Maldita secundaria capítulo 17: Respuestas absolutas



Miércoles 24
Plaza las flores

Los diez se reunieron por la mañana ante la petición de Alberto.

—Alberto, ¿qué pasa, por qué nos llamaste con tanta urgencia?

El más pequeño respondió con seguridad.

—Muchachos, creo que tenemos un problema con Matías, y al parecer eso podría explicar las cosas extrañas que han estado pasando.
— ¿A qué te refieres?

Lorena miró a Dani, transmitiéndole la urgencia que ella misma sentía ante lo que la había hecho llamar a Hernán la noche anterior.

—Anoche estuve haciendo algunas investigaciones en la bodega, y creo que hay algo que cambió mucho más de lo que nos habíamos imaginado. No puedo estar seguro, pero tengo serias razones para creer que la energía que se apodera de la bodega, es decir Matías, ya no está ahí.

Fernando se cruzó de brazos.

—Diría que me sorprende, pero creo que a éstas alturas es muy difícil que eso pase.
—En todo caso tendría sentido —comentó Leticia— eso explicaría lo de la luz y esas cosas.
— ¿Y cómo llegaste a esa conclusión?

Alberto meneó la cabeza.

—Desde un principio había estado pensando en el tema de la energía, y de acuerdo con lo que me contaron, me pareció muy extraño que de pronto los hechos fueran tan distintos, así que creí que era bueno analizarlo, pero por ahora es difícil estar seguros, tenemos que hablar con Adriano del Real para que nos permita entrar en la bodega y comprobarlo.

Dani asintió.

—Tendremos que llamarlo, aunque no sé si nos conteste, cuando lo llamé para comentarle lo de ustedes, me escuchó pero no estaba bien, me dijo que estaba un poco enfermo.
—Habrá que ver ese asunto —dijo Lorena— en el sueño que tuve, todo indicaba que había algo importante en la bodega, tal vez se trate de eso.

Carolina iba a decir algo, pero un movimiento en la calle la distrajo.

—No puede ser...
— ¿Que...? Oh no —se lamentó Leticia mirando en la misma dirección— miren, es Vergara.
—No puede ser, debe haber estado escuchando todo. ¿Qué vamos a hacer ahora?

Fernando reaccionó primero.

—Diablos, estoy llamando al director y no me contesta, ¿qué vamos a hacer?
—Hernán, trata de encontrar al director antes que Vergara —dijo Dani poniéndose los guantes— es imperativo evitar que lo que sea que haya escuchado de nosotros lo divulgue.

Hernán se fue hacia la secundaria a toda carrera, mientras Dani y los demás lo seguían. Poco después el grupo llegó a la puerta de la secundaria, pero el rapado no daba señales de vida y la entrada estaba bloqueada por la inspectora Carvajal.

—Inspectora, necesitamos entrar.

La mujer estaba claramente alterada, pero se contuvo al verlos.

—Esperen un momento por favor.
—Pero aún no estamos atrasados —sonrió Luciana para aparentar— sólo queremos...
—Esperen aquí —replicó Carvajal secamente— no intervengan jóvenes.

Se miraron alarmados; por la mente de Soledad pasó la alarmante idea de que Vergara le hubiera dicho algo de lo que escuchara de ellos en la plaza, pero tampoco podían hacer ningún aspaviento. Al poco se sintió el sonido de la alarma de incendios.

—Ese debe ser Matías —murmuró Alberto— tenemos que entrar ahora mismo.
—Aunque no tiene porqué ser él —comentó Leticia— también podría ser Hernán.
—Esperemos que sea así.

Momentos después la alarma se apagó, y la voz del maestro Grajales se escuchó por el altavoz anunciando que el sonido de la alarma era accidental y llamando a la calma. Precisamente en esos momentos apareció San Luis en la puerta, pero del inspector aún no había rastro.

—Inspectora, por favor abra la puerta, éstos jóvenes tienen que entrar.  Y usted señor Mendoza —le dijo al auxiliar— quédese atento, en poco tiempo debe llegar la empresa de seguridad a ver qué ocurre con el sistema de alarma.

Hizo entrar al grupo y los llevó a un costado.

—Vayan a clase por favor.
—Pero director...
—Ahora tengo problemas más importantes que ustedes —replicó alejándose— vayan a clase ahora mismo.

Y se fue en dirección a su oficina, dejando solo al grupo.

—Genial, ahora no sabemos qué es lo que pasa.
—Vergara debe estar en la oficina del director —dijo Alberto nerviosamente— ¿qué vamos a hacer?
—Ya habíamos pasado antes por ésto —comentó Fernando— y la última vez que alguien se enteró de todo terminamos bastante mal.

En eso apareció Hernán.

— ¿Tú lo hiciste?
—Claro, pero cuando entré Vergara estaba en el pasillo del director.
—Hay que ir a la oficina del director —intervino Alberto al borde de un ataque— hay que hacer algo, quemar un edificio, lo que sea...
—Cállate Alberto, estás delirando —le espetó Leticia— además de todos modos llegamos tarde, si Vergara realmente nos escuchó ya tenemos un problema, no podemos causar otro más.
—Esperen, esperen —intervino Dani para calmar los ánimos— estamos haciendo demasiadas conjeturas, pero al final estamos más confundidos. Hay que tratar de estar tranquilos y esperar a que San Luis aparezca y ver qué ocurrió.

Fernando dio un bufido.

—Más bien yo diría que hay que empezar a prepararse para que empiecen los problemas de nuevo, en cualquier momento aparece un escritorio volando por los aires.

Carolina hizo una mueca de sufrimiento.

—Creo que lo que viene es bastante más peligroso.

Vergara había bajado y caminaba directo a ellos.

— ¿Qué hacemos?
—Negarlo hasta el final —respondió Fernando— mentiremos aunque nos estén expulsando, no pienso perder todo el esfuerzo que hemos hecho.

Luciana se cruzó de brazos.

—Si realmente él escuchó todo, o lo más importante de lo que hablamos, no va a servir de mucho mentir, pero a éstas alturas da lo mismo.

El inspector finalmente llegó ante los diez, pero extrañamente no parecía enfadado ni alterado como antes.

—Muchachos, que bueno que los encuentro.

Dani lo enfrentó sin alterarse.

—Inspector.
—Quiero disculparme con ustedes.

Ni Dani ni los demás pudieron disimular la sorpresa al escuchar esas palabras; era como escuchar a la inspectora Carvajal cantar música tropical. Lorena intervino en voz baja.

—Disculpe, creo que no entiendo.

El inspector suspiró brevemente; era el mismo hombre estricto de antes, pero ahora había en él una tranquilidad que los jóvenes no habían visto antes.

—Si lo saben; hasta ahora he sido muy inflexible con ustedes, pero entiendo por lo que han estado pasando. Quiero que sepan que cuentan con mi apoyo, que en primer lugar, si necesitan espacio haré lo que esté en mis manos, y en segundo, si en determinado caso es necesario darles aviso de algo, lo haré discretamente. Permiso.

No dijo nada más, dio media vuelta y se fue hacia el primer edificio, dejando a todos absolutamente perplejos; al cabo de unos momentos Leticia dio un silbido.

—Aunque suene extraño decirlo, esa es una de las cosas que no me esperaba.
—Para mí está entre las primeras cinco —comentó Soledad— eso fue impresionante.
—Pero si es así —intervino Teresa— para que haya tenido ese cambio el director tiene que haberle dicho algo ¿le habrá dicho todo?

Lorena se sentía mucho más tranquila para su propia sorpresa.

—Propongo que dejemos ésto así.
— ¿Qué?
—Nada va a cambiar, no tiene sentido tratar de averiguar ¿no creen? Además tenemos el problema de que las cosas por aquí pueden haber vuelto a cambiar, sería mejor hacerse cargo de eso.

Teresa asintió.

—En eso tienes razón. Vamos a clase, demos gracias que Vergara no vino a matarnos y esperemos a ver qué sucede durante el día.

Segundo recreo

Dani y Alberto estaban caminando por el último patio cuando el más pequeño decidió que ya estaban suficientemente solos.

—Ya, ahora nadie nos está mirando, dime de qué se trata.
— ¿A qué te refieres?

Alberto sonrió.

—Dani, lamentablemente soy demasiado inteligente como para que me engañes con algo así, noté que organizaste todo para que saliéramos juntos a patrullar.

Dani sonrió.

—Tienes razón Alberto, pero necesito que guardes el secreto, no puedes hablar de ésto.
—Tienes mi palabra, dime qué ocurre.

Dani suspiró.

—Te parecerá extraño, hay algo que necesito saber pero no te puedo decir todavía por qué motivo.
—Eso es malo de tu parte, ahora ya tengo curiosidad. Dime.
—Necesito saber si es que hay algo que te atormenta, algún dolor o trauma que no te deje vivir en paz.

El otro se mostró sorprendido, pero reaccionó bien.

—La verdad es que si hay algo, y es básicamente lo que estás viendo ahora mismo.
—No te entiendo.
—Siempre he sido un tipo inteligente, y por lo mismo me he dedicado a estudiar de todo, no solo para la escuela, y estoy orgulloso de eso, pero por lo mismo es que hay cosas que sé que pueden pasar, y el temita de los cambios hormonales es algo que me viene persiguiendo hace tiempo, porque no quiero que llegar a la adultez me cambie, o me haga perder mi inteligencia.

Dani asintió.

—Te entiendo, pero no puedes saberlo, perfectamente puede ser que solo... crezcas y nada más.
—Mentalmente lo sé, pero no dentro de mí, por eso es que me sigue persiguiendo; inconscientemente siento el temor de que un día me voy a despertar y ésto —se apuntó la cabeza— ya no sea lo mismo. Supongo que seguiré así hasta que compruebe en los actos lo que pase.

Dani sonrió.

—Gracias por confiar en mi Alberto. Quiero que sepas que puedes contar conmigo, no solo en lo que tiene que ver con los espíritus, también en todo.
—Eres casi demasiado bueno para ser verdad, pero no me cambies el tema, dime que tiene que ver ésto con lo de Matías.

Aún tenía que comprobar algo más, pero ya estaba casi seguro. Sería pronto.

—Si todo resulta como creo Alberto, ésta misma tarde.



Próximo capítulo: Las razones de Matías

La otra matrix Capítulo 2: Destello de realidad




Soulbreaker no podía creer lo que estaba viendo en este preciso instante; presa de distintas emociones el autobot depositó la caja transparente en el suelo con extremo cuidado, quedando observándola sin saber qué pensar, habiéndose olvidado por completo de las dudas e interrogantes que tenía unos momentos antes.

—Me pregunto cómo voy a catalogar en los registros de lo que acabo de ver — dijo Slimdeam con su clásica voz apagada.
—Esto es imposible —dijo Soulbraker sin salir de su asombro—, es la matrix de liderazgo, esto es demasiado extraño.

Slimdeam murmuró algo pero Soulbraker no le hizo caso y utilizó el pequeño escáner de su brazo para registrar el objeto que tenía frente a él.

—No lo entiendo…
—Por supuesto que no es la matrix de liderazgo —dijo Slimdeam en voz baja—, la energía que expele ese objeto es algo que tú y yo, o cualquier cibertroniano podría reconocer con toda facilidad.
—Pero de todas maneras está emitiendo señal de energía —dijo Soulbraker.

Seguía sin comprender por qué motivo Wheeljack ocultaría en uno de sus brazos la mitad de un control remoto cuya otra parte se encontraba en el brazo de Windcharger, y por qué motivo ese control una vez armado activaba el compartimiento en donde se encontraba ese extraño objeto. ¿Por qué en primer lugar había un objeto igual a la matrix de liderazgo oculto en una de las torres de ciudad autobot?

—No lo entiendo Slimdeam —dijo Soulbreaker—, no comprendo por qué vinimos a encontrar este objeto aquí, o mejor dicho por qué los demás lo habrían dejado abandonado en este sitio después de la guerra.

Se produjo un incómodo silencio para ambos; alrededor la muerte y la desolación parecían más enigmáticas que antes.

—Le estás haciendo esas preguntas al autobot equivocado —dijo el cronista con su amargura habitual—, no tengo respuestas para este tipo de dudas.

 Soulbreaker se puso de pie y lo enfrentó, mirándolo fijo; de pronto se dio cuenta que durante los años en que había vivido en Cybertron realmente había visto a Slimdeam durante muy pocas ocasiones a pesar de lo cual lo recordaba bien porque era una personalidad bastante llamativa. Siempre apuntando en su tableta todos los datos que creyera necesarios, siempre cabizbajo y con los ojos oscurecidos, mirando en todas direcciones, no sólo observando sino también desconfiando o renegando de lo que pasaba cerca de él. ¿Durante cuánto tiempo habría vivido entre las calles de Cybertron, durante cuánto tiempo habría deambulando de un sitio a otro registrando las historias ajenas? Un autobot de baja estatura, sin armas visibles en contraste con él, alto y esbelto, con las placas reforzadas en los brazos, el pecho angular, los discos magnéticos en las extremidades, si hasta parecían creados de diferente manera, Soulbreaker como un potencial guerrero, el otro sólo como un ser mecanizado funcional. Solo, siempre solo.

