Por ti eternamente Capítulo 28: Cuento para dormir



El disparo que Víctor recibió en la pierna derecha no le hizo un gran daño, fue lo que se llamaría una herida superficial, pero en el estado en que se encontraba en ese momento, en descampado, débil y exhausto, el efecto fue inmediato. El joven dio un grito de espanto, encogiendose en si mismo para cubrir a Ariel.

Después de eso, todo se volvió confuso y extremo. De alguna manera logró entender que estaba bajo amenaza, y a pesar del miedo, supo que no podía seguir allí; se puso de pie, y cojeando comenzó a correr lo más rápido que le rendía el cuerpo, directo al pequeño pueblo que se veía a algunos metros de distancia. Entre sus propios jadeos de dolor, Víctor siguió caminando, tratando de correr, pero sin poder avanzar más rápido; faltaba tanto, el pueblo parecía estar tan  tan lejos, y no podía ver a nadie que lo ayudara. En ese momento notó que el bebé había comenzado a llorar por sus gritos, y automáticamente comenzó a tratar de calmarse, y de calmar los llantos del pequeño como lo había hecho antes; pero el miedo estaba apoderándose de él, y el dolor de la pierna confabulaba cruelmente junto con la extraña sensación de vacío en la cabeza, haciendo que todo se viera más grande y abrumador.

-Tranquilo bebé, todo va a estar bien, todo va a estar bien...

Pero su propia voz sonaba quebrada, no podía detener sus quejidos, todo parecía nublarse cada vez más, como si la ceguers del ojo izquierdo estuviera nublando también el otro ojo ¿Cuanto tiempo había pasado desde que dejara a los periodistas?

-Tengo que irme, tengo que irme...

Estaba delirando. Pero aún en su desesperación, en ningún momento soltó al bebé, que aunque había dejado de llorar, gemía lastimeramente, asustado por el movimiento y los gritos del hombre.

-¡Oye!

Una voz lo alarmó. A cierta distancia había un hombre, un lugareño, caminando hacia él con el rostro compungido, tal vez angustiado, señalando algo con las manos. Pero no importaba lo que estuviera pasando, su aparición resultó más aterradora, una nueva amenaza, alguien más tratando de llevarse a Ariel o de hacerle daño.
Al límite de sus fuerzas, Víctor toricó hacia un costado, había una construcción o alguna casa, tal vez allí podría esconderse, necesitaba poner distancia, no podía permitir de ninguna manera que le quitaran a Ariel.


2


Armendáriz conducía a toda velocidad junto al automóvil de los periodistas que le habían entregado la cámara, que estaba guardada en la guantera en una discreta caja de seguridad adaptada para proteger cualquier tipo de prueba que llegara a sus manos; en cierto punto le indicaron con las luces el punto en donde se habían separado de Víctor y el niño. Ambos vehículos se detuvieron tan solo un instante, los motores en marcha.

-Quédense aquí, es muy peligroso que sigan avanzando. Si mi gente llega a aparecer es probable que se los lleven, vayan con ellos, estarán mucho más seguros.
-Por favor, protégelo.

La misión de volver a encontrar a Victor Segovia nunca antes había sido tan desesperada. El policía asintió mientras arrancaba nuevamente.

-Haré todo lo que pueda.

Volvió a presionar el acelerador, a toda velocidad, y arrancó por la tierra, directo a la siguiente zona poblada, esperando que lo que temía, no estuviera a punto de suceder.



3


Fernando de la Torre volvió a marcar un número en su teléfono sin obtener respuesta, mientras su esposa lo miraba ansiosamente a su lado.

-¡Maldito sea ese Claudio!
-Cálmate mi amor.

El hombre, en un nuevo arranque de furia lanzó el teléfono contra el suelo.

-Le dije a ese imbécil que tenía que terminar con ese asunto hace tiempo, pero solo consiguió complicar las cosas. Ahora ese maldito tipo volvió a aparecer, y tiene el valor de amenazarme ¡A mi!

La mujer se mantuvo a la misma distancia, entendiendo que a lo que se refería Fernando iba mucho más allá de la aparición en la televisión de ese sujeto y el niño, iba hasta un punto en que la estabilidad de esa familia estaba en juego.

