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Por motivos de fuerza mayor, los episodios de Por ti, eternamente, La otra matrix y Broken spark no podrán ser publicados hoy.
Pido mil disculpas.

La traición de Adán capítulo 33: La traición



En ocasiones era difícil controlar los tiempos, de modo que Adán decidió trabajar en sus proyectos informáticos más cerca de la noche; tenía establecido un rudimentario pero efectivo laboratorio en un minúsculo departamento junto a una bodega de su propiedad, en la planta baja de un edificio en la periferia de la ciudad, mismo lugar en donde aún estaba escondida la van parte del fracasado plan de engaño contra Samuel; en ocasiones se sentía presionado por la necesidad de librarse de esa prueba en su contra, pero sabía que de momento, y mientras la investigación de la policía siguiera abierta, le convenía mucho más dejar todo tal como estaba.
Dentro del pequeño departamento tenía un bar y un computador, portátil y sumamente potente, a través del que había estado haciendo sus investigaciones en el último tiempo; las horas pasaban con rapidez, y necesitaba encontrar una salvaguarda, un método para sacar provecho de Bernarda y a la vez librarse de ella en caso de ser necesario, pero hasta el momento no había dado con el punto.

–Un momento...

Explorando en el infinito mundo virtual, descubrió algo interesante: la empresa Masters. Era propiedad de Bernarda a través de algunos subterfugios legales, eso ya lo sabía, lo que le pareció muy notorio fue la cantidad de dinero que había estado desviándose hacia sus cuentas últimamente. Eran cifras estratosféricas, y tratándose de Bernarda, no era por casualidad. Decidió investigar un poco más, guiado por un presentimiento; Masters era fabricante de maquinaria industrial de precisión, dedicaba su trabajo al rubro metal mecánico, y no estaba involucrado en Boulevard ni en Hotel porque no le daba el campo, aunque si tenía proyectos importantes con compañías mineras y fabricantes de componentes para vehículos. ¿Por qué Bernarda estaría desviando grandes sumas de dinero hacia esta empresa? Estaba en esas conjeturas cuando recibió una llamada de Eva a través de la línea alternativa que mantenían.

–Dime.
–Acabo de descubrir algo muy interesante –explicó ella saltándose los saludos– estuve viendo algunos videos de seguridad del Salón de la innovación, y lo que vi es sorprendente: un hombre se subió al escenario y gritó algo, aunque lamentablemente el Angulo es pésimo, pero se me ocurrió buscar referencias, y se trata de Vladimir Aruse, empresario que terminó arruinado después del escándalo en Londres hace dos años. Pero eso no es todo, busqué vínculos por todas partes, y resulta ser que hay colaboradores suyos dentro de Biel Asís.
–Entonces es por eso –concluyó Adán a su vez– lo que me dices tiene más sentido con lo que acabo de descubrir, Bernarda ha estado desviando grandes sumas de dinero hacia Masters, una empresa de maquinaria de precisión. Seguramente descubrió que Aruse está metido en una de sus empresas importantes y se está poniendo a salvo lo más rápido que puede.

Eva hizo una pausa.

–Necesitamos vernos.
–Desde luego, agendaré algunas cosas y voy para allá. Eva, puede ser que estemos a punto de lograr lo que queremos.

Mientras tanto, Micaela y Esteban estaban en un centro comercial, con el ordenador portátil que F les había pasado el día anterior.

–Mira, aquí está la respuesta Esteban, dame la memoria roja ahora.
–Toma. Al fin, tanto esperar, pero parece que está resultando.

Habían tenido una jornada muy intensa, mientras esperaban a que la información que habían enviado diera buenos frutos, pero al fin tenían una respuesta. Siguiendo las instrucciones de F, conectaron al ordenador la memoria externa de color rojo que les había entregado su desaparecido informante, lo que hizo que al momento el sistema lo reconociera, abriendo una ruta codificada a la red, a través de la que envió una serie de datos; ninguno de los dos sabía qué tipo de información específica era la que estaba siendo enviada, pero sabían que ese era el segundo de los pasos que tenían que seguir, y prácticamente el más importante.

–No puedo creerlo, parece que Valdovinos cayó en la trampa.
–Lo que me preocupa ahora –comentó Micaela– es cómo vamos a hacer para meternos en el departamento de ese tipo.

Esteban tomó un mapa impreso mientras en ordenador seguía haciendo su trabajo.

–Este es el lugar: es un edificio antiguo en una zona periférica de la ciudad, y es en el subterráneo junto a los estacionamientos.
–Debe ser hermoso.
–Según F, esta información hará que Adán caiga en lo que cree que es un gran negocio, así que tendremos que esperar hasta que la información se envíe en primer lugar, y después hasta recibir la otra respuesta, para infiltrarnos y borrar el ordenador. Yo iré.

Pero Micaela lo detuvo.

–No. Esto es mío, yo tengo que hacerlo.
–Pero es muy peligroso, si alguien te descubre pueden llamar a la policía y todos nuestros planes se arruinarían.
–Si a ti te descubren pasará lo mismo.
–No, porque soy menos importante que tú. Si a mí me atrapan, aún puedes seguir adelante con algún nuevo plan.

La joven frunció el ceño.

–No. Esteban, Adán es un hombre sumamente inteligente, no tendremos una nueva oportunidad como ésta. Éste es el momento preciso, y tengo que ser yo. Tú vas a vigilar a Valdovinos para asegurarnos que tenga el tiempo suficiente.

Más tarde, Eva recibió en su habitación de hotel a Adán. Al principio no hicieron falta las palabras, porque la tensión de los últimos acontecimientos hicieron aflorar toda la pasión, llevándolos a hacer el amor desesperadamente; en momentos como ese, cuando la conexión era absoluta, nada más importaba, a su alrededor se extendía una muralla intraspasable, dejándolos en un sitio en donde solo existían ellos dos, los seres perfectos, el amor perfecto.
Después, la pareja estaba ocupándose de los asuntos que los llevaban en esos momentos.

–Eva, tenemos algo muy importante. Accedí a las cuentas de la Constructora Del Mar y Alzarrieta, eso quiere decir que ahora podemos hacer lo que queramos.

Eva se recogió el cabello mientras él se acomodaba sobre la cama.

–Dadas las circunstancias, me parece que es la mejor medida, sobre todo por lo que le está pasando a Bernarda en éste preciso momento: Aruse es un peligro potencial, estoy segura de que viene dispuesto a destruir a Bernarda y nosotros dos estamos justo en el medio.
– ¿Has hablado con ella?
–No, está muy desaparecida, pero lo que supe es que ordenó una búsqueda exhaustiva de Aruse y que redobló su seguridad, así que está asustada. Adán, creo que nuestro futuro no está en éste país.

Adán ya había pensado en eso,

–Creo que tienes razón. Las cosas están complicándose, hay demasiadas implicancias, estamos metidos hasta el cuello con Solar y ella ahora es un barco que se hunde.
–Dijiste que podíamos hacer muchas cosas, pero aún estamos atados por contratos con Bernarda, y sabes qué clase de contratos firmamos, aún si escapamos con lo que tendremos, ella podría seguirnos no sólo por esa causa, sino que principalmente por el incumplimiento. Necesitamos ponernos a salvo de eso.

Se besaron.

–Lo sé, pero aunque estoy muy avanzado en mis investigaciones, todavía no encuentro los accesos necesarios para poder protegernos.

Eva lo miró fijamente.

–Pero entonces lo que me has dicho no sirve de nada. Mientras estemos atados a Bernarda Solar, apropiarnos de cualquier cuenta o propiedad suya nos afecta directamente, y una denuncia de ella tendrá como respaldo cada firma que hemos hecho.
–Concuerdo contigo en todo lo que has dicho mi amor. Somos prisioneros de ella, pero ya contamos con algo en nuestro favor, así que por ahora tendremos que seguir aparentando y continuar de su lado, hasta que consiga los accesos necesarios.
– ¿Y cómo vas con eso?
–En este mismo momento tengo un proceso en marcha –dijo Adán satisfecho– dentro de unos minutos ya tendré el trabajo terminado, y una de las cuentas importantes de Bernarda Solar seguirá, en apariencia a su nombre, pero en realidad en nuestro poder.

Por la noche, Micaela descendió del taxi, quedando sola en medio de una calle. El sector en el que estaba era realmente pobre, las calles lucían abandonadas y a maltraer, aunque sin embargo, lo más llamativo es que no parecía haber gente en las casas o en los edificios. Mejor.
La joven había memorizado el mapa y pasado ya una vez por ahí más temprano, así que caminó decidida hacia el edificio; por seguridad marcó el número de Esteban.

– ¿Está ahí?
–Sí, no se ha movido del Hotel. Micaela, no te confíes, date prisa.
–Sí. Y tú no dejes de vigilar.

En medio de la noche, la joven se escabulló por un costado del edificio, y no le costó mucho llegar hasta el subterráneo. Según la información que tenía, su destino era el apartado 31B, justo atravesando uno de los accesos.

–Vamos, éste es el momento.

Se acercó a la puerta, pero en ese momento su teléfono celular vibró, anunciando una llamada.

– ¿Qué pasa?
–Acaba de salir del hotel en su auto –susurró Esteban alarmado– tomó la misma vía por la que se vino para acá... creo que va para el edificio, tienes que salir de ahí.

Micaela sintió que el corazón se le oprimía.

–Espera. Aún tendría que tardarse como diez minutos, puedo hacerlo, estoy en la entrada del departamento.
–Es muy peligroso.
–Síguelo y avísame cuando esté cerca.

Cortó. Esteban, que ya se suponía algo así, oprimió en su auto el acelerador; no pretendía seguir a Valdovinos, más bien le interesaba adelantarse y estar a una distancia prudente del edificio para poder advertir a Micaela.

–Diablos.

Mientras tanto, la joven consiguió entrar al pequeño departamento en donde debía hacer su trabajo; no había resultado difícil forzar la entrada con una ganzúa, y ya dentro, lo que quedaba era lo más sencillo: el ordenador portátil de Adán Valdovinos estaba ahí, encendido, con el acceso a una ruta similar a las que habían visto en el ordenador que les entregó F, lo que significaba que las cosas habían resultado, y el confiado de Valdovinos dejó todo eso ahí porque estaba convencido de haber sellado el negocio. Sacó la memoria de color verde, y la conectó al ordenador.
No pasó nada.
El tiempo comenzaba a pasar, y se sintió más impaciente que antes por tener algo pendiente, la llegada de Adán como una amenaza constante, porque sabía que, de descubrirla, perdería todo el trabajo. Luego de unos estremecedores segundos, la memoria externa comenzó a hacer su trabajo, y desplegó una pantalla nueva, que arrojó un mensaje de alerta. F no les dijo nada de eso.
Presionada por el factor tiempo, Micaela decidió no hacer nada, lo que al final terminó siendo la mejor decisión, porque después de unos momentos apareció otro mensaje, que mostraba una cuenta regresiva: la burlesca forma del creador del virus para enseñar como destruía el sistema sin que eso se pudiera evitar.

–Ay no… ¿Siete minutos?

El tiempo de trabajo del programa era mucho más extenso del que se había imaginado, y Valdovinos venía en camino. Llamó a Esteban.

