La última herida capítulo doce: Como bella durmiente



Una vez que terminó la llamada con Antonio, Matilde vio la hora y comprobó que era más de la una de la mañana y estaba completamente agotada. Volvió a pedir noticias de su hermana, pero seguía bajo cuidado y en toma de exámenes, de modo que no podía hacer mucho. Le recomendaron ir a dormir, pero no quería dejarla sola, no mientras no supiera algo concreto, mientras que por otro lado tenía la cita con Antonio muy temprano, y aún faltaba hacerse cargo de contactarse con sus padres y enfrentar lo que fuera que pasara. No le quedó otra opción que irse al departamento, se acostó y consiguió conciliar un sueño ligero, pero que ayudó a reponer algo de energías para lo siguiente: se levantó a las seis en punto, se dio una ducha, tomó desayuno rápidamente y se fue a la urgencia, donde seguía sin encontrar noticias. Mientras iba hacia el café donde se encontraría con Antonio, se aplicó cuidadosamente algo de maquillaje para disimular las ojeras, y se ató el cabello en una cola para mantener un aspecto más despierto; había elegido una tenida muy sencilla con pantalón holgado y blusa y un bolso de mano con zapatos bajos para poder estar preparada para cualquier cosa, ya fuera quedarse todo el día en la urgencia, salir a buscar a esa modelo o a recibir a sus padres, si es que podía contactarlos en primer lugar, aunque eso último lo estaba retrasando hasta poder tener alguna buena noticia.


2


El doctor Medel sabía que estaba haciendo algo incorrecto, pero dadas las circunstancias prefería hacerlo, al menos mientras supiera algo más. Encargar los exámenes de esa joven era una cosa, sacar los resultados a escondidas y borrar los expedientes era otra muy distinta. Sacar a la paciente y trasladarla personalmente y sin notificarlo hacia una sala cerrada e incomunicada no solo era suficiente para ser destituido, lo era para ir a la cárcel.

–Por Dios ¿qué fue lo que te hicieron?

Simplemente no podía dar crédito a lo que estaba viendo; tendría que mentirle a muchas personas, a auxiliares, técnicos, enfermeras, a guardias y también a otros doctores, pero en su interior sentía que estaba haciendo lo correcto, aún a costa de las consecuencias.
Entró en la sala empujando la camilla. Por suerte en el piso inferior de esa construcción estaba esa sala en desuso, pero perfectamente operativa, higienizada y sanitizada, a la espera que se terminara la reconstrucción de un acceso lateral del estacionamiento y que por el momento se usaba solo cuando estaban con lleno total.

–¿Cómo pudieron hacer algo así?

No podía dejar de mirarla mientras conectaba el suero y encendía el saturómetro; la información que veía en esa pequeña pantalla no le decía nada en especial, mucho menos cual era el motivo de ese sueño profundo, como si estuviera en coma pero sin estarlo; lo que habían hecho con ella era malo, definitivamente malo, pero al mismo tiempo su lado científico, el que había estudiado en la universidad y ahora lo hacía trabajar constantemente le decía que no solamente era eso, también era un gran descubrimiento ¿Pero lo sería realmente? Muchas veces en la historia de la medicina se consiguen avances sorprendentes, modificaciones que pueden llevar la vida de las personas a un punto inesperado, y de hecho la cirugía estética era uno de ellos, pero claramente esta mujer no había sido intervenida por métodos tradicionales. Había vuelto a ver la noticia y aquellas imágenes del accidente con el reporte de la policía: el delincuente involucrado en ese accidente estaba crítico en el hospital y había un policía muerto y Patricia también estaba allí, no podía ser simplemente que unas cuantas semanas después todo estuviera casi resuelto. ¡Si solo había pasado poco más de un mes¡ Su rostro estaba casi como debería haber sido antes o en este caso sería perfecto, y él mismo como especialista sentía que ella casi estaba completamente recuperada o que en su defecto habían pasado muchísimos meses desde que sufriera esas quemaduras; se podía ver claramente cómo la piel estaba tersa y suave. La regeneración celular había sido impresionante sin ningún tipo de intervención, sin fallas e inclusive podría decir que estaba en mejores condiciones que antes aunque no tenía una prueba del estado de la piel antes de sufrir quemaduras pero si lo comparaba con el estado de la piel del resto del cuerpo claramente había una diferencia ¿Cómo no se había dado cuenta su familia? De alguna manera sentía que le estaba diciendo la verdad, que no sabía qué es lo que estaba sucediendo, pero él como médico tenía que hacer algo al respecto y sacarla escondida era el primer paso y sabía que ahora ya no había vuelta atrás.
Esa mujer muy bien podía ser un descubrimiento revolucionario de la ciencia. La pregunta es por qué alguien en éste país o en cualquier parte del mundo era capaz de crear una técnica para curar las heridas de una forma tan milagrosa y no la compartía con nadie. Estaba seguro de que no había ningún tratamiento nuevo, ni siquiera en los países más avanzados y sin embargo ahí tenía la prueba de que se podía restablecer el estado de una piel quemada con heridas de segundo grado profundo hasta dejarla como estaba antes e incluso mejorar el aspecto general. ¿Por qué no iba a donde uno de sus superiores? ¿Porque no le avisaba la comunidad médica, al decano de la universidad donde había estudiado? la respuesta es simple: hacerlo destruiría toda oportunidad de investigar más, se comenzaría a realizar investigaciones al respecto que no lo involucraría a él. No podía quedarse simplemente de brazos cruzados esperando que todo estuviera resuelto, tenía que saber y tenía que salir a flote esa misma noche por lo menos uno de los datos necesarios para poder completar un informe. Escondido en ese lugar podía tomar muestras y examinarla de manera particular y tenía los medios para hacerlo, sólo debía actuar rápido y ser sumamente sigiloso. Pero en su mente no dejaba de vagar la idea de que haya día algo más; a menos que la hermana menor estuviera completamente chiflada o que realmente estuviera actuando de una manera magistral ella no sabía lo que estaba sucediendo y tenía razón al decir que los responsables de la recuperación milagrosa estaban completamente desaparecidos.
¿Tenía alguna relación el repentino sueño en el que estaba sumido Patricia con la recuperación milagrosa y la desaparición de los responsables de la clínica fantasma? ¿Qué pasaría si detrás de todo eso hubiera algo ilegal, alguna técnica, tratamientos, medicamento o tipos de intervención prohibida y que por eso repentinamente las cosas se hubieran salido de control? ¿Qué pasaría si en términos médicos alguien hubiera descubierto algo completamente revolucionario y lo aplicara sin más ni más? Sólo con el afán de conseguir dinero, fama o simple satisfacción de hacer experimentación esas cosas pueden pasar, pero si alguien lega a algún resultado a través de métodos cuestionables no puede responder ante la ley porque no tiene ningún tipos de permiso o autorización legal o incluso más, tal vez allí se podría estar cometiendo un crimen.