-¿Dónde está tu asistente?
-Dijo que se encargaría, que ahora si tenía un contacto que lo llevaría a Segovia, para evitar que sucediera alguna catástrofe.

Durante unos momentos sucedió un silencio tenso entre los dos. De la Torre sabía muy bien que si todos sus temores eran ciertos, escapar de su casa no sería suficiente.

-Fernando ¿Donde está?
-Estoy seguro de que fue a matar a Segovia para eliminar cualquier prueba en mi contra que ese tipo pudiera tener. Pero ahora que salió en la televisión, ahora que está ahí toda esa gente que cree que es una especie de ángel, cualquier cosa que salga mal...maldita sea, si Claudio mata a ese tipo...todo el mundo estará mirando lo que pueda pasar alrededor.


4


Cojeando mientras avanzaba, Víctor estaba cada vez más cerca de una construcción en la que esperaba protegerse, pero ottras voces aparecieron en sus oídos, nuevas amenazas ¿gente que trabajaba para la Familia De la Torre? ¿Más policías?
De pronto otro golpe, no en el cuerpo, pero muy cerca, otro disparo, a muy poca distancia, la tierra azotada, el silbido sordo en sus oídos.

-¡Aahh!

Dio otro grito de horror. Era un disparo, era otro disparo, parecido al que había sucedido tanto tiempo atrás cuando el policía lo apuntaba, pero distinto a la vez, mucho menos estruendoso, más suave, quizás por lo mismo más amenazador.
No podía recordar claramente los últimos acontecimientos, solo sabía que tenía adormecida la pierna, el dolor se expandía miserablemente junto con el miedo por ese nuevo disparo que había pasado tan horriblemente cerca de su cuerpo, y las imágenes se volvían a la vez borrosas y dolorosamente nítidas ante su lado derecho; el sol iluminaba despiadadamente, solo sabía que tenía que seguir adelante, que tal vez conseguiría un poco de tranquilidad si se escondía de la luz, si lograba callar esas voces que emezaban a perseguirlo.

-¡Oye espera, adonde vas!

Todo a su alrededor se estaba volviendo terrorífico, como pasajes que hubiera olvidado de su tiempo inconciente. Veía tan cerca de si, a tan poca distancia esos árboles, las siluetas largas y quebradas que se mecían en frío silencio, las mismas de aquella vez en el barrranco, cuando despertara entre dolor y sufrimiento, pero ahora no había languidez, ahora no se sentía desfallecer de agotamiento, sino que sentía cada fibra de su ser rogando porque se detuviera, cada parte de sus sitema exigiendo descanso, en el punto en donde llegara al límite de sus energías. La gente seguía ahí, esas voces continuaban acercándose ¿Acaso ese iba a ser su destino, no poder encontrar nunca la tranquilidad?

-Oye niño, deja de correr, ven acá.

las voces resultaban inútiles. Víctor no quería detenerse, sabía que seguía en peligro, que en cualquier momento alguien, alguna persona trataría nuevamente de arrebatarle a Ariel, que nuevamente dirían algo horrible, o de la nada se presentaría una nueva amenaza, pero en lo más profundo de su ser, necesitaba seguir, necesitaba continuar sintiendo los latidos de ese pequeñocorazón junto al suyo, la otr parte de su alma que sin saber había empezado a compartir por fuerza del destino, pero que ahora entregaba por voluntad. No se lo llevarían, no perdería esa batalla, no tan simplemente, no sin dar antes el último aliento, no sin luchar más allá de lo que su cuerpo pudiera resistir, porque ya no importaba nada más, solo necesitaba mantenerse, solo necesitaba luchar un poco más, hasta que el motivo de su vida estuviera a salvo. Los minutos podían durar horas, el dolor y la angustia podían muy bien envolverlo como un manto pesado y asfixiante, pero el hombre continuó avanzando, logrando traspasar la puerta, cerrando tras si. Adentro un golpe de oscuridad, un poco de silencio y quietud para decirle una vez más que estaba más allá de sus límites.

-Ariel...Ariel...

