Por ti eternamente Capítulo 27: Buen corazón


-¿Que es eso?

Los dedos de Romina comenzaron a temblar mientras aún mantenía entre ellos el pequeño objeto que extrajera anteriormente de la etiqueta bordada artesanalmente.

-Ésto es una tarjeta de memoria - murmuró incrédula - Víctor, ¿Sabías de ésto?
-Nada en absoluto - replicó Víctor sin entender - no puedo creer que haya estado todo éste tiempo ahí.
-¿Te das cuenta que ésta tarjeta puede haber estado en poder de Magdalena y que por eso puede tener información importante? ¿Ella no te dijo nada de eso?

Pero Álvaro intervino para evitar que dijera otra tontería.

-Basta Romina, ¿no ves que se le nota en la cara que no lo sabe? Pero esa tarjeta de memoria es muy antigua, tenemos que leer la información.
-¿Como, con que?

Él se metió en el maletero del auto y rebuscó hasta encontrar algo, y volvió con ello donde Víctor y Romina.

-Podemos verlo con ésto - enseñó una cámara de fotos - damela, a ver si sirve.

Víctor se sentía mareado, pero la posibilidad que se presentaba ante sus ojos y la atención de los periodistas tenía el primer lugar en ese momento. Unos instantes después Álvaro abría los ojos por la sorpresa.

-Oh por Dios, oh por Dios...
-Déjame ver - se acercó ella - oh por Dios, Víctor, éstos son informes contables, son de la familia De la Torre.

Aunque claramente no entendía completamente lo que estaba viendo, era claro que tenía que ver con esa familia; en la pequeña pantalla de la cámara se podían ver varios nombres y cifras.

-Cielos, aquí hay mucha información, aunque solo puedo ver algunas cosas, hay otro contenido que no puedo ver desde aquí sin un adaptador... Víctor, es genial, hay muchos datos, ésto incluye fotos de informes contables, datos de cuentas falsas...es increíble.

Los dos estaban casi eufóricos por lo que estaban descubriendo, pero en cambio, Víctor fue a sentarse al asiento trasero del auto, mirándolos sin expresión en el rostro.

-¿Que pasa Víctor? - le preguntó Romina acercándose - acabamos de encontrar información muy valiosa, con esto podrías terminar con todas las mentiras.

Pero él no estaba pensando en eso; con Ariel en sus brazos, aún en medio de todo lo que estaba pasando, resultaba dificil pensar en lo que Magdalena había tenido que sufrir sola.

-Debe haber estado muy enferma como para poder decirme...simplemente no podía pensar en eso, el tiempo solo le alcanzó para encargarme a Ariel.
-Es verdad, pero piensa que ahora puedes hacerle honor a lo que ella te dijo. Tenemos que ir a la policía.
-No.

Los dos se quedaron mirándolo sin entender. Que extraño le resultaba a Víctor sentir la claridad necesaria justo en ese momento.

-No voy a ir a la policía ¿No se han preguntado que tal vez, después de todo lo que ha pasado, la familia De la Torre no está detrás de Ariel, sino detrás de esa información?

Romina tragó saliva; su lado periodístico ya le había dicho eso.

-Puede ser.
-Eso me devuelve a lo que pasó al principio; no sé si hay alguien que tenga esa gente en la policía, y no sé lo que podría pasar, o pasarme, mientras tanto. Pero si sé lo que hay que hacer.

Se acercó a Romina y tomó de las manos de Álvaro la cámara, que volvió a depositar en las manos de ella.

-Entréguenle ésto a Armendáriz.

Solo mencionar su nombre puso de sobresalto a los otros dos; Víctor no sabía si era el efecto de saberse apoyado por ellos y por Tomás y Arturo a la distancia, haber expresado sus sentimientos  ante la cámara o esa sensación de vacío en la cabeza, pero algo le decía que estaba haciendo las cosas de la manera correcta.

