La última herida capítulo 5: Cuerpos imposibles



Los días siguientes al accidente donde Patricia sufrió quemaduras en su cuerpo fueron largos e intensos para la familia; el viernes fue trasladada al Centro de tratamiento intermedio de heridas del Hospital Adolfo Martínez, donde pasó el fin de semana bajo distintos tratamientos.  El doctor Acacios quien había atendido su caso en primer lugar lo dejó en manos de la doctora Romina Miranda, una mujer de carácter fuerte que prometió hacer todo lo posible por ella en el futuro. Para el Lunes Patricia estaba en su departamento en compañía de sus padres y momentáneamente de Matilde quien decidió aprovechar el tiempo disponible por estar sin trabajo en lo que resultaba primordial, a pesar de lo cual el comportamiento de su hermana seguía siendo muy distinto a lo que era anteriormente.

Buenos días.

Matilde se sentía algo cansada después de todo lo que había pasado durante los últimos cinco días, pero esa mañana de Lunes estaba dispuesta a hacer lo posible por animar a su hermana.

Buenos días.

En el Centro de tratamiento de heridas se le había realizado un cambio de vendajes y aplicado una solución dérmica, pero la doctora Miranda tenía algo que hablar con ellas.

Patricia, estoy muy contenta con la evolución que ha tenido tu caso hasta el momento, vamos por muy buen camino.
Entiendo.

En ese momento estaban en la oficina de la doctora, y aunque Matilde se había propuesto mantener un espíritu fuerte, era complejo hacerlo en esas condiciones, con la mayoría de las quemaduras a la vista: el lado derecho de la cabeza sin cabello, probablemente sería osado en una chica de estilo roquero, en ella se veía completamente fuera de lugar y ponía aún más de manifiesto las quemaduras en el cuello y parte de la mejilla y también las del hombro y el brazo; en los días que sucedieron al accidente pasaron de rojo e hinchado a un color más pálido y con cierta disminución de la hinchazón, aunque en verdad los profesionales tenían razón al decir que el ojo se había salvado de milagro, la distancia del borde de la herida y el rabillo no era de más de un centímetro.

En éste momento ya podemos dar por superada la primera etapa de tu tratamiento juzgó la doctora mirando fijamente la mejilla de la mujer ahora ya es posible espaciar el cambio de los apósitos a setenta y dos horas, y voy a aplicar estos nuevos que son antiadherentes y contienen una solución que ayuda a la correcta regeneración de la piel.
Es decir que ahora tendré que venir cada tres días.
Así es Patricia, y es muy importante que mantengas los cuidados que has tenido hasta ahora, es decir mantener la calma, alimentarte bien y seguir tu pauta de hidratación ¿Has sentido los labios secos o la piel tensa?

Patricia actuaba ante esa autoridad de igual manera como lo hacía frente a sus superiores, era extremadamente educada y formal, pero Matilde sabía que en el fondo sólo estaba parcialmente allí, el resto de ella estaba lejos, en un lugar donde no tenía que hacer las cosas que tenía como trabajo y obligación antes; no hablaron en los días siguientes del tema de dejar la institución y por lo que sabía tampoco lo había hecho con sus padres, aunque en ese sentido ellos habían retomado con increíble facilidad su labor de padres presentes a pesar de los años que los separaban de esos quehaceres y probablemente las conversaciones amistosas o confidentes aún quedaran relegadas a un plano secundario.

No doctora, he seguido todas sus instrucciones.

La doctora Miranda era una mujer muy alta y delgada de cabello tinturado de rojo ensortijado y tomado en una cola en la parte alta de la nuca, de rasgos agudos y mirada fuerte; era una mujer muy entendida en la materia y sabía bien cómo enfrentar las diferentes consecuencias de una quemadura, así como las distintas reacciones de los pacientes.

–¿Cuándo tienes cita con el sicólogo?
Hoy en la tarde.
–¿Y cómo te has sentido?
Tratando de acostumbrarme a estar en casa sin nada que hacer pero tranquila en general. Y claro, recuperando la costumbre de vivir con mis padres por supuesto.

Matilde miró a la doctora, quien hizo como si no se diera cuenta de su elocuente gesto; unos momentos después Patricia ya estaba completamente vestida y con las nuevas vendas en la cabeza, cuello y hombro.