—Slimdeam ¿puedo hacerte una pregunta?

El otro sólo se limitó a asentir.

—Según lo que sé eres un cronista casi desde siempre, pero tengo la impresión de jamás haberte visto satisfecho o contento por algo, incluso según lo que recuerdo de cuando te vi cientos de años atrás en Cybertron, antes de la guerra. ¿Qué es lo que te sucede, por qué es que siempre te comportas así? Entiendo que cuando ves muerte y desolación como lo que está sucediendo ahora mismo nadie puede estar contento, pero en tu caso es como si algo te hubiera marcado para siempre.

Slimdeam no pareció molesto con la pregunta; sin embargo, cuando le contestó su tono de voz era extrañamente honesto y calmo.

—Te diré una cosa aunque tal vez no lo entiendas. Cuando has vivido tantos años y has visto tantas cosas como yo, comienzas a perder la fe en la raza a la cual perteneces y en algún momento comprendes que no es tan sencillo como hacer algo y cambiar el destino del universo, o hacer que todo vuelva a estar bien; ni siquiera los Primes pueden hacerlo.

A Soulbreaker le pareció muy extraño que su tono de voz fuera tan tranquilo, cuando lo que estaba diciendo le sonaba completamente a derrota y angustia; pero al mismo tiempo pensó que quizás el cronista había vivido algunas cosas que no estaba dispuesto a contarle.

—Entonces es eso —dijo finalmente—, has perdido la fe.

El otro soltó un sarcástico bufido.

—La fe —respondió de forma críptica—, no tiene nada que ver en esto.

Soulbreaker iba a decir algo más, pero un sonido a lo lejos interrumpió la conversación de ambos.

— ¿Qué es eso? —dijo el autobot.
—Creo que han comenzado los problemas —dijo Slimdeam—. Toma esa caja y sígueme, tienes que salir de aquí.


2


Unos momentos después los dos iban corriendo hacia cierto lugar que Slimdeam le había indicado.

—Espera Slimdeam, dime qué es lo que está sucediendo, qué es ese ruido.

Sin embargo él sabía perfectamente que se trataba de naves acercándose. ¿Quié podía ser?

—Ese sonido que estás escuchando son los barredores de los decepticons.
— ¿Barredores? —repitió de forma estúpida.

—Sí, esos carroñeros que aparecen después de cada una de las batallas a comer los restos de los enemigos caídos e incluso de sus propios camaradas.
—Pero nosotros estamos vivos y los barredores no tienen un gran poder, ¿por qué estamos escapando de esta manera, qué es lo que me estás ocultando?

El otro soltó un gruñido nada disimulado de desaprobación.

—De verdad me pregunto cómo es que pudiste convertirte en un técnico tan avanzado y que fue transferido incluso las tareas de ciudad autobot, si no eres capaz de darte cuenta de cosas tan sencillas —dijo el otro malhumorado—, está claro que lo que encontraste en este dispositivo es un objeto importante, o no estaría oculto con tantas medidas de seguridad a su alrededor; además la energía que hay en su interior, aunque es mínima, corresponde a la misma frecuencia de la energía que hay dentro de la matrix de liderazgo.

Al escanear el dispositivo, Soulbraker había comprobado que tenía energía en su interior, pero no conocía la frecuencia de la energía de la matrix.

—Antes que me preguntes cómo es que conozco la frecuencia exacta de la energía de la matrix de liderazgo —continuó Slimdeam implacable—, lo sé porque la tengo en mis registros desde hace bastante tiempo. Puede que los barredores no sean muy poderosos y que tampoco ataquen a seres vivientes, pero si descubren cualquier rastro de la matrix, los decepticon serán avisados y nos sería imposible salir del planeta.

En ese momento Soulbreaker entendió a lo que se refería Slimdeam; sea lo que fuere el dispositivo, era evidente que se trataba de algo importante, lo que significaba que debía ser alejado de los enemigos y puesto en manos de Hot rod o de cualquiera que tuviera la responsabilidad suficiente para tomar una decisión al respecto. Tal vez se trataba de un arma diseñada por Wheeljack y que con su muerte no había sido entregada a los que debían manejarla.

—Cerca de aquí está la cápsula en la que llegué a la Tierra —dijo Slimdeam—, no es muy avanzada y tarda en cargar pero nos servirá para poder salir de aquí.
—Espera un momento —dijo Soulbreaker—, hay algo que quiero hacer antes de irme.

Los regaños de Slimdeam fueron inútiles; Soulbreaker se desvió del camino que llevaban y fue directamente al mismo punto en donde estaban entre otros los cadáveres de Wheeljack y Windcharger y se arrodilló junto al primero de ellos; en esos momentos no podía olvidar esa extraña conversación a tan sólo unas horas.

— ¿Qué pasó Jackie?

¿Por qué Wheeljack le había dicho a él en específico que al día siguiente fuera a revisar exactamente el sector en dónde estaba oculta esa copia de la matrix? Los segundos pasaban mientras el autobot esperaba inútil a que el silencio del cadáver pudiera entregarle alguna respuesta.

—Ya no puedes encontrar nada más aquí —dijo Slimdeam nerviosamente—, tenemos que irnos de una vez por todas.
—Está bien —respondió Soulbreaker—, lo lamento, es sólo que me gustaría haber podido resolver esto desde antes.

Ambos continuaron avanzando muy rápido y en un incómodo silencio; poco después se internaron en unos pasillos subterráneos, uno de los cuales conducía a una antigua pista de lanzamiento.

—Date prisa —dijo el cronista—, mi cápsula de vuelo no se encuentra muy lejos.

Mientras la cápsula comenzaba dibujarse a unos cuantos cientos de metros de distancia, el sonido de vuelo que los había estado persiguiendo se intensificó hasta convertirse en una especie de zumbido que resonaba con eco sordo en los pasillos. Al ver que las paredes a su alrededor se estremecían Soulbreaker volteó mientras corría, justo en el momento en que vio un rayo láser derribando a Slimdeam.

— ¿Estás bien?

Sin embargo el otro se puso de pie inmediatamente, sólo tenía una herida en un hombro.

—No te detengas —le dijo dándole un empujón—, esto no es lo que pensaba…

El rayo que había sido disparado con gran precisión confirmaba que los barredores no estaban solos y que al mando de ellos había un decepticon, probablemente un francotirador. La cápsula estaba resguardada tras una muralla de cristal a prueba de rayos que Slimdeam desbloqueó al ingresar un código en el teclado en la pared al costado: al instante apareció en el contador la señal de los 30 segundos faltantes para que la cápsula encendiera el motor y pudiera comenzar el vuelo.

—Se están acercando rápido —dijo Soulbreaker—, voy a detenerlos mientras…

Pero no pudo decir más. Un nuevo rayo dio de forma certera en el umbral de la puerta protectora, dejando la cápsula expuesta a que el francotirador pudiera destruirla en unos segundos.

—Cumple con tu misión muchacho.

De manera repentina Slimdeam empujó a Soulbraker al interior de la cápsula y selló la puerta desde afuera, tras lo cual corrió a toda velocidad hacia el grupo de barredores que avanzaba a hacia ellos.

— ¡Slimdeam qué estás haciendo, déjame salir!

Los barredores avanzaban en una formación muy cerrada, pero de entre ellos se adelantó un decepticon convertido en modo robot: se trataba de Runflight, un mercenario muy astuto y sagaz que había descubierto inmediatamente que había algo extraño en esa cápsula y los autobots que trataban de escapar.

—Eviten que esa cápsula levante el vuelo, a toda costa.

Soulbreaker forcejeaba con todas sus fuerzas, viendo impotente como el cronista corría y ya se encontraba a tan solo unos metros de los enemigos, mientras el contador se acercaba peligrosamente a cero.

— ¡Slimdeam no hagas eso! ¡No lo hagas por favor!

La puerta de la vieja nave había sido sellada con láser por el cronista, por lo tanto desde dentro no podía ser abierta a no ser que la destruyera por completo, y eso le tomaría un par de minutos que en ese instante era toda una eternidad. Un nuevo rayo disparado por Runflight atravesó una de las piernas de Slimdeam, pero este volvió a ponerse de pie con asombrosa rapidez. Con horror, Soulbreaker comprendió que el otro estaba dándole el tiempo que necesitaba para poder huir del planeta con el valioso objeto.

— ¡Noo, Slimdeam, no, no nooo!

El viejo cronista se arrojó sin miedo al enjambre de barredores que se abalanzaba sobre él, como si de pronto hubiera olvidado su costumbre de atacar solamente cuerpos inertes; mientras la cápsula se elevaba de manera inexorable hacia el espacio, el autobot pudo ver, entre sus gritos y los golpes que lanzaba contra la puerta, cómo el viejo hacía un giro digno de un guerrero de primer nivel para derribar a uno de sus enemigos. Pudo ver su actitud, fiera y aguerrida, y sus ojos brillando por primera vez, al tiempo que se entregaba a la muerte cumpliendo con su misión. Entre rayos que fallaron por una distancia mínima, la cápsula se elevó por los aires, abandonando suelo terrestre y a un cronista en medio de un mar de barredores que finalmente se comerían sus restos cuando su energía se agotara, o sus heridas fueron demasiado graves; cuando Soulbreaker se cansó de gritar y aporrear las paredes de la pequeña nave, quedó sentado en el suelo, la espalda apoyada contra la superficie de frio metal, con la vista y los oídos cerrados, intentando en su desesperación escapar de la horrible agonía que lo aquejaba. ¿Quién era él en esos momentos? Habría dado cualquier cosa por poder ser un cronista como Slimdeam, y poder dejar un registro de esa gloriosa batalla en la que salvó una vida, pero sólo era un técnico al que sus capacidades le servían de nada. En la historia, todos alababan a los grandes héroes, que con sus mazos y sus brillantes fuselajes surcaban los cielos enfrentando a los rivales, pero los que realmente sustentaban la historia, con su vida y sus cuerpos eran los más insignificantes, aquellos a los que los registros ignoraban por no ser fuente de inspiración suficiente; se trataba de seres como Slimdeam, un autobot amargado y solitario, que sin embargo había comprendido mucho mejor que él que era primordial poner a salvo el objeto. Pero todo eso era su culpa, si él no hubiera tardado en quedarse a mirar el cuerpo de Wheeljack, quizás ambos habrían escapado, ahora era demasiado tarde para salvarlo.

—Lo siento Slimdeam…

Sus memorias servirían de poco para retratar el heroísmo y la furia con que el viejo había enfrentado al rival, y la forma en que en sus ojos se dibujara el brillo del auténtico guerrero; en caso de sobrevivir a los barredores o a ese decepticon que se encontraba con ellos, sería difícil que pudiera transmitir lo visto de la manera correcta. Jamás imaginó que ser responsable de una vida, o de una muerte, pesaría tanto.


Algunas horas después, Soulbreaker hizo lo posible por recuperarse e ingresó el nuevo curso en la computadora de la cápsula, sin poder divisar perseguidores. Sabía que Hot rod lideraba a los autobots luego de la muerte de Optimus y que estaban de forma provisional en el espacio en medio de una tensa tregua con los decepticons, pero eso no lo ayudaba a definir dónde estaban y en la nave no encontró otro tipo de registro; optó por dirigirse a Luna Solire, un asteroide mecánico a dos marcas estelares del sistema solar, es decir a nueve horas a velocidad estelar. Mientras tanto sólo podía esperar.


3


Aún en la Tierra, entre los restos de cuidad autobot, Runflight establecía comunicación con alguien en Cybertron.

—Te digo que no he encontrado nada.
—Estaban construyendo algo, no puede ser de otra manera.
—Eso ya me lo dijiste.
—Entonces has algo y encuentra lo que sea que hayan hecho, es necesario, lo que te estoy pagando es mucho.
—Está bien, haré lo que sea necesario.

La comunicación se cortó. A su llegada a la Tierra, Runflight tomó a la ligera el trabajo por el que le habían pagado, pero al ver a esos autobots escapar tan apresuradamente, supo al instante que era cierto ¿Qué era lo que el otro se llevó al espacio? Los barredores sólo sabían comer y eso era útil para sus planes, no tendría que preocuparse porque alguien dijera lo que él había visto; de momento era mucho más conveniente seguir la pista en el espacio de esa cápsula, y ver si el objeto le era más valioso a él que la paga ofrecida.



Próximo capítulo: Falta de liderazgo.

Maldita secundaria capítulo 16: Encuentros



Martes 23 Octubre

Alberto cerró la puerta de golpe.

—Cielos, ésto es lo... no, no voy a decir nada, absolutamente nada.

Fernando estaba tomando en sus brazos a la desmayada Teresa.

—Deja y hablar y ayúdame.
—No puede ser —dijo Carolina mirando por la ventana— los maestros están haciendo que todos vuelvan a las salas.
—No importa, sólo hay que salir sin llamar la atención.
— ¿Cómo salimos con una desmayada sin llamar la atención?
—No lo sé, solo aparenten que todo va bien, no vamos a resistir seguir llamando la atención tan seguido.