Sostuvo frente a si al bebé, que lo miraba inquieto, jadeando temeroso por la agitación vivida durante los últimos mimnutos. Seguía a salvo, en ese momento no podía saber ni entender nada, pero a la vez, sabía muy bien que ese pequeño ser entendía lo que estaba pasando, igual como antes se había mantenido a su lado para darle fuerzas.

-Todo va a estar bien...

Estaba temblando casi compulsivamente; con las manos sudorosas y la vista aún nublada en esa media oscuridad, volvió a sobresaltarse al escuchar voces en el exterior, alguien del otro lado de la puerta gritaba o hablaba a voces, alguien que quería entrar.

-No voy a dejar que te lleven...

En la oscuridad que se filtraba de rayos de sol por distintas hendiduras, el hombre dejó al pequeño recostado sobre una especie de baúl plano, y busco casi a tientas algo que pudiera servirle como arma, algo con lo que pudiera defenderse.

Estaba perdido ¿Acaso ese iba a ser el final? ¿Porqué se había metido en un sitio cerrado, como iba a poder poner distancia, como saldría de ese sitio si seguramente la puerta estaría cercada por esas personas.

-¡Váyanse! - gritó con toda la fuerza que le quedaba - ¡Déjenme en paz!

El mismo grito hería sus entrañas, era como si en ese momento todos los golpes y heridas antiguas salieran a flote, y exigieran su espacio en au cuerpo, presionandpo aún más, aumentando la tortura. No, no podía terminar así, no podía quedarse de brazos cruzados, aún había algo más que hacer, mientras pudiera sostenerse en pie, aún no estaría derrotado.

-¡Segovia!

El grito imponente se escuchó nuevamente, y de alguna manera logró reconocerlo. Era la misma voz que había oído antes, la misma amenaza, solo que en ese momento precedida por esas otras voces que lo acosaban, que lo llamaban constantemente.

-¡No se acerquen!

Su voz casi no salía por la boca, todo parecía un balbuceo gimoteante, mezcla de dolor y miedo, ahora la fiebre estaba entrando en todas partes de su cuerpo.

En ese momento la puerta se abrió, y junto con la luz, se dejó ver una sombra, poco a poco dibujada en el umbral, un hombre grande y fuerte, muy quieto, ese hombre otra vez, mirándolo.

-Segovia. Víctor.

Ignacio Armendáriz luchaba por cal,mar su respiración agitada en esos momentos, por aplicar los conocimientos que tenía y volver a su centro. Había visto el revuelo en el pequeño pueblo, pero antes de poder acercarse, tuvo que actuar sin pensarlo dos veces y disparar, antes que el hombre al servicio de Fernando de la Torre lograra asesinar a Víctor. El tipo tenía una puntería profesional, y el efecto del disparo logró, apenas por unos milímetros, desviar su curso mortal y evitar un impacto, aunque la forma en que cojeaba el joven demostraba que había recibido un impacto en una pierna. Y al fin, ahí estaba, el hombre al que había buscado por motivos tan diferentes, temblando de pies a cabeza a tan solo un par de metros de él, sosteniendo débilmente una vara en las manos, ofreciéndose como escudo vital ante el niño, demostrando con eso, quizás más que con las prubas que tenía en el automóvil, que en realidad siempre se le había acusado injustamente. Pero también tenía la mirada perdida, el pobre apenas podía mantenerse de pie para enfrentarlo, pero si de nél dependía, esa sería la última vez.

-Víctor.

Avanzó decididamente, solo un paso, y el otro lo atacó, golpeandolo con la vara en el pecho. El oficial no se movió, solo recibió el golpe directamente, frunciendo el ceño para evitar un quejido, era lo menos que se merecía.

-Víctor. Escúchame por favor. No quiero hacerte daño, ni a ti, ni al bebé.

Por primera vez desde que tomara ese caso, el policía sentía que todas las piezas encajaban a la perfección, o al menos casi todas.

-Víctor...perdóname.