– ¿Dónde estás?
–Voy en camino –respondió él– por favor dime que ya saliste de ahí.
–Tengo un problema –replicó ella a su vez– estoy destruyendo el ordenador, pero todavía faltan seis minutos.
– ¿Qué? No puedes quedarte ahí, el camino es corto Micaela. Estoy adelantándome para llegar antes, pero si lo veo cerca de ti solo tendrás algunos momentos para salir.

El tiempo era en esos momentos su mayor enemigo. La joven apretó los puños.

–Apúrate.

Volvió a cortar y miró de nuevo la pantalla del ordenador. Seis minutos.

Esteban iba a toda velocidad en su automóvil. Había adelantado a Valdovinos esperando que el otro no sospechara nada, y enfiló a toda velocidad hacia su destino; en esos momentos no le importaba hacia donde iba ese tipo, solo le importaba evitar que Micaela se metiera en un grave problema, y si no llegaba a tiempo, lo haría, porque estaba seguro de eso, ella no se detendría ante nada. Finalmente, la ruta por la que avanzaba era sólo en línea recta, y el hombre miró por el retrovisor, no había señales de Valdovinos, lo que significaba que al menos le llevaba unos dos minutos de adelanto, suficiente para sacar a su amiga de donde estaba. Volvió a marcar.

– ¿Cuánto tiempo falta?
–Dos minutos –respondió ella nerviosamente– dime dónde estás.
–A una cuadra de donde está el edificio, en la siguiente calle. Sal de ahí y ve hacia el árbol con flores.

Dentro del edificio, Micaela estaba con la puerta del pequeño departamento entreabierta.

–No puedo salir de aquí aún, falta. ¿Lo ves?
–Maldición, su auto acaba de pasar Micaela. Llegará ahí en solo un momento.
–No puedo, todavía no termina.
– ¡Micaela!

Adán bajó de su auto y enfiló directamente hacia el edificio en donde tenía el departamento con las llaves en la mano; ya todo estaba terminado, la etapa más reciente de su plan para apoderarse de una de las cuentas más importantes de Bernarda Solar había concluido, ahora solo le quedaba eliminar las pruebas, es decir el ordenador con el que realizara el trabajo, ya tenía otro listo para la siguiente parte, es decir anular cualquier rastro legal de su unión con la Constructora. En eso sonó su teléfono celular. Era Luna.

–Hola Adán, necesito verte.

Directa y sincera, como siempre. Adán se detuvo antes de llegar al edificio.

–Es un poco tarde Luna.
–Por eso es que te necesito. Te acabo de enviar la dirección, te espero.

Y cortó. Adán se quedó unos momentos quieto, sopesando la situación. ¿Cuántas veces había recibido invitaciones de ese tipo? Pero no era cualquier mujer, era Luna, sabía exactamente qué era lo que podía conseguir de ella, y no podía mentirse más, no podía simplemente decir que no, o ignorarla. Se devolvió a su automóvil y emprendió viaje a toda velocidad.

Micaela se subió al auto de Esteban con el corazón en la mano.

– ¿Viste que pasó?
–No Esteban, estaba tratando de salir de ahí.
–Valdovinos estaba a pasos del edificio, pero de pronto se devolvió y se fue. Creo que lo llamaron por teléfono, debe haberle pasado algo, así que agradece que la suerte estuviera de nuestro lado. ¿Te fue bien?

La joven mostró triunfante la tarjeta de color verde.

–El ordenador de ese tipo está destruido, ahora solo tenemos que salir de éste lugar de una vez por todas y hacer desaparecer también el otro.

Emprendieron viaje a toda velocidad.

Ya había pasado la una de la mañana cuando Adán llegó a un lujoso hotel, directo a la habitación en donde estaba Luna. Verla fue más de lo que se esperaba, básicamente porque esperaba verla desnuda en la cama esperándolo, y la encontró completamente vestida, aunque con una apariencia exótica que combinaba perfectamente con su estilo.

–Qué bueno que viniste.
–Tú sabías que iba a venir de todas maneras.

Luna estaba descalza, con su cuerpo cubierto por un vestido muy ceñido hasta la cintura, que insinuaba sus pechos, y caía sensualmente por sus caderas hasta arriba de las rodillas, y con el cabello negro suelto cayendo libremente. Parecía una modelo de calendario barato, pero al mismo tiempo tenía algo que una imagen así jamás podría tener: estaba viva, sudaba pasión y deseo, y lo más impactante de todo, es que como ninguna mujer, Luna no lo deseaba a él con desesperación, sino que más bien lo quería, porque a través de él podía conocer una parte más del mundo, y deseaba tener su pasión y su cuerpo porque sabía que uniéndose, ambos llegarían a un nuevo nivel que hasta entonces les había estado prohibido.

–Sí. Sabía que ibas a venir, pero me preguntaba si tú lo tenías claro.
–Tú querías que esto pasara, lo quisiste desde un principio.

Adán se quedó de pie en la habitación, mientras la mujer caminaba a su alrededor, en círculos, desnudándolo con la mirada, contorneándose levemente, en una caminata que se veía como la danza de una figura mitológica, al acecho de su objetivo más preciado.

– ¿Por qué no? No hay nada que se interponga entre nosotros y lo sabes tan bien como yo, así que no veo el problema. Esto debió haber pasado hace mucho, no me gusta esperar.
–Imagino que no Luna, debes estar acostumbrada a conseguir siempre lo que quieres.

La joven rió alegremente, sin dejar de caminar a su alrededor.

–Lo mismo digo de ti. Un hombre como tú, siempre tiene lo que quiere, eso es a la vez interesante y angustiante. ¿Alguna vez vas a estar satisfecho?
– ¿Te preocupa realmente?
–Solo si eso interviene en lo que estoy buscando ahora, porque en todo éste tiempo te veo y te siento Adán, sé que lo deseas tanto como yo, pero al mismo tiempo siento que estás deteniéndote.

Adán estaba deleitándose con la escena, no sólo por la hermosura salvaje de Luna, sino también por sus movimientos, por esa danza silenciosa que aún lo mantenía a distancia, ofreciéndole todo lo que podía conseguir, pero al mismo tiempo negándoselo, esperando hasta el último momento para tomar la decisión final.

–Siempre hay muchas cosas involucradas, actualmente las decisiones no son sencillas.
–O tal vez quieres decir que hay personas involucradas.
–Eso también Luna, pero no solo se trata de eso. No somos adolescentes, no podemos simplemente tomar todo lo que queremos.
– ¿Y porque no? –la joven reía divertida con la sensación, pero sin dejar de mirarlo con la misma intensidad de antes – eres un hombre excepcional Adán Valdovinos, y lo sabes muy bien. Uno en un millón, el hombre más hermoso, inteligente, capaz, poderoso, tienes todo ante ti, el mundo se inclina ante tu presencia y siempre será así, pero escúchame bien... nunca serás tan joven y perfecto como ahora, éste es el momento preciso de hacer todo lo que siempre has querido, yo no soy alguien a quien podrás tener cualquier vez, pero ésta noche si, ésta noche quiero compartir contigo mi pasión, y quiero que descubras lo que sé y lo que puedo hacer. Ven Adán, haz lo que quieres sin pensar en nada más, y jamás te arrepientas.

Finalmente la joven se quedó quieta, mirándolo fijamente, y Adán no resistió más, y se entregó a lo que secretamente había deseado, a tomar entre sus brazos a Luna y sentir su calor, experimentar de su cuerpo la frenética emoción que sólo salía de ella, como un sueño prohibido e interminable, que solo podrás vivir una vez, ésta, la primera y la última. Comenzaron a besarse con ardor mientras se despojaban de la ropa.



Próximo episodio: La sombra de Adán

Por ti, eternamente Capítulo 18: Fin del camino



Ignacio Armendáriz corría a toda velocidad en las cercanías de la zona donde había presenciado las consecuencias del accidente en la ruta, mientras su corazón latía violentamente; tenía la poderosa sensación de que las cosas estaban yendo de mal en peor, pero la presencia de Segovia en la camioneta de los periodistas antes del choque no significaba nada a primera vista. Por otro lado, las misteriosas huellas del vehículo que se alejaban de la ruta en esa dirección eran preocupantes ¿Acaso Segovia siempre había tenido un aliado y solo esperado el momento indicado? La perspectiva resultaba nefasta, pero en ese momento dependía solo de él mismo, ya que era el más cercano a la zona; sabía que el equipo que había solicitado llegaría muy pronto, pero no podía perder ni un solo segundo.

—Oh cielos...

Una nueva escena se desplegaba a su vista; un automóvil blanco, estacionado cerca de los árboles, y tres hombres tendidos en el suelo.

—No, no puede ser...

Con el corazón azotando con violencia su pecho, el policía se acercó más a la escena que se desplegaba a sus ojos, aunque ya desde unos pasos antes sabía lo que estaba pasando.

—Maldición.

Las cosas se habían salido por completo de control; lo que estaba viendo en esos momentos estaba más allá de toda idea previa que pudiera haberse hecho, pero ¿Quién realmente era Segovia, quién era en el fondo esa persona que en apariencia solo era un desconocido que tenía un bebé en sus brazos por razones desconocidas? Desde casi un principio había sospechado que había algo extraño, y por eso tenía algunos efectivos investigando a la familia, pero nunca creyó que las cosas llegaran a ese punto. Tenía el revólver en la cartuchera, y supo que muy posiblemente lo usaría pronto, aunque esperaba en primer lugar encontrar al tipo, y recuperar al niño sano y salvo.
2

Víctor corría lo más rápido que podía por entre los árboles y la maleza, con el bebé en sus brazos y la mochila a la espalda, pero ya después de varios minutos de intensa carrera, la adrenalina estaba decreciendo y los efectos de todo lo sucedido antes comenzaba a sentirse.

—Tranquilo bebé...tranquilo...

Ariel había calmado sus llantos, pero todavía se mostraba inquieto en sus brazos, removiéndose y gesticulando constantemente.

—Tranquilo...todo está bien...

Tuvo que dejar de correr, exhausto, y siguió caminando a paso más lento. Los golpes que había recibido en el enfrentamiento luego del accidente de los periodistas estaban haciendo mella en su cuerpo; se extendía un incipiente bosque ante su ojo derecho, pero nubes y oscuridad ante el izquierdo, de seguro porque los golpes en la cara habían profundizado la herida por la pelea anterior con el policía, aunque eso no era lo único, porque tenía lesiones y magulladuras en el torso y en los brazos.

—Tranquilo bebé, tranquilo...

En un momento se detuvo, porque el cuerpo ya no le permitía continuar avanzando.

—Estoy tan cansado...

Aunque resultara sorprendente, la visión cada vez menor por el ojo izquierdo era lo que menos le preocupaba en esos momentos, porque los golpes le habían quitado las fuerzas y la descarga de energía producto del enfrentamiento con los delincuentes lo había debilitado por completo; aún le zumbaban los oídos, haciendo que escuchara todo lo que pasaba alrededor, pero además de eso un sonido extraño y ahogado que no lo dejaba en paz.

—Estoy tan cansado —dijo en voz baja— no entiendo quiénes eran esos hombres, qué es lo que pretendían hacer...perdóname, ellos nunca debieron haberte golpeado, pero yo los alejé de ti, no voy a dejar que te hagan daño otra vez...

Sus palabras se diluyeron un momento; sentía dolor en muchos puntos en el cuerpo, sangre y tierra en la boca, heridas en los brazos, pero sabía que de alguna manera, el miedo estaba complotando en su contra, de modo que tenía que evitarlo, seguir funcionando o al menos hablando para no caer en completa oscuridad. De pronto notó que estaba de pie cerca de un árbol, y que la mochila estaba en el suelo ¿En qué momento la había dejado caer?