3

La posibilidad de reunirse con Antonio y que él encontrara una forma de descubrir cosas a través de la red que ella no a hizo más efecto en su estado de ánimo de lo que la propia Matilde había pensado; en un principio bien podía ser sólo la necesidad de tener alguna buena noticia pero la verdad es que necesitaba algo a lo que sostenerse cuando se encontraba más sola que nunca. A pocos pasos de llegar al café donde iban a reunirse Antonio la llamó a su celular.

–Hola Matilde.

Por un momento pensó que le iba a decir que tenía algún tipo de contratiempo.

–Hola, estoy llegando.
–Qué bueno que todavía no hayas llegado dijo él porque necesito pedirte que nos juntemos en otra parte, el estacionamiento que está junto al café está lleno y vengo en auto ¿podrías torcer en la siguiente esquina en la calle Condell? si ves en el número 321 hay una puerta que dice "Restaurante oriental" porque  está en el subterráneo, me estoy estacionando.

Matilde caminó hasta la siguiente esquina y giró la dirección que le había dicho su amigo: una puerta entre dos locales comerciales tenía un letrero muy simple que decía "Restaurante oriental." Entró y caminó por una rampla hacia el subterráneo donde se veían luces y se escuchaba algo de ruido.

–Ya encontré el número –dijo ella– enseguida llego.

Guardó el teléfono en el bolsillo interior del bolso que llevaba al hombro y continuó caminando por la rampla ligeramente inclinada; las paredes estaban desnudas y eran de un color oscuro iluminada sólo por unos débiles focos en el techo. Unos momentos después llegó al subterráneo pero no se encontró con un restaurante sino que con el estacionamiento; iba a llamar a Antonio para preguntarle dónde estaba el lugar que le había mencionado cuando escuchó su voz.

–Hola.

El hombre venía con una mochila a la espalda además de un bolso y algunas cosas en las manos y parecía bastante atareado, pero sonrió al verla.

–Discúlpame por la instrucción que te di, estaba pensando como conductor y no como peatón –dijo a modo de saludo– a veces vengo a este restaurante y me parece que es un buen lugar para que comamos, hacen unos desayuno exóticos y muy ricos.

Matilde aún meditaba que era lo que podía decirle y que no sobre el caso de Patricia, pero la verdad es que estaba tan angustiada que cualquier cosa que pudiera ayudarle era mejor que la situación en la que se encontraba actualmente, e incluso no le importaba tener que trabajar el resto de su vida para pagar la hipoteca y además la multa que pesaba sobre su familia si a cambio conseguía algo. Por supuesto para que alguien cobrara esa hipoteca e hiciera válido el contrato que pesaba sobre su cabeza primero los responsables de la clínica o sus representantes deberían aparecer y eso a esas alturas parecía bastante improbable.

–Entonces aquí hay un restaurante.
–Está un poco más arriba, la verdad es que es una especie de zócalo y por eso no está a nivel de calle –dijo él sonriendo un poco incómodo– sólo tenemos que caminar por aquí y subir por el ascensor llegaremos enseguida.

