explicó Adriano resueltamente— su director trató de impedir éste encuentro a toda costa, pero cuando él mismo experimentó uno de los primeros sucesos, vio que no tenía salida; por favor no lo culpen a él. Necesito pedirles que me ayuden con ésto, se los pido por Matías, por sus compañeros de secundaria y para que los problemas terminen. Y necesitamos también, que no se lo digan a nadie.

Dani intervino, y por primera vez su voz demostraba inseguridad y temor.

—Señor Del Real... ¿Cómo es que su hijo le hizo saber que nos necesitaba a nosotros en particular?

El hombre lo miró con los ojos brillantes.

—En ocasiones cuando estoy aquí, por las noches, puedo escuchar a mi Matías. Él me lo dijo.

Media hora más tarde, los siete estaban en las afueras de la secundaria, reunidos en la plaza más cercana, en medio de un ambiente de total tensión.

—No puedo creer que estamos tomando todo ésto como una real posibilidad —dijo Leticia— es una completa locura.

Dani estaba al centro de todos con un ordenador portátil sobre las piernas.

—La información en éstos tiempos es sumamente importante —dijo resueltamente— y estuve buscando lo que Del Real nos dijo. Y la verdad es que si vamos a los hechos históricos, todo lo que nos dijo fue exactamente como lo dijo, el secuestro, la prensa, la policía, el incendio y la tragedia.
—Yo había escuchado algo de eso, aunque no soy bueno para las noticias —dijo Fernando— supongo que por eso a la sociedad que puso el dinero para esta secundaria no le fue muy difícil comprar el terreno y eso, dicen que esas cosas hacen que bajen los precios.
—Es increíble —comentó Soledad— quiere decir que estamos en medio de una actividad paranormal. ¿Por qué no simplemente cierran la secundaria y ya?

Dani la miró y suspiró.

—No seas inocente, no habría forma de explicarle a más de doscientas familias que una secundaria que lleva alrededor de un año funcionando va a cerrar. ¿Qué les van a decir? Nadie puede hablar de ésto, y francamente nadie lo creería.
—Comprendo por qué es que Del Real perdió el instituto, está loco —dijo a su vez Fernando— viendo como está ahora que han pasado seis años, seguro que nadie le creía ni lo que rezaba en esos momentos.
—Fernando...
—No lo digo con mal tono —se defendió el otro— pero es la verdad.

Lorena aún estaba superada por las emociones. Independiente de lo que estaba sucediendo, lo que había sentido en ese lugar era completamente escalofriante, mucho más de cualquier otra sensación. A ella no le cabía duda de que estaban sucediendo cosas fuera de lo normal.

—En ese lugar hay una cantidad de energía impresionante.
— ¿Tú crees?
—Tal vez me tomen por loca —dijo resignada a la posibilidad— pero me doy cuenta de ese tipo de cosas. Y jamás había sentido algo parecido. Creo en todo lo que nos dijo ese señor, realmente están pasando cosas muy malas a nuestro alrededor.
—De todas maneras tenemos que tomar una decisión —opinó Dani— le pedimos un tiempo para responderle, pero la verdad es que si estamos en algo así, muy bien puede ser que no tengamos mucho de donde elegir.
—Y ni pensar en un cambio —comentó Carolina— a éstas alturas del año sería imposible.

Fernando forzó una risa breve.

—No me gusta reconocerlo, pero si ésto es verdad, y tenemos muchas pruebas de que si, lo más probable es que no tenemos alternativa. Sobre todo si el viejo cumple con lo que le pedimos de darnos algún tipo de prueba.
—Y yo creo que al final fue peor pedirle pruebas de ésto.
—Solo serán tres meses —ironizó Leticia por su parte— ¿qué tan malo puede ser? solo nos han pedido que ayudemos a un espíritu que sufre a encontrar la paz sin tener absolutamente idea de lo que estamos haciendo, con la amenaza de espíritus agresivos por la secundaria, y sin reprobar los exámenes.

Lorena la miró reprobándola.

—No hables de ese modo, no juegues con éstas cosas.
— ¿Y me puedes decir quien se preocupa de nosotros? Mira en lo que estamos metidos ¡Esto es el colmo!
—Eso no tiene importancia —terció Dani— yo opino que ya que las cosas están así, no hay salidas, de todos modos estamos inmersos en la secundaria y si es así, entonces podemos hacer algo al respecto ¿Que dices Soledad?
—Estoy contigo Dani. Ahora solo tenemos que esperar que Del Real en serio nos demuestre lo que nos ha dicho, pero no sé si quiero que llegue ese momento.
—Tendremos que afrontarlo —comentó Lorena abrazándose a su amiga Carolina para infundirse fuerzas— es lo único que podemos hacer.
—Si pasamos el año va a ser un milagro Fernando.
—Es verdad Leticia. Nos espera el día más largo de la historia.
—Y yo pensé que al menos aquí iba a poder estar tranquilo —masculló Hernán enfurecido— pero no podré estar en paz. Maldita secundaria.



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