—Lo siento, yo...estoy tan cansado, pero tengo que seguir, esos hombres deben estar cerca todavía, y no puedo permitir que me encuentren otra vez...tengo que alejarme de aquí, solo hace falta un poco más, un poco más...

Sabía que tenía que moverse, pero su cuerpo amenazaba con dejarlo ahí; volvió a mirar al pequeño en sus brazos, que por primera vez no lo miraba fijamente, sino que de manera errática, angustiado igual que él por lo que estaba sucediendo, sin dejar de moverse inquieto ¿Qué cosas pasarían por su mente en esos momentos?

—Segovia.

La voz de Armendáriz se dejó escuchar fuerte y clara en medio del bosque; el policía había detenido sus pasos luego de extensos minutos de carrera incesante, al encontrar algunas pistas frescas en el lugar; realizando un rastreo rápido encontró huellas recientes, algunas ramas y hojas rotas, lo que explicaba claramente que Segovia o alguien había pasado por ahí hacía muy poco. Pero aunque aún no llegaba a él, algo en su ser le indicaba que estaba en el lugar preciso, que al fin terminaría con toda esa locura.

—Puedo sentirte Segovia —exclamó el oficial con decisión— ¡Sé que estás aquí!

A no muchos metros de distancia, Víctor permanecía tras un gran y añoso árbol, con el bebé muy cerca de su pecho, sintiendo el corazón golpeando con furia ante la voz de ese hombre, la misma que de manera amenazante lo había perseguido en el auto aquella mañana que parecía ya tan lejana.

—No puede ser... —murmuró con voz temblorosa—, es ese policía...

Armendáriz estaba por completo inmóvil entre los árboles y la maleza; sabía que estaba ahí, lo sentía en los nervios, en el estómago, sabía perfectamente que estaba ahí, no muy lejos, entre alguna planta o detrás de algún árbol, y tenía que seguir hablando, mientras descubría las claves que le faltaban, mientras encontraba la ruta más correcta para capturarlo; solo necesitaba saber que el bebé estaba bien todavía.

—Todo terminó Segovia —sentenció con voz clara—, toda ésta locura tiene que terminar.

Víctor abrazaba contra su pecho al bebé, sin notar que, dentro de todo, conseguía mantener la cordura suficiente para no apretarlo más de la cuenta; la voz del policía se escuchaba cerca, pero aún no lo suficiente.

—No puedo continuar así —se dijo Víctor mientras tanto, en voz muy baja—, no puedo seguir, tengo que hablar con ese policía; él tiene que ayudarme, tiene que entender que no tuve opción, que tuve que escapar, y él sabrá la verdad cuando esos hombres hablen. Tengo que hacerlo.

Tenía un nudo en la garganta, sentía que estaba en el punto definitivo y que debía confiar, quizás no en ese policía, pero sí en lo que representaba; además ya casi no tenía fuerzas para seguir escapando.

—Sé que estás aquí Segovia, y voy a encontrarte y a llevarte ahora mismo; escúchame, hasta ahora has hecho muchas cosas, pero sabes que lo último que hiciste supera todos los límites.

Víctor estaba aún de pie detrás del árbol, con Ariel en sus brazos, debatiéndose entre lo que había estado haciendo y la posibilidad de terminar con todo; la posibilidad de ser capturado era cada vez mayor, y ese policía estaba aún muy cerca de él, quizás más que antes ¿Qué tanto podría correr en el estado en que estaba?

—Tú eres mi ángel —murmuró mirando a los ojos al bebé— tengo que hacer lo correcto, no puedo arriesgarte; ayúdame, ahora necesito tus alas.

Pero cuando levantó la vista era demasiado tarde para opciones; alrededor de cincuenta metros lo separaban de Armendáriz, quien, todavía inmóvil sobre la maleza lo miraba fijamente, con decisión total.

—No te muevas, ni des un solo paso más.

La voz lo intimidó de nuevo, por la sorpresa, y por la fuerza de su mirada ¿Era de alguna manera distinta o solo era el efecto de la adrenalina y los dolores en el cuerpo?

—Entrégate Segovia.
—Necesito que me ayuden —dijo tratando de sonar menos asustado de lo que estaba—, esos hombres...

Se quedó un momento sin palabras, no sabía cómo empezar. Pero el policía sí.

—Todo lo que tenga que ver con eso lo dirás en el cuartel —dijo, determinante—, ahora entrégate y dame al niño.
—No lo entiendes —replicó con un dejo de desesperación—, esos hombres me atacaron, querían llevarse a Ariel.

Armendáriz estuvo a punto de decir algo más, pero se contuvo; no era personal, no podía ser personal, tenía que concentrarse en lo importante, que sin duda era recuperar sano y salvo al pequeño.

—Dame al niño, no te resistas más.
— ¿Encontraron a esos hombres? Ellos me atacaron, tienen que exigirles que digan la verdad.

Armendáriz avanzaba lentamente, sin quitar los ojos de los de Segovia; sabía que en una situación como esa no contaba con mucho tiempo antes de algún arranque de ira, y con el último antecedente las cosas se ponían cada vez más riesgosas.

—Escucha, te aseguro que tendrás un juicio justo, solo dame al niño y todo estará bien.

Sin embargo en ese momento, hacia el oriente de donde se encontraba Víctor, algo se movió, aunque los árboles no lo dejaban ver que era, pero entendió que se trataba de algo importante porque Segovia se volteó espantado.

— ¡No te muevas!

El grito era de uno de sus oficiales, Mendoza o Arivas.

—Espera —gritó imponiendo autoridad—, no se acerquen, estoy aquí.

Pero ya era tarde. En solo un segundo supo que lo que estaba pasando era una escena de doble reacción automática, donde por un lado el oficial tomaba las riendas de su propio actuar al ver a su objetivo en el punto de la mira, y por el otro el objetivo, es decir Segovia, tomaba una actitud súbita ante la sorpresa súbita, siguiendo el patrón de conducta que había seguido hasta ese momento; nada de lo que dijera en ese momento serviría a tiempo, lo único que podía hacer era correr, a toda velocidad, para evitar que se produjera una desgracia. Reuniendo toda la fuerza de su ser en los músculos de las piernas y el torso, el oficial comenzó la carrera hacia el hombre con el niño en los brazos, intentando disminuir la distancia de alrededor de treinta metros que los separaban mientras él comenzaba a correr hacia el sur.

— ¡No te muevas!

El policía apuntó a Víctor con su arma de servicio, pero con eso solo consiguió asustarlo; automáticamente el joven comenzó a correr hacia el sur, asustado por todo lo que estaba pasando; ese policía solo lo había distraído para poder cazarlo, pero aunque pensara en entregarse, ver cómo le apuntaban a él y al bebé en sus brazos le produjo el mismo temor que los hombres de ese automóvil blanco.

— ¡Aléjense de él, no disparen por ningún motivo!

Armendáriz corría a toda velocidad, sabiendo que contaba con cualquier cosa, menos con tiempo; mientras corría nuevamente hacia el sur, el oficial vio por el rabillo del ojo que más oficiales estaban apostados en puntos estratégicos al norte y al oriente, por lo que era cuestión de tiempo que lo hubieran encontrado aunque él no estuviese presente, pero había dos diferencias fundamentales, la primera, que ellos no contaban con lo último que hiciera Segovia, y que en vista de eso una actitud demasiado fuerte podría producir efectos impensados.

— ¡Segovia, detente!

Mientras corría gesticulaba para detener cualquier esfuerzo de los otros oficiales, y funcionó con los que estaban más cerca, pero Souza, uno de sus más experimentados en trabajo de campo hizo un gesto que aún con la adrenalina le congeló la sangre; lo que estaba indicándole, a lo lejos era peligro mortal, y no provenía de ninguno de ellos.
La vegetación se volvía más y más tupida a cada paso que daban, y esa era la trampa mortal a la que se dirigían todos ellos, de la que Souza le estaba advirtiendo desde lejos, y desde la altura necesaria. ¡Segovia corría directamente hacia un barranco!

— ¡Segovia!

Ésta vez su grito fue de auténtico espanto; en los escasos segundos que estaban transcurriendo desde que volviera a intentar escapar, todo se había vuelto un horrible presagio de los más tremendos temores que pudiese haber tenido antes, pero la experiencia también le decía que en medio del estado mental en que se encontraba, añadido a esto la presión de la aparición de los demás oficiales, Segovia no escucharía razones, y que además seguiría corriendo más por instinto que por astucia,  por lo que resultaba prácticamente imposible detenerlo. Tenía que llegar a él, tenía que detener esa carrera, ya nada importaba, ni el caso ni lo que acababa de presenciar cerca del automóvil blanco,  solo importaba correr, se desgarraría los músculos de las piernas si era necesario, pero no podía permitir que ese hombre siguiera esa carrera desesperada, no podía dejar que un niño muriera, ni en esas circunstancias ni en las que fuese.

— ¡Segovia, para, vas a matarte! ¡Segovia!

Sus gritos podían fallar, pero no la fuerza de su cuerpo, el entrenamiento que había hecho durante años tenía que servir de algo; mientras seguía corriendo tras Segovia pudo advertir que los otros se quedaban quietos, sabían que no podían hacer más, el único que estaba cerca y que tenía alguna opción era él, y no pensaba quedarse de brazos cruzados, tenía que hacer el máximo esfuerzo, y en cada paso le rogó a cada fibra de su  ser que rindiera más, ante el peligro jamás se había rendido, y en realidad, a pesar de su arrojo y valentía, el oficial sabía que no estaba corriendo para detener a un hombre acusado de delitos horribles, ni para cumplir con su trabajo o su deber, estaba corriendo porque había un niño en peligro, y sabía se condenaría por siempre a sí mismo si no evitaba el desastre.

— ¡Segovia!

Gritó con todas sus fuerzas, se exigió un poco más, sin importarle el precipicio que veía a tan solo metros de distancia, oculto entre la vegetación de los ojos de cualquiera que no tuviera el entrenamiento o la concentración necesaria, traicionando a quien fuera que osara pasar por ahí.

Y Víctor esquivó unas matas, dio dos pasos más, y desapareció, tragado por la vegetación.

— ¡Noooo!




Próximo capítulo: En manos de la muerte

Beast wars: Broken spark Capítulo 1: Una nueva apariencia. Parte 1



Zona desértica. Día 1.

Al interior de la nave, todos habían pasado por alto el resto del informe de daños, en cuanto la computadora de navegación comenzó a informar que se trataba de algo grave; de momento, no volverían a volar.

—Rayos, ahora estamos derribados mientras esos predacons están por ahí siguiéndonos.

La voz de Optimus conservaba su tranquilidad.

—Tranquilo Rattrap. Ahora es más importante que entremos a las cápsulas de adaptación, al escáner casi termina de revisar las formas de vida con las que podemos mimetizarnos.

Obedecieron la instrucción, y unos momentos después, Rattrap estaba observando en el reflejo de una de las máquinas, complacido, su nueva apariencia.

—Esto luce realmente elegante.
—No sabes nada de elegancia por lo que se ve —comentó Cheetah mientras flexionaba sus laxos miembros—, lo que yo tengo es velocidad y poder.

A un costado, Rhinox se movía con calma, casi a paso lento, pero cada uno de sus movimientos demostraba la fuerza que tenía, y se viera potenciada por la adaptación.