Caminaron unos momentos en silencio a través del estacionamiento en la dirección que le había dicho Antonio, que parecía más comunicativo que de costumbre, o quizás Matilde no estaba para alegres conversaciones, en ese momento no lo tenía muy claro. El hombre llegó primero que ella hasta el ascensor, pero una vez llegado allí se volteó y volvió a sonreírle.

–Lo siento pero creo que vas a tener que pulsar tú el botón, estoy muy complicado con todo esto.
–¿Trabajo? –dijo ella escuetamente.
–Sí –respondió él apartándose de la placa donde estaban los botones– tengo que presentar algunos informes ya sabes lo que dicen, cuando llega el trabajo llega todo junto, y actualmente en Datacam hay muchísimo trabajo.

Había dos botones en la placa, uno de subida y otro de bajada, en el que Matilde pulsó el superior. Ya había tomado la decisión, aunque le costara muy caro le diría todo lo que sabía a Antonio, si es que él demostraba poder conseguir información que cualquier usuario común no pudiera. Comenzaría con algunas cosas sencillas y luego si todo iba como esperaba le explicaría lo de Cuerpos imposibles, el repentino ataque de su hermana y la necesidad que tenía de encontrar a alguien responsable de esa clínica  o en su defecto a la modelo que en un principio había permitido que llegaran hasta este lugar.

–Antonio –dijo lentamente– te agradezco que me des algo de tu tiempo, pero la verdad es que estoy pasando por un muy mal momento y necesito de tu ayuda.
–¿Qué ocurre? pensé que tu hermana estaba mucho mejor ¿acaso se agravó?

Matilde seguía mirando la pared mientras esperaban el ascensor, esa placa plateada en la pared desnuda con dos botones iluminados inmóviles y todo el mundo vuelto de cabeza a su alrededor. Necesitaba algo o alguien que pudiera darle algún tipo de ayuda, lo que fuera. Hasta ese momento había estado en un estado de negación, sin querer reconocerse a sí misma que las cosas estaban muchísimo peor de lo que imaginaba, y que tal vez sólo un milagro podría salvarla.

–Es algo parecido –dijo en voz baja– escucha, dijiste que trabajas en sistemas de internet y esas cosas y necesito que me ayudes.
–Por supuesto, si puedo ayudarte en algo.
–Necesito –titubeó un momento pero volvió a cobrar energía– necesito que me ayudes a encontrar a una persona, se trata de Miranda Arévalo, la modelo.
–¿Y por qué quieres hablar con ella?
–Es complicado, pero necesito hablar con ella urgentemente, es decir lo más pronto posible, pero como es una persona famosa no es tan sencillo como llamarla por teléfono o hablarle por las redes sociales y pensé que tú podrías usar tus conocimientos y ubicarla de alguna manera.
–Que sea una persona famosa hace que sea menos accesible.
–Lo sé. Solamente sé que está en un  programa en televisión por cable y que es rostro de algunas campañas.
–Pero tú no la conoces –dijo la voz a su espalda.
–No –dudó nuevamente, necesitaba al menos una respuesta inicial– Antonio ¿crees que puedas ayudarme?
–Soy experto en internet, redes y sistemas, creo que sí podría.

Escuchar eso era una luz de esperanza.

–Necesito hablar con ella.
–Pero tú no la conoces.
–La he visto dos veces –dijo Matilde sintiendo que se detenían los latidos del corazón– y ahora necesito desesperadamente encontrarla.
–¿De qué hablaron?
–Ella me entregó información sobre un lugar y ahora no puedo encontrar ese sitio, creo que ella es la única que me puede ayudar.
–¿De qué lugar te habló?

Matilde se giró y lo miró a los ojos; todo rastro de sonrisa había desaparecido de su rostro, la estaba mirando fijamente. Durante unos momentos ninguno de los dos dijo nada.

–¿Tiene que ver con Patricia?
–Sí –respondió ella con un hilo de voz–
–¿Patricia está bien?
–No. Antonio por favor dime que puedes encontrarla.
–Por supuesto que puedo, haré que hablen ya mismo.

Los signos vitales de la paciente se encontraban en perfectas condiciones hasta el momento. La temperatura corporal estaba en el rango aceptable presión 90 sobre 110, ritmo cardíaco constante; la máquina marcaba cada uno de los latidos del corazón como un reloj, no podría estar en mejor estado y sin embargo estaba completamente inconsciente, sin demostrar ningún tipo de reacción ante los estímulos. El doctor Medel sabía que la paciente estaba en perfectas condiciones, pero llegado a ese punto también sabía perfectamente que en realidad no sabía nada. No había pasado el tiempo suficiente para asegurarlo, pero casi podría jurar que mientras respiraba ahí dormida en esa camilla, absorta del mundo, la piel de Patricia estaba recuperándose a una velocidad admirable.
La pregunta era de qué serviría que su piel se volviera perfecta si nunca más despertaba.



Próximo episodio: Caída libre