La traición de Adán capítulo 9: El segundo engaño



Adán salió lentamente de la habitación de Carmen, y por una vez agradeció que Pilar reaccionara como la supuesta hija sufriente y se retirara al baño para recomponerse.

–Diablos.

Si antes creía que las cosas estaban complicadas, pues en esos instantes todo era una maraña. Definitivamente no podía seguir estando entre todos y aparentando estar del lado de todos. Tenía que tomar una decisión, y el tiempo del que disponía no era mucho. Tomó su celular y llamó al abogado Izurieta.

– ¿Qué?

Desde luego que se sorprendió al escuchar la noticia, pero como buen zorro viejo, reaccionó en segundos.

– No hagas nada hasta que yo esté allí.
– Aún no sabe que se lo dije.
– Yo me encargo de los ataques de histeria de Carmen – replicó el abogado – estaré allí en cinco minutos.

Así fue. Cinco minutos más tarde, Izurieta estaba presente en la clínica con cara de pocos amigos; por suerte Pilar aun no aparecía.

– ¿Por qué no me llamaste de inmediato?

Obviamente Adán estaba perdiendo puntos, pero ya tenía pensado como recuperarlos.

– Porque estoy con Pilar a mi lado. ¿Qué cree que iba a decir ella si sabía que yo estaba en comunicación directa con usted cuando según sus propias instrucciones debe parecer que estoy del lado de ella?

Izurieta lo miró fijamente.

– Estoy hecho un manojo de nervios con todo esto, Pilar me monta un espectáculo, Carmen y ella hablan como si nada de lo que usted me dijo hubiera pasado, tengo que hacer y deshacer los planes sobre la marcha y además Carmen me pide que la saque de aquí.
– Está bien, está bien, sé que estás bajo presión, todos estamos igual – se disculpó en su estilo – Ahora déjame hablar con Carmen a solas, tú encárgate de entretener a Pilar con cualquier excusa mientras veo si logro hacerla razonar.

Magnifico, ahora volvían a sacarlo de escena, pero no tenía ningún argumento válido en esos momentos, así que se dedicó a esperar a Pilar y luego hacerla perder algo de tiempo. Unos minutos más tarde ambos se reunieron con el abogado en la cafetería de la clínica.

– Pilar, tu madre quiere salir de aquí ahora mismo y necesito que no te opongas.

La joven se mostró sorprendida.

– Me imaginaba eso ¿Y cuál es su argumento?
– Que se siente bien, y estoy casi seguro de que cuando la examinen, los especialistas no van a tener dudas de esto. Ella es muy fuerte.
– ¿Y que se supone que va a pasar después?
– Por lo pronto acompañarla con Adán a su departamento, yo voy a encargarme de los asuntos de la clínica.

Pilar asintió resignada, y eso llamo la atención de Adán. ¿Ese era entonces su nuevo plan, verse como la sufrida hija de Carmen y apoyarla mientras preparaba la siguiente puñalada? ¿O había algo allí, en esa historia madre–hija que ni él ni el zorro de Izurieta sabían?

Casi a las seis de la tarde, los tres llegaron al departamento de Carmen, que estaba ubicado en el barrio más progresista y de moda de la ciudad. El departamento, por supuesto, estaba plagado de obras de arte de la propia Carmen, pero con un gusto que rozaba en lo minimalista. Claramente no había sido decorado por ella, porque más que una vitrina suya, parecía un elegante pero momentáneo asentamiento.

– ¿Qué piensas hacer mamá?
– Prepararme para mi inauguración por supuesto. A propósito ¿Por qué sigues aquí Adán? Supongo que con todo lo que paso debes estar retrasado, y solo falta muy poco.

Adán la observaba en silencio: se veía notablemente mejor, casi podía decirse que estaba como de costumbre, excepto por la ropa desarreglada y el hecho de verla sentada en vez de paseando de un lado a otro como lo haría en una situación así.

– Solo quería asegurarme de que estás bien.
– Claro que estoy bien Adán, no me he muerto, todavía.

Agregó un dejo sarcástico al final de la oración. Ni él ni Pilar acusó el golpe.

– Entonces me retiro. Sabes que por cualquier cosa estoy en línea directa.
– Estaremos en contacto.

Adán salió del departamento, dejando a madre e hija solas.
Pilar se sentó; que extraño, se sentía como una extraña en la casa de su propia madre, y ella misma no ayudaba mucho con eso.

– ¿Por qué volviste?

Pilar volvió a sentir el cuerpo rígido ante la amenazadora voz de su madre. Entonces lo del hospital solo había sido un momento de debilidad de alguien que en comparación con ella era demasiado fuerte.

– Ya te lo dije, volví solo para estar un tiempo; además quería visitar tu inauguración, ver de qué se trataba tu obra, en vivo y en directo, nada más. Después las cosas se sucedieron muy rápido, solo hice lo que se me ocurrió que sería lo más adecuado.
– Quiero dejarte claro que nada de lo que has hecho ahora cambia nada de lo que paso antes. Solo quería que supieras que valoro lo que hiciste por la galería.

La actitud de Carmen era por lo demás contradictoria, pero Pilar volvió a sujetarse de un clavo ardiendo, es decir a la pequeña porción de su madre que estaba cerca de ella.

– Lo que no entiendo es que es lo que está sucediendo con la galería de arte, me refiero a porque te alegra que y detuviera la inauguración que estaba en manos de Adán cuando fuiste tú misma quien lo autorizó a hacerlo.