—Son formas de vida bastante básicas, pero sus apariencias nos servirán.

Optimus salió de su propia cápsula; el gorila era de color negro, los miembros anteriores  fuertes y largos, sin embargo la mirada seguía mostrando la sabia calma que poseía.

—Lo que necesitamos es que estas corazas nos protejan; recuerden que en el planeta en el que hemos caído, las cantidades de energon son tan altas que, de exponernos en nuestras formas androide, quedaríamos fuera de funciones en tan sólo unos minutos.

Rattrap hizo entonces una de sus habituales apreciaciones sardónicas.

—Somos semejantes a formas de vida animal propias de este planeta, esto podría gustarme si estuviéramos en un museo en Cybertron pero, lo que me pregunto es ¿Quiénes son nuestros depredadores?


2

Zona rocosa. Día 1
Megatron fue el primero en reaccionar, y tan pronto lo hizo, puso en funcionamiento el escáner móvil, y lo envió a inspeccionar la zona.

—Computadora ¿estamos en el planeta correcto?
—Afirmativo.

El líder de la nave soltó una risa sarcástica.

—Excelente, todo marcha de acuerdo al plan.


Al mismo tiempo, en un rincón de la nave, Dinobot pasaba de modo bestia a robot y observaba con desdén el disco dorado.

—Megatron es un líder incompetente —dijo para sí— no sólo falló en destruir a los maximals, sino que además no pudo utilizar el puente transwarp para llevarnos al planeta correcto. Esto no es la Tierra. Sin embargo, los predacons son superiores en número los maximals y ambas naves cayeron en este extraño planeta, pude ver cómo ellos también caían aquí; para poder derrotar al inútil de Megatron, necesito tener un ejército bajo mis órdenes, y ya sé dónde conseguirlo.

Arrojó el disco dorado a un costado, tras lo cual abrió una compuerta lateral y salió al exterior; un paisaje rocoso y abandonado era lo que lo esperaba del otro lado, algo difícil para esconderse, pero suficiente para correr a toda velocidad y perderse de vista.

—Estamos en el planeta correcto —dijo mientras tanto Megatron para sí mismo—, y la cantidad de energía que hay disponible rebasa todas nuestras expectativas, de modo que los predacons tendremos para nosotros todo el energon que necesitamos para conquistar las galaxias. Tarántula, Scorpicon, Waspineitor y Terrorsaur, vayan a buscar la nave estrellada de los maximals, localicen a cada uno de ellos y destrúyanlos, esos malditos maximals tienen la costumbre de ser muy difíciles de eliminar, así que no creo que un simple golpe los haya vencido.
—Cumpliremos tus órdenes —respondió Scorpicon.
—Eso es lo que espero, no necesito otro desertor ni mucho menos un inútil. Tráiganme sus cabezas en la punta de una lanza, también la de ese cobarde de Dinobot, si lo ven de camino.

3

—Estamos perdidos en la mitad de la nada, esto no va de acuerdo al plan.

Rattrap estaba reclamando acerca de la situación en la que se encontraban mientras descendía por la plataforma hacia el exterior de la nave; Rhinox, en tanto, estaba revisando diversos materiales y maquinaria, para descartar aquella que no se encontrara en buenas condiciones.

—Cállate —le dijo Optimus severamente—. Aunque originalmente no éramos un grupo de combate, nos enviaron a tratar de detener a Megatron porque se trata de un peligroso delincuente; recuerda La gran guerra que hubo en el pasado, si él consigue la cantidad de energía que quiere, podría volver a comenzarla.
—Oh pues disculpe señor…

Optimus se acercó a él y en un movimiento rápido  lo tomó por el cuello.

—Dije que te callaras. Mientras tú te quejas por cualquier tontería que sucede a tu alrededor, las vainas que lanzamos antes de estrellarnos están perdidas en algún punto de la atmósfera de este planeta, nuestros compañeros nos necesitan y están mucho más cerca de la muerte que tú, a menos que quieras que te arroje por el precipicio y termine con tu amargo sufrimiento.

Rattrap no dijo nada durante unos momentos hasta que la amenazadora mirada del líder lo convenció.

—Está bien, no diré nada. Vamos a morir —añadió en un susurro.
—Tenemos que estar atentos indicó Optimus—, el informe de robo del disco dorado que nos enviaron decía que en la nave se encontraban seis predacons, y presiento que vamos a encontrarnos con ellos muy pronto.

4

Scorpicon avanzaba rápidamente valiéndose de sus ocho ágiles patas en modo alterno. Le había parecido ver a la distancia algo de movimiento, quizás humo, y eso podía significar que los maximals estaban muy cerca.

—Con un buen premio voy a ganarme el aprecio total de Megatron —murmuró para sí mismo—, y en las actuales circunstancias no es de extrañar que sea necesario.

Traspasó un muro natural de rocas, y tuvo en punto de vista un sector desértico antecedido por un gran prado; más allá podía ver una serie de piedras altas como una formación moldeada por siglos de vientos y lluvias, y entre ellas una figura que se parecía mucho a la nave de los maximals.

— ¿Te perdiste amiguito?

Scorpicon dio un respingo al escuchar la voz rasposa, lenta y susurrada como una amenaza letal; Dinobot apareció frente  a él, a muy poca distancia.

—Eres tú ¿qué es lo que crees que haces?
—Al parecer lo mismo que tú, encontrar a los maximales.

Scorpicon agitó las poderosas tenazas en gesto de reprobación.


—Traidor, eso es lo que eres, abandonaste la nave tan pronto como nos estrellamos.

Tendría un punto extra por eso, de aquello estaba seguro. Pero contra ese sujeto, lo mejor era ir con cuidado.

—No soy un traidor —replicó el otro sin disimular que estaba disfrutando con el nerviosismo del otro—, sólo es…que tengo otra forma de poner en práctica los planes.

Scorpicon sospechó de la tranquilidad de Dinobot, y decidió no esperar más.

— ¡Aterrorizar!

Una vez activado el comando de voz, el escorpión pasó a modo robot, y de inmediato desplegó el cañón lanzamisiles en una de sus tenazas; sin embargo, Dinobot también se transformó, y utilizando la espada giratoria, desvió la tenaza, lo que le permitió acercarse a su oponente.

—No te conviene ser mi enemigo, pero tampoco podrás ser mi aliado.

Scorpicon no alcanzó a reaccionar a tiempo para esquivar el golpe. La espada atravesó su torso, pero no contento con eso, el velociraptor accionó el mecanismo característico, que la hizo girar durante un instante sobre la base, como un taladro de gran potencia. De inmediato la soltó, sujetando ambos brazos de su oponente.

— ¡No lo hagas! —suplicó el otro, desesperado ante el artero ataque—. No me mates, haré lo que quieras.

Dinobot sonrió maléficamente, tenía bajo su control al enemigo, y podía ver con total claridad el temor pintado en sus sensores ópticos. Pero su objetivo era mucho más importante que la misericordia.

—No voy a matarte, camarada —susurró con goce—, de momento no me sirves muerto, eres mucho más valioso así, inmóvil pero capaz de gritar.



5

— ¿Qué fue eso?

Cheetah fue el primero en escuchar el sonido a no mucha distancia; todos sus sentidos se pusieron alerta.

—También lo escucho.
—Son gritos —dijo el felino—, estoy seguro de que lo son.
— ¿Qué nos importa? —intervino Rattrap— Lo mejor que puede pasarnos es que alguna de las extrañas bestias de este lugar esté devorando a uno o dos predacons, eso sería en verdad un premio.

Optimus afinó al máximo los sensores auditivos, aunque la extrema suma de energon en la superficie interfería con eso. Durante casi un minuto nadie dijo nada, todos tratando de interpretar o definir con total certeza de qué se trataba; quien dio con la frecuencia de audio correcta para escuchar mejor fue el propio Optimus, pero cuando lo hizo, se arrepintió de inmediato. A lo lejos, en la posición que ocupaban, sólo se alcanzaba a oír el sonido, pero él sí pudo identificar el contenido, el amargo mensaje. Antes que pudiera comenzar a hacer algo, el sonido se extinguió, y le sucedió un silencio tan profundo, que supo sin temor a equivocarse, que para el origen del grito, todo había terminado.

—No son simples gritos —repuso al fin, conmocionado—. Estaban torturando a uno de los predacones, y esa víctima, estaba llamando mi nombre.



Próximo capítulo: Una nueva apariencia. Parte 2

La otra matrix Capítulo 16: Algo por lo que luchar



Espacio sobre Kalis. Mientras se inicia el ataque de Unicron.

— ¡Ya basta!

Aldren no pudo reprimir un grito de desesperación cuando llegó al máximo el nivel del horror y los gritos que aparecían sin cesar en su mente; la devastación que veía venir era como un río de energía contaminada que carcome todo a su paso, sin que pueda ser detenido. Estar en medio de Cybertron durante una incipiente batalla había resultado mucho más difícil de lo que había esperado, pero aun así nada superaba lo que estaba por venir; en ese momento la nave en la que se desplazaban continuaba volando a alturas irregulares, esquivando los disparos tanto de los cazas autobot como de los decenas de drones que deambulaban de manera amenazadora por todas partes. Tan sólo unos momentos después de su arribo a la superficie del planeta se había desatado el caos.

—No podemos seguir en esta situación durante mucho tiempo más —dijo Heavythread concentrándose en la enorme cantidad de información qué provenía del radar—. Los Autobots ya están atacando y veo que se acercan decepticons.

Underslow en tanto continuaba disparando con furia desde la torreta superior  de la nave.

—No vamos a irnos a ninguna parte. Aún puedo encontrar muchas cosas que derribar.
—El destacamento decepticon que veo en el radar no es muy grande, y no parecen moverse demasiado rápido. No lo entiendo ¿por qué no intervienen? Tienen el elemento sorpresa en su favor.
—Esto no es plan de los decepticons repuso Aldren recuperando la calma—. O al menos no del líder de ellos.
— ¿A qué te refieres?

Pasaron muy cerca de un disparador, pero Chainrack consiguió esquivar los disparos.

—No somos los únicos independientes que estamos interviniendo —contestó ella—, hay muchos intereses involucrados en esta batalla.

Durante un tenso momento nadie habló; al final fue Chainrack, quién piloteaba la nave, el que elevó la voz.

—Estás tratando de decir que Soulbreaker ha caído.


Aldren tuvo miedo de contestar durante un momento; los demás podían saber algo acerca de su especial capacidad, sin embargo jamás comprenderían del todo lo confuso que podía llegar a ser la marea del futuro, sobretodo en medio de un ambiente tan convulsionado como ese, pero lo que no podía negarse a sí misma era la realidad sobre el devastador panorama, que como distintas fotografías aleatorias aparecían conduciendo todas en una misma dirección.

—Escuchen, no podemos desconcentrarnos de lo que vinimos a hacer; independiente de todo lo demás vinimos a generar una distracción y aprovecharemos en nuestro beneficio que ese maldito planeta haya decidido volver a ponerse en modo de ataque. Underslow, continúa disparando y procura destruir cualquier torre de transmisiones que veas, necesitamos que los bots queden ciegos, al menos durante el tiempo que podamos.