-¿Que estás diciendo?
-Lo que escuchaste. Armendáriz estuvo a un paso de atraparme, no puedo creer que tenga malas intenciones, pero si todos creen que soy un delincuente, también podría estar equivocado él. Estuve recordando cuando tuvimos el enfrentamiento, nunca quiso dañar a Ariel. Ambos estábamos luchando por el mismo motivo.
-Pero es que...
-Por favor, háganlo por mi, si quieren ayudarme - dijo con determinación - Entréguenle esa información, si lo que pienso de él ahora es verdad, Armendáriz sabrá que hacer, y si no, al menos tendré tiempo para ocultarme.

Romina y Álvaro se miraron unos momentos; finalmente tenían que decidir.

-Es una movida muy arriesgada.
-Puede ser, pero siento que eso es lo que debo hacer.
-Está bien - dijo ella resueltamente - lo haremos. Escucha, te llevaremos hasta la siguiente zona, y luego hablaremos con Armendáriz.

Álvaro sentía que su alegría por encontrar las pruebas se estaba diluyendo, pero no iba a quejarse en ese momento, él también había tomado una decisión.

-Toma mi celular, déjalo apagado si quieres, lo usaremos para comunicarnos - sonrió para darse ánimos - también toma éste dinero, no es mucho pero te ayudará a salir de aquí lo más rápido posible, solo date prisa, nosotros haremos ésto, le diremos todo a ese policía y te llamaremos.
-Está bien pero...

Víctor iba a decir algo más, pero a la distancia algo llamó su atención; en la claridad del día no se interpretaba bien.

-¿Que es eso?

Los periodistas voltearon en la dirección que indicaba el joven; a lo lejos, un automóvil se había detenido, y de él descendía una persona con algo en las manos, algo que ambos interpretaron de inmediato, como una cámara fotográfica profesional.

-Diablos, es Benjamín Andrade, el de Zona periodística.
-Debe haber estado siguiéndonos - dijo ella en voz baja - ese tipo es un desgraciado, es un simple mercenario.
-Si está siguiéndonos, seguro debe estar detrás de una recompensa : De la Torre.

Aparentemente el hombre a la distancia notó que no habían descubierto, de modo que volvió a entrar en el auto. Álvaro supo lo que tenía que hacer.

-Va a avisarle a la policía, deben estar muy cerca, y puedo jurar que está llamando a De la Torre o a alguien de esa familia.
-Váyanse - sentenció Víctor tratando de sonar convincente - si la policía los intercepta sabrán que estuvieron conmigo, si me acompañan, nos atraparán y no podrán acercarse a Armendáriz.
-¿Estás seguro de lo que estás diciendo?
-Si, estoy seguro, tienen que hacerlo.

Los periodistas subieron al auto, dejando otra vez a Víctor solo en medio de la nada, pero Álvaro se veía mucho menos angustiado que ella.

-Ésto es una maldición - protestó ella - no puedo creerlo, otra vez tenemos que abandonarlo, y ahora para peor ese maldito de Andrade tenía que estar cerca.

Solo en ese momento notó que iban a gran velocidad, regresando a la vía por donde estaba alejándose el hombre que los descubriera momentos antes.

-¿Que estás haciendo?

El marcador indicaba más de noventa, estaban casi a tope.

-Álvaro...
-Mira, si ya llegamos hasta aquí, no voy a permitir que un mercenario de mala muerte nos arruine. Así que mejor sujétate.

Siguieron a toda velocidad durante algunos minutos, con él conduciendo implacablemente, la vista fija en la pista, presionando con fuerza el pedal del acelerador. Romina le hizo caso y se sujetó con fuerza al asiento, esperando que ocurriera algo pero al mismo tiempo con miedo a que eso pasara. El tiempo pareció avanzar muy rápido entonces, hasta que el automóvil alcanzó al de Andrade, y sin dudarlo, Álvaro arremetió contra el morro del otro vehículo, embistiendo directamente. El sonido de metales y neumáticos frenando a toda velocidad se mezcló, pero el  choque duró tan solo unos segundos, dejando a ambos automóviles detenidos en medio de una nube de polvo.

-Estás loco!

Pero él había saltado del auto, y se abalanzó contra el otro vehículo. Sin pensarlo dos veces, consiguió abrir la puerta del conductor y, después de un breve forcejeo, regresó corriendo a retomar el lugar del conductor y reinició la marcha.

-¡Si querías sorprenderme lo lograste ! - exclamó ella aún con el corazón en la mano - dime que fue todo eso.

