La última herida capitulo 8: Algunos días soleados. Segunda parte




Recibir un mensaje de su hermana asegurando que las cosas iban a volver a ser como antes para ella resultó al mismo tiempo emocionante y un poco angustiante; lo primero desde luego porque significaba que realmente existía una luz de esperanza, lo segundo porque en lo más íntimo nunca esperó que hubiera algún tipo de reacción tan pronto, solo el primer día de tratamiento. El primer impulso fue de llamarla, pero decidió que era mejor dejar eso para después y esperar a llegar al departamento, aunque estaba bastante cansada.

—Gracias Dios mío...

Guardó el celular y continuó su viaje hacia el departamento. Necesitaba ducharse y cambiarse ropa antes de ir a ver que buenas nuevas tenía su hermana.


2


Sencillamente le parecía increíble. Tan pronto llegó al departamento de Patricia, Matilde fue recibida por su madre quien no podía evitar que la alegría y la esperanza inundaran su rostro; en la sala estaba su hermana sentada esperando por ella.

—Hermana, tienes que ver ésto.

Aún tenía puestas las vendas, pero descubrió un poco el borde de las que tenía en el hombro izquierdo para demostrar los efectos que anticipara un rato antes: increíblemente los bordes de la quemadura estaban suavizados como se ve en una quemadura que tiene varios días de tratamiento, con la piel más suave y un color más opaco que el rojo encendido de los primeros días. Matilde estaba siguiendo los avances desde el principio, y aunque permanentemente animaba a su hermana haciendo que viera como evolucionaba, sabía que el proceso era lento y que un avance como ese solo podría esperarse después de varias semanas de tratamiento.

—No puedo creerlo...

Patricia estaba sinceramente entusiasmada con lo que estaba experimentando y se veía con claridad que el mismo buen ánimo se estaba transmitiendo a sus padres.

—No sabes lo que fue, es realmente impresionante.

En ese momento apareció su padre con una bandeja con tazones con chocolate caliente para todos y un sobre en las manos.

—Hija, que bueno que ya estés aquí, mira las fotos mientras dejo los chocolates por aquí.

Su madre tomó el sobre en sus manos sacó las fotos; en ellas habían primeros planos de las quemaduras, las que por supuesto seguían siendo profundas como se vieran desde antes, pero las diferencias entre el inicio y el término de la sesión eran impresionantes no por la extensión sino por lo dramático del cambio.

—Ésto es increíble.

Al parecer la primera sesión solo se había centrado en el hombro, pero a decir verdad bastaba para hacerse una idea de lo que iba a conseguirse: el borde de las quemaduras parecía haberse trasladado al menos veinte días en el tiempo.

—Ésto es lo que me dijeron —dijo su hermana tomando en sus manos uno de los tazones— el tratamiento comienza en los bordes para que la piel comience a acostumbrarse, y al reaccionar, se sigue hacia el centro poco a poco; te prometo que no podía creer cuando vi en el espejo la diferencia.

Matilde estaba contagiándose de la misma emoción, pero a diferencia de ellos no estuvo presente, por lo que tenía bastantes dudas.

—Espera un poco, antes dime que pasó, como es la clínica.
—Es bastante discreta para ser lo que es, debe tener seis pisos máximo, pero todo parece funcionar como un reloj.
—Es lo mínimo para el precio que van a cobrar —comentó livianamente su madre— pero todo me parece perfecto si es por éste motivo.
— ¿Y dónde está la clínica?
—No lo tengo muy claro.

Eso sonó realmente extraño. ¿Cómo no iban a saberlo? Sin embargo a la única a la que le parecía raro era a ella misma.

— ¿A qué te refieres con que no lo tienes claro?
—Mira, como nos habían anunciado un vehículo vino a buscarme y cuando llegamos a esa oficina, confirmaron los datos, y después me dijeron que el vehículo estaba listo para el traslado; era una ambulancia grande y moderna, con un asistente que fue preparándome durante el trayecto, y reconozco que estaba bastante nerviosa al principio.

La joven de 24 años desplazó la mirada hacia sus padres que contemplaban a su hija mayor atentamente.