2

Runflight estaba satisfecho con todo lo que había hecho hasta el momento, y destruir a un enemigo resultaba muy estimulante; ignorando las alertas que se escuchaban lejanas, pero consciente de que tenía muy poco tiempo disponible para actuar, se dirigió hacia la gruesa muralla que ocultaba de manera infructuosa el laboratorio donde estaba oculta la copia de la matrix, y comenzó a desmontar uno de los paneles. Resultaba incluso divertido que ese lunático creyera que era capaz de detenerlo a él, sobre todo porque su plan en su contra había consistido en luchar cuerpo a cuerpo, siendo que al llegar antes que a esa zona habría tenido tiempo para…

— ¡Maldición!

Se dio cuenta de que había algo extraño cuando ya era demasiado tarde; una vez que retiró el panel de la muralla y se dispuso a desmontar el bloque siguiente, recibió una descarga eléctrica de enorme poder. Intentó liberarse con desesperación, pero la corriente continua generó diversos puentes hacia sus brazos y continuó electrificado cada molécula de su cuerpo. Runflight descubrió además con alarma que esa intrusión en este lugar había activado una alerta de seguridad, lo que significaba que el plan de Soulbreaker siempre había sido ese; si no se liberaba de manera inmediata, aparecerían guardias a interrumpir su trabajo antes que él pudiera llegar a la matrix.

3

Spektre y Arciagan volaban a toda velocidad entre el enjambre de drones, ella en su modo alterno y él utilizando un Jetpack; todo el tiempo transcurrido, desde su reunión con Shockwave hasta el momento en que tuvieron que comenzar su misión, estuvieron fuertemente vigilados por guardias decepticon, lo que hizo imposible que lograran escapar, de modo que tuvieron que ceñirse al plan original y entrar en territorio autobot con el objetivo de ayudar a sus más acérrimos enemigos. Sin embargo, cuando se encontraban en las cercanías de la ciudad que era su punto de llegada, descubrieron que se acercaba una nave pequeña y desconocida, la que comenzó a causar destrozos casi al mismo tiempo que ellos pretendían realizar su misión.

—Alguien más está interfiriendo en estos momentos.
—No tenemos tiempo para preocuparnos por eso —replicó ella—. Iré hasta esa torre a instalar el dispositivo que va a poder permitirnos interferir con sus comunicaciones primarias.
—Entendido. Mientras tanto voy a dirigir a los drones.

Ambos se separaron y se abocaron a realizar la misión que les habían encomendado. Shockwave no les había dicho que estuvieran bajo vigilancia en esa misión aérea, sin embargo los dos estaban seguros de que se trataba de observación a través de cámaras en los drones, pero desconocían si éstos tenían algún tipo de instrucción secundaria y no tenían tiempo para ocuparse de eso; alrededor se empezaba a librar una batalla y la alerta del ataque de Unicron era una razón más para darse prisa.

4

Shockwave se encontraba en su laboratorio realizando una serie de cálculos cuando recibió la notificación de la alarma por el ataque del gigante come planetas; desde luego se trataba de algo que no podía tener en consideración como uno de los puntos más importantes a tomar en cuenta, si bien lo tenía entre los primeros cinco. Ciertamente la puesta en acción de Unicron resultaba preocupante, y a la vez le proporcionaba un espectro predecible en el cual desenvolverse, ya que lo más lógico era que tanto Galvatron como Rodimus Prime reactivaran a sus ejércitos, el primero de ellos con el objetivo de quedarse con todo el poder, y el segundo intentando evitarlo. Sin embargo, había un factor que sólo él manejaba, y este consistía en la misión que se había autoimpuesto Runflight con el objetivo de quedarse con la matrix de Liderazgo. Desde un principio sabía que Unicron le temía a la matrix, y de pronto comprendió que esa inactividad del último tiempo se debía a que el gigante no tenía claridad de en dónde se encontraba el objeto de tan alto poder, por lo que tomó la decisión de esperar hasta que los acontecimientos decantaron por sí solos. Ahora, por consiguiente, la decisión de Unicron de volver a moverse no era antojadiza, sino que significaba, bien que Runflight se había apropiado de la matrix, o ante la amenaza el líder de los Autobots hubiese descubierto la forma de fusionar ambas fuentes de energía y utilizarla en su beneficio; sea cual fuere la situación, Galvatron estaría en lo correcto al dar la orden de ataque. De momento, sólo podía esperar.




5

Rodimus se encontraba en el puente de mando coordinando las primeras acciones ante la notificación de ataque de Unicron cuando sintió algo muy extraño dentro de él; de pronto su vista se nubló y sintió que por un momento no era dueño de sus actos. Sin embargo esta sensación duró tan sólo unos momentos.

— ¿Te encuentras bien? —preguntó Ultramagnus.

En un primer momento Rodimus no supo qué contestar, sin embargo, un instante después en su mente apareció el recuerdo de la copia de la matrix que poco tiempo atrás había llegado hasta ellos y que hasta ese momento se encontraba en observación.

—Sí, estoy bien, es sólo que…

¿Por qué había recordado eso en un momento como aquel? Si bien es cierto que desde la primera instancia se preocupó por la existencia de ese objeto y todo el asunto que lo envolvió, tuvo que conformarse con dejarla encargada a realizar varios estudios con el fin de descartar que se tratara de un objeto peligroso, y por lo mismo había ordenado la construcción de algunos talleres con paredes reforzadas, y un grupo de científicos expertos abocados a analizar la energía que provenía de ella. A él mismo le resultaba difícil decidir qué pensar con respecto a ese objeto, porque en su cercanía sentía al mismo tiempo que se trataba de algo seguro, y que había algo inexplicable o incompleto a su respecto.

— ¿Qué sucede?
—Señor —respondió uno de los autobots en el puente de mando—, acabamos de recibir una alerta de origen desconocido desde los subterráneos de Kalis.
—Puede tratarse de un ataque combinado desde distintos frentes —replicó analizando la situación y luchando por desterrar de su mente aquellas imágenes—, mantenme informado de lo que está sucediendo en el cielo y envíen exploradores a los subterráneos.

Iba a pedir otra vez que le notificaran tan pronto se tuvieron noticias de Sentinel Tau, pero se detuvo. Algo le impidió hacerlo, tuvo el presentimiento de que la ausencia de él no era una simple casualidad.

6

Los guardias que se encontraban apostados en el interior del laboratorio bajaron a los subterráneos tan pronto como recibieron la alerta de que un intruso se encontraba en las cercanías; de momento el laboratorio se encontraba vacío producto del ataque de Unicron, pero al no recibir órdenes de ir a reforzar en el exterior, siguieron una instrucción de bajar y asegurarse que todo se encontrara en orden.


—Señor ¿qué le ha sucedido?

Los dos guardias llegaron finalmente a una de las callejuelas subterráneas alrededor de la gruesa muralla que protegía el laboratorio, y se encontraron con Sentinel Tau tendido en el suelo, con evidentes lesiones provocadas por disparos y una serie de marcas de electrocución en los brazos; en las paredes alrededor había numerosas marcas que evidenciaban que se había producido en ese lugar un enfrentamiento armado. Uno de ellos se arrodilló junto a él y lo ayudó a sentarse en el suelo mientras el otro extraía de un brazo un escáner para verificar su estado general.

— ¿Qué sucedió señor, quién lo atacó?
—Estoy bien —murmuró algo aturdido—, no es necesario que ocupes el escáner.
—Pero señor, se ve herido.

El centinela hizo un movimiento con uno de sus brazos y arrojó el escáner a un costado. El guardián observó sin saber qué pensar.

—Lo siento, no quiero ser violento, pero de verdad me encuentro bien; no deben perder tiempo conmigo.
— ¿Qué sucedió señor?
—Me encontraba en las cercanías —explicó con lentitud—, en la superficie quiero decir, cuando de pronto vi a un sujeto que me pareció sospechoso; lo seguí hasta aquí tratando de averiguar qué se proponía, pero me atacó por sorpresa con artillería pesada.
— ¿Sabe en qué dirección se fue?

El otro hizo una pequeña pausa mientras se ponía de pie.

—Por supuesto que sí.

Habiendo adoptado la posición correcta respecto de los dos guardias y con un movimiento premeditado que conocía de memoria, extrajo la espada de su costado y realizó dos ataques certeros, con los que atravesó de manera sucesiva el pecho de cada uno de los dos; fue un movimiento muy rápido, que no le dio opción a ninguno de ellos a reaccionar, y le permitió continuar avanzando mientras caían muertos tras él.

—Gracias por mostrarme el camino —dijo casi con alegría—, tan sólo son unos cuantos pasos para poder llegar hasta mi objetivo.

Utilizó la escalera de descenso que los guardias habían desplegado hasta ese subterráneo, y  luego de eso ingresó a través de la puerta que podía abrirse sólo desde el interior; al fin se encontró dentro del laboratorio y vio cómo en su interior reposaba, sobre un mesón, sostenida por un pedestal metálico y protegida del exterior por una urna de cristal, la copia de la matrix de Liderazgo.



—Al fin —dijo exultante—, al fin la tengo en mi poder.

Con veloces golpes destruyó las cámaras, tras lo cual retiró la cubierta de vidrio del lugar y con un par de golpes desactivó el sencillo sistema de alarma del pedestal metálico. En su interior se dijo que tomar la copia de la matrix con su apariencia real habría sido un punto inolvidable en su favor, pero no estaba dispuesto a poner en riesgo su teoría abandonando la forma que tenía en esos momentos. La copia de la matrix emitió un tenue brillo desde el cristalino centro, pero al momento de tomarla entre las manos la luminosidad se intensificó, seguramente porque el objeto reconocía la frecuencia de energía que ahora se alojaba en su interior.

—Ja ja ja ja ja ja...

No pudo reprimir una risa de júbilo aunque esta fue expresada con la voz correspondiente a Sentinel Tau; se tomó un momento para saborear esa sensación de poder, y decidió poner en práctica lo que había estado tramando hasta ese momento. Tratándose de un objeto creado por los autobots era probable que la matrix se utilizase con un comando de voz, y considerando que el objeto no lo había rechazado podría poner en práctica el plan más sencillo, es decir reclamarla como propia; de todas maneras si esto no funcionaba, todavía podía realizar un nuevo montaje, presentarse ante Rodimus como el abnegado centinela que quería ayudarlo en un momento tan difícil como el ataque de Unicron.

—Yo, Sentinel Tau, tomo posesión de esta matrix de Liderazgo ante la caída de Rodimus Prime, soy digno de portarla. ¡Permíteme utilizar su luz en este momento en que la oscuridad nos acecha!

Elevó el objeto por sobre su cabeza como si estuviese apuntando hacia el cielo, gozando en su interior por lo ingenioso de su parlamento y la seriedad con la que había sido pronunciado. Durante unos eternos segundos no sucedió nada, sin embargo después, el centro de la copia de la matrix emitió un gran destello, el cual se replicó en el interior de su pecho.
“Al fin lo hecho” Se dijo a sí mismo, queriendo gritar su triunfo, pero obligándose a callar. Depositó el poderoso objeto dentro de un compartimiento en su pecho, y al momento de cerrarlo sintió cómo una nueva energía recorría cada uno de los circuitos su cuerpo y comenzó a transformarse mientras despedía haces lumínicos en todas direcciones; por un momento se sintió poseedor de toda la energía del universo, y al cabo de unos instantes más, la transformación cesó.
Sí observó a sí mismo en una de las relucientes paredes de laboratorio, y comprobó que la apariencia original de Sentinel Tau había evolucionado, agregando diversas placas y refuerzos en distintas partes Comprobó también que aún tenía la capacidad de transformarse y regresó a su propia apariencia original, y aunque él mismo no había cambiado, la espada que portaba al momento de ser descubierto por los dos guardianes había agregado un filo auxiliar en torno a la empuñadura. y se sentía mucho más fuerte y mortífera.