Eso es todo por ahora, por favor dile al sicólogo que me envíe tu informe para anexarlo a tu expediente.
Se lo diré, gracias doctora.
De nada, y dale las gracias a tus padres por el postre que me enviaron, estaba delicioso.

Las hermanas siguieron caminando por la calle del estacionamiento una vez que salieron del Hospital; era incómodo el cortés silencio de Patricia en ocasiones como esa.

–¿Qué te gustaría hacer hoy?
Ir a la consulta del sicólogo.
Pero la consulta es en dos horas más y aún no es mediodía ¿Qué te parece si vamos a almorzar a alguna parte?
Estamos cerca del departamento, vamos y almorzamos ahí; además ya sabes como es mamá, seguro que ya tiene hecho el almuerzo y papá debe estar haciendo su ponche sin alcohol para no discriminarme.

Sonaba tan correcta que era imposible no notar que estaba fingiendo.

Patricia, supongo que has pensado en lo que dijiste el otro día de dejar el cuerpo de policía.
No hay nada en qué pensar, creí que había sido clara con lo que dije.
Pero es lógico que cambies de opinión, la policía es tu vida.

Decir eso fue un error, porque desató al menos en parte los verdaderos sentimientos de su hermana; la mujer de veintiocho años la enfrentó obligándola a detenerse.

No Matilde, ésta es mi vida, mírame.
Patricia
No, no trates de ser condescendiente conmigo; sé que tengo que seguir éste tratamiento igual que lo del sicólogo, pero no tiene nada que ver con mi decisión de dejar el cuerpo de policía, ya te lo dije, no me voy a exponer a mi ni a personas inocentes a ningún tipo de riesgo.

Luchar contra ese argumento era difícil, principalmente porque desde un punto de vista frío tenía toda la razón.

Hermana, la policía es tu vida, siempre me has dicho que es tu pasión ayudar a las personas.,
Eso no cambia nada lo que dije y lo sabes muy bien; además hay muchas formas de ayudar a los demás, ya tendré tiempo de encontrar algún trabajo útil en donde no tenga que estar expuesta constantemente, ahora no es importante.
Entonces habla conmigo de las cosas que si son importantes. No quiero verte así, estás sufriendo y no lo dices, te has estado guardando todo desde que pasó, por lo menos tienes que ser capaz de decir lo que está pasando por tu mente, somos hermanas pero no te abres conmigo, mucho menos con mamá o papá.

Patricia dio un paso atrás, claramente atrapada por sus propias palabras. Matilde sabía que llegado el momento iba a tener un altercado de ese tipo y no le gustaba la idea, pero a pesar de las diferencias que pudieran tener como personas, en una de las cosas en que eran muy similares era en que tendían a querer enfrentar solas las cosas que pasaban, sobre todo las dificultades; su madre se lo había recordado tan pronto se enteró de la noticia y en vista del enorme peso de esa realidad, estaba predicando con el ejemplo al transmitir el mensaje.

–¿Qué es lo que quieres que haga o que te diga? dijo con tono desafiante­ mírame Matilde, mírame por un momento como una persona, no como tu hermana, no como la persona que has visto toda tu vida, porque eso es lo que yo hice, me vi a mi misma en el espejo, cuando hice esa estupidez de romper la ventana de la habitación de la urgencia, y desde entonces cada vez que he podido. ¿Y sabes lo que veo? Veo a una persona que tiene destruida la cara, y que desde ahora va a tener que hacer toda su vida de nuevo.
­Pero el doctor dijo que podías pasar por esa situación y es normal porque
No es normal, es lo real que es distinto. Piensa un poco en lo que te estoy diciendo y dime si es que nunca te has quedado mirando a una persona distinta en la calle, a un quemado o a alguien que le falta una pierna o un ojo, dime si no has puesto más atención que en el resto de la gente.
Es cierto se vio obligada a admitir la joven en voz baja, estaba perdiendo esa pelea y no le sonaba muy bien no te lo niego, pero eso no significa que
Lo que significa es que si además de ser lo que soy ahora soy una persona distinta, llamativa para mal, simplemente no puedo seguir haciendo mi trabajo en la policía y eso ya te lo dije antes; estoy viendo frente a mis ojos como pierdo todo lo que me importa, la forma en que estaba haciendo las cosas hasta ahora y eso me hiere tanto como lo que tengo aquí apuntó hacia su cuello o quizás más. Pero no puedo hacer nada, no puedo evitar lo que pasa ni regresar el tiempo, lo único que puedo hacer es tomar lo que queda de mi vida y reordenarla y volver a empezar.