—Nosotros la acompañamos —dijo su madre ante la mirada interrogadora— y nos ofrecieron quedar ahí o acercarnos a algún lugar donde pudiéramos pasar el rato, así que fuimos a un centro comercial.

Que se hubieran llevado a Patricia sola en una ambulancia podía sonar escandaloso, pero por otro lado tenía mucho sentido de acuerdo con lo que antes se les dejó claro respecto de  confidencialidad del tratamiento, las instalaciones y todo lo demás. Patricia precisamente fue a ese punto.

—Al principio me pareció extraño que no pudieran acompañarme, pero me dijeron que solo se realizaría el tratamiento y que al ser ambulatorio no tenían instalaciones como cafetería y esas cosas, y a juzgar por como es el lugar tenían razón, allí cada persona está trabajando en algo.

Seguir haciendo preguntas sobre eso no tenía sentido en ese momento, pero de todos modos Matilde tomó nota mental; de todas maneras estaba demasiado contenta de ver a su hermana tan animada como para preocuparse por eso.

— ¿Y qué hicieron, es decir como es el tratamiento?

Patricia tomó un sorbo de chocolate.

—Lo primero que hicieron fue llevarme a una sala donde usaron una especie de scanner en mi piel, con lo que hicieron una imagen digital de las quemaduras; después tomaron varias muestras de sangre, pelo y piel, y me dejaron en espera mientras hacía algunos test de reflejos.
—Parece que trabajan muy intensamente.
—Es verdad. Cuando terminé los testeos de reflejos tenían lista una parte del tratamiento, que según me explicó el doctor Rosales es un medicamento nuevo y muy avanzado.

Se notaba que estaba interesada en el asunto y a juzgar por lo que se veía, no era para menos; Matilde estaba cada vez más alegre.

— ¿Te inyectaron o algo?
—Sí, me aplicaron una serie de inyecciones y una terapia con luces especiales, y además me dieron un preparado con vitaminas para mantenerme en buenas condiciones.
— ¿Y tienes que hacer algún cuidado especial?
—Sí, éstos vendajes son distintos a los anteriores, casi no se sienten y son bastante ligeros.

Efectivamente el material sintético de los vendajes era de textura sedosa, no se parecía a nada que hubiera visto antes y se veía poroso para dejar respirar la piel pero a la vez era resistente al tacto.

—Parece cómodo.
—Lo es. La siguiente sesión que tengo es el Viernes, te aseguro que no veo la hora de ir para ver los siguientes avances.
—Pero mientras tanto —intervino su madre precavidamente— tienes que guardar reposo, alimentarte bien y evitar el Sol todo lo posible, y tomar las píldoras.

Su madre tenía en las manos una caja metálica pequeña, dentro de la cual había una serie de pastillas en cápsulas transparentes.

— ¿Y éstas que son?
—Son un complejo vitamínico especialmente preparado, lo hicieron después de hacer algunos exámenes. Tengo que tomar una diaria por la noche.

Hasta el momento la jornada no podía ir mejor.

—No sé qué decir, estoy tan contenta hermana, las cosas parece que están resultando como lo esperábamos.
—Es verdad, pero reconozco que desconfié de ti y no te he dado las gracias.
—No es necesario.
—Sí, lo es —dijo  hermana seriamente— aunque aún sigue dando vueltas en mi cabeza lo del dinero, ver que desde el primer paso están cumpliendo con lo que ofrecen es muy esperanzador. Gracias.


3


El trabajo con Roberto Santa María resultaba sencillo y bastante gratificante. El hombre tenía más de treinta y cinco pero lucía muy joven y actuaba como si cada persona con la que hablara fuera un conocido, lo que hacía reconfortante los primeros pasos en Asunto externo. Matilde estaba incorporándose al equipo creativo que iba a asesorar directamente a una famosa multinacional de telecomunicaciones en una nueva etapa.

—Escucha, lo del trato con los medios siempre es complejo porque de inmediato la competencia ataca con campañas parecidas o diciendo que nuestro cliente hace mal su trabajo ¿Qué crees que deberíamos hacer?