Poco después Teresa estaba en la enfermería y los demás se reunieron en la recepción.

— ¿Señorita Bastías, que tiene nuestra amiga?

La enfermera estaba muy seria, y tomó el teléfono marcando velozmente el número.

—Hola. Gabriela, necesito tu ayuda, tengo un caso acá en la secundaria, necesito que me envíes una ambulancia ahora mismo.

Dani y los demás se miraron alarmados.

—No me importa lo que diga tu jefe, déjame a ese viejo a mí, tengo un posible shock. De acuerdo, dile al chofer que entre por... si, por esa calle... cinco minutos, genial, gracias.

Cortó y se puso de pie.

—Vayan a clase, a Teresa la van a recoger ahora mismo.
—Pero díganos que es lo que le pasa.
—Eso lo tienen que decir los médicos —sentenció la señorita Bastías— pero no creo que sea un simple desmayo. Ustedes dos —indicó a Leticia y a Luciana— son sus amigas, acompáñenla a la ambulancia, los demás vuelvan a clase.

Y sin más los dejó por fuera de la oficina. Alberto comenzó a entrar en pánico.

—Ésto es tremendo, espero que esté bien.
— ¿Bien Carolina? —se escandalizó el más pequeño— ¿no se dan cuenta? El estado en el que está Teresa podría ser obra de los espíritus, ahora no sabemos cómo atacan; hay que ir a urgencias.
—No podemos saberlo —terció Dani— además, por lo mismo, si están pasando cosas, no podemos dejar sola la secundaria. Hay que esperar a que las chicas nos den alguna novedad, y mientras tanto estar atentos a lo que pueda pasar aquí.

Más tarde, Leticia y Luciana estaban en la sala de espera de la urgencia, aún sin novedades.

—Oye —dijo Luciana después de bastante rato de silencio— lamento lo del otro día, no quería ser agresiva.
—No tiene importancia —replicó Leticia— de todos modos ninguna de las dos ha sido amable.

En eso llegaron los demás.

— ¿Tienen alguna novedad?

Leticia se cruzó de brazos.

—Los padres de Teresa llegaron y se encerraron con un doctor en una oficina y aún no salen, así que no pinta muy bien que digamos.

Soledad se sentó a un costado.

—Ésto es muy preocupante, incluso tiendo a creer en lo que decía Alberto, ya ha pasado bastante rato y no hay noticias, yo esperaba que para cuando llegáramos ya estuviera bien.
—No hay que hacer conjeturas —intervino Dani con cautela— por lo menos no ha pasado nada más grave, ya saben que las noticias malas son las que vuelan; además no pasó nada en la secundaria, eso también es distinto.

En ese momento apareció Teresa acompañada de sus padres, y a pesar de lo que todos podían esperar, se veía muy tranquila; la joven se apartó de sus padres y caminó hacia el grupo.

—Teresa, estábamos muy preocupados —le dijo Carolina— ¿qué te pasó?
—Nada grave, disculpen por haberlos preocupado.

Hizo una pausa.

—Escuchen, hay algo de lo que no les he hablado; hace un tiempo me detectaron cáncer.
— ¿Qué?
—Así es; pero no es grave, es decir, en su momento lo fue, mis padres lo pasaron bastante mal, pero afortunadamente la enfermedad fue detectada a tiempo.
—Pero si se resolvió —le preguntó Soledad— ¿entonces qué pasó?
—Después que terminé el tratamiento, me prescribieron una serie de medicamentos, y tengo que ser rigurosa con eso para mantenerme estable, así me evito problemas, pero con todo lo que ha estado pasando me descompensé y por eso terminé aquí.

Dani no dijo nada, pero estar en esa situación le recordó otras escenas de antes; por supuesto, había algo que habían dejado pasar, y que él personalmente no había retomado, pero estaba casi seguro.

—Teresa, me alegro que estés bien.
—Muchas gracias Lorena.

Alberto consideró que ya la pausa había sido suficiente e intervino.

—Chicos, no es por ser alarmista, pero aunque lo de Teresa no haya sido nada de lo de los espíritus, sospecho que igual hay algo que pasa en ese sentido.

Fernando lo miró sorprendido.

— ¿Y en qué te basas?
—Me baso —respondió lentamente— en que por alguna razón, desde que nosotros estamos involucrados, han cambiado las cosas; por ejemplo, hay sistemas eléctricos afectados, mobiliario que ataca a las personas, ¿por qué no iba a haber algo que nos afectara directamente? Al fin y al cabo ustedes mismos nos dijeron que los espíritus de los secuestradores los agredían, y está claro que no todo sigue como antes.

Lorena y Dani se miraron.

— ¿Tú dices como si ahora pudieran hacer que tuviéramos problemas de salud?
—Sí.
—Es posible Alberto, pero la verdad es que todo es tan reciente que no lo podemos saber; de todos modos hay que estar pendientes.
—Si —comentó Dani— hay que tener todos los factores en cuenta; Teresa, me alegro de que finalmente todo esté bien, pero no debes descuidarte, sobre todo por todo lo que estamos pasando.

Alberto no dijo nada. Había una teoría que estaba creando en su mente, pero aún necesitaba tiempo para madurar la idea y ver si estaba en lo cierto.

Alrededores de la secundaria
Por la noche

Alberto estaba cerca de la puerta del estacionamiento, preparado para entrar; estaba más nervioso en esa ocasión que cuando habían entrado con los demás a la bodega, quizás porque estaba solo y había una enorme cantidad de cosas que podían salir mal.

—Bien —susurró para si— no es tan terrible, voy a entrar...

En ese momento alguien se deslizó por la vereda hacia él.

—Rayos.

No tenía donde esconderse y francamente no pasaba desapercibido; pero unos momentos después comprobó que era Hernán.

— ¿Y tú que haces aquí?

El rapado lo miró de arriba a abajo.

—Es divertido que tú me preguntes eso.
—Si, cierto, yo estoy entrando, tengo que hacer unas averiguaciones, ¿y tú?
—Evitando que te mates en el intento, entremos por ese lado, no por acá.

Entraron por un costado y caminaron silenciosamente hacia la bodega.

—Por cierto, ¿cómo es que Dani supo que yo estaba aquí?
—Dani no sabe que estoy aquí —respondió el rapado— ésto es culpa de Lorena, por lo visto empezó de nuevo con lo de las visiones, porque me llamó, parece que fui el primero al que encontró.

Eso pareció escandalizar al más pequeño en vez de tranquilizarlo.

— ¿Quieres decir que los demás vienen para acá?
—Claro que no, le dije que no era necesario. Ahora dime que hacemos acá a ésta hora.

Alberto sacó de un bolsillo un aparato electrónico y lo acercó a la puerta de la bodega.

—Ésta maquinita detecta las variaciones de la energía —siempre supe que las clases de electrónica servirían para algo— y quiero usarla para descubrir si aquí continúa pasando lo mismo.
— ¿Y cómo pretendes entrar sin las llaves?

Alberto fingió un estremecimiento.

—Por ahora no es necesario entrar, la energía que corresponde a Matías y a los secuestradores es tan fuerte en ésta zona que no es necesario.

Hernán se cruzó de brazos mientras el más pequeño registraba el área.

—Creo que tenemos un problema —resolvió apagando la máquina— porque mi invento no registra nada.
—  ¿Y entonces?
—Mañana a primera a hora tenemos que hablar con los demás, hay que hablar de algo importante, creo que Matías está perdido.



Próximo capítulo: Respuestas absolutas

La traición de Adán capítulo 13: Trampas de seda



Pilar estaba bastante deprimida ese Viernes; las cosas estaban resultando aún peores si eso era posible, ya que su madre había decidido encerrarse en su taller obcecada en terminar su obra destruida en la fallida inauguración de la galería, y no saldría de allí hasta que lo consiguiera; no es que creyera que iban a pasar tiempo juntas o algo por el estilo, pero había decidido quedarse  al verla enferma y ahora estaba como siempre. Demasiado como siempre. Pero tampoco podía estar las 24 horas del día sufriendo por temas que estaban fuera de su control, así que decidió hacer algo de vida real por su cuenta y salió a dar una vuelta. No había terminado de bajar en el ascensor cuando la llamaron por teléfono.

–Hola.
– ¿Aun me reconoces la voz amiga?
– ¡Margarita! –exclamó sorprendida– que gusto escucharte.

Diez minutos después se abrazaban emocionadas; Margarita había sido su amiga y mutua confidente toda la infancia, y había sido duro separarse cuando ella fue a otro país a estudiar, pero habían mantenido contacto por la red, así que verse de nuevo era toda una sorpresa.

–Creí que estabas en el extranjero.
– ¿Bromeas? Si tú estabas en el extranjero mujer.

La otra era una mujer alta, voluptuosa, de cabello rizado oscuro y actitud amigable, llamativa por naturaleza pero sencilla en su actuar.

–Volví el año pasado, ya terminé mis estudios así que me establecí de vuelta y estoy haciendo clases en el instituto Buenaventura.
– ¿Que no es de beneficencia?
–No Pilar, a menos que estemos hablando de la beneficencia de los dueños claro. Y tú en que andas por aquí, llegue a pensar que no volverías.

Pilar le contó brevemente la historia del ataque de su madre. Su amiga reaccionó escandalizada.

–Discúlpame amiga, pero nunca voy a poder entender cómo es que una madre puede tratar así a su propia hija.
–Sabes que tiene motivos por lo que pasó hace ocho meses.

Margarita hizo un ademán con las manos como despejando el ambiente.

–Eso es puro humo amiga, ya te lo dije antes. Una madre le cree primero a su hija que a nadie, no importa lo que le digan o lo que pase, pero ella parece que esperaba un motivo para maltratarte.
–Margarita...
–Es la verdad, lo siento mucho. Además por favor, tú no eres capaz de matar ni una mosca, es ridículo pensar que podrías urdir un plan para robarle a tu madre su colección de arte, engañar a todos incluida esa persona, venderla y luego como si todo eso fuera poco quedarte ahí mirando a la cara de medio mundo como si nada.

Pilar sabía que no era culpable de nada de eso.

–Pero tenían pruebas.
– ¡Al diablo las pruebas!
–Baja la voz.
–Está bien – se disculpó en voz más baja – mira Pilar, tu problema es que siempre te has preocupado más del resto que de ti misma, siempre  has estado concentrada en el otro lado de la moneda. ¿Te acuerdas cuando había esas escuelas de verano y querías ir a acampar? Podíamos organizar todo pero ahí salías tú con que no, que mejor danza o historia del teatro porque eso te haría más culta, pero era para representar algo.

Era agobiante y a la vez muy grato estar con Margarita, porque de ella no tenía desconfianza, y era de la clase de amigas que irán contigo al infierno y de vuelta.

–Y que consigues con eso –le preguntó apuntándola – sufrir, porque te dejas en último lugar, ¿o acaso no te regañé cuando me contaste por chat lo que pasó hace ocho meses?
–Si pero...
–Apuesto que ni siquiera has pedido explicaciones, o tratado de averiguar cómo diablos es que terminaste metida en ese embrollo, pero te digo que las cosas no pasan así nada más, nunca se olvidan y tú jamás podrás sacarte esa tristeza que tienes si no te armas de valor y dices ¨basta, hasta aquí¨ y se lo dices bien claro a todo el mundo.
–Sabes que no soy una persona conflictiva.
–Pues vas a tener que empezar a serlo ahora o nunca lo serás. Ya vas a ver, me vas a contar todos los detalles escabrosos y juntas vamos a poner las cosas en su lugar.

Pilar no sabía si era algo del destino volver a encontrarse con su amiga de  toda la vida, mucho menos si en realidad tendría algún sentido escarbar en el pasado y remover los recuerdos, pero sabía que no tenía alternativa porque a Margarita nadie  le sacaba una idea de la cabeza; la parte buena es que era gratificante estar en su compañía, porque de su parte no habían cuestionamientos y además se sentía igual que siempre, ahí los años separadas no contaban en absoluto.

Micaela estaba despierta desde las seis de la mañana y salió del departamento en su tenida de trabajo en terreno, pantalones cargo, botines, una camisa sencilla y el cabello atado simplemente; fue de inmediato a la obra que tenía que supervisar, la remodelación del Boulevard del centro comercial Plaza Centenario donde la esperaban sus trabajadores.

– ¡Llegó la jefa!

Sorprendentemente el grupo de trabajadores la recibió con toda alegría, aunque después supo que el encargado que creyeron tener era un viejo feo y cascarrabias, por lo que la mejora de la visual incidió notablemente en su estado de ánimo. Las obras estaban en una etapa inicial, por lo que todo lo que debía ser demolido estaba eliminado y había que comenzar con las mediciones y los cálculos, una parte en donde a veces por dejación o por apurar los plazos se dejaban detalles sin terminar. Estaba revisando los planos con el capataz y bromeando un poco cuando apareció una mujer joven, de traje ejecutivo, bonita y con cara de disgusto.