Carmen se puso de pie resueltamente, pero eso no había ocultado del todo que fuera tomada por sorpresa por la pregunta de su hija.

– Eso no es de tu incumbencia.
– Pero al menos dime que es lo que pasó.

Carmen guió sus pasos a raves de la sala. Por una parte seguía desconfiando de su hija y no creía ni una palabra de lo que le había dicho, pero por otro lado, le serviría mucho más tenerla cerca para poder vigilarla.

– Las cosas cambiaron en el último tiempo.
– ¿Es algo que tiene que ver con él?
– Adán no tiene nada que ver con esto, él es mi colaborador más importante, de hecho ha sido fundamental en el armado de la galería.
–Entonces hay algo que se interpone o de lo contrario no estarías tan nerviosa.

Carmen dio con el punto.

– Es la verdad. Hay algo que se interpone, y por eso es que creí que se trataba de ti, como te darás cuenta las cosas confluyeron.
– Pero mamá, ya te dije que yo no...
– Eso no importa ahora –la interrumpió con tono más firme– lo que importa es que la inauguración de mi galería es muy pronto y ya que estas aquí me podrías ayudar.

Pilar esbozó una sonrisa nerviosa.

– Solo dilo.
–Necesito contactar a la directora de la revista Obra maestra, se ha negado a darme una cita y asumo que no va a ir a mi inaugura con; necesito que ella también esté, no puedo tener ausencias.
– Hablaré con ella lo más pronto posible.
– Muy bien, ahora déjame sola, necesito prepararme para todo lo que hace falta.
–Está bien.

Pilar salió del departamento de Carmen sin saber muy bien que pensar ¿En qué torbellino se había convertido todo?

Mientras tanto, Micaela estaba ordenando algunas cosas en su departamento, mientras le daba la impresión de que nunca terminaría. En eso tocaron el timbre.

– Que puntual.
– Hola.

Esteban entró al departamento en una tenida casi tan informal como a ella: Micaela estaba de buzo y zapatillas, él llegaba con polo y jeans, el cabello revuelto y un aspecto de total descuido que lo hacía mucho más real que la ciudada tenida de oficina.

– Cielos, cuando dijiste que estabas ordenando un poco te quedaste corta.
– Te dije que estaba recién llegando al país.
– Pues entonces empecemos de una vez.

Pasados algunos momentos ya se había roto el hielo y ambos movían cajas mientras bromeaban.

– ¿Así que rockeas? eso explica porque parece que estas dentro de una cárcel cuando estas de traje y corbata.

Esteban rió.

– Lo mismo digo. Oye y hablando de cosas que no son muy agradables pero que de todas maneras hay que hacer, esta noche tengo un evento del que no puedo escapar y no tengo quien me acompañe ¿Qué dices?

Micaela trataba de mover una gran caja, pero tuvo que dejarlo en manos de él.

– ¿Ahora estás invitándome a salir?
– No, es solo que el evento es de la empresa y no puedo decir que no, así que me aburriré solo y una amiga me serviría muchísimo.
– ¿De qué se trata?
– La inauguraciones la galería de arte de Carmen Basaure, es una artista conocida, supongo que te suena el nombre.

A Micaela se le cayó de las manos una caja que por suerte solo contenía papeles.

– ¿Que fue algo que dije o qué?

Micaela se demoró algunos segundos en recoger la caja, y aprovechó de recogerse el cabello para darse tiempo de recuperarse ¿Que acaso la estaban persiguiendo?

– ¿Estás bien?
– Claro –replicó ella mecánicamente– ¿Y tu empresa que tiene que ver con la galería de arte?
– Casi nada, es solo que ya sabes, el negocio inmobiliario tiene muchas implicancias y creo que es porque el dueño de las instalaciones de la galería es amigo de nuestro jefe máximo. Así que ¿qué dices?

¿Que podía decir? ¿Que no podía ir porque estaba peligrosamente relacionada con la gente de la galería y porque era el último lugar al que quería ir? Ya había decidido extirparse todo lo que tuviera que ver con Pilar, pero terminar en la inauguración de la galería de arte de su madre no estaba entre sus primeras opciones.

– ¿A qué hora es?
– Mañana a las ocho.
– No es exactamente lo que considero un gran evento, pero es que no tengo como decirte que no cuando estas siendo tan lindo en ayudarme.
– Mira, para terminar de convencerte te ofrezco unas cervezas luego del evento.

Micaela suspiró.

– Hecho.

Mientras tanto, Adán estaba llegando a la galería de arte de Carmen para retomar sus labores. Estaba cansado, pero principalmente preocupado, aunque suponiendo por el momento que las cosas estaban bien.

Faltaba un día y poco más de una hora para la inauguración, tenía en su poder nuevamente el control del trabajo en la galería, y sabía que tenía muy bien aleccionado al personal para que cumplieran sus órdenes.
No estaba acostumbrado a sentir fascinación por los objetos, pero desde que había visto los dos cuadros había sentido la necesidad de volver a ver el efecto de ambos a la vez.
Luego de una breve incursión en la puerta secreta del taller, concluyó que todo estaba bien, pero justo en ese momento se le ocurrió que tal vez Carmen no tuviera pensado desde un principio decirle cuales eran los motivos de su ataque, o que historia se tejía entre ella y su hija, y si era así ¿No estaba quedando fuera de la jugada?
No.
Podía hacer algo deleznable, pero que le permitiría tener el control no solo de la galería, sino que también del futuro curso de los acontecimientos: espiaría a Carmen Basaure.





Próximo episodio: Presentación

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