La última herida capítulo 28: Historial médico




Mientras los policías de la unidad a la que pertenecía Cristian Mayorga continuaban con las operaciones encomendadas anteriormente por él, y se hacían cargo de investigar la pista recientemente filtrada, también tuvieron que agregar la búsqueda de Antonio luego de su fuga del centro de urgencias donde había estado confinado. Cristian sabía que había dado un paso sin vuelta atrás al ayudar a la fuga a un delincuente, pero al mismo tiempo se sentía tranquilo con su conciencia al tener la seguridad de tomar la decisión correcta. Para enfrentarse a la corrupción al interior del cuerpo de policía, de momento encarnado en el comandante Céspedes, necesitaba armas que la ley no iba a darle; acordó con Matilde no mencionar nada al respecto, y que ella y Antonio no mantendrían contacto de ningún tipo durante el trabajo que iban a hacer. Entraron en un centro de internet, donde Antonio buscó con habilidad científica la información que necesitaba.

–Esta lista –le dijo poniendo en sus manos un pendrive– es de las personas conocidas que han estado en la clínica, es bastante improbable que alguien de ellos sepa algo acerca de lo que estamos hablando, pero a usted le puede servir como arma para hacer alguna amenaza si llega el caso.
–Entiendo.
–Ahora, como le dije antes, no sé quiénes están en la cabeza de la clínica, pero puedo decirle que quien me dio las órdenes es algo así como un agente de seguridad de ellos, que es escocés y que vive en éste país bajo un nombre falso, Elías Jordán. Sobre la clínica no hay mucho que decir, pero si va a buscarlos, vea qué clase de permisos de funcionamiento hay recientes. Desde luego que es manipulado, pero algo de eso va a llamar su atención cuando lo vea físicamente.

Cristian asintió.

– ¿Tengo alguna forma de saber quién está del lado de la clínica?

Antonio sonrió.

–Eso es lo mismo que saber quién podría enfermar mañana. No se sabe, pero son muchísimos más de los que cree, se lo aseguro. Hay muchos a los que solo se les pide que observen, como a los policías o médicos, otros tenemos un poco más de mala suerte si sabe de lo que hablo. Pero claro, puede eliminar a cualquier persona que tenga un historial médico digamos, extraño, enfermedades o heridas sanadas sin huellas, accidentes seguidos de largos periodos de reposo aislado o viajes inexplicables, ya que muy probablemente son parte de los pacientes sino de los secuaces.
– ¿Pero eso significa que cada persona tratada es vigilada?
–Directamente no, pero ya sabe, el tratamiento es largo y mientras se realiza se averigua donde trabaja o estudia y los familiares que tiene, y a través de eso se busca a la persona más cercana que pueda estar al pendiente.
–Entonces ese hombre llamado Vicente fue enviado por la gente de la clínica.
–No lo sé –negó con la cabeza– es posible que por ser policía hayan decidido agregar alguna vigilancia adicional, pero con tan pocos datos no puedo decir de quien se trata.

Mayorga se guardó el pendrive en el bolsillo.

– ¿Que más hay en el dispositivo?
–La base de datos de personas tratadas que tengo, los registros de permisos ingresados por instalaciones de gran tamaño, los lugares en donde sé que estuvo la clínica, y los datos de que dispongo de las personas que sé que trabajan para la clínica, que son básicamente Elías Jordán, un par de trabajadores de centros médicos que consiguen medicamentos e informes si son necesarios y algunas otras personas.
–Usted estaba rastreando el teléfono de la doctora Miranda.
–El de Eliana, no sabía quién era la doctora.
– ¿Se usa ese sistema en el servicio de seguridad de la clínica?
–Sí, pero solo funciona en áreas pequeñas y conociendo el número en cuestión y estableciendo una comunicación primero.
– ¿Usted tiene una copia de ese programa?

El otro negó nuevamente.