Él sonrió y le mostró unas llaves.

-Ah...
-No podemos evitar que le avise a De la Torre, pero al menos no llegará antes que nosotros donde la policía.


3


Nuevamente Víctor se había quedado solo con Ariel en sus brazos; estaba muy cansado, y aún sentía la cabeza dando vueltas, pero no podía quedarse quieto, tenía que aprovechar el tiempo que le ayudaran a ganar Romina y Álvaro y alejarse de ese sitio. Si en un principio hubiera encontrado esa tarjeta, si tan solo se le hubiera pasado por la mente que Magdalena había escondido esa información entre las cosas de Ariel, tal vez todo habría sido diferente, pero en esos momentos lo único que importaba era ponerse a salvo lo más pronto posible.

-Tenemos muchos amigos bebé - dijo jadeante mientras caminaba - ¿lo ves? todo va a estar bien porque ahora tenemos amigos ¿lo ves? tenemos amigos que van a  ayudarnos...

Se quedó sin palabras unos momentos; tenía que alejarse de ese sitio, y por lo que podía ver, estaba acercándose a una zona poblada, pero ya no estaba exactamente cerca de la línea del tren ¿Que podía hacer? pasar por la zona poblada, usar el dinero que le habían pasado y desaparecer. Tendría que pasar la noche oculto en algún hostal, antes le había resultado, y en una zona bastante campestre como esa la gente generalmente estaba mucho menos informada, usaría eseo en su favor. Pero la cabeza seguía dándole vueltas.

-¿Sabes una cosa Ariel? - dijo para continuar pensando - creo que es hora de contarte un cuento.

necesitaba seguir hablando, necesitaba sentirse despierto y en movimiento, hacerlo era la única forma de no distraerse en un momento en que se sentía más frágil que nunca. Había hablado, había dicho lo que sentía, y si estaba realmente en lo cierto, ese policía al que le había temido en el pasado podría convertirse en su aliado.

Pero nuevamente algo lo sorprendió. Un sonido sordo, un golpe en la pierna derecha, fulminante, dolor instantáneo.

Víctor cayó bruscamente de rodillas, con la pierna derecha sangrando producto de un disparo.


3


Álvaro y Romina continuaban su travesía por el camino, luego de haber dejado atrás un automóvil chocado y a un colega de trabajo sumamente enfadado. Con el tiempo en contra, Álvaro conducía a toda la velocidad de la que era capaz, pero un vehículo avanzando en sentido contrario le llamó la atención.

-Ese auto que viene es de la policía...
-No puede ser...

Al ver de quien se trataba, Álvaro supo lo que tenía que hacer.

-Ésto es una bendición Romina, éste gorilote por fin nos va a ayudar en algo.

Detuvo el auto en medio del camino, obligando al otro vehículo a detenerse. Armendáriz descendió rápidamente, creyendo en un principio que se trataba de algún accidente, por causa del morro aplastado del auto que se había detenido abruptamente, pero al ver bajar a los periodistas, todo tuvo sentido en su mente. La noticia de Segovia saliendo en televisión solo unos minutos atrás, todas las incongruentes apariciones y desapariciones, todo reunido en la expresión de satisfacción del hombre que caminaba hacia él como si estuviera en un día de campo. Y en un momento el oficial se abalanzó sobre Álvaro.

-¡Tú!

Junto con el grito, tomó a Álvaro por los hombros, con tanta fuerza que lo levantó en andas, descontrolado por la verdad que se estaba dibujando en su mente. Álvaro no se inmutó.

-¡Ustedes son los responsables de todo ésto!
-Escúchame Armendáriz.
-Colaboraron con Segovia - prosiguió, imparable, gritando fuera de sí - le mintieron a las autoridades, encubrieron a un delincuente, un prófugo de la justicia.
-¡Tienes que escucharnos!

Pero en ese momento el que estaba sacudiéndolo no era el policía, era el hombre que estaba totalmente fuera de control, desesperado por sentir que todo lo que había pasado no era más que una maquinación de personas con objetivos que quedaban fuera de su entendimiento. Romina se acercó corriendo a tratar de detener el enfrentamiento.

-¡Suéltalo Armendáriz!