–Buenos días.
–Hola –saludó Micaela– y tú eres...

La otra la miró de arriba a abajo. Tenía claro que ese proyecto era complicado porque la empresa había escogido un muy mal equipo de trabajo, así que tendría que vigilarlos de cerca, muy de cerca.

–Eva San Román, responsable del proyecto, estoy aquí para comprobar si es que hay avances en los trabajos, pero parece ser que no.

Esteban no le había dicho nada de eso, pero claramente ella tenía un cargo sobre él; por suerte ya estaba enterada de varios detalles.

–Micaela Riveros –respondió sin saludarla– estoy a cargo de la supervisión en terreno. ¿Cuál es el problema?

La otra mujer pareció sorprenderse de su respuesta tan sencilla y natural. ¿Que creía que por ser bonita podía decir lo que quisiera?

–El problema es que el proyecto está atrasado un siete por ciento según el detalle que tengo y en la constructora nos gusta que se cumplan los plazos.

Le entregó un informe, que Micaela hojeó sin darle mucho interés; el capataz y los obreros estaban en silencio mientras tanto. Mejor.

–Este informe es bonito – comentó la trigueña dejando la carpeta sobre un mesón – pero le falta información.
–Ese es el cronograma de avance del proyecto.
–Es una proyección – la corrigió con calma – aquí no dice en ninguna parte que hace siete días el trabajo quedó detenido porque la maquinaria que arrendaron para una obra gruesa estaba defectuosa y desde arriba le dijeron a mi capataz que tenía que esperar medio día para que llegara la otra, aunque al final fue un día completo.

Eva imaginaba que encontraría mil excusas en ese lugar, aunque no se esperaba a esa encargada en terreno.

–Tengo claro que pueden haber imprevistos en el camino –explicó Eva con amabilidad– pero la misión del encargado en terreno es que los tiempos se optimicen y se trabaje en vez de reír.

El capataz hizo una mueca pero no dijo nada, sabía que él y sus trabajadores eran la parte delgada de la cuerda, pero Micaela no se dejaba intimidar.

– ¿Tú nunca has trabajado en terreno verdad?
– ¿Qué?
–Eso creí –comentó Micaela livianamente–  yo sí, así que te explicaré: la esclavitud fue abolida porque no funcionaba, lo que se usa es que la empresa nos de todo lo que necesitamos para trabajar y que nosotros nos hagamos cargo de hacer el trabajo lo mejor posible. Si como Responsable puedes asegurarme que no nos vamos a quedar sin materiales y que no me enviaran equipos defectuosos y esas cosas, entonces yo te puedo asegurar que cumpliremos con los plazos para terminar esta remodelación. ¿Qué dices?

Eva frunció el ceño. Era extraño, habitualmente tenía mucho mejor efecto en las personas aunque impusiera su autoridad. Este proyecto de remodelación era un foco importante dentro de los  que tenía a su cargo, y al estar ahí le parecía que las cosas no tenían buen rumbo, aparte que ya había investigado y el capataz era conocido por hacer un trabajo bueno pero de forma irresponsable, y en ese mundo los equipos tienden a ser como su líder, a lo que se agregaba ahora esta sorpresiva encargada en terreno que se creía abogada; preveía problemas.

–Por  fortuna mi trabajo no es hacer tratos –comentó con condescendencia – esto se trata simplemente de hacer el trabajo que corresponde, así que te pido por favor que te dediques a hacer lo que te ordenan en tu contrato.

Los ojos  de Micaela relampaguearon.

–Por supuesto que lo hago linda –replicó sonriendo– y soy muy buena en esto, ya vas a ver.
–Espero no decepcionarme.
–Te aseguro que te vas a sorprender.
–No lo creo.
–Soy realmente buena en mi trabajo muñeca, así que quizás me quedo con tu puesto.

Sonrió espléndidamente, mientras que Eva optó por no acusar el golpe, al menos por el momento. Se despidió cortésmente y se fue. Unos momentos después los trabajadores estallaron en vítores.
Eva salió del sector de la remodelación haciendo oídos sordos a los gritos y aplausos que se escuchaban a lo lejos, fantástico, ahora ese grupo de trabajadores tenían una representante, y la que era la encargada del proyecto estaba del lado de ellos en vez de  hacer su trabajo; si alguien le hubiese advertido que estaría allí habría usado otra estrategia, pero ya estaba hecho y no podía lamentarse, quien lo haría sería esa tal Micaela Riveros; dentro de poco tendría que darse su  lugar, porque no podía darse el lujo de permitir inconvenientes con su trabajo. Sin embargo eso podía esperar un momento, ahora tenía que reunirse con el abogado para hacer todo el papeleo que necesitaba para poder hacerse  cargo de la sociedad que manejaría a la galería de arte en donde supuestamente inauguraría Carmen Basaure, y al respecto sabía que en ese terreno no podía mostrarse como una ejecutiva fuerte, pues estando de por medio el capricho de un artista, tenía que aplicar mucho más tacto; Adán le había comentado que la exposición se haría fuese como fuese, pero que debían esperar un poco, tiempo en el cual podrían ocuparse del asunto del disparo que también le provocaba molestia. Bernardo le había dicho abiertamente que creía que ahí había un  tema de celos o venganza, y aunque le pareció una locura, después de pensarlo un poco llegó a la conclusión de que si podía tener razón, y si era al menos probable, resultaba mucho más sensato investigar y anular cualquier  riesgo, porque desde cierto punto de vista ese incidente podía servir para generar expectativas, pero un segundo sería ya un síntoma y significaría todo lo contrario.
En tanto Adán llegó al exclusivo restaurant De Constantino, un hermoso lugar con decorados rústicos en el que se atendía solo a clientes seleccionados. En recepción una asistente le indicó con ojos brillantes cuál era su mesa, una ubicada precisamente al lado de la enorme ventana que daba al jardín interior poblado de hermosos colores, y en donde esperaba sentada y muy sonriente una mujer de cincuenta y pocos, imponente de actitud y aspecto; se notaba a simple vista que era alta y de buena salud, ahora se le veía generosa de curvas para su edad, bastante atractiva, de mirada felina, cabello castaño muy claro y una tenida semi formal con camisa blanca y pantalón; en cualquier otra mujer se habría visto un poco pasada, pero lucia tan satisfecha de sí misma que conseguía que su estilo personal resultara agradable a la vista. Le sonrió sin levantarse del asiento.

–Buenos días Adán, me alegra que estés aquí, siéntate conmigo.
–Buenos días.

Él también sonrió, usando como de costumbre su enorme encanto; la mujer pareció complacida.

–Eres muchísimo más guapo de lo que te ves en los periódicos, y ya en esas fotos te ves muy bien. Perdóname por ser tan sincera, pero no puedo callarme cuando veo algo hermoso, supongo que por eso todo lo que hago tiene que ver con lo mismo.
–Está elogiándome más de lo que merezco –replicó él con tono natural– a fin de cuentas soy un tipo común.

Un garzón apareció con dos copas y sirvió una  a cada uno. Bernarda sonrió.

–Dos cosas, la primera me tratas de tú y la segunda, tú y yo sabemos que no eres un tipo común, tienes demasiadas cualidades como para serlo, y solo estoy hablando de lo que veo, porque estoy seguro de que cuando te conozca veré todavía más. Bebe con tranquilidad, es un trago de fantasía sin alcohol, así que podemos beber y manejar sin problemas.

Ambos bebieron, y mientras probaba el delicioso contenido de la copa, el hombre de 24 años observó el entorno y también a Bernarda; ella era una leona, se sabía poderosa y dueña de sí misma, de su espacio y  quizás del de los demás, siempre atenta, siempre adelantándose a todo, como con la puesta en escena, los tragos y lo que le decía: no estaba adulándolo, estaba planteando la situación porque sabía que era así, porque desde su lado ella era algo como él, un animal diseñado para liderar al resto, y si era así, quería hablar con él porque ya conocía algo de su historia y antecedentes, cosa que él no tuvo la precaución de hacer.

–Es delicioso.
–Desde luego, es una receta exclusiva del restaurant que hicieron para mí, ahora ya es más conocida. Pero te cité aquí para hablar de trabajo en realidad, aunque no me molesta la vista. Iré al grano Adán, quiero que trabajes para mí en mi nuevo proyecto en la galería Cielo.

Adán frunció el ceño.

–Trabajar en Cielo es completamente imposible, sabes que trabajo con Carmen Basaure.
–Lo tengo claro, pero lo has dicho bien, trabajas para Carmen, no para la galería, y una de las muchas cosas que nos diferencian es que yo trabajo con entes, no con artistas, por lo que trabajar para mí como gerente administrativo no perjudica que seas asesor artístico de ella, a Carmen la ayudas con su arte, a mí con mis  negocios.

Adán se tomó una pausa; no solo era una impresión, era además cierto que ella sabía muy bien qué decir y estaba informada pero. ¿Por qué él?

–Te estarás preguntando por qué tengo este súbito interés en ti para trabajar, y la verdad es que eres de los ejecutivos del entorno más indicados para lo que estoy buscando. Trabajaste para la revista Capital humano, estuviste en el equipo creativo de la desaparecida productora Tasajos, hiciste en par de asesorías para estrellas de televisión y ahora trabajas con Carmen, es notable como te desempeñas y pareces tener un olfato maestro para los negocios.
–Trabajo lo mejor posible.
–Lo sé, por eso te quiero conmigo, porque mi anterior administrador se conformó con que mi galería tuviera un buen nombre y por eso lo despedí. Quiero que el mundo caiga ante los encantos de mis obras, y sé que tú encontrarás la forma.

Adán sabía que era una gran oportunidad que llegaba en un mal momento, porque en esos instantes no podía dejar a Carmen, no tan cerca de conseguir lo que  quería, no en medio de un trance y con el riesgo de quedar como traidor.

–Es interesante esta propuesta, pero no puedo aceptar, tengo ocupado todo mi tiempo con mi trabajo actual y no voy a dejarlo.
–Lo dejarás – sentenció ella livianamente  – cuando veas esto.

Le pasó un escrito que era básicamente un acuerdo precontractual con una cantidad de ceros que hasta lo sorprendió.

– ¿Por qué esta cantidad?
–Porque no puedes rechazarla, claro – explicó Bernarda sencillamente – y porque dejarás de trabajar con Carmen dentro de muy poco.
– ¿Qué te hace pensar eso?

Bernarda bebió otro trago. Estaba disfrutando de la escena casi tanto como de la vista.

–Carmen y yo llevamos demasiados años dentro del mundo del arte; no somos amigas y nunca lo seremos, porque para ella el arte es una forma de vivir, y para mí es un trabajo y un negocio del cual  vivir, pero no ser amigas no quiere decir que no la conozca al menos un poco. Ella es temperamental, tiene fuego en el alma, y por ahora está tranquila porque no ha terminado su trabajo, pero cuando lo haga, se aislará o se perderá en algún sitio.

La forma en que había conocido a Bastián Donoso hacia quince años, el desapego por su hija, el departamento que parecía habitación de hotel, su excesivo interés por terminar el segundo cuadro. Por supuesto, estaba de paso, Carmen siempre estaba de paso, que tuviera domicilio fijo en el país no quería decir que siempre estuviera ahí, para permanecer estaba su obra, el único amor que jamás abandona. Había considerado el trabajo con Carmen algo importante, pero pasajero porque pretendía conseguir a través de nuevos niveles, no había pensado en que el propio trabajo podía abandonarlo antes.

–Esto es un acuerdo precontrato por ese motivo –asintió mirándola fijo– quieres tener asegurada la siguiente etapa.
–Y tú tienes asegurada esa cifra –comentó ella– veo que estamos hablando el mismo lenguaje, fantástico. Por  el momento no tengo  prisa porque comiences, si porque me asegures que lo harás, así que solo necesito que firmes, y por el espacio con la fecha, no lo hay, todo depende de ti.
–Es interesante para mí, pero nada te asegura el tiempo, no sabes si tal vez la artista  cambia de genio y me necesita a su lado por mucho más.
–Es verdad, nadie me lo asegura, pero no me importa, esta es una jugada que no me voy a quedar sin hacer. ¿Te arriesgas a hacer la jugada conmigo?




Próximo episodio: Cosas elementales

Maldita secundaria capítulo 15: Última oportunidad



Lunes 22 Octubre

Cuando la bodega explotó, el ruido ensordecedor fue grande, y el caos inmediato. Fernando se quedó inmóvil, y mientras los demás corrían hacia Hernán, Leticia se acercó a su amigo y lo removió.

— ¡Reacciona Fernando!

Los estudiantes comenzaron a salir al patio mientras Dani y los demás se acercaban a Hernán.

—Hernán, ¿estás bien?
—Claro que estoy bien —rezongó el otro tratando de levantarse— sólo me caí, ¿qué diablos pasó?

A esas alturas ya estaban en medio de un patio atestado de gente. Luciana hizo una mueca.

—Creo que en ésta parte lo de pasar desapercibidos queda en el olvido.
—Rayos —murmuró Alberto— intenten mezclarse, aparenten estar sorprendidos.
—Yo estoy auténticamente sorprendida —protestó Soledad— ésto es una completa locura. Ay no...