–Quise copiarlo, pero la codificación era extremadamente difícil y no pude hacerlo, además nunca pensé que fuera necesario hasta que era demasiado tarde. Estaba en mi ordenador portátil, por lo tanto ahora que no está no tenemos nada.
–Pero si no se establece comunicación con el número, no pueden seguirlo.
–Pueden –replicó Antonio– pero el rastreo es lento y no tan preciso. Los teléfonos que tienen están ingresados en la base de datos del programa, por eso establecen una especie de línea invisible para poder seguir.
–Entonces no contestar llamadas ayuda.
–Solo si sabe de quien no contestarlas oficial. Pero si no sabe quién es y quien no, es lo mismo que tener las manos atadas nuevamente.

El panorama era a la vez más claro y aterrador; realmente cualquier persona de las que trataba a diario podía ser parte de esa agrupación, pero viéndolo desde otro punto de vista ¿No habría hecho lo mismo él de ser necesario? ¿No lo había hecho Matilde sin ninguna mala intención? La gente que manejaba la clínica aprovechaba el dolor de las personas para mantener su negocio, y funcionaba increíblemente bien. Antonio pareció leerle la mente.

–Usted cree que yo soy un criminal sin perdón por lo que hice y está haciendo esto solo porque está desesperado.
–No he dicho que usted no tenga perdón.
–Pero lo piensa.
–No me corresponde a mi decidir eso –replicó el oficial– por lo demás no tengo la autoridad moral para hacerlo; pero sí puedo decir que me enseñaron que toda persona puede redimirse de sus malos actos.

El otro mantuvo la sonrisa, pero estaba hablando seriamente.

–Está hablando como un policía. O como un párroco. Escuche, las cosas en éste mundo no son blanco o negro, no son policías contra ladrones, hay demasiados puntos intermedios.
– ¿Y su punto es?
–Que soy un criminal imperdonable solo desde un punto de vista opuesto a la situación que viví; nunca le hice daño a nadie en mi vida hasta que tuve que decidir entre la vida y la muerte.
–Y decidió la muerte de otros.
– ¿Porque no quiero que me maten? ¿porque no quería quedar deformado para siempre? tenga cuidado con lo que dice porque esos mismos argumentos son los que salvan vidas todos los días en circunstancias "legales" y lo sabe. Un doctor que elige operar a un paciente de alto riesgo está optando entre la vida y la muerte, y si falla habrá matado a una persona y jamás sabremos si tal vez habría vivido de no ser intervenido. Ustedes asesinan criminales para proteger personas, y siguen siendo asesinatos aunque después se descubra que dispararon contra la persona equivocada.

Cristian apretó los puños. De una u otra manera él había llegado hasta el punto que lo conflictuaba tanto en esos momentos.

–Lo que plantea es que todos podemos traspasar los límites, pero es distinto hacer algo por una circunstancia que tomar la decisión conscientemente. Usted decidió atentar contra la vida de Matilde.
–Porque  no hacerlo era morir, no me diga que lo correcto era morir en su lugar porque eso corresponde solo a los que se las dan de héroes; la naturaleza del ser humano es tratar de sobrevivir a toda costa, por eso es que un sitio como la Clínica puede subsistir, porque siempre habrá gente que quiere mantenerse vigente, del modo que sea. Cuando me enviaron a averiguar quién había hecho llegar la invitación a Matilde no tenía motivos para matarla, pero al saber que las cosas tomaron otro rumbo, no me dieron opción, solo conseguí mantenerme vivo por coincidencias de la vida, entre las que se encuentra usted por supuesto. De lo contrario estaría muerto, y esa posibilidad aún es muy alta, usted no puede derrotar a la gente de la clínica, nadie puede hacerlo.

El oficial se guardó sus comentarios.

–No veo la vida de esa forma, es demasiado derrotista, yo siempre creo que las personas pueden hacer cosas buenas, o cambiar el destino cuando es adverso.
–Matilde lo intentó y los resultados no son los mejores.
–Cometió un error, pero no lo hizo para dañar a nadie. Y recuerde que nada de eso pasaría si no existiera ese tratamiento que realiza la clínica, que por mucho que parezca el descubrimiento del siglo, oculta algo mortífero en su interior y por eso mismo es que hay tantos interesados hasta en matar por ello.
–Los descubrimientos científicos son cuestionables siempre, lo que pretende la clínica se consigue, solo mire los resultados de las personas que incluí en esa lista; lo diferente es el medio para llegar a ello, y la forma de mantener el secreto.