Pero el otro no la escuchaba.

-¡Ésto no puede continuar! - rugió con toda la potencia de su voz - ustedes no saben, ustedes no dimensionan lo que han estado haciendo, pero no lo voy a permitir, tienen que decirme donde está Segovia ¡Donde está!
-¡Suéltalo, vas a lastimarlo!

Romina logró elevar su voz por sobre la de él, y aunque claramente no tenía la fuerza para separarlos, si pudo forcejear con la suficiente determinación como para que el hombre reaccionara, al menos en parte, y soltara a Álvaro.

-Tienes que escucharnos ahora, es muy importante.
-Ésto no va a continuar - repitió mirándolos con ojos desorbitados - no permitiré que ocurra otra desgracia más.
-¡Entonces tienes que escucharme maldita sea! - gritó ella a su vez - tenemos pruebas de la inocencia de Víctor, pruebas en contra de Fernando de la Torre.
-Víctor nos pidió que habláramos contigo - intervino el otro hombre firmemente a pesar de la agitación - encontramos unas pruebas, es información comprometedora en contra de esa familia, por eso es que durante todo éste tiempo han estado tan interesados en recuperar al niño. Escucha, Víctor nos dijo que tú sabrías que hacer.

Lo que le dijeron no tenía el más mínimo sentido de acuerdo a las cosas que habian pasado antes, y eso hizo el efecto suficiente como para que el policía retrocediera un paso; su lado lógico, el lado que no había funcionado los últimos segundos, le decía que si existía cualquier tipo de prueba que alterara el curso de una investigación, era obligatorio investigar de inmediato.

-Lo que  estás diciendo es muy grave - dijo lentamente - no tienes idea lo que...
-Míralo por ti mismo - lo interrumpió Romina enseñándole la pantalla de la antigua cámara de fotos - Víctor encontró ésta tarjeta de memoria por accidente entre las cosas del pequeño, es probable que la madre la haya ocultado para tener algo con qué defenderse de Fernando de la Torre, pero ya sabemos lo que sucedió después.
-Oh por Dios...
-Ésto es lo que encontramos, es por eso que teníamos que encontrarte - intervino él - no sabemos porqué, pero Víctor cree que tú puedes ayudarlo, que eres el único que puede hacer que las cosas se aclaren, pero tiene miedo de que traten de hacerle daño como antes. Por favor, tienes que entender lo que te estamos diciendo.

Ignacio se quedó la cámara en sus manos, mirando tontamente por unos segundos las imágenes, las fotos de los balances y las referencias de cuentas de la familia De la Torre y sus empresas. Pero no había tiempo para entender nada más.

-¿Dónde está Segovia?
-Escucha...
-No - los interrumpió secamente, la vista un poco desenfocada - no entienden, el asistente personal de Fernando de la Torre estuvo rastreando junto con mi gente al principio de todo ésto - mientras hablaba iba uniendo las piezas que hasta ese momento habían estado desperdigadas por todas partes - luego dejó de hacerlo, pero el tipo sabe muy bien como rastrear y moverse en distintos terrenos. Que ahora mismo no esté trabajando con nosotros significa que puede estar en cualquier parte, especialmente siguiendo los pasos de mi gente o los míos.


Álvaro se quedó un momento sin palabras, pero la energía que se había apoderado de Ignacio antes, ahora estaba transmutada en nerviosismo, porque conforme tenía más clara la información en su mente sentía que el panorama era más horrible que antes.

-Armendáriz...
-Cometí un terrible error - sentenció implacablemente - y aunque ésto - enseñó la cámara - solo apareció ahora, ese error podría haber sido fatal, esos hombres que trabajaban para Fernando de la Torre, el hombre que supuestamente fue asesinado por Segovia hace dieciocho días puede haber sido asesinado por alguien más. Tienen que decirme donde está, y tienen que decirme ahora.

Los periodistas se miraron fijamemente durante un instante, y fue ella quien tomó la decisión.

-Lo dejamos un poco atrás, podemos llevarte con él. Pero prométenos que vas a ayudarlo.
-Tengo que encontrarlo antes que ocurra una desgracia mayor, les prometo que voy a hacer todo lo posible.


Próximo episodio: Cuento para dormir