Se quedaron mirando unos momentos en silencio, enfrentadas por el mismo motivo, sintiéndose a lados opuestos en un cruel juego del destino donde no había un culpable físico, ni un nombre a quien atacar o contra quien descargar rabia o frustración; Patricia, Matilde, ambas estaban heridas y querían recuperarse de hechos de los que no podían escapar, y desde sus propios puntos der vista, las dos sabían que no lo harían por completo y que nunca estaría resuelto.

Te entiendo. Y no me digas que no porque no estoy viviendo lo mismo que tú porque estoy sufriendo desde que escuchaste ese ruido afuera de mi departamento y sé que no puedo hacer nada para remediarlo, porque no encuentro la forma de revertir lo que pasa; quisiera que se pudiera regresar el tiempo pero no puedo hacerlo, pero al menos quiero que me hagas parte de tu vida, que me permitas ayudarte, estar junto a ti en éste proceso. Mamá me dijo que éramos muy individualistas, que siempre estábamos tratando de demostrar que podemos hacernos cargo de todo, y en el accidente las dos lo hicimos, yo por no avisarle a mamá y papá, y tú por tratar de resistir todo sin decir nada como si fuera parte de tu entrenamiento. Concédeme ese punto, dame la tranquilidad de compartir la carga contigo Patricia, estoy segura de que será un poco más fácil.

El gesto de Patricia se ablandó un poco, aunque no tanto sus argumentos.

Escucha, veremos lo que pasa después, pero no me pidas que de la noche a la mañana haga todo de otra manera a la que lo he hecho siempre, y sabes de lo que hablo.

2

Con todo un poco más tranquilo y algo de paz por haber dado un paso con Patricia, Matilde fue a una sorpresiva entrevista de trabajo que parecía una luz de esperanza en su futuro.

Suerte hija.

Con la reconfortante sonrisa de su madre al salir, Matilde se presentó a las cuatro de la tarde en el edificio Don Jacinto en uno de los sectores más acomodados de la ciudad; solo al llegar comprobó que no había exagerado en su atuendo ni tan solo un poco. Para las entrevistas usaba un traje dos piezas hecho a la medida, pero en esa ocasión se sintió incómoda y eligió un vestido liso de satén color coral con detalles bordados en el escote y una chaqueta a juego, con zapatos de tacón, el cabello peinado hacia atrás en un inconsciente homenaje a su hermana y los pendientes de cristales suecos con collar que le regaló su padre al cumplir los quince años, y a pesar de sentirse extremadamente elegante y arreglada, entrar en la recepción del tamaño de una cancha de tenis le afirmó la idea de haber tomado la decisión correcta, eso podía ser un buen augurio.

El gerente comercial está terminando una entrevista, en cinco minutos va a estar preparado para atenderla, por favor espere aquí.
Muchas gracias.

Puntual como siempre, la joven quedó oportunamente sentada a unos metros del mesón de la recepción del edificio y a punto de vista de la oficina donde figuraba el nombre del gerente que iba a entrevistarla; recordaba vagamente la entrevista en línea que había realizado con el asistente del gerente ya que había sido dos semanas atrás, más del tiempo suficiente para olvidar lo más importante y con mayor razón considerando que se le informó de un plazo de aviso de cuatro días, pero recordaba que se trababa de una empresa que realizaba asesorías comunicacionales para compañías de telecomunicaciones, lo que significaba que probablemente el portafolio sería amplio y un probable contrato también.

No puede ser

Una vez podía ser un excéntrico accidente, dos era realmente para tomar nota. Mientras esperaba su turno para ser entrevistada, Matilde vio con asombro como salía del ascensor Miranda Arévalo, la modelo que un par de días atrás se encontró en la calle totalmente descompensada; la mujer se exhibía con su habitual belleza, enfundada en un traje negro escotado y con tacones altos que hacían que Matilde pareciera pobre, caminando con la seguridad y prestancia de una experta en ser vista y al mismo tiempo la indiferencia de alguien que se sabe que no necesita hacer algo en especial para llamar la atención. Parecía alguien completamente distinto de la mujer temblorosa que antes sollozaba en el suelo hablando sin coherencia.
Pero por supuesto debió esperar que de ella no podía simplemente pasar algo sencillo.