El policía decidió dejar la discusión con Antonio viendo que no había forma de llegar a un punto de entendimiento; lo que podía ver con claridad era que los criminales como los que dirigían la clínica tenían éxito porque existía gente desesperada como Matilde, y personas sin escrúpulos como Antonio dispuestos a mantenerlos a salvo.


2


Tomando el riesgo de ser descubierta o vista por alguien, Patricia encontró a uno de los soplones con los que trabajaba habitualmente; tuvo que entregarle algo de dinero y usar algunas amenazas para que se convenciera de su identidad a pesar de verla con el rostro tapado por un pañuelo, ya que era la única forma que tenía de ponerse al día. Poco después la información que estaba recibiendo era estremecedora.

–Tu hermana está bien, aunque parece que por poco, trataron de matarla.
– ¿Qué sabes al respecto?

El hombre con el que hablaba era un sin techo que escuchaba y veía según la conveniencia.

–Un hombre le disparó a un vehículo donde iba ella y otras personas, no sé claramente sin son dos o tres más. Mayorga de la Oriente cinco se hizo cargo, pero algo le pasó después.

Mayorga. Patricia lo recordaba bien, aunque había pasado tiempo.

– ¿Por qué?
–Porque la gente de su unidad fue a investigar el tema del tiroteo, según escuché al tipo lo detuvieron pero se fugó, y Mayorga está inubicable, Mendoza está a cargo y todos están como locos, pero no solo ahí.
– ¿Dónde más?
–Céspedes está haciendo muchas preguntas y tiene mucha gente en las calles, pero están buscando a más gente aparte de ellos dos. Primero, te están buscando a ti preciosa.

A ella. No podía demostrar fragilidad en esos momentos.

–Sé que me están buscando, no te estoy peguntando por mí.
–Está bien, no te alteres –replicó el hombre– solo digo que dos policías desaparecidos el mismo día es un poco extraño ¿No?
–Ve al grano.
–Como quieras. Pues eso, tu hermana, Mayorga, el tipo que la atacó a ella y hasta hace un rato a un doctor, pero apareció muerto.

Entonces el operativo policial en el edificio donde trabajaba debe haber sido para buscar pruebas, pero no parecía una escena de crimen.

– ¿Y a ese por qué lo buscaban?

El hombre la miró con las cejas alzadas mientras se cruzaba de brazos.

–Nadie habla de eso, lo que significa que es tema interno de la policía, qué sé yo, te mató a ti o a alguno de los tuyos, eso es lo único que explica que se muevan tanto y estén tan angustiados.
– ¿Cómo lo mataron?
–Apareció muerto a tiros en una zona pobre hacia allá –indicó al sur poniente– es todo lo que sé.

No era en la dirección donde había despertado ella, y definitivamente no era ella la responsable de los disparos.

– ¿Algún otro operativo, tiroteo, asalto importante?
–Nada que yo sepa preciosa, pero tú desde dentro podrías averiguar mucho más, supongo.

La policía estaba buscando a ambas, al hombre que las había atacado y a Mayorga. Nada de eso tenía sentido ¿En qué momento de su inconciencia había pasado a estar desaparecida?

–No hables de mí, espero que lo tengas claro.
–No lo haré –dijo él sonriendo– no tengo intención de tener problemas contigo, así que simplemente no he visto tu rostro, lo que claro, es verdad.
–Volveré por más información, así que ten los ojos abiertos.
–Considéralo un hecho.