—La energía de la matrix se encuentra en mi poder —exclamó con solemnidad mientras se transformaba de regreso a su apariencia de Sentinel—, por lo que soy merecedor de ser un Prime. Seré Tau Prime, el azote de las galaxias, nuevo dominador de los autobots y sesgador de vidas en Cybertron. Espero que aun estés vivo Rodimus, no me quites el placer de eliminarte.

Próximo capítulo: Una fuerza incontenible

La traición de Adán capítulo 32: Planes desesperados



– ¡Cómo es posible que nadie sepa nada!

Bernarda estaba en su oficina, completamente fuera de sí; el accidente en el Salón de la innovación no le había causado perjuicios físicos, pero si emocionales; ahora sabía que ahí afuera estaba ese loco tratando de matarla o al menos de arruinar su vida. En esos momentos, su apariencia vivaz y estilo sofisticado eran opacados por la furia, que esta vez como pocas, estaba llevada en gran parte por el miedo. En la oficina estaban sus ejecutivos más importantes y su jefe de seguridad.

–Ha entrado alguien a las instalaciones a sabotear una estructura gigante que pudo matarnos, y nadie tiene la menor idea de cómo sucedió.
–Tenemos a nuestro personal revisando los registros y buscando soluciones.
–Eso ya lo sé –replico ácidamente– lo que quiero saber es que clase de seguridad permite que un lunático me amenace de esta manera.
–También estamos exigiendo toda la información, tomaremos medidas de todo tipo.

Pero Bernarda parecía no escuchar nada salvo su propia voz.

– ¡Ese lunático podría estar en cualquier parte! Quiero que mi seguridad esté realmente  resguardada esta vez, y quiero ver a ese loco fuera de la línea de peligro; encárguense de que la noticia no sea relacionada conmigo ni con la constructora, amenacen, exijan, paguen si es necesario, pero quiero mi nombre y mi propiedad fuera de esto. Salgan de aquí, necesito pensar.

Pocos momentos después estaba sola en su oficina. No podía decir que sabía quién era el causante de todo eso, no con los antecedentes que había, era imperativo que se deshiciera de él lo más limpia y prontamente posible, y sin mezclar a ninguna de las tres personas que tenía como más necesarias; Eva, Adán y Luna estaban reservados para otros asuntos. Tenía que calmarse, y encontrar alguna fórmula efectiva, porque Aruse no estaba de regreso en su vida  para exigir nada, ya había pasado la etapa de las recriminaciones para pasar directamente a la acción, quería venganza, y no la había conseguido de forma inmediata solo por un azar del destino. Pero faltaba muy poco, estaba demasiado cerca de ella, por lo que tenía que encontrar la forma  de eliminarlo mientras aún no se hacía pública la relación entre ambos; momentáneamente no estaba efectivamente afectada, solo se trataba de una amenaza real, y contaba con muy poco tiempo en su favor para actuar antes que alguien descubriera algo y su nombre y su imperio comenzara a desmoronarse. Sabía que era responsable de haber subestimado a Aruse, pero había librado batallas mucho más grandes, no se dejaría intimidar por algo como eso. En ese momento le avisaron de una visita.

–Dile que pase.

Luna llegó con expresión preocupada.

–Supe la noticia y de inmediato recordé que me habías contado que irías a ese evento; espero que estés bien.
–Gracias –respondió Bernarda sentándose– estoy un poco nerviosa, pero bien. Lo lamento Luna, creí que llegarías mañana.
–Despreocúpate, decidí volver hoy, así que no hay ningún problema. ¿Por qué estás tan nerviosa?

Bernarda tenía la intención de adelantar su plan, pero decidió esperar un poco más.

–Porque todos los planes que tenía para el Salón de la innovación se fueron al diablo, esperaba poder adelantar algo de un nuevo proyecto en el Sur del país hablando con los empresarios ganaderos y era la mejor oportunidad de hacerlo.

Luna fue al mini bar y sirvió dos whiskies en las rocas.

–Estás  haciendo  una tormenta en un vaso de agua mujer. Esto es solo un percance, ya verás que dentro de poco habrá una nueva oportunidad.
–Tienes razón, estoy exagerando –comentó Bernarda para dejar cambiado el tema– mejor me olvidaré de todo esto por el momento. Cuéntame como te ha ido con Adán últimamente.
–Excelente por supuesto, aunque reconozco que el hombre sabe muy bien cómo poner límites; aún no se desespera, pero estoy en su mapa, así que te aseguro que solo faltan un par de pasos más.
–Genial, eso quiere decir que vas muy bien encaminada Luna. Ya está poniéndose nervioso, sabes que muy pronto tendrás que actuar.
–Por mi encantada.
–Te creo.

Mientras tanto, Micaela y Esteban seguían analizando los últimos hechos.

–Estoy de acuerdo en que puede haber algo más en todo esto, viniendo de Bernarda nada me parece extraño. Lo que no sabemos es quien o cómo está detrás de todo.

En ese momento los llamó F.

– ¿Tienes alguna noticia?
–Sí, y es endiabladamente sabrosa.
–Te escuchamos.
–Así no. Véanme en donde la última vez.

Media hora más tarde estaban en una cafetería muy concurrida; F parecía muy serio y controlado.

–Tienen que saber que aquí hay algunas cosas que les parecerán muy feas.
–A estas alturas me espero cualquier cosa.
–Pues aquí voy: el dueño de la empresa de estructuras que quebró en Inglaterra se llama Vladimir Aruse, y está en el país desde hace poco.

Micaela silbó sorprendida.

–Y viene a vengarse.
–Creo que algo un poco más extremo que eso; en este video de una cámara de seguridad del evento de construcción se ve, aunque no muy nítido, a Aruse subiendo al escenario y accionando alguna clase de dispositivo, parece un mando a distancia sencillo.
–Eso confirmaría que lo del Salón no fue accidental.
–Lo llamativo no es eso –comentó F– lo interesante es a quien está mirando.

Micaela y  Esteban se acercaron más a la pantalla portátil de F para ver nuevamente.

–Es Bernarda.
–Eso quiere decir que Aruse pretende matarla.

La joven se quedó sorprendida de que no le importara lo más mínimo que Bernarda estuviera en peligro; eso era fruto de la lejanía que siempre habían tenido, alimentada por las intrigas y traiciones de la que era su madre.

–No puedo decir que me sorprende la noticia F, Bernarda es del tipo de persona que se hace de enemigos al por mayor.
–Muchachos, creo que no están siguiendo mi lógica. Aruse era el dueño de la empresa que muy presumiblemente quebró por alguna intriga orquestada por Bernarda, y ahora volvió. ¿Por qué creen que se tardó dos largos años en regresar?

Ninguno de los dos tenía la respuesta, básicamente porque no se habían planteado la pregunta.

–No lo sé. Y por tu cara no creo que sea algo trivial.
–Por eso les dije que eran cosas feas. Estuve revisando los informes de personal y algunos históricos de las empresas, y descubrí que Aruse consiguió algo que nadie ha logrado antes: tiene infiltrados en la empresa Biel Asís en cuatro cargos.
–Es decir que se dedicó todo éste tiempo a eso –comentó Esteban asombrado– reconozco que su nivel de odio es importante.
–No es eso por Dios –exclamó el otro– lo importante no es el tiempo que usó o no, lo importante es lo que están haciendo sus aliados: todos los aliados que tiene fueron del grupo más antiguo y fiel de Aruse y seguramente por eso buscaron junto a él la forma de vengarse. Están en lugares estratégicos de Biel Asís, y  creo firmemente que lo del Salón fue sólo una distracción porque está preparando algo más.

Micaela ya no aguantaba el misterio.

–Dinos de una vez qué es lo que crees que está pasando.
–Lo que creo es que Aruse está distrayendo a todo el mundo haca él para que no se descubra su plan de sabotaje.
–El aeropuerto –comprendió Esteban al fin– ese es su objetivo, quiere destruir la principal obra de Bernarda, por eso su empresa está ahí haciéndose cargo.
–Van a hacer en el aeropuerto lo mismo que en el restaurante de Pilar –dijo Micaela a su vez– eso no fue a propósito, fue ensayo para ver cómo funcionaba.

Esteban estaba descolocado.

–No puedo creer que diré lo que voy a decir, pero tenemos que advertirle a Bernarda.

Micaela frunció el ceño.

–No, eso no serviría.
–No te lo tomes así. Sabemos lo que ha hecho, pero no podemos dejar que las peleas entre ellos dos causen más problemas. Si nuestras conjeturas son acertadas, algo intervenido en el Hotel podría provocar un caos.
–No lo entiendes Esteban; conozco a Bernarda, avisarle de algo así tal vez la pondría sobre aviso, pero su reacción sería la de atacar de vuelta, y si Aruse fue capaz de hacer algo como lo del Salón, está claro que si lo presionan podría cometer una locura.
–Ya pero entonces, ¿tú que propones?

Micaela se lo pensó unos momentos. Si, había algo que podían hacer.

–Propongo que usemos ésta información para resolver más de un asunto a la vez. Eva San Román es uno de los brazos derechos de Bernarda, y es un peligro igual que ella, que Luna y Adán Valdovinos; tanta gente como esa reunida no puede no tener algo oculto, y en éste tiempo ya hemos descubierto varios cabos sueltos, pero nos estamos tardando demasiado en ver si es que conseguimos algo sustantivo o no: dejemos que los monstruos se coman entre ellos.

Esteban la miró perplejo.

–A  veces  das miedo.
–No estoy diciendo nada fuera de lo normal; mira, lo único que necesitamos para ganar en ésta situación es hacer que se pongan en contra unos de otros, y creo que todo éste embrollo de Aruse puede sernos de utilidad.

F parecía estar disfrutando la escena.

–Al fin piensan del modo conspirativo en que funciona éste mundo. Continúa.
–Lo que pienso es algo así: hacemos que Bernarda crea que Eva y Adán tratan de quedarse con sus propiedades o algo, y dejamos que ellos piensen que la Biel Asís es lo más provechoso que pueden obtener; así, cuando todo se descubra, ambos lados tendrán culpa y arruinaremos sus planes.
–Suena encantador.
–Ya –dijo Esteban un poco alarmado, aunque tratando de calmarse– digamos que hacemos eso, que encontramos la forma de ponerlos unos contra otros. ¿Cómo hará eso que se evite una tragedia en el Hotel del aeropuerto?

Micaela sonrió.

–Porque faltan meses para que eso siquiera se inicie, y la idea es actuar de una vez por todas. Veamos ahora mismo que es lo que tenemos en su contra, las verdades que sabemos y que podemos hacer con todo eso.
–Aunque no me están pagando por esto en particular muchachos, quiero ayudarlos. Pero llevamos demasiado tiempo aquí, así que les propongo algo: ustedes hagan los planes que quieran, yo mientras tanto reuniré la información más relevante, y volveremos a hablar esta noche. No se pierdan.
–Tampoco tú.

Esa misma noche, los tres se reunieron en un departamento derruido en una zona perdida.

–No me digas que ahora te trasladas aquí.

F sonrió.