No te preocupes, te espero afuera, necesito un café.

Matilde se puso de pie inconscientemente, y pudo ver como la mujer hablaba con el mismo hombre guapo de la vez anterior que era interceptado por un ejecutivo de llamativa sonrisa. Solo un par de pasos más, y por increíble que le pareciera a ella misma, la modelo caminó decididamente hacia ella, mirándola fijamente.

Buenas tardes.

Su tono de voz era sencillo como si se estuviera presentando ante un conocido o compañero de trabajo. Matilde hizo un leve asentimiento.

Buenas tardes.
Había estado tratando de encontrar la forma de hallarla dijo la otra en voz baja pero perfectamente audible pero creo que es una magnífica coincidencia.
–¿Se acuerda de mí?

La modelo pestañeó con sus largas pestañas onduladas como si no entendiera.

Por supuesto que la recuerdo, es absurdo pensar que no. Escuche, no tengo mucho tiempo, pero quería encontrarla porque necesito agradecerle por ayudarme el otro día.

Introdujo una mano en la carterita dorada que tenía en las manos, y eso activó el recuerdo que de alguna manera había suprimido: el hombre tomándola del brazo, llevándola a un automóvil y dejando en sus manos unos billetes, eso había pasado realmente aunque estaba relegado a un plano muy lejano; cuando se acercó a la modelo en esa confusa escena, el hombre que la acompañaba depositó en sus manos, casi como si no lo estuviera haciendo, unos billetes, una suma bastante considerable para ser casual y a la luz de los hechos, claramente una forma de decirle que agradecía el silencio ante una situación bochornosa para la joven siempre víctima como otros famosos del ojo inquisidor de los medios de prensa. Preocupada por la situación de su hermana y francamente confundida por lo que estaba viendo Matilde simplemente guardo los billetes en un bolsillo del pantalón, donde seguramente estaban hasta ese momento ¿acaso iba a darle dinero también? Una vez podía ser un gesto cuestionable pero entendible, dos era molesto.

Escuche, yo...

Se quedó oportunamente callada cuando la delicada mano de la joven enseñó una tarjeta blanca con letras grises impresas y se la pasó.

Vi en el noticiero lo que le ocurrió a su hermana y la vi a usted en las imágenes, así que supuse que eran parientes, pero no tuve tiempo de averiguar muchas cosas, solo sabía que usted y ella estaban relacionadas. Lamento lo que le ocurrió a ella, espero que en la clínica puedan ayudarla.

Al día siguiente del accidente de Patricia y por llamada de Soraya, Matilde se había visto a si misma llorando desconsoladamente mientras el equipo de emergencias atendía a su hermana antes de subirla a la ambulancia y la periodista en el estudio de televisión indicaba que la oficial estaba herida y seguía con el estado de los otros involucrados. Efectivamente la noticia no había tenido mucha cobertura en un primer momento, pero desde luego que se comentara en la sección de crónica roja de los noticieros.

Tengo que irme.

La modelo dio media vuelta y caminó hacia la salida del edificio manteniendo el estilo  de pasarela que había mostrado al salir del ascensor, meneando el cuerpo como si una brisa inexistente la meciera. La tarjeta decía simplemente un nombre en las delicadas letras: Cuerpos imposibles. No figuraba número de teléfono, pero tenía una dirección y además una serie de números y letras, algo como un código.

–¿Qué es esto?

La modelo había dicho clínica, eso era seguro, aunque resultaba un nombre muy extraño y ella jamás lo había escuchado. De acuerdo, era realmente extraño, pero no mucho si comparaba lo que había visto de esa modelo hasta el momento, aunque si la mujer quería llamar su atención, de verdad lo había logrado.

Señorita Andrade.

La recepcionista la llamo sin demostrar el más mínimo interés por lo que estaba pasando, si es que lo había visto. Matilde se apresuró a entrar en la oficina donde el gerente la estaba esperando con una amplia y amistosa sonrisa dibujada en el rostro.



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