Se alejó con muchas preguntas en la mente. Desde el momento de despertar que tenía muchas cosas en la cabeza, como cuando tenía un sueño y no podía recordarlo, pero la sensación seguía allí. Era algo completamente indefinible, no podía decir de qué se trataba, pero hablaba mucho de eso haber despertado alerta aunque no supiera lo que ocurría. Matilde estaba desaparecida, pero eso no quería decir nada en especial, ya que a la vez estaba inubicable el responsable del ataque y un oficial a cargo. Mayorga era un excelente oficial con un alto sentido del deber, si se había hecho cargo del caso del ataque a Matilde las cosas deberían haber salido bien, pero estaba claro que no era así ¿Y qué hacía Céspedes enviando gente a hacer nada? Él estaba en labores administrativas, de modo que efectivamente era muy raro que estuviera tan presente. Había algo que estaba amenazando al cuerpo de policía o a un policía en particular, eso tenía sentido con lo demás, y podría pensar que era por su propia desaparición en el caso de su unidad, pero no explicaba lo otro, tenía en las manos muchas cosas que no encajaban y ninguna herramienta excepto darse a conocer. Pero su sub consiente seguía diciéndole que no era lo correcto, y a decir verdad la muerte del médico que estaba en ese galpón en otro sitio le daba la razón, todo eso sin contar con la misteriosa desaparición de los otros hombres.


3


Desplazarse junto a Antonio con la pierna entablillada era bastante difícil, pero se acomodó con relativa comodidad en la parte trasera del auto; el policía y Matilde habían acordado que ella no hablaría delante de él, haciendo vista ciega de su presencia. La joven seguía sintiéndose insegura con su antiguo amigo cerca, pero sabía que no tenían otra opción, y con el día comenzando su última etapa las cosas se ponían cuesta arriba.

–Según usted –le dijo a Antonio mientras conducía– la muerte del doctor parece algo hecho por la clínica pero que él se llevara a Patricia no ¿Por qué?
–Por lo mismo que le dije antes, a ellos lo que principalmente les interesa es mantener un secreto, y van a aumentar la cantidad de muertos solo en caso de ser necesario ¿por qué no me dice qué es lo que pasa dentro de la policía que está tan nervioso?
–Porque eso no le incumbe. Continúe.
–Está bien. Le estaba diciendo que ellos quieren mantener el anonimato, y eso se consigue con menos muertes, no más. Si el doctor hubiera estado trabajando con la gente de la clínica, él habría terminado con Patricia, era una oportunidad absolutamente perfecta, y seguro que con un motivo médico.

Matilde recordó las palabras del policía más temprano, cuando le dijo que no tenía sentido que se llevaran a Patricia si querían matarla. El problema entonces se trasladaba a los motivos del doctor, pero al estar muerto no había nada que hacer.

–Es decir según usted si Patricia estuviera muerta ya se sabría.
–Claro, con eso se terminan los problemas de ellos.

Matilde tenía ganas de echarle nuevamente las manos al cuello, pero el policía puso una mano sobre la suya en el regazo, a tiempo para calmarla. Se mantuvo en silencio.

– ¿No le parece muy extraño que la gente de la clínica se deshaga del doctor pero no de Patricia?
–Lo único que se me ocurre es que ella no estaba con él en ese momento y lo callaron.

Ya había pensado en eso y no era un buen panorama porque volvía a poner a la hermana de Matilde en un punto invisible en el mapa ¿Y si terminaba en manos de gente de la clínica?

–Espere un momento, usted dijo que interrumpir el tratamiento de la clínica podía ser mortal ¿Qué síntomas puede experimentar el paciente?
–No soy doctor como para decirlo con claridad, pero lo primero que debería pasar es desorientación o dificultad de concentración porque el sistema nervioso estaría siendo afectado. Hasta donde pude documentarme, otros síntomas pueden ser hiperactividad e insomnio.

Una persona así sería difícil de controlar sin medicamentos. Cristian supo de inmediato que las probabilidades se reducían a dos, una en caso de ser delincuentes los que tuvieran a Patricia, y una en caso de ser ella quien hubiera escapado por alguna razón. Viró en la siguiente esquina.



Próximo capítulo: La verdad junto a ti