La tormenta de ideas era básica para comenzar a crear, y como nueva encargada del proyecto creativo, para Matilde era primordial saber tanto lo que quería el cliente como lo que pretendía la empresa.

— ¿Sabes lo que pienso? Que por lo general las empresas de telecomunicaciones basan sus nuevas campañas en decir lo buenas que son sus alternativas en comparación con las de los otros o que proveerán una experiencia inolvidable, pero pocas veces hablan de los aspectos negativos de sus productos.

Roberto la miró con el ceño fruncido.

—Creo que no sigo tu idea, ninguna empresa quiere decirle al mundo lo malo que tiene porque...ah...ya entiendo...
—Exacto —intervino la joven— nadie dice las cosas malas, así que podemos empezar por ahí, por llamar la atención de todos con una primera etapa donde comentamos lo malo que es el servicio.
— ¿Y después?
—Después atacamos con una segunda etapa donde explicamos cómo esas cosas malas no son importantes en comparación con los nuevos beneficios.

Él sonrió satisfecho.

—Me gusta tu enfoque, ahora a lo tuyo, dime que es lo que piensas hacer con la estética general.

Finalmente la estética de cualquier compañía no se definía por lo que hiciera una empresa externa en una campaña específica, pero muchas veces servía de inspiración para la imagen final y si ese era el caso, tanto la empresa de asesoría como sus integrantes ganan muchos puntos en el mercado laboral. Matilde  se acercó a la pantalla del ordenador para enseñarle lo que había estado pensando.

—Estuve revisando algunos datos y me  cuenta de ésto: las empresas están optando tanto por logos como por estéticas modernas, con mezcla de colores, apariencias en tres dimensiones, todo muy orientado a la era actual, pero creo que al final todo es similar.
—Y apuesto a que en ese punto también quieres hacer lo contrario.
—Sí, me gustaría revivir éste logo de la compañía, como puedes ver en la imagen es uno de los primeros, pero me parece que el tema está en ésta esquina, si te fijas el así, con ese quiebre; usemos ese punto como una puerta, y al pasar a la segunda etapa...

El hombre parecía divertirse auténticamente con el modo de trabajar, y eso la animaba mucho.

—Descubrimos el nuevo logo.
—No, descubrimos solamente esa esquina con un símbolo nuevo en tres dimensiones, así nos comprometemos con la nueva era pero sin desmerecer lo original.
—Me gusta, me gusta —celebró Roberto— estoy completamente de acuerdo, vamos a llamar a los demás para empezar a trabajar en los primeros pasos, quiero que estemos preparados para todo.



4


Las siguientes dos semanas fueron algo totalmente distinto a lo anteriormente vivido por Matilde y su familia; el tratamiento seguido en la clínica Cuerpos imposibles no podía ser mejor, y aunque claramente faltaba algún tiempo para que terminara, ya las quemaduras en el cuello y hombro estaban muy atenuadas, y las del brazo y rostro mostraban avances sorprendentes. Por recomendación del doctor Patricia debía seguir guardando reposo, motivo por el cual siempre se estaba quejando de aburrimiento, y mantener la dieta recomendada, el consumo de las píldoras entregadas y evitar la exposición al Sol, pero a todos les parecía un precio bastante bajo a cambio de la increíble recuperación que día a día avanzaba a pasos agigantados. Mientras tanto Matilde estaba a tope con el trabajo, ya que su idea original para la campaña publicitaria había sido bien recibida y por lo tanto tenía a su cargo al equipo creativo muchas más horas de las que tenía prevista, pero todos en el equipo estaban dispuestos a sacar adelante el trabajo con el mejor resultado posible, y estaba claro que su jefe de proyecto sabía muy bien cómo elegir a su personal ya que todos estaban más o menos en sintonía y después de unos días era posible afirmar que ya estaban conformando un equipo de trabajo. Sin embargo y aunque se sentía contenta viendo como su vida y la de su hermana regresaba a la normalidad, el trabajo estaba absorbiendo gran parte de su tiempo y eso la mantenía bastante al margen del día a día, por lo que detalles como conocer el lugar en donde se realizaba el tratamiento o compartir más tiempo juntas estaba en un segundo plano.
Cerca de las nueve de la noche del Miércoles ocho de Junio la joven estaba llegando a su departamento bastante cansada, pero se encontró en la puerta con Romina Miranda, la doctora que se había hecho cargo del caso de su hermana en el Centro de tratamiento de heridas. La mujer le dedicó un asentimiento.