En ese momento apareció el inspector Vergara caminando a paso firme; en su expresión se notaba claramente que estaba decidido. No era la misma severa actitud de antes, en esa ocasión su mirada era dura como el acero.

—Estudiantes, vuelvan a sus salas ahora mismo.

Habló claramente, con la suficiente autoridad como para que los estudiantes comenzaran a volver  a las salas. Pero señaló al grupo alrededor de Hernán si dejar lugar a dudas.

—Ustedes, vengan conmigo.

Hernán se levantó, y acompañó a los demás tras el inspector, mientras los auxiliares corrían hacia la bodega para controlar el humo. Poco después Vergara los hizo entrar en una sala vacía y cerró la puerta.

—Ésta situación no puede continuar —comenzó realmente irritado— está sobrepasando todos los límites.
—Es verdad inspector —dijo Fernando tentativamente— han ocurrido accidentes...
—Silencio —replicó el inspector con tono amenazante— saben perfectamente de lo que estoy hablando, no pueden continuar así.

Dani sabía que la situación era extrema, pero trató de lograr una salida alternativa. Todo se había precipitado sin que lo pudieran evitar, pero tener al inspector enfrentándolos de esa forma era algo que no esperaba tener que pasar.

—Inspector, no sabemos de que...
—Usted no diga ni una palabra Dani —lo silenció el inspector— ni siquiera usted escapa a ésta situación, no puedo permitirlo más; durante todo éste tiempo he tratado de ser permisivo, pero los actos continúan, ustedes siete permanecen involucrados, y además parecen haber agregado nuevos miembros a su cofradía.

Fernando se ocultó detrás de los otros para lograr llamar al director, que en ese momento era el único que podía salvarlos.

—Inspector —intervino Alberto valientemente— todos estamos muy nerviosos por ese accidente...

La mirada del inspector lo fulminó antes que pudiera decir algo más.

—No continúe —lo cortó Vergara—   usted Alberto, a pesar de ser un estudiante sobresaliente, también está involucrado, y no lo permitiré ni un momento más.

Sorpresivamente, la puerta de la sala se abrió y entró el director San Luis, con actitud decidida, aunque no se mostraba alterado.

— ¿Qué sucede aquí?

El inspector no se molestó en mirar a los estudiantes buscando algún culpable de esa aparición tan sorpresiva. Simplemente le contestó al director con total frialdad.

—Imagino que eso usted lo sabe, director.

San Luis decidió pasar por alto el tono; la situación era más importante.

—Creo que hice mal la pregunta. Me refería a por qué motivo usted está aquí en vez de supervisando lo que ocurre con la bodega donde ocurrió el accidente, y por qué éstos estudiantes no están en sus salas.

Vergara se tomó un momento para responder.

—Sabe tan bien como yo que las cosas no han estado siguiendo un curso normal.
—Han sido tiempos convulsionados.
—Sabe que no se trata de eso, se supone que usted debería estar tan ocupado de éste asunto como yo, a menos que las cosas hayan cambiado en el último tiempo.

Los diez seguían el enfrentamiento en absoluto silencio; en ese momento todo estaba en manos del director.

—Tiene razón viejo amigo —concedió el director desplazándose hacia la puerta— hablaremos de ese asunto, pero no ahora, y no aquí.

Quedaron enfrentados unos momentos, hasta que finalmente Vergara se rindió ante la expresión sincera de San Luis, y sin mirar a los diez, salió de la sala seguido del director.

—Eso fue monstruoso —comentó Teresa— pero ahora sí que estamos en problemas.
—No lo sé, yo me preocuparía más por lo que está pasando con los sistemas —comentó Alberto— eso que ocurrió  no es para nada normal, Vergara tiene razón al decir que no es un accidente común.

Salieron de la sala y caminaron hacia un pasillo, pero el director San Luis pasó a paso veloz junto a ellos.

—Vengan a mi oficina ahora mismo.

Los diez lo siguieron en silencio. Una vez dentro de la oficina del director vieron que él se sentaba pesadamente ante su escritorio.

— ¿Qué está sucediendo, ellos están enterados de todo?

Carolina respondió en voz baja.

—Si director, ellos ahora están con nosotros.

San Luis les dedicó una mirada severa.

—Debieron haberme informado que las cosas habían cambiado, ¿cómo se supone que lo iba a saber de otra manera?
—Tiene razón director —repuso Dani— cometimos un error, debimos haberle dicho, pero con todas las cosas que pasaron lo dejamos. Lo lamentamos.
—No sirve de nada que lo lamenten ahora.

Se puso de pie, pero suspiró para relajarse.

—Escuchen, sé que están sometidos a mucho estrés por lo que están viviendo; me gustaría hacer más para poder ayudarlos, pero no está en mi poder, lo que puedo hacer es ayudarlos haciendo lo posible por mantenerlos al margen de la vista o de las acciones de los inspectores, pero es importante que esté enterado de lo que pasa.
—Tiene razón director —replicó Dani— no volverá a suceder.

San Luis volvió a sentarse.

—Eso espero. Alberto, Teresa, Luciana, lamento tener que darles la bienvenida a éste circo en el que se está convirtiendo la secundaria, pero lo principal es que quiero que sepan que cuentan con todo mi apoyo en éste trance.

—Muchas gracias —respondió Teresa educadamente— haremos nuestro mejor esfuerzo.
—Estoy seguro de eso. Ahora vayan a clases por favor.

Pero Leticia aún no estaba muy convencida.

—Director, ¿qué pasará con el inspector?
—Déjenme al cuerpo docente a mí, y aunque es un poco difícil, traten de mantenerse al margen de ellos lo más posible. Vayan a clase por favor.

Los diez salieron caminando lentamente.

—Vaya, San Luis está sometido a bastante presión.
—No somos los únicos —respondió Lorena— de hecho somos testigos de cuánto lo afecta tener que dejarnos a nosotros ésta responsabilidad.
—Es cierto —comentó Dani— ésta vez nos libramos de milagro, pero de todos modos hay que tratar de estar lo más discretos posible.

Martes 23
Segundo recreo

Fernando y Leticia estaban recorriendo el segundo patio en medio del resto de los estudiantes.

— ¿Sabes algo? Encuentro que hay algo diferente en el ambiente Leticia, es como si las cosas hubieran cambiado de nuevo.
—Yo también lo siento —comentó ella— seguro que se trata de algo de los espíritus, ahora que entraron al juego los demás, todavía no sabemos cuántos cambios van a ocurrir, ya lo de la bodega fue extraño. Además —agregó con una sonrisa malvada— estamos en peligro, Hernán es la muestra de ello.
— ¿Y tú que tratas de decir?
—Nada, es solo que te preocupaste mucho por el accidente, cualquiera diría que estabas angustiado por un amigo.
—No seas ridícula.

Mientras tanto, Alberto y Soledad caminaban por el segundo piso del primer edificio.

—Ésto es muy raro, ahora no pasa nada en la secundaria.

Y entonces se cortó la luz.

—Insisto, no hay que decir esa frase.
—Hay que buscar a los demás —comentó ella mirando al patio— no va a pasar mucho rato antes que la gente se desespere.

Poco después el grupo se reunió en el primer patio mientras los profesores trataban de mantener en orden a los estudiantes.

— ¿Dónde está Teresa?
—Pensé que venía con ustedes —comentó Luciana— no la he visto.
—Ay por todos los cielos —dijo Alberto —es posible que ésto sea por los espíritus, quizás qué ocurrió con ella.
—Hay que encontrarla —sentenció Dani— si está pasando algo con los espíritus, no podemos tomar ningún riesgo, dividámonos y veamos qué pasa, cualquier cosa llamen de inmediato.

Poco después Alberto, Fernando y Carolina recorrían un pasillo del primer piso del segundo edificio.

—Suerte que las salas están vacías —comentó Fernando— es más rápido revisar.

Carolina se acercó a la última puerta del pasillo.

—Espero que no sea nada grave, no me gusta que esté... ¡Teresa!
— ¿Qué pasa?

Alberto y Fernando se apuraron hacia la última sala, y comprendieron de inmediato qué era lo que había hecho gritar a Carolina. Teresa estaba en el suelo, desmayada.



Próximo cpítulo: Encuentros

La otra matrix Capítulo 1: Circuitos vacíos




Soulbreaker jamás había sido de los destacados en Cybertron, y realmente no le importaba; en su instrucción estuvo a cargo de Viriad, un mal agestado robot de edad indescifrable pero que probablemente había estado desde los tiempos de Nova prime, si es que no lo había criado, y terminó todo el entrenamiento sin pena ni gloria, aunque al menos con el puntaje necesario. Dentro de las escasas capacidades que tenía, descubrió que era bueno en tecnología, de modo que se internó en la academia de ciencias de núcleo en Cybertron y de allí no salió nunca más.
Hasta que la guerra en la Tierra llegó a su punto culminante.
Como muchos cibertronianos, Soulbreaker se embarcó hacia la Tierra para ayudar en los trabajos de Ciudad Autobot, y después de ver la luz de Sol del sistema, cambió de forma y se internó entre los miles de pasadizos de la enorme construcción.

La rutina de Soulbreaker era bastante sencilla: comenzaba revisando lo que los constructores habían avanzado la jornada anterior, para después hacer incorporar todas las redes de circuitos necesarios para que la estructura funcionara correctamente; para otros podía ser aburrido, pero en cierta forma se sentía como un científico, descubriendo y creando nuevos universos que se complementaban unos con otros. Muchas veces los otros no lo sabían, pero que al oprimir un botón consiguieran abrir una gran compuerta no se debía solamente a una reacción, sino a un complejo sistema que le decía lo que era necesario hacer, considerando variables de ambiente o los sistemas adicionales como la seguridad y los escáneres de distancia. Su trabajo era invisible, pero al él le gustaba.

—Soulbreaker, ven por favor.
—En seguida Wheeljack.

Wheeljack era uno de los pocos grandes con los que tenía contacto, y por lo general era a últimas horas de la noche. Siempre tan gentil, brillante y educado, dándole a él la importancia necesaria como si fuera parte del equipo que había descendido en la Tierra en primer lugar.

—Tenemos una falla de seguridad en los sistemas de Ciudad Autobot, entre los puntos Siete B y Nueve C.
—Lo revisaré de inmediato.

Wheeljack era siempre tan amable que daba gusto hablar con él, aunque a veces a Soulbreaker le parecía que se veía un poco distinto, tal vez más cansado o preocupado.

—Espera, necesito pedirte que hagas otra cosa además.
—Por supuesto, dime.
—Como sabes, hay sistemas que son parte de la transformación de la ciudad a modo de batalla que son manuales, me gustaría que hicieras unas pruebas en los sistemas que están presentando fallas con controles manuales en el sector 37H, y que mañana me entregaras un reporte de comportamiento.

Esos sistemas habían sido construidos antes que él llegara, pero eran interesantes y estaban bien diseñados; al incluir en ellos un sistema de activación mecánica, evitaban que se produjeran daños si estaban bajo ataque, y además era posible manipular de manera eficiente en situaciones de desventaja como tormentas de arena. Pero hacer pruebas en sistemas internos era algo nuevo.

—Está bien, lo haré y mañana te entregaré un reporte.

Mientras hablaba, su interlocutor parecía estar en otra parte.

—Disculpa Wheeljack ¿Estás bien?
—Claro —replicó con tono ausente— ya sabes lo que dicen, aunque hagas producción en masa, siempre puede haber un circuito que no funciona bien. Descansa amigo.

Decirle amigo estaba fuera de la verdad, sólo eran conocidos, pero lo que más le llamó la atención fue la forma en que se expresó, como si estuviera hablando de otro tema, algo que no le hacía bien. Soulbreaker no supo qué decir, y se alejó después de despedirse. Mientras se acercaba al umbral de la salida por la que siempre se regresaba, vio que el científico conversaba con alguien más, mientras gesticulaba acaloradamente. ¿Quién podía estar en operaciones a esa hora? En su tiempo en la Tierra, Wheeljack y los técnicos eran los que más tarde se iban a recargar cada jornada. Sin saber muy bien por qué, se quedó inmóvil mirando en dirección a donde el creador de los dinobots hablaba con alguien más, cuya figura quedaba oculta tras la muralla; ajustó sus sensores de audio para tener alcance suficiente, pero solo escuchó un par de palabras.

"... lo sé, ya veremos mañana si encontramos una forma de hacer que funcione."

El propio Wheeljack se alejó junto a su interlocutor; Soulbreaker se dijo que el cansancio estaba haciendo que se imaginara cosas, y decidió ir a descansar y recargar energon, ya que con una tarea más, el día siguiente sería más pesado.

El día siguiente sin embargo, no fue lo que se esperaba y su agenda quedó completamente descartada; cuando se recibió la alarma de ataque, las cosas estaban realmente sucediendo a toda máquina en el exterior.