–En realidad tengo muchos contactos para este tipo de lugares, pero hoy en particular nos estamos viendo aquí porque voy a tener que desaparecer.
– ¿Qué?
–No se lo tomen a mal, pero descubrí aún más cosas que pueden ser preocupantes, y aunque no lo crean, en este momento yo soy el eslabón más débil de la cadena.

Esteban levantó las cejas mientras se sentaban ante una mesita de centro en donde había un ordenador portátil.

– ¿Qué ocurrió?
–Las cosas están complicadas por acá –señaló el ordenador– tanto por cosas que pasaron como por temas actuales; como recordarán, les dije que Samuel era un informático que estaba relacionado con Adán Valdovinos en sus planes, y con su muerte mis sospechas se fueron directo a él, básicamente porque creí que él era el responsable de lo que le pasó. Ahora bien, el otro hombre involucrado en ese accidente y que también murió, es un administrador agrícola que tiene una lejana y oculta relación con Eva San Román.
– ¿En serio?
–Así es. Resulta ser que ella fue algo así como adoptada por la ex–esposa de Cisternas, el muerto en cuestión, después de que la mujer lo abandonara en medio de un misterio. El tema es que la adoptó cuando era una adolescente, y  por lo que estuve investigando, Cisternas estuvo un corto tiempo en tratamiento mental en una institución privada, adonde solo asisten personas que tienen algún tipo de característica parafílica.

Micaela estaba aprendiendo a atar cabos muy rápido, pero le sonaba cada vez peor lo que veían.

– ¿Estás insinuando que él podría haber intentado abusar de ella cuando fue joven, y por eso la separación y posteriormente este hecho confuso?
–Sí, lo estoy insinuando, primero porque son demasiadas coincidencias, y segundo porque ya no lo podemos comprobar. La ex de Cisternas está muerta, él está muerto y San Román jamás hablaría de algo así.
–Tiene sentido lo de las coincidencias –comentó Esteban– mira que terminar muriendo en el mismo hecho dos enemigos de la pareja del momento, eso pasa solo en las películas.
– ¿Eva y Adán unos asesinos? Suena increíble, pero sobre todo peligroso.

F frunció el ceño.

–Si mal no recuerdo, lo de peligrosos ya se los advertí antes. Sin embargo muchachos, esta información no nos sirve de nada, porque son todo especulaciones, más bien se los digo porque creo que ha llegado el momento en que tienen que decidir qué es lo que van a hacer de ahora en adelante o si de verdad se arriesgarán a continuar con estos antecedentes.
–Hemos llegado hasta aquí, no me voy a rendir F; sé que Bernarda es un peligro público, si puedo hacer algo, no dejaré de intentarlo, al menos no me quedaré con las ganas de tratar de detenerla, a ella y a todos sus secuaces.

F suspiró.

–Bien. Entonces prepárense, porque ahora viene lo nuevo, la información más reciente. El propio Valdovinos está haciendo una serie de investigaciones y movimientos, el tipo ha dejado huellas, pero es endemoniadamente bueno y temo que pronto estará a mi nivel, de modo que dejaré de ser de utilidad y pasaré a ser un factor de riesgo. Les dejaré información importante, muchas pistas falsas y desapareceré, es la única forma de evitar que él llegue hasta adonde ustedes dos.

Esteban pensó en su amiga y en todo lo que había vivido. Sabía que estaba haciendo todo ese trabajo investigativo por amor a Pilar y por venganza en contra de Bernarda y Eva, pero también sabía que por su personalidad, no se detendría a tiempo. Él tendría que hacerlo.

–Está claro entonces, si es por tu seguridad, lo entendemos. Micaela y yo nos haremos cargo, tú solo dinos que hacer.
–Por el dinero que me han pagado me permití ayudarlos con algunos artilugios electrónicos; este ordenador portátil está armado de decenas de partes así que es muy difícil de rastrear, a través del harán todo lo que les diga: estas memorias externas contienen la información que usarán para tratar de engañar a Valdovinos, es importante que nunca conecten el ordenador a cables, y que se conecten solo en lugares públicos y sin dejar que las cámaras de seguridad enfoquen la pantalla, porque como les dije, este tipo está dando pasos de gigante y pronto ya sabrá como explorar los sistemas de seguridad si es que se siente amenazado.
–Está bien, lo tenemos todo claro pero ¿Cuál es el plan?
–Esta es la parte más importante, no hablen por teléfono ni a través de internet de esto, solo deben hablarlo en persona y tratando de usar algún código que solo ustedes entiendan; Adán está tratando de meterse en los sistemas de control de gastos de la Constructora Del Mar y Alzarrieta que como saben ahora es casi propiedad de Solar, obviamente para quedarse con todo lo que pueda. El plan es este, tomarán la memoria externa azul, y a esa hora exacta de mañana enviarán los datos a través del servidor que dejé activado en el ordenador; no tienen que entender nada, solo seguir la orden, y con eso le dejaremos al modelo un regalo, que si funciona, les dará turno al siguiente paso.
– ¿Y si falla?
–Entonces todo se habrá perdido. En caso de resultar, el servidor mandará una señal a este ordenador de manera automática, pero la conexión se perderá si lo apagan, lo lamento pero por seguridad tuve que hacerlo así. El tema es que cuando reciban ese mensaje de regreso, tienen que conectar la memoria externa de color rojo antes de un minuto, no puede estar conectada de antes; esa memoria enviará una serie de datos que harán que ese tipo caiga definitivamente cerrando un trato secreto que según él será maravilloso.
–De acuerdo. ¿Y la tercera tarjeta?
–Ésta solo la tienen que ocupar cuando los dos primeros pasos funcionen. En resumidas cuentas, cuando Adán caiga en la trampa y tome para si lo que él cree es el mejor negocio de su vida, ustedes tendrán que eliminar las pruebas. Esa tarjeta verde tiene un poderoso virus que elimina los datos de origen de cualquier equipo al que se conecte en muy poco tiempo, y tiene el beneficio que destruye las memorias del aparato, con lo que lo deja inútil. Por supuesto que deberán usarla en ese ordenador, pero hay algo más: tendrán que usar esa misma tarjeta en el ordenador a través del que Valdovinos haga sus tratos secretos.

Esteban ahogó una exclamación.

– ¿Qué? ¿Estás diciendo que tendremos que meternos en su territorio para borrar la memoria de su ordenador? ¿Por qué no hacerlo a distancia?
–Porque eso dejaría huellas –explicó F tranquilamente– en cambio, un ordenador destruido no las deja, porque ni siquiera yo puedo revertir el proceso del virus una vez que funcione.
–Pero el ordenador debe estar en su departamento o en su oficina.
–No lo está, sabe lo que hace. En este papel está la dirección, es una bodega en un edificio en los límites de la ciudad. Cómo lo harán para infiltrarse ahí, evitar que él los descubra y salir a salvo, eso es plan de ustedes.

Micaela sintió nauseas; sabía muy bien que era lo que estaba haciendo, estaba convirtiéndose en lo mismo que odiaba, solo esperaba que eso resultara en primer lugar, y que el camino que había emprendido no fuera sin retorno.

–Espera. ¿De qué manera todo esto nos ayuda en contra de Bernarda?
–Sencillo. Porque él quiere robarle a ella, y si cae en esta trampa, no solo le robará, sino que también la hará tambalear. Es mejor que no sepan más detalles, pero tengan esto en cuenta: la única forma en que saldrán adelante es que me hagan caso, y que cada paso funcione a la perfección; ahora me voy, salúdenme la próxima vez que nos veamos.



Próximo episodio: La traición

Por ti, eternamente Capítulo 17: Ojo de cazador



Claudio esperaba sentado ante el escritorio de Fernando de la Torre, jugueteando con un abrecartas con forma de espada; durante años su trabajo había estado tras una oficina y su traje de diseñador, pero en esos momentos llevaba ropa para trabajo de campo.

— ¿Qué pasa Claudio?
—Hay dos cosas de las que tengo que hablarle —dijo saltándose los saludos y dejando el abrecartas—, por eso lo estoy molestando en la mañana.

De la Torre no era especialmente efusivo, pero a todas luces para él una visita de su asistente antes de mediodía era algo llamativo.

— ¿Lo encontraron?
—Hay algo de eso, pero creo que antes es importante hablar de otro tema, señor. Contraté a un hacker.
— ¿Para rastrear información de Segovia?
—No, para investigarlo a usted.

El rostro del hombrón pasó de la incógnita a la sorpresa, de ahí a la indignación y luego a la ofensa, todo solo en un paso, el que lo acercaba mucho más a su asistente. Claudio se puso de pie y le cedió el asiento, ocupando su lugar del otro lado del escritorio, pero De la torre no se sentó aún.

—Dime por qué hiciste eso.
—Porque desde que comenzó todo esto hay algo que no me ha dejado en paz. La señorita Magdalena tenía una serie de conflictos con usted y la familia, y ahora que ya no está y su hijo está en manos de un desconocido, hay un riesgo mucho más latente de que alguna información comprometedora esté en malas manos.
—No te des tantas vueltas.

Claudio se mantenía inmóvil, impertérrito ante la creciente molestia de su jefe. Esa misma tranquilidad la necesitaría después.

—Decidí investigar los ordenadores antiguos que están guardados en las bodegas, los mismos que estaban operativos en el tiempo que la señorita Magdalena aún estaba aquí, y con ayuda del hacker descubrí algo preocupante: hay una carpeta que contenía información comprometedora, la que fue borrada por alguien que claramente no sabía que los datos permanecen en el equipo.

De la Torre frunció el ceño, hablando en voz muy baja.

— ¿Qué clase de información?
—Datos de libros contables, respaldos de otros negocios, algunas fórmulas para encubrir ciertos movimientos, en resumen, un cóctel muy peligroso.

De la Torre se sentó ante su escritorio, una actitud que tomaba regularmente cuando quería demostrar de manera práctica que él era quien mandaba, y en una situación así no quería mostrarse débil.

—Eso no tiene sentido, si Magdalena hubiera tenido datos o algo que hubiera sacado de aquí, lo habría usado en mi contra, o ese tipo lo habría hecho.
—A menos que él no supiera que esa información está en su poder.

De la Torre aguzó la vista, como si eso le permitiera mirar más allá de su asistente. En ese momento estaba perdiendo su autoridad, y además todo lo que tenía corría un riesgo enorme; pero no lo permitiría con facilidad.

—Cuando encontraron a mi hija me dijiste que te estabas haciendo cargo de sus cosas.

Claudio seguía mostrándose frío; esa tranquilidad era lo que iba a necesitar en muy poco tiempo esa mañana.

—Recuerde señor que hay algo que estaba en poder de la señorita Magdalena que aún no recuperamos.

Fernando de la Torre inspiró con lentitud; algo le decía que era mejor para los planes que las cosas quedaran hasta ahí. Sin preguntas.

—La policía no puede encontrar a ese hombre ni a mi nieto antes que nosotros. ¿Por qué estás vestido de esa forma?
—Tengo que hacer una salida importante.
— ¿Y qué no tienes confianza en tu gente?
—Por supuesto que no señor —respondió con  una risita forzada—, es suya esa frase de "No confíes en nada que no haya sido hecho por ti mismo"

El patrón asintió, severo.

—No falles.
—No lo haré señor.