La sincera confesión del oficial consiguió alertar a Víctor, que retrocedió nuevamente junto al bebé, aunque todavía mantenía la vara en alto. En ese momento, para el oficial, saber que había sido manipulado, como muchos otros, para inculpar a un inocente carecía de importancia, lo realmente importante no era su carrera ni su placa, en la vida nunca le había importado eso, lo que necesitaba era que las verdad siempre estuviera por delante, y que los inocentes, así fueran niños indefensos o adultos, estuvieran a resguardo.

-Sé que no tengo excusa. Sé que fui el primero en condenarte y perseguirte, y por lo mismo es que quiero...no, necesito ser el primero que te pida perdón.

Víctor escuchaba, y de un modo lejano entendía, pero nada de eso tenía sentido ¿Que clase de artimaña era esa?

-Las denuncias en tu contra, todo era...- se detuvo, no estaba diciendo lo que sentí, debía ser, en ese momento más que en ningún otro, ser honesto - todo apuntaba en tu contra, y ese es un error del que no tengo disculpa; sé que estás asustado, y que has sufrido mucho en el último tiempo, pero estoy aquí, pidiéndote humildemente que me perdones. Baja esa vara Víctor, nadie más va a hacerte daño.

El joven volteó rápidamente, mirando a Ariel y de nuevo al policía, manteniendo la débil actitud defensiva. Seguía sin comprender.

-Mírame Víctor - dijo el policía en voz baja, rogando desde el interior porque sus sentimientos se tradujeran en palabras que ese muchacho herido y asustado pudiera entender. Dejó caer el arma al suelo - no hay más armas, el hombre que te disparó en la pierna ya no volverá a hacerlo. Se terminó Víctor.

Sus palabras sonaban tan sinceras, parecía tan cierto, pero le habían mentido, lo habían traicionado antes...

-Entiendo, o creo entender por lo que estás pasando - prosiguió el oficial avanzando un paso más - y puedo ver que estás sufriendo, pero se terminó. Tengo la información que me entregaron tus amigos, un juez revisará éstas pruebas, y el proceso en tu contra quedará anulado; desde ahora nadie va a perseguirte, y ni yo, ni Fernando de la Torre ni nadie en el mundo va a poder quitarte a tu hijo, eres su padre, ahora lo sé con toda claridad.

Mientras hablaba se desplazó un paso al costado, para dejar que pudiera ver el exterior.

-Sé que tienes miedo, y pprobablemente en éste momento te resulte confuso o increíble lo que te estoy diciendo, pero es la verdad, ya no tienes que huír ni esconderte. Tienes derecho a no confiar en mi, pero si no crees en lo que te digo, créeme cuando te digo que tienes a un ejército para protegerte.

Entre las personas que miraban atenta y angustiosamente la escena, estaban Romina y Álvaro, pero fue una niña quien se desprendió del resto y se acercó unos pasos, sonriéndole y haciendo señas.

-Oye...todo está bien...ven, mi mamá te va a sanar...ven...

La mirada sincera y la sonrisa de la niña lograron al fin traspasar el mensaje, y la vara cayó de las manos de Víctor. Por fin la energía que estaba contenida en su cuerpo emergió, y después de tantas veces que se había oblogado a ser fuerte y continuar avanzando, Víctor se quebró en llanto, un llanto desgarrador que conmovió a todos. Ignacio Armendáriz, desprovisto de armas, emocionado hasta las lágrimas por la demostración de valor del muchacho, lo contuvo en sus brazos, entregándole un abrazo para servirle de apoyo y de consuelo. El joven lloraba constantemente, por todo lo que no pudiera llorar antes, por la tan esquiva sensación de libertad que al fin, y en el momento más crítico, llegaba a su ser con fuerza devastadora, llevándose las últimas fuerzas a las que había requerido. por primera vez en mucho tiempo no importó ser débil, y por primera vez, desde su interior supo que podía confiar en alguien, que el abrazo de ese policía, de ese hombre, no era una amenaza, sino un bastón en el que reposar su cuerpo cansado y dolorido. El policía cargó al pequeño en un brazo, llevándose prácticamente en andas con el otro al muchacho, extenuado hasta el límite.

Dicen que la gente lloró.