Soulbreaker estaba en una de las torres revisando unas conexiones cuando alguien a lo lejos activó los mecanismos manuales que convertían ciudad Autobot a modo de combate, lo que por suerte no era desconocido para él. Todos los sistemas se convertían preparándose para la batalla, por lo que internamente las placas se articulaban y modificaban, dejando a la vista los escudos, los radares de calor y distancia, y por supuesto los disparadores de todo tipo.

— ¡Diablos!

Por muy poco alcanzó a descender de una plataforma mientras se convertía, y por un instante tuvo punto de vista de las naves enemigas que por el cielo comenzaban a atacar con todo su poder; sin embargo, al no ser un guerrero calificado, no estaba en sus planes salir de la seguridad de las paredes, y optó por seguir hacia abajo. Su modo alterno había sufrido sólo unas pequeñas modificaciones en la llegada a la Tierra, y era un vehículo con dos pares de ruedas superiores e inferiores adaptables, por lo que podía pasar hasta por los ductos sin tener que sujetarse de nada.
Mientras las alertas de combate se esparcían por todo ciudad autobot, estaba claro que en esa ocasión los Decepticons estaban ganando: por todas partes se escuchaban explosiones, y los circuitos anunciaban señales de intrusión o reemplazo de defensas ¿Cuánto tiempo había pasado? Frenéticamente, Soulbreaker se acercó a uno de los sistemas de transmisión de mensajes codificados de la planta subterránea, y se encontró con la sorpresa de al menos seis puntos en donde operaban los sistemas de defensa de respaldo, o de reemplazo de compuertas: los estaban destrozando. Rápidamente verificó que los circuitos centrales siguieran operativos, y re dirigió los bancos de energía auxiliar a las redes de comunicación interna.

— ¿Qué estará pasando en el exterior?

La duda asaltaba su mente; siguió avanzando por los canales y ductos comprobando una y otra vez cada circuito que lo requiriera, ya que sabía que en modo de combate, cualquier cambio podía influir en el destino de todos.
Recordaba los entrenamientos de combate; no era especialmente bueno, aunque usaba los escudos magnéticos de sus ruedas como deflectores; se sintió tonto pensando en qué era lo que podía hacer en batalla, mientras afuera se libraba una guerra de grandes dimensiones, pero aunque no era necesario hacerlo, se tomó un instante para conectar una pantalla de transmisión mientras recargaba un canal de inyección de electricidad para vías: el panorama en el exterior, captado a través de una cámara secundaria, era aterrador, por un momento pudo ver pasar a algunos seekers disparando a toda potencia, y a autobots contraatacando con todo su poder; creyó ver a uno o dos caer fulminados, pero al escuchar que la recarga estaba completa, se resignó a desconectar el macabro  espectáculo que estaba sucediendo a no muchos metros de distancia y continuó con su labor. Probablemente por eso mismo es que se esforzó al máximo, ingresando en los paneles instrucciones detalladas, calibrando los escudos en rangos milimétricos y redirigiendo todos los recursos de la ciudad que no fueran necesarios a las defensas y al ataque. Afuera estaba Optimus, Ultramagnus, Ironhide, Mirage y todos los más poderosos, no solo luchando por vencer a los decepticons, sino que también para salvarlo a él y a toda la población humana y robótica que permanecía en la Tierra, en comparación con el riesgo que ellos estaba corriendo, esquivar cables destrozados y conectar circuitos era un juego de niños.

—Vamos, vamos...

Sintió un estremecimiento cuando, llegado a cierto punto, escuchó en un muro cómo una transmisión estaba a punto de ser descartada por causa de una conexión defectuosa. Mientras reconectaba escuchó la voz de Blaster rogando por apoyo en la batalla, y supo que las cosas estaban mucho peor de lo que parecía pero ¿Qué podía hacer él?
En ese momento se le ocurrió que sí podía hacer algo; si los Decepticons estaban llegando desde el aire, entonces los sistemas subterráneos bien podían desactivarse manualmente o dejarse al mínimo, y redirigir esa energía a las torres de ataque que aún permanecieran activas. Cambió de rumbo y se dirigió a las torres inferiores.

Había pasado un tiempo que le pareció extremadamente largo, aunque eran sólo unos cuantos minutos; sabía que en el exterior la batalla era cruenta, pero si no estaban derrotados, el margen era muy mínimo y aparentemente los superaban por mucho en número. Recibiendo información fragmentada y percibiendo claramente las explosiones que traspasaban los muros de metal, Soulbreaker iba en dirección a su nuevo objetivo, cuando un gran estruendo lo remeció y lo arrojó contra una plataforma.

—Rayos.

Estaba bastante cerca de los muros exteriores de uno de los caminos centrales de la ciudad ¿Habían llegado tan cerca de ellos? Pasó a modo robot y subió por un pequeño elevador, para poder acceder a las cámaras de vigilancia, sintiendo pánico de que estuvieran a tan poco de ingresar en las instalaciones; una vez conectado, vio que en ese preciso momento Devastator estaba fusionándose ¡pero si estaba a menos de quinientos metros!
Re dirigir la energía a las torretas de las torres no serviría de nada en esos momentos; pero Devastator era lento de movimiento, y en esos instantes parecía estar acorralado, con el muro de metal a su espalda.
Con un punto débil completamente desprotegido.
Sin perder tiempo, Soulbreaker tomó sus pistolas y las conectó, dejando carga completa. Con los circuitos internos casi sobrecargados por la situación en la que estaba a punto de involucrarse, el autobot subió a un ducto superior y desplegó una pequeña trampilla resguardada por un escudo deflector. Se agazapó, haciendo caso omiso del fragor de la batalla que a sólo unos cuantos metros se desarrollaba, y ajustó la mira; si disparaba la carga completa podría desequilibrarlo, y con eso dar margen para que alguien más terminara el trabajo, probablemente los dinobots que estaban causando destrozos en los rivales.
En ese momento una explosión a su izquierda lo cambió todo. Concentrado en realizar un disparo para el que sólo tendría una oportunidad, Soulbreaker no pudo prever el misil que, disparado al azar, cayó a unos metros de distancia en el techo y explotó. Por unos momentos todo fue fuego y ruido de metales destrozándose, encerrándolo en un pequeño infierno que detonaba las alarmas de sus sistema nervioso; amenaza de nivel gamma.

—Aggh...

El sistema nervioso activó los bloqueos de dolor, y redirigió la energía disponible a los sensores ópticos y de audición, mas no a los vocales. Intentó ponerse de pie, recordando de golpe que tenía que disparar, pero al mirar a su alrededor, comprobó con espanto que no podría hacerlo: la explosión había destruido sus dos piernas y el brazo izquierdo, esparciendo trozos de ellos por todas partes. A unos metros de distancia podía ver cómo su mano izquierda se movía grotescamente antes de perder totalmente su utilidad, pero si eso fue impactante, descubrir que el resto de su cuerpo también estaba en riesgo vital fue lo peor de todo; su arma había saltado en pedazos y junto a trozos de metal figuraba incrustada como astillas por todo el torso y el brazo que le quedaba, dejándolo inmóvil.

Amenaza de nivel gamma.

Era parte de cualquier entrenamiento básico saber que el sistema interno daba aviso en caso de daño, y el nivel gamma era el más grave, era necesario entrar en modo reserva de energía y aplicar medidas de reparación; vio con sus propios ojos cómo el energon comenzaba a escurrir por una de las decenas de fisuras en su cuerpo, llevándose con él la vida.

—Reporte de daños.

Sus emisores vocales estaban en niveles mínimos, pero pudo dar la orden. La microcomputadora en su interior anunció que estaba en un 34% de energía, con daño grave en un 47% del cuerpo y registro de daños severos en un 22%

Iba a morir.

—Ayuda...

Entre las heridas, las que afectaban a sus emisores vocales eran quizás lo menos importante, pero limitaban su rango de comunicación a tres o cuatro metros, y con el ruido ensordecedor afuera, nadie que no estuviera junto a él podría escucharlo. Hizo un esfuerzo por mover el único miembro que le quedaba, pero el metal que atravesaba el torso y el hombro ofrecieron resistencia a tal punto que se le hizo imposible. Qué ironía, que precisamente él, un técnico en cables, quedara atrapado después de tratar de participar en una batalla. Veintidós porciento de energía. Dentro de muy pocos minutos su sistema colapsaría y perdería el conocimiento, una forma indigna de morir; le ordenó a su sistema entrar en modo de reserva de energía total, era un recurso desesperado porque lo mantendría inmóvil e ignorante de todo, pero permitiría que su organismo funcionara por más tiempo.

Su sistema se encendió nuevamente, reactivando con ello las funciones orgánicas de las que disponía; otra vez pudo hablar, ver y oír, y sólo escuchó silencio y murmullos de cortocircuitos a cierta distancia ¿Había terminado la batalla?
Estaba en un 15% de energía, casi el mínimo del que podía resistir antes de apagarse completamente; con la incertidumbre propia de recuperar el conocimiento, hizo un esfuerzo por hablar y pedir ayuda, y quedó a la espera de algún resultado, sabiendo que existía una posibilidad al menos. Si habían perdido, irremediablemente llegarían a rematarlo, y si habían ganado, alguien tendría que pasar un escáner de campo, con lo que descubriría su presencia y podría salvarse; por primera vez deseó con todas sus fuerzas recuperar su vida anterior, no estar en medio de una guerra, o jamás haber salido siquiera de Cybertron. Pero pasaron varios minutos y nadie contestó a sus llamados. Llegó a un once porciento, era el fin.
Su sistema se apagó. Todo se volvió sombras, y mientras se desactivaba definitivamente, Soulbreaker pensó en los grandes de Cybertron, y rogó a Primus que su chispa se uniera a ellos, aunque no lo mereciera por no ser un héroe; al menos quería que su energía aportara a la sobrevivencia de la matriz eterna. Deseó que la batalla se hubiera ganado.
Decían que la muerte era como un chispazo, una corriente eléctrica distinta a todo, después de la cual todo quedaba apagado, pero probablemente era un mito. Cuando sus sensores ópticos se apagaron, sintió cómo el audio comenzaba a alejarse, y luego, simplemente todo se perdió.


2


«;Sistema recuperado. Energía al 23%»

De golpe, Soulbreaker volvió a ver; a su alrededor, la misma destrucción de antes, las murallas derruidas, pero ya no había humo ni sonido. Todo estaba curiosamente silencioso.

— ¿Qué…?

Intentó pronunciar algo más, pero su sistema se lo impidió. ¿Sistema?
Giró lentamente la cabeza, y mirando a la izquierda, pudo ver a otro robot, caminando con lentitud con una pantalla portátil en las manos. Ese aspecto semi encorvado, el caminar lento, el cuerpo un poco rígido, reconoció la apariencia en muy pocos segundos.

— ¿Slimdeam?

Su voz sonó entrecortada y con interferencia, seguro tenía muchos sensores de voz dañados; pero el otro escuchó, y volteó hacia él completamente asombrado; durante unos momentos no se movió, y cuando lo hizo, se acercó a paso lento, sin quitarle la vista de encima.

—Esto no puede ser…

Soulbreaker giró un poco para mirarse a sí mismo; sólo quedaba de él el torso, parte de un brazo y la cabeza, todo atravesado por decenas de astillas de metal, era imposible que estuviera vivo, y recordaba con toda claridad que se había desactivado al quedar sin energía.

— ¿Cómo puede ser esto?

Slimdeam se arrodilló junto a él.

—Tú… estabas muerto Soulbreaker…

Durante unos momentos ninguno de los dos habló, y el autobot fue brutalmente consciente de la realidad de las palabras que escuchaba; había muerto, recordaba claramente como las heridas lo habían dejado inmóvil, y la forma en que el energon escurría por sus circuitos. Pero estaba vivo, y además frente a un cronista cybertroniano que no veía hace cientos de años.

—No entiendo lo que está pasando —dijo hablando muy lento— ¿Qué pasó Slimdeam, qué fue lo que me sucedió?

El otro no respondió, y se limitó a poner sus manos sobre un compartimiento en su pecho, donde ingresó comandos manuales. Entró en modo de reserva de energía.


3


Cuando salió de modo de reserva de energía, Soulbreaker se encontró en una habitación cerrada y con aparatos de reparación; comprobó mediante su sistema interno que las partes faltantes habían sido repuestas, aunque estaba aún inmovilizado.

—Falta poco, no te preocupes.

Un momento después lo desconectó, y Soulbreaker se puso de pie; sus partes habían sido reemplazadas por partes genéricas, por lo que de su configuración anterior conservaba la cabeza, el hombro derecho, parte del brazo y del torso, aunque podía decir que estaba vivo y completamente funcional. Slimdeam se encontraba sentado a poca distancia de él, mirándolo con sus ojos apagados.

—Gracias por repararme, me salvaste la vida.
—No te salvé la vida, tú estás muerto.

Slimdeam era un cronista muy antiguo de cybertron, al que había conocido mucho tiempo atrás, quizás en la era dorada. Muchas veces había pensado que los de su tiempo ya estaban desactivados, pero la verdad es que no solo estaba funcionando, sino que conservaba su típica amargura y mal humor de siempre.