—Buenas noches Matilde.

Patricia había llamado al Centro para decir que no iba a seguir asistiendo de igual manera que lo hiciera con la consulta sicológica, y aunque se esperaban algunas preguntas, el tema parecía cerrado.

—Buenas noches doctora, es una sorpresa verla aquí.

La mujer tenía un carácter fuerte, justo lo que se necesitaba para su cargo, pero al verla, la joven imaginó que estaría preocupada por su hermana. ¿O acaso la había visto?

—A mí me sorprende lo que ha pasado en éstos días Matilde ¿Que ocurre con su hermana?

Llegados a ese punto tenía completamente claro que no podía arriesgarse a decir nada que pudiera delatar lo del tratamiento, el constante recuerdo del contrato de confidencialidad pesaba demasiado en su memoria como para arriesgarse, por eso es que constantemente se lo recordaba a sus padres y a la propia Patricia.

— ¿A qué se refiere?
—A que repentinamente dejó el tratamiento, y además en una etapa muy inicial. Matilde, es muy preocupante que pase algo como eso, además de dejar el tratamiento sicológico.
—Mi hermana decidió tomar un tratamiento alternativo doctora.
— ¿Qué clase de tratamiento? —la mujer percibió la reserva de Matilde, y cambió su estrategia— escuche, seguramente se está preguntando porqué una doctora con muchos pacientes viene a su casa en la noche a hablar de un tratamiento de su hermana, y le voy a decir porqué: hace muchos años, cuando estaba en primer año de Universidad, un incendio afectó a un centro de estudios y varias amigas mías sufrieron quemaduras. Como se imaginará mis compañeros y yo estuvimos todo el tiempo con ellas prestando apoyo, pero al cabo de un tiempo descubrimos que algunas secuelas no estaban a la vista: una de ellas tenía una herida muy cerca de un seno,  y se sentía violentada de tratarse esa zona en particular, fue muy difícil convencerla de hacerlo, pero lo peor es que su familia no lo sabía, no estaban enterados de ese tema tan íntimo y creían que su problema estaba superado.

Matilde se sintió súbitamente acorralada, la doctora trataba de llegar a un punto mucho más personal de lo que se esperaba. Podía tener toda la buena intención del mundo, pero no era apropiado hablar con ella o podría decir algo inapropiado.

—Doctora —intervino esforzándose por sonar tranquila— agradezco su preocupación y hablo también por mi hermana, pero de verdad que todo está bien, ella está en tratamiento, es solo que como familia decidimos seguir otro curso y tenemos excelentes referencias.
—Eso es lo mismo que me dijo su madre.
— ¿Estuvo en el departamento de mi hermana?
—Fui ahí en primer lugar porque es la dirección que me dejó su hermana, pero a ella no la he visto ¿Cree que podría verla?

Al menos no la había visto, en eso sus padres habían sido precavidos.

—Patricia está con reposo muy estricto, así que no creo que sea posible, pero le diré que vino.

La doctora se dio por vencida.

—Discúlpeme por haberme entrometido.
—No se disculpe, se lo agradezco mucho.
—No tiene nada que agradecer Matilde —repuso la mujer con una sombría expresión en el rostro— lo hice porque sentí que estaba pasando algo grave y no quise dejarlo pasar.

Hizo ademán de irse, pero antes le pasó una tarjeta.

—Espero que no esté molesta, pero aunque lo esté, quiero que sepa que mi única intención fue ayudar. Si en algún momento le es de utilidad, guarde mi número, y llame si necesita cualquier cosa.

La doctora volteó y siguió por la calle sin despedirse. Matilde contempló con un enorme sentimiento de culpa la tarjeta y el lugar por donde se había ido la profesional, pero aunque experimentara esa sensación, la decisión había sido tomada y el tiempo estaba demostrando que era lo correcto.



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