2



En esos momentos Víctor estaba corriendo a toda la posibilidad que le daba el cuerpo, manteniendo a Ariel  firmemente sujeto contra su pecho. Cuando se alejó de la camioneta de los periodistas, se sintió muy desanimado, parecía que todo lo que había hecho no sirviera de nada,  excepto para alejarse un poco del asedio de la policía que estaba otra vez muy cerca, pero cuando llevaba algún trecho caminado todo cambió otra vez. El sonido del choque, los metales friccionando a su espalda y todo ese ruido se sintió como si de verdad hubiese estado mucho más cerca de lo que estaba. Al voltear vio como la camioneta volcaba fuera de la pista, y estuvo a un paso de devolverse para ver en qué podría ayudar. Pero si ese accidente llegaba en un mal momento, lo que pasó después solo podría empeorar las cosas; un automóvil apareció en  el lugar del choque, pero en vez de quedarse como cualquiera lo esperaría, el vehículo salió también de la carretera y se dirigió prácticamente en su dirección. A partir de ahí no tenía tiempo de preocuparse por si se trataba de la policía de  civil o de quien fuera, tenía que alejarse de ese sitio lo más pronto posible, y si quería eso, solo tenía como opción internarse en el bosque que empezaba por ahí y poner la mayor distancia posible.

—Tranquilo bebé, tranquilo...

Pero él mismo no podía tranquilizarse; sentía en corazón azotando su pecho, no tanto por el accidente o lo que podría haber pasado de  estar aún en el asiento del copiloto, sino que directamente por lo que podía suceder, porque, ¿Cuánto podría escapar a pie en contra de un automóvil?

—Todo está bien bebé, todo está  bien, vamos a irnos de aquí ahora mismo.

3

Armendáriz iba en el automóvil rumbo a la siguiente zona poblada, siguiendo las pistas que habían tomado en los últimos momentos, pero algo hacía que se sintiera angustiado y confundido, antecediendo lo que fuera a pasar; fuera como fuera, resultaba inadmisible haber dejado ir  a Segovia, y aunque sabía que estaba cerca, no podía dejar que eso se repitiera.
Pero cuando iba conduciendo a alta velocidad esperando resolver lo más pronto posible un caso que se estaba convirtiendo en algo inesperado, se encontró con una nueva sorpresa, un accidente en el camino.

—Diablos, no puede ser...

Descendió a la carrera tan pronto dejó el vehículo a un costado de la vía; mientras lo hacía marcó en el auricular que llevaba en la oreja el marcado automático, que era Marianne.

—Hay un accidente en la ruta, aproximadamente a trescientos metros de la zona donde me dirigía, tres personas heridas, uno probablemente de gravedad, envía un grupo a ayudar ahora mismo.

El furgón tenía solo un ocupante, un hombre de más de cuarenta, que permanecía inconsciente aunque con pulso, de seguro porque se había golpeado la  cabeza con el parabrisas. De inmediato se acercó a la camioneta que estaba volteada de costado, donde se encontró con dos personas; la posición en que estaba resultaba muy difícil para  acceder, de modo que subió con agilidad por el costado de la puerta que quedaba expuesta.

— ¿Pueden oírme,  se encuentran bien?

No obtuvo respuesta. En ese momento reconoció al hombre, era un periodista que lo había estado acechando cuando tomó el caso, lo que implicaba que probablemente lo habían estado siguiendo sin que lo supiera; encontró en el asiento del volcado  vehículo una libreta, que tomó para revisar.

—Maldición, es imposible...

En la libreta había muchas cosas garrapateadas, pero lo principal que le llamó la atención fue encontrarse con el nombre de Víctor Segovia. ¿Desde cuándo tenía contacto con ellos?

— ¿Dónde está Segovia, me oyes?

No obtuvo respuesta; no podía arriesgarse a mover los cuerpos sin saber si tenían algún daño severo, pero el hombre tenía pulso, lo que de momento lo tranquilizaba. Esforzándose un poco más logró acercarse a la mujer, y tras comprobar que aún tenía pulso, intentó hacerla reaccionar, necesitaba la información que tuvieran en su poder.

— ¿Puedes oírme? Dime donde está Segovia, qué fue lo que pasó con él.

Ella pareció reaccionar, pero solo murmuró algo ininteligible; mientras tanto estaba perdiendo no solo tiempo y espacio valiosos, también perdía posibilidades de terminar ese caso con éxito.

—Escucha,  necesito la respuesta, dime dónde está Segovia.

La mujer se removió un poco más, y abrió los ojos, aunque su mirada estaba perdida y sin enfoque.

—Dime donde está. Segovia estuvo aquí, dime qué pasó con él.
—Está en peligro —balbuceó sin poder enfocar aún la mirada—, está en peligro, tienen que ayudarlo...

No dijo nada más porque volvió a quedar inconsciente; Armendáriz se incorporó fuera de la camioneta, mirando en todas direcciones.

4

—No puede ser, no puede ser...

Víctor continuaba corriendo, pero a esas alturas el cuerpo ya no estaba resistiendo más el escape; no quería mirar atrás, solo sabía que tenía que poner distancia, en esa ocasión más que en cualquier otra.

—Tranquilo bebé, tranquilo...

Jadeando mientras corría, el joven esperaba poder aumentar la distancia de alguna manera, pero momentáneamente solo podía confiar en esconderse en el incipiente bosque para el que faltaba muy poco para llegar. Sin embargo sintió el sonido de un motor muy cerca, y tuvo que voltear para mirar, comprobando con espanto que un automóvil blanco se acercaba a toda velocidad en su dirección.

— ¡Oh no!

El auto pasó a muy poca distancia de él, se le adelantó e hizo un arriesgado giro, quedando a tan solo unos cuantos metros de él. De inmediato descendieron tres hombres del vehículo.

— ¿Sabías que eres muy difícil de atrapar chico?
— ¡Aléjense  de mí!
—Como si eso fuera a funcionar.

El que parecía ser el líder, un hombre atlético y de mirada muy agresiva caminaba hacia él con absoluta calma, sonriendo divertido por lo que estaba pasando; Víctor sabía que no tenía ninguna oportunidad de escapar de esos desconocidos, pero no podía quedarse simplemente mirando, así que aunque estaba con el  corazón oprimido en el pecho y entrando en pánico nuevamente, no se quedó quieto y comenzó a correr hacia la izquierda, pero otro de los tres hombres del auto, uno grande y de aspecto imponente comenzó a perseguirlo; el hombre era sorprendentemente rápido para el cuerpo que tenía, y en solo algunos pasos logró darle alcance, tomándolo por la espalda, atrapándolo entre sus brazos por la cintura como una gran tenaza.

— ¡Suéltame!

El líder se acercó sonriente.

—Mira, hagamos esto simple, dame al  niño y todo terminará mucho más fácil.

Ariel. Querían a Ariel, pero no eran policías, parecían cualquier cosa menos eso. Víctor trató inútilmente de soltarse, pero nada de lo que hacía parecía funcionar; el tercero de los hombres se acercó y le asestó un potente puñetazo en el costado, haciendo que el aire escapara de su cuerpo.

— ¡Aaggg!

El golpe le quitó más movilidad de la poca que le quedaba, y permitió que le arrebataran al pequeño de sus manos.

— ¡Ariel!

El bebé había empezado a llorar con el movimiento y los gritos, pero Víctor estaba absolutamente inútil ante el  hombre que lo apresaba. El líder soltó una risita.

—Dame las gracias y vámonos de aquí antes que vuelva a aparecer la policía.

El grandote soltó con violencia a Víctor, el que cayó de bruces contra el suelo, pero no lo dejó reaccionar y se arrojó sobre él, golpeándolo con los puños en el torso. Víctor no podía hacer nada para defenderse, excepto tratar de cubrirse la cara, pero un golpe más dio justo en la frente, haciendo azotar la cabeza contra el suelo. El golpe se sintió como un sonido ahogado en los oídos, trastornando todo en una especie de sensación de ahogo, de la misma manera que cuando estás bajo el agua durante mucho tiempo.

—Ariel...

Su propia voz se escuchó extraña, como si no pudiera escucharla nadie más que él mismo, pero aunque estaba en el suelo, todavía podía ver, como esos hombres se llevaban al pequeño, ignorando sus llantos.

—Ya cállate.

El líder miró de frente al bebé que lloraba en las manos del tipo más grande, y sin pensarlo dos veces, le dio una bofetada. En ese momento todo cambió por completo, fue como si ver esa agresión contra el niño activara en Víctor un sentimiento que jamás antes había sentido, una conjunción de furia salvaje y odio que lo arrebató por completo; de pronto no podía ver nada más que a Ariel, alejándose en brazos de sus captores, llorando desesperadamente, y todo el miedo y el dolor de los golpes desapareció de manera absoluta.

— ¡Ariel!

Lo siguiente fue como si no hubiera estado pasando realmente  a través de él. Poseído de una fuerza inusitada, Víctor corrió hacia los tres hombres, lanzándose sin pensar hacia el más grande de los tres. El hombre reaccionó al escucharlo gritar, pero no lo suficientemente rápido como para evitar su ataque. El joven se arrojó al cuello y apretó con todas sus fuerzas, recuperando al niño sin causarle ningún daño y apartándose del hombre en un par de pasos.

— ¡Sujétalo!

El grandote retrocedió unos pasos con las manos llevadas al cuello, tosiendo ahogado por el inesperado ataque. El hombre de rasgos orientales se acercó a toda velocidad a Víctor, pero éste seguía dominado por una fuerza tremenda, por lo que se apartó, dejando un instante para colocar a Ariel junto a la raíz de un árbol; no podía evitar su llanto por el momento, pero tenía claro, aún dentro de su furia, que lo primero era detener a esos hombres. Con un movimiento brusco se lanzó contra el oriental, dejando que éste lo golpeara, solo lo suficiente para acercarse y poder darle un cabezazo, el que golpeó directamente en la frente del otro; por un momento pareció que no le había causado daños, pero después el tipo cayó de rodillas, aturdido. Mientras, el líder del grupo había optado por ir a tomar al niño, pero Víctor volteó en su dirección, y gritando nuevamente se lanzó contra él.

— ¡Déjalo!

Ambos cayeron al suelo, forcejeando con violencia; pero unos momentos después Víctor tomó la oportunidad y logró tomar en sus manos la cabeza de su adversario, azotándola contra el suelo. Iba a darle otro golpe, pero los llantos de Ariel lo hicieron reaccionar, y se volvió hacia el bebé, tomándolo en sus brazos; su corazón latía quizás con la misma desesperación con la que lloraba el bebé, pero tenía que controlarse, estaba obligado a salir de ahí, y mientras esos hombres estuvieran en el suelo, tenía que aprovechar cada segundo.
Mientras Víctor se alejaba con Ariel en sus brazos, corriendo lo más rápido que podía, los tres hombres intentaban reaccionar.

— ¿Que fue todo eso? —protestó el oriental— ¿No se suponía que ese tipo era común y corriente, de donde sacó esa fuerza?
—Cállate —replicó el líder sentándose lentamente en el suelo—, eso no importa ahora.
—No puedo creer que haya hecho todo eso —intervino el más grande entre toses—,creí que me iba a ahorcar.

El líder se puso de rodillas; no quería reconocerlo frente a los otros dos, pero a él también le había sorprendido la fuerza y furia de ese hombre.

—Tenemos que movernos —dijo ignorando los otros comentarios— ahora estamos cerca de él, solo hay que encontrarlo y terminar con esto de una vez por todas.




Próximo capítulo: Fin del camino