—No entiendo nada, dime qué fue lo que pasó durante la guerra.

Slimdeam parecía absorto en sus pensamientos hasta entonces, pero ante la pregunta se puso de pie, resuelto.

— ¿La guerra? La guerra terminó, los decepticons ganaron, los autobots que quedaron andan en el espacio y Optimus está muerto.

Soulbreaker quiso creer que lo que escuchaba era una broma. Optimus no podía morir, era demasiado grande para que algo como eso le sucediera; por un momento ese hecho eclipsó todas las otras preguntas.

— ¿Muerto? No, no puede ser.
—Tampoco tú “puedes” estar vivo, pero sin embargo lo estás, a pesar de que documenté tu muerte varias horas atrás.
—Documentar mi muerte…
—La vida siempre sigue —explicó el otro amargamente—. Cuando los ‘cons ganaron y esta ciudad quedó hecha cenizas, ya no les importó lo que pasara, después de todo su misión estaba cumplida. Me enviaron a este planeta poco antes del ataque en que nos barrieron del mapa, así que lo único que tenía que hacer era registrar los datos, las muertes y lo que pudiera ser confirmado para el futuro, si es que nuestra raza lo tiene.
—Pero yo estaba ahí, estaba viendo la batalla, recuerdo cómo…
— ¿Y qué es lo que quieres que te diga muchacho? —exclamó el otro— ¿Quieres que resuelva tus dudas, que te diga por qué es que estás vivo cuando te vi ahí muerto y con tu chispa apagada igual que la de otros cientos entre los escombros? No soy un científico, ni un experto, mi trabajo es registrar datos y transmitirlos, aunque no sé a quién lo haré.

Soulbraker no contestó. No podía creer lo que oía, pero aun así, resultaba insólito estar vivo cuando sabía con total claridad que técnicamente debería estar muerto.

— ¿Cuánto tiempo ha pasado desde el ataque a ciudad autobot? ¿Dónde están los otros autobots, sobrevivió alguien?
—No lo tengo muy claro —replicó Slimdeam con amargura—, se supone que alguien me entregara información o pudiera extraerla de los sistemas, pero esos desgraciados de los ‘cons no dejaron casi nada. Y tú al parecer no tienes idea.
—Dices que Optimus está muerto ¿Qué pasó con la matrix entonces?
—Está en poder de Hot rod, pero eso no sirvió de nada; tras la muerte de Optimus, el ejército de Megatron se incrementó de manera impresionante, y con ayuda del gigante comeplanetas, amenazaron con conquistar el universo, así que el nuevo líder tuvo que llegar a un acuerdo y mantener  distancia de los enemigos. Un acuerdo entre caballeros de no agredirse, donde nadie ataca al otro y todos viven en paz —añadió con ironía— y por supuesto que eso sólo podrá durar hasta que esos malditos decepticons se reorganicen y decidan destruir todo, o hasta que el nuevo líder reúna fuerzas suficientes para declararles la guerra.

La paz que como raza habían ansiado con tanto ahínco era lograda tras la muerte de Optimus, y una falsa tregua entre ambos bandos, dañados tras la guerra. Es decir que habían perdido, efectivamente. Solo en ese momento Soulbreaker pensó en algo que estaba relegado a un segundo plano.

—Me abandonaron aquí.
—Ya te dije que estabas muerto, moriste semanas atrás.
—No, no es eso —replicó con intensidad—, resulté herido en medio de la batalla, estaba a punto de dispararle a Devastator cuando un misil o algo parecido explotó junto a mi. Quedé herido e inmovilizado, pero no muerto. Si dices que la matrix está en poder de Rodimus, entonces él y otros tienen que haber escapado desde aquí, justo desde ciudad autobot en medio de la batalla. Tienen que haber escapado en una de las naves, desde aquí.

Slimdeam lo miró enigmáticamente.

— ¿Adónde quieres llegar?
— ¿Quiénes estaban con él?

El otro pareció comprender su punto, pero de todas formas contestó la pregunta.

—Arcee, Springer, Magnus, los Dinobots, Kup.
—Todos ellos de los grandes héroes —repuso Soulbraker con acidez—, y apuesto que con ellos no se fue ningún autobot de segunda línea; ningún técnico, obrero, o cronista.
—Soulbreaker…
—Se perdió la guerra, eso parece; pero no se perdió solamente eso, también se perdió el interés por los autobots menos relevantes entre las filas. Yo estaba a metros de todos ellos, de la gran batalla ¿por qué nadie pasó un simple escáner de campo para encontrarme allí?

Slimdeam le dedicó una mirada más oscura y sombría si eso era posible.

—Eres un muchacho tonto ¿acaso crees que han tenido tiempo para algo así?
—Pero me dejaron morir, tú mismo me dijiste que hay cientos muertos alrededor.
—Sígueme.
—Pero…
—Que me sigas te dije.

Algunos minutos después ambos estaban cerca de una destruida plataforma de ataque; tendidos en el suelo, vio dos cuerpos inertes y se quedó casi sin palabras.

—Wheeljack…

Lo había visto tan solo unas horas antes de la batalla en cuidad autobot, incluso habló con él. Wheeljack, el brillante científico, el sincero y divertido, el generoso autobot, estaba muerto igual como supuestamente él debería estarlo.

—Si quieres hablar de jerarquías o de autobots importantes, ahí tienes dos de ellos. Windcharger  y Wheeljack estuvieron mucho tiempo en la primera línea de batalla, a ese científico le debemos a los Dinobots, y tú estás aquí diciendo que los otros te abandonaron a ti. ¿Crees que Wheeljack no era importante para ellos?

Ambos cuerpos estaban bastante dañados, pero la evidencia física indicaba que no habían luchado antes de morir, quizás por un ataque a mansalva, lo que no sería raro de parte de los decepticons.

—Espera un momento, aquí hay algo extraño.
— ¿A qué te refieres?
—Este lugar es una plataforma de ataque, desde aquí se activan dispositivos lanzamisiles como ese que está allá; hay indicios de combate por todas partes, pero ellos fueron traídos aquí por alguien.
—Cosas que pasan en batalla, tal vez agonizaban e intentaron rescatarlos.
—No es eso lo que me parece extraño —dijo Soulbreaker—, Windcharger era un guerrero, no debería haber estado por aquellos pasillos, y Wheeljack era un científico de campo, en medio de una batalla como esta, tendría que haber estado en sistemas coordinando las defensas, no aquí deambulando por los pasillos cerca de las torretas o los lanzamisiles. Ninguno de los dos estaba donde tendría que haber estado.

Se puso de pie e inspeccionó el lugar, tras lo cual volvió a revisar los cuerpos de los autobots que había encontrado sin vida; en el antebrazo de Wheeljack encontró un pequeño dispositivo parecido a un control, y para su sorpresa encontró otro idéntico en Windcharger.

—Mira, tenían estos controles en su poder.
—Nada de eso tiene sentido ahora, ya te lo dije antes.

Descubrió que los dos dispositivos se acoplaban en uno solo; al hacerlo, el control emitió una señal. Lo escaneó rápido, pero solo pudo comprobar que estaba operativo y que era posible encender algo con él ¿Por qué Wheeljack y Windcharger guardarían partes de un control, y por qué ambos estarían en un sector que no les correspondía? De pronto se sintió ridículo de estar pensando en esas cosas, cuando toda su raza estaba en riesgo, el líder estaba muerto y no tenía ningún tipo de explicación sensata sobre su propia muerte. Aunque igual accionó el control y esperó a ver si pasaba algo.

—No pasa nada.
—Seguramente lo que sea que esa cosa hace funcionar está destruido.
—Pero podemos saber qué era —dijo examinando el interior del dispositivo—, sólo tomará un momento.

Se sorprendió al ver que el sistema de circuitos integrados era de alta tecnología. Nada de lo que había visto en ciudad autobot contenía circuitos de ese tipo; más extrañado que antes, revisó los conectores base, para comprobar de qué lote de piezas había salido, al fin que él conocía esos datos como muchos otros de ensamblaje y construcción. No tenía registro, lo que significaba que ese control no era parte de una producción en masa, y sus partes no habían sido tomadas de un conjunto mayor. Sonaba a algo construido para un propósito específico, y por lo demás en circunstancias demasiado extrañas como para dejarlas pasar. Pero si no tenía registro, difícilmente podía saber qué era lo que hacía.

“…me gustaría que hicieras unas pruebas en los sistemas que están presentando fallas con controles manuales en el sector 37H…”

Nunca había llegado a cumplir la solicitud de Wheeljack por causa del ataque a la ciudad. De pronto sintió que era ese el destino del control que tenía en sus manos.

— ¿Sabes si el sector 37H está operativo?
—Es una torre menor, la derribaron en batalla, pero no hay nada ahí.

Sin embargo a Soulbreaker no le pareció lo mismo; unos minutos después, ambos llegaron al lugar indicado, intentando no tomar demasiado en cuenta la destrucción esparcida por todas partes. El autobot volvió a accionar el control y esperó, tras lo cual, y para su sorpresa vio cómo un pequeño compartimiento en el suelo se abría.

—No puedo creerlo…

Ambos se acercaron al compartimiento, dentro del cual había una caja transparente; en su interior brillaba con gran intensidad un dispositivo idéntico a la matrix de liderazgo.



Próximo capítulo: Destello de realidad



La otra matrix: La historia hasta ahora


Ciudad autobot en su máximo apogeo; bajo la dirección de Optimus prime, los autobots han luchado durante mucho tiempo para establecerse en la Tierra, detener a los malvados decepticons liderados por Megatron y proteger al universo y a la raza humana, pero las cosas no son sencillas. Dejando atrás los tiempos de las primeras batallas en la Tierra, los decepticons están seguros de poder terminar con todo, y planean destruir a sus enemigos mortales antes que la ciudad esté completamente terminada y se convierta en un bastión indestructible; Megatron está dispuesto a todo, incluso a sacrificar a sus mejores guerreros con tal de terminar con ese enfrentamiento y resultar victorioso de una vez por todas. Sin embargo, a lo lejos en el espacio, el gigante dios de la destrucción, el devorador de planetas Unicron, ha cobrado nuevas fuerzas, y se dirige a través de las estrellas hacia un destino inevitable: la destrucción de Cybertron.
Soulbraker es un técnico que se ha pasado la mayor parte de su existencia dentro de los ductos y tuberías reparando y configurando conexiones; se siente completo y tranquilo con su puesto, el que está lejos de las grandes batallas. Sin embargo, a su arribo a la Tierra, el trabajo en los avances de ciudad autobot lo pone muy cerca de la primera línea de combate, aunque él mismo no tenga conciencia total de eso.


La traición de Adán capítulo 12: El comienzo del paraíso




Eva llegó al restaurant a las once en punto y se encontró con Adán ya esperándola.

– Es un placer, de nuevo.
– Igual para mi – sonrió ella.

Se quedaron mirando unos segundos; Adán estaba cada vez más fascinado con esa mujer, mientras que ella sentía una atracción muy  fuerte y repentina. ¿Quién era ese hombre que la miraba de ese modo y le resultaba tan atractivo desde el primer contacto? Estaba claro que era guapo y de estupenda figura, pero en él había algo más, tenía una fuerza interna que había llegado desde que lo divisó en la gala, mucho más  ahora que lo tenía en frente, pero no se quedaba ahí, porque a la vez sentía la misma atracción fluyendo desde él y con la misma fuerza, lo que hacía que no se sintiera intimidada ni avergonzada. Era gratificante y a la vez muy extraño. Se sentaron a una mesa al fondo junto a unos mosaicos de cristal.

–La idea de formar una sociedad neutral es interesante –comentó ella mientras les servían espumosos cafés –aunque supongo que sabes que está al borde de la legalidad.
–Nada de lo que hacemos está exento de peligro, pero en particular prefiero tomar la decisión en vez de quedarme mirando la vida pasar.
–Y este proyecto es importante para ti.

Estaba apuntando directo a sus objetivos básicos tras todo eso, era intuitiva y seguramente tenía grandes ambiciones.

–Lo es porque de él depende mi presente, quiero dejar firme este escalón, supongo que también es tu caso en esa constructora.

Era como estar hablando con alguien que la conociera desde siempre, pensó Eva, era estimulante saber que por una vez en la vida no tenía ante sí un baboso.

–Es verdad. ¿Y cuáles son tus objetivos?
–De momento tener un proyecto propio, manejo la administración, también varios conceptos del arte y de logística, así que algo se me puede ocurrir.
–Eso es cierto, yo estoy de paso por la constructora, me sirve mientras me establezco en un  proyecto que esté de acuerdo con mis estudios de Ciencias de negocios.

Adán sonrió; era tan estimulante estar hablando con ella, mucho más de lo que había proyectado desde antes, le resultaba familiar, hablaban en los mismos términos y por si todo eso fuera poco, era evidente que a ella le estaba pasando algo también con él al mismo tiempo que percibía su interés y no se mostraba molesta por eso. ¿Cómo podía pedir algo más en ese momento? No solo se sentía en confianza total con ella, sino que también percibía en su mirada y sus gestos una complicidad que cualquiera solo esperaría tener luego de mucho tiempo de conocerse.
Bebió un trago de café.