Dicen que llegó prensa de todas partes, y que la noticia de la aparición y la reveladora verdad recorrió todo el país, con cada vez más gente aplaudiendo que la verdad se impusiera por sobre las mentiras.

Fernando de la Torre fue juzgado por diversos delitos, al igual que su asistente luego de salir de urgencias, y varios de sus aliados, en medio de juicios que siguieron captando la atención de mucha gente, que veía en el castigo de esas personas un modo de retribuír la injusticia que estuviese a un paso de cometerse.

-El oficial Armendáriz escoltó personalmente a Víctor y al pequeño Ariel Segovia hacia un centro de urgencias, y junto con Romina y Álvaro se mantuvieron a su lado en las siguientes horas en que fue necesario realizar los primeros tratamientos y curas. Poco después los cargos presentados en contra de Víctor, los periodistas y Tomás por encubrimiento fueron retirados, y el caso se cerró con una de las audiencias más grandes de la década. El pequeño Ariel Segovia estaba a seguro junto a su padre.
Aunque era necesario realizar una serie de tratamientos más profundos para enfrentar las heridas que había sufrido, el propio Víctor pidió permanecer la primera noche junto a su hijo, en paz, y aunque no tenía un lugar donde quedarse, le fue cedida una habitación de hotel custodiada por policías para que pudiera reposar en paz. Los días siguientes la prensa se mantuvo muy atenta de todo lo que sucediera, y el favor de la población se mostraba en innumerables formas de apoyo, en las redes sociales, a través de llamados telefónicos a los noticieros, celebrando que la verdad de un padre y su hijo fuera dada a conocer; Víctor fue recuperando la salud con el paso de las semanas, y aunque no pudo recuperar la vista del ojo izquierdo que resultara herido, se contentó de sobra con tener vista para contemplar la inquisitiva mirada de su pequeño hijo.
Con el pasar de las semanas el ardor noticioso fue decreciendo, y las cosas volvieron a quedarse en un sitio más tranquilo; sobraban muestras de apoyo, ofrecimientos de trabajo y hospedaje, pero con la salud en franca recuperación y la tranquilidad de saberse a salvo con su hijo a su lado, el hombre escogió con calma. Fue a vivir a una casa en un sector muy tranquilo, de vuelta en la cuidad, y encontró un trabajo que le permitía hacerse cargo del niño sin ningún tipo de complicaciones. Arturo, Gladys, Tomás, Ignacio, Romina, Álvaro y hasta Eva lo visitaron para felicitarlo, y con el paso del tiempo estableció fuertes lazos de amistad con ellos, pudiendo decir con confianza que se habían convertido en una familia inesperada pero muy apropiada para sentirse a gusto y acogido.

Víctor apagó la luz de la habitación. Era tarde, Ariel estaba quedándose dormido, pero el relato que estaba contándole tenía toda su atención. A su edad aún no podía comprender en toda su magnitud que la historia que se le estaba contando, era la suya propia, pero de cualquier manera miraba a su padre, desde la cama y bajo las cobijas, con la misma imperturbable atención que desde el primer día había demostrado por él.

-Magdalena no estuvo ausente de toda esa parte de la historia. Su angel había protegido al pequeño cada día, manteniendo a raya el peligro, evitando que algo grave le pasara, y cuando por fin las cosas volvieron a su cauce, su presencia se mantuvo viva entre Víctor y su hijo. Ambos vivían solos en apariencia, pero con la permanente compañía de la madre de Ariel, que con su amor los mantendría unidos por siempre.
¿Y sabes qué? pasaron algunas cosas más después, pero lo importante es que aprendas desde ya cual es la enseñanza que todo ésto deja. Lo importante aquí, hijo, no es el valor de enfrentar las adversidades ni cuantas veces la vida puede ponernos contra la pared. Siempre puede haber algo más allá de lo que crees ver, y a veces, cuando no sabes muy bien qué creer debes escuchar a tu corazón y ser honesto con lo que sientes y luchar por eso.La verdadera enseñanza de ésta historia es que para llegar a ser quien realmente eres hay muchos caminos, y como ves, aquí la forma fue que un tipo común y corriente se convirtiera en hombre, al ser padre. Buenas noches hijo, que duermas bien.