–Si estás pensando en hacer proyectos propios, entonces podrías hacerte inversionista de una de las obras de Carmen Basaure, te reportaría beneficios.
–Eso significa que la inauguración sigue en pie.
–Por supuesto Eva, sufrimos un retraso pero nada más que eso, y claramente podemos mover las cosas en nuestro favor para generar aún más beneficios. Como te lo dije antes, la sociedad neutral solo nos trae beneficios.

Eva también bebió algo de café.

–Lo sé, y por eso es que quiero conocer a fondo el proyecto lo más pronto posible, necesito manejar toda la información con urgencia.
–Haré todo lo que necesites – replicó el sonriendo – te aseguro que tendremos excelentes resultados, incluso si quieres puedes acompañarme ahora mismo a la galería.

Pero ella negó con la cabeza mientras bebía más café.

–Sería fabuloso pero no puedo; tengo que estar en quince minutos en terreno para tener una idea clara del proyecto, es la remodelación del Boulevard del centro comercial Plaza Centenario.
–Es una pena, en la tarde tengo un almuerzo y después estoy obligado con asuntos de la galería. ¿Te parece a las ocho?
–Ocho quince – corrigió ella revisando la agenda en su teléfono – así me da tiempo de pasar por el hotel después de la reunión en la constructora.
–Estupendo – replicó el sonriendo – entonces quedamos en esa hora, te paso a buscar al hotel o llegas directo a la galería.

Eva aun no tenía todo el conocimiento de la ciudad después de varios años en el exterior, pero detestaba quedar como la que consigue chofer sin motivo. Bien podía dejar que la llevara en otra ocasión.

–Prefiero llegar directo a la galería.
–Genial, entonces nos vemos a las ocho y quince.

Terminaron el café, y al ponerse de pie estrecharon las manos, pero aunque fue en un principio un gesto protocolar de ambos, sucedió  algo inesperado: al tener contacto físico, una corriente eléctrica pasó de uno a otro, despertando los sentidos de los dos con un estímulo sexual automático. Se quedaron inmóviles, mirándose con intensidad inusitada, transmitiendo por la vista el deseo que estaban experimentando desde ese instante, sin tener nada más que ver que una al otro, sintiendo como las pulsaciones aumentaban de golpe y la respiración se agitaba por el brusco cambio de estado; Adán la habría tomado en ese instante entre sus brazos, quería mantener eternamente el contacto con esa piel, conocer sus formas, palpar la temperatura de su deseo con sus labios, quería hacerle el amor de inmediato y no separarse de ella hasta más allá de los limites, y sentir como fluye de la persona perfecta la más perfecta sensación. Eva no conseguía quitar la mirada de esos profundos ojos que brillaban con deseo desenfrenado, y se sintió abrumada por su propia excitación, por lo imposible del momento en que  sucedía, por lo incorrecto de sentir deseos de quitarle la ropa y tomarlo para sí, porque quería hacerlo suyo, quería excitarlo de todas las formas posibles y sacarlo de los limites conocidos para hacerlo experimentar nuevos placeres hasta enloquecerlo, el mundo no importaría después porque él solo tendría sentidos para ella.
Separaron las manos con dificultad, sin hablar, sabiendo perfectamente lo que estaban pensando, pero recuperando algo de la cordura al romper la conexión directa y entendiendo que no era el lugar ni el momento, que dejarse llevar por ese deseo sería inútil, porque para eso podrían crear un momento perfecto. Aun sin hablar, Eva salió lentamente del café y subió a un taxi, donde dio una vaga indicación, lo importante era salir de allí de inmediato, antes que perdiera por completo la compostura.

– ¿Se siente bien señorita?
–Estoy bien, gracias.

No estaba bien, estaba descolocada por lo que había pasado, a la vez confundida y maravillada, con la temperatura por las nubes y el corazón aun azotándole el pecho; habían quedado de acuerdo en reunirse a la noche en la galería, lo que significaba que estarían solos, y no sabía que iba a ocurrir entonces, no sabía si tendría otra vez las mismas sensaciones o siquiera si podría controlarse; pero no faltaría.
En el café, Adán entro al baño y se mojó la cara, pero el líquido no parecía estar frio o hacer efecto sobre la temperatura de su cuerpo; estaba excitado, mucho más de lo que habría creído, acababa  de pasar por una experiencia nueva y por lo demás muy interesante: había tenido una conexión visual completa con Eva San Román, y en esos momentos en que se tocaron sin poder dejar de mirarse, sintió como el nexo se hacía más y más fuerte, como no eran necesarias las palabras porque ambos sabían exactamente lo que estaban sintiendo y como el deseo los dominaba por completo. Tenía que hacerle el amor, tenía que crear el momento perfecto para que estuvieran a solas, pero también tenía el tiempo en contra porque esa misma noche volverían a verse y no sabía si en una nueva reunión y esa vez solos, podría controlar lo que sentía.
Finalmente llegó la tarde, y a las ocho y quince en punto Eva llego a la galería, donde la esperaba Adán con una sonrisa en los labios.

–Acompáñame.
–Está bien.

Siguieron en silencio, aun sin tocarse, caminando lentamente pero no hacia la galería, sino que a un conjunto de casas a cierta distancia, y que eran utilizadas tanto como set televisivos como para hacer publicidad; el sector estaba cerrado pero no vigilado, de modo que pudieron entrar con toda tranquilidad y caminar por las callecitas de la pequeña ciudad. Así llegaron a una casa, a la que entraron todavía en silencio, todavía sin tocarse.

–Pasa.

Eva pudo ver ante la blanca luz las paredes cubiertas de telas de colores cálidos, los que se mezclaban entre sí, dando al recinto un aspecto interminable, con paredes invisibles y lienzos como un océano de fuego en movimiento constante, con aroma a delicadas fragancias, con una brisa cálida aunque no sofocante que mecía su cuerpo casi al ritmo de una música inexistente. Él estaba decidido, había creado un escenario irreal solo para ella, y ahora la miraba con la misma intensidad que en la mañana, esperando solo la respuesta o la primera reacción. El hombre la miró con infinito deseo, pero aun sin tocarla, extendiendo el momento más allá de la lógica, solo respirando con dificultad mientras su propia temperatura subía sin detenerse.
Eva lo miró sin ocultar el deseo que sentía, no tenía temor a lo desconocido ni se sentía atrapada, desde el momento en que tuvieron el primer contacto supo que eso ocurriría, y también lo quería, pero en ese instante no sabía cómo  comenzar. Iluminado por las luces tenues del artificial atardecer, el hombre se despojó de las ropas en silencio, lentamente y sin ceremonia, hasta quedar completamente desnudo frente a ella, demostrando así su entrega y su pasión, jamás importaría el después, en ese sitio que solo era para los dos solo importaba el presente.

–Ven...

Avanzó un paso, dos, y estuvo entonces a milímetros de tocarla, y ella pudo contemplar su piel bronceada con el calor emanando al compás de los latidos del corazón, atreviéndose entonces a acercarse a un terreno que no por inexplorado le era desconocido; entendía sus movimientos como si antes los hubiera visto mil veces, entendía la respiración porque ella misma llevaba el compás inconscientemente, y sabía la reacción de ambos desde antes de hacerlo. Lo tocó, rozó con las yemas de los dedos el pecho y los hombros, y se estremeció al percibir la temperatura y el deseo en su piel como una señal que segundo y segundo la llamaba.
Adán no pudo esperar más, y en un gesto de total entrega que jamás creyó realizar por voluntad, ahí desnudo en esa habitación se arrodilló a los pies de Eva, abrazándola fervientemente mientras el contacto estremecía a ambos; ella podía sentir la agitada respiración de él en torno a su cadera, así como escuchó su voz no solo por oído sino que también dentro de su mente.

–Tengo que ser tuyo Eva... tienes que hacerme tuyo, o no podré vivir otro día sin ti.

No era una declaración de amor por ella, de hecho no lo dijo con romanticismo, más bien fue la expresión de su necesidad, porque en ese momento Eva lo era todo, y sabía desde su interior que segundo a segundo estaba fundiéndose con su existencia, así que sin esa parte con él no sabía que iba a sucederle: Eva en tanto estaba cayendo en la desesperación, no podía sentir nada más que a él, y aun siendo una actitud insensata e ilógica, no tenía fuerzas ni motivos para seguir negándose, había en el contacto con Adán algo básico, un instinto primitivo que la llevaba hacia él sin retorno.
Finalmente se dejaron llevar por el insólito deseo que estaban experimentando, y siguieron así entre caricias a un sexo salvaje e incontrolable, donde todo era nuevo para los dos, y cada sensación era como una descarga eléctrica que no cesaba, y hacía que con cada caricia desearan más, que con cada gemido el deseo subiera y con cada nueva experiencia quisieran llegar al siguiente nivel; Adán jamás había sentido tal  deseo por ninguna de las mujeres que había tenido, pero  ellas no existían, Eva era la primera que lo hacía salir de control, con ella solo quería entregarse y  darle placer, ser suyo sin querer un final, y al mismo tiempo deseando el fin para comenzar una vez más; casi no habían palabras entre ellos, en medio del silencio del lugar se entendían a la perfección, y Eva descargaba a la vez en él sus deseos y sus ansias, no quería dejar un centímetro de piel siquiera sin tocar, y los minutos se sucedían irrealmente, sin pausas, que deseo tan intenso estaba viviendo, la fantasía más perfecta hecha realidad, el hombre al que nunca había buscado, ahí solo para ella, entregado por completo para su deleite, el hombre que podía conseguir lo que quisiera de ella y que como único deseo quería satisfacerla, y ella misma ansiaba que la noche no terminara jamás, que siguieran conectados en ese banquete para los sentidos que no tenía limite, con él estaba disfrutando experiencias desconocidas, y sintiendo niveles de placer que no creyó poder sentir alguna vez, un placer que era tanto físico como mental, que la llevaba a la entrega sin pensar en después.
Pasaba la medianoche y los dos estaban tendidos en el suelo sobre la suave superficie, agotados luego del clímax, aun conmovidos, sin poder dejar de mirarse, entrelazados y con la mirada fija, sabiendo que se habían dicho cosas únicas sin palabras, y viviendo ahora un tipo de comunicación corporal, donde cada uno sabía que la entrega y el placer habían sido totales. Ahora se hacía extraño hablar.

–Ven a mi departamento.
–Debería estar en el hotel, mañana hay mucho trabajo.
–No quiero que te alejes – dijo él con aprensión – no quiero dejar de verte.

Ella sentía lo mismo. ¿Qué clase de droga había en su piel o en su aroma?

–No voy a alejarme y tú tampoco –dijo en un susurro– ya no nos alejaremos, no es posible.

Le dio un beso y callaron por unos momentos. Si, tenía razón, ahora no existía la distancia física entre ellos porque estaban conectados, Eva en Adán y Adán en Eva, y ahora sabía que eso permanecería, tendrían la conexión física y mental aun estando en sitios diferentes, era la cadena perfecta de la que jamás querría liberarse.

– ¿Tienes sueño?
–No, tengo ganas de comenzar de nuevo.
–No te detengas.

No fue necesario decir más; las caricias reactivaron los deseos de ambos, y lo siguiente fue más y más placer.
A la mañana siguiente Adán llegó a su departamento aun sin poder creer lo que había pasado la noche anterior; aun le parecía sentir las manos de Eva acariciándolo, sus labios quemando su piel momento a momento en una secuencia siempre nueva y fantástica de la que tuvieron que reprimirse cuando despunto el alba. Había vuelto a su centro, tenía claro como de costumbre sus objetivos, pero en su vida había algo nuevo, la existencia de Eva, la mujer que nunca se iría; para cualquier persona una noche de pasión sería seguida por la incertidumbre, pero en este caso sabía que ya estaba hecho el nexo, tenía tanta necesidad de volver a verla como ella a él, y eso era seguro y permanente, sin preguntas, sin cuestionamientos al que o al cómo, solamente siguiendo sus deseos más profundos. Se sirvió un café cuando sonó su teléfono.

–Hola.
–Buenos días Adán – saludó la voz del otro lado – me alegra encontrarte, quisiera tener una reunión de trabajo contigo.

La persona claramente sabía quién era él, pero no le sonaba familiar.

–No sé si tenga tiempo hoy, pero si me das tus datos puedo  ver mi agenda y revisarlo.
–Excelente respuesta; mi nombre es Bernarda Solar, soy la dueña de la galería de arte Cielo, y quiero tener la reunión contigo porque me interesa que trabajemos juntos.

Cielo, la galería en donde estaba la colección de arte que Pilar le había robado a su madre para ofrecerla a la competencia; y Bernarda Solar no solo era la dueña, también era una empresaria muy importante, así que una reunión de trabajo con ella podía ser a lo menos beneficiosa, aunque también un problema. Sonrió.






Próximo episodio: Trampas de seda